Una actualización antes de desaparecer. Ojalá y les guste n_n Disculpen los horrores de ortografía, y sí, me voy a seguir disculpando. ¿Alguien se anota para ser mi beta reader? Me hace falta :( ya no puedo seguir arreglando la ortografía yo sola.
¡Disfruten de la lectura!
Capítulo 2: Una Prueba más…
Habían caído en una rutina, el maestro y su aprendiz la mantenían con tal de que su ritmo de vida no se viese muy afectado. Luego del entrenamiento, Elsa pedía permiso para ir a su palacio de hielo, y cumplía su parte volviendo antes de que el sol se ocultara por completo detrás de las montañas. A veces le gustaba desafiar lo dictado esperando hasta el último segundo antes de que Onyx y el resto de su cuadrilla la envolvieran para regresar a la oscuridad de la guarida subterránea. Pitch se molestaba pero no pasaba de ser una simple queja de que debería llegar antes de la hora marcada y no al ras del tiempo. Fuera de eso, las cosas estaban más que bien, no estaban mal pero tampoco eran la maravilla.
Elsa aprendió a sobrellevar los accidentes y estos dejaron de ocurrir de vez en vez. Pitch notaba esto y veía cierto avance pero seguía sin ser suficiente, si ella no aprendía a usar sus poderes para pelear entonces aceptar los accidentes no servirían de nada. Y ahí estaba de nuevo, Elsa sonreía al final de cada sesión de entrenamiento y se marchaba a su habitación, luego de un par de horas volvía y hablaban antes de que él se fuera con las pesadillas a recolectar miedo.
Aunque muchos pensaran lo contrario, Pitch podía ser muy platicador si le daban cuerda, y Elsa doraba darle cuerda, Onyx casi no se metía en la plática y prefería verlos hablar como hacían cuando ella era una princesa; le daba la sensación de que volvían a los viejos tiempos, los más simples. Entonces Pitch se frenaba y cortaba la conversación antes de partir, de un momento a otro pensaba que no tenía sentido aferrarse a la idea, al final se desharía de la Reina de la Nieve por el gusto de ver a Jack y a Rapunzel sufrir hasta que les llegara su turno.
Y sin embargo no podía quitarle los ojos de encima cuando se reía, cuando cubría sus labios con la punta de sus dedos o el danzar de sus pestañas, o la forma en que se deshacía la trenza y los cabellos caían ondulados bailando mientras rozaban sus caderas. El solo pensamiento lo estaba perturbando.
-¿Es buen momento para que vaya a mi palacio?-la escuchó preguntar al salir de las escaleras.
-Sí, pero esta vez me gustaría que volvieras a una hora prudente.-no la estaba reprendiendo, era más una petición que una orden.-Ya te dije lo que puede pasar si alguien te ve.
-Nunca he sido descuidada.-le dijo al pasarlo de largo y mimar un poco al resto de los corceles con una sonrisa en el rostro, éstos se vieron más entusiastas que otras veces.-Volveré a la hora de siempre. Tú deberías dar el ejemplo y volver aunque sea un poco antes si quieres que yo lo haga.
-Una sugerencia sin sentido, ya sabes que vivo de este trabajo, literalmente.-le recalcó sin ser muy severo.
No era la primera vez que Elsa le sugería volver antes de que saliera el sol en donde sea que estuviese, esta era la tercera vez y Pitch empezó a preguntarse por qué ella querría que volviese antes. Pitch se irguió y condujo a los corceles a los túneles.
-Volveré a la hora de siempre.-le avisó a la muchacha antes de desaparecer en la oscuridad.
-Y yo estaré aquí.-susurró ella sabiendo que la había escuchado.
-Hoy se ve especialmente feliz.-le señaló Onyx al ver que sus labios no bajaban de una amplia sonrisa.-¿Alguna razón en particular?
-Nada.-contestó ella dando media vuelta para ir a su palacio en la montaña. Onyx la veía dar de saltitos mientras se acercaban al túnel. Algo raro le sucedía.
Al llegar al palacio, Elsa no tardó en juntarse con los hombrecitos de nieve, y mientras ella se entretenía, su cuadrilla revisaba que no hubiera nadie en los alrededores. Malvavisco siempre vigilaba a las criaturitas cuando ella no estaba y éstas se alocaban cuando la veían, Onyx llegó a jugar con ellas cuando un grupo se aventuró a encimarse en él hasta hacerlo caer contra un árbol, provocando que la nieve de éste le cayera encima. Al poco tiempo, toda la cuadrilla se turnaba para hacer guardia y después unirse a las criaturas para jugar un rato.
Elsa se entretenía con todos, pues no quería pensar en Pitch Black hasta el día siguiente. Las enseñanzas de Pitch eran útiles y siempre veía por la forma sencilla pero efectiva de controlar sus poderes, y al verlo satisfecho con los resultados sin provocar un accidente, por muy pocas que hubiesen sido las veces, ella también se sentía satisfecha. La tristeza de su huía había aminado mucho más de lo que quería admitir. Sabía que Anna estaba segura, lejos de ella y sin saber en donde estaba, y su reino ahora tenía una reina que pudiese encargarse de ellos sin tener el pendiente de no dañar a nadie cada vez que saliera en público.
Su tiempo hasta ahora había sido agradable con la rutina, las conversaciones con Pitch ya no eran tramposas o con juegos mentales, era una inquietante sensación de paz cuando se daba cuenta de que era relativamente más feliz en esa guarida subterránea de lo que jamás fue en Arendelle, ya fuese antes o después de haber salido de su habitación. Las pocas horas en el palacio volaron hasta que el crepúsculo marcó la hora de su regreso, no obstante, Elsa subió por las escaleras acompañada de Malvavisco hasta la habitación con cúpula geométrica, allí donde las luces de Arendelle le recordaban que ese reino era suyo.
-Ya es hora de irnos.-le avisó Onyx junto con el resto de la cuadrilla d corceles detrás de ella.
-En un momento.-le pidió al capitán mientras observaba las luces del reino aparecer con rapidez. Las luciérnagas regresaban, no se movían, le daban un sentido casi irreal el saber que una vez estuvo allí.
Elsa se giró y le tendió la mano a Malvavisco, éste sonrió y les dio espacio. Ella asintió alejándose del barandal y cerró los ojos, escuchando el siseo de la arena oscura que la envolvía hasta transportarla de regreso, no sentía los pies sobre la tierra pero tampoco se sentía flotar. Era la nada. Cuando llegaron estaban solos, el silencio familiar le llenó.
-La cena llegará en unas horas.-anunció Onyx mientras ella iba a su cuarto asintiendo.
Rebecca
Serafina me toleraba hasta mis cantadas incoherencias, hasta parecía que le gustaban. Todo lo contrario a Pitch. Le conté que mi ramita de olivo ahora estaba en la fortaleza, plantada y creciendo en mi jardín especial junto con el resto de mis flores y plantas preferidas, dando sombra a la lápida de Cracio. Ella no preguntó quien era, sabía que se trataba de alguien importante para mí si tenía su tumba ahí mismo, por lo que comprendió me sonrió para continuara hablando. Ella se limitaba a asentir y hacer comentarios cortos, algunas preguntas que cualquiera haría en general.
Cuando llegamos a Oslo entré en pánico. No sabía cómo decirle que la torpe pareja de la que le había hablado hace semanas no estaba ahí sino bajo tierra…en una guarida…llena de corceles de pesadillas…guiadas por Pitch. Si le decía que Pitch era el varón mentiroso y cobarde corría el riesgo de que me abandonara, y si le hablaba de Elsa, la mujer de la que estaba enamorado, se ganaría su infinito desprecio. Uno, por mentir, y dos, por tratarse de ellos…de Pitch.
Estábamos en un bosque, no muy lejos de unos atracaderos a orillas del mar, lejos de cualquier mortal que pudiera verla o a mí. Al adentrarnos en el bosque nos vimos acompañadas de unas cuantas aves que la seguían, Serafina las tomaba entre sus manos con suma delicadez mientras nuestros vestidos se arrastraban por la nieve blanca. El mío estaba sucio y mi cabello estaba hecha en una coleta alta para evitar que se enredara, le tenía envidia a Serafina. Lucía fresca en su vestido verde oscuro y su cabello negro y largo era sedoso y brillante. Yo era un asco junto a ella.
-En cuanto lleguemos muéstrame a esa pareja tan extraña. La curiosidad no ha dejado de picarme desde que me contaste sobre ellos.-me dijo con una suave risa. Yo me tensé pero aparente lo mejor que pude.
-No comas ansias.-fue lo primero que se me vino a la mente.-Todavía nos hace falta llegar.
-No tengo prisa.-dijo mientras acariciaba la cabecita de un pájaro color azul.
Seguimos caminando con tranquilidad. Yo no podía disfrutar mucho de la naturaleza por mi trabajo pero el tiempo con Serafina me dio la oportunidad, dejando de lado el montón de animales que se nos unían a la caminata, todo lo demás resultaba relajante y revitalizador. Fueron horas de caminata hasta que la tarde cayó, luego llegó la noche y nos decidimos a descansar bajo un cómodo pino, amontonamos unos cuantos troncos y rocas y nos acomodamos para descansar. Un siseo se escuchó a la distancia, era claro que las pesadillas de Pitch no estaban lejos y Serafina frunció el ceño al asumir lo mismo. Yo me vi indiferente pero entendí el sentimiento.
-Espero que no se acerquen demasiado.-murmuró audiblemente mientras echaba leña al fuego.
-Es trabajo.-dije sin pensar, pero ella no me vi con mala cara, más bien con incomprensión.-No les prestes atención.
-No lo hago, pero eso no cambia el hecho de que me molesta saber que él no está muy lejos.-su voz era fría, hiriente como cuchillos. Por un segundo pensé en que Conejo de Pascua tenía razón, Serafina no siempre era tan amable como todos creían.
Nos acomodamos para dormir y luego me asaltó una idea. Todas las entradas a la guarida de Pitch estaban cerradas, y sin embargo, las pesadillas hacían sus rondas nocturnas como era de ley. Por lo que debía haber una entrada en algún lugar. Debía encontrarla y terminar con lo que empecé. Me dispuse a buscarla en cuanto viera la forma de despedirme de Serafina sin levantar sospechas. No quería que ella me odiara.
Elsa se levantó temprano, a la misma hora de siempre como relojito. Se arregló el cabello y se puso el vestido con rapidez, luego la puerta se abrió y Pitch se sorprendió de verla despierta.
-Buenos días.-dijo ella dándole un sonrisa y poniéndose los últimos toques de hielo en la trenza.
-¿Siempre te levantas a esta hora?-preguntó extrañado al no recibir ningún comentario de su capitán le hubiera puesto al tanto.
-Sí, es la costumbre. Pero admito que descanso mucho mejor aquí.-admitió pero se quiso morder la lengua.
Pitch le dirigió una mirada de disgusto a Onyx por un segundo y éste se encogió sintiéndose pequeño al lado del Rey. Elsa terminó de arreglarse y se paró justo frente a él esperando a que hablara, pues no era común que él entrase a su habitación, le había dejado en claro que lo haría solo en casos de emergencia.
-Hoy haremos algo diferente. Sígueme.-fue lo único que le dijo antes de que se reunieran con todo el séquito de pesadillas, se encaminaban a los túneles.
Antes de iniciar camino, Pitch la hizo caminar al lado suyo, posando su mano en el hombro en el instante que la oscuridad casi la dejó ciega. Él no tenía problemas, podía ver y la guiaría para que no se perdiera, o se asustara. A Elsa le agradó el gesto, se le acercó más de lo debido y se alegró al ver que Pitch no hizo nada para impedírselo.
-¿A dónde vamos?-preguntó ella para distraer su atención. Todo el séquito de pesadillas los acompañaba, cinco estaban al frente y el resto atrás.
-Ya lo verás. No quiero arruinarte la sorpresa.-le dijo escondiendo una sonrisa ladina, casi una mueca con dobles intenciones. El toque de la piel fría de Elsa era agradable, le gustaba tocarla y esta vez no pateó el pensamiento fuera de la cabeza.
El gusto les duró poco a los dos apenas salieron a la tenue luz de una cueva. El cielo estaba cubierto de nubes algo grises, cubriendo el sol y Pitch dio gracias para poder continuar, mientras que Elsa sentía el aumento del frío sin importarle mucho. Él la soltó aclarándose la garganta y empezaron a caminar. Estaban en un bosque de altos pinos, con montañas a lo lejos y el sol estaba cubierto, no había nadie y tampoco parecían haber animales a la vista, ni siquiera pájaros o ardillas. Todo era un silencio inusual.
-¿En donde estamos?-preguntó siguiendo a su maestro.
-En el norte…muy al norte, pero no lo suficiente.-explicó sabiendo que no la entendería.
-Muy bien…¿por qué decidiste cambiar el lugar en donde practicar?
-Dices que no deseas usar tus poderes para dañar a las personas.-inició, sabiendo que ella lo miraba con el ceño fruncido. Ya habían hablado de esto pero Pitch no se detuvo, no iba tolerarlo más.-No avanzas en los entrenamientos y tampoco tienes la intención de cambiar y aprender a defenderte. Quieres que las cosas cambien, pero tú no deseas cambiar. Por eso decidí que si no puedes dañar a las personas, tal vez podríamos empezar con salvar tu vida de alguna fiera.-al concluir se dio vuelta para mirarla, encontrándose con una expresión de sorpresa en el mal sentido de la palabra.
-¿Qué? ¿qué se supone que harás?-se cruzó de brazos, esto ya era serio.-¿acaso pretendes arrojarme un oso o a los lobos para que me defienda como tanto esperas que haga? Ya te dije que no deseo hacerlo.
-Es entendible que no desees usar tu don para lastimar debido a tu trauma, pero no usarlos aún cuando estas en peligro es insensato.-ninguno de los dos desvió la vista del otro, se mantenían firmes.-Si hubieras hecho lo debido con los guardias en el castillo en ese momento quién sabe cuantas molestias te habrías ahorrado.-si algo había aprendido Elsa era la forma obstinada en que Pitch argumentaba con razón, y ella podía hacer lo mismo solo que le faltaban razones, no quería hablar ya del tema pero él la estaba obligando.-Entiendo estés enojada conmigo luego de lo que hice para que accedieras.-comentó suavemente esperando una reacción.
-¿Qué, ahora te importa como me sentí?
-Me parece que te conozco mejor de lo que tú te conoces. Sí, me importa.
-¿Qué parte planeaste en realidad? ¿el traslado a Dinamarca o la forma en la me atacaron los aldeanos porque me temían?-sabía que había sido Pitch desde el principio, pero se preguntaba si se había ido para darle el gusto y que la dejara en paz o si de verdad quería irse con él.-Esto es igual que cuando estaba encerrada y tú me hablabas para convencerme de ceder a tus ideales. Nada ha cambiado realmente.-de un momento a otro se sintió frustrada, más aún al ver que Pitch se mantenía impasible, como una torre que nadie podría derribar por mucho que lo intentaran.
-Cuando hablabas conmigo, nunca hablaste más allá de lo debido sobre tus padres, estabas tan triste y tan molesta con ellos por haberte abandonado en ese cuarto…-el comentario despreocupado la estaba orillando a otra discusión pero se las arregló para calmarse.
-Nada de lo que me pasó fue su culpa. Ningún padre nace sabiendo ser uno, y ellos tampoco sabían qué hacer porque estaban preocupados todo el tiempo por mí.
-Eso no cambia el hecho de que te sintieras indeseada por casi dieciocho años. Pudieron haber intentado algo diferente.
-Hicieron lo que pudieron para protegerme.
-¿A ti o su reino? Eras tú o ellos desde el principio.-la idea que le daba a entender era cierta. Elsa se mostró desconfiada de sus palabras pero sabía que le creía. Ella se cubrió el rostro con las manos luchando para que no le afectara lo que oía pero fue inútil. La nieve empezó a caer de amontones y el viento les golpeó.-Tú había sido su única hija…y cuando supieron que podías crear nieve y hielo…decidieron que era necesario un remplazo.-el veneno de la voz de Pitch penetró no solo en sus oídos sino también en su sentido común. Cuando Elsa se descubrió la cara notó los ojos cristalinos y el temblor del labio inferior, pero su expresión era de enojo, ira acumulada lista para salir. Él hizo una mueca de complacencia.-¿No crees que tus padres dieron gracias a su buena suerte, cada día de sus vidas, porque Anna nació siendo ordinaria?
-Ellos…me amaban.-siseó mientras el hielo cubría el suelo, las pesadillas se alejaron.
-…es imposible amar a alguien…que también puedas temer.-sentenció.
-¡Cállate!-gritó dando un pisotón y todo la tierra se estremeció, el hielo se extendió formando picos que salían de la tierra por voluntad propia y sus manos empezaron a chispear mientras el aire frío salía y le temblaban. Pitch empezó a reírse de la nada, sin duda estaba enfermo.-¿Cómo es que…qué fue lo que hiciste?-demandó una respuesta mientras se ponía más pálida por el miedo. El viento amenazaba con nublarles la vista pero eso no le quitó a Pitch la sonrisa de la cara.
- Te hago ver lo que eres realmente. Solo te hice abrir los ojos para que vieras todo el potencial que desperdicias.-la observó con las manos temblando, lágrimas que aparecían y desaparecías y se alejó al ver los témpanos de hielo acercársele.
-¡Haz que pare!
-No puedo.-negó con la cabeza sonriendo todavía más.-Esta eres tú, Elsa, y eres…-la miró una última vez, su rostro lleno de temor hacia sí misma era algo que extrañaba y que de alguna forma le hacía sentirse aliviado, especialmente al tenerla tan cerca.-…eres muy hermosa.
Fue lo último que dijo antes de ocultarse en las sombras y salir de ahí. La dejó tan perpleja que Elsa no logró pensar con coherencia. La había asaltado con otro juego mental y luego le había dicho que era hermosa, hermosa cuando tenía miedo de sí misma. Ya no sabía quien estaba mal de la cabeza, él por creerla maravillosa mientras lloraba de miedo, o ella por estar enamorada de una criatura tan retorcida como Pitch Black.
-¡No puedes dejarme aquí!
Una nube negra salió disparada al cielo y entendió que sí, el podía dejarla ahí. Su manos no dejaban de sacar hielo y al poco tiempo empezaron a congelarse, el viento a su alrededor era más caótico y no podía pararlo. Un rugido animal que nunca había escuchado atrajo su atención, parecía más un grito combinado con un rugido y la cosa que lo había lanzado seguramente era grande, con colmillos y garras. Elsa se prometió que si salía viva de esta Pitch tendría que buscarse otra guarida, porque al encontrarlo allí le esperaba una gran tormenta.
Se alejó corriendo de donde provenía el rugido y levantó a la cola de su vestido para no tropezar, el suelo era rocoso y habían troncos y piedras por donde pisara, no sabía en qué parte del mundo estaban pero no estaban muy lejos de Noruega, Pitch dijo que estaban muy al norte pero no lo suficiente así que eso señalaba una posibilidad. Siguió corriendo escuchando el rugido más cerca y luego encontró a un par de corceles corriendo a sus costados.
-¡Ayúdenme!-les sonó más una orden que a un grito de auxilio, pero se retiraron a los cielos antes de que ella volviera a gritar. Elsa supo que Pitch les había ordenado que la dejaran, por un segundo se sintió traicionada por las pesadillas.
Acabó por tropezar como tanto temía, se limpió la tierra de la cara y enmudeció al tener frente a ella a un gigantesco reptil. Aún con toda la nieve acumulándose alrededor era capaz de ver semejante criatura. Piel verde y dos cabezas redondas con cuellos largos y alas en la espalda, una cabeza exhalaba humo verde y la otra tosía rayos en miniatura queriendo acercarse a éste. A Elsa se le erizó la piel, otra de esas bestias se le acercó por detrás, muy diferente del reptil de dos cabezas. Este tenía cuernos torcidos y dientes que sobresalían de su gran hocico, sus manos eran pequeñas y éstas eran las alas también, era de colores rojos y anaranjados y los grandes ojos amarillos con pupilas de aguja la miraban directamente. La Reina enmudeció pero sacó el valor suficiente para hablar.
-¿Dragones?
Las bestias tomaron aire y atacaron a la vez, todo el fuego que sus gargantas podían sacar salió de un solo golpe y se alejaron para contemplar a su víctima. Elsa no supo ni cómo pasó pero cuando volvió a sus sentidos estaba corriendo colina abajo, sus piernas delgadas y largas se movían como el demonio al tratarse de salvar su vida de dragones. Gritaba. Lanzaba maldiciones contra Pitch por haberla dejado ahí con un grupo de dragones yendo tras su pellejo queriendo incinerarla. Miró por detrás y más dragones se unieron a la caza, ella corría tan rápido que no se sentía tocar el suelo. Sintió el calor de la llamas rodear el bosque y entonces supo que los dragones escupían fuego con tal de darle a ella, la suerte la favorecía porque solo estaban quemando el bosque alrededor pero pronto supo que eso no era mejor.
Siguió corriendo sosteniendo el vestido y haciendo desaparecer la capa. Dobló en varios árboles pero se seguía encontrando con los reptiles gigantes y eso la hacía escabullirse hasta por debajo de los troncos que hacían caminos por sí solos. Las llamas no tardaron en esparcirse por el bosque, rodeaban los caminos que Elsa pensaba tomar mientras escuchaba a más bestias aladas ir tras ella. Esquivó el fuego de los árboles y miró el cielo, habían más dragones muy por encima de ella bloqueando su camino y yendo más al frente en la distancia. Querían acorralarla.
Pitch observó a lo lejos el trayecto de los dragones y de su aprendiz. Al parecer, Elsa no estaba dispuesta a cambiar. La reina corrió como el demonio en cuanto el par de dragones quisieron incinerarla y eso lo impresionó, en huir no tenía el menor problema se anotó mentalmente. Siguió de lejos la situación junto con las pesadillas y Onyx a su lado, ambos haciendo comentarios pero guardando silencio en la mayor parte del tiempo. Sentía el miedo de Elsa hasta el los copos de la tormenta, la cual había crecido bastante debido a las angustias de la joven. Pero Pitch sabía que se estaba conteniendo, siempre se contenía. Vio algo interesante.
Elsa había llegado a un barranco y el otro pedazo de tierra estaba muy lejos como para dar un salto, los dragones en el cielo y en lo alto empezaron a bajar en picada y los de atrás no estaban muy lejos de la joven. Pitch se preguntó si finalmente la niña reaccionaría para pelear, esperaba que así fuera, deseaba que así fuera y tenía que pasar. Elsa miró el barranco y usó sus poderes para hacer una escalera y llegar al otro lado, evadió a los dragones que se cernieron sobre ella y siguió corriendo para refugiarse entre los árboles. Pitch suspiró con pesadez, esto tomaría un buen rato. Se acercó un poco y la observó correr con menos rapidez, sabía que en cuanto se cansara tendría que enfrentar a las bestias y pelear, este era el primer paso y si funcionaba podrían declarar un avance.
Elsa intentó ocultarse pero los dragones en el cielo seguían cada paso que daba, era una cacería, los dragones la cazaban a ella y su único remedio era huir. Con tanta tormenta apenas veía, ya no sabía si lo que tenía delante y a sus pies era una roca o un tranco hasta que debía saltarlo, no veía más allá de la punta de sus dedos. Había calor por el fuego pero la nieve lo apagaba, hasta que los dragones se esmeraron en que las llamas la alcanzaran, sentía el calor a su alrededor ir y venir al tiempo que alcanzaba a verlas lamer y comerse los troncos hasta dejarlos más delgados como esqueletos. Elsa se detuvo cuando su camino fue bloqueado por una gran pared de piedra, un callejón sin salida. Dio media vuelta para cambiar de rumbo pero al hacerlo los dragones se acercaron más a ella.
Los dragones del cielo bajaron y la hicieron detenerse en seco, los vio a los ojos y algo bajó por su espina que le hizo temblar. Retrocedió y el resto se encontraron con ella del otro lado. La tenían, Ya estaba acorralada y su rostro estaba lleno de temor, estaba rodeada de aquellos reptiles con alas que se veían más que listos para incinerarla justo ahí. Elsa retrocedió con respiración irregular buscándose un espacio para escapar y no lo había, daba vueltas buscando qué hacer pero solo veía los grandes ojos de los dragones fijos en ella y gruñéndole mientras le mostraban los colmillos. Esto era peor que una pesadilla.
-Apártense.-dijo finalmente mostrando sus manos chispeantes de hielo.
-Ellos no te entienden, tienes que demostrarles lo que puedes hacer.-escuchó a Pitch en su cabeza.
-Mejor sácame de aquí.-demandó con tanto miedo que estaba a punto de llorar, los dragones se le acercaban con lentitud y eso solo acrecentaba la agonía y el temor.
-Elsa, escúchame con atención. Estas tratando con bestias que no saben lo que eres, si no te defiendes lo último que sabrás es que viste las llamas que salen de sus bocas. ¡Enderézate y pelea!
-¡No quiero, sácame de aquí! ¡Pitch, ayúdame!
-Demuéstrame que mereces ser salvada.
La joven aprendiz no quería discutir, quería salir de ahí para que no la mataran. Es cierto que eran animales pero ella no había sido la culpable de que se enfadaran con ella, si peleaba contra los dragones la matarían de igual forma, eran demasiados y no sabía como lidiar con sus poderes y aparte con los dragones. Era más fácil que Pitch la sacara y no morir. Se sentía acorralada y el pecho le dolía no quería morir.
No quiero morir, no así.
Uno de los dragones se acercó a pasos agigantados y sus manos reaccionaron por sí solas, golpeó al dragón de colmillos con cuernos y éste se abalanzó sobre ella, igual que el resto. Elsa se despabiló y empujó a la bestia con otro rayo de luz azulado, haciéndolo chocar contra un árbol y abrirse camino para huir de nuevo pero la bestia se recuperó de inmediato. Ya con más espacio, Elsa comenzó a atacar, lanzaba rayos y fuertes muros de hielo empujaban a las criaturas para que se alejaran, pisó la tierra y la llenó de hielo, púas y témpanos de hielo sobresalieron para protegerla pero ellos volaron para llegar a ella.
Los atestó de hielo con las manos y lanzando rayos pero esas cosas no parecían asustarse como otros. Le escupieron fuego y ella se agachaba o se movía para que no le dieran, la adrenalina la hacía moverse, eso y el instinto de sobrevivir.
-Puedes hacerlo mejor.-lo escuchó de nuevo.
-¡Entonces ven y hazlo tú mismo!
-Te estas conteniendo y ya me cansé de que lo hagas. Ellos no van a retroceder hasta que les des una razón para hacerlo. Son animales que te mataran si no te defiendes. ¡Haz algo por tu vida y usa tus poderes si quieres volver a Arendelle en una pieza!-la última parte sonó tan fuerte que parecía real, ya no una voz en su cabeza.
Se dio vuelta y encontró a Pitch no muy lejos de ella, evitando el conflicto con los dragones. Parecía sereno pero su cara decía lo contrario. Un dragón de dos cabezas llegó hasta Elsa junto otro grupo y ella explotó. Elsa no pudo más y liberó todo el hielo que pudo junto con sus emociones, mantuvo las manos firmes frente a ella y arrojó hielo hacia el frente sin contenerse para que todo se terminara de una buena vez. Pitch observó como el hielo se expandía, los pinos eran derribados o atrapados entre el hielo.
Los dragones salieron volando a toda velocidad, algunos eran capturados por el hielo pero escapaban en el último minuto para evitarlo. Los rugidos y el fuego continuaron al igual que Elsa y se instó a continuar hasta que todos se fueran. Pitch observaba el apocalipsis desarrollarse con asombro antes de que una gran nube espesa de hielo le bloqueara la vista. Después hubo silencio.
La nube de frío se aquietó como la tormenta y el frío creado por Elsa desapareció, los dragones se habían ido y aún podía verse a la distancia alejándose de ellos. Cuando la fría nube se disipó encontró a Elsa de rodillas, con la respiración agitada y las manos con hielo derritiéndose. Se acercó a ella y cayó a su lado.
-¿Te encuentras bien?
-Oh, ahora sí te importo.-le respondió ella tragando aire. Se había cansado.
-No fue tan malo, sacaste todo lo que tenías adentro en estos últimos veintitrés años. Apuesto a que te gustará verlo por ti misma.-señaló frente a ellos y la nube de frió se fue.
Había una enorme estructura hecha de hielo color aguamarina, los picos y témpanos de hielo apuntaban hacia donde Elsa dirigió el rayo de hielo para ahuyentar a los dragones. Era tan grande que ambos debían estirar sus cuellos para apreciar la parte de arriba. Era en verdad enorme e impresionante.
-Yo…¿Yo hice eso?-Elsa estaba boquiabierta, muda, mientras que su maestro estaba más que maravillado.
-¡Si!-exclamó poniéndose de pie.-Todo esto que ves lo hiciste tú. Tú fuiste la que creó todo esto.-Elsa jamás lo había visto tan feliz, no estaba siendo sarcástico o altanero, no, estaba en verdad feliz, feliz por ella.-Y espera a que aprendas a manejarte en combate.
-Lo hice para ahuyentar a los dragones, ya que alguien no estaba dispuesto a ayudarme, nunca tuve la intención de pelear contra ellos.
-Ahí es donde te equivocas.-dijo sin dejar de sonreír y mostrar los extraños dientes casi colmillos.-Reaccionaste al peligro y los combatiste. ¿Cómo es que no lo entiendes todavía?-Pitch tomó el rostro de su aprendiz entre sus manos. Elsa se sorprendió pero no hizo nada para alejarlo y en su lugar lo miró directo a los ojos.-Este poder que posees es un don, solo necesitas de mi guía para aprender a controlarlo, hoy has hecho un gran avance porque decidiste pelear y defenderte cuando tu vida estaba en peligro.
Pitch besó su frente y la soltó para después alejarse, su sonrisa no disminuyó ni se alteró, empezó a balbucear sobre las cosas que podría enseñarle a partir de ahora y Elsa no pudo evitar que se le curvearan los labios al verlo tan contento con su desempeño. Desvió su atención por un momento y observó el bosque alrededor de ellos, estaba quemado. Una gran parte del camino que recorrió mientras los dragones la cazaban también había sufrido daños, hacían una especie de camino negro de cenizas y destrucción. Onyx apareció y caminó hasta ellos.
-Buen trabajo, su majestad.-dijo el equino al inclinarse para demostrar su infinito respeto. Elsa rió un poco y le dio las gracias. El enfado contra Pitch se había ido, estaba estampado en esa estructura de hielo que había hecho, el enojo y otras emociones estaban ahí. Todo lo que se guardó ahora estaba ahí.
Elsa y Pitch escucharon algo en el cielo y ambos dirigieron sus ojos al horizonte para ver qué era, Elsa supo de inmediato que eran otros dragones y se preparó para atacarlos sabiendo que llegarían a ellos.
-No te muevas.-le ordeno su maestro y ella lo miró confundida desde su lugar.
Pitch entrecerró los ojos un momento y luego los ensanchó cuando vio a los dragones acercarse, sin prisas, la sombra extra que veía encima de la criatura más cercana la reconoció a medias, pero el dragón era otra historia.
-Nos vamos. ¡Ahora!
Elsa lo miró a él y luego a los dragones mientras éstos se acercaban, después sintió como Pitch la abrazaba de la cintura desde atrás y vio como Onyx junto con el resto del séquito de sombras los envolvían para sacarlos de ahí. Cuando Elsa volvió a abrir los ojos se encontró de regreso en la guarida, jamás se había sentido tan confundida.
Pitch seguía sin desprenderse de ella, no forzaba su agarre pero tampoco estaba dispuesto a soltarla. Sabía que los dragones estarían allí pero él se había quedado lo suficientemente cerca como para proteger a Elsa si algo salía mal, nunca creyó que el jinete vikingo estaría por esos lares, se había dio a buen tiempo pero la idea de lo que hubiera pasado si se hubieran quedado lo molestaba. No permitiría que se llevaran a Elsa, no ahora que finalmente estaba con él.
"Tendrán que matarme para llegar a ella" pensó, y no se retractó.
-¿Qué pasó allá afuera?-preguntó su aprendiz.-Pensé que querías que peleara, ¿por qué nos fuimos?
-Porque esos dragones no son como el resto. No hubieras podido contra él, fue suficiente con los otros.
"Él habría dado el aviso y todos estarían buscando la forma de llegar aquí. La estarán buscando y se la llevarán. No se la van a llevar."
-Fue suficiente por hoy. Descansa y pediré que te lleven comida.
-Muy bien. ¿Puedo ir a mi palacio?
-No. Lo mejor será que te quedes aquí. Mañana continuaremos.
-De acuerdo…ah… Pitch, ya puedes soltarme.
Pitch la miró desde abajo y se dio cuenta que aún la abrazaba por al cintura, eso y que había apretado un poco su agarre sin lastimarla. Elsa lo veía divertido, con esa sonrisa que le daba la sensación de estarle diciendo algo en silencio pero que no entendía, o no quería entender. La soltó con nerviosismo y se enderezó, fingiendo que nada había pasado. Pero Elsa no estaba dispuesta a fingir, se puso de puntitas y besó la mejilla puntiaguda de Pitch con ternura.
-Te veo mañana.-susurró a su oído antes de irse a su habitación, siendo escoltada por la cuadrilla de corceles que le habían asignado.
Pitch se tocó la mejilla sin salir de su asombro.
-¿Qué acaba de pasar?-preguntó Onyx a su lado. Pitch aclaró su garganta y volvió a la realidad.
-Nada.-su tono era seco.-Vigila que no salga.-dijo antes de irse.
Onyx se acercó a la puerta de la Reina y vio a su amo irse con pasos lentos, meditando algo que claramente no deseaba compartirle. Esperó a que desapareciera de su vista y acercó su hocico a la puerta.
-Ya se fue.-dijo y ésta se abrió para que entrara.
Cuando Onyx estuvo adentró la puerta se cerró y Elsa se deslizó en ella hasta quedar sentada, estaba sonriendo, estaba feliz y Onyx la acompañó bajando la cabeza. Ella lo acarició y el resto de la cuadrilla se le acercó para que les hiciera lo mismo, ya que últimamente habían adoptado el hábito de que Elsa los mimara como al resto de las pesadillas, ella suspiró una vez y con eso Onyx supo que había sido un buen día para todos.
Rebecca
-¿Te vas así nada más?
Serafina estaba molesta conmigo porque le dije que era mejor si me ocupaba de la pareja yo misma, le aseguré que volvería para contarle los detalles si aún estaba interesada pero antes de terminar ya me había fruncido el ceño y las plantas a su alrededor crecieron hasta que les salieron espinas.
-Serafina, si sigo contigo no voy a ser más que una carga.-le dije demostrando que mi ala seguía lastimada. La habíamos curado parcialmente pero me dolía al batir mis alas para elevarme.-Tu tienes el trabajo de llevar la vida de la naturaleza a todas partes, de ti depende la vida de la tierra en sí; no haré más que retrasarte, seré un lastre por el resto del camino.
-No me molesta tener compañía, me gusta cuando cantas y no es un problema que vaya a paso lento solo por ti. Eres mi amiga, Rebecca, y si algo sé es que a los amigos no se les abandona.
Esa no me la esperaba. Yo era amiga de Serafina. De Serafina, Madre Naturaleza, ella podía crear vientos huracanados con tal de que cualquier criatura mítica la dejara tranquila. Jamás llegué a pensar que yo le importara tanto, pensé que solo estaba siendo educada pero ya veo que no. Yo le importo mucho, y a mí me importa ella. Pero aún así debo asegurarme de que Pitch no cometa alguna tontería con Elsa o todo se irá por la borda. Todo por lo que trabajé se esfumará.
-Te suplico lo entiendas. Cuando todo esto se calme volveré para que los conozcas.-ahora me siento como una mentirosa por decirle esto.-Pero por ahora quiero hacerme cargo sola, la situación de ese par es delicada y debo jugar bien mis cartas para que todo salga bien o si no ellos no las cosas no funcionarán. Ya sabes que es horrible que te destrocen el corazón.
-Oh, entiendo. Necesitas concentrarte en tu trabajo y quieres que yo me concentre en el mío.-me dijo aclarando las cosas para las dos. Era más fácil que lo dijera ella, yo no quiero que me odie, me llamó su amiga y ahora me siento culpable.-Está bien. Cuando hayas terminado búscame en el bosque que rodea Arendelle, esa es mi siguiente parada.
-Perfecto…pero ¿y si tardo un poco más?
-Entonces ve a Finlandia. Estamos en invierno y esa es mi siguiente parada de descanso.
-Excelente. Te veré allá.-dije y la abracé antes de retirarme con brusquedad. No sé si le gusta que la abracen así que mejor no corro el riesgo.
-¿Te vas ahora?
-Cuanto antes mejor, así te veré más pronto.-dicho esto, ella me abrazó y nos quedamos así más tiempo.
-Así me gusta más.-dijo y me soltó lentamente.-Que tengas un buen viaje.
Me despedí de ella y empecé a caminar en dirección contraria, estaba oscuro y apenas veía por donde pisaba pero no me apresuré. No estaba cansada y podría durar caminando, hacía mucho que usaba mis piernas y que mis alas no me respondieran tampoco era una buena oportunidad para usarlas de nuevo. Todo estaba en silencio pero los insectos y algunas aves hacían ruido y me mantenían despierta. Pretendía caminar toda la noche hasta llegar a donde se supone había una entrada a la guaria de Pitch, descansaría por unos días y esperaría hasta que las pesadillas regresaran de su jornada de trabajo.
Pitch se había ido, era de noche y Elsa no quería dormir, en su lugar siguió practicando por su cuenta con la cuadrilla de corceles a su disposición. Estaban en una sección abierta, sin escaleras ni puentes o puertas, era como una gran salón de baile y recordó que lo habían usado cuando Pitch le enseñó a bailar vals, una sonrisa apareció en su rostro y después alejó el recuerdo para concentrarse. Las pesadillas estaban más que dispuestas a participar, Onyx ponía de su parte también.
Los corceles solo esquivaban los ataques que Elsa arrojaba en forma de hielo y bolas de nieve, no era mucho pero ya era algo. Las pesadillas la rodeaban y ella se concentraba en derribarlas, pero eran muy rápidas y se manejaban bien en las paredes, porque las caminaban como si la gravedad no les afectara.
-¡Eso es trampa!-gritó Elsa al verlos lejos de su alcance.
-Todo se vale en la guerra. ¡Inténtelo!-habló Onyx desde el techo.
Elsa le arrojó un poco de hielo y éste no alcanzó al capitán, se quedó como una enorme mancha de hielo que también bajaba mientras Onyx le huía.
Un par de corceles vieron esto como una distracción y arremetieron suavemente contra Elsa para hacerla tropezar y conseguir que cayera, pero la joven se mantuvo firme solo dio un par de pasos torpes antes de volver a atacarlos.
-¿Por qué de repente el cambio sobre aprender a pelear?-preguntó Onyx aun en el techo, más lejos que antes por lo que tuvo que gritar.
-No quiero que me tome con la guardia abajo.-habló y el equino entendió que se refería a su maestro.-Hoy fueron dragones, dime ¿quién no me asegura que el Kraken también existe y me pone a pelear contra él? No, mejor prevenir que lamentar, aunque no creo que me ponga a combatirlo en un futuro cercano.
-Eso es cierto, todavía es su aprendiz. Quizá combata a una hidra la próxima vez.-dijo Onyx con algo de humor. A Elsa se le enchinó la piel de solo pensarlo, una hidra la haría congelarse de miedo, peor que con los dragones.-Es un chiste, esto no volverá a pasar hasta dentro de un buen tiempo, él solo quiere que aprenda ajustándose a sus métodos.
-Vaya método, enfrentarme con dragones sin decir una palabra.-ella lanzó una ráfaga de hielo a los corceles mientras éstos se coordinaban para hacerla caer, se acercaban y se alejaban esperando el momento para embestirla.
-Es una firme creyente de aprender en la marcha.-Onyx arremetió con Elsa cuando el resto la distrajo, la hizo caer y por poco la hace estampar la cara en el piso, pero Elsa logró meter la mano para quedar en sus rodillas.-¡Perdóneme! ¿le dolió?
-Estoy bien. No pasó nada.-aseguró poniéndose de pie. Los corceles se le acercaron con pena, como sintiéndose culpables por hacerla caer aunque ésa era la idea.-No lastimaron estoy bien.-luego uno de ellos se acercó a su rodilla y vieron que sí se había lastimado, era un raspón leve con muy poca sangre empezando a salir, casi nada.-Es solo un rasguño, no pasa nada. Creo que fue más que suficiente por hoy.
Entraron a la habitación y Elsa se trató su herida, no tenía con qué así usó su hielo para aliviar la hinchazón y detener el sangrado, solo aplicó una tierna capa de escarcha, se cambió y se deshizo la trenza. Hizo pasar a Onyx porque él mismo quería examinar la herida después de que ella la cubriese.
-No está tan mal.-dijo Elsa sentada en la cama y mostrándole la rodilla, la otra estaba roja pero no mostraba señales de piel rota. Onyx parecía quedarse sin respirar cuando la vio, sabía que ella era su responsabilidad y que todo lo malo que le pasara Pitch debía saberlo para que el pobre corcel cargase con la culpa, no era justo.-Yo le diré a Pitch, le diré que fue un accidente y que no me dejaste salir, tal y como te lo ordenó. No permitiré que te echen la culpa por algo que yo inicié.
-No se preocupe por mí, usted siempre está a mi cuidado, ya sea que mi señor esté aquí o no. Su seguridad también es una de mis responsabilidades.-Onyx hizo una pausa y se alejó de la rodilla lastimada.-Me reprenderán por esto, porque no cumplí como debía. Mi amo entraría en un ataque de histeria si algo le llega a pasar, será normal si me regañan por esto.
A Elsa le picó la curiosidad, ¿pitch en un ataque de histeria? ¿eso era posible? Pero él era el Rey de las Pesadillas, El Señor de las Sombras, el Amo de la Noche, el Hombre del Costal, El Boogeyman. Desde niña siempre le pareció imposible que alguien pudiese crisparle los nervios, es más, ni ella estaba segura de si alguna vez tuvo nervios por algo o alguien. Luego consideró que una vez lo hizo enojar, aunque tal vez muchos ya lo habían hecho antes de ella. Pero de nuevo, Pitch la había tomado en sus brazos y no estaba dispuesto a soltarla hasta que ella lo mencionó, se veía desorientado cuando lo hizo y ella tuvo que reprimirse una mueca divertida al verlo así.
-Define, en el caso de Pitch, ataque de histeria.-pidió ella conteniendo una ola de confusión y emociones para que solo le mostrara una cara de póquer.
-Bueno, pues no habría mucho que explicar, ya que solo se trataría por algo relacionado con usted.
"Onyx, tienes mucho que explicarme. ¿Quién necesita dormir? Pasaré la noche en vela averiguando por qué Pitch Black pierde la cabeza cuando se trata de mí." Pensó para sí mirando con tranquilidad al corcel.
-Dime lo que sepas, no pido mucho.-"pido demasiado."
-Bueno…hasta donde usted ve, él solo se preocupa de que usted se sienta cómoda aquí. Sabemos todos que usted es una reina y que vivir en un lugar donde no hay sirvientes…o personas, en este caso, es algo que la pondría nerviosa y la haría sentirse indefensa, es por eso que le dio esta habitación.-Elsa prestaba atención a sus palabras y luego le echó un vistazo más cuidadoso a la alcoba.-Es la única con cama y con aspecto decente. No fue mucho pero él pensó que con eso era suficiente, tomando en cuanto que la guarida es subterránea. También limita su tiempo en el palacio de hielo porque teme que alguien la vea y usted cambie de opinión y se vaya, eso lo acabaría.
-¿Cómo que lo acabaría?
-Le tomó mucho convencerla para que viniera, si se la llevan mi señor haría lo posible para traerla de vuelta, pero si usted se va por cuenta propia a él no le gustaría. Y no quiero saber qué haría para que volviese. A todos nos gusta que usted esté aquí, nos gusta su compañía. En especial a mi señor.
Elsa se quedó sin habla, Onyx ya lo había dicho todo, o todo lo que Pitch había soltado en su presencia. Entendió que los corceles solo obedecían órdenes, y si Pitch no les había pedido silencio en este asunto, ellos no tenían por qué hacerlo.
-En simples palabras, estas diciendo que le importo a Pitch, ¿no?
-Bastante.-confesó Onyx con total honestidad.-Si usted se va no lo soportaríamos.-Elsa tomó nota de algo, Onyx se refería a "nosotros" incluyendo a Pitch, él era el líder por algo, él los había creado.-Como ya dije, nos gusta su compañía y estamos más tranquilos sabiendo que usted desea estar aquí por voluntad propia, nos gusta cuidarla y ver lo feliz que es aquí, sabemos que no es mucho pero que no quiera irse nos hace sentir aliviados.
De nuevo, Elsa sabía que no solo hablaba por él y las pesadillas, también hablaba por Pitch porque nunca lo colocó aparte de ninguna de las oraciones. A él le gustaba su compañía, se sentía tranquilo al ver que estaba en la guarida por voluntad propia, le gustaba cuidarla y ver que estaba feliz también, y estaba aliviado de que ella no deseara irse. Ella le importaba a Pitch Black. No la odiaba ni hacía esto de enseñarle control de mala gana, no, él lo hacía porque quería y porque deseaba estar con ella.
-Su majestad, se está haciendo tarde.-le avisó Onyx sacándola de sus pensamientos.-Mañana será otro día, debe descansar, qué lastima que no pueda estar despierta siempre como mi señor.
-Aclárame una última cosa.-pidió ella con voz más suave, el cansancio la estaba matando.-¿Pitch nunca durmió en esta cama?.-el corcel negó con la cabeza y los ojos.-¿Por qué?
-No le gusta dormir, y tampoco le gusta hablar de ello.-respondió con inseguridad, ella supo que Pitch le había pedido silencio en el tema.-Que descanse.-Onyx se retiró.
-Hasta mañana Onyx.
Elsa escuchó la puerta abrirse y sintió que el peso de la duda había disminuido. Ella le importaba a Pitch, y una mueca de alegría se posó en su rostro, evitó querer reír como tonta y apenas lo logró. Se permitió soñar recordando como Pitch le había abrazado la cintura, durmió deseando que estuviera con ella haciendo lo mismo en esa cama.
Extra
Hendry evitó tocar tierra al descender, sus hermanas estaban muy lejos pero se acercaron tan rápido que por poco lo hicieron caer mientras se dirigían al monumento que los había dejado mudos hace solo unos minutos. Siguió a sus hermanas y se colocó al frente de ellas, una simple formación por edades. Entraron a la zona del bosque que había sido quemada, se extendía por kilómetros pero luego llegaron al monumento, lo rodearon viendo el desastre de cenizas frías y rastros de nieve derretida.
-¿Qué pasó aquí?-preguntó Hendry en voz baja.
-¿Qué pudo causar esto?-preguntó detrás de él una de sus hermanas menores, Eufi, la segunda.
-No se alejen.-les dijo Hendry. Un leve gruñido de su furia nocturna lo hizo resaltar.-Tranquila nena.-se dio la vuelta para confirmar que sus hermanas estaban detrás de él, pero le faltó una.-¿Qué? Moli, ¿dónde está Eleonor?
-No me mires a mí. Ya sabes que ella se pierde siempre.
-Entonces ayúdenme a buscarla.
-Safo.
-Safo.-dijo Eufi.
-Eufi, Moligru, ayúdenme a encontrar a Eleonor o le diré a mamá y a papá de esto.
-¡Hendry, aquí abajo!-gritó Eleonor desde tierra. Sus hermanos descendieron y luego bajaron de sus dragones.
-Cuando les diga que no se alejen, va para todas, Eleonor no vuelvas a hacer eso.-le reprendió Hendry mientras sus hermanas la miraban acusatoriamente, pero Eleonor estaba hincada en el suelo, moviendo algo entre sus dedos y mirándolo con más atención que a su hermano mayor.
-¿Qué haces?-le preguntó Eufi acercándose a ella.
-¿Te parece familiar?-Eleonor les mostró el material entre sus dedos, a Hendry le pareció pedacitos de carbón de un lápiz, a Eufi piedritas diminutas y a Moli cenizas.-Se siente como arena pero, ¿arena negra? ¿qué me dicen de esta cosa enorme de hielo?-señaló al monumento de hielo y picos.
-Regresemos y hablemos con papá.
-¡Yo se lo digo!-bramó Eufi corriendo a su dragón.
-¡No, yo!-le siguió Eleonor.-¡Yo lo descubrí!
-¡Lo haré yo porque nací tres minutos antes que ustedes!-dijo Moli.
-¡Lo haré yo porque soy cinco años mayor que todas ustedes!-Hendry se subió a su furia nocturna mientras las chicas trataban de seguirle el paso en sus Nadder Mortíferos.
Pitch lo observó en silencio continuar su discusión mientras se alejaban, pensaba que nunca tendría que volver a verlos, pero ver a los hijos era todavía peor, era como ver espejos distorsionados con los colores invertidos. El mayor era el llamado Hendry, tenía cabello pelirrojo y ojos azules además de una gran complexión física, gracias a su crianza junto a los dragones, el suyo era una furia nocturna negro de ojos violetas; las hermanas eran otra historia, las tres tenían el cabello rizado, color chocolate y de ojos verdes, la llamada Moli era la mayor, Eufi era la de en medio y Eleonor la última; Moli cargaba arco, flechas y una ballesta, Eufi tenía cuchillos y una espada y Eleonor era ña única que usaba casco y traía un hacha, las tres montaban un Nadder Mortífero.
Esos cuatro niños iban a dar la alarma a sus padres, no quería lidiar de nuevo con ellos y sabría que los padres alertarían a Jack y a Rapunzel, si Mérida e Hipo les llegaban con la noticia de este desastre no tardarían en asimilar quiénes eran los culpables, los tendría encima buscando una entrada día y noche y sabía que el riesgo iba a ser todavía mayor.
Tendría que buscar la forma de evitar que Elsa saliera de la guarida, sabía que eso le traería problemas pero no estaba dispuesto a que ellos la convencieran de irse, peor sería si solo se la llevaban a sus espaldas. El pensamiento disparó en él un millón de razones por las cuales no le convenía que Elsa se fuera, muchas no eran más que mentiras porque sabía la verdad. Elsa le importaba, demasiado, y eso podría volverse un problema cuando todo esto terminara.
Eliminó la arena negra que quedaba y guió a las pesadillas lejos de ahí, devuelta a los túneles, no estaba tranquilo ahora que sabía que pronto buscarían a su aprendiz, si debía decirle que no podría salir de ahora en adelante mejor se lo hacía saber enseguida, solo tendría que buscarse una excusa, una creíble. Pero, ¿y si no tuviese que deshacerse de Elsa una vez terminado el trabajo?
"No. Ella se dará una idea equivocada." Se dijo mientras regresaban a la guarida, las pesadillas oían lo que pensaba, era natural y todas ellas parecían confundidos, era como si le suplicaran que la mantuviera con ellos.-Seguiremos con el plan como si nada hubiera pasado. Nada es diferente de antes.-les dijo con firmeza para que no le dieran réplica.-La usaré para acabar con los guardianes, luego con sus padres y después…después me desharé de ella.-sentenció, los corceles se resignaron y siguieron caminando por el túnel hasta que llegaron a la guarida.
Sintió la tentación de ver a Elsa dormir de nuevo, pero se contuvo dándole la espalda a la puerta de su alcoba. Elsa le había dado una mala costumbre, verla dormir. Le satisfacía ver que ella gozaba de algo que él no hacía desde hace mucho, mucho tiempo.
Es todo por hoy. Al principio este capítulo no iba a ser tan largo pero siempre me emociono xD
Orden:
Hendry, Moligru, Eufemia (Eufi), y Eleonor. Creo que sobra decir quienes son los padres xD
Mándenme un Review para saber si les ha gustado y también háganlo si no es así :)
¡Hasta la próxima!
