Marinette


—Perfecto—terminé de untar aquella sustancia espesa sobre la rodilla de la pequeña duendecilla y coloqué la palma de mi mano enfrente para que pudiera subirse. No había mejor remedio contra una caída que el flujo de la Copaiba, un poquito de ésta planta y cualquier herida cicatrizaría al instante.—Creo que con esto debería bastar.

La pequeña, gateó con dificultad hacia mi mano y cuando se subió, la levanté para ponerla enfrente de mi rostro.

—¿Te encuentras mejor?—pregunté, preocupada.—Puede que el dolor tarde un poco en irse.

—Ya estoy muchísimo mejor—dijo, con una espléndida sonrisa en su rostro.—Gracias, Marinette—se inclinó un poco y me dio un beso en la nariz. —No sé que haría sin ti.

Sonreí y levanté mi brazo para ayudarla a subirse a la rama de un árbol.

—Con ésta ya van dos veces el mismo día—puse los brazos en jarra y la miré, fingiendo regañarla.—Ésta mañana con el enjambre de abejas y ahora esto, ¿a quien se le ocurre abalanzarse río a abajo de esa forma?

—Creía que la barca aguantaría—se excusó, agachando la mirada cómo una niña pequeña.—En ese charco funcionó.

—No puedes comparar un charco con un río, Tikki—dije apoyándome en el tronco del árbol donde estaba subida.—La corriente es muy fuerte y una hoja no puede aguantar tanto, por muy fuerte que fuera.

—Tata me dijo que eran los árboles más resistentes del bosque—murmuró cabizbaja.

—No puedes fiarte siempre de lo que te dicen—aseguré, aunque sinceramente no sé a quien engañar, porque yo era igual o más imprudente que ella.

—Claro, ¿cómo aquella vez que se te ocurrió ir a ver de cerca el nacimiento de ese ogro? Te recuerdo que eso fue idea tuya y casi nos convertimos en el aperitivo de esa familia—soltó, dándome una lección.

—Era una escena muy emotiva—dije, cómo si fuera obvio.—Además los bebés ogro son un encanto y que sepas que no te obligué a venir, solo te lo sugerí.

—Pero sabes que nunca puedo resistirme a ese tipo de propuestas. Si no me dieras envidia evitaría tentaciones.

—Claro, claro...—puse los ojos en blanco y sonreí divertida.—Ahora yo soy la culpable de los líos en los que te metes.

—De todos no, pero de la mayoría sí.

La miré molesta, y de no ser porque tenía la rodilla herida, soplaría bien fuerte para tirarla al suelo.

—¡Marinette!—una voz chillona resonó por todo el bosque y ambas nos giramos de golpe. —¡Marinette, ¿dónde demonios te has metido?!

—¡Marinette, Marinette, Marinette!—imitó Tikki malhumorada.—¿Es qué nunca pueden dejarte en paz? Cada vez que tienes un momento para jugar conmigo esas malditas brujas aparecen para fastidiarlo todo.

—Tikki ya sabes que no debes hablar así de ellas—dije, con un tono de voz cansado. No me gustaba que faltaran el respeto a mis superioras, pero tampoco podía negar que apenas me daban un respiro. —Son la mano derecha del espíritu del bosque y... mi familia.

—Lo sé, lo sé...—me interrumpió.—Pero también son unas aguafiestas. Nunca puedo jugar contigo—esbozó un pequeño puchero que me enterneció el corazón y no pude evitar acercarme a ella para depositar un beso en su pequeña cabecita.

—Te prometo que en cuanto termine te buscaré para seguir donde lo dejamos—le prometí.

—¿Lo prometes?

—Lo prometo—extendí mi dedo para que ella lo cogiera y lo estrechara entre sus dos manecitas. Esa era la forma de sellar los tratos entre nosotras.

No quise distraerme mucho más. Las driadas mayores no solían ser muy pacientes y prefería no tentar su ira para salir airosa de la situación.

Caminé hacia el centro del bosque, apartando las ramas que caían frondosas de los árboles más antiguos hasta llegar a un gran claro donde un lago rodeado de flora conformaba el refugio de las driadas.

—Oh, ya era hora, te he estado esperando—Lila, una de las driadas antiguas levantó la mirada, apartándose con elegancia su larga melena cobriza.—¿Dónde se supone que andas metida?

—Ehh... Esto... Estaba con Tikki, en la parte norte del bosque—expliqué, colocándome delante de ella, a la espera de sus siguientes órdenes.

—¡Ogh! Otra vez con esos bichejos—esbozó una mueca y se acomodó en la gran roca que había junto al lago.—¿Cuántas veces tengo que decirte que no te mezcles con las bajezas del bosque?—pasó su mirada por todo mi cuerpo y parece que su malestar aumentó—¿Y qué es ese pelo? Una de las mejores cualidades de una dríada es la belleza y jamás estarás al altura si vas siempre despeinada.

—Según Dáida, todos somos iguales ante el espíritu del bosque, no debería haber diferencias entre las especies—dije, defendiendo a mi pequeña amiga sin sonar muy brusca. En cuanto a lo de mi aspecto... Preferí ignorarla.

—Dáida y su gran corazón—ironizó, rodando los ojos. Se incorporó y miró su reflejo una y otra vez en el agua.—Cómo no, pero cómo sea, ¿fabricaste ese tónico que te dije? Quiero suavizar la piel de mis manos, últimamente las tengo muy ásperas. Esos estúpidos humanos, siempre me hacen fastidiarme mi preciado don.

—Recolecté las hierbas, pero aún no está listo del todo—me mordí el labio inferior, frotándome las manos con nerviosismo.

—¡¿Y por qué no está listo?!—me gritó, girándose hacia mí—¡¿Qué hay más importante que mi tónico?!

—B-Bueno, es que yo... —titubeé, nerviosa, buscando una excusa lo suficientemente buena que me sacara de ese lío.

—¡¡Marinette!!—me llamó otra superiora.—¡¡Marinette!!

Me giré sobre mis talones, buscando a la dueña de la voz.

—La señora Edel me llama...—dije, caminando hacia atrás.—Será mejor que vaya a ver qué quiere.

—¡Ah! ¡No! ¡Tú no te mueves de aquí hasta que me fabriques mi tónico!—sentenció.

—¡¡Marinette!!—insistió Edel y de inmediato di un repingo, sobresaltada.

—Lo siento... Pero se enfada mucho cuando la ignoran—retrocedí poco a poco, ignorando las voces que Lila había empezado a propinar a los cuatro vientos.

—Ni se te ocurra marcharte—me gritó.—¡Marinette!

Eché a correr, acercándome a Edel, otra de las driadas antiguas. No hizo falta que me viera de frente para saber que estaba ahí, pues en cuanto me acerqué a unos pasos de ella habló sin pesarlo:

—¿Has recogido los frutos que te dije?—dijo, metiéndose un puñado de vallas a la boca. El jugo de éstas empezó a chorrear por su barbilla y por instinto arrugué mi nariz.

—Así es...—dije.—De hecho... son las que se está comiendo ahora mismo.

—¿A sí?—se miró las vallas que tenía en la cesta y giró la cabeza hacia mí.—Pues entonces recoge más, quiero muchas más. Yo no me alimento con el aire cómo tú, jovencita. Necesito alimento para sustentarme, y tú deberías hacer lo mismo—Se giró hacia mí y me miró de arriba abajo—Estás tan delgada que te llevará el viento un día de éstos.

Rodé los ojos disimuladamente para no contradecir su comentario. En el mejor de los casos, era ella la que debería dejar de comer como si se fuera a morir mañana, lo cual aclaro. Es imposible.

—Lo tendré siempre presente Edel— dije algo nerviosa por la forma en como engullía los frutos silvestres de manera que hiciera incluso soniditos molestos al masticar y gemir de gozo por el sabor de las vallas.

—Deberías— habló esta vez con dificultad al tener la boca llena.

Asentí y sin más demora, recogí una cesta y me adentré en el bosque donde podía encontrar una gran variedad de frutas silvestres para mi glotona superior.

Tendría que haber traído más de una cesta conociendo la cantidad de comida que se manda a la boca.

Me dio escalofríosal recordar esas vallas siendo mascadas por ella y su barbilla chorreada por el líquido rojizo de las frutas.

Finalmente, encontré varios arbustos de fresas, empecé a recoger una por una y echarla a la cesta. Ya llevaba una muy buena cantidad, pero tendria que llenar la cesta hasta el borde si quería tranquilizar el hambre de Edel, por ahora.

Y después de ésto tengo que fabricar el tónico de Lila, que horror

—Tengo que darme prisa— me apresuré a recoger con velocidad los pequeños frutos, sin importar que las espinas se clavaran en mis dedos dificultandome la tarea, después me pondría el flujo de Copaiba sobrante de cuando curé a Tikki.

—¡Listo!— había llenado la cesta hasta el borde como había prometido, hubo incluso algunas fresas que cayeron al suelo al no poder equilibrarse bien dentro de la canastilla.

Agarré firmemente la cesta con el botín de Edel y procedí a correr con cuidado de que no se cayeran las pequeñas fresas. Aún tenía trabajo que hacer.

Dejé la cesta a un lado de la superiora Edel y terminé haciendo otra carrera para preparar el tónico que suavisaría las manos de Lila, los ingredientes eran algo difíciles de conseguir. Pero finalmente los tenia conmigo, y solo haría falta mezclarlos para obtener el anhelado tónico.

—Un poco de savia de roble, pétalos de lavanda triturados, pelusa de diente de león...

Seguía arrojando uno y otro ingrediente al pequeño caldero que uitilizaba para hacer infusiones, en la mayor parte, pedidos de Lila, como un perfume de agua de rosas, mascarillas de frutas para su rostro, cremas para el cabello y un millar de cosas que servían para mantener intacta su belleza, al menos eso es lo que ella decía.

Seguí removiendo con fuerza los ingredientes mezclados en el caldero y cuando la mezcla se empezó a tornar entre morada y verde, supe que estaba listo. Vertí el espeso líquido en un cuenco de madera y procedí a cerrarlo bien para que no se derramara el contenido. Solo era cosa de entregarselo a Lila para que deje de hacer berrinche.

El día fue muy duro después de aquella faena. Ser una driada novata significaba servir a las driadas superiores, las mayores y más poderosas driadas que han pisado la tierra. Han vivido siglos y siglos prestando sus poderes para servir y proteger al bosque. Además de que eramos las únicas driadas que quedabamos en la tierra. Las driadas vecinas que estaba encargadas de cuidar la zona contraria del bosqe habían ido desapareciendo poco a poco.

Nos protegiamos unas a las otras con la única y más sencilla regla. "No salir jamás del bosque"

Nuestro mundo estaba siendo amenazado por la raza humana, la cantidad de criaturas mágicas que habían desaparecido era cada vez más preocupante y todo por culpa de esos seres a los que llamaban humanos.

Daida siempre ha dicho que el odio que sienten por nosotros era una forma de purificarse así mismos, sintiéndose una especie superior, más fuerte y más inteligente.

Caminé por un largo tiempo por el sendero del bosque. Quería descansar un poco y desahogarme. Había sido realmente cansado ir de allá para acá buscando complacer a mis superioras.

Por suerte para mí, tenía un lugar especial secreto al que podía ir a relajarme, era un sitio muy tranquilo en donde gozaba de la compañía de las aves sobre las ramas de los árboles y del sonido del pequeño riachuelo que estaba allí.

El crujir de las hojas y las ramas llamaron mi atención, eran pisadas, pisadas de algún ser extraño que había descubierto mi lugar especial.

Me oculté detrás de unos arbustos para mirar mejor a los intrusos, jadeé sorprendida al ver quienes eran los invasores.

Humanos.

¿Cómo puede ser? Hacía años que ningún humano entraba a aquella zona del bosque. Jamás se habían adentrado tanto.

Trate de relajarme y quizás pensar en un método para lograr escapar sin que ninguno de ellos se diera cuenta, eran demasiados, si me descubrían era mi fin.

Traté de escabullirme por un sendero cubierto por un espeso césped y correr, pero algo captó mi atención en la conversación de aquellos malvados seres.

—Kim hermano, ¿No crees que deberías buscar un poco de leña para hacer la fogata?, está por oscurecer y nos quedaremos sin luz antes de terminar de armar el campamento.— habló uno de ellos que tenía la piel un tanto oscura y traía en sus manos un montón de ramas alargadas junto con una tela color blanca que estaba posada enla hierba.

Otro tipo de esos un poco más robusto que el que habló, entró en escena con una filosa y enorme hacha de metal en sus manos y miró fijamente el árbol que estaba a su izquierda.

—Tranquilo viejo, yo me encargó— se mofó caminando hacia el árbol, MI árbol.

Sentí como un nudo se cernía en mi estómago y mis ojos se abrieron como platos al ver las intenciones: iban a talarlo.

"¡No! No puede hacerlo. No será Capaz" pensé, pero al ver su cercana distancia me di cuenta de que aquel hombre no pensaba darle tregua a mi árbol.

"Tengo que hacer algo"

Sin pensar en nada más que salvar el árbol que por tantos años había protegido y cuidado, canalizé mi poder en mis manos con la mirada fúrica posada en los hombres que trataban de lastimar mi árbol. Una pequeña luz verde resplandeció en el suelo, y en silencio ordené que una enredadera de espinas se alzara en dirección al hombre y la planta que brotó del suelo muy obediente, se enroscó a los pies del hombre haciéndolo tropezar.

—¿Qué demonios...?

—¡Kim!— gritó uno de ellos angustiado al ver que su compañero había caído de lleno al suelo siendo estrujado por una de mis enredaderas.

—¿Qué mierda fue eso?— espetó molesto el hombre al que había atacado.

Te lo tenias merecido

Continúe haciendo brotar varias plantas asustando un poco a los humanos presentes, que corrían en direcciones contrarias tratando de evitar ser agarrado por una de mis serpientes de hojas.

Estaba satisfecha con el resultado, había logrado que se olvidaran por completo de su objetivo principal, que era talar el árbol con el que había pasado mis años creciendo para convertirme en una driada.

Una sonrisa apareció en mi rostro al ver como se diapersaban gritando y tratando de destrozar las hojas y ramas que se alzaban contra ellos furiosas.

—Vaya, vaya, vaya... Pero que tenemos aquí — habló una voz detrás de mi, ronca y profunda tanto como para hacer que mi cuerpo temblara de miedo.—Así que eras tú...

Me habían descubierto, el miedo que me causó voltear hasta ver quien era, me causó un respingo de sorpresa y mis poderes dejaron de fluir, haciendo que las plantas cayeran lángidas al suelo.

...

Capitulo 2 listo!

Hola a todos y bienvenidos a la segunda parte de esta nueva historia!

Qué os ha parecido?

En este cap se nos presenta a nuestra preciosísima Marinette!

¿Qué os ha parecido este personaje?

Y cómo vemos, las driadas mayores aprovechan su posición para tenerla cómo su cenicienta, ¿qué opináis de estas criaturas?

Y para finalizar, Mari ha sido interceptada por humanos y no simples humanos si no los compañeros de Adrien, pero... Parece que él no estaba por allí... ¿Andará cerca?

¿Qué pasará con Mari?

Todo eso y mucho más en los próximos caps!