N/A: Hola! Acá está el capítulo que llevo tanto tiempo escribiendo! No es demasiado largo, pero me gustó cómo quedó. Espero que lo disfruten


Una vez que Bilba despertó, su recuperación volvió a recuperar el ritmo normal, o lo que era normal para ella. Al cabo de un día ya había recuperado sus fuerzas y sus heridas se habían sanado. Pero incluso con su cicatrización que bordeaba lo milagroso, la mordida del hombro había dejado una horrible cicatriz, la cual no perdió nunca el color morado oscuro, con tonos negro y verdes en algunas partes.

El humor de los enanos también mejoró con el despertar de Bilba. De inmediato, pasaron de una actitud que bordeaba el luto y contante preocupación a su forma normal de actuar. Risas se volvieron a escuchar en las comidas compartidas y más de una pelea surgió por alguna tontería, pero todos estaban tan animados y despreocupados que nunca nada pasó a mayores. Gandalf le explicó a Bilba que una pelea a puños en las comidas era casi una costumbre entre los enanos y más que verdaderas peleas, eran simples farsas para mantener a Bilba entretenida. Desde que había despertado, todos los enanos se desasían para complacerla. Balin y Oin tomaban cada oportunidad que tenían para contarle diferentes relatos llenos de sabiduría, enseñándole de pasada pequeños trucos sus oficios como consejero del reino y sanador. Bofur la hacía reír tanto, que más de una vez terminaron los dos tirados en el suelo, afirmándose el estómago por temor a que este se les cayera de la risa. Bifur se sentaba con ella, mientras salía a ver como el resto entrenaba en sus tiempos de ocio. No decían mucho, pero el silencio que compartían mientras el enano tallaba figuras de madera era reconfortante para ambos, más de una ve Bilba terminó con una nueva estatuilla. Dwalin y Gloin eran los que más peleaban por tonterías, como la última galleta de la alacena, para sacarle sonrisas radiantes. Cada vez que conseguían robarle una carcajada, el ruido melodioso les daba la sensación de que perdían una carga de sus hombros. Fili y Kili le hablaban de las travesuras de sus infancias o le pedían consejos para alguna broma al resto de la Compañía. Bombur, por su parte, había conseguido entrar a la cocina de Beor y se había propuesto a sí mismo que Bilba recuperara el peso perdido durante el viaje a través de pasteles y galletas recién horneadas. Los hermanos Ri pocas veces la dejaban sola, siempre presentes mientras los otros enanos hacían sus gracias ante su Señora. Ori documentaba historia que escuchaba de Bilba, junto con las costumbres de los hobbit que aprendía a través de ellas. Nori le enseñaba a perfeccionar su control sobre sus cuchillos y otros tipos de armas de larga distancia, Kili había estado especialmente emocionado ante su interés por aprender a utilizar el arco. Poco a poco, Bilba iba mejorando en tirar sus múltiples cuchillos y el arco que le había hecho Kili se acomodaba perfectamente a sus brazos, de forma que casi ni lo sentía. A Dori le gustaba servirle infinitas infusiones, de todo tipo de sabores y olores, con una calma y delicadeza que Bilba envidiaba, recordado sus desastrosos intentos de ser anfitriona en la Comarca. Pero delicadeza no le impidió a Dori levantar a Dwalin por su cabeza y tirarlo por una ventana, la vez que su "pelea" con Gloin terminó con Bilba empapada de té cuando voltearon la mesa.

Beorn había tomado un especial interés en Bilba. En las comidas, se aseguraba siempre de sentarla a su lado y de llenar constantemente su plato, riendo a carcajadas cada vez que ella lo limpia de toda miga. Había tomado también la costumbre de sentarla en su hombro, ignorando las protestas de todos los presentes, por lo que a Bilba no le había quedado más opción que acomodarse entre su melena, sin dejar de comer mientras se encontraba allá arriba. En un principio se había sentido terriblemente avergonzada, pero terminó por acostumbrarse a la manera en que el cambia-formas la trataba. Con el tiempo, se dio cuenta que detrás de todos los gestos de Beorn, no había más que un hombre solitario que extrañaba el contacto con otros, por lo que no pudo más que empatizar con él. Los dos habían sido dos criaturas solitarias por demasiado tiempo. Además, al cambia-formas le divertía de sobre manera ver lo furiosos que se ponían los enanos cada vez que él la apartaba de sus lados. No pasó mucho tiempo antes de Bilba sintiera con gran cariño por él, el cual fue mutuo. Más de una vez cambio a su forma a la de un gran oso negro, el más grande que habían visto en sus vidas, para llevar a Bilba sobre su lomo y darle recorridos por su dominio, mostrándole cada planta y animal que en el habitaba, obviamente orgulloso de sí mismo y de sus criaturas.

Incluso Gandalf dejaba escapar un quejido de vez en cuando el cambia-formas apartaba a Bilba de su lado, pero el mago sabía tomárselo con más humor que los enanos. La hobbit y el mago no tenían muchas oportunidades para hablar a solas, pero eso no implicaba que de vez en cuando compartieran miradas llenas de significado. Aun desde lo lejos, Gandalf era capaz de ver como el cargar con el anillo había quitado una pequeña chispa de los ojos de Bilba, incluso si su recuperación había significado una gran mejoría. Aquellos que no la habían visto correr entre los pies de sus padres, persiguiendo mariposas, no extrañarían esa actitud feliz y llena de vida. Pero incluso con el anillo y lo que este significaba, era la primera vez que Bilba se mostraba tan feliz frente a los enanos.

Lo que sin duda influía más en el buen ánimo de Bilba y su rápida recuperación, era el verse liberada del secreto que había tenido que cargar durante todo el viaje. Era como si hubiera dejado una pesada carga en la cueva de los goblins. Claro, el anillo aún le afectaba, pero eso no impedía que hubiera una gran mejoría en su forma de actuar en comparación con lo que conocían los enanos. La nueva Bilba era sin dudas una especia de versión mejorada del Bilbo que ellos habían conocido.

El único que no parecía ser partícipe del éxtasis en que se encontraban todos los habitantes de la cabaña era Thorin.

Bilba veía como el Rey Bajo la Montaña la observaba desde lo lejos, siempre distante y murmurando para sí mismo. En un principio, esto la llenaba de temor. La lealtad de la Compañía hacia Thorin era indudable, por lo que temía que el enano los hiciera escoger entre él y la hobbit. Pero ya habían pasado aproximadamente dos semanas y nada parecido a ello había ocurrido aún. Bilba no lo entendía. Más de una vez le había pedido consejo a Balin y Dwalin, quienes eran los que mejor lo conocían, pero ellos simplemente negaron la cabeza, respondiéndole que no era su lugar meterse. El único comentario de Balin fue que tuviera paciencia y que le diera una oportunidad.

'¿Una oportunidad para qué? Ni siquiera me ha intentado hablar' pensó Bilba en una de las pocas oportunidades que estaba sola. Estaba empezando a amar a los enanos de todo corazón, como los integrantes de una familia que la aceptaba plenamente por primera vez, pero podía llegar a resultar agotadores si estaban acompañándola todo el tiempo. Había escogido recostarse sobre el pasto, apoyada en un árbol solitario, a unos metros del bosque que rodeaba la cabaña. No temía al ataque de alguna de las criaturas que lo habitaban, pues todas ellas sabían que era el territorio de Beorn y que todos los que se encontraban en el estaban bajo su protección, además, había conocido a casi todos los animales del territorio gracias a Beorn.

Es por eso que, cuando escucho el murmullo de las hojas al ser pisadas, no se preocupó en correr a la seguridad de la cabaña, pero permaneció atenta. Sus puntiagudas orejas siguieron el movimiento desde el segundo que lo detectaron. Después de varios minutos en que la figura iba y venía en su dirección, indecisa, Bilba empezó a sentir curiosidad. Entreabrió los ojos levemente, para ver a Thorin caminando en su dirección, mientras murmuraba para sí mismo. Lo esperó pacientemente, sin terminar de abrir los ojos, pero antes de que llegara a terminar de acercársele, se volvía a alejar de ella. Esto ocurrió más de un par de vez y la curiosidad de Bilba solo aumentaba. Finalmente, cuando estaba más cerca que nunca, Bilba optó por terminar de abrir los ojos.

"¿Te puedo ayudar en algo?" preguntó llena de cortesía, en un tono un poco más amable de lo que era normal en ella, para evitar el conflicto al que tanto temía con Thorin. No le costaba nada ser precavida con el enano que se había mostrado tan desagradable con ella en cada oportunidad que había tenido durante el viaje.

Para su sorpresa, Thorin abrió los ojos cómicamente, sorprendido al verla despierta, y solo murmuró algo que Bilba no alcanzó a entender, antes de alejarse definitivamente.

Después de ese extraño suceso, Bilba empezó a ponerle más atención al líder de la Compañía. Solía permanecer apartado del grupo de enanos que siempre rotaba a su alrededor, pero no era porque le faltaran intentos por acercarse. Más de una vez, observándolo de reojo, Bilba había notado que se intentaba acercar, pero sus intentos eran no habían sido más efectivos que cuando se había encontrado sola. Aun que resultaban igual de inefectivos. Cuando los enanos notaban su modo de actuar, algunos trataban de animarlo a que se terminara de acercara, tan disimuladamente como era capaz un enano, sin obtener mejores resultados. Todo el rechazo que le producía Thorin en un principio se estaba desvaneciendo, solo para ser reemplazado con curiosidad en la hobbit. Desde que lo conocía, nunca lo había visto actuar de esa manera. No era el enano grosero e invasivo que conocía.

Bilba estaba pensando en Thorin y su nueva forma de actuar mientras preparaba su equipaje para continuar su viaje. Beorn les había dado todos los suministros que necesitaban, todos excepto carne. Pero nadie de quejaría por la falta de esta ante el sueño de casa, ya que por primera vez desde que salieron de la Comarca, sus bolsas estaban completamente llenas y tenían provisiones para las dificultades que tendrían que enfrentar.

Estaba terminando de traspasar sus cosas de la mochila vieja y rota que la había acompañado desde la Comarca a la nueva y resistente que le había dado Beorn, cuando escuchó el quejido de la puerta entreabriéndose lentamente. No necesitó darse vuelta para saber quién se encontraba tras ella. Solo había un enano que intentaba ser tan silencioso a la hora de acercársele, incluso si no tenía éxito al lograrlo.

"Thorin, por favor, entra" le dijo cerrando la mochila.

Pasaron unos segundos de silencio antes de que lo escuchara entras a la habitación, donde se quedó cerca de la puerta. Bilba se giró para encontrarlo mirando el suelo, lleno del nerviosismo que tan poco lo había caracterizado durante todo el viaje.

Bilba se restregó las manos contra los pantalones, tratando de ignorar su propio nerviosismo. Incluso con el cambio de actitud de Thorin, había algo en el enano que la hacía sentirse diferente, lo que le incomodaba al desconocer la sensación.

"Quería hablar contigo antes de que partiéramos" Thorin levantó la vista al escucharla, algo parecido a esperanza en sus ojos "Ambos sabemos que partimos con el pie izquierdo. No diré que fue mi culpa por no haberles dicho quién era en realidad, pero tal vez eso hubiera hecho las cosas más fáciles"

"No…" Bilba se detuvo para escucharlo, sorprendiéndose al ver que un rubor cubría las mejillas de Thorin "Fue mi culpa. Mi comportamiento hacia ti fue inexcusable. Independiente del género, no debería haberte tratado de esa forma. No puedes imaginar la vergüenza que siento al pensar en la forma que me comporté contigo. Te doy mis más sinceras disculpas y espero que algún día me puedas perdonar"

Incluso si el discurso sonaba como si lo hubiera practicado varias veces, algo le decía a Bilba que había solo sinceridad en sus palabras. Decidió confiar en lo que le decía, al fin y al cabo, siempre había sido muy buena juzgando el carácter de otros.

"Admito que en este minuto, no puedo evitar recordar con molestia la forma en que nos relacionamos, en especial tus bruscas maneras en mi contra, o palabras hirientes" el corazón de Thorin se hundía en su pecho al escucharla "Pero eso no significa que no pueda perdonarte por ello. Fuiste desagradable, sí, pero yo tampoco fui demasiado amable. ¿Qué te parece si intentamos de nuevo? No digo que seamos mejores amigos desde ahora, pero me gustaría conocer al enano que ha conseguido que lo sigan con tal lealtad aquellos a los que llamo amigos. Quiero conocer al enano que Fili y Kili miran con tanta admiración y que el resto respeta tanto. Tal vez, una vez que lo conozca, pueda llegar a admirarlo y respetarlo yo también"

Si no estuviera tan conmocionado por sus palabras, y no fuera tan tímido alrededor de la hobbit, Thorin seguramente habría levantado a Bilba en sus brazos y hubiera girado hasta que los dos terminaran con la cabeza revuelta, por la felicidad que sentía al escuchar sus palabras, las que le daban una esperanza para el futuro. ¡Su Única quería conocerlo! No se sentía así de feliz desde que Dis había puesto a Fili, y después Kili, en sus brazos. Tenía una oportunidad de enmendar sus errores.

"También quiero llegar a conocerla mejor, Señorita Bolsón"

"Nada de Señorita Bolsón. Llámame Bilba, igual que todo el resto. Si queremos llegar a conocernos, deberíamos empezar con pequeños detalles como ese"

"Está bien, Bilba. Llámame Thorin"

Bilba sabía que su relación con Thorin no sería algo que mejorara en un abrir de ojos, pero el que ambos estuvieran dispuestos a intentarlo era el primer paso para poder avanzar. Thorin se despidió con extrema delicadeza, la cual aún le confundía, y salió de la habitación, cerrando la puerta tras él. Una vez que hubo salido, Bilba se dejó caer de espalda sobre su cama, pensativa. Por alguna razón, el corazón se le había acelerado con la presencia de Thorin a su lado. Le incomodaba, porque no sabía que se supone que significaba. Nunca había experimentado algo así. Había algo en él que…¿la atraía? No se sentía cómo las veces que le había gustado alguno de los hobbits de la Comarca, lo que solo había pasado unas dos vez. Por alguna razón, sentía como si algo en su interior la empujara hacia él, de una forma que no había sentido antes de caer en la cueva de los goblins. Quizás tenía algo que ver con el sueño que había tenido, el cual apenas recordaba, mientras estaba inconsciente. No sabía lo que era, pero no dejaría que su confusión la detuviera. Más adelante podría detenerse a pensar en ello, cuando hubieran recuperado Erebor y el dragón que lo habitaba ya no viviera más. Era un pensamiento que le daba escalofríos, pensar que al final del viaje se tendría que enfrentar a Smaug.

Llevándose la mano al pecho, tomo la cadena de la cual colgaban los retratos miniatura de sus padres. Le había tomado un largo tiempo, pero con la suficiente práctica e intentos fallidos, consiguió dibujarlos tal y como los recordaba. Los había hecho el año en que murieron sus padres, pero aún seguían en perfectas condiciones. No siempre había tenido facilidades con el dibujo, pero después de mucha práctica, había logrado ser una retratista más que decente. Acariciando las imágenes de sus padres, no podía dejar de preguntarse si estarían orgullosos de ella. Una parte de ella creía que sí. Siempre habían buscado su felicidad y por primera vez en muchos años, Bilba era completamente feliz.


Cuando salió de su habitación, colgándose la mochila a los hombros, todos los enanos la esperaban mientras cargaban los ponys que les había prestado Beorn, con la condición de que los dejaran libres una vez que llegaran a Mirkwood.

"Recuerden, no beban ni coman nada que provenga de ese bosque. Raciones las provisiones desde el primer día, aunque si es que siguen el camino de piedras, deberían alcanzarles sin problemas hasta Laketown" les advertía el cambia-formas, como había hecho desde que supo hacia donde se dirigían "Y nunca, nunca, dejen el camino. No lo volverán a encontrar ni aunque lo buscaran por veinte lunas"

Todos asentían a sus palabras, siendo conscientes de la seriedad que tenían. Beorn se acercó después a Bilba, que empezaba a cargar el pony que le correspondía con sus cosas.

"Sabes que no tienes por qué dejar este lugar, mi querida hobbit" no era la primera vez que Beorn le decía palabras semejantes, para gran molestia de los enanos "Si decides quedarte, todos los habitantes de este prado se desvivirán para complacerte, yo incluido. Despertaras todos los días sobre un colchón suave, escuchando a los pajaritos cantando en tu ventana. Te prometo siete comidas diarias incluso en el invierno más duro y nunca nadie dirá una palabra en tu contra, ya sea elfo, humano, enano o animal, sin que yo haga justicia en tu honor. Serás prácticamente una reina. Tus palabras serán escuchadas y consejos tomados en cuenta. No vayas a las tierras donde nada verde crece, hija de Yavanna, esos no son lugares para ti. Quédate aquí, este es tu lugar"

Thorin escuchaba estas palabras preocupado. Todo o que le ofrecía Beorn eran las cosas que él no era capaz de ofrecer, no hasta que hubiera recuperado su reino y matado al dragón que se los había quitado. Pero para ello, necesitaban a Bilba. Ella sería la clave para el éxito de la misión. Lo que significaba que si Bilba decidía no seguir con ellos, fallarían. No podría culparla si se quedaba, si iba con ellos solo le esperaraba peligro, dificultades e incomodidades. Nada en comparación con lo que el cambia-formas ofrecía a la hobbit. Cuando se dio cuenta que Bilba estaba por responder, volvió a poner atención a lo que ella decía.

"…ias, Beorn, pero no puedo quedarme. Le prometí a los enanos que los acompañaría y ayudaría a recuperar Erebor. Es cierto que nada verde crece a los pies de la montaña desde la llegada del dragón, pero eso no significa que nunca nada crecerá. ¿Qué mejor que un hobbit para hacer que las creaciones de Yavanna vuelvan a cubrir esas tierras? No significa que esta sea la última vez que nos veamos, mi enorme amigo. Vendré a visitarte, y tú podrás ir a la Comarca cuando quieras. Incluso si es probable que no te puedas meter dentro de mi casa, siempre serás bien recibido. Nos las arreglaremos. No importa donde me encuentre, siempre que este yo, tendrás familia en ese lugar"

Beorn se arrodilló para tomar a Bilba en sus enormes brazos y abrazarla, ante lo cual Bilba respondió con una risa y le dio el abrazo más fuerte y apretado que había dado en su vida, para que el cambia-formas sintiera la verdad de sus palabras. Beorn, en cambio, se preocupaba de ser extremadamente delicado con la hobbit que tenía en sus brazos.

"Gracias, Bilba, espero que nos volvamos a encontrar más pronto que tarde" le dijo, dejándola de vuelta en el suelo.

"Cuando nos volvamos a ver, te aseguro que tendré muchas nuevas historias que contarte"

Cuando terminaron de cargar los ponys, no se demoraron en montarlos y empezar su camino a Mirkwood. Más de alguno aseguro ver la figura de un gran oso negro a lo lejos, que no los perdía de vista. Gandalf respondía a esos comentarios diciendo que Beorn solo se estaba aseguraba de que sus ponys, a los que amaba como hijos, fueran tratados bien.

Cuando finalmente llegaron a las orillas del bosque, desmontaron y descargaron a los ponys con gran agilidad, distribuyendo el peso entre ellos de forma que pudieran resistir el viaje que se les venía más adelante. Nori se estaba acercando al caballo de Gandalf para quitarle las alforjas, cuando el mago salió apresurado de dentro de los árboles. Bilba ni siquiera lo había visto entrar al bosque en primer lugar.

"Deja mi montura intacta, que debo marcharme enseguida" dijo en voz alta y todos los enanos s detuvieron al escucharlo.

"¿Por qué nos abandonas ahora, mago, después de todas las advertencias sobre el peligro de este bosque?" le preguntó Thorin, obviamente molesto con Gandalf. Bilba miró a su alrededor y se dio cuenta de que no era el único. Incluso a ella no le gustaba la idea de que los volviera a abandonar. Nada bueno había pasado la ultima vez.

"Algo urgente ha surgido y necesito ir a consultarlo con Saruman, el mago blanco y me superior" Gandalf subió a su caballo con una agilidad que sorprendió a Bilba en alguien de su edad "Espérenme antes de entrar a la montaña. Abran la puerta el día de Durin, ¡pero no entren hasta que esté con ustedes! Escuchen las palabras de Bilba cada vez que deseen que estuviera yo para aconsejarlos. Mejor, hagan lo que Bilba dice, cada vez que diga algo. Confío más en su sentido común que en el de Thorin"

Sin decir más. El mago se alejó a galope tendido, dejando a la Compañía sin ningún tipo de explicación.

Thorin suspiró ruidosamente antes de ponerse su mochila y darle una palmada suave a su pony, lo que le hizo salir galopando. El resto de los ponys lo siguieron al galope. El de Bilba se detuvo antes a revolverle juguetonamente el cabello a su jinete, antes de seguir a sus hermanos y hermanas.

"Adiós" murmuró ella al verlos alejarse, mientras los enanos comenzaban a entrar en el bosque, siguiendo el camino de piedra de cual tanto les habían hablado.

"¿Vienes, Bilba?" le preguntó Bofur, que la esperaba entre los árboles.

"Si. Vamos"