N/A: PERDÓN PERDÓN PERDÓN! He intentado actualizar desde hace tiempo, pero simplemente me ha sido imposible. Espero que les guste este capítulo, le puse amor. Ninguno de los personajes me pertence


Capítulo 15

Habían pasado tres días desde que llegaron al hogar de Beorn.

Fueron tres días en que los enanos se dedicaron a recuperarse de sus heridas, descansar y alimentarse como era debido. Por primera vez desde que habían salido de sus hogares, se permitieron relajarse completamente, ya que ninguno de ellos lo hizo mientras se encontraban en Rivendell por la desconfianza que sentían hacia los elfos. En el tiempo que llevaban allí, se dedicaron a reabastecerse de todo lo necesario, arreglaron tus ropas destrozadas y afilaron sus armas. Incluso se dedicaban a entrenar entre ellos cuando ya no les quedaba nada más que hacer.

Pero a pesar de todas las cosas que encontraban para ocuparse, sus mentes nunca se alejan de la hobbit que aún seguía inconsciente, sin dar señales de mejoría.

Durante esos tres días, ni Oin ni Ori habían dejado sus lugares junto a la cama por más tiempo del que era necesario para comer e ir al baño. Obviamente, los otros enanos también dedicaban parte de sus días a sentarse junto a la hobbit, pero eran ellos dos los que habían autoproclamado el cuidado de la hobbit como sus deberes. Al fin y al cabo, Oin era el médico, mientras que Ori era en quien Bilba había confiado más con respecto a su secreto. Fueron ellos los que se encargaban de alimentarla en base a los alimentos líquidos que les entregaba Beorn: leche, crema, miel y sopas hechas en base a los frutos y verduras que se encontraban en la granja del cambiaformas.

Pero a pesar de sus esfuerzos, la hobbit no daba señales de recuperar la conciencia pronto. A pesar de que sus heridas ya estaban casi sanadas, la del hombro dejando atrás una horrible cicatriz negra, el sueño profundo de Bilba no la dejaba. Al preguntarle a Gandalf, su única respuesta fue darle tiempo, que tarde o temprano Bilba despertaría, pero solo cuando estuviera lista. Todo esto lo dijo con una expresión preocupada, lo cual no pasó desapercibido para los enanos, incluso si el mago había intentado ocultárselos. Él era uno de los que pasaba más tiempo en la habitación de Bilba, después de Ori y Oin. Cada vez que alguien le preguntaba sobre Bilba, sobre antes de empezar el viaje y sobre su vida en general, el mago les contestaba que le preguntaran a ella cuando despertara. El problema era que nadie sabía cuándo sería.

"Creo que deberíamos cambiarla de ropa" dijo Ori la tarde del tercer día. Él y Oin estaban sentados junto a Bilba en silencio, cada uno ocupado en sus propias tareas, pero sin dejar de vigilar a la hobbit de vez en cuando en señal de algún cambio. Dejando de lado el dibujo que estaba terminando, Ori se dirigió al médico "Lleva la misma ropa desde antes que cayéramos a las cuevas de los goblins. La mugre y humedad de esta no le debe estar ayudando. Además, está empezando a apestar"

El quitarle la ropa era un paso que ninguno de ellos había querido dar, por miedo a incomodar a la hobbit una vez que despertara, pero Oin sabía que el joven tenía razón. No era salubre tenerla así. Esperando que la hobbit los disculpara cuando despertara, le hizo una seña a Ori para que lo ayudara. Ambos se pusieron de pie, quitaron las sabanas que cubrían el cuerpo de Bilba y la sentaron contra el respaldo de la cama para comenzar a quitarle la ropa ensangrentada, siempre cuidadosos del vendaje de su hombro.

"¿Qué se supone que están haciendo?" el grito a sus espaldas los sorprendió a ambos mientras estaban quitándole la chaqueta al cuerpo laxo de Bilba.

Thorin se encontraba en la puerta, con lo que parecían ser unas flores silvestres en la mano. Ori levantó las cejas sorprendido, esto sin duda era un avance para el enano, quien hasta ahora solo se había dedicado a mirar a Bilba desde la puerta cada vez que la visitaba, quedándose allí de forma incomoda hasta que alguien hacia un comentario y se iba. Ya casi toda la compañía se había dado cuenta de la forma que había estado actuando su líder desde la revelación de Bilba y lo que esto podría llegar a significar, pero nada estaba confirmado. Solo Ori estaba cien por ciento seguro de lo que estaba ocurriendo en la cabeza de su líder, ya que llevaba estudiando la situación desde el principio y la forma en que ambos interactuaban. Para el resto, los gestos de Thorin también podrían significar arrepentimiento por la forma en que había tratado a Bilba, más que un sentimiento más profundo, por lo que nadie había hecho ningún comentario. Aun.

"Tenemos que limpiarla y cambiarla de ropa si queremos evitar otras enfermedades" por suerte para Ori, fue Oin quien dio las explicaciones "Ori y yo nos encargaremos de ella. No te preocupes, por mi trabajo, esta no es la primera vez que he tenido tareas de este tipo y estoy seguro de que Ori será respetuoso con el cuerpo de su señora, ya que le ha jurado a ella el mayor grado de lealtad"

Al oír esto, Ori asintió fervientemente. Por su mente no había pasado ningún pensamiento que pueda deshonrar a su señora de cualquier manera, era algo impensable para él. La trataría con el mayor respeto posible y sería Oin quien se encargaría de las zonas más… complejas.

Thorin estaba colorado hasta las orejas, las únicas partes de su cara no cubiertas de rojo eran en las que tenía barba. Abriendo la boca como un pez, sin poder decir nada, se quedó allí.

"Ahora, si nos disculpas, Bilba necesita privacidad" Oin fue hasta Thorin, solo para tomar las flores que llevaba en la mano antes de cerrar la puerta en su cara "Yo me encargo de que Bilba reciba tus flores" le dijo antes de cerrarle la puerta en la cara.

Una vez que terminaron de limpiarla con paños y el agua de los cuencos en que los humedecían estaban café rojizo, volvieron a vestirla con un camisón que encontraron dentro de su mochila, el cual era evidentemente para dormir.

"Excelente, muchacho, ahora toma su ropa y déjala para que sea lavada" le dijo Oin, pasándole un bulto de ropa a Ori.

El joven enano asintió. Mirando la cara de Bilba, le pareció verla un poco mejor, como si el estar limpia le ayudara a descansar y a dormir más profundamente. Sin duda tenía un aspecto algo más saludable sin toda esa mugre encima, pero de igual manera, su palidez era más notoria. Pero desde que la limpiaron, es ceño fruncido de su cara se había relajado un poco, como si el estar limpia le trajera paz. Sonriendo ante como ciertas manías de su señora estaban presentes aun cuando estaba inconsciente, se encaminó rápidamente hacia la lavandería que les había indicado Beorn. Allí, los animales del cambiaformas se encargaban de lavar toda la ropa que les fuera llevada. Cómo se encargaban los animales de hacer esto exactamente era algo que Ori aun no terminaba de entender.

Oin estaba estudiando la cara de su paciente, dándose cuenta de cómo parecía respirar más tranquila y profundamente desde que la habían limpiado. Incluso se podía distinguir una leve sonrisa que contrastaba contra el ceño fruncido que no había abandonado su rostro por los últimos tres días. De haber tenido mejor oído, habría escuchado los pasos de Ori alejándose, notando de cómo los cambios de Bilba: la vuelta del color a su mejilla, la sonrisa creciendo, la respiración profundizándose y el movimiento débil de sus parpados, coincidían con el enano en su camino a dejar la ropa a la lavaneria.

Bilba sabía que no estaba en un lugar físico.

Era difícil de explicar, en especial si se tenía en cuenta lo desorientada que se encontraba, pero era como si no tuviera un cuerpo físico. Era ella en esencia y espíritu, pero su cuerpo no estaba allí con ela. Era como si estuviera atrapada dentro de un espacio mental, donde la oscuridad la rodeaba y la oprimía, impidiéndole levantarse o hacer cualquier cosa. Simplemente la aplastaba y nada de lo que hacía le permitía liberarse, sin importar cuanto lo intentara.

El tiempo era extraño.

A ratos, sentía como si tan solo llevara un par de minutos en ese lugar. Pero en otros, generaciones completas habían comenzado y terminado y Bilba seguía atrapada en aquel lugar.

Ni las palabras ni el ruido existían allí. Solo había dos cosas. La oscuridad opresora y abismal, que lo era todo, oponiéndose a la esencia de Bilba, que luchaba por librarse de donde se encontraba, incapaz de ir a ninguna otra parte, ya que no existía nada más.

Bilba solo luchaba por librarse. ¿Para qué? Ella no lo sabía. ¿Qué conseguía? Nada, pues no lograba librarse. ¿Se detendría y se rendiría? No. Esa no era una opción. Así como la oscuridad la atrapaba, Bilba luchaba para librarse de ella. Tal como la oscuridad existía para oprimir a Bilba, la esencia de Bilba estaba en el intentar liberarse de ella.

Bilba se encontraba luchando, cuando de repente, la oscuridad empezó a desvanecerse. Este no era efecto de las acciones de Bilba, ella lo sabía. Pero la oscuridad empezó a permitir que Bilba fuera más libre. Ya no era necesario luchar, ya que esta se alejaba y permitía que Bilba fuera, sin que la lucha constante se cerniera sobre ella.

Con la oscuridad ya lejos, pero sin dejar de estar presente en una pequeña parte, Bilba recordó que ella era más que lo opuesto a la oscuridad. Dándose cuenta de que se encontraba dentro de su propia mente, como si estuviera dormida, decidió que era el momento de despertar.

Si alguien, cualquiera, le preguntaba a Bofur cuál había sido su reacción al levantar la vista del pedazo de madera que estaba tallando para encontrarse con los ojos verdes de Bilba mirándolo fijamente, sin parpadear, el diría que había reaccionado muy tranquilamente, llamando al resto de la Compañía. Si esto mismo se le preguntaba al resto de la Compañía, ellos le contarían sobre el chillido estridente que habían escuchado desde la pieza de Bilba que los había hecho correr a todos a sus máximas velocidad, cargando con lo que encontraron a mano a modo de arma, solo para encontrar a Bilba despierta y a Bofur desmayado en el suelo, junto a la silla en que antes había estado sentado.

Gritos de alegría inundaron la habitación y en cuestión de segundos, Bilba se vio rodeada de enanos eufóricos, saltando y dándose palmadas entre ellos.

Todo esto, mientras que Bilba no entendía nada de lo que estaba pasando. Cuando finalmente había logrado librarse por la oscuridad y avanzar hacia la conciencia, se había encontrado con Bofur a su lado. Le estaba tomando un tiempo despertar completamente, enfocándose en Bofur para evitar quedarse dormida de nuevo. Tenía intención de hablarle, pero antes de que alcanzara a darse cuenta, todo el mundo estaba gritando a su alrededor y ella no sabía qué estaba pasando. Su única reacción fue esconderse bajo las sabanas, soltando un grito, en el segundo que se dio cuenta que solo llevaba un camisón encima.

"¡Fuera, fuera, fuera!" en un principio los enanos no entendieron las palabras de Bilba mientras ella trataba de cubrirse lo mejor posible, pero cuando Ori se dio cuenta, se apuró en empezar a sacar a empujones al resto.

"¡Hey! ¿Qué crees que estás haciendo?" como siempre, Gloin fue el primero en emitir quejas, sin conseguir que Ori se detuviera.

"Si Bilba quiere que salgan, ustedes salen" fue lo único que le dijo antes de sacarlo con una fuerza comparable a la de su hermano mayor y con un tono mordaz como el de su hermano del medio.

A pesar de las réplicas, Ori consiguió sacarlos en unos minutos con la ayuda de sus hermanos, quienes se quedaron afuera, haciendo guardia en la puerta. Solo Gandalf, Oin y Ori se quedaron en la habitación con Bilba.

"¿Ya se fueron todos?" preguntó Bilba desde debajo de las sabanas. Al recibir una respuesta afirmativa, se descubrió la cabeza y miró a su alrededor "¿Dónde estamos? ¿Y qué pasó con mi ropa?"

"Nos encontramos en el hogar de Beorn, el cambiaformas, Bilba. ¿No recuerdas que pasó antes de que quedaras inconsciente?"

A pesar de que su cabeza estaba algo revuelta, Bilba comenzó a hacer memoria de todo lo que había ocurrido desde que se separó de la Compañía al caer en la trampa de los goblins. La criatura de la cueva, Gollum, un anillo que allí había encontrado, la mordedura de su hombro, su escapada, el rencuentro con los enanos, solo para ser emboscados por orcos… la angustia de ver a Thorin caer y la adrenalina impulsándola a correr más rápido, finalmente las águilas salvándolos y revelando su secreto con palabras débiles antes de que sus recuerdos se escurecieran completamente. Tenía recuerdos brumosos de un extraño sueño, pero nada demasiado claro. Lo que si sabía, es que algo en ella era diferente, como si le hubieran quitado un velo a una parte de sí misma que siempre había permanecido oculto, y ahora todo estuviera más claro con respecto a su futuro.

Fue entonces cuando recordó claramente el anillo, la oscuridad que había sentido con solo tocarlo. Sin dejar que se mente entrara en pánico con solo pensar en él, se dio cuenta que debía actuar con rapidez.

"¿El anillo, dónde está?" preguntó, rebuscando a su alrededor.

Sus acompañantes se miraron extrañados entre ellos.

"¿Qué anillo, Bilba? Nunca has traído un anillo"

"Por supuesto que no, lo encontré en la cueva al caer. Hay algo malo en ese anillo, Gandalf, algo oscuro" Gandalf se sorprendió al oír la angustia en sus palabras. "Le tenía en el bolsillo de mi chaqueta, no quería perderlo, pero tampoco lo puedo tocar"

Ninguno de los enanos comprendía lo que estaba pasando, pero a medida que Bilba hablaba, el mago empezaba a comprender a qué se estaba refiriendo.

"Ori, trae la chaqueta de Bilba. Ahora" Ante el tono de voz de Gandalf, Ori salió corriendo de la habitación en dirección a donde había ido a dejar la ropa de Bilba "Oin, necesito que salgas de la habitación"

"Pero…"

"No fue una recomendación. Al salir, no dejes que nadie más que Ori entre para dejar la chaqueta. Ninguna palabra de esto a nadie"

Un aura oscura y amenazante rodeaba al mago, por lo que el médico tampoco dudo en seguir sus órdenes. Una vez que fueron dejados solos, Gandalf se dejó caer en la silla junto a la cama de Bilba y se pasó la mano por la cara, demostrando su cansancio.

"Nada puede ser tranquilo contigo, ¿verdad? No podía ser un simple viaje a recuperar un reino ancestral, con un dragón al final"

"Hey, te recuerdo que mi vida era muy tranquila hasta que tú apareciste y me invitaste a esta aventura" le reprochó Bilba cruzándose de brazos, pasaron unos segundos sin que se dijeran nada antes de que Bilba volviera a hablar "Gandalf… ¿qué era ese anillo que encontré?"

"En realidad no lo sé, Bilba querida, pero si mis suposiciones son correctas, nada bueno. Necesito que me cuentes como lo encontraste exactamente, e incluso con eso, tendré que investigar muchísimo para dar una respuesta confiable. Pero te puedo asegurar, que si tú sientes tanta oscuridad y maldad de este objeto, no puede ser nada bueno"

Un escalofrió recorrió la espada de Bilba y se abrazó a sí misma, recordando los sentimientos que le producía el anillo.

"Por lo menos, de ahora en adelante lo llevaras tú, Gandalf, y yo no tendré que encargarme más de él"

"Me temo que eso será imposible. Si mis suposiciones son ciertas, no debería acercarme siquiera al anillo, mucho menos tenerlo en mi poder. La tentación sería demasiada"

"Entonces… ¿alguien de la Compañía? Estoy segura que uno de ellos se ofrecería, no soportaré tenerlo cerca siquiera"

"No, me temo que serás tú la encargada de llevar el anillo, Bilba. Es demasiado peligroso esconderlo, y si tengo razón, no hay peores manos que las de un enano para un objeto tan dañino para las mentes que tienen debilidad por cualquier tipo de joyería. No. El lugar más seguro es en manos de un hobbit, en especial uno que esté consciente del mal que de él proviene. Sé que eres lo suficientemente fuerte como para hacerlo"

Escucharon un golpe a la puerta, ante lo cual Gandalf se puso de pie y se dirigió a la puerta. Abriéndola encontró a Ori, pero sin decirle nada, tomó rápidamente la chaqueta de sus manos y volvió a cerrar la puerta.

"¡Gandalf! Eso fue muy descortés de tu parte"

"Ya me disculparé más adelante. Este es un problema que debe ser solucionado lo antes posible. Toma"

Dándole la chaqueta, Gandalf volvió a su asiento, manteniéndose algo alejado de la cama, mientras Bilba revisaba los bolsillos de la chaqueta en busca del anillo.

"Aquí está" finalmente encontrándolo, Bilba lo puso sobre su mano para enseñárselo a Gandalf.

En el minuto que el metal hizo contacto con su piel, Bilba sintió como parte de sus fuerzas se desvanecían, mientras que una sensación incomoda se extendía por su cuerpo. Gandalf no dijo nada, pero estudió con atención el anillo desde lejos.

"No hay nada que pueda decir sin antes revisar un par de bibliotecas y pedir consejo de otros sabios, pero debemos mantenerlo en secreto. Bilba, ninguno de los enanos debe saber de este anillo" Bilba lo iba a interrumpir, pero Gandalf se lo impidió "Nada de peros. Nadie se puede enterar de esto. Podría ser peligroso para ellos y para todo el resto de la Tierra Media. Voy a tener que pedirte que guardes silencio"

"Ori y Oin me escucharon hablar sobre el anillo, Ori fue por la chaqueta. ¿Cómo se los explicaremos?"

"Les diremos que fueron delirios por todo el tiempo que pasaste inconsciente y que yo exageré en mí preocupación"

"No lo sé, Gandalf…" Bilba jugaba con las sabanas de la enorme cama, mirando hacia abajo. En anillo había quedado sobre sus rodillas. Ambos lo miraron en silencio. Bilba estaba segura que había algo malo en él. No lo quería cerca. Ni ahora ni nunca. No le gustaba cómo intentaba llamarla.

"Bilba, no te confiaría esto si no fuera la única opción y no estuviera seguro de que tú puedes hacerlo. Solo tienes que mantenerlo oculto hasta que vuelva con ustedes" había preocupación en la mirada de Gandalf, junto con temor que trataba de ocultar a Bilba.

"Está bien. Lo llevaré conmigo y no le diré a nadie sobre él… pero no quiero tocarlo. No puedo llevarlo puesto"

"No, no espero que lo hagas. Es más, te pido que evites dentro de lo posible el entrar en contacto con él" buscando entre las capaz de su ropa, Gandalf sacó finalmente un pequeña bolsita de cuero, no mucho más grande que la yema del pulgar del mago "Toma, guárdalo aquí y asegúrate de siempre llevarlo contigo"

Con mucho cuidado, Bilba consiguió guardar el anillo en la bolsita sin tomarlo. Después de pensarlo por unos segundos, decidió colgarla en la cadena que llevaba en su cuello. Si había sobrevivido durante la primera parte del viaje, seguiría en su lugar hasta que llegaran a Erebor. Incluso si no la estaba tocando directamente, su cuerpo se sentía pesado por tenerlo cerca. Como si estuviera en medio de un resfriado.

"Será mejor que ni siquiera hablemos del tema de ahora en adelante. No queremos que oídos indiscretos escuchen algo indebido"

Bilba quedo en silencio, mirando por la ventana.

Solo entonces escucharon los ruidos que había fuera de la habitación. Estaba claro que intentaban que fueran susurros, pero, aparentemente, los enanos no tenían la capacidad de pasar desapercibidos.

"… entrar!" se escuchó una voz que pertenecía a Dwalin o Gloin.

"No podemos, hasta que Gandalf lo permita el mismo" esta vez era Dori, quien debía estar ayudando a su hermano a mantener guardia de la puerta de Bilba.

"Ya ha pasado mucho tiempo, no entiendo qué es lo que necesita hablar el mago tan urgentemente y por tanto tiempo" esta vez era definitivamente Thorin.

"¡SI! Nosotros también queremos ver a Bilbo" grito esta vez Kili.

"Es Bilba ahora, recuerda Kili"

"Me da igual cómo se llame. Quiero ver a nuestro hobbit"

"Creo que será mejor si dejas que entren de una vez, Gandalf. Antes de que derriben la puerta o algo por el estilo" Bilba trato de ocultar su nerviosismo del mago, pero este la conocía demasiado como para que no notarlo.

"No te preocupes, Bilba, todo saldrá bien" mientras Bilba se intentaba arreglar un poco el cabello desordenado y ponerse decente, Gandalf fue hacia la puerta haciendo tiempo para que se calmara un poco. Dándole una última mirada para asegurarse que estaba bien, abrió la puerta.

Frente a él, los tres hermanos Ri estaban formando una barrera protectora frente a la puerta, mientras el resto de los enanos trataba de abrirse plazo entre ellos. Al parecer, las leyendas que había sobre la fuerza de la familia Ri no eran mentira. Mientras Dori era capaz de sostener a Thorin, Dwalin y Gloin sin ceder un paso, Ori hacia lo mismo con Bofur y Bifur. El único que parecía tener problemas era Nori, con Fili y Kili. Claramente no había heredado la misma fuerza que sus hermanos. El resto de la Compañía observaba la situación sin participar de ella. Todo esto se detuvo cuando se dieron cuenta de que Gandalf los estaba mirando en silencio desde la puerta.

"Si no están demasiado ocupados, hay alguien que quiere hablar con ustedes" dijo Gandalf con una sonrisa.

Los hermanos Ri se mirar entre ellos y sin decir nada, dieron un paso atrás y entraron rápidamente a la habitación de Bilba, sin darle tiempo a sus oponentes para siquiera darse cuenta de lo que estaba pasando.

Gandalf y el resto de la compañía se apuraron en alcanzarlos y los encontraron arrodillados alrededor de la cama de Bilba, quien los miraba sin entender qué estaba pasando y algo avergonzada.

"Queremos renovar nuestro juramente ante ti, nuestra señora" dijo Dori, siendo el mayor de los hermanos, el jefe de la familia "No nos importa quien sea, nuestra familia seguirá teniendo la misma deuda contigo y la promesa se mantiene sin importar nada"

"Me honran y vuelvo a aceptar sus promesas como el primer día que las hicieron"

Al escuchar esto, los tres hermanos se volvieron a poner de pie y rodearon la cama de Bilba, con Ori más cerca de la cabecera que los otros dos.

Los otros enanos ya habían terminado de entrar y todos se quedaron sin saber que decir. La vez anterior que habían entrado a la habitación, ninguno había pensado qué estaba pasando realmente, por la emoción de que Bilba finalmente había despertado. Pero ahora, cada uno parecía haber tomado consciencia de la situación y no estaban demasiado seguro de como proceder. Al mirar a Bilba sentada en la cama, con el pelo suelto llegándole casi a los hombros y una sonrisa algo sonrojada, no podían creer que no habían descubierto que era una mujer la primera vez que la vieron. La delicadeza y dulzura de cada uno de sus rasgos parecían inconfundiblemente femeninos, pero aun así habían sido engañados con facilidad.

"Hola" la tímida voz de Bilba los sacó del encantamiento en que se encontraban y varios ojos se agrandaron al darse cuenta que era la primera voz que escuchaban su verdadera voz, sin que la forzara para parecer más grave.

Balin fue el primero en avanzar hacia ella. Bajo la mirada ante de los Ri, se quedó a un par de metros de ella, sin dejar de sonreírle.

"Bilb… Bilba, creo que me acostumbraré rápidamente a llamarte así. Sin lugar a dudas te queda mejor" fue lo único que le dijo. Un murmullo corrió entre los enanos, aprobando sus palabras. Una que otra risita se escuchó en el fondo.

Al sentir la aceptación de los que consideraba como su familia, las lágrimas cubrieron la cara de Bilba.

"Lamento haberles mentido…yo…" un sollozo se escapó de su boca.

Ori estaba rápidamente a su lado, abrazándola, mientras Balin siguió hablando.

"Gandalf nos explicó por qué creíste que sería necesario ocultarte de esa forma de nosotros. Incluso si en nuestra cultura no existen tantas… dificultades con respecto al tema, sabemos que con las otras razas el ser mujeres puede ser difícil e incluso peligroso. Podemos entender tus razones, incluso si nos resultan extrañas. Solo espero que sepas, que ninguno de nosotros te haría ningún tipo de daño. Nunca" sus palabras fueron seguidas de un par de exclamaciones de aprobación.

Bilba se secaba las lágrimas en las mangas, sin que le importaran los modales.

"Oh, lo sé. Después de lo que he aprendido de cada uno de ustedes, sé que ninguno me dañaría de la forma que podría temer. Espero que me den la oportunidad de seguir conociéndolos aún más"

"Bilba, ese no será un problema por nuestra parte. Nosotros también te queremos conocer mejor" Bofur le dio un guiño y Bilba se rio de las maneras coquetas de su amigo. Sabía que no había verdadera intención de cortejarla. Él simplemente era así.

"Es cierto, después de todo lo que has hecho por nosotros, no esperes que simplemente te dejemos de lado por un detalle tan pequeño" comentó Fili "Además, si dejáramos que algo cambiara solo porque en realidad eres mujer, Amad no nos perdonaría nunca"

Tanto Fili como Kili sintieron una corriente helada por sus espaldas, imaginándose la reacción de su madre si juzgaran negativamente a Bilba solo por ser mujer. Varios de los enanos que conocían a Dis empalidecieron ante la idea.

"Además, has sido honesta con todo lo otro" comentó Bofur, quien a esa altura ya se había empezado a acercar a Bilba "No nos ocultaste nada sobre lo de ser una Hija del Destino. Si alguien me pregunta, no es algo que a mí me gustaría ir contando por allí"

"Ninguno de nosotros te guarda rencor, ¿verdad, Thorin?... ¿Thorin?" Balin estaba mirando al líder de la compañía, quien no contestó nada. Todos se dieron vuelta para mirarlo, esperando algún tipo de respuesta, pero permaneció en silencio.

Sin decir nada, Thorin se giró y salió rápidamente de la habitación.

"Parce que no todos están dispuestos a aceptarme" comentó Bilba, bajando la mirada sus manos, que reposaban sobre sus piernas "Lo entiendo, tendré que ganarme su confianza, incluso si nunca la tuve antes. De todas formas. Muchísimas gracias a todos. Haré lo posible por no defraudarlos"

"Mi Señora, aun no nos has dicho qué es lo que era ese anillo, lo que te alteró a ti y a Gandalf a al punto de sacarnos a patadas de aquí" por supuesto que Ori no olvidaría ese pequeño detalle.

Por suerte fue Gandalf quien se encargó de responder.

"Al final no era lo que creí que sería. Bilba estaba alterada y desorientada tras su largo tiempo inconsciente, no había verdadero peligro en la baratija esa. Nada de qué preocuparse" el tono descuidado del mago hizo que los enanos simplemente se encogieran de hombros e ignoran el tema. Qué les importaba a ellos un anillo sin nada especial, justo cuando acaban de recuperar a su ladrona.

Justo entonces Bilba soltó un enorme bostezo, el cual no pudo evitar.

"Está bien, es hora de que salgamos. Bilba necesita descansar para poder recuperarse y no podrá hacerlo con nosotros aquí. Salgan, salgan. Ya podrán verla después, cuando se encuentre mejor" Oin se encargó de sacar a los enanos a pesar de sus protestas, tarea que fue facilitada con promesas de Bilba de avisarles cuando se encontrara mejor y lista para estar con ellos.

Mientras salían, Balin se dirigió a su hermano.

"Busca a Thorin. Creo que tengo una idea de lo que podría estar pasando por su cabeza en este minuto. Si tengo razón, va a necesitar toda nuestra ayuda" Dwalin asintió y empezó a buscar a su mejor amigo.

"Mahal. Mahal. Mahal. Mahal" pensaba Thorin mientras salía de la cabaña de Beorn, dejando atrás a Bilba y la Compañía. Era hermosa. En el segundo que la vio allí, sentada en la cama, mirándolos tímidamente, el corazón de Thorin se detuvo. Todas las dudas que habían turbado su cabeza desde que descubrió que Bilbo en realidad era Bilba ahora estaban dispersadas. Bilba era su Única. Lo supo solo con verla. Ahora todo tenía sentido. Todo lo que antes estaba mal en Bilbo, esa extraña sensación que le producía el hobbit… ¡Mahal! ¿Cómo había sido tan estúpido? ¿Cómo no se dio cuenta de lo que le estaba ocurriendo? No era la primera vez que algo así pasaba entre los enanos, que en un principio la atracción hacia el Único fuera confundida de alguna manera. Pero al verla allí, con su cabello suelto, por primera vez limpia y sin ningún tipo de artilugio para engañarlos sobre su género. Era tan obvio ahora. La forma en que sonreía, los celos que sentía al verla con Bofur, su preocupación por el resto, su paso ligero al caminar e incluso como intentaba entrenarse en las armas para ayudarlos. Todo ese tiempo, había sido su Única, aquella persona que sería perfecta para él en todo sentido.

Pero lo había arruinado. Bilba lo despreciaba. La forma en que la había tratado desde que salieron de la Comarca no tenía escusa. La había tratado de una manera horrible y ahora ella no lo quería cerca. Gandalf se lo advirtió, le dijo que la empezara a tratar mejor, pero simplemente decidió ignorarlo.

Y la forma en que salió de la habitación, con todos mirándolo y esperando su respuesta. Seguramente ahora creía que no estaba dispuesto a aceptarla. Su corazón la había aceptado desde la primera vez que la vio, pero su cabeza era demasiado estúpida para darse cuenta. Y ahora lo había vuelto a arruinar.

Dejándose caer al suelo, Thorin se dio cuenta de que se encontraba en el bosque que rodeaba la cabaña. No sabía por cuanto tiempo había caminado, pero eso no importaba ahora. Se agarró la cabeza y se quedó allí, teniendo los mismos pensamientos una y otra vez, siempre volviendo a lo hermosa que era Bilba y lo perfecta que era en todo sentido.