Rutina

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Sus párpados y las sábanas se volvieron pesados al sonar la alarma, los habituales gruñidos de la mañana pronto fueron acompañados de un entumecimiento que se convertiría en una recurrencia, que pasaría desapercibida con facilidad y provocaría un fastidio que quedaría atribuido al cansancio, a los cambios del otoño, al trabajo del día anterior...

Luchaba contra sus ganas de fingir que el día aun no empezaba, pues existía una urgencia por ignorar los detalles y las ausencias y al quedarse en cama era demasiado el tiempo en las manos para recordarlos todos y cada uno. Dormir realmente no servía de nada.

Aquel primer día, al bajar a desayunar y detenerse ante una silla vacía, marcó la pauta de sus mañanas grises y luces opacas.

Se tragó el buenos días, se quedó con el beso en los labios.

En toda la casa, las claras señales de la actividad abandonada le gritaban al oído, y a pesar de que su bento permanecía acomodado como siempre a lado de la estufa y el desayuno aún caliente le daba la misma amable bienvenida, notó que un plato resaltaba ligeramente del resto, como si hubiera sido colocado de manera descuidada, quizá acelerada. Sus labios temblaron al sentir que en la tetera había agua suficiente para dos tazas.

Comió sin apetito y las lágrimas derramadas esa mañana no volvieron a suceder, los ajetreos que no tardaron en reinar la rutina de las mañanas se adueñaron de cualquier pausa que diera paso a aquella tristeza tan extraña. No tardó en darse cuenta que evadirse e ignorar era fácil… pues dormir realmente no le servía de nada. Desesperadamente, mantuvo siempre alejado de su consciencia el hecho de que no podía escapar de ese sentimiento vacío, así corriera por las mañanas y se cargara durante el día con tareas, pues siempre volvía al mismo lugar, a las mismas obligaciones...

—Ya me voy —anunció a una casa vacía.

… pero la rutina resbalaba fácilmente, casi como la lluvia, se metía en los recovecos más diminutos y recónditos, humedeciendo los instantes apenas lo suficiente para que su presencia resalte en los recuerdos y meditaciones. Cada paso es un ejercicio de repetición arrastrado desde la tierna infancia, incluso cada respiro tiene una marca desgastada.


Sábado, 29 de febrero de 2020