Notas Iniciales: Ha pasado tiempo ¿uh? Me disculpo, el bloqueo no quería desaparecer pero finalmente la inspiración me ha sonreído.
Cinco.
Tropiezo.
La neblina se cernió sobre las calles de Cherrynton, del mismo modo en el que la madrugada se encargó de traerle malos recuerdos a Louis en su retorno a la mansión. Sus acompañantes no dudaron mantenerse en silencio al percatarse de su estado de ánimo, así que no refutaron cuando el ciervo les ordenó entrar sin más al edificio. Las hembras sabían que debían volver a sus celdas pronto, por eso les causó cierta ansiedad ver a su amo ignorar una rutina tan simple; no se había molestado en notificar su llegada, simplemente había activado los cerrojos de la entrada principal, demasiado atareado para ordenarles cualquier otra cosa a las dos carnívoras a su lado, quienes se miraron entre sí cuando Louis se limitó dejarse caer en el sofá una vez encendidas las luces mientras se frotaba los parpados con las manos.
—Amo, Louis —le llamó la loba sigilosamente, olvidándose de mantener una distancia prudente frente al evidente estrés en el herbívoro—. ¿Puedo ofrecerle un baso con agua?
Louis ni siquiera respondió, apenas acertó alzar la mirada hacia la canina en su intento por recordar su postura, enfocando la mirada en el par de heridas que adornaban el brazo derecho de su reciente mascota. El trabajo de aquella noche había sido exigente y no se había preocupado por aplicar al menos los primeros auxilios en las descuidadas heridas de aquellas hembras, por eso suspiró ruidosamente, decepcionado de si mismo.
—No te preocupes por mi, sólo... dirígete al botiquín y tráeme lo que necesito para curarlas. —Con un asentimiento incrédulo, Juno se limitó a seguir las indicaciones, desplazándose por la sala hacia el comedor para obtener lo necesario. Shiira se acercó al ciervo únicamente para sentarse a su lado sobre la alfombra sin decir nada, y Louis agradeció aquello, ya que su cabeza no estaba en condiciones de decir nada; lo que más quería en esos momentos era tomar un baño e irse a dormir de inmediato, pues todo él era un desastre vergonzoso, su pelaje estaba desordenado y su lustroso traje estaba plagado de sangre que no le pertenecía. Era una suerte que su majestuosa cornamenta continuara intacta. Nunca hubiese imaginado que luchar contra mascotas reptiles sería tan complicado, nunca se había sentido tan cerca de la muerte hasta que se enfrentó a ese loro lunático amante de las escamas. Louis no acostumbraba a desearle mal a nadie pero esta vez deseó que el alma de ese empresario se fuera al infierno y fuera torturado toda la eternidad—. La próxima vez recuérdame mantenerme a raya cuando hablemos de negocios aviares —gruñó sin disimular su rabia.
Shiira lo miró de soslayo pero no respondió ante el recuerdo de la pequeña ave verde mofándose de ellos aún cuando se encontró apresado por una batalla perdida. La guepardo nunca había probado a un herbívoro tan suicida, pues incluso se había atrevido enfrentar a Louis con navajas mientras ellas se ocupaban de combatir contra aquellos caimanes trillizos.
—Luces terrible, cariño —aquella voz no tardó en sobresaltar a los presentes, obligando a Louis levantar la mirada en dirección a Azuki quien yacía vestida con una bata de seda guinda que transparentaba su fina lancería color negro. La vista a Shiira le hizo incomodar, bajando la mirada en el instante que la esposa de su amo se acercó—. Peor de lo que haz estado otras veces, los negocios no han ido nada bien ¿uh?
—¿Qué haces despierta? —inquirió Louis, pues estaba seguro que eran más de las cuatro.
—Tuve una pesadilla muy conveniente, por suerte en la vida real sigues en una pieza.
—Me reuniré contigo en media hora así que puedes volver a la cama.
—No lo creo, cariño —Azuki le dedicó una mirada breve a la guepardo y a la loba que volvía con el botiquín, rápidamente tensándose con la nueva presencia que había identificado con su olfato—. Estoy demasiado nerviosa para dormir ahora, te ayudaré atender a estas chicas.
—No es necesario —espetó, pero Azuki ya se había movido para arrebatarle el botiquín a Juno de las manos, regresando a la mesa para regar sobre su superficie los artículos primordiales, como gazas y alcohol. Al reconocerse ignorado, Louis optó por no insistir y mejor recargarse en el respaldo con pesadez, dispuesto a dejar que su esposa hiciera lo que se le viniera en gana, pues ni ánimos de quejarse poseía.
—Dame tu brazo, querida —le dijo la ciervo a Shiira, obteniendo una reacción positiva por parte de la felina a pesar de la extrañeza de la situación; no era común que aquella herbívora se relacionara con ellas, por esa razón Juno rápidamente comenzó a maquinar sospechas en su cabeza mientras observaba los delicados movimientos de Azuki sobre las heridas de la guepardo, casi siendo hipnotizada por éstos. Las dos carnívoras volvieron a compartir miradas, estando de acuerdo en que algo raro sucedía con la ciervo—. Muy bien, ya casi está listo. Nunca las había visto tan lastimadas. ¿El oponente era demasiado para ustedes?
—Azuki, no las interrogues —exigió Louis—. No merecen recordar esa odiosa batalla.
—Es más que eso —replicó Azuki con una sonrisa filosa—. Nunca quieres que me entere de los detalles. Sé lo que haces, cómo y porqué, por eso estoy cansada de no opinar. Estas chicas no son suficientes para mantener intacta tu seguridad, son fuertes pero no siempre estarán en condiciones de protegerte, mucho menos con tantas peleas consecutivas. Necesitas cambiar tu estrategia y elegir mejor tus candidatos. —Azuki vendó a la guepardo, apresurándose a limpiar las heridas de la canina con quien compartió una densa mirada. Ninguna estaba acostumbrada a rozarse, pues sus personalidades habían chocado desde el momento que se conocieron. Sin embargo, Azuki prefirió mantener su semblante indiferente a favor de su conversación con Louis; no tenía tiempo para pensamientos innecesarios después de todo—. Estoy preocupada por la salud de tus niñas, no deberías ser tan exigente con ellas.
—¿Ah, si? ¿Y qué sugieres que haga? Siempre te quejas de la tosquedad de Ibuki y los demás leones, además me llenaste la cabeza con la idea de que podrían devorarme en un descuido.
—Bueno, es porque los llevas a todos y no a un par de ellos solamente.
—No están acostumbrados a trabajar por separado.
—Y tú eres muy complaciente con ellos. Eres su amo ¿no es así? Es natural que obedezcan a tus mandatos, de otro modo estarían fallando como mascotas.
—Entonces sí correría el riesgo de ser devorado, el abuso del poder es lo que llena las portadas de los periódicos ¿lo olvidas?
—Al menos intenté darte una solución —suspiró Azuki con tono irritado, terminando su labor con Juno, soltándola como si fuera a contagiarle una enfermedad, algo que únicamente ocurría cuando la tocaba a ella, y este hecho a la loba la hizo sentir malestar, la molestia venciendo la tristeza en medio de su silencio obligatorio.
—Lo sé, lo siento —se apresuró Louis agregar—, ha sido un largo día. No quería ser grosero.
—En ese caso, tal vez deberías dejar que yo lleve a Shiira y Juno a sus celdas —sugirió. La mirada de Louis se tornó suspicaz cuando se enfocó en la silueta de su esposa, y Azuki le dedicó una sonrisa divertida—. Vamos, confía en mi. No voy a dejarlas en el sitio equivocado, te he visto trasladarlas muchas veces. Estaba pensando que mejoraría mucho nuestra situación que yo me relacionara más con tus mascotas, siempre me aíslo de ellas y no he formado un vinculo adecuado. ¿No es de lo que se trata esto? ¿De enfrentar las adversidades como pareja que somos? Creo que ya ha sido suficiente de indiferencia hacia nuestra actividades individuales, ¿no opinas lo mismo?
—Admito que no es una mala idea pero, ¿sabrás llevar las cosas cuando lo decidiste tan repentinamente?
—Estoy dispuesta aprender —declaró, arrodillándose a la altura en que Shiira se encontraba para tomarla de las manos con el cuidado de una madre primeriza, la felina no se negó al contacto y simplemente correspondió a la sonrisa de Azuki—. Últimamente siento un gran interés por los carnívoros, me gustaría ver hasta dónde soy capaz de mejorar con ellos.
Louis reflexionó sobre ello un instante más antes de finalmente tomar una decisión. Ciertamente su relación con Azuki no había sido la mejor aquellos días y la interacción de la misma hacia sus mascotas era nula, tal vez les serviría a ambos que ella se involucrara un poco con el manejo de los carnívoros; estaba convencido que sería incluso beneficioso para él, así al menos tendrían un tema de conversación fuera de los problemas usuales que arrastraban los negocios en esa sociedad.
—Está bien, puedes llevarlas. Pero si sientes que algo no va bien házmelo saber, ¿quieres?
—Gracias, amor —le dijo Azuki compartiendo su sonrisa entusiasmada con Shiira, quien inevitablemente se reconoció nerviosa, pues no se esperaba conocer un rasgo tan alegre en la siempre seria hembra, y su sentimiento de pánico incrementó en el instante que Azuki les comenzó instruir. Louis se rió de esto y les pidió que se comportaran, mandato al cual ambas se sometieron aún si Juno no podía evitar conservar su actitud esquiva con la ciervo. Debido a esto, la canina miró una última vez a su actual amo antes de por fin continuar su camino, pues Louis había ignorado su suplica silenciosa deliberadamente, enfocado en respirar de una carga deshecha sobre aquel sofá.
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Con el mejor comportamiento, Azuki las guió por las escaleras subterráneas hasta sus respectivos aposentos, en una sección apartada de los machos felinos que ocupaban el terreno de metal. Obedientes, las dos carnívoras accedieron a cada una de sus indicaciones, procurando no perturbar la menor línea hasta que finalmente se despidió de ellas manteniendo su sonrisa; un gesto mecánico desde la percepción de Juno. Azuki las miró con atención, convencida de que no era tan difícil comandar seres así; por ende el verdadero objetivo que la había inspirado aventurarse a ello se afianzó al tiempo que lo hacía su sonrisa. Las puertas de reja se cerraron y entonces las luces principales se apagaron cuando se retiró, dejando a las dos hembras con las tenues luces secundarias que bastaban para no lastimar su visión nocturna y no perturbar sus tan merecidas horas de descanso.
—Está bien, eso fue raro —comentó la felina junto a la puerta de la celda, cuya armoniosa decoración había sido obra de las dos una vez iniciaron su convivencia. Juno se dirigió a la cama con expresión meditabunda, prefiriendo callarse su sentir al respecto. Sin embargo, Shiira no tardó en notar su expresión de incertidumbre—. ¿Te pasa algo, Juno?
—¿Hum? No, estoy bien —dijo ella fingiendo una sonrisa.
—Es impactante que Azuki ahora quiera llevarse bien con los carnívoros, ¿no crees? —Shiira colocó ambas manos en su cadera con intenciones obvias de continuar con el tema, en espera de hacer su movida con sutileza para extraer lo que necesitaba de Juno, después de todo tenía conocimiento sobre lo difícil que era su relación con Azuki y ya había comprobado que le servía mucho expresarse en lugar de guardarse sus pesares para ella misma—. Me pregunto si tendrá algo que ver que Louis no le haya prestado atención suficiente.
—Debe ser eso —confió Juno con mirada cabizbaja, Shiira le sonrió.
—Vamos, Juno. No te creo que no tengas curiosidad.
—No es nuestra incumbencia, ellos son un matrimonio herbívoro beneficiado por las leyes de este mundo. Nosotras, en cambio, no somos más que simples mascotas.
—Aún así ella te trata diferente —obvió la felina para horror de Juno—, siempre está cuidando que tengas el menor acercamiento con Louis en su presencia. Apenas te dirige la palabra, además dudo que no te hayas percatado de la forma en que te mira. Nunca la había visto actuar así con ninguno de nosotros, en realidad siempre le hemos dado igual. En cambio contigo... ¿Qué le hiciste? —inquirió con una mueca picara.
—¿Cómo podría saberlo? —espetó Juno con exasperación—. Que yo recuerde no le he hecho nada, nunca la he agredido. Ningún gruñido, ninguna mirada cortante; nada.
—¿Pensará que vas a quitarle a su marido? —cuestionó Shiira de forma burlona
—No tendría sentido, Louis es un herbívoro. No es alguien que me atraiga, no es mi tipo.
—Oh, vaya. Eso si es interesante —la felina aproximó sus pasos hasta la posición de la canina, dejándose caer a su lado en la cama, cuyos resortes rebotaron dos veces por la fuerza de impacto—. Exactamente, ¿cuál es tu tipo?
—¿De verdad vamos a tratar este tema ahora?
Juno apartó la mirada de su compañera, avergonzada. Una sonrisa traviesa surcó los labios felinos por el gesto de la loba, alzando los finos bigotes con escrutinio.
—Ya sé que estás buscando a un lobo llamado Legosi pero nunca me has contado cómo es él. ¿Es alto? ¿Tiene un pelaje sedoso? ¿Era detallista contigo? Seguro no tenía ojos para nadie más que tú ¿eh? ¡Que afortunada! En ese caso entiendo porqué tanta prisa de encontrarlo cuanto antes.
—¡No saques conclusiones apresuradas! —exclamó Juno sonrojada, alejándose de Shiira como quien escapa de un almohadazo en una pijamada. La guepardo soltó una carcajada.
—Tu reacción habló por sí sola. —Shiira siguió riendo, pasando por alto la mirada entristecida que irradiaron los ojos de la canina unos segundos antes de que este sentimiento fuera cubierto por la timidez que e había causado el comentario anterior. Ante la falta de respuesta, la guepardo se esforzó en suprimir su risa a favor del interés que el tema todavía le provocaba—. Entonces... ¿si es tu pareja?
— …Lo es —aceptó Juno con una sonrisa enternecida—. Es el mejor compañero de vida que una hembra en mi postura pudo tener. Nos conocimos durante una revolución en nuestro pueblo natal así que desde entonces han estado unidos nuestros destinos. —Los dedos de Juno se entrelazaron sobre sus piernas al tiempo en que los recuerdos danzaban en su mente, trayendo nostalgia a todo su cuerpo; momentos en que su vida junto al lobo se asemejaba a una dulce fantasía rodeada de sangre y muerte—. Juramos protegernos sin importar nada, por eso es necesario que estemos juntos como sea.
—¿Pueblo? ¿Ósea que no eres originaria de esta ciudad? Esa si es una sorpresa.
—No vayas a decírselo a Louis.
—Descuida, no soy el tipo de bestia que esparce información privada. Pero, ¿por qué lo has mantenido oculto hasta ahora? Dudo que sea relevante pero, en el posible caso de que no sea así, deberías explicarle los detalles a Louis antes de que sea tarde.
—Louis y yo acordamos que ésta sería una alianza temporal. Una vez me reúna con Legosi todo esto habrá terminado, sólo en caso de que ocurriera lo impensable me temo que necesitaremos permanecer como meras mascotas un poco más.
—Igual aquí son bienvenidos a quedarse —aseguró Shiira abrazando la espalda de la loba con cariño—. No hay mucho que yo pueda decir ya que no soy herbívora, pero Louis no es el típico dueño con ego de superioridad sobredesarrollado de los tantos que rondan este lugar. Estoy segura que tú y tu novio tendrán el permiso de quedarse el tiempo que sea necesario. Personalmente me encantaría conocer a tu chico, aunque en el fondo me da envidia, jeje.
Juno asintió suavemente, agradeciendo el gesto de su compañera de celda, pretendiendo ignorar su última oración por el bien del ambiente tan cómodo que les rodeaba en esos precisos instantes. Nunca esperó que aquel brazo que se sostenía de sus hombros descendería por su espalda sorpresivamente y que el otro brazo de la felina se anclaría a su cadera para acercarla más a su cuerpo mientras recargaba su cabeza contra las puntiagudas orejas rojizas con un remarcado ronroneo.
—¿Shiira? —le llamó con curiosidad.
—Lo siento, es ese estado del año —dijo la felina manteniendo su postura contra el cálido cuerpo de la loba—. ¿Te importaría si... ya sabes... lo hacemos?
—O-Oh... —Juno no tardó en comprender lo que sugería tan imprevista proposición, consiguiendo que sus nervios tiraran de su estomago, recreando un vacío inexistente.
—Eres mi primera compañera en años, Juno. Mi cuerpo no puede evitar sentirse así con tu presencia ahora mismo. Louis nunca pensó en mis necesidades... y, la verdad, no me gustan esos leones. Como tú dices, no son mi tipo.
—Eres tan impredecible, Shiira —espetó Juno abochornada con el suceso.
—¿Es tú primera vez así? —Juno no tuvo más remedió que asentir, y con su respuesta una sonrisa se dibujó en el rostro de la guepardo—. Te prometo que será divertido.
—Pero, las cámaras...
—Louis no suele revisar las grabaciones seguido... igual dudo que le importe —Juno dudó un momento sin exponer negación alguna, indicándole a Shiira con tal gesto que tampoco estaba asqueada con la idea—. Sólo ven aquí.
Shiira sujetó el hocico entreabierto de la loba, incrustándole su lengua sin decoro para enseguida explorar su cavidad, desafiando sus colmillos con una naturalidad y destreza envidiable. Juno, por su parte, simplemente se dejó hacer; excitada y curiosa por el concepto expuesto entre atractivos ronroneos. Al principio, sus ojos no dejaron de enfocarse a las cámaras de vigilancia que monitoreaban su entorno con el objetivo de prevenir escapes u otras turbulencias pero gradualmente se olvidó de tales. Sin resistirse a las sensaciones que le arrancaron suspiros gustosos, confiada en que este desliz no importaría al día siguiente. Al igual que Shiira, también ella lo necesitaba y no le apetecía esperar más.
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Legosi no tenía nada de qué quejarse, no después de haber sido trasladado a esta nueva celda. La iluminación era la adecuada para él tanto de noche como de día, el colchón donde dormía ahora cumplía los requisitos para gozar de un sueño reparador, contrario al de la celda subterránea que lo había obligado a moverse por horas antes de por fin conciliar el sueño. Tuvo oportunidad de hablar con otros lobos a través de las ventanas adornando los cuatro muros, quienes -además de darle la bienvenida y entablar conversaciones agradables- le ayudaron a comprender mejor el nuevo sistema al que se estaba uniendo.
La comida, aunque no era abundante, era mayor que la recibida en un principio; al parecer era una política más de la corporación para que tuvieran el mejor humor de enfrentarse a las exhibiciones en los pisos superiores, pues eran depositados en cajas de cristal con superficies acojinadas para su comodidad; era extraño. Legosi se sintió nervioso en un principio, pues la cantidad de herbívoros a plena vista lograron cohibirlo a causa del interés con el que los inspeccionaban, especialmente porque su cuerpo entero estaba expuesto y no había ninguna clase de barrotes rodeándolo aunque una pequeña reja le impedía a la clientela acercarse demasiado. Todavía no se familiarizaba con la suma de salas o nombres, así que no podría decir con exactitud a dónde lo llevaban cada ocasión pero él fue guiado a una de las últimas habitaciones componiendo el pasillo.
Tal como Els lo había mencionado, él era mercancía sumisa y compartía el espacio con otros carnívoros más pequeños, entre ellos una mangosta macho llamado Kai con quien rápidamente estableció una comunicación amistosa ya que otros se mostraron recelosos con él desde el comienzo, tal vez intimidados por su tamaño o raza.
Legosi no estaba seguro qué implicaba ser un producto sumiso pero había resultado incluso hilarante para varios clientes el encontrarlo en tal sección y él se vió obligado a bajar la cabeza frente a esos comentarios despectivos sobre su apariencia. La ropa que debía llevar puesta -cada vez que era exhibido- gozaba de un modelo simple con colores claros, casi haciendo juego con el tono de su pelaje, y esto conseguía que las miradas se posaran directamente en él; no eran ropas llamativas pero el estilo bastaba para que Legosi se cuestionara qué imagen ofrecía a los interesados, pues se diferenciaba de las vestiduras de sus compañeros con la cadena en forma de collar que rodeaba su cuello. Más supuso que el conjunto estaba señalando sumisión y fiereza en su personalidad a la vez.
Sin embargo, los herbívoros que lo escudriñaban no solían quedarse demasiado tiempo mirándolo, ni solicitaban alguna información sobre su precio a los trabajadores cercanos, así que Legosi se vio cumpliendo la misma rutina durante una larga temporada. Pasaron alrededor de dos meses cuando un nuevo herbívoro se presentó frente a su contenedor, el cual se trataba de un ciervo hembra que venía en compañía de una oveja merina, quien a menudo desviaba la atención de la pelirroja hacia otras cajas de cristal con ocupantes de esponjoso pelaje.
Y aunque no fue un detalle especialmente interesante para Legosi, no tardó en darse cuenta que esta hembra no sólo estaba escudriñándolo como hicieron otros, sino que analizaba cada una de sus extremidades como una experta en la materia, el tipo de atención que le es ofrecida a una opción sumamente importante. Esta contemplación fue tal que incluso con su habilidad, Legosi no fue capaz de ejecutar una postura relajada que ocultase su repentina timidez, pues aquellos ojos miel eran penetrantes, profundos. De pronto deseó que la herbívora continuase su camino y olvidara que existía, pero esto no ocurrió, en cambio la ciervo había mandado llamar a un vendedor hasta su posición, un hecho que incluso a su acompañante impresionó.
—¿Eh? ¿Te has decidido por este lobo? —quiso saber Sebun con curiosidad—. ¿Por qué este y no alguno de los lobos que vimos antes? El blanco tenía un aspecto imponente.
—Es obvio, querida. Es un lobo sumiso que no necesita entrenamiento, los otros lobos son salvajes, son mucha inversión. Es decir, estoy tomando el consejo de tu amiga para realizar mi primera compra ya que no estoy acostumbrada adquirir mascotas.
—Oh, bueno, si es tu decisión —comentó distraídamente la oveja mientras se acercaba a la placa que brindaba una descripción breve del carnívoro en cuestión—. Legosi. Es un nombre muy bonito para ser de un lobo tan raro —levantó la mirada hacia el aludido, consiguiendo que éste desviara la mirada instantáneamente, una reacción que arrancó una risa divertida tanto como sorpresiva de la oveja merina—. ¡Que lindo! ¿Lo viste, Azuki? Dime que si. ¡No había visto a un lobo hacer eso!
—Estás más emocionada que yo por todo esto.
—¡No puedes culparme! Este chico tiene una personalidad muy curiosa.
—¿Lo crees? Entonces es el candidato perfecto para mis planes.
Intrigado por lo que acababa de escuchar, Legosi se atrevió a mirar de reojo a la ciervo, quien en ningún momento dejó de sonreírle, inspirada por pensamientos secretos perfectamente ocultos. Sin embargo, no pasó mucho antes de que el vendedor se posicionase junto a las hembras, manteniendo una actitud servicial arraigada a su oficio. Azuki y Sebun lo miraron cuando habló.
—A sus ordenes, señorita.
—Me interesa éste —la ciervo señaló al canino, quien volvió a desviar la vista debido a la insistente mirada que la oveja merina tenía sobre él.
—Por supuesto. ¿A qué sector le gustaría que lo enviáramos para comprobar su eficacia?
—En cualquiera que demuestre sus instintos de protección. Mi marido es un empresario muy ocupado y me gustaría que tuviese un guardaespaldas adecuado para sus negocios.
—Perfecto, señorita. Contamos con dos sectores instalados específicamente para ello, el Campo de Resistencia para demostraciones personalizadas y la Arena para mascotas especializadas en combate. ¿Cuál es su preferencia?
—¿Sabes? Es mi primera vez en un sitio así —explicó Azuki con falsa timidez—, ¿qué me aconsejarían para comprobar las capacidades de un lobo sumiso como este?
El herbívoro levantó la mirada un momento en dirección a Legosi y devolvió su atención a la hembra que tenía delante, habiendo meditado suficiente su respuesta, después de todo tenía un discurso especifico para este producto de la mano de una de los supervisores principales de la corporación y no tuvo que pensar mucho en la situación.
—Le aconsejaría que lo sometiera a la primera prueba. En el Campo de Resistencia usted podría ser capaz de elegir una serie de actividades que determinen el nivel de obediencia en su mascota y al mismo tiempo tendrá la oportunidad de interactuar con él el tiempo suficiente para averiguar si son compatibles, y en base a ello elegir si es la mascota que más le conviene. Una vez comprobado tiene la oportunidad de enviarlo a la Arena para que pueda presenciar la fuerza de su mascota, por supuesto este requisito es opcional.
—Oh, en ese caso el Campo de Resistencia sería un buen comienzo.
—Muy bien, permítame su nombre y documentos. —Azuki sacó de su bolso dos tarjetas de identificación, las cuales el vendedor examinó el tiempo suficiente antes de asentir—. Todo en orden, señorita Azuki. Iré ahora a preparar el debut de su mascota. Aquí tiene su pase y número de acceso, volveré dentro de cinco minutos para guiarla al sector.
—Muchas gracias.
El vendedor se dio la vuelta y marchó hacia un sitio que Azuki no se preocupó por vigilar, más interesada en la figura del lobo encerrado en esa caja de cristal que limitaba sus movimientos. Sebun se acercó a ella y también miró en dirección a Legosi antes de prestarle toda su atención a su mejor amiga.
—Tu esposo estará encantado cuando lo vea en una jaula del Conglomerado —comentó.
—Primero se sentirá confundido, tal vez hasta me pida que me lo quede.
—Nunca cambiarás ¿no? —se burló la oveja antes de indicarle que seguiría merodeando el edificio en busca de cualquier mascota que sacie su inclinación por el arte y la moda. Azuki se quedó frente al contenedor de Legosi, finalmente obteniendo una mirada directa que inevitablemente terminó formando un vinculo de curiosidad entre ellos que la propia hembra perturbó dirigiéndole la palabra.
—Legosi, he venido aquí por una cuestión sentimental. —La ciervo acortó aún más la distancia entre su cuerpo y la frágil prisión de Legosi—. Me he sentido muy sola. Tengo una amiga a quien no quiero preocupar, mi marido cada vez me ignora más y mi propia mente no deja de jugarme sucio con los carnívoros que ocupan nuestra mansión. Por eso he venido en busca de alguien que comprenda esa soledad. Sé que esto te parece extraño, probablemente ni siquiera sepas de qué estoy hablando pero realmente me importa tener a un carnívoro en mi poder. Me haría feliz que ese carnívoro fueras tú —Azuki alzó el brazo en forma de saludo, como queriendo acariciarle la cabeza, un gesto que Legosi correspondió inclinándose hacia éste igual que si realmente le estuvieran acariciando, y tal acción pareció suficiente para arrancar una sonrisa de la hembra—. Les he mentido a todos, Legosi. No quiero regalarte a mi esposo, te quiero para mi. Quiero que me protejas. Si yo te saco de esa caja, ¿estarías dispuesto a cuidar de mi?
El lobo levantó la vista hacia la hembra, sus pupilas tornándose aprehensivas. De pronto sentía en su pecho un vacío inmenso, como si estuviera reflejando la soledad de aquella herbívora en su propio mecánico semblante, pues él también se sentía solo. Sin recuerdos y sin propósito su corazón había estado a punto de estallar durante sus forzosas retrospecciones, las cuales no habían conseguido revelar absolutamente nada de su pasado. El aroma a sangre -que siempre lo acompañaba- dejó de llenar sus poros y sólo la quietud lo sofocó, dejando ante él la imagen de la herbívora mirándolo fijamente, anhelante. Aquello se sentía tan familiar, aunque la imagen de la cierva no fuera exactamente la protagonista de esta nueva percepción que le regalaban sus sentidos. Al principio sólo quería ser juzgado, tal vez encarcelado para toda la eternidad, pero ahora se daba cuenta que sólo junto a los herbívoros lograría encontrar las respuestas que con tanta desesperación buscaba. No importaba que se tratase de algo lleno de riesgos, debía volver a la superficie a como diera lugar; ahora estaba seguro de ello.
—Haré mi mejor esfuerzo —respondió al fin, con el volumen suficiente para que solo su posible dueña lo escuchara. Actuó por instinto, porque creía que era lo conveniente en esos instantes. De haber sido alguien más, Legosi no se hubiese atrevido. Y la sonrisa en Azuki le demostró que su decisión había sido correcta.
