Te quiero
y creo que este mundo
es muy pequeño
no cabe en el todo lo que yo siento
te quiero y pienso
que el tiempo no ha borrado nuestros sueños
que cada dia es mas grande y
mas perfecto
no miento si te vuelvo a recordar
que te quiero
es grande y muy cierto te adoro
eres mi risa mi llanto y mi tesoro nunca,
nunca te me vallas a escapar
Bilbo no se había movido de postura en toda la noche. Ahora la luz entraba por la ventana, envolviendo toda la habitación en tonos dorados y verdes. Thorin dormía a su lado, abrazándolo y hecho un ovillo. Bilbo llevaba un rato mirándolo, pensando en lo que había sucedido durante la noche. El brazo le dolía. Moretones se habían formado donde Thorin había presionado la noche anterior, pero nada estaba roto. Se curaría en unas semanas, pero hasta entonces debía cubrirlo. Tendría que ir a visitar a Oin, aunque eso no le hacía gracia. No quería que nadie supiese lo que había sucedido.
Bilbo tendría que habérselo visto venir. Tendría que haberlo imaginado. Era lo normal, después de la vida que había tenido Thorin. Era normal que tuviese esas pesadillas tan intensas. Había habido un momento cuando había sentido miedo, cuando Thorin se había girado y había visto que no le reconocía. Por un momento había visto a Thorin cuando la enfermedad del oro le había poseído. Pero esa imagen se desvaneció rápido, gracias al dolor. No se había dado cuenta de lo mucho que le dolía hasta más tarde, cuando Thorin estaba ya en sus brazos dormido. El dolor le había impedido dormir bien, de ahí que se despertarse muy de madrugada. Ahora su brazo estaba hinchado, pero eso no le preocupaba tanto como la escena que iba a tener con Thorin nada más se despertase este.
Sabía lo que iba a pasar, lo que le iba a decir. El enano iba a pedirle que se fuese, que no podía estar a su lado, que iba a dañarle de nuevo, que era muy peligroso, que bla bla bla. No tenía la más mínima intención de tener esa conversación. Ya la había tenido en su cabeza desde hacía una hora y no pensaba tenerla también fuera de ella. Bilbo sabía todas las excusas y razones que le iba a dar Thorin y ya había descartado cada una de ellas. No pensaba irse a ningún lado, no pensaba dejar de dormir con Thorin y no pensaba hacer como que no pasaba nada. Thorin tenía un problema, uno que seguramente llevaba años con él, y Bilbo pensaba solucionarlo. Eso era lo que él hacía, solucionaba problemas para Thorin. Lo había hecho en su aventura, lo estaba haciendo en Valle y pensaba hacerlo ahora. No era ingenuo, sabía que sería imposible que Thorin dejase de tener esas horribles pesadillas por completo, pero estas debían de producirse por algo. Si encontraba parte del problema y lo solucionaba, parte de las pesadillas se irían. Aún así no podía pensar más. Su mente estaba muy cansada y su brazo muy dolorido. Al fin y al cabo él era un pequeño hobbit y Thorin uno de los enanos más fuertes que había en Erebor.
Bilbo notó como Thorin abría los ojos, como había paz en ellos. Pudo ver como el rey no recordaba nada, como sonreía al verle a su lado. Bilbo le devolvió la sonrisa. Amaba esa sonrisa, amaba a ese enano más que a nada en el mundo. Sin embargo, la sonrisa de Thorin desapareció, y Bilbo vio como recordaba. Se movió, buscando el brazo de Bilbo y Bilbo lo ocultó bajo la almohada, pero Thorin lo sacó con mucho cuidado. La cara del enano se llenó de horror al ver lo que había hecho.
'Thorin. Estoy bien. No hay nada roto.' Se apresuró a decir Bilbo.
'¿Nada roto?' Dijo Thorin lleno de ira. Bilbo sabía que esa ira no estaba dirigida a él, sino a sí mismo. '¿Crees que esto es normal? ¿Qué es un alivio que no haya "nada roto"? Mira lo que he hecho, Bilbo. Soy un monstruo.'
'No, Thorin. No lo eres, no te pongas melodramático. Estabas teniendo una pesadilla. No debí de sorprenderte así. Ya lo sé para la próxima vez.'
Thorin le miró intentando comprender. 'No va a ver próxima vez.' Dijo finalmente. Su voz seca, con el mismo deje de finalidad que empleaba con sus súbditos.
Y ahí estaba, esa conversación que Bilbo no quería tener, no sin una buena taza de té antes.
'Thorin. No. Escúchame…'
'No. Escúchame tu a mi.' Dijo el enano con ese tono que ponía siempre que quería dejar claro que su palabra era ley. 'Esto es serio, Bilbo. No pienso dejar que nadie te haga daño, ni siquiera yo. Esto… esto se ha terminado. Debes irte… debes…'
'Oh, cállate.' Dijo Bilbo perdiendo la paciencia, levantando la voz. Thorin le miró sorprendido, callándose en el acto. Seguramente no estaba acostumbrado a que alguien el hablase así, y mucho menos el siempre cordial hobbit. Bueno, pensó Bilbo, mejor. Él no era uno de sus súbditos, y podía hablarle como quisiese.
'Mira Thorin, no me voy a ir a ningún lado. Esta conversación que quieres tener yo no la quiero tener. No voy a pasarme el resto del día y seguramente de la semana en una pelea continua contigo hasta que esa cabeza de roca maciza que tienes se de cuenta de que no dices más que chorradas, perdona mis modales.' Se apresuró a decir. Pero no dio tiempo a Thorin a hablar. Aunque su cara decía casi todo lo que pensaba. 'No me voy a ir a ningún lado. No vamos a dormir separados. No vamos a romper el cortejo. No va a pasar nada. Lo único que va a suceder es tu y yo hablando como personas racionales sobre el problema que claramente tienes y cual es la mejor forma para que yo te ayude.'
'No vamos a hacer tal cosa.'
'Oh, sí. Vamos a hacerlo.' Dijo Bilbo, no queriendo dar su brazo a torcer, levantándose de la cama.
'¿A donde vas?' El tono de Thorin era grave, irascible. Claramente no iba a dejar el tema pasar. No iba a dejar que Bilbo se saliese con la suya. Si el hobbit no se daba cuenta de que estaba en peligro estando a su lado, él pensaba hacérselo ver.
'A pedir té y desayuno.' Dijo como si fuera obvio, de camino a la puerta. 'En serio, Thorin. En nuestros aposentos vamos a tener una cocina con todo lo necesario.' Cogió los pantalones y se los puso, metiéndose la camisa de noche por dentro y subiéndose un tirante con el brazo que no le dolía. 'Es vergonzoso.' Y con eso salió por la puerta. Dejando al rey en medio de la cama, con las sábanas revueltas y una expresión de incredulidad y enfado en la cara.
/
Bilbo volvió al cabo de unos minutos y se encontró con Thorin de pie, esperándole con los brazos cruzados. Su cara seria y firme, pero tranquila. No había ya casi rastro de la furia que había estado ahí minutos atrás. Bilbo anotó en su mente que en futuras disputas dejar solo a Thorin durante un rato después de decirle lo que pensaba era una buena forma de actuar. Ayudaba a que este asimilase la información.
'Te he pedido huevos con jamón.' Dijo a modo de introducción.
'No tengo hambre.' Respondió este sin moverse, sin dejar de mirarle.
Bilbo movió los dedos rápidamente, apretando las manos mientras respiraba. Quizás no se había ido el tiempo suficiente.
'Bilbo. No es un asunto como para tomárselo a la ligera.' El tono de Thorin tranquilo pero grave. 'Te he hecho daño.'
'Lo sé.' Contestó el hobbit sentándose en el sillón enfrente de la chimenea, esperando otra retahíla de cosas que iban a pasar que Bilbo no pensaba dejar que pasasen. Thorin no se movió.
'Bilbo, no hay solución a esto. No hay solución a mis pesadillas, a mis visiones. Llevo con ellas demasiado tiempo. Solo van a peor. No hay nada que se pueda hacer. No hay forma en la que me puedas ayudar.' Bilbo notó como Thorin creía lo que decía, como estaba siendo sincero, racional. 'Esperaba que con tu presencia no apareciesen. No han aparecido nunca las otras veces que hemos estado juntos. Tu me traes tanta paz…' Thorin bajó la vista, reorganizando sus pensamientos. En seguida volvió a mirar a Bilbo. De nuevo serio y decidido. 'Pero me equivoqué, y mi error ha costado que te hiera. Y eso es algo que nunca me perdonaré. No puedes pedirme que haga como si nada, Bilbo. No sabes lo que dices. Esto… esta situación. No tiene solución.'
Bilbo se levantó y se acercó a él. Thorin no se apartó, no intentó detenerlo, y eso le pareció buena señal al hobbit.
'Te creo.' Bilbo no quería creerle, pero eso no significaba que no lo hiciese. Respetaba a Thorin, su opinión. Veía que el enano era consciente del problema, que había pensado en ello. 'Pero no quiero hacerlo.' Le tocó los brazos, haciendo que los liberase para poder cogerle las manos. 'Me niego a pensar que no hay nada que pueda hacer, Thorin.'
Los ojos de Thorin se llenaron de dulzura por un momento. 'Siempre queriendo ayudar.'
'Es lo que se me da bien.' Reconoció Bilbo. 'Es lo que tu me has enseñado que se me da bien.'
Esa frase estaba cargada de peso, de significado, y no pasó desapercibida al rey.
'Bilbo, no quiero volver a lastimarte.'
'Yo tampoco quiero, Thorin. De ahí que me niegue a pensar que la única solución a esto es que durmamos en habitaciones separadas.'
'Podrías irte. Podrías volver a la Comarca.' Dijo Thorin con la misma suavidad.
'Estoy hablando de soluciones reales, Thorin. Tu sabes tan bien como yo que eso no es una solución.' Bilbo le miró reprimiéndole con cariño.
Ahí estaban los dos, con tonos suaves y amor en sus palabras, cuando minutos atrás todo habían sido gritos y dolor, resignación y pesar. Así era su relación, una constante aventura, un misterio imposible de resolver. Nunca sabiendo qué pasaría a continuación. Bilbo no cambiaría nada. Thorin era intenso, era apasionado, era todo lo que nadie era en la Comarca. Era la vida que corría por sus venas.
'Thorin. Déjame intentarlo, déjame ayudarte.' Bilbo apoyó su cabeza en el pecho de Thorin.
'No hay nada que puedas hacer.'
'No lo sabes.'
'Sé que no quiero volver a herirte, y sé que si lo intentas lo haré. Y no pienso permitirlo.' No le tocó, no le puso la mano en la espalda o cadera como solía hacer.
'No puedes impedirlo, Thorin. Quieras o no estoy aquí, y aquí pienso quedarme.'
'Bilbo.' Su nombre, una súplica.
Bilbo le miró y llevó sus manos al cuello de Thorin. Bajó la cabeza del enano y le besó suavemente en los labios. Thorin no siguió el beso pero no se apartó tampoco.
'Te quiero.' Susurró a pocos centímetros de él. 'Y vamos a encontrar una solución. Juntos.'
Thorin le miró. Veía la determinación en los ojos del mediano, la seguridad que había en ellos, el amor. Sabía que nada que dijese podría hacerle cambiar de opinión. Sabía que estaba siendo egoísta, que se estaba comportando mal al permitir a Bilbo seguir a su lado. Pero no podía evitarlo, no podía evitar sentir esperanza, pensar que quizás, quizás, Bilbo tuviese razón.
'Bésame.' Le pidió Bilbo, sus labios casi rozando los suyos. Thorin le puso las manos en la cadera, con precaución. Y recorrió la distancia restante. Notó los labios de Bilbo, suaves, tiernos. Notó su humedad, como abría la boca, como le dejaba entrar, ser él el que llevase el beso, el que controlase la situación. Thorin subió una de sus manos, cogiendo la cabeza de Bilbo, profundizando en el beso, perdiéndose en sus labios, olvidándose de por qué se estaban besando. Era adictivo. Bilbo era adictivo. Cuando notó que empezaba a faltar el aire se separó muy despacio, cogiendo entres sus dientes el labio inferior de Bilbo, soltándolo con dulzura.
'Khuzd allâkhul.' Susurró Bilbo mientas oía el golpeo en la puerta. El desayuno había llegado.
/
Todos estaban de acuerdo. El hobbit era una criatura maravillosa. Había conseguido rejuvenecer la tierra, hacer que volviese a ser fértil y con ello asegurando el sustento y alimento en Erebor en el futuro. Había ayudado a recuperar la montaña. Había hecho cosas extraordinarias, todos lo sabían. El hobbit era un ser digno de respeto y admiración. Pero una cosa era que debiese ser respetado y que pudiese vivir en Erebor y otra que se convirtiese en el nuevo Consorte.
Todos los nobles, todos los integrantes del Consejo Real, todos los jefes de gremios pensaban eso. Todos los que no eran parte de la Compañía, claro estaba. Y todos había decidido reunirse en la Sala del Consejo para hacérselo saber al rey. Tenían que decirle que estaba cometiendo un error. Cualquiera de las nobles que habían visitado la montaña durante la gala era una opción mejor. El hobbit no era una opción. No sabían muy bien porqué el rey quería cortejarle, no lo acaban de comprender, y eso les preocupaba y les enfurecía. Los enanos desconfiaban de lo desconocido por naturaleza.
Se habían organizado entre ellos, dejando al margen a los miembros de la Compañía, pues ya sabían que no compartirían sus ideas. Aún así necesitaba a Balin. Necesitaba que fuese a buscar al rey y le informase de la reunión. Y así se lo hicieron saber. Bodin fue el enano encargado de hablar, después de la larga reunión que habían tenido la noche anterior.
'Bodin.' Dijo Balin a modo de bienvenida al ver al enano en su despacho. '¿A qué se debe el placer?'
'Balin, tienes que llamar al rey. El consejo se ha reunido y tenemos que hablar con él.' El tono del enano era fuerte, decidido. Sin embargo, Balin no se inmutó. Solo levantó las cejas a modo de respuesta. Bodin era uno de esos enanos con los que había tenido que tratar toda su vida. Había sido consejero en tiempos de Thror y había seguido siéndolo durante el exilio. Era un enano influyente, alguien que el pueblo respetaba. Pero para Balin era un ser anodino y molesto, enterrado en viejas formas y con mentalidad anticuada. Sabía que este día llegaría.
'No sabía que era tu labor convocar al consejo.' Dijo dejando el libro que llevaba en las manos encima de su escritorio.
'Balin, no tengo tiempo para esto. Es urgente.'
'¿Se puede saber qué es tan urgente? ¿A qué se debe la inminente reunión?'
'¿Cómo que a qué se debe?' Exclamó Bodin. 'Al mediano. Al cortejo.'
'Al señor Bolsón, querías decir.' El tono de Balin serio, a juego con su mirada.
Bodin respiró y asintió. Dándose cuenta de que cómo había imaginado, Balin no sería de ayuda. Una pena. Siempre había pensado que era un enano con más sentido común que corazón.
'Creo que el rey nos debe una explicación.'
'Creo que el rey no nos debe nada.' Dijo sentándose. 'Ayer dijo todo lo que tenía que decir sobre el asunto. No sé qué más necesitas.'
'Tu llama al rey. El consejo y los jefes de los gremios estamos esperando.' Y con eso Bodin dejó la sala. Saliendo con la cabeza bien alta y un tono amenazador que Balin ignoró por completo.
/
Los pasos se oyeron desde dentro de la sala. Todos los enanos se giraron, esperando encontrarse con su rey, preparándose para lo que iban a decirle. Bodin ya tenía una lista con todos los argumentos por lo que era una mala idea seguir adelante con el cortejo. El hecho de que no se lo hubiesen avisado a ellos primero, que el rey lo hubiese hecho público para todos, sin pedirles consejo, no había hecho más que herir su orgullo y enfurecerlos todavía más.
Las puertas se abrieron, pero en el lugar del rey estaba la princesa. Su cara era pura ira retenida, y algunos de los nobles dieron un paso atrás. Habían visto crecer a la princesa y sabían de lo que era capaz. No por nada era la cabeza de la jurisdicción de Erebor.
'¿Qué es esto de que exigís ver al rey?' Dijo dando un paso y entrando en la sala. Dos guardias cerraron la puerta tras ella inmediatamente.
'Uzbadnâthê.' Dijo Bodin con una inclinación de cabeza.
Dís se situó delante de todos ellos, esperando una explicación. Nadie dijo nada. Un enano carraspeó y al cabo de unos segundos Bodin volvió a hablar.
'Pedimos a Balin que hiciese llamar al rey porque hay asuntos que debemos tratar con él.'
'Seguro que esos asuntos los podéis tratar conmigo.'
Bodin miró a sus compañeros y volvió la cara a su princesa.
'No es mi intención faltarle el respeto, uzbadnâthê, pero los asuntos son personales.'
Dís le miro y al cabo de unos minutos de silencio incómodo se movió. Cogió la silla más cercana de la gran mesa y se sentó.
'Dadme la lista.'
'¿Perdón?' Dijo Bodin.
'La lista, Bodin. La lista con los motivos por los que el rey no debe casarse con el señor Bolsón.' La cara de Dís fija en el enano. Una ligera sonrisa en sus labios. 'Nos conocemos desde que nací. No juegues conmigo, no tienes lo que hace falta. La lista.'
Bodin se la entregó, Dís la leyó y se tomó su tiempo. Todos los enanos tenían la vista fija en ella. No sabían qué iba a suceder. Normalmente la princesa era la voz de la razón. Era quien aplacaba al rey. Quien mantenía a todo el mundo contento. Era, por así decirlo, su mayor aliada. Pero no una aliada por placer. Todos sabían que Dís hacía lo que hacía porque consideraba que hacía lo correcto, no porque se viese manipulada por ellos. Más de uno quería que así fuese, quería ver a la princesa bajo su poder, en más de un sentido. Pero nadie se atrevía. Debajo de toda esa diplomacia se escondía una guerrera formidable.
'Sé la haré llegar al rey.' Dijo levantándose.
'Mi señora, preferimos si somos nosotros los que…'
'Tendréis vuestra respuesta de tres a cinco días.' Continuó ella sin prestar atención a Bodin. Sabía que lo que le estaba diciendo iba a irritarle. Bien, pensó la princesa. Su hermano era de los que lidiaban con los problemas con acciones directas y frases bruscas. Ella no. Ella disfrutaba del juego. Disfruta viendo como todo se desenvolvía según sus deseos. Disfrutaba jugando con las piezas del tablero. De ahí que fuese perfecto que su hermano fuese rey y ella la princesa. 'No puedo prometerla antes. El rey esta muy ocupado.' Se giró a ellos, poniendo su cara más seductora. 'Aún así le haré saber de vuestro deseo por su reconsideración en cuanto al asunto del cortejo.' Chascó los dedos y la puerta se abrió. 'Que tengáis un buen día.' Y dicho esto se fue, dejando a todos sin saber muy bien qué había pasado y a Bodin con la palabra en la boca.
El plan no había ido como habían imaginado, fue la conclusión a la que llegaron todos. Bodin dio un golpe en la mesa, dejando salir su frustración.
/
'Creo que debería hablar con él.' Dijo Kili tirando una piedra al lago.
'¿Y qué le vas a decir?' Le contestó Tauriel.
'No lo sé. ¡Algo! Tiene que hacer algo. Después de haber anunciado su relación con Bilbo no puede negarme a mi que tenga una contigo.'
'Kili.' Dijo ella con una voz suave. El enano se giró, buscando su ojos. 'No creo que sea buen momento.'
'Eres como Fili.' Dijo el joven príncipe acercándose a ella. Su voz llena de frustración y pasión. 'Ambos con lo de "no es el momento". ¿No sé a qué os referís con eso? ¿De qué no es el momento? ¿Por qué él tiene derecho a ser feliz y yo no?'
Tauriel le miró más seria, aunque su rostro no cambió. '¿No eres feliz?'
Kili se dio cuenta de que no había elegido bien sus palabras, de que, como siempre, había hablado sin pensar. 'No, por supuesto que lo soy, es solo…' Se acercó a ella, cogiendo sus manos y acariciándolas. 'Quiero que seamos como cualquier otra pareja, Tauriel, quiero que seamos capaces de hacer las mismas cosas.'
Pero no somos cualquier otra pareja, pensó Tauriel.
'¿Qué es lo que esperas que cambie, Kili? Yo nunca viviré en la montaña. No solo porque no lo permitirían, sino porque no está en mi naturaleza. No me puedes pedir que viva rodeada de roca, alejada del bosque, de la luz, de las estrellas. No puedo.'
Kili miró las manos de la elfa, no quería mirarle a los ojos. Lo que le había dicho, él ya lo sabía, pero nunca habían hablado de ello tan abiertamente. Tauriel no era Bilbo. Nunca viviría en Erebor. Y él sabía que nunca podría vivir alejado de la montaña. Al principio no lo había notado, había pensado que nunca se sentiría en casa en Erebor. No había nacido ahí, no había nada que le ligase con ese lugar. Su hermano fue el primero en tener la conexión con la montaña. Una vez, cuando Kili le había preguntado, Fili le había respondido que era como si pudiese oírla. Como si estuviese viva. Desde entonces Fili se había dedicado a Erebor. Se le daba bien ser el príncipe heredero, siempre había sido mejor que él en todo lo que fuese diplomacia y estudios. Siempre había estado interesado por la historia y la cultura; de ahí que hubiese pedido a su tío que le dejase a él ocuparse de las relaciones de Erebor con los el resto de clanes, petición que había sido concedida y la cual ocupaba casi todo su tiempo. Sin embargo, él no había sentido esa conexión.
Kili había pensado muchas veces en dejar Erebor, en irse a vivir con Tauriel a Valle o a otro lado. Era cierto que no quería dejar a su familia, pero al mismo tiempo quería estar con ella. Casi fue a hablar con su tío sobre ello cuando lo notó. Fue el día que iba de camino a la fragua donde Thorin solía estar trabajando cada vez que su agenda se lo permitía. Notó la tierra, notó algo, no sabría decir qué, pero alguien le llamo sin palabras. Se giró, buscando esa voz muda y vio como había un enano que estaba a punto de caerse a una parte en construcción. Corrió y consiguió salvarle la vida. Desde entonces notó esa conexión. Empezó a notar esas cosas que su hermano le había dicho.
'Eres príncipe de Erebor.' Le había dicho su madre. 'Estas ligado a la montaña y la montaña está ligada a ti. Con el tiempo te darás cuenta del poderoso vínculo que compartís.'
No había querido hablar con su tío sobre el tema, ni había querido preguntar a nadie, pero no paraba de preguntarse si ese vínculo se haría mayor con el paso de los años. Quería saber cómo de fuerte era el que tenía su tío con Erebor y si esa había sido la razón detrás de su necesidad de recuperar la montaña.
Kili estaba ligado a Erebor, había sido algo inevitable, y sabía que nunca podría vivir en otro sitio y pensar que era su hogar. Y eso era precisamente lo que más le molestaba. Él no podía dejar la montaña y Tauriel no podía vivir en ella.
'Kili.' Tauriel le sacó de sus pensamientos. 'No tenemos prisa. No presiones a tu tío. No le conozco mucho, pero por lo que he oído no es alguien que lleve bien el sentirse presionado. Déjale ser feliz, como lo somos nosotros. También se lo merece.'
Kili la miró a los ojos. Tauriel sonrió.
'Ya habrá tiempo de hablar.'
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'¿Para qué has dicho que la necesitas?' Dijo Oin con su trompeta en la mano, buscando tarros.
'Para un moratón.' Contestó Bilbo subiendo el tono. 'Nada grave, simplemente que me caí y bueno, era por saber si tenías algo para que se curase antes.'
Oin cogió dos tarros y se fue a la mesa principal, Bilbo le siguió.
'¿Quieres que te lo mire?' Preguntó el enano mientras mezclaba en una cuenco de madera varios ingredientes.
'No.' Se apresuró a decir Bilbo agarrándose la manga de la camisa para que no se levantase. No le había dicho a Oin donde tenía el moratón, no había entrado en detalles. Y si el enano había sacado la conclusión de que se lo había hecho en el campo, él no iba a sacarle de su error. 'No es nada grave, te lo aseguro.'
'Ponte un trapo limpio mojado en agua cálida durante diez minutos por la mañana y por la noche.' Dijo este añadiendo perejil a la mezcla. 'Y aplícate esto después.' Acabó de mover todo y lo puso en un tarro de cristal. 'Si ves que tarda más de una semana en curarse, ven a verme.'
Bilbo asintió, y cogió el tarro con la mano del brazo bueno.
'Has dicho que no es muy grave, ¿verdad?' Le preguntó el enano de nuevo.
'No. En serio, Oin, no te preocupes. Muchas gracias por el ungüento.' Dijo dirigiéndose a la puerta.
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Thorin leyó la lista que le había traído su hermana. Cuando acabó la miró a los ojos.
'¿Qué les dijiste?'
'Que les contestaría de tres a cinco días, si recuerdo bien.'
Thorin volvió a leer la lista. Cuando acabó la arrugó en su mano y la arrojó al fuego.
'¿Quieres que recoja las cenizas y se las haga mandar en un sobre?' Preguntó su hermana.
Thorin sonrió. Amaba a su hermana. Amaba su forma de ser y su forma de pensar, lo retorcida que podía llegar a ser. En cierta manera le tranquilizaba saber que no era el único con una manera de ser complicada. Dís podía aparentar ser un encanto, pero Thorin sabía que todo era fallada. Ella siempre había sido la mente criminal de los dos. De ahí que ahora se ocupase de resolver las disputas legales de los cuatro puntos cardinales de Erebor. Desde muy joven se le había dado bien resolver conflictos y sacar beneficio de ello, por eso Thorin no había dudado en ponerla al mando de los asuntos legales.
Erebor estaba dividida en cuatro secciones, cada una nombrada según su punto cardinal. Cada sección contaba con su tribunal territorial, donde acudían los ciudadanos con problemas y asuntos que tratar. Todos estos asuntos pasaban a un jefe de jurisdicción que a su vez, si no podían resolverse mediante la ley de Erebor, pasaban a Dís. Todo siempre pasaba a Dís, pero ella solo se ocupaba de resolver asuntos delicados y poner su firma en todo lo demás. Si la asunto era tan peliagudo que Dís no podía resolverlo, se llevaba ante el rey. Era un sistema que funcionaba y que había funcionado durante generaciones. El rey no podía estar resolviendo pequeñas disputas de sus miles de súbditos, de ahí que necesitase a alguien de máxima confianza para que se ocupase de todo lo grueso en su lugar. Y para Thorin, nadie mejor que su hermana.
'No. Voy a esperar a que vengan a mi.'
'A Balin no le va a gustar.' Dijo Dís.
'Imagino que no.' Dijo él sentándose en el sofá y cogiendo su pipa.
'Él te diría que debes actuar con responsabilidad y tratar el problema con diplomacia.' Continuó ella sirviéndose una taza de té.'
Thorin asintió. Eso sería sin duda lo que Balin le diría. Thorin pensó que viejo enano debería dar gracias de que él no hubiese salido por la puerta y se hubiese liado a puñetazos con Bodin. En el fondo estaba madurando. Además, Bilbo le hubiese regañado si lo hubiese hecho.
'¿Qué tal el señor Bolsón?' Dijo su hermana.
Thorin miró el fuego, intentando no pensar en la última noche. Ahora parecía otra pesadilla más, otro de los muchos sueños que había tenido cuando Bilbo seguía en la Comarca. Pero sabía que no era así, no era un sueño.
'Bien. Se está acostumbrando bien.' Dijo sin apartar la vista.
Dís notó que algo preocupaba a su hermano, pero no quiso decir nada.
'El pueblo parece quererle.' Dijo ella. Dio un ligero sorbo a su té, dando tiempo a que esa frase calase en su hermano. 'Imaginó que después del anuncio estarán sorprendidos, pero yo no me preocuparía, seguro que acabarán amándolo como Consorte.'
Hubo unos minutos en los que ambos estuvieron en silencio, Thorin fumando y Dís bebiendo su té. La voz de Thorin les devolvió a ambos a la realidad.
'Me da igual.'
'¿Perdona?' Le preguntó su hermana, no sabiendo muy bien a qué venía esa frase.
'Los nobles, sus quejas, las quejas de cualquiera. Me dan igual.' La voz de Thorin era tranquila pero cargada de seriedad. Miró a Dís y esta pudo ver las llamas reflejarse en sus ojos, ver como eran más oscuros de lo habitual.
'Mi obligación es casarme con la persona más indicada para hacer de Erebor el mejor reino sobre Arda.' Continuó Thorin. 'Desposar a alguien digno de tomar decisiones en mi lugar, alguien leal, inteligente, valiente, ¿no?' Dís asintió. 'Pues son libres de buscar mejor candidato, aunque dudo que lo encuentren.' Esto último lo dijo volviendo la vista hacia el fuego.
Dís miró a su hermano y fue como si lo viese por primera vez. Había algo en él que había cambiado, había una seriedad en su mirada, mayor que la que solía tener, pero también había paz. Había tranquilidad bajo esos ojos que solían enfurecerse como en mar en una tormenta. Había algo distinto en él; no si bien más adulto pero si más centrado.
Dís nunca había entendido qué veía su hermano en Bilbo. Sí, era un ser encantador. Una criatura de lo más adorable, como todos los hobbits que había visto a lo largo de su vida. Era inteligente, era buena persona. Pero Dís también se había dado cuenta de que no era sociable. Sí, se le daba bien la gente, era diplomático por naturaleza, pero en esos meses en los que había podido conocerle más a fondo se había dado cuenta de que Bilbo era una persona solitaria, que valoraba los buenos modales y su intimidad por encima de todo. Alguien de buen corazón pero del cual no podías saber lo que pensaba realmente sobre algo. Había algo en Bilbo Bolsón que le hacía un ser complejo, algo que le decía que había más detrás de esa fachada de hobbit encantador. Dís estaba encontrando en él un amigo y confidente, de ahí que hubiese descubierto que Bilbo no era todo lo que aparentaba. Precisamente por eso no comprendía porqué su hermano quería casarse con él. No comprendía cómo alguien como él, con sus altos ideales y su forma tan cuadrada de ver el mundo, podía enamorarse de alguien como Bilbo. No sabía cómo podía su hermano estar enamorado de alguien de otra raza. No lo entendía. No entendía cómo podía encontrarle atractivo. Bilbo era físicamente todo lo contrario al canon de belleza que ellos tenían. Por más que le daba vueltas no daba con una respuesta.
Ahora veía que no necesitaba dar con una. Su hermano amaba el hobbit. Le amaba tanto como ella había amado a su esposo. Bilbo era bueno para él. Bilbo centraba a Thorin, algo que nadie había conseguido, algo que ella pensaba que no era posible. Thorin tenía una fe ciega en el hobbit, tanto como para poner en sus manos lo que más amaba, su pueblo. Estaba claro que a Dís le quedaba mucho por descubrir del futuro Consorte de Erebor.
'Realmente es tu merlar.' No fue una pregunta.
Thorin no la miró, pero su voz le llegó segura, cargada de una gravedad hasta ahora inexistente en su conversación. 'Lo es.'
/
Fili se encontraba en su despacho cuando le trajeron la carta, acababa de llegar de las Montañas Rojas. La abrió y leyó la noticia de la llegada del embajador de los Puños de Hierro en las próximas semanas. Frunció el ceño. No sabía qué motivo tenía Rugur para mandar un embajador, pero sabia que tenían que recibirlo y acomodarlo. Rugur no había dado señales de vida desde que se había ido. Thorin había mandado a un pequeños grupo a seguir al capitán de la guardia y estos habían regresado hacía un par de días diciendo que el Capitán de los Puños de Hierro y sus soldados se habían limitado a acercase a Gundabad. Solo habían inspeccionado la zona sin darse a conocer a los orcos que aún vivían allí. Fili había estado presente cuando Thorin había recibido la noticia. El príncipe heredero sabía que Rugur tramaba algo. La conversación que tuvo con su tío y cómo él le contó que había sido Argola, la señora de los Morenos, quien le había dicho de las intenciones de Rugur, solo había afianzado la certeza de Fili.
Tenía que informar a su tío. Se levantó, dejando a un lado el boceto de tratado que estaba escribiendo para Ered Luin y se fue a buscarlo.
Fili no fue capaz de encontrar a Thorin en Palacio ni en la fragua. Supuso que estaría en los aposentos de Bilbo, por lo que se dio media vuelta y volvió a su despacho. No iba a molestar a su tío si se encontraba con el hobbit, ya se lo diría en otro momento. De todas formas ya era tarde, su tío se merecía un descanso.
Mientras, Bilbo estaba volviendo a mojar el trapo en agua. La hinchazón había remitido un poco, pero aún le dolía, y empezaba a tener un color muy oscuro. Hoy no había podido ir a los campos, por lo que había mandado una carta a Bardo explicando que no podría ayudarle en un par de días. No quería dar detalles y esperaba que el hombre no los necesitase. Miró el reloj de pared y, acto seguido, miró la puerta. Thorin no había ido. Bilbo no había querido molestarle. Sabía que tenía un día muy ocupado. Ha decir verdad el rey solía tener todos los día muy llenos de actividades reales, como Bilbo las llamaba, pero esperaba que fuese a visitarlo. Quizás necesitase tiempo a solas. Bilbo había necesitado estar solo, pero ahora, después de pasarse todo el día trabajando en su regalo de final de cortejo para Thorin, tenía la necesidad de verlo. Sacó el trapo y lo escurrió. Si no venía para cuando el ungüento se hubiese absorbido iría él.
/
'Toma.' Dijo Dwalin colocando enfrente de él otro vaso lleno de aguardiente.
'No.' Dijo Thorin negando con la cabeza.
No sabía cómo había acabado allí, en una de las tabernas más frecuentadas por la Guardia de Erebor, de espaldas a los demás, en una esquina un tanto oscura, y por suerte sin ser reconocido. Llevaba más cervezas de las que debería y Dwalin no había tardado en traer algo más fuerte para tomar entre sorbo y sorbo. Su amigo le había ido a buscar cuando se disponía a dejar su despacho. No había aceptado un no por respuesta y ahora se encontraba ahí, horas más tarde, sin haber cenado y con el estómago lleno de alcohol. Hacía un rato que había notado como la habitación empezaba a darle vueltas, aún así no se había ido. Había lago en todo aquello, en estar con Dwalin así, en una taberna, hablando de nada y de todo, que le hacía no querer dejar nunca ese lugar.
Dwalin le miró y se tragó de un sorbo el contenido del vaso, sentándose de nuevo delante de él y cogiendo la jarra de cerveza. Thorin cogió el vaso y bebió. Nada más hacerlo se arrepintió de ello.
'Thorin, tengo una pregunta muy seria que hacerte.' Dijo Dwalin intentando sonar serio pero no consiguiéndolo. Él también llevaba demasiadas cervezas y vasos de aguardiente.
'¿Qué?'
'¿Cómo es?'
Pasaron unos segundos en silencio, mirándose a los ojos. Cualquiera que le prestase atención pensaría que estaban tratando un tema peliagudo, posible de explotar e irse a las armas en cualquier momento. Eso pensaría cualquiera hasta que viese al rey reírse, y al capitán de la Guardia seguirle.
'¿Cómo es qué?' Dijo Thorin sin saber a que se refería su amigo, dando un trago a su cerveza para quitarse el mal sabor de la boca. Un par de enanos habían empezado a cantar al fondo de la taberna y unos cuantos se estaban uniendo. Thorin pudo escuchar un violín no muy afinado.
'Hacerlo con un hobbit.' Soltó Dwalin sin inmutarse.
Thorin se atragantó. Tuvo que golpearse el pecho y respirar fuertemente para volver a su estado anterior. Luego miró a Dwalin como si no se creyese lo que acababa de oír. Pero Dwalin no se inmutó. Seguía esperando una respuesta. El violín sonaba más alto y más voces se habían unido. Las voces junto con la distancia que le separaba del resto les daba un poco más de intimidad.
'No pienso contarte nada.' Respondió al final.
'O sea, que te lo has follado.' Dijo Dwalin cogiendo su garra y chocándola con la de su amigo. 'Acabo de ganar diez monedas de oro.' Acto seguido dio un trago.
'¿Qué?' Thorin quería preguntar. ¿Qué sucedía? ¿Había una especie de puja sobre su vida privada? 'No. No me lo cuentes. No quiero saberlo.' Decidió.
'Es Nori.' Contestó Dwalin. 'Llevamos con la puja un mes.'
'He dicho que no quiero saberlo.'
Dwalin se encogió de hombros. Thorin se llevó las manos a la cara. La habitación comenzó a moverse de nuevo y él se acordó de Bilbo. Recordó su voz gritando su nombre mientras se corría en su boca. Recordó cómo le había tirado del pelo y cómo eso le había excitado. Miró su entrepierna disimuladamente y dio gracias al alcohol por su efecto.
'Bueno, ¿cómo es?' Volvió a insistir el enano.
'No pienso decirte nada.' Respondió Thorin mirándole. 'Es privado.'
'¿Ahora es privado? Venga, Thorin. Siempre que te has follado a alguien me lo has contado. Igual que yo. Llevamos así desde…' Echó la cabeza para atrás, intentando contar los años que había sido amigos. 'No sé. Mucho.'
'Sí, ya, pero eso era distinto.' Dijo Thorin mirando a su alrededor. Por suerte todos estaban o muy borrachos o muy dedicados al cante como para prestarlos atención. La verdad es que había sido un milagro que nadie les reconociese. Aunque puede que la ropa de Thorin ayudase, pues iba vestido de manera sencilla, no con la vestimenta que solía lucir en asuntos oficiales.
'Venga ya. ¿Por qué? ¿Porque le conozco?'
'Para empezar.' Dijo Thorin aún con la vista fija en la taberna, vigilando.
'Tengo curiosidad.'
'¿Sí? Pues búscate a uno y descúbrelo por ti mismo.' Ahí sí que le miró, pero no había ningún sentimiento duro tras esas palabras. Solo esa forma brusca con la que solían hablar llegados a puntos como esos.
'Que sepas que eres un asco como amigo.' Dijo Dwalin al cabo de unos segundos de silencio.
Thorin sonrió. Una sonrisa pequeña y ligera, pero cargada de cariño.
Continuará…
Khuzd allâkhul: enano estúpido.
Uzbadnâthê: mi princesa
NOTA: Lo primero gracias por los comentarios que es lo que hacen que siga escribiendo y no deje esta historia. Hablando de eso, estoy recibiendo menos y no sé si es porque la historia ya no os gusta tanto o si porque subo un capitulo muy largo, o por qué. ¿Preferís que vuelva al formato de TABA y haga capítulos más pequeños? Gracias y besos. Nos vemos el lunes que viene.
