AN:Hola. Este le publico hoy Martes en vez de ayer Lunes porque no pude acabarlo. Lo siento. Muchas gracias por todos los comentarios que me dan la vida y me ayudan a seguir. Adoro que me contéis lo que os gusta o no o lo que queréis que pase. besos y FELIZ NAVIDAD:
El warning del anterior se aplica también a este.
I can't win, I can't reign
I will never win this game
Without you, without you
I am lost, I am vain,
I will never be the same
Without you, without you
I won't run, I won't fly
I will never make it by
Without you, without you
I can't rest, I can't fight
All I need is you and I,
Without you, without you
Cuando finalmente pararon para descansar, le colocaron detrás de la tienda de Rugur. Bilbo no sabía a qué era debido el cambio, pero no pensaba quejarse. Necesitaba hacer que el líder fuese vulnerable, necesitaba saber más de él y conseguir su confianza. Había muchas cosas que había pensado ese día de las cuales necesitaba respuesta, y una de ellas la descubrió sin tener que hacer nada.
Oyó como entraba en la tienda el que suponía que era el capitán de Rugur y le explicaba todo lo que sus enanos le habían dicho. Bilbo se enteró de que Rugur había mandado inspeccionar lo que tenían delante, enanos que habían descubierto cómo estaba Gundabad y de la agrupación de los orcos que allí quedaban. Sus soldados le habían informado sobre los planes de los orcos y de cómo pensaban tenderles trampas en el terreno. El capitán le dio un mapa con la situación de la zona y eso hizo que Rugur riese en voz alta, una risa que molestó a Bilbo. Aún así, pensó que sería buena idea hacerse con ese mapa. Estaba seguro de que Thorin había movilizado su ejército una vez se hubiese dado cuenta de que había desaparecido. Su enano iba a entrar en Gundabad y recuperar la tumba de su antepasado y nadie iba a impedirlo. Mejor si conseguía el mapa y se lo daba al rey. Menos bajas en la batalla, pero, ¿cómo?
Oyó un ruido y se giró. Era el enano con el que había estado hablando las últimas noches. Se acercó a él, alejándose de la tienda todo lo que la cadena le permitía. Nada más llegar sonrió, el enano le correspondió la sonrisa.
'Te he traído algo de comer.' Dijo este.
'Muchas gracias.' Dijo Bilbo aceptando el pedazo de pan.
Estuvieron un largo rato hablando. El enano, cuyo nombre era Toya, le habló de su familia, de su tierra, y le hizo preguntas a Bilbo de la suya. Bilbo decidió hablarle de Erebor, de lo hermosa que era, de lo mucho que la echaba en falta. Quería que el enano viese que había más opciones para él que seguir a Rugur, quería mostrarle que no todos eran como su líder, que si se fiaba de él y le ayudaba, él le daría una vida mejor.
'¿Cuántos años tienes?' Preguntó Bilbo.
'Sesenta y ocho.' Dijo mirando al suelo. 'Pero todo el mundo piensa que tengo setenta y ocho.'
'Eres menor de edad.' Dijo el hobbit sorprendido.
'No me hubiesen dejado alistarme si no hubiese mentido.' Le confesó. 'Y necesitaba el dinero.'
'Para tu familia.' Completó Bilbo. Toya asintió.
Hubo un silencio en el que ninguno dijo nada. En el campamento se oía de lejos las risas de los soldados, el asar de la carne. Fue entonces cuando Bilbo se decidió y probó suerte.
'No tendría porqué ser así.' Le dijo a Toya. 'No tienes por qué luchar.'
'No me queda otra opción.'
'Si me ayudas,' le dijo con tono calmado y sincero 'puedo ayudarte. Puedo darte una nueva vida, haciendo lo que te gusta. Puedo encargarme de que a tu familia no le falte de nada.' Con esto no solo había puesto en riesgo su vida, sino también su plan de escape, pero no podía esperar más. En nada llegarían a Gundabad y él tenía que huir antes. Para entonces sabía que los enanos que seguían a Rugur no lo hacían por lealtad ni sangre, no tenía los mismo vínculos que tenían los soldados de Thorin. Había esperanza, y miró al enano suplicándole con los ojos.
'Eso es imposible.' Dijo este negándose a creer lo que le decía el hobbit.
'No lo es. Escucha. Si me ayudas a escapar, te prometo una casa y un trabajo en Erebor. Puedo cumplir mi palabra, dado que voy a casarme con el rey.'
El enano le miró y abrió la boca. 'Es imposible, ¿tu?'
'¿Por qué crees sino que estoy aquí? Es el único motivo por el que me quiere Rugur. Escucha. Thorin, él… él es mi merlar, pero Rugur no acepta eso. Piensa que hay magia en mí que ayudó al rey a recuperar Erebor y que esa magia que poseo le va a ayudar a ganar esta guerra, que por eso me quiere Thorin. Pero es mentira. No hay magia en mi y si vamos a esa batalla todos van a morir. Tu morirás, pues he visto la destrucción y la muerte que los orcos dejan a su paso, y si no me equivoco, esta va a ser tu primera batalla. Y si tu mueres, ¿quién cuidará de tu madre y padre?'
El enano miraba al hobbit intensamente y Bilbo sabía que estaba escuchando sus palabras, pero sabía que no era suficiente. Tenía que hacerle ver que corría peligro. 'Escucha, Toya. Yo también tengo miedo. No sé lo que va a ser de mi, no sé qué me va a pasar. Sé que parece que te estoy pidiendo mucho, pero la verdad es que solo necesito librarme de estas cadenas, nada más. Nadie tiene que enterarse, nadie tiene que saber que has sido tu.'
Estuvieron en silencio un rato, Bilbo esperando una respuesta.
'¿Cómo vas a ayudarme si te desato? ¿Qué me hace pensar que no me abandonarás? ¿Qué tu historia es cierta?'
Bilbo pensó en qué podía hacer para que se fiase de él. Necesitaba algo físico, pues sabía que el enano nunca se fiaría solo de su palabra.
'Hay un anillo de oro en mi mano con una inscripción en su interior. Cógelo. Cualquier enano en Erebor sabrá que me has ayudado, que yo te lo he dado.' El enano lo cogió y miró.
'Tiene el signo de la realeza.' Dijo sorprendido.
'Te he dicho que iba a casarme con el rey.' Contestó Bilbo.
'Ahora te creo.' Dijo Toya. 'Si me prometes una casa y un trabajo de carpintero, hallaré una forma de liberarte de las cadenas. Después los dos nos iremos juntos. No quiero ir a la guerra, no sabiendo que lo único que se supone que iba a salvarnos es en verdad mentira.'
'Además,' añadió Bilbo 'hay algo que no te he dicho, pero que debes saber, pues confío en ti. El rey Thorin va a venir, sabe de los planes de Rugur y no va a dejar que un enano que no sea él ocupe los terrenos donde yace su antepasado. Cuando el rey venga, estoy seguro de que los que quedan con vida después de la batalla, no vivirán para contarlo.' Bilbo sabía que sus palabras no eran mentira. Conocía a Thorin lo suficiente como para saber que una vez enfurecido, su ira no tenía medida.
'¿El rey va a venir?' Había preocupación en su voz, y Bilbo vio que no todo estaba perdido, que podía haber ese vínculo también de lealtad en los Puños de Hierro.
'Han raptado a su prometido y van a invadir la tierra donde yace su antepasado, Durin el Inmortal. ¿Tu no vendrías?'
Toya se mantuvo en silencio unos segundos, mirando el anillo. Finalmente se lo guardó en el bolsillo y miró al hobbit con pasión en sus ojos. Bilbo sabía que todo lo que estaba pasando era gracias a un cúmulo de casualidades; que el enano fuese joven, que nunca hubiese encajado en su sociedad, que su familia necesitase dinero, que no supiese luchar. Pero si lo pensaba bien, siempre había salido de todos los líos gracias a pura suerte y casualidad.
'¿Cómo llegarás al rey sin que te vean? Te darán caza seguro.'
'Soy muy sigiloso, no darán conmigo. Pero eso quiere decir que tu no podrás venir.' Dijo Bilbo.
Oyeron un ruido de metal y se separaron, preocupados de que alguien estuviese cerca. Solo había sido un enano que había golpeado una armadura debido a su embriaguez.
'Pero si me quedo…' Dijo Toya volviendo a la conversación.
'Volveré a por ti. Además, si te vas sabrán que has sido tu. Así nadie sospechará de ti si algo sale mal. Yo volveré con Thorin y su ejército, tienes mi palabra. Solo tienes que esconderte una vez lleguéis a Gundabad y salir a mi encuentro.'
Toya le miró fijamente y Bilbo pudo ver lo joven que era en verdad. En sus ojos aún había inocencia e ingenuidad. Por suerte, él no pensaba abandonarlo una vez le ayudase, pero sabía que si hubiese sido otro, la suerte de ese chico no sería la misma.
'No me abandones.' Dijo el enano antes de ponerse de pie, con un deje de súplica en su voz.
'No lo haré.' Dijo Bilbo. Era una promesa.
/
Thorin estaba muy, pero que muy, enfadado. Lo mantenía a raya, sabía que debía mantenerlo a raya, que había cosas más importantes en las que pensar. Pero no podía evitarlo. La adrenalina del momento se había evaporado, los planes ya estaba hechos, las decisiones tomadas y ahora solo quedaba esperar. Nunca se le había dado bien esperar. Sabía que no eran pensamientos nobles ni adecuados, pero no podía dejar de imaginarse el cuello de Rugur entre sus manos, el sonido que emitirían sus huesos al romperse. Quería verlo muerto y pensaba hacerlo. No se lo había dicho a nadie, pues sabía que matar al líder de uno de los siete pueblos no era lo apropiado para alguien que llevaba menos de una década de rey, pero aún así pensaba hacerlo.
No podía dejar de pensar en Bilbo. Tenía fe en el hobbit, sabía que estaría bien, pero cada día que pasaba se preocupaba más. Él había tenido fe en que Bilbo apareciese un día sin previo aviso, en que volviese a él como siempre había hecho. En gran parte ese pensamiento le había ayudado a seguir con todo, pero ahora, cuando los días pasaban y Bilbo no volvía, se preocupaba. Bilbo sabría calmarlo, sabría aconsejarlo. Pues necesitaba calma y consejo. Estaba llevando a su pueblo a otra guerra, y aborrecía cada paso que daba. Cada pisada era una marca física de todo lo que odiaba. Sus sobrinos iban con él, pero no porque él quisiese sino porque había sido imposible convencerlos de lo contrario. Sabía que Fili se sentía culpable por lo ocurrido y que sentía que tenía que ir para ayudar a deshacer lo hecho. Thorin le había explicado una y otra vez que no era culpa suya, pero los ojos de su heredero nunca habían brillado igual.
'Roäc debería estar de vuelta.' Dijo su hermana afilando su hacha lentamente.
Otra que Thorin hubiese querido que se quedase en casa, pero no. Ella también había venido. Por suerte Dain se había quedado a vigilar el reino y Balin se había quedado a vigilar a Dain. Pero al resto, menos a Bombur, los tenía detrás, comiendo el cerdo que habían matado dos días antes. Thorin empezaba a comprender a Bilbo y su necesidad de aire y sol. La tierra no era la roca, no era Erebor. El conducto se le hacía pequeño, asfixiante, oscuro. Quería salir cuanto antes, acabar con todo el asunto y volver a casa. Quería estar en su sillón, con Bilbo en su regazo, leyendo historias de elfos que tanto odiaba.
No contestó, simplemente dio una especia de bufido que ella interpretó como un "ya vendrá".
'Te veo muy tranquilo, nadad.'
Thorin la miró dejando que ella leyese sus verdadera emociones en sus ojos.
'O quizás no.' Dijo ella volviendo a su hacha.
'¿Tenías que venir?' Dijo él al cabo de unos minutos en silencio.
'Esto no es ir a matar a un dragón, Thorin. Vamos a matar al líder de los Puños de Hierro.' Thorin miró a su hermana al oír esas palabras. Ella sonrió ligeramente. 'No te muestres tan sorprendido, sé que ese es tu plan. Por eso estoy aquí. Necesitas que parezca un accidente, que nadie pienses que has sido tu. Y con todo mi amor, nadad, pero no se te da nada bien mentir.'
'Así que has venido a mentir por mi.' Dijo él tirando el pequeño palo que tenía en las manos al fuego.
'Alguien debe hacerlo.' El sonido de la piedra contra el acero sonó más fuerte. Dís miró su trabajo y dejó el hacha, cogiendo la otra y empezando el proceso de nuevo. 'Al menos hasta que recuperes a tu hobbit.'
Thorin miró al fuego y volvió a pensar en Rugur. Quemarlo también era una opción. Era una muerte horrible, muerte que había sufrido gran parte de los suyos…. No. No se merecía morir como su pueblo. Tenía que ser algo indigno, algo único, algo cruel.
Sabía que no estaba bien que pensase eso. Que si Balin estuviese allí las cosas serían distintas. Pero Balin no estaba allí, estaba su hermana. Hermana que siempre había estado de su lado, que siempre había contando con una mente privilegiada para la estrategia y la criminalidad. Hermana que amaba y adoraba. Sonrió sin saber muy bien porqué.
'Me alegra que estés aquí.' Le dijo sin mirarla, sabiendo que ella escuchaba sus palabras.
/
Bilbo miró a Rugur y notó que había algo distinto en él. Le miraba de forma diferente. Algo no andaba bien, no le gustaba. No era la primera vez que había visto esa mirada. Alguno de los hombres que había conocido en Bree le habían mirado así, con esa especie de deseo que hacía que un escalofrío le recorriese la espalda. Tenía que actuar lo antes posible.
'¿Qué sucede, mi señor?' Le preguntó deseando volver a estar atado al poster en el tunel.
'Me estaba preguntado, mediano, sobre tu relación con Thorin. No acabamos al conversación del otro día.'
'¿Qué es lo que queréis saber?' Buscó por la tienda cuando Rugur se dio la vuelta y vio una serie de papeles encima de una mesa. Sin duda alguna ahí estaba el mapa con las zonas de las trampas y el estado de Gundabad.
'Sobre vuestra relación… íntima.'
Bilbo miró fijamente a Rugur y supo que iba a pasar a continuación. Sabía qué era lo que quería decir el enano, por donde iba a llevar la conversación. No era la primera vez que le hablaba en ese tono y sabía que tarde o temprano acabaría… Espera. Se le acababa de ocurrir una idea. Necesitaba esos papeles, y la única forma de conseguirlos era estando en esa tienda, pero para eso necesitaba que Rugur no estuviese consciente. Un plan empezó a formarse en su mente, pero no pudo pensar en él, pues Rugur se había colocado delante de él y Bilbo sabía que tenía que empezar a controlar la situación cuanto antes.
Bilbo empezó a hablar, y le contó mentira tras mentira, averiguando por las respuestas y reacciones del enano lo que este quería realmente. Hubo un par de ocasiones donde este le agarró, pero Bilbo consigo que le soltase gracias a sus palabras. No iba a ser fácil, pero no sería la primera vez que dominase a un poderoso enano guerrero. Aunque no había comparación.
No esperó a que Rugur iniciase algo, pues sabía que si esperaba a que el otro diese el primer paso ya no sería capaz de librarse de él. Por lo que le tocó el pecho, diciéndole lo atractivo que era, lo noble y apuesto que le parecía. Mentira tras mentira, diciéndole todo lo que quería oír, bajó por su cuerpo hasta notar su erección a través de su ropa. No quería pensar en el asco que le daba todo, en lo que estaba haciendo ni en las repercusiones de sus actos. Solo sabía que, o él tomaba la iniciativa, o la tomaría Rugur. Y por lo que había visto en los días que llevaba allí, Rugur solo conocía una manera de hacer las cosas: de forma violenta.
'Si tu quisieses, mi señor, yo podría hacerte sentir como a un rey.' Metió la mano por el pantalón, notando la erección del enano y pensando que iba a necesitar mucho jabón para borrar el olor que sin duda le dejaría.
'Hay cosas… Hay cosas que deseo sentir. Fantasías que nadie ha podido cumplir.' Notaba como Rugur respiraba más fuerte y él empezó a mover la mano de forma rítmica, suplicando porque no aguantase tanto como Thorin. Thorin. No debía pensar en eso, no debía. Llevó su cara a la garganta del enano y respiró el asqueroso olor que allí había, obligándose a olvidar la imagen que había conjurado su mente.
'Yo podría cumplirlas todas.' Dijo él abriendo el pantalón con la otra mano, dejando más espacio para poder trabajar mejor. 'Podría darte placer como nadie te ha dado nunca.' Notó un poco de líquido entre sus dedos y lo utilizó para moverse mejor, para ir más rápido. Apretó un poco, imaginando que le gustaría la fuerza. Rugur gimió, y Bilbo continuó hablando en ese tono sensual. 'Dime qué es lo que os imagináis. Cómo podría haceros sentir bien.'
Rugur empezó a hablar. Le contó como deseaba sentir su boca, poder utilizarla, correrse en él. Como le follaría hasta que no pudiese sentir sus piernas, hasta que no pudiese sentir nada que no fuese su polla en su cuerpo. Le contó todo lo que le haría y Bilbo no dejó de mover la mano, no dejó de asentir, de fingir gemidos de placer, sabiendo que nada de lo que le estaba contando iba a suceder, tranquilizándose al darse cuenta de que Rugur no iba a hacer nada de todo eso. El enano no paraba de hablar de lo mucho que le haría, de cómo le usaría, pero seguía ahí, de pie, dejándose hacer. Ni siquiera había intentado tocar a Bilbo, ni siquiera le había movido a la cama. Eso fue lo que tranquilizó al hobbit y recordó el refrán que solía decir Hamfast sobre Lovelia "perro ladrador, poco mordedor". Si el enano hubiese querido hacer todo de lo que hablaba, lo hubiese hecho para aquel entonces, pero algo se lo impedía. Bilbo no quería pensar en la causa, le daba igual, solo quería acabar con lo que estaba haciendo cuanto antes.
'Eso me encantaría. Me gustaría tanto.' Decía ante las palabras de Rugur. Este empezó a respirar más fuerte y Bilbo suspiró aliviado, pues el aguante del enano era inferior al del rey.
'Sé lo que estas pensando.' Dijo Rugur abriendo los ojos, mirándole fijamente. Bilbo se asustó ligeramente al oír esas palabras, pero lo disimuló.
'¿En qué? Mi señor.'
'En lo magnífica que es.' Dijo el enano, y Bilbo tardó unos segundos en darse cuenta de que se refería a su miembro. 'No debes de estar acostumbrado a algo tan grande.' Dijo mirándolo fijamente.
'No. No lo estoy. Es una maravilla.' Fingió Bilbo, moviéndola más rápido, notando como empezaba a llegar al fin. Notó como ácido le llegaba a la garganta, como el olor le entraba por la nariz haciendo que quisiese vomitar.
'¿Es más grande que la de Thorin?' Gimió este con los ojos entreabiertos.
Bilbo acarició la punta con el pulgar mientras agarraba sus genitales con la otra mano, masajeándolos. 'Mucho más.' Mintió. 'No hay comparación.' Más quisiese él asemejarse a Thorin en algo. El llamado líder de los Puños de Hierro no era más que una mala imitación de que lo un enano debía ser. Y si pensaba que superara o igualaba al rey, estaba claramente delirando.
Pero nada de eso importó, porque con esas dos palabras Bilbo consiguió que Rugur llegase al éxtasis, con un sonido sordo, manchado el suelo y un poco la mano de Bilbo. El enano se alejó del hobbit y se sentó en la cama, intentando recuperar la respiración. Bilbo sintió nauseas, pero se obligó a respirar y tragar saliva. Miró a Rugur y vio que este se había tumbado, su pecho moviéndose con fuerza. No supo porqué, pero le dio pena al pensar que ese había sido el orgasmo más intenso que el enano había tenido en su vida. Sin poder evitarlo pensó en Thorin, en lo que pensaría él si se enterase. No. No podía enterarse, no podía decírselo. Thorin nunca debía saberlo, pues Bilbo dudaba que fuese capaz de superar el hecho de que sus manos habían tocado a otro.
No fue hasta más tarde, cuando se encontró de nuevo atado al fondo del campamento, cuando las nauseas volvieron e hicieron que vomitase lo poco que había comido ese día.
/
Roäc estaba perdido. Se había dado cuenta cuando había llegado a un túnel que bajaba. Demasiado rápido se había ofrecido voluntario. No había contado con la oscuridad, con la falta de aire, con la falta de orientación. Había dado la vuelta y cogido el otro túnel, esperando no llegar muy tarde, moviendo sus alas con todas sus fuerzas. Al cabo de mucho tiempo, vio fuego a lo lejos, y oyó ruido. Bajó el ritmo, y se posó en la tierra. Nadie podía verlo, tenía que tener cuidado. Se paseó por el campamento, buscando al hobbit, fijándose en los enanos. Eran distintos a los suyos, con ojos rasgados y piel más mortecina. Casi todos de pelo negro y rizado. Vio un hueso y lo cogió, llevándoselo detrás de un barril y sacando la carne que aún quedaba pegada. Intentó no emitir ningún ruido. Se movió, cansado al tener que utilizar sus patas para todo, pues sería mucho más fácil si pudiese volar.
Más tarde, cuando había dado casi toda la vuelta al campamento, encontró una tienda mucho mejor que el resto. Fue hasta allí, con temor pues había más luz que en otras zonas. Pero su coraje dio su fruto pues detrás de la tienda, apartado de la luz y de los demás, estaba el hobbit.
Se acercó a él, con cuidado, pues no quería alterarlo, pero vio que el hobbit no se daba cuenta de su presencia. Estaba mirando a la pared, pero su mirada iba mucho más allá, iba al infinito. Le cogió de la manga y tiró de ella. El hobbit bajó la mirada y tardó un poco en reconocerlo.
'¿Roäc?' Susurró.
Roäc asintió, pues no sabía susurrar y pensaba que iban a oírle si hablaba.
'Oh, Roäc.' Dijo el hobbit, y le cogió en brazos, llevando su cabeza al plumaje del cuervo, abrazándolo con cariño. Roäc notó como algo iba mal, había algo mal en el hobbit, sus sentidos se lo decían. Estaba triste. Por lo que se dejó abrazar y acariciar hasta que las lágrimas del hobbit pararon.
Continuará….
