Muy buenas! Siento muchísimo haber tardado tanto en subir este capítulo, pero aquí está. Espero que la espera haya valido la pena! Espero sus comentarios ^^

CAPÍTULO 4:

Esta mañana, Sakura se había levantado temprano, pues quería aprovechar al máximo su día de descanso. Era consciente de que no podía tomarse a la ligera el problema de Neji, pero éste había insistido en que por un día no iba a pasar nada. Caminaba por la gran mansión mientras recordaba la noche anterior. Esa vez se había quedado hasta muy tarde hablando con Neji, hasta habían cenado los dos juntos y solos. Cada vez le gustaba más la compañía del muchacho. Con él se sentía genial, pero tenía miedo. Miedo porque ese sentimiento se volviera más profundo. Miedo por volver a experimentar el rechazo.

Ya no sentía nada por su compañero de equipo, pero eso no hacía que olvidase los días que pasó enamorada de él. Volvían a ser compañeros de equipo y eso ayudó, no sabe de qué forma, a que los sentimientos de amor que tenía por el azabache se convirtieran en amistad. Una gran amistad. Pero aun así, nunca olvidaría esos días que se pasó llorando por él y no quería volver a pasar por lo mismo.

Sin darse cuenta, llegó a uno de los tantos jardines que alegraban la gran casa. Ese en especial era su favorito. Tal vez fuese la fuente redonda que siempre echaba agua, o los árboles de diferentes flores, o la presencia de alguien que siempre encontraba allí.

Neji se encontraba meditando. Parecía que hoy se había levantado con buen ánimo, pues estaba tan relajado que no había notado la presencia de Sakura, por lo que ésta, sin darse cuenta, se quedó mirando hacia él. Se acercó hasta el lugar donde estaba sentado y se colocó en su misma posición delante de él.

-¿Cómo te encuentras hoy? – Neji abrió los ojos. Hasta ese momento no se había percatado de cuánto anhelaba ver los de la chica. Sonrió.

-Bastante mejor, la verdad. Los calmantes que me das funcionan perfectamente -. Neji se quedó mirándola fijamente. Le encantaba verla sonreír y más si él era el motivo. – Tienes una sonrisa preciosa.

Sakura se quedó de piedra y se sonrojó y en su estómago aletearon miles de mariposas. Se había puesto muy nerviosa y lo único que atinó a contestar fue un "Gracias" susurrado. Una pequeña sonrisa se posó en sus labios, reflejo de la que Neji tenía en los suyos. Verla con ese sonrojo en sus dulces mejillas era otra de las cosas que a él le gustaban.

-¿Venías a decirme algo o solo pasabas por aquí?

- Quería dar un paseo por los jardines que tenéis aquí y causalmente te encontré – Esto último era mentira, pues la pelirrosa sabía de sobra que estaría aquí. Aunque le había recomendado que no se moviese de la cama, el Hyuga siempre iba a meditar ahí todas las mañanas. – Ahora iba a ir al mercado a comprar unas hierbas para hacer una medicina para después de la operación. – Un pequeño sonrojo apareció en sus mejillas de nuevo - ¿Quieres acompañarme?

El chico sonrió agradecido por la invitación.

-No sé si podré. Mi enfermera me dijo que tenía que hacer reposo y no sé qué pensará al respecto.

Sakura rió y le siguió la broma.

-Creo que a tu enfermera no le importará en absoluto que vengas conmigo a dar una vuelta por la aldea. Estoy segura de que estará encantada de que vengas.

Neji también se rió. Cada vez estaba más convencido de que le gustaba esa chica. No se amedrentaba con nada y le siguió el juego, coqueteando con él.

Se levantaron del suelo con las sonrisas aún en sus caras listos para irse al mercado entre bromas y algún que otro empujón cariñoso. Hinata los había estado observando desde su ventana. Estaba realmente feliz por Sakura, pero sobre todo por su primo. Hacía muchísimo tiempo que no le veía sonreír de esa forma y su amiga había conseguido hacer en unos pocos días lo que nadie en varios años. Estaba feliz por los dos y se preguntaba cuándo daría el paso su primo. Sabiendo cómo es él, sería pronto.

- … -

Antes de ir al mercado, Sakura tenía que ir la oficina de la Hokage a dejar los documentos que ésta había escrito sobre la enfermedad de Neji. El muchacho le esperó fuera, pues Sakura no quería que escuchase nada.

-Tsunade-sama, aquí tiene los documentos que me pidió sobre Neji -. La mujer leyó por encima las anotaciones de su alumna mientras fruncía el ceño.

-Esto es muy raro. Tienes que averiguar más sobre ese brillo extraño que viste en su ojo. En cuanto vuelvas a la mansión, hazle otro chequeo y ven aquí inmediatamente cuando hayas terminado.

Sakura asintió con la cabeza e hizo una pequeña reverencia antes de abandonar el despacho.

Cuando divisó a Neji ya en la calle, sonrió. Hasta verle de espaldas le encantaba. Suspiró. Aunque esa misma mañana había dicho que tenía miedo de sentir algo más por el Hyuga, se dio cuenta de que ya era demasiado tarde. Qué se le iba a hacer. Disfrutaría de su compañía lo máximo posible, aunque después de que se recuperase (ella estaba completamente segura de que se recuperaría del todo) no lo viese tan a menudo y eso le dolería. Pero no podía hacer nada. Ya lo tenía muy claro.

- … -

Neji y Sakura paseaban por el mercado conversando y riendo. Los dos estaban muy felices por la compañía del otro. Él no aguantaba más. Cada vez que ella se paraba en un puesto, no le quitaba el ojo a esos maravillosos labios que tanto ansiaba besar. Y qué hablar de sus preciosos ojos verdes. Le volvían loco. Todo en ella le volvía loco. No sabía si esperar a después de la operación o antes para declararse.

-¿Tú qué prefieres Neji? –El chico estaba pensando en sus cosas y no se había enterado de nada de lo que le decía la pelirrosa. Con una sonrisa, Sakura se lo volvió a repetir. – Te decía que la medicina que te voy a preparar tiene un sabor horrible, pero puedo remediarlo con otra cosa. ¿Qué prefieres: vainilla o canela?

El castaño se quedó pensando qué escoger. Con una sonrisa de lado respondió:

-Prefiero la vainilla.

Sakura no se había percatado de que la vainilla era afrodisíaca y al oír la respuesta de su compañero y ver esa sonrisa torcida que tanto le gustaba, se sonrojó mucho y le salió sin querer una risa nerviosa. Compró la vainilla que necesitaba y volvieron a caminar, esta vez hacia la mansión. Esta vez se formó un silencio para nada incómodo, pues cada uno se había enfrascado en sus propios pensamientos.

Neji no paraba de pensar en lo preciosa que era y en lo que le diría cuando decidiese declararse. Tampoco sabía cuando hacerlo. Podía decírselo hoy, mañana o después de la operación. Decidió hacerlo en el momento apropiado, el día daba igual.

Sakura no paraba de darle vueltas a lo que podía significar la respuesta del Hyuga. ¿Eso iba con segundas? ¿Quería decir que estaba interesado en ella? Estaba claro que le caía bien, pero de ahí a que le gustase ella. Con lo insegura que era no sabía qué pensar.

Sakura se había puesto un poco triste. Neji se dio cuenta y le empezó a hablar de nuevo, lo que le devolvió la sonrisa inmediatamente sin darse cuenta.

- … -

Ya en la mansión, se dirigieron a la habitación de Neji después de dejar las hierbas en la de Sakura. Tenía que volver a examinarle, por lo que le pidió que se sentase. Con la ayuda de su linterna pequeña, hizo lo mismo de la otra vez: dilató primero el ojo izquierdo y después el derecho. El primer ojo estaba perfectamente, no notó ninguna anomalía. Pero en el otro volvió a ver ese extraño brillo. Le pidió a Neji que cerrase los ojos y posó delicadamente sus dedos índice y corazón rodeados de chakra verde en su ojo cerrado, intentando percibir algo. Efectivamente notó algo extraño. Parecía una pequeña piedra pero eso era imposible. Neji se habría dado cuenta.

Volvió a examinarlo con la linterna y lo miró atentamente. Esta vez lo que vio le dejó sin palabras. Rápidamente recogió sus cosas dejando a un Neji un poco preocupado.

-¿Pasa algo Sakura? – La chica no podía responder a eso, antes tenía que ver a su maestra.

-Lo siento Neji, no puedo decírtelo. Primero tengo que ir a ver a Tsunade-sama -. El chico se entristeció un poco, pero lo comprendía – En cuanto vuelva vendré a verte.

La sonrisa de la chica le quitó todas las preocupaciones sin percatarse de que no era totalmente sincera. Sakura estaba muy preocupada.

- … -

Llegó con tanta prisa al despacho de su maestra que se le olvidó llamar antes de entrar. Tsunade la vio tan alterada que pensaba que le había pasado algo malo al Hyuga.

-Maestra, al fin he conseguido ver lo que realmente tiene Neji en el ojo. Al principio no lo podía ver bien, pero estoy totalmente segura de ello: tiene alojado en su ojo un sello. Nunca lo había visto -. Mientras hablaba, cogió una hoja en blanco y empezó a dibujarlo – Es parecido a los sellos explosivos que usamos, pero muchísimo más pequeño y con un solo kanji.

Sakura se lo enseñó a la Hokage. Ésta al verlo, se sorprendió bastante, pero a la vez se quitó un peso de encima.

-No es la primera vez que lo veo, pero pensaba que ya no los utilizaban. Por suerte se exactamente como extraérselo sin causar ningún daño a largo plazo. El problema es que la cirugía es bastante complicada -. Viendo la cara preocupada de su alumna añadió -: Aunque pensándolo bien, entre las dos estará chupado.

La sonrisa de la Hokage era sincera, así que Sakura se fue de allí mucho más contenta. Ya habían decidido cuándo sería la operación. Se dio prisa por llegar a la mansión para contrale a Neji las buenas noticias cuanto antes.

- … -

Neji había sentido a Sakura en el jardín cerca de la puerta, por lo que iba a abrírsela. Antes de que pudiese hacerlo, ella entró de golpe y, sin pensarlo dos veces, se tiró a sus brazos dándole un beso en los labios. Neji por un momento se quedó paralizado sin saber qué hacer, pero antes de que ella se separase, reaccionó y le correspondió rodeándola con sus brazos.

La pelirrosa, percatándose de lo que acababa de hacer, se separó rápidamente con las manos cubriéndole al boca y sonrojada.

-Yo… L-lo siento Neji. Yo no… -. Antes de que el muchacho pudiese decir o hacer nada, Sakura se dio la vuelta y salió corriendo en dirección a su habitación. ¿Qué narices había hecho?

El castaño se quedó ahí parado sin saber qué había pasado. Hace unos instantes había sido el chico más feliz del mundo, y ahora… Ahora estaba realmente confundido. Decidió darle un poco de espacio a la pelirrosa para que pensase si había sido un error o si, por el contrario, volvería a hacerlo. Por su parte, él no se arrepentía de nada en absoluto. Eso sí, mañana nada más levantarse iría a hablar con ella. No podía dejarlo pasar más.