Hola. No sé si lo habéis visto, pero el viernes pasado subí el capítulo 7 llamado "Someone Like You". Como no he recibido casi reviews era para avisaros que está subido, para que lo leáis antes que este. Este es más corto de lo que os tengo acostumbradas en esta parte porque está muy junto al anterior. Pero prometo que el siguiente será muy jugoso. A partir de ahora seguiré subiendo uno cada Lunes, que ya estoy más organizada. Ya me diréis qué os parece, que al fin están pasando cosas :D


Distant child, My Flower

Are you blowing in the breeze?

Can you feel me? As I breathe life into you

In a while my flower, somewhere in a desert haze

I know one day, you'll amaze me

Año 1289 según el cómputo de la Comarca (2889 T.E.)

Belladonna vio como la sangre había manchado su ropa interior. Se apresuró a quitársela y lavarla, pues Bungo volvería pronto del mercado y no quería que la viese, no de nuevo. Abrió el agua fría y frotó con fuerza, dejando que su frustración saliese, liberándose de parte de la impotencia que sentía. Era la tercera vez que pasaba, sabía que toda La Comarca hablaba de ello a sus espaldas. Ella, la rara Tuk que no podía tener hijos. ¿De qué le valía su don si no era capaz de dar vida a lo que más quería?

Se fue a cambiarse y prepararse un fuerte té para el dolor. Ya no tenía lágrimas, ya no rompía platos o pegaba a los cojines. Todo eso lo había dejado atrás. Se sentó en la cocina a tomarse la taza de té y no había dado dos sorbos cuando oyó la puerta.

'Cariño, estoy en casa.' Oyó la voz de Bungo gritando desde la entrada. 'No te vas a creer a quién me he encontrado en el mercado. ¡A Roza Bolsón! Ya sabes, mi prima.' Dijo mientras entraba en la cocina. 'No veas cómo le ha crecido la tripa desde la última vez, casi no entraba en el Dragón Verde. Según Mimosa está esperando geme…. ¿Cariño? ¿Sucede algo?' El tono de voz de Bungo preocupado. Dejó la compra en el suelo y corriendo se fue al lado de Belladonna, poniéndose de rodillas para mirarla a los ojos.

'No, Bungo. Simplemente que nosotros no vamos a tener gemelos.' Esto lo dijo con una sonrisa que más se asemejaba a una mueca de dolor.

Bungo oyó la noticia y notó como todo su cuerpo de helaba. Había vuelto a pasar, Belladonna había tenido otro aborto. Se tocó la cara, quitándose el pelo de los ojos, recomponiéndose. En seguida cogió la mano de su esposa, besándola suavemente.

'No pasa nada, querida, la próxima vez.'

'No va a ver próxima vez, Bungo.' Dijo ella subiendo la voz, dejando ver su enfado hacía si misma y su cuerpo. 'Yo… Yo estoy rota, hay algo mal en mi.'

'No digas eso.' Dijo él poniéndose de pie al igual que ella. 'No hay nada malo en ti, eres perfecta.' Su tono lleno de verdadero amor.

'No lo soy, no valgo para nada. Nunca te podré dar una descendencia, nunca. No hago más que traerte desgracias.' Se movió, alejándose de Bungo pues le era demasiado dolorosa la situación. 'Debiste de haberte casado con mi hermana. Ella te hubiese hecho feliz. Ella te hubiese dado hijos.'

Bungo se acercó a ella con paso calmado y se colocó a su espalda, sin tocarla. 'Pero yo te quería a ti.' Dijo con suavidad. No se le daban bien esas cosas, no era un hombre de hermosas palabras y grandes discursos. Siempre había sido ella la que hablaba por los dos, y en momentos como ese se encontraba perdido. 'Y no digas que no vales para nada, pues sabes que no es cierto. Bella…'

Belladonna se giró y Bungo pudo ver en sus ojos esas lágrimas que no quería llorar.

'Tendremos un hijo, estoy seguro de ello.' Dijo él agarrándola de los hombros. 'Y será el hijo más maravilloso del mundo. Si aún no ha sucedido es porque no es el momento, pero pasará.'

'¿Cómo puedes estar tan seguro después de tantos meses sin uno?'

'Porque soy un Bolsón. Y los Bolsones vivimos de certezas.'

Belladonna sonrió ligeramente y Bungo aprovechó para acariciarle la cara.

'Eso me gusta más. Además,' añadió cuando Belladonna se apoyó en su pecho, abrazándolo 'alguien que hace crecer flores tan hermosas no puede más que dar a luz a un precioso hijo.'

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Año 2944 de la Tercera Edad.

Fili bajó las escaleras más rápido de lo requerido, su hermano detrás de él, siendo su sombra.

'¿Me puedes decir qué pasa?' Dijo Kili poniéndose a su lado.

'Acaba de llegar el embajador de Los Puños de Hierro.' Contestó el príncipe heredero girando rápidamente y continuando bajando por las enormes escaleras que daban a la entrada.

'¿Y por qué vamos nosotros a él?' Preguntó Kili poniéndose a su lado, después de dar un peligroso salto entre una barandilla y otra. 'No se supone que son ellos quienes vienen a nosotros. Además, ¿no es irak'adad quien se encarga de recibirlos en el trono y tal?'

'Es un caso especial.'

'¿En qué?'

'Luego, Kee. Ahora sígueme la corriente.' Dijo Fili relajando su paso y dando la impresión de que no había corrido al encuentro del enano.

No le costó reconocerlo, era el único que miraba a su alrededor con la boca abierta, sin poder contener su asombro. Fili también había tenido esa mirada una vez, aunque por aquel entonces no había tenido tiempo de maravillarse del reino, y tampoco lo había visto como estaba ahora, restaurado y lleno de vida; aún así había sido algo que le había quitado el aliento. Miró seriamente al frente, como hacía siempre que trataba un asunto oficial y fue al encuentro del embajador. Su tío le había pedido que se encargase del tema y Fili no pensaba decepcionarlo. A decir verdad, le había llenado de orgullo que le encargase algo así después de confesarle cómo estaba la situación con los Puños de Hierro. Fili iba a llegar al fondo del asunto, y pensaba vigilar cada paso que diese ese enano.

'Bienvenido a Erebor.' Dijo Fili con una sonrisa.

El enano se giró, enfocando su mirada en el rubio y joven enano que tenía delante. Nunca había estado en Erebor, pero se había preparado la visita. Había estudiado todo lo necesario del reino, y por eso pudo imaginar que el enano que tenía en frente era el príncipe heredero. Aún así, la corona que llevaba en la frente y las cuentas Reales en sus trenzas ayudaban a averiguarlo.

'Príncipe Fili.' Dijo inclinando la cabeza. 'Es una honor que vengáis a recibirme en persona.'

'Es lo mínimo que puedo hacer, después de que os hayáis tomado la molestia en venir desde tan lejos para ver el reino, señor…'

'Dilon, hijo de Dalion.'

'Bienvenido a Erebor, señor Dilion.' Dijo Fili. 'Si me acompaña le mostraré los aposentos que ocupará durante su estancia.'

Y con eso comenzó la visita del nuevo embajador. Kili no dijo nada, se mantuvo al lado de su hermano, notando como este era especialmente cordial con el embajador durante toda la visita, pero no de una forma real, no como si le cayese bien. No fue hasta más tarde, cuando se encontraron ambos dos solos y el embajador hacía horas que estaba en su cuarto, cuando Fili le contó todo.

'No debe ver a Bilbo.' Fue lo primero que dijo Kili.

'¿Por qué? No viene a por Bilbo, viene a ver cómo es la posición de Thorin.'

'No sabemos a qué viene.' Dijo el hermano menor. 'Y perfectamente podría venir por Bilbo.'

'No tiene sentido. ¿Qué le importa un hobbit a un gran Señor?'

'Nada, por ahora, pero seguro que mucho cuando sea consorte. Especialmente después de lo que sucedió en la Gala.' Dijo Kili con tono serio, pues aquel día había cambiado algo en él. Había visto con sus propios ojos como de xenófobos podía llegar a ser su propia raza.

Fili se sorprendió. 'Es verdad.' Dijo en reconociendo que no había pensado en eso. 'Pero aún así no puede venir por él.' Le hizo ver a su hermano. 'La carta de su llegada vino antes de hacer oficial el cortejo.'

Kili se quedó pensando un rato, sin saber qué decir a eso. Finalmente habló. 'Tienes razón Fee, aún así no me gusta. Hay algo en él que no me gusta.'

'Ya somos dos. Ahora lo que tenemos que hacer es mantenerlo alejado de Palacio sin que se note, que no tenga trato con Thorin. Al menos el justo y necesario para que no sea raro. Y controlar todo lo que hace. Si los rumores de los que habla irak'adad son ciertos, no quiero que pase nada sin yo saberlo.'

Kili asintió. Ese enano representaba una amenaza para su familia y no pensaba perderle ojo.

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Bilbo dejó Erebor subido en su querida Mermelada, un hermoso pony de pelaje marrón oscuro que Thorin le había regalado al saber que iba a quedarse en Erebor. "Para que puedas moverte libremente" le había dicho el enano, y Bilbo aún se emocionaba al recordarlo. Sabía de los celos de los enanos, de cómo les gustaba atesorar y tener cerca lo que era suyo, aún así, lo primero que había hecho Thorin era darle un medio para irse lejos, y eso era algo que Bilbo valoraba por encima de todo. Cosas como esas eran el motivo de que hubiese decidido quedarse al lado del rey de por vida.

Cabalgó despacio, pues quería notar el aire en la cara pero tampoco tenía prisa. Los guardias se había despedido de él, preguntándole si volvería pronto como cada vez que salía, protocolo el cual Bilbo estaba convencido que Thorin había mandado instaurar y cumplir cada vez que dejase su reino. Aún así eso no le molestaba, al fin y al cabo era un enano y como su madre solía decir "no se le puede pedir peras al olmo".

Precisamente por su madre salía de Erebor. Había algo que le removía por dentro, una idea que no conseguía quitarse de la cabeza, y quería ver si era posible, si podía servir de algo antes de la reunión con Bardo esa tarde en Palacio para buscar una solución a los cultivos. Cultivos que por un lado iban bien, tendiendo en cuenta que la tierra estaba empezando a ser fértil de nuevo, pero que Bilbo comprendía que esa no era excusa ante dos reinos hambrientos. No se podía vivir de futuros frutos cuando no había nada que comer.

Bilbo bordeó Valle, no queriendo entrar en la ciudad, queriendo estar solo. Se fue directamente a los cultivos y, después de saludar a Cyn, se fue a una parcela donde no había nadie, alejado de los pocos aldeanos que había trabajando la tierra. Ató a Mermelada y miró al cielo. El sol brillaba fuerte, con unas pocas nubes a su alrededor, pero nada que avecinase tormenta o lluvia. Se arrodilló en la tierra y la tocó, notando el tacto, el calor, la aspereza. Miró a su alrededor para asegurarse de que no había nadie observándolo. No lo había. Suspiró. Hacía mucho que no había hecho eso, y no en una tierra que no era la suya. Sabía que no debía, su madre le había enseñado que nadie debía saberlo nunca, pero él no había podido evitar jugar con su don de vez en cuando, sobretodo con los tomates. Amaba ver crecer tomates, y su sabor, cuando él era parte del proceso, era espectacular. No por nada había ganado el concurso anual siete veces. Pero ahora no era momento de pensar en eso. Tenía poco tiempo, debía concentrarse y hacerlo sin que nadie le viese.

Tocó la tierra de nuevo y cerró los ojos. Se concentró en el sol, en su calor, en su brillo, hasta que pudo sentirlo en cada poro de su piel. Entonces, empezó a mover la mano, buscando la semilla que sin duda había allí plantada. Le costó unos segundos, pero finalmente dio con ella. Respiró y enterró sus manos en la tierra suavemente, entrando en contacto con ella justo encima de donde estaba la semilla. Expiró, dejando pasar el sol por su cuerpo, haciendo de vínculo entre el astro y la semilla. A los pocos segundos empezó a notar ese cosquilleo tan conocido, aunque había algo distinto en él, como si no quisiese ir con él, como si la tierra o la semilla no confiase en el hobbit.

Esto va a llevar más tiempo del que pensaba, se dijo Bilbo a sí mismo, enterrando un poco más la mano en la blanda tierra.

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Año 1290 según el cómputo de la Comarca (2890 T.E.)

Belladonna salió de la cama lentamente, pues no quería despertar a su marido. El sol estaba a punto de salir y unos pocos rayos se veían en el horizonte. Se puso la bata y cerró la puerta tras ella. Sus dorados rizos brillaron levemente cuando salió al exterior. Se dirigió al jardín y se sentó en el suelo, junto a las petunias. Hacía una mañana fría, pues el año acababa de comenzar y todavía se podían ver rastros en lo alto de algunas colinas. Aún así, Belladonna quería estar a fuera, con sus plantas. Cerró los ojos y tocó la tierra, sintiendo su presencia y notando como ésta le daba la bienvenida. Estuvo un rato así, acariciando cada una de sus flores, notando su vida, su color, su olor. Finalmente volvió a sentarse en su lugar favorito, con vistas a todo el jardín.

'Os voy a echar de menos.' Dijo con una triste sonrisa.

No estaba segura de que lo que tuviese en mente fuese a funcionar, pero sabía que si lo hacía, nunca más volvería a sentir la naturaleza, nunca más podría sentarse allí, así, y sentirse acompañada. Aún así estaba dispuesta a intentarlo. Hacía unas semanas que la idea le rondaba la mente y ahora no pensaba echarse atrás. Había esperado el momento adecuado, cuando su cuerpo fuese más receptivo, y había pasado unos días sin hacer el amor a Bungo, consiguiendo que este estuviese al máximo la noche anterior. No le había contando nada, pues sabía que él no aprobaría lo que tenía en mente, pero aún así pensaba hacerlo.

Miró al cielo y vio como el sol estaba más alto. Es una semilla más, se dijo a si misma mientras cerraba los ojos. Respiró, dejó que el calor del sol entrase en ella, sintió cada rayo, cada pedazo de energía, y movió sus manos, llevándoselas a su abdomen. No era igual que con la tierra, no podía meter los dedos y buscar, no funcionaba igual, sin embargo, al tiempo de buscar, notó algo. Había algo dentro de ella, una pequeña semilla, minúscula, a punto de ser apagada. Belladonna tiró de ella como había tirado de las rosas en otoño, haciendo que creciese, que se mantuviese firme y sana. No se dio cuenta de que empezaba a estar más cansada, de que cada vez que tiraba se recostaba más, de que su pelo se iba volviendo cada segundo más y más oscuro. No notó cómo las fuerzas la abandonaban, pues estaba demasiado centrada en esa semilla, en hacer que creciese, en pasarle toda su energía, todo el don que había en ella. No fue hasta horas más tarde, cuando Bungo salió al jardín desesperado, buscando a su mujer, cuando se la encontró tirada en el suelo, casi sin vida. Su piel blanca como la nieve, sus cabellos negros como el azabache, y una sonrisa en sus labios.

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Año 2944 de la Tercera Edad.

'Bilbo.'

'Bofur. ¡Qué bien que te veo! Tengo que hablar contigo.' Dijo Bilbo agarrando la manga de su camisa y moviéndolo a un lado separado del pasillo.

'¿Qué pasa?' Preguntó preocupado el enano.

'Nada. Nada.' Dijo Bilbo mirando a los lados. 'Pero supongamos por un minuto, mera suposición, pero supongamos,' dijo Bilbo con esa voz nerviosa que tan bien conocía Bofur y que sabía que tras ella había una maravillosa idea 'supongamos que sé de una forma de solucionar el problema de los cultivos.' Dijo al ver que no había nadie lo suficientemente cerca como para oírlos. 'Supongamos por un momento que sé de un modo de hacer que crezcan más rápido, ¿vale?'

'¿Cómo?' Preguntó Bofur intrigado, sabiendo que no eran suposiciones de lo que el hobbit hablaba.

'Eso no importa ahora. La cuestión es que en ese hipotético caso, no estoy seguro de que funcionaría, y aunque funcionase no estoy seguro de los efectos secundarios.'

'Bilbo.' Dijo Bofur preocupado. '¿A qué te refieres?'

Bilbo suspiró y miró a su mejor amigo. No podía decirle la verdad, tenía prohibido hablar de ello, pero quería pedirle ayuda. Lo que había descubierto en los campos le había inquietado, pues veía posible una salida al problema de los cultivos, sin embargo, no sabía de las repercusiones. Y no tenía a su madre para preguntar…

'Eso no importa. La cuestión es que no sé si funcionaría, y si así lo hiciese, no sé hasta que punto sería dañino para mi. ¿Crees que debo intentarlo? ¿Aún con esas condiciones?' Necesitaba que alguien le dijese sí, que alguien estuviese con él en que lo que tenía en mente no era una locura. Sabía que no podía ir a Thorin, nunca podría ir a Thorin a decirle que iba a hacer algo que posiblemente afectase su salud. De ahí que necesitase a Bofur.

'Lo que me planteas es peliagudo, Bilbo. No sé de que hablas, ni de qué medios son esos, pero si puede ser dañino para ti me parece que no debes hacerlo.'

'¿Y dejar que dos reinos pasen hambre? ¿Es justo que yo haga nada cuando puede que tenga la solución?' Su voz un poco agónica, pues sentía dentro de él que debía hacer algo, que era su deber.

'Bilbo…' Bofur le tocó el hombro con cariño. 'No quiero que te pase nada, y Erebor y Valle no es tu responsabilidad. No tienes que hacer nada, y menos cuando dices que tu vida puede estar en peligro.'

Bilbo bajó la mirada, cargado de impotencia ante esas palabras. Sabía que Bofur tenía razón, no tenía porqué hacer nada, nadie pedía nada de él, Erebor y Valle no eran responsabilidad suya. Aún así, sabía que debía hacerlo. Igual que supo que debía ayudar a ambos reinos para impedir una batalla. Sentía que si él no lograba encontrar una solución, nadie lo haría. Además, la vida de un hobbit en comparación a la de dos reinos era insignificante.

'Tienes razón, Bofur.' Dijo correspondiendo al gesto de afecto de su amigo. 'Gracias por escuchar.' Y se fue, no girándose cuando Bofur lo llamó una última vez. Sabía lo que tenía que hacer y tenía una reunión a la que asistir.

Continuará…

irak'adad: tío