¡Finalmente! Lo logré, conseguí terminar esta abominación xDD lamento la tardanza, no lo volveré a hacer.

Disculpen si encuentras faltas de ortografía, me dio algo de flojera revisarlo esta vez.

En fin, gocen del capítulo.


Capítulo 5: Mitos Primigenios Parte II

Arieny levantó los platos, Rebecca le ayudó con el suyo mientras los demás iban al fregadero, ella prefirió dejarlo aparte para que le sirviera otra rebanada de pastel de durazno. Arieny le sirvió otro pedazo de mala gana mientras la veía como si fuera un criminal que sabía lo mal que se portaba pero que de todos modos seguía. Rebecca evitó verla a los ojos y prefirió asegurarse de que Elsa seguía justo donde la dejaron.

La reina seguía sentada en el gran comedor de piedra tallada junto con el resto de los canes. Sus ojos estaban fijos en el espacio y no se movía, los perros estaban igual. Alrededor de ellos habían lucecitas, luciérnagas que parecían ofuscarlos con sus luces, manteniéndoles en un trance. Rebecca no sabía si sentirse mal o reírse por la obra de Arieny, puesto que al pelirroja fue quien se encargó de despistar la atención de la pobre Reina de la Nieve.

-Deberías sentirte mal.-escuchó Rebecca a sus espaldas, la otra mujer se oía molesta, aunque apenas lo suficiente.-Ahora explícame, ¿cómo es que la Reina de la Nieve fue capaz de querer a alguien como Pitch Black?

-Bueno, es algo chistoso la verdad, ellos-

-Espera, no quiero saber. Me acabo de arrepentir.-Arieny abrió el agua y empezó a lavar los platos.

-¿Qué es lo que tus luciérnagas le están haciendo a Elsa y a los perros.-señaló mientras seguía comiendo.

-Les muestran todo lo que Ferlion y yo sabemos de Pitch y de Mim desde que llegaron a este lugar. No es mucho así que supongo que se acabara pronto.

-Alto, retrocede y pausa. ¿Le muestran qué exactamente? ¿Imágenes o memorias?-Beca entró en pánico por un momento no sabiendo que hacían esos bichos realmente.

-Esas luciérnagas sirven como bibliotecas portátiles, han visto el mundo tanto como lo hemos hecho Ferlion y yo.-Arieny secó los platos con ayuda de unas hojas y flores para darles buen aroma, luego los pasó a guardar.-Elsa verá a quiénes han conocido a Pitch y a Mim y lo que han hecho todos estos siglos desde que llegaron la Tierra.-cuando terminó se colocó al lado de la querubín sosteniendo sus hombros.-También le muestran una breve parte de la historia de todas esas personas a quienes ese par de opuestos han conocido. No sabría decir si la información es limitada.

Rebecca respiró con normalidad por breves segundos. Si bien las cosas no estaban tan mal, le era difícil decir que no podía ponerse peor. Se limitó a masticar su tarta y se dejó guiar por Arieny cerca del comedor pero sin entrar al espacio que habían marcado las luciérnagas.

-Eso quiere decir que sabrá de…

-Todos.-sentenció la mujer detrás de ella.-Pero les ordené a mis pequeñas luces que no le mostraran nada que tenga que ver con los guardianes. Pitch debe decirle eso personalmente.

-¡Ha! Dudo que su bajeza real lo haga.

-¿Tan segura estás? A todo esto, si eres la dama de compañía de Elsa, ¿no quiere decir que también eres asociada del Boogeyman?-le preguntó con diversión en su tono, casi al borde de una risa histérica.

-Ugh, menos que asociada soy más bien una refugiada. Me vi en la desesperada necesidad de un santuario y acabé por ser la aliada del Rey de las Pesadillas y amiga de su amante.

-Déjame adivinar. Tu hermano te está buscando porque hiciste algo "malo" de nuevo.-dijo entre risas intentando no sonar grosera.

Rebecca siguió comiendo tarta para no decir algo de lo que podría arrepentirse.


Eran cuatro fuerzas de la naturaleza que presenciaron el momento del choque del barco de Pitch en la tierra. Shasta, la mujer de piel bronceada y cabellos rubios miel que viajaba con la brisa cálida de las zonas tropicales, sus ojos eran negros y tenía lunares espolvoreando sus hombros y brazos hasta el cuello, no usaba zapatos pero sí un vestido largo de color carne con un cintillo café para la cintura; fue ella quien dio el aviso en el viento de un objeto que se acercaba a la tierra.

Luego estaba Vania, una dama agraciada que vestía de pieles de lobos de las heladas tundras, su piel era azul cielo, su cabello era negro azulado, y sus ojos blancos como cristales vacíos, pero diferencia de su labor de mantener helados los polos, ella era una buena mujer y una amable anfitriona; ella fue la primera en recibir el mensaje de Shasta, reenviándolo para que todos se vieran en el punto de impacto del extraño objeto.

Ferlion podía considerarse la mayor entidad de los cuatro. Donde sea que él caminara el clima se tornaba levemente frío sin ser sofocante como lo hacía la presencia de Vania, un viento fresco que con el paso del tiempo hacía morir lo que antes tenía vida. Como varón, tenía un aspecto un poco tosco, su cabello negro y rizado era largo y su barba mucho más corta en comparación, su túnica de piel de venado hacía juego con sus ojos marrones, era poco común que hablara, y menos aún que sonriera, se veía intimidante pero raras veces estaba metido en una riña; él reenvió el mensaje y avanzó mientras el objeto en llamas estaba por estrellarse con tierra firme.

La más joven de todos parecía ser Arieny, pero como nadie sabía quién llegó primero y quién fue el último, el carácter juguetón de la muchacha le designó el cuarto puesto del grupo. Su cabello rojo estaba atado en un bollo sujetado en una red de trenzas, dejando el flequillo suelto, tenía pecas en los hombros y tanto en su vestido verde como en su cabello, abundaban flores de colores vivos y hermosos como si éstas brotaran de ella misma; al recibir la convocatoria, se apresuró para no llegar de última y perderse del momento del impacto.

Ese fatídico día, la Tierra se ganó dos cosas, una luna y una sombra. La nave apenas había sobrevivido al impacto, así como su capitán. Pitch Black emergió de ella rodeado por sombras pequeñas cuyos susurros eran abrumadores en conjunto, con ojos plateados titilantes como estrellas lejanas. Cuando el capitán de la nave vio a las cuatro fuerzas, se dio cuenta de algo de inmediato, cada uno tenía un báculo, echo de lo que representaban, lo que significaba que eran seres poderosos iguales a él, o quizá hasta más, él también cargaba uno ese día. Miró el cielo y encontró lo que estaba persiguiendo, pero al echar un vistazo a su nave se dio cuenta de que no podría llegar para atacar al príncipe que viajaba en la luna. Y sin ánimo de tratar con aquellos cuatro seres llenos e poder, se desvaneció en la oscuridad de su nave y se escabulló lejos de ellos.

Es fue la primera vez que las cuatro fuerzas de la naturaleza vieron a Pitch Black, pero no al Hombre de la Luna.

Todo el paisaje pulcro se desvaneció por un momento, luego el mismo regresó pero ahora se mostraban casas, campos de cultivo y árboles de manzanas que abastecían a las pequeñas aldeas. A Elsa le parecieron sencillas pero acogedoras, todas estaban echas de adobe y membrillo…si, demasiado simple, eran más chozas que casas pero parecían cómodas. Además de que el clima era perfecto, no hacía frío y tampoco calor como para hacerla sudar, volteó por un momento y encontró a Arieny caminando a su lado y luego pasándola de largo. La siguió hasta los campos de cultivo y entendió lo que la pelirroja hacía, era ella quien hacía a los campos dar frutos y las flores brotar; la siguió por un rato hasta que finalizó su trabajo, pero al terminar llegaron a un enorme roble con una puerta cuyo pomo estaba hecho de cobre.

El roble era simplemente más grande por dentro que por fuera. Había una escalera en espiral de madera cuyo barandal, hecho de enredaderas estaba unido al mismo roble; había una modesta sala de estar, y adivinó que arriba era la alcoba. Se metió antes de que la mujer le cerrar la puerta y notó que la temperatura empezó a bajar, tanto como para hacerla sentir como en casa.

-¡Arieny!-la voz provenía de Vania, el ente que responsable de la creación de los polos y de mantenerlos intactos, entró volando por la ventana y tacleó a la pelirroja con un abrazo.-¿Ya terminaste con tu trabajo de hoy?-aflojó su agarre lo suficiente como para verle la cara.

-Si, mañana volveré para encargarme de abastecer a los pueblos del norte.-le respondió Arieny, casi sin aliento.

-Siempre trabajando. Pero eso está bien, nunca tienes demasiado y después del trabajo pasamos tiempo juntas.-le dijo Vania soltándola finalmente.

-¿No has dio a ver a Shasta?-le preguntó la mujer de verde.

-Jamás. ¿Tienes idea de cuanto calor hace en su hogar en el trópico. Ugh, no gracias. La última vez que fui a verla casi muero deshidratada.-le explicó con notoria molestia al recordar.

-¿Y qué hay de Ferlion? El clima donde vive es agradable, quizá podamos ir juntas la próxima vez.

-Ari…el hombre vive bajo tierra, es un completo ermitaño. ¿Quién en su sano juicio vive bajo tierra en una caverna donde no llega la luz del sol ni la resolana?-volvió a usar el mismo tono.-Lo único que lo mantiene en contacto con nosotras son su ventanas hacia la superficie, y lo pero es que son lagos nada más.

-Hay muchos lagos por todas partes, seguro debe tener muchas ventanas. No es bueno que critiques donde viven nuestros vecinos. No es como si pudiéramos hacerte una visita cada que queremos…tú vives en el Polo Norte y vas al Polo Sur solo por diversión.-quiso usar el mismo tono que Vania pero no le resultó, la pelirroja era por mucho diferente de ella.

-Y es por eso que yo soy la que viaja. Tú eres mi mejor amiga en todo el mundo, siempre estas cuando quiero charlar contigo y nunca te quejas del frío que hace cuando vengo.-le respondió alegre y volviendo a abrazarla, pero esta vez fue más suave y menos asfixiante.

Elsa volvió a experimentar cierto deja vú al verlas. Estaba claro que Vania adoraba a Arieny, era a la que más visitaba por preferencia que por accesibilidad. Pero también podía ver que la pelirroja se sentía hastiada de la constante compañía…eso lo podía entender, después de todo, hay momentos en los que uno desea estar solo, pero Vania no parecía entender eso.

-¿No estarás pensando en volver a irte de nuevo, cierto?-le preguntó Vania con preocupación en su tono y en sus ojos.

-Lo haré en un par de semanas.-le dijo Arieny.

-¡No! La última vez que te fuiste me preocupé mucho cuando no regresaste en el tiempo que dijiste.

-Solo fueron dos días de retraso, no es para tanto.

Todo a su alrededor volvió a cambiar, ahora llovía afuera mientras Arieny estaba sentada en la salita de estar haciendo un collar con semillas rojas mientras Vania estaba del otro lado hablándole enérgicamente yendo y viniendo para estar junto a ella.

-Vania. Esto tiene que parar.-dijo de pronto la anfitriona, provocando que la mujer de piel azul callara.-Mira allá afuera, si llueve es porque he estado cansada de estar aquí contigo desde hace una semana. Sabes que no puedo descuidar mis responsabilidades.-argumentó con suavidad, ella no era de las que se enojaban y lo demostraban.

-Pero si vas a encargarte de abastecer a los humanos, entonces también querrás irte de viaje como la última vez.-le dijo.-Prométeme que luego del trabajo volverás directo a casa.

-Lo haré, si tú prometes reducir tus visitas a dos días por semana.-le propuso.

Elsa vio que la mujer de hielo no se veía muy convencida por el acuerdo, pero al final terminó asintiendo y abrazando una vez más a la mujer de bronceado.

La casita de roble se desvaneció para mostrar un cielo azul y despejado, frente a Elsa había un prado y vio detrás de sí misma el comienzo de un bosque. Poco rato después vio a Arieny pasándola de largo, entró al bosque cargando una pequeña bolsa de piel y usando el collar que vio hacer hace poco. La vio detenerse mirando hacia el prado.

-Disculpa, Vania. Pero…volveré algún día.-dijo de último antes de salir corriendo para adentrarse al bosque.

Siguiéndola hasta que la noche cayó, Elsa pudo tomar nota de más cosas con respecto a la mujer de la primavera. Arieny adoraba las cosas inesperadas, la bolsa de piel traía fruta y un poco de carne pero todo se acabó en un par de horas, lo que la hizo comer de moras y frutas que fue tomando por aquí y allá. Otra cosa fue que de ratos corría hasta trepar en los árboles como si fuera una ardilla y luego saltar de uno en uno, no importándole si caía o si se lastimaba, adoraba estar en libertad de hacer cuanto deseara.

Esa noche, tanto Arieny como Elsa, por separado, claro está, sintieron algo mientras recorrían el bosque, se sentían observadas a pesar de que no había nadie. Esa sensación solo podía provocarla un solo ser en la tierra.

-¿A qué debo esta inesperada compañía, criatura?-habló Ariney, deteniendo su andar mientras buscaba en los oscuros rincones de entre los árboles algún movimiento desconocido. Elsa sintió un poco de pánico sin razón aparente, viéndose yendo detrás de Arieny como si ella fuese una especie de escudo, después de todo, éste no era el Pitch Black que ella conocía, era uno del que no sabía absolutamente nada, el simple hecho de no saber como actuaría le provocaba cierto temor y ansiedad.-Oh vamos, como si no supiera que hasta hace poco me estabas siguiendo. ¿Quieres hablar conmigo? No creo haber escuchado tu nombre cuando llegaste…eso fue hace muchos años.

-…nunca lo dije.-escucharon ambas, eran susurros haciendo eco en todos lados.

-¿Te mataría decírmelo? ¿O prefieres que te llame "criatura"?

-Ugh…puedes ser más creativa que eso…si engañaste a Vania para huir de ella puedes hacerlo mejor.

-Bueno…creo que su altanería sigue intacta.-dijo Elsa por un segundo, agradeciendo que Pitch no podía oírla o verla.

-El nombre es Pitch Black, señorita Arieny.-dijo él finalmente, pero aún sin dejarse ver.

-¿Cómo sabes de Vania?

-Tengo ojos y oídos en todas partes.-respondió secamente.-Debo admitir que hiciste bien en huir de esa asfixiante mujer envuelta en piel de oso, me sorprende que la hayas aguantado tanto tiempo.

-Oye, no digas esas cosas, solo me di una escapadita para sentir un poco de paz y quietud, y si es cierto que tienes ojos y oídos por todas partes, sabes que la quietud no existe al lado de Vania.-explicó, aunque algo cínica.-Adoro pasar tiempo con ella, charlar y todo, pero también necesito mi espacio…¿por qué estoy hablando contigo? Es más, ¿por qué decidiste hablar conmigo apenas ahora? No me digas que estuviste espiando al resto de mis amigos?

-Bien, no te lo diré, aunque es cierto.-le dijo, pero esta vez la voz venía de una sola dirección…detrás de ellas.

Ambas mujeres sed dieron vuelta con precaución hasta ver el rostro de Pitch, Elsa no notó más diferencia que en la ropa, sí, era una túnica negra pero el cuello era más alto y habían largas púas en la nuca del atuendo, también llevaba un cayado, no supo de qué material estaba hecho pero éste parecía estarse deshaciendo poco a poco gracias a los pocos halos de oscuridad que lo rodeaban. Su ojos gris ámbar sobresalían más que cualquier otra cosa en el lugar, pareciendo dagas dispuestas a clavarse en el alma de todo el que las mirase.

"Desalmada oscuridad" fue lo único que Elsa pudo pensar, temiendo, por costumbre, que la oiría si hablaba.

-Oh…bueno, al menos no eres tan aterrador como dijo Vania.-Comentó ella aliviándose. Elsa la miró raro, agradeciendo que no podían verla, ya que ella sí pensaba que Pitch se veía intimidante, aunque le pareció gracioso que Pitch se viera tan ofendido por ese comentario. Ahora entendía porque él no toleraba que le dijeran cosas como que no era aterrador, ya que eso era todo lo que tenía, al menos hasta ahora.-Tranquilo, es solo que Vania siempre dice que te veías aterrador la noche que caíste en tu…barco. Aunque lo cierto es que tu atuendo de pirata era más chistoso que esto que estás usando.-dijo para finalmente reírse en voz baja.-Aunque debo admitir, Vania le tiene más miedo a Ferlion que a ti.

-¿El hombre que vive bajo tierra? Si lo que dices es cierto, tu amiga está mal de la cabeza.-dijo él cortante, parecía indignado y eso provocó que Elsa se riera también.

-¿Has hablado con él?-le preguntó la pelirroja con inquietud infantil.

-Lo dudo completamente.-dijo Elsa.

-Desde luego.-respondió, dejando sin palabras a la rubia platino, aunque no lo supiera.-No es difícil hablar con él pero no es muy hablador.

-Adivino que tú tampoco.-comentó Arieny.

-¡Já! Si tan solo supieras.-dijo Elsa.

-No demasiado.-respondió Pitch.

-Oye…Pitch Black, por curiosidad ¿sabes donde puedo encontrar a Ferlion? He querido conocerlo desde hace tiempo pero nunca he sabido donde vive o cómo hallarlo.-dijo la señorita con humildad, claramente no sabiendo de lo que este ser era capaz, cosa que sorprendió a Elsa creyendo que ya lo sabía.

Luego de presenciar un deja vù de estira y afloja entre Pitch y Arieny, vio que Pitch la guiaba al otro lado del bosque, a una supuesta entrada a la casa de Ferlion, mientras que el silencio regresaba, a no ser que Arieny preguntara ciertas cosas en el camino. Los siguió a paso veloz hasta que encontró cierta familiaridad en el camino, se lo imagino cubierto de nieve a ecepción del sendero por donde estaban caminando, hasta que finalmente dieron con una pared llena de rocas. Pitch fue el que aplastó una dándole paso a Arieny para que entrara, solo la pelirroja dijo "gracias" y "hasta pronto", Pitch solo dio media vuelta dejándola por su cuenta.

-Bueno…quería un tiempo para mí sola. Y Vania no podrá encontrarme aquí.-dijo Arieny para ella misma mientras se adentraba al oscuro túnel.

Elsa vio que todo a su alrededor cambiaba de nuevo, viéndose dentro de la cueva, pero no habían tantos cristales, ahí estaba la enorme mesa de granito pulido pero no habían perros, casi no había luz tampoco. Lo siguiente que vio fue a Arieny con Ferlion, el cual casi no había cambiado nada, le estaba dando un pequeño recorrido pero él se veía incómodo, por la presencia de la bella pelirroja junto a él.

-¿Qué te parece mi hogar, Arieny?-preguntó Ferlion con una voz que resonó como eco en toda la cueva, pero no era porque fuese grave y desagradable, muy por el contrario, era fuerte y hasta parecía nueva y orgullosa, como si acabara de estrenarla.

-Bueno…es un…poco lúgubre, si me lo preguntas.-respondió ella con pena, ya que no quería decir nada que lo ofendiera.-¿No te molestaría si le doy un poco de color a tu casa?

-Para nada, por favor, haz lo que mejor te parezca. Después de todo, eres una invitada.-le dijo él.

Arieny movió sus dedos con gracia haciendo que de la tierra crecieran flores y le dieran más vida a la cueva, y gracias a que brotaron de la tierra ésta se fragmentó y más cristales de colores se desterraron trayéndole más luz y brillo al lugar. Elsa pensó que solo faltaban los montones de canes para que todo fuese como ella lo vio la última vez, luego asumió que tal vez los perros los consiguieron tiempo después.

De pronto, el lugar se volvió a desvanecer, y lo que se mostró frente a la reina fue la casa de Arieny, ahora Vania parecía estar buscando algo, llamaba a su amiga con desespero, sus ojos de repente se llenaron de lágrimas que chocaron contra el piso como diminutas perlas de hielo mientras salía de la misma casa del roble; Elsa la siguió a paso veloz y adivinó que estaría buscando a la alegre pelirroja, finalmente la vio detenerse junto a una choza un poco más grande que las demás, tocó la puerta y de ella emergió un hombre.

Era un anciano que se veía simpático, sus arrugas iban desde su cara hasta sus manos junto con algunas manchas de piel y lunares, sus manos sujetaban con fuerza un bastón como si la propia vida se le fuera a ir allí si no lo agarraba con todas sus fuerzas, y lo que más le llamó la atención fue la barba larga que tocaba el piso, era negra con cientos de canas tiñéndola de un gris claro. El anciano al ver a Vania se alarmó tanto que sus ojos se ensancharon por encima de sus ojeras y arrugas, invitándola a pasar.

-Mi querida Vania, ¿pero qué te sucedió? Te ves terrible.-comentó el anciano con voz rasposa y preocupada.

-Padre Tiempo, mi amiga Ariney ha desaparecido y no la encuentra por ninguno de los alrededores. Temo que algo malo le haya sucedido.-dijo al borde del llanto.-Tú que lo ves y lo sabes todo, de lo que viene y lo que vendrá, respóndeme por favor, ¿Arieny está bien? ¿Dónde está?

Vania se veía claramente desesperada y este anciano…Padre Tiempo parecía la única persona en el planeta capaz de ayudarla. Elsa casi abrió la boca cuando oyó el nombre del viejo, aunque supo que se trataría de una persona longeva no se imaginaba semejante primera impresión. Vio al anciano pensárselo un poco antes de hablar y luego él le dio la espalda a la muchacha para abrir la ventana.

-Es cierto que sé dónde esta tu amiga, pero no puedo decirte más que eso.-le respondió con tranquilidad, esperando que ese se el contagiara a la afligida mujer de piel congelada.

-Con que me digas en donde se encuentra me es más que suficiente.-respondió ella con decisión, sintiéndose salvada.

-Arieny se encontró con la criatura que se estrelló contra el valle de la Soledad hace muchas eras.-dijo el anciano.-poco después de eso, él la llevó a la casa de Ferlion, el señor de los bosques.

Lo último hizo que la preocupación de Vania aumentara, Elsa podía verlo y hasta sentirlo en el ambiente cuando la temperatura descendió varios grados.

-¿Hay alguien más, aparte de ti, que pueda decirme si ella está bien o si la volveré a ver?

-Hay alguien sí, pero primero deberás hablar con Lloyd.-dijo él con gesto de su dedo índice. Vania resopló con resignación.

-Bien. Muchas gracias por tu ayuda.

-Por nada, mi querida Vania.-dijo el hombre tomando una de sus manos entre la suya, besándola como muestra de buenos deseos.

Todo se difuminó una vez más para que Elsa se encontrara d nuevo en la caverna iluminada, olía a todo tipo de flores y se oía música no muy lejos de donde ella había aparecido, parecía ser un piano y eso le trajo recuerdos también, unos muy buenos sobre un vals que jamás olvidaría y sin darse cuenta empezó a tambalearse mientras seguía la música. Se encontró atravesando uno de los pasadizos de la caverna y llegó a la sala principal, aquella con la enorme mesa y vio que Arieny estaba decorando el techo del lugar haciendo crecer plantas y flores, lucía como un candelabro de raíces recubierto de flores pequeñas y grandes de todos colores, las raíces sostenían cristales brillantes y Elsa recordó que ese no estaba ahí cuando llegó, cosa que pasaría tiempo después. Ferlion estaba con ella, observando en silencio como trabajaba, pero más bien admiraba su persona, perdiéndose en cada movimiento que hacía.

-Bueno, admito que no habla mucho.-comentó para sí misma Elsa al ver lo callado que estaba al lado de la mujer de cabellera rojiza. Vio como ella hizo crecer un ramo de flores silvestres desde sus manos, y se las mostró a Ferlion con una dulce sonrisa, como si estuviese orgullosa de su labor, luego las puso en un florero de cerámica pintado de azul, colocándolas en el centro de la mesa.

-Listo. Tu salón principal está casi terminado.-anunció Arieny.-ahora solo necesita una cosa más.

-Lo que sea que necesites, lo conseguiré para ti.-sonó tan decidido que Elsa sonrió sin pensarlo, era obvio que sentía algo por ella, por lo que se sentó en uno de los lugares de la mesa para ver en qué terminaba esto.

-Se necesita una sonrisa del anfitrión. De ti.-finalizó sus palabras con suavidad.

-Una…¿una qué?

-Una sonrisa.-ella hizo ese gesto mostrando sus dientes blancos, señalando su boca con el dedo.-¿Ves? Esto es una sonrisa.

-Pero no sé como hacerlo.-respondió él con rapidez.

-Pero claro que sí.-Arieny se le acercó y torció con sus dedos la boca de Ferlion sin lastimarlo, todo con tal de que imitara el gesto que ella le había mostrado.-¿Lo ves? No es tan difícil.

Cuando ella retiró sus dedos, Ferlion se esforzó por seguir sonriendo para complacerla, y aún después de eso, le ofreció su mano para que ambos bailaran al compás de la música. Elsa los vio y de repente se le antojó que Pitch estuviese ahí también para bailar con ella, ahora que lo pensaba, hacía tiempo que compartían un vals. Su pensamiento se esfumó tan pronto como el lugar a su alrededor apenas cambió, el lugar seguía siendo el mismo, misma decoración, misma caverna, misma música y mismo candelabro floral, pero ahora, Ferlion vestía una túnica café larga y más oscura que la anterior, con un cinturón plateado y de mangas largas, sandalias de piel, llevaba una corona de ramas y su largo cabello negro y algo semi rizado iba amarrado en una coleta baja. Arieny también estaba ligeramente distinta, usaba un vestido verde suave, que cubría sus pies desnudos, mangas largas con lazos cafés que ceñían sus codos y hombros, una corona de flores en sus cabellos rojos y en su cintura, y un velo verde pastel encima de su cabello se movía junto con ella al bailar. Ambos llevaban anillos de oro sus anulares. Estaban casados y Elsa se preguntó cuanto tiempo habría pasado desde que la mujer llegó a vivir a la caverna.

Todo volvió a desaparecer y eso empezó a marear un poco a Elsa, quien tuvo que cerrar los ojos unos segundos hasta que una nueva escena azotara contra sus pupilas de nuevo, ya aliviada se extrañó del lugar en el que se encontraba. No era una choza, era una mansión de las que ella conoce y se inclinó a decir que podría ser un castillo, debido a las altas paredes y alejados techos. Todo el lugar parecía tan limpio y deslumbrante que no parecía antiguo en lo más mínimo, el piso era de madera tallada, los muebles eran exóticos al igual que las alfombras y las plantas decorativas, habían ventanales que señalaron el alba en el horizonte y creyó que quizá estaba en la cima de una montaña o acantilado, ya que podía ver el mar a lo lejos.

Vania apareció de entre el horizonte entró por una de las ventanas, llevaba prisa y se movía por los pasillos con tal agilidad que creyó que había estado antes aquí. Al seguirla, llegó a un espacio apartado de la mansión, una especie de jardín con apenas un par de árboles y arbustos, se detuvo detrás de Vania quien encaraba con profunda preocupación a un joven.

-¡Cupido! ¡Lloyd!-le llamó Vania.

El muchacho era facciones finas, de cabello más rojo que el de Arieny y de ojos lilas, usaba una túnica de fondo blanca y otra roja, más larga con mangas largas y un cinturón de oro bien pulido, pero lo que verdaderamente sorprendió a Elsa, fue ver tres pares de alas en la espalda del muchacho, el último par estaba a la altura de las costillas inferiores y eran del tamaño del brazo de Elsa desde sus dedos hasta el codo, casi gritó de la sorpresa.

-Vania, que…por Apollo, te ves terrible. ¿qué te ha ocurrido?-le preguntó el muchacho con asombro e inquietud.

-La criatura de cuyo barco terminó en nuestro hogar engañó a Arieny para llevarla a la casa de Ferlion.-explicó con rapidez y pequeñas lágrimas congeladas cayendo de sus ojos, todas relucientes que se derretían al tocar tierra.-Necesito saber si ella está bien, tengo miedo de que tal vez le haya pasado algo terrible.

-Bueno, tranquila, primero cálmate. Ven conmigo, creo que ya sé lo que necesitas.-le dijo tomando su mano y acercándola a él para que se tranquilizara. Elsa los siguió al interior de una casita, lejos del jardín, la cual le recordaba un poco a la oficina de su padre en el castillo de Arendelle. En la mesa había una caja dorada, más grande que la cabeza de Vania, con una cerradura de oro y tallados de palomas sosteniendo ramitas en sus picos.

Llyod dejó por unos segundos a Vania mientras ella se aferraba a su abrigo de piel de oso, observó al muchacho sacar una llave que colgaba de su cuello como un amuleto, él la metió en la cerradura de palta y al girarla, la caja se abrió por sí sola. Elsa se acercó más sintiéndose intrigada por el artefacto mecánico, y mientras más lo veía armarse solo, más le recordó al mecanismo de los relojes junto con el sonido de "tic tac" que hacía. Observó que la caja de reloj tenía un enorme plato de metal, con una lupa que se puso en pie y cuya luz se arremolinaba, recordándole al agua de la fuente en la guarida de Pitch.

-Si tu amiga está con Ferlion, solo hay una persona que nos puede ayudar a ver qué ha sido de ella en estas semanas.-dijo Lloyd intentando consolar a Vania.

-¿Semanas?-Elsa se sorprendió que hubiese pasado tan poco tiempo.

-Hombre de la Luna, por favor, si estás ahí, escúchanos.-inició el muchacho de las alas expuestas. Elsa contuvo la respiración ante la idea de por fin conocer al dichoso Hombre de la Luna.

Lo que apareció en la lupa la dejó casi sin habla, más impresionada que los tres pares de alas de Lloyd, alias Cupido. Vio a un hombrecito de cara regordeta, de mejillas sonrosadas y un mechón de pelo blanco que se asemejaba a un signo de interrogación, vestía de traje blanco con dorado y su cara mostraba una sonrisa infantil y honesta.

-Lamentamos molestarlo, pero Vania necesita saber de su amiga Arieny.-dijo Lloyd al hombrecito, el cual se quedó callado esperando a que continuara.-Arieny fue engañada por la criatura que lo perseguía cuando llegaron a este mundo, y ahora ella está con Ferlion.-la mención hizo al hombrecito sobresaltarse de angustia, pensando mientras ponía sus dedos en su barbilla.-No sabemos si ella está bien, y Vania está muy preocupada, ¿podrías mostrarnos cómo le está yendo en las cavernas?

Hombre de la Luna dejó de pensar por unos momentos y asintió con gusto, volviendo a sonreír, fue cuando Elsa supo que él tampoco hablaba mucho. La imagen del hombrecito se desvaneció de la lupa y mostró entonces a la pelirroja con el Señor de los Bosques, ambos riendo, bailando, o solo charlando, uno junto al otro mientras no dejaban de verse a los ojos.

-No parece que…esté allí contra su voluntad.-señaló Cupido, viendo a Vania de reojo, quien se veía sorprendida y desconcertada a la vez.

-Pero…¿por qué..? ¿por qué ella se fue así sin más?-Vania observó con más atención y encontró los anillos en los anulares de Ferlion y Arieny, en ese momento sintió que algo se había quebrado en ella.

-Debiste darle su propio espacio cuando ella te lo pidió. No es como si fueses su madre como para estar casi todos los días al pendiente de ella.-dijo Lloyd sin querer echar más aceite al fuego.

-Si ella quiere regresar para que sean amigas de nuevo, entonces ella tiene que hacerlo por sí misma.-escucharon, era Hombre de la Luna hablando. Pero eso detonó a la mujer de piel azulada, provocando que de sus ojos cayeran más perlas diminutas de hielo y su expresión se volviese desconsolada y a la vez llena de ira.

-Arieny era la única amiga que tenía porque ella siempre fue amable conmigo, yo intenté hacer lo mismo por ella pero ahora veo que no sirvió de nada.-exclamó mientras seguía llorando, las ventanas se abrieron de repente y aire helado empezó a entrar a la casita.-Si lo que dicen es cierto, entonces azotaré al mundo con mi ira y mi despecho. Si debo sufrir, ¡entonces el mundo sufrirá conmigo!-sentenció con un estallido de nieve que entró por las ventanas, ella se desvaneció tan pronto como los copos de nieve la envolvieron y una tormenta parecía avecinarse.

Elsa se encontró de nuevo en la casa de Ferlion, y en una de las ventanas a la superficie, un lago, observó con tremendo asombro y angustia la forma en la que la tormenta de nieve cubrió todo el mundo de blanco. Y como era de esperarse cuando el invierno llega, la comida no crece y no hay calidez para que uno pueda salir de su hogar, adivinó que las personas, al no estar listas para algo que veían por primera vez, se morirían de hambre o de frío si esto seguía.

-Pero que…-escuchó a Ferlion detrás de ella, mirando a la misma ventana de la superficie que ella veía.-¿Pero qué ha pasado?-detrás de ellos llegaron los tres canes de tamaño anormal que Elsa había visto antes, los tres se alinearon para que su amo los viera.

-Mi señor, -habló uno, en ese entonces se veían idénticos, no había forma de diferenciarlos.-Fuimos por comida tal como nos había dicho y…

-No hemos encontrada nada, ni una sola hierba se asoma por sus tierras.-dijo el segundo.

-La señorita Vania ha cubierto la tierra de hielo y nieve.-finalizó el tercero. Incluso sus voces eran idénticas.-¿No creerá que esto tiene algo que ver con Arieny?

Pero Ferlion no dijo nada, era como si pensara en una posibilidad. En lugar de eso, escucharon un llanto, una voz entrecortada por los jadeos de tristeza. Tanto Elsa como Ferlion se dirigieron al lugar de donde venía el llanto y se toparon con una puerta, una de las habitaciones de la caverna, hecha de madera con un arreglo de flores en el centro de esta. Ferlion tocó la puerta y preguntó si podía pasar, oyeron a Arieny decir que sí de manera forzada, como si ella no quisiese que su esposo la escuchara lamentarse.

-¿Estas bien? ¿Cuál es el problema?-preguntó él suavemente acercándose a su esposa, quien hacía lo posible para calmarse mientras se restregaba la cara quitándose las lágrimas.

-Es solo que no me había dad cuenta de lo mucho que me hacía falta Vania hasta ahora, o lo mucho que la quería.-Arieny trataba de hablara sin que sus jadeos la interrumpieran, ella no soportaba verse tan vulnerable, ni siquiera frente a su propio esposo.-Extraño que me cuente sus historias del polo norte, incluso que me recuerde a cada rato que debo recoger las hojas que caen en mi jardín cada mañana.

Tanto Ferlion como Elsa entendieron lo mucho que las dos se extrañaban, pero a diferencia de la reina invisible de la nieve, el Señor de los Bosques parecía tan desconsolado como la pelirroja ante su confesión. Y como no sentirlo, si hasta la reina comprendió que Arieny deseaba irse pero su esposo no estaba de acuerdo por completo.

-No me pongas esa cara.-dijo Arieny, queriendo sonar un poco más alegre, pero no lo consiguió.-Tú sabes que nosotros no tenemos familia y prácticamente vinimos de la tierra sabiendo lo que teníamos que hacer, pero Vania ha sido como una hermana, es más casi como una madre para mí desde que puedo recordar. Ella es mi familia.-dijo finalmente.

Los perros empezaron a ladrar, llamando la atención de sus amos y guiándolos fuera de la alcoba, al salir dirigieron su atención a una de las ventanas a la superficie, donde encontraron a una mujer de piel azulada con pequeñas perlas cayendo de sus ojos. Vania lloraba desconsolada haciendo que sus lágrimas congeladas cayeran en el lago igual de duro y congelado, haciendo tintineos y llamando la atención de aquellos veían dese abajo.

-Lloyd tenía razón. Todo esto es culpa mía.-dijo para sí Vania, hincada a orillas del lago y forzando a sus lágrimas a caer para que no la lastimaran.

-¡Vania! ¡Estoy bien, estoy aquí!-llamó Arieny desde abajo, pero Vania siguió lamentándose, prueba de que no la podía escuchar o ver.-Estoy aquí…-repitió, dándose cuenta de que todo el paisaje estaba cubierto de nieve, pensando de inmediato lo peor para los humanos.-Tengo que volver con ella antes de que alguna otra cosa le suceda.-esta vez se dirigió a Ferlion con ojos llenos de lágrimas, como si estuviera suplicando.-Solo por un día o dos, incluso una hora.-sí, era una súplica.

-¿Por qué parece como si me estuvieses pidiendo permiso para irte?-le preguntó él, se veía confundido.-Sé muy bien que volverás, no es mi intención mantenerte encerrada para siempre.-le aseguró la tomaba de las manos, poniendo especial atención al anular de su esposa. Arieny de inmediato se deshizo de las lágrimas y lo abrazó, para después llenarlo de besos como si fuese a comérselo con mimos. Elsa rió sintiéndose ajena a tal acto.

La tierra debajo de ellos tembló estrepitosamente hasta que una plataforma de la misma los empezó a elevar, pronto el techo de tierra sólida se abrió para darles paso y la luz del día y el frío gélido les dieron la bienvenida, aunque para la reina fue como volver a estar en casa. De inmediato, Vania los notó y en menos de un segundo se puso de pie y salió disparada hacia Arieny, estrujándola en un abrazo sobreprotector mientras más perlas congeladas salían de sus cuencas.

-¡Lamento tanto haberme ido así!-bramó Arieny entre llantos y lloriqueos.

-¡Yo tuve la culpa!-se le unió Vania con los mismos llantos apenas entendible.-Debí haberte dejado en paz cuando me lo pediste, si no, nada de esto habría pasado.

Ambas se desahogaron por unos minutos, Ferlion y Elsa no paraban de observar, sonriendo de vez en cuando al ver que las dos finalmente estaban reunidas y habían hecho las pases, aunque hubo un punto en que ambas amigas hablaban al llorar a tal punto que era imposible entender lo que decían o si solo se estaban lamentando todavía más. Eso disparó los recuerdos de Elsa nuevamente, sobre ella y su hermana, dándole ganas de ir con ella para recordar lo que se sentía que su familia la abrazara y reconfortara; tomó nota de ello prometiéndose que algún día lo volvería a hacer. Cuando el llanto hubo cesado, ambas mujeres se soltaron y Vania miró a Ferlion, sorprendiéndose de que el ermitaño hubiese salido de su caverna.

-¿No estas herida, verdad?-le preguntó a su amiga pelirroja, pero antes de que ella le contestara, la atrajo hacía sí misma de forma sobreprotectora y se dirigió al hombre de pelo negro. ¿Arieny es libre de regresar a su hogar, volver a sus labores y aguantar mi estresante compañía de nuevo?

-Tranquila, ella es libre de hacer lo que quiera desde ahora.-declaró Ferlion con total naturalidad, como si ser encarado con descontento fuese algo muy común.-Ella me importa demasiado como para mantenerla bajo tierra contra su voluntad.-dijo mostrando con orgullo el anillo en su mano izquierda. Arieny hizo lo mismo separándose lo suficiente de Vania para que pudiera verlo por sí misma.-Claro que pediré solo una cosa, ya que Arieny y yo nos hemos casado lo justo sería que pasase…uhm…¿tres meses de cada año conmigo?-sugirió esperando la aprobación de las señoritas.

-¡¿Tres meses?! ¿no podría ser solo un mes? Ese fue el tiempo que estuve vagando por el mundo buscándola.-dijo Vania, empezando a aferrarse al brazo de su amiga. Ferlion se les acercó tomando la otra mano de su esposa, aquella que no tenía el anillo.

-Es muy poco tiempo.-argumentó el Señor de los Bosques.-Además, ella es mi esposa. Lo justo es que pase tiempo con ella.-trató de no sonar desafiante, pero así fue. Y de un momento a otro, ambos seres contrarios empezaron a tirar de la pelirroja como dos niños queriendo el mismo juguete sin querer compartirlo, Elsa se carcajeó con total libertad queriendo saber cuánto más podrían seguir así.

-¡Suficiente!-gritó Arieny, quien ya sentía sus extremidades un centímetro más largas. Ambos la soltaron sorprendidos del cambio de humor tan repentino de la dócil señorita-Soy una mujer adulta, capaz de tomar decisiones por mí misma. Si alguien tiene la última palabra en este arreglo, esa soy yo.-sentenció haciendo temblara el suelo, provocando que la nieve empezara a derretirse. Ferlion y Vania alzaron sus brazos al mismo tiempo, como si tuviesen miedo de tocarla y hacerla enojar todavía más, no obstante Arieny solo suspiró y calmó sus estribos para encáralos a ambos sin que temblaran de miedo.-Acepto la oferta de los tres meses con mucho gusto. Pero será para el próximo año, como pueden ver tengo mucho trabajo que hacer hasta que todo vuelva a la normalidad.-les dijo a los dos.

Lo último que Elsa vio fue los rostros satisfechos de Ferlion y Vania, luego todo desapareció y frente a ella todo se volvió oscuro, sintió su cabeza dar vueltas y los músculos entumecidos. Lo siguiente fue la sensación de caer, no la típica sensación que uno tendría cuando se arroja a un precipicio debido a razones de peso mayor, no era la tétrica y horrible sensación de caída cuando duerme y se siente medio dormido y medio despierto, la caída libre de espaldas que suele venir antes de tocar "piso" en la cama. Pero Elsa sintió el suelo de roca contra la parte posterior de su cabeza, también contra su espalda y mareos masivos amenazando con hacerla desmayar.

-¿Te encuentras bien?-escuchó a lo lejos, reconoció la voz, era de Beca, pero el dolor de su cabeza le impedía abrir los ojos para confirmar en caso de que su cabeza le estuviese jugando chueco. No asintió, negó lo mejor que pudo sin sentirse peor. Era obvio que no estaba bien.

-Haz que coma esto.-escuchó a Arieny pero eligió no ver nada. Sintió que era levantada del suelo con ayuda de las dos mujeres, puesta de nuevo en la silla, luego sintió algo pequeño querer entra en su boca, ella la abrió y masticó lo que dedujo era una semilla, era dulce, algo dura pero comestible. Masticó y tragó apenas concentrándose en si sabía bien o mal para su paladar.

Elsa siguió comiendo de la misma semilla hasta que con la tercera empezó a sentirse mejor. Su cabeza ya no dolía y su cuerpo cobraba firmeza, se obligó a abrir los ojos y sintió la luz de las rocas de la caverna penetrar hasta su cerebro, dolió unos segundos hasta que se aclaró lo que tuvo frente a ella. Sí, todo casi igual, excepto por el candelabro de raíces y flores, los perros las rodeaban, Rebecca estaba junto a ella dándole las semillas para que mejorase, y si, Arieny también estaba ahí, sosteniendo uno de sus perros mientras lo tres grandes canes se situaban junto a ella como una escolta. Pero lo que antes no estaba, era un montón de luciérnagas en el techo simulando estrellas distantes, agregándole más luz al lugar para que se viera como medio día.

-¿Ya te sientes mejor?-habló la pelirroja acercándose a ella.-Te pido disculpas. No tenía idea de que las luces te afectarían tanto.-dijo señalando con sus ojos las luciérnagas encima de ellas.-Sigues siendo mortal, eso no lo sabía.-y ante el comentario, Elsa apenas entendió algo.

-Esa es otra cosa.-le dijo Rebecca.-Siendo mortal, los hechizos que puso Ferlion en esas luciérnagas, y básicamente cualquier hechizo, te afectan al punto de casi enfermarte.

-Entonces…lo que vi…

-¿Qué fue lo que viste?-le preguntaron ambas mujeres con ojos agrandados y fijos en ella.

-Creo que fue la versión original del mito griego de las estaciones.-soltó con algo de inseguridad.-Ferlion sería Hades, tú Perséfone.-la señaló con el dedo.-Vania sería…¿Deméter?

Y así Arieny le explicó de nuevo la historia cubriendo los detalles que Elsa le pidió, como el hecho de que solo ella y Vania eran las únicas dos fuerzas de la naturaleza contrarias que se consideraban familia, o que tan pronto como se hizo el trato de la estancia de los tres meses, Shasta tomó parte también tomando tres meses del año para que el mundo la llamara la estación del verano. Y lo más importante, explicarle que Hombre de la Luna y Pitch siempre habían estado en disputa por la Tierra desde que llegaron, o más bien desde que el hombrecito se adjudicó el título de protector de los niños en el mundo, y que en cada era, Pitch se las ha arreglado para sobrevivir del miedo de las personas para mantener el paso de la pelea con Mim, pero valiéndose de cada ser primigenio que ha conocido sin aprovecharse dos veces.

-Entonces ¿en donde entras tú?-le preguntó Elsa a su acompañante, la querubín de cabello rubia opaco.-Por cierto, vi a Cupido mientras estaba ofuscada. ¿por qué nunca me hablaste de él?

-Si, Rebecca…-dijo Arieny con tono sugerente, sonsacándola para que hablara ella también.-¿por qué nunca hablas de él?

Rebecca se quedó callada, mirándolas con irritación y con la intención de hacer pucheros, y un berrinche colosal, pero lo evitó por el bien de los indefensos canes que no merecían su ira. Deseaba que las luciérnagas volviesen a ofuscar a Elsa pero pensó que eso la lastimaría todavía más, y no deseaba que Pitch la castigara por no haber cuidado bien de su nueva amante…se le enchinaba la piel de solo pensarlo. Suspiró y se sentó del lado contrario de la mesa para verlas de frente, se resignó para volver a contar su predicamento.

-No hablo de Lloyd porque él es una persona desagradable, ¿esta bien?-dijo, recibiendo de la rubia platino la misma mirada que le daban todos cuando decía eso, sabiendo lo que pensaba de su hermano, que era buena persona por haber auxiliado a Vania cuando lo necesitó, sentía un placer macabro al resquebrajar esa ilusión.

-Esto se pondrá bueno.-comentó Arieny mientras acariciaba uno de sus tres canes negros como si fuese la cosita más linda.

-¿Recuerdas que te dije que morí y me resucitaron?-Elsa asintió, guardando silencio para que le explicara.-Bueno, Hombre de la Luna lo hizo. Cuando él llegó, vio cierto potencial en los humanos o algo así, y decidió ayudarlos a prosperar a través de los niños y niñas de todo el mundo, protegiéndolos de los males que causaba Pitch para que sus sueños tomasen rumbo y se hicieran realidad, pero para ello, él necesita ayuda de aquí mismo, puesto que está atascado en la Luna, su barco espacial. Así que se dedicó a elegir personas que cumpliesen con su visión. Yo vivía en la ciudad eterna, Roma, justo en la capital. Pertenecía a una de las familias acomodadas del imperio, viví con mis padres y con tres hermanos mayores, y al ser la última y mujer, me mimaban mucho. Pero cuando mis hermanos se fueron a servir en las legiones, mis padres fueron culpados de un crimen que no cometieron, fueron ejecutados y yo fui vendida como esclava.-Rebecca se detuvo a ver la expresión de Elsa, asombrada y perturbada.-Me llevaron a varios burdeles pero siempre lastimaba a mis amos o a los clientes, así que me enviaron a Londinia en Britania, una de las muchas colonias del imperio a que me convirtieran en gladiatrix, gladiadora.

-¿Fuiste gladiadora? Pero pensé que ese castigo era exclusivo para los hombres.-comentó la reina con confusión y sed de respuestas.-que yo sepa no existían mujeres gladiadoras.

-Eso es porque ellas murieron junto con el imperio. En Britania una mujer podía ser gladiadora si compartía mi caso o a voluntad propia para mantener a su familia cuando no estaban casadas. Hubieron otras dos junto conmigo. Y ahí conocí a Cracio, él fue mi esposo.

-También era gladiador.-afirmó Elsa, a lo que Rebecca asintió con media sonrisa.

-Él me enseñó todo lo que sé sobre combate, le daba lástima dejar morir a alguien que apenas había tocado una espada. Luego de unos…cinco de estar peleando para entretener, un viejo amigo suyo nos compró y nos liberó; nos casamos y partimos del imperio, jurando no regresar jamás. Sin querer llegamos a la isla de donde era mi madre, la Isla Olvidada de Poseidón, porque solo recibía un barco cada medio año y nada más. Ahí tuve a mi hija, Fano.

-¿Qué edad tenías cuando tuviste a tu hija?-preguntó Elsa tan rápido como pudo.

-Veinte, Cracio era cinco años mayor que yo.-dijo, sabiendo que Elsa se vio momentáneamente sorprendida, hasta que la vio pensárselo dos veces.-Es común que las mujeres por mucho menores que sus esposos, mi Madre tenía catorce cuando se casó con mi padre, quien ya tenía veinte años.

-Oh…-soltó la reina.-Un momento, si tenías veinte cuando nació tu hija, ¿qué pasó cuando tuviste veinticinco? Me dijiste que a esa edad habías muerto.-le recordó.

-Bueno…un día la isla recibió el barco de una legión romana, el capitán y líder era el hombre que inculpó a mis padres y exigía que regresara a Roma para que me casara con él. Supo que me casé pero no que tenía una hija. Al final la isla entera los obligaron a irse pero él amenazó con volver con más tropas si no regresaba a tierra firme antes del siguiente invierno. Cracio, Fano y yo tuvimos que abandonar la isla, averiguamos el paradero de mis hermanos y le encargué a mi niña al mayor de los tres. Yo deseaba vengar la muerte de mis padres con la vida de ese general y Cracio no hizo más que apoyarme, pero caímos en una trampa y él murió, yo di el tiro de gracia acabando con la vida de esa escoria, pero él también consiguió matarme.

-Fue cuando hombre de la Luna te resucitó, ¿no?-volvió a hablar la reina.

-Sí, pero lo hizo contra mi voluntad. Y como si fuera poco, lo primero que dijo fue que me quitaría nombre para ponerme el de Lilith Mercy, y que estaría junto a Lloyd como su compañera. Pero el idiota lo captó mal y me dijo que era su pareja, se lo dijo a todo el mundo y yo tuve que decirles que era su hermana para que todos lo vieran feo si me metía mano.

-Uy…¿No bastó con ponerte ese nombre, no? Por cierto, ¿cual era tu nombre antes?

-Tiveria Pictix Domitia.-finalizó.-Suena horrendo pero es mejor que…Lilith, ugh.

-Te van a dar arcadas si sigues haciendo eso.-le dijo Arieny para evitar que vomitara.-Y así como Rebecca o Lloyd, Hombre de la Luna ha elegido a otros con el propósito de proteger lo bueno de este mundo. Y al contrario de él, Pitch quiere ese monopolio para deshacer lo que se ha hecho y regresar al mundo a la Edad Media, a la Edad Oscura.-aclaró la pelirroja, dirigiéndose a la reina.-Sin embargo, él le tiene especial odio a los guardianes, pero eso me corresponde decírtelo.

-¿Qué? ¿entonces de qué sirvió haber venido hasta aquí? Ya le dije que Pitch no está dispuesto a hablar. Ha sido así desde que era una niña y-

-Y sé que debe ser frustrante. Pero estas olvidando algo muy importante, que a pesar de que él no es bien recibido por nosotros, tú te enamoraste de él por lo que es.-Arieny la vio a los ojos, sosteniendo su mejilla con los nudillos y manteniendo contacto.-Y si bien antes nunca te dijo nada de esto, ahora que eres su pareja deberá hacerlo. Ahora que vas a estar con él, debe decírtelo para que se vuelva cosa de ambos…quien sabe…tal vez seas tú la que le impida pelearse tan seguido con los guardianes y con hombre de la Luna.

-Lo dudo completamente.-interrumpió Rebecca con sorna en su comentario.

Las paredes de la caverna temblaron por breves momentos hasta que vieron uno de los muros abrirse, de éste emergió una figura conocida, era Ferlion, quien se veía muy cambiado según por lo que Elsa había visto cuando la ofuscaron. Usaba ropa griega antigua, una toga café oscura con una túnica negra decorada en los bordes con hojas secas propias del otoño, habían brazaletes plateados en sus muñecas y un par de sandalias de cuero. Su cabello estaba notablemente corto y su barba también, haciendo una angular que copiaba su fuerte mandíbula, seguía pareciendo intimidante pero más agradable. Cargaba en su mano un cayado parecido a una rama gruesa de algún roble muriendo, y en la otra llevaba una bolsa hecha de telarañas, grande y llena hasta el tope con pescado, y mariscos, incluyendo almejas, mejillones y ostiones.

Rebecca y Elsa fueron las primeras en captar un par de erizos de mar en la bolsa, sus estómagos rugieron mientras Arieny corría al encuentro de su esposo, besándolo y llenándole la cara de mimos mientras le despeinaba.

-¿Visitas?-preguntó él, mirando a las dos mujeres que se ponían de pie.

-Si, Rebecca trajo una nueva amiga.-le explicó de forma corta, luego le contaría todo el chisme.-¿Tienen hambre?-le preguntó a sus invitadas, a lo que ellas asintieron.-Entonces quédense y acompáñennos a comer.

Mientras Rebecca le ayudaba a Arieny a prepara los mariscos, Elsa se presentó con Ferlion como solo lo haría una reina, retomando el lenguaje educado que le enseñaron. Ambos hablaron un poco mientras las otras dos cocinaban.

-¿No vas a ayudar o algo así?-preguntó Elsa luego de un rato de silencio, se dio cuenta de que Ferlion no había cambiado mucho, seguía sin ser muy hablador.

-Ella dice que me quede fuera. Cuando intenté cocinar para ella lo quemé.-le dijo con seriedad y algo de vergüenza.

-¿Cuándo fue la última vez que le cocinaste?

-La mañana después de casarme con ella…le hice una ensalada.

Elsa trató de no reír descaradamente, le quiso preguntar cómo fue que logró alimentarse antes de que ella llegara pero prefirió no hacerlo. En su lugar desvió la conversación hacia otras cosas, y antes de quedarse sin temas para hablar, la comida se sirvió. La tarde transcurrió con calma, Elsa por fin vio el encanto de comer erizo de mar, disfrutó de otros mariscos y también de la compañía de sus nuevas amistades, pero pensaba constantemente que al volver tendría que enfrentar a Pitch para que le contara todo lo que él no quiso, y se prometió que esta vez no lo dejaría salirse con la suya distrayéndola con otras cosas.


Les dije que sería largo xD espero y les haya gustado. El siguiente capítulo no tardará tanto, de eso estoy segura.

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¡Nos vemos la próxima!