Aviso legal: La serie Harry Potter es invención de J.K. Rowling y le pertenece. Todo texto reconocible es suyo.

Advertencia: Este fanfic es de categoría M.

Nota: Editado el 08/08/2020. Gracias por leer y por comentar :)


xxxxxxxxoOoxxxxxxxx

12.

Stand whoso list into the slipper top

xxxxxxxxoOoxxxxxxxx

- En ése caso...- declaró la ave.- ...buenas noches a todos.

Y se alejó, dejando unos atónitos humanos en el ya oscuro Bosque Prohibido. Hermione tenía la respiración entrecortada, los ojos brillantes y las mejillas ardiendo. Por increíble que fuese, los más difíciles de los obstáculos se les estaban solucionando uno detrás de otro. Era casi demasiada buena suerte, pensó Hermione, con una punzada de miedo.

Abril de 2004. La choza de Hagrid y Neville.

- Aún no me lo puedo creer.- comentó Hagrid por enésima vez.- Me extrañé en su día con Neville, porque lo había conseguido con relativa facilidad, pero ésto...

Ya estaban en el lindero del bosque, y la luna casi llena iluminaba la noche. Hermione notó, ausente, que las constelaciones de invierno empezaban a desaparecer en el horizonte y las de primavera, emergían poco a poco. Neville parecía estar un poco molesto.

- A mí me costó dos semanas hermanarme con Heka...- oyó que susurraba el joven mago. Neville soltó una forzada risilla de despreocupación, y añadió:- Bueno, eras la bruja más talentosa de nuestra generación...

Hermione se sintió muy culpable. Quería exclamar que no, que no era tan talentosa; que había fracasado en la Academia, que no había encontrado más que trabajos no relacionados con sus estudios; que no había conseguido ser la aprendiz de ningún mago o bruja de renombre, aún menos de dos, como él... pero sus palabras sólo lo amargarían más. La bruja de Gryffindor sintió una oleada de urgencia imprudente, una loca necesidad de recuperar a su amigo. En una fracción de segundo, sin pensar en las consecuencias; decidió ser sincera con él.

- Queremos viajar al pasado.- admitió con brusquedad.- Para salvar a Snape de la muerte.

Hagrid y Neville se pararon en seco. El corazón de Hermione batía a mil por hora; las caras de sus amigos le hicieron desear no haber hablado.

- ¿Viajar al pasado? ¿Volver a la Batalla de Hogwarts?- preguntó el gigante con el ceño fruncido, preocupado.

- ¿Salvar a Snape?- escupió Neville, su normalmente bonachona cara desfigurada por el desagrado.

Hermione se sentía estúpida. Estúpida, estúpida, estúpida. Sabía que no les gustaría, lo había sabido desde el principio. ¿Por qué había sentido la necesidad de la bendición de sus amigos? Sabía que no la obtendría.

- Hermione, ¡por Merlín! ¡Es muy peligroso!- exclamó Hagrid, cuando las implicaciones empezaron a calar en su mente.- ¿Queréis volver a la época de Quien-tú-sabes? ¿Y si os mata? ¿Y si algo sale mal y el futuro cambia a peor?- acabó, sus palabras teñidas de pánico.

- ¿Y todo por ese maldito murciélago?- gruñó Neville, su redonda cara más afilada que nunca.- ¿Vais a poneros en peligro, y poner en peligro este precario futuro, por Snape?- Hermione se estremeció instintivamente.- ¿Y qué hay de Lupin? ¿De Tonks? ¿De Fred? ¿Por no hablar más que de unos cuantos?- le acusó Neville.

Hermione estaba muda de horror. No sabía qué responder, cómo responder. Hagrid pareció apiadarse de ella.

- ¿Estáis seguros?- preguntó en voz baja, como haciendo una plegaria; rogando que no llevasen a cabo aquella descabellada idea. Neville parecía estar mudo de indignación.

Hermione no podía mirarles a la cara.

- Sí...- respondió con un hilo de voz.

- ¿Por qué?- inquirió Neville, ofendido.

- Porque...- la bruja chascó la lengua y cruzó sus brazos.- Porque... Harry descubrió que Snape le había pasado... muchos más recuerdos personales de lo que pensaba; y los compartió conmigo... es una especie de biografía de Snape, y es...- no sabía cómo continuar.- Es que ha sido tan infeliz y desgraciado durante toda su vida...

- Hermione.- la voz de Hagrid le sonó más dura que de lo normal.- Fue el propio Snape quien decidió su futuro. Fue él quien decidió tomar las decisiones que tomó. Fue un muchacho desgraciado, pero bien hubiera podido cambiar el rumbo de su vida... y lo hizo, en cierto sentido. No sois responsables de su miseria...

- Ya, pero...- no sabía cómo explicarlo.- ...es que... da la impresión que tampoco tuvo mucha alternativa.

Neville resopló con acidez.

- ¿Así que son las memorias de Snape los que os empujaron a tomar esta decisión?- gruñó, cáustico.- Bien.

Sacó su varita, y con cuidado, la apuntó a su sien. Despacio, una nube nacarada empezó a salir de su cabeza, que luego metió dentro de un frasquito de cristal.

- Éstos,- dijo poniendo énfasis en la palabra,- son mis recuerdos. Os los doy para que los veáis antes de iros al pasado, a ver si seguís teniendo las mismas ganas de revivir el murciélago.

Y con brusquedad, depositó el frasco en las manos de su antigua compañera de clase.

- Mis padres fueron torturados hasta la locura por mortífagos.- declaró Neville crudamente.- He vivido con ese temor y esa rabia durante toda mi vida. Y sin embargo, Hermione, creo que no te has olvidado de la forma que tomaba el boggart de Lupin cuando me veía, ¿verdad?

Hermione estaba pálida como una calavera. Claro que no se había olvidado. A pesar del miedo que debería tener a Lestrange y los demás mortífagos que torturaron a sus padres... lo que reproducía el boggart en frente de Neville era la imagen del Profesor Snape.

Abril de 2004. Hogwarts.

Había pasado una semana desde que Neville le había pasado sus recuerdos, pero Hermione no se había atrevido a verlos. De hecho, no se había atrevido ni a aparecer a la cita semanal que tenía con sus compañeros. Volvía a ser sábado. La poción de Darzi estaba casi terminada, el resto del plan casi solucionado, y tenía cita con Harry, Bill y Fleur por la tarde. Pero ella aún estaba en la cama.

No había conseguido dormir bien, y se había despertado pronto. Había pasado la semana fumando peppermary como una locomotora, y aún así, no había logrado reposarse correctamente. La pregunta de Neville daba vueltas y vueltas en su mente. "¿Por qué?" ¿Por qué salvar al murciélago? Hagrid tenía razón, parte de las infelicidades que padeció se los buscó él mismo. ¿Por qué sentía la urgencia de darle una segunda oportunidad? Hermione apretó su cara contra la almohada, las mejillas ardiendo.

Ella ya sabía por qué.

Era irónico. Las palabras de Hagrid bien podían haber sido las suyas propias, pronunciadas meses atrás. ¿Era ella la que había cambiado? Sí. ¿Sentía piedad por el desafortunado hombre? Sin duda. ¿Simpatía? Sí. O más bien... Hermione agitó su cabeza, frenando aquel hilo de pensamientos. Lo hacía por piedad y por simpatía. Punto. Al fin y al cabo, ¿qué capricho de la vida había evitado que ella se amargase y se agriase como su antiguo profesor de Pociones? Hermione se revolvió en sus sábanas por enésima vez. ¿Acaso se veía reflejada en él? ¿era Severus Snape una foto del monstruo que acechaba en la oscura profundidad de su propia mente, con las mismas inseguridades y los mismos rencores y ...? Quizá necesitaba decirse que Snape podía cambiar, tenía que cambiar; que hasta el más agrio de los murciélagos podía curarse y superar sus miedos; cambiar su destino, su actitud, su suerte. Porque si él lo lograba, ¿cómo no lo iba a lograr ella?

Sí, ésta era la respuesta. No podía haber otra.

Mentirosa.

Su traidora mente divagó hacia los recuerdos de Snape ataviado de su apretada túnica, al murmullo de su capa cuando rozaba el suelo; a su pensativo perfil y sus esbeltas manos y a cómo solía trazar sus labios con un dedo cuando pensaba y...

No. Basta.

Al final, hacia las nueve de la mañana, con la cama completamente deshecha y vestida con negligencia; Hermione decidió llamar a Luna por la red Flu. Para su asombro, Luna estaba despertada cuando mostró su cara en la cocina de los Lovegood. No tardó en desplazarse hasta allá, con el frasco de Neville apretado entre sus manos.

- Buenos días, Hermione.- le saludó su amiga.- Veo que vuelves a estar con los nervios al aire... ¿es por algún gingerpweenie? No te habrán cogido toda la peppermary...

Sólo con oír la voz de Luna, la Gryffindor se relajó un poco.

- No, no nadie me ha robado.- su voz bajó a susurro.- No sé si Harry te ha comentado... que pensamos volver al pasado e intentar salvarle la vida a Snape.

Luna la miró con una leve sonrisa soñadora. Se acercó a Hermione y empezó a juguetear con el botón superior de su túnica. La joven Granger se quedó mirando hipnotizada los delicados dedos de la Ravenclaw.

- Sí.- respondió Luna con sencillez.- Tenemos una cita con Fleur y Bill en su casa, esta tarde, ¿verdad?

Hermione la miró aliviada, y extrañada de que Harry hubiese invitado a su amiga.

- Sí...- comentó vagamente.- Pero antes de ir... Mira, la cuestión es que... para conseguir un fénix... tuve que contarles la verdad a Neville y a Hagrid.

La sonrisa de Luna titubeó un poco, intuyendo que las cosas habían salido mal. Alejó sus dedos del botón de la otra bruja y empezó a juguetear con los cortos mechones de su amiga, peinándola y acicalándola. La Gryffindor suspiró y cerró los ojos. Los dedos de Luna la estaban distrayendo.

- Neville se enfadó...- admitió Hermione.- Y me dio unos recuerdos suyos para intentar disuadirnos. Aún no he tenido el coraje de verlos... quisiera...- abrió los ojos y la miró fijamente.- Quisiera que me ayudases a verlos...

La rubia asintió sin decir palabra. Apartó su mano del cabello de su amiga, y con un movimiento de varita, atrajo su pensadero hasta la sala de estar. Hermione tragó saliva antes de verter el contenido del frasco en el objeto mágico, pero ya no había vuelta atrás. La casa de Luna se difuminó...

Abril de 2004. The Rookery.

Hermione levantó su cara con el ceño fruncido y el corazón apretado. Nerviosa, mordió su labio inferior mientras miraba a Luna. Sabían que Snape había sido injusto y prepotente, pero... Desde luego, Neville tenía razones para guardarle rencor. Lo de Snape había sido saña... ¿era ese murciélago el que querían salvar de la muerte?

¿Era ése el hombre que le hacía mojar las bragas?

Sí.

Hermione gimió y apartó la vista del pensadero. Mientras Luna lo guardaba, Hermione pasó de mordisquearse el labio, a mordisquearse las uñas. ¿Estaban haciendo lo correcto? Ya no se sentía tan segura. ¿Quién decía que Snape estaría agradecido de que les salvasen la vida?¿Y si su voluntad de era morir? ¿Qué derecho tenían ellos de impedírselo? Al fin y al cabo, la verdadera razón por la cual Snape parecía soportar el suplicio que era su vida, era que Dumbledore le había pedido proteger a Harry hasta el último momento... ¿qué hubiera hecho Snape si hubiese tenido la oportunidad de elegir? ¿optaría por vivir? ¿optaría por cambiar su actitud? ¿o no? La opinión de Snape (y la de sus víctimas) sobre el asunto era un "detalle" que no habían tenido en cuenta. "Cuánta arrogancia... qué típicamente Gryffindor," escuchó Hermione en su interior, la voz de Snape resonando con burla.

- Luna...

Su amiga rubia la miró interrogativamente.

- ¿Crees que estamos haciendo lo correcto? ¿Y si Snape prefiere la muerte?- preguntó, manifestando sus dudas.- ¿Y nosotros? ¿Queremos un Snape así de vuelta en Hogwarts?

Los ojos de Luna tenían la mirada perdida. Permaneció en silencio durante unos instantes.

- Si prefiere morir a vivir...- comenzó a decir, con lentitud.- ... siempre podrá suicidarse. No sabremos qué elegiría, y él tampoco, a menos que tenga la oportunidad de elegir... puedes decidir morir estando vivo, pero que nosotras sepamos, no puedes decidir vivir una vez muerto...

Como de costumbre, las sabias y sencillas palabras de Luna actuaron como un bálsamo fresco en su irritada alma. La Ravenclaw prosiguió:

- Y en cuanto a si Snape sería igual de desagradable que cuando era nuestro profesor... bueno, la gente puede cambiar, ¿no crees?- Luna la miró con una sonrisa perdida.- ¿Por qué debemos asumir que él querría seguir siendo el amargado que era? Si le damos la opción de poder elegir, quizás elija ser una persona amable y feliz... con la ayuda necesaria, podría hacerlo, ¿no crees?

Hermione respondió con una pequeña, tímida y fugaz sonrisa. Volvía a sentir un atisbo de la esperanza y la convicción que, se daba cuenta ahora, habían impulsado sus acciones. Y la Ravenclaw había conseguido apaciguar sus preocupaciones con cuatro frases bien escogidas... como siempre. ¿Qué haría ella sin Luna?

- Además,- continuó Luna, como ausente.- Si realmente Snape vuelve a ser un amargado, no tiene por qué volver a Hogwarts. Dudo que incluso él quisiera volver... no tiene por qué traumatizar otra generación de niños.- concluyó la Ravenclaw, convencida. Hermione se atrevió a sonreír de nuevo, aunque ella no sentía la certitud que parecía sentir Luna.

- ¿Quieres quedarte a comer?- comentó la rubia, como quien no quiere la cosa.- Creo que he conseguido erradicar al Wombacoye... vuelvo a tener hortalizas en mi huerta.

Hermione sonrió agradecida, y aceptó la invitación. Aquella tarde iba a ser dura...

Abril del 2004. Shell Cottage.

La cocina de los Weasley-Delacour parecía una foto de catálogo. A diferencia de la mayoría de las cocinas mágicas que Hermione había visto durante su vida, era un sitio limpio y pulcro, con todo bien ordenado. Sólo había un detalle que mancillaba la simetría de la cocina; los pergaminos esparcidos por la gran mesa de madera que adornaba la sala. Harry, Luna, Fleur, Bill y Hermione rodeaban dicha mesa, con las caras serias y las mentes absortas. Tenían una misión que planificar.

- La Profesora Darzi terminará con la poción en la próxima semana.- informó Hermione a los presentes.- Como sabéis, la Profesora Sinistra nos aconsejó actuar pronto; entre el 1 y el 13 de mayo... es el momento en que podremos retroceder con la máxima precisión posible.

- ¿Hasta qué punto de precisión?- solicitó saber Fleur, con su inconfundible acento francés; aunque su inglés había mejorado muchísimo.

- Una precisión máxima de dos horas, lo cual es bastante.- respondió Hermione.- Y será necesario, para preparar bien la acción...

Con un movimiento fluido, sacó el paquete de peppermary, la pipa de su abuelo y las cerillas Bonnie & Cyde.

- ¿Puedo?- preguntó a los esposos, que se miraron con nerviosismo. Para persuadirles, Hermione añadió: -Abriré la ventana...

No parecían estar muy convencidos, pero no dijeron nada en contra. Bill decidió retomar el tema que tenían entre manos.

- ¿Ya habéis conseguido un fénix?- inquirió con energía.

Harry miró a Hermione con nerviosismo.

- Aún no...- dijo el moreno, pero la bruja de Gryffindor negó con la cabeza. Con gracia felina, encendió la pipa y le dió una bienvenida calada. Todos tenían la atención fija en ella, pero eso no apresuró su respuesta.

- Yo sí.- confirmó Hermione, y el auror la miró con alivio.- Se llama Heka; se hizo amiga de Neville Longbottom, y gracias a él pude contactar con ella. Está dispuesta a viajar al pasado con nosotros.

- Bien.- declaró Harry, con los ojos brillantes.- Tenemos un buen medio para mantener a Severus con vida... ¿cómo hacer para trasladarlo a un lugar seguro?

- Heka podría llevarlo... por ejemplo, hasta un sitio seguro de Hogsmeade.- propuso Bill.

- ¿No sería mejor alejarlo lo más posible del lugar?- preguntó Luna, con su tono soñador.

- ¿Qué os parece utilizar un traslador a Francia?- comentó Fleur.

Hermione la miró extrañada.

- ¿Francia?- inquirió.

- Sí, mi tío Claude se ocuparía de él... es medimago; y además, tiene un don para tratar con la gente. Es un poco como... eeh... esos médicos muggles... ¿médicos del cerebro?

- ¿Psiquiatras? ¿Psicólogos?- tanteó Harry.

- Creo que sí.- respondió la francesa, subiendo los hombros.- Bueno... hay mucha gente que va a verle cuando tiene problemas... es un hombre muy tranquilo y sabio...

- ¿Y cómo contactaríamos con él?- preguntó Hermione.

- Puedo escribirle una carta explicándole la situación... lo entendería.- propuso Fleur.- Podríais retroceder al pasado con la fénix y un búho, y enviarle la carta...

- En ése caso, tendríais que retroceder unos cuantos días antes de la batalla...- reflexionó Bill.- Necesitaréis la respuesta del señor Delacour...,

- Doctor Leroy.- cortó Fleur para corregirle.- Es mi tío materno.

- ... Doctor Leroy,- prosiguió el Weasley- para saber si acepta, y preparar un traslador a un sitio seguro...

- Bueno...- comentó Fleur.- He estado pensando en este plan durante un tiempo... Yo conozco un sitio protegido y seguro, y podría daros las coordenadas, para que hechicéis el traslador... Mi tío también lo conoce; nos lo enseñó él.- aseguró la francesa.- Así no tendríais que retroceder demasiado en el tiempo, porque sería un riesgo...

Tanto Hermione como Harry los miraron aliviados.

- Perfecto.- declaró Harry, optimista.- Entonces... Fleur, ¿te importaría ponerte a escribir ése pergamino para tu tío lo más rápido posible? Podemos confiar en él, ¿verdad?- preguntó.

Fleur sonrió con aristocrática tranquilidad.

- No es la primera vez que atiende a personas en situaciones irregulares... confío en tío Claude.

Hermione suspiró, y en el proceso, parte del humo que había inhalado previamente se escapó por su nariz. Las líneas generales del plan estaban ya trazadas, pero necesitaban repasar los detalles. Aquella reunión no se terminaría pronto...

Mientras seguía atendiendo las palabras de la conversación, la Gryffindor se preguntó por qué sentía semejante nudo apretándole el estómago.

Habían dormido todos en Shell Cottage, y habían pasado la mañana del domingo terminando de discutir los detalles que no habían podido discutir el día anterior. Hermione, como el resto de los reunidos, se hallaba en la cocina de los Weasley-Delacour. Tenía la vista fija en el pergamino que Fleur le había escrito a su tío. Estaba muy concentrada, porque no entendía muy bien el francés.

Y entonces, apareció. Embarazada, con el pelo despeinado, ropas de dormir y Albus Severus apretado contra sus senos: Ginny Weasley. Ginny Potter. Harry se puso tan lívido como un difunto. El ambiente se tornó denso, como la atmósfera antes de una galerna. Todos estaban mirando a la pelirroja, que tenía los labios apretados y profundas ojeras. Por unos instantes, Hermione creyó que Ginny explotaría a gritos en el más puro estilo Molly. Pero, para su sorpresa, no fue así.

- Harry. Hermione.- dijo la pelirroja con dureza.- Tenemos que hablar.

Nadie se atrevió a cortar el pesado silencio que los ahogaba; nadie salvo Ginny.

- Sé que estáis planeando retroceder al pasado y salvar a Snape.- soltó, como si sus palabras fuesen un relámpago; y el silencio que siguió retumbó como un trueno.Y luego, la primera gota de la tormenta: - No os vayáis.

Ninguno de los presentes supo qué decir. Harry y Bill parecían mirarla como si no la conociesen; Luna tenía una mirada perdida y los ojos de Fleur reflejaban simpatía. Todos parecían tardar en empaparse con el mensaje de Ginny. Hermione deslizó la vista desde los ojos de su amiga hasta su garganta.

- ¿Cómo lo has sabido?- le preguntó Hermione, neutramente.

- No sois tan discretos como os gustaría creer.- respondió Ginny.- Menudo auror estás hecho, Harry. Mira hasta qué punto te ha llevado tu obsesión por Snape...

- Ginny...- empezó a decir Harry, pero sin saber cómo proseguir.

- Harry.- le cortó ella.- Sé que piensas en él, constantemente. Joder, hablas en sueños; Harry... - su tono se volvió de sincera plegaria.- No quiero perderte...- giró la vista hacia Hermione.- A tí tampoco. Estos últimos meses han sido un infierno. No os vayáis al pasado. ¡Podríais morir!- Estuvo en silencio durante un eterno instante, y luego se giró hacia su marido.- Y aunque no muráis, podríais cambiar tanto que...- Ginny no parecía encontrar las palabras adecuadas. Al final, pronunció un ultimátum:- O él o yo, Harry. Escoge. Yo...tus hijos... también te necesitamos...

El auror parecía estar pensando en la respuesta, pero antes de que tuviese la oportunidad de decir nada, Luna se le adelantó.

- Harry... Ginny tiene razón.

El nudo del estómago de Hermione se apretó aún más. Sabía qué era lo que tenía que decir, pero no conseguía reunir el coraje.

- Sí...- corroboró Fleur.- Realmente, Harry, creo que Ginny y tus hijos te necesitan más que Snape...

El moreno se giró ligeramente, mirando con sorpresa a sus dos rubias amigas. Parecía sentirse ligeramente traicionado. El corazón de Hermione dió un doloroso latido, más fuerte que el de los demás. Tenía miedo, sentía vértigo; pero sabía que las otras mujeres tenían razón... respecto a Harry.

- Yo... también creo que no deberías ir al pasado, Harry.- dijo, al fin, con la voz ahogada. Su amigo la miró horrorizado por la traición.

- ¡Hermione! Hemos pasado meses -

- Iré yo.

El silencio que siguió hería los tímpanos.

- ¿Tú?- masculló Harry.- ¿Tú sola?

Hermione intentó respirar hondo, pero su pecho y su estómago parecían ser de piedra. Sentía pánico, terror; sus rodillas temblaban y menos mal que estaba sentada, pensó. Al final, consiguió fingir la fortaleza que no tenía y dejó caer el hacha:

- Sí, Harry. Yo sola. Creo que aún así, lo conseguiré. Tú tienes mucho que perder, pero yo no tanto... tienes dos hijos pequeños, Harry; y a Ginny, y un trabajo en el que eres muy importante... Iré yo sola.- Tragó saliva y rogó con toda su alma que no se le quebrase la voz.- Ya me las arreglaré.

- Hermione.- protestó la pelirroja.- También quiero que tú...

- Ginny, alguien tiene que ir.- le cortó la joven Granger, con un tono más duro de lo que había calculado. Suavizó su voz y añadió:- Creo... creemos que Snape merece una segunda oportunidad. La oportunidad de ser libre, de construir su vida sin ninguna cadena, sin ninguna máscara.

Ginny frunció el entrecejo, claramente en contra de lo que acababa de decir Hermione. La cara del auror fue inescrutable por unos momentos. Hermione estaba seguirísima de que Harry se sentiría herido y traicionado; de que le diría que no, que tenían que ir los dos. Repentinamente, el moreno cubrió a zancadas el espacio entre él y Hermione y la apretó en un fuerte abrazo.

- 'Mione...- dijo con voz estrangulada.- ...'Mione, no tienes por qué... yo te metí en esto...

La joven bruja sintió cómo se le subían las lágrimas desde la garganta hasta sus ojos, pero intentó por todos los medios que no resbalasen fuera de ellos. Durante un tiempo no habló, su voz atada a sus cuerdas vocales con un nudo, pero al final consiguió carraspear:

- Supongo que me convenciste...- y no pudo más. Una lágrima resbaló, gorda y salada, y parecía que sus mocos querían seguir el mismo camino. Al fin y al cabo, sentía miedo... mucho miedo... y sin Harry, sin nadie, aquello iba a ser muy duro.

- Harry... tú ya te has sacrificado bastante y hasta demasiado por todos nosotros.- le comentó, aclarándose la garganta y separándose de su amigo. El auror seguía mirándola, mudo, y Hermione casi podía oír los engranajes de su cerebro funcionando a todo vapor. Entonces, Harry se separó definitivamente de ella.

- Tú también has sacrificado bastante, Hermione.- comentó la voz de Bill desde un continente lejano, como el canto de una sirena arrastrado por el viento hasta la costa de la joven Granger.

- Nos hemos sacrificado todos, Bill.- le contestó Fleur, mirando con seriedad las cicatrices de su marido.- Todos hemos sufrido mucho. Y hemos perdido mucho...

- Yo creo que debes ir, Hermione.- dijo Luna, su voz aguda y clara atravesando el pesado ambiente como un arpón.

Pero la joven Granger tenía la vista fija en su viejo amigo, y él en ella. Al final, Harry habló.

- Hermione ...muchas gracias.- humedeció sus labios con la lengua.- Quiero salvar a Severus, sabes que quiero hacerlo; quiero ayudarle...

Su mirada resbaló hasta sus pies.

- Pero... también soy consciente que...- empezó a juguetear con su varita, nervioso.- ...tengo responsabilidades aquí...

Hermione conocía aquella cara, aquella voz, aquella mirada. Su amigo se sentía avergonzado, y culpable. Era obvio. Se sentía avergonzado de haber olvidado su familia de aquella manera, de haber olvidado que sí, en efecto; tenía responsabilidades, y tenía gente que le amaba mucho, y tenía unos niños que le necesitaban. Y se sentía culpable porque quería ayudar a Severus Snape, quería saldar la deuda que tenían todos, pero él en especial, con el doble agente de Slytherin. Redimir a su padre, y a Sirius, ayudando al hombre que atormentaron cuando era muchacho...

La última de los Granger cambió de postura, incómoda. Ella también tenía a gente que la amaba, gente que se preocupaba por ella. Automáticamente, ancló su mirada en Luna; pero ésta parecía estar absorta estudiando el mantel bordado que adornaba el sofá. Luego se fijó en Ginny... Hermione no sabía si sentirse triste o aliviada por no tener una familia bajo su responsabilidad. Aunque sentía miedo por lo que le deparaba el futuro, ya había decidido que quería seguir adelante. Sin embargo, aquella irrupción de la pelirroja le recordó que a ella también le hubiera gustado que hubiese alguien que se preocupase por ella, alguien que la echase en falta, que la quisiese, que...

Sin que lo hubiese notado, Luna se había desplazado hasta su lado y acababa de pasar su brazo por su cintura.

- No te preocupes, Hermione.- le dijo, con una sonrisa soñadora y su suave voz femenina.- Confiamos en tí. Seguro que saldrás airosa de todo, y no tendremos ni tiempo de darnos cuenta de que te has ido, porque al instante volverás del pasado y aparecerás detrás de nuestras espaldas. Estoy segura. No nos olvidarás. Y nosotras no te olvidaremos.

Aquella vez sí que no pudo aguantarse, y Hermione explotó a llorar. Lloró y lloró, exteriorizando sus miedos más profundos y sus temores más inmediatos; su angustia, su agobio, su alivio. Se fundió en un abrazo con su amiga rubia, que la sujetó hasta que consiguió calmarse.

Mayo del 2004. El Bosque Prohibido.

Era tan temprano que la luz del alba a penas penetraba de entre las hojas de los árboles. Estaban en uno de los raros claros del bosque, pero los nubarrones negros del cielo también se empeñaban en oscurecer el día, amenazando con desatar una tormenta. Hacía frío y el rocío había acabado empapando los zapatos de los que no habían utilizado un hechizo impermeabilizador.

Hermione miró con preocupación hacia donde estaban Hagrid y Neville. Al final habían venido, a pesar de que Hermione no los necesitase para llamar a Heka. La fénix estaba al lado de su antiguo compañero de clase, que miraba al suelo, enfurruñado. Ni él ni Hagrid estaban de acuerdo con lo que iba a hacer, pero el Jefe de la Casa Gryffindor lo había tomado bastante menos personalmente que su aprendiz.

Fleur y Luna también habían venido, para darle apoyo moral más que nada. Al parecer, a Harry no le tocaba trabajar temprano aquel día, pues también había venido, y se mantenía pegado a Ginny. Habían dejado a su hijo en La Madriguera. Aunque Harry había hablado afablemente con Hagrid y Neville, parecía sentirse inseguro sobre cómo comportarse con ellos: hacía un tiempo que no se habían visto, y los tres sabían qué pensaba cada uno sobre aquella "misión".

Aisha Darzi y Aurora Sinistra también habían acudido. Se mantenían un poco apartadas de los demás; Sinistra tenía una sonrisa indescifrable. Habían venido, sobre todo, para ayudar a Hermione con el giratiempo y la poción. La joven profesora estaba muy nerviosa. Tenía una lechuza en el hombro, que había comprado el día anterior en el Callejón Diagón. Llevaba atado el pergamino de Fleur para su tío, y se mantenía tan quieta como una estatua.

Hermione miró en su mochila mágica por última vez. El viejo calcetín que serviría como traslador, el pergamino con las coordenadas de aquel lugar de Francia, un reloj de pulsera que Luna había encantado para que se ajustase automáticamente a la hora del lugar en que estaba el reloj, varias pociones útiles, comida... La bruja de Gryffindor respiró hondo. El frío aire olía a bosque; a humedad, a vegetación, a tierra, a musgo. Hermione sintió como un flechazo de nostalgia, que no podía adivinar de dónde venía. Se sentía como si estuviese fuera de la realidad, como si aquello estuviese sucediendo en otra época y otro lugar, como si le estuviese sucediendo a otra persona, y no a ella. Miró de nuevo las coordenadas del papel y saboreó el nombre del lugar escrito. Morbihan... Sonaba tan exótico y tan cercano a la vez... como si ya hubiese estado ahí, en uno de sus sueños o en una vida pasada.

Había llegado la hora. Hermione se puso la mochila en la espalda y la lechuza ululó fastidiada, al tener que moverse un poco para que la bruja pudiese ponerla. Sin que ella dijese nada, la fénix batió las alas suavemente y se desplazó hasta Hermione. Con la mochila en el dorso, y las aves en sus hombros, la bruja se sentía un poco más preparada. Aisha se acercó a ella, y con cuidado, sacó el giratiempo y el Filtro Potenciador de entre los pliegues de su chador. Hundió el giratiempo en el flasco mientras murmuraba encantamientos en lenguas de allende.

- Hermione.- dijo Luna sin alzar la voz, pero sus palabras retumbaron en el silencio.- Todo irá bien. Lo sé.

La Gryffindor le lanzó una sonrisa de gratitud.

- Por favor, Hermione... sobrevive.- le dijo Harry. La joven Granger a penas pudo aguantar las lágrimas de gratitud. Harry parecía ser consciente de lo que su amistad significaba para ella, más aún después de lo de Ron. Ginny sonreía tristemente, intentando darle ánimos a Hermione, pero dejando ver su preocupación por ella.

- Y... cueste lo que cueste, vuelve a este claro, Hermione.- la mencionada se giró para mirar a Neville.- Para que sepamos que estás viva y en buen estado...

El semblante duro que quería mantener empezó a resquebrajarse. La Gryffindor parpadeó con rapidez, intentando contener las lágrimas. Pero no lo consiguió. Tenía un nudo tan grueso en la garganta que no se atrevía a pronunciar una sola palabra, por miedo a sollozar desconsoladamente.

- Si no puedes venir, Hermione,- añadió Hagrid.- intenta enviarnos una lechuza o cualquier otro mensajero. Iremos a ayudarte.- afirmó con un guiño.

Aquello era muy poco digno de una Gryffindor, pensó Hermione al notar cómo se le escurrían los mocos hacia sus labios. Murmuró un "¡fregotego!" que los limpió por arte de magia.

- Mi tío Claude es muy amable. Ya verás.- comentó Fleur, con su acento encantador.

Aisha no le dijo nada, pero le guiñó con complicidad. Su ataque de lágrimas amainado, Hermione aceptó el giratiempo que le estaba ofreciendo la Profesora Darzi y se la puso al rededor de su cuello.

- Muchísimas gracias por vuestra ayuda y vuestro apoyo.- dijo la Gryffindor, con quizás más solemnidad que la necesaria. Hermione pudo observar una breve sombra de culpabilidad atravesando la cara de Harry, y le sonrió para tranquilizarlo. Tomó aire con fuerza, llenando sus pulmones con ganas, y exhaló ruidosamente.

- Allá voy... haré todo lo que pueda.

- Espera, Hermione.

Harry se acercó a ella con timidez, cabizabajo, y sacó de bajo su túnica uno de los objetos más preciados que tenía en su posesión: la capa de invisibilidad de su padre. Hermione se quedó muda.

- Te ayudará... es probable que lo necesites.

A decir verdad, la joven ya había pensado en aquello, pero sabía lo que la capa significaba para su amigo y no se había atrevido a pedírselo prestado.

- Gracias, Harry.- le dijo, estrechándolo entre sus brazos, y el moreno le devolvió el gesto con una pequeña sonrisa débil.

En cuanto se separaron, la joven Granger se cubrió parcialmente con la capa (incluyendo a las aves), le dió un golpe de varita al giratiempo, murmuró "annus" y le dió seis vueltas al objeto. Una vez hecho esto, le dió otro golpe y susurró "mensis". Después de darle una de vuelta, siguió el mismo procedimiento para acercarse al día de la Batalla de Hogwarts. Habían discutido mucho sobre el momento adecuado para volver al pasado, y finalmente optaron por retroceder aproximadamente doce horas antes del ataque.

Mientras giraba las últimas horas, Hermione se cubrió completamente con la capa y miró fijamente a sus compañeros.

- Adiós, amigos. Muchas gracias por todo.- declaró.

Para cuando terminó de hablar, en el cielo habían estrellas y se encontraba sola.

Junio de 1999. El Bosque Prohibido.

Lo primero que hizo Hermione en el pasado fue murmurar un hechizo de detección. Buscó asiduamente, y empleando varios hechizos, para asegurarse de que la armada de Voldemort no se había acercado al castillo todavía. Y así era; estaba sola... todo lo sola que se podía estar en el Bosque Prohibido.

Al no tener ningún peligro inminente cerca, Hermione se quitó la capa y susurró a la lechuza que volase lo más rápido posible. No estaba segura de que la ave pudiese alcanzar a aquel tal Claude Leroy en doce horas, pero habían decidido que retornar demasiado pronto al pasado aumentaría mucho la posibilidad de que le ocurriese algo antes de poder salvar a Snape.

La joven Granger volvió a echar una mirada a su alrededor, inquieta. No había detectado humanos en los alrededores, pero seguía estando en el Bosque Prohibido. Con el nerviosismo del momento, le habían entrado unas ganas inaguantables de orinar. Se acercó a uno de los arbustos del claro, miró con el ceño fruncido a la fénix de su hombro y el animal, inteligentemente, se alejó un metro de ella mientras Hermione se agachaba para satisfacer sus necesidades. Cuando terminó, utilizó un encantamiento de su propia invención que limpiaba en profundidad cualquier superficie que la varita tocase, y eliminaba hasta el más mínimo olor de una persona.

- No quiero que mi olor me delate.- explicó con cierta vergüenza a la fénix, que la miraba con la cabeza ladeada.- Estamos en el Bosque Prohibido, vete a saber qué clase de bicho ronda por aquí con su olfato bien desarrollado...

Al parecer, Heka no tenía ninguna objeción al respecto. Sacudiendo la cabeza, Hermione se puso a encubrirlos con hechizos protectores y de invisibilidad. El reloj que Luna había encantado le indicaba que eran las cuatro de la mañana. No tenía sueño, pero se dijo que debería reposarse un poco para que luego no le venciese la fatiga. Con el ceño fruncido, miró a la cicatriz que Bellatrix Lestrange le había dejado en el brazo: "Sangre Sucia". Existían hechizos para borrar cicatrices, pero Hermione había decidido dejarlo, para no olvidar nunca lo que pasó durante la guerra. Mirar la cicatriz le produjo un desagradable escalofrío por todo su cuerpo, más violento incluso que las que solía tener antes. Porque ahora, había vuelto a la mismísima guerra que durante cinco años todos habían fingido olvidar.

Sacó su tienda de campaña de la mochila, encerrándose en él, se dedicó a repasar las partes del plan; una vez terminado aquello, hechizó el traslador para que les llevase a Morbihan y entró en un sueño inducido, que duró hasta las once de la mañana. Ahora tocaba salir del Bosque y acercarse a la Casa de los Gritos... esperaría ahí, encubierta, hasta que fuese el momento oportuno.

Tardó dos horas en salir, cuando con Hagrid habían tardado media hora en entrar. Hermione sintió aún más respeto que antes por el guardabosques.

Pasó un tiempo hasta que su yo del pasado, junto con Ron y Harry, apareciesen en frente del Sauce Boxeador. Escuchó cómo el pelirrojo se quejaba de no tener Crookshanks para apretar en el nudo que paraba el árbol, y cómo su yo de dieciocho años, exasperada, le respondía que usase la magia. Hermione aguantó la respiración hasta que el trío hubiese entrado en el túnel. Contó hasta veinte, se levantó, masajeó sus músculos agarrotados y paró las ramas del árbol utilizando el mismo método que Ron, el Wingardium Leviosa.

El túnel le pareció más estrecho que lo que recordaba, y se vió obligada a gatear. Heka se había desplazado desde su hombro hasta su espalda, formando la más inusual pareja de montura y jinete. Hermione avanzaba más despacio de lo que había previsto, e intentaba por todos los medios mantener la distancia que tenía con el trío del pasado.

Cuando se acercaron al final, los muchachos se escondieron bajo su propia capa de invisibilidad, y la Hermione adulta se acercó a ellos con sigilo.

- ...mi Señor, su resistencia se derrumba...

- ... y lo hace sin tu ayuda.

A la joven mujer se le aceleró el pulso al oír aquellas voces. Era Snape, ¡Severus Snape! ¡vivo, a pocos metros de ella! ...al igual que Voldemort. Hermione sintió un sudor frío por la espalda. Hasta aquel momento, sus sentidos habían estado un poco embotados, como si estuviese dentro de un sueño, pero oír aquellas palabras le había puesto carne de gallina. De repente, Hermione fue muy consciente de dónde estaba, y el peligro en el que estaba. No podía fallar.

- ¡Mi Señor!- oyó que protestaba Severus, y aguantó la respiración.

- No puede ser de otro modo.- decía la fría voz de Voldemort.- Tengo que dominar la varita, Severus. Si domino la varita, dominaré Potter de una vez por todas.

El grito de terror que siguió a la declaración le estrujó las tripas a Hermione. Necesitó toda su fuerza de voluntad para mantenerse quieta, aunque por un desagradable instante, no supo si lo que quería era entrar en la sala e intentar poner fin a los chillidos de dolor, o echar a correr en la dirección opuesta y esconderse debajo de una roca. Cuando Nagini terminó, y tanto ella como su amo volvieron a la batalla, el trío salió de su escondite y se acercó a Severus. La Hermione adulta les siguió con sigilo, la boca seca y el corazón taquicárdico. Sentía una calma extraña, tensa, con la cabeza más lúcida de lo normal, los sentidos alerta y todos los músculos endurecidos. Conocía aquel desagradable estado, era el mismo que había experimentado durante las batallas que le había tocado vivir. Como si su cuerpo y su mente se preparasen para el combate o la huida... Era algo que estaba más allá del puro miedo. Era un terror intenso, pero no paralizante; era su instinto de supervivencia, haciendo sonar alarmas y campanas para alertar del peligro.

Harry se había acercado al moribundo, y éste le urgía a que recuperase sus memorias. Hermione se acordaba bien; Severus estaba a segundos de la muerte. Con fría y dura decisión, alzó la varita y paralizó al trío. Heka salió de la capa con una velocidad increíble y se acercó a la garganta del profesor de Pociones, llorando mientras cantaba. Poco a poco, la herida dejó de sangrar más y empezó a emitir un aura anaranjada: Heka estaba extrayendo el veneno de Nagini. Hermione se acercó, rebuscando en su mochila una de las pociones que ayudaban a regenerar los huesos, los músculos y la piel.

Snape había perdido el conocimiento, pero cuando Hermione puso la mano bajo la nariz del hombre, notó una pequeña corriente de aire. Seguía vivo. La bruja aplicó la poción en los lugares que Heka había sanado lo suficiente. Cuando terminaron con los primeros auxilios, Hermione se acordó del trío, que seguía paralizado y era testigo de lo que había pasado. Mordiéndose el labio, susurró:

- Lo siento, chicos...

Uno por uno, los llevó flotando hasta la mitad del túnel que salía en el Sauce Boxeador. En cuanto hubo reunido los tres, procedió a modificarles la memoria. Primero, utilizó el mismo hechizo con que el que había borrado la memoria a sus padres, y después les implantó un falso recuerdo para que creyesen que habían visto morir a Snape. Cubierta con la capa, retrocedió con cuidado mientras los tres amigos avanzaban veloces hacia la salida.

Cuando volvió a la Casa de los Gritos, Snape había recuperado una respiración un poco más estable y menos laboriosa. Yacía inerte, sin conocimiento, y la cara tan blanca como la tiza. Hermione se apresuró en sacar el traslador, y corrió hacia el hombre. La calma anterior se había transformado en un frenesí apremiante; estaba ansiosa por salir de ahí y aparecer en un lugar seguro. Estaban ya tan cerca de cumplir con su objetivo...

- ¿Severus?- dijo alguien a sus espaldas.

Hermione se sintió, una vez más, bañada en su propio sudor frío, los ojos agrandados de horror y el corazón en la garganta. No necesitaba girarse para conocer el dueño de la voz: era Lucius Malfoy, que asomaba su cara pálida por la puerta de la sala, y que miraba perplejo a la bruja que tenía delante. El resto pasó muy rápido. Hermione estaba a penas a un metro de Severus; mientras Malfoy padre procesaba la información y sacaba una varita, la bruja dio dos zancadas hacia el hombre inconsciente y se tiró hacia él. Ya casi estab-

- ¡Stupe-!

Hermione sintió un tirón por debajo de su abdomen. Sujetaba firmemente las rodillas de Severus, que era lo más cercano que había podido agarrar, y después de unos desagradables instantes, sintió cómo sus propias rodillas chocaban contra un suelo muy duro. El dolor remontó hasta su espalda como una descarga eléctrica, y Hermione soltó un grito.


Stand whoso list into the slipper top es la primera línea de un poema de Sir Thomas Wyatt

Playlist de este capítulo:
-Escena en Shell Cottage: 100.000 remords de Manu Chao
-Escena de Hermione antes de irse al pasado: Tourner la page de Zaho
-Escena del Bosque Prohibido y La Casa de los Gritos: Landfall de Claire Wyndham