Aviso legal: La serie Harry Potter es invención de J.K. Rowling y le pertenece. Todo texto reconocible es suyo.
Advertencia: Este fanfic es de categoría M.
Nota: Editado el 08/08/2020. Gracias por leer y por comentar :)
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10.
Help me to seek for I lost it there
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- Harry... ¿y ya has pensado cómo salvar a Snape, una vez que estemos allá?
El moreno se quedó mudo, y la miró con ojos de cordero degollado. Traducción: no, no había pensado en eso. Hermione resopló, y sentenció:
- Pues manos a la obra...
Enero del 2004. Hogwarts.
La luz de las velas se había vuelto demasiado tenue, y los objetos de la habitación de Hermione parecían moverse entre las sombras. Cansada, Hermione invocó velas adicionales que brillaron flotando al rededor de ella, aliviando un poco sus ojos fatigados.
Decididamente, desde que había empezado a investigar aquellos documentos del Ministerio, su vida había recuperado vigor. Estaba en su elemento, estaba aprendiendo, leyendo, investigando. Siendo útil. Incluso habían descubierto cómo burlar media docena de maldiciones más. "A este paso", pensó Hermione, "acabaremos por hacerle competencia a Bill..."
Aquella noche era como una de las tantas noches de la profesora de Encantamientos: corregir trabajos, preparar trabajos; corregir exámenes, preparar exámenes; burlar documentos prohibidos... leer documentos prohibidos.
Hermione aumentó aún más la luz del candelabro, y estiró las piernas y la espalda, satisfecha. Después de semanas y semanas de búsqueda, había creído encontrar un documento clave. Junto con Harry, habían conseguido entrar en el Departemento de Misterios un par de veces. A Hermione se le escapó una sonrisilla. Como en los viejos tiempos, ¿eh? Se habían escondido bajo la capa de invisibilidad y se habían pasado horas rebuscando entre libros y pergaminos.
Como en los viejos tiempos...
La sonrisa se le apagó un poco. Las Navidad no habían sido "como en los viejos tiempos".
Hermione sacudió la cabeza, como si así pudiese quitarse de la cabeza aquellas Navidades. No; no habían sido unas Navidades muy cómodas, pero Luna había sido muy buena con ella, y Harry y Ginny habían venido a visitar.
Hermione suspiró y acarició el pergamino que tenía entre manos. Era una copia, una copia que forjaron en el mismísimo Departamento de Misterios, a contrareloj. La copia de unos de los documentos mejor guardados. La habían obtenido en su última incursión, en plena Nochebuena. Y casi los habían pillado. Pero ahora aquí estaba, entre sus manos. Estaba escrito en runas antiguas, en Nórdico Antiguo, con una jerga oscura y difícil de descifrar. Hermione no sabía exactamente qué era lo que estaba escrito, pero había conseguido pillar el sentido general del texto hasta entonces, gracias a unos cuantos hechizos de traducción, diccionarios y otros libros. Llevaba semanas descifrando el texto párrafo por párrafo. Se hablaba de hechizos, hechizos prohibidos, hechizos inacabados. Hechizos para detener el tiempo, para hacerlo pasar más lenta o más rápidamente, hechizos para crear giratiempos... Y entonces, el corazón de Hermione dió un vuelco.
De runas antiguas, el texto pasó a estar escrito en... jeroglíficos egipcios.
Con un gruñido, la Gryffindor se llevó las manos al pelo.
Maldita sea.
Enero del 2004. Hogsmeade.
Hermione había pasado toda la semana intentando descifrar los jeroglíficos, en vano. Aquel viernes se sentía apagada y fuera de la conversación que Cho, Neville y Hagrid mantenían. Su mente volvía una y otra vez a los jeroglíficos, y a aquella lengua egipcia antigua, y a las complicadas metáforas que utilizaban.
- Hermione, te veo cansada. ¿Duermes bien?
La nombrada salió de su ensimismamiento con brusquedad. Cho la miraba con cierta preocupación, y Neville y Hagrid también habían dejado de hablar para mirarla.
- Estoy bien...- dijo Hermione, sin convencer a nadie.- Pero... si no os importa... me retiraré ya. Tengo un poco de sueño...
Los demás no le reprocharon nada, aunque Hermione se sentía un poco mal por dejarlos tan temprano. Agarró sus cosas y se levantó de la silla cuando una mano gigantesca se dejó caer en su hombro.
- Hermione.- le dijo Hagrid con gravedad.- No te exijas demasiado, ¿de acuerdo?- sus ojos negros eran profundos y serios.
La Gryffindor sintió frío en el estómago. Por un disparatado momento, creyó que Hagrid estaba al tanto de todo. Pero no, aquello no podía ser. Había sido muy discreta. Al final, la joven optó por sonreír y asegurarle afablemente que no se exigiría demasiado.
Sin embargo, lo que ninguno de sus compañeros de trabajo sabía, era que estaba dejándoles temprano porque tenía una cita con Aisha Darzi.
Hermione estaba en frente de la puerta del despacho de Darzi, y como cada una de las pocas veces que había estado ahí, los recuerdos de Snape golpearon su mente. ¿Cuántos años habría vivido ahí aquel hombre?
Antes de poder pensar demasiado sobre aquella pregunta, la puerta del despacho se abrió, y Aisha Darzi apareció con un chador negro. El corazón de Hermione se paró por unos instantes; pues sus pensamientos acerca de Snape le habían jugado una mala pasada, y una vez más, había creído ver a su antiguo profesor de Pociones en el marco de la puerta. Darzi estaba sin velo, con su bella cara descubierta. Hermione tragó saliva.
- Buenas noches.- dijo Aisha con una sonrisa encantadora.- Bien... ¿me querías ver, verdad? ¿Quieres té?
Hermione carraspeó, intentando recuperar su voz. Cuando lo consiguió, respondió con un "Sí, gracias". La pose y la mirada de la otra bruja eran predadoras. Hermione entró en el despacho con cuidado, y al llegar al escritorio de Darzi, apoyó su trasero en el borde. Aisha se acercó tanto que estaba a menos de diez centímetros de su cuerpo. Hermione tragó saliva. Notaba que la otra bruja estaba... interesada en ella; hacía semanas que lo percibía, y había decidido hacer uso de aquella debilidad para conseguir lo que quería.
Sin embargo, decidir utilizar la seducción para sus fines propios y hacerse pasar por una buena seductora, eran dos cosas muy diferentes. Aisha Darzi se alejó con elegancia e hizo aparecer en el aire una tetera de latón, dos vasitos de cristal y algunos dulces árabes.
- ¿Te gusta el té verde con menta?- le preguntó calmadamente.
- Nunca lo había probado antes.- admitió Hermione. No quería sospechar de su compañera de trabajo, pero no podía evitar mirar con precaución a la humeante infusión. Probablemente no le había metido nada en el té, pero... ¿quién sabía?
La otra bruja le hizo signo de que la siguiese y pasaron a un cuarto situado al lado del despacho, y claramente privado. Hermione agrandó los ojos ante lujo sensual de aquella habitación: alfombras persas en el suelo y en las paredes, dosel y cortinajes de terciopelo, mantas de piel de cabra, sábanas de seda... Sus ojos se posaron en una gran estantería llena de libros de aspecto muy antiguo. Algunos tenían el título en el lomo; la mayoría estaban escritas en alfabeto árabe, unos pocos en latín, y Hermione creyó dislumbrar alguno que otro escrito en hebreo. Los dedos de la joven profesora chillaban por poder tocar y ojear aquellos tesoros, aunque no pudiese entender lo que estaba escrito.
Darzi sonrió atractivamente antes de pausar la tetera y los demás objetos en una tabla baja y redonda. Con otro movimiento de varita, aparecieron dos cojines mullidos a los dos lados de la tabla, y Aisha se sentó con elegancia en uno de ellos. Sin dejar de sonreír, invitó a Hermione a sentarse en el otro. La Gryffindor se sintió extremadamente patosa al sentarse, muy inferior a la gracia fluída de su interlocutora. Empezaba bien...
- ¿Puedo fumar?- le preguntó a Aisha. Estaba nerviosa, y necesitaba ayudarse de la peppermary. La otra bruja soltó una risilla agradable.
- Claro que sí.- le respondió.- ¿No te importará si yo también lo hago?
Hermione se extrañó ligeramente de que Aisha fumase; nunca la había visto con un cigarrillo en la boca. Indicó con la cabeza que no le importaba, y empezó a buscar su sobre de peppermary. Darzi había hecho una floritura con su varita y de repente, apareció una hookah dorada flotando en el aire. La sonrisa de Aisha se ensanchó.
- No suelo fumar a menudo, pero hoy es un buen día.
Y mientras Hermione llenaba el hornillo de su pipa con peppermary, Aisha le dió un golpe de varita a la cachimba y apareció agua en la base. Con un "Accio shisha", acercó su paquete de tabaco aromatizado y tomó varias pizcas, que luego metió en una de las piezas superiores de la hookah. Con precisión, colocó una plaquita de metal encima del tabaco, y con un último golpe de varita, hizo aparecer carbones encendidos en su miraba hipnotizada cada paso que daba la profesora de Pociones, absorta en sus movimientos lentos y delicados.
- ¿Nunca has visto la preparación de una shisha?- le preguntó Aisha, con una media sonrisa.
Hermione negó con la cabeza, muda.
- ¿Quieres probar a fumarla?
¿Por qué no? Hermione asintió, y Aisha le pasó la manguera. La Gryffindor murmuró un encantamiento y la pipa se sostuvo en el aire, sin hacer caer ni una brizna de la peppermary, e inhaló por la boquilla de la manguera. El agua de la cachimba empezó a burbujear y un humo templado invadió sus pulmones. Olía muy bien; a menta, ¿o era hierbabuena? Mientras tanto, Darzi se dedicó a servir el té sujetando la tetera a cierta distancia de las tazas. Hermione empezó a sentirse como en un sueño; un sueño borroso y agradable.
La Gryffindor le devolvió la manguera a Aisha y procedió a encender su pipa. Sabía que la peppermary la pondría aún más en trance, pero parecía que justamente, aquello era lo que tenía que hacer. Aisha le dió una sensual calada a la hookah. Durante unos instantes, nadie de las dos dijo nada. Estuvieron fumando, bebiendo té bien azucarado y comiendo dulces árabes con tranquilidad a lo largo de aquellos minutos. Al final, Hermione se aventuró a hablar.
- Quería preguntarte sobre las inscripciones que utilizas para la barrera mágica de tu despensa.- comentó Hermione, como quien no quiere la cosa.- Me dejaron sorprendida, y la verdad, siento curiosidad. He estado buscando en la biblioteca pero no he encontrado nada...
La sonrisa de Aisha se volvió maliciosa.
- ¿Y a qué se debe este repentino interés?
Ay. Ya sabía Hermione que las cosas no serían tan simples... y en su cara se notó una parte de aquel pensamiento, porque Darzi ensanchó su sonrisa.
- No es un interés repentino... pero no me he atrevido a preguntarte antes.
Bueno, aquella era una mentira verosímil. La otra bruja redujo su sonrisa, pensativa. Hermione se extrañó de lo inusual que se le hacía el relativamente serio gesto de Aisha; siempre la veía o con la cara cubierta o sonriente. Después de unos instantes, la bruja exótica volvió a hablar:
- Si lo que necesitas son más Pociones Calmantes, no te avergüences de pedírmelos. No le diré nada a nadie, y ya sabes que no te voy a cobrar nada. Todas tenemos alguna adicción.
Hermione había pensado en la posibilidad de que Aisha sacase esa conclusión, pero no se esperaba a que lo hiciese con tanta rapidez. Le convenía que Darzi creyese conocer la razón de su interés por los jeroglíficos, pues así era menos probable que descubriese el pastel, pero tenía que convencerla de que le enseñase a interpretarlos y utilizarlos. No iba a ser fácil.
- Aisha, querida. Tengo suficiente con los que me das, gracias... Te estoy diciendo la verdad. Siento curiosidad por esos jeroglíficos...- lo cual era verdad, en parte.
La profesora de Pociones seguía sin sonreír, y era patente en su cara que no acababa de creerse las palabras de la Gryffindor.
- No dudo que tengas curiosidad.- empezó a responder, lentamente.- Pero no es puro interés académico, ¿verdad?
Mierda.
- ¿Qué te hace creer éso?- preguntó con ligereza.
La Profesora Darzi respondió con una media sonrisa apretada.
- Primero, han pasado meses desde la primera vez que los viste... de hecho, esperaba que me lo preguntases mucho antes, porque Minerva me dijo que tenías un espíritu curioso, y eres valiente. No puedo sino extrañarme de que hayas venido meses después, por no haberte atrevido... Y segundo... utilizar jeroglíficos egipcios es extremadamente raro. Ya casi no son utilizados, ni siquiera en el Oriente Medio y Próximo; fueron reemplazados por el alfabeto árabe. Aquí se conservó el uso de las runas antiguas incluso después de la introducción del latín, pero ahí los jeroglíficos se reservaron a una élite académica... se convirtieron en los caracteres con los que se formulaban maldiciones, encantamientos y hechizos peligrosos, poderosos; pues utilizar jeroglíficos era una medida para que no cualquiera pudiese aprender y emplear aquella magia...
Hermione sintió cómo se le palidecía la cara; su voz había retrocedido hasta el estómago. ¿Cómo podía haber sido tan descuidada? ¡Era tan obvio!
- ... no puedo estar completamente segura de que hayas visto jeroglíficos en otra parte, Hermione, pero si mi intuición es correcta, apuesto que andas con documentos antiguos, o secretos, o peligrosos, o los tres a la vez.
Hermione, mortificada, estaba con la mente en blanco. ¿Y ahora qué?
Había pasado un rato desde que Aisha explicase la razón de su sospecha, y la Gryffindor seguía sin poder pronunciar palabra. ¿Qué podía responder?
Aisha rompió el momento tenso para comprobar si la shisha seguía teniendo un buen gusto. Satisfecha, le dio una calada más grande. Al verla, Hermione puso su atención en la pipa de su abuelo, que llevaba un rato apagada. Sacó su caja de cerillas Bonnie & Clyde y se entretuvo un rato volviendo a encender la pipa. Para cuando terminó, había decidido contarle la verdad.
- Está bien.- admitió Hermione, mientras le daba una buena calada a la peppermary. Más tranquila, añadió:- Vale, digamos que he encontrado jeroglíficos en un documento que me interesa. ¿Me enseñarías a descifrarlo?
Aisha parecía indecisa, aunque su semblante ya no fuera tan grave como antes. Necesitaba otro empujoncito.
- No tienes por qué hacerlo gratis, Aisha.- insistió la Gryffindor.- Tenías razón, son documentos muy importantes y clasificados. Lo que estoy haciendo es probablemente ilegal.
"Sin 'probablemente' ", pensó Hermione, pero no era tan tonta como para decirlo en voz alta. Darzi parecía seguir estando indecisa, pero la Gryffindor juraría haber visto un pequeño brillo de interés en sus ojos.
- Necesito tu ayuda.- suplicó Hermione, utilizando el método que tan bien funcionaba con ella.- Necesito descifrar ese documento. Es algo muy importante para mí, entiéndelo. Sólo te pido que me ayudes a descifrarlo, y que mantengas el secreto. Te pagaré cuanto quieras, como quieras.
"Y si no, lo hará Harry, que para eso es rico" se dijo Hermione para sus adentros. Aisha estaba alerta, dando la impresión de una gata que acabase de oler un ratón.
- ¿Cuanto quiera, y como quiera?- repitió con su voz aterciopelada, y los pelos de Hermione se pusieron de punta.
- Sí.- respondió la Gryffindor, con más firmeza de la que sentía.
Una sonrisa maliciosa empezó a propagarse por la cara de Darzi. A Hermione se le contrajo el estómago.
- Trato hecho.- sentenció Aisha, con sencillez.
Más tarde, en su propia habitación, Hermione daba vueltas y vueltas encima de su cama. ¿En qué diablos se había metido?
Febrero del 2004. Hogwarts.
Había pasado un mes desde que Darzi aceptó descifrar los jeroglíficos del documento clasificado. Hermione no se había atrevido a decirle nada a Harry, y cuando éste le preguntaba, respondía que aún estaba en ello.
Las dos profesoras se encontraban en el despacho de la Gryffindor. Darzi pasaba tres o cuatro tardes por semana dedicada a aquella tarea. Hermione, nerviosa, había intentado participar, pero la profesora de Pociones se irritaba y decía que no podía concentrarse si se entrometia. Al final, la joven profesora se había resignado a dejarla trabajar.
Estaban cerca, muy cerca de descubrir el secreto guardado en el documento. Aisha se encontraba casi tumbada encima del escritorio, murmurando rápidamente en lenguas de allende mientras golpeaba y escaneaba la hoja con su varita. Hermione, que veía el proceso de cerca, estaba mordisqueando cada una de sus uñas.
Y entonces, ocurrió. Hermione casi pudo oír moverse el engranaje final en la mente de la otra bruja. Triunfante, Darzi exclamó:
- ¡Lo tengo!
La Gryffindor, excitada, se inclinó hacia el pergamino, como si de repente fuese capaz de entenderlo. Obviamente, no era el caso.
- Qué interesante...- murmuró Aisha, mirando al documento con una media sonrisa enfermiza.- Y pensar que todos estos siglos, este pergamino ha estado en Inglaterra...
Hermione la miró con una cara interrogante.
- Hubo un tiempo en que estuve buscando esta misma información...- comentó Aisha, los ojos fijos en su pasado. Bruscamente, se giró para mirar Hermione con un brillo raro en los ojos.- ¿Puedo hacerte una pregunta?
La joven no supo qué responder. La Aisha que veía en frente ya no era la misteriosa seductora de hacía unos meses; su cara pareció envejecer muchísimo. Nunca le había preguntado su edad, reflexionó Hermione.
- Dime...- dijo la Gryffindor.
- ¿Por qué razón quieres retroceder tanto en el pasado?
Era una pregunta ligeramente embarazosa, pero aquellas últimas semanas había aprendido a apreciar a la bruja exótica, y no quería contarle una mentira.
- Lo siento, Aisha.- dijo Hermione, un poco apenada.- Pero prefiero no contártelo...
Darzi le regaló una pequeña sonrisa atractiva.
- Bueno.- comentó ella,- Todas tenemos nuestros propios secretos...- y acto seguido, creó un pergamino de la nada y le dio un golpecito con la varita. Al instante, aparecieron frases escritas en el papel.
- Es la versión definitiva de la traducción.- explicó la profesora de Pociones.- Si quieres echarle un vistazo...
Hermione estuvo leyendo el documento durante largos minutos, y cuando acabó, miró a Aisha con gravedad.
- Los encantamientos necesarios son relativamente fáciles; o mejor dicho, son factibles. Pero estas instrucciones exigen un conocimiento multidisciplinar...- añadió, preocupada.
- Yo puedo ayudarte con el Filtro Potenciador.- comentó Aisha con confianza.- Respecto a los cálculos...
- Hace falta un buen conocimiento de la Aritmomancia y la Astronomía.- le cortó la Gryffindor, preocupada.- Yo tengo buenas bases, pero esto exige un nivel de experto...
La bruja oriental recuperó la sonrisa misteriosa y pícara de antaño.
- Conozco la persona perfecta.- anunció en un tono triunfal.
Febrero del 2004. Hogwarts.
Al principio, Hermione había sentido cierta reticencia a confiar su secreto, incluso parte de él, a una tercera persona. Y más aún, a la que era una antigua profesora suya, Aurora Sinistra. La verdad, por muchos meses que llevase en Hogwarts, a penas si se había cruzado con la bruja de tez negra. Sólo la veía en los desayunos y las cenas; y eso que tampoco solía aparecer siempre. Por eso estuvo a punto de decir que no, pero Aisha le aseguró que Aurora mantendría el secreto.
- Tiene una deuda muy seria conmigo.- le confió, mientras subían hacia la torre de Astronomía.- Que incluye grandes cantidades de Felix Felicis durante años y años...
Hermione se abstuvo de preguntar más sobre el tema. Aunque la idea seguía sin gustarle, no podía negar que necesitaba a la experta. Al final, llegaron hasta la entrada del despacho de Sinistra, y Darzi golpeó firmemente.
- Aurora, querida, soy yo. ¿Puedo pasar?
Eran las doce de la noche, y ambas sabían que Aurora estaría despierta. Después de cierto tiempo, la pesada puerta se abrió.
- Aisha... ¿sabes qué horas son? Estoy en pleno trabajo.- gruñó la profesora de facciones subsaharianas. Su piel era casi de color obsidiana, y su pelo rizado, atado en apretadas trenzas contra su cabeza, era ya más gris que negro. Cuando notó la presencia de Hermione, su cara se volvió indescifrable.
- Buenas noches, Hermione.- la saludó, y la Gryffindor devolvió el saludo. Acto seguido, Aurora se dirigió a Aisha: - ¿Es ella tu nueva... compañera?
Había algo en el tono de aquella última palabra que le produjo a Hermione piel de gallina. Aisha parecía estar ligeramente tensa, y respondió:
- Bueno... ella no diría eso.
Aurora Sinistra pareció comprender la críptica respuesta, porque abandonó el tema en el acto.
- Pasad, pasad...- comentó, y les dejó sitio para entraran a su despacho.
Era la primera vez que Hermione Granger entraba en el despacho de Aurora Sinistra. Parecía una versión Slytherin del despacho del difunto Dumbledore, con artilugios igual de fascinantes y antiguos, pero con una función claramente más ligada a la Astronomía que a la Alquimia: sextantes, cuadrantes, astrolabios, telescopios... El despacho de la Profesora Sinistra se encontraba en una torrecilla secundaria que, junto con las otras torres secundarias, emergía como una rama de la torre principal, sostenida contra la gravedad a base de magia. Construída aprovechando toda la circunferencia de dicha torre, el despacho estaba dividido en dos medios círculos; uno de los cuales se encontraba al aire libre, formando una enorme terraza. No había muro alguno que separase la parte exterior con la parte interior del despacho. Ante la estupefacción de la joven profesora de Encantamientos, Sinistra explicó:
- Es un hechizo de mi propia invención, "Terminus invisibili".- el orgullo era patente en su voz.-Rodea toda la circunferencia de la torre. Mantiene el calor dentro del despacho y lo abriga del viento y de la lluvia, aisla los sonidos, pero es completamente transparente y se puede cruzar de un lado a otro si conoces la clave de entrada.- la profesora de Astronomía les regaló una de sus raras medias sonrisas, mientras frotaba las manos lenta y ausentemente.- Así, no me congelo mientras trabajo pero tengo toda la bóveda celeste a mi disposición.- la sonrisa se volvió ligeramente pícara.- Y puedo acceder a mi despacho desde una escoba.
A la derecha se encontraban unas estrechas escaleras de caracol que Hermione sospechaba, terminaban encima del techo de la parte cubierta. A la izquierda, otras escaleras del mismo aspecto y tamaño conducían hacia abajo, seguramente a la habitación de Aurora Sinistra. El escritorio, de elegante caoba oscuro, se ubicaba en el centro exacto del círculo. En ella se encontraban compases y transportadores de ángulo de diferentes tamaños, encima de un mapa celeste con estrellas que emitían tenues destellos proporcionales a la luminosidad de sus homólogos celestes. La Gryffindor se acercó con curiosidad; era uno de los mapas del cielo más completos y complejos que hubiese visto nunca. Aurora, incapaz de esconder completamente su orgullo, dio un golpecito encima de una de las estrellas. En seguida aparecieron encima, flotando ordenadamente, el nombre de la estrella en diferentes lenguas, como árabe y chino, el nombre de todas las constelaciones en las que se encontraba la estrella; cifras y letras del alfabeto griego dando un sinfín de datos y mediciones: ángulos respecto al azimuth que cambiaban con cada semana, coordenadas absolutas, velocidad angular, velocidad aparente respecto a la Tierra... La joven profesora de Encantamientos se quedó hechizada por la dinámica lista de datos numéricos que se presentaban frente a ella, suplicando ser inspeccionadas con detalle. Sus dedos se cerraron inconscientemente en un inútil intento de tocar el mapa, y Sinistra sonrió ligeramente ante el gesto.
- Utilizo conceptos avanzados de Matemáticas y Aritmancia para sacar más datos de mis mediciones.- explicó con cierto orgullo.
La Gryffindor miró bruscamente a la bruja de tez negra, extrañada de que conociese y utilizase ciencias muggles. Estaba acostumbrada a tratar con magos y brujas que ignoraban o despreciaban todo lo muggle. Aurora no sólo no les hacía ascos a los conocimientos muggles, si no que además los mezclaba en sus investigaciones como una herramienta más... Hermione sintió una repentina oleada de respeto hacia su antigua profesora de Astronomía. Abrumada, giró la vista hacia la terraza y se fijó en un imponente teodolito de latón, que parecía sacado de una novela de Julio Verne (de pequeña, Hermione había sido una gran amante de los libros de Verne). Éste reposaba a las afueras de la terraza, al lado de un telescopio de aspecto parecido. Una pluma de cuervo anotaba por sí sola las mediciones y observaciones que realizaban aquellos dos objetos con la ayuda de la magia. De vez en cuando, una antigua y grande cámara fotográfica emitía el característico ruido de los flash rudimentarios (a pesar de no emitir ningún flash visible); y un humo azul eléctrico salía de la caja de madera, montada en un precario trípode. Cada poco, los objetos cambiaban de dirección al unísono, y repetían los movimientos minuciosamente.
- Veo que te interesan mis artilugios.- comentó Aurora con su voz grave y pausada, y la Gryffindor se ruborizó ligeramente.- Siempre fuiste una alumna excelente, es una pena que no hayas intentado meterte en el mundo de la investigación... estoy segura de que hubieras triunfado.
Hermione bajó la vista, incómoda.
- No necesito triunfar en nada...- fue la media verdad que salió de entre sus dientes. Aurora Sinistra soltó una risilla agradable; sus dientes blancos contrastaban bellamente con su piel.
- No, claro que no.- comentó, y añadió:- Hace falta ambición Slytherin para competir en tan altas esferas... y tú eres una Gryffindor, ¿verdad? Aunque bien podías haber estado en Ravenclaw, con tu brillante inteligencia...
Esta vez, la joven bruja se sonrojó de veras, y tanto Aurora como Aisha parecieron encontrarlo divertido.
- No estoy habituada a que una Jefa de la Casa Slytherin me regale tantos elogios.- comentó a la defensiva, con un murciélago en su mente.
- Severus.- afirmó, más que preguntó, la bruja de tez negra. Había pillado la referencia.- Era un pobre diablo atormentado...- la cara de Aurora se tornó algo más seria, y la Gryffindor se preguntó para sus adentros hasta qué punto conocía ella la historia de Snape. Sinistra le dio la respuesta sin saberlo:
- Fue uno de mis compañeros de clase, ¿lo sabías?- comentó, y parecía rememorar aquellos años.- Qué mal lo pasó... La gente puede llegar a ser muy cruel.- su entrecejo se frunció.- Pero a mí me caía bien; tenía mi misma filosofía... ¿sabes? Cuando la gente de las demás casas habla de los Slytherin, cree que todos nosotros juzgamos a las personas por su nacimiento: que si muggle, que si sangre sucia... Pero ellos hacen algo parecido cuando consideran que ser Slytherin equivale a ser racista y cruel; nos meten a todos en el mismo saco sin pensarlo dos veces...- Aurora hizo una pausa, y Hermione estaba casi segura de que estaba pensando en los Merodeadores. La Gryffindor tragó saliva, y Aurora continuó hablando:- Severus me caía bien. Él juzgaba a la gente por sus capacidades, no por sus orígenes... Yo también considero que lo más importante no es lo que se es, sino lo que se consigue...- y sonrió benignamente a la Gryffindor.
Hermione le respondió con una sonrisa educada. Aunque estaba de acuerdo en que no había que juzgar a las personas por sus orígenes o su físico, no estaba tan de acuerdo con la filosofía de Aurora... porque desde esa perspectiva, ella era una perdedora total: no había conseguido nada de nada en su vida. Bueno, sobrevivir una guerra, que no era poco. Pero desde un punto de vista académico o laboral, si se tenía en cuenta lo que había conseguido y lo que no, Hermione era un ser mediocre que no destacaba del montón. Había destacado de adolescente, sí; cuando el mundo era un estanque de pececillos llamado Hogwarts, pero en cuanto se adentró en el océano de tiburones, la Gryffindor descubrió la amarga verdad: hacía falta algo más que interés, voluntad y memoria para no ahogarse en los fondos abisales. Hermione sintió una súbita erupción de amargor desde su corazón. Decidió dejar todas aquellas reflexiones a un lado: habían venido a por ayuda, no a discutir sobre filosofías de vida.
Como si hubiese escuchado el pensamiento de Hermione, Aisha rompió el silencio:
- Aurora, cariño... estamos en... una investigación muy delicada y compleja, en la que necesitamos tu pericia.
La mencionada hizo un gesto muy parecido a la de un perro que yergue sus orejas, alerta. Parecía oler que era un asunto turbio.
- Te escucho.- comentó pausadamente.
- Primero me tienes que prometer que no le dirás nada a nadie.- respondió Darzi.
- ¿Y todo eso, a cambio de...?
- ¿Mayor cantidad de lo habitual?
- No es necesario.- respondió Aurora con sequedad.- Quiero otra cosa.
- Dime.- dijo Aisha. Tenía la cara de alguien que sospecha lo que va a oír.
- Acceso ilimitado y absoluto a la biblioteca de Alejandría.- comentó Aurora con parsimonia.- Para toda mi vida. Y...
- ¿Y?
- Y que hables favorablemente de mí a Hipatia... y le plantees la posibilidad de que me acepte como su aprendiz.
Aisha estuvo pensativa durante un rato.
- Me va a costar bastante, pero... trato hecho.
- Un momento.- intervino Hermione, intrigada.- ¿Habláis de la famosa biblioteca de Alejandría? ¿Pero no se destruyó en un incendio, hace muchísismo tiempo?
Aisha Darzi la miró con una media sonrisa.
- Eso es lo que los muggles creen...- comentó, y volvió a girarse hacia Sinistra.- Bien, entonces... manos a la obra.
Y con un movimiento de varita, hizo aparecer el documento traducido.
Febrero del 2004. Hogwarts.
- ¡¿Qué?!
La cabeza de Harry emergía, alarmado, de entre las llamas de la hoguera del despacho de Hermione. La bruja había decidido contarle todo lo que había hecho para conseguir preparar un giratiempo que los llevase al pasado lejano.
- Harry, no tuve elección.- dijo con fastidio.- Necesitaba gente experta...
El moreno estuvo pensativo durante unos instantes, y luego habló:
- Lo entiendo, pero... ¿te fías de ellas?
Ah. Buena pregunta...
- No lo hacen a cambio de nada.- clarificó Hermione.- Tanto Aurora como Aisha...
La cara de Harry reflejó la inquietud de la bruja.
- No te habrás metido en peligro, ¿verdad?- le preguntó, y Hermione sintió ganas de poner los ojos en blanco.
- No lo sé.- respondió con sequedad.- De todas formas, Harry, nos hemos metido en peligro desde que decidimos hacer esto...
El auror tuvo la decencia de poner cara de avergonzado. Al poco, carraspeó.
- La verdad...- empezó a decir.- Yo también he estado pidiendo ayuda. A Bill...
¿Bill Weasley? Hermione le miró con ansiedad.
- No te preocupes.- le aseguró el moreno.- Bill y Fleur están al tanto de absolutamente todo, y están dispuestos a colaborar. A pesar de...
- ¿A pesar de que Snape fuese el responsable de que George tenga una sola oreja?- comentó Hermione con acidez.
- Bueno...- gruñó Harry, molesto.- Les enseñé todas las memorias del pensadero... y...
Hermione le miró horrorizada; Harry se apresuró en seguir hablando para que no le cortase la palabra.
- Están dispuestos a ayudar, y a mantener el silencio, por supuesto.- percibiendo la cara de Hermione, añadió precipitadamente:- Y no están resentidos por lo de... tú y Ron...
Hermione resopló. Aunque nunca se lo admitiría, era cierto que había sentido cierta reticencia a tratar con Bill por el hecho de que era un Weasley.
- No se trata de eso.- dijo, mintiendo a medias.- ¿Les has contado absolutamente todo? ¿Que yo estoy en el ajo y todo? Yo, al menos, me he guardado todos los detalles que he podido...- le reprochó.
- 'Mione, ¡son Bill y Fleur!- exclamó Harry, exasperado.- Son gente de confianza...
- Para ciertos asuntos sí, pero no necesariamente para todo...
- Escucha, Hermione.- suspiró el moreno.- Me han ayudado mucho, y nos seguirán ayudando en el futuro. Estuve dándole muchas vueltas a cómo rescatar a Severus...
"¡¿Severus?!" pensó Hermione, horrorizada. ¿Desde cuándo había pasado de "Snape" a "Severus"?
- ... y entre otras cosas, qué hacer una vez que lo rescatemos. No podemos alterar demasiado el pasado; debemos salvarle justo antes de que muera... y sin que nos vean nuestros "yo"s del pasado... Estará moribundo; no podemos llevarlo a cualquier parte... Fleur se ha ofrecido a ayudarnos. Tiene un tío materno que es uno de los mejores medimagos de Francia; y...
- Harry...- cortó Hermione, intentando ralentizar el flujo de palabras del auror.
- ¡Espera, espera!- se precipitó el moreno.- ¡Déjame terminar! Bill me dio una idea brillante. ¿Te acuerdas de Fawkes, el fénix?- pero Harry no le dio tiempo a contestar.- ¿Y si retrocedemos en el tiempo lo suficiente para contactar con Dumbledore, o con Fawkes? Las lágrimas de Fawkes ayudarán a que Severus no se muera...
Hermione estaba segura que tenía un principio de migraña en la cabeza.
- ¡Harry!- exclamó, y el moreno paró de hablar.- Harry, a ver, piensa antes de hablar...- el auror pareció ofendido.- Si nos encontramos a Dumbledore, ¿no nos sentiremos demasiado tentados de salvarle a él también?
Harry palideció, y Hermione suspiró.
- Pero no podemos salvarle, porque quién sabe qué giros dará el pasado y quizás, comprometeremos el futuro...- explicó la chica innecesariamente.- Y además; los fénix son muy leales, dudo que encontremos a Fawkes después de la muerte de Dumbledore... Aunque es cierto que un fénix nos sería muy útil...
El moreno estuvo pensativo durante unos instantes, y luego comentó con gravedad:
- Pues sólo nos queda encontrar y domesticar uno.
Hermione se quedó mirándole tontamente, con la boca abierta. ¡¿Qué?! Semejante disparate... Pero antes de que pudiese decir nada, Harry la había saludado para después desaparecer de su hoguera. Menudo lío...
Help me to seek for I lost it there es la primer línea de un soneto de Sir Thomas Wyatt
Playlist de este capítulo:
-Escena de Hermione descifrando el documento: Amhrán Na Farraige de Lisa Hannigan
-Escena de Hermione observando el despacho de Aurora Sinistra: Les Petites Planètes de Manu Chao
