I am changing, trying every way I can.

I am changing, I'll be better than I am.

I'm trying to find a way to understand.

But I need you, I need you, I need a hand.

I am changing, seeing everything so clear.

I am changing, I'm gonna start right now, right here.

I'm hoping to work it out and I know that I can.

But I need you, I need a hand.

Bilbo recorrió el campamento, asegurándose de que todo estaba en orden, de que nadie necesitaba de su ayuda. Cuando acabó se alejó un poco, queriendo estar solo. Habían pasado tantas cosas… Tantos sentimientos nuevos en tan pocos días. Necesitaba poner su cabeza en orden, averiguar qué estaba pasando y si estaba de acuerdo con ello. Todo el mundo en Hobbiton sabía lo que un Bolsón haría o diría sobre algo, y Bilbo siempre había sido más Bolsón que Tuk, siempre había sabido qué pensaba, que sentía y qué iba a hacer. Ahora… Ahora no estaba tan seguro. No le gustaba lo que había pasado con Thorin, cómo le había tratado. Había sentido celos, ¡celos! Thorin tenía razón. Estaba celoso. Pero no sabía si estaba celoso de Argola o de otra cosa, no sabía cuál era el origen de esos sentimientos. Lo único que sabía era que quería a Thorin solo para él, quería que el resto supiese que era suyo…

Estos eran los pensamientos que pasaban por su mente mientras sus manos acariciaban de forma inconsciente la suave superficie de su mágico anillo. No se había dado cuenta de que lo había sacado, ni de que lo tenía en las manos. Pero si fue consciente de lo que estaba pensando. ¡Querer a Thorin solo para él! ¿En qué diantres pensaba? Él no era así, él no era un ser egoísta. Él… Bilbo bajó la vista y miró el anillo. No sabía qué hacía ahí, pero no le gustó. Tuvo la misma sensación que cuando mató a esa pobre criatura en el Bosque Negro. Algo se había apoderado de él, algo habían entrado en su mente. En ese momento quiso tirarlo, quiso arrojarlo al abismo y deshacerse de él. Imaginó el proceso, como la joya desaparecía en la distancia. Pero no lo hizo, no pudo. Algo le impedía deshacerse de él, algo que no le gustaba. Recordó las palabras de Rugur antes de morir. Cómo había dicho que había algo oscuro en él, algo que no sabía que era pero que era peligroso. Bilbo empezaba a darse cuenta de que quizás el enano había tenido razón. Había algo que no comprendía, algo en su relación con esa joya que era más que afecto a un objeto mágico, algo… Algo como la relación de Thorin con la Piedra del Arca.

Bilbo giró la cabeza, mirando al campamento, buscando a Thorin aún sabiendo que no le iba a ver. Tenía que pedirle ayuda. Tenía que hablar con él, pues solo él podía comprender por lo que estaba pasando, solo él podía ayudarle a entender. Pero no ahora, no aquí. Bilbo se llevó la mano al bolsillo, dejando ahí el anillo y respirando con alivio por primera vez en mucho tiempo. Había una claridad en su mente que antes no había estado. Volvió a respirar y se sentó en una roca, mirando al abismo que se abría ante él. Pensó en el anillo, en la relación que tenía con él, en lo extraño que era. No le gustaba, pero al mismo tiempo pensar en deshacerse de él… Sacudió la cabeza, intentando dejar ese asunto, pues no iba a avanzar en él hasta que estuviese de vuelta en Erebor y pudiese hablar con Thorin. Thorin… Recordó cómo le había mirado cuando Rugur había dicho esas palabras, cómo no se había inmutado. Thorin sabía que había algo mal en él, Thorin debía tener alguna idea. ¿Cómo no se había dado cuenta? ¿Siempre había sido así? ¿Desde cuándo Thorin era consciente de esa… esa oscuridad que habitaba en él? Seguramente desde antes que él, pensó, dando respuesta a alguna de las preguntas que aparecían en su mente. Thorin… Tanto había cambiado en su relación, y no se había dado cuenta hasta ahora. El enano no había cambiado, era el mismo de siempre, ahora simplemente le dejaba ver los fantasmas que rondaban su mente. Pero su relación había cambiado. Era más… No sabía cómo expresarla. Simplemente era más. Bilbo notaba como estaban más en sintonía, como el vivir con él, el estar a su lado, era algo que le daba felicidad, algo que no requería esfuerzo. ¿Desde cuándo había sido así? Antes la idea de quedarse en Erebor, de tener las responsabilidades que ahora tenía, de cumplir con el papel que el rey le había ofrecido le había aterrorizado. ¿Qué pintaba un hobbit dando órdenes a enanos? Era de locos, de completos majaderos. Pero ahora… Ahora su palabra se cumplía como si fuese ley en Erebor, ahora tenía un ejército dispuesto a dar su vida por él.

Bilbo llevó las manos a la cabeza, ocultando su rostro, pues esos pensamientos le abrumaban. No se había dado cuenta de ello, no se había percatado de las repercusiones de sus actos, de cómo le veían, de cómo actuaba. Ahora, sentado en esa roca, alejado de todo, empezaba a comprender que había cambiado. No era el hobbit que Gandalf había conocido cuando le había invitado a unirse a su aventura, ni el niño que conoció corriendo por las lindes de la Comarca en busca de elfos. Se preguntó si Gandalf le reconocía ahora, si sus padres le reconocerían. Se frotó la cara, intentando comprender. Había cambiado; pero no sabía si para bien. Quizás todo lo que había hecho era una locura. Quizás su lugar estaba en la Comarca, al fin y al cabo. Rodeado de verde, de flores, de lindos aromas y días tranquilos. Suspiró. Su mente era un lío. Una maraña de emociones donde tiraba de un hilo y veía cierta claridad, pero en seguida volvía a mirar al ovillo y a darse cuenta de que el enredo seguía ahí.

No había notado el cambio de temperatura, ni los pasos a su espalda. No fue hasta que notó un abrigo cálido sobre sus hombros cuando se percató de cuánto tiempo había estado ahí sentado. Vio a Thorin sentarse a su lado, pero el enano no dijo nada. Bilbo volvió a mirar el horizonte, pues no quería hablar. No sabía qué decir. Había aclarado ciertas cosas, pero había tanto que desconocía, tanto para lo que no tenía respuesta. Y no quería airear sus dudas, no quería hablar de ellas en voz alta y ver como se convertían en una realidad más que en una suposición. No aún.

Pero Thorin no dijo nada. Simplemente se sacó la pipa del bolsillo, la llenó de hierba y se puso a fumar. Se quedó ahí, a su lado, sin molestarle, sin preguntar, sin pedir nada a cambio. Bilbo pensó en muchas cosas esa noche, puso en orden muchas emociones, muchas dudas que habían surgido. Sin darse cuenta había cogido la mano de Thorin, intercalado sus dedos con los del enano. Cuando se percató de ello se sorprendió, pero no cómo antes, no cómo con el anillo. Ahora una sonrisa apareció en su cara, algo dentro de él le dijo que estaba bien, que todo estaría bien. Y quiso creerlo.

/

La vuelta a Erebor fue dura. Había tanto de lo que hablar, tantas cosas que solucionar. Habían dejado a Soma como jefe de los Puños de Hierro por el momento. Argola se iba a quedar al mando de la situación en el Orocarni y Thorin había exigido que para finales de mes le presentasen a un candidato para ser el nuevo líder. No quería influir en la elección, pero le había dejado claro a Argola que pusiese en posiciones claves a alguien simpatizante con su forma de pensar. Bilbo había tenido razón, muchas cosas andaban mal en las montañas del Rhûn. Lo que el joven Toya le había contado, junto con los informes que había tenido de sus soldados, le habían dado suficiente en lo que pensar. Tenía que ayudarlos, tenía que cambiar su forma de vida. Pero debía hacerlo con cuidado, de forma sutil, sin que aparentase ser una imposición. De ahí que necesitase que el nuevo líder fuese simpatizante suyo. Y esperaba que Argola encontrase alguien digno, aunque tampoco podía confiar plenamente en ella.

Thorin se fue en busca de sus sobrinos, sabiendo que lo que tenía por delante no era fácil de pedir, pero esperando que ambos estuviesen a la altura. Les hizo un gesto con la cabeza y ambos se alejaron del fuego. Yéndose a reunir con él.

'¿Qué sucede?' Preguntó Kili.

'Tengo algo que pediros.' Dijo Thorin. 'Mañana se dividen los caminos. Los Puños de Hierro y el ejército de Argola se dirigirán al este, hacia el Orocarni. Necesito que vayáis con ellos.'

'¿Qué?' Exclamó el joven príncipe.

'Necesito que os quedéis con los Puños de Hierro y veáis que mis órdenes se cumplan. Que os cercioréis de que el candidato a líder de su pueblo es el adecuado.'

'¿Y nos mandas a nosotros?' Dijo sorprendido Kili.

Thorin le miró con severidad en sus ojos, pero no tuvo tiempo de decir nada, pues Fili habló. '¿Pensé que Argola iba a encargarse de ello?'

'Sí. Lo que os pido es que vosotros os encargáis de ella.' Dijo el rey mirando a su heredero. Fili asintió, comprendiendo lo que su tío le pedía, notando la responsabilidad que le estaba dando.

'¿No confías en ella?' Preguntó Fili.

'Confío en que ella hará lo que mejor le convenga. Necesito que eso sea lo que mejor nos convenga a nosotros también, ¿está claro?' Fili asintió, pues comprendía la situación. Sabía que su hermano no quería ir, lo podía notar, pero no dejó que este dijese nada, pues podía ver que lo que les había pedido su tío era más grande que los deseos de ambos.

'Por supuesto.' Dijo agarrando a su hermano. 'Lo haremos, ¿verdad?'

'Verdad.' Dijo Kili, el cual no estaba del todo convencido de lo que estaba sucediendo.

/

Cuando por fin llegaron, Bilbo no podía creérselo. No quiso quedarse para la bienvenida, ni fue a ver a ninguno de sus amigos. No quería hablar con nadie, solo había una idea en su mente y pensaba llevarla a cabo. Dejó que los guardias le abriesen las puertas del Ala Real y anduvo con paso rápido hasta los aposentos de Thorin. Le daba igual lo que pensase la gente. Hacía bastante que había dejado de dar importancia a las apariencias y si Balin tenía algún problema podía ir él mismo a decírselo. Tiró de la cuerda del baño y de la del servicio. En seguida apareció un enano preguntando qué requería.

'Quiero té, tarta, carne, algo de queso. Frutos secos y fresas. Sino hay fresas, la fruta más fresca que haya en la cocina. ¿Entendido?' Dijo mirando al enano. Este asintió y se fue. Bilbo fue hacia el baño y sonrió al ver que estaba lleno. Vapor salía del agua, sin duda lo habían calentado para Thorin, pero en ese momento a Bilbo no le importó que el agua estuviese ardiendo. Necesitaba limpiarse, necesitaba eliminar de su piel cualquier resto de lo sucedido. Se metió en el agua, dejando que su piel se volviese rosácea, notando el extremo cambio de temperatura. Fue entonces, después del shock inicial, cuando cerró los ojos y se relajó. Por fin. Por fin estaba en casa.

Pasaron los minutos y no se movió, no pensó en nada, simplemente se quedó parado en el agua, dejando que el calor relajase sus músculos. Fue entonces cuando se dio cuenta de algo. Estaba en casa. Abrió los ojos y miró la habitación que le rodeaba, el mármol verde, las decoraciones y vetas de oro, el mosaico en el suelo reflejado en el techo, dando a la habitación un toque mágico. El sonido del agua correr en la pequeña fuente de la izquierda. Estaba en casa. Erebor era su casa. En todo el tiempo que había tardado en volver a Erebor siempre había tenido en mente ese cuarto, esa bañera, esas paredes. Siempre había soñado con la cama que le esperaba al otro lado, con la cena que le iban a traer. En ningún momento se había acordado de Bolsón Cerrado, ni de sus muebles, ni de su mullida y pequeña cama.

Estoy cambiando, pensó. No. He cambiado.

Sin saber muy bien porqué empezó a reír, una risa contagiosa con un deje de locura. Pues ahora se daba cuenta de algo que había pasado por alto. Era cierto que había cambiado, pero no por ello había dejado de ser él. Seguía pensando en el hogar, en sus placeres, en su apacible vida. Seguía siendo asocial y huyendo de visitas cuando no le apetecía hablar con nadie, seguida sabiendo qué quería y cómo lo quería. Seguía siendo más Bolsón que Tuk. La única diferencia era que ahora vivía en una montaña en lugar de en una colina. La única diferencia era que ahora no tenía porqué hacer todo esto solo.

'¿Quieres que te deje solo?' Oyó una voz a su espalda. Bilbo sonrió. Amaba a ese enano más de lo que era capaz de poner en palabras.

'No.' Dijo con cariño en su voz. Pues era cierto que quería estar solo, era verdad que había huido de todas las bienvenidas y de la segura fiesta/cena que se daría esa noche. Pero ahora, por primera vez en la vida, tenía un compañero con el que estar solo. 'Ven.' Dijo sin mirarle.

Thorin se quitó la ropa y entró en la bañera, notando el calor del agua. '¿Quieres que la enfríe?' Preguntó, pero Bilbo se negó. Había notado que Bilbo estaba más silencioso de lo normal desde la batalla, que algo rondaba su mente que le preocupaba y le dejaba largas horas mirando a ningún punto en concreto. Pero no iba a preguntar. Él sabía lo que era perderse en su propia mente, lo que era necesitar tiempo para estar solo, para poder aclarar sus pensamientos. Al principio pensó en dejarle en paz, en darle su espacio. Pero luego recordó lo que había sentido en su tienda cuando su hermana había ido a verlo. No había querido quedarse solo, pero no había sido capaz de hacer nada al respecto, pues al mismo tiempo no quería estar con nadie. Quizás Bilbo era también así. Quizás necesita estar solo pero no en soledad.

Se recostó contra el mármol, dejando que el calor relajase sus cansados músculos. Al poco vio a Bilbo moverse, colocarse a su lado, apoyando la espalda contra su pecho. Thorin movió su brazo para pasarlo por encima de su cuello, agarrando su mano izquierda e intercalando sus dedos. No dijo nada, dejó que Bilbo apoyase su cabeza en él y cerró los ojos. Era agradable ese nuevo concepto de estar solo en compañía.

'¿No hay fiesta esta noche?' Preguntó Bilbo al cabo de unos minutos.

'Sí. Gloin la está preparando.'

'No vas a ir.' Dijo Bilbo. No era una pregunta.

'Debería decir unas palabras. Hacer de rey y esas cosas.' Dijo sin abrir los ojos. Notó la risa de Bilbo, el ligero contoneo de su cuerpo. Sonrió.

'Deberías.'

Thorin acarició la mano de Bilbo, haciendo pequeños dibujos en su palma. 'Has pedido cena.'

'Sí. Tenía hambre.'

Thorin abrió los ojos y miró la cabeza de rizos mojados que tenía delante. 'La has pedido para dos.' No le hizo falta mirarle a la cara para saber que había una sonrisa en los labios de Bilbo. Notó como el hobbit le cogía la mano y se la llevaba a sus labios, dándole un beso ligero.

/

Había sido una velada silenciosa. Habían estado en la bañera hasta que el agua se había enfriado. Habían cenado en la cama, con la bandeja entre ambos y batas protegiéndoles del exterior. Había sido extraño, pues nunca antes habían comido en la cama. Thorin no sabía si Bilbo estaría por la labor, pues conocía lo importante que era la comida y los buenos modales para el hobbit. Sin embargo, había sido el propio hobbit el que lo había propuesto. Había sido agradable. Había sido la velada más agradable que Thorin podía recordar. No era que las demás pasadas con Bilbo no lo hubiesen sido, era que esta había sido especial. No habían hablado de nada en especial, no había surgido esa chispa sexual, no había nada que no fuesen dos personas queriendo estar alejadas del resto del mundo, queriendo estar solas, y queriendo estarlo en la compañía del otro. Fue en ese momento en el que Thorin supo que era verdad, que Bilbo, contra todo pronóstico, era su merlar.

Thorin se levantó de la cama cuando acabaron de cenar, pues sabía que debía cumplir con su papel, aunque fuese por unos minutos.

'Vas a ir a la fiesta.' Dijo Bilbo dando un último mordisco al trozo de queso.

'Solo unos minutos, lo necesario.' No le apetecía nada, pero se puso una túnica elegante.

Bilbo asintió y se levantó cogiendo la bandeja y dejándola a fuera. 'No tardes.' Le dijo cuando pasó a su lado, apoyando sus manos en su pecho y poniéndose de puntillas para darle un suave beso en los labios, el primero de la noche.

'No lo haré.' Prometió Thorin.

/

Cuando volvió, Bilbo estaba en la cama, con un libro en el regazo, leyendo. No dejó el libro hasta que notó a Thorin meterse en la cama, a su lado.

'¿Está interesante?' Preguntó.

'Mucho. Aunque creo saber quién es el asesino.'

A Thorin no le sorprendió, Bilbo era muy perspicaz, una novela de asesinatos no era rival para él.

'No dejes de leer por mi.' Dijo, y Bilbo volvió a coger el libro, continuando con su lectura. Thorin se acercó a él, apoyando la cabeza en su estómago con cuidado, pues quería cerciorarse que estaba bien. Cerró los ojos y descansó, apreciando la paz que le rodeaba, notando los dedos de Bilbo jugar con su pelo.

Cualquiera que hubiese sido testigo de esa escena, o de su cena, o de su baño, hubiese pensado que eran una pareja tranquila, con vidas sosegadas y sin grandes excitaciones, uno incluso podría decir aburrida. No se habían deborado a besos en la bañera, no habían hablado de lo interesante que había sido sus días en la cena, ni se habían desvestido con ansias de camino a la cama. Todo había sido tranquilo, pausado, con más silencio que palabras. Sin ningún tipo de prisa, como si nada más importase. Para Thorin, todo había sido perfecto. Era la primera vez que volvía a su hogar y se sentía a gusto consigo mismo, la primera vez que no tenía que imponer una sonrisa o contar una historia o ser sociable. La noche había sido perfecta.

'Quiero repetir esto.' Dijo, no sabiendo muy bien cuánto tiempo había pasado desde que había hablado por última vez. Vio como Bilbo dejaba el libro de lado y le miraba.

'¿El qué?'

'Esto.' Dijo intentando explicarse. Se incorporó, sentándose a su lado. 'Nosotros, esta tarde, esta noche. Esto. Esta… paz. Me gusta. Quiero repetirlo.'

Una pequeña sonrisa apareció en la cara de Bilbo muy despacio, y Thorin vio como algo se despejaba en sus ojos, como si una de esas preocupaciones en las que llevaba días pensando desapareciese. Bilbo la acarició la cara, acercándose a él.

'Si tu quieres, esta puede ser nuestra vida.' Dijo acariciando su barba. 'Pero temo que acabes cansándote de ella. Temo que en algún momento tengas la necesidad de salir a combatir por algo, a derrotar a alguien. Y temo no poder ser capaz de seguirte, no de nuevo.'

Thorin entendió sus palabras, supo perfectamente de lo que le estaba hablando, de cómo le había abierto su mente y le estaba mostrando sus fantasmas. Miró a Bilbo y vio el cansancio en él. No era un hobbit joven, como bien le había dejado claro numerosas veces; pero no pasaba nada, él no era joven tampoco. Bilbo no era un guerrero, por mucho que supiese manejar una espada, no era un estratega por mucho que pudiese ganar una batalla. Era un hobbit, y Thorin no cambiaría eso por nada del mundo.

'No hay nada que desee que no tenga delante de mi.' Dijo cogiendo la mano de Bilbo. 'El único motivo que podía tener para dejar esta cama, para dejar esta montaña, es que tu te alejases de ella. Pues allá donde tu vayas, iré yo.'

Vio como Bilbo sonreía esa cansada sonrisa suya y le tocó la cara, acercándola a la suya. 'No dudes ni por un momento que moví a todo mi ejército por ti.'

'También por la tierra de tus ancestros. La tumba de Durin.' Dijo Bilbo, rebatiendo sus palabras.

'Es mi pasado. Tu eres mi futuro.' Dijo acariciando su suave mejilla. 'Tu eres lo más importante de mi vida, Bilbo Bolsón. No lo dudes ni por un segundo.'

Bilbo se movió, acercándose a él, besándole con amor, con cariño. 'Te quiero tanto.' Dijo separándose de él.

'Solo Mahal sabe por qué.' Respondió Thorin. 'Pero le estoy agradecido por ello.'

Continuará…


AN: Gracias por seguir ahí. Este capítulo me ha costa escribirlo más que el resto, pero espero que la espera haya merecido la pena. Es un descanso de tanta batalla y acción. Espero que os guste.