Alguna vez pensó que la vida era agradable, que tenía un mundo por descubrir, una sonrisa que regalar cada día, un trozo de pan que llevarse a la boca.
Y si, la vida aun era agradable, pero su corazón se sentía tan pesado, tan oscuro, tan enceguecido por el amor. Cada vez le costaba más sonreír, le costaba más encontrar una razón para respirar, para agradecer estar vivo. Quizá su agonía había comenzado como un lento piquete en el corazón, una pequeña emoción que había crecido con los años y que lo había reducido a una simple sombra sin voz ni voto, a un infeliz que maldecía su condición, que miraba hacia arriba, hacia esa luz dorada que era su amor, y se reprochaba cada una de sus acciones.
Algún día, quizá, podría estar cerca de ella de verdad, sin pensar en categorías, algún día el dolor desaparecería y se convertiría en alegría, la desazón desaparecería y viviría su amor como él quería.
Pero, por el momento, solo le quedaba enmascarar sus emociones y llorar por dentro, esperando por una oportunidad que, parecía, jamás iba a llegar.
Inspirada en "El ciruelo" de Pedro Mesone, ojala les guste.
(Espero empezar a tener inspiración para escribir nuevamente)
Nos leemos pronto (o dentro de un mes o cuando al fin descanse un poquito)
