N/A: Mis disculpas no serán suficientes para lo mucho que los he hecho esperar, pero de todas formas, perdón. Hago o que puedo, pero en verdad, la universidad parece absorber mi capacidad intelectual al punto que me deja seca.
Puede que este semestre pueda escribir algo entre las clases y trabajos, pero no prometo nada.
Agradezco a todos los que me han mandado mensajes, en serio me han ayudado a poder terminar este capítulo. Espero que lo disfruten.
Capítulo 18
Antes de que supiera lo que estaba pasando, Bilba se encontraba en los brazos de Thorin, siendo apretada contra los barrotes de la celda. El trozo de pan que le habían dado cayó al suelo, pero Bilba no tuvo un segundo para preocuparse por ello. Todo su cuerpo se sacudía con cada sollozo del enano, el cual apagaba cualquier ruido que saliera de su boca contra el hombro de la hobbit. Incapaces de sostenerse en sus piernas, Thorin cayó de rodillas, llevando a Bilba con él al suelo. Los brazos de Bilba se movieron casi involuntariamente, envolviendo al enano, buscando consolarlo aunque sea solo un poco. Pero Thorin no dio más señales de notarlo más que apretándola más fuerte contra sí, sin que llegara a ser doloroso para ella. Incluso a través de la evidente angustia del enano, la estaba tratando con gran delicadeza, temiendo que si le hacía algo, desaparecería. Verlo en ese estado le rompía el corazón, angustia casi asfixiándola al ver al enano sufriendo de tal manera.
"Shhhh… Thorin, estoy aquí… shhh" dijo Bilba en voz baja, susurrándole a su oído. "Thorin…"
El enano levantó la mirada, sin separarse de ella y Bilba tuvo la primera visión clara de la cara de Thorin. Era como si hubiera envejecido veinte años durante el tiempo que habían estado separados. Sus ojos parecían haber perdido la llama de vida y determinación que antes abundaba en sus ojos. El verlo en este estado era desgarrador para Bilba. Las trenzas estaban semi desechas y su ropa estaba en un estado horrible, incluso peor que la del resto de los enanos.
El enano la tomó por la base del cuello y sin dejar de mirarla, la acercó a sí hasta que sus frentes se estaban presionando. Al hacerlo, cerró los ojos y dio un suspiro tembloroso que Bilba interpretó como alivio.
"Bilba… creí que te había perdido…" Thorin no dejaba de temblar y las lágrimas seguían cayendo por sus ojos cerrados, otro sollozo escapó de su boca.
Bilba lo abrazó un poco más fuerte, a pesar de lo incomodo que era hacerlo a través de los barrotes.
"Estoy bien, Thorin. Todos se encuentran a salvo. Nadie está herido"
"Te di por muerta… cuando no te vi entre nosotros cuando nos tomaron prisioneros. Creí que nunca te volvería a ver…"
Thorin había abierto los ojos y ahora miraba los de Bilba con gran intensidad. Con sumo cuidado, como si se fuera a desvanecer, apoyo una mano en su mejilla. Bilba la tomó y la apretó con firmeza, demostrándole que estaba allí.
"Estoy aquí, ¿ves? Estoy bien"
"Bilba… no entiendes, si te hubiera perdido, yo… Tú eres…" las palabras parecían fallarle, incapaz de terminar una solo idea, pero la emoción detrás de ellas era dolorosamente evidente "Bilba, yo…"
Fue entonces que Bilba se dio cuenta de que no estaba lista para oír lo que Thorin le iba a decir. Veía en sus ojos los sentimientos que antes no era capaz de entender y por una fracción de segundo, Bilba se sintió desbordada de una felicidad que antes le parecía imposible de sentir. Pero este no era el momento indicado para escucharlo. No mientras él y todos sus compañeros estaban aprisionados. No cuando estaban tan cerca pero a la vez tan lejos de alcanzar la meta por la que él había trabajado por tanto tiempo. No podía hacerle eso. Bilba tampoco estaba preparada para escucharlo, por lo que su respuesta no sería la indicada. Por demasiado tiempo, tuvo una visión negativa de Thorin, la cual recién estaba empezando a cambiar. La relación que tenían recién estaba surgiendo y tomando un buen camino para ambos. Es por eso que lo detuvo antes de que lograra terminar de hablar, poniendo su mano sobre la mejilla de Thorin y el pulgar sobre sus labios.
"Cuando seamos libres… dímelo cuando no hayan barrotes entre nosotros" Bilba quitó su mano y Thorin se la quedó mirando con la boca abierta, sorprendido "Lo que me fueras a decir, dilo cuando el cielo esté sobre nuestras cabezas y haya hierba a nuestros pies, cuando no tengamos que temer a una nueva amenaza. Puedes decírmelo cuando te haya ayudado finalmente a cumplir con tu misión"
Thorin contempló las palabras de Bilba con una calma que la sorprendió, sopesando lo que estuvo a punto de hacer, hasta que finalmente asintió en silencio. Bilba se alejó un poco de él, relajando sus brazos hasta que quedaron a sus lados y retrocedió un poco para distanciarse del enano. Una parte de ella no quería hacerlo, pero sería lo mejor en ese momento. Se iba a alejar más, pero Thorin tomó su mano para que permaneciera cerca de él.
"No me dejes" las palabras sabían a suplica en los labios de Thorin, pero al enano no le importó. A Bilba suplicaría de rodillas las veces que fueran necesarias, incluso si era algo que ella nunca le exigiría. Para Thorin, la humillación no era algo que lo detuviera si eso le significaba tener a Bilba cerca en ese momento.
Bilba le dio un apretón a su mano y permaneció allí, junto a la celda. Tomando el trozo de pan que había sido olvidado en el suelo, Bilba se dejó caer una vez más cerca de Thorin.
"Balin te envió esto. Dijo que no te alimentan tan seguido como a ellos" Thorin tomó el trozo de pan que le ofrecía y estuvo a punto de llevárselo a la boca, cuando el estómago de Bilba rugió.
"Supongo que no soy el único que no ha comido poco estos días".
Intentando contener la débil risa, Thorin le entregó una mitad a Bilba y empezó a comer. Bilba la recibió sonrojada y empezó a comer en silencio junto a él. De no ser por el hambre que tenía, seguramente lo habría rechazado, pero sabía que no podría funcionar correctamente a menos que se alimentara mejor. Apoyándose uno contra el otro, comieron en silencio.
Thorin no podía creer Bilba estuviera de vuelta a su lado, masticando distraída las pocas migajas que le había podido compartir. Durante tres días, solo pudo pensar que la había perdido. Que por su culpa, su Única ya no estaba a su lado ni nunca lo podría estar. Era un pensamiento que por tres largos días de soledad lo había atormentado. Cuando la oyó a su espalda, pensó que había empezado a volverse loco. Cosa que no le hubiera extrañado. No era inaudito que algo así ocurriera. Su hermana Dis era una de las pocas que había logrado permanecer mentalmente sana tras la muerte de su Único, Vili, el padre de Fili y Kili. Y lo que Bilba le había dicho al pedirle que no siguiera hablando… había una esperanza, casi certeza de que en el futuro estaría todo bien. Solo tenía que ser paciente.
"Bilba, grac…" Thorin se giró un poco para mirarla mientras hablaba, cuando se dio cuenta que la hobbit se había quedado dormida apoyada contra él, obviamente agotada por los últimos días. Sonriendo al ver su cara relajada, con la boca ligeramente abierta y un mechón sobre el ojo derecho. Con gran cuidado, Thorin lo apartó y se acomodó para que Bilba estuviera más cómoda. Atento a cualquier señal de que alguien se acercara, la envolvió bajo su brazo y ella se acurrucó contra él buscando calor.
Con gran cuidado y atenta a cualquier ruido, Bilba salió de las sombras que la ocultaban y tomó un pasillo que hasta ahora no había recorrido.
Durante los últimos cuatro días, se había dedicado buscar una forma de escapar con los enanos, recorriendo cada esquina y pasillo posible. Siempre con gran cuidado de recordar el camino de vuelta a las celdas, donde pasaba las tardes y noches, bajo la mirada protectora de sus amigos y familiares adoptivos. Tuvo una sensación cálida en el pecho al pensar en Thorin y las horas que habían pasado juntos, hablando no solo de escapar, sino de sus pasados. Bilba escuchó historias sobre Frerin, el hermano que había perdido hace tanto tiempo en batalla, que al parecer había sido tan travieso como Kili. Solo con escuchar su tono, Bilba supo que no era algo que hablara a la ligereza. Bilba le contó a su vez sobre sus padres e infancia, abriéndose de una forma que nunca había hecho antes. Hablaron sobre sus sueños y esperanzas. Thorin le contó sobre su deseo de ver a su pueblo seguro, establecido en el reino que habían sido forzados a dejar tanto tiempo atrás. Bilba le hablo de su deseo de pertenecer realmente a un lugar y un grupo que la acogiera. También hablaron sus más profundos temores, uno temía el de no ser suficiente para salvar y ayudar a todos los que dependían de él, mientras que la otra temía al ser abandonada por los que la rodeaban y perder una vez más a aquellos que eran cercanos a su corazón.
Fue por estar pensando en la conversación que habían tenido la noche anterior que Bilba se distrajo y no escucho a un grupo de guardias que se acercaban. Ante la inminente amenaza de ser encontrada, Bilba simplemente abrió la puerta de su izquierda y entró antes de que los guardias la alcanzaran a ver.
Sabía que sería mejor si llevara puesto el anillo, volverse invisible sería la solución a gran parte de sus problemas a la hora de buscar una forma de escapar. Pero la sensación que tenía cada vez que su piel entraba en contacto con el metal era demasiado horrible. A menos que fuera estrictamente necesario, no se pondría el anillo.
Cerrando la puerta con gran cuidado de no hacer ningún ruido, apoyó su oreja contra la madera, escuchando como los guardias pasaban de largo sin siquiera detenerse por un segundo. Mantenían la conversación, sin dar muestra alguna de haber notado algo extraño. Dejando escapar un resoplido de alivio, se dejó caer al suelo y apoyo la frente en sus rodillas recogidas. Eso había estado demasiado cerca. No era la primera ves que casi había sido descubierta. El cansancio y hambre la estaban volviendo descuidada y no se podía permitir. Si la atrapan y encerraban también a ella, no habría forma de que la Compañía pudiera escapar.
Quizás hubiera sido una buena idea ponerse el anillo ese día, pues la voz frente a ella casi la mató del susto.
"¿Te puedo preguntar qué haces dentro del palacio de mi padre? ¿Y más específicamente, en mi habitación?" la voz era melodiosa y evidentemente masculina, pero lo que le preocupó a Bilba fue que sonó directamente frente a ella y más que nada, hablándole a ella. Levantando la cabeza de sus rodillas bruscamente, esta chocó contra la muralla a su espalda y una puntada de dolor le hizo llevarse las manos a la nuca, acompañando el gesto con un gritito. "Eso tuvo que haber dolido, ¿te encuentras bien?"
Mirando al frente, Bilba vio a un elfo rubio platinado mirándola preocupado, arrodillado frente a ella y extendiendo las manos con intención de ayudarla. Era evidente en sus ojos. No había ni un ápice de maldad en ellos.
"Estoy bien" le respondió, acariciándose la cabeza sin dejar de mirarlo "Me sorprendiste"
"Imagínate lo sorprendido que estoy yo. Estaba leyendo tranquilamente en mi habitación, cuando una niña humana entra corriendo. No es algo que vea todos los días"
"No soy una niña humana. ¡Soy una hobbit adulta, muchas gracias!" Indignada, Bilba se puso de pie, desconcertada brevemente al darse cuenta que recién con ella de pie y el elfo arrodillado, quedaban frente a frente. Después de tanto tiempo con los enanos, se había vuelto a acostumbrar a hablar con gente de su estatura.
"Discúlpame, nunca antes había visto un hobbit. Mi nombre es Legolas"
"Bilba Bolsón, de los Ur, a tu servicio" le respondió con una leve inclinación, agregando inconscientemente el nombre de su familia de su familia adoptiva de la forma que ellos le habían enseñado.
"¿De los Ur? Eso suena algo enano para hobbit. ¿No tendrás algo que ver con los enanos que llegaron hace una semana a nuestro palacio, y llevan mucho más vagando nuestro bosque?"
"Vagamos solo por los ataques y peligros que encontramos en los caminos que se suponen que ustedes deben proteger. De no ser por eso, ya hubiéramos llegado a nuestro destino" respondió Bilba algo enojada, antes de caer en cuenta de lo que estaba diciendo y taparse la boca, arrepentida por haber revelado tanto. Buscando
"Tranquila, no le diré a nadie que estás aquí. No te delataré a los guardias" Legolas se puso de pie y fue hasta una mesa, donde había una bandeja con frutas "¿Te puedo ofrecer algo? Tengo la sensación de que vas a apreciar lo que hay en esta mesa más que yo"
En una situación diferente, Bilba habría aceptado sin reservas. Había algo en el elfo que la relajaba y hacía que quisiera confiar en él. Pero después de casi una semana de ver cómo eran tratados sus compañeros por los elfos del palacio, la desconfianza era su primera respuesta. Además, el uso del anillo le nublaba los pensamientos, incluso si no se lo había puesto hace días.
Legolas vio su incertidumbre y la sonrisa suave que adornaba su rostro cayó un poco. Suspirando, se inclinó sobre la bandeja y tomó una de las peras que en ella había. Sin que se le escapara la mirada hambrienta de Bilba, se la llevó a la boca y le dio una gran mascada. Después de tragar, la extendió a la hobbit.
"No tiene nada peligroso, te lo prometo"
Aun dudando, pero incapaz de resistir la tentación de comer algo fresco, quitó la pera de la mano que se la ofrecía y se le dio una gran mascada. Intentó mantenerse fuerte, pero al sentir el jugo cerró los ojos y soltó un gemido. Sus papilas que le agradecían el cambio de los gustos desabridos a los que se había visto forzada. El jugo de la fruta refrescó su boca y la llenó de dulzura.
Legolas la siguió mirando con pena.
"Había una época, en que los viajeros podían recorrer nuestros caminos sin temor a las consecuencias. Recuerdo los tiempos en que caravanas de mercaderes se hospedaban a las sombras de nuestro bosque en cada cambio de temporada y traían cosas nuevas en cada uno de sus viajes. Pero criaturas malignas acecha a en la oscuridad y no hemos hecho nada para evitarlo. Hay pocos que estén dispuestos a adentrarse en nuestros bosques por los peligros que en estos se encuentran" Bilba ya había terminado la pera y escuchaba atentamente las palabras de Legolas. Era evidente la angustia que le provocaba el haber permitido que aquello pasara "He intentado hablar con mi padre al respecto, le he rogado por encontrar una solución para ello. Pero cada vez que consigo sacar el tema, mi encuentro con una muralla impenetrable con la que no puedo razonar.
Se supone que soy el príncipe de estas tierras y que algún día serán mías para gobernar. Pero, ¿cómo espera que cumpla mi deber si no escucha mis consejos y opiniones? ¿Cómo me puedo preparar para gobernar un reino dentro del cual mi palabra pesa menos que una hoja en el viento? Por años he hecho lo que me ha pedido, he guardado silencio y obediencia como le debo a mi rey y padre, pero este no ha escuchado a su heredero y único hijo como se supone que debía hacer. Se ha vuelto obstinado y orgulloso como no puede permitirse el líder de un pueblo, por lo menos no uno del que pueda estar orgulloso"
Bilba no necesitaba escuchar más para saber que Legolas no era igual al resto de los elfos que había visto hasta ahora, los que aparentemente seguían ciegamente Thraundil. Por solo ver la forma en que hablaba y se movía, notó que no tenía la pedantería del resto, ni es aire de superioridad que estos elfos tomaban alrededor de los enanos, sus familiares y amigos. Ver a hablar Legolas fue como encontrar una luz cálida dentro de un abismo de fría oscuridad.
Esta vez, sin siquiera dudarlo, tomó un racimo de uvas y se sentó con cierta dificultad en una de las sillas frente a Legolas.
"Los enanos que tienen prisioneros son mi familia y amigos, cada uno de ellos" le explicó Bilba, metiéndose una uva a la boca cada cierta cantidad de palabras, hablando mientras masticaba "Cuando los apresaron, acabábamos de ser atacados por unas arañas gigantescas y ellos aún no se habían recuperado del veneno de estas. Nos pillaron desprevenidos y no tuvieron oportunidad de defenderse. Yo por suerte me encontraba apartada del grupo y conseguí ocultarme antes de que me apresaran a mí también. Los seguí hasta este lugar y he permanecido oculta, buscando una forma de escapar para la Compañía, robando comida cada vez que puedo, pero…"
El agotamiento de Bilba era evidente en sus ojos y Legolas no podía hacer más que admirarla.
"Ha pasado un largo tiempo desde que veo una lealtad como la tuya, joven hobbit. Tus compañeros son muy afortunados de tenerte" Bilba se sonrojó "Pero puedo ver el cansancio en tus ojos y el estado de tu ropa. Estos últimos días deben haber sido horribles, siempre hambrienta y mirando sobre tu hombro"
Bilba no podía hacer más que asentir.
Frente a los enanos se había esforzado por mantenerse fuerte y con los espíritus en alto, era la única que lo hacía. Incluso los más animosos, como Fili y Kili, habían caído en una especie de letargo ante la incapacidad de hacer algo por sí mismos. Cada vez que bajaba a darles noticias o ver como estaban, notaba que el brillo de sus ojos se apagaba poco a poco. Es por eso que no podía dejar que notaran el cansancio y desesperanza que crecía cada día más en ella. Solo algunos notaban como se encontraba en realidad, los más observadores como Ori, Balin, Dori y sorpresivamente Thorin, los cuales habían optado por agradecer sus esfuerzos en silencio sus esfuerzos sin delatarla ni hacer mención sobre ello.
Todo esto lo pudo ver el príncipe y sintió la necesidad de ayudarla.
"Puedes descansar acá, Bilba Bolsón, de los Ur, ya que yo guardaré tu sueño. Te prometo que nada te ocurrirá y juntos encontraremos una solución a tus problemas una vez que despiertes" Bilba ya sentía como sus parpados caían mientras inconscientemente se acurrucaba en la silla en la que se encontraba, pero algo le impedía dormir "Y no te preocupes, la comida seguirá aquí cuando despiertes".
Con esas últimas palabras, Bilba cayó en un sueño profundo, escuchando de vez en cuando el pasar de las hojas del libro sobre el regazo de Legolas.
De esta forma, Bilba se encontró con un inesperado aliado. Por primera vez desde que la Compañía había sido atrapada, albergaba verdadera esperanza de poder sacarlos de allí. Legolas no solo la estaba ayudando a planear el escape, sino que se había encargado de darle provisiones para el resto del viaje, las cuales iban ocultando de a poco en lugares accesibles para el momento del escape, incluso habían conseguido ocultar algunas de las armas de los enanos. Ya tenían una idea levemente esbozada de en qué consistiría, pero tenían dos problemas: no sabían cuando llevarlo a cabo ni como presentarle la idea a los enanos, porque Bilba estaba segura que no les agradaría. Ni siquiera había tenido la oportunidad de decir que Legolas la había estado ayudando.
Le estaba intentando explicar a Thorin la participación del príncipe, pero cada vez que comenzaba a hablar sobre elfos o alguien relacionado con Thraundil, conseguía la misma reacción.
"¡Maldito sea él y todos sus malditos súbditos! De no ser por ellos ya habríamos llegado a la montaña solitaria y posiblemente la entrada de la cual hablaba Gandalf"
Después de unos días, Bilba había dejado de intentar mencionar a su colaborador. Simplemente no valía la pena. Además, había empezado a descubrir el gran conversador que podía llegar a ser Thorin. Cada vez que bajaba a su calabozo pasaban largas horas hablando de todo lo que se les pasaba por la mente, encontrando cosas en común o simplemente maravillándose y encantándose por aquello que los diferenciaba con el otro. Muchas veces hablaban simplemente para olvidar en la situación en que se encontraban, distrayéndose mutuamente con las historias del otro.
También se aseguraba de hablar con el resto de la Compañía cuando no estaba con Legolas o Thorin, pasando gran parte de ese tiempo con los Ur o Ri, cuyas celdas estaban afortunadamente juntas.
"Veo que ahora ya no tienes problemas para encontrar comida" le comentó una tarde Dori a Bilba mientras se encargaba de arreglar su pelo, al ver que sacaba una especie de galleta de uno de sus bolsillos.
Bilba asintió distraída, disfrutando la sensación de sus manos trenzando delicadamente su pelo cada vez más largo. Los enanos se asombraban por lo rápido que le crecía, al ver que ya estaba un par centímetros por debajo de sus hombros.
"Hay una despensa que no suelen revisar muy seguido, dudo que noten cualquier cosa antes de que consiga sacarlos de acá" la mentirilla escapó con cierta facilidad de sus labios, sintiendo una leve culpabilidad por mentirle a quienes tanto la habían ayudado.
"¿Cómo te ha ido con eso, muchacha? ¿Algún avance?" le preguntó Bofur, que estaba apoyado contra las barras de su celda, mirando como Dori trabajaba en el peinado de la hobbit, atento a cada uno de sus movimientos.
"Ya tengo casi todo listo, la ruta de escape y provisiones para lo que nos queda del viaje. Solo me falta encontrar el momento correcto"
"Bueno, espero que consigas encontrar el momento antes del banquete que están organizando. Nuestros queridos carceleros no han dejado de hablar de ello. Si tengo que escuchar la música de estos malditos elfos una vez más, me tendré que arrancar las orejas con mis propias manos" la intervención de Dwalin la sorprendió un poco, pero no la extrañó. Últimamente todos los enanos se dedicaban a escuchar todas las conversaciones, guardando silencio cada vez que ella llegaba.
"¿Crees que ese ruido molesto llegue hasta aquí abajo?"
"No me queda ninguna duda de ello. Cuando aún reinábamos en Erebor, escuchábamos historias sobre estos banquetes" el tono de Balin parecía levemente exasperado mientras hablaba junto a su hermano "Escucharemos todo lo que ocurra en el banquete si es que seguimos aquí para entonces"
Bilba asintió, metiéndose otro pedazo de lembas a la boca y masticándolo lentamente. Tenía que recuperar el peso que había perdido desde que entrar en ese bosque maldito. A ella tampoco le interesaba estar allí durante el banquete, por lo que estaba oyendo. Todo ese frenesí y descontrol que venía con las festividades volvería a los elfos erráticos…
La respuesta le llegó a la mente tan bruscamente que casi se atragantó con lo que tenía en la boca.
"¡Eso es! Esa es la oportunidad que hemos estado esperando" se paró de golpe, ignorando las quejas de Dori al desordenar las complicadas trenzas "Aprovecharemos el banquete para sacarlos de aquí. No puedo creer que no se me haya ocurrido antes, es el momento perfecto para hacerlo"
Las miradas de preocupación de los Ur y Ri ante su estado alterado fueron cambiando a júbilo al comprender lo que estaba diciendo.
"¡Tengo que ir a decírselo a Thorin!"
Sonrisas de complicidad aparecieron en las caras de los enanos, incluso si Bilba no podía verlas, mirándose entre ellos al ver el entusiasmo con que hablaba del líder de la Compañía. Solo los Ur, y un poco los Ri, no parecían tan divertidos. El lado sobreprotector de cada una de las familias se había empezado a mostrar lentamente en los últimos días, al ver la cantidad de tiempo que pasaba Bilba con Thorin a solas.
"Espera, muchacha, no puedes bajar así" dijo Bofur, indicando que se acercara.
Bilba ya estaba casi en las escaleras que la llevarían a la celda de Thorin.
"¿Qué pasa? No puede esperar unos minutos, tengo que contarle a Thorin. Se volverá loco de alegría"
"Me imagino, muchacha, pero deja que Dori termine con tu cabello. No es apropiado que te vea así"
Bilba solo lo miraba extrañada, buscó las miradas del resto en busca de una explicación, pero se sorprendió al notar por primera vez que solo los Ur y Ri miraban en su dirección. El resto de los enanos, si bien estaban todos cerca de las barras de sus celdas, le estaban dando la espalda o miraban el suelo. Si se hubiera fijado antes, se habría dado cuenta que cada vez que Dori o Bifur trenzaban su cabello, ellos eran los mejores haciéndolo, aquellos que no pertenecían a su círculo más cercano, sus familiares prácticamente, no la miraban.
"Recuerda que el pelo tiene una importancia especial para nosotros, que tiene significados diferentes" Ori le hablaba con delicadeza "Familiares se pueden trenzar el pelo entre ellos, es normal. Nosotros los Ri nos hemos jurado a ti, somos tus siervos en todo sentido y por eso no te hemos adoptado como los Ur, pero eres prácticamente de nuestra familia también. Nuestro juramento nos lo impide. Pero otros enanos no tienen esos privilegios y por ello, verte con el cabello suelto puede ser… indecoroso"
"Pero todos ustedes me han visto con el pelo suelto desde que salimos de la Comarca" incluso si no tenía sentido para ella, sentía como las mejillas se le calentaban ante la idea que le estaban transmitiendo.
"Si, pero entonces era diferente. Lo llevabas corto, te hacías pasar por hombre y aun no habías sido adoptada por una familia de enanos" explicó Nori, apoyándose de brazos cruzados contra la muralla "Si bajas ahora, con el pelo así, a ver a Thorin, es como si bajaras medio desnuda en tu cultura"
A esas alturas, el rostro de Bilba ya estaba tan rojo como sus tomates de primer lugar y se sentó sin decir más frente a Dori, quien continuó trabajando en las tranzas que había dejado a medio terminar.
Bilba permaneció en silencio, algo avergonzada por toda la situación y sus acompañantes eran lo suficientemente discretos y conscientes de su incomodidad para no hablar por el tiempo que ella estuvo allí. En su silencio, la mente de Bilba voló a aquella noche, hace unos tres días, cuando Thorin había jugueteado con un mechón de su pelo, mientras hablaban de su juventud en la Comarca, y sin darse cuenta había hecho una trencita con él. Bilba, sin entender, lo había mirado divertida y Thorin, al darse cuenta de lo que estaba haciendo, se sonrojó y disculpó en un murmullo, soltando el mechón. Ahora tenía sentido su reacción y ella misma se sentía algo avergonzada de lo que había ocurrido.
Una vez que Dori hubo terminado, Bilba se paró en silencio y bajó hasta la celda de Thorin. Lo encontró en su lugar usual, sentado en el suelo, junto a la puerta, pero mirando hacia la escalera, de forma que notó inmediatamente su llegada. Al ver la sonrisa iluminar su rostro, Bilba se sintió más ligera y olvidó un poco las preocupaciones con que cargaba.
"¿Algo nuevo de la superficie?" había una un brillo de alegría en los ojos de Thorin al hablarle.
"Muy buenas noticas, de hecho" Bilba se acercó a la celda y se sentó junto a ella "Ya sé cuándo llevar a cabo el escape"
"¡Eso es excelente! ¿Cuándo será?"
"En cuatro días, cuando Thraundil celebre su banquete" Thorin hizo una mueca al escuchar sobre la celebración "Empezaré a preparar las cosas está misma noche para tener todo listo. Dudo que volvamos a tener una oportunidad como esta, no podemos dejarla escapar"
"¿Segura que podrás hacerlo sola a tiempo?"
"No tengo más opción que hacerlo, así que ni siquiera me lo cuestionaré. Simplemente llevaré cabo el plan. Necesitaré que sigan todas mis órdenes en el momento del escape"
Bilba no se había atrevido a darles los detalles a los enanos sobre el escape, por miedo a que le exigieran que los cambiara. No tenía tiempo para idear otro plan y ninguno sería tan seguro como el que ya tenía. Los barriles tendrían que ser.
"Lo haremos, no lo dudes. Estoy seguro que no habrán problemas, si alguien llega a dudar de tus ordenes, yo me encargaré de él"
Bilba optó por no comentar que él era el que más le preocupaba.
"Te lo agradezco"
"No, soy yo quien debe estar agradecido. De no ser por ti, estoy seguro que me habría vuelto loco en esta celda… Si no estuvieras aquí…"
Bilba tomó su mano y Thorin se quedó en silencio.
"No pensemos en ello" dándole un suave apretón, Bilba apoyó sus manos unidas en el suelo y siguió hablándole con un tono juguetón y un brillo travieso en sus ojos "Mejor piensa cómo me vas a recompensar el que los libere"
Thorin lo tomó con desafió y empezó a hablarle lo que parecía un discurso practicado.
"Te adornaré con las mejores joyas de toda la montaña, en primer lugar" fue rápido en contestar, buscando agradar a quien pertenecía su corazón "Todo el que ponga sus ojos en ti sabrá reconocer tu valiosa posición para nosotros. Enanos y enanas te admiraran al verte brillar a lo lejos. Forjare anillos y collares para acompañar tu belleza. Me aseguraré que todos nuestros historiadores conozcan tu nombre. Tus riquezas no tendrán comparación con la de ningún otro hobbit o enano fuera de la corona. Los mejores metales serán hilados para tu ropa. Habrá oro y plata en cada una de tus cosas…"
Thorin se detuvo al escuchar la risa de Bilba, acompañada con una mirada levemente incrédula de la hobbit.
"¿Qué…?"
"¡Oh, Thorin! ¿Es que en todo este tiempo no has aprendido nada sobre nosotros los hobbits?" el enano la miraba sin comprender "No somos un pueblo que encuentre gozo en joyas y riquezas. Somos gente algo más simple que eso, pequeños gestos significan un mundo para nosotros. Si quieres agradecerme por liberarlos, prepárame una comida y estaré encantada. Si eso no te parece suficiente, ¡prepara un festín y que todos compartan nuestra alegría! Puedes incluso hacer un brindis en mi honor y todos me verán brillar de lo sonrojada que me pondré. Si quieres forjar algo tú mismo, ten en cuenta todo esto. Una cadenilla para mi cuello o algo para sujetar mi pelo me significaría tanto como las más brillantes joyas, incluso más, porque sabré que la hiciste conmigo en mente"
Thorin escuchaba todo esto atento, enamorándose cada vez un poco más de la hobbit, tan delicada y única en lo que ella llamaba simpleza. Bilba siguió hablando, desviándose poco a poco del tema central y contándole sobre las comidas que compartía con sus padres en ocasiones importante, como algunos cumpleaños. Ante esto, Thorin solo escuchaba atento, pero una parte de su mente perdida en la idea de un futuro en que le daba todas esas cosas a Bilba.
N/A: Espero que lo hayan disfrutado! El próximo capítulo mostrará el escape!
