ATENCIÓN: Este capítulo contiene partes donde se hablar de sexo de forma explicita y violación. Nada extremo, pero sí se menciona, por si alguien no se siente a gusto con eso.
Break down the walls
You've got to cut the ties
There's pain pain burning in your eyes
It's time to fight
Well, it's time for tearing free
Oh come come running straight to me
Bilbo notó agua fría contra su piel y abrió los ojos. Tardó unos segundos en enfocar, pero cuando lo hizo se dio cuenta de que no conocía a los enanos que tenía delante.
'Le golpeaste muy fuerte.' Dijo uno al otro. 'Como se enteré…'
'No se va a enterar.' Respondió el que le había tirado el cubo de agua encima. 'Además ya está despierto, ¿no?'
Bilbo intentó articular palabra, pero no pudo. La cabeza le dolía demasiado. Era como si no pudiste coordinar bien. Esperó en silencio, pensando que debía mantenerse despierto y que se le pasaría.
'¿Dónde está?' Oyó una grave voz en la distancia. Bilbo miró a su alrededor. Sus ojos tardaron en enfocar, pero cuando lo hicieron solo vieron tierra por todos lados. La poca luz que había era gracias a unas velas en la distancia y dos cerca de él. No pudo ver mucho más, pues estaba rodeado de barriles, pero imaginó que había más gente una vez la muralla de barriles se quitase. Un enano con larga barba negra y ojos rasgados e igual de negros se arrodilló delante de él.
'Bienvenido, hobbit.' Dijo en un tono que era un tanto perturbador.
'Gracias.' Contestó Bilbo sin darse cuenta.
'Te debes de preguntar quién soy y qué haces aquí.' Dijo el enano sin dejar de observado.
Bilbo aún no había llegado a ese punto en su análisis de la situación, pero supuso que era un buen comienzo. Asintió.
'Mi nombre es Rugur. Soy el señor de los Puños de Hierro.' Su voz llena de orgullo. Bilbo cerró los ojos y maldijo para dentro. En ese mismo momento comprendió que había sido secuestrado. Quiso moverse, pero notó que sus manos y piernas habían sido atadas. 'Y tu presencia es algo que discutiremos en privado.'
Rugur se levantó y dio la orden de que llevaran al hobbit a su tienda. Un enano le cogió como si se tratase de un saco de patatas, lo cual ofendió mucho a Bilbo, pues podía caminar perfectamente. En el trayecto vio que se encontraba en un campamento enano bajo tierra. No le alcanzaba la vista, pero por lo que veía todo el ejército de Rugur esta allí.
Thorin tenía razón, pensó Bilbo, Rugur se dirige a Gundabad a conquistarlo. Tengo que avisar a Thorin, tengo que hacerle llegar un mensaje. Tengo que escapar.
Esos fueron los pensamientos de Bilbo de camino a una tienda más elegante que las demás donde había una fogata dentro que calentaba un poco. Depositaron al hobbit en el suelo sin ningún miramiento y le ataron las esposas que llevaba en las manos a una larga cadena que había en una esquina de la tienda. Una vez se aseguraron de que no podía romperla y escapar, le quitaron las cuerdas de los pies. Bilbo suspiró, esto no sería como el Bosque Negro. Aquí nada le valía un anillo de… en ese momento se concentró y notó que aún tenía el anillo en la cadena colgando del cuello. Bien, también notó como seguía con la cota de mithril pegada a su piel. Eso le tranquilizó. Thorin le había hecho prometer que siempre que dejase Erebor la llevaría y Bilbo no había roto su promesa. Fue entonces cuando vio que quizás Thorin tenía razón con todas sus charlas y precauciones de seguridad, quizás debería pedirle perdón por llamarle absurdo, pero eso cuando hubiese salido de allí. Aún así bajo ningún concepto le iba a permitir que le pusiese un guardia como tantas veces había insistido en hacer.
Rugur se sirvió un alcohol que olía francamente mal y colocó una silla delante de él, donde se sentó. A Bilbo no le gustaba nada, había algo en él que le producía un sentimiento de precaución y repelo. El enano no era atractivo, no al menos lo que Bilbo consideraba atractivo, no tenía ese porte que Thorin tenía, no irradiaba poder como él, aunque si que irradiaba autoridad. No le gustaba cómo le miraba, como si fuese algo que iba a abrir en dos para ver su interior.
'Voy a ser muy claro contigo, mediano, pues en poco estaremos en Gundabad y tengo que ganar ese terreno lo antes posible.' Rugur dio un sorbo y Bilbo intentó acomodarse lo mejor posible en el suelo. Era piedra y estaba duro. Hacía mucho que había olvidado lo que era dormir y sentarse en el suelo, pero estaba claro que iba a recordarlo en seguida. 'Ahora me perteneces.'
'¿Perdona?' Dijo Bilbo en su tono más cortés.
'Ahora eres de mi propiedad.'
'Lo siento mucho, pero me temo que no soy de la propiedad de n…' Pero no tuvo tiempo de acabar esas palabras, pues Rugur le dio una bofetada en toda la cara que hizo que su dolor de cabeza volviese de nuevo con más fuerza.
'No tengo tiempo para amaestrarte. No sé lo que hizo Thorin, pero yo no tengo su paciencia.' Su tono frío y con un poco de cansancio en la voz.
Bilbo le miró y se dio cuenta de que estaba en una situación completamente distinta a todo lo que había vivido. Tenía un problema, uno serio. Tenia que huir cuanto antes, pues no sabía que iba a pasar con él. En esos momentos temió por su vida como había temido tantas veces antes durante su aventura, pero esta vez había algo más, algo que le inquietaba y desconcertaba, algo que hacía diferente esta situación de las otras. Ahora estaba esposado.
/
Argola recibió la noticia con el entrecejo fruncido. No le gustaba nada. Sabía que no era asunto suyo, que no debía meterse, pero también sabía que había firmado un pacto de lealtad. Se lo debía a Thorin. Además, si ella le ayudaba ahora, seguramente él la ayudaría a ella a ganar poder en el Orocarni una vez los Puños de Hierro fuesen más débiles. Era una buena idea. Así ayudaría al rey y sacaría provecho para su pueblo. Podía ir con eso a su consejo y convencer al ejército.
Pidió que trajesen al cuervo que hacía de mensajero entre ambos reinos y escribió una carta a Thorin, dándole instrucciones al animal de que solo él podía abrirla.
"Rugur a abandonado Nurunkizdin. Su ejército se dirige sin duda a Gundabad. Dado que va a invadir un terreno que pertenece a tu pueblo, me he tomado la libertad de mover parte de mi ejército para allá, en caso de que necesites ayuda. Llegaremos lo antes posible.
Que Mahal guie tu hacha."
No firmó, pues así si alguien interceptaba la carta no sabría quién la mandaba. Se la entregó y vio al cuervo volar fuera de su mansión.
'Llama a mi consejo y al jefe de mi ejército. Tengo algo que proponerles con urgencia.'
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No tenía ninguna prueba, ninguna forma de validar su idea más que una corazonada, pero a su compañía solo le bastaba con eso. No era la primera vez que Thorin se había dejado guiar por su corazón y no sería la última. Gracias a ello estaban en Erebor, gracias a ello seguían todos con vida, por lo que Dwalin se cayó y apoyó en todo momento a Thorin.
'Podría ser cualquiera.' Dijo Gloin. 'Podía ser uno de los humanos.'
'Si hubiese sido un humano habríamos dado con él.' Respondió Dori.
'O habría pedido una recompensa.' Añadió Ori.
'Han pasado demasiadas horas para quien sea que se lo haya llevado tenga intención de devolverlo.' Dijo Nori. 'Lo siento.' Añadió mirando a Thorin, el cual asintió en señal de que estaba bien.
'Pero, ¿qué nos hace pensar que ha sido ha sido Rugur?' Preguntó Kili, el cual había estado cayado hasta ahora.
'El embajador a dejado Erebor sin previo aviso. Yo considero eso algo sospechoso.' Contestó Fili a su hermano.
El príncipe heredero no se había tomado nada bien el asunto. Se sentía profundamente culpable, y así se lo había hecho saber a Thorin antes de que llegasen los demás, cuando estaban a solas. Thorin no le había regañado, no le había hecho sentir culpable, sino todo lo contrario. Su tío había sido comprensivo, cariñoso, como cuando era un niño y cometía un error en el entrenamiento. Pero eso solo había hecho que Fili se sintiese peor. Su tío le había dado una gran tarea, una muy importante, y él le había fallado.
'¿Ninguna idea de a dónde ha ido?'
'No. Es como si se lo hubiese tragado la tierra.' Dijo Fili.
Fue entonces cuando Thorin tuvo una idea. Se alejó del grupo para poder pensar. Los demás siguieron discutiendo sobre qué hacer y qué había pasado. Dwalin le miró y ocupó su lugar, para que nadie notase la ausencia. Se fue y miró el gran mapa que tenía en la pared. Ahí debía de estar la respuesta.
"Es como si se lo hubiese tragado la tierra."
Buscó Nurunkizdin y trazó la ruta más rápida para llegar a Gundabad. Pasaba por el Bosque Negro. Si lo bordeaba por la izquierda se acercaba mucho a Lorien y a otras tierras en las que no sería bienvenido. Si bordeaba el bosque por la derecha, la ruta más rápida en llano, pasaba obligatoriamente entre Erebor y Urâd Zirnul. Por ahí un ejército se vería, no había forma de ocultarlo, por lo que tendría que haber otra ruta, a no ser…
Un cuervo entró en la sala por una de las altas ventanas. Nadie se dio cuenta, pues estaban demasiado centrados en sus discusiones, pero el cuervo voló sobre sus cabezas y se posó delante de Thorin. Thorin alargó la mano y el cuervo se estiró, para que pudiese ver el mensaje que había en su pata. El rey lo desató y acarició al cuervo. Este se fue a una esquina, pero no se alejó mucho del rey. Thorin abrió la nota y leyó las palabras de Argola.
Miró el mapa de nuevo.
"Es como si se lo hubiese tragado la tierra."
Y fue entonces cuando lo comprendió.
/
Bilbo había llegado a la conclusión de que el enano que tenía delante no estaba bien de la cabeza. Sin embargo, tenía que seguirle la corriente. No podía hacerle ver que lo que decía era un disparate. Él no tenía poderes mágicos, no había ningún truco, no había nada en él que lo hiciese especial. Aún así el enano estaba convencido de que él era la clave para su éxito en Gundabad. Bilbo no sabía qué es lo que se esperaba de él, pero estaba claro que se esperaba algo.
Los días pasaron bajo la tierra, y Bilbo echaba de menos el calor del sol, el frescor del aire. Había pensado que residiendo en una montaña vivía alejado de la naturaleza, pero no era cierto. Ahora lo veía. En Erebor siempre había brisa, siempre había luz, aunque no fuese siempre solar. Había calor y vida. Aquí no. No supo cuanto tiempo llevaba allí, pues no había diferencia entre le día y la noche. Lo trasladaban en una carrera en medio del basto ejército y por las noches dormía en una esquina, alejado del calor del fuego, esposado. No había averiguado la forma de escapar, pero estaba haciendo progresos con el jefe de los Puños de Hierro.
Después de unas cuantas charlas, Bilbo había decidido que lo mejor era mentirle, hacerle ver que sí, que tenía cualidades mágicas secretas que le harían ganar la guerra contra los orcos. Para ello tenía que inventarse historias y siempre estar atento, pues aunque loco, Rugur no era idiota.
'Quiero saber de tu relación con Thorin.' Dijo una noche el enano mientras se quitaba la armadura. Bilbo en el suelo, sus manos atadas al poste que había en una esquina, como siempre que le enano quería hablar con él en privado. 'Me han dicho que pensaba casarse contigo. ¿Por qué?'
Porque me ama, pensó. Pero no podía decir eso. No quería pensar en Thorin, pues el corazón le dolía al hacerlo. El enano estaba siempre en su mente, y Bilbo no paraba de pensar en lo mal que lo estaría pasando. Esperaba que las pesadillas no se hubiesen intensificado, que no persiguiesen a Thorin ahora que él no estaba para mantenerlas a raya. Esperaba que estuviese bien, que la compañía le estuviese apoyando. Bilbo sabía que Thorin le encontraría, pero no sabía si antes de la muerte segura que le esperaba si llegaba al campo de batalla. Dardo yacía en su cuarto en Erebor, y dudaba mucho que le fuesen a dar un arma.
'No lo sé.' Respondió. 'Debería preguntárselo a él, mi señor.' El "mi señor" lo había empezado a decir desde la segunda noche, cuando había visto que calmaba a rugur y hacía que no tuviese respuestas violentas hacia él.
Rugur sonrió y se acercó un poco. Bilbo se mantuvo firme. 'Eso fue lo que confirmó mis sospechas, que Thorin quisiese casarse contigo. Al principio me pareció extraño, pues no es natural. No hay nada natural en juntar nuestro linaje con el de unas criaturas más parecidas a conejos que a seres de verdad. Pero ahora…'
Bilbo estaba acostumbrado a su xenofobia, no era la primera vez que le adoctrinaba sobre lo perfecta que era la raza de los enanos y lo insignificante que era la suya y el resto. Sin embargo, vio como su voz cambiaba, como había algo en ella que decía que estaba empezando a pensar de forma distinta. El Bilbo de antes de la aventura ahora mismo estaría muerto de miedo llorando en la esquina. El Bilbo de después de la aventura estaría en dicha esquina pero sin decir nada. Pero él no era ninguno de esos Bilbos, él había vivido casi un año en Erebor al lado de Thorin, había crecido y había descubierto cosas sobre él mismo que hasta entonces desconocía. Fue precisamente gracias a eso por lo que se dio cuenta de que, si jugaba bien sus cartas, podía escapar de allí. Rugur era la respuesta.
'¿Quizás vio algo más que mis dotes?' Dijo intentando sonar igual de sensual que cuando se sentaba encima de Thorin. Algo dentro de él se removió, pero respiró fuerte y siguió con el plan. Debía ser muy cauteloso, debía dominar la situación. No era un guerrero, no podía salir de allí rompiendo las cadenas y matando enanos, pero podía manipularlos.
Rugur le miró fijamente, como contemplando las posibilidades de lo que le acababa de decir. Finalmente se alejó de él, acercándose a donde tenía el alcohol y bebiendo un trago.
'Veo que la lealtad de sus soldados hacía usted es abrumadora, morirían por vos sin dudarlo un segundo.'
'Lo harían.' Dijo Rugur dando otro trago.
'¿Cómo se consigue una lealtad así? Si se me permite la pregunta, mi señor.'
Rugur soltó una risa seca y le miró. 'No estas acostumbrado a un líder de verdad.' Dijo, y se acercó un poco más a él. 'No me extraña. A Thorin solo le siguieron doce enanos, la mayoría de los cuales no son más que escoria de la sociedad. Sin embargo, a mí…'
'A ti te siguen cientos.' Completo Bilbo cambiando de registro, intentando hacer la conversación más personal.
Rugur le miró de nuevo y Bilbo aguantó la mirada. Por dentro tenía miedo, sabía que estaba jugando a un juego peligroso, que lo más seguro es que no saliese bien, pero también sabía que si salía bien era su única vía de escape.
'Exacto.' Rugur dio otro trago y se acercó a él, sentándose delante con la botella, con la distancia adecuada para no tocarlo, pero si para poder observarlo de cerca. 'Nunca había visto a uno de los tuyos. ¿Sois todos iguales?'
'No.' Respondió Bilbo 'Somos muy distintos. Pero si te refieres a mis dotes, solo yo las tengo.' Bilbo quería asegurarse de que pasase lo que pasase nadie fuese a la Comarca a secuestrar a sus familiares y amigos. Ellos no sabría qué hacer, no tendrían ninguna posibilidad y no merecían eso simplemente porque Bilbo había sido un inconsciente.
'¿Por qué?' Había claro interés en su voz.
'Fue mi madre, ella fue producto de la mezcla de un hobbit y un hada de los bosques y arroyos. Fue ella la que me pasó el don antes de perder la vida.' Era una mentira tan grande que no sabía si se la iba a creer.
Rugur le miró fijamente a los ojos y alargó la mano despacio, tocando su mejilla, como si quisiese acariciarla pero no supiese cómo. 'Producto de la magia.' Dijo en un tono de voz más suave. Bilbo quería alejarse, huir de esa supuesta caricia, pues era como veneno de serpiente, pero no lo hizo. Simplemente le miró y se mantuvo quieto, dejando que Rugur le tocase la cara. De repente quitó la mano, como si una rayo le hubiese obligado, y se fue, sin decir palabra.
/
Thorin se despertó aún con los gritos de dolor de Bilbo en su cabeza. Desde que el hobbit había desaparecido le había sido casi imposible conciliar el sueño, y cada vez que lo hacía las pesadillas lo atormentaban. Sabía que Bilbo seguía con vida, podía notarlo, sin embargo no sabía donde estaba, cómo se encontraba. Sabía lo suficiente de Rugur como para estar seguro de que el hobbit no sería bien tratado. El enano era un xenófobo, un clasista, alguien que prefería la guerra y el poder a la paz y la igualdad. Era todo lo que Thorin detestaba, pues no solo tenía todos esos defectos que él odiaba, sino que además era un don nadie con aires de gran señor. Rugur nunca debió ser el líder de los Puños de Hierro, no había ni un ápice de sangre real en él, nada que le hiciese merecedor de guiar al pueblo de Sindri. Pero se había abierto camino gracias a guerras y asesinatos en cubierto. Conocía de lo que era era capaz y sabía que debía recuperar a Bilbo cuanto antes.
Otra parte de él le decía que Bilbo estaría bien. Siempre había sido el hobbit quien le había rescatado a él y a los suyos, siempre les había sacado de todos los apuros, por lo que seguramente saldría de esta. Pero aún eso no le ayudaba a estar en paz. Esta vez era distinta, esta vez sería él quien ayudaría al hobbit. Ya era hora de que actuase como uno de los heroes de esas historias que a Bilbo tanto le gustaba leer. Era lo mínimo que podía hacer, y si para ello tenía que ir a una guerra, iría.
La guerra era otro asunto que le preocupaba. No quería ir a otra. Había vivido la suficiente muerte, había visto demasiada gente de su pueblo morir para llevarles a otra batalla más. También sabía que no debía tentar a la suerte, sabía que después de todo lo que había vivido debía de estar muerto, que si iba a otra batalla era difícil que consiguiese volver. Pero la guerra era inevitable. No solo porque se había llevado a Bilbo, sino que habían ido a conquistar un terreno que por historia y legado le pertenecía.
"Es una ofensa mayor que cualquier otra." Había dicho uno de los miembros del Consejo, y todos le habían apoyado. No podía quedarse sentado y dejar que le arrebatasen un terreno que había pertenecido a su familia durante generaciones, solo perdido cuando el dragón había atacado. No, Gundabad era parte de su legado. Y aunque nunca expondría a su pueblo a la guerra por Bilbo, pues por mucho que amase al hobbit no podía imponer sus intereses a los de su pueblo, si iría a la guerra por defender la tumba de Durin.
Había dado la opción a todo su ejército de quedarse. No iba a obligar a nadie a luchar, no por una tierra llena de orcos. Si alguien quería quedarse no sería tratado de forma distinta. Sin embargo, nadie había dicho no. Todos habían jurado su lealtad, diciendo que irían allí donde su rey fuese. Nadie sabía de la desaparición de Bilbo fuera de su círculo más íntimo. No podía decir que habían raptado a su prometido a las afueras de su pueblo. La imagen que daba de él era inaceptable. ¿Cómo podía jugara a su pueblo que les defendería de cualquier mal si no era capaz de proteger a un solo hobbit? Nadie debía enterarse, por eso era vital que todos creyesen que iba a Gundabad con el único objetivo de recuperar su tierra sagrada. Aún así Dain lo sabía, el cual había jurado guardar silencio, pues veía que si salía a la luz, el golpe para la imagen de Thorin como líder y rey se vería tocada.
"Ningún malnacido va a mancillar la tumba de Durin con su presencia. Y ningún malnacido va a estropearte la boda, primo. No después de todo el tiempo que has tardado en decidirte por un esposo."
Esas habían sido sus palabras y Thorin había sonreído al escucharlas. Contaba con Dain, con que se quedase en Erebor y lo vigilase en su ausencia, y sabía que Argola vendría. Argola había sido una nueva incógnita en la ecuación, algo que no había previsto pero que ahora le era vital. Sabía que ésta hacía lo que hacía por motivos personales. No dudaba de su lealtad, pero nadie movía a su ejército, o parte de él, si no esperaba sacar beneficio. Tendría que hablar con ella sobre qué era exactamente lo que quería, pero ese era un problema para otro momento.
Se levantó y se dirigió a su oficina, donde tenía una réplica del mapa que había mandado trazar. Al principio su idea había sonado absurda, pero Bofur le había dado la razón nada más oírla. Había dado la orden de empezar las excavaciones, y estas habían estarían a punto de acabar. Thorin estaba convencido de que Rugur había utilizado los conductos hechos por los comedores de tierra para mover su ejército sin ser visto. Así llegaría a Gundabad sin levantar sospechas y así se había llevado a Bilbo. Todos los que se habían hecho en la Batalla de los Cinco Ejércitos habían sido tapados, evitando así que alguien pudiese usarlos o que se convirtiesen en refugio de delincuentes. En una horas amanecería y uno de los conductos sería abierto, y con ello su teoría quedaría confirmada.
/
Bilbo notaba los ojos de los guerreros en él. Sabía que era una criatura extraña para ellos, que nunca habían visto un hobbit. Había uno, más joven que le resto por la corta barba, que le miraba más que los demás. Era el mismo que no participaba en las obscenas conversaciones de los militares cuando paraban a descansar. Bilbo le llamó, haciendo que se acercase a donde le habían atado con un pequeño bol de comida. Desde que había llegado no había hablado con nadie, pues todos huían de él como si tuviese alguna enfermedad contagiosa, sin embargo, al estar atado en la oscuridad, tenía fe en que le enano viniese.
'¿No disfrutas la conversación?' Preguntó con toda la amabilidad que pudo.
'No.' Fue todo lo que dijo. Le miró y se dispuso a irse.
'¿Por qué nadie me habla?' Preguntó Bilbo, intentando mantenerle un poco más de tiempo con él.
El enano se paró y le miró. Miró a su alrededor y al ver que nadie les hacía caso, se giró al hobbit. 'Está prohibido. Nadie debe acercarse a ti, nadie debe tocarte a no ser por orden de Rugur.'
'Sin embargo, aquí estás tu.'
El enano miró al suelo, como si estuviese avergonzado, y Bilbo pensó que quizás había juzgado mal al ejército de Rugur, quizás todos no fuesen una panda de brutos animales.
'Nadie nos presta atención, si quieres podemos hablar. He visto como me miras, seguro que tienes preguntas que hacerme. Y también he visto como no hablas con los otros.' Su tono amable, como el que ponía cuando se acercaba a un niño que no conocía.
'No, son unos idiotas. No dicen nada interesante.' Contestó el enano acercándose un poco más a él, con esa bravura propia de la edad. Le recordaba a Kili.
'¿Qué sería interesante para ti?' Preguntó Bilbo.
'No sé, algo nuevo. Siempre están con lo mismo, con la guerra y batalla.'
'¿No es por eso por lo que te hiciste soldado?'
'No.' Contestó el joven enano. 'Fue por mi familia. Mi madre está enferma y mi padre no puede trabajar. Era lo que más dinero daba.' Dijo con pesar en su voz.
'¿Qué te hubiese gustado ser? Si hubieses podido elegir.' Preguntó Bilbo, pues notaba cómo el enano quería hablar con él, quería ver si podía conseguir hacerse su amigo para que le ayudase a escapar.
El enano miró a su alrededor de nuevo, cercionándose de que nadie les escuchaba. 'Carpintero.' Dijo. 'Me gusta la madera. Sé que no está bien visto, que no es una trabajo noble, pero me gusta.'
'A me me parece una profesión tan noble como cualquier otra. Creo que hay que ser muy bueno para poder ser carpintero.'
El enano le miró sorprendido. '¿A los tuyos les gusta la madera?'
'Nos encanta. Aunque la usamos más para juguetes y artesanía, pues con tanta roca como hay en Erebor, usarla para la construcción sería absurdo.'
'Me refería a los de tu raza.' Dijo el enano con tono sorprendido.
Bilbo no se había dado cuenta de que cuando le había dicho "los tuyos" se refería a su raza. "Los suyos" en su mente eran Thorin y su familia. Sus amigos. Erebor.
'Nuestras casas están construidas la mayoría de veces bajo tierra, pero las decoramos con todo tipo de muebles de madera, y vigas para su sujeción.' Dijo sin poder evitar un poco de melancolía en su voz. Hablar de madera y su trabajo siempre le había apasionado, sin embargo, ahora solo podía pensar en grandes columnas que se elevaban hasta el cielo, en suaves superficies talladas hasta que le brillo reflejase su cara. En el olor a incienso en el aire al caer la tarde, en el replicar de campanas de oro dando las horas.
'Suena apasionante, me encantaría verlo.' Dijo el enano animado.
'Quizás algún día puedas, yo nunca seré capaz de verlo de nuevo.' Dijo él llevándose la conversación a su terreno. Huyendo de imágenes que no estaban a su alcance.
Vio como la cara del enano cambiaba, como le miraba con pena. 'Siento que estés así, me han dicho que eres clave para la victoria en la batalla. Aunque no sé cómo es eso posible, alguien tan pequeño e indefenso como tu.'
'Yo tampoco lo sé.' Dijo Bilbo.
El enano iba a decir algo más, pero vio que la gente empezaba a moverse, dejando el fuego y tuvo que irse, aunque no sería la única vez que hablarían, de eso Bilbo estaba seguro.
/
'Han pasado por aquí.' Dijo el jefe de la excavación. 'Yo diría que hace una semana. Las marcas en el suelo no son tan frescas, ni los desperdicios.'
Thorin asintió. Tenían que ir en su búsqueda, pero tampoco podía dar con ellos bajo tierra. Una batalla así sería un exterminio. Tenían que combatir en campo abierto, y eso significaba tener que esperar a que Rugur llegase a Gundabad para detenerlo. Lo malo de ese plan era que no solo combatiría con el ejército del enano, sino contra el de los orcos. Además, se arriesgaba a que Bilbo no siguiese con vida. Pero no tenía otra opción. Si hubiese una forma de mandar a alguien, si pudiese rescatar a Bilbo antes de la batalla, eso le permitiría que Rugur se enfrentase a los orcos y que Thorin solo tuviese que luchar contra quién fuese el ganador. Pero ¿cómo? No podía mandar a un enano, pues sería descubierto.
Roäc descendió y se posó en el hombro de Thorin. Veía como el rey estaba mal, preocupado, dolido. Habían raptado a la criatura con la que iba a casarse, el hobbit, y eso había enfurecido a Roäc. El hobbit siempre le había tratado bien, siempre le llevaba comida y le limpiaba las alas. El hobbit le dejaba quedarse dentro de los aposentos del rey, algo que Thorin no solía permitir. El hobbit era cariñoso y bueno, y hacía feliz a Thorin.
Thorin movió el brazo, y Roäc se posó en él. Soltó un pequeño graznido cuando notó los dedos de Thorin entre sus plumas, acariciándolo.
'Si hubiese una forma de llegar a él.' Dijo el enano en voz baja, como siempre que hablaba consigo mismo.
Roäc movió la cabeza. Había escuchado todo lo que el minero había dicho, y el cuervo que había llegado de Argola le había informado de lo que él sabía. El hobbit debía de estar en ese túnel, con todo el ejército de Rugur.
'¿Qué hacemos?' Preguntó uno de los miembros de la compañía.
Thorin se giró, pero permitió a Roäc seguir en su brazo. Explicó el problema y el cómo necesitaba de una solución.
'Podría ir yo.' Dijo el enano con el pelo en picos. 'Podría infiltrarme en su ejército, liberar a Bilbo.'
'¿Y cómo escaparías?' Preguntó el más gordo de todos. 'Darían contigo.'
'No, necesitamos informar a Bilbo, hacerle saber que vamos para allá. Tiene que saber que debe ponerse a salvo en la batalla, esconderse el tiempo suficiente para que lleguemos allí.'
'No podemos arriesgarnos a que Bilbo vaya a la batalla. No tiene ninguna posibilidad.' Replicó uno al comentario del rey.
'Bilbo es capaz.' Dijo el príncipe heredero. 'Sabe luchar. No es su primera batalla.'
'Además, le hemos enseñado el arco y las dagas, Thorin ha perfeccionado su manejo de la espada.' Añadió su hermano. 'Puede valerse por si mismo.'
'Siempre y cuando tenga un arma.' Dijo el jefe de la Guardia el Rey.
Todos se callaron. Fue entonces cuando Roäc tuvo una idea, pero no sabía si debía hablar o no. Se movió inquieto, notando en sus patas el cuero que protegía las manos y los antebrazos de Thorin. El rey no le había preguntado, no era su lugar hablar, pero pensaba que podía ayudar. Además, ya había roto el protocolo una vez, cuando Thorin había vuelto a la montaña.
'¿Qué sucede?' Preguntó el rey notando su incomodidad.
'Tengo una propuesta.' Dijo, y notó como algunos reían, pero no supo quién.
'Dime.' El tono del rey atento.
'Podría ir yo a avisar al hobbit. Así sabría que estáis en camino y de paso os podrías comunicar.'
Todos callaron.
'Te verían y te darían caza.' Dijo el rey.
'Sé cómo esconderme en las sombras. Nadie notaría mi presencia.'
Thorin le miró y Roäc vio en sus ojos que iba a decirle que sí. Tenían esa conexión que hacía que el cuervo supiese lo que pasaba por la mente del enano, conexión que se hacía más fuerte cada día. Y Roäc se movió contento justo antes de que Thorin le diese permiso en voz alta.
/
Rugur estaba inquieto. Aún rodeado de riquezas, de muestras de poder, y estando de camino a conquistar Gundabad y hacerse el señor de las Montañas Grises. Su plan iba a funcionar, pero aún así estaba inquieto. Se levantó de la cama y cogió la botella de alcohol. No pudo evitar pensar en su esposa, en la cara de reproche que le ponía siempre que bebía de noche. Dio un trago largo, intentando olvidar lo mucho que la odiaba, pues aunque en un principio le había gustado su belleza y su dinero, ahora aborrecía estar cerca de ella. Sabía que ella huía de él, que le daba asco. No recordaba la última vez que habían follado, pero sabía que había sido decepcionante. Él siempre había querido algo más, algo que sabía que no estaba bien visto, pero que no podía dejar de imaginar. Más de una vez se había tocado pensando en poner a su esposa de rodillas y hacerle chupar tu polla, en luego colocarla a cuatro patas y metérsela por detrás. Quería escuchar sus gritos, la angustia en su voz.
Se tocó la entrepierna, notando como su miembro empezaba a endurecerse. Sabía que eso nunca sucedería, algo así no estaría bien visto, algo así saldría a la luz. Él no podía permitir romper la imagen de enano tradicional que tenía. Sabía que sus deseos eran sucios, eran de seres inferiores…
Seres como el hobbit.
Fue un pensamiento fugaz, pero que se quedó en su mente. Se preguntó si los medianos tendrían esas prácticas, siendo más parecidos a conejos que a enanos u hombres. Y ese pensamiento le llevó a otro, a Thorin cogiendo al mediano y dominándole, abriéndole las piernas y entrando en él una y otra vez. Quizás era así cómo le había sometido. Quizás algo en ese acto le había dado poder. Quizás…
Sabía que lo que pensaba no era más que el alcohol hablando, que alguien como él no debía juntarse con escoria como la que tenía atada a fuera, como si de un perro se tratase. Pero al mismo tiempo no podía parar de imaginar al hobbit de rodillas, con la boca abierta y ahogándose mientras él se movía en su garganta. ¿Sería ese el motivo por el que Thorin iba a casarse con él? ¿Serían ese los dones de los que había hablado antes?
/
Bilbo había estado observando al ejército, pues no tenía nada mejor que hacer. Y había descubierto una cosa. Los jefes y enanos en posiciones de poder eran brutos y salvajes, con un toque animal que hacía que Bilbo recordase lo pequeño y débil que era él en comparación. Que por primera vez en su vida temiese a un enano. Sim embargo, el resto no eran así. El resto parecían normales, la raza que él había llegado a amar y aceptar como familia. Pero estos, a diferencia de su pueblo, vivían con miedo. Bilbo lo veían en sus ojos, en sus acciones, en sus palabras. Tenían miedo, y no a la batalla, sino a su señor, a sus líderes.
Viven en una tiranía, pensó. Rugur les controla a base de fuerza, no de lealtad.
Eso le entristeció, pero al mismo tiempo le dio una idea. Tenía que hablar con Thorin, decirle cómo se encontraba realmente el pueblo de los Puños de Hierro, hablarle de la tiranía de Rugur y decirle que debían ayudarlos. Pues según lo veía Bilbo, Thorin no solo era el rey del pueblo de Durin, sino el del resto de enanos. Él era el único heredero de los siete padres, por lo que el resto le debía lealtad. No sabía si otros enanos que no fuesen Barbiluengos sentirían en sus venas esa necesidad de sumisión y obediencia de la que le había hablado Dís, pero tenía que intentarlo. Rugur estaba llevando a su pueblo a una guerra que no podían vencer, estaba sacrificando sus vidas por un deseo propio, y eso enfermaba a Bilbo. El egoísmo y la megalomanía de Rugur tenían que acabar, y él pensaba ayudar a ponerles fin.
Continuará…
Nurunkizdin: Capital de los Puños de Hierro en el mar del Rhûn
Urâd Zirnul: Colinas de Hierro (nombre dado por los habitantes de Erebor)
