Dos.
Retroalimentación.
El caminar pausado de sus largas y torneadas piernas femeninas causaron eco con su calzado de tacones afilados, equilibrando el andar del guepardo que avanzaba a su lado, ambas con los brazos entrelazados como dos damas de la realeza recorriendo alfombras de seda. Las hembras se mantuvieron en sincronización, ignorando las recelosas miradas herbívoras que se posaban en ellas mientras se dirigían al ciervo rojo que yacía al otro extremo del inmenso salón, cuya fiesta continuaba de forma ininterrumpida, ni siquiera por las carnívoras que la invadían tan descaradamente compartiendo sonrisas amenas. Louis apenas tuvo tiempo de terminar su trago de sangría antes de darse cuenta de la proximidad de sus acompañantes, las cuales le sonrieron divertidas por el gesto meditabundo que el herbívoro gestó cuando se detuvieron a su lado. La luz de los voluptuosos candelabros parecía cernirse sobre ellas como un capricho irracional, amplificándolas por el valor de sus colmillos y destacada presencia. A Louis siempre le habían gustado los carnívoros, en realidad lo embelesaban por sus amenazantes naturalezas, aunque a veces olvidaba cuan violentos podían llegar a tornarse cuando miraba a esas hembras de elegante postura y refinado comportamiento.
—Pareces insatisfecho con algo —observó Shiira a su amo con curiosidad—, ¿es por la falta de agresión? Ningún herbívoro en el perímetro luce ansioso por desafiarte.
—Tampoco hemos visto otros carnívoros —señaló Juno reprimiendo la risa, una hermosa loba gris que ironizaba la clasificación de su especie al lucir ese sedoso pelaje rojizo que invitaba a la contemplación eterna por parte de cualquiera que supiese apreciar el arte en las especies—. Como era de esperarse, eres el único excéntrico que se atreve a presumir sus adquisiciones a plena luz.
—Pensé que les gustaría asistir a una celebración de esta clase, quiero decir, no es como si yo encontrara algún sentido en ello. Después de todo, en eventos así lo único que abunda es la hipocresía —acotó el herbívoro.
—Y los bocadillos —agregó Juno con una sonrisa delicada que pretendía ocultar el sadismo inspirando sus palabras. El ciervo reaccionó mirándola directamente—. Amo Louis, por favor intente relajarse. No queremos que la posibilidad de fracaso haga decrecer sus ánimos posteriores, tenga en cuenta que apenas comienza la noche y que ante el menor fallo nosotros responderemos y dudo que esté dispuesto a perder la cabeza por un descuido.
—No necesitas recordarme eso —declaró obstinadamente y en respuesta la risa de Juno volvió a emerger de su garganta como un arrullo, un encanto que le recordó a Louis la ferocidad que escondía bajo su dulzura. El recuerdo de la reciente masacre lo afirmó.
—Oh, Louis —la voz de cierto pelicano* hizo que las dos carnívoras mirasen a sus espaldas a la vez que el aludido reconocía a Sanou saliendo de entre la muchedumbre para interceptarle con alegría—. No esperaba encontrarme contigo aquí. ¿Cómo has estado?
—Un placer verte de nuevo —correspondió Louis estrechando una mano con su antiguo socio empresarial—. Debo admitir que he tenido mejores momentos pero los negocios no han estado tan pésimos como podrían estarlo.
—Todavía diciendo esas cosas. Tú no cambias, Louis.
—Puedo decir que, desde que cortamos lazos, mi mundo ha sufrido un gran desorden pero tampoco creo que sea para tanto. Tengo todo lo que pudiese desear aunque el precio a pagar sea mayor del que anticipé, aún así no me arrepiento.
—Puedo darme cuenta de eso —aceptó el pelicano con sinceridad—. Veo que has comprado un nuevo carnívoro —señaló dedicándole una breve mirada a la loba—. ¿Me la presentarías?
—Mis disculpas, Sanou. Ella es Juno, la obtuve en una apuesta hace dos días.
—¿Volviste a los juegos de cartas? —el pelicano se mostró inquieto con la información—. Ya sabes, Louis. Ese vicio no te hará ningún bien, creí que te había quedado claro con lo que sucedió el invierno pasado. —La simple mención logró que la pierna protética del joven ciervo doliera, ignorante del interés que había causado en la loba el comentario secreto del ave. Sin embargo, Louis intentó disipar los gritos y el fuego de su mente, relajando cada nervio que había respondido al impacto y conservando su actitud servicial.
—No te preocupes, Sanou. Sólo fue por esa noche, jamás intentaría volver a caer en tentaciones después de experimentar ese infierno. A decir verdad fui curado cuando la recibí a cambio de mi negación. Si hubieses estado ahí seguro te divertirías como nunca.
—Está bien, Louis —asintió el pelicano—. Continua haciendo un buen trabajo.
Con un asentimiento más por parte del ciervo, el pelicano se despidió de su viejo socio con la misma cordialidad que apareció, dedicándoles un cabeceo respetuoso a las dos hembras que habían estado calladas durante toda la conversación. Entonces el ciervo se disculpó con ellas para proceder alejarse de la concurrencia y tomar aire fresco en el balcón del edificio a causa del repentino malestar que lo abordó. Louis se recargó en el fino barandal de yeso intentando resistir al dolor de cabeza, considerando seriamente fumar un cigarrillo en el instante que sus dos acompañantes se aparecieron en el solitario lugar. La guepardo aguardó en la puerta mientras que Juno se acercó a su salvador con gesto conciliador.
—¿Por qué dijiste que me obtuviste en una apuesta? —quiso saber, preocupada.
—¿Crees que podría revelar a la ligera nuestro encuentro en las calles? No seas ingenua, Juno. Si alguien se enterase de tu situación serías enviada a la capital para ser sacrificada.
—Pero inventar una mentira como esa... está siendo doloroso para ti, ¿no es cierto?
—No debes preocuparte por mi —declaró volviendo a su postura recta luego de una serie de respiraciones—. Sólo enfócate en el objetivo de nuestra alianza. Me prestarás tu poder, sirviendo de apoyo a Shiira durante nuestros combates, mientras tanto yo te ayudaré encontrar a ese lobo gris de quien te has separado y que aprecias tanto.
— …Si —Juno sonrió posando una mano sobre su palpitante pecho, la simple mención de aquel lobo gris llenaba su anatomía de dicha pura ante los agradables recuerdos que conservaba a su lado—. Nada me haría más feliz que verlo de nuevo, saber que se encuentra a salvo. Cada vez que lo pienso en verdad deseo que esté bien.
Louis desvió la mirada, tratando de ignorar la devoción ciega de esta carnívora en una figura desconocida para él. Entonces los recuerdos de su inesperado encuentro volvieron a llenar su cabeza, pues no había manera de que olvidara a esa furiosa bestia que había estado atacando herbívoros indiscriminadamente bajo la luz de la luna dentro de aquel sombrío vecindario, culpándoles de los sucesos que la llevaron vagar por la ciudad de Cherryton en busca de su compañero de vida, al parecer lo único que le quedaba para calmar la gravedad de sus heridas -más que físicas- espirituales. Había sido una suerte para Louis haber estado rondando por aquellas calles en compañía de su león Ibuki, logrando capturarla después de una rigurosa batalla y finalmente ofrecerle una promesa de redención a cambio de sus servicios como nueva mascota del Conglomerado Cuernos. Juno había aceptado a regañadientes su segundo sometimiento pero al verla en la actualidad el resentimiento parecía haberse esfumado casi por completo de su semblante inicial y parecía mucho más dispuesta a cumplir su cometido al pie de la letra.
En ocasiones, Louis deseaba que no existiera la menor oportunidad de encontrar indicios del dueño de los anhelos de Juno pero se resignaba comprendiendo que sin este otro lobo gris en el esquema, ella estaría expuesta a perder la cabeza por completo y eso era algo que el ciervo no quería por nada en el mundo. Antes muerto que presenciar el deterioro mental de uno de sus amados carnívoros, pues aunque Juno no le perteneciera por completo, todavía estaba bajo su guía y protección, así que no podía evitar sentirla suya en parte.
De pronto, las luces del edificio se fundieron, causando el pánico colectivo de todos aquellos herbívoros que continuaban inmersos en el salón, emitiendo gritos pavorosos. Louis y las dos hembras reaccionaron enseguida.
—Ha comenzado —evidenció Louis, rindiéndose de prender un cigarrillo, y en cambio acercándose a sus acompañantes con las manos en los bolsillos—. Recuerden, no cobraremos más victimas que las necesarias, así que eviten tocar a cualquier otro herbívoro que no pertenezca a la agrupación que vamos a persuadir.
—Déjalo en nuestras manos —replicó Shiira tronando sus dedos de forma ansiosa.
—Amo Louis —Juno le tendió una mano al ciervo, quien observó el gesto con genuina curiosidad antes de mirar a los ojos de la loba—. No olvides tus limitaciones como herbívoro en la oscuridad, por favor no te alejes de nosotras demasiado.
—Eso me hace sentir fatal, ¿sabes? —espetó el ciervo con una sonrisa apenada pero aún así no dudó en extender su brazo y tomar la mano de la canina, quien correspondiendo a su sonrisa lo guio al interior del negro escenario compuesto por los gritos atemorizados de todos aquellos herbívoros ajenos a la batalla territorial que estaba a punto de efectuarse. La guepardo caminaba varios pasos de los otros dos que avanzaban por la zona con tranquilidad, tan sólo vigilando los alrededores, incluso ignorando las voces angustiadas del resto de invitados mientras sus vistas se dirigían a cualquiera que luciera sospechoso, pero Shiira estaba convencida de que no encontrarían al culpable allí, razón por la que procedió comunicarle sobre su siguiente movimiento a su amo y compañera de batalla.
—Me adelantaré, quizás sea capaz de alcanzar a ese sujeto si voy sola. Juno, asegúrate de proteger a Louis. —La aludida asintió con determinación al instante—. No deben estar muy lejos, si logró ubicar su posición, estaré con ustedes enseguida.
—Ten cuidado, Shiira —Como única respuesta a la muestra de preocupación del ciervo, la felina le sonrió traviesa, apresurándose a realizar su tarea sin más dilación antes de que Louis tomara su siguiente decisión—. Salgamos afuera, Juno.
—¿Por qué?
—Es obvio que no se atreverá atacar en medio de toda esta oscuridad, después de todo las debió ver a ustedes merodeando. En resumen, este alboroto no es más que una distracción.
—¿A quienes estamos buscando precisamente?
—Oh, es verdad, había olvidado que esta es la primera vez que nos acompañas a esta clase de trabajo —rememoró Louis—. Bien, no se trata de una corporación grande pero últimamente han estado ganando mucha influencia en el mercado gracias a su nueva líder, un conejo. Es a quien estamos persiguiendo, después de todo se ha comportado lo suficiente arrogante para creer que está al nivel del Conglomerado Cuernos, derrocando otras asociaciones de gran prestigio afiliadas, por lo tanto es nuestro deber darle una prueba de realidad a su desagradable arrogancia —agregó con una sonrisa altiva.
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El camino hacia los afueras del edificio fue silencioso, pues mientras cruzaban las sombras de los pasillos la quietud les permitía sumergirse en esporádicos pensamientos que conseguían su objetivo de distraerles hasta llegar a su destino, pero cuando finalmente sus figuras habían conseguido emerger y ser blancos de las luces de las farolas, los instintos de Juno advirtieron sobre una presencia sedienta de sangre que les observaba desde algún escondite así que no se limitó en colocarse delante del ciervo de forma protectora, preparada para enfrentarse a quien sea que osaba amenazar la vida de su actual amo.
—¿Puedes percibir algo? —quiso saber Louis, aburrido.
—No puedo asegurarlo —informó—, verme durante la fiesta pudo darles tiempo de planear el uso de algún extintor de aromas, quiero decir, si fueron inteligentes para ello.
Louis sonrió divertido por el audaz comentario que la hembra había hecho, tomándose la libertad de observar sus alrededores también, en busca de cualquier indicio de peligro pero al no encontrarlo depositó su atención en Juno, quien estaba olfateando el ambiente de forma minuciosa, al parecer clasificando los diversos olores que pululaban cerca, su cola meciéndose suavemente con cada aspiración. Juno no podía encontrar nada inusual, nada más que las esencias de los herbívoros que habían asistido a la Reunión y que todavía se mantenían intactas en ese momento y lugar, hasta que por fin reconoció un aroma diferente, el cual hizo que levantara ambas orejas con excitación y entrecerrara los ojos.
—Está aquí. —Su aviso puso en alerta al joven ciervo, quien se tomó la libertad de cargar la pistola que siempre llevaba consigo, siguiendo los ojos de la loba que señalaban justo delante de ellos hacia las figuras que comenzaban a formarse entre la neblina de la fría madrugada.
—Si querías enfrentarme de esta manera no era necesario que alteraras a todos esos distinguidos empresarios, ¿no lo crees? Bastaba con enviarme una carta con una dirección y hora establecidos —declaró Louis colocándose a un costado de Juno mientras ambas bestias se revelaban finalmente ante ellos, pero aún en ese momento Juno no mostró sus colmillos al león asiático que a simple vista se mostraba feroz y ansioso por comenzar a derramar sangre. La coneja, cuyo pelaje blanco inocuo apenas era profanado por una mancha marrón en su ojo izquierdo respondió al comentario del ciervo con una sonrisa autosuficiente.
—No me trates como una novata, ciervo —advirtió Ako—. ¿Crees que no sé cómo operas dentro del distrito? Te he estudiado cuidadosamente y al menos en estas reuniones siempre tienes contigo a una o dos de tus mascotas, a diferencia del resto del tiempo que estás rodeado de tantos carnívoros como tu habilidad de persuasión lo permite. Podré pertenecer a una empresa pequeña pero eso no me hace estúpida.
—¿Quién diría que una adorable coneja tendría colmillos? —se mofó Louis—. Sin embargo, ¿no es un poco contraproducente dejarte llevar por lo que has visto? Dudo que tus estudios hayan sido capaces de anticipar el lío en el que te estás metiendo ahora mismo, sin aliados que sean capaces de apoyarte, viniendo a mi completamente sola.
—¿Eso crees? —fue el turno de Ako para burlarse, el león que le acompañaba rugió—. No soy una experta en carnívoros pero puedo asegurarte que esa loba no es rival para mi Airdo, con la guepardo fuera de tu alcance, no hay manera de que cualquiera de las dos esté ahí para protegerte de ser alimento rápido.
—Yo no subestimaría a las hembras si estuviera en tu lugar.
—¡Suficiente! —exclamó la coneja enfurecida—. ¡He venido aquí por tu cabeza y no permitiré que nada se interponga en mi camino! ¡Airdo!
El león asiático respondió con otro rugido, pretendiendo atemorizar a su oponente antes de emprender marcha a la batalla prometida. Juno se mantuvo en su sitio, tan sólo esperando, mientras Louis señalaba al carnívoro adversario con el cañón de su pistola, listo para disparar en caso de que algo saliera mal. Sin embargo, la caída repentina de cierta guepardo desde la segunda planta del edificio contra el león macho sorprendió a cada uno de los involucrados, cuyo cuerpo se encontró en desequilibrio durante unos segundos luego del impacto. Shiira mostraba sus colmillos manteniéndose aferrada a la cabeza del león con las garras de sus manos y pies, sirviendo esto de distracción para que Juno embistiera al león cuando este intentaba quitarse a la otra hembra de encima.
Ako se reconoció anonadada por aquella batalla, pues aunque Airdo las superaba en fuerza y lograba hacerlas retroceder varias ocasiones, la estrategia que ambas hembras estaban usando para mantenerlo al margen de su amo era refinado, casi perfecto, sólo una bestia con habilidades de observación prestigiadas podría encontrar el punto ciego de tan arrasadora formación.
Aún así, el león continuo atacando a sus oponentes, consiguiendo herirlas entre zarpazos y mordidas iracundas, pero la mecanicidad incitada por la desesperación creó una barrera que le impedía al macho salir victorioso de este combate que se había expandido más de lo apropiado. Y sin importar cuántas ordenes fueran expulsadas de la rígida garganta de su ama, el león pronto fue vencido por el trabajo en equipo de las hembras, antes de que Louis se acercara y diera el golpe de gracia al león con un disparo certero en su cabeza, dejando a la coneja temblando de rabia desde su posición. Unos segundos, el ciervo observó su obra maestra pero bajó su arma disfrutando del aroma a pólvora antes de mirar a su competencia.
—Te lo advertí, ¿cierto? —expresó con una sonrisa malévola, el ciervo dirigió varios pasos en dirección a la coneja, haciéndola retroceder instintivamente—. Tal vez lograste destruir a muchas de nuestras ramas empresariales pero te faltaba mucho para apuntar a la cabeza del Conglomerado Cuernos y, para tu desgracia, no tendrás otra oportunidad.
Shiira comenzó a correr hacia la coneja, el hambre y la adrenalina incrementando su poder de velocidad. Ako desenfundó su propio revolver apuntando al carnívoro que amenazaba con devorarla viva, más la tensión de sus extremidades le impidió que sus disparos fueran asertivos contra un ágil blanco en movimiento, el cual -siquiera alcanzarla- la tiró contra el pavimento, sintiéndose más excitada con la lucha que su victima ejecutaba como último recurso de supervivencia.
Ako gritó sabiéndose a merced del demonio que le tenía apresada, incapaz de defenderse de los colmillos que comenzaron por enterrarse en su cuello, salivando su pelaje sin decoro alguno y desgarrando su carne violentamente, impidiéndole volver a gritar por la brutalidad del suceso. Las lagrimas se desbordaron de sus ojos, nublando la visión que le quedaba dentro de su agónico aliento, no sintiendo nada más que dolor en todo el lapso que su propio cuerpo le permitió permanecer consciente. Shiira continuó arrancando la carne de la coneja, importándole poco mancharse de aquella cálida -y deliciosa- sangre mientras Louis y Juno observaban desde la distancia, hasta que por fin el ciervo apartó la mirada, incomodo, y tal hecho lo notó la canina al instante.
—¿Te encuentras bien?
—Si. ¿Por qué preguntas? Estoy acostumbrado a ver esta clase de cosas.
—Aún así...
—¿Tú no vas a comer? —cuestionó al instante, sobresaltando a Juno—. Estoy seguro de que sabes que la carne fresca es mucho mejor que toda esa carne refrigerada, es por eso que los carnívoros aceptan llevar a cabo esta clase de trabajos ¿o no?
—¡Oh! ¡Yo estoy bien! —exclamó Juno agitando las palmas de sus manos frente a su pecho con evidente nerviosismo antes de ocultarlas tras su espalda como quien busca esconder un objeto valioso de la vista de los curiosos, permitiendo que un silencio forzado los rodeara el tiempo que Shiira duró en terminar su comida y aproximarse a ellos con una gran sonrisa adornando su rostro, satisfecha en todos los sentidos.
—¡Buen trabajo! —les felicitó la guepardo mientras limpiaba sin resultados la sangre que todavía se escurría en su hocico a sabiendas de lo grosero que esto era para su amo. El ciervo hizo una mueca reprobatoria.
—No tienes remedio —reprendió entregándole un pañuelo doblado, el cual Shiira aceptó y se dio prisa en darle uso—. ¿Qué sucedió antes de que nos encontraras? Me confundió mucho verte caer desde el segundo piso.
—Oh, ella me tendió una trampa. ¡Pero no importa! Logré salir de esa jaula a tiempo.
—Si nuestros éxitos dependieran de tu entusiasmo, seriamos los monarcas del mundo entero.
—Lo siento —Shiira se frotó la nuca con torpeza—, tendré más cuidado la próxima vez.
—¿Qué haremos ahora? —cuestionó Juno con sincera inquietud, pues al volver la vista a donde Shiira estuvo ocupándose de la coneja no quedaban más que pequeñas sobras poco estéticas para un paisaje que durante el día yacía rebosante de transeúntes. Pensó que era en verdad una suerte que en aquella ciudad existiera el toque de queda, así los ciudadanos inocentes que nada tenían que ver con estos movimientos estarían expuestos a presenciarlo, o ser victimas en el peor de los casos. Sin embargo, la guepardo ignoró este detalle.
—Perdona si dejé partes que no te gustan —se apresuró Shiira a intervenir—. Me había olvidado por completo que nos estabas acompañando, por eso olvidé pedirte parecer. ¿Me perdonas? ¡Prometo que la próxima vez controlaré mi apetito!
—Oh, no —Juno nuevamente se mostró apenada—. ¡No te preocupes! La verdad es que no tengo hambre, comí suficiente antes de salir.
—¿En serio?
—Lo juro.
—Si es por mi no te abstengas, Juno —garantizó Louis—. No me molesta que los carnívoros disfruten de su comida. Como ya dije, estoy acostumbrado a verlo.
—No es por eso —insistió la joven loba, mostrándose entristecida por primera vez, fue un gesto que no pasó desapercibido para ninguno de los dos que le veían. Y al sospechar que esta podría tratarse de una tendencia inducida por su antigua vida, Louis se rindió de empeñarse, después de todo -como ya se había establecido- no era asunto suyo.
—Más tarde enviaré a alguien que se haga cargo de los restos, nosotros volveremos a casa por el momento, tengo registros que hacer.
Louis emprendió marcha hacia el camino de la derecha, siendo perseguido por ambas hembras mientras él hacía una llamada y ellas conversaban, muy pronto se encontraban tan sumergidos en su charla casual que apenas prestaron atención a sus alrededores, ignorantes de la mirada curiosa que les vigilaba desde el edificio contiguo, rodeado por la oscuridad de la solitaria habitación que ocupaba. La criatura de singular figura bajó los binoculares con los que estuvo espiando el desarrollo de tan interesante enfrentamiento, manteniendo su sonrisa de colmillos afilados plasmada en su rostro antes de levantarse del mueble que había estado ocupando para marchar más al interior, sacando una lista de su bolsillo trasero para tachar con una pluma de tinta carmín el nombre de la coneja que la guepardo del ciervo había terminado de eliminar.
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Las sombras abrazaron su cuerpo, le dieron alojo como si se tratara de una frazada caliente en tiempos de invierno y su corazón se sintió en casa una vez más. La oscuridad lo protegía, era su fiel y única amiga. Los depredadores jamás deben desconfiar de sus fauces aunque deben ser precavidos con lo que toman de ella. Legosi sintió que volvía de un hondo trance cuando escuchó una voz suave y amanerada dirigirle la palabra, como un eco que se pierde en la distancia dentro de un gran túnel, alzó la vista y la volvió a los barrotes notando una red de larga vía que resguardaba un paquete con un menú de huevos y soya atrapada entre sus tejidos. Aunque sabía que este curioso obsequio se trataba de su ración del día no sintió gran interés por sujetarlo entre sus dedos, así que prefirió apreciar al pavo real que le miraba con esos ojos radiantes de vida, una amabilidad que no debía estar dirigida a carnívoros como ellos, pese a ello ese sujeto de llamativas plumas azules y con un interesante maquillaje de plumas rojas en sus parpados superiores no dejaba de sonreírle mientras le tendía el alimento por en medio de las duras rejas color gris.
—Anda —le animó con esa delicada voz, amistoso—, tómalo. Debes tener hambre.
—Creí que no recibiríamos comida, después de todo somos...
—Nosotros jamás permitiríamos que murieran de hambre aquí abajo, a diferencia de otros en el edificio —Legosi no reprimió el impulso de mirar al resto de celdas luego de sacar la caja de la red y posarla sobre sus piernas. Un oso hormiguero se encargaba de ofrecerle una caja de comida a Tao por medio del mismo tipo de red que el pavo real estaba usando y Bill ya estaba acomodado en su cama probando su brillante y apetitoso almuerzo—, debes saber que no tenemos nada en contra de ustedes, además Els no querría que perdieran sus fuerzas para cuando por fin aspiren salir de estas jaulas. Ella aún no pierde la esperanza de que mejoren su comportamiento.
—Gracias por la atención, Dom —le dijo Aoba con sinceridad, recargado en el borde de su celda con el emparedado de huevo en los dedos de sus alas.
—No es nada. De todos modos nadie más se atreve a venir aquí —replicó el aludido poniéndose de pie para recargar la red en su hombro con obvia calma.
—No tengo mucho tiempo trabajando para esta empresa —comentó Kibi imitando la postura del ave azul mientras se aproximaba a la celda del lobo gris—, pero para mi no son muy diferentes al resto de nosotros, haciendo a un lado sus raras costumbres alimenticias.
—Bueno, estamos tentados al consumo de la carne, imagino que debe ser algo impensable para bestias recatadas y sensibles como ustedes —reflexionó Legosi en voz alta.
—Hasta el momento, muchos herbívoros con los que he convivido consideran que beber jugo de hormiga es desagradable así que no puedo estar tan de acuerdo con ese punto de vista, creo que todos somos medio de discriminación para otros en algún momento de nuestras vidas. Todos somos diferentes en costumbres, creencias y personalidad al final.
Legosi no pudo evitar sonreír con el argumento del oso hormiguero, escucharlo de alguien más parecía tan simple, era una lastima que no existieran más como él en ese aspecto, aunque estaba seguro que en la realidad su opinión al respecto cambiaría radicalmente si estuviese en una situación de peligro. Se sorprendió a sí mismo al pensarlo. ¿Acaso fue testigo de algo similar? En ese punto estaba lamentando desconocer los eventos que sólo quedaban como pequeños vestigios, ojalá encontrara la manera de recuperar sus memorias.
—Bien, nosotros nos vamos —se despidió el pavo real—. Asegúrense de pensar mejor las cosas, no queremos verlos confinados toda la eternidad en este pozo.
—¡Seguro! Pero no es una promesa —se mofó Bill tragando su reciente bocado sin sutileza.
Dom movió la cabeza reprobatoriamente pero no agregó más a la conversación, Kibi siguió sus pasos sin mucho esfuerzo, subiendo las escaleras que les revelaron las compuertas instantes antes de que volvieran a encerrar las sombras del sitio. Seguro no se preocupaban en instalar más luces que las tenues que ya les rodeaban debido a sus capacidades como carnívoros. Viéndolo desde esa perspectiva era normal que ningún herbívoro con sus cinco sentidos quisiera bajar ahí con ellos únicamente para alimentarlos. Recordando ese detalle fue que Legosi se enfocó en abrir su comida empaquetada, disfrutando del exquisito sabor que llenó su boca, aún cuando una parte suya pareció extrañar un gusto muy diferente a este.
*Ya sé que Sanou es carnívoro (de peces, y otras criaturas marinas al menos) pero en verdad no tenía a nadie que rellenase esta parte de la historia ni que pudiese llevarse bien con el personaje de Louis así que lo disfracé de herbívoro. Y la verdad tengo otros planes para San y Kyuu, ni hablar de Haru.
