Diez.

Instintos Primitivos

Una gran aspiración de aire llenó sus pulmones hasta que ya no pudo retenerlo más, liberando todo su pesar por medio de un suspiro desilusionado, pues Jack sintió como si la firma que acababa de dibujar sobre el espacio en blanco estuviera declarando una venta de su alma más que un contrato de medio año. Debido a ello permaneció con la hoja en su poder hasta que ya no pudo seguir mirando las clausulas, sólo estiró su mano hacia la sonriente leopardo que recibió el documento con su eterna paciencia, una actitud que al can ya le parecía mecánica; por lo tanto hipócrita. La adulta deslizó una garra por la firma de su invitado antes de asentir y entregárselo a la gacela que yacía postrada en un banco, cubierto por la oscuridad más espesa de la extensa habitación.

—Muchas gracias por tu cooperación, amigo —dijo este después de mirar el escrito en cuestión—. Y bienvenido a la corporación Colmillos.

—Si, bueno. —Jack carraspeó la garganta, sonriendo con nerviosismo—. No tenía otras opciones, ya que vagar por este mundo sin un dueño es... peligroso, por decir lo menos.

—Te aseguro que estás mejorándolo al asociarte con nosotros, después de todo el objetivo de mi padre siempre fue perfeccionar lo que ya funciona, tratándolos a ustedes como iguales, no simplemente como males necesarios.

—Si, lo imagino —comentó el can riendo con la mejor seguridad que fue capaz de transmitir. Sin embargo, algo en su tono estremeció a cierto integrante presente.

—Entiendo tu preocupación, cariño —intervino la leopardo, incitando a Jack petrificarse con el horror que aquella expresión siempre apacible le generaba—. Pero no necesitas tratar de complacernos, cada quien tiene su punto de vista y no pretendemos silenciar a quienes opinan diferente de nosotros. Nuestro sueño es descabellado para muchos, así que podemos entender que sea incómodo cuando parloteamos al respecto sin descanso.

La leopardo se cubrió el hocico para reír suavemente, apresando el sonido entre sus dedos, como si acabara de sentenciar a alguien a muerte y se estuviera burlando por su presunta inocencia. Jack se preguntaba si aquella leopardo realmente estaba loca o sólo era demasiado excéntrica desde su perspectiva, pues una vez comenzó a relacionarse con aquel grupo ilícito, ella era el mayor misterio que lo ocupaba, tan sólo unos centímetros por debajo del líder mismo. Alguien como Jack había aprendido temerle a toda clase de especies.

—Dicho esto —La gacela se puso de pie—, apuesto que tienes asuntos importantes de los cuales hacerte cargo. Eres libre de irte cuando gustes, Jack.

—Si, por supuesto. Muchas gracias, Melon. Señora.

El joven perro tropezó con la silla en su apresuro de salir por la puerta mientras era factible, ya que un permiso del actual dueño y patrón de la organización a veces se sentía como una señal para escapar de la muerte, un lapso que tardaría únicamente un par de minutos hasta que el mismo cambiara completamente de opinión. Pero tras reconocerse a salvo, bañado por la luz eléctrica del pasillo, Jack se permitió respirar con libertad.

Jamás se hubiese imaginado que aquella sería su vida después de escapar de la agencia ilegal que lo había encontrado y pretendido lucrar con él para ponerlo en venta nuevamente. Si era honesto, había sido una fortuna conocer carnívoros fingiendo ser una mascota más de aquella sociedad con sus collares y licencias falsas, presentándole asociación semejante para sentirse a salvo. Y aunque en parte debía estar agradecido por ello, en su mayoría consideraba este mal una salida rápida para continuar con su propia misión. Miró su reloj de pulsera, entonces emprendió la marcha hacia el exterior, deseando alcanzarlo lo más pronto posible. Tenía que encontrar a Juno; advertirle sobre la pesadilla que su antiguo amo había logrado concretar pese a su inminente fallecimiento.

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Luego de ver al can correr con la cola entre las patas, Melon avanzó hacia el escritorio donde antes había dejado al can amarillo posarse para escribir su firma, desprendiéndose del cubrebocas que siempre ocultaba su infame rostro, el cual estaba adornado por filosos colmillos de felino bajo un par de labios de igual complexión; pasó la lengua a través de estos por inercia, como si quisiera recuperar una sensibilidad que no perdía al yacer ocultos tanto tiempo. La leopardo a sus espaldas lo observó sin borrar su expresión bonachona, pendiente de los detalles que alteraban la imagen del más joven.

—Seguro tienes alguna queja en mente, así que no te empeñes en callarla.

—Tienes razón como siempre —gruñó—. Entonces lo diré. Deja de hacer eso frente a nuestros clientes potenciales, darles demasiada libertad nos traerá problemas.

—No tiene nada de malo brindarles confianza, después de todo somos cuidadosos al escogerlos, no abordamos animales estúpidos, no se atreverán a tomarnos la palabra.

—Apuesto a que te diviertes con ese hecho.

—Lo hago —admitió la hembra—. Pero también tomo en cuenta tu tranquilidad.

—Por supuesto, eres una madre modelo —ironizó.

—Me conformo con ser la tuya.

—Lo serás hasta que uno de los dos muera —declaró con una sonrisa acentuada por la hilera de colmillos bajo sus labios—, de eso jamás habrá la menor duda, mamá.

Los ojos afilados del ser hibrido se penetraron en las sádicas facciones faciales que repentinamente ocuparon el rostro de la dulce leopardo, quien habiendo abandonado su máscara dejó emerger sus garras mientras se peinaba su sedoso pelaje manchado.

—Tu padre estaría orgulloso de escucharte hablar con tanta elocuencia, pocos llegaron a comprender su humor cuando todavía estaba vivo. Nadie nunca se molestó en escuchar sus suplicas de auxilio tras sus espontaneas bromas. Ojalá pudiera volver escucharlo, por suerte soy capaz de oírlo hablar a través de ti. —Melon hizo una mueca mientras la leopardo se giraba en su dirección, de vuelta a su comportamiento inicial—. No me veas así, cariño. Lo estoy diciendo como un elogio, no trato de perturbarte. Sabes que eres mi tesoro.

—Soy mitad herbívoro, no lo puedo evitar —dijo dándole la espalda para reunir algunas de las hojas revueltas en la superficie del escritorio con la intención de distraerse, apenas prestando atención a los pasos depredadores de la hembra acercándose a su posición, antes de rodear su cuerpo en un abrazo conciliador que al instante crispó fuertemente los instintos del híbrido; estos le incitaban escapar cuanto antes de aquel vicioso contacto.

—Todo estará bien, Melon. Mamá está contigo —afirmó con dulzura.

Por un momento, el híbrido consideró soltarse de aquel agarre pero se dio cuenta -por las afiladas garras enterrándose suavemente en su ropa- que tal acción sería contraproducente, aún cuando su delgada anatomía herbívora poseía la dureza de un carnívoro promedio. Parte suya estaba aterrada por convertirse en el alimento de su propia madre mientras su lado más fiero casi podía sentirse cómodo con la sensación. Ya se había acostumbrado a esas alturas pero sus instintos siempre se tornaban más intensos cuando la tenía a ella cerca.

En aquella utopía de herbívoros gobernantes era un crimen grave -una blasfemia contra la naturaleza- la mera existencia de los híbridos como él, sentenciado a la peor condena latente dentro de la ley: la pena de muerte, ejecución rápida sin un juicio previo.

Sin embargo, él había vivido todos esos años bajo la protección del apellido de su padre, oculto cual aberración entre los pecados cometidos por sus dos progenitores. Sin su padre en el esquema fue su madre quien cuidó de él como cualquier mascota protegiendo al heredero de su amo, más Melon no podría sentirse seguro a su lado pese a las circunstancias y vivencias acumuladas. El linaje familiar era retorcido y torcida era su relación con la hembra que lo gestó y parió, quien se evitaba devorarlo; anular sus trastornados impulsos mientras saboreaba la fragilidad mental de su hijo con las espinas de su lengua.

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Después de muchas horas familiarizándose con el móvil, Legosi decidió que debía descansar la vista mientras sus reflejos aún no estaban del todo entumecidos, así que deshizo su posición contraída estirándose sobre el sillón en el cual se mantuvo tranquilo todo este tiempo. El marido de su ama no había usado mucho sus servicios, por lo que se entretuvo observando cómo el grupo de leones se movían de un lado a otro dentro de la oficina o cruzando la entrada de la misma para volver con las demandas del ciervo cumplidas. Cuanto mucho él había corrido a traerle café y algunos aperitivos en la mañana, nada más. Entonces había decidido quedarse quieto con las orejas en alto, alertas al menor llamado pero no ocurrió y ahora estaba aburrido.

Vio a Louis darles instrucciones a Ibuki antes de que todos salieran de la oficina dejándolos solos, este suceso hubiera incomodado a Legosi de no ser porque escuchó al teléfono fijo del ciervo sonar para ser atendido por un irritable herbívoro mientras se esforzaba en ignorar su presencia. Legosi se preguntó si aquello sería recurrente, pues tal vez necesitarían construir una buena comunicación para coexistir adecuadamente en el futuro. No tuvo que pensarlo mucho cuando la voz de Louis por fin se dirigió a él.

—Legosi.

—¿Si? —respondió en medio de un sobresalto. Su gesto inspiró una mueca en el ciervo.

—Ven aquí, necesito una segunda opinión. —Siquiera recibir la orden Legosi se apresuró en plantarse a su lado, encorvándose un poco para igualar la altura de aquel que notó su gesto tachándolo de grosero internamente, más no molestándose en señalarlo con palabras, era más importante resolver su duda—. Como lobo que eres, ¿qué significado filosófico o espiritual tiene la luz de la luna?

—¿Disculpe? —Las cejas de Legosi se fruncieron, confundido con la pregunta pero Louis una vez más no tomó en cuenta su falta.

—Mi reciente retador ama a los lobos mascota, insistió que nuestro enfrentamiento sea durante la próxima luna llena, así que me preguntaba qué valor tiene esta para ustedes.

—Bueno... tiene muchos significados, depende del evento o entorno que nos rodea. Usualmente nos transmite calma, seguridad... es una especie de guía para nosotros —dijo un tanto vacilante sobre cómo explicar en palabras la importancia de la luna llena para su raza. Cierto era que poco recordaba sobre la sensación de su pelaje siendo cubierto por ese lienzo platino, pero la simple mención había golpeado una zona lo suficiente importante en su cerebro para que fuera capaz de intentar resolver la duda del herbívoro.

—Con que guía, interesante. —dijo Louis para sí mismo—. Es todo, vuelve al sillón.

—Con permiso. —Con un firme asentimiento Legosi retrocedió hacia el lugar que estuvo ocupando pero se encontró deteniendo sus pasos a la mitad, considerando que este acercamiento no era suficiente, más si intentaba tomar la iniciativa podría provocar un delicado malentendido. Decidió probar—. Perdón, señor. ¿Puedo preguntar... ?

—¿Qué? —El tono de Louis fue agresivo, aunque estaba sorprendido de que ese carnívoro sumiso se estuviera atreviendo a dirigirle la palabra de forma tan deliberada.

—¿Por qué pelean entre ustedes? Mi ama mencionó el toque de queda reservado para ello.

—Diversos factores —Louis bufó con burla—, pero principalmente por poder. Necesitamos establecer nuestro estatus de esta manera, es un juego entre magnates (por así decirlo), para resolver conflictos que no pueden solucionarse dialogando.

—¿Es por eso que nos adoptan? ¿Por esos conflictos los carnívoros somos vendidos?

—Es así como funciona este mundo, Legosi —dijo en acento concluyente—. Por otro lado, los carnívoros bajo la protección de la clase media no necesariamente deben pelear para vivir, del mismo modo no tienen la libertad de seguir sus instintos, así que con total seguridad puedo decirte que caíste en buenas manos. Otros carnívoros deben soportar raciones determinadas de carne, a diferencia de ustedes que pueden permitirse el capricho de incluso cazar bajo nuestras ordenes; guía, si lo prefieres.

— …Entiendo.

—Me sorprende que te intereses por el tema —admitió Louis con una sonrisa—, un sumiso como tú no debería cuestionar algo tan complejo. Los de tu clase mantienen la cabeza abajo todo el tiempo.

—Debo comenzar adaptarme a mi nueva vida, después de todo mi ama espera que me convierta en guardián del Conglomerado. No pretendo desafiar el motivo principal por el que fui adoptado.

—¿Todos los sumisos son así de aplicados?

—No intercambié muchas palabras con otros carnívoros con mi situación, así que no creo poder responder a esa pregunta.

—Ya lo suponía.

Louis rodeó su escritorio, poniendo punto final a la conversación después de su comentario. Fue tan abrupto que Legosi no supo cómo moverse durante un corto lapso pero la sonrisa que se había dibujado en los labios del ciervo actuaron como razón suficiente para considerar este acercamiento un gran logro, así que retornó al sillón sin aportar más.

Terminada las labores dentro de la empresa, el líder del Conglomerado les indicó a todos ir en busca del auto para que el día terminara. Todos salieron del edificio dispuestos a seguir de memoria sus preceptos rutinarios, aún así nadie los preparó para la expresión angustiada que se formó en el rostro de Louis después de que una llamada entrante interrumpiera de forma abrupta su camino. Gracias a su agudo oído, Legosi percibió la voz de una hembra del otro lado de la línea pero le intrigó que no se tratara de Azuki, por tal motivo la situación se tornó cada vez más preocupante en el instante que una notificación invadió el móvil que su ama le había entregado esa mañana, encontrándose con un mensaje de texto que le heló la sangre.

—Amo, ¿qué ocurre? —cuestionó Ibuki turbado por la inquietud que se instalaba en el cuerpo del siempre majestuoso ciervo.

—Azuki... —logró pronunciar en medio de su estupor.

—¡Mi ama está en problemas! —exclamó Legosi de inmediato—. Su oficina se encuentra en el edificio donde la dejamos esta mañana ¿cierto? Iré a buscarla.

Todos los leones reaccionaron con asombro, pues aquel lobo casi distante que vieron durante todo el día parecía tan comprometido de pronto, a tal punto que ni siquiera se detuvo a esperar instrucciones o parecer a sus palabras, simplemente había comenzado a correr lejos de ellos. Encontrando las acciones de Legosi impactantes, Louis finalmente sintió a su bloqueo ser desintegrado para gritar el nombre del lobo pero para ese momento estaba fuera de alcance, así que se limitó señalar a sus leones cuál sería el plan a seguir para asegurar la supervivencia de su esposa. Y esta vez bajo ninguna circunstancia debían fallar.

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Después de haber concluido con la llamada de emergencia, Haru se dispuso a aproximarse al edificio señalado por sus superiores. Tal vez no se llevara bien con la esposa de Louis pero ningún civil -sea del estatus que sea- se merecía socavar en una situación tan mortal, especialmente cuando había un delincuente depredador involucrado. Ella había cumplido avisando sobre esto a Louis, todo dependería de cómo se desarrollarían los sucesos. Era su trabajo y de sus hermanas encargarse del presunto carnívoro pero era un hecho que el ciervo no se quedaría de brazos cruzados, así que debían diseñar un plan que dibujara una línea alrededor de Azuki para mantenerla a salvo de un oso enloquecido. Así mismo debían poner fin al trabajo inconcluso más problemático que había tenido de una vez por todas. Presionó el botón de sus auriculares inalámbricos que a su vez funcionaban como intercomunicador.

—Mizuchi, ¿has conseguido localizar al objetivo?

Negativo —respondió la otra coneja con tono firme—. Hay una extraña interferencia que me impide acceder a las cámaras de seguridad dentro y fuera del edificio, ahora mismo estoy trabajando en solucionar ese problema.

—Está bien, sólo apresúrate. No necesito decirte que faltan cuatro horas para el toque de queda, si prolongamos esto más tiempo otros civiles podrían estar en peligro y no quiero imaginar si la policía se entera de este acontecimiento.

Recibido. Te enviaré los datos en cuanto los tenga.

Con un asentimiento Haru cerró comunicación con su compañera, mirando de manera ansiosa la enorme estructura que le precedía. La calle donde se encontraba había sufrido de un apagón, así que las sombras abrazando sus secciones formaban una imagen inquietante. Un agente especial o fuerza policiaca habría entrado ya al sitio para ir en busca de los rehenes pero un ejecutor como ella no podía adentrarse de manera impulsiva. A diferencia de instituciones gubernamentales enfocadas a la seguridad ciudadana, los ejecutores no poseían otra función que dormir mascotas peligrosas o asesinar a los ex convictos de Agencias Generadoras sin redención. A ellos no les correspondía preocuparse por los inocentes involucrados, más Haru y Mizuchi decidieron probar algo distinto aquella noche ya que una magnate importante estaba involucrada.

Suspirando se arregló el pelaje de sus largas orejas albinas, estirándose un poco antes de prestar atención al traje especial que siempre vestía durante estas misiones. Los lentes de cinta sobre sus ojos poseían visión nocturna y el atuendo cubriendo su figura ocultaba el calor corporal, además de que suprimía cualquier aroma natural impregnado a su anatomía, ya que así los carnívoros no podrían identificar al portador fácilmente en la oscuridad donde ellos dominaban. Sin embargo, este no era un uniforme irrebatible, ya que -como muchos equipos- contaba con debilidades cruciales para aquellos que sabían dónde mirar y eso Haru se vio comprobándolo en cuanto una presencia se detuvo abruptamente a sus espaldas.

Un escalofrío recorrió la espina dorsal de la conejita cuando sintió aquella mirada explorarla, como si se tratara de una aparición que valía la pena admirar detenidamente. Aún sin saber qué hacer Haru temió por su vida, pero cualquier instinto de supervivencia tambaleó en el instante que vislumbró a Legosi: el lobo que la había protegido de toda una jauría de zorros hambrientos durante aquella fatídica noche de luna llena.


Notas Finales: Después de revisar una vez más el manga, me di cuenta que necesito explorar a un personaje tan intrigante con la madre de Melon. No sé ustedes pero yo le veo mucho potencial para desarrollarla en la historia, es una pena que no conozca su nombre. Sino logro dar con este dato, aviso de una vez que le asignaré uno no-canon.