N/A: Bueno, lo primero que corresponde es una disculpa por la demora. No hay mucha más escusa que el agotamiento después de la universidad, que me hizo pedazos. Y el semestre que se viene será incluso peor. Perdón. Espero que disfruten este capitulo, me tomo varios intentos escribirlo, pero finalmente me considero satisfecha con el resultado.


Capitulo 19

Después de lo que parecían semanas de preparaciones, pero que tan solo habían sido cuatro días de intenso trabajo, el momento finalmente había llegado. Era la noche del banquete y la noche en que Bilba dirigiría a los enanos a la libertad.

Las provisiones facilitadas por Legolas estaban escondidas a lo largo de la ruta de escape, ya cargadas en las mochilas que se les había quitado a los enanos cuando estos fueron encarcelados. Sus armas, o la mayoría de ellas, también habían sido recuperadas lentamente a lo largo de su estadía. Había sido especialmente difícil llevar los martillos de Dwalin y el hacha de Gloin, pero Bilba estaba segura de que apreciarían el esfuerzo una vez que se reencontraran con sus armas. Ahora solo faltaba robar las llaves de las celdas y meter a los enanos dentro de los barriles. Era allí donde Bilba sabía que encontraría un problema con su plan. A los enanos no les agradará la idea de huir por el turbulento rio metidos dentro de unos barriles viejos y sin duda, algo apestosos. Lamentablemente, en el apuro de ajustar los últimos detalles, Bilba no había tenido el tiempo para presentarles la idea y que se acostumbraran a ella. Y a esas alturas, quizás era mejor no comentar nada para evitar que cuestionaran su extremadamente bien pensado plan.

Bueno, ese sería un puente que cruzarían cuando tuvieran en frente. Si era necesario, metería a la fuerza a quien se resistiera a meterse dentro del barril. Al fin y al cabo, ya sabía que podía levantar unos de los martillos de Dwalin. Noquear aun enano con uno de esos debía ser pan comido.

El otro problema era conseguir las llaves de las celdas, las cuales hasta ahora no dejaban de tintinear desde el cinturón del elfo encargado de cuidar de los prisioneros, el odiado Mr. Quejicas. Bilba ya tenía una idea de cómo obtenerlas, pero no se sentiría segura hasta que las tuviera en las manos. Oin le había entregado unas hierbas somníferas, las cuales no le habían quitado mientras los revisaban por armas. Con la ayuda de Legolas, pondrían una cantidad considerable en el vino del guardia y esperarían a que el alcohol y las hierbas hicieran su efecto.

Aun teniendo todo listo y planeado, Bilba no salía de su nerviosismo.

"Entonces, ¿entienden que en el minuto que salgan de sus celdas, no harán ni un solo ruidito, ni comentario hasta que estemos fuera del palacio?" les preguntaba Bilba a los enanos por enésima vez.

La mayoría asentía, con la mirada perdida en el infinito, agotados del repetitivo repaso del plan.

"Bilba, ya no los has dicho unas mil veces" Bofur la miraba con una leve exasperación "Te seguiremos en silencio hasta que tu nos digas, nadie hará ningún comentario"

"No se puede estar demasiado seguro con ustedes" hubo un par de quejidos ante el comentario "No nos podemos permitir ningún tipo de desliz, esta es la mejor, posiblemente la única, oportunidad de escapar de este condenado lugar. El problema es que tengo más que claro que son un grupo demasiado bullicioso y escandaloso, corriendo son prácticamente una manada de olifantes con campanas"

El cansancio y estrés de toda la situación ya se hacía evidente en los modos de Bilba, ya ni se molestaba en fingir cortesía ante ciertos… defectos que podían presentar los enanos. Por suerte, estos permanecieron en silencio. Ninguno había olvidado como, hace dos días, Dwalin había sido víctima de la furia de hobbit por un comentario algo desconsidera por parte del enano.

Un nuevo dolor de cabeza acompañado del dolor de sus músculos agotados azoto a la hobbit y esta no pudo hacer mas que suspirar irritada. Lo que le faltaba, los principios de un resfriado acechándola. Sabía que estaba siendo dura con los enanos, pero simplemente no podía permitir que algo saliera mal. Más adelante, cuando fueran libres y ella hubiera dormido una noche ininterrumpida, se disculparía con ellos.

"Solo hagan lo que les digo, en el momento que se los digo, hasta que salgamos de este lugar. Es lo único que les pido, ¿les parece?" esta vez todos asintieron mirándola fijamente, como si la trataran de convencer de que se podían comportar cuando se lo proponían "Está bien, iré a repasar una vez más con Thorin antes de que empiece el banquete"

Ignorando las miradas de los enanos, bajó las escaleras que la llevarían a la celda de Thorin. Por suerte para ellos, tampoco notó como hacían apuestas que involucraban su nombre.

"¿Es el momento?" le preguntó el Rey Bajo la Montaña, al verla aparecer por las escaleras.

"Lo es" dijo a medida que se acercaba a los barrotes "Solo espero que todo salga bien, es nuestra única oportunidad…"

Una vez que estuvo a su alcance, Thorin la tomó en sus brazos y la estrechó delicadamente, ambos lamentaron en silencio la presencia de los barrotes entre ellos. Bilba bajó las murallas que la mantenían en pie y casi se derrumbó en los brazos del enano, el agotamiento de los últimos días alcanzándola.

"Todo saldrá bien, ya verás" murmuró Thorin "No dudo que tu plan será todo un éxito y que para esta hora mñn, no veremos libres, ya de camino a la montaña"

Bilba asintió sin decir nada, deseando tener la misma confianza que Thorin en sí misma.

"Mientras sigan mis ordenes, y no objeten nada, todo debería salir bien. He repasado cada detalle, he aprendido las rutas de cada guardia y los horarios que les corresponden a cada uno. En teoría, no debería fallar. Nuestras provisiones están a la mano y lo mismo ocurre con las armas que pude recuperar. No sé qué más hacer, en realidad, qué más podríamos llegar a necesitar o qué podría salir mal…"

"Bilba, has hecho más de lo que cualquiera te podría haber pedido en esta situación. Has logrado prácticamente lo imposible. Incluso si el escape llegara a fallar, ni siquiera pienses en declararte culpable. Nadie puede pedirte más de lo que has hecho. Y si te preocupa que no te obedezcan cuando llegue el momento, me aseguraré de que esto no ocurra, tienes mi palabra. Cualquier orden que des valdrá tanto como si hubiera salido de mi boca"

Bilba asentía sin decir palabra contra el pecho de Thorin, demasiado agotada para formular una respuesta coherente. Estuvo tentada, por un segundo, a simplemente quedarse en los brazos del enano. Se sentía tan segura y cálida en la cercanía, deseando quedarse allí para siempre. Pero no se lo podía permitir. Ocupando toda su fuerza de voluntad, salió del abrazo del enano. Era el momento de dar inicio a la primera parte del plan.

"Deséame suerte, si todo sale bien volveré en una hora y media con las llaves"

"No la necesitas, pero buena suerte" Thorin las despidió con una sonrisa que llenó su interior de un sentimiento cálido mientras subía las escaleras.

Encontrar a Legolas fue sencillo, la esperaba cerca de las escaleras hacia las celdas de los enanos. Apoyado contra la muralla de forma relajada, pero sin quitar la vista del pasillo, se mantenía atento a cualquier improbable interrupción. Cuando notó a Bilba, se enderezó y le dio una sonrisa que buscaba tranquilizarla.

"¿Estás lista?"

"Nop, pero supongo que a estas alturas poco importa" le respondió la hobbit asegurándose que no hubiera nadie cerca "Vamos"

Legolas asintió y juntos se dirigieron a las cocinas, donde sabían que se encontraría Mr. Quejicas. Legolas le había dicho el nombre del elfo en cuestión, Palion-algo, pero Bilba seguía llamándolo Mr. Quejicas en su mente y cada vez que podía en voz alta. Sabía que era algo infantil, pero después de ver cómo trataba a sus amigos, era el trato que se merecía.

"¿Tienes las hierbas?"

"Por supuesto, no me he separado de ellas desde que me las dieron" le contestó golpeando la bolsita que llevaba amarrada a su cinturón. Legolas asintió y entró a la cocina a paso raudo. Bilba inhaló profundamente y se puso el anillo.

En el segundo en que el metal entró en contacto con su piel, a Bilba la recorrió una sensación desagradable. Y al igual que cada vez que se lo había puesto, tuvo que ahogar el gemido de dolor ante la sensación que le producía el llevarlo en el dedo. 'Por mis enanos' pensó para sí misma antes de entrar ella también a la cocina.

Legolas no sabía exactamente en qué consistía el plan, solo sabía que su parte era distraer a Mr. Quejicas hasta que recibiera la señal de Bilba. Si bien había sido un aliado fundamental para poder lograr esto, Bilba no estaba dispuesta a compartir el secreto del anillo con otros. Había algo en ese anillo que la ponía nerviosa, pero aun así, se sentía incapaz de hablar sobre él.

Al entrar a la cocina, vio como Legolas hablaba hasta el agotamiento con Mr. Quejicas, quien parecía algo desconcertado del repentino interés que mostraba su príncipe en hablar con él. Bilba sonrió al ver como Legolas se había asegurado de dejar la copa del susodicho a la orilla de la mesa, la cual miraba de vez en cuando para asegurarse que Bilba entendiera cual era. Con todo el sigilo que era posible para un hobbit, Bilba se acercó hasta la mesa y extendiéndose lo más que puso en las puntillas de sus pies, vertió el contenido de la bolsita que le había entregado Oin. Quizás había echado un poco más de lo aconsejado por el médico de la Compañía, pero este le había asegurado que no había efectos negativos más allá de un par de días de sueño extras.

Quitándose del camino de los elfos que entraban ya salían de la cocina por las preparaciones del banquete, Bilba espero hasta el momento indicado antes de hacerle la señal de que ya estaba todo listo a Legolas. Tocó con suavidad la pierna de Legolas y salió rápidamente de la cocina. Este, al sentir la mano de Bilba, sabía que ya había terminado, le preguntó a Mr. Quejicas por qué no se encontraba en su lugar de guardia. El elfo se puso rápidamente de un brillante color rojo antes de tomar su copa, despedirse de Legolas y partir a su lugar. Por suerte, en vez de vigilar frente a las celdas, los guardias habían tomado la costumbre de hacer sus vigilancias en una habitación cercanas a las celdas.

Bilba, quien se había quitado el anillo apenas fue seguro, y Legolas lo siguieron después de unos minutos a la habitación en cuestión. Al llegar, encontraron la puerta entreabierta y vieron cómo se apuraba en terminar la copa que llevaba consigo. Apenas se había sentado y la copa ya estaba vacía. El elfo y la hobbit se miraron, preguntándose cuánto tardaría en hacer efecto las hierbas de Oin, cuando escucharon un golpe contra la madera. Se volvieron sorprendidos para encontrar al elfo derrumbado sobre la mesa.

"Vaya, eso fue rápido" Legolas solo pudo asentir ante la afirmación de la hobbit.

Sin perder un segundo del valioso tiempo, Bilba se acercó con cuidado a la figura inconsciente. Se alegró al ver que las llaves que buscaba se encontraban colgando precariamente del cinturón del elfo.

'Gracias, Yavanna' pensó para sí misma al tiempo que las quitaba con gran cuidado de la amarra que las mantenía en su lugar. Se detuvo asustada cuando estas tintinearon al chocar entre ellas. Miró al elfo, pero este siguió durmiendo como si nada, removiéndose un poco en su sueño, pero nada más que ello. Legolas la miraba desde la puerta, igual de nervioso que ella, pero sin hacer el más mínimo ruido para no arruinar el plan. Cuando finalmente Bilba tuvo las llaves en sus manos, dio un saltito de alegría antes de salir corriendo del lugar, con Legolas pisándole los talones.

"Entonces, ¿tienes claro lo que debes hacer de ahora en adelante?" le preguntó Bilba mientras corrían a las celdas de los enanos.

"Asegurarme que no hallan guardias por tu ruta de escape, que no me vean los enanos, no llamar la atención sobre mí mismo y que no me ven los enanos" repitió.

"Excelente, tienes todo claro. Recuerda que no te vean los enanos ayudándonos, no tengo tiempo para explicar tu asistencia en el plan" cuando llegaron al principio de las escaleras, ambos se detuvieron "No sé cómo podré pagarte todo lo que has hecho por nosotros. Sin tu ayuda no habría logrado nada de esto"

"Habrías encontrado la forma, estoy seguro de ello. En cuento a la paga, tu primogénito bastará"

"Hilarante, en serio"

"Sé que lo soy, pero en serio, no tienes por qué pagarme" arrodillándose frente a ella, puso su mano sobre el hombro de Bilba "Liberemos a tus enanos y limpiemos a la Tierra Media de la presencia de Smaug el Terrible. No podemos permitir que seres oscuros como él y otros habiten nuestras tierras, poniendo en peligro aquellos que amamos, Hija del Destino"

Bilba lo miró sorprendida.

"Por su puesto que lo noté, tu luz no pasa desapercibida con facilidad para quienes te miran. Ahora ve, salva a tus enanos. Si somos afortunados, nuestros caminos se volverán a cruzar"

Bilba solo asintió y abrazó firmemente al elfo, esperando que la próxima vez que se encontraran, fuera en mejores condiciones.

"Nos volveremos a ver, lo sé"

"Suerte"

"Gracias, a ti igual"

Por primera vez desde que encontró a los enanos, Bilba bajó sin cuidado las escaleras, sin preocuparse del ruido que hacia hasta llegar a sus compañeros. No había tiempo que perder y sabía que Legolas se encargaría de despejar el camino de los guardias, si es que alguno se saliera de sus rutas comunes.

Al llegar a las celdas fue recibida por los susurros de sus compañeros, todos ellos sin duda ansiosos por su llegada.

"Tengo las llaves" dijo al tiempo que corría a la celda más cercana.

El alivio de Balin al verse por fin liberado era evidente en su rostro, junto con la sorpresa al recibir todo el manojo de llaves excepto por una.

"Iré por Thorin, tú encárgate del resto" sin más, corrió en dirección a la celda del Rey Bajo la Montaña "¡No se muevan de aquí hasta que vuelva!"

En lo que parecieron segundos, se encontraba frente a la celda de Thorin, insertando la llave en la cerradura incluso antes de que este se pudiera poder de pie.

"Lo logré, Thorin, obtuve las llav…"

Bilba no fue capaz de terminar la oración. En el segundo que Thorin se vio fuera de los barrotes de la celda, tomó a Bilba en sus brazos y estrelló su boca contra la de la hobbit, interrumpiendo lo que esta le intentaba decirle. Los primeros segundos del beso, el primero que Bilba había recibido, su mente quedó en blanco. Incapaz de articular pensamiento alguno, Bilba no pudo reaccionar más allá de quedarse quieta en su lugar, los brazos extendidos por la sorpresa.

Thorin notó esto después de unos segundos y fue justo cuando se empezaba a retirar, sintió como las manos de la hobbit iban tentativamente a su espalda, tocando el pelo que no estaba trenzado. Labios se movieron inseguros en contra de los suyos. Era un beso casto, pero lleno de sentimiento.

Ninguno se movió mucho más allá de ello, la felicidad que cada uno sentía en ese minuto no les permitía ver más allá de lo que tenían frente a si y entre sus brazos. Pero algo en el fondo de la mente de Bilba le recordaba que no podían permitirse estos minutos de júbilo. No ahora. No cuando estaban tan cerca de escapar y cuando tanto dependía de que respetaran el plan y los tiempos dentro de este.

Alejándose de Thorin, pero permaneciendo en sus brazos, Bilba lo miró a los ojos.

El azul glacial de sus ojos siempre había tenido un tono frio en ellos, el cual se desvanecía momentáneamente cuando miraba a sus sobrinos o, últimamente, cuando creía que nadie notaba la forma en que miraba a la hobbit. Este frio, esta barrera helada se había derretido ante el calor que ahora se encontraba en sus ojos. Su mirada estaba llena de felicidad, amor y promesas, y todas estas estaban dirigidas a Bilba.

Thorin iba a decir algo, él quería hacerlo, explicarse ante Bilba, disculparse por sus acciones precipitadas, pero Bilba se lo impidió sacudiendo levemente la cabeza, sabiendo lo que pretendía decir.

"Cuando estemos fuera de este palacio y bosque maldito, Thorin, lo prometo. Entonces hablaremos de esto… de todo"

En ese momento, Thorin solo pudo amarla incluso más todavía. Tomó su mano y la llevó a su boca, donde le dio un beso delicado.

"Hablaremos, givashel, cuando nos liberes"

Se separaron en silencio y subieron la escalera, donde el resto de la Compañía los esperaba ya fuera de sus celdas.

"¿Por qué se tardaron tanto?" Kili recibió un par de palmadas en la cabeza de quienes estaban a su lado por la pregunta, la cual Bilba ignoró junto con las miradas que el resto le daba.

"De ahora en adelante, no quiero oír ninguna palabra, ¿me entienden? Ustedes me siguen y no cuestionan nada de lo que les diga, hacen exactamente lo que les diga"

"Cualquier orden de Bilba la pueden tomar como una orden mía, quien le desobedezca me desobedece a mí"

Los enanos asintieron en silencio y siguieron a Bilba a las escaleras, pero mirándose entre ellas con las cejas elevadas en cuanto Thorin y Bilba les dieron la espalda.

Sin lugar a duda, el recorrido hasta las bodegas de barriles fue uno de los trayectos más estresantes para Bilba. Ninguna de sus anteriores experiencias se podía comparar con esto, ni siquiera la vez que robó hongos del jardín del viejo Maggot. Esta vez, las consecuencias no caerían solo sobre ella, las acciones de los otros estaban fuera de su control. Si uno de los enanos estornudaba, todo su plan se iría a la letrina pública.

Pero no le impidió llevar a cabo su tarea. De vez en cuando, se detenía y sacaba de su escondite las provisiones que llevaba varios días escondiendo y se las entregaba a uno de los enanos. Sus rostros se iluminaban al recuperar sus armas y mochilas, pero Bilba se llevaba un dedo a la boca y les recordaba que permanecieran en silencio. Lamentablemente, las únicas armas que no había podido recuperar eran las picas de los Ur, y las hondas de Ori.

El corazón de la hobbit se detuvo cuando estaban a punto de girar en una esquina y vio la sombra de tres guardias aproximándose. Detuvo a los enanos con un gesto que había visto hacer a Thorin con anterioridad y estos se petrificaron en su lugar, notando también las sombras que se les acercaban.

El cerebro de Bilba funcionaba a mil por hora, buscando alguna solución. No podían retroceder, no estando tan cerca. Vio alarmada como algunos de los enanos, Dwain y Gloin principalmente, tomaban con firmeza sus martillos y hachas, preparándose para pelear por su libertad.

Dwalin estaba dando un paso al frente cuando se escuchó una voz que relajó inmediatamente a Bilba, alivio recorriendo su cuerpo completo.

"¡Ah, justo el grupo que estaba buscando! Me temo que necesito su ayuda"

"¿En qué nos puede necesitar nuestro príncipe?" preguntó uno de los guardias, el capitán de la guardia por su tono de autoridad.

"Necesito su ayuda en mis habitaciones"

"Pero nuestra patrulla…" murmuró uno de los guardias.

"Creo que las necesidades de su príncipe son un poco más importantes de una patrulla por uno de los pasillos más profundos del palacio, en el cual no hay nada más que un par de bodegas y almacenes"

"Por supuesto, mi príncipe, disculpe" está vez volvió a hablar el capitán.

"Síganme, sé de un atajo que nos llevará más rápidamente a mis habitaciones" la voz de Legolas se alejó, junto con las sombras de los guardias, dejando libre el camino.

Una vez que estuvieron lo suficientemente lejos, se escuchó el suspiro colectivo de la Compañía. Bilba casi lloraba de la alegría por la astucia de su amigo y la ayuda que les estaba prestando.

"Supongo que podemos agradecer al principito" murmuró Gloin.

"Shhhh" fue lo único que dijo Bilba, molesta de no poder defender a su amigo como correspondía. Pero si hablaba de su aliado ahora, estaba segura de que no podría controlar las reacciones de los enanos y perderían tiempo valioso, además de que posiblemente los descubrirían por los gritos de indignación que generaría "Síganme"

Retomaron el camino en silencio y en cuestión de minutos se encontraron frente a un montón de barriles. Los enanos la miraban sin entender, pero no se atrevían a cuestionar a Bilba.

"Está bien, ahora súbanse a los barriles" Sin sorprenderse, pero aun así algo decepcionada, Bilba vio que nadie le hizo caso, solamente la miraron cuestionando su sanidad "Vamos, no hay tiempo para esto".

Aun así nadie hizo gesto alguno de subirse a los barriles, principalmente confundidos ante la orden que no aparentaba tener sentido para escapar.

"Hagan como dice. ¡Ahora!" Thorin no necesitó alzar la voz, pero el énfasis en su tono no permitía que se le desobedeciera.

En cuestión de segundo todos los enanos se encontraban dentro de un barril, Fili murmuró algo sobre manzanas mientras se metía en el suyo.

"Claro, cuando lo dice Thorin no lo cuestionan" murmuraba Bilba para si misma mientras caminaba a la palanca que se encontraba en el fondo de la habitación "Bueno, les recomiendo que aguanten la respiración"

Varios ojos se abrieron de sorpresa, algunos llenos de miedo, cuando Bilba tiró de la palanca y los barriles comenzaron a caer en el agua. Justo entonces se escucharon los cuernos de alarma y Bilba supo que habían descubierto su escape. Sabiendo que no tendría tiempo para meterse en su propio barril y volver a activar la palanca, corrió a la portezuela aun abierta y saltó por donde habían caído los enanos, justo antes de esta se cerrara.

Una parte de ella era consciente que al saltar, caería en agua, pero eso no significaba que no se sorprendiera ante la sensación del rio helado al entrar en contacto con su piel.

"Y ahí está nuestra hobbit" la voz de Thorin rebosaba de euforia, sin duda feliz por escapar de las manos de Thraundil "… ¿Y tú barril?"

"No hay tiempo, han dado la alarma. Ya saben que escaparon" Bilba había chapoteado con gran dificultad hasta el barril más cercano, el de Bifur, y ahora se agarraba de este como si su vida dependiera de ello "Vamos, dejen que la corriente nos lleve lejos de acá"

No hacía falta decir más, los enanos rápidamente se empezaron a impulsar como podían hasta tomar velocidad con la corriente. Todo ese tiempo; Bofur y Bifur intentaban entrar a la hobbit dentro del barril del segundo mientras Bombur y los Ri se preocupan de que no se quedaran atrás, pero no había forma de lograrlo. Es así como Bilba se encontró bajando por las vertiginosas corrientes del rio colgando del costado de un barril, afirmándose con todas sus fuerzas. Varias veces se vio sumergida completamente en el agua, aguantando la respiración los lo que le parecían horas, hasta que Bifur u otro conseguían girar el barril hasta que se encontraba con la cabeza fuera del agua.

Totalmente desesperada y angustiada por su situación, Bilba apenas notó cuando uno de los enanos gritó alertando de los orcos a los otros y mucho menos la presencia de elfos disparando flechas a su alrededor.

Para ella, no había nada más allá del barril de Bifur y su necesidad de afirmarse a él. Escuchaba los gritos a su alrededor, pero las corrientes que tiran de su cuerpo en todas direcciones le eran más importantes. Sus manos se empezaban a entumecer y fuerzas a desvanecer, pero no podía soltarse. Fue en unos segundos de calma que escuchó la voz de Bofur.

"Bilba, muchacha, necesito que nades hacia mí, el rio está algo más tranquilo. Vamos tu puedes, solo un par de brazadas" la voz se acuchaba extremadamente cerca, llena de angustia, pero Bilba era incapaz de si quiera levantar la mirada en su dirección.

"No sé nadar" fue lo único que pudo decir, antes que volvieran a entrar a una zona de corrientes y se viera sumergida completamente en el agua helada.

Por lo que le parecieron años y siglos, Bilba entraba ya salía del agua, arrastrada por las corrientes mientras permanecía afirmada del barril. Su cuerpo fue golpeado, raspado y cortado por los diferentes objetos que también eran arrastrados por las corrientes, entre ellos piedras y ramas. Varias veces se sintió tentada a simplemente dejarse ir, agotada por el esfuerzo, frio y dolor. Ya lista para lista para soltarse con tan solo una disculpa en sus labios para los enanos, las aguas se calmaron y escuchó como varios enanos se lanzaron al agua y chapotearon a su alrededor hasta que lograron separarla del barril y sacarla del agua. Fue necesario que la llevaran en brazos hasta la orilla. Dori se encargó de hacerlo, pero el resto de los enanos la rodearon en un intento de asegurarse que se encontraba bien. Pero su apariencia indicaba lo contrario.

Totalmente empapada, su ropa se encontraba hecha pedazos, cortes de diferentes profundidades en todo su cuerpo y moretones formándose, prueba de las veces que chocó con varias piedras e incluso otros barriles durante el trayecto. Si bien no estaba inconsciente, el agotamiento le impedía reaccionar y responder a las muchas preguntas que le hacían los enanos.

Finalmente, Oin intercedió.

"Apártense, no le dejan espacio para respirar" empujando a un par de enanos de su camino, Oin se las arregló para llegar hasta la hobbit. Con solo darle una mirada superficial que era bastante grave "Prendan un fuego rápido, tenemos que hacerla entrar en calor. También que alguien me dé algo para alimentarla. El resto, vaya a buscar leña o algo útil, no los quiero acá encima"

Rápidamente, todos los enanos se pusieron en marcha y comenzaron a seguir las instrucciones del médico, nerviosos por el estado de Bilba. Los únicos que se quedaron a su lado fueron Thorin y Ori, quien de vez en cuando le daba miradas de reojo al líder de la compañía mientras ayudaba a Oin.

"Necesito revisar sus heridas. Ori, ayúdame a quitarle la chaqueta y camisa, y también busca algo de ropa seca, estas están empapadas" Bilba trató débilmente de combatir con las manos de Oin, pero su estado no le permitió oponer mucha resistencia.

Ori comenzó a ayudarle sin demora, cuando miró de nuevo a Thorin. La preocupación de este era evidente en sus ojos y claramente quería asegurarse que Bilba estuviera bien, pero realmente no estaba haciendo nada y Ori tenía clara la posición de Bilba a que alguien la viera innecesariamente en ese estado de desnudes.

"Eh… ¿Thorin? Creo que es mejor si vas a supervisar al resto, o ayudar a instalar el campamento" la mirada de odio que recibió en ese instante estaba llena de furia por pedir que se alejara de la hobbit, pero Ori no se vio intimidado. Lo único que le importaba era la comodidad de su señora, incluso por sobre la furia del Rey Bajo la Montaña "Estoy seguro de que Bilba no quiere que la veas en este estado"

Thorin estaba a punto hacer algún tipo de reclamo, cunado Oin se le adelantó.

"El chico tiene razón, mejor lárgate y ve a hacer algo útil para todos. Bilba esta en las mejores manos en este momento y no estará feliz si sabes que la viste mientras le curábamos las heridas. Así que shuuu, vete de aquí"

Para cualquier otro enano, el tratar de esta forma al Rey Bajo la Montaña, habría significado una gran ofensa, pero tras el tiempo en compañía juntos, Thorin había llegado a apreciar y respetar realmente a cada uno de sus compañeros. En estas ultimas semanas se había llegado a formar un lazo entre cada uno de ellos al punto en que se llegan a considerar iguales, más allá del estrato social al que cado uno pertenecía. Es por esto que Thorin no se llegó a sentir ofendido por las palabras de Oin, a pesar de que no fueron de su agrado, como lo hubiera hecho en otro tiempo o como se hubieran ofendido sus antepasados. Se a de mencionar también que antes de la caída de Erebor, Oin había sido el medico oficial de la familia real y más de una vez tuvo que curar las rodillas raspadas de Thorin y sus hermanos, por lo que el líder de la compañía había aprendido a respetarlo desde temprana edad.

Sin decir nada, pero dándole una ultima mirada a Bilba, se paró y fue hasta sus sobrinos, que en poco tiempo ya se las habían arreglado para causar un alboroto.

Oin y Ori trabajaron en silencio, con extremo cuidado de no incomodar a la hobbit al limpiar los cortes de su cuerpo y al aplicar ungüentos en sus magulladuras. A pesar de sus esfuerzos de secarla rápidamente y mantenerla caliente, su respiración era congestionada y tenía una fiebre que solo iba en aumento. Todo ese tiempo en las aguas heladas junto con lo débil que se encontraba por su estadía en el bosque enfermo le había pasado la cuenta. Los enanos no sabían que había empezado a manifestar síntomas de resfrío desde hace unos días.

Con el campamento ya instalado y Bilba tendida cerca del fuego, los enanos se sentaron alrededor de las llamas sin perder de vista a la hobbit.

"¿Y ahora qué?" preguntó Nori, mientras afilaba uno de sus cuchillos.

"Sabemos que hay orcos que aun nos siguen, pero gracias a la velocidad del rio, creo que les llevamos varios días de ventaja antes de que nos alcancen" ninguno de ellos quiso comentar sobre el par de elfos que se había enfrentado a los orcos mientras eran arrastrados por las corrientes del rio "Con las provisiones que tenemos podríamos marchar directamente hasta Erebor. Pero me temo que eso no será posible, no con Bilba en ese estado"

"Estoy de acuerdo con Thorin. Deberíamos detenernos en Laketown. Allí encontraremos alguna taberna donde descansar y recuperar nuestras fuerzas. Después de todo, nosotros tampoco estamos en estado de ir a enfrentarnos a un dragón, si es que este siguiera vivo"

Las palabras de Thorin y Balin fueron recibidas con murmullos de aprobación a lo largo de la Compañía. Bofur y Dori, que intentaban alimentar a Bilba con un poco de caldo, se mostraron felices junto con sus familiares de tener más tiempo para cuidar de la hobbit antes de enviarla a cumplir su misión.

"Thorin…" el febril quejido de la hobbit resonó en el silencio que reinaba sobre la Compañía y todos voltearon para ver sonrientes como su líder se sonrojaba antes de ir a sentarse más cerca de Bilba. No se atrevió a hacer nada bajo la mirada de Dori, como tomar su mano o correr el mechón de pelo que había caído sobre su frente, por lo que se tuvo que satisfacer con la simple cercanía de la hobbit.


Espero que lo hayan disfrutado!