AN: He vuelto después del parón de Navidad. Espero que sigáis ahí. Como os prometí pienso acabar esta historia, y ya nos estamos acercando a la parte jugosa. Gracias por cada uno de vuestros comentarios que hacen que esta historia siga adelante. Nunca dejéis de darme vuestra opinión, lo adoro.
Ouch, I have lost myself again
Lost myself and I am nowhere to be found,
Yeah, I think that I might break
Lost myself again and I feel unsafe
Be my friend
Hold me, wrap me up
Unfold me
I am small and needy
Warm me up
And breathe me
Toya se aseguró de que nadie lo estaba observando. Tenía que darse prisa, pues sabía que mañana llegarían a Gundabad y la batalla era inminente. Dio el último retoque a su obra, rezándole a Mahal por que fuese exacta, por que su ojo no le fallase. Sopló y se la metió en el bolsillo. A los pocos segundos llegó un enano con su bol de cena. Se lo comió tranquilamente, saboreando la carne seca y fibrosa que flotaba entre el caldo, pues sabía que podía ser la última que probase.
Esperó a que algunos se retirasen a dormir y entonces se fue. Sabía dónde encontrar al hobbit y no tardó en llegar a la tienda de Rugur y pasar por detrás sin ser visto.
'Hola.' Dijo al hobbit, el cual le pareció en ese momento extremadamente pequeño y frágil. ¿Cómo una criatura así podía ser útil en una guerra? Él no lo había entendido nunca, pero en ese momento, al verlo en el suelo abrazándose las rodillas, pensó que era un disparate. Estaba haciendo lo correcto.
'Hola.' Dijo él dedicándole una sonrisa.
Oyeron pasos y Toya se giró. Alguien se dirigía a donde estaban. Tenía que irse y rápido. Metió la mano en el bolsillo y le tiró lo que se había pasado el día creando. Vio cómo el hobbit lo cogía rápidamente y sus ojos brillaban. Se miraron brevemente, con complicidad, afianzando la promesa que se habían hecho, y Toya se fue en dirección contraria a los pasos, dejando a Bilbo a solas con los guardias.
Bilbo guardó la llave de madera en el bolsillo rápidamente. Dos guardias se plantaron delante de él a los pocos segundos. Uno de ellos le dio un bol con un poco de comida. Se estómago emitió un sonido de queja al oler la sopa. Estaba hambriento, y aunque sabía que esa sopa estaría asquerosa, no podía esperar el momento para comerla. Las cantidades de comida que había recibido no eran ni la mitad de lo que estaba acostumbrado, ni siquiera en la aventura.
'Cómetelo.' Dijo el otro enano. 'En cuanto te lo acabes Rugur quiere verte.'
Eso hizo que todas las ganas de comer desapareciesen. Bilbo sabía lo que pasaría si lo llevaban a la tienda de Rugur. No podía ir, bajo ningún concepto. Sabía que las cosas no irían como ayer, que el enano, después de un largo día de darle vueltas, querría algo más, querría cumplir alguna de las cosas que le había dicho, y Bilbo no pensaba estar allí para averiguarlo.
Vio como los guardias se iban, pero sabía que solo estaban dando la vuelta a la tienda, que no se iban a alejar mucho. Ese era su momento. Dejó el cuenco y sacó la llave del bolsillo. La miró con temor más que con esperanza, pues si no funcionaba no le quedaría más remedio que llevar a cabo su otro plan, y no quería, no quería bajo ningún concepto, pero lo haría si fuere necesario.
Metió la llave en las esposas y giró. No pasó nada. No giraba. Un gemido salió de su garganta y lo volvió a intentar. Nada. Miró hacia donde estaban los guardias y volvió a intentarlo. Pero la llave no giraba. Suspiró, relajándose, pues no le aportaba nada estar nervioso, y se dispuso a sacarla. Fue entonces cuando notó que iba un poco. No era para la derecha, era para la izquierda. ¡Se abría para la izquierda! Casi gritó de alegría al notar la llave moverse suavemente, al ver las cadenas dejar sus manos. Deprisa abrió la otra, sacó el anillo de su cuello y se lo puso, dando la bienvenida al mundo de sombras, alegrándose por primera vez al no ver color.
Con todo el silencio característico de su raza se alejó de su sitio, dando la vuelta y esperando cerca de la entrada a la tienda. No tardó en oír a los guardias sorprenderse al ver que no estaba donde lo habían dejado. Esperó a que éstos entrasen a la tienda a dar la notica a Rugur y entró tras ellos. El líder estaba vestido para acostarse y fue entonces cuando Bilbo tuvo que evitar suspirar de alivio. Sabía que la buena suerte que lo protegía acabaría pronto, pero daba gracias porque no hubiese acabado aún.
Rugur se enfureció al oír la noticia. Se puso un abrigo y salió corriendo a ver si era cierto. Bilbo aprovechó la ocasión para ir a la mesa y coger los documentos sobre el campo de batalla. No tenía tiempo para ponerse a leer, por lo que cogió todos los que vio que parecían importantes y se los guardó. Notó pasos y volvió a colocarse donde había estado antes.
'No quiero que nadie se entere.' Oyó decir a Rugur mientras éste entraba. 'Nadie debe saber que ha huido. ¿Entendido? Mañana es la batalla y el pueblo debe pensar que tengo el hobbit en mi poder.'
'Pero señor…'
'¡Calla!' Gritó Rugur con ira en la voz. 'Quiero que mandéis a los mejores rastreadores en su búsqueda. No puede andar lejos. Una vez capturado que sea traído a mi presencia. No lo lastiméis.' Añadió antes de que los soldados se fueran. 'Sin lugar a dudas la desaparición es muestra de su poder, no lo subestiméis.'
'¿Y en el caso de que no pueda ser capturado?' Preguntó el guardia que había permanecido en silencio.
'Esperemos que eso no pase, pero si no puede ser capturado no me sirve con vida. Bajo ningún concepto debe vivir para contarlo.'
Bilbo trató de contener su agitada respiración. Quería huir, irse lo antes posible, pero no podía hasta que no lo hiciesen los guardias. Por suerte no tardaron en irse y éste los acompañó. Se informó de quienes iban a ser los encargados de dar con él y por dónde iban a buscar. Eso le dio tiempo a volver a donde había quedado con Roäc. Comprobó que nadie había cerca de los barriles de comida que estaban a un lado del campamento y se quitó el anillo. El pájaro lo miró sorprendido.
'No sabía…'
'No hay tiempo ahora.' Le cortó Bilbo sabiendo lo que iba a preguntar el cuervo. 'Voy a hacerme invisible. Necesito que me lleves ante Thorin. Nadie nos puede ver, por lo que te voy a coger en brazos. La magia nos hará invisible a los dos y tú me irás indicando con la cabeza si hay que torcer o seguir recto. ¿Entendido? Nadie debe vernos u oírnos.'
'Entendido.' Dijo Roäc dando unos pasos hacia el hobbit.
Al cuervo no le gustaba que nadie lo tocase. Él mismo no permitía que nadie que no fuese el rey tocase su plumaje, ni siquiera los príncipes, pero el hobbit era especial. El hobbit siempre había sido diferente bajo sus ojos, por lo que le permitió que lo cogiese y lo abrazase con cuidado. En seguida notó el respeto en su forma de cogerlo, en cómo lo trataba con cariño, y se alegró por haber dejado que la pequeña criatura lo tocase. En los brazos de Bilbo se dio cuenta de lo pequeño que era el hobbit en comparación con un enano. Su estructura era inferior, por lo que ocupaba mucho más entre sus brazos, con menos carne donde poder apoyarse, pero no tuvo tiempo de ponerse cómodo, pues en seguida notó como todo se volvía gris y fue entonces cuando notó que la magia del anillo estaba haciendo su efecto.
Dejaron el campamento atrás y recorrieron el largo túnel. Más de una vez tuvieron que parar para que el hobbit recuperase el aliento o descansara, también para esconderse de los rastreadores. Después de lo que le parecieron años a Roäc, divisaron luz al dar bordear uno de los muchos túneles que se iban abriendo en la tierra.
'Es ahí.' Dijo el cuervo al notar que no había nadie cerca.
Bilbo anduvo un poco más y se quitó el anillo. Soltó a Roäc y este voló, colocándose cerca de él.
'Los rastreadores darán con este sitio.' Dijo casi sin aliento. 'No tardarán en venir.'
'Hemos de avisar al rey.'
'Espera.' Dijo el hobbit, deteniendo su vuelo. 'Ve a Dwalin, dile que avise a los enanos que estén de guardia. Los rastreadores deben de ser capturados antes de que puedan avisar al resto.'
'¿No informo al rey?'
'No. Ya lo informo yo. No digas a nadie que me has visto.'
Roäc no comprendió porque le pedía eso. 'Si el rey me pregunta no puedo mentirle.' Dijo, pues era la verdad.
'No pido que le mientas, solo… Solo quiero darle una sorpresa.'
Roäc asintió y se fue.
/
El ejército de Erebor llegaría a Gundabad mañana. Cada soldado sabía lo que tenía que hacer, cada enano había sido instruido en la situación que iban a vivir, en la prioridad que tenían si veían que la batalla era demasiado difícil. Todos seguirían a su rey hasta la muerte, pero saber que su rey no les iba a pedir eso les tranquilizaba el corazón. Un cuervo había partido en busca de Argola para informarle de la situación. En una parte más alejada del campamento, cerca de la tienda más grande, había una hoguera. Dagril se encontraba afilando su hacha, mirando de vez en cuando al frente.
'Te preocupas demasiado.' Dijo Nori sentándose a su lado. El mediano de los tres hermanos era un ser peculiar, siempre con ese brillo en los ojos que no prometía nada bueno.
'No ha salido en casi un día.'
'Demasiado a salido.' Dijo llevando las manos al fuego.
'¿Es normal?'
'¿Su aislamiento? Sí. Nunca ha sido el rey de la fiesta.' Esto último lo dijo con una sonrisa, como riéndose de su propio chiste.
Dagril volvió a mirar a la tienda. Vio cómo una brisa de aire abría la puerta y se sorprendió. No había aire allí abajo. Sin embargo, no tuvo tiempo de darle más vueltas, pues Gloin se había sentado delante, tapándole la vista.
'¿Hace mucho que le conoces?' Preguntó a su compañero.
'Desde que nací.' Dijo Nori. 'Pero nunca hemos sido lo que se dice cercanos. Él siendo realeza y yo…'
'¿La escoria de la sociedad?' Acabó Gloin sin malicia en la voz.
Nori le dedicó un mirada de odio amistoso. 'Digamos que no nos movíamos en los mismo círculos.' Dijo volviendo a Dagril.
Dagril asintió. Había oído historias de Nori y de su familia. De la posición que habían ocupado en la sociedad, de lo extraño que había sido que el rey les diese puestos de honor en Erebor, haciéndolos nobles. Algo sin igual que nadie había atrevido contradecir.
'Si quieres más información deberías preguntar a su noble alteza.' Dijo con burla en la voz dirigiéndose a Gloin.
Gloin rebuznó, no haciendo caso a las palabras de Nori. Dagril miró al enano con preguntas en los ojos.
'Somos primos.' Dijo explicando la situación. 'Primos segundos más bien. Un árbol genealógico un tanto confuso, si he de ser sinceros, pero primos.'
'Así que le conoces mejor.'
'Se podría decir.' Su voz orgullosa. Gloin se sacó la piedra de afilar su hacha y empezó a trabajar en ella.
'¿Es normal?' Dijo Dagril.
Gloin volvió la vista, mirando a la tienda. 'Sí, por desgracia sí.' Dijo con pesar, con un tono sincero. 'Nunca ha sido especialmente sociable, no es el rey que la gente se imagina. No es dado a grandes fiestas y demostraciones. Es… Bueno, lo verás con el tiempo. Pero no es tan… tan así. Ahora… Lo de Bilbo le ha tocado mucho.' Había pesar en su voz, como si compartiese parte del dolor de Thorin.
Dagril asintió, pensando en lo mucho que le quedaba por aprender, todas las cosas que no conocía del que llamaba su monarca.
/
Thorin estaba sentando en el suelo, con los ojos cerrados, inmerso en su mente. No notó la tela moverse, ni notó los pasos silenciosos. Nunca había sido capaz de saber cuándo el hobbit se encontraba cerca, pues Gandalf no había mentido cuando había dicho que su raza era silenciosa. Sin embargo, sí que notó unos débiles brazos abrazarle con fuerza el cuello, un cuerpo ligero tirado en su regazo, una cabeza con pelo rizado en su cuello. Algo que le alegaba del torbellino de pensamientos en los que llevaba sumergido desde hacía horas.
No podía creerse lo que sentía, pero tenía que ser cierto. Abrió los ojos rápidamente y con un grito ahogado abrazó a Bilbo, notando su cuerpo entre sus dedos, redescubriendo el contorno de su espalda.
'Kurdûh.' Suspiró abrazándolo con fuerza, dejando que unas lágrimas escapasen de sus ojos.
'Amrâbê.' Contestó Bilbo entre sollozos silenciosos.
Thorin movió al hobbit para mirarlo a los ojos, cogiendo su cara entre sus manos, asegurándose que estaba bien. Notó cómo las bolsas de sus ojos estaban más hinchadas, cómo el pelo lo tenía sucio, al igual que la cara, cómo había cansancio en su mirada.
'Me binkharkh?' Preguntó Thorin sin darse cuenta que estaba hablando en su lengua nativa. Bilbo asintió y le dedicó una leve sonrisa. Esa sonrisa preocupó a Thorin, pues era triste y débil, como si le doliese sonreír. Fue a hablar, a preguntarle qué sucedía, pero no pudo.
'Thorin, tienes…' Pero Dwalin no dijo nada más, se quedó con la mano en la tela de la tienda, mirando la escena que tenía delante.
'¿Qué sucede?' Preguntó entre molesto y preocupado. Dwalin sabía que no quería ser molestado cuando estaba en su tienda.
'Los rastreadores. Han sido capturados.'
'¿Qué?' Thorin no sabía de qué hablaba su amigo, qué rastreadores eran esos.
'Ve con él.' Dijo Bilbo. Thorin lo miró seriamente, intentando leer algo más en sus ojos, pero éstos eran un libro cerrado. 'No debes dejarlos marchar. Nadie debe saber que estáis aquí.'
Thorin le preguntó de forma silenciosa qué sucedía, pero Bilbo se limitó a contestarle con la mirada que más tarde. Thorin asintió y se levantó, sintiendo dolor al separase de Bilbo, al dejar de tocar al hobbit. Anduvo hasta Dwalin y éste salió de la tienda, sujetando la tela para que pudiese pasar su rey.
'Son cinco.' Dijo Bilbo sin girarse.
Un escalofrío le recorrió la espalda a Thorin. Algo no estaba bien. Algo en Bilbo no estaba bien. Y no podía averiguarlo ahora. Tenía que ir a ver de qué se trataba todo aquello, qué sucedía, y conseguir respuestas que Bilbo no quería o podía darle en ese momento.
'¿Cómo…?' Preguntó Dwalin.
'No lo sé.' Contestó Thorin mientras caminaba siguiendo a su amigo por el campamento. '¿Cómo los habéis capturado?'
'Roäc nos avisó. Solo tenemos a dos.'
'Que Nori y Dagril busquen al resto, deben de estar cerca.'
Dwalin asintió. No tardaron en llegar a donde dos enanos estaban rodeados de soldados, su hermana y Dori. Dwalin fue en dirección a la hoguera.
'¿Qué sucede?' Preguntó Thorin mientras sus enanos le abrían paso. Su voz cargada de autoriadad.
'Los hemos encontrado merodeando por los alrededores.' Dijo Dori.
'¿Buscando algo en especial?' La voz del rey sería, con un toque de ironía peligroso. Los dos enanos bajaron la mirada ante él.
'No han dicho nada desde que han llegado.' Dijo su hermana. 'Pero claramente son del ejército de Rugur.'
'¿Qué hacéis tan alejados de vuestro campamento?' Preguntó Thorin.
Uno de los enanos miró al otro. Se notaba que no sabían qué decir.
Thorin no estaba para conversaciones, para respirar y ser paciente, para diplomacia. Todo eso había quedado atrás el mimo instante en el que habían decidido robarle su bien más preciado. Cogió a uno de los enanos y lo levantó del suelo, haciendo que sus pies colgasen en el aire mientras le miraba fijamente a los ojos. El otro soltó una especie de gemido de sorpresa y miedo.
'Simplemente estábamos reconociendo el terreno.' Dijo agarrándose al fuerte brazo del rey. 'Nos lo ordenaron.'
'Dame un motivo para no matarte aquí y ahora.' Dijo en tono bajo, sin dejar de mirarlo. Sus ojos grises, como si de hielo se tratase.
'Buscábamos al mediano.' Dijo rápidamente.
'Haku.' Le recriminó el enano del suelo.
'No tengo ninguna intención de mentirle al rey.' Dijo tocando el suelo con la punta de los pies. 'No por ese binakrag.'
Thorin le soltó, haciendo que este cayese al suelo. A Haku no le había hecho falta ver a Thorin vestido de gala con la corona sobre la cabeza para darse cuenta de que era el heredero de Durin. Algo en su interior le había dicho que debía respeto y lealtad a ese enano, algo que al parecer no sentía su compañero. Un miedo se apoderó en su corazón, pues empezó a sentir algo que no había sentido nunca antes, como si su vida ya no fuese suya, como si le perteneciese al enano que tenía delante.
'El capitán Ryor nos dijo que no se lo dijésemos a nadie.'
'Es el rey.' Dijo Haku en un susurró que todos oyeron. Intentando hacerle ver a su compañero que la palabra del capitán Ryor no valía nada. No ante Thorin.
'Buscáis algo que no pertenece a vuestro señor.' Bajó una rodilla, situándose cara a cara con los cautivos. '¿Sabéis cuál es la pena por robarle al rey?'
No fue la frase, sino la forma de decirla lo que heló la sangre a ambos enanos. La única imagen de autoridad que habían conocido era Rugur, un noble que había ocupado el puesto de su padre gracias a la sangre, a la acción. Pero Thorin no era así, a Thorin no le hacía falta grandes demostraciones de poder y fuerza. Thorin no gritaba, no rompía cosas, no iba con la espada en mano. Thorin solo les había hecho una pregunta, y fue suficiente para que ambos se diesen cuenta de que habían estado equivocados todo ese tiempo. Ahora preferían los golpes y los gritos ante la fría pregunta del rey.
'No fue nuestra intención. Nosotros… Solo cumplíamos órdenes.' Dijo el compañero de Haku.
'¿Dónde están los otros? ¿Los tres que faltan?'
'En la parte norte y sur.'
'Dar indicaciones a mi hermana. Los quiero aquí antes de una hora.' No dijo más, no explicó qué pasaría si sus órdenes no se cumplían, no le hizo falta. Se levantó y se fue, dejando que Dís se ocupase del resto, dándola instrucciones de que no los dejase libres bajo ningún concepto. Caminó con paso firme y llegó a su tienda, donde un soldado vigilaba. Le informó de que no quería que nadie entrase, que cualquier asunto que no fuese de vida o muerte tendría que esperar a que él saliese. El soldado asintió y le saludó. Thorin abrió la tela y ahí seguía Bilbo. La respiración que había estado conteniendo todo ese tiempo sin saberlo salió. Por un momento había temido que le mediano hubiese sido fruto de su mente, una aparición traicionera. Pero no, el hobbit estaba sentado sobre su saco de dormir, con su abrigo entre sus manos, acariciando la piel.
Thorin fue hacia donde tenía la bebida y sirvió un vaso de agua, intentando soltar toda la rabia y tensión que sentía antes de enfrentarse a su prometido. Sabía que Bilbo era consciente de su presencia, aunque éste no hubiese dicho nada ni hubiese dejado de mirar la piel. Se acercó a él y se lo ofreció.
'He hablado con los rastreadores. Solo eran dos.' Dijo cuando Bilbo acabó de beber. 'No saben que estás aquí. Nadie lo sabe.'
Bilbo asintió y le devolvió el vaso. Thorin esperó en silencio, pues podía ver que el hobbit quería decir algo pero no sabía por donde empezar. Él se moría de ganas de preguntarle qué había pasado, cómo había escapado, pero sabía que no era lo que Bilbo necesitaba en ese momento.
Bilbo respiró fuertemente y se sacó unos papales de la chaqueta. 'Son los planos de Rugur. Un mapa de Gundabad actualizado con la situación de los orcos. No he podido mirarlo, pero seguro que hay información que…'
Thorin puso sus manos sobre los papeles y los dejó a un lado, junto al vaso de agua. Miró a Bilbo con la pregunta en los ojos y este dio un pequeño gemido.
'No quiero que te enfades ni te preocupes.' Dijo el hobbit, Thorin cambió la mirada, continuando con su silenciosa comunicación. 'Estoy bien, de verdad, no me ha pasado nada.'
Thorin le cogió las manos y fue entonces cuando lo notó. Con preocupación subió las mangas y vio las dos marcas rojas que habían dejado unas esposas. '¿Qué ha pasado?' Su voz seria pero sin perder ese tono suave que solo dedicaba a su familia. Tenía que recordar que el rey había quedado fuera, ahora solo era Thorin. Con Bilbo solo era él.
Bilbo apartó la mirada. Le era difícil hablar. Había pensado que no iba a ser así, que llegaría con Thorin y todo sería igual que siempre, que la experiencia no le había marcado tanto, pero no era verdad. Ahora que estaba a salvo, que se encontraba en territorio conocido, que había abrazado y sentido a Thorin contra él, ahora todo volvía a su mente de manera distinta. Toda la energía que había tenido esos días se había desvanecido, dejando lugar a apatía y remordimientos, a un cansancio no solo físico, sino también mental.
'Lo último que recuerdo es estar en los campos. Luego me desperté en el campamento de Rugur.' Bilbo le contó lo que había sucedido, cómo le habían tratado los primeros días, lo que había descubierto de los Puños de Hierro, de cómo el pueblo estaba sometido a Rugur no por lealtad sino por tiranía. Le habló de Toya, de cómo el joven muchacho le había ayudado a escapar. Le contó el encuentro con Roäc y su huída.
'Pero hay algo más.' Dijo Thorin. 'Hay algo que no me estás contando. Y noto que esta vez no lo haces por mi bien, sino porque no quieres enfrentarte a ello.'
Bilbo lo miró sorprendido. Thorin sonrió ligeramente. 'Te conozco, Bilbo. Sé cuando me ocultas algo y cuando no. Que no diga nada no significa que no lo sepa. Conozco a la persona a la que ofrezco el trono de mi pueblo.'
Bilbo bajó la mirada avergonzado. Ahora se preguntaba si no podía haber hallado otra salida, otra forma de esquivar de la situación que había vivido. No había querido contárselo a Thorin, y ahora entendía que no era por preocupación a la reacción de este, sino por la vergüenza que sentía.
'Rugur me veía como había educado a los demás a verme. Como a una criatura inferior.' Dijo con voz débil pero firme. 'Me tenía atado a la tierra con cadenas, a las afuera de su campamento. Todos los días hacían que me llevasen a él, me preguntaba cosas. ¡Thorin, sabe lo de mi don!' Bilbo cogió las manos del enano y este se las apretó en modo de apoyo. Thorin no necesitaba más motivos para matar a Rugur, pues había jurado hacerlo desde el momento en el que se había enterado que había capturado al hobbit, pero al oír eso solo puedo reafirmar su idea.
'Él piensa que hay magia en mí, que hay algo en mí que te hace poderoso. Algo que ha hecho que puedas superar todos los obstáculos de la aventura.'
'No se equivoca.' Dijo Thorin.
'Hablo en serio.'
'Yo también.' Thorin soltó una de sus manos y la llevó al rostro de Bilbo, acariciándolo. 'Hay en ti muchas virtudes que tú mismo ignoras, hijo del bondadoso Oeste. Algo de coraje y algo de sabiduría, mezclados con mesura.'
Bilbo no pudo evitar sonreír ante la palabras de Thorin. Había amor en ellas y respeto. Había todo lo que le había faltado esos días. Bilbo se aceró a él y lo abrazó, pues necesitaba sentirlo cerca, reunir valor para contarle la siguiente parte. Pasaron unos minutos en los que Thorin se limitó a acariciarle el sucio pelo a Bilbo cuando este se separó.
'Se obsesionó conmigo.' Dijo finalmente sin mirarle a los ojos. 'Podía notarlo en cómo me trataba según pasaban los días. En la forma de hablarme, de acercarse a mí. Él… No veía otra salida, Thorin, te lo prometo. No sabía qué hacer. Yo estaba esposado en su tienda, a los pies de su cama, con su ejército a solo un grito de distancia, no sabía…'
A Thorin se le heló la sangre, todo su cuerpo se paralizó durante unos segundos. No quería imaginar nada, pero su mente no dejaba de conjurar imágenes que hasta hacía unos minutos ni se le habían ocurrido. Quizás se equivocaba, pensó, quizás estaba entendiendo mal.
'Le hice pensar que yo también lo deseaba.' Dijo Bilbo y Thorin pudo notar como el veneno empezaba a deshacer el hielo en el que se había convertido su sangre. Como una ponzoña que le pedía muerte, que le pedía verse las manos rojas, la sangre correr por la tierra y dejarla yerma, se apoderaba de él.
'Era lo único en lo que pude pensar para poder manejar la situación, de verdad.' Bilbo seguía hablando, pero él oía su voz en la distancia, como si su mente no pudiese o quisiese prestar atención. 'Sabía lo que quería de mí y le hice pensar que sería posible. Pero… pero me vi obligado a tocarle. Thorin lo siento, de veras. Yo… ¿Thorin?'
'¿Qué pasó?' Fue todo lo que pudo decir, conteniendo su voz.
Bilbo lo miró preocupado, podía notar como el enano había cambiado, como algo se había apoderado de él, tornando sus ojos en un gris mortecino, parecidos a cuando la enfermedad del oro lo poseyó. Bilbo se preocupó. Tenía que acabar con esto, tenía que hacer que Thorin dejase de mirarlo y no verlo, sus ojos perdidos en un punto invisible para el resto.
'Tuve que tocarle, que satisfacerle, pero con la mano, nada más. Thorin.'
Thorin se levantó bruscamente y le dio la espalda.
'¡Thorin!' Dijo poniéndose de pie, notando como aún le quedaba un poco de energía en el cuerpo. 'Thorin, no es nada. Te lo prometo, no pasó nada. Huí al día siguiente. Estoy aquí. Thorin.' Bilbo bordeó al enano y le miró a los ojos, éstos seguían perdidos en un punto infinito. Fue entonces cuando hizo lo que no se había atrevido a hacer tanto tiempo atrás, en una situación parecida. Lo besó. Lo besó con fuerza.
Al principio Thorin no respondió, sus labios de roca maciza. Pero Bilbo insistió y algo cambió en él, algo le hizo responder ligeramente, haciendo que el hobbit aprovechase para profundizar el beso. No fue un beso largo, ni emotivo, ni dulce. Pero fue efectivo. Bilbo se separó de él, volviendo a poner la planta de los pies en el suelo y miró al enano, acariciando su barba.
'No significó nada.' Dijo con seriedad.
'Lo sé.' La voz de Thorin grave pero centrada. 'No es eso lo que me molesta es…' Cerró los ojos con fuerza y Bilbo le miró. 'No importa. ¿Cómo estás?' Dijo mirándolo de nuevo con preocupación.
'Bien.' Dijo Bilbo, pues había sido educado para contestar así. 'Con hambre, con ganas de lavarme, con ganas de dormir.' Dijo siendo sincero. 'Pero… Thorin…' Había cosas de las que quería hablar, entre ellas la reacción del enano. Estaba confuso, no sabía a qué atenerse, pues este parecía no estar enfadado con él, ni con Rugur. Era algo distinto, algo que nunca había visto y al mismo tiempo algo que ya había visto antes.
'Haré que te traigan comida y agua, bunnel.' Dijo no sin antes acariciarle el hombro en muestra de cariño, pero sin una sonrisa en la cara. Se fue, y Bilbo se quedó mirando la puerta, pensando en qué había sucedido, deseando poder tener tiempo para hablar, para conseguir que Thorin le explicase. Pero no había tiempo. Mañana llegarían a Gundabad y aún quedaba resolver el problema de los rastreadores. Rugur no podía dar con ellos.
Continuará…
Kurdûh: Mi corazón
Amrâbê: Mi alma
Me binkharkh: ¿Estás sin herir?
Binakrag: sin honor
Bunnel: Tesoro de entre todos los tesoros
