Capitulo VII

"El militar y el explorador"

Restaurante Luna de plata, en Odaiba, Japón, en la tierra

4 de mayo de 2086

Joe comía sin dejar de lanzarle miradas a su acompañante que se concentraba más en el filete sobre su plato que en el chico de pelo azul vestido de manera muy elegante. El joven había quedado maravillado por la belleza de la pelirroja desde que la vio bajar las escaleras en la mansión con un vestido negro corto, la prenda tenía un par de delgados tirantes sobre los hombros de la fémina y un escote discreto pero atractivo. La chica llevaba el pelo suelto y muy bien arreglado para la ocasión, además de un perfecto maquillaje que hacia sobresalir sus ojos y sus labios de un tono rojo ligero. Joe incluso en momentos se olvidaba de comer por estar observando a la chica, por lo que cuando está casi finalizaba con su comida el aún tenía poco más de la mitad en el plato.

Rika dio un trago del vino en su copa y después miró al muchacho frente a ella.

-Haz estado muy callado -le dijo con voz suave interrogándolo con la mirada.

-Yo ah... Disculpa, es que no sé muy bien que temas de conversación usar.

-Tu tranquilo, tienes una buena ventaja con respecto a otros hombres en una primera cita.

-¿Cual ventaja? -Rika bebió otro trago del vino y le sonrió de manera coqueta al chico.

-Me llevaras hasta mi casa y entraras en ella, cualquier chico vería eso como una gran victoria -Joe sintió que se atragantaría con el bocado que tenía en la boca al escuchar el comentario de la chica, la cual después comenzó a reír como si acabara de contar un chiste.

-Bueno, en eso tienes razón, pero dado que eso será solo porque vivimos en el mismo lugar no me parece tan sobresaliente esta victoria.

-Solo quiero apuntar a que no deberías sentirte tan presionado o nervioso, suéltate –le dijo con un tono más parecido al que usaba usualmente y le guiño un ojo. Joe sonrió al mismo tiempo que asentía.

-Tienes razón…aunque aún hay algo que me perturba un poco.

-¿Qué cosa? –Joe dudo un momento sobre si seguir hablando, pero finalmente tomo la decisión de hacerlo.

-Bueno…lo que pase en la mansión, ya sabes, ¿Cómo irán a tomar los demás que tú y yo saliéramos en una cita? –Rika cambio su expresión relajada a una que denotaba más seriedad y una ligera molesta. Al mismo tiempo se inclinó hacia adelante apoyando los codos sobre la mesa y desviando la mirada.

-No sé, tampoco me interesa mucho, y creo que no deberíamos darle mucha importancia a ese hecho –Joe notó el cambio de humor de la chica y se sintió torpe al mencionar lo referente a los demás habitantes de la mansión.

-Creo que también en eso tienes razón, no debí mencionarlo.

-Joe –lo llamó con seriedad la pelirroja-. Esta noche estamos juntos tú y yo, solo eso, lo que pase o no pase es nuestro asunto, nuestro problema, nuestro gusto mejor dicho –dijo alzando su copa. Joe la miro cautivado y la imitó, levantando su copa para hacer un brindis.

-Por nuestro gusto –dijo el peli azul.

-Si, por nuestro gusto –lo secundo Rika mientras bebía por completo el contenido de la copa tratando de disfrutar del vino y de la compañía, y al mismo tiempo intentaba no pensar en su compañero y actual dolor de cabeza: Takato.

Mansión Riuga, Odaiba, en Japón, la Tierra

Mayo 4 de 2085

Había ciertos momentos en que Hikari sentía una extraña sensación de nostalgia que la hacían apartarse del resto, incluso de Gatomon, a quien en esa noche en particular le pidió que saliera para dejarla sola, y como ya era una costumbre en su relación, el digimon accedió sin hacer protesta ni pregunta alguna advirtiéndole a la chica que no estaría lejos más de un par de horas, mismas que la joven de cabellera castaña aprovechó para encerrarse en su habitación y recostarse en su cama recargando la espalda en la cabecera de la misma. En esos momentos la chica que siempre parecía estar de humor para iniciar una charla se convertía en una persona totalmente diferente, la cual no quería saber nada de nadie, lo único de lo que gustaba era de escuchar música o leer algún libro, y en ese momento en el cuarto se escuchaba Kiss From a Rose de Seal, una prueba de otra de las muchas peculiaridades de la joven, puesto que era muy sabido que ella gustaba de música de la época de aquella melodía.

La chica sostenía en sus manos un libro que T.K. le había prestado: la metamorfosis de Franz Kafka, sin embargo no lograba mantener la atención sobre la peculiar situación de Gregorio Samsa, para ella en ese momento era mucho más sorprendente e intrigante la carta que reposaba sobre el mueble a un lado de su cama que la idea de despertar de un día para otro convertido en un insecto. Suspiro resignada mientras dejaba apartado el libro y se estiraba para alcanzar el pedazo de papel doblado en varios pliegos. Lo empezó a desdoblar como ya había hecho esa misma mañana y comenzó a leer nuevamente.

Himari.

Eres solo una niña y ya tienes una mente de adulto, eres más madura que yo, y aunque eso nos ha salvado muchas veces, sigo sintiéndome culpable por la infancia que perdiste. Apenas una niña cuando nos fuimos, y ahora, aun cuando no lo pareces eres toda una mujer, me siento terrible por esto. Jamás podre disculparme lo suficiente o perdonarme, aun cuando esta guerra termine, ¿llegaremos a un portal? ¿Regresaremos a casa? Dios, ¿Cómo estará mamá? Apenas unos días atrás hablamos de ella y aún sigo pensando en mi promesa: te devolveré a nuestro mundo a como dé lugar, si tan solo supiera como…

Espero que me perdones por ser tan torpe, y que siempre sepas que te quiero, te amo, y a mamá, y a nuestro mundo, y a este mundo también. Desde hace días tengo el presentimiento de que no sobreviviremos ambos a la guerra, y con eso solo me refiero a que volverás sola a casa, porque me niego a perderte aquí. Discúlpame con mamá en cuanto la veas.

Quiero que sepas que no importa el costo, no importa la dificultad, las tristezas ni la fuerza invertida, no me arrepiento de amar este mundo y sé que tú tampoco, sé que como dice James el mundo no está preparado para esto, pero quizá un día lo este, y cuando ese día llegue, todas estas guerras solo serán un mal recuerdo de la estupidez y soberbia de algunos miembros de las especies.

Sueño con un mundo lleno de niños jugando con sus compañeros, los más fieles y devotos compañeros y amigos, los digimons.

Tu hermano que te ama: Tyson.

En la mente de Hikari persistía la sensación de que aquellas palabras le correspondían a ella, ¿pero cómo esto era posible si la carta iba dirigida a una tal Himari, de la cual Hikari no sabía nada? No pudo más que volver a sentirse frustrada al no entender por qué dentro de ella algo se movía, una sensación intensa la recorría y la hacía estremecer. ¿Quién eran esas personas? ¿De qué guerra hablaban? ¿Y cómo habrá terminado esta?

-¿Por qué esas palabras convocan tanto en mí? –Se preguntó la chica mientras se acomodaba un poco el cabello, recostada en la cama-. Himari…Tyson –se repetía en la soledad de su habitación- Himari… Tyson… Tyson… Tai.

Planicie sur en el continente Sarvar, en el digimundo

Mayo 5 de 2085

Sobre la extensa y calmada planicie solo se percibía el movimiento de un gran vehículo que en solitario atravesaba el terreno. Se trataba de uno de los vehículos oficiales de HEDM de última generación, un gran camión de combate, con cuatro pares de ruedas, construido con materiales altamente resistentes, y dotado de armamento pesado. Dentro del vehículo cariñosamente apodado como "el escarabajo" se encontraba un grupo constituido únicamente por dos Tamers y sus dos compañeros digimon. Normalmente ese vehículo requería de algo más serio (y peligroso) que una exploración para que su uso fuera autorizado, pero, debido a la situación que en ese momento estaba desatada en el digimundo y a las directas ordenes de uno de los más importantes hombres que existía en relación con los digimons: Charles Resse, el grupo de cuatro se había hecho con la máquina de guerra que ahora tenían bajo su control.

Yamato Ishida, capitán en la división militar de HEDM, manejaba el vehículo pese a las protestas de su compañero, Taichi Kamiya, el poco convencional y bastante problemático Tamer al que mucha gente conocía por sus hazañas y peripecias. Llevaban parte de la madrugada y toda la mañana en su expedición, después de una corta visita al Centro de investigaciones Riuga, donde revisando la información de la que disponían decidieron que esa planicie y la selva que en ella se encontraba eran su mejor opción. El chico castaño se levantó de su asiento junto al rubio para dirigirse a una pequeña nevera que tenían dentro del vehículo. En la parte de atrás del mismo había bastantes artefactos, y más delante de estos se encontraban Agumon y Gabumon jugando una partida de Póker. Taichi regreso a su asiento con un par de botellas de agua, le alcanzó una al rubio quien la tomo y agradeció sin dejar de ver al frente. Taichi dio un trago a la botella y después tomo una Tablet que descansaba sobre el tablero del vehículo.

-Según el mapa de Sora, deberíamos llegar en cualquier momento –dijo Taichi-, sigue en esta dirección.

-Entendido –dijo el rubio. Para Tai no había sido fácil adaptarse al uso de los mapas diseñados por HEDM para la navegación, pero rápido había comenzado a acostumbrarse. Siguió revisando la información dentro del aparato electrónico que Sora les había entregado antes de partir.

-El templo del dios digimon Zhuqiaomon, uno de los lugares más sagrados según las leyendas, más referido en varios mitos y escritos antiguos, y también un lugar bastante perdido –dijo el muchacho mientras volvía a dejar el aparato sobre el tablero del vehículo.

-Sora dice que tantas referencias a es lugar no pueden ser meras coincidencias, aunque actualmente no haya nadie vivo que haya estado ahí, el templo seguramente es real, en Sarvar hay un templo para cada una de las otras tres bestias sagradas, sin embargo nunca se ha visto una de Zhuqiaomon.

-Deben estarla ocultando –dijo Taichi algo pensativo-, wow, Sora sí que se toma en serio eso de investigar –dijo mientras volvía a echarle un vistazo a toda la información recopilada por la chica pelirroja.

-Es su especialidad, es brillante en eso, jamás decepciona –dijo el rubio con un tono particularmente alegre. Tai noto esto y recordó algo que lo había intrigado desde que volvió a ver al rubio junto a él y a la pelirroja que había redactado ele escrito que estaba leyendo.

-Oye Matt… ¿Qué hay contigo y con Sora?

-¿A qué te refieres? –preguntó el muchacho como si no entendiera la pregunta de Tai.

-Sabes a que me refiero… Antes de lo de Etemon, tú y ella parecían…pues, cerca de tener algo, luego fue toda la crisis con Myotismon y después me marche pero, pensé que en ese tiempo que no estuve tú y ella…ya sabes –el rubio hasta ese momento le dirigió la mirada a Tai quien hacia extraños ademanes con las manos. Matt por supuesto sabia a que se refería, solo que era un tema del que no le gustaba hablar, aunque por otro lado, tampoco le veía mucha utilidad en ocultar algo tan obvio como sus sentimientos por Sora, que aunque se esforzara en negar y ocultar, sabía que la gente se daba cuenta. Suspiró resignado antes de hablar.

-Pues la verdad es que no hay nada, somos amigos y nada más.

-Pero si habían incluso llegado a besarse, ¿Qué paso?

-No lo sé –contesto algo fastidiado-, cuando te fuiste, cuando terminó lo de Myotismon y Sora decidió que quería ser una Tamer, yo me ofrecí a ayudarle en todo lo que pudiera, pasaba mucho tiempo con ella ayudándole a estudiar y a aprender todo lo que debía saber sobre los digimons, sobre HEDM y sobre Biyomon. Por un tiempo sentí que estábamos muy cerca el uno del otro, hasta que una tarde como si nada, estábamos revisando algunas cosas y me dijo "oye Matt, ¡adivina! Hoy saldré con un chico"…eso me dejó en claro el lugar donde me tenía Sora, y desde ese momento decidí no hacer nada.

-Vaya…lamento escuchar eso.

-Si…como sea –dijo tratando de sonar como que aquello no le importaba, al menos eso le pareció a Tai-, como suelen decir, ella no es la última Coca-Cola en el desierto, y tan mala suerte no he tenido en estos años –Taichi sonrió por el comentario de Matt.

-Supongo entonces que has tenido una que otra aventurilla por ahí –dijo Tai en un tono de complicidad.

-He tenido mis momentos –dijo con un tono ligeramente arrogante- ¿y tú? ¿Te has divertido o te reservas para alguien especial? –Tai pudo notar que por la forma en que el rubio dijo esta pregunta, se refería a alguien muy en concreto.

-Bueno, no es algo de lo que me guste mucho hablar –dijo el chico desviando la mirada. Matt asintió, él no era de los que les gustaba insistir en preguntar sobre asuntos privados a los demás-, pero, claro, uno tiene ciertas necesidades e impulsos, que hay que atender.

-Claro, me lo imagino, seguramente una desconocida vagabunda como tú en el callejón de algún pueblo olvidado por dios.

-Claro que no –exclamó Tai-, de hecho fue en la parte trasera de un Jeep a mitad del desierto.

Matt emitió una sonora carcajada al escuchar al chico, quien también comenzó a reír. Siguieron hablando de esa manera cambiando de tema cada tanto hablando solo de cosas sencillas, nada que tuviera que ver con digimons, con elegidos, con dioses o villanos, solo una simple charla entre dos chicos de diecinueve años, lo cual no pasó desapercibido para los dos digimons, quienes parecían contentos de ver a ambos hablando como jóvenes normales, cosa no muy frecuente, y que aunque ni los mismos chicos admitieran, era algo que llegaban a sentir como necesario, y agradecían sin pronunciarlo en ese momento poder disfrutar de un contacto tan sencillo y sin preocupaciones como ese.

Al cabo de un rato se percataron de que ya estaban muy cerca, y antes de que alguno de los dos preguntara ¿Dónde estaba el lugar que buscaban?, la imagen de una espesa selva les aclaro esa duda.

Matt frenó ante la espesa vegetación de la selva bordeada por montículos de tierra y piedras de gran tamaño.

-Hasta aquí, el escarabajo es demasiado grande para pasar entre los árboles, además no está suficientemente equipado para abrir un sendero.

-De acuerdo, seguiremos a pie.

Dicho esto ambos chicos y los dos sigilo a bajaron del vehículo. Matt se cargó al hombro su rifle de asalto y Tai guardó en una cartuchera al cinto su arma. Los dos tamers, y también los digimons se cargaron además una mochila en la espalda cada uno, para comenzar el peregrinaje dentro de la selva frente a ellos. Tai iba a la cabeza, abriéndose paso con una notoria destreza que para Matt no pasó desapercibida. Para él y Gabumon no era que resultara imposible seguir al otro par, pero tampoco podían saltar gruesas y grandes raíces de árboles inmensos y sortear los hondos charcos que había repartidos por aquí y por allá con la facilidad que Agumon y el muchacho castaño lo hacían.

Después de un buen tramo de camino, se encontraron en la parte baja de un gran desnivel por el cual resbalaba un poco de agua. Tai palpo la pared de barro frente a él, revisando la firmeza de este. Introdujo la mano y la sacó con suma facilidad para después voltearse dirigiendo una mirada a sus compañeros.

-No podemos escalar -sentenció mientras miraba a su alrededor -. ¡Perfecto! -exclamó luego señalando un gran árbol cuyas ramas se extendían muy cerca de la parte superior del terreno.

El resto entendió de inmediato y comenzaron a escalar el árbol. Subieron hasta una altura de quince metros y luego avanzaron sobre una gruesa rama que estaba a una distancia no tan grande del borde del terreno lodoso, debían dar un salto para llegar hasta él, y el primero en hacerlo fue Gabumon. Con una impresionante agilidad dio un salto desde la rama y aterrizo varios metros adelante del borde del terreno. Agumon lo siguió, aterrizando un par de metros atrás de donde calló Gabumon.

-¿Una competencia? -dijo Tai que era el que seguía en la fila. Se preparó unos momentos y se balanceó un poco antes de saltar, dado que no poseía tanta agilidad como los dos digimons. Saltó y logró aterrizar con firmeza un metro adelante del borde. Se quedó estático un momento para no resbalar y luego echó la mitad del cuerpo hacia adelante para empezar a avanzar.

Matt se balanceó igual que Tai pero debido a la duda lo hizo varias veces más hasta escuchar un fuerte crujido de la rama, lo que advirtió a todos de que estaba a punto de romperse, en ese instante sin pensarlo dos veces Matt salto con todas sus fuerzas hacia adelante y mientras él se encontraba en el aire la rama se dobló, vencida por si propio peso. Matt aterrizó apenas en el borde. Sintió un alivio que le duro poco pues dio un paso hacia adelante su otro pie resbaló debido en el lodo y sintió como su peso lo vencía hacia atrás. A punto de caer sintió como la correa de su arma se tensaba y vio frente a él, a Tai que había alcanzado a sujetar la punta del rifle. Pero el peso del muchacho hizo que los pies de ambos resbalaran hasta que Agumon y Gabumon sujetaron con un brazo cada uno una pierna de Tai y clavaron las garras del brazo libre en la tierra mojada. Los cuatro respiraron con alivio, tomaron unos segundos para recuperar el aliento y luego comenzaron a avanzar con lentitud.

Ya en terreno más firme Matt se sentó sobre una gran roca y Taichi se dejó caer en la hierba húmeda.

-Creo que es tiempo de un descanso -el silencio fue la respuesta afirmativa que todos dieron.

El pequeño grupo siguió su exploración después de un leve descanso y de comer y beber un poco para reponer energías. Soportaron el abrazador calor que se extendió desde el mediodía hasta que comenzó la puesta de sol que ahora podían medio ver a través de las espesas ramas de los altos árboles.

Matt se pasó la mano por la frente y los ojos para retirar el sudor que resbalaba por todo su rostro. No estaba seguro de cuanto llevaban caminando, pero a esas alturas debía ser ya bastante. Según el mapa que seguía en manos de Taichi debían seguir en la dirección en que iban. El camino se había vuelto algo más sencillo, no habían tenido dificultades salvo al cruzar un pequeño rio que les llegaba a cubrir hasta la cintura y cuya fuerza los obligo a utilizar una soga que gracias a Taichi lograron arrojar desde un extremo del rio al otro donde se aferró a un tronco grueso fuertemente plantado en la tierra.

-¿Falta mucho? -preguntó Agumon cuando se detuvieron, a mitad de un pequeño claro libre de árboles, bajo la sombra de las ramas de los que crecían alrededor.

-No estoy seguro,-confesó Tai llamando la atención de Matt

-¿Como que no estás seguro? -lo interrogó el rubio.

Tai se acercó a él mostrándole la pequeña pantalla que sostenía.

-Según esto el templo es toda una pequeña ciudad, de gran extensión, ya debemos haber recorrido cerca de la mitad de esta selva y no hemos visto señal alguna de una construcción, ¿Bastante raro no crees?

-Déjame ver -Pidió Matt tomando la Tablet que el castaño sostenía. El mapa consistía solo en una mancha verde con unas pocas referencias que sugerían que había sido elaborado desde una vista en el cielo, no a base de una exploración como la que hacían ellos.

En efecto, por la posición del rio que habían pasado y que en el mapa aparecía como una delgada vena azul que cruzaba la selva, debían estar a mitad de esta o muy cerca, pero no habían visto nada. Matt revisó los archivos adjuntos que describían el templo e indicaban que se encontraba en esa selva, concordando con Taichi en que por la extensión que se describía tenía esa construcción, debían haberla visto ya.

-No entiendo esto -confesó el muchacho.

-Creo que está claro -intervino Tai. Dio un suspiró y rascándose la cabeza continuó-. No sé si estamos en el lugar correcto, quizá el templo no esté aquí -Matt lo miró como no dando crédito a sus palabras-. En dado caso de que exista, lo más probable es que se encuentre en otra selva inexplorada de este continente, en la región occidente.

-Sora no pudo cometer un error como ese -la defendió indignado por las palabras del chico.

-No dudo de las capacidades de Sora, pero entiende, información como esta no es cien por ciento genuina, este tipo de investigaciones se hacen a base de textos, relatos y leyendas. Nadie se toma el tiempo de realizar exploraciones, Matt, hace años que HEDM no explora el digimundo. Posiblemente el templo se encuentre en otra selva -Matt sabía que las palabras de Tai estaban en lo cierto, pero le pesaba el hecho de haber perdido un día entero en una búsqueda inútil.

Tai lo comprendió, así que decidió dejar las cosas así. Volteo a ver la puesta de sol para darse cuenta de que estaba por oscurecer. Se quitó la mochila, lo mejor era pasar la noche ahí y volver sobre sus mismos pasos hasta el escarabajo al amanecer, durante todo el día habían tenido la suerte de no toparse con ningún peligro, refiriéndose a algún digimon peligroso, pero no quería tentar a su suerte y arriesgarse él y a su grupo, se decidió a comunicarle su conclusión a Matt cuando de la nada, sintió que entre la espesura de la selva que empezaba a oscurecer cada vez más alguien los observaba.

-Matt...

-Tienes razón, lo sé, debemos irnos -se adelantó a decir el rubio mientras que Agumon y Gabumon también se ponían alerta sintiendo la misma sensación que Tai.

-No, Matt...

-Claro, mejor acampemos aquí y mañana...

-¡Carajo Yamato! -exclamó Tai tratando de no exagerar demasiado el tono de su voz.

El aludido reaccionó ante el llamado fuerte de su amigo y en ese momento noto su expresión y las de los dos digimons. Su mirada paseo por los alrededores aprovechando los últimos instantes de luz de día. Fue así como noto el movimiento de varias sombras. Por todos lados algo se movía, debían ser varios oponentes, varias sombras se desplazaban con movimientos ágiles sin dejarse ver, solo eran perceptibles por el donde las ramas de las que saltaban o las hojas de la vegetación que golpeaban. Sobras y nada más podía ver el grupo.

El sol termino de ocultarse al fin, lo que hizo que el claro fuera iluminado por la tenue luz de la luna. En ese momento los frenéticos movimientos frenaron. Las sombras permanecían estáticas, rodeándolos, hasta que finalmente, con lentitud comenzaron a surgir de entre la vegetación unos seres con apariencia de simios, de pelaje amarillo y gestos rudos, varios de ellos armados con varas de madera se acercaban a paso lento y decidido.

-Apemons -dijo Tai al ver a los seres

-¿Que...? -Matt no lo dudo y tomo su arma pero Tai le impidió levantarla para apuntar.

-No es correcto, esta es su selva, nosotros somos invasores -le dijo. Matt bufo, tenía razón pero estaban ante una situación realmente desalentadora.

Los Apemons hicieron un círculo alrededor de Tai y compañía, observándolos sin emitir sonido alguno.

-¿Crees que podamos hablar con ellos? -pregunto Matt antes de que una lanza arrojada por uno de los Apemons se clavara frente a él.

-Creo que ellos no quieren hablar con nosotros.

Los Apemons comenzaron a emitir fuertes rugidos al mismo tiempo que se lanzaban sobre el grupo Tai tomó a Matt del hombro para girarlo y empujarlo en dirección a una parte de vegetación especialmente crespa de la selva. De esta salieron un par de Apemons que fueron golpeados por Agumon y Gabumon en conjunto. Los digimons avanzaron a la cabeza preparados para abrir camino a los Tamers que iban a toda velocidad detrás de ellos.

Los cuatro saltaron sobre las ramas y se sumergieron en estas sin detener su huida. De la nada un Apemon salto agitando su vara de hueso y le propinó un fuerte golpe a Gabumon que lo mando a Volar lejos.

-¡Gabumon! -exclamo Matt mientras, con semblante molesto comenzó a buscar algo en su mochila.

-Agumon, no exageres -le dijo y el digimon asintió comprendiendo.

Al Apemon frente a ellos se unió otro par, se movían con agilidad y velocidad mientras proferían agudos y fuertes gritos para alertar al resto de la manada. Agumon los seguía con la mirada tan rápido como le era posible. En cuanto uno de ellos se lanzó sobre él lo recibió con una llamarada que ilumino el lugar dejando a Tai ver que otros Apemons se congregaban alrededor. Agumon siguió atacando con bolas de fuego que lanzaban a los Apemons y los hacían retroceder, pero no parecían causarles grandes daños.

Tai noto que Matt levantaba su rifle en ese momento con el aditamento especial y le cargaba una granada.

-¡Matt! -exclamó Tai con tono de reprimenda.

-Relájate, no les haré daño -dijo mientras que en ese momento Gabumon regresaba de entre las ramas y alejaba con una embestida a un Apemon que se había lanzado sobre loa chicos. Tai tomo del sueño un palo largo y grueso y lo utilizó para alejar a un Apemon que se mantuvo a raya con una expresión burlona en el rostro. Detrás de él varios otros tenían expresiones similares, mientras daban pequeños saltos y gritaban como alentando al castaño a atacar.

Tai estaba a punto de responder a las burlas cuando escucho un peculiar silbido a su lado y vio uno de los proyectiles de Matt impactar sobre el grupo de Apemons, sin embargo no se produjo una explosión como el chico esperaba, sino que del proyectil surgió una masa viscosa que bajo la luz de las llamas que Agumon disparaba lucia de un color marrón y desprendía un olor como a caucho.

-Eso los detendrá -aseguró Matt mientras cargaba otra granada. Tai sonrió mientras loa cuatro avanzaban abriéndose paso entre la selva que ahora se había convertido en un campo de guerra. Algunas de las llamaradas de Agumon habían impactado en los árboles, lo que había hecho que se incendiaran y alejaran la oscuridad de la noche remplazándola por unas luces titilantes provenientes de los troncos que ardían. Gabumon se movía con una velocidad impresionante, parecida a la de Guilmon según le parecía a Tai, protegiendo los flancos de Matt y Tai, mientras que el rubio se encargaba de disparar contra los grupos grandes que encontraba las granadas con la sustancia viscosa que los dejaba pegados unos a otros y al suelo.

-¿Es que nunca se rinden? -se preguntó Matt disparando la última granada que quedaba en el bolsillo de su mochila-. ¡Mierda! Se me acabaron -Tai miró a su alrededor. Agumon y Gabumon no podrían mantener por mucho más tiempo lejos a los Apemons, y no era una opción el utilizar cargas letales con la lanza granadas de Matt. Noto que se encontraban en un espacio amplio con grandes árboles a su alrededor y de inmediato pensó en algo. En la mochila comenzó a buscar un cargador especial con una etiqueta plateada pegada en un costado. Lo cargo a su arma y la preparó para el disparó.

-¡Agáchense! -exclamó y sus tres compañeros obedecieron.

Comenzó a disparar a los árboles que había alrededor de ellos intentando no dejar ni uno solo sin una bala incrustada y evitando a los Apemons que gritaban encolerizados por los fuertes ruidos del arma, uno de ellos arrojó una roca que golpeo a Tai en el hombro y desvío uno de sus disparos al suelo, cerca de donde estaba arrodillado Matt.

-Estuvo cerca -dijo el rubio pero la expresión de Tai era de preocupación. Sintió como el castaño lo levantaba del suelo con fuerza y lo jalaba para después derribarlo a él y a si mismo sobre la tierra.

En ese momento fuertes estallidos se hicieron escuchar. Los troncos con las balas incrustadas explotaban con fuerza manda do a volar pedazos de madera y astillas por todos lados. Los Apemons comenzaron a gritar con pánico mientras las explosiones continuaban, incluso derribando un árbol enorme que casi aplasta a varios de los simios digimon. Matt se asombró y comprendió en el momento en que vio estallar el lugar donde había impactado la bala de Tai que esas balas tenían algo especial.

Los Apemons retrocedieron con miedo y se perdieron en la selva mientras los Tamers y digimons se ponían de pie.

-Eso los mantendrá bien alejados -dijo Tai con confianza mientras enfundaba su pistola. Matt mientras veía como otro árbol, más alto y delgado que el anterior se ladeaba poco a poco hasta entrar en caída hasta el suelo.

-¡Miren! -exclamó Gabumon, quien se encontraba viendo el cráter que debía ser el lugar de la explosión más cercana. Los dos chicos y Agumon se acercaron para ver, topándose con algo que no esperaban.

No se trataba de un cráter, sino de un hoyo, profundo y oscuro por el cual se veían algunos destellos verdes.

-¿Qué carajo? -dijo Matt sorprendido de lo que veía. En ese momento un extraño sonido se escuchó y Tai percibió un ligero temblor en donde estaba parado.

-No me gusta como sonó eso -dijo justo antes de que el suelo sobre el que los cuatro estaban parados se hundiera.

Mansión Riuga, Odaiba, en Japón, la Tierra

Mayo 5 de 2085

Mientras para los Tamers no hubiera misiones o emergencias, los días en la mansión Riuga eran tal como sonaba eso, tardes en una enorme y lujosa mansión, o si lo preferían, días de asueto disfrutando de un muy generoso salario.

Durante el día todos los equipos habían tenido misiones, si, pero por extraño que pareciera ese día luego de liberar dos sectores cada escuadrón, el emperador se había mantenido sin abarcar ningún otro espacio del continente Sarvar, por lo que todos los Tamers de la mansión se encontraban disfrutando de un bien merecido descanso.

Las reglas eran claras, de cualquier forma todos debían permanecer atentos a los digivices por si había una emergencia, pero de ahí en más todos eran libres de ocupar el tiempo como quisieran. Por lo que Sora de inmediato se dirigió a la ciudad a encontrarse con un chico llamado Touji, según había escuchado Yolei, ésta junto con Mimi se habían adueñado de la cocina para experimentar un poco, Davis salió apresurado tras terminar su ultima misión diciendo que había un imperdible bufete en uno de sus restaurantes favoritos y Ken salió poco después sin dar explicaciones a nadie. Henri estaba por seguirlo cuando Takato lo interceptó para decirle que lo acompañara a el y a Rika al cine. Joe de inmediato quiso acompañarlos (siendo que su cita con Rika, sentía que había sido todo un éxito) pero Izzi lo detuvo recordándole que debían ir a las instalaciones de HEDM en la ciudad para una evaluación del rendimiento de los digivices y las terminales. Henri invito a Juri en ese momento, pero la chica le dijo que prefería quedarse a estudiar para los exámenes que tendría pronto (por que a pesar de todo, los Tamers seguían siendo chicos, que debían preocuparse por sus estudios). Kouta y Ryo se dispusieron a usar el área de entrenamiento para ejercitarse junto con Kotemon y Dramon, Hirokazu y Kenta, inseparables amigos dijeron a todos que irían a pasear por la ciudad, con la esperanza de encontrar a algunas chicas lindas, cuando invitaron a T.K. (debido a que, como con su hermano, donde se encontraba él se encontraban las chicas mas lindas) éste les dijo que no podía puesto que ya tenía planes: Saldría con Ángela, su novia.

-¿Sabían que tiene novia? -preguntó Kenta a sus acompañantes mientras salían de la mansión, con MarieneAngemon en el hombro.

-No, pero era de esperarse, con la suerte que tiene con las mujeres -dijo Hirokazu.

-¿Celoso? -preguntó Guardromon sin reparo alguno.

-¡Claro que estoy celoso! Seguramente es una chica muy linda, mientras yo por acá, solo como un perro -se lamento el chico.

-Al menos nos tienes a nosotros -lo consolo el otro chico colgándosele del hombro.

-Si, nos tienes a nosotros -secundó Guardromon dándole una palmada en la espalda al chico con tal fuerza que lanzó a los dos por las escaleras de la entrada.

Suzie, la hermana de Henri, se rio con la escena mientras se dirigía a la comida sala donde se encontraba Cody, sentado frente a una mesa leyendo un libro y haciendo algunos apuntes. La chica se sentó frente a el abriendo su cuaderno y comenzando ella tambien a realizar sus deberes. Ellos dos siempre se ayudaban en eso, o mejor dicho, Cody ayudaba a Suzie, ya que él era un chico dedicado en todo lo que hacia y a la chica no le iba tan bien como a él.

-En cuanto termines, ¿Puedes ayudarme con estos ejercicios de calculo? -preguntó con tono suplicante.

-Claro, ya casi termino mis tareas -le respondió, con un tono sumamente apagado, el cual no pasó desapercibido para la niña.

-¿Que sucede Cody?

-Nada –respondió el chico usando el mismo tono.

-¿En serio? ¿Vas a mentirle a la mejor amiga que tienes en esta mansión? -lo cuestionó Suzie mirándolo fijamente. Cody sonrió. Desde que se habían conocido ellos dos habían entablado una buena relación por la edad que tenían, ambos eran los más jóvenes de la mansión por lo que les era posible entenderse mucho mejor de lo que los entendían los demás, para Suzie era más fácil hablar con Cody que con su hermano Henri, y Cody no conocía a ninguna otra persona con la cual pudiera llevarse mejor que con esa jovencita. Si con alguien podía ser sincero, precisamente era con ella.

-Bien... se trata de mi abuelo -soltó finalmente.

-¿Se encuentra bien? -preguntó con un ligero tono de preocupación.

-Si... él está perfecto, lo que pasa es que... -se le dificultaba encontrar las palabras para expresarse.

-Vamos, cuéntame -lo animo ella.

-Justo cuando nos llamaran para volver y nos contaran sobre la situación actual, yo me encontraba en las finales de un torneo de Kendo muy importante para el cual mi abuelo me preparó durante meses -le confesó

-Ah sí, recuerdo que nos lo mencionaste.

-Bueno... cuando recibí la llamada y supe que debía venir a aquí sin tardanza...en el rostro de mi abuelo vi mucha decepción, eso no me agrado para nada -Suzie, que conocía muy bien la relación entre Cody y su abuelo se hacía una buena idea de lo que el muchacho sentía. Lo miró sin decir nada por un instante antes de hablar, sopesando sus palabras.

-Tu abuelo debe estar orgulloso de ti Cody, estoy segura.

-Suzie, tú no lo viste...

-No, pero aun así estoy segura de lo siente, quizá esté algo enfadado y resentido, pero por el hecho de no poder pasar tanto tiempo como quisiera contigo, no por tus acciones o decisiones. Eres un muchacho fuerte, comprometido y muy noble, un gran amigo y un gran Tamer. Sé que tu abuelo entiende eso y está orgulloso de ti.

-Supongo que tienes razón, es solo que no quiero seguir decepcionando a quienes me importan.

-No lo haces, tu abuelo se ha empeñado en hacerte un hombre de bien, y ha tenido éxito -tomó su mano y el muchacho la miró a los ojos, ambos sonrieron, Cody se sentía un poco más relajado y Suzie estaba complacida de ayudar a su compañero.

En la sala se encontraba también Juri, como había dicho, haciendo sus labores escolares, en ese momento vio entrar en la sala a Hikari quien desde el día anterior tenía una expresión algo perdida. Juri lo notó desde luego y no dejo la oportunidad de hablar con ella.

-Kari -la aludida volteó a ver a la chica-, ¿Todo bien? -la joven asintió pero sin convencer a su amiga.

-Sí, solo estoy buscando a Gatomon, ¿Sabes dónde está?

-No...Oye, ¿Podemos hablar un momento? -Hikari no sabía que decir, Juri por su parte movió sus libros y libretas haciendo un espacio en la mesa frente a una silla disponible. Kari entendió que no se libraría fácil de ella y accedió a tomar asiento.

-¿Qué pasa? -inquirió la joven.

-Es lo que yo me pregunto, ¿qué pasa? Desde ayer actúas algo extraño, estás callada y eso no es algo normal en ti, no lo ha sido al menos en el tiempo que llevo de conocerte.

-Es algo... complicado, creerás que estoy loca.

-¿Tiene que ver con la carta? -Hikari alzó la mirada algo sorprendida, si bien Juri había estado presente cuando la encontró no pensó que le daría mucha importancia a ese hecho, decidió ser honesta y abierta con la joven.

-No se por qué, solo me llamó mucho la atención desde que la vi.

-¿De dónde salió?

-Yo...la encontré en un libro viejo que tome de la biblioteca -mintió por no estar segura de ai debía mencionar que estaba entre las cosas de Tai.

-Y... ¿Qué es lo que te provoca?

-Curiosidad, mucha curiosidad. La carta habla sobre dos hermanos, un chico la escribió para su hermana y habla sobre una guerra, creo en otro mundo y sobre que espera que la carta llegue a manos de ella.

-¿Otro mundo?... ¿El digimundo?

-Quizá -respondió con duda la castaña-. Desde que tome la carta, sentí que debía entregarla a su destinatario, o algo así.

-Cuando encontraste la carta, te oí decir que era para ti.

-¿Que? -Hikari parecía desconcertada-, no recuerdo eso.

-Parecías en trance, te fuiste sin decir más y sin escuchar que te hablaba -el desconcierto de Kari aumento al escuchar las palabras de Juri.

-No puede ser para mí, yo no tengo hermanos, y mi nombre no es Himari, soy... Hikari.

-Debes admitir que entre esos dos nombres hay una sospechosa similitud -la chica reaccionó ante esto como si apenas lo notara, de hecho así era-. Kari, según se, ¿Eres adoptada cierto? -la chica asintió. A Juri se le llenó el rostro de emoción-. ¿Crees... crees que sea posible que esa tal Himari sea pariente tuyo? Tal vez tu abuela, ¡Incluso tal vez tu madre!

-¿Tu lo crees?

-Bueno... Si encontraste la carta en la mansión, quizá sea porque ella era una Tamer, y tú lo serias por ser su hija. Piénsalo, quizá por eso te movió tanto por dentro.

-No sé, ¿Cómo podría moverme tanto algo que se relaciona con mi madre si nunca tuve contacto con ella?, ¡es para mí una total desconocida!

-No lo sé, pero el destino obra de formas misteriosas, dicen -Kari sabía que las palabras de Juri no tenían coherencia, pero no podía negar que algo sentía, ¿Podría ser, podría tratarse de aquello? Era complicado, y su expresión lo hacía obvio para Juri que estuvo en silencio un rato hasta decidirse a hablar-. Si tú quieres, puedo ayudarte -le soltó de repente.

-¿Cómo?

-Si... tenemos un nombre, y una gran base de datos llamada internet, si sabes buscar puedes encontrar lo que sea, o a quien sea -Kari sonrió.

-¿En verdad sacrificarías tu tiempo para ayudarme?

-No -le respondió con firmeza-, usaría mi tiempo para ayudar a una amiga, no es un sacrificio, es una inversión -Kari parecía estar al borde de las lágrimas, conmovida por la muestra de amistad de su compañera hacia ella.

-Gracias de verdad Juri.

-No hay de que... Oh y apropósito de ayudar a una amiga, ¿Puedes ayudarme con mi ensayo? Eres muy buena redactando y yo soy terrible -Hikari se rio con franqueza por el comentario de la chica.

-Claro, yo te ayudo.

Ciudad en ruinas, en el continente Sarvar, en el digimundo

Mayo 5 del 2085

El joven castaño despertó y comenzó a incorporarse. Sentía dolor en varias partes del cuerpo pero no tanto como para no poder moverse. Miro a su alrededor sin reconocer el lugar donde se encontraba hasta notar la presencia del resto de su grupo. Junto a él permanecía Agumon que parecía algo preocupado, y más alejados estaban Gabumon y Matt, el chico estaba inconsciente mientras que el digimon estaba sentado a su lado y desvió la mirada del cuerpo inconsciente de su Tamer hasta que notó que Tai había despertado. El castaño noto la mirada inquisitiva de Gabumon mientras se acercaba a él.

-¿Esta bien? –le preguntó. Gabumon tardo un poco en contestarle, tiempo que invirtió en observarlo detenidamente, parecía algo desconfiado.

-Sí, solo se desmayó, alcance a atraparlo y reduje el impacto de la caída, pero igual nos estrellamos y se golpeó en la cabeza, nada grave.

-Me alegro –dijo el castaño, la mirada de Gabumon seguía siendo algo dura. Estaba a punto de preguntarle si pasaba algo cuando el digimon se le adelanto para hablar.

-Tú también caíste, pero Agumon no logro sujetarte.

-¿A si? –Dijo Tai tratando de sonar como si no pasara nada.-, bueno, estoy algo adolorido por la caída.

-Me imagino, veinte metros de caída libre no es cualquier cosa, sin embargo, aquí estas, como si nada –Tai palideció un poco. Hubiera preferido que el digimon y el chico no hubieran visto eso, ahora entendía la preocupación del digimon.

-¿Podrías no decir nada sobre eso?

-¿Sobre qué? ¿Sobre el hecho de que ningún humano y ningún Tamer podrían soportar una caída como esa y levantarse apenas con algo de dolor? –El chico quiso decir algo en ese momento pero no podía, no sabía cómo explicar aquello. Había una explicación por supuesto, pero no sentía que fuera el momento para darla. Gabumon bufo resignado ante el silencio de Tai-. Solo dime una cosa, ¿debo preocuparme por eso?

-En lo absoluto, soy un aliado, un amigo.

-Un amigo con grandes secretos –dijo el digimon sin disimular su desconfianza. Justo en ese momento Matt comenzó a reaccionar, Agumon se acercó para estar junto a sus compañeros.

-¿Qué…que carajos paso? –preguntó sentándose sobre el suelo adoquinado. Gabumon miro nuevamente a Tai y después volvió su atención al rubio.

-Caímos, uno de los disparos de Tai abrió un gran cráter en el suelo, caímos por el a este…este lugar –Matt alzó la vista.

-Wow…una muy larga caída.

-Sí, Agumon y yo logramos atraparlos y evitar que se hicieran daño, pero al aterrizar te golpeaste la cabeza un poco fuerte.

-Ya veo –Matt trató de levantarse pero aún se sentía algo desorientado y mareado por el golpe.

Tai miró a su alrededor, esta vez con más atención ya que no tenía en la cabeza la preocupación de no saber su Matt estaba bien. Parecían estar dentro de una inmensa caverna, con un agujero en la parte superior por la que se podía ver la luna, creando la imagen de una especie de ojo plateado vigilando desde el techo. Por primera vez prestó atención a lo que frente a sus ojos estaba: Un gran pueblo, una pequeña ciudad en ruinas con calles como aquella en la que estaba parado y pequeñas construcciones que parecían edificios diversos. Se encontraban sobre lo que parecía ser la periferia de la ciudad, y calle abajo se encontraba el resto de la ciudad semejante a un laberinto, con muros carcomidos por el tiempo y vegetación creciendo entre las grietas de la piedra con que estaba erigido el lugar. Aunque por el hueco en la superficie por el que había entrado el grupo también entraba luz, esta no era necesaria para ver la ciudad subterránea, ya que repartidas por todas partes había una especie de piedras cristalinas que irradiaban una luz verde.

Tai camino hasta llegar donde un peldaño de baja altura se encontraba y en el cual, en la cima quedando justo sobre de la cabeza del castaño descansaba una de esas extrañas piedras. El chico la tocó y examino con la vista un poco

-Sol verde -susurró con ligereza.

-¿Que dices? -le preguntó Matt al alcanzarlo.

-Conozco este material -señaló la piedra-, lo llaman sol verde. Es un mineral que de forma natural irradia una luz verde, de ahí el nombre -Matt miró la piedra y hecho un largo vistazo a la ciudad en ruinas.

-¿Dónde estamos?

-En el templo de Zhuqiaomon-aseguro el castaño mientras avanzaba con paso decidido.

-Tai, ¿Cómo diablos...? -el rubio detuvo su pregunta al ver que el chico no le hacía caso-. ¡Tai! -exclamó para llamar su atención. El chico volteó y lo miró con una expresión de no entender nada.

-¿Que? -pregunto con simplicidad. Matt lo miró perplejo y luego se serenó para hablar.

-Tai acabamos de caer en quién sabe dónde, hace un momento tu dijiste que quizá este no era el lugar correcto, ¿cómo es que ahora estas tan seguro de que este es el lugar? -Tai sonrió y se encogió de hombros.

-No lo sé, pero ya estamos aquí, ¿No crees que deberíamos investigar? -y dicho esto se giró nuevamente.

-Nos perderemos más de lo que ya estamos -Matt escuchó la risa de Tai mientras se perfilaba junto a él, alcanzándolo en su caminata.

-Buscamos algo perdido, tal vez lo lógico sea perdernos para encontrarlo -le dijo aun con la sonrisa en el rostro. Matt se detuvo en secó mirándolo sin dar crédito a sus palabras.

-¡Eso es un dialogo de Piratas del caribe!

Pero Tai siguió sin detenerse, Matt se resignó en ese momento, más valía que el muchacho tuviera razón.

Los cuatro caminaron adentrándose en el laberinto, cuidando siempre el dirigirse hacia donde se suponía que era el centro de la ciudad. Sin embargo el camino no era nada simple, dieron varias vueltas y al cabo de un rato ya no estaban tan seguros de que dirección tomar.

-Es por aquí -dijo Matt señalando un camino hacia la izquierda.

-No, por acá -dijo Tai señalando u o que iba hacia la derecha.

-Estas desorientado.

-No, tú estás desorientado.

-¡Sé a dónde nos dirigimos, tu nos vas a perder!

-¡He estado antes en lugares como este, no me voy a perder!

-¡Y yo he estado en situaciones como esta y siempre encuentro la salida!

-¡Basta!-gritaron Agumon y Gabumon al mismo tiempo.

-Iremos por donde dice Matt -sentenció Agumon.

-¡Ja! -exclamó el rubio con tono triunfal.

-¡Que ya basta! -lo reprendió Gabumon-, la siguiente vuelta la decidirá Tai, así será más justo.

Los dos chicos, no muy convencidos de la mediación de sus compañeros aceptaron. Caminaron por el pasillo que había señalado Matt, Tai iba hasta atrás. En el pasillo había varias ramificaciones a otros corredores más amplios que ese en el que se encontraban.

-Lleguemos al fondo de este corredor -indicó Matt poniéndose a la cabeza. Tai bufo. Miró por los otros corredores y al voltear fugazmente hacia uno le pareció ver algo. Se detuvo y retrocedió para volver a ver el corredor en el que efectivamente se encontraba algo: Un gigantesco digimon. Que parecía apenas caber en el corredor. Parecía una especie de centauro con un Casco en la cabeza. Tai se quedó mirándolo fijamente mientras este caminaba a paso lento hacia él.

-Chicos -dijo el castaño y los demás lo escucharon. De inmediato retrocedieron y vieron aquello a lo que el castaño le dedicaba tanta atención. El digimon que los miraba fijamente. Detuvo su lento paso a unos metros de distancia. Matt sacó con discreción su digivice para revisar la información sobre el digimon que tenía en frente.

-¿Creen que sea amistoso? –susurró Gabumon al tiempo que el digimon levantaba un brazo apuntándoles con un cañón que nacía de este, el cual comenzó a iluminarse y a zumbar.

-Creo que no –el disparó se produjo dando apenas el tiempo suficiente para que los chicos se apartaran del camino. En medio de ellos una nube de humo se alzó.

-¡Corran! –exclamó Matt y Tai se levantó de inmediato junto con su acompañante y ambos salieron corriendo en la dirección por la que habían llegado.

Corriendo justo a la dirección contraria iba el otro par mientras que Matt revisaba la información que acababa de aparecer en su digivice. Centarumon…campeón digimon…nivel 48. Siguió corriendo a toda velocidad, aunque a decir verdad no escuchaba que fueran detrás de él, de cualquier modo debía encontrar la forma de reunirse con Tai cuanto antes, y esta era la única idea en su mente hasta que al final del corredor se topó con otro digimon. Una especie de buey que andaba en dos patas y también poseía un cañón unido a su brazo derecho. Sin perder tiempo Matt reviso en el digivice la información. Minotarumon…campeón digimon… nivel 48. El rubio medio sonrió, sabía que no saldría de esta sin dar pelea.

-Bueno, es un gran alivio que no viéramos una de esas torres ahí afuera, ¿no compañero? Demostrémosle de que estamos hechos.

-Ah… Mm…Matt –lo llamó el digimon y aquella voz hizo que Matt sintiera un helado sudor recorrerle la espalda. Al bajar la vista se topó no con Gabumon como esperaba, sino con Agumon quien parecía igual de nervioso que él.

-Esto tiene que ser una broma.

-¡Esto tiene que ser una puta broma! –exclamó el castaño mientras corría junto a Gabumon escapando de los disparos de Centarumon.

-Debemos encontrar a Matt y a Agumon.

-¡Ya lo sé!

Los dos siguieron corriendo hasta que el castaño distinguió la entrada a otro corredor por la que se apresuró a empujar a Gabumon y por la cual entro él. Siguió corriendo y solo volteo para ver como los cascos de Centarumon derrapaban al frenar frente al corredor lo que provoco que su disparo fallara volando parte de uno de los muros. Siguieron corriendo hasta que Tai con un extraño presentimiento frenó sujetando a Gabumon quien por poco cae a un oscuro abismo frente a ellos. El camino estaba incompleto, su paso se veía limitado por aquel enorme agujero imposible de saltar, y mientras, del otro lado del corredor Centarumon se aproximaba. Tai reviso sus municiones encontrando algunas de las explosivas como las que había usado antes, pero sabía que usarlas contra el digimon seria mortal y no quería matarlo. Solo debe estar intentando proteger este lugar, pensó. Pero antes de que otra idea le cruzara por la mente sintió que le jalaban el brazo. Gabumon le entregó el extremo de una cuerda y vio como el otro estaba atado a la cintura del digimon, quien retrocedió un poco y luego comenzó a correr a toda prisa, saltando en el límite del camino y lanzándose sobre el muro de la izquierda, ayudándose con las garras las cuales encajaba en este logró llegar hasta el otro extremo. Tai miro a Centarumon a poco más de un metro de él y sin pensarlo más saltó con todas sus fuerzas eludiendo un puñetazo del digimon que impacto contra el suelo. Tai sintió como comenzaba a caer y luego como la cuerda era jalada con fuerza, ya que Gabumon había emprendido una rápida carrera. El chico se aferró a la cuerda y casi logró llegar hasta el otro lado, pero se estrelló contra la piedra debajo del resto del camino del corredor. Gabumon se apresuró a ayudarlo y lo subió mientras el adolorido muchacho sonreía un poco desorientado. Ambos miraron a Centarumon del otro lado del hoyo entre ellos y comenzaron aburrarse de él. Cuando vieron que comenzó a retroceder como para agarrar impulso.

-¿No va a saltar o sí? –dijo Tai un poco nervioso. Centarumon siguió retrocediendo.

-No puede saltar, ¿verdad? –dijo Gabumon. El digimon comenzó la carrera.

-Si va a saltar, ¡Vámonos! Exclamó el castaño jalando a Gabumon para correr nuevamente. Dieron vuelta en otro pasillo más y en ese preciso momento se estrellaron con Matt y Agumon cayendo al suelo. Se levantaron deprisa y mirándose unos a otros sonrieron complacidos. Matt y Gabumon se enfilaron frente a Centarumon que se detuvo dudando al ver al muchacho rubio y al digimon que iba persiguiendo. Mientras que Tai y Agumon encararon a un muy encolerizado Minotarumon que rugió antes de lanzarse a embestir al par.

-¡Digievoluciona! –exclamaron ambos chicos al unísono. Agumon se encarriló contra Minotarumon a toda velocidad a medida que su cuerpo crecía brutalmente hasta llegar a ser la bestia enorme que era Greymon quien detuvo a Minotarumon sujetándole ambos brazos.

Mientras tanto Gabumon dio un salto hacia el frente con todas sus fuerzas y sobre Centarumon aterrizó el lobo blanco y azul derribándolo y aferrándose al cañón del digimon. El digimon intentaba liberarse golpeando a Garurumon con el brazo libre y preparando el cañón para disparar aunque era inútil intentar darle. De todos modos se produjo un disparo que por poco golpea al rubio y destruyo la pared detrás de él.

Minotarumon seguía forcejeando con Greymon hasta que en un movimiento rápido y fuerte el digimon empujo con todo su peso a Greymon hacia la izquierda estrellándolo contra el mismo muro que ya tenía un agujero unos metros al lado. Greymon y Minotarumon entraron a una cámara gigantesca, donde ambos cabían perfectamente bien y el techo se encontraba a una altura considerable. Tai siguió la batalla viendo como Minotarumon en el espacioso lugar levantaba a Greymon para propinarle una serie de puñetazos en la cabeza, hasta que el digimon detuvo el brazo de su oponente y lo sujeto al mismo tiempo que agachaba la cabeza lo suficiente para asestarle un cabezazo en el abdomen y después levantarlo tomándolo de la pierna con su brazo libre alzándolo en el aire y dejándolo caer al suelo dando un estruendoso golpe. Tai miro fascinado la movida de su compañero hasta que otra cosa llamo su atención: una estatua del tamaño de Greymon en medio de la cámara que hasta ese momento el chico miro con atención dándose cuenta que se asemejaba a un templo, repleto de un tipo de antorchas que sostenían en la punta no flamas, sino piedras similares a las que estaban repartidas por los corredores, pero que emitían una cálida luz amarilla. Garurumon y Centarumon trasladaron rápidamente su batalla a ese lugar, lo que pareció irritar especialmente al digimon que se levantó sobre sus patas traseras disparando con su cañón a Garurumon quien esquivo el golpe y luego utilizó su aullido explosivo contra el digimon que salió volando hasta estrellarse contra el muro detrás de el para hacerle un nuevo agujero.

Matt entro al lugar y también le dirigió una rápida mirada; las cuatro altas columnas alrededor de la estatua de Zhuqiaomon, la gran ave protectora del sur, la bestia sagrada que se asemejaba a un gigantesco fénix. Por un momento el rubio quedo sin habla ante la maravilla arquitectónica frente a sus ojos. Toda la piedra era de un blanco pulcro, las paredes tenían finos grabados que parecían estar delineados con oro, sin duda, ese debía ser el lugar que buscaban, y ese debía ser el pensamiento que también Taichi tenía en la cabeza.

-Este lugar… -comenzó el chico y el castaño asintió.

-Busca –dijo simplemente mientras se lanzaba hacia la estatua. Matt no tuvo tiempo para replicar y solo atino a mirar a los digimons.

-Vigilen a ese par –dijo y al igual que Tai se lanzó a donde estaba la estatua.

-Ah…claro –gruño Greymon con una voz grave que inundo toda la cámara.

Taichi y Yamato se dispusieron a revisar todo el lugar, empezando por la gran estatua. Tai palpo varias partes de esta para ver si escondía algo, luego trepo en ella para continuar con su minuciosa búsqueda, entre tanto Matt se había dispuesto a revisar las paredes en las cuales noto que había una especie de grabados, el rubio estaba tan inmerso en su búsqueda que no noto los gruñidos y las quejas de Tai quien comenzaba a desesperarse. Mientras tanto Garurumon y Greymon permanecían expectantes, inmóviles y de vez en vez mirándose el uno al otro sin saber muy bien que debían hacer, de alguna manera estar en etapa de campeón y no estar peleando se les hacía a ambos algo bastante raro.

Matt siguió palpando los muros blanquecinos de la cámara hasta que vio algo que lo hizo retroceder para tener una mejor imagen. No era algo nuevo, sino al contrario, era algo bastante conocido para él. Una imagen que podría reconocer donde sea el día que sea, después de todo, esa imagen representaba una parte importante de él.

-Tai –dijo casi en un susurro.

-Aquí no hay nada –sentencio el chico mientras comenzaba a bajar de la estatua. Se acercó a Matt que seguía mirando la pared-. Debemos seguir buscando, aquí no hay nada –dijo notoriamente molesto.

-Tai…mira…eso –dijo Matt con el mismo tono bajo que la sorpresa le hacía tener.

-¿Qué? –preguntó el chico para luego mirar aquello que a su compañero tenía tan interesado. No necesito explicaciones para entender. Frente a él se encontraba la clara imagen de uno de los viejos digivices, idéntico a aquel con el que el chico hizo el collar que en ese momento estaba en posesión de Mimí.

-No lo entiendo –dijo Matt-, se supone que este templo jamás ha sido visitado por humanos o Tamers, ¿Cómo es que aquí hay un dibujo de un digivice? –Tai no sabía la respuesta, pero sabía que eso era algo importante –. El digivice fue creado por Tamers…pero esto… –palpó la imagen y los extraños símbolos grabados alrededor de ésta.

-Parece un instructivo de cómo fabricar uno –completó el chico comprendiendo lo que Matt estaba pensando. –

Es un instructivo –sentenció Greymon, quien podía leer aquellos símbolos.

-¿Cómo es posible? –preguntó Garurumon.

Tai siguió observando los grabados de la pared hasta que se topó con algo que llamó su atención. Parecía ser una especie de mapa dibujado sobre la piedra.

-Greymon… ¿Qué dice aquí? –preguntó señalando aquello que acababa de encontrar. El digimon se acercó y comenzó a leer los grabados.

-Son coordenadas –dijo-, es la ubicación de algo, quizá algo que tiene que ver con el grabado del digivice.

De inmediato comenzaron a introducir las coordenadas que había en la pared en la Tablet que Matt llevaba consigo. Ninguno de los cuatro oculto su sorpresa al ver que aquellas coordenadas realmente los mandaba a una ubicación. Ninguno dijo nada por un momento hasta que Matt, sintiendo un nudo en la garganta se animó a pronunciar lo que en la pantalla había aparecido.

-Continente Boro –Tai sabía lo que debían hacer.

-Vámonos de aquí. Debemos viajar al continente Boro de inmediato –dicho esto monto sobre Greymon-. Debe haber una salida por aquí.

-¡Tai espera! ¿Qué piensas hacer? –lo cuestionó Matt.

-Acabo de decirlo, ir al continente Boro.

-No creo que entiendas realmente lo que está pasando, el continente Boro es terreno inhóspito, no hay presencia de los Tamers más que en una pequeña región de este, y esas coordenadas escapan de ese rango.

-Matt –dijo el castaño con decisión-, ahí hay respuestas, sea lo que sea, debemos ir.

Matt sintió algo de preocupación, pero al mismo tiempo sabía que el chico podía tener razón, debían ir a ese lugar.

-Bien, salgamos de aquí, vamos al Escarabajo y lleguemos a una base de HEDM, iremos al continente Boro.

Una vez tomada la decisión los Tamers se abrieron paso montados sobre sus digimons por la ciudad en ruinas hasta encontrar una salida que los dejo justo del otro lado de la selva. Se apresuraron a llegar al Escarabajo y al estar en este se dispusieron a partir rumbo a la base de HEDM más cercana. Para ese momento la mañana comenzaba a abrirse paso, y pese a las quejas de Matt, Taichi tomó el volante del vehículo cuando notó al rubio cabecear por el sueño. Ahora el rubio y los dos digimons se encontraban dormidos y Tai hacia esfuerzos por no cerrar los ojos. Logró distinguir a lo lejos las instalaciones de HEDM, de ahí partirían al continente Boro, sin saber en realidad que les esperaba.

En el próximo capítulo…

-Sarvar es un campo de guerra, nada más claro que eso.

-Las relaciones públicas son parte de mi trabajo, debo hacerme cargo de mantener una imagen agradable al público del digimundo.

-Confiamos en ti, tú confía en ti.

-Si lo detenemos ahora, todo esto terminara.

-Si nos equivocamos, lo lamentaremos.

-Si estamos en lo correcto lamentaremos no haber hecho lo que debíamos.

-Tenías razón… debí hacerte caso.

-¡Matt! ¡Taichi!... ¿encontraron algo?

-… es una larga historia.


¿Qué hay?

Ok, no voy a quitarles tiempo con mis clásicas disculpas por haber tardado meses ¡MESES CARAJO! En actualizar, y posiblemente sospechan (y con justa razón) que seguirá siendo así, pero de igual forma les entrego este capítulo con mucho cariño esperando que lo hayan disfrutado mucho.

Tengo grandes ideas para lo que sigue, pero tiempo no tanto, así que no sabría decirles cuando estará listo el nuevo cap, pero mientras tanto espero que se hayan entretenido y ojala dejen algún comentario haciéndome saber que tal les ha parecido la historia hasta ahora.

Sin más por el momento me despido, paz y amor para todos, y ya por ahí del apocalipsis zombi estará el nuevo capítulo.