Cuatro.

Circulo de Gloria.

Con un suspiro plagado de resignación abrió la puerta, dejando que la luz del sol entrara al oscuro recinto antes de que ella emergiera al exterior, observando con ojos aburridos el nuevo día que le precedía. Con el calor abrazando su pelaje albino, haciéndolo resplandecer igual a una piedra preciosa, avanzó por el jardín delantero hasta alcanzar una segunda puerta para repetir el proceso de antes mientras se acomodaba el bolso que tenía sobre el hombro. La joven coneja recorrió sin ánimo el sendero por el que caminaba cada mañana, saludando con una sonrisa a quienes conocía del vecindario, cabeceando ligeramente y continuando. Pronto su celular vibró con un tono de campanillas en el bolsillo delantero de su bolso, y ella se detuvo un momento, pensativa, entonces volvió a suspirar y por fin tomó el celular. Deslizó un dedo por la pantalla táctil descubriendo que se trataba de un mensaje de texto, así que lo abrió y leyó en silencio, pensó comenzar a presionar las teclas digitales para enviar una respuesta larga pero prefirió enviar por costumbre un stiker afirmativo con forma de zanahoria sonriente.

Haru levantó la vista tras guardar el aparato, los recuerdos de su reciente experiencia navegando nítidas frente a sus ojos, pues realmente siempre hubo un momento en el que lo revivió dentro de su mente, no habían pasado más de cinco semanas desde aquel incidente después de todo, donde la figura monstruosa del gigantesco lobo gris mostró garras y colmillos para rescatarla -si es que podía llamarlo así- balanceándose cual criatura sobrenatural dispuesto a llevarse cuantas almas pudiera esa sola noche.

A Haru todavía le parecía extraño seguir convida después de todo eso, simplemente no conseguía asimilar toda esa situación, y estaba segura que de haber sido cualquier otra hembra en su posición ya habría enloquecido, o al menos estaría recibiendo tratamiento post traumático. Rememoró el estado en el cual ese lobo había terminado tras la batalla, motivo por el que se vio obligada arrastrarlo hasta el edificio que albergaba carnívoros de acuerdo a su propio conocimiento, después de todo no podía dejarlo ahí cuando la había ayudado, no estaba entre sus defectos ser malagradecida; pero tuvo que estructurar una mentira creíble para no verse sospechosa dentro de la interrogación, mas estaba agradecida con la herbívora que la recibió en su recamara para descansar hasta el día siguiente.

Los conejos como ella no se permitían adoptar un carnívoro, no sólo por la escasez de recursos al cual estaban expuestos como especie sino por el tabú que representaba en sus costumbres; un conejo era un bocadillo rápido para devorar, prácticamente se encontraban en el principio de la Cadena Alimenticia, según registros antiguos que hablaban sobre una época distante donde dominaba el hambre y la ley del más fuerte. Tal vez fue por culpa de esa histeria auto-impuesta que prefirieron mantener perfiles bajos a los ojos de cualquier otro, como sombras, generación tras generación. Y los conejos que intentaban desligarse de este código no tardaban en ser presas fáciles de cualquier mascota, por eso no le sorprendió mucho enterarse del violento deceso que sufrió Ako, quien fue una amiga cercana hasta que la ambición superó su convivencia diaria y la empujó probar suerte con las mayores autoridades de su mundo.

En este punto, Haru se preguntó qué destino le esperaba a la sociedad de conejos una vez asimilaran sus debilidades por completo, como los viles rezagados que eran de la Comunidad Herbívora. Quería soñar con una oportunidad, una mínima inclinación en la balanza para mejorar las cosas y ver la luz al final del túnel, como dicen, pero Haru no se trataba de una soñadora por fortuna o desgracia. Ella era incapaz de negarse a la realidad que vivían día tras día, siendo dura, gentil o egoísta cuando la situación lo requería, manteniéndose fuerte únicamente por sí misma.

Por fin, después de recorrer un par de cuadras más, encontró la parada de autobuses que siempre visitaba. Ahí aguardó sin novedad revisando ocasionalmente los alrededores, perdiéndose en los nuevos detalles que los adornaban, como una bicicleta asegurada al poste de la otra acera o el viejo roedor que empujaba un carrito de helados mientras le daba un apretón a la cornetilla junto a su mano en la agarradera, por ello apenas reaccionó al identificar la presencia de una coneja que se detuvo a su lado, cuyas vestimentas flojas le daban un aspecto atlético a su silueta de alguna manera, a pesar de romper todo el esquema cuando estaba fumando impetuosamente. Haru procuró mantener el menor contacto visual con ella, siendo abordada rápidamente por la tensión que sofocaba el ambiente cada vez que se encontraban dentro del mismo perímetro, aún sino se miraban o dirigían la palabra.

Haru tragó saliva mientras intentaba controlar la ansiedad, pues percibía un intenso aroma a desinfectante en la ropa de Kyuu, lo cual le indicaba que estaba volviendo de una pelea, quizás hasta había conseguido eliminar al objetivo señalado; no lo sabía y no tenía las intenciones de preguntar al respecto, jugando el papel del ignorante. Al levantar la cabeza, visualizó que el transporte publico estaba acercándose, Kyuu se terminó su cigarro y Haru tembló.

El vehículo se detuvo frente a ellas, esperaron a que los herbívoros a bordo bajaran, entonces se impulsaron al frente. Haru pensó en dejar a la otra abordar primero pero debido a que ella era quien se encontraba más cerca de la puerta no podía simplemente quedarse parada, mucho menos cuando intentaba huir de la mirada contraria, de esas pupilas profundas que barrieron su figura de pies a cabeza de un momento a otro, tan rápido pero tan lento que hizo a Haru percatarse del mínimo detalle sobre el gesto; más se convenció de que quizás sólo era el pánico usual.

Una vez a bordo del colectivo, Haru se dispuso tomar un asiento disponible, eligiendo entre los más apartados del conductor. Por fortuna Kyuu había optado por sentarse en uno de las primeras filas así que la coneja albina podía relajarse de soportar esa penetrante mirada sobre su espalda, pero ni aún entonces el sentimiento de pánico la abandonó. Durante todo el viaje sintió la necesidad de gritar, tirar de sus orejas y patalear pero se obligó mantenerse estoica, neutral. No debía mostrarse afectada, jamás se lo perdonaría a sí misma. Mostrarle debilidad a Kyuu significaba la muerte, por eso se atrevió adelantarse a sus pasos cuando llegó el momento de tomar la siguiente parada, importándole poco el haberla rozado con el hombro o empujado ligeramente. Agradeció al conductor sin mirar atrás, digna como solamente ella podía ser.

Sin embargo, no contó con la fuerza de impacto que tuvo cierto objeto en la curvatura de sus piernas, razón por la que se descubrió descendiendo precipitadamente contra el suelo, emitiendo un ligero grito antes de finalmente caer. Empuñó las manos y se intentó levantar rápidamente, pero Kyuu había sido más rápida en ponerse frente a ella para concederle una mano que la ayudara a levantarse. Los miradas de ambas conejas se cruzaron, conectándose con fuerza mientras Haru aceptaba la ayuda y Kyuu sostenía el peso hasta que la más pequeña de estatura consiguió ponerse de pie.

—Gracias —dijo Haru con seriedad, ahogando las ansias que tenía de recriminarle a la otra por haberla humillado de aquella forma, pues estaba segura que había sido culpa suya el que cayese en terreno recto y completamente plano. Haru no soltó su mano.

—No es nada, cuídate un poco más la próxima vez —respondió Kyuu, apretando la mano de Haru antes de por fin obligarla a dejarla ir.

Una vez conseguido su objetivo se dio la vuelta y se marchó, tomando del suelo cierto objeto de madera y cruzando la puerta del edificio al que estuvo caminando. La pequeña coneja frunció el ceño, reprimiendo la salida de un gruñido, encaminándose a la puerta por la que Kyuu había entrado para desplazarse entre los pasillos en dirección a su oficina. Sin molestarse en identificar las secciones, Haru recorrió su camino establecido de memoria hasta que por fin estuvo frente a la puerta indicada donde fue recibida por una coneja de raza arlequín siquiera abrir la puerta, quien no dudó un segundo levantarse de su silla para impulsarse en su dirección, concretando un abrazo firme pero delicado sobre el cuerpo de la otra hembra.

—Oh, Haru. Que alivio. Estás bien —comentó Mizuchi con dulzura, transmitiéndole su profundo desahogo por verla sana y a salvo. Haru no correspondió el abrazo, sólo lo dejó ocurrir, indiferente—. Me preocupé mucho cuando no volviste esa noche y no respondiste tu teléfono por cinco semanas. —Apartándose sin romper el contacto, Mizuchi revisó el rostro de su compañera, asegurándose de que no tuviera cortes graves o cualquier otra herida mortal en su silueta—. No tenía idea de dónde estabas o si te pudo suceder algo, todos temíamos que esas mascotas te hubiesen devorado.

—Pero no pasó —contestó Haru al fin, formando una sonrisa mecánica.

—Cielos, Haru. Lo que hiciste fue muy imprudente. No vuelvas apartarte de la manada así. Eres un miembro muy importante que no será reemplazado con facilidad, ¿entiendes?

—Vamos, Mizuchi —espetó Haru manteniendo la misma sonrisa mecánica carente de emociones, mientras sujetaba las manos del conejo arlequín sobre su rostro, quien notó la condescendencia en el acento de la otra enseguida—, ambas sabemos que eso no es cierto, la manada todavía tiene a Kyuu en su poder. Mientras ella siga activa, el resto no importa.

—Y sigues con eso —escupió Mizuchi exasperada—. No hay manera de que esa estúpida pueda tomar tu lugar. Grábate esto, Haru, tú eres la original.

—Si yo fuera tan perfecta como pretenden que lo soy no cometería tantos errores. La vi a ella camino aquí, seguro volvía de una nueva misión, no parecía afectada, apuesto que no lo estuvo durante todo el procedimiento... cuando me adelanté a sus pasos hizo que resbalara, entonces me ayudó a levantarme, olfatee el aroma a sangre seca en su ropa... —Haru comenzó a temblar, fue un hecho que a Mizuchi sorprendió—. Ella no es como las otras... es muy diferente a Ako, a ti... sólo estar con ella hace que me tiemblen las piernas.

—Ella no es superior a ti —replicó Mizuchi, convencida—. Eres mejor que ella y lo sabes, eres mejor que todas nosotras, y el que poseas más sensibilidad te hace un conejo especial, créeme, yo conocí al resto de nuestros hermanos y Kyuu no es más que una sombra de lo que tu puedes llegar a ser. Yo creo en ti, Haru.

—¿Tú? —Haru permaneció incrédula, desconsolada. Mizuchi reprimió un suspiro.

—Si, sé que no soy alguien muy destacado —bufó—, pero puedo asegurarte que tengo la sabiduría suficiente para distinguir a una joya de un patán. Kyuu es el patán y eso te convierte a ti en la joya, Haru. La joya más brillante y hermosa que haya existido en este mundo. Sé que sin tu presencia todos nuestros ideales se vendrían abajo en un instante, te lo digo yo que he tocado fondo. Nunca dudes de tus capacidades, eres la mejor para este trabajo —Dicho esto, Mizuchi abrazó una vez más el escuálido cuerpo de la coneja albina, quien todavía confundida, se relajó entre los brazos de la conejo arlequín.

—¿Por qué siempre has sido tan atenta conmigo? —quiso saber, pues no lo comprendía.

—Porque fuiste la única en notar mis capacidades cuando todos habían perdido la fé en mi, fuiste la única en creer que poseía un propósito, en confiar que yo era necesaria. Gracias a ti no fui desechada por la manada. Por eso, lo mínimo que puedo hacer es apoyarte, hacerte ver que no eres inservible como tú lo crees, no es mucho pero espero sea suficiente para alguien en mi posición. Sin ti no tendría a donde ir.

Con las orejas abajo, Haru finalmente se reconoció tocada por la amabilidad de su acompañante, obedeciendo el impulso de responder su abrazo con un cariño que no creyó posible conservaba por algún integrante de la manada que la había acogido en su circulo por mera y banal beneficencia. Sin embargo, comprendió que al menos Mizuchi valía la pena de todo esto, por ella no le importaba consentir durante más tiempo esta calidad de vida, pues al menos a ella había llegado a considerarla una verdadera hermana y no podía abandonarla a pesar de todo. Aún si Kyuu continuaba perturbando su tranquilidad día tras día, sin importar que la presión de ser la original fuera inmensa, si Haru confiaba en algo más que nada era en sus habilidades de resistencia así que lo soportaría, tenía que hacerlo de una manera u otra y hasta que encontrara finalmente la salida de este pozo sin fondo.

.

Pasó un mes desde su prueba en el laboratorio, quedándose bajo observación bajo llave en la misma jaula mientras los científicos encargados trabajaban en purgar sus alteraciones genéticas. A partir de ese momento, Legosi apenas fue consciente de los días que transcurrieron a medida que el tratamiento se desarrollaba. Cada minuto era obligado a ingerir una nueva solución, o era inyectado con una distinta sustancia, siquiera brindándole espacio para cortos reposos antes de volver a continuar. El canino recordaba haber vomitado varias ocasiones cuando su cuerpo no toleró la presión de las secciones químicas, pues la mayoría del tiempo se sintió mareado o demasiado adolorido para comer o beber cualquier cosa, o al menos para dormir; jamás imaginó que aquello sería tan difícil de soportar, pero por algún sentido masoquista no tuvo deseos de resistirse a la tortura.

Tenía vagos recuerdos sobre la mirada reflexiva de Els, escudriñándolo desde la distancia, así como algunos comentarios distorsionados que logró escuchar de los herbívoros que lo atendían sobre las respuestas de su cuerpo u otros factores que no logró comprender, pero no podía afirmar sin temor a equivocarse todo lo que habían hecho con él esa línea temporal incierta. En la actualidad sabía que sucedió un mes para que los científicos lo dejaran asimilar el arduo trabajo porque Zoe tuvo la cultura de expresárselo cuando por fin cobró lucidez. Una vez solo y completamente recuperado comenzó a preguntarse si esto había terminado o sólo era el principio, pero el próximo par de días que le siguieron le confirmaron que estas eran los últimos análisis para decidir su siguiente ubicación dentro del edificio.

—¿Cómo te sientes, Legosi? —quiso saber Els una vez el medico dejó de tomar la temperatura del lobo, así como su pulso cardíaco.

—Bien... es como si tuviera una nueva vida —contestó, pues no sabía cómo describir esta sensación que lo llenaba, todavía estaba un poco cansado pero al mismo tiempo se sentía con energías de saltar, lo demostraba con el movimiento repetitivo de su cola.

—Es una respuesta saludable para alguien que ha logrado resistir a la Purificación, para carnívoros que sufrieron severas alteraciones genéticas, los signos más comunes son la fatiga corporal y el desorden neuronal, como la irritabilidad excesiva, que usualmente empuja a la violencia o al llanto. O en los peores casos la muerte. Pero tu respondiste de manera positiva a cada prueba, lo que significa que has sido curado exitosamente, Legosi.

—¿Significa que me podré ir?

—Si, serás devuelto a una celda fuera del laboratorio. Esperábamos que alguien te reclamara el tiempo que estuviste junto a los rezagados pero cuando no ocurrió de esa manera tomé la decisión de someterte al proceso de Purificación, y ya que haz surgido victorioso quiero trasladarte a las celdas de mercancía. Tendrás la oportunidad de tener un nuevo hogar.

—¿Eso está bien? —cuestionó Legosi inseguro—. Es decir, mi pasado aún es borroso. No recuerdo nada de lo que sucedió antes de despertar aquí. ¿No sería más recomendable que me mantuvieran en detención para siempre?

—¿De qué estás hablando, Legosi? Recuerdo que tú mismo me dijiste que querías comenzar una nueva vida ¿o, no? —Els se llevó una mano a la cadera con gesto exasperado—. Además formaste parte de la propiedad de la empresa desde el momento que invertimos en ti, no puedes quejarte de que busquemos obtener ganancias contigo. Tu y todos los que trabajamos en tratarte serán beneficiados si conseguimos que un herbívoro te adopte.

—Pero...

—No te confundas, carnívoro —le interrumpió la cabra terminante, y su tono firme mandó a Legosi callar al momento—. Es posible que hayas recibido un trato especial desde que llegaste pero eso no significa que tus opiniones realmente importen, quien manda aquí soy yo así que no toleraré más quejas ni resolveré más dudas, ¿me has entendido? —Legosi bajó las orejas y se encorvó lo más que pudo, desviando la mirada en respuesta. Aunque Els sabía que Legosi estaba usando sus conocimientos para manipularla, haciéndole creer que era un completo inútil, no pudo evitar sentirse poderosa con esa reacción. Entonces una vez más dudó que fuera prudente permitir que ese lobo se reintegrara a la sociedad, más tenía plena confianza en su intuición propia para elegir al candidato indicado para gobernarlo una vez se presentara en el teatro para reclamarle. La hembra respiró profundamente—. Bien, lo mejor será que te familiarices con tu nueva celda porque mañana comenzaremos a exhibirte.

Haciendo una seña con la mano, Els se retiró dejando que los guardias hipopótamos encaminaran a Legosi a los pisos superiores donde había sido asignada su jaula personal. Legosi obedeció avanzar pero por dentro le entristeció un poco saber que no vería a Bill, Tao y Aoba después de aquello, tal vez nunca más, pues aunque fue poco tiempo el que convivió con ellos de alguna manera lo hicieron sentirse cómodo con sus ruidosa compañía. Els, por su parte, se dirigió a los elevadores exclusivos para el personal, dejándolo todo en manos del siguiente supervisor que saludó en los pasillos.

Ya que había terminado su turno por aquel día optó por salir al centro comercial y tomar un poco de aire fresco, pues aquellos días fueron los más agotadores para ella como una de las trabajadoras con mayor autoridad. Llegando a su recamara, preparó un conjunto de ropa, el más decente que pudo encontrar para enseguida tomar un baño rápido. Con el pelaje seco y alineada de pies a cabeza, salió del edificio, tecleando los botones táctiles de su teléfono celular para realizar una llamada rápida, la cual fue recibida transcurridos un par de minutos. —Hola, Sebun. Terminé mi trabajo. ¿Dónde puedo encontrarte? —cuestionó con una sonrisa.

.

Cierta oveja merina, colgó la llamada entrante de su celular una vez comprobada la ubicación para el encuentro de su cita. Mostrándose pasiva y jovial, sonrió a su elegante acompañante; una ciervo roja de señorial porte y complexión delgada con atributos tan firmes como sensuales, quien bebía sin mucha novedad el cóctel de sabores frutales que le había sido servido hace unos minutos en aquel local del centro, y cuyo gesto serio no logró ser alterado ni siquiera por la personalidad enérgica de su mejor amiga y socia.

—Mi amiga Els dijo que ya viene en camino —informó Sebun, apresurándose en probar su propia orden con el entusiasmo de una niña en pleno recorrido por la feria local—. Siempre se comporta un poco tímida al principio pero cuando desarrolla confianza es muy divertida, te prometo que nos la pasaremos muy bien con ella.

—Me dijiste que es supervisora en una empresa que trabaja con carnívoros ¿verdad?

—Así es. ¿Te interesa adquirir alguno, Azuki?

—No en realidad, jamás he tenido interés en relacionarme con esa clase de seres, pero a mi marido le fascinan esas criaturas, la última vez le regalaron una hembra para pagarle una apuesta —comentó con una sonrisa engreída, burlándose de una mentira evidente que prefería mantener intacta por capricho personal—, así que pensaba que una mascota de agencia sería suficiente para alegrarle el mes, ha estado muy estresado por su trabajo estos días, tanto que no hemos podido relacionarnos como haría una pareja normal.

—Oh, es cierto —Sebun rememoró con un chispazo de lógica—, mencionaste que su cumpleaños número 22 se acerca, es normal que quieras consentirlo. Si gustas, puedo pedirle a Els que nos recomiende algunas mascotas apropiadas para el trabajo domestico o nos proporcione un descuento para esos monstruos de lucha, ya que tu marido siempre está enredado en esa clase de situaciones le vendría bien alguna que se especialice en sigilo, alguien fiel, para protegerlo en todo momento. Bueno, no es que yo sepa mucho, los carnívoros con los que yo me he relacionado siempre son del tipo trabajador, pequeños y fáciles de manejar, jamás he cruzado mi camino con alguno que solo sepa morder.

—Para los negocios que mi esposo maneja se requiere que la fuerza e inteligencia estén equilibrados, tal vez deba tomar tu consejo y comprar un carnívoro protector, así mantendría equilibrada la balanza, y no hay mejores candidatos guardianes que la raza canina, sin mencionar que Louis ya tiene suficientes felinos en su poder. Estoy pensando en un lobo macho ¿sabes? Su reciente mascota es una loba gris y necesita entretenimiento, odiaría dejarla sin un compañero durante las noches frías cuando se acerca el invierno.

—¡Eres tan mala, Azuki! —recriminó Sebun soltando una limpia carcajada sin restricciones ante el cruel comentario de su mejor amiga—. ¿Cómo dices algo así sin sentir culpa? Hasta yo, que no soy una experta, sé que los carnívoros son capaces de elegir a sus parejas y apegarse a ellas. No puedes imponerles a alguien así como así, por muy absurdo que parezca algunas de esas criaturas son muy sentimentales en esos aspectos, especialmente los canes.

—¿Ah si? —inquirió la cierva, divertida.

—¡Por supuesto! Es más, si aún lo dudas, puedes preguntarle a Els. Seguro que tiene muchos datos interesantes que compartir con nosotras sobre su trabajo.

—Eso me gustaría —admitió Azuki haciendo a un lado su bebida para recargar los codos sobre la superficie de la mesa y usar sus palmas para sostenerse de las mejillas de forma reflexiva, pero conservando una actitud burlesca con el tema—. Esa loba de la que te hablo se apegó mucho a Louis desde el momento en el que llegó y me gustaría saber por qué es eso antes de maquinar ideas erróneas, es decir, dudo que se haya enamorado de mi Louis pero es mejor estar informada al respecto.

—Esa idea es... bastante desagradable, incluso para ti —espetó Sebun alzando una ceja.

—Oh, no me malentiendas, lo he pensado pero incluso yo soy consciente de que es absurdo.

—Hehe... cielos, Azuki, realmente debe haberte afectado no tener tiempo de calidad con tu esposo ¿no es cierto?

—¿Qué te hace pensar eso? —interrogó la aludida, de pronto molesta.

—Bueno, es que... no dirías esas cosas, ni alucinarías sobre amoríos interespecie, a menos que tu relación con el jefe del Conglomerado Cuernos en verdad haya ido muy mal —dijo Sebun, sintiéndose nerviosa por atreverse a expresar sus recientes observaciones en palabras—. Nos conocemos desde que eramos niñas, prácticamente somos hermanas, sabes que puedes contar conmigo para lo que sea así que te lo preguntaré una vez, amiga, ¿hay algo que te haya estado perturbando?

Azuki lo pensó con detenimiento ahora que la oveja lo había expuesto, analizando las emociones que estuvieron contaminando su tranquilidad, partiendo desde la llegada de aquella loba a su matrimonio con Louis. Su unión nupcial con el heredero del Conglomerado se había consumado por intereses familiares, y lo que tuvieron siempre nunca había sido algo memorable más allá de los gestos amorosos que se dedicaron ocasionalmente así que la cierva había concluido tener ciertos sentimientos por su marido, pero la constante presencia de la loba junto a Louis terminó por molestarle al punto que no podía dejar de vigilar cada movimiento que la carnívora ejercía sobre el espacio-tiempo, cada pequeño gesto que agregaba a un comentario o asentimiento.

Debían ser celos, celos de que ella pasara más tiempo con Louis que su propia esposa, celos de acompañarlo en los momentos más peligrosos mientras Azuki sólo debía aguardar su regreso, con el temor de una noticia de muerte en su lugar. Debían ser celos por la sutileza de sus movimientos femeninos, la forma delicada de su cara y sedosidad de su pelaje rojizo, mucho más hipnótico que el suyo, debía ser envidia pero la forma en que su cuerpo respondía a la fuerza de esa mirada no era comparable a la rabia que experimentaba al verla con Louis, así que todavía no estaba segura de lo que era su sentir, por eso quería apartarla lo más posible, quería ocuparla con un macho de su propia especie, antes de que fuese demasiado tarde para Azuki, quien temía estar desviando su camino por su falta de satisfacción sexual.

—No ocurre nada, no te preocupes —mintió a Sebun, era lo mejor para ella, no necesitaba saber lo que atormentaba la mente de la cierva mientras la propia Azuki no identificara la razón de su martirio. Y su respuesta inspiró una mueca inconforme en el rostro de la otra hembra—. Mejor háblame de tu pretendiente, Sebun. Ese cordero es muy apuesto.

—Ush, no, calla, ni una palabra más —se quejó la oveja irritada—. He conocido bestias con mejor cuerpo y personalidad que ese grandísimo patán.

Azuki rió en respuesta, buscando una distracción para la revolución que su reciente reflexión había causado en su interior. Estaba en ese sitio en compañía de su mejor amiga para divertirse, no para darle seguimiento a la incertidumbre que la tenía ansiosa en casa. Por ahora lo único que quería era ahogar sus problemas en nuevas bebidas y masticar sus preocupaciones con deliciosas recetas. No pretendía derrumbarse por una mascota, cuyo origen no debía importarle a pesar de las sospechas que estuvo cocinando apenas se entero cuál era su nombre. Juno no podía ser la misma loba que tiempo atrás había causado toda una masacre por mandato de una revolución carnívora.


Notas Finales: Me apetecía explorar el lado amable de Mizuchi así que en esta historia no existirán envidias entre ellas ni dramas de noviazgos, sería un completo desperdicio de personaje solamente utilizarla como la bully de Haru. Hasta próximas actualizaciones