Notas Iniciales: ¡Actualización! Siento mucho haberme tardado tanto, sucedieron cosas pero finalmente está aquí.


Nueve.

Ruptura.

Donde estaba podía olfatear el hedor de la muerte. La luz a su alrededor y el cielo azul sobre su figura discrepaba del escenario del cual era protagonista. Las flores silvestres habían sido ultrajadas por la sangre que aún escurría entre sus garras pero él no dejó de gruñir, no dejó de amenazar a sus enemigos con la sed de violencia brillando en sus ojos. La habían lastimado a ella: a su consorte, eso sería algo que jamás iba a perdonar. Sus ojos se iluminaron con la ira seduciendo sus movimientos. La luna llena no yacía presente pero aulló representando su canción de guerra. Los mataría a todos; no dejaría a ni un sólo herbívoro habitando la tierra. Si tanto deseaban que se convirtiera en una bestia hambrienta, así sería. Ese sentimiento lo dominó mientras avanzaba dispuesto asesinar pero la voz llamándolo por su nombre disipó las ansias flameantes antes de que despertara exaltado, reconociendo con suma dificultad el sitio que realmente habitaba. Incapaz de disimular su pánico, volteó a un costado suyo donde la voz pronunciaba su nombre con dulzura, encontrándose con su dueña. ¿Cuál era su nombre?

—¿Tuviste un mal sueño, Legosi, cariño? —quiso saber ella mientras se dirigía a la puerta de la jaula para abrirla y adentrarse, ante su iniciativa Legosi saltó fuera de la cama para recibirla arrodillado en el suelo.

—Buenos días, ama.

—Oh, no, sólo dime Azuki —le reprendió la hembra con modestia—. No quiero parecerme a mi esposo en ese aspecto.

—Lo siento, A... A... Az... —Ante el triste balbuceo, el ciervo adivinó cuál era el problema.

—¿Es muy pronto para ti dirigirte a mi con informalidad? —Legosi asintió solemne—. Está bien, ya trabajaremos en eso.

El lobo gris bajó las orejas, descendiendo la vista al suelo también, más la sorpresiva caricia en su cabeza lo obligó mirar a su dueña de nuevo. Era tan extraño para él sentir el calor emanando de la herbívora cuando su sueño se mantenía fresco todavía en su memoria, junto a todas las emociones que experimentó contra los seres como ella. Debía tratarse de un recuerdo, pues fue palpable cada sensación golpeando su cuerpo a medida que este se desarrollaba dentro de su mente; un recuerdo que a pesar de todo le parecía tan impersonal, ajeno a su realidad actual, quizás a su vida entera. Cada vez que la presencia de un herbívoro lo abrazaba, las imágenes en su cerebro danzaban como un rodaje de película viejo pero -al fin y al cabo- estaba recuperando lo que jamás habría obtenido encerrado en la prisión subterránea de la corporación. Al pensarlo inevitablemente se preguntó cuántos herbívoros mató por una orden y por voluntad propia en aquel pasado incierto. No lo sabía pero al menos se sentía próximo a resolver el misterio bajo la sombra de su nueva ama. Estaba seguro que si continuaba de esa manera destrozaría toda confusión nublando su juicio.

—¿Todavía no, Azuki? —cuestionó Louis desde la entrada, Legosi no pudo evitar mirarle de reojo con incertidumbre. Su primer encuentro había sido incómodo y dudaba esa sensación desapareciera pronto de su sistema cuando el ciervo le dedicaba aquella mueca de desagrado a su simple existir—. Todas mis mascotas estarán reunidas en la sala en cinco minutos, trae de una buena vez a ese lobo para poder presentarlo.

—Que impaciente —murmuró Azuki con fastidio para sí misma y para Legosi—. Ya voy.

—Sólo apresúrate —insistió desapareciendo otra vez tras el muro.

—Mi esposo es muy duro ¿cierto? —La voz de Azuki hizo que Legosi dejara de prestar atención a la esencia que había dejado aquel ciervo tras marcharse—. Ahora mismo está actuando como un idiota pero él adora a los carnívoros, te aseguro que una vez se acostumbre no tendrás la menor duda de su bondad contigo. Tenle paciencia ¿si? Recuerda que yo estoy contigo. —Legosi correspondió a la sonrisa de Azuki apenas vislumbrar esa expresión en sus músculos faciales. Ciertamente no tenía idea cómo podría llegar a mutar su nula cercanía con el otro ciervo pero por lo menos podía confiar en la palabra de su ama por el momento—. Ahora, ¿estás listo para conocer al resto de la familia?

Legosi asintió con cierto entusiasmo, la verdad era que le generaba una inmensa curiosidad saber cómo era que las mascotas convivían entre sí o con sus amos; podía hacerse una idea pero sería mucho mejor experiencia verlo por sí mismo cuando no contaba con sus memorias pasadas para crear la imagen adecuada.

.

Louis ya había preparado a sus leones en la sala para presentarles a Legosi, sólo le hacía falta integrar a las hembras y era rumbo hacia su jaula donde se dirigía en esos momentos. Había dejado a Juno y Shiira hasta el final precisamente por la inquietud que le generaba imaginar la reacción de la loba cuando viera a Legosi, había dormido lo mínimo a causa de ello. Pero más decidido que nunca entró en la habitación donde fue instalada la jaula de las carnívoras, descubriendo que éstas ya estaban de pie, listas para recibir el desayuno.

—Hola, amo. Te tardaste —le saludó la felina con alegría. Louis no respondió, apresurado en encontrar las llaves que abrían el cerrojo—. ¿Qué pasa? —inquirió la guepardo al notar que el herbívoro no traía consigo la cacerola con su comida refrigerada de la mañana.

—Hoy comerán en la sala, hay alguien que quiero presentarles —dijo el ciervo con simpleza, una seriedad que Juno no tardó en notar mientras Shiira continuaba bombardeándolo con preguntas.

—¿Otro? ¿Cómo? ¿Lo compraste por internet o algo?

—No, Shiira, este lo compró mi esposa. —La revelación sorprendió a las hembras.

—¿Qué? ¿Hablamos de la misma Azuki? ¿Cuándo llegó?

—En la tarde, antes de que Ibuki, los otros y yo volviéramos del trabajo.

—¿En serio? ¿Y qué es?

—Cállate un momento, Shiira —le reprendió fastidiado, la aludida reaccionó sonriendo traviesa antes de realizar un gesto de cerrar con un cierre sus labios. Louis miró a la loba, quien no intentó en ningún momento apartar la vista—. Juno, esto podría ser difícil para ti. —Estas palabras bastaron para alarmar a la canina enseguida—. La mascota que mi esposa compró es un lobo gris, su nombre es Legosi.

Juno no pudo evitar reaccionar ante esta información, iba a responder con la luz del desconcierto destellando en sus facciones pero fue frenada abruptamente por las severas palabras del ciervo, quien no estuvo dispuesto a mirar sus ojos.

—Sin embargo, no recuerda nada. En la corporación dijeron que sufre amnesia. Algo pasó antes de que llegara a esa empresa, provocando que todo recuerdo de su vida pasada desapareciera en su cerebro. Es muy probable que no te recuerde siquiera a ti.

—No... —gimió Juno horrorizada con la idea. Shiira se mostró consternada por la situación también, pues comprendía a la perfección el impacto que tal suceso tuvo en su compañera de celda, fue inevitable que sintiera preocupación.

—Sé lo que están pensando, yo tampoco creo que realmente haya olvidado todo. Aún así, Juno, te aconsejo no esperes una respuesta positiva cuando él te vea. Prepárate para el rechazo en caso de que este Legosi sea el mismo Legosi que tú conoces. —Juno no tuvo más opción que asentir a sus palabras, en completo ansiosa por el futuro cercano que le deparaba. Louis suspiró en un vano intento por relajarse—. Bien, vamos.

La puerta fue abierta, entonces las carnívoras acompañaron el paso presuroso que estableció el ciervo en dirección al pasillo y después de un corto recorrido, el cual para Juno pareció extenderse más de la cuenta, estuvieron ante la puerta que llevaba a la sala. Ahí, los leones se distribuían a los costados de los sillones o las orillas de los muros. El corazón de Juno latió con fuerza mientras inspeccionaba la zona en busca del mencionado lobo gris pero todo indicaba que él todavía no estaba presente, no se percató que había estado paralizada en el mismo sitio hasta que Shiira tiró de su brazo para que se alejaran de la puerta y tomaran asiento en la alfombra donde Louis les indicó.

La espera no fue larga, aún así Juno no pudo controlar las emociones pesando en su pecho antes y después de que aquel carnívoro cruzara la puerta junto Azuki. El corazón de Juno volvió a saltar cuando lo reconoció. Ahora no le quedaba la menor duda que se trataba del mismo Legosi que ella recordaba, así que inútilmente trató de retener las lagrimas que amenazaban con derramarse de sus ojos, tratando de distraerse con cualquier otra cosa. En ese momento, el suave apretón que Shiira le dedicó a sus manos funcionó como un soporte a sus caóticas emociones. No entendía cómo era posible. ¿Por qué? Pero se obligó no crearse conjeturas dentro de su cabeza cuando tal cosa no le serviría de nada en esa situación. No le quedaba más opción que esperar, aún cuando la manera en que la esposa de Louis sostenía la mano de Legosi le creó un hueco imposible de ignorar. Azuki se percató de su extraño ritual pero prefirió hacerla a un lado para atender las palabras de su marido.

—Bien, chicos, quiero que conozcan a Legosi. Como se habrán percatado es un lobo gris pero su especialidad no es como el resto de ustedes, así que probablemente tenga comportamientos poco usuales. Proviene de Carnivorous' Corporation y estará bajo la protección especial de mi esposa, por lo tanto, si ella lo decide, puede tener un trato especial, así que no quiero que crean existe algún favoritismo para mi.

—Disculpe, amo. ¿Pero eso qué significa? —interrumpió Agata desde uno de los rincones.

—Significa que si yo lo quiero acompañará a mi esposo en todo momento, incluso durante las misiones donde ustedes sean llevados —intervino Azuki, arrancándole a Louis la palabra—. Lo traje aquí para que se convierta en un guardián del Conglomerado Cuernos. Obedecerá a mi esposo pero yo seré quien tenga la última palabra, por ello deseo que esto no sea motivo de conflictos entre ustedes y él.

—Oh, entiendo. Por supuesto, mi señora —asintió el joven león casi avergonzado por su pregunta mientras se sobaba la nuca, sonriendo con torpeza. A Ibuki aquellas palabras no le agradaron del todo pero no comentó nada, en espera de escuchar el resto del discurso.

—Como ya lo he dicho en situaciones anteriores, las buenas relaciones son más productivas que una enemistad, por eso quiero que sean resueltos los malos entendidos en el momento. ¿Tienen alguna queja o sugerencia? Háblenlo conmigo y llegaremos a un acuerdo. —Louis miró entonces al lobo gris—. Legosi —le llamó y esto sobresaltó un poco al aludido—. Te presento a tus compañeros. Ellos son Ibuki, Free, Dolph, Dope, Sabu, Miegel, Hino, Jimma y Agata. Trabajan en grupo y cada uno posee habilidades que los hace especiales dentro de nuestras actividades. Si algo no comprendes y necesitas orientación y yo no estoy cerca, dirígete a Ibuki, él te ayudará a resolver esas dudas.

—Si, señor —respondió Legosi luego de identificar a cada león mencionado. Louis se tomó un momento inspeccionando su reacción hasta que no tuvo más opción que continuar.

—También quiero que conozcas a mis chicas. —Louis avanzó hacia las dos carnívoras bajo la mirada atenta del lobo gris. Una vez junto a ellas, les pidió con un gesto se pusieran de pie y ellas se posaron a cada costado de su dueño sosteniendo su mano—. Shiira y Juno. Shiira es la guepardo, aunque es carismática tiene un limite que no te recomiendo pasar. Juno es la loba, pertenece a tu especie y raza, así que ya deberías estar familiarizado.

—Mucho gusto —les dijo, ejecutando una ligera reverencia, tan simple e indiferente que Juno se reconoció herida enseguida.

—Ellas permanecen aquí durante el día y me acompañan durante la noche la mayoría de ocasiones. Es muy probable que debas involucrarte con ellas más de lo que harás con mis leones, así que te sugiero prestes mucha atención a su trabajo en equipo.

—No quiero sorpresas, Legosi —intervino Azuki para total desconcierto de Juno—. Aunque sean de la misma raza, por favor no trates de seducirla. No quiero que tu primera cita con el doctor tenga que ver con un tema tan íntimo, debes saber que no me apetece cuidar crías que no sean mías.

—¿Eh? ¡No, no, no ! No se preocupe por eso —replicó Legosi escandalizado con lo que tal declaración sugería—. Yo no pretendía... —El lobo miró a Juno de reojo, sonrojándose furiosamente antes de volver la vista a su divertida dueña—. Le aseguro que...

—Tranquilo, Legosi. —Una caricia de Azuki bastó para que el canino se controlara externamente, más en el interior su corazón aún palpitaba descontrolado—. Mientras lo entiendas es suficiente.

Acto seguido, la ciervo le dedicó una sonrisa complacida a la loba, quien poco pudo hacer para exigir respeto después de semejante humillación, sintiendo a su cuerpo entero arder de furia. Juno no estaba segura cuánto tiempo más soportaría los atrevimientos de Azuki; sabía que asesinarla empeoraría todo pero a veces aquello le resultaba más tentador que yacer bajo el yugo de su reinado sobre ellos como mascotas. Louis carraspeó la garganta, mostrándose incómodo por aquel intercambio tan innecesario.

—Tomen asiento por favor, en unos minutos traeremos su comida.

Louis avanzó a la puerta, acompañandose de Azuki a quien tomó de la cintura, después de que ésta dedicara unas palabras al oído de Legosi. Una vez ambos herbívoros desaparecieran por la puerta, el lobo se giró hacia el resto de carnívoros, inseguro de cómo proceder. Sin embargo, la sala se llenó de risas sin que tuviera la necesidad de decir nada.

—¡Que espectáculo te has montado, muchacho! —se burló uno de los leones—. Y que desafortunado eres. En serio, mi más sincero pésame por ser propiedad de Azuki.

—¿Qué tiene ella de malo? —quiso saber cuando los leones no dejaron de burlarse de él a costa de su situación como mascota.

—¿Y todavía preguntas? —exclamó Dope ahogado en diversión.

—¡Acaba de amenazar con llevarte a castrar si intentas seducir a Juno! —explicó Free sin aliento. Legosi no necesitó tiempo para procesar aquella información, tan asustado que no fue capaz de dar una respuesta al respecto. Sin embargo, todo el escandalo fue moderado en el instante que la voz de Ibuki se alzó entre las risas del resto de leones.

—Guarden compostura, muchachos. Nuestro amo podría llegar en cualquier momento y todavía estamos todos de pie. —En reacción, todos los leones atendieron a sus palabras, escogiendo una zona de la alfombra para sentarse alrededor de la mesa. Las hembras les acompañaron mientras que Legosi sólo acertó imitarles hasta que Ibuki lo miró directamente a él—. Antes que nada, bienvenido al grupo, Legosi. Aunque posiblemente no sea una estancia muy satisfactoria, por lo menos espero puedas sentirte cómodo.

—Gracias, Ibuki-san.

—Seguro te preguntas porqué el alboroto de estos tipos con tu dueña —intervino Shiira de pronto—. Es mejor que lo sepas de una vez, Legosi. Nadie en esta sala, me incluyo también, tiene especial preferencia por Azuki.

—¿Por qué?

—Siempre se ha mantenido aislada de nosotros y cuando nos dirige la palabra usualmente es para denigrarnos cortésmente. Hasta hace poco fue cuando comenzó a tratarnos, así que ninguno confía en ella.

—¿En serio?

—Si y me parece muy extraño que te haya comprado a ti, sólo puedo pensar que aquí hay algo raro. ¿Cuál es tu especialidad, Legosi? ¿En que sección del mercado estabas?

—Bueno, hasta hace poco yo era exhibido como mercancía sumisa.

Tal información plantó el silencio entre los demás carnívoros y este fue un aspecto que al instante le llamó a Legosi la atención, confundido por las expresiones que todos le dedicaban. Las manos de Juno formaron puños bajo la mesa mientras inclinaba la cabeza, devastada con lo que acababa de escuchar. Legosi miró a cada uno de sus interlocutores, desconociendo la razón por la que lucían tan impresionados.

—Lo siento, creo que escuché mal. ¿Lo repites? —solicitó Hino.

—No, no oíste mal. A menos que los oídos de todos estuvieran fallando a la vez —le dijo Sabu a su compañero rápidamente.

—Esto si me sorprende. No sabía que los carnívoros como tú podrían domarse a esa magnitud. ¿Qué clase de disciplinas recibiste? Sino te importa compartirlo —quiso saber Ibuki tras recuperarse del impacto.

—No estoy segura de que yo quiera escucharlo —comentó Shiira con incomodidad.

—¿Disciplinas? —repitió el can ladeando el rostro—. Perdón, no comprendo.

—¿Eres un lobo sumiso y no estás enterado? ¿Siquiera sabes el motivo de tu etiqueta? —Las preguntas de Dolf sembraron preocupación en las facciones del lobo gris, quien no pudo responder cuando nunca recibió explicaciones al respecto.

—Los carnívoros sumisos son entrenados para obedecer a un amo sin mostrar el menor signo de oposición —ilustró Free—. ¿Por qué es esto diferente a los demás carnívoros de agencia? Porque un sumiso está dispuesto hacer lo que sea, no importa que esto implique abandonar vergüenza, orgullo o preferencias para satisfacer a un amo sexualmente. —Contrario a lo que los felinos esperaron, Legosi no se mostró alterado ni impresionado por semejante declaración, gesto que dejó estupefactos a los leones—. Oye, ¿qué clase de reacción es esa? —espetó Free con disgusto.

—¿Realmente debería ser tan repulsivo compartir el lecho con tu amo? —inquirió Legosi.

—¡Por supuesto que si! —replicó Agata—. Hablamos de herbívoros.

—Yo no creo que sea algo tan grave —comentó Legosi distraídamente, frotándose el pelaje de la cabeza con cierta timidez—. Es decir, comprendo el lío que representa que haya un roce interespecie de ese modo. Pero dudo que el simple acto sea tan escandaloso. La sola idea es extraña pero nada más, considerando que somos más fuertes que ellos.

—B-Bueno —Miegel tartamudeó—, es obvio que tú fuiste entrenado para esto pero...

—¿De verdad estás bien con eso? —La voz agobiada de Juno se interpuso estrepitosamente, consternando a todos los presentes. Legosi miró a la hembra, curioso con aquella expresión que no se molestaba en disimular—. ¿De verdad no te importa que abusen de ti así? Ya deberías saber que los herbívoros son un medio de protección para todos los carnívoros en nuestra condición pero convertirse en un juguete es la peor de las condenas. A pesar de esa realidad, ¿estás dispuesto aceptar destino semejante?

Había algo pasional en las palabras de aquella loba, Legosi logró identificarlo enseguida; casi lo asemejó a la figura de aquella loba desfallecida en el pasto dentro de su más reciente sueño. Sin embargo, de algún modo su corazón se mantuvo distante, porque los pensamientos que trataban de hacerle razonar respecto al tema fueron desechados al instante. No supo el motivo, aún así aceptó sin problemas sus propios sentimientos. Los herbívoros eran seres extraordinarios, podía asegurarlo aún si sólo había cruzado palabras con un par de ellos. No tuvo más opción que comunicarle a Juno sus conclusiones.

—Si, porque todavía creo que no es tan malo.

Juno retrocedió instintivamente, esquivando la mirada de Legosi después de su respuesta, entristecida, fue un aspecto que logró intrigar al lobo macho, los chispazos retornando a su mente mientras apreciaba la belleza de la hembra.

—Los sumisos son desagradables, hoy lo comprobé —comentó Free con una sonrisa burlona que no parecía tener intenciones de borrarse pronto mientras los leones eludían el tema con facilidad para retirarse a nuevos asuntos, conversaciones a las cuales no invitaron al nuevo, quien tampoco se mostró interesado en integrarse.

Todo transcurrió con normalidad pero el ambiente se tornó más incómodo para Juno cuando los herbívoros se presentaron con las respectivas comidas de cada mascota presente. No pudo evitar observar de forma sigilosa la forma en que Legosi recibió la cacerola en manos de Azuki, mientras él descubría la carne en trozos descongelada y preparada. Tanto los leones como Shiira comían con normalidad después de agradecerle a Louis, pero Juno notó el extraño brillo en los ojos del lobo en el instante que olfateó el alimento.

De la misma manera disimulada Juno le dirigió una mirada a la ciervo, quien le contó a su mascota la preparación y la especie del herbívoro a quien estaba a punto de devorar. Louis jamás había hecho algo como eso, nunca les contó de dónde provenía la carne el primer día que obtuvieron el permiso que ninguno debió gozar durante su tiempo en la jaula de una empresa. Era un intercambio raro pero más extraña fue la adoración en los ojos antes gentiles del lobo cuando probó el primer bocado; Juno no pudo evitar estremecerse y tragar saliva con dureza.

Al término del almuerzo y después de serles permitido convivir un poco más con Legosi, las hembras fueron retiradas de vuelta a sus jaulas, pues los ciervos pronto partirían a sus respectivos trabajos; también sería éste el primer día del lobo gris en el mundo exterior. Juno no pudo evitar mirarlo de reojo antes de marcharse, aún confundida con la simple situación, ya que su trato con Louis fue someterse a su comando hasta que encontrara a su consorte, un trato absurdo al que alimentó por una mentira fantasiosa, porque ella bien fue consciente desde el principio que el Legosi por quien se lamentó una larga temporada ya estaba muerto, siete meses después de haber escapado de su pueblo natal, justamente la misma noche que ella conoció a Louis.

Juno devolvió la mirada al frente, inspirando profundo. Sus peores temores se habían vuelto realidad y lo peor era que no poseía libertad de movimiento para enfrentarse a los espectros que la atormentaban, acuchillándola más que nunca. Sólo esperaba conseguir robar un instante para resolver esta situación retorcida a como diera lugar.

.

Tomándolo de la mano, Azuki condujo a Legosi hacia las puertas principales de su mansión. La brillante luz de día cegó por unos instantes al lobo, quien se esforzó acostumbrarse justo después de que los aromas variados lo estimularan. Vestido para la ocasión y portando un elegante collar con un dije que retrataba su nombre, disfrutó de la sensación que estar fuera de un techo le generaba, sin preocuparse por la mirada atenta de su ama que se mostró complacida por la emoción irradiando de sus marrones ojos. Legosi no dudó dar un paso más, siguiendo el andar de Azuki sobre el delicado camino empedrado rodeado por un frondoso y extenso jardín, admirando cada rincón sin poder creerse todavía que él viviría en un lugar como ese; ya lo había visto la noche que llegó pero la perspectiva cambiaba al estar expuestos a los rayos solares. Sonrió, aún cuando Louis y su séquito de leones pasó a su lado de largo, rumbo a un auto tipo limosina color negro brillante, muy apropiado para señalar el estatus social de dos ciervos de su clase.

—¿Te gusta lo que ves? —quiso saber Azuki, una sonrisa satisfecha adornando sus labios.

—Si, ama —respondió solemne, agitando la cola detrás suyo, un gesto que hizo a la hembra reír con suavidad. La herbívora extendió el brazo de nuevo hacia él.

—Vamos, cariño. No queremos llegar tarde.

Sujetándola nuevamente de la mano, Legosi acompañó a su ama al interior del vehículo mientras Ibuki tomaba el asiento del conductor como era costumbre. Louis subió como copiloto y escuchó abrirse a la ventanilla que los separaba del vagón, conteniendo un suspiro. Estaba odiando aquel día con toda su cornamenta, después de todo nunca fue la intención de Azuki que Legosi la acompañara a su trabajo, desde el inició pretendió que su primera vez en la ciudad sería junto a su esposo.

—Avanza —le ordenó a Ibuki sin ocultar su hastío.

El viaje a su empresa y negocios no era largo pero las paradas que se realizaron a causa de los semáforos, lo hizo parecer un recorrido sin final. Fue cuando Azuki se percató que pronto bajaría que recordó un detalle del cual no había hablado con Legosi.

—Preparé esto para que pudieras comunicarte conmigo —dijo Azuki entregándole al curioso lobo un celular—. No tiene muchas aplicaciones pero ayudará para que te diviertas en caso de que una reunión a las que asiste mi esposo te resulte pesada. Puedes tomar fotografías pero no muchas, no tiene tanta memoria. Aquí están los contactos —señaló en la pantalla—, no dudes en llamarme. Mantenlo siempre contigo ¿entendido?

—Si, ama. Muchas gracias —asintió Legosi, recibiendo una caricia como respuesta, antes de que sintiera la necesidad de encogerse por las miradas que recibía de los leones, fue algo de lo que Azuki se percató, así que se apresuró enmendar el error con crudeza.

—¿Qué ven?

—No, nada, señora —espetaron todos casi al unísono, algunos incluso se disculparon por el atrevimiento. Azuki suspiró devolviendo su atención a Legosi.

—Te veré en la noche... probablemente en la madrugada.

—¿Se irá sola?

— …Si —dijo ella con cierta decepción—. No necesito que mi perfil destaque más. Si me acompañas, creerán que participo en las carnicerías del toque de queda. Y aunque no estoy aislada de ello por completo, es mi esposo a quien le corresponde mostrar poderío, no yo. Es decir, soy el filo en las sombras.

La limosina se detuvo y entonces un león abrió la puerta para que ella descendiera luego de ofrecerle una caricia de despedida al canino. Legosi la vio compartir un corto -y nada dulce- beso con Louis para enseguida adentrarse al gran edificio, perdiéndose tras las puertas automáticas antes de que finalmente continuaran su recorrido por las concurridas calles. Legosi inspiró ansioso después de reconocerse relativamente a cargo del ciervo detrás suyo, hubiera agradecido la presencia de los otros carnívoros de no ser por las sonrisas divertidas que aún le dedicaban. A saber cuáles pensamientos cruzaban esas burlescas mentes.

Aquel sin duda sería un día extremadamente largo.