When the rain is blowing in your face,
And the whole world is on your case,
I could offer you a warm embrace
To make you feel my love.
When the evening shadows and the stars appear,
And there is no one there to dry your tears,
I could hold you for a million years
To make you feel my love.
Bilbo recorrió con la yema de sus dedos las pequeñas gotas de sudor que habían aparecido en el torso de Thorin. Podía sentir el calor de la habitación; el fuego de las dos chimeneas dibujando figuras en el pulido mármol. Solo se oían sus respiraciones, el sonido del colchón al moverse contra la fuerte estructura de madera, los ahogados gemidos que salían de la garganta de ambos. Bilbo llevó la cabeza hacia atrás, cerrando los ojos, dejando que el placer inundase sus sentidos. Sus caderas se movían por cuenta propia, sin que él tuviese que pensar. Podía sentir las manos de Thorin en sus muslos, subiendo por su cuerpo, acariciando la blanda piel que había en sus caderas y glúteos. La fragancia del jabón y los aceites corporales aún estaban en el aire. El pelo del enano, todavía húmedo, había dejando una marca en la almohada. Bilbo abrió los ojos y miró a Thorin. En ningún momento dejó de moverse rítmicamente, subiendo y bajando a una velocidad pausada pero placentera para ambos. Movió sus manos, notando el duro músculo bajo la piel, subiendo por su torso hasta llegar a su cuello. Rodeó su garganta, trazando con sus dedos las venas que sobresalían a causa de la tensión. Miró a los ojos a Thorin y vio como este le devolvía la mirada. Estuvieron así unos minutos, mirándose. Thorin tumbado en la cama, quieto, con las manos en las caderas de Bilbo y sus ojos fijos en los del mediano. Bilbo moviéndose rítmicamente, apoyándose en los abdominales del enano, subiendo el ritmo lentamente.
Thorin acarició con su mano izquierda los glúteos de Bilbo, llevando la mano a donde se unían sus cuerpos, notando el lento entrar y salir de su miembro con las ajadas yemas de sus dedos. Vio a Bilbo cerrar los ojos y llevar la cabeza hacia atrás de nuevo. Dejó que disfrutase de la sensación durante un rato antes de tocar con su otra mano el miembro de este, haciendo que su respiración fuese más entrecortada. Deleitándose con la extraordinaria imagen que tenía delante de él.
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'Deberíamos salir.' Dijo Bilbo acariciando el pecho de Thorin, jugando con su vello corporal. 'Dar señales de vida.'
'Sí.' Dijo Thorin. Pues aunque había estado un rato en el banquete, sabía que había muchas cosas de las que ocuparse. Dar las noticias de lo sucedido al consejo, hablar con Dain, poner en orden su reino… Suspiró, pues no quería dejar la habitación, pero sabía que debía. '¿Cuáles son tus planes?'
Bilbo miró hacia la puerta, meditando. No sabía qué era lo que tenía él que hacer. Antes, en el campo de batalla, lo había tenido muy claro. Pero ahora, de vuelta en Erebor, solo era el pretendiente del rey.
'Si no tienes nada en mente, podrías venir conmigo.' Dijo Thorin acariciando sus rizos.
Bilbo le miró sorprendido.
'Me vendría bien tu ayuda con el consejo y con otros asuntos.'
'¿Se me permite atender?' Preguntó Bilbo, pues no estaba seguro.
'Bilbo.' Dijo el rey con una sonrisa en su cara. 'Se te permite ir a donde te plazca. No hay puerta cerrada en mi reino para ti.'
Bilbo negó con la cabeza de manera involuntaria. 'Me refiero a si está bien visto. Aún no estamos casados…'
'Me da igual.' Respondió Thorin. 'Yo te quiero a mi lado. ¿Vendrás?'
'Por supuesto.' Contestó Bilbo. 'Después de desayunar.'
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'¿Cuál es la situación?' Preguntó Thorin entrando en la Gran Sala Azul. Bilbo nunca había estado allí antes, pues no se le permitía asistir a las sesiones que el rey tenía con su consejo, pero el resto de la Compañía le había descrito la habitación. Siempre había sentido curiosidad, pues nunca había visto una sala en Erebor que no fuese verde. Miró las pareces y en seguida supo porqué la llamaban la Gran Sala Azul. Estaba cubierta de tapices de mares. Era extraño, dado que los enanos no viajaban por mar, eran criaturas de tierra y oscuridad. Pero no tuvo tiempo de investigar más, pues sentados en sus respectivas sillas estaban los miembros del Consejo Real, los cuales le miraron sorprendidos.
'Uzbadê. Han llegado nuevas de los príncipes. Llegarán a Nurunkizdin pasado mañana.' Dijo Balin yendo a su encuentro.
Thorin asintió y miró a su primo, el cual se había levantado de la silla central nada más verlo llegar. 'Erebor sigue como lo dejaste. Tuvimos unos cuantos problemas en las minas y con los gremios, pero se ha resulto.'
'Imagino que el informe con todo detallado está en mi oficina.' Dijo mirando a Balin, este suspiró ligeramente y asintió. Bilbo conocía lo suficiente al enano como para saber que no había informe de la situación y que iba a apresurarse a escribirlo nada más saliese de allí.
'Thanu men.' Dijo Bodin. 'Erebor necesita saber lo sucedido. Estábamos esperando su presencia para ser informados de lo que se le ha de decir al pueblo. Hay asuntos urgentes que tratar también, asuntos de suma importancia,' dijo mirando a Bilbo con un cierto tono de desprecio 'asuntos privados.'
A Thorin no le pasó desapercibida la mirada; y aunque en cualquier otro momento hubiese rugido un insulto y montado en cólera, hoy no tenía ganas de más batallas.
'Señor Bodin, tiene toda la razón. Hay mucho que tratar.' Dio un chasquido de dedos y uno de los sirvientes que había en la sala fue a él. 'Trae una silla para el señor Bolsón. Colócala a mi izquierda.' Bilbo vio las caras de los enanos de la sala y tuvo que morderse el carrillo para no sonreír. Eran pocos los momentos en los que Thorin le sorprendía con su uso de la diplomacia, pero estos eran preciados para Bilbo.
La silla fue colocada a los pocos segundos al lado del rey, el cual movió la silla y esperó a que Bilbo fuese a su encuentro y se sentase, antes de acercarla a la mesa. Después se sentó y el resto de enanos se sentaron tras él. El mensaje estaba claro y nadie dijo nada. Thorin explicó lo ocurrido en Gundabad, la historia que Bilbo y él había preparado como oficial. Contó como Bilbo se había infiltrado en las tropas de Rugur para averiguar lo que tenían en mente. Explicó su llegada a Gundabad, la batalla, la ayuda de Argola, la muerte del líder de los Puños de Hierro a manos de los orcos.
'Una desgracia.' Dijo uno de los enanos. 'Rugur no tiene descendencia y temo que empiecen una guerra para encontrar a un nuevo líder.'
'No lo harán. He hecho los preparativos necesarios para asegurar que el futuro líder de los Puños de Hierro sea alguien cercano a mi.' La voz de Thorin era grave, como cada vez que decía algo oficial. 'Hay algo que no he explicado. Mi intención nunca fue ayudar a los Puños de Hierro. Fue Bilbo el que me hizo ver.' Dijo cogiendo la mano del hobbit. 'Fue él el que trajo ante mi un asuntó que nunca pasó por mi mente.' Miró al Consejo y respiró, pues sabía que lo que iba a decir a continuación no era fácil de comprender. 'No tengo ninguna intención de dejar pasar el asunto. Quiero tener la decisión y poner a alguien digno de mi confianza al liderazgo de los hijos de Sindri. Quiero cambiar su forma de vida, quiero influir en su pueblo y ser partícipe de su progreso.'
'Si no me equivoco,' dijo uno de los enanos 'diría que suena a que quiere ser su líder.'
'No quiero ser su líder.' Dijo Thorin mirándole a los ojos, pues sabía que había tenido en valor para decir lo que los demás pensaban. 'Pero sí que soy su rey.'
Los enanos se miraron entre ellos, murmurando en silencio. Bilbo miró a Balin, quien tenía cara de sorpresa, pero no de contrariedad. Miró a Dain y vio al mismo enano de siempre, con rostro serio.
'Señores, no me pueden los sueños de grandeza. Muchos de ustedes me conocen desde que era un niño. Saben que siempre he tenido en mente a mi pueblo, y creo que dicho pueblo está ahora en el lugar que se merece. He asegurado que todo hijo de Durin tenga un hogar de nuevo, una estabilidad, una vuelta a las tradiciones que se nos arrebataron hace tanto tiempo.' Los ancianos asintieron, pues todo eso era verdad. 'Nunca he pensado en nada que no fuese esta montaña, este hogar. Y dedicaré hasta mi último aliento para que a mi pueblo no le falte de nada. Sin embargo, todos mis años centrados en recuperar Erebor me han distanciando de algo que nunca creí importante, algo en lo que nunca pensé hasta que se me mostró tan claramente', esto lo dijo mirando a Bilbo con ternura, luego volvió a mirar a su consejo. 'Soy el único heredero de los Siete Padres. Sólo mi familia permanece de la que antaño fueron siete poderosos reinos. Siglos han pasado desde que los siete monarcas se reunían en Kadad-dûm para hablar tratados y compartir culturas y riquezas. La realidad es que a día de hoy la mitad de nuestros clanes están liderados por enanos sin ningún tipo de linaje, de historia o de poder. Sin nadie que devuelva la historia y la grandeza a sus casas.'
'¿Por qué debería de importamos?' Soltó un enano. 'No es nuestro problema si sus reyes murieron y son liderados por enanos de baja alcurnia.'
'No veo qué se nos ha perdido ayudado a traperos y alfareros del Orocarni.' Dijo otro.
'Porque hubo una vez que esos traperos y alfareros fueron la envidia de toda Arda.' La voz de Thorin poderosa, dejando claro que estaba empezando a enfadarse. 'Porque hubo un tiempo en el que el Orocarni era sinónimo de riqueza, de exóticas pieles, de ricos minerales, de increíble belleza y color. Porque hubo un tiempo en el que se conocía a nuestra raza en toda Arda, como artesanos y escultores, como inigualables artistas. ¿Y qué somos ahora?' Miró a la sala, en busca de alguien lo suficientemente valiente como para responderle. 'Sí, Erebor es un reino rico, y puede volver a ser la ciudad más poderosa de toda la Tierra Media, pero nuestros cimientos no son gracias a nosotros. Nuestra riqueza es algo heredada, y la capacidad de supervivencia y expansión es algo cedida.' Dijo señalando a Bilbo, recordándoles que si tenían de comer era gracias al hobbit. '¿Dónde está nuestro papel en esta historia?'
Hubo un silencio en la sala, pues los ancianos estaban empezando a comprender las palabras de su rey. Muchos no se atrevían a mirar, pues había verdad en dichas palabras, verdades que habían pasado décadas negando.
'Quiero devolver la dignidad a nuestra raza. No solo a nuestro pueblo. Quiero tener la certeza de que cada vez que se habla de uno de nosotros no sea bajo las palabras pordioseros o vagabundos. Quiero recordar a los Hombres que sabemos hacer algo más que forjar espadas o herraduras. Quiero recordarle a los Elfos el pueblo que fuimos, la belleza de nuestros salones, la cultura que se nos arrebató hace siglos. Recordarles que no son los únicos que caminaron bajo las estrellas de Beleriand. Quiero saber que cuando se habla de nosotros, no sólo se menciona Erebor, como si no tuviésemos más moradas; sino que se habla de la diversidad y exuberancia que puede encontrarse entre nuestra gente a lo largo de toda la tierra.'
Hubo unos largos segundos de silencio donde Bilbo miró a los demás enanos, esperando que dijesen algo. El pecho se le había encogido al oír a Thorin, pues cuando le había convencido de defender a los Puños de Hierro no había pensado en que el monarca querría ir más allá. Ahora que había oído lo que había en su mente, que las palabras apasionadas de Thorin habían inundado sus oídos, quería hacer realidad esos sueños. Quería construir con Thorin ese futuro, quería descubrir todas esas ciudades, todas esas culturas de las que había hablado y hacerlas visibles, quería explorar nuevas tierras y conocer nueva gente. Fue entonces cuando alguien habló, pero él no se dio cuenta, pues notó que algo dentro de él volvía a la vida. Había pensado que no quería más aventuras, que después de anoche no quería más que quedarse en sus aposentos en paz, pero ahora… Ahora esa parte Tuk había vuelvo a despertar y quería ver mundo. Quería conocer más de esa raza que ahora llamaba su pueblo.
"Quizás lo que no quieres es más guerra, más conflicto."
Dejó esos pensamientos de lado, pues no era hora de ponerse a averiguar lo que consternaba su corazón. Se centró en la conversación que estaban teniendo los sabios.
'No será fácil.' Dijo uno de ellos. 'Demasiado tiempo llevan viviendo como meros campesinos y guerreros como para cambiar.'
'Yo creo que cambiarán.' Dijo otro, el cual también quería ver el sueño del monarca cumplido. 'Yo creo que dada la opción cualquiera elegiría el progreso. Thanu men, yo estoy con vos. Nunca he pensado en nada que no sea este reino, esta gente, pero veo ahora que es un error continuar aislados.'
'Es cierto.' Dijo otro que era un poco más mayor. 'Podemos quedarnos aquí, podemos centrar nuestras energías en Erebor, pero si no hacemos algo, en un par de décadas no quedará nada de nuestra raza que no sea nosotros. Hubo un tiempo en el que la diversidad y las costumbres se mezclaban en estos salones, un tiempo en el que el comercio con otras tierras era fluido y sus habitantes libres de viajar. Yo quiero ver esos tiempos de nuevo.' El enano miró a Thorin y inclinó la cabeza, a modo de respeto.
Pasó el tiempo, y los enanos siguieron debatiendo. Bilbo aprendería que las sesiones del Consejo de Sabios siempre eran lentas, pero al finalizar todos dieron su aprobación al rey. Todos convencidos de que era lo mejor, no solo para Erebor, sino para su raza. Thorin miró a Bilbo y sonrió, cogiendo su mano y apretándola cariñosamente.
'¿Era esto lo que querías?' Dijo en voz baja mientras los demás enanos empezaban a planificar el asunto de los Puños de Hierro.
'No. Pero como siempre, me das más de lo que puedo imaginar.' Dijo Bilbo respondiendo a su sonrisa. 'No sabía que querías ir tan lejos.'
'No hay motivo para hacer las cosas a medias.' Dijo Thorin. 'Pensé que ya puestos podía intentar hacer algo bueno por todos.'
'No va a ser fácil.'
'No.'
'Va a necesitar de mucha diplomacia.' Continuó Bilbo.
'Supongo.'
Escucharon más discusiones de fondo. Bilbo miró la sala y sonrió. Volvió la cabeza hacia su futuro esposo.
'Podemos ponernos manos a la obra después de la boda.'
Thorin sonrió e hizo una cosa que nunca nadie se había atrevido a hacer en esa sala. Besó la mano de Bilbo, demostrando su amor. Nadie dijo nada, quizás porque estaban demasiado absortos en sus palabras, quizás a modo de respeto.
Fueron unos días bastante ajetreados. Bilbo se aseguró que todos los cultivos estuviesen en orden, que sus indicaciones se llevasen a cabo en invierno, pues no podía dejar que los campos se helasen. Llegaron noticias de los príncipes sobre lo que estaba sucediendo en Nurunkizdin y Thorin les dio indicaciones sobre cómo proseguir. Saber que Fili y Kili se estaban ocupando de ello tranquilizó mucho al rey, pues confiaba en la forma tan natural que tenían sus sobrinos de tratar con la gente. También le llegaron noticias de Argola, la cual le explicaba lo mismo que sus sobrinos, algo que calmó las dudas del monarca. Las noticias de la batalla y la guerra corrieron por Erebor, dando a Bilbo más protagonismo del que quería, pues hacía tiempo que el pueblo le amaba. No sabía cómo había sucedido, aunque si que sabía que tenía cierta relación con el tapiz que Dís había tejido con él y Thorin y las figuras de Mahal y Yavanna detrás. No hay que confundirse, Bilbo amaba el tapiz, era precioso, de una calidad exquisita. Pero había algo en él que hacía que sus ojos girasen en sus órbitas. Era tan cursi… Por supuesto que los enanos lo amaban. Porque no había que equivocarse, debajo de ese exterior rudo e intimidatorio, se encontraban unos adictos a las historias de amor.
Thorin, por su lado, había puesto en orden sus asuntos, despedido a Dain dándole las gracias por su ayuda, asegurado el comercio con Valle y prometiéndoles la ayuda de Erebor en invierno si llegaba el caso. Había organizado la vida política y social de su reino y dado instrucciones a los diferentes gremios de cómo proseguir. Una vez acaba sus obligaciones se había reunido con Balin en la planta superior de palacio, pues quería asegurarse de que sus habitaciones estuviesen acabadas antes de la boda.
'Tengo una sorpresa para ti.' Dijo Balin cuando vio entrar al rey en las habitaciones.
Thorin le miró expectante, pero también con cierto recelo. Balin sonrió y le cogió del brazo, guiándole por las estancias. Llegaron a una sala donde Thorin vio una hermosa mesa de madera redonda con sillas alrededor. Había estanterías y cajones. Todo daba la sensación de ser una sala de estar, sin embargo, una de las paredes eran dos enormes puertas de madera, las cuales sin duda se habrían para poder dar paso a otra estancia. En una de las puertas había una puerta más pequeña, indicada para uso diario. Thorin miró a Balin y este sonrió, indicando con la mano que la abriese. Thorin lo hizo, y la respiración se le paró al ver lo que había al otro lado.
La vista de Valle era preciosa, y más allá podía ver casi todo Rhovanion. El sol estaba en lo más alto, haciendo posible que todo el espacio estuviese iluminado. Y por Mahal, era un gran espacio. La roca había sido excavada de forma natural, abriendo un agujero enorme en la montaña, pero Thorin no se había fijado, era imperceptible desde fuera. A los lados se podía ver el corte natural de la roca sin pulir. La puerta daba a una sección con roca en el suelo, donde había una mesa con más sillas. Sin duda para tomar el té o disfrutar la vista. Había unas escaleras que bajaban a la parte principal, donde había una hermosa fuente que dejaba caer el agua por todo el piso a través de pequeños canales. Todo estaba cubierto de tierra, pero siguiendo un camino, marcado por la fuente y por la roca. A la derecha había una gran caja de cristal de colores. Sin duda el invernadero del que tanto había hablado Bilbo. Thorin se acercó a él y pudo apreciar la belleza del cristal. Eran de diferentes colores, dando a la estancia un aire mágico, haciendo que el suelo se tiñese de los colores cuando la luz pasaba a través de ellos. Thorin se giró. Era un gran espacio, más grande de lo que se había imaginado, pero no tanto como para ser demasiado para una persona sola.
'¿Es de tu agrado?' Preguntó Balin, el cual había estado esperando la reacción de Thorin.
'Lo es.' Dijo con sinceridad. Miró a Balin y asintió. 'Es perfecto.'
'Me alegra saberlo, muchacho.'
'¿Cómo…?' Preguntó Thorin, pero Balin no le dejó acabar.
'Con mucho trabajo, pero pensé que preferirías algo más grande, algo más así.'
Thorin se giró, mirando a su alrededor, al remanso de paz, imaginándoselo todo plantado, a Bilbo con una ligera camisa y esos ridículos tirantes que tanto le gustaba llevar trabajando en la tierra. No podía esperar. 'Es perfecto. Gracias.'
Balin sonrió y se acercó a Thorin.
'Es lo menos que podía hacer.' Dijo el anciano enano lleno de cariño.
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Partieron al alba. No eran muchos. A Bilbo le dio pena que Dís no les acompañase, pero alguien debía estar en el trono asegurándose de que Erebor estuviese allí cuando regresasen. Como guerreros oficiales solo llevaban a Dwalin y Dagril, pues Bilbo había recordado que iban a la Comarca, no a la guerra. Bofur se había unido al grupo, pues tenía ganas de volver a ver la casa de Bilbo y de estar de aventuras con él. Gloin también se había unido, pues deseaba pasarse por Ered Luin a conversar con ciertas personas sobre negocios. Los demás no podían ir, pues tenían asuntos que atender en Erebor. Pero no hacía falta más gente. Tenía paso seguro por El Bosque Negro, pues Bilbo se había asegurado de ello, y luego descansarían de nuevo en la casa de Beorn y en Rivendell.
'Es como volver a recorrer el camino, pero marcha atrás.' Le había dicho Bilbo a Thorin ante la cara de desprecio por tantas paradas con elfos. 'Además, podemos quedarnos en tabernas y hostales, no hay motivo para dormir a la intemperie.'
Seis fueron los que partieron de Erebor con provisiones para el camino, con una gran despedida y con un día cálido. Uno de los pocos que quedaban, pues el invierno estaba cerca y tenían que viajar deprisa. Bilbo miró atrás, viendo como la montaña se hacía cada vez más pequeña. Notando como la echaba ya en falta. Tenía ganas de ver su casa, de ver a su primo y a su familia, de pasear por la Comarca. Quería volver a tu tierra natal, sin embargo, podía notar como algo dentro de él se quedaba en Erebor.
'Bilbo.' Oyó la voz de Thorin llamándole desde más adelante. 'No te quedes atrás. Se nos echa el día encima.' Su voz molesta, igual que cuando le había llamado la atención por quedarse mirando Rivendell antes de irse. Bilbo sonrió y dio un empujón a Mermelada. Había cosas que no cambiaban nunca.
Continuará…
Siento mucho el retraso. Lo primero que quiero hacer es disculparme por no haber dado señales de vida en un mes. Esta historia es muy preciada para mí y valoro mucho, muchísimo, cada uno de vuestros comentarios que me animan a seguir. Sin embargo, hago esto por placer, no por dinero, lo que hace que tenga que posponer escribir en momentos de más actividad en mi vida. Estoy haciendo un master muy intensivo y me está quitando tiempo para todo, incluso para poder escribir esta historia. Lo malo es que cuando tengo tiempo, como hace mucho que no escribo, los personajes se me van, por lo que necesito releer y volver a estar en sintonía con los personajes. No es un proceso sencillo, pero es uno que creo que valoráis dado que os gusta la forma en la que los escribo.
Quiero pedir perdón por la tardanza y por este capítulo. No es el mejor que he escrito, pero ya era hora de ponerme y escribir algo, de empezar de nuevo. No sé cuando volveré a publicar, puede que la semana que viene puede que no. Pero lo que os prometo es que no pienso dejar la historia inacabada. Quedan unos cuantos capítulos antes del fin. Y después del final de esta historia esta un pequeño arco para la boda. Y si seguís conmingo para entonces… pues tengo más.
He hecho un tumblr para hacer esta historia más pública y agradecería mucho si pudieses reblogear mis historias ahí (el nombre es srtawalkerfanfics). No quiero sonar prepotente, pero hago esto por placer y para que la gente las disfrute, para mi es importante que lleguen a más personas y saber que las leen, pues sino no las escribiría.
Le dedico mucho tiempo y valoro mucho que me leáis y las comentes. Sois maravillosas y os mando miles de besos. Siento mucho que algunas de vosotras me comentéis como invitados y no os pueda responder.
Espero que sigáis ahí, pues hay más en camino. Besos
