Am I brave enough?

Am I strong enough?

To follow the desire

That burns from within

To push away my fear

To stand where I'm afraid

I am through with this

Cuz I am more than this

I promise to myself

Alone and no one else

My flame is rising higher

I am the fire

I am burning brighter

Roaring like a storm

And I am the one I've been waiting for

Screaming like a siren

Alive and burning brighter

I am the fire

Podía notar la presencia. No hacía mucho su dueño había estado ahí. Podía sentirlo en el aire. Algo se despertó dentro de él, algo lo llamó de nuevo a la vida, como cuando había decidido abandonar a la criatura Gollum o cuando había intentando engatusar al rey de los enanos. Tenía que ir al encuentro de su amo, pero no sabía por donde empezar. Sabía que si se quedaba donde estaba tarde o temprano alguien lo recogería y lo llevaría a su señor. Se hizo más pesado, más oscuro. Trasmitió cansancio y desesperación, y notó como la extraña criatura que ahora era su portador aminoraba el paso. Notó sus pensamientos e intentó volverse a meter en la mente de este, pero no pudo. Algo sucedió en ese momento y pudo sentir como la criatura se alejaba de él y corría, dejando a un lado los temores y su manipulación.

Esa criatura… No era como Gollum, no era tan fácil de dominar, de someter a su voluntad. Aún que tarde o temprano lo haría. Podía notar la magia del sitio, el rastro de su maestro en esa tierra. Tendría que intentarlo con más fuerza, ahora que tenía una fuente de energía más potente, ahora que empezaba a despertar su verdadero poder.

/

Él no estaba hecho para eso. No había sido creado para la guerra. No era un guerrero aunque empuñase una espada, no era un líder por mucho que tuviese bajo su mando las vidas de docenas de enanos. No era un ser de guerra, no había sido concebido en la época oscura de Arda, cuando el poder de Melkor había sido casi opresivo, cuando los orcos rondaban por doquier, cuando había dragones en el cielo de forma constante. ¿Una batalla? Sí, era capaz de soportar una batalla. ¿Dos? No tanto. La guerra le pesaba en el corazón. Notaba como su cuerpo le pedía paz, le pedía luz, le pedía vida. A su alrededor solo había guerra, oscuridad y muerte. El sol no brillaba en lo alto y con cada paso que daba notaba la fuerza dejar su cuerpo. Demasiado tiempo había permanecido bajo tierra, inmerso en la oscuridad. Demasiado tiempo sin ver la luz del sol, sin notar el césped bajo sus pies, el aire con olor a flores en su cara.

Sus pasos era débiles, cansados. La energía y vitalidad que le habían acompañado y ayudado a eliminar a Rugur había desaparecido nada más ver el cuerpo de éste contra las rocas. Se notaba cansado como nunca antes. No era ese agotamiento físico, como el que había sentido en los peores días de caminata en la aventura, sino algo emocional. Drenado, como cuando murieron sus padres. No sabía de dónde venían todas esas emociones, qué había sucedido para que pasase de sentirse completamente vivo a sentirse morir lentamente.

Es este lugar. Hay algo en este lugar.

Podía notar la oscuridad en la tierra, en el aire. Ahora que pensaba con claridad, que su mente no tenía un objetivo inminente, se había dado cuenta de que el lugar en el que estaban no era esa tierra sagrada de la que había hablado Thorin, sino un sitio lleno de dolor, de recuerdos. Algo no estaba bien. No le hizo falta tocar la tierra para saber que nunca crecería nada de ella.

Vio la batalla y pensó en esconderse y esperar a que pasase. No había nada que él pudiese hacer. Nada que no fuese morir. Miró a su alrededor, buscando un lugar donde poder refugiarse hasta que todo pasase. Sabía que sus amigos estarían bien, conocía su valía y su maña. Ellos sí eran guerreros. Ellos sí habían sido creados para sobrevivir tiempos oscuros, para blandir espadas y hachas. Sin embargo, a su lado pasó Thorin. Sus pasos rápidos, buscando con la mirada a sus sobrinos, y Bilbo tomó aire y corrió, pidiendo a sus pies que no le traicionasen ahora. Suplicando porque el peso que sentía, el cansancio, desapareciese. No podía abandonar a Thorin. Los demás… los demás sabían cuidar de sí mismos. El rey… no tanto.

/

Si Tauriel estuviese aquí todo sería más fácil.

Kili había echado de menos a Tauriel desde que ésta se había marchado. Al principio no había comprendido la necesidad de la elfa, el porqué de su prisa. No lo entendía. Al cabo de los meses lo comprendió, pero ya era demasiado tarde. No sabía cómo hallarla, como decirle que le parecía bien, que la apoyaba. Ahora más que nunca la extrañaba. Si ella estuviese aquí todo sería diferente. Si ella estuviese luchando a su lado todo sería mejor. Cuando todo acabase, cuando la batalla estuviese ganada iría a buscar al mejor cuervo posible y hacer que la encontrase. No podía esperar, no sin saber cuándo acabaría dicha espera. Había sido responsable, había ocupado su puesto como príncipe; pero ahora sentía que su lugar y deber no estaba allí, sino al lado de ella. Fili tenía un papel en Erebor, sabía qué hacer. Él… el era prescindible.

/

Thorin vio a Fili en medio del campo de batalla. Vio como había llevado a sus soldados a la mejor posición posible y como estos estaban ganando terreno. Pero también vio a los orcos en lo alto, preparando unas catapultas que sin duda acabarían con muchos de ellos. Corrió, pues debía llegar a él, debía avisarlos de que se retirasen, de que eran un blanco fácil. Tenían que buscar una forma de subir esos desniveles y acabar con los orcos. La retaguardia debía avanzar, pero para ello debía dar la orden. Tenía que unificar ambos dos ejércitos y trazar un plan antes de que los orcos les tuviesen rodeados.

Thorin corrió, gritando el nombre de su sobrino. Vio como éste se giraba, como le buscaba entre la multitud hasta encontrarlo a las afueras de la lucha. Fili no vio lo que tenía de espaldas, pero sí que vio cómo una gran roca golpeaba un enorme desnivel, haciendo que este se derrumbase, cayendo encima de su tío.

'¡Thorin!' Gritó. Vio como Kili se giraba y buscaba a su tío. Todo su cuerpo le pedía correr, asegurarse de que estaba bien, pero se giró. Tenía que saber cuál era la causa. Fue entonces cuando vio a los orcos, vio las catapultas y vio como se preparaban para otro ataque. Llamó a la retaguardia, ordenándoles que acabasen con ellos. Volvió a mirar hacia la pila de rocas donde su tío había estado segundos antes y maldijo.

'Kili. Quédate aquí. Ocupa mi puesto.'

'¿Qué ha pasado?' Preguntó Kili.

'Tenemos que acabar con las catapultas. Una de ellas ha abatido a Thorin. ¡No!' Dijo cogiéndolo del brazo, evitando que fuese hacia la demolición. 'Debes quedarte aquí, guiar al ejército. Volveré.' Y con esas últimas palabras se fue.

/

'¡Thorin!' Bilbo corrió, rezando porque el enano estuviese bien, por encontrarlo al otro lado de las rocas intacto. Pero no fue así. Vio a Thorin en el suelo, sus piernas enterradas en una montaña de rocas, su cabeza con un corte de donde emanaba sangre y una pequeña roca cerca de ella. Tenía los ojos cerrados. '¡Thorin!'

Se arrodilló a su lado y le cogió la cabeza, notando su pulso en el cuello. 'Thorin, despierta.' Le acarició la cara, quitándole lo mejor que pudo la sangre que le había caído en los ojos. 'Thorin, cariño.' Vio los ojos del enano moverse, y suspiró. No tardó en ver esos ojos azules que tanto amaba. 'Thorin.' Necesitaba saber que estaba bien.

'Fili.' Fue todo lo que dijo Thorin. Bilbo se giró, buscando al joven heredero. Tardó en encontrado, pero en seguida lo vio en lo alto de las pequeñas colinas puntiagudas. No estaba solo, numerosos enanos estaban a su lado.

'Esta bien. Se está haciendo cargo de todo.' Reconfortó a Thorin. Dejó su cabeza con cuidado y se fue a donde estaban las rocas. '¿Sientes las piernas? Tenía miedo de preguntar, pero necesitaba saber. No quería pensar en qué sucedería si la respuesta era negativa, si no podía sentirlas, si las rocas las habían aplastado, rompiéndolas de tal forma que nunca más fuese capaz de andar.

'Sí. Me duelen.' Thorin intentó ponerse en pie pero notó como todo le daba vueltas. Volvió a tumbarse en el suelo, cerrando los ojos con dolor.

'Bien, eso es bueno. Eso es bueno.' En cualquier otra circunstancia se habría preocupado, pero no ahora. El dolor era bueno, era algo. Intentó mover las piedras, pero por más que lo intentaba no conseguía ni deslizarlas unos centímetros. 'Necesitamos ayuda.' Dijo mirando a su alrededor, buscando a Dwalin, el cual siempre andaba cerca de su rey.

'Ve.' Dijo Thorin.

'No.' Dijo Bilbo. 'No voy a dejarte.'

'¿Cómo piensas encontrar ayuda si no?' El tono de Thorin molesto, pero Bilbo sabía que su descontento no era por él, sino por la situación.

'¿Y dejarte solo rodeado de orcos?'

'Sino me dejas moriremos los dos, Bilbo.' Su tono serio, y Bilbo sabía que tenía razón. 'Ve, busca ayuda. Yo estaré bien.'

Bilbo le miró. No quería irse, pero tenía que reconocer que esta vez Thorin tenía razón. Bilbo no podía defenderlo si atacaban los orcos, no había nada que pudiese hacer. Se levantó, alejándose ligeramente de Thorin, buscando a Dwalin o a cualquier otro. No era un soldado, no era un guerrero. Él… Eso era Thorin. Él era el líder, el guerrero. Él era… Fue entonces cuando lo vio. Un orco de un tono gris oscuro casi negro. Estaba en una posición más elevada, como dirigiendo al resto, pero no muy separado del campo de batalla. Vio como su mirada estaba clavada en Thorin, vio como cargaba la ballesta que tenía y se preparaba a disparar.

'¡No!' Gritó mientras se tiraba encima del enano, cubriendo su cabeza y parte de su cuerpo con su torso. Notó un profundo dolor en la espalda. Su cuerpo se sacudió, haciendo que su pecho se pegase a la cara de Thorin. Gritó de dolor, pues nunca había sentido algo así. No oyó los gritos de Thorin, no escuchó nada que no fuese un pitido cegador y su propio llanto. Cuando pensaba que el dolor empezaba a mitigarse volvió a sentir otro golpe, esta vez más potente que el anterior. Era como si alguien le hubiese penetrado la espalda. Sin duda las flechas habían dado en su blanco.

Bilbo no vio lo que pasó a continuación, ni Thorin tampoco; pero si Dwalin, el cual había estado buscando a su rey como un loco. Vio a un orco apuntar hacia un montón de rocas. Vio como una flecha se clavaba en la garganta del orco. Buscó y vio a Kili al otro lado. Kili. Ese orco debía de ser importante. El orco se repuso y volvió a disparar. Acto seguido recibió una flecha en la frente, cayendo al suelo al instante. Dwalin lo dio por muerto y corrió hacia la pequeña montaña de rocas, rezando por no encontrar lo que su mente había conjurado.

/

'Bilbo. ¡Bilbo!'

Bilbo abrió los ojos y vio a Thorin.

'¿Kurdûh?'

'Thorin' Respiró, notando como el dolor de la espalda era menos intenso. '¿Estás bien?'

'¿Estás herido? ¿Estás bien?' Dijo Thorin al mismo tiempo que Bilbo, su voz cargada de preocupación. Vio al mediano asentir y respiró. Es ese momento Bilbo cayó al suelo a su lado, sus brazos ya no podían soportar su peso. Thorin se movió, apoyando su peso en su brazo y cogiendo a Bilbo con el otro. Vio que no había sangre, no había flechas. Por un momento se preguntó si quizás había sido otra cosa, pero luego vio los dos agujeros en la espalda de Bilbo. A través de ellos la cota de mithril brillaba tenuemente.

'Akhmân Mahal.' Dijo en un susurro. Notó las manos de Bilbo posarse en su pecho y miró al hobbit. Vio como sus ojos se cerraban, y apoyaba su cabeza contra el pecho del enano.

'¡Thorin!' El rey levantó la vista y vio a Dwalin ir a su encuentro, arrodillándose ante él.

'Estoy bien. Quita las rocas.'

'¿Bilbo?' Preguntó el enano empezando con la tarea, preocupado.

'Vivo.' Fue todo lo que pudo decir Thorin, pues podía ver que el hobbit no estaba bien. Nunca lo había visto tan cansado, con unas marcas tan grises bajo sus ojos. Algo no iba bien. No notó a su hermana llegar, pero en seguida empezó a notar como el peso sobre sus piernas era menor.

'Bilbo.' Dijo en un susurró, acariciando la cara del mediano, viendo como este abría los ojos. '¿Quieres volver al tunel? Puedes esperar ahí.'

'No.' Bilbo se movió en sus brazos, intentando levantarse sin éxito.

'Bilbo. Por favor. No puedes luchar así.' Había súplica en su voz.

'No.' Dijo Bilbo esta vez con más fuerza, consiguiendo moverse y sentarse al lado de Thorin, esperando a que Dís y Dwalin acabasen de mover todas las piedras. Vio como ambos enanos estaban hablando con tonos serios, seguramente de lo que acaban de vivir y vivirían a continuación. Ambos dándoles unos minutos de intimidad que Bilbo agradeció.

'Bilbo. Si me sigues morirás.' El tono de Thorin duro, enfadado por no conseguir hacer entrar en razón a su prometido.

'Pues que así sea.' Dijo el hobbit, quien en ese momento estaba haciendo honor a su herencia de Tuk y estaba sacando toda su cabezonería.

'Vas a volver al túnel.' Su tono duro, serio.

'No pienso hacer tal cosa.' Replicó Bilbo. Thorin gruñó en alto, lleno de rabia ante la conversación que estaba teniendo. Si Bilbo fuese un enano no estarían teniendo esta conversación. Bilbo le obedecería, se iría al túnel y le esperaría. 'Tenemos que llegar a Kili, decirle que reúna al ejército. Desde donde están son un blanco fácil…' Bilbo había dado la conversación por terminada, pero Thorin no pensaba dejarla correr.

'¡Bilbo! ¡Escúchate! No puedes ir a la batalla…'

'Thorin.' El tono del hobbit cortante, dejando claro que no quería seguir discutiendo.

'¡Cállate!' Le gritó el rey, el cual notó que podía mover las piernas y se sentó al lado del hobbit. Dwalin y Dís se alejaron de ellos, notando cuando sobraban, vigilando de que ningún orco los atacase. 'Bilbo, si vas a la batalla morirás. No eres uno de nosotros, no… No has sido creado para luchar, para empuñar una espada, por mucho que te defiendas con Dardo. Esto no es un ataque esporádico. Esto va a llevar horas y aunque sé que puedes luchar durante un rato, también sé que no podrás soportar la batalla. Bilbo…' Thorin le cogió las manos, viendo las lágrimas de impotencia que había en los ojos del hobbit. 'Estas manos están hecha para crear, para dar vida, no para quitarla.' Thorin suspiró, ordenando sus pensamientos, buscando la mejor forma de hacerle ver que en este caso él tenía razón.

'Pero yo quiero estar contigo.' Dijo con voz débil Bilbo. 'Quiero protegerte.'

'Ya lo has hecho. Estoy vivo gracias a ti. Estoy aquí gracias a que siempre has estado ahí para protegerme. Deja que te devuelva el favor. Deja que esta vez sea yo quien te proteja a ti.'

Bilbo miró a Thorin y volvió a bajar la cabeza, a ver sus manos unidas. Se sentía tan pequeño, tan fuera de lugar, tan inútil. 'Me pides que me esconda, que te espere mientras sé que a metros de mi estas luchando por tu vida, que mis amigos están luchando por su vida.'

Thorin miró el campo de batalla. Tenía que ir, no podía retrasarse más. 'Déjame ser el rey que quieres que sea. Déjame ir allí sabiendo que no tengo que preocuparme por ti.'

'Llévate a Roäc.' Dijo Bilbo mirándole de nuevo. 'Yo me quedaré aquí. Vigilare que nadie se acerque al acantilado. Si sucede algo, mándamelo e iré. Pero no me pidas que vuelva al túnel.'

Thorin asintió. Se levantó del suelo y ofreció su mano a Bilbo. 'Volveré.' Le dijo cogiendo su cara y pegando sus frentes. 'Te lo prometo.'

Bilbo cerró los ojos, concentrándose en la cercanía de Thorin. 'Ve.' Dijo dándole un ligero beso antes de separase de él. 'Te esperaré.'

Minutos más tarde Bilbo veía como las tres figuras se perdían entre la multitud. Miró al cielo y vio como un cuervo volaba en círculos sobre un punto determinado del ejército, suspiró.

/

Thorin había conseguido unificar a su ejército y al de Rugur, pero le había costado tiempo y sangre. Los orcos que estaban en los niveles superiores habían caído o huido. Fili se encontraba a su lado, explicándole la situación a gritos mientras acababa con un orco. Thorin miró a su alrededor. Algo no andaba bien. Había sido demasiado fácil. A penas quedaban orcos pero cuando veía los cadáveres los números no cuadraban. Escuchó gritos de victoria, sin duda de enanos que pensaban que todo había acabado ya, pero Thorin no estaba tan seguro.

'¿Qué sucede?' Preguntó Fili, el cual había aprendido a leer la cara de su tío en situaciones así.

'Algo está mal.'

Fili miró al campo de batalla, pero no podía comprender a qué se refería.

'Thorin. Hemos acabado con todos en la parte este.' Dijo Kili yendo a su encuentro.

'¿El ejército de Rugur?' Preguntó el rey.

'Están con nosotros, aunque desorientados, esperan a Rugur. ¿Mando a alguien en su búsqueda?'

'No.' Dijo Thorin, pero no dio más explicaciones. Se giró, mirando la enorme torre de mando que se encontraba en medio de las montañas. Notó el aire golpearle la cara, alborotando su pelo. Se giró, en dirección a donde había dejado a Bilbo. Algo no andaba bien. Estuvo tentando de mandar al cuervo en busca del mediano, pero fue entonces cuando lo comprendió. Estaban repitiendo la misma estrategia.

'Fili, Kili, reunir al ejército. Que se separen en cuatro grupos y se preparen para tomar la torre.'

'¿A dónde vas?' Dijo Fili cortándole el paso.

'A hacerme cargo de algo que debí arreglar hace tiempo.' Dijo mientras guardaba a Orcrist en su funda e iba en dirección a la masa que era el ejército de Rugur. De camino vio a Bofur hablando con el nuevo y le llamó.

'¿Sí?' Dijo el joven enano. Ahora que lo tenía delante podía ver lo joven que era, más joven que sus sobrinos.

'¿Quién es el líder?' Dijo señalando con la cabeza al ejército de su clan.

'Rugur. Sino, Ryor. Pero no le veo.'

'Quitando a Rugur y sus cuatro generales más leales. ¿Quiénes queda?'

Toya miró a su compañeros, buscando entre la multitud. 'Él.' Dijo señalando a un enano que estaba rodeado de un grupo de unos diez. 'Su nombre es Soma. Los soldados le respetan. Es el encargado de la defensa y armamento.'

'¿Cómo es?' Preguntó el rey, pues necesitaba saber a lo que iba a enfrentarse.

'Le gusta el orden.' Dijo Toya, el rey le miró, esperando una respuesta. 'Le gusta que las cosas estén ordenadas, que no haya nada fuera de lugar. El honor es lo que más le importa. Es mayor y tradicional.'

Thorin asintió. Miró de nuevo al enano al que le habían señalado y respiró. 'Voy a necesitar que vengas conmigo.' Le dijo a Toya, esperando que la influencia de Bilbo en él siguiese presente. 'Necesito que tu pueblo entienda que ahora estoy al mando. Necesito saber que si doy una orden la van a seguir.'

Toya le miró con preocupación, pues no sabía si eso sería posible. Bofur le había dicho quién era Thorin y Toya sabía que ese sentimiento que había dentro de él tenía que ver con que Thorin fuese rey, pero no sabía muy bien qué era o si los demás lo sentirían. Aún así, sabía que debía llevar a cabo cualesquiera que fuesen las ordenes del enano. Asintió y Thorin empezó a andar, dando por sentado que Toya iría detrás.

Se paró delante del ejército de los Puños de Hierro. Estos se habían colocado unos cuantos metros alejados de los Barbiluengos, esperando a su líder, pensando qué hacer a continuación, dado que la batalla había sido ganada. Gran parte de ellos se giraron al ver al enano colocarse delante de sus filas. Algo dentro de ellos les decía que ese enano no era uno más del otro clan. Se fijaron en como uno de los suyos estaba a su lado, y eso les inquietó.

'¿Quién está al mando?' Dijo Thorin en voz alta, con ese tono que reservaba para sus súbditos.

Los enanos se miraron entre ellos, esperando que alguien dijese algo.

'Nuestro señor, Rugur.' Dijo el enano que Toya había identificado como Soma.

'¿Dónde está vuestro señor?' Preguntó Thorin al enano, el cual había dado un paso al frente.

'No lo sabemos.'

Thorin miró a los enanos y vio como todos le miraban con ojos curiosos. Volvió su mirada a Soma.

'Mi nombre es Thorin, hijo de Thrain, Rey de Erebor.' Oyó como algunos enanos susurraban a sus compañeros, podía notar como el aire estaba cambiando. 'Me informaron de que hallaría a vuestro señor aquí y juntos recuperaríamos estas tierras. ¿Dónde está ahora?'

'Nadie le ha visto.' Dijo un enano situado cerca de Soma. 'Le perdimos la vista cuando los orcos nos atacaron en los túneles.'

Thorin dio unos pasos adelante, acercándose a Soma. 'La batalla parece ganada, pero no es así. Los orcos no han hecho más que retirarse. Si queremos expulsarlos de esta tierra debemos atacar cuanto antes. Debemos unir fuerzas de nuevo y acabar lo que se ha empezado. Demasiado tiempo han saqueado y profanado nuestras tierras. Demasiado tiempo hemos permitido que esas horribles creaciones vivan en nuestros dominios. Esto debe acabar.' Vio como muchos soldados asentían, deseosos de unirse a la batalla de nuevo, ahora por un fin que comprendían. 'Vuestro señor no está aquí, pero eso no significa que estés sin líder.' Thorin se giró a Soma. 'Acompañadme a la batalla. Ayudadme a poner fin al largo viaje en el que os encontráis. ¡Du Bekâr!'

Thorin como los soldados respondían con gritos parecidos, con ganas de lucha y con un silencioso pacto de seguirle. Thorin miró a Soma de nuevo y vio como éste, tras mirar a Toya y verlo al lado del rey, asentía.

'En ausencia de nuestro señor, yo guiaré al ejército.' Dijo el enano. 'Combatiré a tu lado, Thorin, hijo de Thrain, pues creo que es la mejor manera de poner fin a esto.'

Thorin se acercó a él, hablando ahora de forma más privada mientras el resto de enanos conversaban y gritaban animados. El rey le dijo lo que necesitaba, cual era el plan. Y Soma asintió, dando su palabra de que los Puño de Hierro harían honor a su promesa.

/

'¿Crees que nos han tendido una emboscada?' Preguntó Dwalin una vez que todo estuvo organizado.

'Creo que aquí hay algo que no sabemos. Ha sido demasiado fácil.' Respondió su amigo.

Dwalin asintió. Thorin tenía razón. Había sido demasiado fácil.

'Una vez dé la orden tendremos que adentrarnos lo máximo posible. Tenemos que cerciorarnos de que no tienen escapatoria. Esto debe acabar hoy.'

Dwalin colocó su mano en el hombro de su amigo. 'Esto acabará hoy. Te lo prometo.' Thorin le miró y asintió. Volvió la vista y miró hacia donde se encontraba el acantilado, esperando que Bilbo siguiese allí. Subió la cabeza y vio a Roäc volar sobre él, cumpliendo con su deber.

Thorin dio la orden y vio a los enanos moverse. No pasó mucho tiempo hasta que oyó los gritos procedentes de dentro de la torre, hasta que sus sospechas se hicieron realidad y los orcos volvieron a atacarlos, aprovechando la ventaja de estar en terreno conocido, de ocultarse dentro de su propia edificación. Thorin tenía que confiar en que los Puños de Hierro aguantasen lo suficiente como cebo hasta que sus sobrinos y su grupo estuviese en una posición superior. Hasta que los arqueros que Kili había entrenado con tanto esmero hiciesen su trabajo.

/

Argola miró el campo de batalla. Había trolls al lado de catapultas, había huargos luchando entre ellos y orcos esperando la señal de su líder para atacar. Todas la miradas estaban puestas en las puertas de la torre. Argola vio todo esto desde su alta posición e imaginó que Thorin estaba ahí, al otro lado de esas puertas. Tenía que hacer algo, pues si Thorin conseguía salir de la torre, le esperaba una muerte segura al otro lado.

Argola bajó la colina y se reunió con su ejército. Sabía que tenía una tarea difícil. No había previsto los trolls. Para ser sincera, no había previsto la dificultad del terreno, pero ahora debía demostrar que podía acabar lo que había empezado. Si quería tener influencia y poder, si quería contar con la confianza del rey, tenía que demostrarle que estaba a la altura de las circunstancias.

'Chicos.' Dijo a su pueblo. 'Tenemos un largo día por delante.'

Vio las sonrisas en el rostro de estos y sonrío aliviada. Era reconfortante saber que contaba con la lealtad de su tropa, que podía llevarles hasta el otro extremo de Arda sabiendo que ellos la seguían donde fuese.

Yo no soy Rugur, pensó. Es hora de demostrarle al mundo de lo que estoy hecha.

Con voz decidida dio la orden, sabiendo que cada uno de sus soldados sabía qué hacer.

Continuará….

Kurdûh: Mi corazón

Akhmân Mahal.: Gracias Mahal.


Muchas gracias por todos los maravillosos comentarios que me animan a seguir. Sé que este capítulo no es el más interesante o apasionante, pero es necesario para que prosiga la trama. Más en el futuro. No dudéis en decirme lo que os ha parecido.