CAP IV
"Ben…" Su cabeza le dolía. Era un dolor extraño, como si se tratase de una aguja picándole el cerebro. "Ben…" Quería mantener los ojos cerrados. Deseaba volver a sumergirse al mundo de la inconsciencia. Eso era mejor que aquel dolor. "Ben… ¡Ben!" Pero aquella voz no lo dejaba en paz.
Abrió los ojos de golpe, cegándose por una luz proveniente de un hueco. Frunció el ceño y escrutó el provenir de la luz. Había una especie de hueco cubierto de barrotes de metal. La intensa luz no era otra cosa que el resplandor de los dos soles de Tatooine.
Ben se reincorporó lentamente, sintiéndose mareado. Se llevó las manos a la cabeza y se sorprendió de tener unas esposas de metal corroído y mohoso en sus muñecas. La miró estupefacto, para luego tener una explosión de recuerdos. Él había sido atacado por unos cazarrecompensas. Él y… ¡Rey!
—¡Rey!— gritó, conmocionado. No podía sentirla en la fuerza. ¿Acaso le habían hecho algo?
Hubo un sonido de cadenas al otro lado de aquel espacio. Que ahora que lo miraba, era una celda sucia y subterránea. —Estoy aquí,— murmuró Rey. Él se giró para observarla, buscando algún rastro de herida en ella. Por suerte, ella estaba inerte. Solo esposada en las muñecas igual que él.
—Rey, ¿estás bien? ¿Estás herida?— la bombardeó de preguntas.
—Estoy bien, estoy bien. Me desperté no hace mucho…— Ella lucía asustada y perpleja.
—¿Dónde estamos?— preguntó Ben, enojado de estar esposado. Sentía el frío metal corroído rasguñar la piel de sus muñecas. —¿Cómo llegamos aquí?— La joven negó la cabeza, incapaz de responder sus preguntas. —Lo averiguaremos luego. Por ahora, solo usemos la fuerza para salir de este lugar…—
—Ben…—
Él enfocó toda su atención en las esposas. Sería sencillo. Ni siquiera necesitaba demasiada fuerza. Solo debía enfocarse y estas se romperían… Ben miró fijamente las esposas, pero nada sucedió. Incrédulo, buscó la fuerza en su interior, pero lo que encontró lo dejó horrorizado. No sentía nada. No había nada. Su interior estaba en silencio. Había un vació en el lugar donde debía de estar la fuerza.
Ben no podía acceder a la fuerza.
Miró a Rey, aterrado. —No sé que ocurre, pero tampoco puedo utilizar la fuerza. Es como… es como si no estuviera ahí.—
Ben recostó su espalda de la pared. —Esto es imposible.— Desde que tomó por primera vez una bocanada de aire en este mundo, él siempre había percibido la fuerza. Siempre estaba ahí, latente. Tenía un espacio en su interior que podía confortarlo pero también atormentarlo. Nunca había percibido su ausencia, pero ahora…
Ahora no estaba ahí.
Rey se arrastró para llegar a él, sin embargo, las esposas no le permitían acercarse demasiado. Él intentó hacer lo mismo, solo para sostenerla y pensar juntos que podía estar pasando, pero de igual forma no pudo llegar hasta ella. Solo las yemas de sus dedos lograron alcanzarse. No era suficiente pero al menos lograba brindarle cierto conforte a su despavorido interior.
Enojado, intentó liberarse del amarre, moviéndose con brusquedad, halándolo y gritando maldiciones. —¡Detente! ¡Estás haciéndote daño!— gritó Rey, haciéndolo parar con su razonamiento. Ben se observó las muñecas y se percató de que, en efecto, se había cortado. La sangre no era demasiada, pero le había manchado las ropas sencillas que poseía. —No podemos actuar así… debemos pensar qué hacer y por qué estamos aquí.—
Se tragó los deseos de gritar y pegarle a la pared. De nada serviría. Estaban atrapado en un lugar desconocido por alguien desconocido y por razones desconocidas. ¿Quién deseaba atraparlo? El nuevo Senado y la Resistencia era dudoso, pues si hubiese sido así, Rey no estaría allí junto a él. Ben no era tonto, sabía que tenía cientos de enemigos en la galaxia, pero dudaba que alguno de ellos fuera. Además, la gran parte de ellos estaban muertos. Entonces, ¿qué diablos había pasado? ¿Por qué habían sido atacados por cazarrecompensas? Y más importante, ¿por qué no podían conectarse a la fuerza?
Miró al hueco superior. —Aún seguimos en Tatooine.— Cambió la mirada cuando la iluminación de los dos soles le molestó en las pupilas. Además de ese hueco que era lo único que brindaba iluminación y aire fresco, solo había una puerta de metal. Intentó acercarse a ella, pero las esposas se lo impidieron. Fuera quien fuese el que los había secuestrado, los había amarrado con toda la intención de que no pudieran acercarse a la única salida.
Fatigado, se dejó caer una vez más contra la pared. Hacía calor. A duras penas entraba algo de aire fresco por aquella rendija. Observó a Rey cruzar sus piernas y respirar profundo. Ella no parecía sentir el calor, quizás porque estaba acostumbrada al clima desértico de Jakku. Probablemente ella podría pasar algunos días sin la necesidad de tomar agua o respirar aire fresco, pero él… probablemente moriría.
Ninguno de los dos habló durante horas. Estaban sumergidos en sus propios pensamientos, miedos y dificultades como para hablar. Cuando la noche cayó, las tres lunas de Tatooine iluminaron el cielo. Podían verse las estrellas brillar, aunque su luz no fuera tanta como para eliminar la oscuridad de aquel lugar.
—Siempre me ha gustado ver las estrellas. Era lo único que tenía en Jakku. Era lo único que me daba esperanza, pues sabía que en algún lugar cercano a ellas estarían mis padres.— Se incorporó al escuchar a Rey hablar. Estaba sentada con su mentón recostado sobre sus rodillas. La tenue luz solo podía iluminar la mitad de su rostro.
Ben observó el cielo estrellado. —Mentiría si dijera que alguna vez me detuve a mirarlas. Siempre he tenido demasiadas cosas en la mente como para hacerlo.— Incluso de niño, cuando era feliz e inocente según su madre, siempre encontraba algo que hacer antes de mirar las estrellas. —Solo están ahí, como un fondo inerte para toda la tragedia en esta maldita galaxia.—
—Tal y como el resto de los que habitamos la galaxia, ¿no?— La réplica de Rey lo tomó por sorpresa. —Todos hemos sido como ellas en algún momento. Inertes mientras la tragedia sucede a nuestro alrededor, incapaces de hacer algo para evitarlo.—
—Algunos también hemos sido los causantes de esa misma tragedia,— escupió, recordando como había sido parte de un genocidio de planetas. Aún podía imaginarse los gritos de todos los millones de criaturas que habían muerto bajo la Primera Orden.
—Y al final han colaborado para detenerla.— Rey, siendo aquel rayo de luz en la oscuridad, le brindó un conforte. No era suficiente, por supuesto. Había estado involucrado en el asesinato de millones. "Pero ayudaste a salvar a toda una galaxia y muchos más millones de seres al regresar al lado de la luz." No era suficiente. Nada seria suficiente para ocultar aquella espina en su espíritu. —Son encantadoras, ¿no crees?— preguntó Rey, sus ojos verdes fijos en las lejanas estrellas.
Ben la observó fijamente, ahogándose en la belleza bañada por los tibios rayos celestes. —Lo es.—
Se quedaron dormidos, mirándose desde los lados opuestos. Solo podían tocarse las yemas de sus dedos si se esforzaban. Lo intentaron cientos de veces hasta que el sueño y el cansancio pudo con ellos. Aún así, sus manos se quedaron extendidas, intentando alcanzarse en medio de la densa oscuridad del desierto.
Se despertaron de golpe cuando la puerta de la prisión se abrió. Dos cazarrecompensas con los rostros ocultos entraron. Los tomaron por las cadenas, y cuando Ben intentó pasarse de listo e intentó golpear a uno de los hombres, estos no lo dejaron pasar. Lo golpearon en la cara y en el estómago en varias ocasiones. Rey intentó acercarse a él, pero fue empujada hacia el otro lado. Al final, al borde de perder la consciencia, Ben observó como los llevaron a rastras por un largo pasillo. No estaba seguro de donde estaban, pero tenía la sospecha que era en un lugar debajo de la tierra. Algo así como una guarida subterránea. No iba a sorprenderle si al fina resultaba ser cierta su hipótesis pues sabía que muchas personas vivían de esa forma en planetas del tipo de Tatooine.
—¿A dónde nos llevan? ¿Qué quieren de nosotros? ¿Quiénes son ustedes?— escuchó a Rey gritar. Ninguno de los cazarrecompensas dijo algo.
Desde donde estaba, tirado en el piso y siendo arrastrado por sus manos desde encima de su cabeza, miró a Rey y negó la cabeza. —No pierdas las energías con ellos. Solo son los que hacen los mandados.— Ante su insulto, uno de los cazarrecompensas lo golpeó en la cara, rompiéndole el labio. Ben sonrió. —Apuesto a que saber la verdad duele.—
—Si no te callas explotaré tú cabeza, escoria jedi.— Uno de los cazarrecompensas, el más alto y fornido, de casco negro y franjas verdes, lo apuntó con su bláster.
El otro hombre, una cabeza más baja y de casco negro con franjas azules, llevó su mano al bláster de su compañero. Ben dedujo que ese era el líder. —Ya basta.— Por como su casco se quedó fijo en él, Ben imaginó que el hombre tras el casco lo estaba escrutando. —Continuemos,— dijo luego de unos largos segundos en silencio.
Los arrastraron hasta lo que parecía ser un salón. Era amplio y mucho más limpio de la celda en donde los mantuvieron, sin embargo, ante los ojos de Ben este lugar no dejaba de ser desagradable. Observó a varios seres detenidos en diferentes lugares de aquel salón, indiferentes a que dos personas fueran arrastradas por el corredor. Escuchó música de fondo y risas de mujeres. También percibió el aroma a comida.
Los dejaron caer en medio del salón y en frente de lo que parecía ser una plataforma para alguien o algo. Ben tosió y como pudo dado a sus manos esposadas, limpió la sangre de su labio. Rey cayó de rodillas a su lado, y tan pronto pudo recomponerse, le tomó de las manos. Ambos estaban metidos en grandes problemas y sin tener acceso a la fuerza. Cómo saldrían de ello, Ben no estaba seguro.
—¿Estos son?— Una voz gutural provino desde la plataforma frente a ellos. Ben subió la mirada y se encontró con una criatura parecida a una babosa gigante. Sus ojos eran pequeños y de un intenso color chocolate. A Ben le parecía que su mirada era una confiada y sagaz. Era un hutt, de eso estaba cien por ciento seguro. Se había topado con algunos de su calaña una que otra vez, pero este frente a él era más pequeño en tamaño en comparación a los de su especie.
Pero Ben tendría que ser muy estúpido como para pensar que el tamaño pequeño de la criatura implicaría menos riesgo.
Los hutt eran criaturas asquerosas. No solo por su aspecto, sino que para él eran criaturas de bajo nivel. Astutos y con soberbia de tener más. Ya fuera comida, créditos, sexo o siervos. Siempre querían más. Eso era lo que los empujaba a sus muertes con frecuencia.
—Sí, Lord Zove. Ellos son los jedi que provocaron problemas en la ciudad hace unos días.— Rey lo observó, negando la cabeza levemente. Bien, él era el causante de que los empujaran hasta las garras del hutt en mando de Tatooine.
El hutt los miró fijamente, antes de reírse. —Me divertiré más de lo que el tío Jabba pudo con aquel maldito jedi.— Ben cambió la mirada al percatarse que estaba frente a Zove el hutt, único sobrino de Jabba el hutt, quien había muerto a consecuencia de sus padres y tío. Si aquella criatura supiese quien era él, probablemente su final no sería mejor que el de Jabba.
—Aunque te torturen, no digas que sabes quien es mi madre, mi padre o mi tío,— murmuro solo para que Rey lo entendiese. La chica lo miró confundida. —Si confías en mi y quieres sobrevivir, no lo hagas.—
Aparentaba ser que debían de sobrevivir sin la fuerza, solo usando su astucia e inteligencia.
Ben dio gracias a la fuerza por tener de padre a Han Solo.
NOTA: Alguien se lo esperaba? xD
