Aviso legal: La serie Harry Potter es invención de J.K. Rowling y le pertenece. Todo texto reconocible es suyo.

Advertencia: Este fanfic es de categoría M.

Nota: Editado el 08/08/2020. Gracias por leer y por comentar :)


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15.

D'un sommeil plus tranquille à mes Amours rêvant

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A Severus le bastó eso para tener una muy buena idea de qué memorias eran los que habían visto.

- Joder.- susurró, y se dejó caer encima de un tronco.

Septiembre de 1999. Morbihan.

Durante un largo rato, Hermione no se atrevió a decir nada. Snape seguía sentado encima del tronco, con la cabeza apoyada en una mano, y el codo que sujetaba la mano apoyado en una rodilla. Su negra cabellera le tapaba el rostro parcialmente.

- Eran... recuerdos bastante íntimos.- dijo Hermione al final.

Snape dejó caer el brazo, pero no levantó la mirada. Parecía intentar esconder su cara.

- ¿Por ejemplo?- exigió saber.

Hermione tragó saliva.

- Tus días de mortífago… los aurores...

La mano de Snape se cerró en un puño.

- Tus días de estudiante… y Lily...

Snape cerró los ojos. Hermione dudó unos instantes antes de seguir hablando.

- Tus días de profesor... y de espía...

Volvió a abrirlas, pero continuó mudo.

- Y... - una pausa dubitativa, avergonzada.- Y Lola...

Las mejillas de Snape se tiñeron de un rojo muy elocuente, y levantó la palma de su mano para parar las explicaciones. Hermione también se sintió azorada, y apartó su vista hacia un punto indefinido. Cambió el peso de su cuerpo de una pierna a la otra, incómoda. Lola. Sus propias memorias la traicionaron, y el bochorno le puso las mejillas en fuego. De repente, era muy consciente de la presencia de Snape, el profesor de sus fantasías, y que aún no había dicho nada. Era como si su piel pudiese notar el cuerpo del hombre, aunque estuviese a metro y medio de ella. Hermione tragó saliva. No se atrevía a mirarle a los ojos.

Deseó fervientemente que Severus Snape nunca utilizase la legilimancia con ella.

El corazón le daba patadas contra el pecho. Severus se tapó la cara con ambas manos e inclinó aún más la cabeza, corriendo una cortina de pelo entre él y Hermione Granger.

Hermione Granger.

Hermione Granger y Harry Potter habían visto los recuerdos de sus visitas al Moulin Rouge. Pero, ¿cuál de ellas? ¿todas? ¿las más decadentes? ¿o las más convencionales? Severus se acordó de la última visita que hizo, y le costó contener un gruñido. Hermione Granger y Harry Potter. No podía haber sido nadie más, ¿verdad? Pero no. Severus ya sabía que tenía el peor karma de todo el planeta.

Quería saber exactamente cuánto habían visto, pero no podía ni mirarla a la cara, mucho menos preguntarle nada. Severus se restregó las palmas contra la cara y por primera vez desde que se había despertado, utilizó la oclumancia. "Más tarde", se dijo. En otro momento. En otro momento, usaría la legilimancia y sabría cuál era la extensión del daño. El silencio se estaba convirtiendo en pesado, y necesitaba obtener otras respuestas. Snape separó las palmas de su cara y ergió la cabeza con lentitud.

- ¿Es por mis recuerdos que... decidisteis evitar mi muerte?

Oyó cómo la bruja se llenaba los pulmones de aire.

- ¿Es por mis recuerdos que... decidisteis evitar mi muerte?

Hermione hinchó sus pulmones, retuvo el aire y lo expulsó lentamente.

- Tus recuerdos... nos demostraron que lo diste todo por luchar contra Voldemort. Da igual que fuese únicamente por Lily Evans.- se apresuró en añadir.- Lo sacrificaste todo por cumplir con tu cometido de espía, y por proteger a Harry. Incluso... tuviste que matar a Dumbledore contra tu propia voluntad.

"Por eso, y porque necesitaba verte vivo", añadió la bruja para sí misma. Snape había desviado su mirada hacia el lado opuesto. Hermione sabía que se había dado cuenta de que la había llamado Lily "Evans", y no "Potter".

- Harry y yo creímos que... te merecías una segunda oportunidad. Y que esa oportunidad teníamos que dártela nosotros, porque estábamos en deuda contigo. Siempre estuviste ayudándonos de entre las sombras. A pesar de que...

La voz de Hermione se apagó, y Snape restregó sus párpados con la palma de sus manos. Con un suspiro, el hombre comentó:

- Quién lo hubiera adivinado...

Estuvieron en silencio durante un rato, ambos mirando a la hierba que pisaban. De repente, Snape volvió a tomar la palabra.

- No es que os diese muchas razones para querer salvarme la vida. En mi defensa sólo puedo decir que ser profesor no es tan fácil como piensan los alumnos. No sabes lo cansinos e irritantes que pueden llegar a ser los adolescentes.

Hermione se permitió una pequeña sonrisa.

- Lo sé.

Snape la miró inquisitivamente. Hermione desvió la mirada y habló.

- Ya sé lo duro que puede llegar a ser dar clases a niños y a adolescentes. He sido profesora de Encantamientos en Hogwarts durante casi un año, y casi muero en el intento.

Severus respondió con una media sonrisa.

- Tú, al menos, fuiste a Hogwarts porque querías, ¿no?- le preguntó el hombre, y volvió a poner cara seria.- Yo empecé como profesor porque Dumbledore me quería tener cerca... para ampararme, y para vigilarme.

- Yo tampoco tuve muchas opciones.- dijo Hermione. Uno de sus dedos gordos empezó a acariciar los otros dedos de la mano. ¿Por qué sentía la necesidad de hablarle abiertamente?- Yo... no encontraba trabajo por ningún lado, y... me echaron del único trabajo que encontré.

Severus levantó una ceja: el tono de Granger había sido grave. El mago dudó entre preguntarle el por qué y no preguntarle, pero Granger le había picado la curiosidad.

- ¿Por qué?- inquirió finalmente.

- ¿Por qué, qué?

- ¿Por qué no encontrabas trabajo? ¿Y por qué te echaron del que tenías? Eras la bruja más lista de tu generación...

Hermione bufó con acidez, y procedió a sentarse en la hierba.

- Ser lista no lo es todo... me pedían experiencia. Y yo creo que no tener ni contactos ni un pene también tuvo algo que ver.- añadió con amargura.

Severus miró a la bruja, perplejo. ¿De dónde venía ese veneno? Desde luego, la chica había cambiado. Justo cuando Severus pensaba que la Gryffindor no hablaría más, ella continuó con sus explicaciones.

- Y... el trabajo en el que estaba... Era camarera en el Caldero Chorreante.

- ¿Camarera?- le salió a Severus.- ¿No hiciste estudios superiores?

- Sí, en Encantamientos.- respondió Hermione con el ceño fruncido.- Pero ya te lo he dicho, no me contrataban en ningún lado. Mejor trabajar de camarera que no tener ningún sueldo.

La bruja suspiró, se sentó en un tronco y continuó.

- Hacía unos cuatro años que vivía en La Madriguera... Ron y yo estábamos juntos.- añadió, aunque no hiciese falta.- Harry también vivía con nosotros; es el marido de Ginny.

Severus estaba empezando a atar cabos.

- Me metieron directamente en su familia, ¿entiendes? A los diecinueve ya vivía en La Madriguera- dijo Hermione, con un ligero tono desesperado.- Me querían mucho, pero... me querían demasiado; no sé si me explico.

Hermione se explicaba, pero Severus no entendía. ¿Qué podría tener de malo ser querido? ¿acaso prefería haber estado en su lugar; sin ser querido por nadie?

Hermione percibió la incomprensión de su antiguo profesor, y continuó explicándose con más urgencia.

- Me querían, pero también querían que yo actuase de una manera concreta. Que tuviese un rol concreto, ¿sabes? Que fuese lo que ellos esperaban que yo fuese. Mis estudios, mi carrera... lo respetaban, siempre y cuando fuese una novia perfecta cuando llegaba a La Madriguera. ¿Entiendes? ¡Querían que me casase con Ron! Que me gustasen los niños, y cocinar, y maquillarme... Me tenían afecto, pero se habían hecho una imagen de mí que les gustaba, sin preguntarme si yo quería ser eso... la novia perfecta, la esposa perfecta, la madre perfecta... Pero... pero, ¡yo no era así! ¡no soy así! ¡y no me sentía preparada! ¡no quería cargar con el trabajo que supone ser ama de casa, ser madre! ¡ni siquiera sabía si quería ser madre, o ama de casa! Quería hacer más cosas antes, ¿comprendes? Todo fue... demasiado rápido para mí... Quería aprovechar mi juventud, descubrir el mundo... tener nuevas experiencias, ponerme a prueba... disfrutar de la vida sin Voldemort... ser autónoma... ampliar mis conocimientos; trabajar en una empresa donde valorasen mis aportaciones, o seguir investigando en el ámbito académico... desarrollar nuevos encantamientos... Pero claro; todo eso es demasiado ambicioso, demasiado Slytherin.- añadió con demasiada amargura. Su propio veneno la pilló de imprevisto, y se calló para que Snape no escuchase un comienzo de llanto en su voz.

Severus estaba empezando a entender un poco. A él también le hubiera gustado haber conocido más mundo, haber seguido estudiando e investigando... si se había metido de mortífago era, en parte, para profundizar en las Artes Oscuras... pero le había tocado vivir una guerra, le había tocado tomar decisiones, y sufrir las consecuencias. Todas aquellas aspiraciones fueron arrancadas de raíz, sus sueños cortados de cuajo, y se había encontrado obligado a jugarse el cuello cada día y a dar clases a niñatos desinteresados... encerrado en Hogwarts per saecula saeculorum, excepto para meterse en las fauces del lobo.

Durante un largo período de tiempo, ninguno de los dos dijo nada. La fresca brisa había empezado a enfriarlos, y Severus comentó:

- Quizá deberíamos volver a donde Claude y Joséphine.

- Igual estarán dentro de la casa.- dijo Hermione mientras ambos se levantaban. Colocó el hacha contra la pared de la casa, cogió la chaqueta que colgaba de un gancho, sacó su pipa de uno de los bolsillos y se acercó a Snape para ir juntos al otro lado del edificio. Cuando llegó a la altura de su antiguo profesor, éste alzó una mano dubitativa y la posó en el hombro de Hermione, dándole un breve apretón. Hermione sonrió tristemente, adivinando el significado del gesto.

- Gracias.- le dijo, y ambos se dirigieron hacia donde creían que estaban Claude y Joséphine.

Los familiares de Fleur Delacour seguían estando en la entrada de la casa, charlando alegremente en francés. Ni Severus ni Hermione eran capaces de descifrar exactamente lo que decían, pero por los gestos que hacían y las caras que ponían, parecían estar hablando de cosas agradables e interesantes. La primera en percibir su venida fue Joséphine, aunque estuviese prácticamente de espaldas a ellos. Comentó algo en francés, a lo cual ambos pusieron una cara picarona. Hermione hizo como que no se dio cuenta, y empezó a rellenar su pipa con peppermary bretón. Severus la miró con los ojos agrandados: ¿Granger fumando en pipa?

- Severus, Hermione.- dijo Claude, sonriendo con picardía.- Entremos adentro...- giró su cara hacia Snape, acertando exactamente dónde estaba.- Joséphine te enseñará las varitas que tiene.

Severus notó cómo Granger le echaba una mirada de curiosidad, con la pipa entre los labios. Tenía una cerilla encendida en una mano, cerca de la peppermary, y la otra mano protegía la llama de la suave brisa. Por unos instantes, Severus creyó ver aquel pequeño fuego reflejado en los ojos color miel de la joven. Pero el espejismo a penas duró unos instantes; Hermione bajó la mirada, aspiró por la boquilla y, cuando la pipa se encendió satisfactoriamente, apagó la llama de la cerilla murmurando un encantamiento. Severus parpadeó repetidamente y siguió a Claude, que sonreía como si hubiese visto la escena. El Slytherin frunció el entrecejo y entró en la choza.

La decoración del salón no parecía propia de una señora de la edad y el estatus social de Joséphine. Severus esperaba encontrarse sofás revestidos de tela y con accesorios de encaje, teteras y tazas de cerámica blanca con motivos florales y una mecedora de madera con un cojín en el asiento. Lejos de eso, la sala parecía la mezcla entre una despensa de objetos mágicos y la alcoba de un druida celta: había todo tipo de plantas secándose, colgadas, en las paredes del salón; pieles de osos, lobos y zorros decoraban los muros y el suelo. Estanterías llenas de libros antiguos compartían sitio con baldas repletas de tarros con frutos secos, huesos, garras, pelos, picos y otros elementos varios. Y lo que en un principio parecía un montículo de palos se averó ser parte de la reserva de varitas de Joséphine. Nada que ver con las pulcras cajitas ordenadas de Ollivander.

Los cuatro se sentaron al rededor de una larga y gruesa mesa de madera, en unas sillas del mismo material que, a pesar de su aspecto tosco, resultaron ser tan cómodos como mullidos sofás; cortesía de la anciana. Joséphine dio tres palmadas y las varitas levitaron hasta depositarse en frente de la anciana bruja. Ésta hizo un movimiento con su dedo, y las varitas empezaron a desfilar delante de ella. La señora las observó con mucha concentración; después de descartar cuatro varitas, le ofreció la quinta a Snape para que lo probase. El Slytherin realizó un movimiento de varita, pero ésta no reaccionó. Joséphine LaFontaine chascó la lengua y volvió a inspeccionar las varitas que tenía.

Media hora y tres cuartos de varitas después, Severus aún no tenía una varita adjudicada. La anciana había empezado a irritarse un poco, y miraba enfurruñada a sus creaciones, como si fuesen nietos revoltosos.

- ¿De qué materiales están hechos las varitas?- comentó Severus, para hacer tiempo.- Son diferentes a los que solía hacer Ollivander, ¿no?

- Sí.- respondió Hermione.- Las maderas utilizadas son parecidas, pero los núcleos difieren. Utiliza más combinaciones. Cuerno de unicornio, pelo de korrigan, pelo de veela, escamas de dragón y de sirena... No utiliza plumas de fénix, pero sí plumas de grifo.

- En una época estuvo utilizando pelos de la cola de un centauro.- comentó Claude.- Pero sólo había conseguido llevarse bien con uno, y cuando murió, se quedó con las manos vacías. Creo que el centauro se dejaba porque estaba enamorado de Joséphine...- añadió, con una sonrisa picarona.

- Homañ!- exclamó la anciana, atrayendo la atención de todos.- Ésta.- repitió en inglés, y le tendió a Snape una larga varita oscura.

Pero tampoco surtió efecto. Frustrada, la pequeña anciana escudriñó largamente al hombre que tenía sentado a su lado. Justo cuando Severus empezó a sentirse incómodo, a Joséphine se le iluminó la cara y saltó de su silla. Atravesó el comedor casi corriendo, con su enmarañada cabellera gris flotando tras ella, y desapareció detrás de una puerta, sin ni siquiera molestarse en cerrarlo tras de sí. Momentos después, volvió con tres varitas en sus manos. Se sentó en su silla, miró solemnemente a Snape y ancló de nuevo su mirada en los tres objetos. Después de una pausa, sentenció:

- Ésta.

Severus alargó la mano para coger la varita, y según acercaba sus dedos sintió el calor que irradiaba la varita. Nada más cogerlo entre sus dedos, la varita sacó chispas de color blanco. Severus sonrió. Ésa sería su nueva varita. ¡Por fin volvía a tener una! Se giró para hablar con Claude, y le dijo:

- ¿Te importa preguntarle de qué está hecho?

Sin embargo, no fue Joséphine la que respondió.

- Madera de roble, veintinueve centímetros y medio, pelo de korrigan.- respondió Granger, que miraba la varita con una cara muy extraña.

- La primera de la clase vuelve a aparecer.- dijo Severus con una media sonrisa.- ¿Ya has aprendido a distinguir las varitas a simple vista?

-Aún no.- respondió Hermione seriamente, y deslizó su mirada desde la varita hasta la anciana, y luego la clavó en Snape.- Pero esa varita la conozco. Es la única varita que me ha salido bien hasta ahora.

Severus miró fíjamente a la joven, más impresionado de lo que dejaba ver su cara. ¿Aquella varita la había hecho Granger? ¿Con tres meses de aprendizaje ya había sido capaz de crear una varita? Quizás debiera plantearse en serio convertirse en fabricante de varitas...

- Impresionante.- comentó el Slytherin con una voz cuidadosamente monótona, pero honesta.- Parece que tienes talento con esto.

- Ésa es la única varita que me ha salido bien.- repitió la joven, pero Snape notó que se había sonrojado de satisfacción.

Claude tenía una media sonrisa indescifrable.

Octubre de 1999. Morbihan.

Era otro día de relativo calor otoñal. Hermione se sentó en un tronco caído he inspeccionó el contenido de su mochila. Estaba medio llena de setas. Cansada, cerró los ojos y alargó la cara hacia el sol: hacía frío cuando pegaba el viento. Sus pensamientos vagaron a la deriva.

Snape había continuado viviendo en la cueva encantada, pero solía pasar a menudo por la casa de Joséphine, acompañado de Heka. La anciana y Claude le habían proporcionado ingredientes de pociones y libros sobre el tema, con lo que pasaba los días investigando y experimentando. Cada vez que venía (cada día, por lo general) solía dejar una poción en la casa de Joséphine; era su modo de pagarles por la varita. Los filtros eran generalmente pociones para prevenir y curar enfermedades invernales, muy útiles con el frío que había empezado a hacer. Con el tiempo, Snape había tomado la costumbre de pasar hasta días enteros en compañía de la sabia anciana y su aprendiz. Claude también solía venir con frecuencia, y no era raro que los cuatro acabaran compartiendo comida del mediodía y cena. A veces, aparecía incluso Gabrielle, que no estaba internada en Beauxbatons.

Y poco a poco, el nuevo Snape fue cogiendo sitio al lado del viejo en las memorias de Hermione. Tenía una cara más relajada, más atractiva; sonreía con más frecuencia, y era en general más amable y tranquilo que antes. Ahora tenía una cierta paz interior que carecía anteriormente, y se notaba en su forma de moverse, de hablar, de gesticular. Hermione se alegraba por él, y también por ella y por Harry: a fin de cuentas, parecía que habían tomado una decisión correcta.

Snape las había acompañado al bosque más de una vez, a recoger material. Ellas solían ir a por madera y núcleos de varita, y él a por ingredientes para pociones. El francés de Hermione iba mejorando poco a poco, e incluso Snape empezó a aprender algo.

Aquel sábado también habían ido los tres juntos, con la adición de Gabrielle y Cassiopeia. Estaban recogiendo setas; algunas para comerlas, otras para las pociones de Snape... un día tranquilo y productivo.

Una sombra se colocó entre el sol y la cara de Hermione, que abrió los ojos.

- ¿Cansada?- le preguntó la voz aterciopelada de Severus. La joven subió los hombros, intentando disimular el efecto que aquella voz tenía en ella.

- No.- respondió Hermione.- Pero he decidido tomar un pequeño descanso.

La brisa jugaba con las húmedas hojas del suelo, y a veces, el viento conseguía levantar unos cuantos y juguetear con ellos. Ambos ingleses estaban mirando el suelo, que al estar cubierto de hojas, parecía una alfombra ocre. Severus se sentó junto a Hermione, y se maravilló ante la sencilla familiaridad del gesto.

No podía decir que se conociesen de verdad. Sí, él había sido su (malvado) profesor, y ella su (irritante) estudiante, pero aquello parecía un pasado lejano, un pasado envuelto en una neblina borrosa, una vida anterior. Severus miró a la joven de reojo. Tenía sus ojazos castaños fijos en algún punto lejano, escondido entre los árboles. Estaba seria; una seriedad serena. La mente en vete a saber dónde. Severus se dijo, por enésima vez, que aquella Hermione no tenía nada que ver con la estudiante que tuvo antaño. Aunque... ¿qué sabía él realmente cómo era Granger?

Y sin embargo, qué sencillo era sentarse a su lado, de igual a igual. Sin necesidad de decir nada. Disfrutando de los débiles rayos del sol, y dejando que la brisa jugase con su pelo negro. Qué sencillo, qué natural, qué agradable. Y qué rápidamente se había acostumbrado a aquella Granger, o Hermione, como ahora la llamaba. Ya podía incluso identificar qué olor tenía; una agradable mezcla entre peppermary y lo que suponía que era ella misma.

Como adivinando qué estaba pasando por su cabeza, Hermione había sacado su pipa del bolsillo y estaba rellenándolo con la dulce droga. Severus sintió curiosidad.

- ¿Hace mucho que fumas?- le preguntó.- No recuerdo que lo hicieses en Hogwarts. ¿O fumabas de escondidas?

Hermione le regaló una divertida sonrisa.

- Hace poco que he empezado. Poco más de un año. Y no me digas nada sobre mi salud, que ya lo sé.- añadió, mirándole de reojo.

- A estas edades, claro que sí.- le respondió Severus con una leve sonrisa, que pronto se convirtió en aplomo.- Pero no es muy buena señal que necesites fumar peppermary para relajarte...

Hermione encendió la pipa y aspiró de ella hasta asegurarse de que no se apagaría.

- Ya lo sé.- respondió la Gryffindor, neutramente.- Por eso fumo en pipa, en parte. Tengo entendido que es menos dañino que fumar con cigarrillos... De todas formas, he empezado a fumar menos. Ya no lo necesito tanto.- añadió, y le regaló una sonrisa tímida, que Severus imitó sin darse cuenta.

- Aún así...- comentó Hermione.- … no quita que la peppermary sea agradable de fumar. Creo que he empezado a fumarlo por gusto, más que por lo que me hace.- añadió, y ensanchó la sonrisa.- ¿Quieres probar?

¿Para qué aclararle a la chavala que ya conocía el gusto y los efectos de la peppermary, y que había dejado de fumarlo porque de todas formas, había necesitado drogas más duras para poder dormir? Severus asintió tranquilamente y cogió la pipa entre manos. Elegante utensilio. Le dió una calada, saboreó el aroma de la planta y expulsó el humo con serena elegancia. Cuando volvió la vista a Hermione para devolverle la pipa, se encontró con sus grandes ojos castaños clavados en su cara, y su corazón le dió un golpe contra el pecho. La expresión de la joven era indescifrable, aunque creyó ver una chispa de algo en sus ojos, algo que le hizo humedecer los labios.

- ¿No es la primera vez que fumas, verdad?- afirmó, más que preguntó, la joven. Seguía con la mirada clavada en él, pero su rostro se había vuelto afable.

Severus respondió con un "hm" afirmativo. No se fiaba de su voz.

- Esta peppermary es bretona.- comentó Hermione, fijando su mirada en las ramas de los árboles, que estaban cada vez más pelados.

- Hace mucho que no fumo.- le repondió Severus.- No sabría diferenciar si viene de Irlanda, de Bretaña o de Marte.

A Hermione se le escapó una risita, y cambió de tema.

- ¿Has encontrado todas las setas que querías?- le preguntó.- Yo te he recogido algunas, pero la mayoría de las que he cogido son para comer.

- Me gustaría seguir buscando un poco más.- reconoció Severus.- Aunque sí que he encontrado bastantes de las que quería. La lluvia de ayer ha sido de gran ayuda.

- Te enseñaré las que he encontrado.- comentó Hermione, y se agachó para rebuscar en la mochila, rozando la pierna del hombre con su mano, sin querer. Severus parpadeó, atónito. Había sido por casualidad, pero aquel contacto resultó ser placentero. Como una gozosa estrella fugaz. Sin saber muy bien por qué lo hacía, imitó la postura de Hermione para rebuscar en la mochila y colocó su mano encima de una de las manos de la joven, que sujetaba el borde de la apertura.

- Déjame ver.- comentó Severus con naturalidad, mientras disfrutaba de aquel renovado contacto. Hermione pareció estar perpleja por unos instantes, pero aceptó su gesto con rapidez, sin preguntas ni titubeos. El ambiente no se volvió tenso; casi hasta al contrario. Severus sonrió para sí mismo.

Qué sencillo. Qué natural. Qué agradable. De ahora en adelante, sabía que a Hermione le importaba tan poco como a Claude que se comportase de un modo táctil. Se sintió aliviado. El roce humano casual había resultado ser una de las cosas bellas que había descubierto en su renacimiento.

Hermione pareció tiritar.

Noviembre de 1999. Morbihan.

El tiempo se había vuelto más fresco y lluvioso, las noches más largas y los días más oscuros. Hermione se sentía dichosa, en su elemento: estudiando, avanzando, mejorando. Joséphine era un cielo, Claude visitaba con frecuencia, y hasta había presenciado una de las raras sonrisas de Gabrielle. La casa había terminado por aceptar a Snape, que ya prácticamente se alojaba en aquel hogar. El edificio había añadido una habitación extra por arte de magia, y Snape ya había trasladado sus escasas pertenencias y Heka a su nueva habitación. Hermione se sentía cada día más a gusto con él, que mostraba un lado tranquilo y pausado tan atractivo como la orgullosa rigidez del Profesor Snape.

Hermione bostezó y murmuró un hechizo que mantendría su cuerpo caliente. Estaba al borde del acantilado en el que se hallaba la cueva donde Snape había estado viviendo, y donde él y Claude habían añadido un laboratorio. Hermione había quedado hoy con Snape para poder curiosear con los brebajes y los utensilios del antiguo profesor de Pociones. El cielo estaba despejado, de un color azul frío que llegaba hasta el horizonte. Hacía un viento relativamente fuerte que producía ondas en la superficie de la mar, ondas que se rompían en olas contra las rocas del acantilado. De repente, Hermione notó una presencia detrás de ella y se giró. Era Severus Snape, vestido con una de las capas grises de Joséphine. Los latidos de Hermione aceleraron, aunque intentó que no se reflejase en su cara. Severus se acercó hasta la bruja.

- Buenos días, Hermione.

A Hermione le recorrió un escalofrío. Esa voz era criminal.

- Buenos días.

Tenía las mejillas ardiendo. Giró la cabeza hacia el otro lado.

- Hace buen tiempo, ¿verdad? - comentó Severus.- Casi no da ganas de entrar en la cueva.

Hermione le respondió con una sonrisa y se acercó a él. El hombre le ofreció su brazo, que ella agarró, y los apareció en la cueva. El interiorde la gruta se estaba pareciendo cada vez más a sus aposentos de Hogwarts, un detalle que no pasó desapercibido para Hermione. El viento no entraba tras la barrera mágica de la entrada, y todo lo que veía le parecía acogedor a la joven: la mullida alfombra, la cama que ella misma había creado y que Severus utilizaba cuando se quedaba hasta tarde, la estufa de carbón que ahora funcionaba exclusivamente a base de magia... todo.

- El laboratorio está más adentro.- informó Severus con una voz que parecía el ronroneo de una pantera negra. Hermione sintió cosquilleos bajo la nuca. Era curioso, sentía el inexplicable impulso de apoyarse contra el hombre y dejarse llevar por el sueño, envuelto en su calor corporal y su olor agradable y la vibración de su voz en su caja torácica.

- ¿Hermione?- la pregunta de Severus funcionó como un chasquido, y la bruja salió de su ensoñación con un ligero rubor en las mejillas. El hombre le lanzó una mirada extraña. ¿Se abría dado cuenta? Oh, no, por Merlín.

- Por aquí.- dijo el mago, con una última mirada a Hermione. Había vuelto a ver una chispa en los ojos de la joven, una chispa de algo más profundo que no estaba seguro de querer descubrir. Y por unos instantes, el aire se había tornado magma en sus pulmones.

Él y Granger habían pasado quién sabe cuánto tiempo absortos en el fascinante mundo de las pociones, y se encontraban sentados en dos mullidos sillones verdes que Claude le había regalado. Hacía ya unos cuantos minutos que estaban absortos en un cómodo silencio, pero Severus no podía evitar echarle miradas de reojo a la joven. Granger era guapa, por qué negarlo, y el pelo relativamente corto la favorecía. La cara de Hermione tenía arrugas que, en su opinión, más tenían que ver con el estrés y las penurias que había vivido durante la guerra civil que con los cinco años que habían envejecido su cuerpo. Al final, no pudo aguantar más he hizo la pregunta que le quemaba la lengua desde el día en que la había visto cortando madera para Joséphine.

- Hermione...

La joven le miró con ojos vidriosos, todavía anclados en algún pensamiento lejano.

- Hermione, ¿te puedo hacer una pregunta indiscreta?

La bruja se revolvió en su sillón, repentinamente incómoda. Pero ella conocía tantos secretos íntimos de aquel hombre, ¿cómo podía rehusar responderle?

- Adelante.

- Por qué... - Severus parpadeó lentamente.- ¿... por qué te quedaste en La Madriguera, si te sentías tan incómoda con lo que te exigían?

La cara de Hermione se volvió cenicienta. Quizás no debiera haber hecho esa pregunta. La bruja desvió la mirada hacia sus uñas y empezó a inspeccionarlas distraídamente mientras buscaba una respuesta.

- La verdad... a esas alturas eran ya como mi familia. Los quería, ¿sabes? - soltó, levantando la mirada y como desafiándolo a atreverse a contradecirle.- Y sin ellos... estaría sola. Mis padres... tengo una relación difícil con ellos.- añadió, respondiendo la muda pregunta de Severus.- Y tengo otros amigos pero... no pensaba tener suficiente confianza como para pedirles que viviésemos juntos.- Hermione dibujó una media sonrisa triste en su cara; si hubiese sido consciente antes del enorme corazón que tenía Luna, quizás hubiera dejado La Madriguera más pronto... o quizás no. Hermione sintió un nudo en la garganta.

Los dedos de Severus estaban trazando líneas contra su rodilla, y Hermione se sintió peligrosamente fascinada por el movimiento. Aclaró la garganta y siguió hablando.

- Pero yo... bueno; la opinión de los Weasley y de Harry siempre me había importado mucho, ¿sabes? Quería ser aceptada por ellos.- un silencio, para recuperar la estabilidad de su voz, y continuó.- Los Weasley se habían convertido en mi familia. Pero me exigían ser lo que ellos querían que yo fuese... al final...- apretó los párpados con fuerza y respiró hondo.- ... sucumbí; intenté llegar a la altura de sus expectativas y... dejé que me quedara embarazada...

¿Por qué le estaba contando todo eso a Snape? A Severus Snape, por el amor de Merlín. Pero Hermione también se sentía un poco aliviada de poder hablar de aquello. Luna no estaba ya para oír sus inquietudes, así que la joven Gryffindor agradecía poder desahogarse.

Granger se había callado; claramente para volver a calmar sus emociones. Severus le concedió el tiempo que necesitaba, y apartó la vista de ella. No sabía qué decir. Él no era como Claude... aunque en aquellos momentos, deseaba serlo. Después de un rato, Hermione continuó hablando, la cara ya más neutra.

- Después de mucho pensar... aborté. Prefería no tener un hijo a... a tenerlo sin estar completamente convencida de que quería tenerlo.- la voz de Hermione había tomado fuerza.- Cuando lo supieron en mi trabajo, me echaron. Y... no me echaron de La Madriguera, pero me fui, porque... bueno, es obvio por qué. Lo dejé con Ron, y desde entonces no lo he visto.- su voz se quebró. Había tantas cosas que le hubiera gustado que hubiesen pasado de otra manera... pero la verdad era que no quería hacer frente a los asuntos que había dejado pendientes en La Madriguera. Hermione buscó los grandes ojos negros de Severus, los ojos de ciervo que parecían profundos como túneles. Y al fondo de aquellos túneles vio una chispa de luz, una chispa de aceptación, una mano tendida. Hermione parpadeó rápidamente y bajó la visa hacia sus manos, acurrucados en su regazo. Se sentía extrañamente aliviada de saber que su antiguo profesor no reprobaba sus acciones y decisiones.

Volvieron a caer en un silencio confortable. Severus se acomodó en su sillón con una media sonrisa triste. Esta Hermione Granger estaba resultando ser muy interesante… más que la estudiante de Gryffindor que había sido. Azorado por sus pensamientos, se levantó con brusquedad y se fue hasta la boca de la cueva, consciente de los bellos y vivos ojos castaños que lo seguían con la mirada.

Diciembre de 1999. Morbihan.

Por fin había empezado a nevar. Los copos de nieve caían como bailando al son de un elegante pero triste vals, como si fuesen las partículas de una luna que se deshace en delicado polvo. Aunque no nevase lo suficiente como para emblanquecer la tierra, Hermione agradecía aquella muestra de invierno. En aquellos momentos, se encontraban en la sala de estar de la casa de Joséphine, cerca de una hoguera que calentaba todo el hogar. Era una sensación muy agradable estar en un lugar tan caliente y acogedor mientras caía nieve tras las ventanas, y el día oscurecía temprano. El ruido que hacía la madera al quemarse tenía a Hermione hipnotizada, y con la mirada perdida en algún punto del paisaje exterior.

- ¿Admirando la meteorología continental?- oyó que decía la vibrante voz de Snape. Hermione sonrió, pero no despegó su mirada de donde estaba anclada. Severus volvió a hablar:

- ¿Reflexionando sobre la insoportable levedad del ser?

Hermione sonrió y desvió su mirada hacia el mago. Qué grato que Snape utilizase el humor para buscar complicidad, y no para herir.

- No. Estaba pensando que... bueno, mañana es Nochevieja.

El Slytherin cambió su semblante por uno de triste calma.

- ¿Echas de menos a tu familia?- comentó con suavidad. Hermione volvió a mirar por la ventana.

- Mañana será la séptima Nochevieja consecutiva que no celebro con mis padres...

Severus notó el tono ausente de la joven bruja y apretó sus labios con brevedad.

- ¿No te perdonaron?

- No es eso.- respondió la Gryffindor, mordiéndose una uña.- Entendieron que lo hice por su bien, y por el mío. Pero... no les avisé, ¿sabes? Tomé yo sola todas las decisiones, y no consulté con ellos. Les borré la memoria, les cambié la identidad y los mandé a Australia. Después de eso...- Hermione parpadeó varias veces.- ...ya nada es igual.

La bruja sintió una mano reconfortante en su hombro; la fina y elegante mano de Snape. Estaba caliente, y su calor se irradiaba a través de su túnica hasta la piel de la joven. Hermione notó más que nunca la parte del cuerpo que tocaba aquella mano grande, alargada, elegante, atractiva; viril y femenina a la vez. Tenía la gracia de un aristócrata. Unas manos tan calientes... por unos instantes, la bruja fue muy consciente del espacio entre Severus y ella; como si estuviese más caliente que el resto del aire de la sala. Los latidos de Hermione se aceleraron un ó poner una cara neutra y sonrió tristemente a su dueño para agradecer el gesto con el que había querido reconfortarla.

Severus tenía el pelo recogido en una coleta que había atado en la nuca. Hermione se quedó mirando a su elegante mandíbula, y a su cuello expuesto. En Hogwarts solía cubrirlo con su mojigata sotana, y aquí, sólo podía apreciarlo cuando tenía el pelo recogido. Objetivamente, no podía negar que tenía un cuello interesante. El mismo Severus era interesante, por qué negarlo. Aunque si era sincera consigo misma... Snape también había tenido su atractivo con sus hábitos negros. La bruja deslizó su mirada hasta la nuez del mago, que se movió cuando su dueño tragó saliva, y disparó sus ojos hasta la cara de Severus. Por unos instantes, temió haber sido demasiado descarada. No obstante, lo único que hizo el Slytherin fue pestañear repetidamente. El semblante del mago era serio.

- Desgraciadamente... así es la vida.- comentó él con una voz tranquila, grave y vibrante, hipnotizando la atención de Hermione. ¿De qué habían estado hablando...? A, sí. Sus padres... Hermione frunció el entrecejo y apartó la vista hacia la ventana. Severus sentenció:

- Algunas de nuestras acciones no tienen perdón ni remedio... aunque no fuesen hechas con malicia. Tenemos que aprender a vivir con ello.

La sonrisa de Hermione era tan triste que era más una mueca pensativa que una sonrisa. Había vuelto a apartar la mirada de la ventana y tenía los ojos fijos en el rostro de Snape. Él era una persona adecuada para hablar de acciones sin perdón ni remedio... y sin embargo, había decidido seguir viviendo y permitirse vivir feliz. Sus grandes ojos negros eran húmedos y profundos y absorbían la atención de la bruja; y aunque confiaba en que Snape no estaba utilizando sus dotes de legilimante, intuía que el mago sabía qué era lo que había estado pensando. Hermione se sintió un poco incómoda, y volvió a anclar su mirada en la nieve exterior.

- Tú ya te has redimido.- le comentó Hermione lúgubremente.

Snape levantó una elegante ceja negra.

- ¿Redimido?

Hermione suspiró y elaboró sus palabras.

- Por lo de Lily, y James Potter, y tus crímenes como mortífago... los has redimido con todo lo que has hecho y has sufrido durante veinte años.

Severus observó a la bruja con mucha seriedad.

- ¿Acaso mi sufrimiento y mi dedicación resucitó, o resucitará a los muertos?- dijo con cierta dureza.

Hermione tragó saliva y desvió su mirada hacia el pecho de Snape.

- No.- susurró.

- Como he dicho antes,- comentó Severus con una voz más suave que la anterior,- hay acciones que no tienen ni perdón ni remedio. Durante mucho tiempo, estuve convencido de que con mi sufrimiento limpiaría mis pecados. Pero ya no estoy tan seguro. Que yo sufra o no, nadie puede deshacer lo que he hecho.

Hermione notó el deje de amargura que el Slytherin no había podido disimular, y sintió que su corazón se comprimía. ¿Acaso no había salvación?

- Sin embargo...- añadió el mago.- Creo que ahora veo las cosas de otro modo.

La joven Gryffindor le lanzó una mirada interrogante.

- Aunque no podamos enderezar el pasado... podemos enderezar el presente, y prepararnos para el futuro. Aprender de nuestros errores, e intentar no volver a cometerlos.- afirmó Severus, perdiendo él también la mirada entre los copos de nieve.- Y permitirnos ser felices a pesar de arrepentirnos de nuestros errores...

Hermione llevaba un rato mirando seriamente el rostro de su antiguo profesor. ¿No serían aquellas palabras las mismas susurradas por Claude contra la frente del moreno? Pero poco importaba. Tenían razón. Hermione dibujó una sonrisa insegura y posó su propia mano en el hombro de Snape. Éste salió de su trance y miró la mano que le había dado un apretón a su hombro. Poco a poco, sonrió afablemente y cubrió con su mano los dedos de la bruja, dándole un breve apretón de complicidad, y quemando la piel de la joven. Hermione respondió con una sonrisa similar, al mismo tiempo que su corazón se aceleraba.

Realmente, se alegraba de que hubiesen decidido salvarle la vida.


D'un sommeil plus tranquille à mes Amours rêvant es la primera línea de un poema de Théophile de Viau

Playlist de este capítulo:
-Escena de Hermione hablando sobre La Madriguera: Numb de Linkin Park