AN: Muchas gracias por los comentarios. Sin ellos esta historia no sería posible. La semana pasada no publiqué nada porque no tenía acabado el capítulo y prefiero esperar una semana más y tener algo que os guste que algo que esté a medias. Espero que disfrutéis, por favor, no dejéis de contarme lo que os parece. Muchos besos y Feliz Navidad.


Though I may speak some tongue of old

Or even spit out some holy word

I have no strength from which to speak

When you sit me down, and see I'm weak

We will run and scream

You will dance with me

They'll fulfill our dreams and we'll be free

And we will be who we are

And they'll heal our scars

Sadness will be far away

So as we walked through fields of green

Was the fairest sun I'd ever seen

And I was broke, I was on my knees

And you said yes as I said please

'Zola, Zola, ven. Corre.' Dijo el enano haciendo un gesto a su amiga para que se acercase. La había visto en uno de los puestos del mercado y quería que se uniese a la conversación que estaba teniendo con el carnicero.

'¿Qué sucede Dirgor?' Preguntó esta nada más estar cerca de ellos.

'¿Cuándo has venido?'

'Esta mañana, ¿por qué?'

'Entonces no te has enterado.' Dijo el carnicero.

'¿De qué?' Preguntó la enana. Habían tenido un viaje largo y no le hacía ninguna gracia retrasarse más. Contra antes comprase la comida antes podría ir a su casa y relajarse.

'Del final del cortejo.' Dijo Dirgor. 'Ayer se entregó el último regalo.' Dijo el enano entusiasmado.

'¿Ya?' El tono de Zola desesperado. Se lo había perdido. Sabía que tenía que haber dicho que no a su hermano y no haber ido a estar con él unos días en las Colinas de Hierro. Se había perdido un momento histórico. '¡Por las barbas de Durin! ¿Por qué he tenido que irme?'

'Déjame que te diga que fue maravilloso.' Dijo su amigo.

'¡Cuéntamelo todo! ¿Qué le regaló?' Preguntó ansiosa Zola.

Meses habían pasado desde que el cortejo se había hecho oficial. Al principio ellos, como la mayoría de Erebor, no lo habían entendido, no habían comprendido qué sucedía y se habían negado en silencio a que un hobbit fuese su Consorte. Una cosa es que fuese un héroe para el pueblo y otra que se casase con el rey. Pero todo había cambiado al poco tiempo. No sabían muy bien cómo, pero ahora amaban al mediano. Se sentían orgullosos de que viviese con ellos. Sin duda era un regalo de la esposa de Mahal, como claramente reflejaba el gran tapiz de la sala de los reyes que la princesa había hecho. El hobbit era una criatura maravillosa. Un ser único. Había sido él quien había traído la comida y el alimento a Erebor. No solo era un héroe para su pueblo, sino un salvador. Después de semanas de hablar con él, de verlo en el mercado, de conocerlo, muy poca gente en Erebor se negaba a que se casase con su rey. Era extraño encontrar a alguien a quien le cayese mal, que tuviese una mala palabra que decir.

El cortejo público no había hecho más que reforzar la idea del matrimonio. Estaba claro lo mucho que le rey lo amaba, los regalos que le hacía, la forma en la que le trataba, todo demostraba un amor puro. Y no había nada que gustase más a cualquier enano que una buena historia de amor.

'Un arpa.' Dijo Dirgor. 'Le regaló un arpa de plata.'

'No un arpa cualquiera.' Añadió el carnicero. 'Sino una réplica exacta de la que tenía cuando era príncipe'

'¿No?' Dijo Zola, pues el gesto era lo más romántico que había escuchado en la vida.

'¿Habláis del regalo del futuro Consorte?' Preguntó un anciano enano que no había podido evitar oír la conversación.

'Sí.' Respondió Dirgor.

'Oh, por Durin. Fue hermoso.' Mencionó el anciano. 'Yo la vi. Mi nieto cogió sitio en la plaza lo suficientemente cerca como para poder verla de lejos. Soy mayor, pero la vista no me falla. Era el arpa más hermosa que he visto en mi vida.'

'¿Tocó el Rey?' Preguntó Zola esperando un no. No podía haberse perdido también eso, no por culpa de su estúpido hermano.

'No. Pero dijo que lo haría en el banquete de clausura.'

'Menos mal.' Suspiró Zola.

'¿Cuándo va a ser?' Preguntó Dirgor.

'La semana que viene. Justo antes de que tengan que irse a Ered Luin.'

'Una pena que tengan que irse antes de la boda.' Dijo el carnicero.

'Sí, yo quería conocer al hobbit. Me han dicho que se pasea mucho por aquí.'

'Oh, sí.' Dijo la enana del puesto del al lado. 'La semana pasada estuvo en mi tienda. Una amor de criatura. Que su señora, Yavanna, le tenga en sus pensamientos.'

'¿Hablaste con él?'

'Sí. Estuvimos charlando sobre libros. Había traído nueva mercancía de Dorwinion y quería comprar unos cuantos.'

'¡Qué envidia! Yo también quiero conocerlo.' Dijo Zola, la cual estaba empezando a convencerse de que no pensaba perderse un día de mercado hasta que el rey se fuese con el hobbit a Ered Luin.

/

La música recorría cada rincón de los aposentos como si se tratase de una suave brisa de verano. Las notas precisas, perfectas. El sonido armonioso, relajante. La persona que tocaba sin duda había pasado años perfeccionando el arte. Bilbo movió la cabeza, recolocándose en el sofá mientras no dejaba de mirar a Thorin. Los dedos del enano se movían entre las cuerdas de manera ágil e hipnótica. No sabía cuanto tiempo llevaban así, Thorin perdido en la música y él perdido en Thorin, pero Bilbo no tenía intención de que ese momento acabase. Nunca había visto algo tan hermoso, tan majestuoso y atrayente.

Cuando había averiguado que Thorin tocaba el arpa no lo había podido creer. Sabía que todos los enanos tenían un instrumento por el cual sentían afinidad, pues todos los enanos eran criaturas musicales. ¿Pero el arpa? ¿Thorin? Nunca lo había imaginado con un instrumento tan delicado, tan… de elfos. Pero había estado equivocado, como en muchas otras ocasiones. No había tenido más que escuchar unos cuantos acordes para darse cuenta de lo perfecto que era ese instrumento para él. Ahora le era imposible imaginarlo tocando otro. La suavidad con la que lo hacía, las hermosas melodías que sacaba de las cuerdas. Thorin tenía siempre esa apariencia de guerrero imbatible, de poderoso y rudo enano; pero ahora, tocando las finas cuerdas, dejaba ver lo que realmente había en su interior, ese ser que pocos conocían y del cual estaba completa y rotundamente enamorado Bilbo.

Se levantó, acercándose a Thorin y colocándose a su espalda, viendo como las cuerdas vibraban notando lo relajado que estaba. La música acabó y Thorin se giró a él. La paz en su cara era absoluta.

'Tocas maravillosamente.' Dijo Bilbo, pues era la verdad.

'Gracias.' Contestó el enano, quien había aprendido a aceptar un cumplido después de tanto tiempo.

'Nunca me dijiste que tocabas el arpa.' Comentó Bilbo dando la vuelta, tocando el instrumento, la suavidad de la plata.

'Nunca surgió el tema.' Respondió Thorin, siguiéndolo con la mirada. Fijándose en el análisis de Bilbo en el instrumento.

'Te va bien. Va contigo.' Dijo finalmente mirándolo, como si aprobase la elección que tantas décadas atrás había hecho.

Se sentó en su regazo, dándole un ligero beso, disfrutando de la paz.

'Pocos enanos la tocan.' Dijo Thorin acariciando los rizos de Bilbo con la misma suavidad con la que había acariciado las cuerdas. 'Se considera más propio de elfos.' Siempre que decía la palabra "elfos" había ese desprecio en su voz que Bilbo encontraba adorable.

'Eres todo un misterio, Thorin Escudo de Roble.' La voz de Bilbo juguetona pero tranquila. 'Tu y tu desprecio a los elfos, y sin embargo tocas el arpa y tu espada fue creada en Gondolin.'

'No olvides la parte en la que en unos pocos meses me voy a casar con un hobbit.' Dijo él siguiéndole el tono.

'Ah, eso. Sí. Completamente misterioso, más bien alocado diría yo.' Bilbo recorría el bordado de la túnica de Thorin, notando el fuerte músculo que había debajo. '¿No sabes que el hobbit con el que te vas a casar es un Tuk? Podría pasar cualquier cosa, nunca dormirás tranquilo.'

'Bueno, también es un Bolsón.' Continuó Thorin, quien para entonces sabía todo lo que se podía saber sobre los lazos familiares en la Comarca, y la importancia de estos. 'Tengo fe en que sea feliz con una humilde morada y mi compañía.'

Bilbo sonrió. 'Oh, Thorin. Nada de lo que te rodea es humilde.' Dijo con alegría en su voz. 'Pero está bien. Nunca he vivido una vida humilde. No hay razón para empezar ahora.'

Thorin le besó, no pudiendo aguantar más. Bajó sus manos, recorriendo al espalda del hobbit, agarrando sus caderas y dejando muy claro lo que tenía en mente.

'¿Aquí?' Preguntó el hobbit cuando se separaron para respirar. '¿En medio de la sala de estar?'

'Aquí.' Dijo Thorin levantando a Bilbo en sus brazos y dejando el asiento.

'Oh, Thorin. Nada de esto es correcto ni educado.' Dijo con fingida queja en su voz.

'Señor Bolsón,' Thorin le agarró más fuerte de los muslos mientras se arrodillaba frente a la chimenea, sobre la hermosa alfombra que allí había 'hace mucho que dejó de ser un correcto hobbit.'

Bilbo se bajó los tirantes, pasándose a quitar la camisa a continuación. 'La culpa no es mía.' Dijo. 'Una panda de enanos entraron en mi casa y me hicieron ver mundo. Eso trastorna a cualquiera.'

'Un horror.' Comentó Thorin mientras le besaba el pecho. 'Me temo que vas a tener que quedarte a vivir entre esa panda de enanos. No hay forma de volver a ser correcto y educado en la Comarca.' Sus manos rápidas desvistiendo al hobbit, acariciando la piel, su suavidad y blandura.

'Un pequeño precio a pagar.' Digo Bilbo antes de llevar la cabeza hacia atrás y suspirar al notar las manos de Thorin en él, sus pantalones por las rodillas, su erección completamente dura ante el tacto de las ásperas manos del enano.

Ya no dijo más, pues las palabras no le llegaban a la boca. Nada que no fuese el nombre de Thorin y pedirle más. Eso era todo en lo que podía pensar. En su roce, en sus caricias, en la forma en la que le besaba, pasional, posesiva, como queriendo decir al mundo que era suyo y de nadie más. Thorin no podía pensar en nada más que en moverse en él, tomándose su tiempo, disfrutando del calor de su cuerpo, de lo prieto de su anatomía. Estuvo así un buen rato, besándole, disfrutando de sus suspiros, de sus caricias. Notó como Bilbo le agarraba más fuerte, clavando ligeramente sus uñas en sus brazos, y Thorin le tocó, notando a los pocos segundos la humedad en sus dedos, viendo como pequeñas gotas cubrían la blanda tripa del mediano. Paró el ritmo, saliendo de él, dándole tiempo a reponerse.

'Thorin.' Suspiró el hobbit llevando una mano a su cara, acariciando la cicatriz que tenía en la frente. El rey le cogió la mano, besando sus nudillos.

'Amralimê.'

Bilbo sonrió, atrayendo a Thorin, haciendo que este le besase sus ya enrojecidos labios. Thorin no tardó en tenerlo de rodillas, la llamas del fuego reflejadas en su clara piel, sus manos en sus caderas. Volvió a entrar en él, notando como Bilbo se movía para acercarse. Le atrajo, colocando su espalda contra su pecho, moviéndose rítmicamente, acariciando la piel del mediano, evitando la entrepierna pues sabía que aún era pronto, no se habría repuesto.

Muchas cosas habían cambiado en esos meses. El verano había traído los frutos y alimento que tanto necesitaban, Erebor volvía a ser un reino poderoso, el pueblo de Durin había peregrinado de muchos lugares para volver a su hogar. El verano había dejado paso al otoño, a días más cortos y noches más largas. A conversaciones cerca del fuego, a encuentros de amigos, a comidas y cenas llenas de música y alegría. A vínculos más estrechos, a actividades hasta antes inimaginables, como la práctica de la espada con Thorin o aprender a lanzar cuchillos con Fili. Incluso aprender a tirar con arco con Kili. Actividades que había afianzado más esos lazos familiares. Largas tardes de té con Dís, mañanas apacibles en la biblioteca de Erebor. Una vida de lujo y perfección para Bilbo. Siempre con algún que otro problema, siempre algo que surgía, pero nada grave, nada serio.

Thorin se movió en él más rápido, notando como Bilbo respondía a sus empujones. Hacía tiempo que Bilbo había acallado esa voz que le decía que no debía hacer cosas como las que estaba haciendo. No estaba bien visto, no era correcto dejarse tomar por un enano, estar de rodillas en su sala de estar, con su dura erección dentro de él y uno de sus dedos en su boca. Sentir su pecho contra su espalda, no poder evitar endurecerse al notar esa fuerte mano agarrar su cadera, atrayéndolo hacia él. No era correcto, no estaba bien visto. Ningún hobbit que apreciase su estatus y su posición lo haría. Pero él ya no tenía que preocuparse por cosas así, ya no era Bilbo Bolsón de Bolsón Cerrado. Esa vida la había dejado atrás, y por primera vez en su vida, se encontraba en paz con su parte Tuk y su parte Bolsón. Por primera vez sabía quién era y qué debía hacer.

Chupó el dedo de Thorin con lascivia, haciendo que este gimiese detrás de él, sabiendo exactamente qué hacer para volver loco al enano. Era cierto que hoy era Thorin quien estaba dominando la situación, pero solo era una ruptura en su rutina. De vez en cuando Bilbo quería sentirse así, dominado, controlado, usado, poseído. Y sabía que Thorin necesitaba dominarlo ocasionalmente. Eran días como ese los que daban lugar al resto de días de Bilbo dominándole a él, teniendo el control, rompiendo todas esas murallas que el enano había construido entorno a él a lo largo de los años.

Thorin le separó de él, haciendo que colocase sus manos en el suelo, teniendo así más espacio para moverse. Bilbo notaba cada embestida, cada ráfaga de placer. Necesitaba más, estaba cerca, lo notaba. Pero sabía lo que quería, y por eso apretó sus músculos, haciendo que Thorin se corriese en él a los pocos segundos, notando como le poseía. Fue entonces cuando dejó que su placer le invadiese, manchando la hermosa alfombra que protegía sus manos y rodillas.

'Deberíamos subir el sueldo al equipo de limpieza.' Dijo Bilbo al cabo del rato, cuando ambos dos se habían cubierto con una manta y tenían de nuevo sus respiraciones y palpitaciones a un nivel razonable.

'Puede que tengas razón.' Dijo Thorin con una sonrisa de completa satisfacción en sus labios, acariciando el pelo de Bilbo, visualizando el baño que tendrían en unos minutos.

/

Dain entró en Erebor bajo la atenta mirada de la Guardia. No se había anunciado su visita y Balin no tardó en aparecer, dando la bienvenida al Señor de la Colinas de Hierro.

'¿Dónde está mi primo?' Fue lo primero que dijo nada más bajar de su cerdo. Un sirviente se lo llevó a los establos mientras Balin respiraba y ponía una sonrisa. Había esperado un día tranquilo, pero parecía que no iba a ser posible.

'Está en Palacio. Le diré que habéis llegado. ¿Por qué no esperáis…?'

'Iré a verle.' Dijo adentrándose en Erebor. Nadie fue capaz de evitar que llegase al Palacio, ni siquiera las bien intencionadas palabras de Balin.

'No se puede pasar.' Dijo uno de los guardias mientras ambos impedían el acceso a los aposentos del rey con sus armas.

Dain les miró con esa mirada que había conseguido que más de un enano se hiciese pis encima. Pero lo guardias no se inmutaron.

'Haré saber al rey que estáis aquí.' Dijo Balin a Dain para apaciguarlo, dirigiéndose a la puerta.

'¿Es un asunto de vida o muerte?' Preguntó el otro guardia impidiendo el paso también a Balin.

'Eh, no.'

'Pues no se puede pasar. Órdenes del rey.'

Ante esto Dain no se quedó cayado, estuvieron a gritos en el pasillo el tiempo suficiente como para que las puertas se abriesen y de ellas saliese un Thorin vestido con ropa ligera, claramente de estar descansando en sus aposentos.

'¿Qué sucede?' Dijo con un grito, irritado de que alguien le hubiese molestado. Bilbo le estaba leyendo una historia preciosa, practicando el khûzdul, y él estaba disfrutando de una buena pipa y su voz hasta que los gritos les habían interrumpido.

'Primo.' Dijo Dain, y Thorin le miró, sorprendiéndose al ver a su primo allí. No sabía que iba a visitarlo. Se molestó en el acto. No le parecía bien que viniese la gente a su reino cuando gustase, no sin antes avisar. "Es de mala educación presentarse sin ser invitado antes" solía decir Bilbo, y el hobbit tenía razón.

'¿Qué haces aquí?' Preguntó molesto.

'Los guardias no me dejaban pasar.' Dijo este casi al mismo tiempo.

'Claro que no. Les he dado órdenes de que no dejen pasar a nadie.' Contestó el rey con un toque de orgullo en su voz, orgullo que hizo que los pechos de los dos guardias se hinchasen de emoción y satisfacción. 'Es mi día libre.'

'Thorin, tenemos que hablar. Es urgente.'

Thorin respiró y expiró, como Bilbo le había enseñado a hacer en situaciones como esta, se movió de la puerta y dejó pasar a Dain. Balin asintió y se fue, sabiendo que fuese lo que fuese, Thorin tenía que hablar con su primo a solas.

'¿Qué sucede Dain?' Dijo con tono cansado Thorin, pues no estaba de humor para su primo, no hoy.

'Pues que no contestas a mis cartas. Eso es lo que pasa, Thorin. ¿En qué estás pensando? Al principio pensé que no hablabas en serio, te di el voto de confianza, pero esto ha ido demasiado lejos.' Thorin le dirigió a su estudio privado, pues la sala de estar no estaba en condiciones de recibir a nadie. Además, Bilbo estaba allí. '¿Le hobbit? ¿No hablarás en serio?'

'Dain, dime que no has venido hasta aquí para decirme con quién puedo o no puedo casarme.'

'Esto es serio, Thorin. Estamos hablando del futuro Consorte de Erebor.' El tono de Dain elevado, ligeramente enfadado.

'Estamos hablando de MI futuro consorte.' Dijo Thorin igualando su tono. 'No consentiré que ni tu ni nadie cuestione mis decisiones.'

Eso era lo que pasaba, lo que siempre había pasado entre ellos. Se querían, se llevaban muy bien, se habían criado juntos casi todos los veranos, pero como hubiese algo en lo que no estaban de acuerdo, ya fuese la más ínfima de las cosas, el cielo se abría y una tormenta caía a su alrededor. Era mejor mantenerse alejado hasta que el vendaval se apaciguase. Sin embargo, esto Bilbo no lo sabía, el cual al oír los gritos fue despacio a buscar a Thorin, preocupado por lo que pudiese pasar. Ninguno de los dos notó que estaba en la puerta, mirando la discusión y escuchando cada palabra que decían de él. Se escondió detrás de la pared, respirando al mismo tiempo que ordenaba sus pensamientos. No le gustaba nada que Thorin se estuviese peleando con su familia por él, pero al mismo tiempo no sabía qué hacer.

'Tú mismo dijiste que era un héroe para Erebor.' Exclamó Thorin.

'Sí, para Erebor. Pero también fue el que te traicionó dando la Piedra a los elfos. No sabes cuando te va a volver a traicionar. No puedes dar tanto poder a alguien como él.'

Esas palabras hirieron a Bilbo, pues sabía que eran verdad. Sabía que si en el futuro tenía que traicionar a Thorin para salvarlo a él o a su pueblo lo haría. Thorin también lo sabía, habían hablado de de ello.

Bilbo escuchó un ruido y golpes, y no puedo evitar asomarse. Vio a Thorin golpeando a su primo, y a Dain golpeándole a él. Una silla estaba rota y una mesa volcada. Se decían palabras y frases en khûzdul demasiado rápido como para que él pudiese entenderlas.

'¡Parad!' Gritó, pero nadie le hizo caso. '¡Parad!' Dijo mientras se acercaba a ellos. Tiró del brazo de Thorin, el cual había conseguido tumbar a su primo y le estaba golpeando contra el suelo. 'Thorin, para.'

Thorin paró. Dain miró al mediano y no golpeó a su primo. Ambos se separaron del otro despacio, sin dejar de mirarse a los ojos, como dos bestias a punto de atacar a su presa.

'¡Por todo lo verde! Esto es de locos. ¿Qué hacéis?' Gritó Bilbo dándoles espacio y mirando a ambos.

'Esto no te incumbe.' Dijo Thorin sin dejar de mirar a su primo.

'Perdona si me equivoco, pero es de mi de quien habláis. ¿En qué exactamente no me incumbe?'

'Hobbit, escucha a tu rey y sal de aquí.' Dijo Dain.

'Su nombre es Bilbo.' Le gruñó Thorin, dando un paso al frente. Bilbo le paró con una mano en el pecho.

'Señor Enano, lo bueno de ser un hobbit es que no tengo que obedecer a nadie. Así que si es tan amable, ¿por qué no dejan de destruir el inmobiliario y hablan de esto como personas civilizadas?'

Bilbo miró a ambos. Finalmente Thorin dio un pequeño paso atrás en señal de aceptación. Con un gruñido Dain dio otro.

'Bien, traeré té. Vosotros sentaros y hablar.' Dijo mientras salía, confiando en que Thorin controlase la situación.

'Yo no quiero té.' Dijo Dain.

'Traeré también galletas.' Contestó Bilbo sin mirarle, saliendo del cuarto. Thorin sonrió ligeramente. Amaba a ese hobbit.

Fue extraño lo rápido que cambiaron los aires. Thorin se relajó, pues Bilbo tenía ese efecto en él. Colocó la mesa antes la atenta mirada de su primo y se sentó en una silla, ofreciendo la otra a Dain.

'Dain, voy a casarme con él.' Dijo en un tono más tranquilo, como si ho se hubiesen estado pegando minutos atrás. 'Agradezco tu preocupación, de verás. Pero voy a casarme con él y hacerlo mi consorte.'

Dain le miró y decidió sentarse, dando por concluida la batalla y mucho más calmado después de haber roto y golpeado algo. '¿Por qué?' Preguntó con verdadera curiosidad.

'Porque lo amo.' Dijo Thorin. '¿Por qué sino?'

Dain le miró sin acabarse de creer lo que acababa de escuchar.

'Sé que es difícil de asimilar, Dain. Pero es mi merlar.' Hizo una pausa, esperando que lo que acababa de decir se adentrase en la mente de su primo. 'No lo conoces, pero te equivocas al pensar que no es una buena opción. No creas que yo no lo he pensado, no pienses que no he valorado cada detalle antes de ofrecerle algo así.'

'No es uno de los nuestros.' Dijo Dain, pues aunque de gran corazón, se había educado de una manera mucho más conservadora que Thorin.

'No. No lo es.' Fue todo lo que dijo Thorin, sabiendo perfectamente a lo que se refería Dain.

Dain asintió. Le costaba comprender a su primo. Siempre se había imaginado a Thorin con alguien, siempre había visualizado a su primo con quien sería su pareja. Alguien poderoso, alguien que fuese un buen guerrero, con experiencia y valores tradicionales. Nunca, jamás, hubiese esperado la noticia que le llegó tantos meses atrás.

'Y no te preocupes por su lealtad. Bilbo me es leal. Nunca traicionaría a Erebor.' Thorin no dijo que nunca le traicionaría a él pues sabía que no era del todo cierto.

'Está bien, primo.' Dijo Dain. 'Siempre has sabido lo que haces, incluso cuando yo no veía razón en tus acciones. Tomaré esto como uno de esos casos. Si tu dices que él es el indicado, no me interpondré. Pero sigo sin estar convencido.'

Thorin asintió, pues sabía que no podía pedirle más a su primo.

'Espero que te guste el té negro.' Dijo Bilbo entrando con una bandeja. Colocó la tetera y puso un plato lleno de galletas de chocolate y nueces entre ambos. Dain miró las galletas con ansia, pues aunque hacía un momento no hubiese comido nada que le hubiese ofrecido esa criatura, ahora todo cambiaba. Bilbo sirvió el té a Thorin, poniéndole un poco de leche y entregándole la taza, la cual el rey cogió sin rechistar. '¿Cómo lo tomas?' Preguntó Bilbo con una sonrisa y el tono más encantador del mundo. Dain estuvo a punto de decirle que no pensaba beber ese brebaje de hierbas secas, pero al ver la cara de Thorin cambió de opinión.

'Como él.' Dijo haciendo referencia a su primo. Bilbo le sirvió el té y le entregó la taza. Dain no tuvo más remedio que darle un sorbo. Nada más hacerlo maldijo para dentro. Ese brebaje estaba muy bueno. No podía dejar ver que lo estaba disfrutando.

/

'¿Te ha dicho cuánto tiempo se va a quedar?' Preguntó Bilbo una vez que Dain dejó los aposentos.

'No. Pero imagino que un par de días.' Contestó Thorin masajeándose el cuello.

Bilbo asintió y recogió los platos, dejando el despacho lo más ordenado posible. 'Siento haber causado una pelea entre tu y él.' Dijo finalmente.

'No tienes nada de lo que disculparte. Era algo que había estado esperando.'

'¿Estabas esperando pegarte con él por mi?' Preguntó Bilbo atónito saliendo de la sala.

Thorin cerró la puerta y abrió la del cuarto de estar. 'Con el tiempo te darás cuenta de que esa es la única manera de razonar con él.' Dijo con una sonrisa cansada.

Bilbo no comprendía cómo era posible que pegarse con un familiar fuese algo normal, pero había muchas cosas que no comprendía de los enanos. Muchas cosas que sabía que nunca entendería. Por lo que dejó los cacharros en la mesa y decidió abandonar el tema. La conversación que había tenido con Dain había sido cortés, pero no familiar. Sabía que el Señor de las Colinas de Hierro no confiaba en él, pero Bilbo estaba empeñado en caerle bien.

'¿A qué hora has quedado mañana con Bardo?' Preguntó Thorin una vez que Bilbo se había vuelto a sentar en el sofá donde el libro yacía abandonado.

'Por la mañana, antes del almuerzo. Quiero echar un último vistazo a los campos antes de irnos.'

'¿Has escrito a tu primo?' Preguntó Thorin, sentándose en el suelo en un mullido cojín a los pies de Bilbo.

'Sí, y me contestó. Lo tendrá todo listo para que pasemos allí el invierno.' Bilbo cogió el libro pero no lo abrió, se quedó mirando la portada. 'Thorin, ¿estás seguro de que quieres ir? Comprendo que no quieras dejar Erebor, no hay problema si has cambiado de parecer y prefieres quedarme mientras recojo yo las cosas.'

'No digas tonterías.' Dijo Thorin cogiendo la mano de Bilbo que colgaba y besándola ligeramente. 'Tengo ganas de ir. Quiero ver tu hogar, quiero pasear por los caminos por los que solías imaginar aventuras y ver el lugar que te hizo ser quien eres.'

Bilbo sonrió, notando como su corazón se aceleraba un poco más al oír esas palabras. 'Tengo ganas de volver. Tengo ganas de que conozcas a mi primo y su familia. De ver la Comarca una vez más. ¿Sabes? Pensé que la echaría más en falta, que al vivir en una montaña extrañaría el tacto de la tierra, el verdor de los campos, el aroma… Pero no es así. Sí, es cierto que extraño mi casa, mis cosas, pero no vivir allí. Aquí…' Thorin se movió, colocándose de rodillas para mirar a Bilbo a los ojos. 'Aquí hay otro tipo de verde que me rodea, otras fragancias. Puede que aquí no esté mi casa, pero está mi hogar.' Dijo finalmente, correspondiendo la mirada de Thorin, haciéndole ver que todo lo que necesitaba lo tenía delante.

/

Bilbo no había mentido cuando había dicho que no echaba en falta la Comarca tanto como había pensado, pero eso no quitaba que sí echase en falta el sol y andar por el campo. Era una mañana maravillosa de otoño. Podía sentir el calor del sol, el tacto de la tierra. Mermelada estaba pastando por la hierba un poco más adelante. Bilbo no tenía costumbre de atarla, pues era una yegua muy mansa que siempre iba a su encuentro cuando la llamaba.

Se arrodilló, dejando que sus manos se llenasen de tierra, notando en el acto la conexión con las plantas. Estas le saludaron, le dieron la bienvenida deseosas de que estuviese con ellas más tiempo. Bilbo se sentó en el suelo y cerró los ojos. Había olvidado lo placentero que era estar en son con la naturaleza, sentir la vida crecer. Fue entonces cuando echó de menos su jardín más que nunca. Quería poder plantar de nuevo, sentir esa sensación todos los días. No quería tener que dejar Erebor y venir hasta ahí para sentir a sus criaturas. Pero sabía que era imposible, nunca podría haber un jardín en Erebor.

Bueno, pensó, es un precio justo a pagar.

No notó las pisadas, pues estas fueron extremadamente sigilosas y su mente estaba en otros asuntos. Hacía una mañana tranquila, nadie se encontraba en los campos, unas pocas abejas estaban recolectando polen y dos pequeños conejos salían de la tierra para buscar alimento. Notó dolor en la cabeza, pero fue rápido, nada que le llamase la atención. Luego no notó nada, no vio nada, no sintió nada.

/

'¿Qué sucede?' Preguntó Dagril al ver a unos cuantos guardias y ciudadanos en la puerta de Erebor en círculo. En seguida le dejaron pasar, pues era parte de la Guardia del Rey, como su uniforme demostraba, y su posición era superior a la de cualquiera que allí estuviese.

'Es el pony del señor Bilbo.' Dijo uno de los guardias que solía estar en la puerta vigilando que nada pasase. 'Ha venido solo y no conseguimos calmarlo.'

'Es un pony muy dócil. No sabemos qué ha podido pasar.' Dijo otro.

'¿Dónde está el señor Bolsón?' Preguntó Dagril.

'Ha ido a Valle, a los campos. Partió hace un par de horas, aún no ha vuelto.'

'Avisad a Dwalin de esto. Decidle que he ido en busca del señor Bolsón.' Dijo dirigiéndose al establo y cogiendo una de las cabras de la Guardia. Dagril temía que Bilbo estuviese herido, que se hubiese caído del pony y este hubiese vuelto a Erebor, pues era el único lugar que conocía.

No esperó a ver si sus órdenes habían sido seguidas, sabía que así sucedería. Había sido ascendido recientemente, ahora trabajaba directamente para la familia real y eso le daba un poder que pocas personas eran capaces de desobedecer. Thorin así lo había querido. En esos meses las cosas entre ellos habían cambiado. Se habían vuelto más cercanos y el rey no había olvidado como él le había ayudado cuando Bilbo había estado inconsciente. Había visto que le era leal, más allá que por trabajar para él. Dagril no podía pedir más. Veía a Thorin casi todos los días, se habían vuelto amigos, más cercanos que nunca, y casi se sentía uno más de la Compañía. Todos le conocían y le apreciaban. Bilbo siempre le invitaba a sus cenas con los demás, y aunque Dagril le había dicho en más de una ocasión que sentía que no debía estar allí, Bilbo siempre le recordaba que no era verdad.

'Tonterías. Eres un más.' Le dijo una noche cuando este se había atrevido a expresar lo que sentía. 'Eres amigo de Thorin, eres amigo mío, ¿no es así?'

'Sí, al menos me gustaría pensar que sí.' Había dicho, pues era verdad. No había podido evitar convertirse en amigo de Bilbo, pues el hobbit tenía un encanto único, y algo había en él que intrigaba a Dagril.

'Claro que lo eres. Y los demás te adoran. Eres uno más, Dagril, te guste o no.' Dijo Bilbo con una sonrisa que él imitó.

Dagril cabalgó hasta los campos, esquivando a enanos y hombres, bordeando la ciudad para evitar ser parado por la guardia de Valle. Llegó hasta donde debía de estar Bilbo y buscó por todas partes. No había señales del hobbit. Le llamó, pero nadie contestó a sus llamadas. La zona estaba desierta, como si nunca hubiese sido habitada. Desmontó, buscando algún rastro de que Bilbo había estado allí. Pensó en irse a Valle. Lo más lógico era que el hobbit hubiese ido a pedir ayuda a Bardo para que le llevasen a Erebor, pero algo le decía que no debía irse aún. Se fue a la parte más alejada y caminó. No fue hasta unos minutos más tarde cuando vio las pisadas y las marcas en la tierra. Alguien había estado allí, alguien con botas de hierro. Siguió las pisadas lo mejor que pudo y vio que acababan y daban la vuelta en el inicio de los campos. Ahí, en la tierra, había una pequeña linea roja, unas cuantas gotas de sangre, y Dagril supo que eran de Bilbo. Su cara se volvió pálida, un escalofrío le recorrió el cuerpo al darse cuenta de que alguien había raptado al hobbit.

Volvió corriendo atrás, pero las pisadas desaparecían en la roca, imposibles de seguir una vez dejaban el campo. Subió en su cabra y recorrió con ella el perímetro. No había señales de vida. Se fue a Valle, para asegurarse de que Bilbo no estaba allí.

Quizás se cayó y un hombre lo cogió y le llevó con Bardo, pensó Dagril no queriendo asumir la realidad y llevar la noticia al rey de la desaparición de su futuro consorte. No quería pensar en Thorin, pero no podía evitarlo. Sabía lo mucho que le dolería oírlo, lo mal que estaría hasta que apareciese Bilbo. No quería ni pensar en qué pasaría si Bilbo no aparecía, que sucedería con Thorin.

Algo dentro de él le decía que si Bilbo no estaba él podía tener una posibilidad, pero acalló esa voz. Él no quería eso. Sabía que Thorin nunca sería suyo, lo había aceptado en el momento en el que había visto que se había equivocado y que en efecto Bilbo era el merlar de Thorin. Eso no había hecho que sus sentimientos hacia él desapareciesen, sino todo lo contrario. En esos meses había asegurado que sus sentimientos por Thorin eran de amor. Le amaba como jamás había amado a nadie. Esos sentimientos no interferían con su trabajo, pues respetaba a Thorin y le consideraba su señor, pero si le hacían su día a día un poco más difícil. Aún así no cambiaría nada, poder estar cerca de él, saber que Thorin confiaba en él, que le consideraba uno más era más que suficiente; al menos por ahora.

Nadie había visto a Bilbo en Valle. Dagril no esperó a que Bardo le confirmase que no había estado allí, pues nadie le había visto entrar por la gran puerta principal. Dio la vuelta y cabalgó a Erebor. Las puertas de la sala del trono se abrieron de par en par. Dentro estaba Thorin hablando con Dwalin, claramente preocupado. Balin se encontraba al final de las escaleras del trono, intentando calmar a ambos dos. Nada más oyeron sus pasos se giraron a él.

'¿Le has encontrado?' Preguntó Thorin con un toque de desesperación en su voz.

'No, uzbadê. He mirado los alrededores y hablado con la guardia de Valle. Nadie le ha visto entrar.'

'Puede haber ido a la Colina del Cuervo.' Dijo Dwalin intentando calmar la situación.

'Temo decir esto, y espero estar equivocado,' dijo Dagril y respiró profundamente 'pero creo que alguien ha secuestrado al señor Bolsón.'

La cara de Thorin se volvió indescifrable. Dwalin le pidió una explicación.

'Había signos de pisadas en dirección a los campos y en dirección contraria. Daban la vuelta justo en el punto más alejado. Botas de hierro sin duda. También he encontrado unas gotas de sangre en el punto donde dan la vuelta.'

Voces empezaron a sonar, gritos y órdenes. Gente empezó a moverse. Las campanas de la ciudad sonaron, pero Thorin no oyó nada de eso, pues seguía con la mirada fija en Dagril, el cual seguía delante de él a pesar de que todo a su alrededor se movía. Alguien había raptado a Bilbo. Thorin lo sabía, podía notarlo, podía sentir en su piel como el hobbit estaba cada segundo más lejos de él. Un sin fin de posibilidades pasaron por su mente. Tenía que pensar rápido, tenía que actuar, tenía que…

'¡PARAD!' Su voz replicó por los pasillos de Erebor, haciendo que todos se quedasen en el sitio, que las campanas que llamaban a la guardia dejasen de sonar, que nadie dijese nada. Dagril seguía ahí, podía ver como había preocupación en sus ojos. Thorin se giró, buscando a Dwalin. 'No quiero que nadie se entere de esto.' Dijo.

'Pero Thorin…'

'¡Escucha! Nadie. Manda a Nori a Valle, que se asegure de que Bilbo no ha estado allí, que averigüe lo que pueda sin que nadie sospeche, que vaya a la zona de la que habla Dagril. No quiero una búsqueda. Quiero que la noticia no deje Erebor, que nadie sepa de esto. ¿Entendido?'

'Sí, Thorin.' Dijo Dwalin, pues veía como su rey le estaba dando una orden.

'Balin, cancela todo lo que tenga hoy.' Dijo dando la vuelta. 'Estaré en mi despacho. Manda a Nori en cuanto llegue. No quiero ver a nadie.'

'Pero Thorin…' Intentó replicar el anciano enano.

'Eso es todo.' Su voz poderosa, autoritaria.

Los hijos de Fundin se miraron y empezaron a caminar hacia la puerta.

'Dagril.' Llamó Thorin, y Dagril se movió, yendo a su rey. 'Ven.' Las pisadas de Thorin rápidas, seguidas de cerca por las del guardia. Las puertas del despacho del rey resonaron por los pasillos al cerrarse.

And I will love with urgency but not with haste

Continuará…