If you must fight,
Fight with yourself and your thoughts in the night
If you must work,
Work to leave some part of you on this earth
If you must live, darling one,
Just live
Dagril había pensado que nada podía ser más extraño que el hogar de los elfos de Rivendell. La estancia allí había sido corta, pues el invierno se les echaba encima, pero sin duda entretenida. Nunca había estado rodeado de elfos, los únicos que había conocido eran los del Bosque Negro. Sin embargo, éstos eran distintos. El jefe de ellos trataba a Bilbo como si fuese un viejo amigo, con respeto. Casi el mismo respeto con el que trataba a su rey. A Dagril le pareció extraña la relación entre Thorin y Elrond. Era como si hubiese algo entre ellos cercano a la amistad, pero no tanto. Era como si tuviesen un acuerdo mutuo en el que ambos se caían bien pero se negaban a reconocerlo. Dagril no había comprendido su relación al principio, pues Thorin había sido el mismo de siempre con los elfos; aún así, ni una sola vez había dicho algo despectivo hacia el dirigente de todos ellos.
Rivendell estaba ahora atrás, al igual que Bree, donde se habían quedado a dormir antes de dirigirse a la Comarca. Fue en esa extraña aldea donde Dagril vio su segundo hobbit. Nunca olvidaría el día que había entrado en el Pony Pisador. El aire a cerrado y cerveza, las risas poco agraciadas y libertinas, las miradas de hombres extraños sentados en esquinas oscuras. Era un lugar exótico que le hacía sentirse a la defensiva y al mismo tiempo maravillado. Fue entonces cuando lo vio, sentado en una butaca alta en la barra, hablando con un hombre enorme que hacía que el tamaño del hobbit pareciese aún más pequeño.
Nadie más se fijó en ello, sus compañeros se habían dirigido a coger una mesa y Bilbo estaba hablando con el dueño para organizar las camas, pero Dagril no pudo evitar fijarse. El color del pelo era más oscuro, la tripa más redonda, la cara más afable, un aire de simpleza le rodeaba. Lo miró y miró a Bilbo. A sus ojos había una clara diferencia de quién venía de una buena familia y quién no. Aún así le pareció extraño. Se había acostumbrado a Bilbo, pero al ver a otro de su raza no pudo evitar recordar lo que sintió la primera vez que vio a uno.
'¿Vienes?' Preguntó Bilbo pasando a su lado.
'Sí.' Dijo girándose y dirigiéndose a la mesa. No consiguió concentrarse en la historia de Dwalin, pues no paraba de mirar a su alrededor, de descubrir cosas nuevas, de ver personas distintas.
'Ayúdame con los ponys.' Esa voz lo devolvió a la realidad. Levantó la cabeza y vio a Thorin mirándolo, esperando su respuesta. Asintió y le acompañó fuera. Se dirigieron a la zona de los animales y Thorin comprobó que tuviesen suficiente agua y comida. Dagril no sabía qué hacer, pues su rey no le había dado ninguna instrucción.
'Te sorprende.' Dijo Thorin acariciando al animal sin mirarlo a los ojos.
'Perdón, ¿uzbadê?'
'Los Hombres, los Hobbits, la gente aquí. Este lugar.' Dejó al animal y se acercó a él, apoyándose en una viga y mirando a la noche estrellada. De fondo se podían oír unos gritos de pelea, risas de mujeres.
'Sí. He de reconocer que no es a lo que estoy acostumbrado.'
'Es normal. No has tenido ningún motivo para dejar Rhovanion.'
Estuvieron unos minutos en silencio, Dagril sin saber muy bien qué hacer. Thorin preparando su pipa y encendiéndola.
'Es muy distinto. El mundo exterior.' Dijo Thorin volviendo a la conversación. 'Es algo a lo que no estamos acostumbrados, no es parte de nuestra naturaleza ver mundo, conocer otras regiones, otras culturas.'
'Los hobbits me intrigan.' Reconoció Dagril sin saber muy bien porqué. 'Nunca supe de ellos, no más que anotaciones a pie de pagina en libros de fantasías. Luego conocía a Bilbo y…' No sabía cómo acabar esa frase, pues aunque era consciente de que Thorin era su amigo, tampoco olvidaba que iba a casarse con uno de ellos. 'Es la primera vez que veo a otro de su raza. A otros.'
'Son criaturas extrañas.' Dijo Thorin mirándolo a los ojos, con una ligera sonrisa. 'Quizás no sea el indicado para hablar de ello, pues siempre me parecieron criaturas simples, sin propósito en la vida. Nunca dediqué a uno de ellos más que el tiempo necesario.'
'¿Thanu mên?' Dijo Dagril sorprendido, pues no esperaba esa respuesta de su rey. Sin embargo, su sorpresa hizo que Thorin riese. No era una risa abierta y libre como las que conseguía Bilbo, era una más reservada, más corta. Aún así preciosa para el enano.
'Es la verdad. Siempre que los veía me preguntaba una y otra vez cómo era posible que siguiesen existiendo. Hasta el día de hoy me sigue siendo un completo misterio. No son guerreros, no son artesanos, no hay nada que los haga especiales. De hecho no son más que eso. Anotaciones en pies de página de libros de fantasías. Meras leyendas más allá de Eriador.'
'Deben de ser algo más.' Dijo Dagril sorprendido. 'Pues uno de ellos va a convertirse en Consorte Real.'
Thorin volvió a sonreír. Esta vez una sonrisa misteriosa, una que no acabó de descifrar Dagril. 'Oh, Dagril, son mucho más que meras leyendas. Puede que el mundo no se haya dado cuenta de ello, puede que pasen desapercibidos a ojos de todos, pero escucha mis palabras. Llegará un día en el que el futuro de la Tierra Media estará en sus manos.'
/
Dejaron Bree de fondo y Dagril empezó a notar cómo el aire cambiaba, cómo había una fragancia nueva en él, algo más florar, aún estando tan cerca del invierno. Miró hacia donde estaban Thorin y Bilbo y vió cómo el mediano no paraba de hablar, explicando algo a su rey, el cuál escuchaba ensimismado.
'¿Queda mucho?' Preguntó Dwalin interrumpiendo su conversación.
Bilbo se giró en su poni. 'No. Una vez dejemos el Bosque Viejo atrás y crucemos el Puente de Brandivino estaremos muy cerca.'
Dwalin no contestó a eso, pero dio una especie de rebuzno. Bilbo se dio la vuelta de nuevo y siguió con su conversación como si nadie le hubiese interrumpido.
En efecto, no habían pasado más que unas pocas horas cuando vieron un gran molino con un gran establo. Bilbo los dirigió allí y desmontó. Por las acciones de los demás nadie se sorprendió de parar allí. Dagril se preguntó si ese molino era la casa de la que tanto había oído hablar, pero lo dudó, pues sabía que estaba en medio de una colina rodeada de más casas, y ésta estaba sola.
No tardaron en ver salir a un hobbit del molino. Más gordo que Bilbo, un poco más bajo y con un gran sombrero de paja. Dagril no pudo oír lo que se dijeron, aunque dedujo que el hobbit estaba sorprendido al ver a Bilbo, dada su mirada. Aún así no tardó en tomar sus ponys y guiarlos hacia su gran establo, donde había más como ellos. Dwalin le indicó que cogiese sus cosas y saliese. No comprendía porqué dejaban las monturas ahí, pero intuyó que estaban cerca de la casa.
Se despidieron del hobbit con la promesa de volver mañana por la mañana. En ningún momento vio Dagril que se le pagase por dejar los animales en su propiedad, lo cual le pareció de lo más extraño. Continuaron a pie un buen trecho más, Dagril con ganas de preguntar lo que acababa de suceder, pero no hizo falta.
'No hay dónde dejar ponys en Hobbiton.' Dijo Bilbo, el cual se había colocado a su lado sin que el enano lo notase. Dagril se giró sorprendido, tanto por la aparición como por la respuesta a sus pensamientos.
'¿No hay un establo para los viajeros?'
Bilbo rió suavemente. 'No tenemos viajeros. Nadie se adentra en la Comarca más allá del Bosque Viejo. Y si lo hacen no paran en Hobbiton.'
'¿Dónde paran, pues?' Preguntó sorprendido Dagril.
'En Cavada Grande, más al oeste. Es la capital de la Comarca.'
'¿No vamos a la capital? Pensaba que vivías en la zona noble.'
Bilbo río y esta vez se le unió Bofur, el cuál había estado escuchando la conversación.
'Dentro de poco aprenderás que los hobbits tienen una forma de vida completamente distinta.' Dijo el enano uniéndose a la conversación. 'Hasta para organizar sus terrenos.'
'No nos gustan las aglomeraciones, preferimos tener nuestro espacio.' Añadió Bilbo. No dijo más, pues Bilbo se fue al lado de Thorin, quién se había parado en un cartel que indicaba la dirección hacia Hobbiton, Delagua y Cavada Grande.
'Ves.' Dijo Bilbo acariciando el hombro del enano. 'Es imposible perderse.'
'Eso no estaba ahí la última vez.' Dijo Thorin siguiendo a Bilbo.
'Cariño, eso lleva ahí desde antes del nacimiento del Viejo Tuk.' Fue todo lo que dijo antes de ir en dirección a Hobbiton.
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Frodo estaba recostado en un árbol, con un libro en la mano, leyendo la historia que había leído innumerables veces. Se encontraba en los Bosques de la Cuaderna del Este, y estaba esperando a su tío. Estaba seguro de que hoy era el día, se lo había dicho a su madre y ésta le había contestado que si tan seguro estaba, que fuese a esperarlo. Su tío iba a llegar hoy, lo podía sentir. Tenía tantas ganas de que así fuese. Nunca había estado mucho tiempo con él, no hasta que habían vivido todos juntos, pero era su persona favorita. Siempre con una historia que contar y siempre con algo interesante. No como el resto de adultos, los cuales eran aburridos. Y siempre le hablaban de forma extraña.
Levantó la cabeza, pues pudo notar un cambio en el aire. Algo se movía. Oyó unos pasos y se levantó, mirando al camino. Lo primero que vio no fue a su tío, sino una figura grande y robusta, con pelo negro y barba.
'¡Un enano!' Gritó entusiasmado, pues sin duda ese ser era uno. A los pocos segundos divisó a su tío y sonrío. Ya no vio nada más, pues saltó y fue corriendo hacia él.
'¡Tío! ¡Tío!' Gritó mientras sus pequeños pies corrían a su encuentro. Vio cómo su tío se sorprendió al verlo y la gran sonrisa que siguió a continuación. Vio como éste se puso de rodillas unos segundos antes de que Frodo lo alcanzase, haciendo posible que el pequeño le rodease el cuello con sus brazos.
'Frodo, muchacho. ¿Qué haces aquí?' Dijo separándose de él lo justo como para mirarle a la cara.
'Te estaba esperando. Sabía que vendrías hoy.' Dijo él lleno de orgullo por haber adivinado.
'No sabía que tenías poderes de adivinación.' Dijo su tío con una sonrisa, una que Frodo imitó. Luego se dio cuenta que había más gente a su lado. ¡Cierto! ¡Los enanos! Miró al enano que había estado caminando al lado de su tío, lo revisó de arriba a abajo, pues nunca había visto uno tan de cerca.
'Frodo, deja que te presente. Este es Thorin, del reino de Erebor. Thorin, este es Frodo Bolsón, mi sobrino.'
Frodo seguía hipnotizado con el enano. Era enorme y tenía un pelo precioso, mucho más que el de su madre. Sin embargo, las palabras de su tío lo devolvieron a la realidad.
'Frodo, ¿qué se dice?'
'Perdón.' Dijo Frodo. 'Frodo Bolsón, un placer conocerlo.' Dijo Frodo inclinando la cabeza como le había enseñado su padre. Esto hizo que el enano sonriese y Frodo se ensimismase todavía más. Había escuchado a sus vecinos hablar cuando pensaban que no estaba ahí y siempre se referían a los enanos como seres peligrosos y extraños. Después de conocer a uno pensó que quizás ninguno de sus vecinos había visto uno de cerca.
'Thorin, hijo de Thrain. A sus servicio.' Su voz era profunda pero dulce, algo exótico como nunca antes había oído. Frodo rió, pues le pareció graciosa su presentación.
'Me gustas.' Dijo, pues era verdad. Luego le cogió la mano, o más bien unos dedos, pues se dio cuenta de que era muy grande. 'Vamos, tengo que presentarte a mamá y papá.' Dijo tirando de él.
'¿No quieres conocer al resto?' Preguntó su tío con una sonrisa. Frodo se paró y miró atrás. Había otros cuatro enanos que no conocía y en los cuales no había caído. Todos eran distintos, con diferentes peinados y colores en las ropas.
'Luego. Mamá ha hecho una tarta de moras.'
'Buena idea.' Dijo uno de ellos, el que tenía dos hachas a la espaldas. Sin duda se dedicaba a cortar leña. 'Dejemos las introducciones hasta que estemos delante de la tarta.'
Vio como su tío lo miraba de la misma manera que su madre lo miraba a él cada vez que intentaba coger una galleta antes de que se enfriaran. No le dio más importancia y volvió a tirar del enano. 'Vamos.'
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Prímula cogió la alfombra y abrió la puerta, dispuesta a quitarle el polvo y la harina que Frodo había tirado sobre ella. No fue hasta estar en lo alto, sacudiendo la alfombra, cuando notó las figuras que se aproximaban en su dirección. No pudo identificar a las personas, pero sin duda era su primo. Había llegado cuando Frodo había dicho, antes de lo previsto, aunque más tarde de lo planeado. Se alegró de haber dejado los cuartos preparados la otra noche, aún con Drogo diciendo que no llegarían hasta la semana que viene. Sacudió la alfombra mientras veía como las figuras se hacían cada vez más reconocibles. Escuchó a su hijo gritar y las miradas de algunos de sus vecinos. Tratando de ser disimulados y fallando por completo.
Dejó la alfombra y el azotador, se sacudió el delantal y bajó la pequeña colina a tiempo de que Frodo abriese la verja y fuese a su búsqueda.
'Mamá, ¡mamá! Han llegado, como dije.'
'Sí, cariño.' Dijo acariciándole el pelo y sonriendo a Bilbo, el cual se acercó a ella.
'Prim.' Dijo con cariño en la voz y Prímula fue hacia él, abrazándolo fuertemente.
'Bilbo, ¡qué ganas tenía de verte! Tenía miedo de que el invierno se te echase encima.'
'Nos hemos dado prisa.' Respondió éste separándose un poco. Prim sabía que Bilbo nunca había sido una persona especialmente afectiva, pero aún así ella aprovechaba para abrazarlo y besarlo, sabiendo que era una de las pocas que podía. Bilbo no rompió el contacto. 'Espero que nuestra llegada no te haya importunado.'
'Para nada. Lo tengo todo listo. Y hablando de preparativos… Pasad, debéis de estar agotados.' Dijo alejándose un poco de él para poder ver a los enanos que estaban detrás de Bilbo. 'Dejemos las introducciones para dentro. Tengo tantas ganas de que me cuentes todo.'
'Sí.' Dijo Frodo desde la puerta.
'Cariño, ¿por qué no vas a buscar a tu padre? Estará en el Dragón Verde. Dile que nuestros invitados han llegado.' Dijo su madre.
'Pero yo quiero quedarme y conocer a los enanos.' Respondió Frodo con tono molesto.
'Y seguro que tu padre también. Cuanto antes lo traigas antes los conocerás. Vamos.' Su tono era firme, Frodo sabía que no tenía otra.
'Vale.' Dijo corriendo hasta la verja, pasando entre los enanos. 'Pero no os comáis la tarta.'
'No hago ninguna promesa.' Dijo el enano de las hachas y Frodo lo miró pensativo. Luego se fue como un rayo calle abajo.
'Pasad, estaréis cansados.' Dijo Prímula abriéndoles la puerta.
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No tardaron en llenar el comedor y encontrarse cómodamente sentados. Bilbo había presentado a cada enano a su prima y los había dejado charlando mientras ayudaba a ésta con el té. El recibimiento de su prima le había alegrado y aliviado, pues no cualquier hobbit se tomaría tan bien la presencia de enanos. Aunque por algún motivo Drogo y Prin eran sus primos favoritos.
'Así que ése es Thorin.' Dijo su prima con un tono de voz demasiado casual, cogiendo los pasteles de miel y colocándolos en un plato.
Bilbo se giró a ella y dejó de llenar la tetera momentáneamente. '¿Por qué?'
'Por nada. Solamente quería cerciorarme de que es el mismo Thorin, Rey de Erebor. Eso que parece que has omitido al presentármelo.'
'Pensé que sería mejor si nadie sabe de su rango. Ya sabes cómo son.' Dijo volviendo a su tarea.
'Lo sé.' Dijo ella dejando el plato con las tartaletas al lado de Bilbo. 'Parece agradable.' Dijo con una sonrisa mirando a Bilbo. No le pasó desapercibida la expresión de cariño de Bilbo, algo que hizo que Prímula quisiese conocer mejor al enano.
'Créeme, no es lo que suelen decir al conocerlo por primera vez.'
'Quizás no le conocen en el entorno adecuado.' Dijo ella con una sonrisa que Bilbo no supo cómo tomarse.
Bilbo no le había contando nada a su familia de su relación con Thorin más allá de la amistad que había habido entre ellos. Y aún así no les había contado mucho, pues por aquel entonces pensar en Thorin le dolía. No sabía a qué atenerse con su prima. Sin duda ella estaba tramando algo, pensando en algo, pero Bilbo no sabía qué. Había hablado con los enanos y les había dejado claro que nadie, bajo ningún concepto, debía de saber de su relación con el rey. Todos lo habían prometido, aunque no lo habían comprendido. Bilbo cogió la tetera y las tartajeas y se fue hacia el comedor. No pasaron cinco minutos cuando la puerta se abrió y se oyó la voz de Frodo.
'¡Ya estamos aquí!' Se oyó la voz del pequeño Frodo gritar mientras corría en su búsqueda.
Bilbo no notó a Frodo entrar corriendo, pues los gritos que venían de la puerta le habían absorbido toda su atención.
'Es hora de zanjar esto, Drogo. No puedes seguir defendiéndolo eternamente.' Se oyó la voz de un hobbit adulto.
'Hemos esperado demasiado. Necesito una respuesta.' Se oyó otra voz, esta de mujer.
Bilbo se levantó. Ignorando a su sobrino y caminando hacia el pasillo. Sin embargo, no llegó muy lejos, pues los hobbits que habían entrado en su casa a gritos había recorrido los pocos metros desde la puerta y se encontraban ante él.
'Bilbo Bolsón.' Dijo el mayor de ellos, el cual no era otro que Gorbadoc Brandigamo; el último hobbit que cualquiera en La Comarca querría ver de forma inesperada en su casa. 'Ya era hora de que te dejases ver.' Su voz enfadada, su cara roja. Sin duda había ido a paso rápido desde el Dragon Verde. 'Tenemos asuntos que tratar. Y esta vez no hay aventura que valga.'
Continuará…
Siento no haber contestado a los comentarios, prometo hacerlo, a todos. Los amo y os amo a vosotras por seguir ahí leyendo.
Siento haber tardado tanto en publicar, estoy pasando por un mal momento como escritora, pero como os prometí no pienso dejarlo.
También estoy publicando la primera parte en inglés. Os agradecería muchísimo si conoces de gente que esté interesada en leerlo en inglés o si lo pudieseis rebloguear y difundir. Ya que no gano dinero con ello, lo que me da fuerzas para seguir es que la gente lo lea. Muchas gracias.
