Capítulo 4

SAKURA despertó de un largo y relajado sueño. Al abrir los ojos vio a Sasuke a escasos centímetros de ella. La miraba burlonamente con sus oscuros ojos ónix.

- Hasta ahora, ninguna mujer se había dormido esperándome. Podrías resultar muy perniciosa para mi ego.

Sakura se sentó con una sonrisa falsamente brillante y miró su reloj.

- ¿Ya es tan tarde? - preguntó -. ¿Por qué no me has despertado?

Sasuke le dedicó una sonrisa genuinamente divertida que transformó sus poderosos rasgos. Alargó una mano y la deslizó por el cabello de Sakura antes de que ella pudiera apartar la cabeza.

- No te preocupes por la hora - dijo con suavidad -. Ayer superaste con creces a Doris Day. Te libraste de mí con total maestría. Salí de aquí sintiéndome una mezcla de adolescente patoso y un completo miserable - deslizó la mano a la mejilla de Sakura, mirando con intensidad sus ojos jade -. Y luego te metiste en la cama y te quedaste profundamente dormida. Cuando duermes con el pelo suelto sobre la almohada no pareces tener más de dieciséis años. Y también parece que nunca te hubiera tocado un hombre... - su profunda voz se volvió más ronca al decir aquello -...como si fueras una princesa de cuento. El día que nos conocimos, eso fue lo que pensé al verte tumbada en el suelo con tu vestido de verano. Entonces abriste los ojos y vi que eran del color de los pensamientos tras la lluvia. - ¡Dios santo! Nunca había deseado a una mujer como te deseé a ti en esos momentos.

La grave y espesa voz de Sasuke tenía una hipnótica cualidad que hizo que Sakura se estremeciera. Sentía la calidez de su mano en su mejilla y bajó la vista para ocultar su turbación.

- Hasta entonces tampoco había tenido que luchar nunca por una mujer... pero me gustan los retos, y tú te convertiste en un auténtico reto con tus frías sonrisas, y tus heladas miradas continuó Sasuke. Yo sabía que esa no era la verdadera Sakura. Sólo era una representación...

- ¡No¡ - protestó Sakura -. Viste algo que no era real, una mujer que creaste con tu mente, que sólo existía en tu imaginación.

- Existió aquí, en mi cama. Nació a la vida entre mis brazos. Apasionada, valiente e irresistible. Y quiero volver a recuperarla.

Sakura trató de apartar la cabeza, pero Sasuke se lo impidió.

- Eres muy testaruda - dijo, sujetándola por el pelo.

- ¡Y tú eres un egoísta que sólo sabe pensar en sí mismo! No pienso darte lo que quieres. Representaré el papel de tu prometida, pero la representación termina en la puerta del dormitorio - replicó Sakura furiosa.

- Ni lo sueñes - dijo, Sasuke sucintamente.

- ¿Quieres tu ración de carne? - preguntó ella vehementemente -. ¡De acuerdo, tómala! - liberándose de la mano de Sasuke en su pelo, volvió a tumbarse en la cama y añadió: - ¿Y bien? ¿A qué estás esperando?

Se puso tensa al ver que la oscura cabeza de Sasuke descendía hacia ella, con los ojos brillantes de desafío. Si su idea de la diversión era hacer el amor con un cuerpo inanimado, que lo hiciera.

Sasuke tomó su boca en una explosión de silencioso calor, bloqueando con su cabeza la luz, apoyando con firmeza las manos sobre los hombros de Sakura. El calor recorrió el cuerpo de ésta como una descarga eléctrica. Aferró a Sasuke por los brazos frenéticamente, tratando de apartarlo, pero él no la soltó.

Una rica y creciente oscuridad empezó a formarse tras los párpados cerrados de Sakura. Al darse cuenta de lo que era, luchó con todas sus fuerzas para alejar las sensaciones que Sasuke estaba despertando en ella.

Pero su traicionero cuerpo fue en busca de aquellas sensaciones. Sus pezones se endurecieron, sus muslos temblaron y todo su cuerpo se estremeció de anticipación. La excitación fue creciendo en espiral mientras Sasuke penetraba con su lengua en el húmedo interior de su boca. Sakura entrelazó los dedos en su pelo y le devolvió el beso, apasionada y salvajemente, retorciéndose debajo de él.

Unas ásperas manos deslizaron el camisón hacia bajo por sur brazos, aprisionándola, y Sakura no pudo soportarlo, luchando por liberar sus manos de las mangas. Pero en cuanto lo logró, Sasuke la sujetó por las muñecas, sujetándolas contra la cama por encima de su cabeza.

La punta de su lengua se deslizó sobre uno de los erectos pezones y un torturado gemido de placer escapó involuntariamente de la garganta de Sakura. Los labios de Sasuke rodearon lentamente el pezón y ella echó atrás la cabeza, apretando los dientes.

- ¡No! - gimió.

- Sí - dijo Sasuke con voz densa, explorando la orgullosa protuberancia de oscura carne con su boca, lengua y dientes hasta que Sakura perdió todo el control y sólo deseó que continuara.

Entonces, él le soltó las manos y le quitó el camisón de un solo movimiento. Unos dedos largos y firmes acariciaron sus tiernos senos, jugando con la sensibilidad que Sasuke había despertado en ellos, y un largo y creciente gemido de frustración escapó de la garganta de Sakura.

- Por favor... - jadeó, ajena a todo lo que no fueran las inmediatas exigencias de su palpitante cuerpo.

- ¿Me estás rogando? - susurró Sasuke en tono aterciopelado junto a su oído.

- Sasuke... - dijo Sakura, temblando bajo sus manos.

- Dime - la carnosa boca de Sasuke encontró un punto increíblemente sensible bajo la pequeña oreja de Sakura, provocándole un ardiente deseo que se manifestó casi con violencia entre sus muslos.

- ¡No pares! - Sakura apenas reconoció aquella voz como suya.

Y, de pronto, Sasuke la soltó. Apoyándose contra el respaldo de la cama, la observó con ojos calculadores. Totalmente desorientada Sakura le devolvió la mirada sin comprender nada, excepto la dolorosa excitación de su cuerpo.

- No te atrevas a volver a decirme que no me deseas - murmuró Sasuke con suavidad, contemplándola con frío desapego -. Puedo hacer que me desees. Eres una mujer muy sensual. Fuiste creada para la pasión...

Sakura comprendió demasiado tarde, y, con gesto mortificado, cubrió con la sábana su desnudez.

- No... - dijo, aturdida por la crueldad de Sasuke.

- Sí. Hace seis años podía hacerte arder sólo con mirarte...

- ¡Eso es mentira!

- Te ruborizabas, tus ojos parecían echar fuego y te retorcías en el asiento como una gata. Me deseabas... pero no querías admitirlo - dijo Sasuke con fiereza.

Perpleja, Sakura enterró el rostro en la almohada. - Al principio, pensé que todo era cierto. Parecías tan inocente, tan inmaculada. Supe que eras virgen...

- ¡Basta ya!

- Pero entonces llegó esa tarde en esta misma cama... Si no hubiera sido por el ruido que oímos en la habitación contigua, te habría poseído sin que hubieras opuesto la más mínima resistencia. ¡Después de eso, eras mía!

- ¡No es cierto! - exclamó Sakura atormentada por el recuerdo.

- Ninguna mujer, con o sin experiencia, responde así a un hombre y se casa a la siguiente semana con otro, insistiendo en que lo ama locamente. Al menos, ninguna mujer decente...

- ¡Cállate ya, Sasuke! - gritó Sakura, dejando escapar a la vez un gemido.

Inicialmente quiso hablar con Sai para decirle que no podían casarse. Esperaba que, confesándolo todo, Sai se ofendiera y comprendiera que no podían seguir adelante. En lugar de ello le preguntó si amaba a Sasuke. Y, con total convicción, ella le dijo que no. Las emociones que Sasuke despertaba en ella nada tenían que ver con el amor. Lo único que veía era lujuria y egoísmo y eso la asustaba, pues había crecido viendo a su madre demostrando aquellas habilidades y lo último que quería era parecerse a ella. Lo que Sasuke le hizo sentir la dejó petrificada. Y la oferta de amor incondicional de Sai pareció un santuario seguro. En aquellos momentos, se sintió desesperada y humildemente agradecida a su lealtad, sus ruegos y afirmaciones de que la necesitaba...

Unos firmes dedos se cerraron repentinamente en torno a su muñeca, haciéndola alzar la cabeza. Sin darle tiempo a reaccionar, Sasuke quitó la alianza y la arrojó al suelo.

- No necesitas eso estando en mi cama. Además, Sai nunca significó demasiado para ti ¿verdad, cara?

- ¿Por qué tienes que ser tan cruel?

- ¡Porque no puedo olvidarte con tu virginal vestido blanco caminando por el pasillo de la iglesia para casarte con otro hombre! - replicó Sasuke con rabia.

- ¿Y por qué te molestó eso? ¡Nunca tuviste intención de casarte conmigo!

- Y eso te dolió, ¿verdad? - preguntó Sasuke mordazmente.

- ¡Te odiaba! ¿Cómo iba a molestarme? - ¡Y, desde luego, no tenía intención de convertirme en tu muñequita de compañía!

Sasuke le dijo que la «cuidaría». Que podría tener todo lo que deseara. Pero que, desafortunadamente, no le interesaba el matrimonio ni los compromisos serios, porque nunca duraban para siempre. Pero le prometió que lo pasaría muy bien mientras durara. Nunca la amó, ni se preocupó por ella... ni siquiera la respetó. Ella sólo era una estúpida chica de una pequeña ciudad que había estado a punto de caer en sus garras.

Sasuke se levantó dando la conversación por terminada al dirigirse al baño. Sakura oyó como corría el agua de la ducha, sintiendo como poco a poco remitía el deseo de su insatisfecho cuerpo. Ahora sabía con certeza que seguía siendo tan vulnerable como había temido. Y, tuvo que reconocer con amargura que Sasuke había demostrado su punto de vista. Lo deseaba, probablemente tanto como un adicto necesitaba la droga, sabiendo que era peligrosa y destructiva, pero sintiéndose capaz de hacer cualquier cosa por obtenerla. Y, si era posible, lo odiaba aún más por haberla obligado a asumir aquella verdad. Los tres meses siguientes iban a ser un infierno. Un ejercicio de constante humillación.

Media hora después, tras llamar al doctor Sarutobi y averiguar que su padre había pasado una buena noche, Sakura se reunió con Sasuke para desayunar. Mientras caminaba hacia él por la habitación, vestida con unos pantalones holgados y una larga blusa verde, fue furiosamente consciente de la crítica mirada que le dirigió.

- Hoy vamos a Londres a comprarte un nuevo vestuario y un anillo - dijo Sasuke en tono tajante. -El jueves volaremos al Caribe.

- ¿Al Caribe? - repitió Sakura, perdiendo parte de la frialdad que trataba de mostrar. -¿Vive allí tu padre?

Sasuke ignoró su pregunta.

- Eso te da tres días para que resuelvas los asuntos que tengas pendientes aquí.

- ¿Y mi trabajo? - dijo Sakura de repente.

- ¿Trabajas? - preguntó Sasuke, alzando una ceja.

- Soy secretaria. Ahora estoy de vacaciones porque mi jefe también lo está. Pero no creo que esté dispuesto a concederme tres meses...

- Dile que has encontrado un empleo más interesante.

- No te importa nada que pierda mi trabajo, ¿verdad? - dijo Sakura, dolida.

Sasuke la miró con gesto impasible.

- Cuando esto termine, podrás elegir un nuevo puesto en cualquiera de mis empresas.

La completa falta de emoción con que dijo aquello dejó helada a Sakura.

- No, gracias - replicó secamente. Nunca estaré tan desesperada.

El teléfono sonó y Sasuke se levantó rápidamente.

A pesar de sí misma, Sakura lo siguió con la vista. Llevaba un traje gris de corte italiano que le quedaba como un guante, haciendo resaltar sus anchos y musculosos hombros.

« ¿Pero que estoy haciendo?», se preguntó Sakura, cerrando brevemente los ojos y despreciándose a sí misma. « ¿Qué estoy haciendo?» Era como si Sasuke hubiera conjurado el lado oscuro de su carácter y éste estuviera tomando el control de su personalidad. Su mente se llenó de inquietantes recuerdos de lo sucedido hacía menos de una hora, haciendo que la piel le ardiera. Se sirvió café con mano temblorosa, mortificada por su falta de disciplina mental. Ya era hora de que empezara a controlarse, ¿pero cómo iba a lograrlo en aquellas circunstancias?

Un camarero cargado de paquetes acompañó a Sakura hasta el dormitorio. Tras dejarlos sobre la cama, se ofreció a ayudarla a abrirlos. Sakura se lo agradeció pero le dijo que podía irse. En cuanto salió, cerró con llave la puerta del dormitorio.

Ir de compras con Sasuke Uchiha había resultado una actividad auténticamente embarazosa. Había hecho que la trajeran y la llevaran de un lado a otro, haciéndole probarse los vestidos que le gustaban a él y obligándola a desfilar con ellos como si fuera una concubina.

El anillo de compromiso tenía un diamante de tal tamaño que le pesaba en la mano. También le compró unos pendientes a juego y un delicado reloj de oro que debió costarle una fortuna.

- ¿Qué te parecería una cadena para el tobillo? - preguntó Sakura, pretendiendo mostrarse sarcástica.

Pero, al parecer, a Sasuke la idea le pareció estimulante. Sus ojos brillaron mientras la miraba y su expresiva boca se curvó sensualmente.

- Creo que eso lo compraré por mi cuenta - murmuró con voz aterciopelada.

Era peligroso mostrarse sarcástica con Sasuke.

Esta noche cenaremos fuera - dijo cuándo la limusina, los dejó en su apartamento de Londres.

Una hora y media después, Sakura se miró con desprecio en el espejo. El ceñido vestido azul zafiro que llevaba puesto delataba cada una de sus respiraciones, por no hablar de sus curvas. Era un vestido hecho para hacerse notar y Sakura nunca había sentido aquella necesidad.

«Pero estás interpretando un papel», se recordó. Y, tal vez, si lograba demostrarle a Sasuke que podía interpretarlo bien, éste se sentiría menos impulsado a llevársela a la cama.

Pero se desanimó de inmediato al recordar lo insistente que fue su persecución seis años atrás.

Al día siguiente del accidente se empeñó en llevarla personalmente de la clínica a casa. Ya había avisado a sus padres sin que ella lo supiera. Su padre recibió a Sasuke como si éste la hubiera salvado de las garras de la muerte, y la habitual expresión de aburrimiento de su madre se evaporó en cuanto lo vio.

Sasuke se quedó a comer. Kizashi y él hablaron de negocios, y cuando Mebuki hizo una rápida referencia a la boda de su hija, Sasuke sonrió.

- Sakura es muy joven para casarse - dijo.

- Demasiado... - asintió Mebuki, sin molestarse en ocultar la poca estima en que tenía a Sai Ueda.

Más tarde, Mebuki fue a la habitación de su hija.

- Vaya, vaya, vaya - dijo burlonamente -. Así que te has buscado un millonario.

- ¡No me he buscado nada! – replicó Sakura con desagrado.

- A veces pienso que me entregaron el bebé equivocado en el hospital - dijo Mebuki Haruno, haciendo una mueca. – ¿Pero qué te pasa?

- Lo único que me pasa es que no me gusta.

- Qué lástima. Lo he invitado a unirse al resto de nuestros invitados el próximo fin de semana.

- ¡Mamá!

- Sasuke está forrado, cariño. Puede que decida invertir en la empresa si jugamos bien nuestras cartas. Así que sé amable con él, al menos por tu padre. Para mí es evidente que lo único que le interesa realmente a Sasuke Uchiha eres tú.

Llegaron flores para Sakura a diario durante la siguiente semana, y cada ramo iba acompañado de una tarjeta en la que simplemente aparecía la inicial S. Después, Sasuke llamó para invitarla a cenar. Sakura se negó y Sasuke rió. La siguiente tarde, Sakura se encontró sonriéndole glacialmente desde un lado de la mesa, con sus padres sentados a cada lado de ésta mientras Sasuke les devolvía su hospitalidad en el Deangate.

Sasuke había entrado en sus vidas con espectacular eficiencia y velocidad, ofreciendo a Kizashi contactos y consejos para su empresa y halagándolo con su interés. Mebuki riñó seriamente a Sakura cuando ésta intentó convencer a su padre de que Sasuke Uchiha era un contacto que no le convenía.

- ¡Si la empresa va a la quiebra, será por tu culpa! - exclamó, furiosa -. Sasuke podría ayudarnos... ¡Pero no lo hará si lo ofendes!

Sakura se llevó una desagradable sorpresa al saber que la empresa familiar pasaba por serias dificultades.

Y la idea de que Sasuke Uchiha tuviera el poder de hacer y deshacer en Haruno la horrorizó.

- Sabe cuatro veces más de lo que yo sabía a su edad - dijo Kizashi cuando Sakura trató de advertirlo sobre Sasuke. -Y ya me ha puesto en contacto con un par de personas muy útiles.

Sasuke se volvió un visitante asiduo en la casa de Sakura. ¿Fue ella alguna vez lo suficientemente inocente como para creer que su único interés era invertir en Haruno? Sí, lo fue.

- Yo puedo ayudar a tu padre... - dijo Sasuke con voz sedosa una noche que se presentó cuando Sakura estaba sola en casa. Quítate ese anillo de compromiso y podrás comprobar lo generoso que soy.

- No estoy en venta, Sasuke y mi compromiso con Sai no es algo con lo que piense negociar - explicó ella, tratando de contener su rabia.

Sasuke le pasó una mano por la cintura y la atrajo hacia sí.

- ¿En serio? - preguntó mirándola enfurecido. -Ya sabes cuánto te deseo...

- ¡Porque no puedes tenerme! – replicó Sakura, luchando por liberarse de la inquietante proximidad del esbelto y fuerte cuerpo de Sasuke. -Ese es el único motivo por el que dices que me deseas, ¿verdad? ¡Tú ego no puede soportar que no me muestre interesada!

- Pero sí estás interesada - dijo Sasuke, casi divertido. -¿De verdad crees que no sé cuándo me desea una mujer, cara?

- ¡Quiero a Sai!

- Sai te trata como si fueras su hermanita...

- Eso no es cierto...

- Entonces dime cuando te besó así por última vez... - y antes de que Sakura pudiera impedirlo, Sasuke presionó sus labios contra los de ella, haciéndola sentirse como si la hubiera golpeado un rayo.

Sakura volvió al presente, y se encontró con los dedos tocándose temblorosamente los labios. Ahora veía con más claridad que entonces. Al igual que, irónicamente, Sasuke vio con más claridad entonces. Él intuyó la falta de atracción sexual entre Sai y ella. Pero Sasuke malinterpretó cínicamente aquel comportamiento. Creyó que ella estaba utilizando a Sai, como un arma contra él, utilizando su cercana boda para presionarlo y obligarlo a ofrecerle más. A cambio, Sasuke utilizó la empresa Haruno para equilibrar la ecuación.

Sakura descolgó el teléfono y llamó al doctor Sarutobi para preguntar por su padre. Sintió un gran alivio al saber que éste insistía en que no había tenido intención de hacerse daño y que, a pesar de todo, se sentía muy aliviado al saber que no iban a presentarse cargos contra él.

Sakura se reunió con Sasuke en el recibidor. Suponiendo que éste querría que llevara el pelo suelto, a tono con los llamativos vestidos que le había comprado, Sakura había renunciado a su habitual moño. Él la miro de arriba abajo unos interminables momentos. Finalmente, asintió complacido y salieron del apartamento.

Sasuke la llevó a un restaurante de moda. Cuando entraron, varias cabezas se volvieron discretamente hacia ellos y se oyó un ligero murmullo. Mientras estudiaba el menú, Sakura se sorprendió vagamente al comprobar que tenía hambre.

- ¿No crees que ya es hora de que me cuentes algo sobre tu padre? - preguntó.

- ¿Por dónde quieres que empiece? - el seco tono de voz de Sasuke no fue nada alentador.

- No podré hacer una buena interpretación sin tener la información necesaria. Dijiste que estaba muriendo...

- Tiene un problema de corazón. En la actualidad se halla en una silla de ruedas.

- ¿Los médicos no pueden hacer nada por él?

- La última operación falló, y no está lo suficientemente fuerte como para soportar otra - dijo Sasuke fríamente

Sakura tragó saliva.

- ¿Sigue viva su esposa?

Inesperadamente, Sasuke rió, pero el sonido de su risa fue curiosamente sarcástico.

- Muy viva. Kazue es bastante más joven que mi padre - su atractiva boca se endureció, añadiendo una inquietante seriedad a sus oscuros rasgos -. Es su cuarta esposa.

- ¿Su cuarta esposa? - repitió Sakura débilmente, sin poder evitarlo. -¿Tienes hermanos y hermanas?

- Una hermanastra, mucho mayor que yo, nacida de su primer matrimonio. También tenía un hermanastro, pero murió ahogado en un accidente hace varios años - dijo Sasuke, sin aparente emoción.

- Lo siento.

- No lo sientas. Era mucho mayor que yo y apenas lo conocí.

Sakura permaneció en silencio. Sasuke estaba describiendo un árbol familiar imposiblemente fragmentado y totalmente ajeno a ella.

- Mi hermana Mayoko, vive con mi padre. Nunca se ha casado. Viven en una pequeña isleta en Turks, Caicos Islands.

- ¿Naciste allí?

- Nací en Grecia. Tras la muerte de mi madre, me enviaron a estudiar en Italia.

- ¿Por qué tan lejos?

- Mi madrastra no me gustaba más de lo que yo le gustaba a ella – dijo Sasuke secamente.

Una alta y esbelta morena de ojos oscuros se acercó a su mesa en aquel momento. Ignorando a Sakura, se dirigió a Sasuke en italiano. Al parecer, la respuesta de éste no fue del agrado de la mujer. Sus mejillas se ruborizaron y abrió los ojos desmedidamente. Lanzó a Sakura una mirada cargada de desprecio, pero también eran evidentes en ella el dolor y los celos. Tras encogerse de hombros, volvió a su mesa.

- ¿Y quién era ésa? - preguntó Sakura sin poder evitarlo.

- Nadie que deba preocuparte - dijo Sasuke despectivamente.

Sakura pudo sentir los ojos de la morena clavados en su perfil. Incómoda con la sensación, se concentró en su comida.

Sintió claustrofobia en la limusina.

- ¿Quién era esa mujer? - se oyó preguntar de nuevo cuando regresaron al apartamento. Por algún motivo que no lograba explicarse no conseguía pensar en otra cosa.

- ¿Celosa cara? - preguntó Sasuke, dedicándole una burlona sonrisa.

Ella lo miro con gesto incrédulo.

- ¿Celosa yo? ¿Estás loco? Antes de que pudiera apartarse, Sasuke la rodeó por los hombros con sus brazos y la miró al rostro con sus ojos de color negro.

- Eres tú la que está loca - murmuró roncamente -. Nunca he deseado a una mujer como te deseo a ti.

Sakura se quedó momentáneamente sin respiración. - ¿Lucharías por mí como yo lo haría por ti? - preguntó Sasuke en el mismo tono de intimidad -. Debí secuestrarte hace seis años...

- ¡Bas... basta, Sasuke! - dijo Sakura, percibiendo la amenaza latente en su actitud.

Sorprendiéndola, Sasuke deslizó las manos hasta su cintura y la alzó en brazos. En el mismo instante, cubrió los labios de Sakura con los suyos casi como si fuera a devorarla. Ella sintió la incontenible respuesta de su cuerpo y luchó contra ella con todas sus fuerzas.

Sasuke entró con ella en el dormitorio y, la dejó en la cama, sobre la que caía la luz de la luna.

- No quiero esto, Sasuke - protestó Sakura tensamente -. No es suficiente para mí.

Él se quitó la chaqueta y la corbata y fue asentarse junto a ella.

- ¿Qué sería suficiente? - preguntó con aspereza, y antes de que Sakura pudiera apartarse, la sujetó por las manos, aprisionándola.

- ¿Qué tenía él que yo no tengo? ¿Qué podía darte que yo no te doy?

Aturdida por la evidente rabia que había provocado, Sakura lo miró a los ojos.

- No me refería a eso. No podrías comprender...

- ¡Entonces trata de hacerme comprender! - replicó Sasuke. - ¿Era mejor amante que yo?

Desgarrada por un dolor que nunca había compartido con otro ser humano, Sakura giró la cabeza a un lado, tratando de evitar la incisiva y brillante mirada de Sasuke.

- Sasuke…

- Quiero saber - insistió él, tomándola por la barbilla y haciéndola volver el rostro. ¡Así que cuéntame de una vez qué tenía Sai de especial!

- No quiero hablar de él - dijo Sakura con lágrimas en os ojos.

- Pero yo quiero que hables. Te ofrecí todo lo que tenía y me rechazaste - replicó Sasuke con rabia -. Y sin embargo me deseabas...

- ¡No!

- Sí - murmuró Sasuke con una voz que casi fue un gruñido.

- ¡Desear no es suficiente! - gritó repentinamente Sakura.

- Pero sin el deseo no hay nada - indicó Sasuke con devastadora simplicidad.

Y la realidad de aquella afirmación, fue como un cuchillo clavado en las entrañas de Sakura.

- No llores... - Sasuke deslizó una mano por la húmeda mejilla de Sakura y ella giró involuntariamente la cabeza hacia su cálido consuelo.

La conciencia de que no podía contener sus impulsos físicos estando tan cerca de él sólo sirvió para acrecentar su tormento. Era digna hija de su madre, le dijo una vocecita en su interior, haciéndola sentir una intensa vergüenza. Sasuke le había pasado una mano bajo la espalda para alzarla y los dedos le rozaron involuntariamente su ancho pecho. De inmediato percibió el calor de su carne bajo su camisa de seda.

Sasuke tembló, y por algún motivo, Sakura deseó volver a provocarle el mismo murmuró algo contra su pelo y ella dejó la mano donde estaba, escuchando cómo se aceleraba su respiración y el clamoroso latido de su corazón contra la palma de su mano.

El ambiente era explosivo. Sakura extendió y contrajo los dedos sobre el pecho de Sasuke y de pronto, éste gimió, provocándole una repentina descarga de excitación.

- ¡Maldición! - murmuró Sasuke espesamente, volviendo a apoyarla sobre la cama. -¡Contigo tengo menos control que un adolescente!

Sasuke estaba temblando en el círculo de sus brazos. ¿Cuándo lo había rodeado con ellos? No parecía importante. Lentamente, locamente, Sakura experimentó una extraordinaria sensación de poder. Un momento después, aquella sensación desapareció ante el ardiente asalto de la hambrienta boca de Sasuke. El cuerpo de Sakura empezó a palpitar de vida, y todo pensamiento racional la abandonó durante un tiempo incontable.

El aroma de Sasuke era tan dolorosamente familiar que era un afrodisíaco. Su camisa estaba entreabierta y Sakura encontró la suave y morena piel de su hombro con su lengua. Sasuke se estremeció contra ella, pecho contra senos, muslo contra muslo, en una incontrolable explosión de excitación. De pronto, se alzó sobre ella y le arrancó violentamente el vestido. Sakura oyó cómo se desgarraba. No le importó nada.

Con un ronco gemido de placer, Sasuke se inclinó sobre sus senos desnudos, acariciándolos, tocándola por todo el cuerpo. Sakura cerró los ojos, arqueó su esbelta garganta y se perdió en un mundo de sensaciones más poderosas y primitivas que nada que hubiera experimentado nunca.

Deslizó las manos por su espalda, deseando tocarlo en todas partes a la vez, ardiendo por explorar su cuerpo con tanta intimidad como él estaba explorando el suyo.

Clavó sus uñas contra su camisa y Sasuke gimió contra su boca, mordiéndola eróticamente en los labios como castigo. Con manos impacientes, Sakura tiró de la camisa de Sasuke para acariciar la carne que tanto anhelaba. Cuando él encontró con su mano el húmedo y anhelante ardor que palpitaba entre sus piernas, Sakura dejó escapar un salvaje grito. La primitiva necesidad que la tenía controlada le hacía sentirse más cercana a la agonía que el éxtasis.

- Eres mía... - murmuró Sasuke -. De ahora en adelante eres mía.

Sakura abrió los ojos y se topó con la oscura mirada de Sasuke, impenetrable a la luz de la luna. Notó que la boca se le secaba a la vez que recuperaba la cordura y sus músculos se tensaban en repentino rechazo. Entonces, Sasuke inició una lenta caricia entre sus piernas, volviendo a provocarle un loco deseo.

De pronto, se oyó un molesto sonido al fondo. Sakura trató de ignorarlo, pero, al cabo de un momento, Sasuke empezó a ponerse tenso. Alzó la cabeza bruscamente y maldijo entre dientes. Un segundo después, se levantó y fue a contestar al teléfono.

Sakura tardó unos segundos en darse cuenta de que estaba hablando rápidamente en italiano. De pronto, apartó a un lado el teléfono, pálido, y salió de la habitación.

Sakura aún estaba aturdida por la pasión, pero al ver que Sasuke salía, se irguió en la cama. ¿Habría recibido malas noticias sobre su padre? Confundida, asumió su completa desnudez y salió de la cama para ponerse una bata. Quería estar con Sasuke, ofrecerle consuelo. En el instante en que reconoció aquella necesidad en su interior, cayó sentada en el borde de la cama y se cubrió el rostro con manos temblorosas.

¿Qué le estaba pasando? ¿Qué sucedía dentro de su cabeza? Durante seis años, se había dicho que odiaba a aquel hombre; sin embargo, hacía un segundo había sentido el impulso de acudir a su lado para ofrecerle su incondicional apoyo. Temerosa, trató de racionalizar sus sentimientos.

Habían pasado tantas cosas en tan poco tiempo, se dijo débilmente. Aquella situación la había sometido a mucha tensión. Además, estaba avergonzada ante la evidencia de que no podía resistir la abierta sexualidad de Sasuke. No era extraño que sintiera una gran confusión de emociones. Estaba descubriendo cosas que la mayoría de las mujeres ya sabían cuando salían de la adolescencia. El deseo no era el amor, pero, tal vez, su puritano interior quería que se comportara como si lo fuera. ¿Qué le estaba pasando?

No sabía cuánto tiempo llevaba allí sentada cuando alzó la mirada y vio a Sasuke en el umbral de la puerta. Estaba quieto y silencioso como una estatua.

Sakura tragó con esfuerzo, asustada por su actitud. - ¿Qué sucede?

Sasuke soltó el aliento en un audible siseo.

- ¿Por qué no me has dicho que tu padre estaba en una casa de reposo? - preguntó.

- ¿Cómo te has enterado? - preguntó Sakura, irguiéndose, desconcertada.

- Mi abogado, Hyuga, ha tratado de ponerse en contacto con él esta tarde. Ha llamado para avisarme y acabo de hablar con el doctor Sarutobi por teléfono.

Sakura se puso intensamente pálida.

- ¿Por qué no me lo habías dicho? - rugió Sasuke en tono acusador -. ¿Por qué no me habías dicho que se encontraba en un estado psíquicamente inestable?

Sakura se sintió aturdida por la furia de Sasuke. - No pensé...

- ¿Qué pensaste? ¿Qué me daría lo mismo? - el enfado de Sasuke era tan intenso que apenas pudo vocalizar su pregunta -. ¿Es eso lo que piensas de mí? ¿Crees de verdad que me resultaría indiferente haber conducido a un hombre al suicidio?

Sakura tembló. Expresado de aquella manera, sonaba espantoso.

- Sólo pensé que no lo consideradas... relevante. - Relevante - repitió Sasuke con visible dificultad. - Mi padre insiste en que no trató de hacerse daño - protestó Sakura débilmente. Sasuke la estaba mirando como si nunca la hubiera visto hasta entonces. Y era evidente que no le gustaba lo que veía.

- Anoche no trataste de decirme en ningún momento que tu padre se hallaba en esa situación... ¡no mencionaste en ningún momento que existiera ese peligro! - exclamó Sasuke, incrédulo.

- No creí que te importara.

Sasuke se puso pálido y apretó los puños con fuerza.

- ¿Cómo te atreves a decir que creíste que no me importaría? ¡Y pensar que estaba a punto de hacerte el amor! ¿Qué he hecho para que me tengas en tan bajo concepto?

Sakura agachó la cabeza, repentinamente confundida y avergonzada. Era evidente que Sasuke estaba totalmente horrorizado por lo que había averiguado.

- Yo... yo...

- Si hubiera sabido cuál era el estado de tu padre, habría hecho todo lo posible para aliviar su tensión. Todo - recalcó mirando a Sakura con fría intensidad -. ¿De verdad creías que mi deseo por ti era más importante para mí que la vida de un hombre? ¿O incluso el más mínimo riesgo de que se quitara la vida?

- No... - dijo Sakura, temblorosa.

Sasuke la miró con despreció.

- ¿O sólo estabas buscando una buena excusa para volver a mí sin sacrificar tu precioso orgullo?

Sakura no respondió. ¿Cuándo había transformado en su mente a Sasuke en la viva imagen de la corrupción? ¿Cuándo y con qué argumentos lo había desposeído de toda emoción humana decente? ¿Por qué se había engañado a sí misma de esa forma? Porque ahora se daba cuenta de que se había engañado. ¿Le había sido más fácil culpar a Sasuke por todo antes que aceptar su propia culpabilidad? Y peor aún, ¿lo había hecho simplemente para evitar enfrentarse a lo que Sasuke la hacía sentir?

- Tú mismo dijiste que no había sentimientos en los negocios - trató de defenderse, desesperada -. Dijiste que no tenías interés en mi padre excepto como medio para alcanzar un fin, y que ese tema te aburría.

La agresividad de Sasuke disminuyó palpablemente cuando Sakura le recordó aquellas duras palabras.

- No sabía nada de la depresión de tu padre. No había oído hablar del divorcio de tus padres ni de la muerte de tu madre - murmuró.

Sakura no podía pensar con calma. Se sentía enferma. Comprendió con claridad que la noche pasada debería haberle contado de inmediato a Sasuke lo que le sucedía a su padre. Sin embargo, ni siquiera pensó en decírselo. Estaba tan centrada en verlo como un sádico que permaneció en silencio.

- Debería habértelo dicho - se oyó susurrar.

Sasuke no la estaba escuchando.

- Mañana me reuniré con tu padre y procuraré tranquilizarlo. No quiero llevar esa carga en mi conciencia - dijo, mirando a Sakura con gesto condenatorio -. También le diré que te he ofrecido trabajar como mi secretaria.

- Eso era lo que yo...

- Créeme - dijo Sasuke, interrumpiéndola -, si ayer hubiera sabido lo que se ahora, ¡ni siquiera se me habría ocurrido tocarte! Sólo pensar en ti tumbada en mi cama, apiadándote de ti misma y pensando que te estabas sacrificando por la vida de tu padre... - apretó los dientes y movió las manos en un gesto de rechazo - ¡Me asquea la idea, pero también hace que me den ganas de abofetearte!

- ¡Ni se te ocurra! - exclamó Sakura.

Sasuke alargó una mano y la atrajo hacia sí sin previa advertencia. Sus ojos parecían despedir fuego mientras la miraba.

- No eres ninguna mártir, cara... ¡eres una cobarde! - dijo con desprecio -. ¡Me deseas tanto como yo te deseo a ti, pero no tienes el valor de admitirlo!

- ¡Suéltame! - exigió Sakura.

Sasuke la soltó tan bruscamente que Sakura cayó en la cama. Girando sobre sus talones, Sasuke salió de la habitación. Sakura se levantó y cerró de un portazo tras él, apoyándose luego contra la puerta. Sus ojos se llenaron de lágrimas a la vez que un confuso torbellino de dolor y otras emociones recorrían su cuerpo. No lograba comprender por qué le dolía tanto que Sasuke la mirara con aquel desprecio.