3 Capítulo
SAKURA tuvo al coche esperando una hora. Hizo el equipaje como si fuera a irse para el fin de semana. En el fondo de su mente, una voz no dejada de repetir: «no es posible que hayas aceptado». Tomó una foto de Sai de la mesilla de noche y la miró tensamente. Fue sacada el día que abrió su estudio fotográfico. Iba vestido de traje, cosa nada habitual en él. Era un hombre de cabello negro y delgado, de estatura media, con suaves ojos negros.
- No me importa... esa clase de cosas no son verdaderamente importantes - dijo Sai con, calma, cuando Sakura le mostró su vergüenza y dolor tras aquella tarde en la que estuvo a punto de compartir la cama con Sasuke Uchiha. - Por supuesto que te perdono.
Sai y su familia se trasladaron a la casa de al lado cuando Sakura tenía diez años y él catorce. Sai era un chico introvertido, sin grandes ambiciones. Su única pasión era la pintura. Era una excepción entre el resto de sus hermanos, todos apasionados por el rugby y los deportes. Y Sakura era una niña solitaria, dolorosamente consciente desde pequeña de que su madre no tenía tiempo para ella ni para su padre.
Sai la oyó llorar en la caseta de las herramientas un día que Sakura volvió del colegio más temprano de lo que era habitual y vio a su madre semidesnuda con un desconocido. Sai saltó la valla y acudió a consolarla. Sakura estaba tan dolida y asombrada por lo que había visto que se lo contó. Él le pasó un brazo por los hombros y la escuchó, ofreciéndole el afecto y el consuelo que buscaba. Le dijo que no debía contarle a su padre ni a nadie lo que había visto. Él también fue muy ingenuo al asumir que la madre de Sakura no había hecho una costumbre de aquella clase de cosas. Sakura no era mucho mayor cuando supo que siempre había otro hombre en la vida de su madre y que su padre simplemente trataba de simular que no sabía nada.
Y también averiguó muy pronto que las aventuras de su madre eran pasto del cotilleo popular. Aquello le produjo un intenso sentimiento de humillación durante su adolescencia. Y a lo largo de ésta, Sai estuvo allí para consolarla. Fue su mejor amigo, su héroe adolescente. Para cuando Sakura cumplió los diecisiete años, ambas familias empezaron a verlos como inseparables. Pero mirando atrás, Sakura recordó que Sai nunca habló de amor, matrimonio o niños con ella; no hasta que su familia y otras personas empezaron a bromear insistentemente sobre cuándo pensaban casarse.
Sai se fue a trabajar a Londres un año. Volvía a casa tan sólo algún que otro fin de semana, y Sakura pensó que lo estaba perdiendo. También se preguntó si alguna vez había sido suyo para perderlo, si Sai estaría tratando de borrar la idea generalizada de que estaban destinados el uno al otro desde su infancia.
Entonces, de pronto, la navidad que Sakura cumplió dieciocho años, Sai le pidió que fuera su novia. A pesar de que insistió en que no debían tener ninguna prisa para casarse, Sakura se sintió en el cielo. No había nada que no pudiera contarle a Sai, nada de lo que no pudieran hablar. Se complementaban en todos los aspectos, no como sus padres, que no se complementaban en ninguno.
Había sido tan inocente... reflexionó ahora, metiendo la foto en la bolsa de viaje. Había estado tan ciega hasta el amargo final... ¿Cuándo se dio cuenta por fin de que cualquier varón medianamente normal habría estallado al enterarse de que su futura esposa había estado a punto de meterse en la cama de otro hombre una semana antes de su boda? Aquella traición debería haberle importado a Sai. Y no debería haberla perdonado con tanta facilidad... Irónicamente, Sakura se sintió mucho más disgustada por lo sucedido que él. Quiso cancelar la boda, pero Sai le rogó que no lo hiciera, diciéndole cuánto la necesitaba. Finalmente Sakura se dejó persuadir...
La limusina se fue acercando al hotel y con cada segundo que pasaba, la tensión fue creciendo en el interior de Sakura.
Cuando entraron en el hotel, el chófer la condujo, directamente al ascensor. El hombre que estaba en aquellos momentos en recepción miró un momento a Sakura, pero no dijo nada. Ésta se ruborizó intensamente al imaginar lo que podría haber pensado. ¿Creería que iba a ofrecer un «servicio» a un cliente? ¿No era cierto que los hoteles ignoraban discretamente aquella clase de idas y venidas?
Un camarero abrió la puerta de la suite de Sasuke. Éste estaba junto a la chimenea, hablando por teléfono en fluido italiano. Al verla, apartó el teléfono un momento y dijo:
- Estaba a punto de cenar sin ti, cara.
La mirada de Sakura cayó sobre una mesa exquisitamente preparada para dos. No había comido desde el desayuno, pero no tenía hambre. El camarero encendió los candelabros, bajó la intensidad de las luces y descorchó el vino.
Sasuke colgó el teléfono y cruzó la habitación en dos largas zancadas. Con manos seguras, deshizo el lazo del cinturón del abrigo de Sakura y lo deslizó de sus tensos hombros como si estuviera desvistiendo a una muñeca.
- Sirva el vino y váyase - le dijo al camarero, apoyando una mano en la espalda de Sakura y conduciéndola a la mesa para que se sentara.
Sakura tomó su vaso con mano temblorosa en cuanto estuvo servido.
- Sólo un vaso - dijo Sasuke en tono irónico -. No me gustaría que me acusaras por segunda vez de haberte emborrachado.
Sakura se ruborizo, sin atreverse a mirarlo a los ojos.
- Me temo que el recepcionista ha pensado que venía a... a ofrecerte mis servicios.
- No creo - dijo Sasuke con voz sedosa. Una buscona de clase nunca vestiría tan mal.
Sakura apretó los dientes.
- No he venido aquí a ser insultada.
- Has venido aquí a aceptar lo que yo decida ofrecerte - replicó Sasuke, deslizando una despectiva mirada por la blusa y la falda de Sakura -. Al ver que te retrasabas he supuesto que te estabas vistiendo para la ocasión...
Sakura rió amargamente.
- ¿Qué ocasión?
- He encargado toda tu comida favorita – así era. Sakura no se había dado cuenta. - Sasuke debía tener una increíble memoria -. Lo recuerdo todo sobre ti - añadió, como si esperara que lo aplaudieran.
- Tenemos que hablar sobre mi padre - dijo Sakura precipitadamente.
- No me has mirado a los ojos ni una vez desde que has entrado en la habitación.
Involuntariamente, Sakura alzó los ojos, y se topó con los de Sasuke, que brillaban de impaciencia. Era evidente que no le estaba dando las respuestas adecuadas.
- Esto no funcionará, si no lo puedes hacer mejor – añadió él secamente.
- No me amenaces - le advirtió Sakura tensa -. Respondo aun peor cuando me amenazan. Y ahora, ¿podemos hablar sobre mi padre?
- Prefiero comer manteniendo una conversación más ligera.
Sakura lo mandó al infierno con la mirada. A continuación, hundió el cuchillo en el paté con repentino apetito. Tomó los dos platos siguientes hablando tan sólo cuando se vio obligada a hacerlo. Si alguno perdió el apetito fue Sasuke, que, finalmente, apartó su plato soltando una imprecación y se levantó.
- Te comportas como una cría caprichosa.
- No es cierto Sasuke - replicó Sakura, comenzando a comer el postre con mucha calma - Querías que viniera y he venido. Querías que comiera y lo estoy haciendo.
- No denunciaré a tu padre - Sasuke habló en un tono totalmente carente de emoción.
- No podrá devolverte el dinero...
- Debe hacerlo - la mandíbula de Sasuke se tensó – Debe devolver el dinero.
- ¿Cómo? – preguntó Sakura amargamente -. No tiene trabajo y no creo que pueda conseguir uno. Y aunque venda todo lo que tiene, aún te deberá dinero.
- Entonces le daré otro trabajo.
Sakura lo miró, sorprendida por aquella inesperada y generosa oferta.
- ¿Dónde?
- Aquí no, desde luego. Necesita empezar de nuevo para esta segunda oportunidad. Déjalo en mis manos – dijo Sasuke, arrastrando la voz -. Le encontraré algo.
- ¿Y el dinero? - insistió Sakura.
- Lo devolverá. Si se siente tan avergonzado como dices, querrá devolverlo. No querrá seguir en deuda conmigo.
- Pero...
- Además - interrumpió Sasuke -, esa oferta de trabajo estará condicionada a que acepte seguir tratamiento para su adicción.
- ¡No es ningún adicto! - exclamó Sakura, saliendo en defensa de su padre.
- Cualquier hombre capaz de jugarse más de lo que tiene es un adicto. Necesita seguir una terapia para poder enfrentarse a la tentación en el futuro. ¿Estás satisfecha ahora? - preguntó Sasuke secamente, haciéndole sospechar a Sakura que le había concedido bastante más de lo que tenía planeado.
Sin embargo, ella esperaba más. Quería que la deuda quedara cancelada, como le había dicho al doctor Sarutobi. Fuera o no irrazonable, quería evitar toda causa de tensión para su padre.
- Me estás consiguiendo muy barata ¿no? - preguntó, arrepintiéndose de inmediato al ver la oscura mirada que le dirigió Sasuke.
- ¿Quieres que firmemos un contrato por los tres meses que vas a compartir mi cama? ¿Con una cláusula especificando lo que cobrarás y otra diciendo que podrás quedarte con toda la ropa y las joyas que te compre? Por mí no hay problema - Sasuke movió una mano, dejando claro que así era -. He oído decir que esa clase de contratos suelen firmarse en Estados Unidos. Pero antes tendrás que decirme qué precio le pondrías a ese perfecto cuerpo tuyo.
- ¡Sabes que no me refería a eso! - exclamó Sakura, furiosa.
- ¿Ah no? - preguntó Sasuke mirándola con gesto despectivo.
- En este momento - murmuró Sakura -, todo lo que quiero saber es qué esperas que haga durante estos tres meses.
Tras unos momentos de tenso silencio, Sasuke se aclaró la garganta y dijo:
- Quiero que simules ser mi prometida - dijo con evidente tensión.
Sakura no pudo ocultar su asombro.
- ¿Porqué?
- Tengo mis motivos - replicó Sasuke con una seriedad que dejó perpleja a Sakura.
- No veo por qué no puedes explicármelo...
- Sólo te diré esto - Sasuke la observó con gesto distante antes de continuar -. Hace años que no mantengo ningún contacto con mi padre y ahora se está muriendo. Deseo pasar una temporada con él, y, para facilitar ese deseo, necesito una prometida que me acompañe a su casa.
Sakura le devolvió la mirada, sintiendo una intensa curiosidad a pesar de sí misma. Supuso que Sasuke pretendía reconciliarse con su padre, ¿pero para qué necesitaba presentarse ante él con una falsa prometida? Sobre todo en aquellas circunstancias...
Frunció el ceño.
- Una vez me dijiste que no tenías familia.
- En el verdadero sentido de la palabra «familia», era cierto. - Mi madre murió cuando yo tenía catorce años. Me enviaron a un internado. Mi padre volvió a casarse y al cabo de una temporada decidió olvidar mi existencia. Él tenía su vida y yo la mía hasta que hace unos años, volvimos a encontrarnos por iniciativa suya... – los fuertes rasgos de Sasuke se ensombrecieron visiblemente -. Lo que sucedió entonces cercenó completamente todo lazo familiar - concluyó con aspereza.
- ¿Qué sucedió? - preguntó Sakura, frustrada al ver que Sasuke no parecía tener intención de continuar.
- Como todas las mujeres, eres incurablemente curiosa - dijo él, sonriendo con sarcasmo -. El conocimiento es un arma poderosa en manos de una mujer calculadora -. No cuento mis intimidades a nadie cara... nunca lo he hecho y nunca lo haré.
Sakura se sintió como si la hubiera pillado espiando.
- Sólo quiero una cosa de ti - continuó él -. Una buena representación. Mi padre no es ningún estúpido. No se le engaña fácilmente.
- No quiero engañar a nadie.
- Por eso tendremos que ser amantes de verdad cuando vayamos. La intimidad, como la química sexual, es algo que puede sentirse - afirmó Sasuke con ronca convicción -. Lo único que simularemos será nuestro amor... y, por supuesto, mi intención de casarme contigo.
Amante... Sakura se puso rígida ante el pensamiento de lo que estaba por llegar. Pero aún sentía curiosidad sobre el motivo por el que Sasuke quería montar aquella farsa. Y entonces, el cinismo le sugirió cuál era. Su padre estaba muriendo, y probablemente era un hombre muy rico. - ¿Habría impuesto alguna condición especial en su testamento para que su hijo heredara? ¿Le habría exigido que se casara? ¿Y sería el frío dinero lo que impulsaba a Sasuke a montar aquella representación?
- Creo que es hora de que nos vayamos a la cama.
Sakura se quedó helada al oír a Sasuke. Éste le tomó una mano, haciéndola levantarse lentamente del asiento.
- Estás temblando... ¿por qué? Has estado casada varios años. No careces de experiencia - los rasgos de se endurecieron claramente al decir aquello.
- ¡Eso no cambia nada!
- Por supuesto que sí - murmuró Sasuke, deslizando un dedo por los botones de la blusa de Sakura y desabrochando el superior, accediendo así al ensombrecido valle entres sus senos -. ¿Fuiste una esposa fiel?
- Cla... claro que lo fui – contestó Sakura, sintiendo que le costaba respirar.
- ¿De verdad? Me cuesta creerlo - murmuró Sasuke mientras desabrochaba el siguiente botón.
- ¿Por qué? – preguntó ella con voz más aguda de lo normal.
- No fuiste fiel a tu marido antes de la boda… ¿por qué ibas a serlo después? Si hubieras sido mi prometida, te habría matado. Desde luego, no habría seguido adelante con el matrimonio.
Sakura sintió que los oídos le zumbaban mientras una mano acariciaba la protuberancia de sus senos. De pronto sintió la cabeza muy ligera y los senos llenos y pesados.
- ¿Le contaste lo que sucedió entre nosotros? - preguntó Sasuke.
- ¡Sí!
- Así que le dijiste toda la verdad. Seguro que no - adivinó Sasuke con cruel diversión -. Dudo que le hicieras un relato detallado... o Sai nunca se habría recuperado.
- ¡No quiero hablar de eso! - exclamó Sakura, temblorosa, apartándose de él al darse cuenta de que tenía la blusa prácticamente abierta -. Nos hemos vuelto a ver hace menos de cinco horas, Sasuke...
- ¿Y que más da? A mí no me importa, desde luego. Hace cuatro horas y media que habría llegado a este punto si no hubieras sido tan testaruda...
- ¡Eso es repugnante!
- Pero cierto... ¿Aún no sabes cómo funciona la mente de los hombres?
Sakura estaba empezando a comprobarlo. Sasuke la miraba sin ocultar su ardiente deseo. Y la carga sexual que una vez mencionó su madre relucía en el ambiente como si hubiera fuegos artificiales. Rodeó la mesa, tratando de sustraerse al poder de aquella mirada.
- Sasuke...por favor...esta noche no... quiero decir - Sakura sacó la punta de su roja lengua para humedecerse el labio inferior -... en realidad no puedes desear realmente hacer...
- Lo deseo - Sasuke se acercó a ella, dejándola perpleja al inclinarse y seguir con su propia lengua el rastro de la de Sakura. Ésta sintió al instante un intenso calor entre sus muslos, una sensación largamente enterrada, pero nunca olvidada. Se echó atrás violentamente, haciendo que una lámpara cayera al suelo.
Sasuke ignoró el accidente y la tomo por el brazo para impedir que se agachara a recoger los trozos rotos.
- ¡Quiero darme un baño! - exclamó ella, desesperada.
- Y supongo que también te gustaría que bajara a fumar, aunque ni siquiera fumo, mientras te preparas para mecerte en la cama como una ruborizada recién casada - dijo Sasuke irónicamente.
- Sí... qué buena idea - replicó Sakura con amargura -. ¡Y Puede que con un poco de suerte encuentres a una prostituta en el bar, porque es evidente que esa es la única clase de mujer que estás acostumbrado a tratar!
Un silencio electrizante cayó entre ambos. Sasuke dejó caer la mano con que la sostenía. Era evidente que las palabras de Sakura lo habían molestado.
- ¿Es así como piensas que te estoy tratando? - dijo entre dientes.
- ¿A ti qué te parece?
- No era esa mi intención - murmuró Sasuke.
La mirada que le dedicó Sakura dejó muy claro que no creía lo que acababa de oír.
- Bajaré añadió Sasuke. Espero no encontrarte borracha cuando vuelva.
- ¿Cómo dices?
- Cary Grant y Doris Day... That Touch of Mink - contestó Sasuke irónicamente. -¿No has visto esa película?
- Me temo que no - admitió Sakura secamente.
- Creo que no hará falta que te compre el vídeo. Tú lo estás haciendo muy bien sola.
Y se fue. Sakura no supo muy bien cómo lo había logrado. Reprimiendo un bostezo entró en el dormitorio. Sacó de su bolsa de viaje lo necesario y fue al baño sin mirar una sola vez la cama.
Era evidente que Sasuke se sentía atraído por ella, pero no lograba comprender por qué. A fin de cuentas, sus experiencias con otras mujeres tenían que haber sido más satisfactorias y completas que las que tuvo con ella. Pero estaba claro que deseaba tenerla en su cama cuanto antes.
Tras ponerse un largo camisón de algodón, salió del baño y se metió en la gran cama. Sus ojos se llenaron de lágrimas cuando apoyó el rostro sobre la almohada. Todo aquello era una absurda farsa. Sasuke asumía que ella no carecía de experiencia en la cama tras cinco años de matrimonio... Un doloroso gemido escapó de la garganta de Sakura. Seis años atrás creía sinceramente que su apetencia sexual era prácticamente nula. Sai siempre se había limitado a darle unos castos besos. Nunca le había pedido más. Y Sakura decidió que en ese terreno encajaban tan bien como en los demás. El sexo no jugó un papel importante en sus vidas antes de su matrimonio. Y ella se sintió orgullosa de aquel hecho, convencida de que los lazos que la unían a Sai eran más sólidos que los que surgían entre las parejas en el calor de la pasión. Le asustó mucho descubrir que podía resultar tan atractiva a los ojos de un hombre como Sasuke. No supo cómo interpretarlo. Fue una experiencia totalmente nueva conocer a un hombre que no podía quitarle los ojos de encima, que utilizaba cualquier excusa para tocarla y que lograba ruborizarla sólo con mirarla.
Sí... Sasuke la deseó. Fue Sai el que nunca la deseó. En su noche de boda, se emborrachó, y siguió borracho durante toda la luna de miel en el Caribe, sin consumar el matrimonio.
Sakura pasó por un infierno interpretando la falta de interés de Sai y sus borracheras como un castigo por su vergonzoso comportamiento con Sasuke. El sentimiento de culpabilidad la mortificó noche tras noche. Pensó que estaba recibiendo exactamente lo que merecía y que le había hecho tanto daño a Sai que éste ni siquiera se sentía capaz de tocarla.
¿Con quién podía haber hablado de algo así? Sai se negó a hacerlo, enterrándose totalmente en sí mismo cada vez que Sakura lo intentaba. Su mejor amigo dejó de serlo y se transformó en un lejano desconocido. Tuvo que pasar mucho tiempo para que Sakura se diera cuenta de que Sai no la quería como un hombre quería a una mujer y que, si ella aceptaba, estaba dispuesto a vivir un matrimonio fingido y a volver a ser su mejor amigo.
Se quedó dormida preguntándose cuánto tiempo seguiría Sasuke abajo y si ya se habría arrepentido de su acuerdo con ella. A pesar de todo, durmió profundamente, pues estaba exhausta.
Y, cuando subió, Sasuke sonrió apreciativamente al verla.
