Aviso legal: La serie Harry Potter es invención de J.K. Rowling y le pertenece. Todo texto reconocible es suyo.
Advertencia: Este fanfic es de categoría M.
Nota: Editado el 08/08/2020. Gracias por leer y por comentar :)
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9.
Whoso list to hunt, I know where is an hind
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Hermione bufó, irritada consigo misma. ¿Y qué, si ambos tenían el mismo aura?
Deja de mentirte, Hermione.
La mujer suspiró profundamente y cerró los ojos. Los mantuvo cerrados hasta que empezó el claustro.
Octubre del 2003. Londres.
Hermione estaba nerviosa. Aquella era una mala idea. Una muy mala idea. Y mañana tenía que dar clase a primera hora.
¿En qué coño había estado pensando?
Miró al letrero de neón y su pié derecho se arrastró hacia atrás sin su permiso, como queriendo escapar.
Moulin Rouge.
No. No caería tan bajo, ¿verdad?
¿Verdad?
El corazón le latía como si estuviese escápandose de mortífagos, y pasó la lengua por sus labios secos. Los recuerdos de Snape habían sido bastante precisos. No era tan difícil encontrar el club, si se sabía dónde buscar.
Hermione tragó saliva y miró hacia atrás. Estaba sola.
Tomó una gran bocanada de aire y casi corrió hacia la puerta. Deprisa.
Antes de que te arrepientas.
xxoOoxx
- Hola, cariño. ¿Buscas algo en especial?
El sentimiento de déjà-vu de Hermione era tan agudo que le recorrió un escalofrío por la espalda.
- ¿Trabaja aquí una tal Lola?
Lola. La metamorfomaga.
La sonrisa de la anciana mujer se volvió ligeramente desagradable.
- Desde luego. Es la estrella de nuestro club.
Hermione se movió con nerviosismo. ¿Más de diez años trabajando en un prostíbulo? ¿Era acaso posible?
- Ser metamorfomaga ayuda.
Hermione sintió un sudor frío cayéndosele por la nuca. ¿Cómo había sabido lo que…?
- Soy legilimante.- comentó la anciana, con una sonrisa que enseñaba sus dientes de oro.- También ayuda.
La Gryffindor frunció el entrecejo, molesta.
- Veintidós galeones. Once aquí y once arriba. Más veinte sickles por la poción preventiva.
Hermione alzó una ceja, y la anciana bufó.
- También previene enfermedades, cielo.
Con un suspiro, Hermione dejó la cantidad adecuada encima de la barra.
- Cuarto piso, habitación nº 13.
Según se acercaba al ascensor, Hermione notó la mirada de la anciana bruja quemándole la espalda.
xxoOoxx
Hermione estaba nerviosísima.
No debería esta ahí. Estaba mal. Lo que iba a hacer estaba mal.
Pervertida, se escupió a si misma con saña. Enferma.
Miró a los números de metal de la puerta por enésima vez, preguntándose por enésima vez en qué coño estaría pensando para venir a un prostíbulo, por las barbas de Morgana.
Justo cuando había perdido los nervios y decidido marcharse de ahí, la puerta se abrió. Y apareció ella.
Lola.
Hermione sintió como si se le hubiese subido el corazón a la garganta.
- ¿A qué esperas, cariño?
Su voz era tan profunda y rasposa como recordaba. La Gryffindor tragó saliva. Pero no eran sus recuerdos, en realidad, ¿verdad?
Estaba jodidísima.
Ojalá no se sepa nunca.
xxoOoxx
Los ojos de Lola reflejaban algo que Hermione no supo identificar, pero que era suficientemente intenso como para hacerle bajar la mirada. Después de un largo silencio, la bruja morena acabó por hablar.
- ¿Cómo has conseguido éste recuerdo?
Hermione tragó saliva, sintiendo cómo se le sonrojaban las mejillas. No había estado segura, pero había acertado al suponer que en el prostíbulo tendrían un pensadero a disposición. Le había facilitado a Lola el recuerdo de Snape viniendo a aquel mismo sitio, a por lo mismo que ella.
Casi.
Hermione carraspeó.
- Éso no es de tu incumbencia,- le respondió con un hilo de voz. La cara de Lola seguía estando ligeramente alterada, y parecía estar obstinada en conseguir una respuesta, pero pronto su rostro pareció cerrarse tras una cortina de hierro, tornándose impasible.
Oclumancia.
- ¿En quién quieres que me transforme?- preguntó neutramente.
Hermione notó cómo las palmas de las manos se le humedecían, y los secó contra su túnica.
- En el hombre,- susurró por fin. Su cara estaba tan caliente que le faltaba poco para poner su pelo en combustión.- Quiero… quiero repetir esa escena. Con… - cerró los ojos. Al parecer su audacia tenía límites.
- ¿Vestida de colegiala?- preguntó Lola. La respiración de Hermione se entrecortó. Tenía un nudo en la garganta, así que asintió con la cabeza. Lola chascó los dedos y el armario se abrió de par en par. Un uniforme salió volando de él, y aterrizó suavemente entre los dedos de Hermione, que tuvo que aguantar un grito de sorpresa.
El uniforme era una versión sexy del mismísimo uniforme que había estado llevando ella durante seis años. Hermione cerró los párpados y tomó una profunda respiración para calmarse. Su corazón batía como loco. Cuando volvió a abrir los ojos, paró de respirar. Instantáneamente, sintió cómo se le subían las lágrimas, y las retuvo a tiempo.
Snape. El profesor Snape. Delante de ella, los brazos cruzados, la cara estricta y los ojos – Merlín, sus ojos. Dos ascuas relucientes, como las de un depredador.
- Señorita Granger.
¿Cómo…?
A Hermione se le escapó un gemido. ¿Cómo conocía su nombre?
- ¿A qué esperas… para vestirte?
La Gryffindor tragó saliva. Sin poder separar los ojos de Snape (¡¿Snape?!), se desvistió lentamente, con mucho cuidado, como para no alterar a un perro rabioso. Y con la misma lentitud, se vistió con el uniforme que se ajustó a sus curvas como un marido celoso.
Sus ojos. Sus ojos la tenían clavada en su sitio. A penas se atrevía a respirar.
Con un chasquido de sus dedos, el falso Profesor Snape atrajo un libro hasta sus manos.
- Siéntate.- ordenó en un susurro. Hermione miró al rededor con nerviosismo.- ¿A qué esperas, Señorita Granger? Pensaba que eras... la alumna más brillante de tu generación. Demuéstramelo.
Hermione se dió cuenta de que estaba temblando. ¿Cómo era posible? ¿Cómo sabía que…? Se acercó hacia el pequeño escritorio y se sentó en la silla de madera, todos los nervios a flor de piel. Notó, más que escuchó, cómo se acercaba el Profesor Snape hacia ella. Casi podía sentir su calor contra la espalda – casi. Con un golpe sordo, Snape dejó caer el pesado libro encima del escritorio.
- Vete a la página… trescientos noventa y cinco.
A Hermione le recorrió un escalofrío. Mientras abría el libro ("Elaboración de pociones avanzadas", de sexto año) sintió cómo el falso Snape le posaba las manos encima de cada hombro, lentamente, de una manera muy calculada. Involuntariamente, tiritó. Sus manos la quemaban como si fueran incandescentes. Hermione cerró los ojos y respiró atropelladamente. De pronto, sintió el calor de los labios del Profesor Snape rozándole la oreja derecha. Su cálido aliento le produjo una descarga eléctrica desde la oreja hasta la base de su espalda. Tenía la piel de gallina.
- Empieza a leer.- le murmuró Snape.- … en voz alta.
La Gryffindor asintió, muda. Se sentía tan tímida que casi no se reconocía. Aquel hombre (pero no, no lo era de verdad; ironías) aquel, aquel Profesor Snape, había conseguido su total obediencia y sumisión con cuatro palabras y tres miradas. Era… debería decir preocupante, pero no era la palabra que le vino primero a la mente. No, no era ésa la palabra. La palabra era erótico.
Lo más eróticoque había vivido nunca.
Movió las caderas un poco para cambiar ligeramente de posición, y notó, mortificada, cómo el cambio hizo que su entrepierna derramara. Por Morgana. ¿Tan húmeda estaba ya?
Sintió cómo el falso Snape la apretaba con los dedos en modo de advertencia, y Hermione empezó a leer. Aunque, si al profesor de Slytherin se le ocurría preguntarle de qué trataba el libro, Hermione no tendría ni idea: las palabras volaban sin sentido desde su boca.
De golpe, notó una lengua húmeda y caliente acariciando la parte trasera de su oreja derecha. Hermione gimió y agarrotó los hombros, sorprendida por la intensidad del placer que estaba sintiendo. Se había quedado muda.
- Señorita Granger.- el susurro le provocó otra descarga eléctrica.- ¿Acaso te he… dado permiso… para parar?
Hermione paró de respirar, y cuando siguió sin leer, sintió en su cuello un mordisco, no muy doloroso, pero lo suficiente como para retomar la lectura.
- Buena chica,- escuchó que decía contra su piel, y Hermione volvió a tiritar de placer. Por el amor de Morgana. Dos palabras. Dos. Pero habían dado en medio del blanco; su deseo era ya tan desesperado que la entrepierna le pulsaba como un segundo corazón.
Buena chica. Sí, éso era lo que quería oír de aquellos labios. Lo que siempre había querido oír de aquellos labios, aunque no siempre con la misma connotación que tenían ahora.
Hermione tragó saliva y cerró los párpados. Sintió cómo una de las manos de Snape rodeaba su cuello (aquellas manos tan grandes, aquellos dedos de pianista); y cuando no se puso a leer tan rápido como él esperaba, la mano apretó ligeramente. De nuevo, el acto no le dolió, pero era amenaza suficiente para convertir sus genitales en un grifo abierto. Sin tardar más, Hermione abrió los ojos y siguió leyendo. Sintió cómo Snape soltaba una risilla cerca de su oreja, ésta vez izquierda, y aquel sonido profundo y vibrante parecía sacado de las entrañas de la tierra. A Hermione se le escapó un ligero jadeo. Tenía toda la piel encendida, rodeada de una electricidad estática que chispeaba y bailaba con cada segundo que pasaba. Sintió cómo la boca del profesor se separaba de ella y protestó con un gemido, al cual el hombre respondió con otra risilla.
- Hermione Granger…- la voz de Snape era burlona.- alumna estudiosa y heroína de guerra; modelo de valentía para los futuros Gryffindor… y una niña muy obediente.
Hermione soltó otro jadeo. No podía seguir leyendo; se le desenfocaba la vista. Los labios de Snape volvieron a acercarse a su oreja.
- ¿Qué dirían tus amigos si te viesen tan… sumisa? ¿Por un Slytherin?
Las caderas de Hermione se movieron sin su permiso, buscando alivio en un poco de fricción. No podía más. Estaba prácticamente en combustión. Snape soltó otra risilla oscura y vibrante que le puso la piel de gallina.
- Pero te gusta, ¿verdad? - Snape aprovechó para plantarle un beso húmedo en el cuello, y Hermione gimió con fuerza.- Quieres que te someta. Buscas que te domine…furcia.
Debería ofenderse. Debería ofenderse, no volverse casi loca de lo cachonda que le ponían aquellas palabras. El deseo y la frustración eran tan grandes que los ojos de Hermione se volvieron llorosos. La mano que había estado rodeando su cuello se desplazó hasta el escote y lentamente, demasiado lentamente, se metió por debajo de las ropas y del sujetador, y agarró uno de los pechos de Hermione. El contacto de aquella masculina palma contra su pezón la hizo gemir; estaba tan caliente ya que el mínimo contacto disparaba su líbido. La otra mano se sumió a la primera, y ambos empezaron a masajearle los pechos por debajo de su uniforme.
- Si supieras cómo... he deseado… tenerte así, chiquilla…- escuchó que decía la voz profunda del Slytherin.- Obediente… callada… a mi merced…
Casi inconscientemente, Hermione arqueó la espalda para apretar sus pechos contra aquellas manos tan viriles, tan deliciosas. Snape soltó un resoplido de diversión, y de repente, sus manos fueron reemplazadas por sus dedos, y oh dios mío, la vista de Hermione se volvió borrosa y su mente se nubló. Ya sólo era capaz de gemir y jadear, mientras los dedos del hombre seguían pinchando y masajeando sus pezones con insistencia. Hermione soltó un gritito agudo, y Snape le respondió lamiéndole una de las mejillas.
Era tan decadente. Tan escandalosamente libidinoso. Hermione arqueó su espalda aún más, y el gemido que escapó de su boca era larga y profunda. De repente, las manos del falso Snape se pararon. Pillada por sorpresa, Hermione ladeó la cabeza para mirar la cara del hombre. Lo que vió le hizo tragar la saliva y restregar los muslos entre ellos. Snape parecía a punto de agarrarla por el pelo y estampar su torso contra el escritorio.
- Levántate,- le gruñó roncamente. Hermione se apresuró en obedecer. Sin ningún tipo de advertencia, el Slytherin rompió los dos primeros botones del escote y le sacó los pechos del sujetador, dejándolas al aire y apretadas entre sí, traviesas y lascivas, los pezones tiesos por la atención que habían recibido y por la frescura del aire.
- Al suelo,- ordenó con brusquedad.- De rodillas.
A Hermione le recorrió un escalofrío de anticipación. Sí. Sí; había querido hacer esto desde la primera vez que había visto aquel recuerdo, desde…
Las manos de Snape empezaron a desatar su cinturón con movimientos secos y precisos; los sonidos metálicos aceleraron la respiración de Hermone, que miraba cautivada cómo aquellas manos de pianista sacaban y sujetaban de la base un miembro viril de generosas proporciones. Los latidos de Hermione eran casi dolorosos. El pene de Snape estaba tan tieso que le podía ver una de las venas en relieve. Dominante, el hombre pausó el glande encima de sus labios, y Hermione casi lloriqueó del dolor que le causaba su deseo no atendido. Estaba impaciente por abrir la boca y lamerle la polla, pero no se atrevía a tomar la iniciativa. No; quería que fuese él quien le ordenase hacerlo.
- Bien…- escuchó que decía el falso profesor.- Ahora… vas a abrir esa boquita impertinente, y quiero que me lamas con atención lo que te pongo entre los labios…
Merlín. Era casi palabra por palabra lo que Snape había dicho en el recuerdo, y la vista de Hermione se volvió borrosa. Obedientemente, abrió la boca y apretó su lengua contra el frenillo del glande, arrancándole un gruñido al Slytherin. Hermione entrecerró los ojos y lamió aquella sensitiva parte ligera pero insistentemente. Las manos del hombre dispararon hacia su cara, apartándole el pelo, casi cariñosamente, y juntándolo en una coleta improvisada que mantenía agarrada con la mano derecha. La mano izquierda rodeó su cuello, sin apretar demasiado. Hermione estaba tan húmeda que notaba las gotas que se deslizaban por sus muslos. Alzó la mano derecha para sujetar la base del pene y poco a poco, la metió con cuidado en la boca. Mientras masajeaba el glande con la lengua, Hermione deslizó su mano a lo largo de la polla, con firmeza pero sin brusquedad, y cada poco succionaba ligeramente.
Oh, Merlín. Cuánto había deseado hacer aquello. Cuánto había ansiado aquel sabor salado en su lengua…
- Para,- gruñó Snape roncamente. Con sólo la voz consiguió arrancarle un gemido a Hermione.- Levántate.- Hermione se precipitó en obedecerle. El Slytherin la agarró por las caderas con cierta brusquedad, y medio empujándola, la condujo hasta la cama. El corazón de Hermione se puso a latir con fuerza.
- Túmbate,- le ordenó el falso profesor. Hermione hizo lo que le ordenaba, y se tumbó boca arriba. Snape se puso encima, y Hermione se arqueó, borracha de placer; siempre le había gustado sentir el peso de su pareja encima. Cuando su glande le rozó los labios inferiores, el gozo que sintió era tan intenso, el calor tan abrumante, que Hermione juraría poder fundir plomo con su coño. Pero cuando Snape empezó a meterse dentro, los viejos miedos – las viejas fantasmas y aprehensiones que arrastraba – tomaron el control.
- Espera,- susurró desesperadamente.- espera; no… no lo metas dentro.
Los ojos negros que la miraban se encendieron con una chispa de, ¿empatía? Y en vez de empujar hacia dentro, el pene se deslizó hacia arriba, frotando deliciosamente contra su clítoris. La excesiva lubricación que había producido ayudaba el movimiento, y el pene siguió frotando con insistencia contra aquella deliciosa zona erógena.
- Ahh… haann…
¿Era ella la que gemía con tanta lujuria? Sí, era ella. El placer era tan intenso que sus piernas temblaban. El falso Snape metió un brazo por debajo de la espalda hasta dejar su mano entre los homóplatos de la joven bruja, sujetándola como si fuera un bebé.
- Shh… tranquila, gatita… te tengo...
La lengua del hombre volvió a lamerle, ésta vez desde la base del cuello hasta la mejilla. Hermione soltaba un gemido detrás de otro, cada cual más agudo. La polla de Snape seguía embistiendo contra su clítoris, insistente, exigente, pidiendo y obteniendo su sumisión con cada brusco movimiento de caderas. Hermione ya no era capaz de formular un pensamiento coherente; estaba rodeada de sensaciones placenteras y no hubiera podido colocar tres palabras juntas aunque hubiese querido.
- Vamos… - escuchó que decía Snape, de entre la neblina de su placer.- Vamos, chiquilla, córrete… córrete contra la polla de tu profesor… no me hagas enfadar…
El placer la arrolló como una ola gigante, chocando y arrasando con todas sus terminaciones nerviosas, como una descarga eléctrica potente que la sumergió en un chute de endorfinas brutal y absoluta. Hermione gritó hasta quedarse ronca, su visión llena de lucecitas blancas. Al poco sintió el gruñido de Snape, que con tres movimientos más, se puso rígido y eyaculó ferozmente encima de su vientre. Estaba jadeando del esfuerzo, la frente llena de sudor.
Hermione esperaba, deseaba, que Snape se tumbase encima de ella, y que se quedasen así hasta recuperar ambos el aliento que habían perdido. Pero nada más terminar, sintió cómo desaparecía el peso del otro cuerpo, y cuando abrió los ojos, el Snape ya no era un hombre.
Era una mujer morena, dándole la espalda y murmurando hechizos de higiene.
Hermione sintió un vacío atroz dentro de ella, y los ojos se le llenaron de lágrimas.
Octubre del 2003. Hogwarts.
El próximo día, y el próximo, fueron muy duros para Hermione. Cuando decidió ir al Moulin Rouge, su intención había sido intentar saciar su obsesión hacia el difunto Severus Snape, esperando poder superarlo.
Pero no había sido así.
Hermione suspiró y miró por la ventana de su despacho. Aún tenía trabajos que corregir, pero su cabeza no paraba de volver a aquella habitación de Londres.
Era muy triste y muy irónico que el mejor sexo que había tenido nunca había sido en un burdel, con una prostituta capaz de transformarse en hombre, una mujer que conocía al detalle cada deseo sórdido, cada fantasía sexual, y que no le importaba jugar el papel al cien por cien a cambio de once galeones.
Hermione suspiró y miró por la ventana de su despacho. ¿Quién lo hubiera creído? Había disfrutado siendo sometida. Abochornada, se llevó la palma a la mejilla y sintió el intenso calor que lo había inundado. Sí… se había puesto cachonda fingiendo estar completamente indefensa y a la merced de un hombre dominante y autoritario. La Gryffindor gruñó de frustración. ¿Qué diablos andaba mal en su cabeza?
Ya sabía lo que era sentirse obligada a tener relaciones sexuales sin querer tenerlos. Y sabía que aquello era todo menos placentero. Nunca más, decidió son saña. No. Algo tenía que andar mal en su cabeza para que le gustase tanto aquello. Nunca más.
¿Estás segura?
Pues claro que lo estaba.
Nunca volverás a correrte de esa manera. Fue impresionante.
Da igual. ¡Da igual! ¡Está mal!
Hermione oyó un chasquido, y consternada, se dió cuenta de que había agarrado la pluma con tanta fuerza que la había partido en dos. Irritada, echó los trozos a la basura y cogió una nueva pluma.
Mierda.
Se había manchado los dedos de tinta roja.
Hermione masculló un hechizo para limpiarlos y resopló con rabia. ¿Y qué, si era la experiencia más maravillosa que hubiese tenido nunca? Era inmoral. Por muchas razones.
Con un gruñido de frustración, la Gryffindor soltó la nueva pluma con brusquedad y se restregó los párpados con los dedos, para después apoyar los codos en la mesa y la cara contra sus palmas. Estaba jodida. Estaba jodidísima. Con un suspiro, abrió los ojos y sacó su sobre de peppermary. Estaba harta de no parar de ver Snape en cada esquina de Hogwarts. Harta de esperar ver su sombra deslizarse por los pasillos. Harta de creer oír el revoloteo de sus ropas acariciando el suelo. Estaba actuando como Harry. Peor. Sí, peor, porque lo que había hecho hacía dos días era aún peor.
Estaba actuando como el propio Snape. Tenía que olvidarle, antes de que se le fuera la pinza de verdad.
Olvidarle. Tenía que olvidarle. De una puta vez por todas.
xxoOoxx
La tarde del sábado llegó con una rapidez asombrosa, y tal y como se lo había prometido a Darzi, Hermione se encontraba en frente de la puerta de su despacho. Las tripas de Hermione se contrajeron de nerviosismo; aquella maciza puerta de madera oscura representaba tantas cosas... alzó la mano y lo golpeó dos veces. La puerta se abrió automáticamente; y nada más entrar, Hermione descubrió a su compañera de trabajo dándole la espalda y con la mirada clavada en la fogata. Su chador de color azul índigo tomaba un tinte púrpura a la luz del fuego. Lentamente, Aisha Darzi dejó atrás el objeto de su atención para girarse hasta mirar de frente a la Gryffindor. Los ojos negros de la bruja morena la hipnotizaron desde la primera mirada; su habitual velo le cubría el rostro.
- Buenas noches.- dijo Aisha con su rica voz de contralto.- ¿Vienes a por la pipa?
Hermione había decidido, antes de presentarse en aquel despacho, acusar a Aisha de haber actuado infantilmente. Al fin y al cabo, la forma en que le había quitado la pipa de su abuelo sí que había sido un poco juvenil. Pero Darzi tenía la pose de una Cleopatra, y Hermione se dió cuenta, no sin un toque de alarma, que había perdido la voz. Aisha se le acercó pausadamente, y el pulso de la Gryffindor aceleró.
- La pipa no es lo único que echas en falta... ¿verdad?
Hermione sintió frío en el estómago, y respondió mordazmente:
- Lo que eche en falta o deje de echar en falta es asunto mío, no tuyo.
Aisha respondió con un suave resoplido y una mirada enigmática.
- ¿Tú crees?- comentó, y sacó la pipa de entre los pliegues de su chador.
Hermione esperó a que la profesora de Pociones añadiese algo más, pero Aisha se limitó a tenderle la pipa en silencio. Después de unos instantes de desconfianza, Hermione agarró la pipa y se la guardó rápidamente en uno de los bolsillos interiores de su nueva túnica. Aisha seguía en frente de ella, callada, con su misteriosa mirada. La Gryffindor tuvo el incómodo presentimiento de que la otra estaba sonriendo bajo su velo.
- Si alguna vez necesitaras... compañía...- comentó Darzi con su voz de terciopelo.- ...no dudes en acudir a mí. Tengo más recursos de los que aparento...
Aquella frase le puso a Hermione los pelos de punta.
- ¿Y utilizas todos esos recursos gratis?- comentó la Gryffindor, desafiante.
Esta vez, Hermione estaba segura de que Darzi estaba sonriendo bajo su velo. Pero, claro, bien podía ser el juego de luces y sombras provocado por la lumbre.
- Bueno...- ronroneó la profesora de Pociones.- Gratis no, pero a buen precio.
Hermione sintió otro escalofrío, y no conseguía decidir si era por miedo o por... al fin y al cabo, se parecía a... En fin, probablemente ambos, pensó preocupada. Saludó a su compañera de trabajo cortésmente y salió del despacho.
Aquella noche utilizó todo un flasco de Poción Calmante. No quería soñar.
Octubre del 2003. Hogsmeade.
- ¿Eso es lo que te dijo?
Cho Chang parecía alarmadísima al escuchar el intercambio que tuvo Hermione con Aisha. Hagrid la miraba con cierta picardía, y Neville parecía un poco avergonzado.
Estaban en el Hog's Head, como cada viernes desde aquella primera vez que habían empezado a ir juntos a Hogsmeade. Hermione bajó la mirada hasta su cerveza de mantequilla.
- Me está tirando los tejos... o jugando conmigo.- respondió, incómoda.
- No sabía que tenías ése tipo de gustos, Hermione.- le comentó Hagrid, picarón.
Neville se sonrojó como un tomate y no dijo ni mú. Hermione forzó una sonrisa.
- Es cierto que Aisha tiene encanto, y yo no estoy como para hacerle ascos a nada...- comentó, pero su voz salió demasiado apagada. Neville se sonrojó aún más y Cho la miró con el ceño fruncido.
La verdad era que Aisha la preocupaba. Mirarla a los ojos era... era como mirarle a un depredador. Por un lado, era magnético... y por otro, daba miedo. Cho pareció intuir las preocupaciones de Hermione y le echó un cable cambiando de conversación:
- Hablando de hacer ascos... ¿habéis notado cómo flirtea Malfoy con la Profesora Sinistra? No me puedo creer que el mocoso se atreva a medirse con una bruja del calibre de Aurora...
Y la conversación derivó a huesos más jugosos que el que había soltado Hermione.
Octubre del 2003. Hogwarts.
De vuelta de Hogsmeade, Hermione encontró una lechuza blanca esperando en su despacho, y su corazón saltó en su pecho. La lechuza se llamaba Hedwig II, y pertenecía, cómo no, a Harry. El ave la miraba con impaciencia, y ululó para apresurar a la humana de que le quitase el pergamino de su pata. Hermione se acercó lentamente y leyó el contenido.
Querida Hermione,
¿Es posible que nos veamos el viernes 20 hacia las 23:00?
Utilizaré la red Flu.
Atentamente,
Harry.
Viernes 20. Era ese mismo día. Hermione resopló, y la lechuza la miró como diciendo, "¡No es mi culpa!". La joven miró al reloj: eran las 22:00. Al menos, tendría tiempo para ducharse... Aunque hubiera apreciado haber sido avisada con más tiempo. Harry... hacía semanas que no contactaba con ella.
Resignada, se dirigió hacia su baño privado para ducharse.
Harry apareció en la hoguera a las 23:00 en punto. Hermione se sobresaltó por la súbita entrada de su amigo, aunque le estuviese estado esperando. Lo primero que descubrió en sus ojos fué un brillo febril que conocía demasiado bien.
- Buenas noches, 'Mione.- le saludó, claramente impaciente.
- Buenas noches.- respondió ella, ligeramente tensa. No parecía que Harry fuese consciente de que la relación que mantenían había cambiado desde el aborto de la bruja; y Hermione no sabía si estar irritada o agradecida por el comportamiento del moreno. Ella notaba claramente la brecha entre ellos, pero Harry parecía consumido por un objetivo ulterior. Hermione apretó sus labios contra sus colmillos. Cómo no, los objetivos ulteriores siempre estaban por encima de las relaciones humanas. No sabía cómo lo hacía Ginny para soportar aquello...
- Hermione.- soltó el moreno, y agarró a su amiga por los dos antebrazos.- Necesito tu ayuda.
¿De qué le sonaba aquella frase? Una parte de la Gryffindor quería mandar a Harry a la mierda, pero la otra agradecía la confianza de aquellas palabras. El agarre del auror era amistoso y enérgico, como una Alicia convenciendo a su hermana para entrar en el agujero de conejo. Hermione sabía que aquella mirada prometía problemas, pero una vez más, no pudo resistirse.
- ¿En qué necesitas mi ayuda?
La cara del moreno se iluminó como un sol.
- Se me ha ocurrido una idea loca, pero que puede funcionar.- Hermione levantó una ceja, y Harry añadió:- Respecto a Snape.
Ahí estaba. La bomba que la bruja había estado esperando, la bomba que sabía que no había desaparecido sino que había empeorado: Severus Snape.
- Harry...- empezó a decir, sabiendo que cualquiera que fuese la idea del moreno, seguramente fuese descabellada y peligrosa.
- Espera, déjame explicártelo.- se apresuró Harry.- He estado dándole vueltas, ¿sabes? La vida de Snape fue una mierda, eso no me lo negarás, ¿verdad?
Hermione suspiró. No, claro que no podía negar aquello.
- Harry, la mitad de la humanidad tiene una vida de mierda.
El nombrado pareció dudar un momento, consciente de que el comentario de Hermione tocaba demasiado cerca del blanco de la diana. Al fin y al cabo, sus vidas tampoco habían sido un camino de rosas. De hecho, su infancia y la de Snape... Aquella asociación de ideas hizo que el moreno hablase con más fervor.
- Ya, pero... ¿no crees que Snape merecía una segunda oportunidad? ...vamos, Hermione.
La joven no sabía exactamente a dónde quería llegar el auror, pero aquel camino parecía adentrarse en un bosque peligroso.
- ¿Qué pretendes, Harry?
El nombrado la miró con mucha seriedad. Parecía estar escogiendo las palabras más adecuadas; al final, suspiró y respondió:
- Quiero cambiar el pasado, Hermione.
La Gryffindor no lo pudo evitar, y se puso a reír histéricamente. ¿Cambiar el pasado? Por favor.
- Estoy hablando en serio.- gruñó Harry, resentido.- Hay posibilidades de que salga bien.
Hermione resopló, y empezó a meter peppermary en la pipa.
- ¿Y cómo piensas hacer éso?
El mencionado cruzó los brazos.
- Aún no lo tengo muy claro. Tengo ideas, pero necesito... necesito que me ayudes.
La bruja no pudo evitar poner los ojos en blanco.
- No estarás pensando en utilizar un giratiempo,¿verdad?- le soltó, medio en broma, mientras sacaba su caja de cerillas Bonnie & Clyde.
- Bueno... sí, en parte.- respondió Harry, a la defensiva. Hermione alzó una ceja.- Escucha, he estado husmeando en el Departamento de Misterios del Ministerio...
Hermione le miró horrorizada, olvidando raspar su cerilla contra la caja. Cuando se recompuso, encendió la cerilla y la acercó a la cazoleta de la pipa. Harry siguió hablando.
- ... y he descubierto documentos sobre viajes en el tiempo... experimentales, ¿sabes? Pero son documentos clasificados, top secret. He pasado todos estos meses intentando descubrir maneras de burlar los hechizos que prohíben leerlas... hay unos cuantos que aún no he podido burlar... y además, hay mucha documentación. El Ministerio de Magia parece haber tenido mucho interés en eso... tiene sentido, la verdad. La cuestión es que... necesito tu ayuda para buscar lo que necesitamos. Y después... me gustaría que me acompañaras al pasado, Hermione.- sus ojos brillaban de emoción.- Como en los viejos tiempos, ¿te acuerdas? Aquella vez salvamos a Buckbeak y a Sirius.- dijo, con palabras mojadas de nostalgia, y añadió:- Salvemos a Snape esta vez.
Aquello era descabellado. Aquello era demencial, y Hermione lo sabía, y sabía que no podía resultar en nada bueno. Sin embargo, el entusiasmo febril de Harry empezó a contagiársele como una enfermedad epidémica. Como en los viejos tiempos... empezaba a escuchar el canto de sirena, una mezcla de morriña y entusiasmo y...
- Dime, Harry. ¿Existen giratiempos que retrocedan en años?- preguntó, antes de darle una buena calada a la peppermary.
El moreno, al ver que había picado el interés de su amiga, sonrió ampliamente.
- Creo que no... pero por lo que he entendido, se pueden apañar los giratiempos normales para que retrocedan años e incluso, por lo que he leído, siglos en el tiempo. Pero claro, el asunto está prohibidísimo y muy bien guardado... creo que hay muchas lagunas y experimentos fallidos...
Hermione notaba cómo se estaba entusiasmando ante el desafío intelectual, a pesar de que aquella idea gritaba "peligro" por todas partes. Tenía el incentivo de un enigma mágico intrigante, y de todas formas, siempre había cedido a los ojos brillantes del moreno, siempre; siempre le había seguido, a cada una de las más absurdamente peligrosas aventuras...
Y luego estaba Snape. La posibilidad de salvarlo. La posibilidad de volver a verle vivo.
Las brasas de la Gryffindor se reavivaron en llamas.
- Está bien.- sentenció Hermione, soltando el humo de sus pulmones- Estoy contigo. Pero necesitaré leer esos documentos, y saber qué hechizos protectores tienen...
- Ya hice copias de los pergaminos que conseguí deshechizar.- comentó Harry con la cara resplandeciente de alegría febril.- Te los he traído, por si aceptabas ayudarme. Están aquí, mira. Pero para los otros documentos, tendremos que buscar un modo de meterte en el Departamento de Misterios... los pergaminos originales se autodestruyen si salen fuera del departamento.
Hermione estaba muy motivada para empezar a leer e investigar aquellos escritos, pero de repente, una idea preocupante le cruzó la cabeza.
- Harry... ¿y ya has pensado cómo salvar a Snape, una vez que estemos allá?
El moreno se quedó mudo, y la miró con ojos de cordero degollado. Traducción: no, no había pensado en eso. Hermione resopló, y sentenció:
- Pues manos a la obra...
Whoso list to hunt, I know where is an hind es la primera línea de un soneto de Sir Thomas Wyatt
Para aquellxs que conocían el capítulo original, os habréis dado cuenta que la primera parte de éste capítulo es nuevo. Tengo que admitir que para escribirlo estuve escuchando de manera obsesiva y en bucle la canción Fake de Highsociety feat. Amy Kirkpatrick.
Playlist de este capítulo:
-Escena de Hermione en el Moulin Rouge: Fake de Highsociety feat. Amy Kirkpatrick
