No hago esto normalmente pero, este capítulo está dedicado a alguien:
Para Analiza18 por ser una de las más pacientes, fieles y aguerridas seguidoras de esta historia. Tus comentarios siempre son un gran impulso y se agradecen todos y cada uno de ellos. Desde aquí te mando un fuerte abrazo y espero que disfrutes la lectura.
Capitulo IX
En alguna parte del Mar Halo, en el Digimundo
Mayo 7 del 2085
Tai despertó con el sonido de un relámpago que juraría que pasó rozando el ala de la nave que pilotaba Matt. Agumon y Gabumon seguían dormidos en la última fila de la cabina de la nave. Él se había acomodado usando la hilera de tres asientos completa de la segunda fila, dejando el lugar del copiloto vacío. El chico castaño vio de espaldas a Matt, luego miró la hora en la pantalla de su digivice, dándose cuenta de que el chico había estado pilotando las últimas seis horas seguidas sin parar.
Contrario a lo que el muchacho de cabello alborotado y piel morena había preferido, Matt insistió en que se fueran desde la base militar No. 9 en el continente Sarvar hasta el continente Boro en la nave de operaciones especiales Ck-50, o simplemente "el Raven" como lo llamaban los militares, explicación que Taichi se vio forzado a escuchar junto a otras tantas especificaciones técnicas que salieron de la boca de su rubio amigo hasta que aceptó a regañadientes que el Ishida pilotara hasta su destino.
Tai se frotó el cuello mientras recordaba todo eso y se asomó por una de las ventanillas blindadas viendo la tormenta en la cual se encontraban metidos.
-¿No deberías justamente intentar no entrar en las tormentas? –le preguntó el castaño mientras avanzaba tambaleándose hasta llegar a la silla del copiloto, asegurarse a esta y girarse en dirección a los controles.
-El Raven tiene un sistema de navegación con el que puedes estar prácticamente ciego y no chocar, además de unas alas…
-…hechas de un material especial que mejoran la estabilidad en vuelo y la resistencia de la estructura sin comprometer el peso del vehículo, si, si, lo recuerdo –dijo frotándose las cienes. Matt sonrió divertido-. ¿Cuánto falta para llegar? –preguntó el muchacho visiblemente fastidiado. Matt revisó un par de pantallas a su izquierda sin soltar el timón de la nave que se sacudía un poco.
-En dos horas podremos descender, como te dije, al amanecer estaremos en Boro –le comentó contento el rubio. Tai hizo un gesto molesto mientras tomaba la mochila que había dejado antes de dormirse en un compartimento debajo del tablero de controles del lado de su asiento, y extrajo de ella un cuaderno en el cual comenzó a buscar una hoja limpia. Matt notó la tarea y miró con curiosidad al muchacho.
-¿Qué es lo que haces? –le preguntó. Tai comenzó a escribir algo en una hoja limpia antes de contestar.
-Soy explorador, se supone que escriba sobre las cosas que encuentro en el digimundo –le contestó-, y a donde vamos no ha sido particularmente explorado por los humanos, así que hay que registrarlo.
Matt volvió la vista al frente, aunque resultaba innecesario debido a la fuerte lluvia que azotaba el parabrisas y que le impedía ver cualquier cosa. Había conversado con el muchacho todo el día anterior que permanecieron descansando en las instalaciones militares de HEDM, y durante las charlas que habían tenido el rubio había tratado de convencer al castaño de cambiar de opinión, pero el chico lucia muy seguro de sí mismo, como si algo en su interior lo llamara a él directamente para que se presentara en ese lugar de nombre "Bosque Minori". Pensar en eso le recordó algo en especial.
-Oye Tai –lo llamó. El muchacho dejó la libreta sobre el tablero y lo volteó a ver.
-¿Qué sucede?
-¿Recuerdas cuando estuvimos en el mercado de Barum, cuando Jijimon te dio el primer emblema? –El castaño no sabía a qué venía la pregunta pero asintió-, ¿Qué sentiste en ese momento? –Tai meditó la pregunta, pues sentía que la respuesta lo ameritaba.
-Si te soy sincero –comenzó el chico recargando su cabeza en el respaldo del asiento y cerrando los ojos-, me sentí parte de algo más grande que yo –le dijo y después de eso ambos guardaron silencio.
Matt sonrió, era justo lo que él había sentido cuando uno de los emblemas lo eligió.
"El Anciano"
Bosque Minori, en el continente Boro, en el Digimundo
Mayo 7 de 2085
Matt condujo la nave hasta un claro en medio del bosque Minori, lugar al que se referían las coordenadas que habían encontrado talladas junto al digivice en Sarvar. El castaño descendió apenas la nave tocó tierra, seguido por Agumon, cada uno con una mochila en su espalda. Matt y Gabumon bajaron después, también con mochilas, y el rubio se guardó con discreción un par de pistolas bajo la chaqueta. Tai lo miró hacerlo, y aunque sintió deseos de decirle que dejara las armas como habían acordado, prefería no tener que discutir tan pronto con el rubio.
Las primeras horas tras su descenso las pasaron explorando el área alrededor del claro, encontrándose con un peñasco, una cascada y vegetación en cada rincón que pisaban. Alejándose más del lugar donde habían descendido, comenzaron a encontrar señales de lo que parecía ser una batalla que se había librado hace poco. Lanzas clavadas en la tierra, ramas quemadas y árboles partidos a la mitad eran los indicios del combate.
-¿Que pasó aquí? -preguntó Matt mientras se agachaba para ver en el suelo algo parecido a una huella, cubierta por tierra y ceniza.
-Matt -lo llamó Gabumon y el muchacho avanzo hasta donde estaba el digimon seguido por Tai y Agumon. Los cuatro observaron sobre un montón de ramas carbonizadas un pedazo de metal de color negro.
Agumon observó a su alrededor hasta que encontró un árbol bastante alto que le permitía ver más allá de loa montículos de tierra que tenían frente a ellos.
-¿Qué crees que sea? -preguntó Matt viendo el objeto.
-Bueno, tal vez sea parte de un arma o...quizá un pedazo de... -Tai seguía meditando un poco las cosas, no muy convencido de que sus teorías estuvieran en lo cierto.
-Tai -dijo Matt llamando la atención del muchacho-, ¿Crees que sea...? -Matt estaba casi seguro al igual que Tai y Gabumon de que era lo que estaban viendo, pero parecía que ninguno se atrevía a confirmarlo.
-Es una Torre -les gritó Agumon desde lo alto del árbol. Su vista estaba fija más allá de los montículos de tierra.
Los dos Tamers y Gabumon escalaron los montículos para ver aquello que el dinosaurio digimon había encontrado. Al llegar a la cima los chicos vieron la base de una de las torres, un metro del metal se alzaba de entre la tierra y el resto había sido destruido completamente. Alrededor de la torre había más pedazos semejantes al que los chicos habían encontrado, además de pedazos de los aros negros y la vegetación de esa zona completamente arrasada.
-¿Qué significa esto? -preguntó Matt.
-Son los restos de una formidable batalla -les dijo una voz aguda detrás de ellos. Matt, Tai y Gabumon se giraron rápidamente. El muchacho rubio hizo un movimiento rápido para sacar el arma oculta bajo su chaqueta pero Tai lo detuvo sujetándole el brazo.
Frente a ellos había un digimon ave de plumaje rosado, más o menos del mismo tamaño que Gabumon. Se trataba de un Biyomon que los miraba con curiosidad. Matt se arrodilló extendiendo su mano hacia el digimon que retrocedió al principio, pero después acepto el tacto de la mano del chico.
-¿Biyomon? ¿Qué haces aquí? -preguntó el chico algo contrariado.
-¿Aquí? ¡Vivo aquí! -dijo el ave emocionada y con tono infantil.
Guiados por el digimon, los Tamers y sus digimons llegaron a una aldea de Biyomons construida sobre las copas de los árboles más altos que encontraron en la región. Las construcciones consistían en pequeñas cabañas donde con trabajos lograron entrar los muchachos, conectadas por puentes colgantes. La aldea estaba realmente a simple vista, como si no tuvieran nada de que ocultarse, ¿Por qué habrían de tenerlo? Pensó Tai mientras trepaban uno de los árboles. Los recibieron con hospitalidad, ofreciéndoles comida y hospedaje. El grupo acepto lo primero pero optaron por rechazar lo segundo.
Los cuatro viajeros se encontraban degustando la comida que los digimons se sentían orgullosos de producir, y gustosos de poder ofrecerla a sus visitantes. Matt comió con desconfianza, no comprendiendo la naturaleza hospitalaria de aquel grupo de digimons, sobre todo porque se trataba de digimons nativos del continente boro, que según él, eran más hostiles que los digimons que podían encontrar en Sarvar. Tai por otro lado parecía contento con el buen trato que los digimons les ofrecían, e intentaba hacer que Matt se relajara.
-No creo que vayan a lastimarnos, ya lo habrían hecho -dijo mientras se servía un poco más de la sopa de verduras que los Biyomons les habían preparado. Tai engullo la disfruto la comida al igual que Agumon y Gabumon, que tampoco había percibido malas intenciones en la hospitalidad de los digimons.
Tai y Agumon exhalaron satisfechos al terminar de comer, recargándose en la pared de madera de la cabaña.
-Qué bueno que les gustó -dijo el Biyomon que los había guiado hasta ahí.
-Estuvo delicioso -dijo Tai.
-Sí, es muy rico, pero -comenzó a decir Matt dejando su plato vacío sobre el piso en que también estaban sentados.-, no puedo evitar preguntarme -Tai golpeó su brazo con el codo- es solo que no dejo de pensar -el chico le dio otro codazo- me gustaría saber -le dio un codazo más- ¡Ya! -exclamó el rubio antes de recibir otro codazo. Tai se cruzó de brazos algo molesto-, ¿Por qué tanta hospitalidad con nosotros? Quiero decir, es extraño que sean tan confiados -Biyomon observó al chico rubio un poco contrariada.
-¿En serio es extraño? -preguntó con tono inocente. Matt no supo que responder mientras que Tai se golpeó la frente con la palma de la mano.
-Bueno... ¿Por qué lo hacen? -preguntó el muchacho.
-Son viajeros en necesidad, y son guerreros -dijo- nuestro pueblo es pacífico, no entrenamos guerreros ni fabricamos armas, pero admiramos a aquellos que pelean por la libertad de todo, y hacemos nuestra parte proporcionándoles lo que les haga falta -dijo en el momento justo que otro grupo de Biyomons recogían los platos sucios y dejaban frente a ellos bandejas con fruta.
-¡Genial! -exclamó Agumon atacando la comida.
-Entonces... ¿solo así deciden ayudar a cualquier desconocido que se acerca a su aldea? -insistió el Ishida.
-Matt -intervino Gabumon tratando de detener el interrogatorio del chico.
-No, no a cualquier extraño, no ofrecemos ayuda a los hostiles -aclaro el digimon.
-¿Y cómo saben que nosotros no somos hostiles?
-Matt, prueba las fresas, son deliciosas -dijo Taichi que se acababa de llenar la boca con dicha fruta y le ofrecía algunas a Matt que las rechazó empujando la mano del castaño.
-Por qué no son como los otros -dijo con tranquilidad, tomando una de las fresas que Matt había rechazado. Tai se esforzó en tragar rápido lo que tenía en la boca, jadeando un poco después de hacerlo.
-¿Los otros? -cuestionó el castaño.
-Los digimons que llegaron del este, un ejército que parecía interminable -comenzó a explicar el digimon.
-Avanzaban hacia nuestra aldea, pensamos que nos conquistarían -agregó otro Biyomon.
-¿Y cómo sobrevivieron? Acaban de decir que no tienen guerreros -pregunto Tai muy intrigado.
-Nosotros no, pero otros pueblos si, un grupo de digimons se reunió y comenzó a enfrentar a los enemigos, los hizo retroceder y destruyo sus torres.
-Ya veo -dijo Matt-, el lugar donde nos encontraste, dijiste algo sobre una formidable batalla, ¿Te referías a eso? -Biyomon asintió-. Y supongo que ustedes ayudaron a los guerreros que pelearon contra los digimons hostiles.
-Así es -afirmo con orgullo-, admiramos el espíritu de aquellos que pelean por la libertad, y ustedes lucen justo como esa clase de personas -afirmo. Matt comenzó a sentirse algo culpable por sus sospechas anteriores, después de escuchar todo eso.
-¿Pero quienes eran esos digimons que pelearon contra el Emperador...quiero decir, contra los digimons hostiles? -cuestionó Tai.
-¿Existe algún ejercito propio de este continente? -agregó Agumon. El Biyomon negó con la cabeza.
-No, los pueblos de estas regiones se mantienen independientes unos de otros y pocas veces trabajan en conjunto, pero esta situación así lo demandaba, y los guerreros se reunieron para pelear.
-Interesante que varios pueblos se unan para pelear por una causa en común -dijo Agumon sorprendido.
-Bueno, después de todo no podían decirle que no al Anciano.
-¿Anciano? -preguntaron los cuatro viajeros al unísono.
Biyomon los miró divertida por sus reacciones.
-Sí, él es quien nos guía, dijo a todos los guerreros de las regiones donde las torres aparecieron que debían pelear.
-Y este Anciano... ¿Cómo es? -quiso saber Matt.
-Es el más sabio de todos, y el guardián de nuestro mundo...
-Sí, si -dijo Tai interrumpiendo al digimon-, pero como es físicamente, ¿Qué tipo de digimon es?
-Nadie lo sabe -contesto el ave digimon-, usa un disfraz cuando se comunica con nosotros y nos habla por medio de este -Taichi y Matt parecían algo confundidos.
-¿Hay algún lugar donde podamos verlo? -pregunto Matt. Biyomon se levantó, caminó hasta la ventana y señalo desde esta una montaña a lo lejos.
-El único lugar donde frecuentemente aparece es en la montaña del sabio, pero solo lo hace cuando algo importante lo llama, muchos guerreros han estado esperándolo durante meses, años incluso en la sima de la montaña sin jamás llegar a verlo.
Tai y Matt se miraron el uno al otro y compartieron esas miradas simples con sus digimons. Ambos chicos pensaban en la tan grande casualidad de que el mapa loa enviara justo a ese lugar, y que ahí, en ese bosque, existiera un ser tan reconocido por los pobladores que su palabra parecía ser ley, además por la forma en que aquel digimon se expresaba del mismo, debía ser alguien muy respetado y admirado. Quizá no tenían nada seguro, pero tenían algo y valía la pena seguir esa pista, al menos esa era la idea que ambos chicos tenían mientras se despidieron y agradecieron la hospitalidad de los digimons. Estos insistieron en cargarlos de más fruta que según les contaron, sembraban y cosechaban dentro de la misma aldea, los viajeros aceptaron los obsequios cargando cada uno un gran saco con frutas.
-Eran buenos digimons, aunque te cueste creerlo -le dijo Tai mientras caminaban al chico rubio que miraba al suelo.
-Que ellos sean buenos y desinteresados no significa que todos lo sean Taichi, ese es mi punto -le aclaro el muchacho.
-No Yamato, que haya malos no significa que todos lo sean, ese es el punto, siempre lo ha sido -sentenció el chico castaño mientras continuaban su camino.
Al llegar a donde la derribada torre Tai bajo su costal y saco de uno de sus bolsillos su digivice, con el que apuntó a la torre y tomo una fotografía de esta. Matt lo miró con curiosidad mientras el chico hacia algo con el digivice.
-¿Qué haces? -lo cuestionó el militar.
-Le envió información sobre lo que acabamos de descubrir a Charles -explico el chico volviendo a guardar su digivice y cargando nuevamente el regalo de los Biyomons.
-Creí que no te agradaba tener que reportarte.
-Así es, pero la información les puede servir a los demás, aunque sea como apoyo moral, que sepan que no estamos peleando del todo solos -Matt se quedó inmóvil mientras Tai y Agumon avanzaban juntos. Gabumon los siguió dejando al chico atrás, quien está a punto de alcanzarlos, pero en ese momento pensó en algo, e imitando al chico castaño dejo el saco en el suelo y tomo su digivice.
Tai volteó a atrás al ver que Matt no iba con ellos y lo vio toma do una fotografía de la torre, para después hacer algo con el digivice, que al castaño le hizo pensar que estaba enviando la información el también, ¿Pero a quién? Se preguntó el chico mientras Matt volvía a recoger el saco lleno de frutas y caminaba hasta alcanzar al resto.
Desde fuera el Raven realmente hacia homenaje a su nombre, pues se trataba de un avión de combate bien equipado, y completamente de color negro. La cabina era más angosta que el resto del avión, haciendo que la estructura completa se asemejara a una especie de pájaro de complexión delgada. Las alas estaban ligeramente curvas y la cola era larga y al final se dividía en tres aletas.
Matt hizo despegar la nave en cuanto subieron a esta y la llevó hasta la llamada montaña del sabio. Sobrevoló está rodeándola hasta que encontraron el lugar más alto y donde mejor podían acomodar el vehículo. Una especie de planicie lo suficientemente espaciosa como para aterrizar la nave y poder montar un campamento. El lugar parecía el más indicado para que aquel ser extraño que les describió el Biyomon de la aldea hiciera su aparición, o al menos de esa forma le pareció a los Tamers, y los digimons coincidieron con ese veredicto.
Al aterrizar Taichi y Matt bajaron las varias cosas mientras que Agumon y Gabumon inspeccionaban la zona. Los dos chicos comenzaron a montar un campamento armando un par de tiendas de campaña bastante espaciosas y de grueso forraje que los protegería muy bien del clima y donde tendrían el suficiente espacio para descansar, contrario a lo que sucedería si durmieran en la cabina del vehículo. Cierto era que el mismo contaba con una cabina de carga, pero a juicio del chico castaño era muy fría e incómoda, además de que ambos chicos parecían muy felices con la idea de poder montar un campamento a la intemperie.
Ambos jóvenes terminaron de armar las tiendas y de disponer un par de cosas como el área para una fogata y una carpa debajo de la cual pusieron una mesa con algunos instrumentos especiales, como una radio y un par de computadoras que les habían proporcionado en la base militar. Matt, quien llevaba casi un día entero sin dormir se fue a acostar cuando Gabumon y Agumon regresaron con suficiente leña para encender una fogata durante toda la noche. El chico indicó a los digimons que descansaran. Agumon se recostó bajo la sombra de la carpa y Gabumon se metió a la tienda de campaña que compartiría con Matt, quien se encontraba durmiendo ahí. Tai por su parte encaminó hasta la entrada de una cueva que había justo frente a donde se habían instalado y que había visto desde que descendió de la nave. Armado con una linterna y su arma semiautomática el chico se adentró en la cueva. El terreno era regular, plano, cosa bastante curiosa según el castaño, y la cueva se extendía como una especie de pasillo hasta que un par de metros después terminaba con una pared plana con algunos grabados antiguos en ella. Tai contempló los grabados por un rato hasta que con el digivice tomo una fotografía de estos y salió de la cueva.
Matt no sabía cuánto exactamente había estado durmiendo, solo sabía que al abrir los ojos la oscuridad de la noche fue con lo que se encontró. Estaba dentro de la tienda de campaña que compartiría con Gabumon y vio a este descansando a un lado de él. El chico llevaba puesta solo una camisa blanca sin mangas y su pantalón de diseño militar. Estaba descalzo y algo somnoliento. Fuera de la tienda noto las sombras serpenteantes que producía una fogata en el exterior y comenzó a buscar a tientas su chaqueta. Al encontrarla se la puso y abrió la cremallera de la tienda para sacar la mano y tomar las botas que había dejado afuera con los calcetines enrollados dentro. Salió luego de calzarse las botas de cuero negro y camino rumbo a la fogata donde estaba Taichi. El moreno lo saludó levantando una mano mientras revolvía lo que sea que hubiera puesto en un caldero sobre el fuego de la fogata. Con una cuchara probo el caldo que estaba cocinando y después de degustarlo un poco se sirvió un poco en un cuenco metálico. Levantó otro haciéndole una seña al rubio que asintió mientras tomaba asiento en una gran roca junto al castaño que sirvió otra porción y se la dio a Matt.
-¿De dónde sacaste el caldero? –dijo mientras daba un sorbo al caldo en lo que el chico le pasaba una cuchara.
-Lo encontré tirado por allá- señaló hacia los espesos árboles que crecían en la montaña y el Ishida estuvo a punto de escupir lo que tenía en la boca-. Tranquilo, lo lave bien –dijo el muchacho mientras, sin preocupación alguna comenzaba a comer lo que había en el cuenco.
-Eso espero –dijo Matt mientras el también comenzaba a comer. No había comido tanto como el resto de sus compañeros de viaje en la aldea de los Biyomons y su estómago ahora se lo reclamaba, mientras tragaba lo que sea que fuera aquello que el chico le sirvió en el plato, y que tenía un sabor bastante amargo -¿Qué es esto que estamos comiendo? –se animó a preguntarle.
-Caldo de ramas, zetas y raíces –respondió Tai llevándose otra gran cucharada a la boca. Matt nuevamente estuvo a punto de escupir la comida preparada por el castaño, pero se aguantó las ganas y trago con dificultad.
Tocio después de que aquel caldo resbalara por su garganta y dejó el cuenco en el suelo mientras se apresuraba a llegar a su tienda, de la cual sacó su mochila y tomo su cantimplora dando un gran trago a esta. Tai lo miraba sin dejar de comer mientras el chico rubio hacia gárgaras para eliminar el sabor que le había dejado la peculiar comida del moreno. Matt estaba ligeramente agitado mientras le dirigía una mirada un tanto apenada a Tai, quien lo miraba sin inmutarse.
-No te ofendas, pero creo que comeré algo de fruta de la que nos dieron los Biyomons –dijo dándose la vuelta para ir a la cabina de carga del "Raven" y sacar de ahí algo de comer.
-Como prefieras, pero eso no te dará los nutrientes que esta comida –dijo Tai mientras continuaba comiendo.
Matt regresó casi de inmediato con un par de manzanas y una barra de cereales en la boca, de las que estaban bien provistos mientras se preguntaba la razón de que el castaño decidiera hacer una improvisada cena como esa si tenían suficiente comida para varios días. Fue ahí cuando, mientras volvía a sentarse junto al castaño mirando al fuego, se preguntó si aquella acción se debía a que el castaño pensaba que pasarían ahí una larga temporada. Siendo ese el caso, quizá la mejor idea sería racionar mejor la comida y alimentarse como lo estaba haciendo el muchacho, dado que la otra opción era depender de la caridad de los Biyomons y esa idea tampoco le generaba especial fascinación.
Matt permaneció en silencio mientras Tai terminaba de comer y dejaba el cuenco cerca del fuego. Lo vio enderezarse y dirigir su mirada al cielo con una expresión en el rostro que parecía indicar que estaba meditando algo. El rubio termino de comer la barra de cereales que tenía aun en la boca, luego tomó su digivice de uno de los bolsillos de su pantalón para revisar la hora y vio que ya era de madrugada, las dos en punto para ser precisos.
-Wow, dormí mucho –dijo mientras devolvía el objeto a su bolsillo y comenzaba a comer una manzana.
-Sí, creo que lo necesitabas –le contestó el castaño.
-¿Has estado despierto todo este rato? –le preguntó. Tai asintió sin decir nada mientras tomaba otro pedazo de leña y lo arrojaba al fuego.
-Alguien debía hacer guardia y considere que era mejor que fuéramos solo tú y yo, que Agumon y Gabumon descansen –le aclaró mientras volvía a mirar al cielo.
-Tienes razón, si algo pasa ellos serán nuestra principal defensa.
-Así es –dijo Taichi, recordando sus viejos días explorando el continente Directory junto a Agumon y algún acompañante ocasional, en los cuales Agumon era quien más descansaba, pero también quien más había tenido que pelear.
De algún modo estar ahí lo hacía sentir una extraña nostalgia. No podía decir que todo lo que había pasado los últimos cuatro años había sido desagradable, hubo muchos momentos tensos, peligrosos y difíciles, claro, pero también buenas experiencias y al final el chico sentía que eso era lo importante. Claro que todo su buen ánimo se desvaneció al percatarse que en toda esa búsqueda no había podido encontrar nada realmente, no había descubierto la identidad de aquellos seres que iban tras de Hikari, no había descubierto nada aparte de lo que James le había contado sobre su origen y el de su hermana, y todo lo que había encontrado sobre los digimons, el digimundo, la aparición de los Tamers y la guerra antes de que los digimons y los humanos se conocieran era casi la misma información a la que podía acceder cualquier niño con una computadora con acceso a internet. Todo eso le hacía sentir que había fracasado rotundamente.
-¿En serio crees que lo encontremos? –la voz de Matt lo sacó de sus pensamientos tomándolo por sorpresa.
-¿A quién? –preguntó el chico algo confundido.
-Al Anciano –le contestó Matt-, según Biyomon aparece cada que s ele antoja, ¿Qué probabilidades hay de que aparezca pronto? –dijo Matt algo molesto.
-Yo diría que muchas –dijo mientras tomaba de una mochila a sus pies la Tablet que Sora le había dado antes de partir de la mansión y la encendía para mostrarle algo al rubio. Matt se acercó al muchacho para ver algunas imágenes tomadas desde el cielo de áreas donde se encontraban las torres negras-. Lo que nos dijo Biyomon es correcto, varios digimons han comenzado a organizarse y atacan las torres del emperador, pero aún quedan algunas en este continente, lo que hace algo probable que ese tal Anciano aparezca
Matt meditó la respuesta del chico. Tenía razón, seguramente la tenía.
-Bien, entonces aguardemos a que aparezca –Taichi asintió guardando la Tablet en la mochila y recordando algo.
-Por cierto Matt, si no me equivoco, contactaste a alguien cuando vimos la torre derribada, ¿no? –el rubio reaccionó sorprendido ante la acusación de Tai y desvió la mirada un tanto nervioso. Taichi notó esa reacción, y eso le dio ánimos para continuar interrogando a su compañero-. ¿A quién contactaste Matt? ¿Y por qué?
-Ah… yo… -trato de hablar pero no sabía que decir.
En ese momento un sonido proveniente de la montaña llamó la atención de ambos. Los dos muchachos giraron para ver la montaña mientras otros ruidos similares se escuchaban. Eran ruidos secos como de golpes que producían algo de eco. Una enorme piedra cayó frente a la cueva que Taichi había explorado horas atrás y a esta le siguieron varias otras que se estrellaban pesadamente contra el suelo.
-¿Un derrumbe? –preguntó Matt retrocediendo un paso. Taichi siguió observando la montaña notando una especie de sombra que se deslizó con rapidez.
-No –declaró mientras volvía a hurgar en la mochila sacando su arma y un par de cargadores que se guardó en un bolsillo.
Emprendió la carrera sumergiéndose en la oscuridad mientras Matt lo observaba algo desconcertado. Como si hubiera recibido una descarga eléctrica el chico se activó de repente corriendo hacia la carpa para tomar de ahí una escopeta y varios cartuchos que se guardó en los bolsillos de la chaqueta y se lanzó para alcanzar al castaño. Encendió una linterna sujeta a la escopeta y se internó entre los arboles alumbrándose con ella.
Matt corrió hasta sumergirse entre los árboles que le cubrieron la vista en todas direcciones. Se giró hacia el lugar por el que había llegado notando que le era imposible ver incluso las llamas de la fogata. Recortó cartucho y se giró apuntando con rapidez en todas direcciones mientras avanzaba con paso lento. Detrás de él escuchó el movimiento de un arbusto y se giró apuntando con el arma, pero no vio nada. Una especie de gruñido se escuchó detrás de él y el rubio giró para disparar, dándole a un árbol que recibió el impacto del arma que le voló varias ramas, pero ningún enemigo. El chico notó un movimiento peculiar en las copas de los árboles, al mismo tiempo que sentía que algo largo y suave le rozaba la parte superior de la espalda y la nuca. Se giró despacio encontrándose con la nada y levantó la vista para ver como las copas de los árboles se mecían, pero ningún enemigo parecía estar cerca. Matt retrocedió un pasó y sintió como era jalado con fuerza, cayendo al suelo boca abajo. Se giró rápidamente y antes de accionar el gatillo de la escopeta una mano alejó el cañón y pudo distinguir entre la oscuridad a Tai poniendo su dedo índice sobre sus labios. Matt comprendió y relajó el agarre de la escopeta que Tai seguía sujetando, viendo como este apagaba la linterna y después con el mismo dedo que tenía sobre los labios apuntó por encima de la cabeza del rubio, indicándole que volteara. El chico lo hizo de inmediato mientras, volviéndose a girar y retrocediendo pecho tierra hasta quedar a un lado del castaño. Mientras lo hacía fue testigo de cómo lo que parecía ser una cola pasaba serpenteando entre los árboles, flotando en medio de ellos hasta perderse en la espesura de la vegetación.
-¿Qué carajo era eso? –susurró el rubio.
-Parecía una especie de dragón –le contesto Taichi, también en un susurro.
-No se parece a ningún dragón que haya visto antes –aseguró Matt.
-Sí, lo sé, lo peor es que nos está asechando –Tai llevaba su arma en la mano y Matt vio como introducía en esta un cartucho de balas de Chrondigizoit-, no creo que tenga buenas intenciones –dijo mientras se asomaba un poco tratando de encontrar a aquella peculiar creatura.
Ambos lo hacían, en el momento justo en que sintieron una corriente de aire tibio en sus espaldas y nucas, y se giraron boca arriba para ver frente a ellos un espeso pelaje blanco, entre el cual se distinguían afilados dientes, dos pares de ojos rojos que los miraban atreves de una especie de mascara azul con serpenteantes líneas amarillas y en la parte de en medio un cuerno grande y afilado, como la hoja de una espada.
El ser se levantó mientras inhalaba produciendo una fuerte corriente de aire y después lanzando un intenso rugido, que fue acompañado por los gritos aterrorizados de Matt y Tai quienes dispararon sus armas como por instinto, y luego se levantaron tan deprisa como podían emprendiendo la carrera para alejarse de ahí antes de que una mordida de lo que fuera que fuera aquella cosa diera justo donde estaban acostados. Los dos corrían por entre los arboles con verdaderas expresiones de pánico sin atreverse siquiera a mirar a atrás. Taichi hacia esfuerzos por no tropezar mientras comenzaban a notar a lo lejos la luz de la fogata que habían encendido. El castaño acelero el paso cuando sintió que tropezaría, cosa que hizo, con una raíz de uno de los últimos árboles, lo que lo hizo rodar por el suelo hasta ser frenado al chocar su cabeza con una roca, cosa que le sacó un par de lágrimas.
Matt iba un par de metros atrás del chico, aun entre los arboles cargando su escopeta. Dio un salto para evitar tropezar con una raíz igual que el castaño pero al pasar entre dos árboles, la escopeta chocó con el mango en un tronco y con la punta del cañón en otro frenando en seco la carrera del rubio que sintió como la fuerza de la inercia lo hacía golpearse en el estómago con el arma y caer al suelo, de espaldas y sofocado.
Tai se levantó del suelo con un par de lágrimas en los ojos y sobándose la cabeza en la que se le había formado un gran chichón, mientras que de entre las copas de los arboles surgía completo el ser con el que se habían topado, mostrando todo su largo cuerpo que ahora desprendía una intensa luz y hacia parecer que su cuerpo era un destello de luz azul rodeado por una cadena. Varias alas se repartían por todo aquel cuerpo de serpiente, las largas eran las que estaban más al frente, a un par de metros de la cabeza, y cuatro extremidades parecidas a garras salían del cuerpo. El ser emitió un rugido con tal fuerza que resonó por toda la montaña, y quizá a kilómetros de ahí.
Taichi miraba con asombro a aquel ser mientras tomaba su digivice para analizar la información del mismo, pero no obtuvo respuesta del aparato.
-¡Vamos cosa del demonio! –dijo golpeando el aparato entre sus manos.
Matt se incorporó con dificultad notando que el ambiente antes oscuro ahora era iluminado por un raro destello azul. Levantó la mirada y vio sobre el al peculiar ser que había intentado devorarlos. Volvió a gritar presa del miedo y gateando con una impresionante velocidad llego hasta donde Taichi arrodillándose detrás de él y sujetándolo con fuerza de la camisa.
-¿Qué diablos es esa cosa? –dijo Matt mientras se levantaba poco a poco.
-No lo sé, pero me estoy cagando de miedo –dijo el castaño mientras el digimon dirigía su atención a los dos Tamers que reaccionaron sobresaltados.
Ambos hicieron un gran esfuerzo por controlar el miedo y la sorpresa que les producía ver a aquel ser y comenzaron a disparar. Las balas impactaban en la cabeza del digimon que ni se inmutaba, y en cambio soltó otro rugido echando la cabeza un poco para atrás y luego lanzando todo su cuerpo hacia los chicos que insistían con los disparos.
A poco de ser devorados ambos chicos sintieron que eran tacleados y llevados hasta el suelo por Agumon, mientras que Gabumon saltó sobre el digimon asestándole una parata en la cabeza que no surtió ningún efecto, y el digimon se vio obligado a saltar a un lago para evitar ser embestido por el digimon que se siguió de largo casi estrellándose con el "Raven", pero elevándose antes de eso y produciendo tal ráfaga de viento que apagó de inmediato la fogata y desprendiendo del suelo los lastres de las tiendas que habrían salido volando de no ser por el peso en su interior.
El ser se elevó sobre los tamers y digimons mientras Agumon y Gabumon corrían en direcciones opuestas, buscando flanquear al digimon, y comenzaron una ráfaga golpeando cada uno un lado de la cabeza del digimon. Este volvió a rugir lanzándose sobre Agumon que continuó disparando hasta tenerlo muy cerca y saltar hacia un lado, pero el digimon giró antes de llegar hasta donde él se encontraba, y en lugar de embestirlo con la cabeza, el resto de su cuerpo lo golpeó de lleno lanzándolo con fuerza hacia la pared de roca al lado de la pequeña cueva. Con Gabumon sucedió algo similar, que envió al digimon de Matt hasta el risco de la montaña de donde alcanzó a sujetarse del borde.
-Gabumon –exclamó Matt con preocupación lanzándose en la ayuda de su amigo mientras Taichi trataba de distraer al digimon disparándole con su arma las últimas balas que le quedaban en el cartucho.
-¡Mierda! –exclamó cuando los tiros se le terminaron, momento justo en que El digimon se lanzaba hacia él, pero antes de que lograra dañar al chico, sobre la cabeza del digimon aterrizó Agumon, quien sujetando el cuerno con toda su fuerza logro desviar la dirección del digimon que pasó rozando a Tai y a unos cuantos metros de Matt y Gabumon, quien ya estaba de vuelta en terreno firme. El digimon se elevó un poco con Agumon sujetándole el cuerno, tomando distancia con la intención de estrellarse contra la montaña y deshacerse así del digimon dinosaurio.
Tai notó esa acción y sin perder tiempo tomó su digivice. Espero el momento justo en que el digimon se encontrara sobrevolando sobre ellos y levantó el aparato en sus manos.
-¡Digievoluciona! –exclamó con fuerza el chico y a un par de metros de estrellarse contra la montaña Agumon comenzó a crecer pudiendo sujetar no solo el cuerno, sino la cabeza entera del digimon con sus garras y frenando el impacto con sus piernas que se hundieron en la roca.
El digimon rugió para después empujar con toda su fuerza la cabeza del oponente levantándola un poco para después lanzarle un cabezazo con el que aseguro la cabeza del enemigo entre sus cuerpos y mientras seguía sujetándola con los brazos. Desde esa posición no le era posible atacar, pero podía garantizar que tampoco el digimon podría hacerlo.
Matt y Gabumon vieron la escena y de inmediato el rubio mandó a su compañero a apoyar a Greymon.
-¡Digievoluciona Gabumon! –exclamó el rubio. Gabumon dio un gran salto en medio del cual su cuerpo se transformó en el de Garurumon quien alcanzó a llegar hasta el cuerpo largo del enemigo lanzando mordidas a las alas superiores.
El digimon gruño molesto. Jaló la cabeza hacia atrás levantando a Greymon y llevándose consigo también a Garurumon. Se elevó varios metros en el aire y después, dando toda una vuelta se apuntó hacia el suelo acelerando bruscamente como para colisionar contra en suelo. Garurumon y Greymon seguían sujetos al digimon mientras este estaba a punto de estrellarse, y en el último segundo cambió de dirección. Su cuerno rosó la tierra dibujando una gran línea, detrás de la cual azotó el cuerpo de Greymon, y sobre el Garurumon, quedando ambos digimons apilados sobre la tierra. El ser otra vez iba enfilado hacia el "Raven", pero esta vez no alcanzó a girar y se estrelló contra este, tirándolo por el risco y cayendo junto con él en medio de un gruñido molesto.
-¡No! Exclamó Matt al ver su vehículo perderse en la oscuridad.
Tai miró al chico y luego a los digimons que yacían derrotados en el suelo, mientras volvían a sus formas normales. Matt se percató de eso, y dejando completamente olvidado lo de la vane que haba caído por el risco se lanzó junto a Gabumon.
-Gabumon, ¿estás bien? –preguntó preocupado. El digimon se removió entre los brazos del chico que lo abrazó con más fuerza.
-Tai… -dijo con voz débil el digimon del castaño mientras este le ayudaba a enderezarse.
-Tranquilo compañero –dijo con voz suave el chico.
-Perdón…, no lo derrote –Tai dejó salir una risa despreocupada.
-No digas tonterías, eso no tiene nada de importante –le dijo con sinceridad.
Detrás de ellos escucharon un peculiar ruido, y al girarse vieron volver al ser parecido a un largo dragón hecho de luz que volvía a encararlos. Tai y Matt se miraron el uno al otro, asintieron y volvieron a empuñar sus armas, sabiendo que no podían lograr nada, pero dispuestos a proteger a sus digimons.
El ser los miro fijamente con sus cuatro ojos resoplando con fuerza, exhalando aire que golpeaba los rostros de los dos Tamers. El digimon inhalo con fuerza y Tai pensó que volvería a emitir un gran rugido, pensó que quizá tendría una oportunidad si disparaba a la boca del digimon cuando estuviera abierta con una bala explosiva, tal vez no lograrían matarlo, pero con suerte, si le causarían un buen daño como para alejarlo.
-YA ES SUFICIENTE –escucharon una retumbante voz proveniente del ser.
Aquella criatura dirigió su cabeza hacia el suelo con suavidad y cuando esta toco la superficie de la tierra se ilumino, desvaneciéndose en una especie de cascada de luz que se reunía en el punto justo donde había tocado la punta del hocico del ser hasta que toda aquella luz se apagó con un fuerte destello que obligó a Tai y a Matt a cubrirse los ojos. Al volverlos a abrir se toparon con una espesa oscuridad, y caminando entre ella vieron una figura envuelta en una especie de viejo manto arrugado y sucio, y de entre este surgía una cabeza cubierta de largo pelo blanco y con una grande y espesa barba creciéndole en la cara. Cuando lo tuvieron más cerca notaron la piel azul del ser que era de la misma estatura que ellos, los ojos rojos que los miraban con enfado y las arrugas que hacían parecer a aquella persona un anciano. Parecía un anciano humano excepto por la piel azul.
Aquel ser, al pasar por donde estaban los restos de la fogata que Tai había encendido levantó una de sus manos haciendo que las llamas revivieran. Siguió su paso caminando en medio de Matt y Tai hasta llegar a donde los digimons. Matt parecía desconfiado y estuvo a punto de levantar su arma contra el ser, pero Taichi lo detuvo. El ser se arrodillo frente a Gabumon y Agumon que yacían en el suelo, les toco la cabeza, el pecho y el estómago y después de sentir las fuertes respiraciones de ambos se levantó, girando hacia los Tamers.
-Han demostrado ser buenos guerreros –dijo el digimon, aun con su expresión dura-, ahora largo –dijo dando media vuelta y siguiendo su camino hacia el interior de la cueva.
-¿Qué? –dijo Tai desconcertado.
-Lárguense de aquí –dijo el ser sin darse la vuelta.
Matt y Tai se miraron el uno al otro, y luego corrieron tras el ser. Este entro en la cueva sin preocuparse por los Tamers que lo seguían, quienes se detuvieron en la entrada de la cueva, pero intentaban verlo a través de la oscuridad. El ser creó fuego en una de sus manos iluminando la cueva, mientras comenzaba a tocar los grabados en la roca que Tai había visto antes, y después, desapareció pasando por entre la roca como si nada. Tai y Matt volvieron a mirarse, y luego de encender una linterna se internaron en la cueva. Llegaron hasta la roca que el ser había atravesado como si no estuviera ahí, y luego Taichi extendió una de sus manos para tocar la misma.
-¡Tai! –lo detuvo Matt, pero el chico sonrió sin preocupaciones. Matt le soltó el brazo y el chico respiró hondo antes de recargar su mano en la piedra, que tal como antes lo había hecho todo el cuerpo del ser, atravesó la pared como si no estuviera ahí.
Los chicos volvieron corriendo a donde sus digimons y tras dejarlos cerca del fuego y cubiertos con mantas volvieron a la cueva. Tai recargo con cuidado su mano nuevamente y al ver que seguía atravesando como si nada se internó con todo su cuerpo. Al atravesar la piedra Tai se encontró con una especie de cámara iluminada por un fuego rodeado de piedra en medio de la habitación, y algunas cuantas antorchas repartidas por la misma. Matt entró detrás de Tai viendo igualmente sorprendido el lugar. Siguieron inspeccionando viendo todo el lugar. Parecía una casa, con algunas rocas moldeadas para que parecieran muebles donde sentarse o sobre los cuales apoyarse como si de mesas se tratara. Al fondo había dos túneles, y recargada entre ellos los chicos vieron una larga espada blanca.
Antes de que siquiera quisieran tocarla vieron luz en uno de los túneles y después vieron salir de este al anciano de piel azul con una gran jarra de cuello estrecho y tapado con un corcho en la mano. El ser los miró y volvió su expresión molesta.
-¡Les dije que se largaran de aquí! –dijo con su voz grave y rasposa.
-Tu eres el…tu eres el… -trataba de decir Taichi.
-¿El que niño? –dijo el anciano molesto mientras se dirigía a una de las mesas y dejaba sobre ella la jarra.
-¿Eres el Anciano de la montaña del sabio? –preguntó sin rodeos Matt. El anciano destapó la jarra y luego volteó para ver a Matt y Tai
-Pues soy un anciano, y estoy en la montaña del sabio, tu dime –le dijo con voz burlona lo que fastidió al rubio.
-Eres un digimon, te vimos –dijo Tai dejando de lado el enfado de su compañero-, a eso se referían los locales, ¿o no? Usa un disfraz y nos habla por medio de este, nunca te muestras con tu verdadera forma, pero con nosotros sí –dijo el chico con algo de emoción. El Anciano se empinó la jarra bebiendo su contenido y luego se secó los labios con el dorso de la manga.
-¿Y ya por eso te sientes especial? –dijo el Anciano mientras dejaba la jarra nuevamente sobre la mesa y caminaba hacia el fuego.
-Tenemos algunas cosas que preguntarte –le dijo Matt acercándosele mientras que Tai seguía inspeccionando la cueva, y se adentraba en el túnel contrario del que había salido el ser aprovechando que este era distraído por Matt-. Primero que nada, me gustaría saber, ¿Qué sabes sobre el emperador de…?
-¿Te dije que respondería tus preguntas? –se adelantó el ser.
-Ah…bueno, nos dijeron que usted es un guía de la gente de estas regiones, y pensé que siendo un guía usted podría…
-Tú lo has dicho, soy guía de los pobladores de aquí, pero ustedes no son de por aquí, ¿o me equivoco? –Matt titubeo-. Además, ¿Por qué ayudaría a un par de Tamers de HEDM? Las únicas veces que ustedes han venido a este continente fueron, uno, para hacerse de parte de su territorio, y dos, para repartir esas odiosas torres por todos lados.
-No, se equivoca, nosotros no construimos las torres, en realidad…
-¿Sabes qué? ¡No me importa! Todos los humanos son iguales, ¡todos! Solo vienen aquí a saquear todo, se creen dueños de lo que sus ojos ven y de todo aquello que sus manitas alcanzan a agarrar –le espetó el Anciano mientras se dejaba caer sobre uno de los sillones de piedra-. No sé en qué momento me deje convencer por esa chiquilla –dijo mientras se frotaba las cienes.
Matt no comprendió a que se refería, pero antes de poder preguntar algo más Taichi regresó de donde había ido y extendió a los pies de el Anciano una especie de Mapa. Él le dirigió una mirada interrogante mientras que Tai con satisfacción le dijo:
-Eres Azulongmon –el Anciano apartó su mano de su cara y apoyó ambas en los respaldos de su asiento mientras tragaba saliva.
-¿Cómo dices? –preguntó desconcertado.
-He visto los monumentos –dijo el chico con satisfacción-, además encontré eso entre tus cosas –señaló el mapa-, es uno como el que le diste a Jijimon cuando visito esta montaña hace cincuenta años para que los elegidos encontrara los emblemas.
-¡¿Cómo sabes sobre los emblemas?! –dijo con brusquedad levantándose de su asiento. Matt sonrió, ahora ellos tenían la ventaja.
-Nosotros los encontramos –dijo el rubio con orgullo. El Anciano lo miró con escepticismo.
-Somos los elegidos –confirmó Taichi. El Anciano los miró boquiabierto, primero a uno y luego al otro, hasta que centró su atención en Tai, mirándolo detenidamente hasta que su expresión parecía la de alguien que ve a un fantasma.
-Ama…kawa… -susurró desviando su mirada al suelo, aun con una expresión de incredulidad. Ni Tai ni Matt lograron escuchar bien lo que el Anciano había dicho, quien devolvió la mirada a ambos chicos y luego bufó con fastidio. Se encaminó hacia una de las mesas de piedra rodeaba por una especie de asiento esculpido en la roca y tomó asiento en la parte del fondo, pegado a la pared de la cámara, indicando a los chicos que se sentaran frente a él. Los dos obedecieron y se acomodaron frente al Anciano que sacó un par de vasos de vidrió de debajo de la mesa y sirvió de su jarra en ambos para después pasárselos a los Tamers.
Ambos tomaron los vasos aunque con algo de duda. Taichi olfateó el olor sintiendo un fuerte y amargo aroma a ron, mientras que Matt degusto el suyo sintiendo el fuerte ardor en la boca y después en la garganta que lo hizo toser un poco. Azulongmon volvió a dar un trago a la jarra como si nada para después dejarla sobre la mesa y juntar sus manos sobre esta.
-Hace cien años cuando los digimons y los humanos empezaron a conocerse, los humanos ya eran la especie con deseos de poder y que se cree dueña de todo que mi mundo conoció al verse invadido, ¿lo saben?
-Si –dijeron ambos al unísono. Taichi conocía muy bien la historia de la guerra entre humanos y digimons, la había escuchado de la voz de varios digimons muchas veces. Matt por su parte también estaba al tanto de los hechos, aunque en su caso se lo habían relatado como "historias de valor y coraje" de las milicias del mundo contra los hostiles digimons hasta establecer una paz, cosa con la que muchas veces el rubio no estaba del todo de acuerdo, pero que tampoco cuestionaba realmente.
-Con el tiempo se llegó a la paz, y a la convivencia, pero jamás deje de sentir un miedo terrible –confesó el digimon-. Más allá de los humanos, existen fuerzas que amenazan este mundo, y aunque sabía que era mi deber protegerlo, las futuras generaciones también debían tener esa responsabilidad, por eso la creación de los emblemas, para asegurar una ventaja a aquellos dignos de merecerla, aquellos que se alzarían para combatir contra el mal que se alzaría para aplastarnos a todos, un poder que no sería otorgado ni a los digimons ni a los humanos, sino a la unión de ambas razas.
-Los Tamers –concluyó Matt. El Anciano asintió. Luego volvió a tomar la jarra dando un gran trago. Los Tamers lo imitaron sintiendo el fuerte licor resbalar hasta sus estómagos.
-Ingenuamente pensé que aprenderían –dijo con tono derrotado-, pensé que los humanos verían belleza en este mundo, no solo tierra y riquezas. A través de los años, veo lo que hacen, veo como solo piensan en poder y en dominación –suspiró amargamente-, veo que no han aprendido nada, y eso me entristece. La oportunidad que se les dio, la desperdician buscando batallas.
Tai miró con tristeza a aquel Anciano que momentos atrás parecía tan fuerte y amenazante, ahora lucia vencido y cansado. Ni siquiera imaginarlo como el gigantesco dragón de luz podía intimidarlo, si pensaba que también en esa forma tendría la mirada cansada que ponía en ese momento.
-Azulongmon… señor –lo llamó Matt. El Anciano levantó la vista-, ¿Quiere decir que usted fue quien creo a los Tamers? –El Anciano se mostró confundido.
-¿Cómo dices? –le preguntó.
-Sí, quiero decir, ¿usted fue quien permitió que un humano y un digimon pudieran formar un vínculo?
-¿Permitir? ¡Jamás hubo impedimento alguno! –reclamó el digimon-, quizá solo en sus mentes, les tomó tiempo ver que podían hacerlo, pero jamás hubo algo que se los impidiera –explicó mientras parecía ponerse a pensar en algo muy lejano.
-Tal vez no me explique bien, quiero decir, que los Tamers formemos un vínculo, la adaptación a los digimons, la evolución de la especie –decía Matt como buscando las palabras-, las células humanas y digimon se comunican por medio de…
-¡Eso es un montón de estupideces que su especie inventó para explicarse las cosas! –reclamó Azulongmon volviendo a tomar de su jarra.
-¿Quiere decir que el ADN humano, no mutó por el contacto con los digimons y la exposición al digimundo? –cuestionó Taichi.
-Bueno…supongo que algo como eso pudo pasar, pero eso no es lo que origina que un humano y un digimon hagan vínculo –explicó.
-Pero… entonces –dijo Matt mientras buscaba en su bolsillo con desesperación-, ¿Por qué no cualquiera puede utilizar un digivice y hacer digievolucionar a un digimon? –Azulongmon se levantó de su asiento dejando salir un quejido como de hartazgo ante la pregunta del chico, mientras comenzaba a caminar sobre la roca esculpida como asiento quedando muy por encima de los chicos que seguían sentados.
-Los digivices, ¡los malditos digivices! –Se quejó el Anciano digimon-, ¿saben? Muchas veces he pensado que ese fue el origen del problema, ¡Jamás debí mostrarles cómo construirlos! Son tan torpes que no comprendieron nada.
-¿De qué habla? ¿Usted creó los digivices? –lo interrogó Taichi con incredulidad. Azulongmon lo miró con un gesto que denotaba enfado, luego asintió como si no fuera nada.
-Sí, yo cree los digivices –dijo dando otro trago a la jarra-, con la intención, claro, de que fuera una herramienta de apoyo que les ayudara a los humanos a fortalecer el vínculo con los digimons, jamás pensé que en lugar de utilizarlo como debía, COMO UN APOYO –insistió remarcando esas palabras-, se volverían dependientes de ellos.
Ambos chicos parecían contrariados. Tai sacó su propio digivices, ese que parecía un celular de pantalla táctil y que lo único que lo diferenciaba de estos era la insignia de HEDM en la parte trasera y debajo de esta un grabado con la forma de los antiguos digivices.
-Espere… ¿quiere decir que un Tamer puede hacer digievolucionar a un digimon sin usar esto? –dijo Matt refiriéndose al digivice. Azulongmon se sentó sobre la mesa poniendo las piernas en posición de loto. Dio un sorbo a la jarra de licor y en lugar de tragar levantó la mirada y comenzó a escupir, pero en lugar de expulsar el líquido expulsó un chorro de fuego que con las manos manipulo en el aire como si fuera arcilla.
Tai y Matt miraban asombrados esto mientras que el Anciano comenzaba a formar la silueta de un humano con parte del fuego, y con el resto formaba la silueta de un digimon parecido a Agumon de perfil, rodeados cada uno por circulo de fuego que los separaba.
-Humano y digimon, ambos tienen energía que corre por sus cuerpos, ambos son materia, sangre huesos, carne, pero también son espíritu, amor, odio, esperanza –explicaba el Anciano-, nacen separados, son independientes el uno del otro –dijo mientras manipulaba las figuras de fuego haciendo que los círculos del humano y el del digimon chocaran produciendo chispas como si se rechazaran-, pueden vivir separados, pero cuando se comprenden, cuando se entienden, se comunican y aprenden uno del otro –dijo mientras los círculos de fuego se fusionaban creando uno solo, dentro del cual se encontraban tanto la silueta del humano como la del digimon-, pueden unirse, pueden crear un vínculo –las siluetas se fusionaron dando origen a un digimon de mayor tamaño, hecho con fuego que desprendía más luz y calor que antes-, ese vínculo, es el vínculo Tamer –explico mientras extinguía las llamas-, no se refiere solo al humano, sino a la pareja, humano y digimon, aunque lo hayan malentendido –dijo como una queja-, y respondiendo a su pregunta joven –dijo mirando a Matt-, no, no se necesita el digivice para hacer que este vínculo exista. Ese cachivache es un simple pedazo de plástico inútil y estorboso –dijo creando en ambos chicos una sensación de vergüenza.
-En realidad, ahora los hacen de una aleación de titanio y aluminio que… -Matt calló al ver la severa mirada del Anciano. Luego la mirada del mismo se dirigió al objeto sobre la mesa cerca de las manos de Matt.
-¿Me lo prestas? –pidió y el rubio tomó el objeto y lo dejó en la mano extendida del anciano. Este miró el digivice por un momento, manipulándolo en su mano -¿Por qué carajo es tan grande y delgado? –dijo mientras por accidente presionaba uno de los botones laterales que encendió la pantalla, lo que lo sorprendió un poco -,wow –dijo algo asustado- ¿y para que necesitan una pantalla tan grande?
-Bueno, es que ahora tienen más funciones, aplicaciones –explicó Tai.
-¿Aplicaciones? –preguntó Azulongmon con un gesto de desconcierto.
-Sí, am –dijo el castaño tomando su propio digivice-, telecomunicaciones, cámara fotográfica y de video, calculadora, juegos… –un leve quejido salió de la boca de Azulongmon.
-¿Juegos? –dijo con tensión en el rostro.
-Sí, mire, por ejemplo la semana pasada descargue un emulador de esa vieja consola, PlayStation One, y justo ahora estoy jugando el… -Matt le dio un leve codazo en el brazo al castaño que lo miró y después miró a Azulongmon que parecía bastante tenso. El chico guardó con discreción el aparato en un bolsillo de su pantalón mientras volvía a tomar de su vaso-. Pero volviendo a lo importante –dijo el sintiendo que la garganta le quemaba-, si el digivice no es realmente necesario para poder lograr la digievolucion, ¿para qué crearlo? ¿Qué es exactamente lo que quería que los humanos hicieran con esa herramienta?
-Crear el vínculo no es fácil –dijo el Anciano-, las energías deben sincronizarse y hacerlo es complicado, la idea del digivice era poder facilitar las cosas en tiempos difíciles. Cuando le otorgue a los humanos el conocimiento sobre los digivices y comenzaron a utilizarlo con niños que según ellos presentaban anomalías que los volvían más afines a los digimons, pensé que los utilizarían con las primeras generaciones, fomentando el vínculo entre humanos y digimons, acercándose a ellos más y más. En lugar de eso, creyeron que el digivice era la clave, que sin él no podía realizarse el vínculo, y como pensaron además que era una creación suya, concluyeron que el humano tenía derecho entonces de controlar a los digimons y usarlos en batalla.
Matt meditaba las palabras del Anciano, seguía sin entender mucho.
-¿Qué es exactamente lo que hace el digivice, según usted? –preguntó el rubio.
-Vincular las energías es difícil, se requiere de entrenamiento arduo, de una verdadera relación de amistad y compromiso para que se logre la sincronización –explicó el Anciano. Tai lo escuchaba con suma atención-, el digivice lo que hace es dar un empuje a ese vínculo, crea una sincronización artificial que vincula al humano y al digimon, y facilita que sus energías se mesclen.
-El alma del digivice –dijeron al unísono Tai y Matt. Azulongmon asintió.
-El alma del digivice tiene información tanto del digimon como del Tamer en cuestión, ¡es el vínculo! –explicó Tai.
-Y este vínculo hace que la energía del Tamer se dirija a su compañero digimon –agregó Matt-, el digivice es como un conductor y amplificador de corriente, las hondas que posibilitan la digievolucion viajan guiadas por él y la digievolucion se consigue –los dos chicos parecían bastante emocionados, y Azulongmon notó eso.
-Y son una forma particular de Hondas, una que choca con las hondas de control de las torres –en el rostro del castaño se comenzaba a formar una gran sonrisa.
-Pero si cambiamos la naturaleza de las hondas… -en el rubio también comenzaba a aparecer una sonrisa. Ambos chicos se voltearon a ver con expresiones de alegría.
-¡La digievolucion no se verá limitada por las torres! –exclamaron para después abrazarse y comenzar a bailar dando vueltas sin soltarse. Azulongmon los vio mientras tarareaban cada uno una melodía diferente pero seguían bailando y riendo.
Por fin se detuvieron y separaron para después voltear a ver a Azulongmon que seguía sobre la mesa.
-Queremos que nos entrenes –dijo Taichi.
-¿Qué? –respondió el digimon con una expresión confundida.
-Sí, enséñanos a hacer ese vínculo –Azulongmon quedó boquiabierto mirando a ambos chicos. Después su mirada se puso seria mientras miraba a cada uno de ellos, de pies a cabeza, sopesando las cosas, considerando aquello que le habían dicho, y finalmente hablo fuerte y con voz clara.
-No –dijo sin un ápice de duda mientras bajaba de la mesa y caminaba dándoles la espalda-, lárguense de aquí.
-Pero… -trato de decir Matt-, ni siquiera tenemos como irnos, ¡destruirte nuestra nave! –le reclamó.
-Bajen la montaña, hay un camino de tierra, síganlo, llegaran a un pueblo desde el que pueden ayudarles a atravesar el área hasta llegar al territorio Tamer. Llegar al pueblo les tomara un día o dos.
-Pero… -Matt quería insistir pero no sabía cómo.
-¡Necesitamos tu ayuda! –exclamó Taichi. El anciano digimon se detuvo pero sin dejar de darles la espalda-. Escucha, un lunático está conquistando el digimundo, esas torres negras que viste, hay muchas más de esas, Sarvar está repleto y cada día más. Una vez que caiga bajo su control vendrá a este continente, y ni todos los guerreros que puedas reunir podrán…
-Basta –dijo con voz dura. Tai se quedó callado. El digimon se giró, con la misma expresión derrotada que antes había mostrado-, ya una vez creí que los humanos eran la respuesta, confié en ellos, y por ese error murieron muchos, les di una segunda oportunidad y pagaron volviendo esclavos y mascotas a mi especie, llamándonos criminales y salvajes si preferimos nuestras vidas simples alejadas de ellos –decía con amargura-, tal vez hay un peligro latente, tal vez los días oscuros apenas vienen, pero esta vez, en lugar de creer que la respuesta vendrá del otro lado de la pantalla, creeré que podemos resolverlo por nosotros mismos –dijo y miró a Tai con rabia y lágrimas en los ojos-, si no lo hago, es probable que los humanos ocasionen aún más daño a mi mundo –dijo para después darse la vuelta sin la intención de volver a voltear.
-Tú nos esperabas –dijo Tai con seguridad, lo que causo que Azulongmon se detuviera-, tu esperabas que apareciéramos, por eso mandaste los emblemas hace cincuenta años, confiabas en que personas buenas aparecerían, creíste que podíamos ser mejores, ¡Y aquí estamos! ¿No te das cuenta? –Tai buscaba las mejores palabras para expresarse aunque le era un poco difícil.
-No porque haya humanos malos, significa que todos somos así –agregó Matt respaldando las palabras de Taichi, quien él sonrió agradeciendo el apoyo.
Azulongmon medio sonrió al escuchar esas palabras, pero de inmediato se obligó a reprimir esa sonrisa.
-Ya se los dije…lárguense –dijo para después terminar de marcharse entrando en uno de los túneles al fondo de la cueva.
Taichi agachó la mirada abatido, y Matt cerró los puños con impotencia.
-Vámonos –dijo el castaño dando media vuelta y dirigiéndose a la roca por la que habían pasado.
Al fondo de la cueva Azulongmon se sentó en medio de una pequeña cámara, de la cual el castaño había sacado el mapa que le mostró. Tenía otra jarra de licor en las manos y miraba con tristeza todo a su alrededor. Se levantó del suelo y busco entre un montón de papeles apilados algo. Finalmente lo halló y se quedó contemplando la vieja y arrugada fotografía en su mano, sonriendo apenas. En la foto había un par de humanos, un chico y una chica, ambos castaños, aunque la piel y el cabello de la chica eran ligeramente más claros que en el varón. Ambos sonreían alegres teniendo detrás de ellos un gran paisaje repleto de digieggs, incluso la chica sostenía uno con cariño entre sus manos, como si de un bebé se tratara.
El Anciano suspiró cansado mientras volvía a tapar la jarra y la dejaba en el suelo.
-Hace décadas que te fuiste y aun me sigues dominando, nunca entenderé ese poder que ejerces sobre mi Himari –dijo Azulongmon en voz alta.
-Tai –lo llamó Matt pero el chico no volteó. Llego hasta donde Agumon y Gabumon, hecho más leña al fuego, y se acercó a donde estaban las pocas cosas que se habían salvado después de que el "Raven" callera por el risco. Tomó una manta y se envolvió con ella acostándose junto a Agumon. Estaba tan lleno de furia y desesperación que n i siquiera quiso escuchar a Matt mientras este le decía que intentaran convencer al Anciano. Finalmente el rubio se cansó de insistir y se recostó junto a Gabumon.
Matt miraba el cielo algo contrariado, por una parte se sentía exitoso al haber encontrado justo lo que necesitaban, pero por el otro estaba molesto de ver como eso que necesitaban se negaba a darles ayuda. Se quedó dormido mirando las estrellas sin darse cuenta, con las manos detrás de la nuca.
Montaña del sabio en el bosque Minori, en el continente Boro en el Digimundo.
Mayo 8 de 2085
Al salir el sol Tai despertó, aun sintiendo el profundo coraje del día anterior. Vigilaba la entrada de la cueva con recelo mientras preparaba un improvisado desayuno con lo que pudo encontrar en los alrededores y revisaba los utensilios que habían sobrevivido a la ráfaga de viento producida por Azulongmon en la batalla de la noche anterior. No hubo movimiento alguno en la cueva, pero el castaño insistía en vigilar.
No tardaron mucho en despertar Agumon y Gabumon, algo adoloridos pero sin heridas graves. Matt fue el último en levantarse cuando la luz que le daba justo en la cara le hizo completamente imposible seguir durmiendo. Los cuatro comieron en silencio la sopa que Tai había preparado. Agumon, Gabumon y Tai comían sin problema alguno pero para Matt el sabor seguía siendo desagradable, sin embargo si hambre era mayor y terminó engulléndose dos platos de sopa.
Al terminar hicieron uso de un par de cuerdas y arneses para descender por el risco hasta llegar a la nave que había quedado estrellada y atorada entre unos árboles metros abajo de ellos. Matt fue quien descendió y trato de abordar la nave, pero al apoyar un pie en esta sentía como se mecía con brusquedad.
-¡Olvídalo! ¡Es muy peligroso! -le grito Tai y el rubio asintió con pesar mientras lo ayudaban a subir jalando la cuerda.
-Olvídalo, claro, tu no sufres con la sopa de ramas y raíces -se quejó el muchacho en voz baja mientras subía.
Ya reunidos en la parte de arriba comenzaron a recoger todo lo que estuviera en buen estado, las computadoras estaban bien y tenían algunas municiones, cuerdas, arneses y bengalas. El problema era la comida, no tenían nada, pero pensaron que podrían pasar por la aldea de los Biyomons a comer algo una vez que descendieran de la montaña.
-Solo espero que no mintiera sobre el camino y el pueblo -se quejó Matt asegurando las correas de una pesada mochila.
-No creo que lo haya hecho -comento Gabumon. Ambos digimons habían sido puestos al tanto de lo acontecido la noche anterior después de la batalla, y aunque en un principio parecían interesados en la idea de insistirle a Azulongmon que los entrenara, terminaron por desistir.
-Halláremos la forma de hacerlo -afirmó Tai mientras aseguraba la mochila de Agumon, luego tomó su digivice para verlo detenidamente-. Si solo son herramientas aprenderemos a dejar de depender de ellas -dijo y el grupo asintió tratando de tener mejor ánimo.
-Bien, ahora vámonos, nos tomara casi un día bajar la montaña por lo que dijo... -Matt guardó silencio al ver al digimon en su forma de anciano salir de entre los árboles donde lo habían encontrado la noche anterior. Caminaba con lentitud y cargaba entre sus brazos algo largo y delgado envuelto en una manta blanca algo roída.
El grupo vio al anciano digimon caminar hacia ellos, plantárseles enfrente y luego suspirar mientras dejaba caer lo que cargaba entre sus brazos.
-Sera mejor que no hagan que me arrepienta -les dijo con voz severa. Matt, Tai, Agumon y Gabumon sonrieron alegres.
Los Tamers y digimons formaron una línea a mitad del terreno frente a la cueva. Azulongmon, manteniendo su forma humanoide los miraba uno a uno con detenimiento mientras pasaba enfrente de ellos. Se rascó entre la espesa barba y bigote y luego se pasó una mano por el fino y blanco cabello largo hasta que se detuvo en un extremo de la línea, justo enfrente de Tai.
-Antes que nada, sus nombres -dijo con simpleza haciendo que Matt sintiera como la tensión y seriedad del momento se rompía por completo.
-Taichi Kamiya -dijo el castaño tratando de no reírse. El Anciano lo observó detenidamente antes de dar unos cuantos pasos al frente y mirar a Matt.
-Yamato Ishida -dijo el chico parándose derecho con las manos pegadas al cuerpo. Azulongmon lo miró casi igual que a Tai.
-Militar -susurró siendo escuchado por Matt quien se sintió algo nervioso-, dime, ¿Cuál fue el emblema que te eligió? -el rubio alzó una ceja sorprendido, pero el Anciano ni se inmutó y por ende el chico respondió.
-El de la amistad -dijo y el digimon asintió.
-Por supuesto, y supongo que a ti te eligió el del valor, ¿O no? -dijo dirigiéndose a Tai, quien asintió sin comprender la razón de las preguntas-. Bien, ¿qué hay por acá? -dijo mirando a un lado de Matt al digimon de este -Gabumon -dijo inspeccionando con la mirada al digimon, luego volteó a un lado viendo al digimon dinosaurio de ojos verdes. Miró a Tai después como interrogándolo y volvió a dirigir su atención al digimon-, y Agumon -dijo dando media vuelta mientras comenzaba a caminar alejándose-, por supuesto, tenía que ser justo ese par -dijo en un susurro inaudible. Se alejó unos cuantos metros y luego volteó encarando a los cuatro viajeros.
-Muy bien –el Anciano respiró hondo colocando sus manos detrás de su espalda-. Primero quiero establecer tres reglas que deberán seguir sin protestar o no les enseñare nada –dijo con tono severo, por lo que los chicos y los digimons asintieron sin protestar-. Numero uno: se referirán a mí como maestro y solo como maestro, ¿está claro? –Tai y Matt se miraron y después volvieron a ver a Azulongmon.
-Si –dijeron con algo de duda. El digimon los observó esperando a que continuaran y tras un suspirón de Matt dijeron los cuatro al unísono:
-Si maestro
-¡Perfecto! –dijo con tono triunfal-. Número dos, obedecerán todas mis indicaciones, sin dudar, sin protestar y sin quejarse –los cuatro permanecieron en silencio aunque parecían algo nerviosos-, y tercero, nada de lo que les enseñe o de lo que les he dicho antes se lo contaran a nadie jamás.
-¡Pero…! –dijo Tai, sin embargo el digimon lo miró con severidad haciéndolo callar-. Maestro, perdón, pero enfrentamos una crisis y si recibimos ayuda…perdón, pero necesitamos compartirla con nuestros amigos, solo nosotros dos no podemos enfrentar al emperador.
-Es cierto –secundo Matt. Azulongmon meditó las cosas un poco acariciándose la barba.
-Esa regla realmente depende de ustedes, no espero que guarden absoluto silencio, sé que no lo harán, son humanos después de todo-Ambos chicos se sintieron un tanto ofendidos por la acusación del digimon-, pero confiaré en que tendrán el criterio necesario para discernir a quien pueden contarle sobre esto y a quien no, espero que sepan distinguir entre sus amigos –el anciano dirigió una especial mirada a Matt-, y quienes no lo son –finalizó mostrando lo serias que eran aquellas palabras.
-Lo prometemos –dijo Gabumon sin rechistar y el resto parecía coincidir con la declaración del digimon, pese a que Matt parecía algo turbado. Azulongmon lo notó, al igual que el compañero digimon del rubio, pero ambos permanecieron callados. El Anciano volvió a suspirar con fuerza antes de continuar.
-Correcto, ya saben que el digivice funciona como un facilitador en el vínculo humano-digimon, es… un conductor y amplificador, ¿así lo llamaron no? –Matt asintió-, es una definición bastante aceptable. Por otro lado los emblemas son una fuente bruta de energía que el humano activa y luego transfiere esa energía al digimon, pero como ya les explique, ambas cosas son meras herramientas. Ni el digivice es necesario para la vinculación, y en cuanto puedan establecer una verdadera conexión con sus compañeros, podrán convertirse en fuentes de energía mucho mejores que los emblemas –tanto Taichi como Matt, al igual que el par de digimons abrieron los ojos por la sorpresa.
-Espere, maestro… ¿Está diciendo que si logramos mejorar nuestro vínculo con nuestros digimons, podríamos alcanzar el nivel perfecto sin usar los emblemas? –preguntó Tai. Azulongmon comenzó a reír mostrando entre la espesura de su bello facial sus dientes.
-Si logran mejorar su vínculo, podrán incluso llegar al siguiente nivel.
-¡¿Qué?! –exclamaron los cuatro al escuchar al Anciano que se sobresaltó al escucharlos.
-¿Existe un nivel después de la ultra digievolucion? –Azulongmon volvió a reír, parecía bastante divertido.
-Humanos, realmente no saben nada –dijo burlándose de los dos chicos-, pero basta de eso –el Anciano se dirigió a la manta que había dejado caer al suelo, tomó esta y comenzó a desenvolver lo que había en ella, revelando una larga y gruesa astilla de la torre negra. Matt y Tai vieron la astilla intrigados mientras el anciano la enterraba en el suelo con fuerza-. Si entendí bien lo que decían ayer, estas torres afectan la digievolucion cuando se utiliza el digivice, las ondas que desprende la torre interfieren con las hondas que vinculan al digimon y al humano, ¿correcto? –Los Tamers asintieron-, bien, Matt, haz que Gabumon digievolucione –pidió el Anciano y Matt reaccionó algo contrariado, pero obedeció al instante sacando su digivice y dando un paso al frente junto con Gabumon.
-¡Digievoluciona! –exclamó levantando el digivice y apuntando hacia Gabumon quien se iluminó y se convirtió en Garurumon.
-Excelente –dijo el anciano, luego, con uno de sus dedos con largas y afiladas uñas tocó la astilla y fue como si una descarga eléctrica chocara con ella. El material de la astilla comenzó a emitir un leve zumbido y un brillo tenue-, Tai, haz que Agumon digievolucione –le indicó y el castaño asintió.
-¡Digievoluciona! –exclamó con fuerza al igual que Matt pero nada paso. El chico miró el digivice en sus manos sin entender que pasaba, y volvió a apuntar con este a Agumon –. ¡Digievoluciona! –Nada paso nuevamente-, ¡Carajo! –exclamó el muchacho golpeando el objeto con la mano y sacudiéndolo para después volver a apuntar hacia Agumon con él.
Azulongmon miró la astilla algo contrariado, pensando en la forma en que estaba diseñado aquel objeto. Sacudió la cabeza alejando pensamientos ajenos a la tarea en la que debía concentrarse por el momento y volvió a mirar a Matt, Garurumon quien volvía a su forma como Gabumon, y a Taichi que había dejado de insistir en hacer digievolucionar a Agumon.
-De acuerdo, dejaremos de lado lo de digievolucionar al nivel perfecto o al siguiente de este por ahora, nos concentraremos en lo que ustedes dijeron ayer ya que veo que es algo bastante factible. Mejoraran el vínculo con sus digimons, lo que modificara las hondas que el digivice transmite y así podrán pelear sin limitaciones en las áreas donde estén presentes las torres.
-¿Y cómo hacemos eso? –preguntó Tai mientras volvía a meter su digivice en su bolsillo. Azulongmon sonrió.
Tanto Matt como Tai se encontraban escalando un muro de rocas con sus respectivos digimons atados en sus espaldas. La cabeza de Agumon descansaba sobre la melena alborotada del castaño, mientras que todo su cuerpo estaba fuertemente atado con una larga cuerda a la espalda de Tai, impidiéndole mover sus extremidades, pero dejando que Tai utilizara tanto sus piernas como sus brazos para escalar el muro. En mismas circunstancias se encontraban Matt y Gabumon que iban medio metro más arriba que la otra pareja. En terreno más alto se encontraba el Anciano, quien los miraba escalar con dificultad.
-El vínculo entre un humano y un digimon se trata de trabajo en equipo, ambos dependen el uno del otro –dijo mientras dejaba caer una roca sobre Matt y Gabumon, la cual fue alcanzada por una llama de Gabumon que la redujo a escombros que cayeron sobre ellos pero sin causarles ningún daño-, el trabajo es equitativo, la recompensa la victoria de ambos, mejor dicho solo hay una victoria; la del equipo –dijo dejando caer otra piedra, esta vez sobre Taichi y Agumon, Agumon al ver la roca se dispuso a disparar una flama, pero en el momento justo en que lo hizo, Tai hizo acopio de toda su fuerza saltando hacia un lado para evitar la roca, lo que provocó que el disparo de Agumon chocara contra la pared de rocas de la cual se desprendieron algunas que se dirigieron justo a donde estaban. Agumon intentó interceptar todas con una ráfaga de bolas de fuego mientras Tai intentaba apartarse de su camino, pero las rocas terminaron por golpearlos haciéndolos caer la distancia de metro y medio que apenas habían logrado escalar. Matt y Gabumon dedicaron una mirada burlona a la pareja en el suelo para después continuar escalando.
-Ya no me gusta este juego –se quejó Tai desde el suelo mientras sentía como Agumon lo hacía girar para dejarlo a él boca abajo.
-A mí tampoco –dijo el digimon.
Matt y Gabumon, atados por una cuerda que de un extremo amarraba la cintura de Matt y de la otra la de Gabumon corrían sobre un par de troncos dispuestos entre dos árboles en fila, cada uno en un tronco diferente separados por una distancia de tres metros, tratando de mantener el equilibrio hasta llegar al árbol de enfrente para después escalar un par de metros de este y seguir su camino sobre otro tronco ligeramente empinado. Todo un circuito construido de la misma manera estaba tanto detrás de ellos como adelante. Pisándoles los Talones avanzaban Taichi y Agumon, igualmente uno en cada tronco y con una cuerda atándolos. Azulongmon los observaba desde el final del circuito en una plataforma de madera dispuesta sobre el árbol hasta el cual llegaba el camino de troncos.
-Humano y digimon están conectados, lo que le pasa a uno afecta al otro, deben ver no solo por ustedes mismos, sino por su compañero –dijo cortando una cuerda frente a él que libero un tronco que estaba atado a arboles más altos y hacia un movimiento de péndulo pasando sobre los troncos de forma vertical a estos. Matt y Gabumon vieron el tronco y aceleraron el paso alcanzando este cuando estaba en el punto más bajo y lo saltaron sin dificultad. Detrás de ellos Tai y Agumon apenas alcanzaron a agacharse abrazando los troncos para no ser golpeados por el objeto en movimiento, al incorporarse vieron que el tronco volvía.
-Abajo Agumon –gritó Tai y tanto él como el digimon se agacharon a tiempo para después volver a avanzar. Más adelante Matt giró para ver el tronco y sin pensarlo retrocedió para volver a saltarlo, sin embargo Gabumon, que estaba un poco más adelante que el rubio se abrazó al tronco, por lo que la cuerda que los sujetaba fue arrastrada por el tronco, jalando a ambos y llevándoselos en su movimiento de péndulo.
Tai y Agumon emprendieron la carrera alcanzando el tronco en el punto en que Matt lo había saltado e hicieron lo mismo, avanzando unos cuantos metros más para después agacharse coordinadamente evitando seré golpeados, y volviendo a acelerar. A poca distancia de llegar a la meta el tronco regresó y nuevamente la pareja se agachó para después llegar a la meta, mientras que Gabumon y Matt seguían colgando del tronco que seguía en movimiento.
-¡Bájennos de aquí! –exclamó el rubio generando las carcajadas de Tai y Agumon.
Tai y Matt se encontraban bajo la sombra de unos árboles, en medio de un círculo dibujado en la tierra aplanada, cada uno sosteniendo un largo báculo de madera. Ninguno de los dos vestía más que sus pantalones. Fuera del círculo Gabumon, Agumon y el Anciano sentados sobre la tierra presenciaban el espectáculo que estaba a punto de empezar.
Matt hizo girar con verdadera habilidad el báculo entre sus manos para después detenerlo con una rápida sacudida sosteniéndolo con una sola mano y adoptando una posición de guardia. Tai sostuvo el suyo con ambas manos solo dándole una vuelta que provoco que la parte inferior del báculo lo golpeara en el pie. Dio un par de saltos sobre el pie sano y después adopto el también una posición de guardia, aun sosteniendo el báculo con ambas manos.
-¡Ya! –exclamó Azulongmon, y ambos chicos se lanzaron al ataque. Matt bloqueó un ataque por arriba de Tai y desvió uno por abajo haciendo trastabillar al moreno, quien se recuperó y volvió al ataque, el cual Matt evitó agachándose y dando un giro con el que golpeo a Tai con el báculo en la coyuntura de la pierna haciéndolo caer de rodillas.
Tai se levantó con dificultad tomando distancia para empezar nuevamente.
Taichi volvió a atacar con brusquedad siendo derribado con suma facilidad por Matt, se volvió a levantar y el resultado fue el mismo. El castaño lanzaba ataques frenéticos que eran esquivados por Matt y recibía a cambio golpes en la cabeza, en los costados, en la espalda, las piernas, los brazos, uno en la mandíbula y uno en la boca del estómago que lo dejó sin aire.
-¡Tú puedes Tai! –exclamó Agumon para animarlo.
-Es…fácil…decirlo…mientras tu estas haya –le respondió el chico con dificultad tratando de recuperarse del golpe.
-Exacto –dijo el Anciano levantándose del suelo para dirigirse a donde los dos chicos, acompañado por Agumon y Gabumon-, cuando solo uno de los dos está en el campo de batalla es fácil pensar que solo uno de los dos está peleando, pero no deben olvidar que no es uno el que sostiene el combate, sino que son una dualidad –Azulongmon levantó ambas manos uniéndolas frente a las miradas expectantes de los cuatro-, el digimon en combate depende del apoyo de su humano compañero, eso lo fortalece, lo nutre, el calor de la batalla está hecho para que ambos trabajen juntos.
Tai respiraba algo agitado, se pasó la mano por la cara para apartarse el sudor y volviendo a tomar su báculo retrocedió para continuar con el combate.
-Sigamos –le pidió a Matt quien también volvió a su posición-, Agumon –llamó el chico a su compañero antes de que se alejara más-, asegúrate de apoyarme gritando muy fuerte –le dijo y el digimon asintió con una sonrisa.
Así transcurrió una semana completa, entrenando durante todo el día y recuperándose de las caídas, los golpes y el cansancio por las noches. Taichi y Agumon habían mejorado su trabajo en equipo escalando, aunque aún resultaban algo lentos para subir en comparación de Matt y Gabumon, quienes habían afinado notoriamente sus reflejos, aunque el poder destructivo de las flamas de Agumon y la fuerza física de la que disponía Tai era notorio que también habían aumentado.
En los troncos ambas parejas habían tenido sus altibajos, mejorando un día y entorpeciendo al otro. Moverse rápido manteniendo el equilibrio y además estar al pendiente de la situación de sus compañeros era algo complicado. Matt había sido golpeado por un tronco por estar vigilando que Gabumon fuera a su ritmo y a Tai y Agumon los arrastró el tronco cuando Agumon tropezó justo antes de saltar el mismo.
Los combates eran la parte más difícil para el castaño, era obvio que Matt había entrenado con ese tipo de arma y por ende le llevaba una buena ventaja, pero el castaño comenzaba a imitar la técnica de combate del rubio, lo que lo hacía casi empatar con la habilidad que este demostraba con el báculo, y que lo obligó a mostrar mejores y más elaborados movimientos cada vez. Para el Ishida era realmente sorprendente lo rápido que Tai aprendía a combatir con el arma en cuestión.
A mitad de la semana ambos chicos junto con sus digimons comenzaron a ejercitarse antes de cenar para mejorar sus habilidades en los diferentes ejercicios, y para desdicha de Matt la comida estaba a cargo de Taichi, quien seguía preparando sopas de ramas y zetas que encontraba por los alrededores y que parecía fascinar a Azulongmon quien siempre comía más de un plato. Matt hacia grandes esfuerzos por no escupir el alimento y tragárselo sin protestar, para al término de la cena beber un par de tragos del ron del Anciano para eliminar el sabor de la sopa de su boca.
En el octavo día ambas parejas eran capaces de escalar sin ser golpeados por las rocas, por lo que la distancia que debían recorrer fue aumentando y la frecuencia con la que Azulongmon les lanzaba rocas también, convirtiéndose en una lluvia de estas que eran esquivadas por los Tamers y destruidas por los digimons. En los troncos ambas parejas desarrollando formas rápidas de comunicarse, y también comenzaron a correr al mismo ritmo, mejorando tanto las cosas que el número de obstáculos por sortear también aumento, y en los combates con báculo Taichi comenzó a entrenar con Agumon para no solo imitar la técnica de Matt, sino desarrollar la suya propia, lo que complicó mucho las cosas para el rubio quien comenzó a vivir sus primeras derrotas en el ejercicio.
Matt cayó al suelo luego de recibir una patada de Tai que logró asestarle cuando se concentró solo en bloquear un ataque desde arriba con el báculo. Mientras se levantaba la mano del castaño se posó frente a él para ayudarle a incorporarse. El chico aceptó la ayuda y los dos volvieron a pelear mientras Agumon y Gabumon los alentaban a gritos.
Azulongmon se retiró a su cueva al anochecer después de degustar cuatro platos de la sopa de raíces y ramas aderezada con carne de "lo que sea que haya sido lo que el imbécil de Taichi encontró debajo de una piedra", como lo llamó Matt (quien motivado por el hambre comió en esa ocasión tres platos). Agumon y Gabumon yacían dormidos cerca del fuego mientras que Taichi tallaba un pedazo de madera y Matt se lavaba una herida en el brazo. El rubio revisó la herida que había dejado de sangrar, pero que no lucia nada bien, tomó un vaso con ron y vertió este en la llaga sintiendo un fuerte ardor, después tomó una gasa con la que pretendía cubrir la herida pero una mano sosteniendo un cuenco pequeño de barro con una sustancia verde y espesa se atravesó. El chico miró a Tai quien le ofrecía aquel cuenco con aroma fresco.
-Ponlo en la herida, ayuda, créeme –le dijo y el rubio aceptó el cuenco.
-Gracias –respondió con sencillez mientras el chico se alejaba a continuar con su labor y Matt tomaba un poco de esa sustancia y se la untaba en el brazo. Contrario a lo que esperaba la sustancia no le generó ardor, sino más bien una sensación de frescura que alivió un poco el dolor. Cubrió la herida con la gasa y luego se envolvió el brazo con una venda. El chico se levantó y volteó a ver a Tai que dejó la madera larga y su cuchillo a un lado mientras se recostaba sobre la manta en la que dormía.
Matt se acercó al fuego con paso lento y se recostó sobre su propia manta, cubriéndose con otra y apoyando la cabeza sobre su chaqueta a modo de almohada.
-¿Cómo crees que estén todos? –se animó a preguntar el rubio al castaño.
-Bien, supongo –le contestó Tai quien estaba mirando las estrellas.
-Espero que estén bien –dijo Matt con un dejo de preocupación.
-Pronto estaremos con ellos, y podremos ser de ayuda, piensa en eso –le dijo el castaño para después cerrar los ojos e intentar dormir.
-Si…tienes razón –dijo en voz baja Matt comenzando a quedarse dormido el también.
Montaña del sabio en el bosque Minori, en el continente Boro, en el digimundo
Mayo 18 del 2085
Los dos Tamers junto a sus digimons y el Anciano como guía caminaban por entre los arboles descendiendo la montaña. Esa mañana había sido distinta a como había sido todo el tiempo que llevaban entrenando con Azulongmon, no iniciaron con los ejercicios que ya conocían, sino que el Anciano les informó que irían a otro lugar para tener un entrenamiento especial. No dio más información y se internó entre los arboles seguido por los cuatro viajeros, y cada vez que estos le preguntaban qué era lo que harían ese día, solo les contestaba que lo sabrían en cuanto llegaran. Atravesaron un espeso grupo de arbustos y detrás de estos vieron un pequeño lago alimentado por una cascada de pequeña altura. El agua continuaba su camino descendiendo el resto de la montaña formando un angosto rio. Tai observó la cascada comprendiendo que era alimentada por el rio del que más arriba se abastecían de agua. En el lago había repartidas varias rocas planas de gran tamaño.
Azulongmon se detuvo al pie del lago y se giró para verlos de frente.
-De acuerdo, ya han entrenado sus cuerpos bastante, es hora de pasar a la parte más complicada del entrenamiento, primero que nada, suban a esas rocas, digimon y humano en la misma roca, espalda con espalda –los Tamers asintieron sin protestar ni preguntar nada tal como era el acuerdo que habían hecho al inicio.
Matt comenzó a quitarse la ropa quedando solo en boxers, mostrando su cuerpo cubierto por vendajes en un brazo, el muslo izquierdo y el tobillo derecho. Taichi hizo lo mismo, aunque su cuerpo estaba cubierto no de vendajes sino de cicatrices que mostraban que su cuerpo sanaba bastante rápido.
Los dos chicos seguidos por sus compañeros se metieron al agua y nadaron hasta el centro del lago donde estaban las rocas y treparon en estas, Agumon y Tai en una y Matt y Gabumon en otra. Azulongmon nadó hasta otra de las rocas y trepo en está mirando a los viajeros. Se sentó sobre la roca plana en posición de loto y espero a que los Tamers y digimon hicieran lo mismo, cada pareja espalda con espalda quedando de perfil al Anciano digimon y girando la cabeza para verlo.
-Puños juntos –dijo levantando sus brazos a la altura del pecho juntando sus puños. Los demás lo imitaron sin dejar de verlo-, y ahora, respiren –dijo cerrando los ojos y haciendo una profunda inhalación y fuerte exhalación. El resto seguía algo desconcertado.
-Maestro… ¿Qué se supone que hagamos? –pregunto Gabumon sin dejar de mantener la posición.
-Respirar –dijo sin cambiar su tono relajado de voz.
-¿Solo eso? –pregunto Tai contrariado.
-Se darán cuenta de que es más complicado de lo que creen –el Anciano abrió los ojos-, deben sincronizar su respiración, hacerlo al mismo ritmo, humano y digimon, cuando lo hayan logrado, significara que su conexión estará realmente establecida –Agumon y Taichi se miraron al igual que Matt y Gabumon-. Esta es la parte más complicada del entrenamiento, la mayoría no lo ha logrado.
-Maestro –dijo Tai con curiosidad-, ¿Ha entrenado a otros Tamers? –el digimon cambio de posición, recargando sus palmas sobre sus rodillas.
-Eso fue… hace mucho tiempo –contesto mirando el agua quieta que lo rodeaba-, en fin, comiencen –dijo volviendo a tomar la posición con los ojos cerrados.
Tai sentía el deseo de cuestionarlo más, pero entendía que sus preguntas no tendrían respuesta, por lo que regresó a su posición indicándole a Agumon que comenzaran, aunque no tenía muy en claro que cosa era la que iban a comenzar a hacer.
Matt también regresó a la posición. El y Gabumon comenzaron a hacer una respiración fuerte con la que pretendían que su compañero pudiera escucharla y de ese modo podrían sincronizarse. Lograban hacerlo a ratos pero respirar de ese modo era difícil y cansado y terminaban dejándolo de lado intentando recuperar el aliento. Era difícil, complicado, tratar de controlar la respiración era como forzarla, así lo sentía el rubio que comprendía en ese momento lo difícil que era poder respirar al ritmo exacto que otra persona, incluso si esa persona era Gabumon, su compañero desde hace varios años.
-¿Hay alguna clave para lograr esto? –preguntó Tai rompiendo el silencio. Azulongmon resopló con pesar volviendo a dejar su posición.
-Solo relájense –dijo el Anciano. Los cuatro volvieron a las posiciones, aunque llenos de dudas-. Despejen su mente, no piensen en nada, dejen de sentir sus cuerpos, conéctense con el espíritu –Tai trato de poner su mente en blanco mientras respiraba por la boca. Detrás de él sentía la espalda tibia de Agumon, y debajo la roca fría, quería dejar de prestar atención a esas sensaciones-, busquen el punto justo en que sin dejar de sentirse a ustedes, sienten a su compañero, no como una pieza material, sino como algo más.
Matt al igual que Tai sentía su alrededor, a Gabumon, la roca, el viento, incluso el sonido del agua corriendo por la cascada.
-Equilibrio, esa es la clave, así lograran serlo Tai abrió los ojos con curiosidad.
-¿Ser qué? –preguntó mirando sus manos abiertas frente a él. Azulongmon seguía en la misma posición, con los ojos cerrados y los puños pegados a la altura del pecho. El Anciano abrió los ojos dirigiendo una mirada a Matt, a Gabumon, a Tai y a Agumon.
-Un Tamer al cien por ciento –dijo con voz baja pero audible. Matt reaccionó ante esta frase aunque para cuando volteó a ver al Anciano este ya tenía los ojos cerrados. El rubio seguía sin comprender nada pero regresó a su posición. Los ejercicios anteriores habían tenido alguna lógica, cuando menos había mejorado su trabajo en equipo y su condición física, pero no veía la utilidad en estar sentado y respirar.
Detrás de él y Gabumon, Agumon con Tai a su espalda junto sus garras mientras volvía a exhalar con fuerza, él tampoco sabía que era lo que tenía que lograr, o como sabría si lo estaba haciendo bien, pero cerró los ojos esperando averiguarlo. Tanto el cómo Tai respiraban con calma, su mayor interés estaba en poder vaciar su mente, aunque parecía que eso era más complicado que respirar al mismo tiempo. Cada tanto resoplaban con frustración, pero sin abandonar las posiciones.
En la mente de ambos rondaba la misma pregunta, ¿Tamer al cien por ciento? ¿Qué significaría ser eso? ¿Qué implicaría lograr serlo? ¿Cómo sabrían cuando llegaran a serlo? Tantas preguntas resultaban complicadas, y el miedo, el miedo de no lograrlo, ¿significaría que su conexión no era lo suficientemente buena? ¿Qué pasaría en ese momento con su misión? Grandes peligros los aguardaban, y debían encontrar la forma de enfrentarlos, de poder vencer aquello que los amenazaba y amenazaba a la gente importante, los habitantes de la mansión y los amigos que habían hecho en sus viajes.
-Es cierto, por ellos no podemos fallar, no debemos hacerlo, hay gente que cuenta con nosotros, Hikari y los demás en la mansión, la gente buena del digimundo, ¡los Biyomons de la aldea! Que buena comida por cierto…me estoy desviando del tema. Todo lo que hemos hecho hasta ahora no habrá significado nada si no podemos defender todo lo que nos importa. Carajo, es mucha responsabilidad, me siento un poco mal por él, es mucho trabajo y desearía incluso poder hacerlo solo… pero… al menos en este momento, al menos entre las batallas, los peligros y la amenaza de la muerte, es agradable saber que cuento con alguien.
Ni Agumon ni Taichi se percataban de ello, pero estaban pensando exactamente lo mismo, sus miedos y alegrías, sus preocupaciones, y también lo que los hacia relajarse y sentir confianza en ese momento previo a enfrentar quien sabe cuántos peligros. Se sentían preocupados por su compañero, sabiendo que las cosas no serían sencillas, pero también alegres de estar acompañados. Y en ese momento no solo sus respiraciones estaban sincronizadas, sino también sus latidos.
Matt abrió los ojos con frustración, y Gabumon detrás de ello sintió, abandonando también la posición, dejando colgar sus piernas en la roca sumergiendo sus pies en el agua.
-Esto es absurdo, ¿Qué se supone que…? –dijo mientras se giraba para ver a Taichi y a Agumon, y al hacerlo la escena le hizo sentir algo extraño.
Ahí estaban ambos, sobre la roca, manteniendo la posición. Agumon tenía una expresión de calma que le hizo pensar que era la misma calma que el castaño sentía, incluso una ligera sonrisa se dibujaba en su rostro. Lo más sorprendente fue cuando vio a Agumon apartar una de sus garras para rascarse el hombro izquierdo, justo el mismo hombro que Tai se rascó al mismo tiempo que su compañero, y luego ambos volvieron a la posición.
Azulongmon notó esto sin tener que abrir los ojos y sonrió. Después se levantó de la roca llamando la atención de Matt y Gabumon.
-Es suficiente por hoy –dijo y Agumon y Tai reaccionaron al mismo tiempo, volteando a ver al anciano-, vámonos –dijo saltando al agua para nadar hasta la orilla.
-Tai –dijo Agumon y el chico sonrió.
-Sí, yo igual, recolectemos algo para comer –le respondió y ambos se lanzaron al agua y nadaron hasta la orilla.
Matt y Gabumon los siguieron y al llegar junto a Azulongmon se acercaron a él.
-Maestro, ¿volveremos mañana? –le preguntó Matt mientras se vestía.
-No, pueden practicar esto en cualquier momento, será su decisión cuando hacerlo y con cuanta frecuencia –Matt asintió mientras se ponía la camisa blanca bastante sucia y con algunas rasgaduras.
Azulongmon se retiró mientras Tai y Agumon se internaban en el bosque en busca de comida. Matt y Gabumon volvieron por donde habían llegado. Se sentaron a la sombra de la carpa levantada sobre lo que les quedaba del cargamento que habían llevado para el viaje. Ambos permanecían en silencio, uno al lado del otro.
-¿Notaste como Agumon y Tai se veían? –le preguntó Gabumon a Matt.
-Si… era extraño, ¿no? –Gabumon asintió-. ¿Por qué no pudimos hacerlo? –preguntó Matt con frustración. Gabumon se encogió de hombros, luego dirigió una mirada a Matt y notó que la venda en su brazo tenía una leve mancha de sangre.
-Matt –lo llamó y le señaló el brazo. Matt se miró y asintió. Buscó entre las cosas que tenían pero el ron que había tomado de Azulongmon se había terminado.
-Iré a buscar más –le dijo al digimon mostrándole la cantimplora donde guardaba el ron. Gabumon asintió dejándose caer para recostarse bajo la sombra.
Matt se dirigió a la cueva y atravesó el muro falso para entrar a la cámara de Azulongmon, al fondo estaban los dos túneles, uno que se dirigía a la reserva de licor del Anciano y otra que daba a una cámara en la que el rubio nunca había estado.
-Maestro -lo llamó el rubio pero nadie contestó. Se encogió de hombros y siguió su camino con la intención de entrar a la cámara llena de licores, pero antes de adentrarse al túnel se detuvo. Miró la otra entrada con curiosidad, y motivado por esta misma tomó una de las antorchas y se adentró en el túnel desconocido para él.
Llegó hasta una cámara repleta de documentos, pergaminos y libros que se repartían por varios estantes. Él chico miró sobre una mesa de piedra un diagrama que parecía estar hecho recientemente. No entendía mucho de lo que ahí estaba descrito pero sí que reconoció el dibujo de una de las torres del emperador y el de un digivice como eran anteriormente. Acercó la antorcha para poder leer mejor, aunque aún así no sabía a qué se referían todos los símbolos escritos en la hoja de papel. Se apresuró a sacar su digivice con la intención de tomar una foto la cual enviaría al General Hyuga como había hecho con la foto de la torre destruida y un informe más tarde sobre lo que estaba pasando en Boro. Se detuvo un momento con algo de duda, no estaba seguro de que aquello fuera lo correcto, tenían la sensación de estar traicionando a alguien. Alejó esos pensamientos sacudiendo la cabeza y se dispuso a tomar la fotografía, aunque por tener que sostener la antorcha y el digivice la tarea se le dificultaba.
-Tal vez sea más sencillo su yo sostengo la antorcha -la voz detrás de él lo sobresaltó y lo hizo girar para ver frente a él a Taichi. El castaño lo miraba con los brazos cruzados, y una expresión que no denotaba emoción alguna-, o si lo prefieres yo tomare la foto -le dijo tomando el digivice del rubio ante su imposibilidad de hacer cualquier movimiento. El chico comenzó a enfocar el diagrama sobre la mesa, movió el brazo de Matt un poco para tener mejor luz y sacó la captura para después entregarle el digivice a Matt.
El chico de cabellera rubia y ojos azules sonrió a medias dirigiéndole una mirada a Tai.
-¿Me dirás que estoy faltando al trato que hicimos con Azulongmon? -dijo mientras guardaba el digivice.
-No -le dijo-, si algo he aprendido es que todos tenemos razones para hacer lo que hacemos, y consideramos que son buenas razones. Tus razones tienes para hacer esto y supongo que si te pregunto no me responderás cuales son, así que haz lo que te plazca, solo asegúrate de que sea lo mejor -dijo para después darse la vuelta para marcharse.
El rubio se quedó en su lugar sin hacer ningún movimiento por un instante. Sacó el digivice después con la intención de enviar la foto, pero desistió de hacerlo, y se guardó el aparato en el bolsillo.
Al salir del túnel se sobresaltó al ver a Azulongmon recargado en la pared entre los túneles con los brazos cruzados. El Anciano lo miró por un instante sin decir nada y Matt era incapaz de emitir palabra.
-Yo...buscaba más ron para... -el Anciano extendió una pequeña botella tapada con un corcho. Matt la tomó al instante-, gracias, me retiro maestro -dijo haciendo una reverencia y dando la vuelta.
-Mientras tu lealtad este así de dividida no logradas nada, ni con tu digimon, ni con tu raza -le dijo haciendo que el chico se detuviera.
-No sé de qué habla -dijo con nerviosismo el muchacho.
-Claro que lo sabes, esa oscuridad tuya no es nueva, la haz cargado por mucho tiempo, te atormenta, te hace sentir débil -Matt no dijo nada, permaneció en silencio pensando en aquellas palabras.
Después de eso el chico se retiró, algo confundido y temeroso. Tomó asiento junto a Gabumon bajo la carpa mientras Tai y Agumon preparaban la comida. El chico miró a Tai con curiosidad, pero este en ningún momento le devolvió la mirada.
Montaña del sabio en el bosque Minori, en el continente Boro, en el digimundo
Junio 5 del 2085
Gabumon soltó un fuerte grito al momento de saltar y dar una vuelta en el aire para asestar finalmente un golpe con el talón del pie que Tai detuvo usando el báculo de madera como escudo, defensa que Gabumon aprovechó para impulsarse hacia arriba y comenzar a dar giros al mismo tiempo que escupía sus llamas azules, convirtiéndose en una bola de fuego que por poco aplasta al castaño. El chico eludió el ataque lanzándose a un lado dando una maroma en el suelo y poniéndose de pie a tiempo de bloquear los zarpazos del digimon que lo obligaban a retroceder. Tai bloqueaba mientras retrocedía hasta que escuchó unos pasos detrás de él y se hizo a un lado a tiempo justo para esquivar una flama de Agumon que golpeó de lleno a Gabumon. El digimon sonrió triunfante por su buen tiro, y reaccionó justo a tiempo para evitar un golpe del báculo de Matt que impactó contra la tierra con tal fuerza que emitió un leve crujido.
Una semana después del entrenamiento en el lago el grupo había sustituido los ejercicios habituales por combates en equipo, teniendo que enfrentarse, por órdenes de Azulongmon, mayormente humano contra digimon, aunque también les había aclarado e insistido en que cuidaran de sus compañeros tanto como les fuera posible. Poco tiempo transcurrió desde que comenzaron con dichos combates para que Azulongmon les indicara que comenzaran a atacarse como si tuvieran la intención de lastimarse en serio, por lo que los digimons no contenían su poder destructivo y los Tamers lanzaban golpes mucho más agresivos y fuertes que cuando entrenaban entre ellos.
Gabumon recibió un golpe del báculo de Tai en una pierna haciéndolo caer, y antes de que el chico asestara un segundo golpe Matt bloqueó el báculo que luego devolvió con un fuerte movimiento haciendo que el arma golpeara a Tai en la cara derribándolo, y en ese momento justo Agumon se lanzó sobre el chico con un zarpazo que Matt intentó eludir lanzándose a un lado, pero las afiladas garras del digimon alcanzaron a hacerle un corte al muchacho por todo el brazo derecho. Gabumon hizo un esfuerzo por levantarse preparando su puño para golpear a Agumon pero el báculo de Tai se interpuso partiéndose al recibir el golpe, además de que al haber hecho aquel movimiento tan rápido Tai se torció el tobillo al frenar.
-Suficiente –dijo Azulongmon al momento en que los cuatro caían al suelo.
Todos lucían realmente fatigados y lastimados. Agumon había recibido varios fuertes golpes por parte de Matt que le habían dejado moretones en las piernas y brazos principalmente, Matt tenía una profunda cortada en todo el brazo, Gabumon se frotaba la mano con que había roto el báculo del castaño y este además de haberse torcido el tobillo sangraba de la nariz.
-¿Cómo está tu cara? –le preguntó Matt sin aliento al castaño.
-¿Cómo está tu brazo? –le preguntó Tai y el chico rubio se miró la herida.
-Carajo, creo que necesitare unas puntadas –dijo como si nada.
-Lo siento –se disculpó Agumon sin aliento.
-No, descuida, estuvo genial ese movimiento –dijo con una sonrisa-, ¿Cómo estas tu Gabumon? –El digimon se extrajo una astilla de la mano y luego sonrió levantando una mano con dos dedos extendidos, aunque se le veía bastante adolorido.
Azulongmon sonreía mientras se acercaba para ayudarlos.
Matt lavó la herida y la mojó con ron antes de que Azulongmon comenzara a coserla. Agumon y Gabumon se ayudaron mutuamente a untarse el ungüento de Tai y a vendarse las extremidades lastimadas y Taichi se limpió la sangre del rostro y se quitó los zapatos para frotarse el tobillo que después también vendó.
Matt tomó una venda para cubrirse el brazo completo y luego se puso de pie para ayudar a Tai a caminar.
El grupo se relajó bajo la sombra de la carpa, bastante fatigados y adoloridos. Azulongmon los miró detenidamente por un instante, recordando la imagen de ellos al llegar a la montaña un mes atrás, y la forma en que se veían ahora, quizá había exagerado un poco con el entrenamiento.
-Muy bien, continuemos –dijo dirigiéndose a donde la astilla de la torre negra seguía clavada desde el primer día del entrenamiento.
-Maestro… -dijo Agumon con dificultad.
-Estamos cansados –completó Gabumon.
-Creí que había quedado claro que obedecerían todas mis órdenes sin protestar –dijo y los cuatro emitieron un gruñido inconforme-, además no se preocupen, esto no es tan complicado –dijo tocando la astilla con la punta de su larga y afilada uña haciendo que se iluminara y emitiera el un zumbido leve-, solo harán que sus compañeros digievolucionen –Taichi y Matt levantaron la vista al escuchar eso.
En poco tiempo los cuatro estaban frente a Azulongmon, cerca de la astilla, ambos chicos tenían sus digivices en las manos y ambos digimons lucían algo nerviosos.
-Si en verdad han mejorado su vínculo, entonces no tendrán problemas en lograr una digievolucion, aunque esto esté presente –dijo refiriéndose a la astilla. Tai apretó con fuerza su digivice algo nervioso-. Y bien, ¿Qué esperan? Háganlo –ordeno.
Tai y Matt suspiraron con fuerza mientras Agumon y Gabumon se alejaban un poco.
-Digievoluciona –Tai fue el primero en intentarlo, sin lograr nada, Agumon permaneció igual, sin ningún cambio. Matt lo intentó después sin lograr nada tampoco.
-Aún es muy pronto creo –dijo Matt avergonzado con el digimon-, necesitamos más…
-No, no más tiempo, háganlo –dijo con severidad el Anciano.
-Maestro, ya lo intentamos pero…
-¡Cállate! –Le gritó al castaño quien cerró la boca de golpe-, ya han recibido el entrenamiento, si no pueden hacer esto ahora, entonces no me quiten más tiempo, márchense y jamás vuelvan.
Tai respiraba agitado, era el momento de la verdad.
No estaba seguro de que hacer, pero una idea fugaz le llegó a la mente y se sentó en la tierra en posición de loto con las palmas juntas a la altura del pecho y entre ellas el digivice. Matt lo vio pensando que lucía como si estuviera rezando, luego dirigió una mirada a Agumon quien parecía igualmente desconcertado, pero después cerró los ojos como intentando concentrarse. El rubio de inmediato imitó al otro chico y se sentó a su lado en posición de loto, aunque en ese momento pensó en que aquel era el único ejercicio que no había logrado comprender, y por tanto el único en el que había fallado.
-Tai –lo llamó con un susurro.
-¿Qué? –le respondió este del mismo modo.
-¿Cómo lo haces?
-¿Qué cosa? –preguntó sin entender de que hablaba el Ishida.
-¿Cómo haces para conectarse con Agumon?
-Solo vacía tu mente –le dijo el castaño.
-No es tan fácil, no sé cuando lo hago bien o lo hago mal, ¿Cómo se siente? –le preguntó algo desesperado. Taichi guardó silencio un momento, lejos de distraerlo aquella pregunta había logrado hacerlo enfocarse en aquello que necesitaba.
-Dime, ¿Qué sentías cuando usabas el emblema? –Matt pensó en esa pregunta, luego cerró los ojos.
Recordó la primera vez que vio a WereGarurumon, las batallas en Odaiba con él, la sensación en su pecho al conseguir el emblema, una sensación inconfundible.
BUM-BUM
¡Era esa! Era como un latido, pero no cualquier latido, sino uno mucho más fuerte, como si su corazón no solo bombeara para él, sino para alguien más.
-Por Gabumon –susurró el chico exhalando lento, tal y como hacía Gabumon en ese momento.
Azulongmon sonrió desde su lugar mientras era testigo de todo eso.
Tanto Matt como Tai abrieron los ojos luego de llenarse de esa sensación indescriptible que los hacía sentir como si no fueran ellos mismos, como si no fueran solo ellos mismos. Ambos chicos se miraron, comprendiendo a través de una mirada que sentían lo mismo. Se levantaron y voltearon hacia sus digimons sosteniendo con fuerza sus digivices, y todo sucedió.
Agumon y Gabumon comenzaron a brillar con una intensa luz, y al desvanecerse esta, frente a ellos estaban Garurumon y Greymon.
Tai y Matt jadeaban por la emoción, mientras los digimons se veían entre ellos, igualmente sorprendidos por haber logrado la digievolucion.
-¿Lo hicimos? –dijo Garurumon.
-Lo logramos –le confirmó Greymon.
-Somos… Tamers al cien por ciento –dijo Matt victorioso, pero la risa de Azulongmon llamó la atención de los cuatro.
-Están chavos –dijo tratando de contener sus carcajadas-, han hecho un avance, pero aún les falta camino por recorrer.
Taichi sonrió al escuchar eso, sabiendo que era verdad.
De repente el castaño sintió una extraña opresión en el pecho que lo hizo doblarse y luego caer de rodillas.
-¡Tai! –dijo Matt acercándose al chico mientras Greymon perdía la digievolucion y volvía a ser Agumon. El digimon no comprendía lo que había pasado pero al ver a su compañero en el suelo se lanzó hacia él lo más rápido que podía.
Azulongmon miró al chico contrariado mientras este se sentaba sobre la tierra jadeando y con una expresión de confusión en el rostro.
-Hay que irnos –dijo entre jadeos-, debemos regresar –le dirigió una mirada a Matt y lo sujeto del brazo sano-, algo va a pasar, debemos volver –Matt parecía desconcertado, pero algo en la mirada del chico le hizo sentir que hablaba en serio.
-Sí, claro, vámonos –dijo levantándose para ir por las cosas bajo la carpa. Tai se levantó del suelo ayudado por Agumon y luego volteó a ver a Azulongmon.
-El entrenamiento –dijo como si en ese momento recordara algo importante-, maestro…
-El entrenamiento ha concluido, ya no hay nada más que les pueda enseñar que no puedan aprender por ustedes mismos –le respondió con calma. Tai sonrió y se dirigió a donde estaba Matt.
-¡Carajo! –Exclamó el rubio-, no tenemos como irnos, y nos tomara días llegar a la base militar más cercana –dijo recordando el triste destino de el "Raven". Tai parecía preocupado y al borde de la desesperación.
-Tranquilos, yo los llevaré –dijo el Anciano y los Tamers y digimons lo miraron-, dense prisa en recoger sus cosas –dijo mientras su cuerpo se convertía en luz y en cuestión de segundos adoptaba su forma real de gigantesco dragón. El digimon se lanzó por el borde de la montaña y antes de que los cuatro viajeros se preguntaran a donde había ido este regresó y dejó caer al frente de la cueva la nave en que los Tamers habían llegado.
Taichi miraba con una sonrisa aquel movimiento del digimon que volvió a su forma de anciano mientras que Matt veía con la boca abierta y una expresión horrorizada el trato tan violento que recibía aquel vehículo tan adorado por él.
Los Tamers y digimons tardaron cerca de una hora en subir todo lo rescatable y en confirmar que el "Raven" era incapaz de volar por sí mismo, pero que si les serviría para trasladarse con la ayuda de Azulongmon hasta su destino. Matt y Gabumon subieron las últimas cosas con algo de dificultad a la cabina de carga y luego salieron de esta para ver que nada les faltara.
Al bajar Matt se topó con Azulongmon, quien tenía ambos brazos cruzados. Con un movimiento de cabeza le indicó a Gabumon que los dejara solos y el digimon vio a su compañero que le sonrió como diciéndole que estaba bien.
-Yo…iré a ver si la radio funciona, para que preparen un portal que nos lleve a la mansión apenas lleguemos a la base –dijo retirándose a la cabina principal.
El silencio se hizo después de eso y Matt parecía algo nervioso. Azulongmon suspiró mientras de entre su harapiento atuendo sacaba una botella bastante grande de cristal tapada con un corcho.
-Imagine que te gustaría llevarte algo de esto, parece que le agarraste especial gusto –Matt sonrió recibiendo el regalo del Anciano.
-Gracias maestro –dijo dándose la vuelta.
-Y… -dijo llamando la atención del chico. Matt se giró para ver de nuevo al digimon quien parecía buscar algo más entre su ropa-, supongo que también te gustaría llevarte esto, puede servirles para analizarlo –dijo mostrándole un pequeño objeto de color negro que Matt reconoció como una astilla pequeña de la torre.
-Ya hemos intentado analizar antes el material, pero cuando lo intentamos siempre se desvanece, es como un…
-Mecanismo de defensa –lo interrumpió el digimon-, lo sé, pero con esta no pasará lo mismo, créeme –le dijo extendiéndole la astilla que el chico tomó.
-La información es la más grande ventaja que podemos tener.
-Gracias –dijo Matt dándose la vuelta otra vez.
-Pero uno debe cuidar con quien comparte esa ventaja –le dijo haciendo que el chico volviera a sentir una extraña sensación en el estómago. Matt se giró con una expresión contrariada.
-¿Por qué me dice todas estas cosas? –le preguntó, sin enfado, sino con genuina preocupación.
-Por qué noto en ti el conflicto muchacho, el miedo, la duda, los celos, el dolor –Matt desvió la mirada mientras tragaba saliva con dificultad, sintiendo una presión en la garganta-, hay cosas que no has terminado de resolver, ¿verdad? –Matt seguía sin ser capaz de mirar directamente a los ojos al Anciano.
-Sí, las hay –dijo con dificultad. Azulongmon se acercó a él, posando su mano sobre el hombro del chico.
-Libera tu mente, deja ir esos dolores, deja de aferrarte al rencor, encuéntrate a ti mismo –le dijo y después se dio la vuelta para marcharse.
-Gracias –escuchó que el chico le dijo y sonrió sin darse la vuelta. Matt también sonrió, con un par de lágrimas a punto de escapar de sus ojos, y se dirigió a la cabina.
Tai y Agumon miraban desde el borde de la montaña el maravilloso paisaje, tan lleno de calma y belleza natural. Ambos escucharon detrás de ellos los pasos de Azulongmon. Tai giró para verlo y le sonrió, mientras el anciano se ponía a un lado de Agumon y posaba su mano sobre la cabeza de este.
-Hermoso, ¿verdad? –dijo Azulongmon.
-Mucho –le contestó Tai.
-Este es el mundo que quiero proteger, es el mundo que los humanos no logran ver.
-Lo harán –le confirmó-, un día lo harán, tiempo es lo que se necesita, para comprenderse, para apreciarse –dijo con esperanza en su voz. Azulongmon rio un poco.
-Ya antes conocí a un humano que hablaba de esa manera, con grandes esperanzas para el futuro, diciendo que todo ser vivo, de este y cualquier otro mundo, merece ver la luz de un nuevo día lleno de esperanza –Tai sonrió al escuchar esa frase y después recordó al autor de la misma.
-Tyson –dijo en un susurró que Azulongmon escuchó claramente. Tai volteó a ver al digimon y este le extendió un pedazo de papel doblado. Tai lo abrió y vio una vieja y arrugada fotografía en la que aparecían dos chicos de pelo castaño-, Tyson y Himari –dijo reconociendo a aquellos dos, que bien podrían pasar por él y Hikari. El chico levantó la vista para ver al sonriente anciano.
-¿Sabes?, él también tenía esa curiosa habilidad de presentir cuando su hermana estaba en peligro.
-Tú… ¿los conociste? –El digimon asintió-, ¿y sabes sobre mí, y Hikari? –el digimon volvió a mirar el paisaje.
-Muy poco, solo lo que hace un par de años un hombre vestido de negro que vino a aquí me contó.
-James –susurró Agumon quien estaba muy al pendiente de la plática. Tai parecía a punto de preguntar algo pero Azulongmon levantó la mano como pidiéndole que parara.
-Sé que debes tener muchas preguntas, pero este no es el momento ni el lugar para contestarlas –le dijo, haciéndolo sentir la misma frustración que muchas veces antes había experimentado.
-¿Por qué todos se empeñan en negarme el saber quiénes somos Hikari y yo? –se quejó el castaño.
-Al contrario –dijo Azulongmon-, quiero que te des cuenta –Tai miró con curiosidad al digimon-, si quieres saber quiénes son tú y tu hermana, las respuestas no las encontraras afuera, porque están aquí –dijo tocándole el pecho, justo donde estaba su corazón-, eres lo que tu definas, igual que ella.
-Pero los seres oscuros, quienes decidieron nuestro destino…
-Ustedes deciden su propio destino, eso es lo que debes tener presente, lo demás el tiempo lo dirá –le confirmó. Tai suspiró algo abatido, a lo que Azulongmon sonrió-, un día lo sabrás todo, tendrás todas las respuestas que has estado buscando, pero hasta entonces, no cometas el error que estas cometiendo ahora, no te alejes de todo lo que tienes, por buscar eso que piensas que te falta –Taichi levantó la mirada al escuchar eso último-. Ya es hora de irnos –le dijo y el castaño asintió, dándose la vuelta para abordar la destartalada nave.
Base militar 46, en el continente boro en el digimundo
Junio 5 de 2085
La base militar de HEDM se encontraba fuera de las grandes extensiones de bosque del continente, donde las praderas se extendían hasta llegar al desierto del continente, y justo en punto donde se conectaban el territorio que ocupaban los Tamers y humanos, y el territorio de los digimons que se negaban a formar lazos con ellos aterrizó pesadamente la nave en pésimas condiciones.
En la cabina de la misma se sacudieron con violencia los cuatro tripulantes para luego ver desde el interior a Azulongmon emprendiendo el vuelo de regreso a la montaña en medio de la noche.
-Podía al menos bajarnos con más cuidado –se quejó Matt sobándose el hombro.
Los cuatro descendieron del "Raven" cargando todo lo que podían, andando a pie y en la intemperie el resto del camino que los separaba de la base. Con la prisa por regresar a la mansión Taichi se había olvidado incluso de ponerse los zapatos y andaba sobre la hierba fresca descalzo. Al llegar a la base militar y tras identificarse como Tamers en misión de exploración, los responsables de dicha base insistieron en detenerlos en la base hasta revisar sus condiciones, pero ellos se negaron y Matt alegó que debían llegar a la mansión Riuga en Odaiba para reportarse con su superior directo Charles Resse, director general de HEDM, al decir aquello nadie se interpuso más en su camino y los dejaron partir.
Mansión Riuga, Odaiba, en Japón, la Tierra
Junio 6 de 2085
Al atravesar el portal los cuatro se dejaron caer al suelo vencidos por el cansancio y el dolor físico.
-Cielo, ya llegue –dijo Tai tratando de animar al resto, quienes parecían no tener humor para aquel chiste.
Con dificultad y ayudándose unos a otros salieron de la habitación del portal y subieron las escaleras hasta la puerta que daba al pasillo de la mansión que conectaba con la entrada principal y las escaleras a las habitaciones. El lugar estaba desierto y todas las luces estaban apagadas, por lo que en más de una ocasión chocaron con algo, o entre ellos mismos. Tanta caminata había hecho que a Tai le volviera a doler el tobillo, por lo que Matt lo ayudó a caminar a escasos metros de llegar a la puerta. Gabumon y Agumon abrieron esta mientras cargaban todo el equipaje, los digimons mantuvieron la puerta abierta para facilitarle a los Tamers el paso.
Tai tenía en mente solo dos cosas; ver a Hikari y luego meterse en la cama para dormir por un tiempo indefinido, pero al girar en el pasillo ambas cosas se le olvidaron de repente.
Frente a él estaban Mimi y Palmon. La castaña estaba ahí, a un lado de las escaleras, vestida con unos jeans, una blusa rosa y una gabardina encima de esta. La chicha los miraba sorprendía y sin poder hablar.
-Mimi –dijo Taichi con una sonrisa débil separándose un poco de Matt, para sostenerse por sí mismo.
-¡Matt! -Exclamó con alegría la chica para después lanzarse al encuentro con el castaño de pelo revuelto, estrechándolo con fuerza- ¡Tai!-pronuncio su nombre separándose un poco de él. Retrocedió para verlos a los dos-, ¿Encontraron algo? –Ambos chicos se miraron sonriendo y Tai volvió a mirar a la chica castaña.
-Realmente no creerás lo que encontramos, ni lo que estuvimos haciendo las últimas semanas –le aseguró con voz jadeante.
-Pero… ¿Qué diablos les pasó? –preguntó la chica. Tai se recargo en la pared, era evidente que necesitaba descansar.
-Créeme, es una larga historia –le dijo. Miró a la chica que parecía alistada para salir, lo cual le hizo sentir un mal presentimiento, y recordó la razón por la que habían vuelto.
-Y aquí… ¿ha pasado algo? .preguntó algo exaltado. Mimi dejó de sonreír, recordando la razón por la que había salido de la cama.
-Si…no son muy buenas noticias me temo –dijo y sintió como el castaño la tomaba de los hombros. La chica tuvo que sostener al moreno que parecía iba a caerse en cualquier momento.
-¡¿Qué pasó?! ¡¿Todos están bien?! –le preguntó a gritos aturdiendo a la chica.
-Si…bueno no, no todos –dijo algo nerviosa. Taichi aguantó la respiración temiendo lo peor-, es Juri…está gravemente herida –Tai se relajó ligeramente al escuchar que a quien se refería la castaña de ojos miel era a Juri, aunque de inmediato volvió a sentirse preocupado.
-¿Y como esta? –preguntó moderando su voz.
-Aun no nos dicen nada, de hecho iba al hospital para acompañar a Ryo, Henri y Kari que se quedaron con ella, creo que Kouta también los acompaña –Tai sintió un alivió al saber el paradero de la chica Yagami.
-Y… ¿los demás están bien? –Preguntó algo titubeante-, Hikari y los demás… ¿están bien? –Mimi se tensó un poco al escuchar el nombre de su amiga pronunciado por la boca del chico y tomó las palmas del mismo que reposaban sobre sus hombros retirándolas lentamente.
-Si Tai, Hikari está bien –le dijo con una sonrisa incomoda y un tono de voz tenso mientras sin darse cuenta le oprimía con fuerza las manos al castaño que gimió levemente por el dolor. Matt trataba de aguantarse la risa por la pequeña escena de celos de la chica que años atrás era su novia.
-¿Y tú de que te ríes Yamato? –El rubio se tensó al escuchar su nombre y ver la mirada llena de furia de la chica castaña que ya tenía a Taichi arrodillado frente a ella por el dolor que le estaba produciendo.
-No… yo… no, digo… por… por que no mejor nos cuentas que es lo que ha pasado –dijo el chico y Mimi en automático regresó a tener la expresión preocupada que tenía antes. Taichi se levantó del suelo mirando a la chica que parecía bastante triste.
-Hey –le dijo acariciando la mano de la chica con la suya aun un poco adolorida-, sé que Juri estará bien –le dijo para calmarla y la chica le regaló una sonrisa como agradecimiento.
-Vengan, les contaré todo en la cocina, deben tener hambre –les dijo, dejando de lado su idea de visitar a Juri, ahora que tenía un par de cosas más que hacer, escuchar a los chicos que acababan de regresar, y contarles lo sucedido en su ausencia.
En el próximo capítulo…
-Estoy preocupado por el futuro.
-Háblame de los discos.
-Hagamos que venga a nosotros.
-Serán testigos del verdadero poder.
-No, tú conocerás lo que es el poder real.
Aprovechándome del tiempo libre y una extraña motivación dentro de mí, aquí les dejo (sorprendentemente solo una semana después) un capítulo más.
Tengo bastantes ganas de seguir escribiendo, por lo que quizá (y es solo una idea, no se me alboroten) pueda dar unas tres actualizaciones más pronto. ¿Cuánto es pronto? No sé, pero pronto.
Si les gustó este capítulo dejen sus comentarios, sino, también, reclámenme.
La primera parte de esta historia se publicó hace ya casi siete años y de verdad que me hace sentir viejo, jeje.
Los dejo, sean felices, escriban algún comentario u opinión y nos vemos la próxima actualización.
