Notas Iniciales: Esto comenzará a calentarse a partir de esta actualización.


Once.

Premeditación.

Con un extraño estremecimiento el cuerpo de Legosi se deshizo del cansancio provocado por su correr presuroso entre las calles de la ciudad. Toda la adrenalina que había sufrido de pronto se interrumpió, dejándolo petrificado ante aquella pequeña y delgada figura al borde de la acera, quien lo enfrentó sin mostrar alguna clase de titubeo. No creía haberla visto pero algo en su interior insistía en que la conocía. El poco pelaje que le dejaba apreciar el extraño traje negro que vestía, era blanco brillante, uno que daba la ilusión de ser tan suave como la seda; encantador. Entonces recordó que Els le había hablado de una coneja que le llevó a la Corporación, y la incertidumbre de que podría tratarse de la misma quizás lo obligaba quedarse quieto, pues tampoco era capaz de percibir el menor aroma provenir de ella. No sabía qué estaba pasando, simplemente no era capaz de dejar de mirarla.

—Así que sobreviviste —dijo ella con una voz tan dulce que rápidamente se sintió perder el aliento—. Supongo que no debería sorprenderme. No cabe duda que eres un lobo muy fuerte.

—¿Tú me llevaste a Carnivorous' Corporation para que trataran mis heridas?

—Era lo mínimo que podía hacer por tu ayuda. Considéralo un agradecimiento.

—No, yo debería agradecerte —replicó Legosi con voz temblorosa, cohibido—. Estoy seguro de que hubiese muerto sino...

Pero un sonido corto y artificial interrumpió las palabras del carnívoro, quien vio a la pequeña herbívora llevarse una mano al oído para corresponder a lo que sea que aquella segunda voz femenina dijo a través de la línea. Entonces presenció cómo el semblante simpático de la hembra cambió, dándole la espalda mientras desenfundaba una pistola automática, cuyo diseño hizo a Legosi dudar que su función tuviera fines pacíficos.

—Bien, ha sido un gusto volver a verte pero tengo trabajo que hacer. Así que, si me disculpas, tengo una cita con una mascota sedienta de sangre.

Acto seguido la pequeña coneja comenzó alejarse rápidamente de un desconcertado lobo gris, el cual no pudo evitar pedirle que esperara entretanto emprendía una presurosa marcha tras ella. Haru no detuvo su trayectoria, ni siquiera por las fuertes pisadas que comenzaron a perseguirla de cerca. Rodeó el edificio y se recargó en el muro contiguo en busca de señales de vida mientras apuntaba con el cañón de su pistola hacia al frente, pero cuando no encontró nada se giró hacia su nada disimulado acompañante, logrando sentirse un tanto irritada por su presencia. Legosi respiró lo más calmado que pudo antes de volver hablar.

—Espera, tengo muchas preguntas que hacerte, no te vayas así.

—¿No te quedó claro que estoy trabajando? Este no es momento de socializar.

—Está bien, lo entiendo. Yo también vine a este lugar para cumplir con mi deber, pero al menos tengo que saber algo. ¿Por qué te protegí esa vez?

—¿Perdona? —inquirió Haru, las facciones de su rostro atravesando la sorpresa y desconcierto antes de mostrar una expresión ofendida—. Esperaba que tú me lo dijeras.

—¿Eh? —Legosi imitó la primera reacción de su interlocutora.

—Apareciste de la nada y atacaste a todos esos zorros protegiéndome con tu cuerpo. ¿Cómo iba yo a saber lo que hacías cuando sólo te interpusiste como si tu vida dependiera de ello?

—¿Qué? ¿Significa que no me conoces?

—¡Esta es la primera vez que hablo contigo! —exclamó sin poder evitarlo—. ¡Los conejos no nos relacionamos con mascotas a menos que sea absolutamente necesario!

Después de esa respuesta la mente de Legosi perdió todo el entendimiento que pudo haber acumulado con los días. Si ella no tenía idea de quién era entonces, ¿por qué la había salvado de ser devorada? No tenía sentido que se hubiese involucrado en una batalla que no le competía en lo más mínimo. La coneja era pequeña, tierna, casi como una niña, aún así, ¿era posible que sintiese compasión por su situación? En ese momento recordó cómo su cuerpo había reaccionado, dispuesto arriesgar lo que sea por esa criatura pero tampoco era como si poseyera todas las piezas para resolver esta controversia interna; algo no cuadraba. De repente un sonido metálico rompió las cavilaciones de Legosi, obligándole levantar la vista hacia adelante mientras sus orejas se acomodaban con la intención de percibir cualquier otro movimiento lejano. La coneja a su lado no tardó en ponerse en guardia también.

—Calla —solicitó esta con tono sigiloso, pegando un oído al muro. Legosi decidió susurrar.

—¿Qué estás haciendo aquí de todos modos?

—¿No te lo dije? Trabajando.

—Pero, ¿en qué? —cuestionó Legosi sintiendo que en sus articulaciones se sembraba el pánico, pues lograba percibir unas increíbles feromonas violentas algunos metros de donde se encontraban ellos. Haru lo miró de reojo.

—En ejecutar bestias peligrosas.

La herbívora volvió a a emerger de su escondite apuntando su pistola en todas direcciones sin encontrar nada sospechoso, así que volvió a desplazarse en la zona con Legosi pisándole los talones, pero esta vez con la suficiente cautela para no revelar su posición a lo que sea que la pequeña hembra estaba enfrentándose. Cuando pudo alcanzarla en el siguiente tramo, Legosi observó cómo intercambiaba su equipo explosivo por un artefacto similar a un gancho, pareciendo tener intenciones de ser halada por la cuerda de largo alcance integrada hacia el contorno de la ventana abierta bajo la que se encontraban.

—Con bestias peligrosas, ¿te refieres a carnívoros como yo?

—Ya deja de seguirme. Arruinarás mi misión —espetó Haru con severidad.

—No puedo permitir que te enfrentes a otros carnívoros sola. Podrían hacerte daño.

—¿Por qué crees que me encontraste en apuros esa ocasión? Porque a esto me dedico. Hazme un favor y vete antes de que seas la causa de que muera.

—Mi ama se encuentra en alguna parte de este edificio —confesó para absoluta conmoción de la joven ejecutora—. No sé dónde pueda encontrarse y tú pareces conocer hacia donde moverte. Por favor, sino podemos tener una conversación ahora, quisiera que me ayudaras a encontrarla. Se llama Azuki, es un ciervo, debe ser una de las trabajadoras más importantes de aquí. —Al darse cuenta de sus exigencias, Legosi intentó aligerar el peso—. Lo siento, sé que estás ocupada. Por eso, dame una guía para infiltrarme yo también sin arruinar tu misión.

—¿En serio harás lo que yo te diga? —cuestionó la hembra con suspicacia, pues tenía entendido que ninguna mascota escuchaba órdenes de herbívoros que no fueran sus amos. Sin embargo, en el instante que Legosi afirmó sus propias palabras, no supo de qué manera responder. Estaba confundida. Este lobo era excéntrico, casi tanto como Louis.

—Por favor.

La mirada de Haru se tornó pensativa, maquinando los diferentes escenarios que podrían desarrollarse si permitía que este carnívoro se moviese por el edificio bajo su mando. Podría usarlo. Ya lo había visto pelear, así que no sería mala idea que le apoyara un poco. Ella y Mizuchi habían tenido muchos problemas tratando de alcanzar su objetivo antes; no podía dejar que la historia se repitiera de nuevo en esta cacería.

—¿Cómo te llamas? —quiso saber después de unos instantes en silencio.

—Legosi.

—Yo soy Haru —se presentó ella extendiéndole una mano, misma que Legosi estrechó después de unos segundos analizando el gesto con cierta desconfianza. El tacto de la pequeña herbívora fue revelador de alguna manera que el lobo no podría explicar, así que fue extraño cuando se alejó de él—. Escúchame, si vas a involucrarte conmigo debo dejarte claro que nadie debe saber que me viste, así funciona este negocio. Ahora, la entrada principal está sellada por culpa del apagón pero hay una forma de entrar para ti, tendrás que ser lo más cuidadoso que puedas en esto pero, si lo logras, podrás encontrar a tu ama.

—Haré lo que esté a mi alcance —comentó con determinación.

—Bien, mira aquí. —Haru desenfundó de su cinturón un aparato rectangular de pantalla azul, en la cual se mostraba un mapa con la estructura del lugar, donde usó su dedo para señalar un determinado punto rojo—. En este lado del edificio hay una ventana eléctrica con un defecto de fabrica, lo que vas a hacer es empujar la hoja de la ventana con la suficiente fuerza para que la presión la abra. No puedes romper el cristal, a menos que quieras fracturarte un brazo. Ahí es la sala de conferencias No. 13. Toma el pasillo hacia el norte y de lado izquierdo encontrarás unas escaleras que ascenderás hasta el piso cinco, que es donde yo te estaré esperando. ¿Has entendido?

Luego de unos minutos de observación sobre las líneas que la coneja le había indicado, moviendo las orejas con cierta incertidumbre, Legosi asintió. No sabía leer mapas pero tenía la sensación que podría basarse en su instinto para orientarse, además tenía su olfato, encontraría las rutas que seguía su ama una vez se reuniera con Haru.

—Comprendo. ¿Qué hago si veo al otro carnívoro?

—Es un oso pardo, supongo que podrás esquivarlo o distraerlo hasta que yo llegue.

—Aullaré para indicártelo.

—Eso... me parece una buena idea —admitió Haru con extrañeza—. En cualquier caso, dudo que lo veas rápido, estoy segura que existe una razón por la que está aquí. Ya han pasado una hora y todavía no he escuchado gritos.

—Podría estar cazando de manera silenciosa —reflexionó Legosi en voz alta, la posibilidad sorprendió a la experimentaba ejecutora, después de todo había sentenciado a muerte carnívoros que incluso hacían de sus masacres un deporte.

—Es posible —respondió—. Más motivos para que nos demos prisa. Te veo en un rato.

Haru desprendió el seguro que la mantenía en el suelo, elevándose a gran velocidad hacia el quinto piso con ayuda de la soga rodeando su cintura. El lobo gris admiró el sistema de aquel aparato con ojos bien abiertos pero se obligó agitar la cabeza de izquierda a derecha en una rápida sacudida para ponerse en marcha él también.

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Corrió hasta llegar justo a donde su nueva compañera le había indicado y escogió entre el par de ventanas la que pareciera menos firme. Al no encontrar diferencias, empujó de una en una hasta que un crujido anormal llamó su atención. Repitió la acción encontrando el ajuste de la ventana desequilibrado, así que se dispuso enfocar todo su peso para abrirla y luego de un tenso empuje, los candados eléctricos cedieron, dándole la pauta de entrar. La intromisión fue un tanto accidentada ya que su cuerpo largo le impidió aterrizar como le hubiese gustado, aún así se recuperó para correr a las puertas y mirar sigilosamente hacia el despejado pasillo negro. Estaba tan oscuro a pesar de que su visión nocturna le permitía visualizarlo todo, debía admitir que el panorama era lúgubre, pues era entre las sombras donde carnívoros como él podían cazar con total tranquilidad.

Siendo un depredador nato enseguida comprendió que debía ser como su semejante se sentía paseándose por ese edificio donde miles de herbívoros yacían indefensos, cuya única esperanza era esconderse y no hacer ruido, rogar al cielo no se convirtieran en los siguientes bocadillos rápidos.

Olfateó, cuidando el menor detalle de los aromas que frecuentaban esa zona, identificando que ninguno era su ama, así que debía encontrarse en alguna otra parte. Siguió moviéndose, esperando haber tomado la ruta correcta, sintiendo un gran alivio cuando vio las escaleras. Quiso correr pero un ruido lo distrajo, miró a la puerta delante de la que acababa de parar y se asomó, encontrando una figura temblorosa semi-oculta bajo un escritorio, sintiendo pena. Podría llamar a ese herbívoro y decirle que viniera con él, que lo protegería hasta que estuvieran afuera. Sin embargo, no tenía tiempo para esto. Tomó las escaleras hasta llegar al piso mencionado, encontrándose con la presencia aún menos perceptible de la coneja.

—Por aquí —dijo ella señalando a su derecha. Legosi la siguió sin dejar de olfatear el ambiente, encontrando que su ama había estado merodeando aquel piso, aunque el aroma era difuso y se perdía con facilidad, probablemente por una visita furtiva—. Tenemos aproximadamente dos horas con 41 minutos para encontrar a tu ama. ¿Percibes a mi objetivo?

—No, sus ansias asesinas están ausentes. Debe estar en algún otro piso.

—Bien, entonces... —Un desgarrador grito invadió el edificio, retumbando en las secciones y congelando a los dos que caminaban por la planta, horrorizándose en reacción.

—Ese fue uno de los trabajadores ¿verdad? —dijo Legosi nervioso por la seguridad de Azuki.

—Vino de los pisos superiores —confirmó Haru—. Dos o tres plantas más arriba. Tal vez no tengamos tanto tiempo. ¿Quieres adelantarte?

—¿Qué? No puedo dejarte así.

—Gracias por el interés pero te aseguro que estaré bien. ¿Notaste mi outfit? Me mantendré a salvo en la oscuridad a menos que el enemigo encuentre su debilidad.

—Pero...

—Los hombres inseguros jamás conseguirán nada provechoso, Legosi-kun —le reprendió la coneja con las manos en la cadera, el gesto al canino le resultó increíblemente firme, pero adorable—. Como tu socia momentánea, te sugiero te vayas de aquí y busques a tu dueña.

—Lo siento, es cierto que estoy muy preocupado por mi ama pero también me preocupo por ti. —La pasión con la que dijo aquellas palabras, lograron incomodar a la pequeña herbívora—. Sé que acabamos de conocernos pero tengo la sensación de que eres una pieza importante para recuperar mi memoria.

—¿Memoria? —repitió Haru extrañada.

—Por eso, me temo que no puedo dejarte ir. Lo lamento pero me tomaré el atrevimiento de capturarte.

—¿Eh? ¿Qué? ¿¡Ah!? —jadeó antes de que el lobo la cargara sin ninguna delicadeza hasta posicionarla sobre sus hombros como si se tratase de una cría—. ¿¡Enloqueciste!? ¡No puedes tomar como rehén a una ejecutora en plena acción! ¡Estás violentando las normas principales de esta sociedad! —exclamaba mientras golpeaba la cabeza canina, quien con un gesto incómodo la miró de reojo sin poder esquivar los duros ataques.

—Eso hiciste antes tú también ¿no? Te afiliaste con una mascota siendo un conejo.

—¡Esto es diferente, lobo idiota! ¡Me estás secuestrando en mitad de nuestra alianza!

—Lo siento...

—¡No te disculpes! ¡Sólo bájame al piso en este instante!

—No puedo... si lo hago ahora, huirás.

—¡Naturalmente! Estaría loca si me quedara junto a una mascota que ha perdido el juicio.

Se escuchó un nuevo grito y entonces Legosi concluyó que no estaban en condiciones para desacuerdos, era tiempo de moverse, así que le pidió a su acompañante se sujetara fuerte sólo unos segundos antes de correr siguiendo el rastro de su ama hacia un elevador, el cual no podría tomar hacia el siguiente piso por obvias razones. Le pidió indicaciones a su enojada cautiva que optó por dejar de gritar una vez puestos en movimiento, aún así vitoreó el aparato en su cinturón de mala gana, diciéndole en qué dirección encontrar las siguientes escaleras. Una vez en el siguiente piso, Legosi olfateó profundamente sólo unos pasos afuera para ascender hacia la próxima planta ante la falta de vestigios. Pero siquiera yacer ante el séptimo piso, la escena sangrienta adornando el pasillo incitó a Legosi parar en seco, comprendiendo lo que significaba.

—Él está aquí —declaró Haru.

Había enormes manchas de sangre por todo el descanso y adentrándose más algunos mechones de pelo se distribuían por el piso. Sigiloso, Legosi dio unos pasos más al fondo, aspirando, sin dudar en desplazar los aromas propios de la matanza para ubicar el indicio de los pasos que recorrió Azuki. Era aquí donde habitaba la mayor parte del tiempo, su olor era abundante y lo mejor de todo era que no existían señales de haber sido herida todo este tiempo. El canino avanzó, prestando atención al furor del carnívoro depredador. Sería demasiado peligroso encontrarlo con la guardia abajo. La joven ejecutora lo sabía, por eso había desactivado el seguro de su pistola asesina una vez más.

—Pisa con las puntas, Legosi-kun —murmuró Haru un tanto irritada por el ruido que el aludido hacía al caminar—. Si pisas con las puntas e intentas equilibrar tu peso sobre el suelo, es menos probable dar nuestra ubicación.

Legosi asintió y rápidamente hizo un esfuerzo por moverse como su acompañante indicaba, aprendiendo a caminar con mayor cautela lo que duró el recorrido, mientras tanto la abrazante quietud supuraba tensión ante cada imagen grotesca de mechones de pelo y trozos de carne que descubrían regados en los diversos pasajes pintados de blanco.

—Mi ama no está lejos —comentó el lobo gris con alivio.

—Bájame ahora y ve por ella.

—No me pidas hacer eso cuando estamos tan cerca.

—Tu misión y mi misión son de rangos distintos. Yo debo seguir a ese oso pardo.

—¿Cómo puedes ser tan terca?

—¡Tú eres el único terco aquí! —susurró fúrica—. ¡Me he dedicado a esto casi toda mi vida, no pretendas cuidar de alguien que seguirá estando en problemas con o sin ti!

Con un movimiento ágil e increíblemente flexible, Haru se libró del agarre que el lobo mantenía en sus tobillos, dando un salto mortal hacia atrás sin llegar a golpear la cabeza de su aliado, quedando de pie sólo para echar a correr en otra dirección sin que Legosi pudiera hacer nada para detenerla. Entonces la figura se perdió al doblar una esquina con la mayor concentración de sangre. Al darse cuenta que perseguirla lo estaría alejando de su ama, el resignado canino continuó andando hacia la tercera puerta más cercana donde se asomó con cuidado, visualizando una amplia oficina con vista hacia la ciudad nocturna, lo bastante acogedora para garantizar un trabajo optimo. La luz lunar cubría gran parte del suelo cromado, generando un ambiente casi mágico para el hipnotizado lobo. Sin embargo, siquiera dar un paso adentro, un tronido metálico atrajo la mirada de Legosi hacia un cañón que apuntaba directo a su cabeza. Azuki yacía de pie a su alcance, con la expresión más fría que hubiese presenciado, removiendo los recuerdos del canino sobre una herbívora a punto de disparar.

—Muere, monstruo —citó Azuki dispuesta a perforarle los sesos.

Pero al igual que en la imágenes revividas en su cerebro, Legosi reaccionó rápido, desviando la boca de la pistola sólo unos centímetros por fuera de su cuerpo antes de que la ciervo jalara el gatillo. La bala impactó contra la pared, destrozando el cristal de un diploma enmarcado y enterrándose en la madera que lo conformaba. Acto seguido Legosi la sostuvo firmemente de las manos para impedirle realizar cualquier otro movimiento, igualando la altura de sus rostros lo suficiente para verla a los ojos.

—Ama Azuki, soy yo, Legosi —dijo con una voz tan profunda que el propio Legosi se desconoció—. Vine para salvarla.

Los ojos fríos desaparecieron en el rostro de la hembra, reflejando una expresión de completa comprensión, saliendo de un trance de supervivencia absoluto, pues había reconocido la voz de Legosi en aquel espeso entorno de sombras y muerte. Entonces sólo quedó el cuerpo y figura de una criatura frágil que temblaba igual que una hoja a punto de caer de su árbol. Llamando a Legosi con dulzura y lágrimas en los ojos, se abalanzó a sus brazos, embriagándose con el perfume de su pelaje gris bañado en luz lunar como si acabara de despertar de una pesadilla.

—Legosi. Viniste.

— …Por supuesto. —El canino correspondió al abrazo después de unos instantes paralizado sin saber qué hacer—. Soy su mascota ¿no es así? Para esto me adoptó.

—Gracias, cariño, de verdad... gracias. —Rompiendo el abrazo para mirarlo a los ojos, la ciervo inquirió—. ¿Y Louis?

—Lo siento —dijo el lobo bajando las orejas, avergonzado—. No esperé por sus mandatos después de leer el mensaje, no estoy seguro si se dirija aquí o haya enviado a alguien.

—Vendrá, tiene que hacerlo, no puede romper nuestro pacto así. No se atrevería.

—¿Uh?

—Está bien, no importa. Contigo aquí me siento a salvo. ¿Cómo entraste?

—Por una ventana defectuosa, Haru me guió.

—¿Haru? ¿La coneja? —repitió la hembra con confusión. La sola idea de que Legosi conociera a esa enana adultera le generaba repudio pero mayor era el misterio de que accediera darle información a un lobo desconocido. Después de todo dudaba que sintiese alguna preocupación por su seguridad, si es que recordaba donde trabajaba.

—Aparentemente está aquí para eliminar a un oso pardo, es quien ha estado cazando a los herbívoros de este edificio. Y creo que ahora mismo puede estar en problemas.

—Espera, Legosi. ¿Estás insinuando que quieres ir a buscarla?

—Bueno... —Legosi bajó las orejas de nuevo con el tono despectivo de su ama—. Estoy en deuda con ella por haberme ayudado a ingresar para encontrarle.

—¿Seguro que esa es la razón?

—Quizás no lo sepa, ama. Pero a nuestra especie no le gusta dejar deudas pendientes —se excusó patéticamente, lo supo por la expresión incrédula que le dedicó la ciervo—, no importa lo pequeño que sea, es una costumbre espiritual para nosotros devolver el favor. Y la vida de mi ama es inmensa, así que... la deuda es del mismo calibre.

—Si te hará sentir bien, puedo permitírtelo.

—Muchas gracias, ama.

—Sólo hay una cosita que debes saber antes de que te deje arrastrarnos hacia una muerte segura.

—Lo que sea —declaró Legosi muy convencido, sin sospechar el impacto que le traería la información que estaba a punto de serle revelada.

—Conozco a esa coneja, sabemos a lo que se dedica, la vida que ha llevado hasta ahora y sus motivaciones. De hecho, mi esposo Louis la conoce mejor que nadie. Y con mejor me refiero a que se acuesta con ella. Por lo tanto, me engaña a mi, su legitima esposa, con una plebeya de la más baja categoría existente entre los mamíferos. Pero a pesar de que lo sé me veo impotente a intervenir por el bien de nuestro estatus. Odiaría crear un escandalo por causa de unos sucios revolcones en una cama barata.

Los ojos de Legosi casi se salen de sus cuencas mientras su mandíbula caía de forma cómica. Tal enredo amoroso desarrollándose frente a sus pupilas en el peor momento y lugar debía estar penado. No era capaz de asimilar algo tan explosivo de un momento a otro. Una zona recóndita de su cerebro fue consciente que existían amoríos interespecie entre los herbívoros también, así que eso no fue lo más sorprendente, lo era el hecho de escucharlo de los propios labios de su ama como si se tratase de algo extremadamente común entre sus gobernantes, pues todo sugería que el escandalo se basaba en las clases sociales. Para empezar, ¿cómo era que su ama podía permitir que mancharan su nombre estando enterada de todo? El sólo pensamiento hacía que su sangre se helara.

De pronto, interrumpiendo el intercambio, el sonido de unos pasos pesados incitaron a los dos integrantes del Conglomerado guardar silencio y prestar atención al aura hambrienta que se acercaba. Legosi olfateó identificando el mismo aroma que invadía toda la zona de cacería. Comenzó a gruñir con advertencia, sabiendo que serían acorralados, pues era demasiado tarde para salir de esa oficina iluminaba.

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Había sido un error ayudar a Legosi, era lo que la pequeña coneja pensaba mientras corría de un lado a otro para ocultarse y apuntar con el cañón silenciador a cualquier forma de vida carnívora que se presentase en su camino. Le había parecido una buena idea al principio pero después de visualizar su ineptitud en primera fila, comprobaba que las apariencias engañaban. Tal vez lo había confundido y en realidad no era el mismo lobo que había peleado protegiéndola a muerte, tal vez había sido un sueño, por eso el lobo que se presentó ante ella se aprovechó de sus palabras para engañarla; cumplir sus propios objetivos; tratándola como una discapacitada mental. Sólo considerarlo la hacía rabiar al borde de un berrinche.

Pero no lo volvería a ver, él y sus excentricidades podían escabullirse junto con su pedante ama fuera del edificio por su cuenta, porque no pretendía siquiera preocuparse porque surgieran alas calles a salvo. Aún así, Haru tuvo el impulso de mirar a sus espaldas para comprobar que su enorme masa no venía en camino dispuesta apoyarla en su misión.

Suspiró con cierta pesadez cuando comprendió que nada más iba importarle luego de haber encontrado Azuki con bien. Un parte de ella se sentía considerablemente decepcionada con ello, pues estaba segura que jamás sería importante para nadie hasta ese nivel. Todos los machos que se le acercaban sólo era por sexo. Y aunque Louis estuviera dispuesto a verla sin que ocurriera nada comprometedor entre ellos, él ya estaba casado, así que nunca sería lo primordial en su vida diaria. Se sentía como una tonta por lamentarse por eso cuando lo más importante ahora era asesinar a Riz, pero no pudo evitarlo después de haberse cruzado con Legosi y haberle visto insistir en protegerla de una bestia hambrienta.

Sacándola de sus cavilaciones, el ligero sonido de huesos crujiendo la incitó agacharse junto a unas vitrinas, mirando con cuidado a través del metal hacia la silueta caliente de un oso disfrutando de su alimento. Haru se preparó para disparar el primer proyectil de veneno contra el carnívoro en cuestión pero la complexión del mismo no tardó en llamar su atención, así que ajustó la visión de sus lentes para verlo mejor. Este oso pardo no era el que esperaba ver, sino una mascota completamente diferente que ya había visto pasear con tranquilidad por las calles de la ciudad en pleno día de plaza.

—Un momento... tú no eres Riz.

—¿Me buscabas?

La voz grave a sus espaldas hizo a Haru paralizarse sólo unos instantes antes de darse la vuelta de inmediato e intentar apuntar a su sorpresivo agresor, el cual ya había elevado un brazo para golpearla, enviándola impactar contra toda la sección donde había permanecido oculta. Haru se reconoció aturdida por tantos golpes seguidos, por lo que jadeó adolorida antes de recobrar lucidez. El oso que había estado comiendo tranquilamente se había erguido con el ruido mientras que Riz andaba con pasos parsimoniosos hasta quedar frente a la ejecutora con una sonrisa amistosa rozando lo aterrador.

—No son únicamente ustedes, ¿verdad? ¿Cuántos... ? —Haru se esforzó en formular palabras, apenas podía conservar la calma frente al mortal peligro amenazándola.

—¿Cuántos criminales depredadores hay además de nosotros en el edificio? Muchos por lo que sé —respondió Riz mirando distraídamente alrededor—. Al menos los suficientes para divertirnos sin que el otro interfiriera con nuestra presa selecta.

—No me jodas —Haru se rió sin gracia—, mis superiores no pudieron darme una misión equivocada.

—Humm... ¿tal vez ellos no saben que estamos protegidos? Tem piensa que nuestra existencia beneficia a las empresas de ejecutores, por eso dejan a unos en libertad. Tem es muy listo, así que confío que está en lo correcto. Pero no temas, herbívora. Planeo llevarte con mi benefactor para que resuelvas tus dudas con él.

—¿Tu benefactor?

—Eso dije.

—¿De qué hablas? ¿Para qué querría hablar conmigo?

—No lo sé, nosotros sólo cumplimos nuestra parte. Digamos que es un favor extra. Sólo no te resistas, Tem odia cuando su especie comienza a chillar y retorcerse, le causa pesadillas. —Los enormes brazos de Riz se extendieron hacia la aterrada coneja, quien negando compulsivamente con la cabeza, lo esquivó como pudo antes de echar a correr fuera de alcance. Riz la miró alejarse con expresión seria, casi en blanco, por la confusión—. Entiendo que esté asustada pero, ¿no debería cooperar después de haberle dicho que estaría a salvo?

En teoría no le dijiste que estaría a salvo. Pero está bien para un primer intento. Ahora enfoquémonos en lo importante. Sería un problema si los otros monstruos la ven merodeando por ahí. Vamos tras ella, Riz

Riz miró a su costado al espectro grotesco de su amigo alpaca y asintió, fusionándose con el correr húmedo e intoxicante de su alucinación que decretaba putrefacción y sangre coagulada, abandonando trozos de carne y piel a medida que avanzaba entre las sombras. Para Riz aquella era la forma definitiva de su ser divino consumado, así que jamás se aterró o enfermó por su siniestro aspecto avanzando a su lado. A partir del momento que devoró a Tem dejó de sentirse solo y se sentía más fuerte como nunca antes.