Siete.

Punta del Iceberg.

Los pasos que efectuaba por el corto pasillo iluminado causó eco, uno tan abrazante y continuo que consiguió provocarle fobia. Se detuvo ante la puerta para tomar un respiro. Cuando fue informada sobre el interés de un ciervo en Legosi, sus sentidos se alarmaron, más no estaba segura cuál sentimiento predominaba su interior después de haber recibido el informe. Por fuera mantuvo compostura pero por dentro estaba en pánico. Se esperaba que alguien le reclamara pero no que sucediese tan pronto. Y ahora que caminaba directo a la sala donde supervisaba los combates de la Arena, reconoció que estaba nerviosa. Los atuendos ya habían sido elegidos para los carnívoros que participarían, el itinerario estaba hecho, pero el resultado siempre era inestable, pues algunos carnívoros se perdían en su primera prueba de violencia, así que siempre fue difícil controlarlos posteriormente. Els no sabía si Legosi podría ser uno de los carnívoros que enloqueciera ante la sensación de poder, aunque una parte suya lo dudaba terminantemente. Desde que lo conoció, le dio la impresión de conocer del mundo exterior lo suficiente, así que se permitió confiar en que no se avecinaba un desastre.

—Es hora —se dijo a sí misma—. Adelante.

Ella empujó la puerta, reconociendo enseguida las gradas donde residían los herbívoros interesados en observar estos combates y justo enfrente -imitando a un teatro rejado de ala en ala- la zona donde los carnívoros combatían. Els se detuvo en el borde con los brazos cruzados, compartiendo una mirada con los encargados de mediar las corrientes de electricidad, por si algún carnívoro intentaba colarse fuera del escenario. Después de identificar algunos de sus clientes más frecuentes, y otros que estaban ahí por curiosidad, finalmente encontró al ciervo entre el público.

Azuki ocupaba un asiento especial que separaba a los compradores de los curiosos, quien junto a su amiga, yacían inmersas en la vista panorámica de la Arena. Els consideró conocerla al escuchar su apellido pero su entendimiento se iluminó cuando le dijeron de quién era esposa, así que no dudó aprobar esta compra; después de todo ya había hablado con ella personalmente y era consciente de muchas de sus motivaciones. Louis era un fanático de los carnívoros, así que Azuki figuraba como una excelente opción para adoptar a Legosi. Alejando estos pensamientos hizo la señal para que comenzaran. El escenario se iluminó, sólo entonces la oveja merina recordó un aspecto importante de su personalidad.

—Me arrepiento —comentó Sebun de pronto, interesando a su compañera de asiento—. Me arrepiento desde lo más profundo de mi corazón. No quiero estar aquí.

—¿Por qué?

—¡Vamos a ver a esos carnívoros pelear entre si! No estoy preparada para esto —exclamó sujetándose los costados de su cabeza—. Sé que me voy a traumar de por vida y no veré igual a los carnívoros que rondan mi cuadra. Me quiero ir. Ahora.

—No puedes, querida —Azuki se burló del pánico de su amiga, pues -con los años- había aprendido a disfrutarlo enormemente—. ¿Recuerdas lo que te dijeron afuera? Una vez adentro, está prohibido salir, de lo contrario se interrumpe la prueba.

—Ya lo sé, pero después de pensarlo me he dado cuenta que mi estómago no está hecho para esto. ¿Y si se arrancan la cara o se perforan la panza? Ay no. —Sebun se cubrió las orejas apesadumbrada con el simple pensamiento, retrayéndose sobre su asiento mientras cerraba los ojos con fuerza—. ¿Por qué dejaste que te siguiera, Azuki? Tú sabes mejor que nadie lo voluble que soy. Voy a necesitar terapia y me prometí no pagar por un psicólogo hasta el próximo año.

—Cierra los ojos e imagina que estás en el campo, te ayudará.

—¡Eso no funcionó la última vez!

—Puedes intercambiarlo por una pasarela.

—¡Que mala eres! —exclamó Sebun agobiada, golpeando ligeramente un costado de su mejor amiga. Azuki se rio suavemente—. No disfrutes mi sufrimiento, maldita sádica.

Azuki pensó en disculparse cuando una voz llenó el lugar, interesándola a ella y atemorizando a Sebun, la cual anunciaba el nombre y número de los carnívoros que subirían al cuadrilátero; el estilo le recordó a un presentador en una subasta prestigiosa. Ambos carnívoros no necesitaron una señal para apresurarse contra su adversario siquiera ser abiertas las puertas, por lo que los rugidos de batalla adornaron el enfrentamiento. Y mientras Sebun se cubría los ojos, tarareando una canción infantil en su intento por ignorar la situación, Azuki se reconoció impaciente por apreciar las capacidades de Legosi. Era la primera vez que lo veía, la fuerza de los carnívoros era brutal, por supuesto que había sido consciente de ello desde que era una niña pero ver reflejada tal fuerza en una batalla cambiaba toda la percepción que ya poseía. El simple recuerdo de tales colmillos incrustados en la carne bastaba para que su ser entero se llenase de expectación.

¿Era esto lo que presenciaba su esposo cada vez que salía en compañía de sus mascotas? Era impresionante.

Las batallas continuaron sin demasiadas complicaciones, terminando con un par de carnívoros noqueados ante la fiereza de sus contrincantes. En este punto Sebun ya había sido drogada por el espanto mientras que Azuki se descubría envuelta en adrenalina. Sin embargo, esto incrementó al escuchar el número del siguiente carnívoro, por lo que rápidamente revisó la tarjeta que le habían entregado, encontrando sus sospechas siendo afirmadas: era el turno de Legosi. Inconscientemente, Azuki se acomodó en el asiento, revisando ambos extremos del escenario en busca de aquel lobo gris.

Mientras tanto Legosi abría los ojos, encontrándose en la misma jaula pequeña en donde lo habían colocado justo después de haber sido separado de Azuki. No pasó mucho tiempo antes de que la puerta de la misma fuese abierta de manera automática, brindándole la libertad hacia un terreno iluminado por la luz. Avanzó y descubrió que su adversario sería un tigre, casi de la misma complexión y altura que Bill, pero con el pelaje más opaco; éste parecía estarlo estudiando conforme emergía de su propia jaula allá al final de la zona que Legosi pisaba. Sin poderlo evitar, el lobo miró al público, encontrando toda clase de herbívoros ocupando las filas y filas de asientos; entre ellos, consiguió ubicar al ciervo que le había elegido, la cual se mostraba inquebrantable desde su perspectiva. Azuki no sonreía pero tampoco lucía perturbada, así que Legosi se convenció podría ser todo lo violento que quisiera sin temor a severas consecuencias por parte de su futura dueña.

Retrocedió de nuevo, en busca de tomar impulso, entonces se abalanzó contra el tigre quien se colocó en posición anticipadamente por el repentino cambio de actitud, pues en un principio hubiese sospechado que aquel lobo estaría aterrado por la situación. Legosi había decidido embestirlo pero al ver la postura del tigre decidió saltarlo para volverse y atacarlo desde la espalda. El tigre no había esperado eso por lo que terminó siendo derribado al suelo. Azuki se inclinó hacia al frente maravillada, comprendiendo por los comentarios de otros herbívoros que no era común ver a un lobo hacer aquello, así que no tardó en sentirse orgullosa. En el cuadrilátero, Legosi no se había retrasado en golpear consecutivamente el rostro del tigre con ambos puños, aullando con excitación, retirándose a la extraña electricidad recorriendo sus nervios.

Sin embargo, el tigre se recuperó usando todas sus fuerzas para contraatacar a su ofensiva, tirándolo cuando sus piernas alcanzaron sus tobillos. Legosi cayó pero se recuperó enseguida, echando a correr estratégicamente para esquivar los zarpazos que el tigre no escatimó en ejecutar con toda la fuerza que merecía el dolor que le atravesaba. Por su parte, Els estaba anonadada por el rendimiento de aquel lobo, resolviendo otra de sus dudas con esta demostración: Legosi estaba acostumbrado a pelear también; saberlo la llevó preguntarse nuevamente de dónde provenía.

La sangre salpicó contra el suelo de la Arena en el instante que Legosi había mordido el cuello del tigre, quien rugió y procedió a sacudirse para quitárselo de encima, Legosi se mostró reacio soltarse cuando finalmente había roto sus defensas que tan complicadas le habían hecho la tarea de capturarlo. Aún así, el tigre terminó por reaccionar, razón por la que Legosi tuvo que soltarle o su espalda acabaría siendo perforada por esas peligrosas garras. Aún cuando no surgió completamente ileso, ya que uno de esos tantos zarpazos pasionales consiguieron alcanzar su mejilla, su ojo salvándose de milagro.

La herida en el cuello del tigre era profunda así que este retrocedió a sabiendas de que se desangraría si continuaba luchando, aún así Legosi volvió atacar, acorralándolo en el suelo y sorprendiendo a los espectadores por su iniciativa, ningún carnívoro en toda la historia de la arena se mostró decidido en acabar con su contrincante, a menos que hubiesen perdido la compostura. Els planeó proporcionar la orden a los francotiradores para que sedaran a Legosi si este no se detenía pero la voz de cierta hembra lleno el ambiente antes de que Legosi pudiese dar el golpe de gracia. En ese momento el lobo paró de forma abrupta, sus ojos destellando con la sed de sangre característica de un carnívoro enloquecido. Aún así accedió a quedarse quieto; recuperar el aliento con fuertes respiraciones sobre el cuerpo vencido del tigre. Els miró hacia abajo, reconociendo a la hembra que bajaba las escaleras para detenerse frente a las rejas electrizadas. Legosi la miró, controlando sus instintos.

—Un impresionante trabajo —le felicitó ella con una sonrisa altanera—. Está decidido, vendrás conmigo. —El rostro del lobo pareció iluminarse ante sus declaración—. A mi esposo le encantará tenerte.

Legosi se alejó del otro carnívoro, dedicándole una sonrisa cansada a su nueva dueña, satisfecho de su propia actuación. Se levantó esperando por el permiso del ciervo, quien se limitó asentir, en reacción Legosi se retiró de vuelta a la jaula para sentarse en el interior con la cola enroscada en su propia cintura. Entonces Azuki se giró, apenas consiguiendo sostenerse por la manera como le temblaban las piernas. Els se quedó sin habla desde su posición, más el recordatorio de uno de sus compañeros le incitó dar por terminada la demostración para proseguir con la siguiente batalla. Y mientras los trabajadores se hacían cargo de arrastrar fuera al carnívoro perdedor, Azuki volvía a su silla junto a Sebun, la cual no tuvo palabras para expresar lo inesperada que había sido su intervención a las peleas mientras su amiga se recargaba en el respaldo conteniendo la respiración.

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Una hora más tarde, Azuki se encontró llenando una serie de documentos para dar por concluidos los tramites de su compra mientras Sebun esperaba fuera de la oficina, todavía recuperándose de la impresión sufrida. Els entregó en las manos de Azuki la última hoja, mirándola con curiosidad, pues -luego de lo que había visto- decidió encargarse de este negocio por si misma para terminar de convencerse que era lo más adecuado, pero esta no lucía interesada por lo que acababa de ocurrir y eso que se suponía era su primera vez en un negocio como Carnivorous Corporation. Els se preguntó si lo había visto innumerables veces por cortesía de su marido quien sí estaba ligado a peleas así, seguramente.

—¿Es todo? —quiso saber Azuki.

—Es todo, si —respondió Els distraídamente.

—En ese caso, debo retirarme. Quisiera tener todo listo para mi mascota antes del anochecer.

—Azuki, ¿verdad?

—Oh, querida. ¿Tan rápido ya te habías olvidado de mi nombre?

—No, bueno... —Els se sobó la nuca un tanto avergonzada, era cierto que ya había convivido con ella pero sólo había sido un día, no podía culparla por haberse olvidado de ese simple detalle, Els tenía problemas para recordar nombres además de rostros. Carraspeó la garganta—. Iré al punto. Ya que estás tan decidida en llevarte a Legosi, hay algo que me gustaría que supieras. Supongo que otros trabajadores del edificio ya te han puesto al tanto.

—Si, ellos mencionaron que Legosi es un caso especial —confirmó Azuki con tono despectivo, casi aburrido—. Lo trajeron a este sitio en situaciones poco normales, podría tratarse de un carnívoro que ya tuvo un dueño antes pero se negó revelar información al respecto, alegando amnesia. No te preocupes, eso no me incomoda, es decir, mi esposo ha tratado con toda clase de carnívoros. No estás por saberlo pero te diré que las mascotas que tenemos en casa no son todas de agencias, tener uno más de esta naturaleza extravagante no cambiaría nada. De hecho, me parece un tema divertido, descubrir cuánto más puede ofrecerme alguien como ese lobo. Siempre me han emocionado los retos.

— …Entiendo —la cabra asintió—. De cualquier forma, no puedo permitir que una primeriza como tú se retire de este negocio sin protección extra —Els abrió el cajón del escritorio, sacando un estuche de cuero con varios recipientes de vidrio en su interior, el cual entregó a su cliente sin dilación—. Diluye esto en sus bebidas cada vez que lo consideres necesario, te ayudará reducir cualquier actitud violenta instigada por estrés.

—¿Una droga legal, eh? Interesante —comentó Azuki con una sonrisa, mirando atentamente los pequeños envases con un espeso liquido transparente.

—Tienes mi número personal para cualquier emergencia y también tienes garantía de un año, en caso de que Legosi no sea lo que esperas.

—Ya sé que forma parte de sus políticas cubrir la mayor cantidad de exigencias posibles, pero lo considero exagerado —comentó mientras guardaba el estuche en su bolso de hombro—. A propósito, Els. —Azuki le dirigió una mirada pícara a la administradora—. Hay un articulo que me interesa adquirir y me preguntaba si era posible comprarlo aquí también.

—¿Si?

—¿Cuentan con bozales? —La mirada seria de la cabra vaciló, irradiando cierta incomodidad pero asintió firmemente antes de levantarse de la silla y dirigirse a otro mueble adornando la oficina, Azuki observó su trayectoria sin atreverse interrumpir, entonces la cabra de angora volvió con varios modelos de diferentes colores y estilos; Azuki los miró detenidamente—. Oh, que formas tan encantadoras —elogió, sosteniendo un bozal completo con dos pequeños orificios que figuraban servir para la respiración del portador.

—Hay un catalogo de bozales para cada especie, así que éstas son los más recomendables para hocicos caninos.

—¿Cuál me recomendarías?

—Eso depende de cuánto desees contener sus mordidas. —Azuki bufó divertida ante comentario tan potente, revisando una vez más los bozales postrados sobre el escritorio, hasta finalmente decidirse por uno que hizo a Els sonrojar instintivamente.

—Todo listo aquí, querida —le dijo Azuki a Sebun quien ya había comenzado a golpear el suelo con su talón. Deshaciendo la cruz que formaban sus brazos sobre su pecho, se giró para enfrentar con expresión molesta a su mejor amiga que emergía tan campante de la oficina en la cual había sido atrapada por más de media hora.

—¡Al fin! La próxima vez que planees comprar un carnívoro, no me invites.

—Por favor, tu amiga me explicó que este era un caso especial. Yo tampoco planeaba durar tanto, así que no puedes culparme. —Sebun pensó en continuar quejándose pero la caja que Azuki estaba sosteniendo la hizo cambiar de opinión.

—¿Y eso?

—Oh, una cosita extra para usar en mi nueva mascota, nada importante.

—Si tu lo dices. —Sebun se alzó de hombros, restándole importancia al asunto antes de que Azuki emprendiera la caminata y ella la siguiera de cerca por el pasillo—. ¿Te dijeron cómo sería el envío o cómo planean trasladar a ese lobo hasta tu mansión?

—Nos llevarán junto con él en un transporte de la compañía. Me dijeron que es una formalidad para quienes pagan en efectivo.

—Que bien, así no tendré que agotarme también en el regreso a casa. Sólo espero que los asientos sean de primera clase, ya que nos entretuvieron tanto.

—Tenlo por hecho. Todo lo mejor para mi querida amiga.

—Oh, no, calla. Tampoco no me tires miel, no se siente bien si proviene de otra hembra. —Azuki se río en respuesta con el gesto de mano que Sebun le dedicó, deteniendo todo comentario. Lo cierto era que se sentía bastante animada, tal vez era porque su vida estaba a punto de cambiar gracias a la llegada de Legosi. Pensarlo la llevó a imaginar la expresión de Louis cuando volviera a casa y se encontrase con esta sorpresa.

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Una extraña inquietud se cernió sobre los hombros del líder del Conglomerado Cuernos cuando la sensación del viento frío, proveniente de la ventaba entre-abierta a sus espaldas, golpeó su cuello. El sonido de los golpes llenando el recinto y variables gemidos ahogados lo llevaron recordar dónde se encontraba; lo que hacía, así que dio la orden a sus leones de detenerse. Sabu y Miegel dejaron de golpear a los dos herbívoros que se habían negado revelar información al comienzo de las negociaciones, lo cuales se trataban de ciervos. Entonces Louis se alejó de la ventana que le entregaba un paisaje nocturno, ignorando a las mascotas malheridas que adornaban el suelo.

—No me gustan las traiciones —comentó acercándose a quienes fueron importantes miembros de la empresa que dominaba, en quienes Louis creyó podría confiar sin temor a equivocarse—. Así que, si fueran tan amables de hablarme sobre el más reciente fraude y quién lo inició, tal vez puedan regresar a salvo a sus casas junto a sus familias, desempleados pero no anotados en mi lista negra. Aún creo que no fueron ustedes los que tuvieron la idea a pesar de estar involucrados. Vamos, no me hagan usar más violencia.

—Como le dijimos... —jadeó uno de los ciervos, respirando con dificultad—, nosotros no...

—Y siguen con eso. —Louis rodó los ojos con exasperación—. Están agotando mi paciencia. ¿De verdad tienen tantas ganas de ser devorados? Oh, eso me recuerda... —Louis le dirigió una mirada inquisidora al león más serio del grupo, quien inmediatamente atendió a su llamado—. Dolph, ¿cuál fue su última comida fresca?

—Hace seis semanas, amo.

—Ya veo, deben tener mucho apetito. ¿Creen que estos dos basten para todos?

—No, amo. Se necesitarían dos familias enteras para satisfacer nuestros estómagos. —La simple mención hizo que los dos ciervos amarrados en las sillas reaccionaran alterados por lo que aquellas tranquilas palabras sugerían.

—Entiendo, por suerte... —Louis continuo—, estos dos tienen tres hijos cada uno, contando a sus esposas y un par de parientes que viven bajo el mismo techo. Seguro sabrán repartirse cuando les hagan una visita.

—¡No! ¡Por lo que más quiera, no... !

—Lo que quiero es información y ustedes no están cooperando —le interrumpió Louis al ciervo que se atrevió gritar desesperado—. Les dí una oportunidad y la desecharon, debe ser su silencio más importante que la vida de sus familias.

—¡No! ¡Por favor! ¡Por favor!

—Van a hablar entonces —declaró Louis deteniéndose delante de los dos ciervos con poderío—. Se dejarán de esos estúpidos juegos y responderán a todas mis preguntas. Sólo tengan en cuenta que la menor mentira que se atrevan a escupirme en la cara les traerá graves consecuencias en el futuro.

Tragando saliva con dureza, los ciervos miraron los ojos de su jefe con atención, encontrando en aquella mirada severa la amenaza ferviente que escapaba de sus labios herbívoros. Todos sus empleados sabían lo peligroso que podría llegar a ser cuando era perturbado el flujo del negocio pero ellos nunca habían imaginado que sería tan grave el trato que le ofrecía a quienes osaban traicionar su confianza. Más tarde, Louis se encontró abriendo la puerta de la oficina, después de ordenarle a sus leones se encargasen de curar las heridas de sus empleados para enviarlos a casa. Siendo consciente del horario, no hubiese sido posible que cualquier otro trabajador escuchara su pequeña reunión, más fue indudablemente una sorpresa escuchar la voz chillona de cierta coneja a su costado.

—Que aterrador —canturreó ésta hembra, sobresaltando a Louis en el acto, quien no tardó en identificar la figura enana que yacía recargada en el muro sin novedad.

—Haru... —pronunció, sintiéndose atragantar—. ¿Hoy habíamos quedado de vernos?

—No —respondió Haru al instante—, pero sucede que terminé mi turno mucho antes y decidí venir a verte. No pensé que estarías en medio de un asunto importante. —El ciervo se llevó una mano al rostro antes de que la pequeña hembra enfocara su mirada en él para cambiar el tema—. ¿Te irás a casa?

—Todavía no, estaba pensando en llevar a estos dos personalmente hasta su barrio. No quiero que salgan de aquí y se paseen por las calles con esa facha, le daría una muy mala imagen al Conglomerado.

—Me lo imagino —dijo la coneja con acento desinteresado—. ¿Qué clase de líder no tiene la decencia de encaminar a sus casas a los inútiles que metieron la pata para recibir tremenda paliza, antes de convertirse en unos insignificantes sacos de huesos sin empleo?

—Tienes el encanto de hacerlo sonar gracioso a pesar de no ser así —se mofó Louis.

—Es lo que me da miedo de trabajar de forma honrada —agregó con una sonrisa maliciosa—. Los tipos con ambición regularmente terminan trabajando como meros empleados de los ricos como tú por el resto de sus vidas. Es raro el que consigue su objetivo de derribar a sus tan respetados patrones.

—No te molestaste en venir aquí para hablarme de eso ¿o si? ¿Qué necesitas?

—Nada que no me hayas dado ya. —Haru se separó del muro y colocó sus manos en la cintura mirando de manera juguetona al ciervo—. Estoy aburrida y ninguno de mis pretendientes está libre, así que esperaba me concedieras el favor.

—¿Oh? Me halaga que te hayas acordado de mi después de tantos años.

—No dramatices, no pasó mucho tiempo desde la última vez que nos acostamos. No olvides que esa ocasión fuiste tú el que estuvo muy insistente.

—Si, en ese momento estaba pasando por algo difícil. Por eso, me apena tener que aplazar nuestro momento, le prometí a mi esposa que estaría en casa temprano.

—¿En serio? —Haru no tardó en mostrarse decepcionada por la respuesta mientras le daba la espalda al ciervo, sosteniendo sus brazos detrás—. Que mal, y yo que tenía listas las veladoras —bromeó de paso, conservando la misma tranquilidad con la que apareció.

—No me menosprecies, si te hubieses comunicado conmigo tal vez te habría hecho un espacio en mi agenda. Pero siempre apareces de improvisto.

—No tengo porqué anunciarme, así como yo no tengo derecho de meterme entre Azuki y tú. Sólo pensé sería buena idea venir a verte, pero si dices que estás indispuesto, no hay nada qué se pueda hacer.

Esta última frase hizo que el entendimiento de Louis recibiera una alarma de alerta, así que miró a su pequeña compañera con atención. Haru era habil para aparentar un semblante tranquilo aún cuando su estado de ánimo estuviera lejos de encontrarse bien, por ello Louis no pudo evitar romper la distancia ofreciendo un par de pasos hacia la hembra.

—¿Ocurrió algo? —quiso saber, y su pregunta logró molestar a la coneja.

—No ocurre nada. ¿Por qué iba a ocurrir algo?

—No lo sé, ¿por qué otra cosa estarías aquí? No me buscas a menos que te haya sucedido algo importante y necesites hablar de eso.

—¿Eso te convierte en mi terapeuta personal o algo?

—Podría serlo —admitió Louis—, en el aspecto físico.

—Descuida, estoy bien —sonriendo, Haru finalmente respondió—. Temo que me estoy volviendo impulsiva, pierdo una presa y me veo perdida en la oscuridad sin saber cómo moverme pero ya lo superaré. Una derrota no es el fin del mundo después de todo.

—¿Presa? No me digas, para los que trabajas.

—¡Bingo! —exclamó Haru con una seña de su mano—. ¿Recuerdas al oso pardo del que te hablé? Pues ha desaparecido. Se suponía que esta noche, justo al inicio del toque de queda, lo capturaríamos, pero cuando una compañera y yo decidimos rastrearlo para atacar de forma segura, resulta que sus registros, fecha de fuga, casos de depredación, tanto como contratos ilegales y todo lo referente a él se esfumó como por arte de magia. ¿Puedes creerlo? Y no es el primero, han habido muchos otros casos como este. Alguien (aún no sabemos quién) nos está robando nuestros útiles de trabajo. A este paso las empresas de ejecutores quedarán en bancarrota.

—No me imagino quién podría estar provocando esas desapariciones.

—Quien sea, debemos descubrirlo pronto o el equilibrio que establecieron los herbívoros llegará a su fin —espetó con seriedad para terminar sonriendo traviesa como una niña en plenos juegos—, o al menos eso es lo que dice mi jefe. Muy melodramático ¿no?

—¿Creen que esa persona intenta darle un giro a nuestro gobierno como una especie de héroe de profecía? —inquirió Louis alzando una ceja con incredulidad.

—Bueno, eso se teoriza. Ya sabes, en las redes sociales y medios de entretenimiento. No podemos decir que es un hecho. Hasta ahora sólo se han informado de unas cuantas rebeliones de carnívoros, y no dentro de la ciudad, sólo poblados pequeños, de esos que no saben cómo manejar el sistema correctamente.

—Me imagino.

—Bueno, te dejo. —Haru se dio la vuelta—. Quiero llegar a casa antes de que se haga más tarde. Una coneja indefensa como yo no debería pasearse por ahí sola como si fuera de día.

—¿No prefieres que te lleve? —ofreció.

—Gracias pero no. Anda, ve y atiende tus asuntos. No quiero ser quien provoque una riña entre tu esposa y tú de nuevo.

—Eso dices, pero no suenas nada arrepentida.

—¿Qué? —Haru soltó una suave carcajada—. Oh, vamos. ¿Ya olvidaste cómo me miraba tu mujer? Sino hubieses estado ahí seguro me habría destazado ella misma para convertirme en comida de tus mascotas. Ay, ahora si me voy. Cuídate mucho, Louis.

Despidiéndose con un gesto de su mano, Haru no se evitó correr por el pasillo en dirección a la salida, conservando el mismo aire jovial que la caracterizaba cuando charlaba con herbívoros que ella consideraba cercanos. Louis la observó irse con una sonrisa adornando sus labios mientras recordaba la época en la que eran sólo ellos dos. Parecía mentira que a pesar de todos esos años continuasen manteniendo contacto, aún si su convivencia había encontrado amplios lapsos de incertidumbre e inadvertencia que romperían cualquier lazo. Por suerte seguían siendo los mismos cuando se encontraban, aún siendo tan diferentes a su comienzo. De algún modo, Louis agradecía que Haru lo buscara ocasionalmente, pues una parte suya se sentía mucho más ligera cuando se enredaban bajo las sabanas o simplemente hablaban de trivialidades.