AN: Gracias por todos los comentarios y los follows y favorites que me ayudan a seguir. Sin ellos esto no sería posible.


So open up my eyes

Tell me I'm alive

This is never gonna go our way

If I'm gonna have to guess what's on your mind

Say something, say something,

Something like you love me

Less you wanna move away

From the noise of this place

La noticia de que el rey iba a cortejar a Bilbo se acababa de hacer pública y la reacción del pueblo había sido dispar, pues no todos estaban muy seguros de cómo había pasado, de qué había sucedido para que algo así diese lugar. Después de eso, y de la tradicional ofrenda y aceptación de la misma en público, se habían despedido. A Thorin le hubiese gustado quedarse con Bilbo, pues la cara del hobbit durante todo el evento le había preocupado. No es que su cara mostrase disconformidad, sino todo lo contrario. Thorin le conocía lo suficiente como para saber cuando ponía una cara para agradar y cuando estaba agradado de verdad. El rey sabía que todo lo que estaba sucediendo e iba a suceder con el cortejo le parecía extraño e incomprensible a Bilbo, y Thorin lo entendía. Bilbo era una criatura sencilla, de costumbres sencillas. Thorin no olvidaba que era un hobbit, que por mucho que se mezclase con su pueblo, por mucho que aprendiese de sus costumbres, nunca sería uno de ellos.

Por otro lado Dís se había estado fijando en la cara de los nobles. Había visto la sorpresa en sus rostros y el descontento. Sabía que mañana iba a ser un día difícil para Thorin, que iban a ir a por él, enfadados por no haber sido informados antes, con miles de razones por las que debía poner fin a ese cortejo. Y eso era justo lo que su hermano no necesitaba. En esos últimos meses Dís había conocido más a fondo a Bilbo, había averiguado porqué su hermano se había enamorado de él. El hobbit era una criatura asombrosa, amable pero firme, inteligente como poca gente que había conocido, con un corazón tan grande como el de su hermano. Era justo lo que Thorin necesitaba. Alguien capaz de estar a su lado sin que su sombra le tapase. Algo curioso, dado que Thorin le sacaba una cabeza. Bilbo era un regalo de Mahal y Dís iba a hacer todo lo posible para que se convirtiese en Consorte. Cogió la botella de vino y sirvió dos copas mientras pensaba en la visita temprana que iba a hacer al Consejo de Sabios mañana.

Thorin cogió la copa que su hermana le ofreció. Él no quería que Bilbo fuese uno de ellos. Quería al hobbit por lo que era, por su forma de ver el mundo, por la bondad y la sabiduría que había en él. No quería camuflar la naturaleza de Bilbo a su pueblo, quería que lo viesen tal cual. Sabía que no sería fácil, pues él había sido el primero en estar escéptico del hobbit, pero sabía que era viable.

'Odio todo esto.' Dijo Thorin a su hermana, sentándose junto a la chimenea.

'Lo sé. Doy gracias de no haber tenido que pasar por ello.'

Thorin asintió. Aún recordaba el día que el marido de Dís había ido a su casa a introducirse como el pretendiente de su hermana. No fue el mejor día de Thorin. Ni el de Vili, pues este salió de la casa volando, con un ojo morado y una costilla rota. Thorin no se había tomado muy bien que su hermana, princesa de Erebor, saliese con alguien que no fuese de su clan, alguien que no era nadie en realidad. Thorin también había acabado con un ojo morado, pero no gracias al enano, sino a su hermana. Después de eso todo fue relativamente bien. Aunque nunca tuvieron que pasar por un cotejo público. A nadie le importa que una enana que no era nadie se desposase con otro enano de casi la misma escala social. Ahora todo hubiese sido distinto. Ahora no eran casi vagabundos.

'Me preocupa Bilbo.' Reconoció Thorin.

'No debería.' Su hermana le conocía. No le hacía falta que Thorin elaborase más la frase. 'No va a irse a ningún lado. Es fuerte y capaz, podrá con ello.'

Thorin dio un trago y dejó la copa de lado, yendo a por su pipa. 'A veces creo que le pido demasiado. No está acostumbrado a todo esto. Yo no estoy acostumbrado a todo esto. Tengo la sensación de que debería saber manejarlo mejor, de que debería ayudarle.' Thorin encendió la pipa y miró el fuego mientras tiraba el pequeño trozo de madera. 'Hemos vivido tanto tiempo alejados de todo esto, de todo este… circo, que se ma había olvidado como era.'

Dís se levantó y tocó el hombro de su hermano. Este se giró. Era una de esas pocas veces donde la cara de Thorin era un libro abierto, donde ella podía leer cada duda, cada preocupación. Le tocó la cara, juntando sus frentes. Después de un momento se alejó, mirándole a los ojos.

'Nadad, nadie espera un circo de ti. Tu pueblo sabe quien eres, sabe lo que has hecho, lo que has vivido. Estas haciendo lo correcto con Bilbo, haces bien en devolver la tradición. Es importante. Sobretodo para Bilbo. El pueblo debe reconocerle, debe respetarle y quererle. Estas haciendo lo correcto.'

Dís miró a su hermano fijamente, esperando ver en sus ojos que había recibido el mensaje. Cuando este asintió levemente, continuó.

'¿Recuerdas lo que nos dijo 'adad? Dijo: "cuando os caséis, buscad a alguien que sea más fuerte que vosotros, pues ellos serán vuestro soporte en tiempos difíciles."' Dís quitó un mechón plateado de la cara de Thorin. 'Has elegido bien. El hobbit es fuerte, te es leal y te ama más que a nada. No debes preocuparte por Bilbo Bolsón.'

'Creo que le pido demasiado.' Dijo en voz baja, emocionado por las palabras de su hermana.

Dís sonrió, con amor. 'Oh, Thorin, no le estás pidiendo nada que él no quiera dar.'

/

Dagril había escuchado la noticia sin inmutarse. Sabía que pasaría, no era una sorpresa para él. Esperó hasta que su turno acabase y se fue directamente a su casa. Vivía en la zona elegante de Erebor, cerca de Palacio. Thorin había arreglado todo para que viviese allí y él lo agradecía. No era tan espectacular como sus aposentos en Zirinhanâd pero tenía todo lo que necesitaba. Tenía independencia.

Aún recordaba el día en el que se puso de rodillas ante el rey y le pidió que aceptase su hacha y su lealtad. Thorin se había sorprendido. Había dejado el trono, acercándose a él y preguntándole si estaba seguro. Dagril no había vacilado. Estaba decidido. Sabía que lo que sentía por Thorin nunca sería correspondido, y lo comprendía. Había pasado demasiado tiempo pensando en ello. Era cierto que deseaba a Thorin de una manera carnal; que soñaba con tocar su piel, con sentirlo cerca de él, lo más cerca posible. Más de una vez se había aliviado pensando en ello, en cómo sería pasar una noche con él, en como sería abrirse a él mientras miraba esos hipnóticos ojos azules. No se avergonzaba de sus pensamientos, pues sabía que era lo más cerca que estaría nunca de la realidad. Sin embargo, eso no quitaba que fuese consciente de que él no era el indicado para Thorin. Él le veía como el rey que era y que siempre había esperado. Como un ser poderoso, alguien capaz de cualquier cosa que se propusiese. Alguien digno de seguir, de morir por. Thorin era esa figura de leyenda que él siempre había deseado, con la que había soñado de niño; y ahora que era una realidad sabía que debía permanecer a su lado.

Sabía que lo que sentía por Thorin no lo sentiría nunca más por nadie, pero al mismo tiempo pensaba que aún no estaba seguro de lo que sentía. Thorin le producía deseo, respeto, admiración, lealtad, pero no sabía si amor. No sabía si lo que sentía por él era ese amor único de tu otra mitad. No sabía si era su merlar. En parte por eso había decidido quedarse, quería averiguar lo que sentía. Sabía que si se hubiese ido no se lo perdonaría nunca.

Aún así, el anuncio del cortejo del rey hacia el hobbit no le había pillado de sorpresa. No conocía a la criatura y dudaba mucho de que fuese el merlar de Thorin, pero pensaba respetarlo. Había visto cómo el rey le había mirado al bailar. Había adoración y amor en su mirada. Dagril quería averiguar más cosas del hobbit, quería asegurarse de que si Thorin se casaba con alguien, esa persona era merecedora de su amor; sobretodo teniendo en cuenta de que se convertiría en Consorte. Dagril sabía que si su rey se acababa casando con el hobbit, este sería Consorte solo en título. Era un hobbit, y un hobbit nunca reinaría Erebor, jamás tendría ninguna capacidad de decisión.

Se quitó la armadura de la Guardia Real y se tumbó en la cama. En ese momento se dio cuenta de que la acción de Thorin de hoy podía repercutir negativamente en el pueblo. Podía haber una revuelta o algo. Tenía que hablar con Dwalin mañana, informase y preguntarle si había algo que pudiese hacer. No quería que nada moviese la paz que había ahora en Erebor. No ahora que empezaba a calmarse el ambiente, que la gente ya tenía un hogar y se sentía en casa, no ahora que había más comida y más contratos. Se levantó sobresaltado. Se había olvidado de su tío. Tenía que avisar a su tío sobre Thorin y su cortejo. Su tío debía saberlo, era lo correcto. Pero al mismo tiempo no sabía si debía. Ahora era parte de la Guardia del Rey. Solo los mejores enanos y los más leales formaban parte de ese exclusivo grupo. Dagril había sido admitido de una manera poco convencional, pues él no era un ciudadano de Erebor ni había estado con Thorin en Ered Luin, sin embargo Thorin había decidido que si lo que quería era servir, no le iba a poner a patrullar las minas. Había sido un hermoso gesto, uno que hablaba de la confianza que tenía en él. No podía traicionar esa confianza. Se volvió a tumbar y decidió que tarde o temprano su tío se enteraría. No era asunto suyo. Al fin y al cabo su tío no le había pedido que le mandase información. No como su hermana. Pensó en Dagira y en la cara que pondría al enterarse. Si había algo de lo que se arrepentiría el resto de su vida sería de no estar ahí para verla en persona.

/

Thorin no estaba tranquilo. Desde que habían decidido poner en funcionamiento su plan y dar a conocer su relación con Bilbo había tenido esa sensación de que algo estaba cambiando, algo que no podía identificar, y no le gustaba. Thorin era alguien que siempre quería saber qué sucedía, sobretodo dentro de su cabeza. Especialmente desde que había pasado por la enfermedad. No le gustaba la idea de no saber qué sentía, no saber qué pensaba sobre algo. Quería que todo pasase, que los meses corriesen y huir de Erebor. Era extraño, se había pasado toda la vida queriendo volver y ahora que estaba no quería más que irse. No para siempre, solo unos meses. Quería irse y que al volver todo estuviese solucionado, que todo estuviese bien, pues ahora nada estaba bien.

Desde que Bilbo había vuelto a su vida Thorin se había dado cuenta de lo mal que había estado antes. Había dejado muchas cosas sin hacer, muchas decisiones sin tomar. No había cuidado su cuerpo y su imagen, no se había preocupado todo lo que debería. Ahora se daba cuenta de lo poco que había visto a sus sobrinos, de lo poco que había visto a todos sus amigos, lo poco que había acudido o hecho eventos para el reino. Ahora empezaba a darse cuenta de la cantidad de problemas no resueltos que habían estado meses esperando detrás de la puerta. Tenía que haber reforzado su alianza con los elfos, construido mejores caminos para el comercio con Ered Luin. Estaban empezando a quedarse sin comida. Hacía casi un año que no veía a Bardo. No había abierto aún todas las minas. La sala del trono estaba sin reconstruir. Thorin se pasó la mano por la cabeza, llevándose el pelo hacia atrás. ¿Qué había estado haciendo todo este tiempo?

Miró los planos de los aposentos del rey y suspiró. Ese era otro asunto. Recordaba como Balin le había pedido que ocupase esas habitaciones, que no hacerlo daba una señal equivocada. Pero él no le había hecho caso. No quería entrar ahí, no quería lidiar con lo que había en esa habitación, con los recuerdos y los fantasmas. Bilbo había cambiado eso. Había sido tan fácil, tan sencillo. Bilbo había estado a su lado y no sabía cómo, pero había pasado de temer ese lugar a querer transformarlo en su nuevo hogar.

En ese momento echó mucho de menos a Bilbo. Sabía que no estaba bien, que debía de solucionar sus problemas solo, pero no podía evitar darse cuenta de que con Bilbo todo era más fácil. Había algo en el mediano, algo en su forma de estar, en el olor de su pelo, en el tacto de sus manos, algo que le relajaba, que le hacía ver con claridad, que le mostraba el camino. Algo dentro de él se revelaba ante la idea de acudir al mediano. Algo dentro de él le decía que debía de solucionar él mismo sus problemas. Él era el rey, él era el líder de su pueblo. Había sido educado para reinar solo. Había pasado toda su vida solo.

Pero eso no es verdad, pensó. Nunca has estado realmente solo.

Pensó en su hermana, en como siempre había estado ahí para él. En Balin, en Dwalin. En Gloin y Oin. Siempre habían estado ahí para él. Pero aún así él siempre se había sentido solo. Era como si no pudiese compartir la carga con ellos. No podía. Era su papel cuidar de ellos, cuidar de todos. Él era el heredero de Durin, líder de su pueblo. Una carga que había tenido desde que su padre desapareció. Había sido muy joven entonces, mucho más que sus sobrinos, mucho más joven de lo que debería; y desde entonces había llevado la carga solo. Pensar que ahora no tenía porqué hacerlo, que ahora podía compartirla, le hacía sentir extraño. Por un lado quería hacerlo, quería ir a buscar a Bilbo y contarle todos sus problemas, pedirle ayuda con todos esos asuntos que había estado evitando. Pero al mismo tiempo pensaba que no podía, que no debía. No era justo para Bilbo.

Thorin había aprendido mucho de la forma de ser de los hobbits estos últimos meses y sabía que valoraban la paz por encima de todo. No estaba aún muy seguro de que Bilbo fuese consciente de la decisión que había tomado. Él la iba a respetar, pero al mismo tiempo temía que fuese demasiado, que una vez Bilbo se diese cuenta de todo lo que se esperaba de él como Consorte se echarse atrás. Precisamente por eso Thorin no quería agobiarle antes de tiempo. No quería hacer nada que hiciese que Bilbo pensase en irse, pues aún no acababa de creerse que se fuese a quedar, no acaba de creerse que fuese a casarse con él.

Notó unos brazos rodeándole y por un momento se asuntó, todo su cuerpo en alerta, hasta que notó lo pequeños que eran, como no conseguían rodearle por completo. Se inclinó, notando el cuerpo de Bilbo contra su espalda. Cerró los ojos y disfrutó del momento unos segundos antes de darse la vuelta.

'Hola.' La voz de Thorin era suave, acogedora. Bilbo sonrió.

'Hola.'

'¿Te ha visto alguien?' Preguntó Thorin colocando su mano en la mejilla de Bilbo, acariciándola lentamente.

'La duda me ofende.' Contestó el hobbit con fingida ofensa en su voz. '¿Qué clase de saqueador crees que soy?'

Thorin sonrió y atrajo la cara de Bilbo hacia la suya, besándolo suavemente. Necesitaba esos labios, había algo adictivo en ellos, algo que le hacía querer siempre más. Notó como Bilbo abría la boca y le lamía pidiéndole acceso. Thorin se lo dio, y al poco tiempo se encontró con los brazos de Bilbo rodeando su cuerpo, todo su ser concentrado en la boca del hobbit, en sus besos.

Se separaron al cabo del tiempo, pero Thorin no se alejó de él. Necesitaba sentirlo cerca. Ese efecto tranquilizador que tenía estaba apareciendo, y todos los pensamientos previos empezaban a desaparecer, clareando su mente.

'¿Qué te preocupa?' Preguntó el hobbit.

Thorin le miró sorprendido por su perspicacia. No dijo nada por un momento, pues no sabía qué decir. No sabía si debía o no hablar de él sobre todo lo que le afligía. Aún no había llegado a una conclusión sobre eso.

Bilbo le miró y se alejó de él. No dijo nada, simplemente tomó la copa que había dejado de lado cuando su hermana había estado ahí, y la rellenó, dando un trago. Fue a la chimenea y recorrió el grabado que decoraba la roca con los dedos. Thorin le miró. No sabía qué decir.

'Ha ido bien, ¿no? Me refiero al anuncio.' Dijo sin mirarle, siguiendo las líneas geométricas. 'No he hecho nada mal, ¿verdad?'

'No.' Se apresuró a decir Thorin. 'Has estado perfecto.'

Notó como Bilbo asentía. No sabía qué hacer. No sabía cómo llegar a él, como explicarle. Quería hacerlo, pero al mismo tiempo pensaba que no debía. No era la carga de Bilbo. El hobbit no se merecía más, no después de todo lo que estaba sacrificando por él.

Estos eran los momentos que se le escapaban a Thorin. Nunca había tenido una relación con alguien. Su vida se había limitado prácticamente a su hermana, sus sobrinos y Dwalin. Sabía cómo tratar a esos cuatro, pero no sabía cómo tratar a alguien como Bilbo. Nunca había tenido interés en relaciones amorosas, nunca le había preocupado, y ahora se daba cuenta de que quizás debería de haber aprendido antes, cuando era joven. Todo era fácil cuando ambos estaban en un momento de pasión, o tratando algo puntual. Todo era fácil cuando su trato era más amistad. Pero ahora… Ahora Thorin notaba que tenía que dar más, que no bastaba con lo mismo que habían tenido antes. Quería más de Bilbo, quería todo del hobbit, y era lógico que el hobbit quisiese lo mismo de él.

'Sé que haces todo solo.' Dijo Bilbo sin girarse. 'Llevas toda tu vida haciendo las cosas así y no quiero que cambies. No por mi. Pero quiero que sepas que estoy aquí.' Su voz sonaba segura pero débil. 'Que si necesitas algo, estoy aquí.' Se giró, y Thorin vio la preocupación en los ojos de Bilbo. 'Esto… No se me da bien. No se me dan bien las relaciones. Yo… Yo nunca he tenido una y, bueno, es… difícil.'

Él tampoco sabe qué hacer, pensó, es igual de nuevo para mí que para él.

'Noto que algo te preocupa, Thorin, llevo tiempo dándome cuenta. Y si hay algo que pueda hacer, lo que sea, me gustaría hacerlo, me gustaría ayudar.'

Thorin se acercó a él, con cada paso que daba se daba cuenta de que no tenía porqué ser así. Tenía que ser sincero, se lo debía. Cogió las manos del mediano entre las suyas y le miró.

'Hay mucho que quiero contarte, muchas cosas que me preocupan, pero no sé si debo. Pienso en ti, en la paz que me das, en lo listo que eres, y sé que debo acudir a ti. Pero al mismo tiempo pienso que no es justo. No quiero cargarte con obligaciones que no son las tuyas, no quiero cargarte con mis problemas.'

Bilbo hizo un movimiento de negación con la cabeza que Thorin no supo cómo tomarse.

'He estado aprendiendo mucho de tu cultura estos últimos meses.' Dijo Bilbo agarrando sus manos. 'Y he aprendido que tenéis algo que denomináis merlar. Los hobbits no tenemos nada así, pero si lo tuviésemos tú serías el mío. ¿Soy yo el tuyo?' Su pregunta era sincera, abierta a la verdad, sin expectativas.

'Lo eres.' Respondió con firmeza, pues era la verdad. Bilbo asintió.

'He aprendido que es algo así como una persona partida en dos, como si se formasen de la misma roca y se dividiesen al nacer. Que se necesitan para vivir, se complementan. Forman un solo ser.' Bilbo le miró, pidiendo que le corrigiese si se equivocaba. Thorin asintió. 'Quiero que seamos eso, Thorin. Quiero que seamos ese único ser. Quiero conocer tus problemas, tus pesares, quiero que conozcas los míos. Quiero todo de ti, porque quiero darte todo lo que soy. Sé que no es mucho, pero es tuyo.'

Thorin iba a hablar, pero Bilbo no le dejó. Le puso la mano en la boca, silenciándole.

'Sé que tienes miedo de que me vaya, de que un día me eche atrás con todo esto. Lo veo en tus ojos, lo noto en la forma en la que me tocas, como si estuvieses guardando cada momento por si fuese el último. Comprendo de donde viene ese sentimiento y en el fondo soy culpable de que haya esa duda en ti. Pero quiero que sepas que eso no va a pasar. No me voy a ir. Sí, es verdad que mi idea al venir aquí no era quedarme, no era casarme contigo y convertirme en consorte. Y no quiero que pienses que lo hago por ti. No lo hago por ti, Thorin. No me caso contigo por ti, ni me quedo aquí por ti. Lo hago por mi. Porque te quiero, porque eres lo que más quiero y necesito en este mundo, porque no puedo imaginar una vida en la que no estés a mi lado, no quiero imaginarla. Estoy aquí para quedarme, Thorin.'

Bilbo se puso de puntillas y besó a Thorin suavemente, un mero toque de labios. Thorin no se movió, conmovido por las palabras de Bilbo.

'No estoy ciego, puedo ver que hay problemas que no has resuelto, cosas que te afligen, y va a ver más mañana. Este cortejo Thorin, no va a ser fácil. Mucha gente va a estar en contra. Y quiero que sepas que puedes contar conmigo, quiero que cuentes conmigo. Pues tus problemas son mis problemas, tus preocupaciones son las mías.'

Thorin miró a Bilbo intentando reprimir la corriente de sentimientos que sentía. El hobbit tenía razón, en todo. Muchas veces Thorin olvidaba lo bien que se le daban las palabras a Bilbo, lo coherente que era, lo bien que podía hablar, expresar sus sentimientos e inquietudes. Esa era un virtud que él no tenía, nunca se le habían dado bien las palabras, y ahora se daba cuenta de que no necesitaba que se le diese bien nunca más. Tenía a Bilbo. Y Bilbo tenía razón. Podía compartirlo todo con él, y pensaba hacerlo. Thorin no era un enano de palabras, pero si de acciones.

Cogió a Bilbo y le abrazó, llevando su cabeza al cuello del mediano y respirando su olor. Bilbo no necesitó palabras, entendió el mensaje. Bilbo había aprendido a leer a Thorin, a interpretar sus gestos, sus actos. Bilbo abrazó fuertemente a su enano, confortándole como solo él podía.

/

No habían pasado muchas noches juntos. Esa era la verdad. No con todo el asunto de no poder dormir juntos, de dar la impresión de que entre ellos solo había amistad. Habían compartido momentos de pasión, pero habían sido pocos. Estaban en ese momento en el que querían descubrir el cuerpo del otro, donde querían estar todo el día juntos, poderse tocar, besar cuando quisiesen. Pero no era posible, y ambos lo entendían; sin embargo, eso no lo hacía más fácil para Bilbo.

Bilbo no había tenido grandes encuentros sexuales, por no decir que realmente no había tenido ninguno antes que Thorin. Poner en el mismo saco a Thorin y Rory en cuanto a experiencias sexuales era insultar al enano y engrandecer a su primo. No. Bilbo no había sabido lo que era el placer hasta hacía poco, y tener que estar privado de ello, sabiendo que estaba tan cerca de él, le molestaba. No era como si no pudiese pensar en otra cosa, pensaba en muchas cosas. A lo largo del día tenía mucho que hacer: tenía que ayudar a Cyn y Eggar, el campo estaba mejorando mucho; tenía que ayudar a sus amigos, sin ir más lejos a Bofur y a esa enana que resultaba que no iba a la tienda a ver a Bifur sino a verle a él; tenía que aprender khuzdul y muchas costumbres y tradiciones de cientos de años… No, Bilbo tenía mucho que hacer como para pensar en tener encuentros sexuales con Thorin. Sin embargo, cada vez que le besaba, cada vez que le tocaba, las pocas veces que eso pasaba, deseaba poder tenerlos. Aún así no estaba muy molesto, pues sabía que tendrían tiempo, que el momento en el que estaban pasaría y una vez que se casasen nada le iba a impedir disfrutar de su enano. Bilbo era un hobbit paciente como todo Bolsón.

Bilbo nunca había pensado que era una persona sexual, nunca lo hubiese imaginado. Había sido como si se hubiese pasado toda su vida sin probar el pastel de manzana de su tía Linda, viviendo solo con los que compraba en el mercado o hacía su madre, hasta que un buen día le habían dado un pequeño pedazo. Bilbo lo había probado, había descubierto un mundo distinto, uno lleno de sabor y de maravilla, pero cuando había querido repetir no había podido. Tenía a su disposición toda una tarta que no podía tocar.

Había tanto que no conocía de Thorin, tanto que quería descubrir. A penas habían tenido tiempo para conocer al otro, para poder estar tranquilamente en la cama, descubriéndose y aprendiendo que era bien recibido y que no. Bilbo quería recorrer cada cicatriz y aprender cómo habían llegado allí. Quería tocar la piel marcada con tinta y averiguar si la textura era distinta, quería contar los lunares de su cuerpo, quería poder categorizar las diferencias entre su cuerpo y el del enano. Y por la forma en la que Thorin le miraba, el enano quería lo mismo.

No hacía falta más de dos manos para contar las veces que Thorin y él habían estado juntos en los últimos meses, de hecho sobraban algunos dedos. Sin embargo, por extraño que pareciese, eso no era lo que más molestaba a Bilbo. Lo que peor llevaba era despertarse solo. Cada mañana abría los ojos y tenía que recordar que estaba en Erebor, que Thorin estaba ahí y que tenían una relación. Cada mañana tenía que repetirse eso. Cada mañana tenía que girarse y ver el gran espacio vacío en su cama. Era en esos momentos cuando más echaba en falta a Thorin. El enano tenía la tendencia de abrazarle antes de dormir, cosa que reconfortaba a Bilbo y le sumergía en un estado de seguridad. Las veces que se había despertado a su lado Thorin siempre había estado ahí. Había sido lo primero que había visto, lo primero que había notado. Añoraba ver su rostro durmiendo, ver las lineas que se formaban en su cara desaparecer, ver su pelo ligeramente enmarañado, oír su voz medio ronca diciéndole buenos días. Eso era lo que peor llevaba Bilbo, no despertar al lado de Thorin.

Hoy tendría que haber sido uno de esos días donde nada pasaba entre ellos. Donde cada uno se iba a sus respectivos aposentos y al día siguiente seguían el meticuloso plan trazado por Balin. Pero no había sido así. Bilbo no se sentía bien. Había notado que Thorin no estaba bien. Algo le preocupaba. Quizás fuese el hecho de tener que declarar que iba a cortejarle delante de su pueblo, pero Bilbo lo dudaba. No había tenido ningún problema con pasearle por todo Erebor, sabiendo de las miradas que iban a recibir. No. Thorin estaba mal, llevaba mal unas semanas y Bilbo pensaba averiguar porqué. Fue exactamente por eso por que que uso su anillo y se introdujo en Palacio. Quería estar a solas con Thorin, hablar con él. Bilbo no había tenido muchas conversaciones sentimentales realmente importantes en los últimos años, no desde que sus padres murieron. Pero ahora iba a tener que recordar todo lo que su padre le había enseñado y hablar con Thorin. Él nunca había tenido problemas en hablar con Thorin, el enano nunca le había intimidado, y con él, Bilbo había sacado esa parte honesta y real que tanto ocultaba en la Comarca. Se podía decir que con Thorin nunca había tenido pelos en la lengua.

Ahora se encontraba abrazando a Thorin, sintiendo como el cuerpo del enano le envolvía, reconfortándolo mientras acariciaba su pelo. Bilbo sabía que el peor enemigo de Thorin era el mismo. El enano sentía tanto, dudaba tanto de si mismo, que había veces que ni Bilbo podía aliviar la nerviosa actividad de su corazón y mente. Thorin era trabajo diario, era algo nuevo cada día, era una batalla tras otra. Y Bilbo no cambiaría nada. Thorin era vida, era emoción, era pasión, era todo aquello que Bilbo nunca había sabido que necesitaba para vivir. No había día que no descubriese algo nuevo de él, que el enano no le sorprendiese de una manera o de otra, no había ocasión en la que su corazón no latiese un poco más rápido al ver los ojos del rey fijos en los suyos, que su cuerpo no se estremeciese al notar sus manos rodeando su cara. Había empezado a comprender que esa sensación nunca desaparecería y eso le reconfortaba. Amaba a Thorin. Le amaba como nunca había amado a nadie, y pensaba pasarse el resto de su vida recordándoselo si hacía falta.

'Bilbo.' Dijo el enano separándose de él y mirándole a los ojos. Ahí estaba de nuevo esa sensación.

Bilbo le acarició la cara, recorriendo su barba, notando las cosquillas que le producía en los dedos. Tenía la necesidad de cuidar de Thorin, de hacerle sentir bien. Pensó en sus padres, en qué harían ellos.

'¿Qué tal un baño? Ha sido un día largo.'

Un baño siempre había relajado a Bilbo. Cuando había sido pequeño y algo malo le había pasado en una de sus "aventuras" por las lindes de Hobbiton su madre siempre le había bañado, cepillando sus pies y cabeza suavemente.

'¿Me acompañas?' Preguntó Thorin.

'Claro.' Contestó Bilbo.

/

La bañera de Thorin era lo suficientemente grande para los dos, de hecho era tan profunda que Bilbo temía que si se ponía de rodillas en la parte más onda el agua le llegase a la boca. Aún así Bilbo estaba fuera. Se encontraba con su camisa remangada lo máximo posible y sentado en un pequeño taburete. Sus dedos quitando las trenzas y cuentas del pelo de Thorin. Desenredándolo suavemente con los dedos antes de pasar al cepillo.

'¿Por qué llevas tan pocas trenzas?' Le preguntó dejando la cuenta más grande que siempre se ponía cerca de la nuca en un cuenco. 'Quiero decir, todos los enanos llevan su pelo y barba tan decorado siempre. He aprendido que es algo cultural muy importante. Sin embargo, tu no llevas más que dos trenzas y unas cuantas cuentas.'

Bilbo notó a Thorin respirar y hundirse ligeramente en el agua.

'Antes llevaba más.' Dijo, y su voz sonó con un deje de resignación. 'Antes de la caída de Erebor. Era muy joven, aún así tenía la barba más larga, trenzada, acabada en un cuenta que iba a juego con el resto. Decorada con los signos de mi familia.' Bilbo cogió el cepillo y empezó a cepillarle lentamente. 'Llevaba parte del pelo recogido atrás, como Fili y Kili. Eso es una marca de juventud, de herederos.'

'¿Las hebillas que llevan siempre a media cabeza?'

'Sí. Muestran que son los siguientes del linaje de una familia.'

Bilbo estuvo en silencio unos minutos, cepillando el pelo de Thorin lentamente, deleitándose en su tacto.

'Me las corté.' Dijo Thorin y Bilbo paró. 'Después de Azanulbizar, cuando llegamos a Ered Luin.'

Bilbo había aprendido lo suficiente de la cultura de su futuro esposo como para saber el terrible significado de esa frase. '¿Por qué?'

'Porque decían ser algo que no era. No era príncipe de Erebor, no era nada de lo que representaban, no era merecedor de ellas.' Su voz tenía un toque de rabia, de ira contenida mezclada con tristeza que Bilbo sabía que nunca desaparecería del todo.

Bilbo no intentó animarle, no intentó suavizar el tema con frases hechas. Respetaba el dolor de Thorin, y su memoria. Empezó a hacer una trenza de raíz suelta, la única trenza complicada que su madre le había enseñado. Cuando acabó la ató con el trozo de cuero que había en el cuenco.

'¿Qué suele llevar el rey? Tradicionalmente hablando.' Bilbo movió sus manos, llevándolas a la espalda de Thorin y empezando un masaje.

'Mucho. Tradicionalmente la barba muy larga, de ahí el nombre de nuestro clan. Y decorada con todo tipo de trenzas y cuentas. Mi abuelo solía llevar una especie de joya que iba de un lado a otro de su espesa barba e iba a juego con la corona. Le daba un aire de poder inimitable. La tradición dicta que se lleven peinado complejos, elegantes, pero que dejen ver el pelo, la longitud, la calidad.'

Bilbo meditó sobre lo que le había dicho Thorin. No pudo evitar mirar el pelo de este, lo distinto que era al pelo de cualquier hobbit, más grueso, más abundante, más indomable. Thorin tenía un pelo precioso, a Bilbo siempre se lo había parecido, y, en cierta forma, siempre había dado gracias de que no lo llevase recogido. Le gustaba ver como se movía.

'Recuerdo cuando te pregunté porqué llevabas la barba tan corta. ¿Recuerdas?' Thorin asintió, aún así Bilbo recordó el momento. 'Tu cara fue digna de dibujar y colgar en un lugar de honor. Yo no sabía que era una pregunta tan íntima, que no debía hacer, sin embargo, tu me la respondiste con tanta sinceridad.' Bilbo bajó un poco, haciendo presión en una sección especialmente dura de la espalda. 'Me dijiste que el día que recuperarse Erebor te la dejarías crecer de nuevo.' Thorin soltó un medio gemido medio gruñido cuando Bilbo apretó con los pulgares. '¿Por qué no te la has dejado crecer?'

'¿Eso te agradaría?'

Bilbo pensó la pregunta. Se imaginó a un Thorin con la barba larga como Gloin, trenzada en una sola trenza. Imaginó el tacto, la imagen. Y llegó a la conclusión que si tenía que ser sincero, la idea no le entusiasmaba. Prefería a Thorin así, con la barba que tenía, capaz de verle el cuello.

'Eso es lo de menos. ¿Tu quieres?'

'No.' Contestó Thorin. 'Al principio pensé que sí, y empecé a dejarla crecer. Pensé que era el momento. Después de décadas de pensar en ello, de tenerlo en mi mente, pensé que me sentiría bien, que cerraría un capítulo de mi vida. Sin embargo, no era yo.' Thorin cogió agua con sus manos y la dejó caer de nuevo a la bañera, haciendo que el sonido de las gotas llenase la habitación. 'Empecé a no reconocerme en el espejo. Tuve miedo de dejar de ser la persona que era y perderme en la persona que se suponía que debía ser.' Thorin paró un momento y Bilbo siguió moviéndose, sin imponerse, sin presionarle.

'Temí convertirme en mi abuelo otra vez.' Y Bilbo comprendía la profundidad que había tras esa frase, la confianza que Thorin tenía en él. Pues le estaba abriendo su mente y sus miedos, y eso era algo que no hacía nunca. Algo que realmente no había hecho nunca con él. No habían hablado de la enfermedad de Thorin, ni habían hablado de su abuelo, ni de cómo fue, ni como vivió Thorin la enfermedad de su rey. No habían sacado nunca el tema, Bilbo por respeto, pues sabía que no era el momento, no cuando Thorin aún no lo había superado. Escuchar esa frase había movido algo dentro de Bilbo, le había puesto en alerta.

'Temí olvidar. No debo olvidar, Bilbo. No debo olvida quién soy y qué he vivido. No quiero olvidar los años pasados en Ered Luin, no quiero olvidar la pobreza y el sufrimiento de mi pueblo. No quiero olvidar la caída de Erebor. No quiero olvidar Azanulbizar y la muerte de tanta de mi gente. No quiero olvidar que el oro me transformó, atrapándome en sus garras y convirtiéndome en una sombra de mi mismo. No quiero olvidar quien soy ni que he hecho. Por eso me corto la barba, por eso no llevo el pelo recogido en elegantes y recargados peinados. Porque no quiero olvidar.'

Bilbo paró y Thorin se giró. Sus ojos llenos de determinación. Bilbo le acarició la mejilla, notando la corta barba entre sus dedos, el calor de su piel gracias al agua.

'Yo no querría a ningún otro Thorin.' Dijo y Thorin sonrió. 'El que tengo delante es perfecto. Sin larga barba o exquisitas trenzas.' Se acercó más a él, apoyándose en el borde de la bañera. 'Eres perfecto.'

/

Bilbo notó movimiento. Algo sucedía. No sabía qué. Estaba en su casa, en Bolsón Cerrado, pero alguien llamaba a la puerta. No. Nadie llamaba. Alguien había en casa. Algo pasaba. Algo sucedía. Se giró, buscando la causa, pero no sabía que era. Algo pasaba, algo se movía.

Bilbo abrió los ojos y le costó unos segundos reconocer sus alrededores. Estaba en el cuarto de Thorin. La chimenea estaba encendida y podía ver parte de la habitación gracias a la luz. Recordó cómo había llegado allí. Después del baño. Bilbo se había quedado con Thorin, se había ido a la cama juntos. Nada había pasado, no después de la conversación que habían tenido, pero Bilbo había notado como Thorin le abrazaba un poco más fuerte de lo habitual antes de dormir. Thorin.

Se giró, buscando a su compañero, y le vio sentado, con las piernas cruzadas y agarrando la sábana. Una imagen inmóvil en medio de la cama.

'¿Thorin?' Llamó con la voz débil del sueño. Pero Thorin no se movió, no respondió.

Bilbo se recostó un poco y le volvió a llamar, pero el enano no le contestó. Su cara estaba tapada por los mechones de pelo que se habían salido de la trenza. Bilbo no se fijó en el sudor que bajaba por su espalda, o en la almohada encharcada. Se acercó a él y alargó el brazo para tocarle el hombro, para llamar su atención. Ese fue un error que no cometería nunca más el resto de su vida.

/

Cadáveres. Era todo lo que veía. Imagen tras imagen. Las enanas muertas con sus hijos, petrificadas después de tanto tiempo se intercalaban con imágenes del campo de batalla. Cadáveres puestos al sol, empezando a descomponerse. Notaba el corazón latirle. Pensaba que se le iba a salir por la boca. No sabía cuantos ni donde ni porqué. No podía dejar de verlos, dejar de oír sus voces. Oía el latido de su corazón en sus oídos, el latido del corazón de todos aquellos que habían perecido por su culpa. Se había despertado con el grito ahogado de sus camaradas cayendo, presa de los orcos o del fuego. Las imágenes seguían ahí, grabadas en su retina.

No era la primera vez que le sucedía, que tenía pesadillas tan intensas, pues estas le habían acompañado toda su vida. Sabía que no había nada que pudiese hacer. Las imágenes estaban ahí, no se irían. Se quedarían grabadas durante horas, haciendo que el día siguiente fuese uno de sus días malos. Aún despierto podía verlos, podía oírlos. Su abuelo vino a su mente, la última vez que le vio antes de la llegada del dragón. Su abuelo, mirando su oro, adorándolo. Se vio a él como a su abuelo, como si alguien hubiese cambiado las caras. Se vio ahí, rodeado de oro, sin mirar a los cadáveres que había detrás de las grandes pilas de monedas.

Notó como le tocaban el hombro y pensó en el dragón, su imagen en su mente, su sonrisa retorcida, la maldición que había caído sobre él. Se giró, atrapando su garra y apretando con fuerza. Quería destrozarle, destruir cada una de las imágenes que había en su mente. Quería oírle gritar de dolor. Pero en vez de escuchar un grito de bestia aterradora escuchó un gemido de dolor. Parpadeó y vio que no era el dragón, sino Bilbo. Miró su mano y vio que tenía agarrado el antebrazo de Bilbo con tanta presión que sus nudillos estaban casi blancos. Le soltó, alejando su mano, escuchando el gemido de alivio de Bilbo, viendo bajo la tibia luz de la chimenea el creciente moratón que se empezaba a formar donde segundos antes habían estado sus dedos.

Miró a Bilbo con horror. Le había herido. Casi le rompía el brazo. Le había herido. Él, que se había prometido nunca herirle, nunca ponerle la mano encima, nunca… Se movió, alejándose de Bilbo y huyendo de la cama. Tenía que alejarse de él. No sabía cuando iban a volver las imágenes, no podía estar cerca de él. Era un peligro. Debía irse. Se tropezó con las sábanas al levantarse y cayó al suelo. Se quedó ahí parado, notando como las lágrimas caían por su cara, no se había dado cuenta de que estaba llorando.

'¿Thorin?' Dijo Bilbo acercándose a él. '¿Thorin?'

'¡No te acerques!' Le gritó, su voz como un trueno avecinando una tormenta.

Bilbo se paró en seco. '¿Cariño?'

Thorin intentó levantarse, pero no podía. Sus músculos no le respondían. No conseguía ponerse en pie y debía hacerlo. Tenía que irse, tenía que alejarse de Bilbo. Miró hacia la cama, esperando que este le hubiese hecho caso. No quería mirar sus ojos, no quería volver a ver el terror en ellos, terror a él. Pero Bilbo no estaba en la cama, estaba delante de él. No le estaba intentando tocar, simplemente estaba ahí, le miraba desde una distancia lo suficiente como para alargar la mano y tocarle. Pero no lo estaba haciendo.

'¿Thorin?'

Thorin miró sus ojos. No había miedo en ellos, no había terror, solo preocupación. Thorin no podía moverse. Notaba las lágrimas caer por su rostro pero no notaba estar llorando. Bilbo levantó la mano con cuidado, despacio, y la puso delante de el como si fuese un animal salvaje asustado. Thorin quería decirle que se alejase, que no de acercase a él, que podía volver a herirle. Se fijó en la otra mano de Bilbo, en su antebrazo, en las claras marcas de sus dedos. Él había hecho eso.

Bilbo siguió acercando la mano hasta que la dejó a pocos centímetros de la cara de Thorin. '¿Thorin?'

Thorin no se movió y Bilbo recorrió la distancia que les separaba. Notó su mano y con ella dejó de oír su corazón. Todo se calmó. Cerró los ojos, centrándose en la mano de Bilbo, en la caricia. Las imágenes seguían ahí, pero no en primer plano, no tan vivas. No supo cuánto tiempo estuvieron así, pero más tarde supuso que bastante.

'Volvamos a la cama.' Dijo el hobbit, y Thorin quiso negarse, quiso decirle que no, que no podía estar con él, que era un peligro. Pero no pudo. Su cuerpo le pesaba, notaba como sus ojos se cerraban, como el cansancio le podía. Notó como Bilbo le sujetaba, llevándole a su cama. Se tumbó y Bilbo se colocó a su lado, a una distancia prudencial. Poco a poco se acercó a él, repitiendo los mismo pasos de antes, hasta que tuvo su cabeza entre sus pequeñas manos y empezó a acariciarle el pelo. Thorin se movió, juntándose a él, refugiándose en su cuerpo. Sabía que no debía, que no tenía derecho, no después de lo que le había hecho. No tenía derecho a nada. Pero su cuerpo no le respondía.

Bilbo empezó a cantar. Su voz suave, las palabras casi irreconocibles. Y Thorin cerró los ojos. Notó la música silenciar su interior, notó las imágenes desvanecerse, notó la calma. Y notó la oscuridad rodearlo. La oscuridad, sin cadáveres, sin llantos, sin fuego, sin oro, sin horror. Solo la oscuridad y una melodiosa voz.

Continuará…

Nadad: Hermano

Merlar: amor supremo.