Aviso legal: La serie Harry Potter es invención de J.K. Rowling y le pertenece. Todo texto reconocible es suyo.

Advertencia: Este fanfic es de categoría M.

Nota: Editado el 08/08/2020. Gracias por leer y por comentar :)


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4.

Look in thy glass and tell the face thou viewest

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A pesar del cansancio del trabajo, la chica sintió cómo su entusiasmo la contagiaba. Hacía tiempo que no se sentía tan llena de energía... a Hermione se le escapó una sonrisa, una sonrisa grande y genuina.

- Venga, ¡por aquí!- le mandó a su amigo, y se dirigieron hacia los baños públicos.

Abril del 2003. The Rookery.

Harry y Hermione aparecieron en frente de la casa de los Lovegood, últimamente regentada por Luna. El jardín estaba lleno de plantas y flores raras, con colores y diseños dignos de un museo de historia natural. Antes de abrir la verja y entrar, sin embargo, la Ravenclaw de ojos soñadores salió de su casa con una sonrisa beata. ¿Coincidencia? Con Luna Lovegood nunca se sabía. Era un misterio dentro del misterio mágico al que pertenecían los tres.

- Veníais a verme, ¿no?- preguntó la rubia con voz dulce y soñadora. Ambos lo escucharon perfectamente, a pesar de que Luna no había alzado la voz.- Entrad, entrad.

Harry entró con decisión, seguido de una Hermione a la que Luna ya no irritaba. No, muy al contrario, pensó la Gryffindor con una media sonrisa. No sabía cuándo se había dado el cambio. Pero, desde luego; Luna era uno de los termómetros que le habían indicado a Hermione que, efectivamente, había cambiado desde su época de Hogwarts... habían ocurrido muchísimas cosas desde la primera vez que se encontró con aquella Ravenclaw. Ahora, en vez de irritarla, la tranquilidad soñadora de Luna la calmaba. La Gryffindor sonrió plenamente al llegar a la altura de la otra mujer.

- Hola, Luna.- la saludó con sencillez.

- Hola, Hermione.- respondió la rubia, con una sonrisa tan grande como la de la otra bruja, pero como si hubiese estado fumando cierta planta... otra vez. Sin dar explicaciones, alzó su estilizada y femenina mano y, rozándola a penas, colocó detrás de la oreja de Hermione uno de los mechones que se habían escapado de su coleta. El gesto, simple y delicado, produjo una especie de escalofrío placentero en la espalda de la Gryffindor. Sabía que Luna no estaba coqueteando, ni ella lo interpretaba así, pero de vez en cuando la rubia conseguía que Hermione se relajase en un gozo inofensivo. Era tan femenina y delicada, al menos en apariencia... su voz y sus gestos lograban tranquilizarla como Hermione solía tranquilizar a su difunto Crookshanks. Y, como Crookshanks, a la Gryffindor le entraban ganas de ronronear cada vez que Luna la sorprendía con su atenta dulzura. No entendía cómo podía haberla irritado anteriormente... quizás la rubia también hubiese cambiado.

Harry cortó el hilo de sus pensamientos.

- Hola, Luna.- saludó con inseguridad.- Siento no haberte visitado más veces...

- No importa, Harry. Yo tampoco lo he hecho.- le respondió la Ravenclaw, de entre la neblina de su candidez.- Siempre serás bienvenido.- Y su sonrisa se ensanchó. Harry parecía muy aliviado.- Venid, pasad adentro...- añadió Luna con gracia, y los condujo hacia el interior de su casa.

- La verdad...- empezó a explicar Hermione, intentando sonar diplomática.- Queríamos pedirte un favor, Luna.- prosiguió, mientras se sentaban en las butacas de la sala de estar. El sol entraba con fuerza desde la ventana de la sala, como sólo el sol de la tarde puede hacer, sedando a los tres individuos pero sin llegar a ser soporífero.

- Mm-hm.- respondió Luna suavemente, volviendo a producir en Hermione aquellos dulces escalofríos. Afortunadamente, Luna no parecía tener tal efecto en Harry, que expuso sus preocupaciones con el ceño fruncido:

- Luna, hay algo que no quise difundir en su época, pero que ahora me está preocupando. ¿Te acuerdas del Profesor Snape?

Pregunta retórica. Luna afirmó con la cabeza, delicadamente.

- Snape me pasó sus memorias antes de morir. El problema... es que me pasó más memorias que los que yo pensaba en un principio. Dumbledore me legó su pensadero, y cuando vertí todo el contenido de las memorias de Snape...- Harry no pudo evitar un escalofrío, pero en su caso, desagradable.- bueno...

- Resulta... que en vez de ver sus memorias, las vivimos.- dijo Hermione, intentando echarle una mano a su amigo.- Somos capaces de percibir los pensamientos y sentimientos que tuvo en cada memoria que... vivimos.- añadió, y titubeó un poco antes de continuar.- Yo... además... percibo los pensamientos y sentimientos de otra gente... no de todos; es aleatorio.- concluyó, insegura.

Si algo bueno tenía Luna era que no solía juzgar a la gente. En efecto, ni les miró raro ni con incredulidad, y en vez de eso, parecía estar reflexionando sobre lo que le habían dicho sus amigos. Harry pareció recuperar el coraje y comentó:

- Queríamos saber a qué se debe este fenómeno. A ver si somos nosotros los causantes, o son estas memorias, o este pensadero...

- Nos gustaría hacer diferentes pruebas.- añadió Hermione.- Nos gustaría que tú también vieses dentro del pensadero de Harry... y después podríamos mirar las mismas memorias en el tuyo...

Luna les regaló su pequeña sonrisa apacible y afirmó con la cabeza. Con sencillez, sin decir nada, sin pensarlo dos veces. Hermione cruzó las piernas, ligeramente incómoda. Luna hacía que todo se convirtiese simple y llano... ¿era consciente hasta qué grado iba a violar la intimidad del difunto? ¿No lo preocupaba?

- Quiero avisarte que... si te pasa como a nosotros... vivirás y sentirás muchas emociones desagradables.- Hermione titubeó.- Emociones intensas, y situaciones bastante fuertes...

La sonrisa de Luna no se movió ni un ápice.

- Estoy habituada...- comentó, neutramente. Las miradas de Harry y Hermione se cruzaron, pero no dijeron nada. Harry desapareció y volvió a aparecer pocos minutos después, con el pensadero bien agarrado en sus manos. La colocó con cuidado encima de la redonda mesa que las butacas rodeaban.

De golpe, Hermione sintió frío en su estómago. No quería proceder. No quería vivir esas memorias, pero a la vez... la chica cortó en seco aquellos pensamientos, frunciendo el ceño.

- ¿Preparadas?- preguntó el moreno, y ambas brujas asintieron, acercándose al objeto mágico.- Allá vamos...

La sala de los Lovegood se difuminó y desapareció.

Memorias del Pensadero. ?, 1978

El joven Snape nunca había visto tanta gente congregada en un mismo sitio, ni siquiera en el Gran Comedor de Hogwarts. Pero los allí reunidos no eran alumnos, sino Alzados: los más próximos a Tom Riddle se hacían llamar mortífagos, y tenían la Marca Tenebrosa en el brazo. Aquellq noche se habían reunido no sólo ellos, sino gran cantidad de simpatizantes de la Causa.

Tom Riddle era guapo, y carismático, y muy buen orador. Empezó el mítin con efusivas palabras en honor a aquella gran cantidad de brujas y magos que, a pesar de que la versión oficial pretendiese lo contrario, habían perdido la vida a manos de los muggles; todas las brujas torturadas y asesinadas brutalmente por la Inquisición; puesto que no todas tenían la varita a mano cuando las pillaban, ni el poder suficiente para hacer magia sin varita; aquella pobre gente inocente, de los nuestros; familias enteras muertas durante los bombardeos de la I y II Guerras Mundiales Muggles, ¡por las barbas de Merlín! Familias enteras, cuyos hechizos para disimular sus moradas a ojos de los muggles no les salvaron de los bombardeos indiscriminados. Nobles familias de sangre pura, que desde siglos habían tenido que vivir a escondidas de los muggles, temerosos de ser descubiertos, calculando sus acciones, como ratoncillos asustadizos, ¡Con todo un Ministerio de Magia cuyo principal quehacer era mantener el Estatuto de Secrecía!

El público aplaudió. Snape, en la zona de la sala que estaba más alejada de la estrada donde Riddle leía su discurso, cruzó los brazos para abrazar su corazón, que rebosaba de emociones mal contenidas. ¡Pues claro que tenía la razón!

- ¿Para quién trabaja el Ministerio?- preguntó Tom retóricamente.- ¿Para ayudar económicamente los menos favorecidos de las familias de sangre pura? ¿Para asegurarnos una vida digna y bienestar? No. ¡Trabaja para que sigamos bien ocultos de los ojos de los muggles! ¡Pero luego gasta el dinero en educar sangre sucias, hijos de muggles! ¿No es ésa una abominable contradicción? ¿Nos escondemos como lagartijas de los muggles, que son más débiles, pero luego los acogemos con brazos abiertos en nuestras escuelas?

Oleada de aplausos. Severus sintió un apretón en el corazón al acordarse de Lily, pero su reciente traición (mira que largarse con el mismísimo Potter) le hizo aplaudir con tanto fervor como el resto de los Alzados.

- ¿Para quién trabaja el Ministerio?- volvió a preguntar Riddle.- ¿Para nosotros? ¿Para nosotras? ¿Brujos y brujas de buena reputación, hechiceros y hechiceras trabajadoras, responsables, que nos esforzamos por preservar nuestra cultura y nuestra magia de la decadencia muggle? ¡NO!

Otra oleada de aplausos, ésta vez con silbidos de aprobación. El joven Snape estaba tan absorto en el discurso que su corazón latía con la fuerza de mil esperanzas, mil emociones agresivas. Su padre era un sucio y violento muggle que pegaba a su madre, su buena y cariñosa madre bruja, y al propio Severus. ¿Quién mejor que el Príncipe Mestizo para decirle al mundo cuán monstruosos eran los muggles? Él lo había sufrido en su propia piel.

- ¡El Ministerio no trabaja para sus ciudadanos!- exclamó Riddle, fanático.- ¡Tiene miedo! ¡El Ministerio tiene miedo de los muggles, porque son muchos más, porque tienen máquinas que igualan, en su opinión, a nuestra magia! ¡Tienen miedo de los muggles!

El público se levantó mientras aplaudía. Se oyeron abucheos y silbidos y gritos de desaprobación hacia el Ministerio.

- ¡Pero nosotros no queremos un mundo donde nuestros hijos estén constantemente atemorizados por los muggles!- gritó Riddle cuando el alboroto del público empezó a amainar.- ¡Estamos orgullosos de nuestra magia!- más aplausos.- ¡Y no tenemos que rendir cuentas a ningún muggle! ¡No tenemos que pedir perdón por existir! ¡Y no tenemos por qué escondernos de ellos!

Un nuevo alboroto de aplausos y gritos, aún más eufórico que el anterior, y Severus no pudo evitar gritar un "¡Pues claro que no!". Sin esperar a que el ruido amainase, Tom Riddle aumentó su voz mágicamente y gritó:

- ¡MUERTE A LOS MUGGLES! ¡MUERTE A LOS SANGRE SUCIA! ¡Y MUERTE A TODOS LOS TRAIDORES QUE DESPRECIAN SU PROPIA RAZA!

- ¡MUERTEE!

Memorias del Pensadero. Hogwarts, 1995.

La escena del sueño se disolvió y la alcoba del Profesor Snape se materializó. Éste se había acabado de despertar con el corazón latiendo fuertemente y los músculos agarrotados. Se llevó las manos a la cara y apretó con las palmas.

Era el precio de abusar de la oclumancia. Las memorias reprimidas resurgían durante la noche para ahogarlo en las aguas turbias de su pasado.

Aún escuchaba en sus oídos el vocerío de aquellos mítinesde los Alzados, como si acabase de participar en uno. Maldita sea.

El ex-Mortífago hinchó los pulmones de aire y exhaló lentamente, contando de 10 a 0 para intentar recuperar la calma. Escenas del sueño volvieron a su mente, y Snape bufó agriamente.

Qué cínico, qué corrosivo, qué amargado se había vuelto desde que había perdido la fe en la Causa. Desde que había perdido la fe en todo. Menos en el dolor.

¿Qué había sido de sus ideales? Su rabia había sido justificada. Los muggles le habían hecho sufrir, habían hecho sufrir generaciones de magos y brujas. Era justo pagarles con su propia moneda. Pero luego, las cosas no habían salido como el joven Severus esperaba. No... resultó que Lord Voldemort no era exactamente el Tom Riddle que inflamaba los corazones de su audiencia. Y las cosas que había hecho... que los mortífagos habían hecho... que él mismo había hecho...

No... ya no tenía fe en la Causa, ni en ningún otro Gran Ideal, ni en el Señor Tenebroso, ni en Dumbledore. Y no pensaba volver a involucrarse a favor o en contra de nada. Para él, ya sólo existían dos Grandes Verdades: el Sufrimiento y la Muerte, propias o ajenas. Su única esperanza de redimirse era aferrarse a Lily, a los ojos de Lily, y al chiquillo que los había heredado. Si para eso tenía que dejarse utilizar por Albus, que así fuese. Sólo le quedaba pagar su deuda a su manera. Y esperar su turno para morir, con el corazón más tranquilo que hacía una década.

Severus apretó sus dedos contra sus párpados, hasta ver puntitos de luz. Harry Potter. Hacía a penas dos meses, Harry Potter había aparecido en medio del laberinto con un Cedric Diggory muerto y diciendo que el Señor Tenebroso había vuelto. Y efectivamente, había vuelto. Severus sintió ganas de llorar y clavó las uñas en su cara.

La guerra que le había tocado vivir aún no había acabado.

Como cada vez que se despertaba con el sabor de la bilis en la boca, Severus tomó un sorbo de la poción de color charco embarrado y cayó en un coma inducido. La escena se disolvió al instante.

Memorias del Pensadero. Hogwarts, 1993.

Se acercaba la luna llena y Lupin había olvidado tomarse su copa de Wolfsbane. Snape resopló con enojo. ¿También tenía que hacer de elfo doméstico? Con la copa en la mano, echó polvos Flu al fuego y entró en el despacho de Lupin.

Y no encontró a nadie, pero encontró un pergaminodoblado encima del escritorio. Se acercó a él y se dió cuenta, con desagrado, que era el mismo miserable pergamino que le había requisado a Potter en una de las veces que lo había encontrado deambulando por los pasillos de noche.

Snape se crispó. Aún se acordaba de lo que le había respondido el asqueroso objeto cuando había intentado hacerle revelar sus secretos.

"El Sñr. Lunático le da sus enhorabuenas al Profesor Snape, y le ruega que saque su enorme narizota de los asuntos que no le incumben".

"El Sñr. Cornamenta está de acuerdo con el Sñr. Lunático y quisiera añadir que el Profesor Snape es feo e imbécil."

"El Sñr. Canuto quisiera subrayar estar sorprendido de que un idiota como él haya llegado a profesor."

"El Sñr. Colagusano le desea buenos días al Profesor Snape, y le aconseja que se lave el pelo, el muy guarro."

Los grandísimos huevazos que había tenido Lupin de decirle a la cara que aquello era un producto de Zonko. Increíble.

Severus acercó los dedos con cuidado hacia el pergamino y lo abrió.

Bingo.

Lupin lo había dejado desprotegido. ¿Así que de éso se trataba, eh? Era un mapa. Lunático, Cornamenta, Canuto y Colagusano. Así que habían hecho un mapa para que otros pudieran continuar su legado de infringir las normas del colegio... Se acercó con avidez y retuvo la respiración al descubrir lo que verdaderamente hacía del mapa un objeto tan brillante.

Enseñaba los nombres de las personas que se encontraban dentro del mapa, y sus posiciones. Y un nombre en concreto alertó al profesor de Pociones: Remus Lupin, corriendo hacia el Sauce Boxeador. Y Snape creyó entenderlo todo.

Remus Lupin utilizaba el mapa para ayudar Sirius Black a entrar en el castillo. Ambos habían traicionado a Lily. Lily... Si el hombre-lobo necesitaba entrar en la Casa de los Gritos, es que Black estaba ahí escondido. Pero qué poca vergüenza tenían de utilizar ese escondrijo para sus fines... habían matado a Lily y ahora querían matar a Potter hijo.

Black... por fin, Snape tenía la venganza al alcance de sus manos. Salió corriendo del despacho de Lupin hacia la entrada principal del castillo.Y cuando llegó a su destino, el corazón empezó a latirle con más fuerza. Había encontrado lo que menos quería haber encontrado delante del Sauce Boxeador: la capa de invisibilidad de Potter. Potter. Así que el chico estaba en peligro... ¿cómo se las arreglaba para meterse siempre en los peores líos?

Snape cogió la capa y se la puso por encima. Un escalofrío recorrió su espalda. El Sauce Boxeador y un hombre-lobo al final... la historia le sonaba demasiado. Se le puso carne de gallina con sólo pensar en lo que encontraría dentro. Agarró su varita con fuerza y respiró hondo antes de inmovilizar el árbol.

Black... tenía que someter a Black y a Lupin antes de que éste se transformase en lobo. Con la mente decidida, se puso la capa de invisibilidad y entró al escondrijo. Intentó avanzar lo más rápido posible, pero sin hacer ruido. Lo más importante era no hacer ruido... y por fin, llegó hasta la Casa de los Gritos. Se oían varias voces... con el corazón batiendo a mil, descubrió a Sirius, a Remus, a San Potter... pero también a Weasley, pálido y ensangrentado, y a Granger; con los ojos como platos. Severus se paró en seco. Claro. La Santa Trinidad... el que los acólitos de Potter también estuviesen presentes le molestó más de lo que hubiera pensado. Con mucho cuidado, se puso a escuchar desde el marco de puerta.

- Se lo tenía merecido.- oyó que decía Black, sabiendo al instante que estaban hablando de él.- Metiendo sus narices en nuestros asuntos, intentando descubrir en qué andábamos... deseando poder hacer que nos expulsaran...

Snape estaba lleno de rabia. ¿Qué derecho tenían de sacar trapos sucios, memorias de adolescencia para justificar sus actos presentes? ¿Por qué hablaban de él con el hijo de Potter y aquellos dos otros perritos falderos?

- Ésa es la razón por la cual a Snape le desagradas.- escuchó que le decía Potter a Lupin.- ¿Porque cree que habías participado queriendo en la broma?

Había tenido suficiente.

- Exacto.- dijo, quitándose la capa y apuntando a Lupin con la varita. Intentó disimular la expresión triunfal que adoptaba su cara.

Granger gritó del susto, Potter parecía haber recibido una descarga eléctrica, yWeasley parecía estar cerca del desmayo.

- Dos más para Azkaban esta noche.- escupió Snape, regodeándose en su venganza.- Será interesante ver cómo toma Dumbledore estas... noticias. Estaba bastante convencido de que eras inofensivo, sabes, Lupin... un hombre-lobo domesticado...

- Tonto... - respondió el mencionado, con suavidad.- ¿Merece la pena volver a meter en Azkaban un hombre inocente por un rencor escolar?

Severus contrajo su cara de rabia. Lupin hubiese echado sal en una herida abierta, y su odio era profundo. Hizo aparecer cuerdas que, como serpientes, se enroscaron al rededor de Lupin inmovilizándolo en el suelo. Con un rugido, Sirius se avalanzó hacia Severus, pero éste alzó la varita y la apuntó hacia la cara del fugitivo.

- Dame una razón,- le escupió Snape,- Dame una razón para hacerlo, y te juro que lo haré.

Severus estaba fuera de sí, lleno de odio y adrenalina. Delante de sus narices se hallaba el sucio traidor que vendió Lily, la razón por la cual estaba muerta. La pesadilla de sus años escolares, el matón que, junto con su pandilla de arrogantes Gryffindor, habían separado Lily y Severus...

Si los tres amigos pensaban conocer la cara de ira del murciélago, se dieron cuenta de que estaban muy equivocados. Las miradas que Snape les lanzaba en clase, incluso a Harry, no llegaban a la altura del veneno que arrugaba su cara, varita alzada y apuntando hacia el entrecejo de Black. Hermione sintió que tenía que hacer algo. Tímidamente, empezó a andar hacia su profesor, como acercándose a una bestia peligrosa.

- Profesor Snape... n-no haría daño escuchar lo que tienen que decir, ¿v-verdad?

Granger. Una vez más. Hablando cuando no tenía que hablar. Hablar, hablar, ¡hablar! ¡¿Es que sólo sabía hablar o qué?!

- Señorita Granger.- le respondió tensamente.- Ya estáis arriesgando ser expulsados de la escuela.- Severus se sintió ligeramente gratificado cuando vió palidecer a la chica.- Tú, Potter y Weasley estáis fuera de los límites del colegio, en compañía de un criminal convicto y un hombre-lobo. Por una vez en tu vida, cierra el pico.

La adolescente tragó saliva. Dada la situación, las bruscas palabras de Snape parecían una nimiedad comparando con la varita que apuntaba directamente a la frente de Sirius.

- Pero si... si ha habido un error...- notó que su voz era bastante más aguda que lo habitual. Los agujeros de la nariz de Snape se estrecharon de ira.

- ¡CÁLLATE, CHICA ESTÚPIDA!- ¿Qué sabría ella de lo que había sufrido, de lo que estaba aún sufriendo él? Snape estaba fuera de sí.- ¡NO HABLES DE LO QUE NO ENTIENDES!

Hermione no se atrevió a volver a hablarle. Sentía miedo, mucho miedo; pero a la vez, sentía una extraña sensación de piedad hacia Snape. Estaba como loco; la impasible máscara y la cortina de frialdad tras las cuales se solía esconder estaban desechos. Hermione había tenido la triste oportunidad de echar una ojeada bajo el antifaz de hielo de su profesor cuando éste perdía los nervios con Harry, pero nada se comparaba a la fogosa locura de aquel momento. No quedaba nada de la forma pausada que solía emplear para hablar... Severus estaba completamente inestable.

- La venganza es muy dulce.- le dijo Severus a Black, convocando toda la malicia que tenía.- Cómo he deseado ser el que te atrapase...

... y amainar un poco el dolor de alma que le hacía despertar por las noches.

El corazón de Hermione se apretó. Tenían que buscar una solución, y rápido... Ron abrió los ojos de par en par y miró horrorizado hacia la puerta. La adolescente siguió su mirada y a penas pudo enmudecer un chillido.

Harry estaba en la puerta, bloqueándole el paso a Snape y argumentando que si Lupin hubiera querido matarle, hubiera podido hacerlo muchas veces durante el curso.

- No me pidas que entienda el modo en que trabaja la mente de un hombre-lobo.- susurró Snape peligrosamente.- Quítate de en medio, Potter.

Hermione miró a Ron con complicidad y ambos sacaron la varita, discretamente. Harry miraba al odiado profesor con su inconfundible mirada de tenacidad.

- ¡ERES PATÉTICO!- gritó el muchacho al hombre que, al escucharle, pasó de estar lívido a estar rojo de ira.- ¡SÓLO PORQUE TE GASTARON UNA BROMA EN EL COLEGIO NO QUIERES ESCUCHAR...!

Severus sentía tanta rabia concentrada que todo cuanto miraba tomó un tinte rojizo. Hermione y Ron, alarmados, agarraron fuertemente sus respectivas varitas.

- ¡NO CONSENTIRÉ QUE SE ME HABLE DE ÉSE MODO!- ladró Snivellus, completamente enloquecido.- ¡De tal palo, tal astilla, Potter! ¡Te acabo de salvar el pellejo, deberías estar agradeciéndomelo de rodillas! ¡Te estaría bien empleado si te hubiese matado! Habrías muerto como tu padre, demasiado arrogante para creer haberse confundido sobre Black... ahora quítate de en medio, Potter, o te obligaré a hacerlo. ¡QUE TE QUITES DE EN MEDIO!

Esto había ido demasiado lejos. Hermione, como sus amigos, sólo tuvo una fracción de segundo para evaluar las posibilidades, y escogió a Harry por encima de todo.

- ¡Expelliarmus!- los tres juntos, levantaron a Snape del suelo, lo hicieron chocar contra una pared y lo dejaron inconsciente, con un hilillo de sangre que salía de su cabeza.

Las imágenes se tornaron borrosas.

Abril del 2003. The Rookery.

Cuando los tres levantaron la cabeza del pensadero, Hermione se dió cuenta de que estaba llorando y que los mocos se escurrían de su nariz. Apresuradamente, sacó la varita y murmuró, "¡Fregotego!" para limpiarse la cara. Harry estaba amarillento, y la sonrisa de Luna se había convertido en una mueca de tristeza contemplativa.

- Un momento.- susurró Hermione con la voz quebrada, y se dirigió al baño de la casa de los Lovegood. Quería tomar unos minutos para calmar la miríada de emociones fuertes que le hacían batir el corazón, enloquecido. Sentía náuseas, y tenía un dolor de cabeza que le apretaba los sesos con saña. Los violentos sentimientos de Snape aún golpeaban su alma, y su rabia hacía eco en la mente de Hermione. "¿Qué sabría ella de lo que había sufrido, de lo que estaba aún sufriendo él?" El rechazo que el murciélago sentía por su yo adolescente había sido palpable desde su primer año en Hogwarts, pero con aquellas memorias del pensadero, la irritación del antiguo profesor la atacaba con contundencia. "Granger. Una vez más. Hablando cuando no tenía que hablar. Hablar, hablar, ¡hablar! ¡¿Es que sólo sabía hablar o qué?!" Hermione intentó suprimir una nueva oleada de lágrimas, en vano. Era muy desagradable saber a ciencia cierta que otra persona la había despreciado intensamente; a pesar de que el desprecio hubiese sido mutuo. La culpa era de aquellas memorias personales... si no hubiese vivido esos recuerdos, no hubiera empatizado con Snape. Hermione sollozó.Si no hubiera empatizado con Snape, hubiera continuado sin otorgarle legitimidad a sus opiniones... e ignorando las críticas del ex-Mortífago.

Hermione levantó la cabeza y se miró en el estrafalario espejo que los Lovegood habían puesto en el baño. Tenía que admitir, al menos a sí misma, que los reproches de Severus Snape la herían muy profundamente. ¿Por qué? La mujer se examinó la cara con detenimiento. Estaba roja e hinchada de tanto llorar. Quizás, se dijo con reluctancia, si la crítica de Snape le dolía tanto era porque subrayaba los defectos que Hermione odiaba de sí misma. La bruja suspiró, abrió el grifo, cogió agua con las manos y se refrescó la cara. Ya se sentía un poco mejor. Sí... nunca le había gustado ser una sabelotodo mandona, simplemente; no había sabido cómo no serlo. Con el tiempo y las cada vez más frecuentes derrotas, había aprendido a ser más humilde. Había tenido que aprender a afrontar su miedo más profundo; el fracaso. Sí, ahora callaba más que antes, y pensaba dos veces antes de dar su opinión. Hermione resopló con acidez y su reflejo le devolvió la mueca. Al menos, eso era lo que se decía frente al espejo... en momentos como estos, se sentía tan insegura de sí misma como a los doce años.


Look in thy glass and tell the face thou viewest es la primera línea de un soneto de William Shakespeare

Luna en este fic está inspirada en parte por la interpretación que hace de ella la actriz Evanna Lynch y en parte por la youtuber María de Gentle Whispering ASMR.

Playlist de este capítulo:
-Escena de Severus en su habitación: Désenchantée de Mylène Farmer (versión de Kate Ryan)