Aviso legal: La serie Harry Potter es invención de J.K. Rowling y le pertenece. Todo texto reconocible es suyo.
Advertencia: Este fanfic es de categoría M.
Nota: Editado el 08/08/2020. Muchas gracias a Gato Azul por su trabajo de beta y por animarme en seguir escribiendo. También escribe fanfic en ffnet; no dudéis en echarles un vistazo.
Vuestra opinión siempre es por leer y por comentar :)
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19.
Ne me fais point aimer avecque tant de peine
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Estaba a solas con Severus.
¿Por qué se sentía tan aterrada, de repente?¿Qué haría, seguir escondida y esperar a que se fuese? ¿Descubrirse y aprovechar para estar con él a solas?
El corazón de Gryffindor latía con fuerza.
Marzo del 2000. Morbihan.
Esperó, pero Severus no se movía. Quizá no había pasado tanto tiempo como le estaba pareciendo a ella. Hermione se sintió confusa. ¿Por qué se escondía? No acababa de entenderlo. Era cierto que había escuchado una conversación ajena, pero…
Su corazón golpeaba su pecho en un ritmo rápido y fuerte. Se sentía cohibida, como si hubiese vuelto a la adolescencia, como si estuviese merodeando en Hogwarts de noche, escondiéndose de los profesores. Despacio, se separó del tronco del árbol y susurró un hechizo que la haría levitar unos tres centímetros por encima del suelo. Con cuidado, dio un primer paso dubitativo en la dirección opuesta a la de Severus. No estaba segura por qué, pero no quería tener que hablar con él.
Respiró con delicadeza, los oídos alerta. Seguía sin escuchar ningún ruido proveniente del sitio donde estaba el hombre, pero tenía la insistente sensación de que el peligro se encontraba cerca. Dio otros cuantos pasos más hacia la cabaña de Joséphine y luego miró por encima del hombro. Nadie. Hermione suspiró.
- Así que estás aquí.
A la Gryffindor le dio un vuelco al corazón, y se giró tan rápido que casi perdió el equilibrio. Ahí estaba Severus, quitándose su propio hechizo desilusionador.
- Tienes un hechizo desilusionador muy bueno, Hermione.- comentó, mientras la joven se tornaba visible.- Pero el olor a peppermary te ha delatado... reconocería ese olor en cualquier lugar.
Hermione se sonrojó y luego se enfadó consigo misma por haberlo hecho. Se acercó hacia Severus con deliberada lentitud.
- ¿Por qué te escondías? - dijo Snape con una media sonrisa.
Muy buena pregunta.
- Pues... estaba aquí cuando habéis llegado; y parecía que teníais una conversación privada. No quería interrumpiros, y...
- ¿Nos has escuchado?- preguntó la voz grave.
- En parte...- admitió ella, incómoda.
Mantuvieron silencio durante un rato. Hermione no quería que la conversación se desviase hacia Malfoy y sus padres; no quería pensar en ello. Severus no parecía especialmente enfadado de que los hubiese escuchado, y de repente, Hermione fue muy consciente de que se encontraban a solas. Lo quería para ella. Pero, por primera vez desde que estaban ahí, no sabía de qué hablar con él. Al final, le dijo lo primero que le pasó por la cabeza:
- ¿Quieres bordear el lindero del bosque?
Severus respondió con una pequeña sonrisa.
- Vale...
En silencio, la joven se puso a la altura del hombre, y juntos salieron hasta el lindero. Hermione volvía a sentir chispas entre los veinte centímetros que separaban su hombro del antebrazo de Snape; su corazón no había dejado de latir con fuerza. El silencio estaba cargado de electricidad, y Hermione volvió a intentar entablar conversación.
- Por lo que le he entendido a Joséphine, Aisha está ya negociando con Madame Maxime...
- Eso parece.- respondió el hombre.
- Podrán comprar los abraxanes para pagar su estancia en La Alhambra y en Alejandría...
- Sí.
Severus se sentía nervioso, aunque conseguía disimularlo bastante bien. Notaba una tensión sutil en el ambiente, una tensión placentera, pero que a la vez lo cohibía. No había esperado encontrarse con Hermione en el bosque; pero aquel olor de peppermary había sido inconfundible. Y él, como un estúpido, se lo había confesado a Granger... ahora lo tomaría por un bicho raro...
El moreno soltó un gran suspiro. Ya no le salía ninguna palabra; él, con la elocuencia que tenía él... estaba avergonzado, aunque sus mejillas no se sonrojasen.
- Mmm...- dijo Hermione, y a Severus el corazón le latió más rápido.- Severus...
- ¿Sí?
- Ayer... Aurora me invitó a irme con ellas...
Severus se sintió como si acabase de tragar una pelota de plomo. No le agradaba la idea de separarse de Hermione... pero por otro lado, aquel viaje sería muy enriquecedor para la muchacha. No podía ser egoísta.
- Es una buena oportunidad; una oportunidad única.- respondió neutramente.- Aprenderías muchísimas cosas...
- Sí...
Espera. Ese "sí" no había sido nada animado...la voz de Hermione delataba desgana.
- Pero...- se atrevió a decir Hermione.- … yo estoy muy a gusto aquí, aprendiendo a hacer varitas con Joséphine... y con Claude, y contigo...
Aquella vez, Severus no pudo evitar bajar la vista al suelo, para que el pelo tapase sus mejillas encendidas. Estaba a gusto con él. ¡Hermione estaba a gusto con él! Y tenía tanto valor como una oportunidad exclusiva de descubrir los secretos de La Alhambra y de Alejandría. ¿Cuándo era la última vez que alguien le había dicho algo parecido? ¿Se lo habían dicho alguna vez?
Hermione notó que Severus había entendido el mensaje que estaba entre líneas, y fijó sus ojos en el horizonte; de manera que Severus no podría cruzar su mirada con la de ella ni por casualidad. Estaba cohibida, pero al mismo tiempo, se alegraba de haber transmitido parte de lo que quería comunicarle.
- Quizás...- dijo Severus dubitativamente.- … podríamos hablar con Aisha. A mí también me interesaría visitar La Alhambra y Alejandría... y puede que a Joséphine también. No sé si se podrá; pero...
El corazón de Hermione empezó a latir con rapidez, loco de esperanza.
- Sí… lo podemos intentar...
Severus le respondió con una de sus pequeñas medias sonrisas, y Hermione sintió cómo chispeaba la corta distancia que lo separaba de él.
- ¿Qué te parece volver a casa?- dijo Severus, y a Hermione le recorrió un escalofrío placentero.
- Bien. El viento me está congelando...
Nada más adentrarse en el bosque, Hermione sintió cómo la mano grande y caliente de Severus entrelazaba sus dedos con los de su mano, y sus rodillas temblaron ligeramente. Contuvo la respiración y se puso tensa, por miedo de hacer algo que rompiese la magia del momento. Cuando Severus se detuvo, también lo hizo ella, pero no se atrevía a mirarle a la cara y a preguntarle por qué se había parado.
- Hermione.
El ronroneo de Severus le puso piel de gallina por todo el cuerpo. Hermione tenía la respiración agitada y la piel en llamas. Poco a poco, como para no asustar a un animal peligroso, fue girando su cuello hasta contemplarlo de frente. Y cuando su mirada cruzó los ojos negros de su antiguo profesor, a Hermione se le volvió a cortar la respiración.
Los ojos de Severus eran ascuas encendidas, y reflejaban un imperioso deseo que, sin ninguna duda, estaba dirigido hacia ella. El corazón de Hermione empezó a latir con más rapidez. Se sentía como un cordero en frente de un lobo hambriento. Notó cómo su cara se calentaba y su entrepierna se humedecía. Intentó suprimir su violento deseo de gemir y caer de rodillas frente a Severus, de abrazar sus muslos y esconder su cara en la entrepierna del hombre. Hermione se asustó ante aquel fogoso deseo de someterse. Sus piernas temblaron ligeramente al notar que la mirada de Snape se había vuelto aún más depredadora, como si su instinto animal se hubiese dado cuenta de que Hermione ansiaba claudicar y que él tomase las riendas. Los ojos de Severus, intensos y abrasadores, le cortaron la respiración; y poco a poco, acercó su cara a la de ella, hasta dejar sus labios a medio centímetro de los de Hermione. Pero el hombre vaciló en el último instante, alguna duda paró su movimiento; y Hermione, intoxicada de deseo, decidió acortar la distancia entre ellos y le besó en los labios.
Severus exhaló aire como si le acabasen de dar un puñetazo en la barriga. Hermione, embriagada por el tacto, abrazó el cuello de su antiguo profesor de Pociones y pidió permiso con la lengua para profundizar el beso. Escuchó cómo Snape gruñía desde el fondo de su garganta, y el sonido le provocó un disparo de placer desde su vientre hasta su clítoris. Un gemido escapó de su garganta cuando sintió los brazos de Snape rodearle la cintura. De repente, los labios de Severus se alejaron de los suyos y justo cuando Hermione abría la boca para protestar, sintió cómo la cálida lengua del hombre hacía contacto con la sensible piel bajo su oreja. Hermione exhaló un suspiro de gozo que se volvió en un gemido cuando la boca de Snape se cerró sobre su cuello. Temblando, Hermione movió la cabeza para facilitarle el acceso y Snape aprovechó para explorar la piel que se había quedado al descubierto, como queriendo cerciorarse de que aquel territorio era suyo, y marcarlo.
La cabeza de Hermione le daba vueltas, y estaba embriagada por las sensaciones que no sentía desde hacía mucho tiempo. Una de sus manos dejó la espalda de Severus para adentrarse en su pelo negro, provocando un suspiro de aprobación. Envalentonada, Hermione acercó su cuerpo al del hombre y le plantó un beso húmedo entre el cuello y la espalda. Severus soltó un leve gruñido, frotó su cuerpo contra la de la joven, y ella gimió suavemente cuando notó la prueba física del deseo de Snape contra su cadera. Una de las manos de su antiguo profesor se había desplazado hasta sus nalgas, y cuando sintió un apretón en una de ellas, no pudo evitar jadear de placer y arquear su espalda contra el torso de Snape. El hombre había colocado su otra mano contra la nuca de la chica, y agarrando su pelo castaño, tiró de él con suavidad para echarle ligeramente la cabeza hacia atrás. Severus clavó su mirada hambrienta en los ojos castaños de Hermione, y ésta observó con fascinación cómo se acercaban sus labios masculinos hacia su cara, poco a poco, tomando el control de la interacción de tal manera que le volvieron a flaquear las rodillas.
Cuando parecía que por fin iba a besarla, un sonido de disgusto los paró en seco. Tanto Snape como Hermione miraron hacia la procedencia del sonido, y a la joven se le revolvieron las tripas al ver quién los había interrumpido.
A pocos metros de ellos, con la cara ligeramente sonrojada y una mueca de asco, se encontraba un muy disgustado Draco Malfoy.
- Draco…
La profunda voz de Severus la devolvió a la realidad con una chispa de deseo bajo su vientre. La interrupción de Malfoy los había hecho separar, y Hermione echaba dolorosamente en falta el calor corporal del hombre.
- Padrino. No me digas que… no me… - Malfoy se restregó la cara con una mano, y gruñó, sin poder mirarles.- ¿Con ella?
Hermione escuchó cómo Severus inhalaba una gran cantidad de aire antes de responder a su ahijado.
- Quizás en otro momento, Draco… ¿supongo que me estabas buscando?
Su voz de terciopelo acarició los oídos de Hermione, que tuvo que cerrar los ojos por un momento, temerosa de que se notase el temblor que le había provocado. Cuando los abrió, Malfoy la miraba con desagrado.
- Sí, padrino.- dijo, arrastrando las palabras.- En casa se han preocupado por vosotros dos. Estamos haciendo planes para mañana y tardabais en aparecer.
- ¿Planes para mañana? - preguntó Hermione. Malfoy la miró con irritación, antes de contestar con los ojos clavados en Snape.
- Aisha tiene cita con Madame Maxime en el Quartier Barbare de París, para finalizar el trato. Las otras quieren aprovechar para curiosear.- Malfoy cruzó los brazos.- Aisha y Aurora insisten en que Claude, Joséphine y vosotros vengáis con nosotros a La Alhambra.
Hermione disimuló la sonrisa. Snape pareció relajarse visiblemente.
- Bien, Draco; gracias por venir.- luego la miró, y Hermione percibió un ligero rubor en las mejillas de Severus.- Hermione, creo que deberíamos volver a casa…
Hermione estaba ligeramente enfurruñada por la interrupción, pero el momento ya había pasado: era, en efecto, hora de volver. Así que asintió con la cabeza, el corazón aún palpitando fuerte por lo que había ocurrido entre ellos.
Malfoy soltó un bufido de asco, y puso los ojos en blanco ostensiblemente.
- Vamos.- declaró, impaciente.
xxoOoxx
Aquella noche, el cielo estaba despejado y la luna, casi llena, iluminaba el paisaje suavemente. Hermione se encontraba sentada cerca del refugio donde apilaban la madera, bien abrigada y fumando en silencio. A veces jugueteaba con la pipa o con las puntas de su pelo. Fijaba su atención en las formas adquiridas por el humo que exhalaba.
Unos crujidos le hicieron girar la cabeza. Era Luna, que avanzaba sobre las chascas del suelo, su pelo plateado bajo la luz de la noche. A Hermione se le escapó una sonrisa de bienvenida.
- Hola, Luna. ¿Tampoco puedes dormir?
La rubia le respondió con una sonrisa dulce.
- Creo que una Ingam Moteada ha intentado sofocarme… por aquí son aún más comunes,- susurró.
Su voz era cálida y rasposa, y Hermione disimuló el placentero escalofrío que le produjo dándole una calada a la pipa.
- Te veo de buen humor,- le dijo Luna. Hermione respondió exhalando el humo y sonriendo ligeramente. Luna se sentó cerca de ella y apoyó su antebrazo contra el de Hermione, que sintió unas súbitas ganas de abrazar a la rubia.
- ¿Todo bien con Severus?
La sonrisa de Hermione se ensanchó.
- Esta tarde nos hemos besado…
Hermione miró a Luna de reojo, para ver su reacción. Sus facciones, de por sí ya bellas y dulces, parecían tomar un aire de misterio y calma bajo la luz de la luna. Sonreía levemente, aunque Hermione juraría percibir cierta tristeza en la cara de su amiga.
- Me alegro por tí, Hermione.
Durante un segundo, la joven Gryffindor sintió el inexplicable impulso de acercarse a aquellos labios rosados y darles un beso, de peinar los cabellos rubios con sus dedos, de acariciar la pálida mejilla de su amiga con la palma de la mano. Confusa, apartó la mirada de la cara de Luna y le dió otra calada a la pipa. Al poco tiempo, notó que la rubia posaba la cabeza contra su hombro, y Hermione se sintió extrañamente relajada.
- Severus es un buen hombre,- dijo Luna, al rato.- Pero ha sufrido mucho y tiene muchas heridas abiertas. - la rubia la miró con seriedad.- … creo que es mucho más inseguro que lo que aparenta ser.
Pensativa, Hermione deslizó su mirada hacia el cielo. Las constelaciones de la Osa Mayor y de Virgo eran visibles a pesar de la luminosidad de la luna. Chupó la boquilla de la pipa distraídamente, y suspiró. Luna había apartado la cabeza de su hombro, y Hermione se sintió extrañamente decepcionada. Su amiga la miró fijamente cuando volvió a hablarle.
- Severus Snape tiene unos ojos de hierro y un corazón de porcelana.
Un buho ululó en la lejanía.
- Y tú también, Hermione. Ten cuidado.
Hermione se atragantó con el humo y se puso a toser.
Marzo del 2000. París.
El quartier barbare de París era uno de los barrios mágicos más grandes de Europa, y se notaba. Era la primera vez que Severus lo veía, y el ajetreo del barrio era diez veces más colorido y diverso que el del callejón Diagón: bares, restaurantes, heladerías y creperías competían con todo tipo de tiendas. Los productos en venta procedían de los cuatro rincones del mundo y aquella diversidad se reflejaba en los letreros, los precios y el aspecto de la gente ahí reunida.
Estaban sentados en la terraza de un bar típicamente francés, entre una tienda de alfombras persas voladoras y un centro de cambio de moneda. Hermione charlaba animadamente con Aurora y Claude; Luna y Gabrielle las escuchaban en silencio; Aisha, Joséphine y Draco mantenían otra conversación más sobria, y Severus permanecía callado, con la mente dando vueltas a los últimos dos días.
Aquella mañana, nada más llegar al quartier barbare, se había separado del grupo para curiosear en una librería que había atraído su atención. Aisha, en vez de seguir con el grupo, lo había acompañado y cuando tuvo la oportunidad lo arrinconó contra la entrada de la librería.
- Hay algo entre tú y Hermione, ¿verdad?
Severus había intentado mantener un rostro impasible.
- Eso espero.
La vampira tenía la cara cubierta por el velo, pero sus ojos delataban la sonrisa que no mostraba.
- ¿Ya os habéis acostado?
- No... pero no sé si...
- Seguro que sí.- le había cortado Aisha, con picardía.- Hermione no tiene tapujos en coger lo que quiere...
Severus había tenido que luchar contra el calor de sus mejillas.
- Sin embargo.- el tono de Darzi se había vuelto más serio.- Ha tenido malas experiencias en el pasado, y eso la influye.
Severus cruzó los brazos y apartó la mirada.
- No sabía que fueseis unas amigas tan íntimas...
Cuando volvió a hablar, era obvio que Aisha estaba sonriendo:
- No lo somos. Pero nos hemos acostado unas cuantas veces.
Severus giró la cabeza con dolorosa rapidez, y ancló su mirada estupefacta en los ojos negros de la bruja.
- ¿Qué?
- No fue nada serio.- respondió Aisha, aunque sus ojos demostraban que estaba disfrutando de la conversación.- Pero le puse el listón un poco más alto de lo que tenía cuando estaba con su antigua pareja. Más te vale dar la talla.- le comentó; medio en bromas, medio en serio.
Severus se había sentido como si hubiese tragado un cubito de hielo. ¿Qué sabía Aisha de su vida sexual? ¿acaso Claude le había dicho algo? Y Hermione… si se había acostado con Aisha, ¿no quería decir que prefería a las mujeres?
Las risas de Claude, Aurora y Hermione lo sacaron de sus pensamientos, y se fijó en ellos. El día era luminoso, tan luminoso como sus sonrisas, que brillaban como si los rayos del sol se reflejasen en sus dientes. Las temperaturas eran templadas para ser marzo, era casi mediodía, y el todo parecía sacado de un cuadro de Monet.
Monet. Los Evans tenían una copia de un cuadro de Monet en su sala de estar. En la casa de Severus no habían habido cuadros, ni mágicos ni muggles. Nunca tuvo ninguno, ni siquiera en Hogwarts. Nunca le interesó la pintura, y aún menos la muggle, pero ese nombre se había quedado grabado en su mente. Monet.
¿Cómo que no conoces a Monet, Sev? ¡Pero si es super famoso! ¡Como Picasso! ¿Nunca has oído el nombre si quiera?
La risa de Lily había sido cantarina y alegre, sin una gota de malicia, sólo asombro ante la ignorancia de Severus. Lily. Le hubiera encantado estar en una terraza de París rodeada de amigos.
Severus cerró los párpados para parar la ola de emoción que sintió subir hacia sus ojos, y tragó saliva. Tenía que huir. Carraspeó y preguntó:
- Voy a por otra cerveza de mantequilla. ¿Qué queréis?
- Zumo de zanahoria.
- Yo nada, gracias.
- ¿Unos cacahuetes?
Severus anotó mentalmente el pedido de cada uno, evitando mirar directamente a Hermione y sus ojos, que parecían saber exactamente qué había estado pensando. Se giró hacia el bar para pedir otra ronda, y según se alejaba de la mesa, no pudo deshacerse de la sensación de que la mirada de Hermione le quemaba la espalda.
Hermione no había dejado de prestar atención a la conversación que tenía con Aurora y con Claude, pero eso no le había impedido notar la cara que había puesto Severus antes de levantarse a por otra ronda. Su rostro había delatado una emoción entre dolor y cariño; sus pensamientos claramente muchos años atrás en el tiempo, en otro lugar, en otra época; con Lily, probablemente, en otra vida fuera del alcance de Hermione, en un pasado que sólo conocía por fotos y pinceladas de recuerdos de segunda mano. La Gryffindor sintió una punzada de celos y una nostalgia inexplicablemente aguda. Bajó los ojos hacia la cerveza de mantequilla que le quedaba, la acercó hasta sus labios y la terminó de un sólo trago.
El pasado. El pasado. Ni viajando al pasado se libraba de mirar atrás y echar en falta lo que fué y no volvería a ser. Hermione resopló. Como si no tuviese suficiente con su propio pasado, también sentía aquel dulce dolor hacia el de los demás.
Claude y Aurora estaban mirándola un poco raro, por lo que hizo un esfuerzo en fingir que seguía con ellos. Pero no, su mente ya estaba, una vez más, perdida en la neblina de sus recuerdos. Y es que no era la primera vez que visitaba el quartier barbare. Oh, no. No era la primera vez que se sentaba en una sus terrazas y se bañaba bajo el sol entre el ajetreo del comercio y la algarabía de mil acentos diferentes de francés. No. La primera vez había sido con sus padres, en el verano antes de su tercer año de Hogwarts, cuando habían venido a pasar las vacaciones a Francia.
Fueron buenos tiempos. Sus padres aún no le habían retirado la palabra. Aún no había cometido ningún pecado que mereciese tal castigo.
Hermione lamentó haber terminado toda su cerveza. Severus estaba tardando en volver. La joven zapateó el suelo repetidamente, nerviosa. No podía seguir fingiendo, la tristeza la había pillado por sorpresa y no conseguía darle la vuelta. Se levantó de la silla y se excusó apresuradamente, con una sonrisa falsa y un movimiento de mano, y salió disparada hacia el interior del bar con la intención de encerrarse en la intimidad de los baños hasta que volviese a recuperar la calma.
Desgraciadamente, sus lágrimas no esperaron a llegar a los baños.
La barra estaba abarrotada de gente, y Severus aún no había conseguido atraer la atención de la camarera, una morena de cara bonita y pelo rizado. De repente, vio pasar por el rabillo del ojo a otra joven de cara bonita y pelo rizado, medio corriendo hacia los baños; las mejillas húmedos, la nariz roja y los labios inflamados.
Hermione. Estaba llorando.
Severus sintió una punzada de dolor en su pecho. Pocas veces se dejaba afectar por las emociones de otra persona, pero Hermione se había infiltrado por algún resquicio de su caparazón, y allí estaba él, el pecho encogido de verla sufrir. Sin pensarlo dos veces, abandonó el puesto que tanto había luchado por conseguir, y se precipitó tras la joven Gryffindor.
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Un poco más y estaría dentro de la seguridad de los baños. Hermione apretó los dientes, frustrada. ¡Maldito bar! ¿Por qué diablos estaba tan lleno de gente? ¡No era ni verano!
Antes de poder cruzar el umbral del WC, una mano grande y caliente la atrapó por el hombro. Reconocía ese olor viril, esa voz grave y sedosa que al pronunciar su nombre se deslizaba por su espalda como miel cálida, ese cuerpo alto e imponente contra el cual se vió estampada en un abrir y cerrar de ojos.
Severus Snape. Muda del asombro, Hermione sólo pudo mirar hacia arriba y perderse en la mirada profunda de aquellos ojos negros como chocolate caliente, mientras sentía cómo Severus rodeaba su cintura con el otro brazo. A Hermione le recorrió un escalofrío por toda la espalda. El brazo que la sujetaba y el torso contra el cual se apoyaba la rodearon de una intensa sensación de seguridad y calma. El olor y el calor de Severus la cubrieron por completo, y Hermione se sintió abrumada por la súbita e inesperada protección de aquel hombre, aquel hombre que había sido su profesor, incluso su protector; aquel hombre que por su edad hubiera podido ser su padre, aquel hombre para el que deseaba rendirse. Sintió una imperiosa necesidad de dejarse caer y que la sujetase él; de estar bajo su dominio. Porque sabía que la trataría con cuidado, que la respetaba.
Sin reflexionar en lo que hacía, Hermione lo abrazó con fuerza y hundió su llanto en el pecho de Severus, embriagada por su cariño, su perfume, su cálido cuerpo. Las lágrimas seguían corriendo por sus mejillas, pero los brazos y el torso del hombre la refugiaban del mundo exterior y por unos minutos, Hermione se sintió a salvo y amparada.
Cuando volvió a mirar hacia Severus, la cara del hombre se había acercado hacia ella, y aquellos deliciosos labios descendieron hasta su frente, dándole un beso que le provocó un temblor y la dejó sin aliento; y luego descendieron más abajo, más abajo, y secaron las lágrimas de su mejilla con besos delicados, encendiendo un fuego intenso en la entrepierna de Hermione; y al final terminaron por tomar posesión de su boca, besándola lánguidamente, sensualmente, sin prisa pero con pasión, y para cuando se había dado cuenta la lengua de Severus se había abierto camino y reclamaba su atención deslizándose contra su lengua, acariciándola de la manera más íntima posible estando en público.
A Hermione le fallaron las rodillas, pero Severus la sujetaba con fuerza y la retuvo contra sí. Su corazón galopaba contra su pecho, su entrepierna estaba húmeda, su cabeza le daba vueltas ante la intensidad de sus emociones. Sintió la erección del hombre estampada contra su vientre y Hermione deseó desaparecer y aparecer en su habitación, a solas con él, y que el fuego los consumiese como un incendio de verano.
Se escuchó un carraspeo cerca de ellos. Hermione se separó ligeramente de la cara de Severus y miró hacia donde había oído el sonido, medio atontada por su libido. Una mujer de mediana edad los miraba con impaciencia y desagrado.
- ¿Habéis terminado? - les escupió, enfurruñada.- ¿O tengo que seguir esperando para entrar en el servicio?
Hermione vio cómo se fruncía el ceño de Severus, y antes de que dijera algo grosero, se apresuró en apartarse para dejar pasar a la bruja que los había interrumpido. La mujer se adentró en los baños, no sin antes empujar a Hermione con el hombro, y la joven tuvo que sujetar el brazo de Severus para evitar que le echase una maldición. Snape soltó un gruñido de frustración.
- Severus,- susurró Hermione. Su voz sonaba ronca. El hombre la miró como si en vez de hablarle le hubiera propinado una descarga eléctrica.
- ¿Sí?
La voz del hombre también sonaba ronca, y aún más grave de lo normal. A Hermione le recorrió otro escalofrío.
- Las demás estarán esperando… hace mucho que has entrado a por bebidas.
Severus soltó otro gruñido y se deslizó hacia la barra a regañadientes, pero su brazo siguió rodeando firmemente la cintura de Hermione.
Marzo del 2000. Morbihan.
Había pasado un día desde aquella visita al quartier barbare, y Severus y Hermione no habían vuelto a tener una oportunidad para estar a solas. Severus se sentía ligeramente nervioso. No sabía qué le había poseído en el bar para actuar como lo había hecho. Aunque no fuese la primera vez que se dejaba llevar por los sentimientos, estaba acostumbrado al fuego abrasador de la rabia, no a…
Un carraspeo nervioso lo sacó de sus pensamientos. La gente se había ido ausentando de la cocina de Joséphine mientras él estaba absorto recogiendo los restos del desayuno. Todos, menos ella.
Se encontraba a solas con Hermione. Sus manos se pusieron a sudar. Por el amor de Merlín. Había pasado casi una década mintiéndole a la cara a uno de los magos más peligrosos de la Historia casi sin parpadear, ¿y en frente de ella sus manos le sudaban? ¿Dónde estaba el hombre que la había agarrado por la cintura y la había besado hasta hacerla flaquear?
Severus tragó saliva y se armó de valor.
- ¿Hermione?
La nombrada se giró con rapidez, claramente agitada ella también.
- ¿Sí?
La voz de la joven había sonado aguda. Mierda. Estaba muy nerviosa. Tenía que calmarla. Severus tomó aire discretamente, intentando relajar sus músculos. No podía cagarla ahora.
- He pensado... ¿sigues interesada en las clases de oclumancia?
La joven intentó reprimir una sonrisa de júbilo, pero Severus la vio perfectamente. Sintió una cálida burbuja de satisfacción en el pecho.
- Sí, claro, sí.- confirmó ella, verbalmente. Su voz había vuelto a su timbre normal.
Severus asintió, sonriendo muy levemente. Bien. Ahora, mejor dejarle a ella que tomase la iniciativa.
- ¿Entonces...?
- ¿Qué te parece esta tarde?
Severus respiró hondo por segunda vez. Esta tarde. Vale.
- Ningún problema.- respondió, aparentando serenidad.- ¿A las seis y media?
- Bien. Vale. ¿En tu habitación?- la voz de Hermione volvía a estar agitada, y se rompió con la pregunta.
- Sí, ¿no? Como hasta ahora...
- Sí, sí. Perfecto.
Nada más responder, Hermione se giró hacia el fregadero como un ratón escurriéndose por las esquinas, aunque no lo suficientemente rápido como para poder esconder la tímida sonrisa que había aparecido en sus labios. Sin nadie como testigo, Severus Snape se permitió sonreír de satisfacción.
Severus estaba nervioso, pero lo disimulaba bien. La joven estaba sentada en su cama, en el mismo sitio en el que había estado en aquella primera clase de oclumancia. Vestía una túnica verde hierba que Joséphine le había comprado en el quartier barbare, sencilla pero bonita, adornada con un cinturón dorado. Contrastaba bellamente con el pelo y los ojos castaños de la joven, y Severus tuvo que hacer un esfuerzo para centrarse en lo que tenía que hacer.
- ¿Preparada?
Severus notó cómo Hermione tragaba saliva, pero había determinación en sus ojos. El objetivo de aquella clase era comprobar la fortaleza de su barrera mental, y ver si era capaz de engañar a Severus con recuerdos falsos, sin dar a conocer que había una barrera de oclumancia guardando las verdaderas memorias de la joven. Estaba sentada en frente de él, y Severus apoyó las manos en las rodillas de Hermione. La miró fijamente a los ojos y murmuró:
- ¡Legilimens!
Al principio, el mago solo pudo ver un torbellino de imágenes y sonidos. Pronto, todo se convirtió en un agradable bosque verde, fresco y frondoso. Hasta podía oír el trino de los pajarillos silvestres. Severus sonrió levemente; era una imagen mental muy agradable, y él mismo aparecía proyectado en la imagen. Despacio, alargó su mano imaginaria y acarició el tronco del árbol más próximo, que onduló como un reflejo en la superficie de un lago. Al instante, apareció una memoria: estaban todos los Weasley en La Madriguera, con Potter y Hermione. El ambiente era tenso, como las cuerdas de un barco en plena galerna, y Molly estaba lívida.
- ¡¿Que has qué?!
Hermione aparecía palidísima, y casi a punto de desmayarse.
- Abortado.
Severus estaba estupefacto. ¿Seguro que era una memoria falsa? Se suponía que las memorias falsas tenían que ser inocuas. Dubitativo, intentó pasar a otra memoria. La escena se difuminó y volvió a cristalizarse en una habitación pequeña, con una cama de matrimonio y Ron y Hermione dormidos en ella. La cara de la joven estaba contraída, claramente en una pesadilla, y cuando se despertó, Severus notó el horror y el disgusto y la confusión de su antigua estudiante, que después de unos instantes lavaba (¡Merlín!) la orina de su pijama.
- Ron... no sé si es el momento adecuado...
- Hermione... sé que lo has pasado mal... déjame reconfortarte un poco...
No. No era lo que Hermione quería, quería que la dejasen en paz, era obvio. Weasley.¿Por qué no había dejado de acariciarla al ver que la chica estaba dudando? Severus se sentía incómodo, incapaz de alterar el curso de la memoria. Weasley le daba vergüenza ajena. No quería presenciar aquello, ¿a qué diablos estaba jugando Hermione? Intentó salir de la mente de la bruja con un fuerte tirón, pero la mujer lo estaba agarrando con todas sus fuerzas. Aquellas memorias no eran inventadas, no; eran verdaderas, se dijo Severus con el pulso acelerado. ¿Pero por qué...?
Memoria tras memoria, Hermione lo guió por los últimos años de su vida. Su vida en La Madriguera, en Hogwarts. Su descubrimiento de los recuerdos de Severus. Hermione le estaba abriendo su corazón, su intimidad, su mente. Al principio, Severus había estado forcejeando para salir, pero al poco rato, dejó de insistir. Era obvio que Hermione estaba concentrada en hacerle vivir los recuerdos, no simplemente enseñárselos, del modo que ella había dicho vivir sus recuerdos.
Cuando Hermione terminó con lo que le quería enseñar, Severus volvió al aquí y ahora con el corazón latiendo locamente. Imágenes, vivencias y emociones ajenas se mezclaban con las suyas propias, y se veía llorando en los brazos de Luna, y se veía gozando en los brazos de Aisha, y se veía tiritando por una caricia de Severus Snape – de él mismo.
El hombre tragó saliva, y cerró los párpados para no enfrentarse a Hermione, aún no. Separó sus manos de las rodillas de la joven y los utilizó para cubrir la cara. La experiencia había sido de las más intensas que había vivido nunca. Cuando decidió quitarse las manos de la cara y mirar a Hermione, la vio tensa y agitada, esperando una reacción. Sabía que tenía que darle una respuesta, pero aquello había sido algo para el cual no había estado preparado. También intuía qué era lo que Hermione había querido decirle: unos recuerdos por otros. Una intimidad por otra. Severus tembló ligeramente.
- Hermione...
- ¿Sí?
La voz de la joven había surgido como un graznido agudo. Severus se quedó súbitamente sin palabras, e hizo lo primero que cruzó su mente: agachó la cabeza lentamente, acercando su rostro a la ahora sonrojada cara de la joven, y le besó los labios. Pero no era el mismo tipo de beso que le había dado en el bar. No. Fue un beso inseguro, ligero. Cuando la chica pareció no responder, Severus empezó a retirarse, mortificado; pero entonces sintió una mano fría en su nuca que le impidió seguir irguiéndose, y los labios de Hermione se posaron sobre los suyos con fuerza.
Severus sintió euforia. Euforia, júbilo, alegría. No era como Weasley. No lo era, y aquel pensamiento venido de quién sabe dónde lo relajó tanto que se extrañó a sí mismo. Los labios de Hermione eran suaves y estaban más seguros de sí mismos de lo que hubiese pensado. Al principio se besaron castamente, tímidamente, pero al poco tiempo Hermione sacó la lengua y acarició el labio inferior del hombre. A Severus le recorrió un escalofrío; su corazón se aceleró, y abrió la boca para invitarla a entrar. Aunque prefería tomar las riendas, sentirse deseado y buscado era una droga muy adictiva. Hermione. Cuánto le había costado dar el paso, y sin embargo, qué fácil estaba resultando serlo todo. Tan natural, tan poco incómodo.
Y qué bien olía. No sabía si era algún tipo de perfume o su propia fragancia – tampoco importaba mucho en aquellos momentos. La joven tenía las mejillas sonrojadas y los ojos brillantes, abiertos de par en par. Tenía las pupilas dilatadas, la respiración acelerada y los labios (¿eran siempre así de rojos?) entreabiertos. Los latidos de Severus lo ensordecían. Sintió en su vientre a un conocido tigre despertándose poco a poco. Deseo. Un deseo que empezaba a abrasarle el interior a fuego lento, un deseo que se extendía como lava a cada rincón de su cuerpo.
Hermione notó un cambio en el semblante de Snape. Tenía una cara de concentración que sólo se lo había visto al preparar sus pociones. El corazón de la joven enloqueció. La expresión de Severus era el del Profesor Snape. Los ojos del hombre estaban focalizados en sus labios, con una mirada que hacía nudos con las tripas de Hermione. Siguiendo puro instinto, Hermione acercó sus labios al cuello del hombre y le dio un simple beso. La joven notó el estremecimiento que recorrió el cuerpo de Severus y sonrió para sí misma. Se sentía traviesa, juguetona. Le dio un segundo beso en el cuello, esta vez húmedo, y oyó con satisfacción cómo suspiraba. Tenía ya el cuerpo entero encendido, el corazón batiendo dolorosamente, y la respiración acelerada.
Y entonces, lo sintió; la cálida lengua del hombre deslizándose desde su cuello hasta su mejilla. Hermione no pudo reprimir un gemido que escapó de entre sus labios como una invitación. El olor masculino de Severus la rodeaba y la embriagaba; era más ancho que ella, y gozaba estar cubierta por el cuerpo del hombre. Poco a poco, como quien no quiere la cosa, Severus la fue empujando hacia atrás, y al final logró que la joven cayese sobre su cama. Hasta las sábanas olían como él; y Hermione sintió un absurdo impulso de gemir. La fantasía de estar rodeada de Severus le hacía pulsar la entrepierna.
- Bueno, Granger.- oyó que decía Snape, y su voz ya de por sí sensual lo era más al ser más grave y ronco de lo habitual.- ¿Qué te gusta que te hagan?
Hermione, demasiado embriagada por el deseo, levantó su pubis para apretarlo contra la erección que destacaba entre los pliegues de la túnica de Snape. Severus siseó y entrecerró los ojos, haciendo que la joven sonriese de travieso orgullo.
- ¿Y bien? - insistió el hombre. Su voz era vibrante y oscura y profunda, y sólo con ella ya consiguió provocarle un escalofrío. Hermione le respondió lamiendo y mordisqueando el lóbulo de una oreja, y Snape gruñó suavemente.
- Me sobran las ropas.- susurró a la oreja del hombre, que se estremeció con la caricia del aire caliente de sus palabras.
- Tendremos que quitártelas, entonces.- murmuró Severus, y Hermione contuvo la respiración. Sin embargo, cuando Snape empezó a desabrocharle los botones del pecho, la joven mujer paró su mano.
- Espera.- susurró, con el aliento entrecortado.- Déjalo así...
Severus parecía confuso.
- ¿Cómo?
En vez de intentar explicarle lo que quería, Hermione murmuró un hechizo y se desabrochó los botones sólo hasta la cintura. Con otro hechizo se quitó toda la ropa interior, de modo que sus pechos quedaban al descubierto a pesar de seguir vestida. A Severus se le escapó una media sonrisa pícara que le cortó la respiración.
- ¿Con que ésas tenemos, eh?- le susurró a la mejilla, haciéndola sonrojar. Mientras Severus besaba, lamía y mordisqueaba su piel desde la mejilla hasta su cuello, Hermione se dejó llevar por la fantasía de que era Snape el que le había desgarrado la ropa. Los suaves labios del hombre se iban acercando poco a poco, con malicia, hacia una de las cimas de su pecho, y Hermione gimió. Se imaginó no tener poder alguno, se imaginó que estaba siendo sometida, dominada; y cuando la lengua del hombre entró en contacto con uno de los pezones, Hermione suspiró de placer. El húmedo musculo jugueteaba con la sensible cima, a veces rodeándola, a veces empujándola hacia un lado y hacia otro. Una de las grandes y elegantes manos del hombre empezaron a juguetear con el otro pezón, y Hermione no pudo reprimir un jadeo de placer. Pero...
- Más...- murmuró, con una neblina impidiéndole pensar con claridad.
- ¿Eh?- contestó el hombre, claramente concentrado en lo que hacía.
- Más fuerte...- respondió Hermione, demasiado sumida en el placer como para avergonzarse ya. Severus se rió entre dientes y empezó a juguetear con los sensibles montículos con más insistencia. Hermione gimió más fuerte que antes, y volvió a sumirse en sus fantasías. Me está castigando, por mala. Me está dando una lección. Me -
Hermione soltó un jadeo y arqueó la espalda con violencia. Tenía los ojos apretados y la boca entreabierta de placer.
- Severus... - rogó.- Abajo...
La joven oyó un suave gruñido pero no abrió los párpados. Sintió que Snape cambiaba el peso de lugar, apoyándose en uno de sus codos. Antes de que su cerebro procesase lo que el hombre había hecho, sintió una mano grande y ligeramente áspera introducirse por debajo de su túnica y acariciar la parte interior de sus muslos con parsimonia. Hermione estaba borracha de placer.
- Más arriba...- suplicó.
- ¿Más arriba?- fue la ronca respuesta, y aquella voz le hizo arquear la espalda un poco más.
- Sí...- jadeó ella, y sintió los dientes del hombre mordisqueando su lóbulo. La mano de Severus se deslizó hasta acercarse peligrosamente a la mata de pelo castaño que estaba ya tan húmedo que los jugos se habían deslizado hasta parte de los muslos y de las sábanas.
- Ahí...- gimió Hermione, ya casi incapaz de decir nada coherente. Severus sobrevoló el montículo, acariciando el pelo, pero sin ir más lejos. La mujer soltó un quejido.
- Más...
- ¿Más? - repitió Severus, su voz deliciosamente burlona, pero no la hizo esperar demasiado. Con un movimiento determinado, introdujo sus dedos en la húmeda jungla y encontró lo que buscaba: un pequeño bulto escondido entre los pliegues.
El contacto le produjo a Hermione una descarga de placer y no pudo evitar soltar un maullido de gozo. Severus se puso a frotar su clítoris con cuidado, probando diferentes maneras, a veces más efectivas, otras veces menos. Hermione gimió y abrió más sus muslos.
- Más rápido...- jadeó, arqueando más su espalda.- Más fuerte...
Severus debería tener ya el brazo cansado, pero en ningún caso dejó de frotarla donde lo necesitaba. Hermione sintió cómo Severus aceleraba sus caricias, que se habían vuelto más insistentes y forzosas. Una vez más, la fantasía de ser dominada, sometida, se apoderó de ella. Imaginó que la castigaba, imaginó que no tenía escapatoria. Estoy a su merced. Me está castigando por ser mala, me está obligando a disfrutar de su castigo, me está violan-
Y la fuerza del orgasmo arrebató contra ella; una oleada de gozo tan intenso que Hermione gimió con fuerza mientras el placer arrasaba con cada músculo de su cuerpo y humedecía copiosamente la parte superior de sus muslos. Acostumbrada como estaba a los pequeños orgasmos que se daba a sí misma desde hacía ya demasiado tiempo, aquel orgasmo la sorprendió por su intensidad y magnitud. Exhausta, y absolutamente satisfecha, se derrumbó encima de la cama, sin ni siquiera abrir los ojos. Severus no había retirado aún los dedos de su entrepierna, y la joven sospechaba que la estaba observando. Con una sonrisa tonta, Hermione abrió los párpados y miró a su antiguo profesor. El hombre tenía una media sonrisa. Pero Hermione tardó poco en darse cuenta de que algo andaba mal.
- ¿Severus? - murmuró.
El hombre apartó la mirada.
- Severus, ¿qué te pasa?
Silencio. Ya no sonreía.
- ¿Te ha gustado?- le preguntó neutramente, su voz de hombre tensa y grave.
Hermione estaba perpleja. Algo andaba mal, pero no sabía qué era.
- Sí.- afirmó rotundamente.- Uno de los mejores que he tenido hasta ahora.
- No tienes por qué hacerlo.- respondió él, y Hermione notó un deje irritado en su voz. Algo andaba muy mal. Empezó a sentir pánico.
- ¿Hacer qué?- preguntó, con el estómago hecho un nudo.
El hombre parecía cada vez más a la defensiva, y cada vez menos propenso a hablar.
- No tienes por qué fingir.- masculló él entre sus dientes.- Soy lo suficientemente hombre como para escuchar la verdad.
Merlín, no, pensó la muchacha, horrorizada. ¿Por qué deberías creer eso?
- No he fingido nada.- respondió Hermione, la voz tensa.- Y es cierto que ha sido uno de los mejores orgasmos que he tenido hasta ahora.
El silencio de Severus le sonó a acusación, y Hermione empezó a enfadarse.
- ¿No me crees? - le preguntó, intentando no sentirse herida y fallando.
- No sería la primera vez que finges con un hombre, ¿verdad?
Las palabras de Severus se clavaron en su corazón con tanta crueldad como las antiguas burlas del Profesor Snape. Hermione se puso lívida.
- ¿Que fingiese con Ron quiere decir que finjo contigo? - le preguntó fríamente.
- ¿Por qué no? - insistió Snape.
- Porque Ron nunca me preguntó qué era lo que quería, ni me hacía caso cuando le decía lo que quería, ni seguía con sus caricias cuando estaba cansado.- le soltó Hermione con brutal sinceridad.- ¿Qué parte de mis reacciones te ha hecho pensar que no estaba disfrutando de verdad?
Severus pareció abochornarse un poco.
- Sólo...- empezó diciendo.- sólo te he tocado... ahí.
Hermione frunció el entrecejo.
- No entiendo cuál es el problema.- admitió con franqueza.
Severus tardó un rato en responder.
- Lo que quiero decir...- empezó a decir con lentitud.- ... es que a penas… hemos hecho nada.
¿En serio?, pensó Hermione. No sabía si echarse a reír o gritar de frustración. No estaría hablando de lo que sospechaba, ¿verdad? Irritada, Hermione decidió dejar las cosas claras. Quizás no se estuviese refiriendo a éso, pero más valía prevenir que curar.
- La penetración no es el único modo de disfrutar con el sexo, ¿sabes? - le dijo con furia.- De hecho, nunca he tenido un orgasmo sólo con la penetración. Eso es algo que Ron nunca entendió.
- Tampoco se lo aclaraste nunca, ¿verdad?- le acusó Severus, ya abiertamente irritado. Hermione sintió una punzada de miedo. ¿Había hablado demasiado? Decidió que ya era hora de cambiar el tema.
- ¿Y tú, qué? - comentó, intentando sonar seductora, pero Severus bajó la vista a sus pies. Hermione titubeó.
- Estoy cansado.- comentó Snape, sentándose al borde de la cama y escondiendo su cara de la vista de Hermione. Su voz realmente sonaba cansada. Hermione volvió a sentir un nudo en el estómago, esta vez de culpabilidad.
- Déjamelo a mí,- le dijo, con un tono que rozaba la súplica.- Túmbate, no te preocupes de nada. Déjamelo a mí.
- He dicho que estoy cansado, Hermione.- respondió Severus, con un tono un poco más duro aquella vez. La joven mujer empezó a respirar con dificultad.
- Severus, si te he ofendido...
- No es eso.- le cortó el hombre.- Por favor. Me gustaría estar un rato sólo.
Sin insistir más, la joven mujer se abrochó el sujetador y la túnica y salió de la habitación de Severus en silencio. Para cuando llegó a la suya, sus ojos y sus mejillas ya estaban húmedas.
Severus se sentía cansado, aquello no había sido una mentira. Se sentía cansado y confuso, pero sobre todo, irritado consigo mismo, y excepcionalmente contrariado.
Menuda primera vez, se dijo a sí mismo con acidez. Nada había salido como lo había planeado. Al principio sí, desde luego; había disfrutado, y a pesar de lo que su amargura le había hecho decir a Hermione, no pensaba realmente que la chica hubiese estado fingiendo.
El problema no había sido ella. Había sido él.
Snape gruñó con frustración y se tapó la cara con las manos. Inútil, se dijo a sí mismo. Imbécil. Inútil. Era un inútil. Un viejo inútil sin el físico necesario para complacer a una joven mujer.
Snape apretó las palmas contra la cara y las rodillas entre sí.
Era un viejo. Un viejo débil y en mala condición física que no era capaz ni de aguantar hasta el final. Si hubiese conseguido mantenerse duro... si su viejo cuerpo inútil no le hubiese boicoteado... Pero no. El esfuerzo de no bajar el ritmo de sus caricias y la concentración para captar qué era lo Hermione quería lo habían tenido absorto, y como no era más que un viejo inútil, se había vuelto flácido a medio camino. Sus manos se cerraron en puños y uno de ellos golpeó el colchón.
Maldita sea.
Recordó las palabras de Hermione, y soltó un bufido irritado. Le había hablado como si tuviese dieciséis años. Joder. Que no fuese Lucius Malfoy no quería decir que no tuviese ni puta idea de cómo complacer a una mujer. Había dicho que nunca había conseguido un orgasmo con sólo la penetración - sólo la penetración. Pero había mil maneras de conseguir un orgasmo. Mil cosas que hacer con dos cuerpos. De joven había participado en bastantes más encuentros sexuales de lo que Hermione parecía suponer, todos ellos de tendencia BDSM, como solía ser habitual entre Mortífagos. Había aprendido a ser un Dominante responsable. Y aunque sus parejas no habían abundado, siempre habían repetido. El rol de Dominante que tomaba, no tan lejana a la máscara que usaba cuando ejercía de profesor, seducía y atraía y Severus siempre fue muy consciente de ello.
Pero ya no tenía veinte años. Ya no tenía la furiosa ambición de comerse el mundo.
Severus suspiró y volvió a taparse la cara con las manos. Se sentía cansado y viejo, y por primera vez en meses, sintió ganas de llorar, aunque no consiguió hacerlo. Había querido demostrarle a Hermione que era capaz de hacerle disfrutar como cualquier otro joven macho que le pudiese rondar al rededor. Había querido complacerla hasta hacerla llorar de gozo, hasta borrar de su memoria cualquier orgasmo previo, hasta afirmarse como el mejor que había tenido nunca. Severus sintió una punzada de malestar, y sintió que sus mejillas se sonrojaban de vergüenza. Mira, mira, se dijo a sí mismo con saña. Tu orgullo no podía soportar que no fueses tú el mejor polvo que Hermione haya tenido nunca, ¿verdad? Querías demostrarle que eras un semental incansable,añadió su vocecilla burlona, cruel. Pero ya no tienes el cuerpo que tenías antes, pobre bobo. Y has fallado miserablemente. No has podido deslumbrarla como deslumbrabas a tus antiguos alumnos, ¿eh? Sólo sabes engañar.
Severus separó las manos de la cara y agarró sus rodillas con fuerza. No. No debía dejarse hundir así. Había actuado correctamente. Había dado prioridad a escuchar el cuerpo de Hermione. Eso era primordial. Sin saber qué le gustaba, sin saber si le iba el rollo BDSM, sin saber qué esperaba de él… había estado avanzando a tientas. Y ella tampoco es que le hubiese ayudado mucho. ¡Ya le podía haber dicho desde el principio qué era lo que le gustaba!
No. No seas injusto. Es joven. No tiene tanta experiencia. O mejor dicho, no tiene la costumbre de hablar sobre lo que quiere hacer en la cama. Es muy habitual. Es lo más habitual. Tú tampoco le has hablado de lo que te gusta hacer. Severus, no seas injusto.
Severus soltó un gemido y volvió a hundir las palmas en el rostro. Lo único que había conseguido eraherir a Hermione y mandarla a la mierda. ¿Ya querría volver a dirigirle la palabra?
- Ya basta.- se murmuró a sí mismo.- Ya está bien.
No valía la pena seguir torturándose a sí mismo. Mejor pensar en cómo solucionar el embrollo que había causado. Vete a donde Hermione, le dijo otra voz interior, más benigna. Vete y háblale.
Pero hacía tiempo que su cuerpo había dejado de obedecerle a su mente. Fatigado y profundamente triste, Severus suspiró y se tumbó en la cama. Las sábanas aún olían a Hermione.
Ne me fais point aimer avecque tant de peine es la primera línea de un poema de Théophile de Viau
Playlist de este capítulo:
-Escena de Hermione y Severus en el bosque: Euphoria de Loreen
-Escena de Hermione y Luna de noche: Se Olsan Bari de Aleyna Tilki
-Escena de la terraza en el barrio mágico de París: Sodade de Katanga
-Escena de Hermione y Severus en el bar: Last dance de Dua Lipa
