AN: Hola. Gracias por todos los comentarios que me ayudan a seguir y me inspiran para escribir más. Publico todos los Lunes por si alguien no se ha dado cuenta y me podéis seguir en mi tumblr o twitter con el mismo nombre. Espero que os siga gustando.


He's magic and myth

As strong as what I believe

A tragedy with

More damage than a soul should see

And do I try to change him?

So hard not to blame him

Hold on tight

Hold on tight

Oh 'cause I don't know

I don't know what he's after

But he's so beautiful

Such a beautiful disaster

And if I could hold on

Through the tears and the laughter

Would it be beautiful?

Or just a beautiful disaster

Bombur se fue del despacho del rey cabizbajo. Comprendía lo que Thorin quería hacer, pero eso no quería decir que le gustase. No iba a poder hacer un postre ni nada que requiriese más que la diaria barra de pan con la harina y el centeno que tenía. Todo lo que no fuese necesario debería ser donado al gremio de panaderos. Bombur se fue sin saludar a Balin ni al enano que le acompañaba. Sus planes de hacer una tarta de manzanas para Bilbo se habían esfumado. También tendría que cancelar las galletas de chocolate que pensaba hacer para esa tarde.

Doni entró en el despacho del rey por primera vez en su vida. Él había nacido en Ered Luin, aunque sus padres habían sido exiliados de Erebor. Nunca le habían inculcado una especial reverencia por la monarquía, aunque sí un gran amor por su tierra perdida. Según su padre era precisamente el rey Thror quien tenía la culpa de su exilio y la llegada del dragón. Aún así, Doni había decidido volver a Erebor, ahora solo con su madre, su padre hacía tiempo enterrado en Ered Luin, para ver con sus propios ojos ese reino sin igual del que tanto le habían hablado. Que acabase convirtiéndose en el jefe del gremio de panaderos no había sido idea suya. No sabía cómo, pero había sucedido. Todos los demás pensaban que él era el más indicado, el que mejor hablaba y el que más sentido común tenía. Cuando por votación le nombraron a él a los pocos meses de estar en Erebor recordó las palabras de su padre: "el poder no es algo que se quiere, es algo que se te otorga sin buscarlo". Él sabía que no tenía mucho poder, no más que cualquier otro jefe de gremio, sin embargo, a él no se le caían los anillos a la hora de hablar. Respetaba a su rey, pues les había devuelto la tierra que les fue arrebatada, pero no olvidaba que fue la codicia de su abuelo la que les hizo huir de ella.

'Doni hijo de Doni, thanu men.' Dijo inclinándose.

'Siéntate.' Dijo el rey. Su voz grave y potente, aunque tranquila.

Doni se acercó para sentarse en la silla que había enfrente del escritorio. Vio al rey, sentado al otro lado y tuvo que reconocer que nunca se acostumbraría a tenerlo tan cerca. Aún recodaba la primera vez que lo vio en persona, el escalofrío que había recorrido su espalda, la necesidad de bajar la mirada ante sus expresivos y vibrantes ojos azules. Había algo en su rey que le inspiraba respeto, aunque no sabía el qué. Él siempre se había criado con una imagen más bien contraría a la monarquía, sin embargo, no podía negar que sentía una lealtad ciega hacia el enano que tenía delante.

'Me han informado del problema del suministro de trigo. Pero agradecería que me dieses tu punto de vista.' Dijo el rey sin dejar de mirarle.

'El producto escasea, uzbadê. Eso no es nuevo, si me permite la franqueza. El problema está en que si seguimos como hasta ahora nos quedaremos sin pan para el invierno. La demanda es alta, no solo de productos de panadería, sino de harina para cocina personal y para tabernas y lugares de comida. Con la Gran Gala hemos agotado casi nuestras reservas.' Doni vio como la cara del rey se ennegrecida y se dispuso a explicarse. 'No por la gala que usted celebró, sino por la alegría del pueblo. Verá, cuando la gente está contenta compran dulces, compran galletas y pasteles. Compran productos para los cuales hace falta harina. Si se destina esa harina para dulces no se puede destinar para pan. Y con todos mis respetos, en Erebor hay una alta población que vive de pan mientras que otra más pequeña se alimenta de dulces.'

Doni esperó que lo que acababa de decir no le costase la lengua. Él siempre había sido un ciudadano medio y como tal podía opinar de lo que veía en la calle. Siempre había despreciado a todos aquellos enanos de la nobleza que le miraban por encima del hombro y que malgastaban alimentos como si no valiesen nada. No sabía si su rey era dado a las extravagancias en la cocina, esperaba que no y suponía que no. Poca extravagancia había tenido en Ered Luin.

'Comprendo lo que quieres decir.' Dijo Thorin asintiendo. 'Me han informado que los campos de Valle están empezado a ser fértiles de nuevo, sin embargo, no será posible obtener de ellos frutos hasta dentro de un año.'

'Así es. He hablado con el Señor Nori, y me ha contado el progreso de Valle. Fui el primero en alegrase ante tamaña noticia, sin embargo, como usted dice, no es una solución a corto plazo.'

Doni recordaba la charla que había tenido con Nori no hacía ni unas semanas. Al principio le había parecido un enano extravagante, alguien que no daba la imagen de Encargado de Exportaciones e Importaciones de Erebor, un papel muy importante como para que lo llevase alguien de dudoso linaje. Aún así, a los pocos minutos Doni había reconocido que el enano era más listo de lo que parecía, y tenía una habilidad para conseguir información y saber todo lo que sucedía envidiable. Gracias a él Doni estaba al corriente de los alimentos y de su distribución y uso.

'No, no lo es. De ahí que a corto plazo el trigo y cebada de Palacio vaya a ser cedido al gremio.'

Ante esto Doni abrió los ojos. No se esperaba esa respuesta.

'Sé que eso no será suficiente,' continuó el rey 'mas bastará hasta que pueda hablar con Dorwinion para ampliar la exportación de alimentos. ¿Crees que eso será suficiente?'

Si hubiese podido, Doni hubiese abierto un poco más los ojos. Le estaba pidiendo su opinión, a él. El rey le pedía su opinión, algo que bien sabía Doni no era corriente. Respiró, intentado relajarse y recordar que él sabía de lo que hablaba.

'Espero que sí, thanu men, es un buen plan.' Nada más decir eso Doni se quiso golpear al cara. ¿Es un buen plan? ¿Esa había sido la frase que le había dicho al rey? Se acomodó un poco mejor en la cómoda silla de invitados, pues pensó que sería la última vez que se sentaría ahí.

'En el caso de que no lo sea no dudaré en racionar los alimentos. Por ahora las medidas serán esas. Aún así quiero informes semanales del consumo y el destino de dicho trigo. Quiero saber en qué se gasta y en quién. ¿Queda claro?' El tono de voz de Thorin serio, autoritario. Doni no pudo hacer más que asentir. Estaba claro que las ideas infundadas que había tenido de su rey no correspondían con la realidad. No sabía por qué, pero había algo extraordinario en el enano que tenía delante. Quizás fuese verdad que la sangre de Durin corría aún por sus venas.

/

Bilbo decidió dedicar el día a recorrer Erebor. Había tanto que no conocía, tanto que quería averiguar. Miró el plano que Thorin le había dibujado y siguió caminado. Con suerte llegaría a la Tesorería en unos minutos. Tenía ganas de ver a Gloin y pensaba que si iba a ser Consorte, lo menos era que supiese de esas piedras que tanto gustaban a los enanos.

Aún con el mapa en la mano tuvo que preguntar a un enano, pues había diferentes desniveles y no estaba seguro de por cual ir para seguir todo recto. El enano no tardó en ayudarle, mostrándose muy dispuesto, aunque Bilbo no pudo evitar notar la curiosidad con la que le miraba. Al poco tiempo llegó a las grandes puertas. Sabía que el gran tesoro no estaba allí, al menos no la gran totalidad. Thorin le había informado que lo había mandado mover a una sección más segura e inaccesible. Sin embargo, la oficina sí que seguía ahí. Bilbo se paró e intentó leer el khûzdul que había en la parte superior de la gran puerta. Entendía las letras, pero no comprendía lo que decían. Tenía que haber cogido un pequeño cuaderno o unos pocos papeles. Así podría anotar todo lo que viese a lo largo del día y más tarde preguntarle a Balin. Pero no había nada que hacer ahora. Esperó a que un enano saliese y entró.

La sala era enorme, con un gran pasillo en medio donde se encontraban mesas con enanos atendiendo a otros enanos. Las lámparas de oro caían del techo dando a la estancia una atmósfera cálida. En las plantas superiores se veía a enanos trabajando en documentos, llevando papeles y cargando con piedras preciosas y monedas. Bilbo se dirigió al fondo del todo. Solo unos pocos enanos le miraron, pues el resto estaban demasiado absortos en sus asuntos y transacciones. Al final se encontraba una gran mesa donde había un enano con una larga barba negra que le llegaba más allá de donde Bilbo podía ver. El hobbit supuso que era allí el mejor lugar para preguntar.

'Buenos días señor.' Dijo con una sonrisa, intentando captar la atención del enano.

El enano dejó de mirar su hoja y con molestia levantó la mirada. Nada más hacerlo toda su disposición cambió. Pasó de ser dejado a enérgico. Se colocó las gafas que se le había caído ligeramente y saludó a Bilbo.

'Me gustaría ver al señor Gloin, si está disponible.'

'¿Tiene cita?' Preguntó el enano de barba negra.

'No. Pero el otro día me dijo que me pasara sobre esta hora.'

El enano miró a su alrededor y encontró a la persona que buscaba. Hizo un gesto con la mano y en seguida un joven enano, de barba mucho más corta, se paró delante de su mesa.

'Avisa a Lord Gloin de que el señor Bolsón está esperándole.' El joven se fue con un asentimiento de cabeza y Bilbo sonrió ligeramente. Seguía sin acostumbrarse a que todo el mundo le conociese sin él conocer a todo el mundo. Era cierto que en la Comarca todo el mundo le conocía, pero Bilbo siempre había conseguido recordar el nombre de todas las personas que se había dirigido a él, aún sin haberlas conocido antes. No acaba de sentirse cómodo, por lo que aprovechó el momento para decir.

'Muchas gracias, señor…'

'Botín.' Dijo el enano.

'Muchas gracias, señor Botín.' Dijo Bilbo anotando el nombre al lado de la imagen del enano en su cabeza. No había conseguido una reputación intachable en la Comarca sin motivo. Ser capaz de saberse el nombre de sus más de cincuenta parientes era algo de lo que sentirse orgulloso.

'A su servicio. Mi ayudante volverá dentro de poco. Él le dirigirá a Lord Gloin.' El enano de la gran barba negra sonrió ligeramente, una sonrisa auténtica, y Bilbo se lo tomó como una victoria.

/

Dos golpes sonaron en la puerta. Alguien llamaba, pero Thorin no levantó la cabeza. Sabía que quién fuese entraría a los pocos segundos, pues solo alguien de su compañía se limitaría a llamar y luego entrar. Oyó la puerta abrirse y cerrarse, y tampoco levantó la vista del papel que estaba escribiendo. Llevaba más de veinte minutos buscando la manera de mandar a la mierda al Consejo de Sabios de una manera elegante. Una tarea bastante imposible dada su naturaleza.

'Tío.' Escuchó, y no tardó en dejarlo todo y mirar a Fili. '¿Te pillo en mal momento?'

'No.' Mintió. Su sobrino había ido a verle y debía de ser por algo importante. 'Por favor, siéntate.' Dijo mientras movía a un lado el papel.

'Es por un asunto oficial.' Dijo Fili sentándose. No supo por qué, pero eso entristeció un poco a Thorin. Se había distanciado tanto de sus sobrinos que estos solo venía a él porque debían, no porque quisieran. 'Me ha llegado una carta de los Puños de Hierro.' Dijo Fili ofreciéndosela.

La cara de Thorin no cambió, sin embargo sus músculos se tensaron. La cogió, pero esperó a que Fili profundizase.

'Solicitan de una manera nada solicitante, más bien informan, de que en pocas semanas llegará un embajador para quedarse en Erebor. Dicen que es para tratar de acercar lazos entre ambos, pero me pareció extraño. No les vi especialmente cercanos en la gala y que manden una carta, informando, casi, exigiendo, que permitamos a uno de su clan vivir aquí… no sé, tío. Algo me resultó raro. Quería comentártelo.'

Thorin abrió la carta y la leyó. Había temido ese momento. Algo dentro de él le decía que Rugur iba a dar problemas, no había querido escuchar a esa pequeña voz, pues lo último que quería ahora eran más problemas, pero ahí estaba la prueba.

'No. Has hecho bien en venir.' Thorin dejó la carta y miró a Fili. Había crecido mucho en los dos últimos años, no tanto físicamente como emocionalmente. Siempre había sido alguien listo, pero Thorin no había pensado que fuese tan capaz. 'Tengo algo que contarte.' Dijo levantándose e indicando a Fili que le siguiese. Se fue al sofá, pues no quería mantener esa conversación en sillas, como si fuese un encuentro formal. 'Hay algo que debí contarte antes,' empezó cuando Fili se sentó a su lado 'pero tenía esperanzas en que fuesen rumores más que hechos.'

Así fue cómo Thorin le contó a Fili sobre Rugur, lo que le había dicho Argola, y las intenciones que pensaba que tenía este. Le explicó de donde venía ese rencor y le contó todo lo que sabía. Fili le escuchó atentamente, haciendo unas pocas preguntas, bebiendo de cada una de las palabras de su tío. Ambos notaron algo entre ellos crecía a medida que hablaban, algo que hacía tiempo que no habían tenido. Una fuerte intimidad y confianza.

/

Bilbo se había perdido. Sabía que debía de estar más al oeste de lo que había planeado, o más al este. No lo sabía con precisión. En algún momento había comenzado a bajar y ahora notaba un ligero frío recorrer su cuerpo. Debía de estar alejado de las fraguas. Miró a su alrededor, pero no vio a nadie. Al fondo, a lo lejos, creyó ver movimiento y se dirigió hacia allá con paso rápido.

Había pasado una mañana muy interesante con Gloin. En la que había aprendido más de cómo su hijo había mejorado en el combate con dos hachas que a reconocer piedras preciosas. Aún así había sido agradable. Más tarde había comido con Nori, el cual le había puesto al día del comercio en Erebor y le había enseñado el mejor sitio para comprar una manta con un diseño exclusivo. Había sido Ori más tarde, cuando había visitado la biblioteca, quien le había hablado de la Sala de las Fuentes de Plata. No había tenido tiempo a explicarle la importancia de la sala, pues alguien le había llamado requiriendo su presencia, pero si le había dicho de su ubicación. Bilbo había decidido ir a verla y preguntar a alguien que hubiese por allí, así conocería más gente y de paso conocería algo más de Erebor. Sin embargo, el plan no había salido como se había propuesto y había tomado mal alguna escalera o torcido mal en alguna esquina, y ahora estaba perdido.

Al girar la esquina apresurado vio de nuevo la figura borrosa y se fue tras ella. No quiso correr, pues no le parecía educado, y además, no pensaba perderla de vista. Vio como el enano o enana entraba por una puerta. Bilbo decidió seguirlo y entrar también. Nada le hubiese preparado para lo que vio a continuación. La sala era enorme, tallada de manera circular con un enorme agujero en medio que dejaba ver los distintos pisos. Dos grandes enanos tallados en piedra se encontraban en el centro de la sala, en sendas manos sujetaban una bandeja de piedra sobre la que había un enorme monolito con forma de montaña. Era Erebor, Erebor en miniatura, aunque sería casi tan grande como la más alta torre de Valle. Bilbo miró hacia abajo y se tuvo que agarrar a la barandilla de la impresión. Había pisos y pisos, todos idénticos. Caminó, bordeando la sala y dirigiéndose al centro. Había silencio, el aire estaba cargado de un incienso pesado pero relajador. Una luz azulada recorría la estancia, pero Bilbo no veía de donde provenía. En las paredes, colocados en pequeños altares, había enormes cajas de piedra. Bilbo no tardó en darse cuenta de que eran tumbas. Era un cementerio. Era el cementerio de Erebor. Un escalofrío le recorrió el cuerpo. Miró a su alrededor y vio como había unos pocos enanos en diferentes pisos tocando la piedra donde yacían sus familiares. Bilbo tuvo miedo de estar donde no debía, pero ya había andado demasiado para salir sin ser visto. Continuó, llegando al centro donde se encontraban las manos de los dos enanos, acercándose al monumento a Erebor. No fue hasta estar relativamente cerca cuando se dio cuenta de lo que se encontraba en el medio de la montaña. De lo que iluminaba la sala. De lo que decoraba la escultura, dándola un brillo mágico.

Era la piedra del arca.

La respiración se le cortó. Ahí delante tenía la respuesta a la pregunta que nunca había querido hacer. La causante de gran parte de las desgracias que había vivido. Ahí, el tesoro más importante del reino, el corazón de la montaña, la herencia de Durin… Bilbo notó como el corazón se le encogía. Muchas emociones pasaron por su cuerpo; emociones que había estado suprimiendo mucho tiempo, y que ahora le desbordaban. Notó toda la culpabilidad de golpe. El cómo había traicionado a Thorin, cómo le había robado, cómo le había mentido, aún sabiendo que había sido por su propio bien. Nunca habían hablado del tema, y Bilbo había conseguido olvidarse de ello casi por completo, sin embargo ahí, con la muestra de su traición y desdichas delante, no podía evitar pensar en ello. Nunca le había pedido perdón a Thorin y ahora se preguntaba si era porque no quería recordarle al rey su enfermedad o porque no quería recordar él su traición. Notó frío por su espalda y se giró. Nadie le miraba, pero se notaba observado. Volvió a mirar la piedra, brillaba con luz propia y una imagen vino a su mente. Él, después de la batalla, caminando por esa misma sala, con esa piedra en sus manos. Recordaba su peso, su textura, su tamaño. Vio cómo la levantaba y la colocaba en el pecho del enano que yacía sobre una gran superficie de piedra, en medio de los grandes enanos que guardaban la morada. Vio como andaba hacia atrás y miraba por última vez a Thorin, hijo de Thrain, antes de que este fuese devuelto a la piedra de la que había sido tallado.

Las lágrimas caían por sus ojos, pero Bilbo no lo notó. Tampoco notó el golpe en sus rodillas cuando su cuerpo cedió contra el suelo, ni los débiles sollozos que salían de su garganta. Ante él estaba esa imagen de lo que había podido suceder si él no hubiese llegado a tiempo, de lo que había sucedido en otro tiempo, en otro mundo. La idea de Thorin en esa sala era demasiado para él, sin embargo no podía dejar de verlo. No podía dejar de imaginar lo que podía haber sido, lo que nunca hubiese tenido, la vida que jamás hubiese descubierto, la persona jamás habría sido. Y lloró, lloró cargado de dolor y de impotencia, de remordimientos y de vergüenza. Lloró todas esas lágrimas que no había llorado en dos años. Lloró las lágrimas que ya había llorado en esa misma sala, en ese mismo sitio, en otro tiempo, en otro mundo.

/

Thorin miró a su alrededor y asintió. Estaba quedando bien, en poco tiempo estaría terminado. Las paredes había sido destruidas y la cocina estaba siendo acabada. Al principio había costado que su equipo de artesanos tallase los diseños que Ori había dibujado, imitando los que había visto en casa de Bilbo, en la madera. Les habían parecido demasiado élficos, demasiado refinados para su rey, pero después de que Thorin rompiese dos vigas con sus propias manos se habían dado cuenta de que no había nada que hacer. Su rey quería esos diseños y ellos debían dibujarlos.

El único problema era el jardín. Balin había encontrado a uno de los artesanos que habían construido ventanas en Erebor hacía años, sin embargo el enano era muy viejo, y no había podido viajar a Erebor dada su salud. Solo él era conocedor de cómo se habían hecho las ventanas en su época. Ventanas que dejaban entrar el aire y la luz pero que desde el exterior no se veían, parecían como si no estuviesen, dando así a la Montaña la sensación de que era infranqueable. El hijo de este artesano estaba ahora de camino a Erebor, llevando en unos documentos lo que su padre había escrito detallando el proceso. Esos papeles habían sido sellados y viajaban con la clara indicación de que si alguien que no fuese el rey fuese a abrirlos, debían de ser destruidos antes de que eso pasase. Por lo que el jardín no podía construirse por el momento. Aún así Thorin estaba de buen humor. Algo fluía, algo iba bien, aunque fuese algo tan insignificante como que Bilbo tendría una cocina con un techo de su medida y dentro de poco un jardín.

Salió y bajó las escaleras, encaminándose a sus aposentos. Nada más entrar gritó el nombre de Bilbo, pero nadie le contestó. Pensó en quedarse, pues ya era un poco tarde y sin duda el hobbit vendría a cenar con él, pero no lo hizo. No supo porqué, pero tenía que ir a buscarlo. Necesitaba verlo cuanto antes. Una extraña sensación se había apoderado de él al ver su cuarto vacío. Salió de Palacio, dirigiéndose a los aposentos de Bilbo y llamó a la puerta, pero nadie le abrió. Volvió a llamar y al hacerlo dejó su mano apoyada en la puerta. Esta se movió ligeramente y Thorin la acabó de empujar. Fue entonces cuando notó la suave luz. El olor a té. Bilbo estaba ahí. Pero, ¿por qué no respondía?

'¿Bilbo?' Dijo suavemente.

Caminó un poco y se encontró con el hobbit agarrando una taza de té entre sus dos manos. Estaba delante de la tetera, de pie, su mirada perdida. Y Thorin se preocupó. Anduvo con cuidado hacia él, con miedo a asustarlo, pues claramente no había notado que estaba allí.

'La he visto.' Dijo Bilbo sin dejar de mirar la taza. Thorin se paró, sorprendido. No sabía de qué hablaba. 'Pensé… tenía esperanza en no volverla a ver nunca. Pero… Sigue igual de hermosa. Igual de…'

Thorin volvió a caminar hacia él, despacio. Subió sus brazos de manera tentadora y tocó los hombros de Bilbo ligeramente. Notó como un escalofrío recorría al hobbit, pero sabía que no de frío. La chimenea estaba encendida.

'Tenía que haber sacado el tema.' Continuó Bilbo sin cambiar de postura o el foco de su mirada. 'Pensé que lo hacía por ti, que… pero no era cierto. Era por mi. Era…'

'Bilbo.' Thorin le paró. Su voz autoritaria pero dulce. Bilbo se movió pero siguió sin girarse. '¿Qué sucede? ¿Qué has visto?'

'He estado en el cementerio.' Fue la respuesta de Bilbo, y Thorin no necesitó más. Notó como sus músculos se tensaban, como le faltaba el aire. No quería sacar el tema, no quería volver ahí. Aún recordaba el día en el que le devolvieron la piedra del arca, cómo se la pusieron en sus manos y notó la suavidad de su taco, la belleza de su luz. Quería esa piedra, no solo porque fuese suya por derecho, sino porque era bella, era hermosa, era poderosa. La colocó en la tela que Balin le había dado y se la entregó.

'Guárdala'. Dijo sin volver a mirarla.

'¿Dónde?' Preguntó su viejo amigo.

'Donde sea. En un lugar seguro. Ya decidiré qué hacer con ella.' Balin fue a hablar, pero él no le dejó. 'Ahora no, Balin. Ahora no.' Fue todo lo que dijo sobre el tema en mucho tiempo.

No sería hasta más tarde cuando decidiese hacer un monumento por los caído en Erebor, un lugar de respeto y oración donde pudiese colocarla. Era cierto que la piedra era suya y su lugar por deferencia el trono, pero Thorin no la quería ahí. No quería pasarse el resto de su vida viendo la causante de sus desgracias. Sabía que debía respetarla, que la piedra era poderosa. Algo dentro de él le llamaba a tenerla cerca, pero decidió alegarla. Al hacerlo se sintió libre, notó que no le poseía, que volvía a ser un poco él. Mandó colocarla en el monumento que se encontraba justo debajo del trono, a metros y metros de profundidad. Ese era su lugar, con los caídos, donde todo el mundo pudiese contemplarla. Lejos de él y al mismo tiempo cerca.

No había querido pensar en ello desde entonces. Demasiados recuerdos dolorosos, y con la falta de Bilbo ya era bastante. Aunque en el fondo siempre había sabido que tarde o temprano tendría que volver a ella.

Giró a Bilbo y esperó a que este le mirase a los ojos. 'Está en el pasado.' Dijo sin dejar de mirarle.

'¿Lo está?' La pregunta de Bilbo incierta. Thorin asintió, pero Bilbo no cambió de expresión. Dejó de mirarle, centrándose en algún punto de su chaleco. 'Lo siento. Lo siento tanto.' No lloró, pero Thorin notó que no era por falta de ganas, sino por falta de lágrimas. Ya no le quedaban más. Sus ojos enrojecidos eran muestra de ello.

'No eres tú quien debe pedir perdón.' Dijo él.

'Sí que lo soy, Thorin. Te traicioné. Te mentí. Robé la piedra y cuando la pediste no te la quise dar. Desconfiaste de todos menos de mí. Yo, que según tú era el único en quien podías confiar. ¡Yo! Siempre la había tenido. Siempre, desde que entré por primera vez en Erebor, pero nunca te lo dije. Te mentí desde el principio. No soy más que un mentiroso y un ladrón.'

Si Thorin hubiese sido otra persona le había sorprendido la declaración de Bilbo, incluso se habría enfadado ante las palabras de tamaña traición. Pues sí, era cierto que le había traicionado. Cualquier ley de Erebor o Moria lo registraría así. Mentir al rey, robarle y alistarse con sus enemigos era algo que se pagaba con la mayor de las penas: la muerte. Pero Thorin ya sabía todo lo que Bilbo le estaba confesando ahora, siempre lo había sabido, desde le momento en el que había podido pensar con claridad. Estaba enterrado, estaba perdonado.

'¿Sabes que tus ojos son verdes cuando lloras? Dijo con una profunda ternura en su voz. Bilbo le miró sorprendido, sin saber qué decir. 'Son preciosos. Pero no quiero volverlos a ver así. Nunca.'

'Thorin…'

'Nunca más.'

Bilbo le miró durante unos segundos intensamente, hasta que por fin asintió. Una promesa silenciosa.

'Bilbo, es cierto que eres un ladrón y un mentiroso, y gracias a ello estoy vivo. Gracias a ello mi pueblo tiene donde vivir de nuevo. Gracias a ello estamos aquí. No tienes de qué arrepentirte si las repercusiones de tus actos nos han llevado a donde estamos ahora.'

'Eso no quita que estuviese mal. El fin no exime los medios.'

'No.' Respondió Thorin. 'No lo hace. Pero en los detalles está la diferencia. Tu no me mentiste porque quisiste, sino porque pensabas que hacías lo correcto por mí y los míos. ¿Cómo puedes llamarte traidor cuando todo lo que tenías en mente era mi bien y el de mi pueblo?'

'Pero nunca quise mentirte, nunca… Era tan difícil, Thorin. Tanto.' Bilbo le abrazó y Thorin respiró un poco más tranquilo, aunque su corazón seguía inquieto por la conversación. Sin embargo, estaba siendo más fácil de lo que había pensado. Tanto tiempo huyendo del problema sin motivo. Bilbo le abrazó más fuerte y él le correspondió. 'No quiero mentirte nunca más, pero no puedo prometer que no lo haré. ¿Cómo quieres estar con alguien como yo? ¿Alguien en quien nunca podrás confiar?' Las palabras de Bilbo estaban cargadas de preocupación y Thorin notó que no eran dudas del momento, sino que llevaban tiempo en su mente.

'No hay nadie en quien confíe más que en ti.' Dijo acariciando su cabello. 'Es cierto que no me apasiona el hecho de saber que en ocasiones me ocultes cosas, no es fácil para mí saber que puede que haya veces que me mientas. Pero no me preocupa, no tanto como crees, pues sé que me eres fiel. Sé que me amas. Sé que nunca harías algo para herirme. ¿Verdad?'

'Nunca.' Se apresuró a decir Bilbo, alejándose de él para mirarlo a los ojos. 'Thorin, te amo más de lo que jamás pensé posible. Más que a mi propia vida. Yo… Siempre he sido tan egoísta, siempre. Solo pensando en mí, en mis cosas. Alejándome del mundo desde la muerte de mis padres, pero tu… Tu has cambiado todo. Tu eres la razón de quien soy ahora, tu eres toda mi existencia, Thorin. Y te amaré hasta mi último aliento.'

Los ojos de Bilbo estaban cargados de pasión, llenos de vida. Sus manos le agarraban como si no hacerlo fuese su fin. Thorin le abrazó fuertemente, enterrando su cabeza en sus rizos. La emoción le podía. Las palabras de Bilbo le habían conmovido más de lo que pensaba y no sabía qué hacer, qué decir.

''Ibin abnâmul.' Susurró mientras notaba las manos de Bilbo agarrarse a su espalda. Se separó de él y lo levantó del suelo. Bilbo se sobresaltó, pero no tardó en agarrarse a él, rodeando su cintura con sus piernas. Lo depositó encima de la mesa donde tenía su boca a la misma altura y lo besó. El beso quizás más apasionado de lo que debería, más fuerte de lo que el momento precisaba, pero a Bilbo no le importó. No tardó en seguirlo, en perderse en el pelo de Thorin, en acercarlo con sus piernas.

No fue hasta minutos después cuando se separaron, los dos pidiendo aire, pero sin alejarse mucho el uno del otro. Thorin colocó su mano en el pecho de Bilbo, notando su corazón moverse apresurado.

'Te perdono.' No lo dijo porque quisiese, sino porque sabía que Bilbo necesitaba oírlo. 'Te perdono por entonces y te perdono por el futuro.'

Bilbo asintió y tocó la mano de Thorin, notando su calor.

'Está donde debe estar.' Dijo Bilbo cerrando el tema. 'Hiciste lo correcto.'

Thorin asintió levemente, con un poco de orgullo dentro. No se dio cuenta hasta ese momento, pero la aprobación de Bilbo lo era todo para él.

'¿Quieres cenar? Preguntó el hobbit mirándole de nuevo a los ojos, con un tono de voz más calmado, más tranquilo.

'Sí.' Contestó el rey de Erebor.

'Haré algo de comer.' Dijo Bilbo haciendo amago de bajar de la mesa.

'No.' Le paró Thorin. 'Acompáñame a mis aposentos, deja que nos traigan algo. Pasa la noche conmigo.'

Todas esas peticiones las digo sin ese tono de voz autoritario, con esa forma con la que solo le hablaba a él, entre súplica y orden. Bilbo levantó su mano derecha y le acarició la cara, recorriendo con sus dedos su espesa barba, la cual estaba un poco más larga de lo normal. 'Esta bien. Pero en un rato.' Y con esto le acercó, haciendo que el poderoso enano le volviese a besar.

Continuará…

Ibin abnâmul: hermosa gema