NO SABÉIS LO MUCHO QUE SIGNIFICAN PARA MI LOS COMENTARIOS. MUCHAS GRACIAS POR ELLOS. SÉ QUE PUEDE QUE CON ESTE CAPÍTULO ME HAYA DESVIADO UN POCO DE LOS PERSONAJES, AUNQUE EN MI PARECER CREO QUE SON LOS MIMSO PERO QUE HAN EVOLUCIONADO. RECORDAR QUE ESTOY HACEIDO QUE VIVAN EXPERIENCIAS QUE NUNCA HAN VIVIDO ANTES.

SIENTO HABER TARDADO TANTO EN PUBLICAR. HE EMPEZADO UN MASTER Y ME VA A LLEVAR BASTANTE TIEMPO, AÚN ASÍ PROMETO PUBLICAR CADA LUNES O CADA DOS LUNES MIENTRAS HAYA COMENTARIOS Y GENTE INTERESADA EN LA HISTORIA. BESOS


Howling ghosts – they reappear

In mountains that are stacked with fear

But you're a king and I'm a lionheart.

And in the sea that's painted black,

Creatures lurk below the deck

But you're a king and I'm a lionheart.

And as the world comes to an end

I'll be here to hold your hand

'Cause you're my king and I'm your lionheart.

A lionheart.

No hay peor castigo que no ser devuelto a la tierra.

No hay mayor dolor que no poder cerrar el círculo.

El enano ha sido creado de roca y tierra, por lo que debe volver a ella al final de su vida.

Thorin sabía todo esto, Thorin había sido criado para conocer las tradiciones, para respetarlas, para ser su guardian y profesor. Sin embrago, también sabía que había ocasiones donde el ritual no se había podido cumplir, donde habían sido tantos los muertos y en sitios tan extraños, que no había sido posible cavar una hermosa morada en la tierra y devolverlos a Mahal de la forma que él los había enseñado.

El joven príncipe miró a su alrededor conteniendo las lágrimas que luchaban por salir. Eran demasiados, más muertos que vivos. No había otra manera. No había otra forma.

'Coged los cuerpos y apilarlos.' Dijo con toda la autoridad que pudo, sintiendo su voz débil, inexperta. 'Los quemaremos al atardecer.'

'Pero, señor…' Dijo el enano que tenía más al lado.

'Haced lo que dice.' Dijo una voz que Thorin conocía bien. Se giró y vio a Balin hijo de Fundin. Se alegraba de verlo con vida. Siempre le había parecido un enano sabio y con una forma de ser agradable. Nunca se metía con él, nunca le molestaba cuando quería desaparecer, por mucho que el consejero Fundin siempre se lo pidiese. Asintió, dándole las gracias en silencio, y se marchó para hacer saber de sus órdenes al resto.

"Al menos no los dejaremos a la intemperie." Pensó. Pues no había nada peor, no había mayor ofensa, no había mayor humillación y desprecio, que dejar el cuerpo de un enano al aire libre, sin dar un entierro o funeral. "Al menos sus cenizas volverán a la tierra". Pensó antes de bajar la pequeña colina llena de cadáveres.

/

Toya corrió, intentando huir de los orcos, buscando algún tipo de salida, algo donde poder refugiarse, pero no había nada. Oyó a soldados gritar detrás de él, sin duda heridos de muerte, y corrió con más fuerzas, saliendo por fin del infesto túnel. La luz del día le golpeó la cara y le cegó por unos instantes. Alguien lo empujó al abrirse paso y eso le devolvió a la realidad. Miró a su alrededor buscando alguna via de escape. Varios enanos luchaban a su lado, dando muerte a los orcos que venían hacia ellos. Oía las voces de los jefes, dando órdenes de volver a la posición de tortuga, de reagruparse, pero Toya no pensaba reagruparse.

Bilbo tenía razón. No hay esperanza posible, es una locura.

Se fijó en cómo había unas rocas cerca de la salida del túnel por donde no había más que orcos muertos y corrió hacia allí. Justo cuando estaba a punto de llegar se puso en su camino un gran orco gris, de afilados dientes y ojos amarillos. Toya nunca había visto nada tan aterrador en su vida. El orco le atacó y él se defendió lo mejor que pudo, contrarrestado sus ataques con su hacha, hasta que esta se clavó en la pierna de la criatura, haciendo que cayese al suelo. Toya aprovechó para cortarle el cuello y salir corriendo. Debía ponerse a salvo, debía esperar a Bilbo. El mediando vendría.

Llegó a las rocas y vio que si se metía entre ellas podía pasar desapercibido. No tardó en ver cómo el ejercito se alejaba, y los orcos con él, adentrándose en la desolada y yerma tierra que había delante. Toya respiró, cogiendo aire de forma calmada por primera vez desde que los orcos habían atacado el campamento esa mañana, haciendo que todos tuviesen que huir o arriesgarse a ser masacrados bajo tierra. Sabía que muchos habían caído y en parte estaba enfurecido. ¿Por qué? ¿Qué era tan importante como para arriesgar la vida de sus hermanos, de sus camaradas? En esto es en lo que pensó, y en la situación que estaba viviendo, cuando escuchó ruido salir del túnel. Intentó esconderse más en las rocas, pero no pudo, y rezó a Mahal para que la nueva oleada de orcos no le encontrase.

Pero no fue orcos lo que salió de la tierra, sino un ejército de enanos. Un ejército como nunca había visto. Cada soldado iba uniformado con una preciosa armadura, todas ellas con una insignia en el pecho que no alcanzaba a descifrar. Todos iban en perfecta formación, seguros, sin miedo. Algunos de ellos, no más de diez, no iban vestidos de esa manera, sino con ropajes propios, como si no pertenecieran a ese ejército. A la cabeza iba un enano como Toya no había visto jamás. Su larga melena negra ondeaba ligeramente al viento. No vestía armadura ni casco. Sus ropajes eran elegantes pero sencillos. Su forma de andar y de moverse era hipnótica, cargada de un poder insólito. No fue hasta cuando estuvo más cerca cuando se dio cuenta de lo corta que era su barba.

No puede ser joven. Nadie de mi edad camina así.

No tuvo tiempo en pensar en el significado de esa barba, pues vio que a su izquierda, casi escondido por su cuerpo estaba, lo que si duda era, un hobbit. Casi gritó de la alegría, pero esperó a estar seguro. El enano se paró y todo el ejército se paró al mismo tiempo. Fue entonces cuando la persona que estaba a su izquierda, dio unos pasos hacen adelante, dejándose ver. Era Bilbo.

'¡Bilbo!' Gritó saliendo de la roca y corriendo los pocos metros que los separaban.

Vio al hobbit girarse y su cara de alivio al verlo, pero no vio como un enano imponente le agarraba y golpeaba de una forma extremadamente eficaz, poniéndolo de rodillas contra el suelo antes de que pudiese acercarse al hobbit y al enano de la corta barba.

'Tranquilo, Dwalin. Lo conozco.' Dijo Bilbo, quien fue a él y le ofreció la mano para ayudarlo a levantarse. 'Toya. ¿Qué haces aquí?'

'Me oculté como me dijiste.' Respondió poniéndose en pie y mirando al mediano. 'No sabía cuándo ibas a venir.'

Vio al hobbit sonreír, pero no una sonrisa alegre, sino una en señal de disculpa.

'¿Dónde está el resto?' Preguntó.

'Se han ido. Todo recto. No hará ni cinco minutos.' Dijo señalando hacia la dirección adecuada. 'Los orcos iban tras ellos.'

'¿Cuáles son sus números?' Una voz profunda digo a su lado y Toya se giró, encontrándose con el enano de corta barba. Ahora que lo tenía de cerca notó como algo le recorría el cuerpo. Era intimidatorio. Sus ojos azules estaban clavados en él y por un momento pensó que le estaban investigando el alma.

'No lo sé. Pero sé que nos superan en número. Sobretodo desde la emboscada en el túnel.'

Vio al enano asentir y mirar en la dirección en la que había señalado. Al poco miró al hobbit de tal forma que éste se giró y gritó: "Bofur". Un enano con un curioso sombrero y una sonrisa amigable no tardó en llegar.

'Este es Toya. Toya, este es Bofur. Él cuidará de tí, ¿entendido?'

A Toya no le dio tiempo de decir nada, pues el enano le agarró del brazo y empezó a conversar con él, alejándolo del hobbit y el misterioso enano de barba corta. Antes de alejarse y perderse entre la multitud vio a dicho enano conversar de forma intensa con Bilbo y a Bilbo asentir con seguridad.

/

Las órdenes estaban dadas, sus soldados sabían qué hacer. Dejó al ejército en manos de Fili, el cual lo miró con ojos sorprendidos, pero no dijo nada, aceptando la responsabilidad que su tío le ofrecía. Thorin corría a paso lento, siempre consciente de que Bilbo siguiese a su lado. Había sido una buena idea traer ese abre cartas que el hobbit llama espada, pues Bilbo iba con él en mano, dispuesto a atacar a lo que fuese que se les pusiese por delante. Thorin se paró, viendo desde su posición el terreno. Vio cómo sus soldados entraban a atacar con Fili y Kili en cabeza, cómo los Puños de Hierro se sorprendían y alegraban al verlos. Entre la multitud intentó localizar a Rugur, pero no daba con él.

'¡Ahí!' Grito Bilbo apuntando a un grupo de enanos que escapaba en dirección opuesta, aprovechando la llegada de los barbiluengos.

'Se dirige al este.' Dijo Dwalin a su espalda. Thorin no comentó nada, simplemente fue en esa dirección.

Los cuatro guerreros intentaros esquivar a los orcos lo mejor que podían, pero dieron con algunos solitarios en su camino. Nada con lo que no pudieran lidiar. Sin embargo, cuando se acercaban a donde Bilbo decía que se escondía Rugur, Dís gritó alto.

'Hay una trampa.' Dijo la princesa. Thorin se giró a mirarla. 'En los papeles de Bilbo decía que por este lado había trampas, para impedir que los enanos escapasen.'

'Pues esas trampas habrán atrapado a Rugur.' Comentó Dwalin malhumorado por tener que detenerse.

'No si sabe de ellas.' Respondió la enana.

Dwalin iba a comentarle algo, pero Bilbo no le dejó. 'Iré delante. Si detecto alguna trampa os lo haré saber.'

A Thorin no le gustaba la idea, pero tenía que reconocer que si alguno de los cuatro tenía más posibilidades de sobrevivir, ese era el hobbit de pies ligueros. Asintió y Bilbo fue hacia delante, con paso cuidadoso pero activo, la espada en el cinto. El resto le siguió, pisando por donde él había pisado. Sin embargo, no podían seguir su ritmo y ser cuidadosos al mismo tiempo, por lo que le perdieron de vista detrás de una roca gigante.

'Bilbo.' Susurró Thorin esperando oír respuesta, pero no escuchó nada. Eso le hizo parar en seco.

No había ningún motivo para que Bilbo no contestase, a no ser que… Hizo una señal para que se parasen e indicó que él iba a rodear la roca por el otro lado. Vio el gesto de su hermana de negación y le contestó en iglishmêk que estuviese tranquila. Dwalin se colocó en su posición y él se fue a bordear la roca. No tardó en saber el motivo del mutismo de Bilbo. Un enano le tenía en sus brazos, tapándole la boca e inmovilizándolo, mientras Rugur y otros tres más estaban alejados, esperando a que alguien saliese. Hizo una rápida seña a Dwalin y salió de su escondite con cuidado. La mirada de los enanos estaba centrada al otro lado, justo donde Dwalin había movido unas ramas y vuelto a gritar el nombre de Bilbo. Esto dio ocasión a Thorin de acercarse con cuidado mientras sacaba la daga, regalo de Fili por su compromiso que siempre llevaba oculta en el protector de sus antebrazos, y girarla en la mano con un rápido gesto. Cuando el resto quiso darse cuenta de su presencia, ya era muy tarde. La sangre del enano corría en cascada hacia el suelo, saliendo de su cuello abierto a borbotones. Si algo había aprendido Thorin en todos sus años de exilio era a matar de forma rápida y sin ser percibido.

Vio a Bilbo alejarse del futuro cadaver y colocarse a su lado, dejando espacio para que el resto pasara. La roca daba a un pequeño saliente de la montaña, donde metros les separaban de rocas afiladas como espadas. El espacio era reducido, pero lo suficientemente grande para que entrasen los ocho sin problemas. La única salida por donde habían venido, taponada ahora por Dís.

Thorin miró a Rugur y vio cómo sus soldados se paraban en el acto, dejando las hachas a medio levantar. Más tarde recordaría ese momento y se percataría de lo extraño que fue; pues contra todo pronóstico, en vez de sentir ira, sintió paz.

'Rugur.' Dijo con voz calmada.

'Thorin. Escucha.' Dijo con un tono apaciguador. Pues Rugur no era estúpido. Era avaricioso, era prepotente, era muchas cosas, pero no estúpido. Sabía cuando tenía delante a un adversario superior a él. Y aún sabiendo que tenía las de ganar en números, no pensaba arriesgarse.

'¿Qué quieres que escuche?' Dijo Thorin sin moverse, sin dejar de mirar fijamente al enano. Su voz fría, dura. '¿Acaso tienes una explicación razonable para el secuestro de mi prometido? ¿O para la invasión de la tumba de mi antepasado?'

'No es lo que parece.' Dijo Rugur. 'No es una invasión, pensaba ganar este terreno y ofrecértelo como muestra de pleitesía.' Las palabras de Rugur sonaron seguras, como si lo hubiese ensayado antes. Thorin dio un paso hacia adelante, haciendo que los enanos moviesen un poco sus hachas.

'Es un noble gesto.' Dijo asintiendo con la cabeza. 'Por un momento pensé que me estabas declarando la guerra. Repitiendo los pasos de tu antecesor.' Su voz igual de sincera que cuando hizo pensar al rey de Bosque Negro que estaba realmente interesado en su oferta.

'Para nada.' Dijo Rugur. Sus soldados bajaron las hachas al notar el cambio de tono.

'Lo llego a saber y no muevo todo mi ejército.' Thorin iba lentamente aproximándose a Rugur, como el tigre que acecha a su presa.

'He de reconocer que no contábamos con la cantidad de orcos que se nos han echado en cima. La ayuda de vuestro ejército sería más que bienvenida.' Rugur podía sentir como algo no estaba bien. Sabía que estaba en una situación peliaguda. Sabía que debía protegerse las espaldas, pues no conocía el carácter de Thorin, no sabía si su manipulación estaba causando efecto.

'Siempre es un placer ayudar.' Dijo Thorin con una ligera sonrisa, y a Rugur se le heló la sangre. Estuvieron unos segundos mirándose a los ojos y luego tomó una decisión. Se apartó de sus enanos, colocándose en el claro entre la roca y el acantilado, dando la orden de atacar y sacó su espada. Por lo que había oído, no era rival para Thorin, pero eso era siempre que estuviesen en igualdad de condiciones. En el ajetreo del momento cogió al mediano y le puso la espada al cuello.

Vio como sus soldados combatían con la princesa y el otro enano, mientras que Thorin se giraba a él, concentrándose en lo que hacía, alejándose ambos del resto de enanos y el jaleo de la batalla.

'¿Bilbo?' Dijo con voz neutra, mirando la hobbit.

Bilbo asintió con la cabeza. Thorin miró a Rugur de nuevo, con ira contenida en sus ojos. 'Rugur, ¿qué haces?'

'Sé que te importa.' Dijo zarandeando a Bilbo. 'No sé por qué, no sé qué tiene esta criatura que hace que valga más viva que muerta. Pero sé que es poderosa. ¿Por qué sino te casarías con ella?'

'Rugur, no quieres jugar conmigo.'

'Sé lo de los cultivos.' Continuó, rodeando muy despacio a Thorin, intentando llegar a la roca y huir de allí. 'Sé que es la fuente de la riqueza de Valle. Sé lo que es capaz de hacer. Y si quieres que siga con vida, debes dejarme ir.'

Thorin miró a Bilbo y vio a este asentir con la mirada. 'Tienes razón, él es la fuente de mi poder, y con él a tu lado, sería la fuente del tuyo.' Dijo moviéndose de nuevo para bloquearle el camino. 'Por eso prefiero que muera a que huya contigo.'

Rugur maldijo en silencio. Thorin tenía razón, no tenía sentido que le dejase ir para que se quedase él con el mediano, a no ser qué… 'Sé que no es verdad, Thorin hijo de Train. Sé que hay algo más que deseas de él que su poder.' Agarró a Bilbo de los pelos y le pegó a él, levantando su cabeza. Sin dejar de mirar a Thorin lamió la cara del mediano, notando como el culo de este se pegaba a su entrepierna, sintiendo como esa pequeña erección que le había dado la batalla y que había desaparecido al encontrarse en la situación actual, volvía. 'Lo deseas, ¿no es así? No te culpo. Reconozco que a mí también me tentó. Es tan pequeño… Recuerdo su mano en mi polla, pequeña como la de un niño.' Vio a Thorin quedarse quieto y sonrió. 'Dime, rey, ¿qué se siente al follar algo así?' Sabía que su cuerpo estaba reaccionando a sus palabras, dándole esa adrenalina y confianza que necesitaba. También vio como la cara de Thorin se había vuelto blanca, impenetrable. Estaba ganando. Sin duda, el enano sentía vergüenza de sus acciones, de sus sucios deseos.

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'Dime, rey, ¿qué se siente al follar algo así?'

Thorin respiró y junto con más fuerza su mandíbula. No podía esperar el momento en el que sintiese la sangre de ese mal nacido, mal formado, mojar sus manos. Pero antes había que estar seguros de que Bilbo salía ileso. Thorin miró rápidamente a Bilbo y vio como el momento había llegado. Volvió a mirar a Rugur y a escuchar las sucias palabras que salían de su boca. Pero no tuvo que escuchar por mucho más tiempo, pues en seguida oyó el grito de dolor y vio el brillo azul de la espada de Bilbo.

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Bilbo quería acabar con todo esto lo antes posible. Quería acabar con Rugur, quería acabar con la batalla, quería acabar con todo y volver a su hogar, hacerse una taza de té, darse un baño, comer uno de los pasteles de Bofur y hacer el amor a Thorin hasta que no sintiese las piernas. Eso era todo lo que pedía, y pensaba que no era mucho. No era como si estuviese pidiendo lo imposible. Pero parecía que sí. Parecía que el día no iba a acabar nunca. Que tendría que estar escuchando las palabras soeces de ese bruto por más tiempo. Pero por suerte no fue así, pues al juntarse a él, a parte de sentir la asquerosa erección de este, también pudo llevar sus brazos atrás. Sabía que Rugur guardaba una daga en la parte trasera de su cinturón, pues la había visto más de una vez cuando lo habían llevado a su tienda. Con mucho cuidado la sacó de su funda, aprovechando el zarandeo del enano. La agarró con fuerza y cerró los ojos, intentando recordar la parte más desprotegida de la armadura.

'Es aquí.' Dijo Thorin presionando ligeramente dos dedos en la parte que juntaba la entrepierna con la pierna. 'A corta distancia te será el mejor punto de ataque.'

La voz de Thorin sonaba clara y suave, con un tono hipnótico que hacía que a Bilbo le fuese difícil concentrarse. Los labios del rey estaban a pocos centímetros del cuello de Bilbo, donde de vez en cuando se posaban. Algunas gotas de sudor seguían en sus cuerpos, el olor del sexo todavía presente en la habitación. La manta de piel cálida contra la piel expuesta de ambos.

'Es inquietante que sepas eso.' Dijo Bilbo, al cual la conversación le parecía bastante desagradable, pero al mismo tiempo excitante.

'¿Te inquieto?' Preguntó Thorin moviendo su mano y colocándola en la cadera, donde unas pequeñas marcas de dedos habían empezado a aparecer.

'No… Bueno, sí. No.' Bilbo respiró y miró a Thorin a los ojos. 'No es lo que suelen enseñar en la escuela. Los hobbits no estamos acostumbrados a la sangre, nos es… inquietante.'

'Entiendo.'

'Pero tu no me inquietas. Sé que hay un motivo por el cual me enseñas esto.'

Thorin se quedó unos segundos en silencio. Cuando habló lo hizo con esa voz cargada de pesar y arrepentimiento. 'Ojalá no lo hubiese.' Y no dijo nada más.

Abrió los ojos y miró a Thorin. Sabía que el enano no aguantaría mucho más. Que Rugur le estaba provocando más de lo que el muy estúpido se pensaba. Le intentó trasmitir que estaba listo y llevó la navaja al punto blando, clavándola con fuerza y con la ayuda de su otra mano. No tardó en escabullirse, colocándose al lado de Thorin, bloqueando el paso hacia la salida, con Dardo en la mano.

Vio a Thorin actuar con esa rapidez tan característica de su estilo de batalla. El rey se acercó a él y le golpeó la cabeza, aprovechando que este la había agachado para ver la herida. Rugur dio unos pasos atrás y en seguida se repuso, colocando su espada entre Thorin y él. Notaba la sangre salir pero sabía que no era una herida profunda, no iba a morir si conseguía vendarla pronto. Movió la espada para atacar, pues no le quedaba otra salida que abrirse paso a la fuerza. Thorin se apartó de la trayectoria y sacó a Orcrist, dejando que Rugur se fijase en ese ligero brillo azul, en la pureza de la hoja.

Empezaron a combatir, Rugur con todas sus fuerzas y Thorin simplemente bloqueando sus ataques, llevándole poco a poco al acantilado. No notaron como ya no había otras espadas y hachas en acción, como los soldados de Rugur yacían en el suelo de rodillas con las hachas de Dís y Dwalin en sus cuellos, esperando la orden de su rey. Bilbo siempre se mantenía cerca de Thorin, dispuesto a intervenir si hacía falta, pero sabiendo que esa batalla no le pertenecía a él.

Llegó un momento donde solo unos pasos separan a ambos enanos de una muerte segura entre afiladas rocas. Fue entonces cuando Thorin usó toda su fuerza, y arrebató de las cansadas manos de Rugur su espada, haciendo que volase por los aires y se perdiese en el abismo. Ambos se miraron en ese momento, Rugur esperando sentir el filo de Orcrist, pero Thorin guardó su espada y le miró con calma. Fue entonces cuando Rugur sintió miedo en su estado más puro. Pues esos ojos estaban calmados, fríos, sin emociones. Eran la calma que precedía a la tormenta.

'Quiero que sepas que vas a morir. Nada va a impedir eso.' El tono del rey pausado pero seguro. Certero. 'Quiero que sepas que ninguna tumba recogerá tus restos, ningún fuego te convertirá en ceniza. Quiero que sepas que los cuervos se comerán tus ojos y los buitres tus entrañas. Quiero que sepas que tu nombre se perderá en la historia, no más que una reseña al final de una página entre miles de anales. Y quiero que sepas porqué.'

'No. Thorin…' Dijo Rugur, pues había visto que el enano no le mentía. Veía en sus ojos que pensaba cumplir su palabra, y eso era peor que cualquier muerte.

Thorin le agarró del cuello de la armadura y la tela, levantándolo unos centímetros del suelo, poniéndolo a su nivel.

'Nunca debiste ponerle un dedo encima a mi prometido.' Dijo lo suficientemente alto como para que solo lo oyese él y Bilbo. Una conversación privada entre los tres.

'Él me cautivó. Él vino a mí.' Se defendió Rugur, implorando con la voz.

'Sé lo que sucedió, sé lo que hiciste.'

'Thorin, te equivocas con él.' Rugur miró a Bilbo, despreciándolo con todo su ser. 'No es lo que aparenta. Hay algo oscuro en él, algo poderoso. Algo más precioso y preciado que poder hacer crecer las plantas. Mucho más.'

Bilbo notó un escalofrío por la espalda, notó sus manos temblar, notó el peso de la cadena que guardaba el anillo pesar más, como si se estuviese dando por aludido. Rugur sabía lo del anillo, Rugur lo sospechaba. Rugur debía morir. Bilbo miró a Thorin, pidiéndole que cumpliese con su palabra, que acabase con la vida del enano cuanto antes. Rugur no podía hablar más. Nadie debía saber lo del anillo. Era suyo. Suyo y de nadie más.

Thorin miró a Bilbo y vio en sus ojos que había parte de verdad en lo que Rugur decía. En ese momento la cara de Bilbo fue un libro abierto y vio páginas y páginas de historia que no había leído, que guardaban un oscuro secreto. Había algo ahí que atormentaba al mediano, algo que no le había contado. Thorin volvió a mirar a Rugur, decidido a terminar con esto lo antes posible.

'Nunca debiste tocarlo.' Acercó la cara de Rugur a la suya y le susurró algo que solo pudo oír el otro enano. 'Y respondiendo a tu pregunta: no hay mayor placer.'

Rugur no notó la hoja de la daga en su cuello hasta que fue demasiado tarde. Notó la sangre correr, entrar por su ropa y mojarle la piel. Notó como sus manos dejaban de agarrar el brazo del rey. Miró a Thorin por última vez y vio los ojos más fríos y grises que jamás había visto. Había algo oscuro en ellos, algo oculto en tanta claridad. Y fue entonces cuando lo supo, cuando comprendió porque Thorin era rey. Pero ya era demasiado tarde. Notó su cuerpo flotar, ver como el mundo se movía rápidamente a su alrededor y al mismo tiempo muy despacio. Notó el aire y vio el cielo. Sintió un profundo dolor en el vientre y luego no sintió nada.

Thorin miró hacia abajo y vio el cuerpo de Rugur empalado en una de las afiladas rocas, lo suficientemente lejos como para que el rescate fuese imposible. Notó una mano en su hombro y se giró. Bilbo le miraba con ojos grandes, buscando algo en él.

'Estamos bien.' Dijo respondiendo a la pregunta que Bilbo no había hecho. 'Estaremos bien.'

Bilbo asintió y se alejó un poco, no sin antes acariciar el hombro de Thorin en señal de cariño. El hobbit caminó hacia la salida, notando a Thorin tras él, sabiendo que lo fácil había pasado, que la batalla les aguardaba al otro lado, pues ahora que todo estaba en calma, podía oír los gritos de sus compañeros. Todavía quedaba lo peor.

'¿Bilbo?' Preguntó Dís con cada hacha en el cuello de un enano.

Bilbo la miró y asintió. 'No nos pueden relacionar.' Fue todo lo que dijo antes de dejar el acantilado, intentando bloquear los gritos de súplica de los tres enanos. Sabiendo que los escucharía en sus pesadillas hasta el final de sus días.

Continuará…