Hola a todos y a todas, si, lo sé, yo sé, me retrasé con el capi, por lo que me veo obligada a dividirlo. La segunda parte la publico cuando ya esté a cavando mis exámenes o algo así, si no, será para cuando los termine…T^T

Pero mejor no lloro y me pongo a trabajar en esto xD ¡QUE SUENE! ( extrañaba decir eso :) )


Capítulo 5: Mitos Primigenios Parte I

El camafeo volvió a aparecer, esta vez en manos de Elsa el día que Rebecca se dio cuenta que la historia se repetía, solo que en personas distintas. El Rey de las Pesadillas se deshizo del camafeo entregándoselo a la querubín para que hiciera lo que quisiera. Si el accesorio no hubiese estado atascado, Rebecca habría podido mirar su interior y saber por qué su bajeza real lo quería lejos. Becca se retiró sabiendo a quién podría preguntarle sobre el dichoso objeto que estresaba a Pitch con tanta facilidad. Solo que no tenía la fuerza de voluntad suficiente para buscarla, no por ahora.

Elsa evitó bostezar a toda costa, estaba cansada pero no deseaba irse a dormir todavía. Aún sonreía luego de haber sido besada, ¿y cómo no? Saber que Pitch gustaba de ella fue lo que tiró de sus mejillas como ganchitos. Sentía dicha como ninguna. Y mientras ella hacía el esfuerzo de no parecer cansada, Pitch tuvo una idea de lo que le pasaba.

-Se te ve muy alegre para ser más de media noche.-empezaron a caminar. Solo que él tuvo la gran idea de tomarla de la mano y llevarla escaleras arriba.

-Por supuesto que lo estoy.-no tuvo más dudas de apretar sus manos mano un poco más, ya daba lo mismo mostrarle cómo se sentía realmente.-Imagino que te quedarás esta noche.

Onyx volvió con ellos, escoltándolos y entregándole a su amo una bolsita negra, pequeña y con cordel del mismo tono, Elsa no le tomó importancia pero quería saber qué contenía.

-Por mucho que desee quedarme contigo, no puedo dejar de lado mis responsabilidades.-sentenció, matando por completo su buen humor. Y lo remató al entrar a su habitación.-Sabes como funciona esto. Yo salgo por la noche a hacer mis rondas y tú descansas luego de un largo día de entrenamiento en el que tuviste que soportar mis exigencias.-no sonaba a un regaño, aunque así lo sintió él mientras Elsa tironeaba de su brazo para evitar entrar.

-Si esperas que entre y me quede dormida luego de lo que casi me haces estas muy equivocado.-argumentó ella, tironeando como si fuese su única salida.-Si vas a salir en un momento como este al menos déjame ir contigo, haré lo que sea, seré una buena aprendiz y me quedaré callada, observaré como haces tu trabajo.

-Ése es el problema.-exclamó haciéndola entrar a la fuerza con último tirón.

Los dos forcejearon mientras ella intentaba salir para al menos hacerlo recapacitar pero no contó con que Pitch sería más fuerte cuando le colmaba la paciencia. De un solo tirón la plantó con la espada contra la cama, forzándola a quedarse quieta poniéndose encima de ella, sujetó sus muñecas y sujetó sus caderas con sus rodillas. La calló con su boca y disfrutó con ojos cerrados, saboreando sus labios y también el silencio.

Separaron sus labios segundos después y entonces Elsa cayó en cuenta…estaba con Pitch encima de ella…en la cama…con la puerta abierta.

-Aunque tú te quedaras callada e hicieras todo lo que te pido, el del problema sería yo.-vio en sus ojos azules como era devuelta a la realidad, o algo parecido, amaba lo expresiva que podía ser. Descendió su oído y sintió la tentación de morderle la oreja.-Te haría cosas que me harían olvidar que estoy a mita de un trabajo. Quiero hacerte tantas cosas que la noche no me alcanzaría para terminar.

La mente de Elsa se quedó en blanco como el papel, mientras que sentía todas las tonalidades de rojo subírsele a la cara. Es cierto que deseaba lo mismo que Pitch, pero a diferencia de él, porque sospechaba que así era, ella era virgen. Una reina virgen que nunca le pasó por la cabeza buscar marido o tener relaciones con alguien antes de heredar un trono y mucho menos. Pero con Pitch estaba más que dispuesta a darle el "sí, acepto". No, sería virgen pero eso no significaba que no deseara el contacto físico de otra persona, sobre todo de este rey que ella amaba tanto.

Respiró hondo y trató de sonar segura, casi desafiante y rezó para que los dientes le dejaran de temblar.

-Entonces pospón esta noche y quédate.-consiguió decir sin rechistar, le gustó la cara de leve sorpresa de Pitch, ni ella misma se lo hubiese esperado.-Toda la noche y todo el día de mañana, hay suficiente tiempo para hacer lo que tú quieras.-eso sí que no se lo esperaba, ninguno de los dos.

Elsa notó que el brillo de los ojos de Pitch se volvió oscuro. Era puro deseo lo que vio y ella dio la bienvenido a eso. El sentimiento era mutuo. Luego ese brillo desapareció con unos parpadeos.

-…Después.-dijo él, retirándose para quedar de rodillas mientras ella se levantó con los codos. Pitch la vio enfurruñándose como una niña a la que le negaban algo por primera vez en su vida, rió ante aquello.-Te ves linda cuando pones esa cara. Te recomiendo que descanses, mañana ya podrás desquitarte todo lo que quieras.

-¡Estas loco si crees que dormiré! Ya no soy una niña a la que le puedes contar un cuento y esperar a que caiga dormida.

-Había una vez…-Pitch sacó la bolsita y la abrió, ésta se abrió como si estuviese hecha de papel y sopló su contenido. Un polvito dorado que robó de Sandman hace tiempo era su último recurso contra esa joven testaruda.

La reina vio los polvitos brillar en sus ojos antes de caer exhausta sobre la cama. Él descendió y besó su frente antes de pasar a los labios y depositar una caricia en ellos. Soltó una leve risa y se movió lejos para acomodarla como era debido, la tapó con las sábanas y acarició su mejilla con los nudillos hasta deslizar las uñas. Le gustaba sentir como la piel de su reina era suave.

-Fin.-susurró antes de alejarse.

-…ejem…

Pitch se volteó estrepitosamente para encontrarse con la mirada de gato de Rebecca, junto a ella estaba Onyx y no había rastro del molesto camafeo, pero aún así, la cara de la rubia mal teñida lo estresaba. Esa sonrisita de gato ponía a hervir sus vísceras.

-Acabo de llegar.-se defendió ella antes de que la regañara.-Solo vine para decirte que ya no te preocupes por ese camafeo, lo sepulté en lo profundo de los Montes Cárpatos.

-Bien. Ahora quédate en al guarida y que no se te ocurra dejarla sola.-ordenó saliendo por la puerta con paso veloz.

-Repite eso.-le dijo incrédula.

-Ya me oíste. Onyx vendrá conmigo esta noche, si queremos terminar rápido necesitaré a todas mis pesadillas conmigo.

-¿Qué harás? Hasta donde yo sé, tú solo trabajas por la noche y regresas cuando amanece en esta parte del hemisferio de la Tierra.-dijo despreocupada pero no queriendo estar con Elsa, no del todo, ya que recordó lo mal que ellos se la pasaron por un consejo que ella dio.

-Ella se queda a cargo.-señaló a la durmiente reina.-Y mucho cuidado con lo que andas diciendo en frente de ella.

Antes de que la rubia pudiera preguntar nada, él ya se había ido.


Al día siguiente, Elsa despertó un poco desorientada, su reloj biológico le permitió dormir pero se disgustó al ver que Pitch se había ido sin más, y encima la puso a dormir con algo que parecía oro en polvo, hasta donde ella pudo distinguir. Se talló la cara intentando no sonreír como tonta, pero no lo pudo evitar y esta vez no se regañó mentalmente por hacerlo. Al aceptar que sus poderes eran parte de ella, y también que no siempre tendría total control de ellos, era como si una especie de atadura se hubiera roto y ahora no le preocupase esconder sus emociones. Al fin y al cabo estaba no sola, tenía a Onyx y a su cuadrilla pero ellos respetaban su privacidad. Tomó una de las almohadas y la apretujó contra sí misma, de tanta felicidad no se dio cuenta que se estaba riendo. De un segundo a estar riendo pasó a quedarse callada al escuchar el silencio, un inusual silencio que le aseguraba que no había nadie.

Salió de la cama encontrándose con el vestido de la noche anterior, solo que con el cabello suelto y no en una trenza. Se lo acomodó y cambió de vestido a una sin cola y sin capa, sencillo y sin escote conservando las mangas, con una cinta de hielo para hacerle cintura. Al abrir la puerta confirmó que ni siquiera su cuadrilla estaba ahí, ni Onyx ni nadie.

-Buenos días.-oyó a lo lejos. Casi nadie a excepción de Rebecca.

-Buen día…oye, ¿en dónde están todos?

-Su bajeza real se los llevó, dijo que los necesitaba a todos si quería acabar antes de lo planeado.-explicó sin hondear en detalles.-Yo seré su acompañante y escolta el día de hoy.-exclamó siendo entusiasta.-Pitch me avisó que dejó un túnel abierto para nosotras, lleva a Grecia, él dijo que usted nunca ha ido a ese lugar.-Elsa solo negó con la cabeza.-Pues ya va siendo hora de que conozca, seré su guía también.

-¿A cuantos lugares has ido?-preguntó la joven al recordar que la rubia era la hermana de Cupido, sabía de Pitch que los inmortales lo habían visto todo.

-Desde el Monte Fuji a la Isla de Pascua y de regreso,-dijo la de ojos cafés con orgullo.-he visitado cada esquina de este mundo más veces de las que puedo contar.

Ambas entraron al túnel que estaba disponible, la luz al final de éste era diminuta, lejana. No tuvieron prisa en caminar hacia la luz sabiendo en donde terminarían. Elsa examinó por el rabillo del ojo a la querubín, era alta y esbelta, la misma chica que se encontró y con la que habló antes de que Pitch la rechazara la primera vez. De repente sintió ira burbujear en su estómago, iba dejando una estela de aire frío a medida que caminaban, dejando un rastro de hielo.

Vio a la rubia notarlo pero pareciera que no le importó, era raro cuando no le preguntaban qué significaban las reacciones de sus poderes, pero bueno, no era como si tuviese que dar una explicación para todo, ya no. Intentó buscar algo con lo cual distraerse para no discutir con ella, no es que le cayera mal pero su subconsciente le exigía una especie de reacción, como gritarle o congelarle los pies para fastidiarla como ella se los hizo, aunque más bien necesitaba una explicación de ella.

Y ahora que lo pensaba, esta era su oportunidad para saber todo. No solo sobre la hermana de Cupido sino también del resto de los seres de fantasía que Pitch siempre se jactaba de evitar mencionar. Luego de años de no permitírsele el conocimiento sobre la magia y de las criaturas que salían de noche, por fin vio un hasta aquí a medida que se acercaban a la luz. Pero lo que la empujó a iniciar conversación, fue el pensar que tal vez tendría una parte de la vida de Pitch que ella aún no conocía. De solo pensarlo temblaba como gelatina, de pequeña le había preguntado a Pitch sobre su vida, de donde venía y por qué estaba con ella solo para fastidiarla, pero él nunca dijo pío al respecto.

El túnel terminó y las dos sintieron el aire helado, Elsa no tardó en caminar a grandes zancadas para salir, no era una cueva de la que habían salido sino la sombra de una pared de piedra. Estaban frente a un camino y un lago congelado, por un segundo Elsa recordó el lago donde solía patinar con su hermana. Empujó el pensamiento y se apresuró hacia el camino que la nieve no cubría, gracias a la gente que pasaba constantemente. Ella siguió su camino con Rebecca detrás suyo, segundos más tarde la encontró a su lado.

-¿Qué le gustaría ver primero? ¿El Monte Olimpo? Corintio es bastante ajetreado en esta época, aunque sus erizos de mar y los mariscos son bastante buenos.-la querubín se sentía como una guía de turistas.-Podríamos ir a Atenas, aunque allí no hay más que ruinas y una ciudad que apenas y se sostiene sola.

-Me gustaría visitar Corintio, me has convencido con lo de los mariscos.-le dijo antes de que siguiera, de solo pensar en los erizos de mar su estómago rugía, se había saltado el desayuno.

-Entonces está hecho.-Rebecca ascendió los cielos más rápido que un halcón hasta el punto en que Elsa solo vio un pequeño punto rojo cereza desapareciendo. Luego de un minuto bajó con delicadeza y señaló la dirección en la que debían de ir.

Siguieron el caminito en dirección contraria, y la rubia mal teñida pensó que podrían llegar antes del medio día. Era la oportunidad perfecta para Elsa, pero primero gastaría una broma.

-Lili, ¿cuántas veces has estado en Grecia? Se nota que conoces muy bien estos lares.

-…si está molesta prefiero que lo diga de frente, y te suplico me llames Rebecca, o Becca si te apetece. Pero no me llames por ese nombre.

El repentino cambio de actitud sorprendió a la reina, casi la espantó por la repentina cara seria y la fuga rápida de buen humor, aunque se rió un poco al momento de ver que captó su malhumor, lo dejó de lado y decidió continuar con su indagación.

-Claro, no hay problema pero…¿por qué te cambias el nombre?-procuró no repetirlo para no enojarla más.

-Si conoces a la mujer que se llamó así bíblicamente, entonces es de entender que a mí no me guste.-le explicó, Elsa lo entendió de inmediato.-Además, no es que lo odie por ser una mancha bíblica, yo no soy judía o cristiana pero con el simple hecho de que me tachen de lujuriosa y mala semilla por el nombre me molesta.

-Oh.-Fue lo único que pudo decir…a pesar de no entender.-¿Y por qué te conocen por ese nombre? Si tu verdadero nombre es Rebecca ¿por qué te lo cambiaron y quién lo hizo?

Un Flashback atravesó la mente de la rubia, recordando la rápida mirada amenazante de Pitch antes de que se fuera. A esto se refería con los ojos de "no andes por ahí hablando de lo que no debes", en pocas palabras, nada que lo hiciera ver mal a los ojos de la mujer que él ama. Rebecca intentó no verse nerviosa mientras caminaban y miraban los alrededores, se buscó una forma de explicarle sin poner en evidencia a Pitch o mencionar a los guardianes. Luego se le ocurrió que Elsa no debía saber toda la historia, según Pitch; y ella no quería contribuir a la mentira pero si ellos se separaban entonces su boleto para volver con su familia se iría y solo podría darle un beso de despedida. Tendría que participar en la mentira aunque no quisiera, no deseaba que Pitch la odiara más de lo que ya lo hacía.

"No hagas cosas malas que parezcan buenas." Escuchó a su madre en su cabeza, recordando el modo en que la crío; pidió perdón a su difunta y santa madre y respiró hondo antes de hablar.

-Bueno, supongo que no estaría demás contártelo, este camino es muy largo y no tenemos una carreta para que nos lleven.-el buen humor de Rebecca había vuelto y eso alivió un poco a la reina.-Verás, me conocen como la hermana de Cupido porque yo lo dije. No soy realmente su hermana, yo crecí en la época en la que en Roma estaba en boga el famoso dicho "al pueblo dale pan y circo."

-Oh…espera, ¿qué? ¿Tú creciste? Pero entonces eso significaría que antes eras-

-Humana. Así es, morí a la edad de veinticinco años y me revivieron, convirtiéndome en inmortal. Mi trabajo es elegir a las parejas que comienzan odiándose albergando sentimientos de amor mutuo, y Cupido se encarga de flecharlos para que ese amor pueda ser expresado. Yo represento el amor que nace del odio. Cupido solo se encarga de flechar gente y ya.

-Entonces ¿quién te convirtió?-su voz no mostraba titubeos pero sí mucha curiosidad y un poco de espanto al pensar que hablaba con un cadáver reanimado. Simplemente extraño.

-Tranquila, no es para tanto, no fui la única. Hombre de la Luna convirtió a otros antes de mí. Convirtió a Lloyd, a los guardianes y-

-¿Hombre de la Luna? ¿Y ahora de qué hablas?-Elsa detuvo su andar totalmente perdida.-Explícate por favor. Mira, no sé si tu lo sepas o haya alguna especie de regla con respecto a todo esto, pero Pitch no me dice nada de los seres con magia o de leyenda que no quieren hablarle o si alguien ha entrado a su guarida, nunca habla de ello pero un día vi un mural en una de las habitaciones.

"Oh no. El mural no" pensó Rebecca quedándose quieta como estatua. Todos tenían un mural que explicaba, o trataba de explicar, a base de imágenes y pinturas preciosas quiénes eran ellos en esta nueva vida sin fin para servir en el mundo al hombrecito del espacio. Ella tuvo uno propio tan pronto Lloyd le mostró su habitación el día que fue convertida, era bello con tonos de rojo y rosa, y detalles dorado y plata. Pero ella sabía que el de Pitch era deprimente, casi aterrador la primera vez lo que vio y entendió que era como ella: Un marginado en esta sociedad de fantasía.

-No estoy muy segura, pero en ese mural creo haber visto a San Nicolás, al Conejo de Pascua y creo que también al Hada de los Dientes. Había un hombre pequeño también pero no supe quién era.-Elsa creyó estar hablando incoherencias, ya casi no recordaba el mural y esas imágenes de repente le llegaron por una simple palabra, Luna. Porque en una de las imágenes la arena negra de Pitch llegaba a una luna menguando, al principio no le dio mucha importancia pero ahora sabía que significaba algo.-Rebecca, por favor explícame. Siento que a menos que tú me digas cómo funciona esta loca parte de la magia, Pitch no querrá compartírmelo.

Y era cierto, Becca entendía un poco el temor del Rey de las Pesadillas; pensar que si Elsa sabía la verdad del por qué Pitch era tan odiado…eso le daría razones a la jovencita de alejarse de él, todavía se consideraba una posibilidad que este par se desintegrara. La querubín se rascó detrás del cuello con bochorno, debía mentir pero su conciencia no se lo perdonaría nunca. Elsa merecía saber como funcionaba el sistema de Hombre de la Luna, lo necesitaba. Tomó de su mano y la siguió como una especie de dama de compañía para continuar su andar y no llegar a la hora de la comida.

-De acuerdo. Pero si vas a hacer tantas preguntas entonces voy a necesitar ayuda para responderlas.-le dijo, no era que le fastidiara, por el contrario, se sentía como una especie de maestra con una pupila lista para aprender de ella; algo muy irónico pues recuerda que ella siempre más la alumna que la maestra desde que la revendieron en ese anfiteatro para ser una gladiadora.

-Si te molesta tanto entonces mejor-

-No, no. Lo justo es justo, usted quiere obtener información pero yo sola no podría responder a todas sus dudas, necesito apoyo de alguien que sepa más que yo.-Elsa levantó el rostro y asintió con una sonrisa, siguiéndole el paso a la de ojos cafés que comenzó a correr realmente rápido.

-¿Qué estas haciendo?-Elsa apenas pudo seguirle el paso, no le era complicado correr con tacones sobre la nieve, pero vaya si la avecita corría malditamente rápido.

-¡Sígame, no estamos muy lejos!

Corrieron por la nieve y a la reina le sorprendió que no intentara volar para adelantarse, luego recordó que ella tenía completa autoridad sobre la dichosa hermana menor de Cupido, una orden y haría lo que fuera. Pero Rebecca igual prefirió correr, ya había usado mucho sus alas y ahora hasta le daba un poco de miedo exigirse volar creyendo que se le rompería la misma ala. Elsa se sostuvo con fuerza de su vestido para no tropezar, sintió el aire helado tocar su piel y finalmente se detuvo junto a la rubia, habían llegado al pie de una montaña compuesta de rocas, cubierta de nieve en el cima y con algunos árboles asomándose. Se detuvieron tragando aire por la boca pero con una sonrisa en los labios, Elsa recordó por un momento lo mucho que se divertía con Anna, en especial en aquella ocasión antes del día de su boda.

-Aquí es.-dijo la rubia.

-Bueno…puedo hacer una escalera para subirnos, solo dame un momento.

-No, nuestro destino está justo aquí.-señaló Rebecca al montón de rocas que tenían enfrente.-No todo es como lo pintan, su alteza.-le dijo, presionó con fuerza una de las rocas y ésta se hundió con un golpe sordo. Las rocas entonces hicieron especio entre ellas abriendo una puerta secreta.-Et Voilà!

El túnel al que se adentraron no era tan oscuros como los de Pitch, habían minerales en las paredes que las hacían brillar en un verde agua tenue, sobresalían raíces cortas y largas a medida que las chicas avanzaban. Veían incluso unas pocas luciérnagas que se habían perdido en el camino.

-¿Ya habías venido aquí antes?-preguntó Elsa.

-Un par de veces al año, Ferlion y Arieny son de los pocos que no me hacen el feo. Además ella cocina excelente.-le respondió sintiendo que se le hacía agua la boca.-Solo espera a probar sus tartas de ciruela y durazno.

-¿Ferlion y Arieny? No recuerdo que Pitch me los haya mencionado alguna vez.

-Y no lo culpo por no hacerlo. Todo a su tiempo, mi joven pupila.-dijo finalmente.

Elsa deseó preguntarle a donde se dirigían, pero ya habían llegado, y el lugar no estaba nada mal. Era literalmente un pequeño paraíso nocturno, los minerales que brillaban eran ahora de distintos colores, fucsia, verde y azul arrebujados aquí y allá salpicando las paredes, en el techo habían cristales fosforescentes, era una gruta bien alumbrada. Al frente había algo parecido a un comedor, con mesa y sillas de piedra y un frutero en medio adornando de flores rosa pálido y margaritas, y en las puertas del otro de la mesa les acompañaban columnas bien talladas envueltas de delicadas enredaderas con flores de cientos de colores. Más a la derecha se encontraba una cascada con agua bien clara.

-Esto es hermoso.-a Elsa se le hacía corto ese comentario, todo era precioso y prácticamente deslumbrante.

Las dos respingaron en sus lugares al oír ladridos, y en cuanto voltearon a ver a su izquierda, ya había toda una camada de perros de distintas razas ladrándoles y gruñéndoles, arrinconándolas. Las dos intentaron retroceder pero la entrada de la que vinieron se había cerrado. Elsa trató de manejar la situación pero no se le ocurría nada a medida que los perros se les acercaban. Parecían estar liderados por tres perros de la misma especie, negros y grandes con colmillos de fuera y orejas cortas y caídas. Los tres no les despegaron los ojos en ningún momento, uno tenía una cicatriz en el ojo, provocando que éste fuese descolorido; el de en medio traía un collar delgado de oro y el último portaba una pequeña piedra roja incrustada en su frente.

-¡Sentados!-oyeron al fondo una voz femenina que habló con firmeza y ordenanza.-¡Hipnos*, Cerbero*, Tánatos*, quietos!-todos los perros se sentaron, obedeciendo; los tres que lideraban la camada siguieron gruñendo pero hicieron caso también, se quedaron en su lugar y poco a poco los gruñidos desaparecieron.-Esa no es forma de tratar a los invitados, ¿qué no ven que se trata de Rebecca? Oh, y también trajo una amiga.

La camada ya no se veía peligrosa, Elsa nunca antes había visto tantos perros en su vida. Habían chiquitos, grandes, robustos, delgados, pintos, uniformes, de orejas largas y caídas, de cortas y colas largas y peludas, pequeñas y esponjosas. La mujer que les había ordenado que se tranquilizaran era unos cinco centímetros más alta que ella, su piel era clara pero notó que estaba un pelín bronceada. Tenía el cabello rojizo oscuro y ondulando, las onditas saltaban con cada paso que daba y sus ojos eran verdes hierba con manchitas cafés en el iris, sus largas pestañas pelirrojas eran abundantes y tupidas también. Su vestido era como la que había visto en esculturas griegas de mujeres jóvenes, una bata con un cintillo de oro de cuerdas colgado y una diadema de igual color en la cabeza, las mangas eran cortas y espolvoreadas de diamantes pequeños como granitos de arena.

-Hola de nuevo, Arieny.-saludó primero la rubia mal teñida.

-¡Rebecca!-Elsa contempló como la pelirroja abrazaba de manera afectuosa a la querubín, incluso la levantaba en el aire y adivinó que su acompañante estaba incómoda.-¡Que bueno que vienes a visitarnos! No te veía desde hace unos ¿qué? ¿cincuenta años? ¿Me extrañaste?

-Treinta y dos años, y sí, también te extrañé.-logró decir la de ojos cafés.-Pero no los moretones del último abrazo que me diste.-finalizó quedándose sin aliento.

-¡Ups!-Arieny la soltó pero seguía sonriendo, Elsa creía que era lindísima.

-Las presento. Elsa, Arieny. Arieny, Elsa.-dijo Becca recuperando el aliento, luego señaló con el pulgar a la pelirroja.-Ella es una vieja amiga, es la estación de la primavera.

La mandíbula de Elsa casi cayó. Lo cierto es que había cierto aire en la mujer que le recordaba a la estación cuando las flores crecen, ella pensaba que si Arieny sonreí más entonces la cueva se llenaría de más retoños coloridos.

-Mucho gusto, Elsa.-le tendió la mano para hacer la presentación oficial.-Es raro verte en esta época del año.-se dirigió a la rubia de alas blanca.-Por lo general vas a mi casa en lugar de venir a la de Ferlion.

Rebecca sonrió por un instante antes de ver a Elsa de forma un tanto nerviosa. Arieny las invitó a pasar y sentarse en la gran y larga mesa del comedor, estaba hecha de granito o al menos eso le pareció a Elsa al tocar la superficie lisa y bien pulida. Los perros las siguieron y solo los tres canes negros se sentaron frente a ellas mientras Arieny se metía a la cocina para ponerse un delantal.

-Hice tarta de durazno, ¿apetecen? Seguro han de estar muriéndose de hambre.

-Sí, por favor.-contestó Elsa por las dos, y su estómago.

-Creo que no te había visto antes, ¿de donde vienes Elsa?-habló de espaldas mientras sacaba los platos de cerámica pintada.

-De hecho es por eso que vinimos de visita.-dijo Rebecca, con más nervios que una pecadora en una iglesia.-Ella es…uhm…La Reina de la Nieve.-dijo sin más esperando una reacción por parte de su amiga pelirroja, escuchando como se rompía algo de cristal.-Discúlpame un segundo, querida.-le dijo a la muchacha que acompañaba.

Elsa permaneció en su asiento con un nudo en el estómago, no escuchó hablar a las chicas y se preguntó si estarían susurrando algo en su contra. Probablemente Rebecca le estaría contando a la pelirroja sobre como llegó a ganarse tal nombre que hacía temblar a todo el que lo oía. Era extraño que la dama de primavera hubiese reaccionado de esa forma sabiendo que ella tampoco es muy…ordinaria. Escuchó los taconcitos de la rubia y vio entonces que Arieny no tenía tacones, usaba sandalias de piel y cuero que se veían muy cómodas, adornadas con pequeños detalles de oro. Las vio a ambas traer los platos, vasos llenos de leche fresca y una tarta humeante con crema decorándola.

-Lamento mucho el escándalo.-empezó la anfitriona de la caverna.-Es solo que…ya no recordaba la última vez que vi a una humana con poderes, creo que eso explica tu atuendo.-fue cuando la joven se vio el vestido, no creyendo que se le viera tan mal.-No me malinterpretes, es hermoso, es que pensé por un momento que tal vez Vania te lo había confeccionado, si entiendes a lo que me refiero.

Pero Elsa no sabía, no tenía ni un gramo de idea de lo que la mujer decía, por lo que se limitó a sonreír y ver de reojo a su acompañante, como si estuviese pidiendo ayuda. Pero la querubín estaba muy ocupada sirviéndose un buen trozo de tarta con un poco de crema.

-Rebecca me dijo que buscabas ciertas explicaciones, ya que al parecer su conocimiento, aunque amplio, se ve limitado en ésta área.-prosiguió la pelirroja.

-Exactamente.-dijo Rebecca, Elsa de repente se emocionó.-Elsa es humana, pero mantiene una relación con… sujeta tus ramitas dulzura, con Pitch Black.-sentenció.

Y aunque Arieny solo amplió sus ojos verdes, sus perros ladraron, aullaron y algunos hasta se quejaron como si estuviesen heridos. Becca de inmediato se tapó la boca conteniendo una risotada que rogaba por salir mientras la anfitriona pelirroja se tiró al suelo junto con sus tesoros de cuatro patas para calmarlos. Elsa creyó que era como una madre para esas bolas de pelo, incluyendo a los tres canes negros y de aspecto intimidante. La querubín finalmente se rindió y dejó salir una sonora carcajada, ganándose una mirada furiosa de la pelirroja y de Elsa por igual. Le tomó varios minutos a Arieny tranquilizar a sus canes, muchos de ellos se le pegaron a la pierna y otros pequeñitos se subieron en ella hasta que consiguió que la dejaran en paz; ya se veía exhausta y Elsa se sentía avergonzada.

-Vaya. Yo trato de ayudar a aquí a una nueva miembro de la comunidad, de ser útil para ambas. Y tú lo estropeas todo con tus estúpidos jueguitos.-señaló con sus labras a la rubia que aún no terminaba de reír.

-Lo siento, lo había olvidado, en serio. No volverá a pasar.-juró restregándose los ojos, habían rastros de lágrimas pero eran por las carcajadas.

-Me disculpo, mi dama de compañía aún no sabe comportarse como es debido.-habló Elsa enderezándose en su asiento.-Me encargaré de adiestrarla como se debe.

-Oye, no soy un caniche para que me adiestren.

-Entonces compórtate.-le dijeron tanto Elsa como Arieny. Al final se resignó a ser un poco más educada.

-Ahora, ¿en qué estábamos?-dijo Elsa.-Oh, sí. Verá usted, señorita primavera.

-Llámame Arieny. Ese título ya está desgastado.

-De acuerdo…Arieny, estoy en un predicamento.-empezó.-Tal como le dijo mi acompañante, no hace mucho me volví la amante de…usted ya sabe quién.

-Podrías llamarlo simplemente el Hombre Sombra.-interrumpió Rebecca, provocando que la pelirroja le arrojara un pedazo de tarta de tamaño considerable para que no hablara.

-Y lo conozco desde que era pequeña,- continuó la reina como si nada.-pero aunque hayan pasado tantos años, él se niega y se niega a decirme más sobre él o sobre los otros seres fantásticos como usted. Y quisiera que me contara lo que usted sabe de él y de alguien llamado Hombre de la Luna.

Arieny se puso de piedra, miró a Becca con total seriedad. "Luego hablaremos de esto." Le dijo a través de sus pensamientos. Luego volvió a Elsa y notó como la rubia mal teñida se removía y asentía con lentitud.

-Será un gusto hablarte de todo esto Elsa, pero debo advertirte una cosa desde ya.-inició la anfitriona.-Así como el resto de nosotros los que estuvimos en esta tierra antes de que Hombre de la Luna llegara, no sabemos mucho sobre tú sabes quien, al menos no más que los guardianes.

-Esa es otra cosa. ¿Quiénes son los guardianes?

-Tranquila, te explicaremos todo a su tiempo. Come algo y prepárate para oír una buena historia.

-Antes le hubiera dicho que no creía en cuentos de hadas, pero ahora solo puedo decirle que espero y sea una buena historia.-Elsa se animó a calmarse, esta era su oportunidad de oro y lo mejor era atenerse a las reglas para conseguir sus respuestas, además, Arieny era toda una dulzura.

-Y lo es, créeme. Yo estuve ahí.

Los canes se arrebujaron cerca de la enorme mesa del comedor, todos ansiosos de oír a su ama contar tal historia, hasta Rebecca se acomodó en su silla disimuladamente para no verse interesada, el conocimiento era poder y esta clase de conocimiento iba a servirle para aclarase lo que vio en el observatorio. Elsa empezó a comer la tarta mientras un par de caniches se le subían para acomodarse en su regazo y estar más cerca para escuchar la historia.


Cerbero ó Cancerbero: Es el nombre del perro de tres cabezas del dios Hades que vigilaba la entrada al inframundo para que ningún alma mortal saliera.

Tánatos: Es la personificación de la muerte sin violencia, la muerte mientras duermes.

Hipnos: Es la personificación del sueño y hermano gemelo de Tánatos. Ambos eran hijos de Nix, diosa de la noche.

Los tres perros hacen alusión al perro de tres cabezas xD

Esto es todo por ahora, no es mucho pero me vi obligada a partir el capi a la mitad por razones de tiempo, Y porque la siguiente parte es más larga.

¡Nos vemos la siguiente entrega!