Solo por el titulo saben que este capitulo será puro terror.. El peor miedo de Max viene con todo.. creen que podrá contra él..?
Disfruten..!=D
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
Sebastian..!
-No... no...- murmuraba Max mientras negaba con la cabeza, sus piernas temblaban, pero no podía moverlas, estaba aterrado. El chico de cabellos negros se acercó hacia la poca luz que emitía la ventana.
-Max! Max, corre!
-Muévete Max! Tienes que salir de ahí!- gritaban Will y Magnus, desesperados. El Sebastian del miedo de Max era justo como lo recordaba, no rubio, pero con el cabello negro teñido y con los mismos ojos fríos.
-Que sucede, pequeño?- preguntó Sebastian moviendo juguetonamente el martillo en su mano- le tienes miedo a las herramientas?
-M... Magnus...- Max no podía moverse, miraba fijamente al chico que vagamente recordaba pero que había dejado una marca muy importante en él. Sebastian sonreía burlonamente. El pequeño niño sollozaba, aferrándose al barandal de la escalera. Sus últimos segundos de vida se repetían en su cabeza una y otra vez. La confusión, la sorpresa, el miedo, el dolor.
-Max. Max, cálmate por favor. Dime que me escuchas- rogaba Magnus. Estaba desesperado mirando como la situación empeoraba a cada segundo.
-Que sucede?- preguntó Will al ver el pánico en los ojos del pequeño.
-Así fue como murió- le explicó Magnus en voz baja. Sentía una horrible opresión en su pecho. Se sentía inútil. Ese era el peor miedo de Max y él no podía ayudarlo para nada- Sebastian, ese chico.
-Él fue quien...
-Si- le dijo Magnus, no quería que lo dijera en voz alta, los Lightwood detrás de él ya sollozaban lo suficiente.
-Oh no. Max, se fuerte!- pero Max seguía sin escucharlos.
-No te preocupes, pequeño- dijo Sebastian deteniéndose a unos pasos de Max- será rápido, todo será mas fácil si te quedas quieto.
-No...- murmuró Max negando con la cabeza sin dejar de llorar.
-Sshh, tranquilo, todo estará bien.
-"Sshh, tranquilo, todo estará bien"- esas había sido las ultimas palabras que había escuchado, seguidas de un- "lo siento, niño".
-Por favor...- murmuró Max, quiso retroceder, pero sus piernas no le respondían.
-Magnus, haz algo!- gritó Maryse, estaba desesperada, no podía ver eso. Magnus se giró un poco hacia los Lightwood, sus miradas de dolor hicieron que su corazón se hundiera hasta sus pies.
-No se que mas hacer- dijo Magnus claramente desesperado. No podía ayudar a Max a salir de su aterrorizada parálisis. El niño tenía que reaccionar solo.
-Lo recuerdas, Max?- preguntó Sebastian tranquilamente. El niño se estremeció- recuerdas lo que sucedió?
-No...- murmuró Max cerrando los ojos con fuerza deseando que todo desapareciera.
-Yo si lo recuerdo- dijo Sebastian- si quieres puedo recrearlo para ti.
-Déjame ir- pidió Max abriendo los ojos, soltaba incontables lagrimas y eso le nublaba la vista.
-Lo siento, respuesta equivocada- se burló Sebastian antes de subir el brazo con el que sostenía el martillo, listo para atacar al pequeño una vez más. Max cerró los ojos y esperó el golpe, todo era igual a como había sucedido, palabras más palabras menos, era lo mismo... o tal vez no. Todos del otro lado de la pantalla soltaron un grito aterrorizado.
-Max, muévete!
-MUEVETE!- algo hizo click en la mente de Max, se agachó por puro instinto. El martillo dio contra el barandal de la escalera, rompiéndolo y mandando pedazos de madera y astillas volando en todas direcciones. Max había desarrollado su instinto de combate durante las semanas de entrenamiento con Magnus y Will, gracias a eso había podido evitar el golpe. Se escabulló por detrás de Sebastian y corrió hacia la puerta.
-Eso es Max!
-Muy bien!- gritaban todos del otro lado de la pantalla. Max llegó a la puerta principal y tiró para abrirla, prefería mil veces estar afuera con los demonios que estar dentro de la casa con Sebastian.
-No... no, no! Ábrete!- gritó el niño desesperado cuando la puerta no se abrió. Soltó un sollozo de desesperación antes de girarse. Sebastian se dirigía nuevamente hacia él.
-No puede salir?- preguntó Will intentando pensar en alguna solución para eso.
-Pensé que saliendo de la casa se resolvería- dijo Magnus frustrado. Si Max tenía que acabar con Sebastian para pasar la prueba bien podían resignarse a perderlo de nuevo. A ellos mismos les había costado bastante poder deshacerse del chico años atrás.
-Que tiene que hacer entonces? Que hará?!- gritó Robert, Magnus solo negó con la cabeza, no se le ocurría nada, estaba demasiado preocupado como para pensar. Max corrió de nuevo al ver que Sebastian volvía a levantar el martillo. El niño era pequeño y rápido, le daba una ventaja. Giró hacia la puerta de la cocina, pero unas nauseas repentinas le hicieron pensar mejor. No tenía idea porque, pero no quería entrar en la cocina. Derrapó al frenarse rápidamente.
-Aaww, no quieres entrar a la cocina? Malos recuerdos?- se burló Sebastian, caminaba, no corría. Sabía que el pequeño no tenía posibilidad de escapar. Max se giró nuevamente hacia las escaleras, las lagrimas que seguían saliendo de sus ojos le nublaban la vista, pero no podía dejar de llorar. Perdió el equilibrio y cayó, pero pudo detenerse del primer escalón y luchar por volver a ponerse de pie.
-Izzy! Isabelle!- gritó el pequeño con desesperación mientras se recuperaba y subía las escaleras a toda prisa.
-No... oh, no, no...- Isabelle sintió que las piernas se le volvieron gelatina y cayó hasta el suelo. Ella no recordaba haber escuchado a Max gritar por ella ese fatídico día en el que había perdido la vida. Pero si lo había hecho y ella no le había prestado atención...
-Izzy- Jace se arrodilló junto a ella y le pasó un brazo por los hombros.
-Por qué llamas a tu hermana? Sabes perfectamente que esta replicándose maquillaje y no vendrá a ayudarte- se burló Sebastian.
-Bastardo- dijo Izzy entre dientes, Jace la apretó contra si.
-Papá!- Max estaba perdido en su terror. Había llegado al primer piso y tocaba la puerta que en un tiempo había sido la de la habitación de sus padres. Su mente no podía dar con que eso era una simple alucinación, que sus padres en verdad no habían estado ahí y seguían sin estarlo- papá! Mamá! Ayúdenme!
-Max- Maryse se tuvo que sostener de la pared, Robert ya no podía mantenerse fuerte. No pudo sostener a su esposa, a duras penas podía mantenerse él en pie. Jem se dio cuenta y se apresuró a acercarse a Maryse, deteniéndola para que no cayera al suelo.
-Por Raziel- murmuró Robert poniendo una mano sobre su pecho, le dolía, se sentía terrible por no poder ir a ayudar a su pequeño hijo. Magnus pasó saliva pesadamente y movió la pantalla, intentando hacer algo, lo que fuera.
-Que haces?- preguntó Will al ver que Magnus presionaba todo en la pantalla.
-No lo se- respondió el Brujo, y en verdad no lo sabía, solo quería que algo pasara, lo que fuera, que cualquier botón funcionara. En la pantalla que mostraba el estado de salud de Max podía ver lo acelerado que estaba el corazón del pequeño. Max siguió subiendo, intentando abrir todas las puertas que encontraba, pero ninguna cedía.
-Alec! Alec!- Max corrió hasta el último piso, donde sus hermanos mayores compartían habitación, rezando por poder abrir esa puerta, era la última de la casa- Jace! Por favor, alguien!
-No te molestes, pequeño!- exclamó Sebastian subiendo las escaleras lentamente- nadie te ayudó en ese entonces y nadie te ayudará ahora!
-Alec!- gritó Max nuevamente lanzándose contra la puerta de la habitación de sus hermanos. La puerta se abrió, pero no había nadie dentro.
-Ya no quiero ver esto- murmuró Alec, cubriéndose los oídos con las manos y cerrando fuertemente los ojos, agachándose hasta quedar acuclillado. Le dolía, físicamente le dolía el pecho al escuchar a su hermanito llamándolo por ayuda, y él no podía hacer nada- no puedo verlo.
-Alec...- Magnus se giró hacia la pantalla detrás de él. Miró a Alec tirar desesperadamente de su cabello y sintió como si le hubieran dado un golpe en el estomago. Ya no sabía que hacer, había intentado a toda costa restablecer comunicación con Max, pero nada funcionaba, había presionado todo botón que se le había puesto enfrente- que hago...
-Magnus- Will había escuchado la desesperación en las palabras del Brujo, también se sentía impotente al no poder ayudar al pequeño. Max cerró la puerta y empujó uno de los pesados muebles hacia la puerta para trabarla. En cuanto había logrado ponerlo en posición, escuchó a Sebastian del otro lado golpear la puerta fuertemente con el martillo. El niño soltó un grito aterrado y cayó al suelo. Sebastian golpeaba la puerta una y otra vez, y Max sabía que la madera no tardaría en ceder. Soltando un par de sollozos, se arrastró hasta la ventana.
-Ábrete. Ábrete, por favor, ábrete- murmuró el pequeño quitando el seguro e intentando abrir la ventana, pero nada pasó. Luego se giró hacia la mesita de noche más cercana, tomó el reloj despertador y lo lanzó hacia el cristal. El duro reloj simplemente rebotó. Max sollozó, frustrado- no, por favor, no...
-No entiendo! No puede salir de la casa, entonces como se supone que supere la prueba?!- exclamó Will. Se sentía terrible, si, pero se imaginaba como debía de sentirse la familia y se sentía peor.
-Si no puede salir de la casa, la única opción que tiene es...
-No puede vencer a Sebastian! Es apenas un niño!- gritó Alec interrumpiendo a su novio. Magnus lo sabía. Intentaba pensar en otra cosa, algo que Max pudiera decir, o hacer, algo que no fuera imposible. Max se recargó en la pared junto a la ventana, mirando como la puerta se sacudía violentamente con cada golpe que daba Sebastian. Se deslizó hasta el suelo y se encogió abrazando sus rodillas sin dejar de llorar aterrorizado. Iba a morir. Moriría de nuevo del mismo modo que había muerto antes.
-Max, por favor no.
-No te des por vencido, hijo- los padres Lightwood sentían que se desmayarían en cualquier segundo. Max seguía aterrado, pero en su interior ya se había resignado. Estaba seguro que moriría de nuevo. Que no volvería con su familia. Que todo lo que Magnus y Will habían hecho por él había sido en vano. Sollozó nuevamente y entonces, por sobre el ruido de la tormenta y los golpes de Sebastian, escuchó un pequeño golpe sordo, algo pequeño pero pesado había caído al suelo. Levantó la mirada y lo vio.
-Qué pasó?- preguntó Will, también había escuchado el ruido, pero no veía nada en al oscuridad de la habitación.
-Un juguete, apareció con Max- dijo Magnus, sus ojos de gato le brindaban mas visibilidad que a los demás.
Max se arrastró hasta el pie de la cama de Jace, en donde había caído el pequeño muñeco de madera que era su mas preciado juguete. Lo recordaba. Recordaba haberlo tenido sujeto firmemente en su mano durante sus últimos segundos con vida. Bien podía acompañarlo una segunda vez. El niño sollozó cerrando firmemente los ojos y apretando fuertemente el muñeco contra su pecho.
-Tú lo apareciste?- preguntó Jace, reconociendo el muñeco de inmediato.
-No, yo no puedo hacer nada- le respondió el Brujo señalando la pantalla. No sabía si los demonios lo habían aparecido, no creía que fueran a ayudar a los niños. Aunque en realidad aparecer un juguete de madera no podía contar como ayuda. Tal vez era una cruel burla. Lo harían morir aferrando su juguete nuevamente.
-Max, no...- suplicó Izzy antes de apartar la mirada nuevamente. Si su hermanito iba a morir no quería verlo. Max abrió los ojos nuevamente, estaba arrodillado al pie de la cama de Jace, desde su posición podía ver perfectamente por debajo de la cama de Alec. Del otro lado de la habitación, en la esquina, había un arma. Max sorbió fuertemente por la nariz, miró fijamente el muñeco de madera unos segundos y después lo dejó caer. Gateó rápidamente por la habitación hasta llegar hasta el arco y flechas de Alec.
-Un arma- dijo Will, todos levantaron la mirada nuevamente y observaron al niño. Parecía debatirse en sí tendría oportunidad alguna de acabar con Sebastian. En ese momento, Sebastian dio un golpe particularmente fuerte y la puerta se astilló. Max se encogió en su lugar, pero el ruido pareció sacarlo de su aterrorizada resignación. Saltó la cama de Alec y fue hacia la ventana, quedaba justo frente a la puerta. Se plantó firmemente mirando el agujero que Sebastian estaba logrando hacer en la puerta.
-Vamos Max, mantente fuerte- murmuró Magnus, en realidad ya no sabía que pensar, ninguno de los que estaban del otro lado de la pantalla lo sabían. Izzy y Jace seguían en el suelo, Alec se había puesto de pie y se había aferrado al brazo de su padre, Jem seguía sosteniendo a Maryse, quien recargaba todo su peso en él. Max se limpió el rostro con el dorso de la mano y sorbió fuertemente por la nariz, aun respiraba entrecortado pero tenía que calmarse. Tenía que comportarse como el guerrero que había aprendido a ser en esas semanas.
-Basta! Déjame en paz!- gritó Max tomando una flecha y apuntando hacia la puerta. Sus ojos llenos de lagrimas no le permitían ver bien, pero apuntó lo mejor que pudo.
-Por el Ángel- murmuró Jace. Max le estaba haciendo frente a Sebastian, eso debía contar para algo.
-Sería mas fácil si me abrieras la puerta!- escuchó la voz de Sebastian del otro lado.
-Lárgate, Sebastian!- gritó Max. Pero al contrario de su petición, Sebastian dio un duro golpe y abrió un agujero en la puerta. Max apuntó y disparó la flecha en cuando vio que el muchacho asomaba su rostro. La flecha dio al lado del agujero. Sebastian soltó una risa.
-Buen disparo, Max- se burló antes de seguir golpeando la puerta con el martillo para abrirse paso hacia el niño. Max apartó los lentes y se talló los ojos bruscamente, intentando mejorar su visión. Tomó otra flecha y apuntó.
-Te digo que me dejes!- Sebastian siguió haciendo el agujero en la puerta mas grande, Max disparó otra flecha, esta vez pasó directo por el agujero a la pared del pasillo. Max comenzó a llorar nuevamente estropeando su vista. El pequeño comenzaba a desesperarse.
-Tranquilo, Max, cálmate, necesitas apuntar bien- Magnus sabía que no lo escuchaba, pero necesitaba sentir que al menos intentaba ayudarlo.
-Max está disparando demasiado y sin poner atención- dijo Alec al ver que el niño pronto se quedaba sin flechas.
-Está demasiado asustado- dijo Will. Y así era, Max ya estaba al borde de la histeria. Disparaba sin poder apuntar bien debido a las lagrimas, y solo esperaba darle por lo menos con una a Sebastian. Cuando se dio cuenta de que se había quedado sin flechas, no tuvo tiempo de llorar, ni si quiera de penar en un plan B. Sebastian dio un duro golpe a una esquina de la puerta, derribando la parte superior y entrando a la habitación de un salto. Max soltó el arco y quiso intentar huir, pero Sebastian ya había tenido suficiente. El niño no había dado tres pasos alejándose de él, cuando Sebastian se movió cerrándole el paso. Max levantó la mirada y Sebastian lo tomó por el cuello, con fuerza. Max ahogó un grito cuando el mayor lo estrelló con la pared y lo levantó del suelo, apretando fuertemente su agarre.
-Ya me cansé de este jueguito, todo termina ahora- le dijo Sebastian. Max pataleaba y aruñaba la mano de Sebastian, intentando escapar y llevar un poco de oxigeno a sus pulmones.
-No, por favor. No!- Izzy ocultaba el rostro en el pecho de Jace. Maryse estaba casi inconsciente, pero Jem la sostenía mientras Tessa intentaba hacer que se mantuviera despierta.
-Max...- murmuró Alec desviando la mirada y ocultando el rostro en el hombro de su padre. Robert había cerrado los ojos con fuerza y apretaba la mano de Alec con la suya.
-No creas que escaparas al martillo- dijo Sebastian levantando el otro brazo, en el que sostenía dicha herramienta, y se preparaba para darle en la cabeza a Max. El niño estaba a punto de perder el conocimiento por la falta de oxigeno, pero aun podía pensar en que hacer, tenía un plan. Esperó hasta el último segundo para sacar la daga de su cinturón y darle en la muñeca a Sebastian. El chico soltó un alarido al sentir que la daga de Max se enterraba profundamente en su muñeca, no había podido detenerlo, no había podido mover su otra mano por el pesado martillo que ya se dirigía rápidamente hacia Max. La sangre brotó violentamente de la muñeca de Sebastian, manchando la pared y el rostro de Max y comenzando a formar un enorme charco en el suelo. Sebastian soltó el martillo y se tomó fuertemente la muñeca que sangraba, soltando también a Max en el proceso. El niño cayó al suelo y resbaló con la sangre, perdiendo así la daga que tenía en la mano- ya veras, mocoso!
-No!- gritó Max y, con la ayuda de la sangre, logró hacer que Sebastian perdiera el equilibrio de una patada.
-Eso es!
-Muy bien, Max!
-Ahora sal de ahí!- gritaban todos del otro lado de la pantalla. Max aun se sentía mareado por la asfixia, pero sabía que tenía que moverse. Sebastian no le daría más ventaja. Se movió rápido, resbalando por el suelo, e intentando salir de la habitación. Pero no llegó muy lejos, ni siquiera había logrado alejarse del charco de sangre cuando sintió que Sebastian tomaba su tobillo.
-No! Suéltame!- Max pataleó, pero el agarre del mayor era más fuerte. Los Lightwood soltaron un grito de terror.
-No escaparas de mi tan fácil, niño- dijo Sebastian entre dientes. Max intento liberarse nuevamente, pero Sebastian no lo soltaba. Ambos seguían resbalando debido a la cantidad de sangre en el suelo, pero ninguno de los dos cedía. Max se giró hacia la puerta, intentando irse. Sintió las lagrimas volver a invadir su rostro y se regañó mentalmente. Nada de llorar, nada de rendirse, tenía que pensar en como salir de ahí. Y entonces su mirada dio con un arma, la que lo había estado aterrorizando desde que había ingresado a ese miedo.
-El martillo- murmuró Will.
-Toma el martillo, Max!- gritó Magnus al ver al chico dudar.
-Déjame!- gritó Max una última vez, no quería tomar el martillo. Le incomodaba el martillo.
-Te dije que no te escaparías de mi- le dijo Sebastian y Max sintió un fuerte dolor en su pierna, haciéndolo gritar.
-Max!
-Oh por el Ángel- murmuró Maryse cerrando fuertemente sus puños en la camisa de Jem.
-No importa si no mueres igual que antes, pero vas a morir- dijo Sebastian riendo fríamente. Había encontrado la daga que había soltado Max. El dolor hizo que el niño reaccionara. Max estiró su mano, manchada con sangre de Sebastian y tomó el martillo, era pesado, pero aun así se las arregló para levantarlo y girar su cuerpo con el arma lista. Con un grito de guerra, Max dejó que Sebastian tirara de su pierna y lo acercara a él. Cuando Max estuvo lo suficientemente cerca, movió fuerte y rápidamente su brazo y dirigió el martillo a la cabeza de Sebastian. El niño cerró los ojos cuando estuvo por dar el golpe. Así había muerto él, no le deseaba esa muerta a nadie, sin embargo...
Una brillante luz blanca envolvió a Max justo antes de que el martillo diera en su objetivo. Max cerró los ojos y se dejó llevar.
-Qué pasó?!
-Magnus! En donde esta?!
-Por qué no se ve nada?!- gritaban los Lightwood histéricos. Pero Magnus tampoco sabia que pasaba, comenzó a golpear la pantalla intentando hacer que la imagen volviera, pero nada pasó. De pronto, se escuchó una pequeña explosión y montones de confeti y serpentinas comenzaron a caer sobre Magnus y Will.
-Qué demonios...- un enorme "FELICITACIONES" apareció en la pantalla frente a Magnus, interrumpiendo a Will.
-Por Lilith- murmuró Magnus sintiendo que le quitaban una tonelada de encima. Will rió mirando las letras danzar en la pantalla.
-Es... es en serio?
-Ganó? Ganó?!- los Lightwood detrás de Magnus estaban aun asustados. Pero todo indicaba que Max había logrado superar su miedo y había ganado la competencia. Will soltó una carcajada y se giró para abrazar a Magnus. El Brujo lo abrazó en automático, aun no lo podía creer. Los Lightwood se abrazaban y lloraban de felicidad.
-No puedo creerlo- murmuró Magnus al separarse de Will. Entonces Max apareció a unos metros de ellos, completamente limpio y sin la herida en la pierna.
-Max!- gritaron ambos hombres, corriendo hacia el pequeño. Max se giró y los vio, sus ojos se llenaron de lagrimas al instante.
-Magnus!- el Brujo se lanzó de rodillas al llegar al lado del niño y lo abrazó fuertemente. Max se aferró a él y escondió el rostro en el pecho del Brujo, llorando fuertemente.
-Ya está bien, estas bien, estas a salvo, Max- decía suavemente el Subterráneo mientras le acariciaba el cabello. Will también se había arrodillado y buscaba heridas en el cuerpo del niño. Al separarse, Max sonreía un poco.
-Gané?- preguntó con voz entrecortada. Will y Magnus le sonrieron.
-Por supuesto que ganaste- le dijo Will- lo hiciste, Max. Superaste todas las pruebas.
-Volverás con tu familia- le dijo Magnus señalando detrás de ellos con un movimiento de cabeza. Max se giró y vio a sus padres y hermanos en una pantalla.
-Mamá! Papá!- saltó Max, corriendo hacia ellos. Todos lucían felices. Completamente agotados y con los ojos hinchados, pero felices- gané!
-Ganaste!- saltaron sus tres hermanos. Max rió y se pegó a la pantalla, Maryse y Robert también lo hicieron.
-Volveré con ustedes.
-No podemos esperar a que llegues, cariño- dijo Maryse soltando un par de lágrimas. Magnus y Will se acercaron a la pantalla también. Alec se pegó a la pantalla mirando fijamente a Magnus. No podía expresar lo agradecido que estaba con su novio. El ojiazul pasó saliva y puso su mano sobre la pantalla. Magnus levantó su propia mano y la puso sobre la de él, sonriendo.
-Felicitaciones, pequeño- Asmodeus apareció detrás de ellos y Max, por instinto, se ocultó detrás de Magnus- eres el indiscutible ganador de nuestro juego!
-Vuelve al Instituto hoy mismo- dijo Magnus firmemente, Asmodeus soltó una risa.
-Pero que desconfiado, hijo mío- le dijo- pos supuesto que vuelve hoy, no precisamente al Instituto, pero vuelve.
-Pero dijeron que...
-No puedo hacer nada dentro de un Instituto Nefilim, pequeño- interrumpió Asmodeus a Max- además, el tipo de magia que usaré es muy específica, así que regresaras justo en el lugar en donde moriste.
-Idris- murmuraron los padres Lightwood, maquinando a toda potencia el cómo llegarían sin perder tiempo.
-Tenemos que...
-Esperen a que regrese Magnus, hará un portal- dijo Alec como si leyera los pensamientos de sus padres.
-Prepárate a dar un estirón, volverás de once años- dijo Asmodeus y Max abrió mucho los ojos.
-Once?- preguntó el niño mirando a Magnus.
-Bueno, ya pasaron dos años- le dijo el Brujo encogiéndose de hombros- o quieres volver de nueve?
-No!- saltó Max- si vuelvo de nueve me tendré que esperar años a que mamá se digne a dejarme entrenar.
-Sabia decisión- rió Will.
-Y tu, Magnus- dijo Asmodeus llamando la atención de todos nuevamente- aparentemente ni siquiera recuerdas que tu también ganaste algo.
-Oh- murmuró Magnus, efectivamente, ya se le había olvidado su premio.
-Tienes un favor, lo que quieras, sin necesidad de pagar un precio- le explicó Asmodeus solemnemente- tiene que ser un favor específicamente para mi, no a los demás Príncipes del infierno.
-No quiero tener nada que ver con ti...
-Ya, ya, deja de dramatizar- lo interrumpió el demonio con un ademan de la mano- no tienes que pedirlo justo ahora. Aquí tienes.
-Esto qué es?- preguntó Magnus al ver que su padre le tendía un pergamino enrollado y sellado. Magnus no lo tomó.
-Es el equivalente a mi palabra- respondió Asmodeus- cuando ya hayas pensado lo que quieres, solamente ábrelo, apareceré en donde estés y podrás pedirme lo que quieras sin necesidad de hacer todo el ritual para llamarme.
-Ya te dije que no...
-Tómalo, Magnus- lo interrumpió nuevamente- tal vez no lo necesites ahora, tal vez no este año, tal vez no esta década. Pero cuando a ese Nefilim tuyo se le acabe la vida, este pedazo de papel puede ser de gran alivio.
Todos se paralizaron. Los Lightwood escucharon a Alec soltar un jadeo de sorpresa, pero no dijeron nada. Maryse miró a su hijo, preocupada, e Izzy tomó la mano de su hermano mayor y le dio un apretón. Magnus también se había quedado helado, mirando fijamente a los ojos de su padre, idénticos a los de él. No se atrevería a volver inmortal a Alec, sabía que el chico no lo deseaba, tampoco él quería ser mortal, y en realidad no creía correcto pedir años prestados para Alec. Pero... aun así... Magnus estiró la mano y tomó el pergamino.
-Buen chico- dijo Asmodeus sonriendo y mostrando sus afilados dientes.
-Por qué Magnus tiene un Nefilim?- preguntó Max a Will, su mente inocente pensando que Magnus tendría un Nefilim mascota. Will simplemente le acarició la cabeza con una media sonrisa en los labios.
-Crees que es lo correcto?- le preguntó Will al brujo en voz baja. Magnus suspiró.
-La desesperación te lleva a cometer locuras- murmuró Magnus guardando el pergamino en el bolsillo de su chaqueta.
-Pequeño Lightwood, dile adiós a tu familia por ahora- dijo Asmodeus, después se dedicó a trazar un pentagrama y varios símbolos más en el suelo. Max se giró hacia Will.
-Ve tu- le dijo señalando la pantalla con un movimiento de cabeza.
-Qué?- le preguntó el mayor.
-Despídete de tu familia- le respondió Max- yo volveré con la mía en poco tiempo, tu ve a la pantalla ahora.
-Max- murmuró Maryse. Ambos padres Lightwood miraron con orgullo a su pequeño. Will estiró la mano y le revolvió el cabello cariñosamente.
-Voy a extrañarte, mocoso- le dijo con una sonrisa.
-Yo también, muchas gracias por todo, Will- Max se lanzó hacia adelante y abrazó al hombre. Al separarse, Will fue rápidamente hacia Magnus.
-Muchas gracias por traerme de vuelta- le dijo Will, Magnus le sonrió- por dejarme ver a Tessa y Jem nuevamente.
-Muchas gracias por ayudarme. Por ayudarnos- le dijo Magnus, ambos se abrazaron fuertemente. Los Lightwood se apartaron un poco de la pantalla, era hora de que Tessa y Jem tuvieran su privacidad con Will. Maryse se abrazó a su hija fuertemente, ambas lloraban de alegría. Robert pasó un brazo por los hombros de Alec y el otro por los de Jace, toda la familia estaba demasiado feliz. Will se acerco a la pantalla; su pecho lleno de sentimientos encontrados; no quería irse y despedirse para siempre otra vez, pero estaba agradecido no solo por haber vuelto para ayudar a Max si no para darle un vistazo a la vida de las dos personas más importantes en su vida. Estaba triste por tener que irse pero feliz de dejarlos juntos; el uno con el otro para cuidarse.
-Bueno; supongo que esta vez sí es un adiós- dijo Tessa; intentaba sonreír aunque una lagrimilla rebelde se escapo.
-Por supuesto que no- negó Will- jamás me perdería la boda de mi Parabatai con mi esposa- aseguro guiñado un ojo a Jem quien sonrió.
-Seguro conseguirías la forma de volver para ser nuestra dama de honor.
-Con un vestido malva- aseguro Will; los tres rieron. Sin embargo Will se enserio- quiero que se amen y sean felices. No saben lo feliz que me hace saber que se tienen el uno al otro; que estas curado Jem, siempre quise ser yo quien lograra dar con la cura no pude pero el destino quiso que a través de mi familia lo consiguieras... aunque fuera un rubio pseudo-Lightwood- agrego señalando a Jace cuando su discurso corría el riesgo de volverse muy sensible- ahora, vayan a celebrar que Max ha vuelto.
-No creo que sea correcto, no seas inoportuno Will- lo riño Tessa.
-Entonces vayan a conservar el apellido Carstairs.
-William- lo riño esta vez Jem, ruborizándose; Tessa rió.
-Al más guapo deben ponerle mi nombre- dijo Will con una sonrisa.
-Listo, chico, ven aquí- llamó Asmodeus a Max. El niño miró a su familia y le sonrió ampliamente antes de despedirse de ellos con la mano.
-Te estaremos esperando allá, Max- le dijo Magnus sonriéndole.
-Sip- dijo el pequeño alegremente, se despidió con la mano también de Will y después entró al pentagrama que le indicaba Asmodeus.
-William- dijo Magnus dándole otro ultimo abrazo al Herondale.
-Bane- dijo Will devolviendo el abrazo. Una brillante luz llamó su atención, se giraron para ver a Max siendo envuelto por una brillante luz blanca. Magnus le sonrió a Will y se apresuró a salir de ahí y dirigirse a su departamento. Will corrió hacia la pantalla, donde Tessa y Jem seguían observándolo.
-Ave atque vale, mi Parabatai- dijo Will poniendo sus manos sobre la pantalla. Jem y Tessa pusieron una mano sobre cada una de Will.
-Ave atque vale- susurró Jem. Tessa comenzó a sollozar y soltar lagrimas cuando una brillante luz envolvió a Will.
-Mi Tessa. Cuídense, los amo- fue lo ultimo que escucharon antes de que la pantalla desapareciera y diera lugar al enorme ventanal de Magnus. Will se había ido, de nuevo. Tessa comenzó a llorar fuertemente y Jem tuvo que sostenerla para que no cayera hasta el suelo. Estaban felices, si, pero aun así sentían un enorme vacío en el pecho. Los Lightwood se apartaron de la sala, dándoles privacidad. Jem llevó a Tessa a un sillón y se quedaron ahí, abrazados y consolándose el uno al otro.
-o-o-o-o-o-o-o-
Magnus corrió hasta su departamento y saltó los escalones de dos en dos. Estaba que no cabía en sí de felicidad, no se imaginaba como estarían los Lightwood. Pero al entrar en su departamento, en lugar de risas, felicitaciones y abrazos, solo consiguió gritos desesperados y zarandeos bruscos.
-Tenemos que ir a Idris de inmediato!
-Magnus! La casa de los Penhallow!
-Tienes que hacer un portal, es el método mas rápido!- los cinco Lightwood lo rodeaban y lo bombardeaban con peticiones.
-Ya, ya, tranquilos! Déjenme respirar!- les dijo Magnus escabulléndose y entrando a su departamento, alejándose de la locamente desesperada familia.
-Magnus, por favor, tenemos que llegar a Idris lo mas pronto posible- le dijo Alec acercándose a su novio.
-Alec, para ir a Idris por portal necesito un permiso que...
-Al diablo el permiso! Haz el portal!- lo interrumpió Izzy. Pero Magnus recordaba la última vez que había ido a Idris sin el permiso necesario, no le habían hecho nada por que estaban en medio de una crisis, pero ahora era el representante de los Brujos en el consejo, si él no seguía las reglas como pondría el ejemplo?
-Si hago un portal sin pedir permiso, Jia me va a...
-Soy el Inquisidor! Tengo el poder de otorgar permiso, hazlo!- saltó Robert, Magnus lo miró con las cejas alzadas.
-Bien, de acuerdo- Magnus se concentró y rápidamente abrió un portal, justo a la puerta principal de la casa de los Penhallow- no pueden pedir mejor portal.
-Vamos- le dijo Robert a Maryse, dándole un empujoncito para que pasara primero. Los padres Lightwood fueron los primeros en pasar corriendo, ni siquiera esperaron a que sus demás hijos o el Brujo cruzaran, corrieron a la puerta y comenzaron a golpearla desesperados por que les abrieran.
-Jia! Abre la puerta!
-Jia!- los chicos Lightwood pasaron por el portal detrás de sus padres, seguidos por Magnus. Jia Penhallow abrió la puerta, luciendo sorprendida y confundida.
-Pero que... Maryse?- sin siquiera disculparse o pedir permiso, Robert y Maryse entraron corriendo a la casa y se dirigieron a la cocina, donde había ocurrido la desgracia. Jia miró a los chicos Lightwood seguir a sus padres y después vio como Magnus cerraba el portal- Magnus Bane! Acaso hiciste un portal a Idris sin permiso?!
-El Inquisidor me obligó!- se excusó Magnus señalando hacia la puerta, por la que Robert había desaparecido.
-Pero que, en el nombre del Ángel, está pasando?- preguntó Jia siguiendo a los Lightwood hacia su cocina, Magnus fue detrás de ella.
-Magnus, no está- le dijo Alec en cuanto el Brujo entró en la cocina. Los cinco Lightwoods estaban en la cocina, Robert y Maryse de pie en una esquina, donde Magnus supuso habían encontrado el cuerpo de Max. Isabelle miraba alrededor, desesperada. Jace la seguía intentando calmarla.
-Que es lo que buscan?- preguntó Jia, en ese momento Maryse soltó un sollozo y Robert se apresuró a abrazarla, Jia se quedó sin habla.
-No puede ser- murmuró Izzy comenzando a respirar rápidamente, a punto de soltar el llanto- no puede ser, tiene que estar aquí! Tiene que!
-Izzy, cálmate- le dijo Jace tomándola del brazo y acercándola a él, pero la chica se sacudió el agarre.
-Dijeron que regresaría a este lugar, Magnus, por que no esta?!- exclamó la muchacha soltando lagrimas y dirigiéndose hacia el Brujo.
-Quien...
-Tal vez no murió aquí- dijo Magnus provocando que los Lightwood lo miraran.
-Lo encontramos aquí- dijo Robert con un nudo en la garganta.
-Pero de que...- Jia se interrumpió con un jadeo al recordar la única muerte que había ocurrido en su casa.
-Tal vez... tal vez Sebastian lo movió de lugar- dijo Izzy- para que yo no lo viera y así atacarme a mi también.
-Entonces, en donde...
-Mamá?- el corazón de todos se detuvo, Maryse salió corriendo de la cocina tan rápido que nadie se dio cuenta hasta que cruzó la puerta.
-Max?!- todos salieron de la cocina después de Maryse. Magnus y Jia se quedaron atrás, el primero dándole espacio a la familia, la segunda aun sin saber qué pasaba. Todos tenían el corazón en el puño. Todos estaban desesperados por volver a ver al pequeño. Magnus contuvo el aliento esperando ver a Max, se había esforzado muchísimo porque Max pudiese regresar. Si esto era solo otro simple truco de los demonios para alimentarse del dolor de la familia Lightwood, personalmente se haría cargo de hacer pagar a su padre. No tenía idea de cómo, pero juraba por todos los demonios, ángeles y dioses que lo haría.
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Al fin tenemos el resultado..! Pero... acaso los demonios cumplieron con lo prometido..? Sabemos que nunca se debe confiar en ellos...
