Primera Generación.
Para aquellos y aquellas a quienes el drama nos corre por las venas.
«Una familia de muggles desaparece»
«Se registró un nuevo ataque en el Callejón Diagon y dos más en Hogsmeade»
«La Marca Tenebrosa se vio por quinta vez en tres días en los cielos de Londres»
No había paz; para nadie era un secreto. Las mañanas eran más grises que de costumbre y en las noches reinaba un silencio que ni las lechuzas se atrevían a interrumpir.
—Sirius, quédate quieto—, y es que el susodicho llevaba caminando de un lado a otro del comedor desde hacía diez minutos. Se mordía las uñas, se revolvía el pelo, gruñía.
—No, Lunático. Ya deberían estar aquí. Lily nunca llega tarde y James, ahora que está con ella, tampoco llega tarde. Y te juro que en cuanto lo vea, le voy a tirar toda la vajilla que encuentr-
Su maravilloso (o no tanto) discurso se vio interrumpido cuando la puerta principal de Grimmauld Place se abrió y segundos después, Lily y James Potter hacían su aparición. Venían cabizbajos, apagados. Gestos que solo hicieron que Sirius, Remus, Peter y Marlene se preocuparan el doble.
—¿Y?—, la rubia, en vista de que ninguno decía nada, decidió tomar la batuta, —¿Qué pasa? ¿Por qué se demoraron? ¿Por qué parecen momias?—.
James optó por seguir con la lengua amarrada y no decir nada. Peter buscó su mirada y él le sonrió con amargura. Su esposa, por otro lado, corrió una silla y se sentó. Los codos los colocó sobre la mesa y las manos le sirvieron de apoyo para su cabeza, —Estoy embarazada—.
En otra época, esa noticia quizás hubiera sido motivo de fiesta, de alegría, de sonrisas. En tiempos de guerra, cuando abrir los ojos en la mañana es prácticamente un milagro, no tanto.
—Vamos a estar todos para el bebé, Lily. Tú y James no están solos—, Remus se sentó junto a su mejor amiga y le tomó la mano en ese gesto tan suyo, tan paternal, tan amigable, tan de la marca Lupin que hacía sentir bien a cualquiera. La pelirroja le brindó la mejor de sus sonrisas y, por ahora, entre felicitaciones cortas, dejaron el tema de lado.
—¿No estás feliz?—, Dumbledore había hecho ya su fugaz aparición. Les había informado que los Longbottom, junto con Dorcas, estaban revisando el último lugar en el que se había dado un ataque por parte de los Mortifagos. Marlene y James estaban en una de las habitaciones, desempacando pues se iban a quedar allí un par de semanas.
—No lo sé, McKinnon. Sí y no. No es momento de tener bebés y traerlo la mundo que tenemos ahora, ¿sabes? Esto me le imaginaba diferente. Lily realmente feliz por la noticia, pero viste su cara... viste la mía. No esperábamos esto.
—Te entiendo, pero ya dejen de amargarse por eso. Lo van a solucionar y todo va a estar marchando como un reloj suizo.
—Déjame solo, Marlene—, tampoco era secreto que James, confundido, iracundo, fuera de su zona de comfort, podía ser más peligroso que cualquier dragón. Se dejaba llevar mucho por las emociones y lo mínimo lo condicionaba. Estaba enojado consigo mismo por no haber sido más precavido, se martillaba la cabeza con un «¿y ahora qué?» y se ahogaba en los pensamientos de un futuro que se veía completamente negro.
Marlene, por otro lado, no era ninguna perita en dulce, —Vete a la mierda, James. Estoy tratando de ayudarte—, contestó, con acidez en su tono de voz, —Trágate tu mierda solo entonces—.
James no contestó.
Nunca iba a volver a contestarle.
Los locales cerca a la tienda de varitas de Ollivander estaban completamente destruidos.
La Orden del Fénix vs Los Mortifagos; batallas campales en las que siempre había daños tanto materiales, como físicos y mentales.
Parecía haber todo terminado ya. El personal de San Mungo se había llevado a los heridos de gravedad, a otros los había atendido en el lugar. Pocos quedaban allí, tratando de encontrar más cuerpos o gente atrapada.
—Marlene...—, la voz de Alice, tan dulce y serena, era la portadora de malas noticias. La apartó del grupo y con toda la calma posible, le contó que mientras el ataque ocurría, otro grupo de seguidores de Voldemort había atacado su casa. No había ningún sobreviviente.
Marlene Mackinnon. Esa mujer ruda que en Hogwarts había tenido la fama de besar como las diosas. Esa mujer que vivía de travesura en travesura. Esa mujer que cuando amaba, lo hacía incondicionalmente. Esa mujer que ese día derramó lágrimas por sus mejillas, dejando a más de uno con la boca abierta.
Pero la tristeza, en segundos, se convirtió en ira.
La ira, en venganza.
A paso firme, dispuesta a dejarse llevar por las emociones, se dirigió a los tres rehenes que la Orden había logrado capturar.
James y Sirius, conociéndola bien, sabían que se avecinaba una tormenta. Pero esa fue la última imagen que tuvieron de ella.
«Avada Kedavra»
Su cuerpo cayó en el frío suelo empedrado. Cuando James giró su rostro al lugar en donde había escuchado el maleficio, solo vio el humo negro que detrás escondía la cara de Rodolphus Lestrange; había terminado su tarea.
Ella quería morir como una heroína y había terminado siendo presa del engaño más viejo: un ataque de distracción, una batalla que dejó a todos agotados, el descontrol de las emociones.
Resultado perfecto: Los McKinnon estaban fuera de competencia.
El entierro no pasó a mayores.
La lluvia caía como hace días no lo hacía y las sombrillas negras tomaron el protagonismo.
James fue el encargado de dar el discurso final.
«Creo que todos saben que no soy bueno para hablar con seriedad. Marlene no se cansó nunca repetirme que debía practicar para cuando diera mis votos en el matrimonio, mis discursos al equipo de Quidditch luego de ganar una copa. No le hice caso.
Peleé con ella la última vez. Sí, lo sé. Peleábamos mucho por idioteces, pero siempre estuvo ahí. Cuando llegamos a King's Cross, cuando me caí del árbol en casa, cuando nos escogieron para el equipo de la escuela. En los castigos, fiestas, reuniones. Marlene no era mi mejor amiga; ella era mi hermana y no pude despedirme.
Nunca podré hacerlo.
Perdí un pedazo de mi con ella que no voy a poder recuperar.
Ojalá...»
No pudo seguir.
Lily fue con él para llevarlo a otro lado mientras el resto de la ceremonia terminó; quería venganza.
La venganza nunca llegó; la muerte ya se había instalado.
NOTA:
Un pequeño headcanon que tengo de Marlene y James. Para mi han sido mejores amigos de toda la vida y el lazo que formaron fue demasiado fuerte.
Espero les guste.
