AN: No me he visto la película de la que proviene esta canción ni leído el libro. Solo me gusta la canción. Disfrutad ;)


You're the light, you're the night

You're the color of my blood

You're the cure, you're the pain

You're the only thing I wanna touch

Never knew that it could mean so much, so much

You're the fear, I don't care

Cause I've never been so high

Follow me to the dark

Let me take you past our satellites

You can see the world you brought to life, to life

So love me like you do, love me like you do

Love me like you do, love me like you do

Touch me like you do, touch me like you do

What are you waiting for?

Bilbo no encontró a Thorin en sus aposentos. Miró el reloj. Era pasada media noche. Thorin nunca se había quedado trabajando hasta tan tarde. Se puso el anillo y salió, dispuesto a buscarlo por los alrededores. Al cabo de media hora se cansó, no daba con él y no quería seguir buscando. El brazo le dolía y estaba cansado. Solo quería tumbarse y dormir, pero por otro lado no quería volver a su casa. Se dio la vuelta, esquivando a un enano que iba a toda prisa y evitando ser descubierto. Volvió sobre sus pasos y entró de nuevo en el cuarto de Thorin. Se quitó el anillo con un suspiro. No le gustaba ponerse el anillo. Había algo, una extraña sensación que notaba cuando lo hacía, que no le gustaba. Era como si lo necesitase, como si algo en el anillo le llamase a ponérselo, pero una vez que lo hacía todo se volvía gris y asfixiante. Bilbo echaba de menos el color, la claridad y la nitidez que solo daba el moverse siendo visto. Y también era esa sensación de alivio una vez que se lo quitaba. Guardó el anillo en su bolsillo y se dirigió a la cama. Thorin no estaba. Bilbo sabía que no debía preocuparse. Si algo le hubiese pasado al rey todo Erebor estaría despierto. Aún así estaba molesto. Quería haber visto a Thorin.

Bueno, pensó, no hay nada que hacer. Ya volverá.

Se quitó la ropa y miró a su alrededor. No tenía nada para dormir allí. No solía utilizar nada. Pero ahora sentía que debía ponerse algo. Le parecía muy descarado meterse en la cama de Thorin desnudo sin que él estuviese allí. Abrió el armario y encontró una de las camisas que Thorin solía usar para dormir. La cogió y se la puso. Le quedaba enorme, pero le tapaba y era caliente. Además, olía a él, y eso le reconfortó. Se dirigió a la cama y se metió. El enano volvería tarde o temprano.

Al menos me despertaré a su lado, fue lo último que pensó antes de dormirse profundamente.

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Thorin cerró la puerta empujándola con su cuerpo. Respiró, esperó a que el cuarto dejase de moverse y empezó a desvestirse mientras andaba. Se cayó una vez antes de llegar a su dormitorio, justo cuando se disponía a quitarse los pantalones. Aprovechando que estaba en el suelo se lo quitó todo y entró. La habitación estaba a oscuras pero la chimenea estaba encendida. Se dirigió a la cama y la abrió. Fue entonces cuando vio una mancha azul. Se acercó y reconoció los rizos marrones. Sonrió. Pensó en tocarle, pero luego paró. Pensó en que sería maravilloso que se despertase y charlar con él, pero al mismo tiempo no quería despertarle, ni tampoco quería charlar. Al final se metió en la cama y con todo el cuidado que su estado le permitió, le abrazó, atrayéndolo hacia él. Bilbo se movió ligeramente, pegándose más a su pecho y acomodando las piernas, pero no se despertó.

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Bilbo se movió, intentando liberar su pierna y colocarse mejor. Quería darse la vuelta, pero algo se lo impedía. Abrió los ojos con desgana y vio como los primeros rayos del sol entraban por las altas ventanas. Eso le molestó y movió la nariz. Luego recordó que algo le aprisionaba y miró su cintura. Era un fuerte brazo. Thorin. Con cuidado se giró y se encontró con la cara del enano. Este estaba con el pelo un poco revuelto, con mechones por la cara y la boca semi abierta. Roncaba un poco y, cuando Bilbo se movió para darse la vuelta, apreció que olía a alcohol. Sin duda se habría ido la noche anterior con Dwalin, pues solo el alcohol le hacía roncar. No pesó más en ello y se acercó a él, aún con su pelo oliendo a tabaco y su aliento a cerveza puesta demasiado tiempo al sol. Cerró los ojos y se dejó llevar por el calor que emanaba del enano. Aún tenía sueño.

No fue hasta horas después, al notar como la cama se movía, cuando volvió a abrir los ojos. Thorin se estaba volviendo a acostar, sin duda venía del baño. Cuando el enano se acercó a él, Bilbo pudo comprobar como ya no le olía el aliento a alcohol, aún que el pelo le seguía oliendo a tabaco. Fue entonces cuando notó que estaba desnudo. ¿Había estado desnudo antes? No lo sabía, no se había fijado tanto.

'Buenos días, akdâmuthrabê.' Dijo con voz un tanto ronca.

'Bueno días.' Contestó Bilbo aún con sueño en su voz.

Se quedaron en silencio un rato, Thorin con la cabeza apoyada en la mano, mirándole con adoración en sus ojos. Bilbo pensando en lo mucho que deseaba tocarle. En lo mucho que deseaba besarle. Pensó que quizás debería contener esos pensamientos, no eran precisamente decentes teniendo en cuenta que no estaban casados. Ningún hobbit que se preciase se dejaría llevar por la pasión de esa manera tan vulgar.

'Zanât-zu ishkhabi birzul nitada ib-bakn.'

A Bilbo le costó unos segundos traducir eso en su mente. Pero una vez lo consiguió sus mejillas se volvieron un poco más rosas sin que él pudiera evitarlo. Se recostó para acercarse a Thorin y besarle, pero al hacerlo apoyó su mano en la cama y con ello tensó la muñeca y el dolor volvió a él. Rápidamente intentó ocultarlo, pero la cara de Thorin ya había cambiado.

'No.' Se apresuró a decir Bilbo, sentándose y tocando el pecho de Thorin, impidiendo que este hiciese algo que no fuese seguir allí, con él, en ese momento. 'No.'

Thorin iba a decir algo, seguramente algo sobre su mano y cómo le había hecho daño, pero Bilbo no le dejó. Se acercó más y le besó. Pero Thorin no siguió el beso y Bilbo se separó ligeramente de él, sin dejar de rozar sus labios con los del enano.

'Por favor.' Dijo en un susurro.

'Bilbo…' La voz de Thorin seria.

'Bésame.' Cada sílaba la dijo tocando sus labios, pegándose más a él. Quería notar a Thorin cerca. Quería tocar su piel, quería sentir su calor. Quería recorrer su cuerpo, recordar el tacto de sus músculos. Hacía mucho que no estaban juntos y Bilbo necesitaba sentir a Thorin. Las contadas ocasiones habían sido suficientes para que se volviese adicto a su cuerpo, siempre ansioso por descubrir más. No quería hablar, ni discutir. Pensó que su comportamiento no era propio de alguien de su clase, pero no le importó. No cuando tenía a Thorin tan cerca, no cuando este le decía piropos en esa lengua secreta suya con ese tono de voz tan grave. Nadie podía mantenerse digno cuando tenía al rey de los enanos diciéndole cosas así, desnudo. Sobretodo desnudo.

Thorin no estaba del todo convencido, no quería dejar pasar el hecho de que le había hecho daño, para él era algo muy importante, algo que notaba que Bilbo se estaba tomando a la ligera. Sin embargo, los labios del hobbit eran hipnóticos, su tacto adictivo. Las palabras de Dwalin volvieron a su mente sin que pudiese evitarlo. No le había dicho a su amigo nada, no por falta de ganas, sino por deferencia a Bilbo. Y en cierto modo era mejor que no hubiese hablado. ¿Cómo explicar lo que el hobbit le hacía sentir? ¿Cómo hacer comprender que era algo único, una experiencia completamente distinta a todo lo que había sentido? ¿Cómo explicar la necesidad de experimentar cosas nuevas, de querer cosas que antes no hubiese ni consentido mencionar en su presencia?

Thorin siempre había sido una persona sexual muy activa, algo que su amigo siempre había sabido. Al principio, cuando era joven, temió que su físico no le permitiese tener ese tipo de relaciones, temía que la gente solo quisiese estar con él por su título. Nunca se había sentido del todo cómodo cuando había tenido relaciones íntimas con alguien de su raza, no al menos en Erebor. Después todo cambió. Demasiadas cosas malas sucedieron y no fue hasta años más tarde, cuando volvió a estar centrado, cuando recuperó esas ganas. Sin embargo ya no era igual. Ya no era príncipe de Erebor y descubrió que, en efecto, no era considerado el tipo de enano al que alguien elige en una taberna para pasar una noche de pasión anónima. No fue hasta que empezó a frecuentar tabernas de hombres cuando lo notó. Al principio no se dio cuenta, fue Dwalin quien se lo hizo saber. Thorin se pasó días pensando en ello, tratando de imaginarlo. No le atraían los Hombres, demasiado alargados, demasiado blandos, demasiado sucios. Sin embargo, sabía que su cuerpo lo necesitaba. Era una forma de desahogarse, realmente la única que tenía, y, pensándolo bien, necesitaba gente que no pudiese reconocerle. Los hombres nunca sabrían quién era, nunca irían diciendo nada, nadie de su pueblo se enteraría. No mancharía su nombre. Dwalin lo sabría, es cierto, pero él no se lo diría a nadie.

Su primera vez con un hombre fue extraño, pero gratificante. Las proporciones eran raras, pero todo estaba donde debía. Lo más extraño fue la actitud del hombre, la sorpresa en su cara al ver que él no iba a dejarse dominar. Thorin había olvidado su nombre nada más cerrar la puerta de la posada en la que este se alojaba por la noche. Se habían conocido en la fragua donde estaba trabajando ese día. Había ido para que le arreglasen su espada y Thorin lo había hecho. Recordaba la hoja, de una calidad pésima, pero no recordaba su rostro. Solo sabía que no era feo, no para estándares de Hombres.

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Había terminado y el dueño le había pagado por su trabajo. No tanto cómo debería, pero hacía ya tiempo que Thorin había dejado de discutir con hombres. No llevaba a ningún sitio. Salió, cogiendo sus cosas y desatándose el pelo. Era de noche y estaba cansado. Sabía que no tendría trabajo hasta dentro de tres días y pensaba regresar a su casa con su hermana. Podía escuchar a Dís en su cabeza, pidiéndole que pasase la noche en una posada, pero él no pensaba hacerlo. No había motivo. Podía dormir perfectamente al descampado, no hacía tan mala noche y así tendría más dinero para comprar comida y un abrigo a Dís. El invierno llegaría pronto y las pieles que llevaba no le aguantarían mucho más.

Notó como alguien le seguía y agarró su bolsa de tal forma que pudiste luchar con ella sin perderla. Sintió sus pisadas cada vez más cerca e imaginó que era un hombre. Esperó a tenerlo a la distancia suficiente para darse la vuelta y desequilibrarlo con una patada en la parte posterior de la rodilla. Oyó como este se quejaba del golpe, pero no le dio tiempo a hablar, le colocó la daga que llevaba en el cinto en la garganta.

'¿Qué quieres?' Dijo con esa voz que sabía que infundía miedo.

El hombre le miró con ese sentimiento en los ojos. Tardó un poco en hablar y sus primeras palabras fueran casi tartamudeabas. 'Nada. Solo… Nos hemos conocido en la fragua.' Dijo levantando las manos para demostrar que iba en son de paz. 'Me arreglaste la espada.'

Entonces Thorin recordó. El hombre rubio oscuro de la espada de pésima calidad. Movió la daga de su garganta pero no la guardó. Le miró, esperando una explicación.

'Es solo que… Bueno… Lo siento. No debí seguirte.'

'No has contestando a mi pregunta.' Dijo Thorin con un tono menos arisco pero aún así serio.

'Es que… Bueno… Es que nunca había visto a un enano como tú.' Lo último lo dijo del tirón, como con miedo a las repercusiones de sus palabras. Thorin le miró sin saber qué hacer o decir. Su posición debió cambiar y ser menos amenazante pues el hombre se movió un poco, acomodándose en el suelo y bajando un poco las manos. 'He visto enanos antes, soy vendedor ambulante, pero nunca había visto uno como tu… Tus ojos… No sabía que los enanos tuvieses los ojos así.'

A Thorin Escudo de Roble le sorprendían pocas cosas, pero eso le sorprendió. No supo muy bien que hacer. No sabía cómo tomarse esa frase.

'Son hermosos.' Dijo el hombre y Thorin lo miró. Ese hombre debía de estar loco. Thorin sabía que las relaciones entre personas del mismo sexo no era algo común en la raza de los Hombres. Sabía que había lugares donde algo así estaba prohibido. Extraño, pero como todo lo que rodeaba a los Hombres, incomprensible para Thorin. Sin embargo, ahí estaba ese hombre, en el suelo, diciendo piropos a un enano que podía matarle si quisiese. El hombre debía de saber que él era más fuerte, más ágil con las armas y además, tenía la posición perfecta para llegar a su cuello. Pero en vez de huir le estaba diciendo que sus ojos eran bonitos.

Thorin guardó la daga y se dio la vuelta, colocándose la bolsa de nuevo en el hombro. No tenía nada más que hacer allí. No pensaba explicarle a ese señor que el color de sus ojos era algo característico del linaje de Durin. No pensaba dedicarle ni un minuto más.

'Espera.' Oyó decir al hombre a sus espaldas. '¿A dónde vas?' Pero Thorin no respondió. 'Es tarde e imagino que vives al otro lado del bosque.' Continuó diciendo el hombre. ¿No comprende un no? Pensó Thorin.

'Tengo habitación en la posada que hay más adelante. Si quieres…' Thorin no dejó de andar. No podía decir que le hubiese sorprendido la oferta, se lo vio venir desde que le había dicho lo de los ojos, pero no estaba de humor. Quería volver con su hermana y quitarse las botas y entrar en calor. De repente la noche se le hizo más fría, como si antes no hubiese notado las corrientes de aire frío que pasaban según cambiaba de calle. 'Si quieres puedes pasar la noche.' Dijo por fin el hombre sin dejarle marchar, pero siempre a su espalda.

Thorin pensó en seguir caminando. Era cierto que la idea de hacerlo con un Hombre había recorrido su mente durante semanas, pero no estaba de humor, y mucho menos después de que dicho hombre dijese que sus ojos eran bonitos. Sus ojos era otro de los rasgos que no tenía como los demás. Otro de los motivos que le hacían diferente, extraño. No eran bonitos, eran raros. Eran extraños y por lo tanto feos. Pasó por delante de La Águila Dorada y sin saber muy bien porqué entró. Sabía que el hombre iba detrás de él. No dijo nada al posadero, simplemente subió las escaleras y esperó a que el hombre pasase delante de él y abriese una puerta.

No había nada en ese hombre que le llamase la atención, no se encontraba especialmente de humor, hubiese preferido a alguien de su raza, alguien con más carne, más curvas, más músculo. Alguien como la enana que vendía vasijas de bronce en el mercado, la del pelo dorado y las caderas anchas. Le gustaba sus caderas.

El hombre entró y Thorin le siguió. Dio un rápido repaso a la habitación y dejó la bolsa en el suelo, al lado de la puerta. Oyó como este le estaba diciendo algo, pero no le hizo caso. No era nada importante. Thorin sabía a qué había venido y el hombre también.

'Nunca he hecho esto antes.' Escuchó decir al hombre. Thorin le miró intensamente, intentando averiguar la totalidad de esa frase. 'Bueno, si que lo he hecho pero no así… Tu… Eres tan atractivo.'

Thorin sabía que no era verdad, pero pensó que para el hombre realmente lo era y eso le gustó. No había pensado que lo que dijese alguien como ese hombre le iba a importar, pero le gustó que le dijese que le atraía. Lo había dicho libremente, estando convencido de ello. Se acercó a él y el hombre no se movió. Se quitó el chaleco y dejó que cayese al suelo. El hombre abrió la boca pero no dijo nada. Se desabrochó el cinturón y dejó que se uniera al chaleco. El hombre movió las manos, incapaz de apartar la mirada de las manos de Thorin. Se quitó la túnica que cubría la camisa y notó como el hombre soltaba un gemido. Se colocó delante de él y le empujó. Haciendo que este se sentase en la cama, teniéndolo a su nivel. Nunca se había sentido tan desinhibido. Era como si pudiese hacer cualquier cosa. Notaba como eso le encendía, como tu miembro empezaba a endurecerse. Se sentía poderoso, poderoso como no se había sentido en mucho tiempo, en muchos años. Desabrochó la camisa del hombre y su chaleco y los tiró al otro lado de la habitación. Estaba más en forma de lo que había aparentado. Le quitó el cinturón y le atrajo hacia él, quedándose a pocos centímetros de su boca.

'¿Qué has imaginado que iba a pasar ahora?' Le dijo en un susurro.

Notó como las pupilas del hombre se dilataban y como abría un poco más la boca. No tardó en sentir los labios del hombre sobre los suyos, las manos de este tocando su espalda, su boca abriéndose e intentado entrar en la suya. Thorin no le dejó. Luchó con su lengua al igual que luchó con sus manos, hasta encontrarse en la cama encima del hombre. Se separó de él y le vio recuperar el aliento. No se lo pensó dos veces y se desabrochó el pantalón. Algo extraño estaba pasando en él, algo nuevo. Era como si todas esas restricciones que había tenido antes, todas esas cosas que no había podido hacer en la cama con anterioridad por estar mal vistas o no ser elegantes no importasen ahora. Se sentía libre, más libre de lo que se había sentido en años. Sentía que podía hacer lo que quisiera. Se tocó la erección y notó como ésta estaba casi completamente dura. Los ojos del hombre no perdían detalle de sus manos, del lento movimiento de estas. Thorin se movió hasta colocar sus piernas a ambos lados de la cabeza del hombre. No dijo nada, simplemente le acarició la cara de una forma un tanto brusca. Su pelo era más ligero, más clareado, menos espeso, pero era bonito. Vio como el hombre comprendió lo que quería y notó la sorpresa en sus ojos, pero no tardó en abrir la boca.

Thorin se movió en ella como si cabalgase un pony manso, con cuidado pero sin perder el ritmo. Notó que el hombre se movía y giró la cabeza para ver lo que hacía. Este estaba desabrochando su pantalón y sacando su miembro, el cual ya estaba mojado. Vio como se extendía el semen para masturbarse mientras él se movía en su boca. Thorin pensó en continuar con su movimiento pélvico pero en seguida cambió de opinión. Ya que estaba, pensaba irse con algo más que una boca húmeda.

No tardó en tener los glúteos del hombre elevados entre sus manos, este boca a bajo en el colchón, su erección olvidada y tres dedos dentro de él. Los gemidos de este se perdían en la almohada que estaba agarrando. Thorin sacó los dedos despacio, viendo como brillaban gracias al aceite y el fuego de las velas. Le recorrió la espalda, como tratando de tranquilizarlo, y vio cómo la arqueaba. Pensó en las caderas de la enana, en lo redondas que eran. Pensó en cómo sería su tacto. Tocó las del hombre, y en seguida lo dejó. No era lo mismo. Le faltaba carne. Se centró en los muslos de las piernas, esos los tenía más rellenos. Los acarició, haciéndose con el tacto y descubriendo que le gustaba. Notó los gemidos del hombre y volvió sus manos a los glúteos. Los separó y con un enérgico movimiento entró en él.

Había olvidado lo que era eso, la sensación, la presión. Se movió, olvidándose del hombre, de donde estaba, de con quién lo hacía. Solo existía su placer, nada más. Nada más importaba. No tenía que pensar en quién era ni en lo que representaba. Ni en sus obligaciones. Ni en todo lo que debía hacer. No tenía que pensar en nada. Se movió sin pausa. Hubo un momento en el que notó que el cuerpo del hombre se tensaba, en el que los gemidos fueron más intensos. No sería hasta más tarde cuando descubriría que un hombre aguanta menos de la mitad de lo que es capaz de aguantar un enano en la cama. Eso era lo único decepcionante. Aún así, merecía la pena por esos minutos de libertad, de control, de deseo y dominación.

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Bilbo le besó y Thorin abrió la boca, dejando que Bilbo entrase, notando su lengua contra su paladar. Bilbo le acarició el pecho y Thorin le abrazó con el brazo que no tenía apoyado en la cama. El hobbit aprovechó ese momento para dominarle, para hacer presión contra sus pectorales y hacer que se tumbase en la cama. Thorin se dejó hacer, mirando a Bilbo colocarse encima de él, con su camisa colgando de un hombro. Los rayos del sol caían sobre los dos envolviendo a Bilbo en un aura mágica, haciendo que brillase con una tenue luz dorada. Era lo más erótico que había visto en su vida. Tener a Bilbo así, en ese postura, estaba empezando a ser su perdición; especialmente de mañana, cuando su pelo brillaba como el oro y el sol acariciaba su piel haciendo que pareciese de seda. Movió las manos para tocarle y levantó con cuidado la camisa. Vio su erección y no pudo evitar rozarla con los dedos. Notó el escalofrío de Bilbo y sonrió. Eran en momentos como esos donde Thorin era más consciente que nunca de lo distintos que eran. Con una mano abarcaba la erección de Bilbo, mientras que el mediano necesitaba más de una. Con un brazo rodeaba su cintura, mientras que este no conseguía rodear la suya con dos. Las diferencias no acababan ahí, pero en ese momento Thorin no pudo pensar en más. Bilbo movió sus manos, acariciando su pecho, rozando con sus dedos la espesa capa de pelo, llegando a su cuello. Thorin no había dejado que nadie le tocase el cuello, nunca. Bilbo lo rodeó, notando la nuez de la garganta, besándola. Thorin le abrazó, mientras que con la otra mano tocaba la rodilla del mediano, subiendo por el muslo y entrando por debajo de la camisa.

Bilbo tenía unos muslos preciosos. Curvos y rellenitos, al igual que sus caderas. Thorin amaba sus caderas. Era perfectas, esa era la palabra para describirlas. Eran masculinas sin ser duras, fuertes sin ser ariscas, rellenas sin ser gordas, suaves sin ser frágiles. Llevó sus dos manos a ellas, acariciando la piel y notando el tacto. Mientras tanto Bilbo le besaba el cuello, haciendo dibujos sobre su pecho, provocándole ligeras cosquillas con las yemas de sus dedos.

'¿Tienes tiempo?' Preguntó el mediano.

Thorin movió la cabeza para mirarle a los ojos. Eran más oscuros de lo habitual. Siempre había tenido problemas a la hora de categorizar el color de sus ojos, sin embargo, ahora eran azul oscuro casi negro. Thorin no sabía si tenía tiempo. No recordaba qué tenía previsto para hoy, pero sabía que fuese lo que fuese Balin no entraría en sus aposentos para reclamar su presencia, se conformaría con mirarle con ojos recriminatorios cuando llegase a su despacho.

'Todo el del mundo.' Dijo acariciando una parte especialmente blandita de la cadera de Bilbo.

Bilbo le miró sin creerle, movió la cabeza con una sonrisa y le beso la garganta de nuevo. Un escalofrío le recorrió el cuerpo. Era como si Bilbo supiese de la intimidad de ese gesto y estuviese aprovechándose de ello. Necesitaba encontrar rápido algún punto débil de Bilbo, algo tenía que tener.

Dejó que el hobbit hiciese lo que quisiese con su cuerpo durante un buen rato. No le guió, no le pidió, no trató de pararlo y colocarlo entre el colchón y él. Simplemente se dejó hacer. Algo dentro de él le pedía moverse, controlar la situación, pero dejó que ese pensamiento se disolviese solo, sin prestarle atención. Cada vez era más fácil, cada vez que se dejaba así, estar bajo la merced de Bilbo, se daba cuenta de lo relajante y satisfactorio que era. No había mejor forma para despertar que notar la piel caliente de Bilbo contra la suya, las sábanas acariciándole la espalda, los rizos de Bilbo entre sus dedos, la boca de este ocupada en su erección.

No supo el tiempo que pasaron así. Su ritmo calmado, sus respiraciones largas. Una fina capa de sudor apareciendo en sus cuerpos. Thorin notó que Bilbo paraba y subía por su cuerpo. Abrió los ojos y lo atrajo hacia él, besándolo. Bilbo se agarró a su cuello, Thorin le agarró la cintura y con un rápido movimiento colocó a Bilbo contra el colchón y empezó a besarle el cuello, buscando ese punto, mientras que con la otra mano trabajaba en él, masturbándolo lentamente. Le besó la nuez, la garganta, la barbilla, la mandíbula. Todo originó pequeños gemidos y una respiración un poco más rápida. Siguió subiendo, llegando a su oreja. Sus extrañas orejas con forma de hoja tan parecidas a las de los elfos y a la vez tan distintas. Subió por ella y notó como la cadera de Bilbo se movió, buscando más fricción. Subió el ritmo y siguió lamiendo y besando hasta llegar a la punta. La tomó en su boca y succionó suavemente. La respiración de Bilbo se cortó, dejando escapar un suspiró casi silencioso. Thorin notó la humedad en su mano y no paró de moverla mientras besaba la oreja. Sonrió ligeramente. Había encontrado esa zona secreta. Se separó de él, dejándolo respirar y fijándose en el líquido blanco que había cubierto su tripa. Notó su erección moverse y se alejó para buscar el aceite.

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Bardo volvió a mirar las cifras que tenía delante y suspiró. Cerró los ojos y se frotó los párpados. No le gustaba, no le gustaba lo más mínimo. Si las predicciones era ciertas y lo que tenía delante fiable, estaban a pocos meses de quedarse sin alimento para el invierno. Era cierto que los campos estaban mejorando, pero que diesen frutos llevaría meses, meses que no tenían. El comercio con las demás tierras empezaba a encarecerse y sabía que una vez que el invierno comenzase sería casi imposible transportar alimentos. En el Bosque Negro no se podía cazar, demasiado peligroso y además, el rey Thranduil no lo permitiría. Tampoco podían contar con el lago. Era cierto que se podía pescar, pero no podían vivir solo de pescado y arriesgarse a agotar la reserva natural. Tenía que buscar otra solución.

El hecho de saber que parte de su riqueza venía del comercio con Erebor tampoco ayudaba. Iba a tener que reunirse con Thorin, el enano debía de saberlo, pues les concernía por igual. Aún así Bardo se sentía responsable. Thorin había hecho todo lo que había estado en su mano para reconstruir Valle y darle a su gente un sitio al que llamar hogar. Atrás habían quedado los días oscuros de la Batalla y Bardo se encontraba bien con la relación que mantenía con la familia Real enana. Era cierto que no veía mucho a Thorin, llevaba ya casi un año sin reunirse con él, pero se sentía cómodo. Habían firmado un tratado y sabía que podía contar con el rey enano. Muchos no comprendía porqué confiaba tanto en él, después de cómo les había tratado en un principio, pero Bardo sabía que si había alguien leal, ese era el rey de Erebor.

Pensó en Bilbo, en la habilidad del hobbit y en lo mucho que había ayudado. Sin él hubiese sido imposible pensar que la tierra pudiese volver a ser fértil y verde. El hobbit no había tardado en encontrar el problema, cualesquiera que fuese, y en solucionarlo. Bardo no sabía muy bien cómo, pero sabía que estaba funcionando. Así se lo habían dicho Cynn, la cual estaba al mando. Quizás Bilbo pudiese ayudar… En seguida descartó esa idea. El hobbit estaba haciendo todo lo que podía, los cultivos necesitan tiempo para crecer, no había nada más que el hobbit pudiese hacer que ya no hubiese hecho. Aún así, Bardo pensó que sería buena idea pedir que Bilbo se encontrase en la reunión. ¿Quién sabe? El hobbit tenía fama de solucionar problemas, quizás pudiese aportar algo que a él se le escapaba. Además, se decía que el hobbit y el rey de Erebor mantenían una relación muy cercana. Quizás Bilbo sería el aliado necesario para que las charlas funcionasen.

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Bilbo agarró la almohada mientras se mordía el labio. Notó que la muñeca le molestaba, pero lo ignoró. Movió la cabeza, intentando esconderla entre su codo, pero al final no lo hizo. Los dedos de Thorin se movieron, tocando ese lugar que le hacía ver las estrellas, y agarró la almohada con más fuerza, diciendo el nombre del enano en un gemido. Thorin aprovechó para besarle la tripa mientras se movía ligeramente en él. Quería esperar un poco más, quería deleitarse con la cara de Bilbo, con las reacciones de su cuerpo ante su tacto.

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Dain se encontraba desayunando cuando su mujer entró hecha una furia. No dejó que la sentasen y se fue directamente a donde estaba él comiéndose las salchichas. Dio un golpe a la mesa y dejó una carta en ella al hacerlo. Dain la miró, esperando la explicación que llegaría en un tono de voz más alto del habitual.

'Tu primo se ha comprometido.' Dijo Balira con fuego en los ojos.

Uno de los sirvientes que estaba en la habitación miró al su compañero con curiosidad.

'Imposible.' Dijo Dain. Su primo podía hacer muchas cosas, Mahal sabía que era alguien que cualquier idea que se propusiese la iba a llevar a cabo, por muy loca que fuese. ¿Pero casarse? Lo dudaba. Había estado en Erebor, había visto el penoso desfile de pretendientas y como Thorin había ignorado a cada una de ellas. No le sorprendió. Thorin nunca había mostrado el menor interés en tener una pareja, mucho menos en casarse.

'Pues ha empezado un cortejo Real.' Dijo Balira con bilis contenida en su voz.

Dain casi se atraganta al oír eso. Volvió a mirar a su mujer, pidiendo explicaciones.

'Sí. Te leo.' La enana cogió la carta y se aclaró la garganta. Con un tono de voz de falsa alegría empezó a leer. 'Estimado primo. Creo que deberías enterarte de esto antes por mí que por una carta oficial. Voy a casarme. Será la primavera que viene y por su puesto estás invitado. Mañana dará comienzo el cortejo Real. Espero acabarlo antes del invierno, pues por esas fechas tendré que dejar Erebor. Para serte sincero lo hago por el pueblo, pues no tengo ninguna necesidad de cortejar formalmente a la persona a la que pienso desposar. Espero verte antes del Día de Durin y poder presentártelo, aunque ya lo conoces de vista. Un saludo, primo.'

Balira dejó de leer y miró al señor de las Colinas de Hierro.

'¿Pero con quién se casa?' Dijo Dain, pues pensaba que se había perdido esa parte.

Balira sonrió con una sonrisa forzada y volvió a leer.

'Posdata: Es el hobbit. Me caso con Bilbo Bolsón.'

Dain miró a su esposa y esta le miró a él. El "¿qué?" que gritó Dain replicó por toda la planta.

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Bilbo tiró del pelo de Thorin, haciendo que este parase por un momento de moverse en él para besarle. El beso se alargó y Thorin movió las caderas, continuando el movimiento, esta vez desde un ángulo nuevo. Bilbo enredó sus dedos en los rizos, profundizando el beso hasta notar que le faltaba el aliento. Soló entonces dejó marchar a Thorin. Notó una embestida más fuerte y sonrió. Luego Thorin volvió al ritmo de antes, más lento pero firme. Bilbo le miró y Thorin le devolvió la sonrisa. No sabía qué era más erótico, si tener a Thorin así, moviéndose en él, cubriéndole con su pelo del mundo exterior y con sus grandes manos en sus caderas, o saber que no había prisa, que no había nada que no fuesen ellos. Bilbo se sentía libre, libre como no se había sentido nunca. Se sentía feliz. Notaba como si hasta ahora todo su mundo hubiese estado en constante movimiento, intentando encajar piezas de un puzzle que parecía demasiado complejo para finalizar. Sin embargo, ahora veía que había enfocado mal el puzzle desde un principio. Ahí, tumbado en la cama de Thorin, con los rayos del sol acariciándolos a ambos, perdidos en el placer del otro, sin prisas, sin necesidad de fingir, sin restricciones, sin nada entre ellos que no fuesen las caricias, los besos, ahí, era feliz.

'Te quiero.' Dijo dejando caer sus manos, perdiéndose en los ojos de Thorin, en el placer que le daba.

'Amranlizu ya.' Contestó Thorin cogiéndolo un poco más fuerte de las caderas.

'Amrâlimê.' Respondió Bilbo a los pocos segundos, cerrando los ojos, disfrutando del cambio de ritmo, de las fuertes embestidas. Todo llega a su fin, pensó, incluso la calma de la que gozaban. Fue un pensamiento fugaz.

Thorin no dejó de mirar a Bilbo mientras se movía, cada vez más enérgico. Agarraba sus caderas con cuidado pero con firmeza. No tardó en sentir la presión en el cuerpo de Bilbo, en notar su respiración cada vez más entrecortada, las manos del mediano agarrando con fuerza sus brazos. No tardó en seguirle, con un gemido que más bien sonó como un gruñido, vaciándose. Con una caricia final a sus muslos salió de él, colocándose a su lado, perdiéndose en los poros de su piel, en la rojez que había invadido su cuerpo, propia de la actividad. Fue entonces cuando descubrió que la mandíbula de Bilbo irradiaba masculinidad. No había nada femenino en él. Ese pensamiento le llegó sin saber muy bien a qué venía, pero dejó que se apoderase de su cuerpo. Respiró profundamente intentando devolver el aire a sus pulmones mientras veía como su compañero hacía lo mismo. Bilbo podía ser de otra raza, podía tener costumbres más propias de mujeres o enanas, pero eso no le hacía una de ellas. Pensó en los hobbits, en si todos los varones serían así, en cómo estaría considerado Bilbo. ¿Sería alguien atractivo para su raza? ¿Alguien quien todas las damas de los alrededores desearían tener? ¿O sería alguien como él? Atractivo solo para gente fuera de su raza, considerado no agraciado para la suya propia. No sabía porqué, pero quería descubrirlo. Quería saber si esa masculinidad, esos rasgos, eran una característica única o era algo común.

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Balin ya estaba allí cuando Thorin torció la esquina para dirigirse a su despacho oficial. La distancia entre Palacio y la Sala del Trono no era mucha, pues los aposentos Reales se encontraban al fondo del gran pasillo que había una vez abierta la puerta acristalada situada detrás del trono. A ambos lados del pasillo, antes de llegar a la fachada que era el Palacio, se encontraban distintos aposentos oficiales, destinados a despachos los de la planta inferior, y habitaciones de invitados y servicio los de las superiores. Uno de ellos, el más cercano a la sala del trono, era el despacho del rey. Había sufrido destrozos por culpa del dragón, entre ellos la gran puerta había pasado a ser cenizas. Lo único que Thorin había hecho era mandar hacer una nueva. Podía haber arreglado el cuarto, pues este era muy grande y algunas estatuas y un pilar estaban caídos, pero el rey siempre había dicho que había renovaciones más urgentes que su despacho. Aún así, Balin sacaba el tema una vez al mes. Al viejo enano no le gustaba que Thorin pusiese tanto énfasis en su pueblo y tan poco en él. No era bueno para la imagen pública que el rey no tuviese un despacho como debía, como su rango se lo pedía. Lo único que podía decirse que era nuevo era la puerta. Thorin la había pedido hacer en roble, y había sido tallada con runas y dibujos de cuervos. Era una pieza de artesanía impresionante.

Al rey no le hizo falta verle la cara a su consejero personal como para saber que este no estaba de buen humor. Pero eso no hizo que su ritmo cambiase. Se dirigió a él y cuando le tuvo delante le dio los buenos días con una leve sonrisa en la cara. Oyó a Balin suspirar. Entró en su despacho y esperó a sentarse en la silla para que diese comienzo la lista interminable de todo lo que tenía que hacer y lo mucho más que se había añadido él solito por llegar tres horas tarde a su puesto.

'Tenías dos reuniones esta mañana. Las he pasado a última hora de la tarde.' Dijo Balin sin ni siquiera darle los buenos días. Aún así Thorin se sintió aliviado. Por algún extraño motivo se había librado de la bronca de su fiel amigo. 'En veinte minutos viene el jefe del gremio de panaderos. Quiere hablarte de la falta de trigo y del problema que están teniendo para dar a basto con la demanda.'

'Pensé que eso lo solucionamos el mes pasado.' El tono de Thorin serio, centrado.

'Lo hicimos, pero este mes Valle a traído menos trigo y centeno y por consiguiente se hacen menos productos. Según Doni, el jefe del gremio, si esto sigue así se verán sin poder alimentar a la población en su completo en invierto.'

Thorin sabía que eso sucedería. Había esperado que no, que con la llegada de Bilbo todo se solucionaría, que con él en los campos los alimentos y la abundancia volverían, pero eso había sido un sueño. El hobbit estaba haciendo todo lo que podía, y aún así no era suficiente. Bien sabía él que su especialidad no era la agricultura, pero si algo sabía era que la tierra tarda en dar frutos.

'Tenemos que hablar con Valle.' Dijo Thorin.

'Ya está en curso. Esta mañana nos ha llegado una carta de Bardo. Quiere una reunión contigo lo antes posible. Es sobre el tema de los alimentos. No ha concretado, pero ha pedido la presencia de Bilbo.'

'¿Cómo está la despensa Real de trigo y demás?' Preguntó Thorin, el cual ya estaba buscando una solución al problema.

'Haré llamar a Bombur. Inmediatamente'

Thorin asintió con la cabeza. Dejó de mirar a Balin, pensando en posibles soluciones para darle al jefe del gremio cuanto antes. No se le ocurría nada que no fuese dar el trigo que él tenía, y aún así eso no era una solución a largo plazo. Se levantó y anduvo hasta colocarse delante del enorme mapa que tenía de la Tierra Media. Lo más lógico sería Rohan, pues su consumo de cebada y trigo era elevado y contaban con campos propios de cultivo, sin embargo estaba muy lejos, demasiado como para ser una opción a corto plazo. Casi cualquier asentamiento en Eriador sería una buena opción, pero de nuevo demasiado lejos como para ser viable. Solo le quedaba el Rhûn. Los Puños de Hierro tenían un asentamiento en la parte oeste del mar de Rhûn, Nurunkizdin, donde sin duda contaban con cultivos y alianzas con Dorwinion. Sin embargo, Thorin no quería pedirles nada. No sabía aún de los planes de Rugur y no quería pedir favores a alguien que podía darle la puñalada por la espalda en cualquier momento. Por otro lado Valle tenía relaciones con Dorwinion, por lo que podía ser Bardo, y no él, el que solicitase una mayor exportación. De esa manera él no tendría nada que justificar si los Puños de Hierro le venía a pedir explicaciones de porqué no había hecho un tratado de alimentos con ellos. Toda la responsabilidad recaería en Valle, en los Humanos, y Thorin sabía que Rugur no iría a ellos a pedirles explicaciones. El Señor de los Puños de Hierro evitaba las relaciones con alguien que no fuese de su raza más que un gato el agua. Por otro lado Thorin tendría que pagar más a Bardo, por las molestias, y ser sincero con él sobre sus motivos. No le entusiasmaba hablar de los problemas de su reino con extraños, pero no quería mentirle a Bardo.

Miró hacia el sureste y vio el valle de Rhûrîk, en la parte más al sur del Orocarni. Los Morenos eran otra solución. Contaba con terrenos y con producción propia en ese valle. Sabía que podía mandar un emisario a la ciudad de Tumunamahal en Akhuzda y pedirle ayuda a Argola, pero esa tampoco era una opción. Estaba demasiado lejos como para que los alimentos llegasen antes del invierno. Aún así Thorin anotó en su mente la posibilidad para un futuro.

'Necesito hablar con Bardo lo antes posible. Si puede que sea mañana a primera hora.' Thorin se dio la vuelta, mirando a Balin mientras le daba órdenes. 'Haz que Bombur venga antes que el jefe del gremio. No dejes que este pase hasta que yo lo diga.'

Balin asintió y se fue. Thorin se pasó la mano por el pelo y respiró. Había sido bueno el haber tenido una mañana tan relajada con Bilbo, el haber disfrutado de la paz y de su cuerpo, pues no sabía cuando iba a poder repetirlo. La realidad le había golpeado una vez había dejado los brazos del hobbit y ahora tenía demasiadas cosas que hacer, demasiados problemas que solucionar.

Se sentó, esperando a que Bombur llegase.

Continuará…

Zanât-zu ishkhabi birzul nitada ib-bakn: Tu pelo parece oro al amanecer. (Traducido por .com)

Amranlizu ya: Yo también te quiero

Amrâlimê: Amor mío


Gracias por todos los comentarios anteriores. Sois geniales.