2 Capítulo
¡NUNCA! - exclamó Sakura, mirando a Sasuke con toda la furia que pudo desde su ignominiosa e impotente posición -. ¡La mera idea de que vuelvas a tocarme hace que me sienta físicamente enferma!
- No te bastó con una lección, ¿verdad? - murmuró Sasuke con voz ronca -. ¿No recuerdas lo que sentiste cuando te hice el amor?
- ¡Aquello no fue amor! ¡Fue simple lujuria!
- Y tú tienes un problema con eso que yo no tengo - dijo Sasuke con voz aterciopelada. Y entonces, riendo sarcásticamente, soltó a Sakura y la apartó de sí.
Sakura permaneció donde estaba, temblando angustiada. Había perdido el control. El control físico y mental. Y eso la aterrorizaba. Seis años atrás, cuando tenía veinte, era bastante más ingenua e inconsciente de lo que se consideraba en la actualidad. Los últimos minutos eran como una mancha oscura en su mente. No quería examinarlos. Sasuke, la había hecho enfadar tanto que se había puesto violenta, y saberlo le hacía sentirse avergonzada además de horrorizada.
Tenía una sensación extraña en todo su cuerpo. El latido de su corazón estaba locamente acelerado. De pronto, sus senos parecían sorprendentemente sensibles. Era enloquecedoramente consciente de que el encaje del sujetador oprimía sus pezones y de que su piel estaba estirada y tensa. Horrorizada por lo que le estaba sucediendo a su cuerpo, miró al suelo, tratando de recuperar la compostura.
- Vamos a centramos en los negocios - dijo Sasuke secamente -. Ya hemos perdido suficiente tiempo.
- ¿En los negocios? - repitió Sakura, frunciendo el ceño.
- Te he hecho venir por una sola razón. Podrías serme útil. Necesito una mujer que, represente un papel. - Una mujer en la que pueda confiar para representar ese papel y dispuesta a hacer exactamente lo que le diga. Y creo que esa mujer podrías ser tú...
- Creo que no te sigo - dijo Sakura, parpadeando.
- Si estás dispuesta a ponerte en mis manos sin hacer preguntas durante un periodo que no exceda los tres meses, tendré en cuenta la posibilidad de tratar a tu padre con compasión y comprensión - dijo Sasuke con suavidad.
Compasión y comprensión. Esa clase de emociones eran ajenas a Sasuke. Sakura sintió que las sienes le palpitaban. No lograba concentrarse. Lo miró con gesto de incomprensión. No sabía de qué estaba hablando.
- Ese papel - continuó Sasuke, sirviendo champán en otra copa - implicará una intimidad considerable...
- ¿Intimidad? - susurró Sakura temblorosamente.
Sasuke la miró con inmensa satisfacción.
- Intimidad - repitió perezosamente, transformando la palabra en un inquietante mensaje sexual.
- ¿Qué... qué me ofreces exactamente?
- Tendrías que aceptar antes de que te diera los detalles - contestó Sasuke, mirándola con frialdad.
- Eso es ridículo
- No es habitual - dijo Sasuke, encogiéndose de hombros -. Pero no me fío de ti. ¿Por qué iba a hacerlo? No tienes demasiados escrúpulos morales. Y aunque los tuvieras, debes pensar en tu padre.
- ¿Estás hablando de alguna clase de trabajo? - preguntó Sakura, poniéndose tensa.
La boca de Sasuke se curvó irónicamente.
- Podrías llamarlo así.
- ¿Y ese trabajo implicaría cometer algún delito?
- ¿Por quién me has tomado cara?
- ¿Sí o no?
- No.
Sakura se aclaró la garganta.
- Has mencionado la palabra intimidad... ¿te referías a una intimidad sexual? ¿O sólo era una broma?
Sasuke tensó su mandíbula.
- Te aseguro que no habría ninguna broma. Y sí, me refería a una intimidad sexual. Tu papel no sería creíble sin ella.
¿Por qué seguía escuchando todas aquellas tonterías?, se preguntó Sakura con desagrado. ¿Estaba sugiriéndole Sasuke que se convirtiera en una especie de espía y se acostara con alguno de sus competidores para obtener información? La idea resultaba repugnante.
- Evidentemente, lo que necesitas es una prostituta profesional – dijo, echando atrás los hombros.
Sasuke le lanzó una mirada de oscura condescendencia.
- ¿Estás loca? Necesito una mujer que sepa comportarse como una dama...
- ¿Y no conoces ninguna? - interrumpió Sakura -. La verdad es que no me sorprende. ¿Y en cuántas camas se supone que debería meterse esa dama?
- ¿De qué diablos estás hablando? - preguntó Sasuke, entrecerrando los ojos.
Sakura se ruborizó, sintiéndose repentinamente insegura.
- La única cama que tendrías que calentar sería la mía - añadió él, sin esperar su respuesta.
Sakura lo miró con gesto de incredulidad. Dejó la copa de champán en la mesa y alargó una temblorosa mano para recoger su abrigo.
- ¡No tengo intención de vender mi cuerpo para librar a mi padre de la prisión! - dijo con amarga claridad -. ¿Y a qué viene tanto misterio, Sasuke? ¿No podías haberme pedido directamente que fuera tu querida? Pues la respuesta es no... ¡No, no y no! ¡Preferiría hacer la calle!
Sasuke la miró con gesto impávido.
- Entonces, vete. No tengo más que decirte.
- Aún no he terminado - dijo Sakura en tono venenoso -. Hace seis años apareciste en mi vida como una sombra y trataste de destruirla. ¡No hay ningún ser humano vivo al que odie más que a ti! ¿Y por qué decidiste destrozar mi vida? Sólo por orgullo, egoísmo y lujuria. No te importó que estuviera comprometida con otro hombre o que amara a ese hombre. No te importó que pudieras herirlo tanto como a mí.
- Fuiste tú la que lo hirió, no yo.
Sakura se estremeció.
- Quisiste arruinar nuestra relación...
- Si lo hubieras amado de verdad, no habría tenido poder para hacerlo. Tú me diste ese poder...
- ¡No es cierto! exclamó Sakura, ruborizándose.
- Con cada mirada y cada aliento que tomaste junto a mí. Fue tu pasión la que me arrastró.
- ¡No es cierto! - repitió Sakura, sintiendo que el pasado volvía inexorablemente con su pesada carga de culpabilidad.
Sasuke la miró sin disimular su desprecio.
- Jugaste con fuego y te quemaste, cara.
Sakura sentía las rodillas cómo de gelatina. Sasuke la estaba acusando de haberlo alentado seis años atrás cuando, en realidad, lo que hizo fue luchar con todas sus fuerzas contra su persecución. Pero, al final las fuerzas le fallaron.
- No debería haber venido - dijo, pálida -. Nos odiamos, Sasuke. No creo que seas consciente de cuánto daño hiciste, y aunque lo fueras, no creo que te importara...
- Me dejaste...
Asombrosamente, la intensa furia y la incredulidad de Sasuke seguían allí, latentes, tan vivas como seis años atrás. Sakura no comprendía cómo podía conservar la fuerza de su emoción después de tanto tiempo. A fin de cuentas, Sasuke Uchiha no se enamoró de ella. Lo único que sintió por ella desde el principio fue deseo. La forma en que la miraba, en que la tocaba, en que le hablaba... El depredador y su víctima. Pasión y dolor. Eso fue lo que le ofreció. Y ella no lo dejó... huyó como si la persiguiera el diablo.
- Sigo pensando que no merezco la oferta que me has hecho – dijo Sakura, respirando temblorosamente -. Sigues ahí sentado en tu torre de marfil rodeado de todo tu dinero, y tienes la sensibilidad de una piedra en lo que se refiere a los sentimientos.
- Eso no es cierto - replicó Sasuke secamente.
- Pisas a la gente. La manipulas. Hace seis años le gustabas a mi padre. Él no podía ver a través de ti como yo. ¡Oh, sí, pensaba que eras un gran tipo! – dijo Sakura con evidente desagrado -. Pero ahora no te importa lo más mínimo que sufra, ¿verdad? Lo único que ves es la oportunidad de humillarme. Pero no pienso darte esa arma, Sasuke. Yo también tengo mi orgullo - añadió, volviéndose y encaminándose hacia la puerta.
Sasuke estaba pálido bajo su morena piel, pero era evidente que no estaba dispuesto a ceder un centímetro. Y Sakura no esperaba que lo hiciera. Probablemente pensaba que defenderse de aquellas acusaciones sería rebajarse.
- ¿Fuiste feliz con él? - preguntó Sasuke, mirándola con sus ojos negros, tan intensos como el centro de un fuego.
Sakura se detuvo y se volvió lentamente. Era evidente que Sasuke no había entendido nada de lo que le había dicho. Le estaba preguntando por Sai.
- Era mi mejor amigo - contestó finalmente, apartando la mirada.
- ¿Y la amistad es tu sentimiento ideal para el matrimonio?
«No», pensó Sakura con tristeza, pero así fue como acabaron las cosas. Volvió a mirar a Sasuke y algo se agitó en su interior. El ambiente estaba cada vez más cargado. Por un instante, experimentó un extraordinario tirón físico en su dirección, y lo resistió con todas sus fuerzas. Pero aquel instante la trastocó de arriba abajo.
- Yo habría sido tu amante, tu alma, tu vida – dijo Sasuke entre dientes, y la rabia seguía allí, la rabia que Sakura había temido, surgiendo con un antagonismo que la hizo dar un paso atrás -. Sal de aquí - añadió con aspereza -. ¡Sal de aquí antes de que pierda el control y decida demostrarte lo sensible que puedo ser!
Sakura no necesitó otra invitación. Salió de la suite a toda prisa. Una vez en el pasillo, cerró los ojos y respiro lenta y profundamente. Sasuke le provocaba un torbellino de emociones. Siempre había sido así. Eran opuestos en todos los sentidos, pero por un momento... por un extraño e inquietante momento, Sakura había reconocido una inexplicable punzada de empatía. Había deseado rodearlo con sus brazos. No podía escapar a la sensación de que le había hecho daño. Y, sin embargo, ¿no era eso lo que siempre había deseado hacerle?
Cuando estaba con Sasuke Uchiha, no se reconocía a sí misma. Siempre había sido así. Con otras personas, era introvertida y tranquila; nunca salía a relucir su mal genio ni la violencia que él era capaz de provocarle. Hacía qué surgiera todo lo malo de su carácter. Le hacía sentirse como si pudiera transformarse en una mujer como su madre... ¿y no era eso lo que más la asustaba?
Entró en su coche sin recordar haber salido del hotel. La forma en que se sintió cuando Sasuke la acarició seis años atrás aun la perseguía. Entonces supo que no sólo se parecía a su madre, sino que también podía comportarse como ella. Aquél fue el descubrimiento más devastador de todos; saber que existía aquella debilidad en su interior, aquella capacidad de olvidarlo todo... lealtad, amor... y de perder completamente el control en los brazos de un hombre.
Sabía que de no haber sido por la entrada de la doncella en la habitación contigua, Sasuke no sé habría detenido. El sexo era una fuerza terriblemente poderosa, si uno se sabía tan vulnerable como Sakura. Un momento de debilidad cerca de un hombre como Sasuke bastaría para hacerle perder completamente el control. En realidad, tuvo suerte de escapar sana y salva.
Pero jamás se le ocurrió pensar que seguiría igual de «sana y salva» durante seis años, tras cinco de matrimonio. Ningún hombre la había tocado durante ese tiempo. Era virgen, nada menos. Y estaba segura de que a Sasuke le encantaría saberlo. Se estremeció al pensar en la posibilidad de que lo averiguara. Le parecería realmente jocoso.
Haciendo un esfuerzo, Sakura trató de atajar aquellos pensamientos y puso el coche en marcha. ¿Cómo era posible que a Sasuke se le hubiera ocurrido hacerle aquella insultante propuesta? Nada menos que pasar tres meses en su cama como penitencia por haberse casado con otro hombre... Y la absurda forma en que se lo había planteado...
Mientras aparcaba el coche sintió que las sienes volvían a palpitarle dolorosamente y apretó el volante con fuerza. Era demasiado tarde para acudir a casa de su padre. Iría a verlo al día siguiente a primera hora y se aseguraría de que acudiera a consultar a un abogado. Era una crisis y ella sabía enfrentarse a las crisis. Durante años, su vida había pasado de una crisis a otra prácticamente sin interrupciones.
Estaba a punto de llamar a su padre cuando sonó el timbre de la puerta. Miró por la mirilla y enseguida reconoció al hombre que se hallaba en el exterior.
- Hola, doctor Sarutobi - saludó tras abrir la puerta con el ceño fruncido. Sarutobi era un viejo amigo de su padre. Su mujer y él tenían una casa de reposo privada.
- Te he llamado antes, pero no estabas - dijo él.
- ¿Qué sucede? - preguntó Sakura, sintiendo una punzada de ansiedad al ver el gesto preocupado del doctor.
- Tu padre va a pasar un par de días con nosotros, hasta que se recupere...
- ¿Pero por qué...? Supongo que ya sabes lo que ha pasado, ¿pero qué le sucede?
Sarutobi suspiró.
- Kizashi lleva unos meses recibiendo tratamiento para la depresión.
Sakura se puso pálida.
- No me había dicho nada...
- La muerte de tu madre fue un golpe muy duro para él.
Sakura cerró los ojos y gimió. Cuatro meses atrás, recibieron la noticia de la muerte de su madre en un accidente de coche. Desde el día en que se fue hasta el día de su muerte, ni Sakura ni su padre volvieron a ver a Mebuki. Su madre no quiso volver a tener ningún contacto con ellos. Los borró de su vida e inició una nueva vida en el extranjero.
- Pero pareció aceptarlo muy bien - protestó, Sakura con voz temblorosa.
- ¿No pensaste en ningún momento que se lo tomó demasiado bien? - murmuró Sarutobi. Creo que aún tenía la esperanza de que volviera. Pero cuando Mebuki murió, perdió toda esperanza. Entonces fue cuando la depresión se inició y él comenzó a jugar. Y ahora se ha metido en un buen lío...
- Sí - susurró Sakura con lágrimas en los ojos.
- No ha tenido fuerzas para hacer frente a esta situación, Saku - dijo el doctor -. Esta tarde se ha tomado, unas pastillas para dormir...
Sakura dejó escapar un grito ahogado.
- ¿Qué ha hecho?
- Afortunadamente, no tenía demasiadas. Su asistenta lo encontró tumbado en el cuarto de estar y pensó que había sufrido un ataque al corazón.
Sakura se dejó caer en un sillón cercano y agachó la cabeza mientras el doctor seguía hablando.
- Ella fue la que me llamó. Cuando vi las pastillas, me puse en contacto con el médico que trataba a Kizashi y decidimos que la casa de reposo sería una solución mejor que el hospital local.
Sakura quiso agradecer a Sarutobi que hubiera mostrado aquella discreción, pero no logró encontrar su voz.
- Cuando despertó, Kisashi me juró que no había tratado de suicidarse. Dijo que estaba desesperado porque no lograba dejar de pensar en lo sucedido, y al ver que las primeras pastillas no le bastaban para quedarse dormido, tomó algunas más.
- ¿Lo crees?
- Sabré que pensar dentro de unos días, cuando haya hablado más con él - contestó Sarutobi -. Ahora quiero que me digas cómo ponerme en contacto con el tal Uchiha.
- ¿Con Sasuke? - preguntó Sakura, sorprendida.
- ¿Crees que aceptará verme? Quiero explicarle que lo último que necesita Kizashi en estos momentos es una acusación formal.
Sakura apenas podía pensar con claridad, pero su mente no dejaba de repetirle una y otra vez que esa noche podía haber perdido a su padre. Si éste no había podido enfrentarse al primer impacto de lo sucedido, ¿cómo iba a soportar todo lo que quedaba por venir? Se aclaró la garganta y dijo:
- No va a haber ninguna acusación formal. He visto a Sasuke esta tarde y se ha mostrado muy... muy comprensivo...
- ¡No sé mostró muy comprensivo cuando hizo que echaran a tu padre de su despacho!
- Le he explicado la tensión a la que ha estado sometido papá y me ha prometido que no lo llevará a juicio repitió Sakura, retorciendo las manos mientras tomaba una decisión.
- ¿Y el dinero? Supongo que Kizashi no tendrá forma de devolverlo...
- Sasuke está dispuesto a perdonarle la deuda...
- Debe de ser un hombre muy decente - dijo el doctor Sarutobi, moviendo la cabeza -. Supuse que querría escarmentar a tu padre para dar ejemplo a los demás empleados. Desde luego, me alegra saber que voy a poder transmitir la buena noticia a tu padre - añadió, levantándose para salir.
- Iré a visitarlo mañana - dijo Sakura.
El doctor Sarutobi hizo una mueca.
- ¿Te sentirías muy dolida si te aconsejara que le concedieras un par de días para recuperarse?
- No - mintió Sakura.
- Piensa que te ha decepcionado y no creo que quiera que lo veas hasta encontrarse mejor.
- No hay problema - dijo Sakura rígidamente.
- Tiene que enfrentarse a problemas muy graves, Saku. Ha perdido su trabajo y su autoestima.
En cuanto el doctor se fue, Sakura marcó el número del Deangate Hotel y pidió que le pusieran con la suite de Sasuke. Este contestó, con un gruñido de impaciencia.
- Soy yo - dijo Sakura con voz tensa -. He cambiado de opinión.
Se hizo un silencio durante unos largos segundos. Se prolongó mientras Sakura temblaba en su extremo de la línea con una mezcla de temor y desesperación. Tal vez Sasuke nunca había esperado que aceptara su propuesta... tal vez había estado jugando con ella.
- Enviaré el coche a buscarte - no hubo ninguna emoción en su respuesta. Sakura no pudo creer lo que oía.
- ¿Cuándo?
- Ahora.
- ¿Ahora? - repitió ella, incrédula.
- Ahora. He esperado seis años para esto. No quiero esperar una hora más.
- No puedo ir a tu hotel a esta hora de la noche – susurró Sakura.
- ¿Por qué no? - la profunda voz de Sasuke se espesó audiblemente -. No vas a volver a casa... Además, si no vienes, el trato queda cancelado.
- ¡Eso es totalmente irrazonable!
- Pero es lo que quiero - afirmó Sasuke.
- No siempre se puede obtener lo que uno quiere...
- ¿En serio? - preguntó Sasuke, riendo con suavidad, y a continuación colgó el teléfono.
