N/A: Feliz segundo capítulo! Espero que lo disfruten.

Declaro que no me pertenecen ni las películas ni el libro de el Hobbit


Capítulo 2.

Bilba se volvió a mirar al espejo una vez que Gandalf se había ido.

La visión le dio escalofríos.

Frente a ella se encontraba la réplica de su padre. Un hobbit promedio, con pelo rizado color dorado oscuro que cubría hasta a la mitad sus puntiagudas orejas, ojos azul profundo y la sonrisa bonachona que caracterizaba a la raza completa. Llevaba puesto unos pantalones marrones y una camisa de color crema, mientras que en el perchero se entraba la chaqueta azul que su madre adoraba.

Bilba se giro levemente para ver su perfil.

No había nada que diera indicio de su figura femenina, hábilmente oculta con la faja que le había entregado Gandalf. Bilba golpeo la suave barriga, divirtiéndose al darse cuenta de que incluso al tacto se sentía como si fuera de verdad. Tal vez tuviera algún tipo de hechizo para que fuera tan realista. "Le tendré que preguntar a Gandalf de qué está hecha, la próxima vez que lo vea" pensó Bilba mientras se ponía la chaqueta.

"Ahora" dijo mirándose la cara en el espejo "veamos qué puedo hacer con esto".

A pesar que su apariencia ya era la de un varón, Bilba no se quería arriesgar y ella sabía que su cara aún tenía rasgos femeninos que la podrían delatar si es que alguno de los enanos se fijaba en los detalles de su rostro.

Pasándose varias veces la lengua por los labios vio como estos se empezaron a secar y a agrietar levemente, perdiendo un poco el relleno y color rosado frambuesa pálido. Si mantenía el hábito de hacer esto varias veces en el día quedarían muy diferentes a cómo eran en realidad. Después de eso fue a su jardín, teniendo mucho cuidado de que sus vecinos no la vieran, y se lleno las manos de tierra. Con tanto barro y mugre era difícil distinguir su delicada manicura. El olor a tierra fresca la reconfortó un poco. Ese olor le era tan familiar que calmó todos los nervios que empezaba a sentir Bilba sobre esta aventura.

"Es por el hogar de cientos" susurro Bilba para sí misma entrando de nuevo a Bolsón Cerrado, se paro una última vez frente al espejo "Si tu sales de la seguridad de tu hogar, muchos otros recuperan el suyo. El sacrificio de uno será el consuelo de muchos. Tú puedes. Debes"

Con la suciedad que aún tenía en sus manos, Bilba se pintó unas ojeras bajo los ojos. Muy débiles, es cierto, pero cumplían el efecto esperado. Sus ojos se veían levemente más opacos. Con un poco más de tierra en sus mejillas el color rosado de estas fue disimulado.

Listo.

Estaba lejos de ser el disfraz perfecto. Los enanos asumirían que era un hobbit algo femenino y delicado en algunos aspectos, pero Bilba se iba a aprovechar lo poco que estos conocían sobre su raza a su favor. Ninguno ellos tenía que saber que era muy poco común que los varones hobbits tuvieran una voz tan aflautada o que el vello en sus pies fuera rizado solo en el caso de las damas.

Además, Bilba contaba con la ventaja de que ellos esperarían un varón. En teoría no tendrían porque sospechar del género de su catorceavo acompañante.

Una vez que Bilba termino de arreglar su apariencia, se dirigió a su escritorio. Una vez sentada en la silla de su padre y con una de las plumas favoritas de su madre empezó a escribir una serie de cartas. La primera estaba dirigida al Thain de la comarca, un primo de su madre. En esta explicaba levemente su aventura, nunca diciendo que se trataba ni sus acompañantes, sino que se hacía énfasis en la importancia de esta y que era imposible aplazarla. En esta carta incluyó un testamento en el cual dejaba estipulado que Bolsón Cerrado quedaría para su primo Drogo, junto con todas sus pertenencias, si es que ella no volvía en un plazo de dos años. Bilba era consciente de que la aventura sería arriesgada, no quería que su hogar quedara en las manos de gente como Lobelia en caso de que no fuera a volver. Otra carta era para Drogo, en la cual se despedía por un tiempo indefinido y le pedía que le entregara sus saludos a todos los familiares a los cuales Bilba era cercana. La última carta era para su jardinero, el joven Gamyi, el cual estaba empezando su trabajo con ella, pero por el cual Bilba sentía gran aprecio. En esta le agradecía el servicio de su familia hacia ella y sus padres, dejándole a su cuidado los jardines de Bolsón Cerrado. El escribir estas cartas hizo que Bilba tomara más a conciencia sus acciones del futuro, pero de alguna forma la hicieron sentir más segura de su decisión. Era como si su lado Took estuviera tomando el control sobre el lado Bolsón que siempre la había guiado. Era refrescante. Como si estuviera a punto de vivir una vida nueva. Y en muchos aspectos eso haría.

Una vez que termino todas las cartas y las dejo en su buzón para que el cartero las repartiera, fue a la habitación de sus padres para empacar lo que fuera necesario.

Tomando una de las mochilas que su madre solía usar para ir de paseo con sus primos antes de casarse con Bungo, Bilba empezó a juntar las cosas que ella consideraba indispensables.

Tres cambios de ropa, los cuales pertenecían a su padre obviamente, cada uno de ellos muy resistentes sin perder su toque hobbit. Tanto la pipa de su madre como la de su padre, junto con una gran cantidad de hierba de pipa de Hobbinton, la mejor de todos los reinos si le preguntabas a Bilba. Incluyó un par de mantas para las noches heladas que ella sabía que se enfrentaría, junto con unos metros de hilo de pesca, porque nunca se sabe cuándo sería necesario. Después fue a su alacena para escoger algunos alimentos que no se fueran a echar a perder, entre los cuales estaban varios frutos secos de la temporada anterior, una carne seca que ella misma había preparado y finalmente todas las hierbas que tenía. Muchas eran para condimentar la comida, pero algunas tenían propiedades curativas que le podrían ser útiles. Incluso metió uno de sus cuchillos de cocina. Pero en el fondo de la mochila, en el lugar más inalcanzable de esta, escondió el último vestido que le había hecho su madre antes de morir. Estaba algo remendado y gastado, pero aún conservaba su belleza y Bilba sabía que nunca podría ir a ninguna parte sin él. Sería como dejar atrás a su madre y a sí misma. No. El vestido iría.

Ya estaba atardeciendo cuando Bilba termino de preparar lo que iba dentro de la mochila.

Dándose cuenta de que aún faltaba un poco para que lleguen los enanos, Gandalf le había dicho que llegarían cuando la luna llevará una hora en el cielo, se sentó una la silla más cómoda de la sala, mirando directamente a su puerta. De repente se le ocurrió una idea y fue a la habitación donde había guardado su cabellera cortada. Tomando un solo mechón fue de vuelta a la silla y se sentó sin perder de vista la puerta. Con sumo cuidado sacó un medallón de debajo de la camisa de su padre. En este estaban las fotos de sus padres, uno en cada tapa del medallón. Doblando varias veces el mechón y atándolo con un hilo para que no se esparciera, Bilba fue capaz de guardarlo dentro de medallón. Un recordatorio. Para que en este viaje no se olvidara a su misma, quien era.

Justo entonces alguien golpeo la puerta tres veces, tres fuertes veces, y Bilba cerró el medallón.

Respiro profundamente antes de abrir la puerta. Esta era su última oportunidad, ya no se podría echar atrás.

Abrió la puerta si dudarlo mucho.

Frente a ella se encontraba un enorme enano, algo irónico si lo piensas bien, calvo y cubierto de tatuajes. Bilba no tenía que mirarlo muy atentamente para darse cuenta que estaba lleno de armas, a simple vista y algunas ocultas. Era intimidante. Si Bilba no estuviera tan decidida a parecer fuerte, definitivamente hubiera retrocedido varios pasos ante la vista de este enano.

"Dwalin, a tu servicio" dijo el inclinándose levemente, pero sin apartar su mirada de ella, como si aún no decidiera si era una amenaza o no.

Bilba tragó saliva.

"Bilbo Bolsón, al tuyo" dijo ella, dándole también una inclinación, algo más profunda y respetuosa que la de él, pero sin apartar tampoco la mirada.

"Me dijeron que aquí sería le reunión" dijo él, entrando a la casa sin mucha ceremonia.

"Así es" le respondió ella cerrando la puerta. No tenía intención de que sus vecinos entrometidos supieran que tipo de personas la estaban visitando justo antes de su viaje "Gandalf el Gris me visitó esta mañana y me explico algunos detalles"

"Me dijeron que habría comida" dijo el sin escucharla "Mucha comida"

"La habrá, pero me dijeron que llegarían más tarde" explico ella, mientras se dirigía a la cocina "No tuve tiempo de empezar a preparar nada"

Dwalin la siguió como si fuera dueño de casa, haciendo que ella se sintiera un poco incomoda por la proximidad, pero no dejo que esto le afectara. Se tendría que acostumbrar si quería viajar con trece de ellos por un tiempo indefinido.

"Tome" dijo Bilba sacando un pescado que no había comido en su segundo almuerzo y uno de los bollos que estaban en la alacena "Puede comer esto mientras llega el resto y yo preparo el resto de las cosas"

Dwalin le dio un gruñido, el cual Bilba se sintió en la libertad de interpretar como unas gracias, y se sentó en la silla más cercana del comedor.

Bilba vio horrorizada como Dwalin comía sin molestarse en ocupar tenedor ni cuchillo, tomando el pescado frito con la mano y dándole una mascada a la mitad, casi partiéndolo. Sin terminar de tragar le echó un cuarto del bollo a la boca y siguió masticando con la boca semi abierta.

Aguantando las nauseas, Bilba dudo su capacidad de acompañar al grupo si todos tenías esas…costumbres alimenticias. Decidió no mirar cómo Dwalin seguía comiendo y se apuró en sacar varias cosas de la alacena. Miro de nuevo a Dwalin, quien ya había terminado y limpiaba los dientes con uno de sus cuchillos. Decidió vaciar completamente la alacena. Si los otros doce eran como él, no creía que los pudiera satisfacer con la mitad de su comida que había guardado para el invierno.

Una hora después, en la cual Dwalin se las había arreglado para comer tres kilos de su mejor queso y soltar un solo eructo para celebrar su logro., Bilba escuchó como golpeaban la puerta.

"No te molestes" dijo ella caminando a la puerta "Yo abro"

Dwalin no se molestó en contestar, si no que ahora miraba codicioso el jamón que Bilba había sacado de la alacena hace poco.

Abriendo la puerta Bilba se encontró ahora con un enano más pequeño, con gran cabellera blanca y una sonrisa que de alguna forma le recordaba a su abuelo Took, dulce, compasiva y preocupada.

"Balin, a tu servicio" dijo él dando una reverencia mucho más ceremoniosa que el enano anterior.

"Bilbo Bolsón, al tuyo" dijo ella, imitando también esta vez la reverencia hecha ante ella.

"Espero no haber llegado atrasado" dijo Balin entrando a la casa una vez que Bilba le había abierto el paso. Bilba decidió que este enano le gustaba mucho más que el anterior.

"Por supuesto que no" dijo ella mostrándole el camino al comedor, donde Dwalin estaba curioseando un frasco de galletas que Bilba guardaba para cuando sus primos más pequeños venían a visitarla "De hecho, es usted el segundo en llegar"

"Excelente" dijo Balin justo antes de entrar al comedor y ver a Dwalin, quien no había resistido a tentación tenía la mano metida dentro de tarro de galletas "¡Dwalin!"

"Balin"

Bilba vio como se tomaron de los codos como si estuvieran apreciando las diferencias desde la última vez que se habían visto y de repente se dieron un fuerte cabezazo en las frentes y seguían sonriendo. A Bilba le llegó a doler la cabeza cuando vio el golpe, pero ambos enanos siguieron sonriendo como si nada.

"Te has encogido, hermano" dijo Dwalin con más energía de lo que Bilba le había escuchado en la hora y media que llevaba en su casa.

"Bueno, es lo que pasa cuando alcanzas los doscientos setenta, algún día a ti también te pasará"

Bilba aún estaba sorprendida por saber que esos dos enanos tan diferentes eran hermanos, cuando escuchó de nuevo la puerta.

Esta vez al abrirla se encontró con dos enanos más jóvenes, un rubio con el bigote trenzado y el otro moreno sin mucha barba. A simple vista se veían mucho más jóvenes que Dwalin y Balin, es más, Bilba sentía que casi eran unos niños comparados con los otros dos enanos.

"Fili y Kili" dijeron ellos al mismo tiempo "A tu servicio" y con esto incluyeron una profunda reverencia.

"Bilbo Bolsón, al de ustedes" dijo ella, esta vez dando una pequeña reverencia sin despegar los ojos de los nuevos visitantes al ver el brillo travieso en los ojos de Kili. Era el mismo brillo que tenían sus primos menores antes de hacer alguna travesura.

Bilba alcanzó a decir nada antes de que Fili y Kili le entregarán sus armas, mejor dicho se las tiraran encima, y caminaran en dirección a las voces de los hermanos In en el comedor.

"Enanos groseros" murmuro Bilba dejando las diferentes espadas, cuchillos y flechas en el paragüero tallado por su bisabuelo.

De vuelta a en el comedor Bilba voy como los enanos se ponían al día, soltando risotadas burlescas de vez en cuanto, pero sin ser demasiado crueles entre ellos.

Era un humor diferente a los que estaba acostumbrada Bilba. Los hobbits eran mucho más corteses y siempre tan preocupados de no ofender a los otros, que no tenían el tipo de camaradería que tenía este grupo. Es como si fueran familia, hermanos de aventura. Un parte de Bilba ansiaba el tener ese tipo de relación con alguien, pero entre los hobbits eso no existía y Bilba ya se había resignado a que nunca tendría esa oportunidad.

Estaba mirando a los enanos conversar ruidosamente cuando escuchó que volvían a tocar la puerta.

Bilba esperaba que se apuraran en llegar el resto, porque si no lo hacían pronto no alcanzarían a ver nada más que platos sucios.

Cuando abrió la puerta esta vez se encontró con una avalancha de enanos cayendo a sus pies. "Valla, nunca se me hubiera ocurrido que eso pasara" pensó Bilba, viendo divertida como los enanos se trataban poner de pie. Al escuchar una risa conocida se dio cuenta de que Gandalf estaba parado en su puerta, riendo como ella.

Él le dio un guiño divertido, junto con una mirada de aprobación frente a los cambios finales que ella había hecho a su disfraz. Bilba le envió un guiño de vuelta. Tal vez nunca sería tan cercano a sus amigos hobbits, pero sentía como el afecto por Gandalf crecía cada minuto que pasaba con él. No un afecto del tipo amoroso, sino de ese tipo de afecto que sientes por tus amigos que siempre estarán allí por ti y que son tu familia sin ser tu propia sangre.

"Bueno, Gandalf" dijo Bilba metiendo los pulgares en sus bolsillos delanteros y balanceándose en sus talones de la misma que ella había visto hacer a su padre cada vez que estaba divertido o complacido por algo, "veo que te has pasado la tarde pastoreando enanos por toda la Comarca"

"De hecho, he estado en eso desde que salí de tu casa esta mañana" dijo Gandalf "Solo tengo una oveja perdida que llegara por su cuenta en algún momento. Pero bueno, déjame presentarte a la compañía. A tu servicio están Ori, Nori, Dori, Bifur, Bofur, Bombur, Oin, y Gloin. Y por lo que escucho desde el comedor, Dwalin, Balin, Fili y Kili se nos adelantaron"

"Si. El Señor Dwalin lleva acá aproximadamente dos horas" dijo Bilba ayudando a dejar un par de chaquetas y abrigos en los colgadores, que ahora estaban llenos de pieles y metales "Déjenme mostrarles el comedor. Gandalf, ¿esperamos al último enano antes de empezar a servir la comida?"

Gandalf y Bilba vieron como un par de enanos se ponían a curiosear los adornos de Bilba al no tener nada que hacer y no pasó un minuto antes de que se escuchara el ruido de algo quebrándose. Bilba miro en esa dirección y sus orejas se agitaron de una manera casi imperceptible.

"Creo que será mejor para la seguridad de tu casa y tu sanidad mental si les das algo que llevarse a las bocas" dijo Gandalf.

Con la habilidad que solo un hobbit tenía, Bilba fue capaz de llenar la mesa de comida en unos minutos. Obviamente los enanos también ayudaron, pero cada vez que uno de ellos tomaba una bandeja la comida que había sobre esta desaparecía antes de llegar a la mesa donde se estaban sentados. No es que Bilba no sacara comida en el camino, pero por lo menos lo hacía más sutilmente y alcanzaba a llegar la comida a la mesa.

Una vez que estuvieron todos sentados la comida no tardo en volar de un lado a otro de la mesa, mucha de ella llegando directamente a la boca de Bombur, lo que provocaba grandes risotadas de los enanos. Bilba sentía nauseas al ver como la comida a veces salía disparada de sus bocas y caía en sus abundantes barbas.

Por lo menos fue capaz de sentarse entre Gandalf y Balin, el cual era mucho más calmado que el resto y solo parecía divertido ante la actitud que estos tenían.

"Le pido que los disculpe, Maestro Bolsón" dijo este después de que ver como Fili caminaba sobre la mesa para ir de un lado a otro "Debe usted entender que no somos capaces de reunirnos tanto como nos gustaría y cuando finalmente estamos juntos es difícil contener nuestra alegría"

"No se preocupe, Maestro Balin, comprendo. A un hobbit nunca le molestara el ver a otros celebrando" dijo Bilba "Es solo que desearía que tuvieran más cuidado con los cuchillos, por ejemplo, si siguen jugando a las espadas con ellos perderán su filo"

"¿Escucharon eso, muchachos?" pregunto Bofur, quién estaba al otro lado de Balin y empezaba a golpear los cubiertos contra la mesa rítmicamente "Al señor Bolsón no le gusta que desafilemos los cuchillos"

Antes de que Bilba se diera cuenta, estaban entonando una pegajosa canción y los platos de su madre volaban por sobre su cabeza. Ella trato de agarrar alguno con la intención de salvarlos, pero los enanos solo se reían de sus intentos y seguían cantando alegremente.

Blunt the knives and bend the forks!
Smash the bottles and burn the corks!
Chip the glasses and crack the plates!
That's what Bilbo Baggins hates

Cut the cloth and trail the fat!
Leave the bones on the bedroom mat!
Pour the milk on the pantry floor!
Splash the wine on every door!

Dump the crocks in a boiling bowl;
Pound them up with a thumping pole;
And when you've finished, if they are whole,
Send them down the hall to roll!

That's what Bilbo Baggins hates

De repente la canción se detuvo y los enanos le sonrieron satisfechos. Cuando Bilba entro a su cocina vio todas las cosas ordenas y desmugradas.

"Valla, si hacen eso en cada lugar al que visitan tienen aseguradas las invitaciones al festival de la primavera de la Comarca" dijo Bilba poniéndose las manos en la cintura.

Se escucharon risas por todo el lugar, pero tres fuertes golpes en la puerta de entrada los silenciaron inmediatamente.

"Es él" susurro alguien y Bilba se sintió algo inquieta.

¿Quién era capaz de provocar esta reacción en el alegre grupo de enanos que estaba cantando solo hace un rato? ¿Era por miedo? ¿Desconfianza? Bilba les miró la cara a cada uno de ellos en su camino a la puerta. No. Era respeto. En algunos casos como Balin, Dwalin, Fili y Kili, era orgullo.

Finalmente Bilba abrió la puerta y sintió como se le fue el aire ante el enano que estaba frente a ella.

Alto, no tanto como Dwalin, este enano tenía un aura de majestuosidad. Todo en él indicaba poder y liderazgo. Su negro cabello con algunos mechones grises era mucho más sencillo que el de los otros enanos, pero de alguna forma esto lo hacía más respetable. Sin saber porque, con solo verlo, Bilba se sintió más segura.

"Thorin Escudo de Roble" dijo él "a tu servicio"

Fue el primer enano en no inclinarse al saludarle, pero Bilba no se sintió ofendida.

"Bilbo Bolsón, al suyo" dijo ella dándole una inclinación, no demasiado profunda, pero dándole una señal de respeto.

Thorin entró y cerró la puerta. Miro a los enanos que se había reunido en la entrad e hizo un gesto en señal de saludo. Finalmente se detuvo de nuevo frente a Bilba, la miro de pies a cabeza y después camino a su alrededor de ella, analizándola. Bilba sintió como sus mejillas tomaban un poco de color al sentirlo caminar a su espalda y espero que no se notara demasiado.

"¿Es este el ladrón que me prometiste, Gandalf?" le pregunto en un tono acusatoria y despectivo "Uno de nuestros niños tendría mejores oportunidades de llegar al final del viaje en comparación de este mediano"

Bilba sintió como si le tirarán un balde de agua helada.

¿Quién se creía ese enano? ¿Solo por qué él tenía un aire distinguido podía ir despreciando a otros? Ese era el tipo de actitudes que Bilba siempre había despreciado, por alguna razón, el comentario de Thorin le había recordado a Lobelia y eso no era algo bueno.

Bilba estaba a punto de contestarle con comentario mordaz, cuando Thorin se paró frente a ella con las manos a su espalda.

"¿Qué prefiere, hacha o espada?" le pregunto Thorin cortante.

Bilba lo miro desafiante, por unos segundos, para demostrarle que no estaba tan intimidada por su presciencia, aunque en el fondo estuviera temblando.

"Tengo más experiencia con el hacha" dijo ella "No tengo ninguna otra herramienta para cortar leña antes del invierno"

De reojo Bilba vio como Kili se reía, mientras Fili le metía el codo en las costillas para callarlo.

"Insolente" le gruño Thorin, dando un paso adelante, casi chocando con Bilba.

Fue entonces cuando Gandalf intervino.

"Thorin, si no me equivoco, tú me pediste un ladrón. Y un ladrón te he conseguido. Es más, frente a ti tienes a uno de los mejores que vas a encontrar. Bilbo es un hobbit y los hobbits son conocidos por tener la capacidad de pasar desapercibidos si así lo escogen. No pediste un guerrero, ni un experto en armas"

Thorin miro a Gandalf intensamente, mientras que el mago lo miro de la misma manera, ambos compitiendo para ver quién sería el primero en rendirse. Al final Thorin apartó la mirada, pero solo para mirar a de nuevo a Bilba.

"No me haré responsable de tu seguridad, mediano"

Bilba le sostuvo la mirada.

"No, pero yo me aseguraré de que recuperes lo que es tuyo"


N/A: Se aprecian los comentarios. Si les gusta avisen! así me dan ganas de seguir escribiendo!

Bye