Nueva actualización, gracias a quienes dejan sus comentarios y espero disfruten este capítulo, que es el primero de un arco que tenía muchísimas ganas de escribir.

Capitulo XI

"El Traidor"

Ciudad de Ínai Rem, en el continente Sarvar, en el Digimundo

Junio 21 de 2085

-¡Mega Flama! -Exclamó Greymon escupiendo una enorme llamarada de fuego que golpeó en el aire a un digimon de color negro que batía sus alas elevándose sobre la ciudad y que comenzó a descender en picada al recibir el ataque, estrellándose sobre el pavimento entre las filas de edificios que se extendían por ambos lados de la ancha calle que daba hasta la plaza en el centro de Ínai Rem, en donde se alzaba la torre negra del emperador.

Greymon se lanzó en carrera por la calle con dirección al Devidramon que acababa de derribar. Sobre su cuello y nuca una silla de montar estaba ajustada y sobre esta Taichi estaba asegurado a la misma y se aferraba a los cuernos que salían de la cabeza de su compañero, montando así al digimon acompañándolo en la batalla.

El digimon de nombre Devidramon rugió mientras se levantaba y Greymon respondió con otro rugido al tiempo en que se abalanzaba contra él impidiéndole elevarse y sujetando sus brazos con los suyos obligándolo así a permanecer en tierra mientras respondía a las mordidas que el digimon de color negro le lanzaba con feroces cabezazos, durante los cuales Tai se aferraba con más fuerza. Greymon finalmente logró sujetar con sus fauces al digimon por el cuello sometiéndolo y dejándolo casi inmóvil.

-¡Excelente grandote! –dijo el chico mientras se desabrochaba las correas que lo ayudaban a permanecer en la silla de montar sobre el lomo de su compañero. Se paró sobre la misma y saltó a la cabeza de Greymon corriendo sobre ella y dando un salto hacia el digimon que su compañero seguía sujetando.

Durante el salto dirigió su mano a su espalda para tomar una especie de escopeta con el cañón más ancho de lo usual que llevaba sujeta, la jaló sacándola de la funda en su espalda mientras se inclinaba hacia adelante dando una maroma, cayendo en el lomo de Devidramon mientras cortaba cartucho y se deslizaba por la espalda del enemigo. Un grupo de Nanimons, digimons cuyo cuerpo entero era su cabeza y de extremidades musculosas que estaban detrás del sitio de la pelea de los dos colosos se lanzaron sobre el castaño que arremetió contra ellos disparando proyectiles que al impactar contra los enemigos estallaban cubriéndolos de una espuma que los envolvía casi por completo y los inmovilizaba.

Tai realizó siete disparos deteniendo a los enemigos más cercanos mientras terminaba de deslizarse por el lomo de su compañero y llegaba al suelo, para después emprender carrera por unos metros poco antes de que Guardromon, con Joe, Hirokazu y Gomamon sobre él descendiera del vuelo en que se encontraba ayudado por sus propulsores y Taichi se sujetara a la pierna del digimon mecánico. Guardromon disparo sus misiles contra el grupo de Nanimons que se dirigían hacia el castaño mientras con dificultad volvía a elevarse cargando ahora también al chico que hacia esfuerzos por recargar el arma.

-Estamos a cien metros de la torre -informó Guardromon continuando la marcha.

Una vez sorteados los Nanimons un par de Drimogemons, digimons con taladros tanto en la punta del hocico como en el final de las extremidades a modo de dedos, salieron de la tierra para tratar de interceptar al digimon mecánico que parecía bastante cansado y a punto de descender. Pero en ese momento, de una calle aledaña Garurumon con Matt con su acostumbrado uniforme y casco de jinete con Ryo y Monodramon acompañándolo llegó para embestir a uno de los enemigos que colisionó con el otro, para después hacerlos retroceder aún más lanzando su aullido explosivo contra ellos. Ryo y Monodramon descendieron del lomo de Garurumon al tiempo que Guardromon aterrizaba detrás del digimon lobo.

-Los escuadrones militares cerraron las otras calles, tienen el camino libre -les dijo Ryo mientras cargaba un rifle de largo cañón y de un peculiar color plateado para apuntar a los Nanimons que iban tras ellos. El muchacho apunto a los objetivos disparando una luz violeta que golpeó a uno de los enemigos inmovilizándolo al instante -amo esta cosa -dijo el chico mientras recargaba el arma.

-¡Vayan! -ordenó Matt y Tai y compañía siguieron su camino.

En la sima de uno de los edificios aledaños a la calle Ryo disparaba sus flechas que al impactar daban intensas descargas eléctricas contra los Nanimons y unos digimons con apariencia de perros de color naranja con una D blanca en el pecho de nombre Dogmon que seguían detrás de los Tamers que iban rumbo a la Torre. Al mismo tiempo Kotemon mantenía a raya con los golpes de su espada de madera a un grupo de Gazimons y Gotsumons que querían llegar hasta el chico del arco.

Greymon continuaba su labor frenando al Devidramon en el momento justo que otro llegó hasta el lugar disparando desde el aire sus bolas de fuego que golpearon al gigantesco digimon dinosaurio haciéndolo soltar a su contrincante que aprovecho ese momento para unirse en las ráfagas de fuego contra el digimon que retrocedió hundiéndose en una nube de polvo. Los Devidramons se alinearon frente al humo y polvo que cubría su visibilidad esperando a que se dispersara para ver al derrotado enemigo, pero al desvanecerse la nube vieron al digimon que comenzaba a reponerse de los daños y volvía a ponerse de pie con una expresión aún más fiera que antes.

-Segundo round -dijo en un gruñido mientras disparaba sus bolas de fuego.

Detrás de él Kenta con MarineAngemon en su hombro, quien lanzaba sus burbujas en forma de corazón hacia Greymon, sonreía triunfal viendo que el digimon volvía al combate.

Taichi, Guardromon, Hirokazu, Gomamon y Joe, quien cargaba una pesada mochila en la espalda seguían corriendo a poca distancia de la torre.

-¡Ya está! ¡Lo logramos! -declaro el chico de pelo azul antes de que un digimon con apariencia de un hombre de nieve y color café bloqueara su avance.

-MudFrigimon -dijo Hirokazu deteniéndose al igual que el resto de sus compañeros. Joe parecía preocupado y en ese momento sintió una mano sobre su hombro. Tai le sonrió guiñándole un ojo.

-Tú y Gomamon sigan, nosotros nos encargamos -le dijo mientras cortaba cartucho con la escopeta y se lanzaba hacia el enemigo sin pisca de temor.

El muchacho de cabellera alborotada disparo al digimon que se cubrió con un brazo el cual comenzó a ser envuelto por la espuma. Antes de poder reaccionar una explosión a sus pies producida por un misil de Guardromon que se aproximaba hacia el con Hirokazu en su espalda lo distrajo, y Tai volvió a dispararle a corta distancia dándole en el pecho y luego en una pierna, expandiendo la espuma por el cuerpo del enemigo.

Joe y Gomamon llegaron hasta la torre y el chico se quitó la mochila ayudado por Gomamon para después sacar de esta uno de los discos inhabilitadores, el cual entre los dos levantaron y pegaron a la torre. Joe activo el dispositivo y la pantalla del mismo apareció para que el chico comenzara a ingresar los códigos necesarios. El ruido de unos pasos llamaron la atención de ambos y tanto Joe como Gomamon vieron detrás de la torre a un grupo de Dogmons esbozando risas siniestras y listos para arremeter contra ellos.

-Yo me encargo -dijo el digimon compañero de Joe y se lanzó contra los enemigos.

-¡Gomamon! -exclamó el chico mientras veía a su compañero arremeter con embestidas contra los enemigos. Joe volvió a su trabajo inmediatamente tratando de no pensar en su compañero que se encontraba sosteniendo una fiera batalla en total desventaja.

Gomamon recibió un golpe certero de uno de los enemigos y quedo debajo de loa mismos siendo pisoteado por ellos, mientras que Joe concluía con la activación del dispositivo que emitió un ruido agudo y una descarga eléctrica escalo la torre por completo.

Todos los contendientes controlados por los aros negros se detuvieron en seco al quedar la torre inhabilitada.

-Misión cumplida -dijo Joe dejándose caer de sentón casi sin aliento. Volteo a ver en la dirección de los Dogmons viendo como estos parecían desconcertados y después se lanzó al lugar para ver a su compañero.

Gomamon estaba en el suelo con algunas heridas y Joe llegó para levantarlo asistirlo.

-Gomamon, ¿Estas bien? -le preguntó con preocupación mientras los Dogmons los miraban a ambos sin saber que sucedía.

-Tranquilo, no soy tan enclenque como tú -le dijo sonriendo, a lo que Joe contestó devolviéndole la sonrisa y abrazándolo con fuerza-. Me lastimas -se quejó el digimon.

Mansión Riuga, Odaiba, en Japón, la Tierra

Junio 21 de 2085

-Excelente trabajo chicos, vuelvan a la mansión -dijo Izzy para después quitarse el auricular de los oídos y girarse sobre su asiento para ver a los dos hombres mayores que lo acompañaban a él y a Tentomon. Uno de aquellos hombres era Charles, vestido como siempre con un pulcro traje negro, camisa blanca abajo, corbata azul acero y los lentes que se ajustó sin dejar de ver las pantallas, el otro hombre era ligeramente más alto y de complexión más gruesa que el primero, mostrando así un físico que al igual que su carácter se había forjado en la batalla-. Ahora sí que se la pondremos difícil al Emperador.

-La misión fue todo un éxito, completada con el mínimo de daños colaterales y en un tiempo total de 16 minutos, toda una marca si se me permite decirlo así -dijo Charles girando ligeramente hacia el otro hombre.

-Se le permite director Resse -contestó el hombre y Charles pareció molestarse ligeramente.

-Como puede ver General Hyuga, nuestros escuadrones tienen las mejores habilidades y cuentan con el adiestramiento y la experiencia para enfrentar estas misiones, y otras de índole similar.

-Sí, lo puedo ver -dijo el General cruzando los brazos-, de todas formas, un poco de ayuda extra no está mal, ¿No le parece? Sus Tamers trabajan muy bien con mis militares, y se coordinan perfectamente con el capitán Ishida.

-Matt es un gran elemento por supuesto, un Tamer como pocos he visto en mi vida -Izzy sintió la tensión entre ambos hombres, no estaba muy al tanto de la relación que tenían pero sabía que no era de mucha estima, cosa que cualquiera podría notar por la forma en que hablaban en ese momento-, pero el trabajo se realizó en equipo, todos los miembros del equipo especial Niños elegidos poseen habilidades sobresalientes con respecto a otros chicos de su edad, e incluso militares con más experiencia.

Hyuga miró a Charles con una sonrisa torcida mientras se aproximaba al monitor frente a Izzy observando con mayor detenimiento la imagen del grupo.

-Admito que regresar a ese chico Kouta a servicio no fue una mala jugada –dijo mientras buscaba en el interior de su sacó y extraía una cigarrera similar a la que le había regalado a Matt, sacó un cigarrillo de esta y se lo puso en la boca sacando después un encendedor de su bolsillo.

-Señor, aquí está prohibido… -comenzó Izzy pero se detuvo al ver que el hombre no le prestaba atención.

-Y ese muchacho, Kamiya, es bastante interesante –dijo inhalando el humo del cigarrillo y expulsándolo volteándose hacia Charles-, ¿será que ahora puede explicar ya como es que ellos dos pueden realizar una digievolucion aun con las torres presentes? –le preguntó. Izzy miró discretamente a Charles quien seguía manteniendo una mirada estoica.

-Por el momento eso es información clasificada –respondió simplemente. Hyuga esbozó una sonrisa irónica volviendo a darle una calada al cigarrillo entre sus dedos.

-Se está tomando muchas libertades, director.

-Es mi trabajo tomar las decisiones más difíciles, y que nos proporcionen los mejores resultados –le contestó, manteniendo el control total de sus emociones. Hyuga se giró nuevamente hacia las pantallas-. A propósito, he notado mucho interés de su parte en Yamato Ishida –dijo Charles con voz calmada.

-Así es –contestó con el mismo tono.

Charles se acercó a él, mirándolo con seriedad, para después arrebatarle el cigarrillo con un movimiento tan rápido que el General con todo su adiestramiento y experiencia ni siquiera alcanzó a prever. El hombre de lentes dejó caer el cigarrillo y lo aplastó con el pie apagándolo.

-Más allá de los rangos, los cargos y la autoridad dentro de la agencia, los chicos de esta mansión son mi responsabilidad y están bajo mi cuidado. Hazle daño a alguno y será lo último que hagas, dijo y se acercó a Izzy-, que tengan todo listo para regresarlos de inmediato –le dijo al chico pelirrojo que asintió.

-¿Eso fue una amenaza director Resse? –preguntó Hyuga con voz dura. Charles lo miró sobre el hombro sonriéndole con burla.

-No, es una promesa.

Ciudad de Ínai Rem, en el continente Sarvar, en el Digimundo

Junio 21 de 2085

Taichi y compañía se encontraban sentados en la acera de una de las calles de la ciudad mientras un equipo médico atendía a Gomamon. Taichi observaba curioso a los pobladores de la ciudad, quienes justo después de ser liberados del control de los aros se apresuraron a asistir a los Tamers y digimons, además de comenzar a poner en orden las cosas en la ciudad. Por todos lados el chico castaño miraba digimons realizando diversas tareas, pero en ningún lugar encontró a algún humano. Agumon lo miraba curioso mientras comía algunos bocadillos que le ofrecieron los Nanimons que minutos atrás Tai había inmovilizado disparándoles la espuma que una vez derribada la torre se apresuraron a quitarles. Tai notó la mirada de su amigo y le sonrió mostrándole que no se trataba de nada serio, por supuesto para Agumon no parecía ser suficiente esa simple sonrisa y el chico lo sabía, suspiró mientras recogía un pedazo de escombro junto a él y lo miraba curioso.

-Me parece un poco raro que no haya humanos -dijo el chico dejando caer el pedazo de escombro.

-No hay nada de raro en eso -escuchó una voz detrás de él y se giró, topándose con un digimon vestido con un traje y un sombrero verde y con medio rostro cubierto por una especie de venda, parecía un humano, un joven adolecente que miraba con cortesía al castaño. Matt, Gabumon y el resto se puso de pie frente a aquel digimon acompañado por una pequeña hada sobre su hombro, de largas alas doradas que dejaban caer un polvo de similar color y en sus manos llevaba una lanza roja del mismo tamaño de ella.

-Gracias por liberarnos y liberar a mi ciudad de esa torre, yo soy Petermon, alcalde de Ínai Rem, ella es mi asistente, Tinkermon -señaló a la digimon que hizo una reverencia que los chicos y digimons respondieron con otra igual.

-Mucho gusto señor, y no tiene nada que agradecer, es nuestra labor, para eso está HEDM -explicó Ryo.

-Por supuesto -dijo Tinkermon aparentemente no muy convencida.

-Por favor, se más educada con los visitantes -dijo con tono amable Petermon a su acompañante. Tai miró el gesto inconforme de Tinkermon y la súplica en el rostro del alcalde no comprendiendo bien las cosas.

-Disculpe -dijo Agumon llamando la atención del digimon de verde y del castaño-, ¿Qué quiso decir con eso de que no es raro? -Petermon mostro en su mirada algo de desgano.

-Cuando la crisis de las torres inició muchos de los humanos que viven en esta ciudad comenzaron a abandonarla, muchos a sabiendas de lo que sucedía, otros por "razones de trabajo" -el digimon dibujo unas comilla en el aire.

-¿Qué quiere decir? -lo interrogó Kouta.

-Bueno, para evitar un brote de pánico hemos llevado todo esto con la mayor discreción, tal y como los agentes de HEDM nos pidieron, en esta ciudad siempre nos hemos tomado el tema de la seguridad de los humanos con mucha seriedad. Los humanos más importantes fueron informados de la posibilidad de que esta ciudad fuera tomada, así que se desplazaron a lugares más seguros, para el resto de los humanos, como la mayoría son trabajadores se les notificó que era necesaria su presencia en otros lugares del digimundo, lugares menos expuestos que Ínai Rem.

-¿Las ciudades principales de Sarvar? -preguntó Joe mientras veía que Gomamon regresaba caminando hacia él y sonrió aliviado.

-Exacto, Huanglongmon City, Norman City y Anthropos City han recibido en el último mes a gran parte de la población humana dispersa en todo el digimundo, para poder mantenerlos seguros y evitar que el miedo se expanda tanto en el digimundo como en el mundo real.

-¿Qué hay de la cuarta ciudad? ¿Sherigam City no participa en todo esto? -pregunto Hirokazu contrariado. Joe, Kouta, Matt, Ryo y Tai lo miraron con una expresión incomoda.

-Sherigam City es una ciudad enteramente digimon -le explicó Joe.

-¿Como? -preguntó Kenta contrariado mirando a todos los demás. Por sus expresiones parecía que eso era un tema delicado.

-¿Sabes algo sobre Anthropos City? -le preguntó Petermon. El chico negó con la cabeza-. Bien, pues es una ciudad enteramente humana, la entrada de digimons a esa ciudad y a un área circundante de diez kilómetros está prohibida. Fue la primera ciudad humana en este mundo y prácticamente era y sigue siendo un fuerte que garantiza la seguridad de los humanos que comenzaron a venir a vivir a este mundo.

-A colonizar este mundo -refutó con enfado Tinkermon. Petermon la miró con severidad logrando solo que la digimon bufara y se cruzara de brazos.

-Sherigam City se fundó en 2001, con la intención de ser una barrera en el avance de los humanos que ya se había establecido en prácticamente toda el área Este del continente. Cuando las hostilidades entre humanos y digimons terminaron en 2015 Sherigam se convirtió en la ciudad de los digimons, y Anthropos, que en aquel tiempo eran puestos militares y mineros se volvieron la ciudad de los humanos -relató Matt con semblante serio. Petermon asintió.

-Esas dos ciudades son relativamente cercanas, lo que vuelve más tenso el tema del rechazo que una y otra tienen para con la especie contraria, y por muchos años parecía que eso limitaría los lazos y la confianza. Por eso mismo se fundaron pueblos y ciudades como esta -dijo extendiendo sus brazos-, para que humanos y digimons pudieran convivir y trabajar juntos. Huanglongmon fue el gran logro de todos esos proyectos, una ciudad que fue construida por humanos y digimons trabajando juntos, construyendo pared por pared, pilar por pilar y casa por casa juntos, sin rencores ni odio. Cabe mencionar que son gobernados por un consejo de seis integrantes, tres humanos y tres digimons, creo que actualmente el consejo se compone por una mujer humana, un digimon, dos Tamers y sus compañeros digimon, lo que me parece maravilloso -dijo con regocijo-. Pero aun así, esta ciudad es también motivo de orgullo, ya que fue de las primeras en erigirse con la intención de fomentar la unidad y el trabajo en conjunto.

Los chicos escucharon atentos la explicación del digimon.

-Quisiera hacerle una pregunta -dijo Joe levantando la mano, a lo que Kouta produjo con la boca un ruido de burla que el chico no escucho, pero el resto notó con claridad.

-Adelante muchacho -dijo el alcalde.

-Usted informó a los ciudadanos humanos que podrían ser atacados, ¿Que le hizo pensar en esa posibilidad? -para el chico era de vital importancia saberlo, pues suponía que algún detalle importante podría proporcionarle aquella información que solicitaba.

Petermon no pareció sorprenderse por la pregunta, sino que por la forma en que asentía con la cabeza parecía que estaba esperando justamente a que le hicieran esa pregunta, por lo que inmediatamente se giró un poco y señaló sobre los edificios detrás de la plaza donde se encontraba la torre derribada, una montaña alrededor de la cual se extendían construcciones y una especie de vía.

-Ínai Rem es una ciudad minera, quizá la más importante de todo Sarvar, extraemos una gran cantidad de minerales que son enviados a Huanglongmon City y a Norman City por medio de un tren que tiene su principal cede aquí y cuyas vías conectan con algunos otros pueblos y minas por el oeste del continente.

Al escuchar esas palabras Matt y Joe miraron con más atención la montaña alrededor y sobre la cual se encontraba la ciudad. Se miraron intuyendo que pensaban en la misma conclusión y tras despedirse del alcalde abordaron una nave de militar para trasladarse a un punto desde el cual volver a la mansión.

Mansión Riuga, Odaiba, en Japón, la Tierra

Junio 21 de 2085

Ryo y Monodramon fueron los primeros en cruzar el portal, seguidos por Kenta con MarineAngemon sobre su hombro y Guardromon con Hirokazu mientras el chico le platicaba algo referente a un videojuego que deseaba adquirir y que pronto estaría a la venta. Mimi Charles, el General Hyuga, Izzy y Tentomon permanecieron de pie frente al portal y al ser vistos por el grupo recién llegado se pusieron en posición de firme (específicamente por la presencia del General). Hyuga inspeccionó a los chicos y los digimons con la mirada, notando principalmente el nerviosismo que Kenta y Hirokazu mostraban. Para Ryo aquello era algo no tan desconocido, pues algunas veces había estado bajo las órdenes directas de aquel hombre militar de severa reputación.

-¿Dónde está el resto de su equipo? –preguntó el General.

-Kouta se trasladó junto con Kotemon a la base militar No. 2 después de la misión, señor –informó Ryo.

-¿A la base militar, para qué? –preguntó Izzy.

-Él se está encargando de la situación de Leomon –dijo Ryo-, él y Eva son buenos amigos, desde la misión en Cempoal Town la ha estado acompañando en su duelo y ha estado al pendiente del juicio de Leomon.

-Cierto, no había pensado en eso todo este tiempo, ¿Cómo van las cosas? –preguntó Kenta intrigado.

-Bueno… Eva no tiene ningún rencor contra Leomon, comprende que fue un acto que realizó dejándose llevar por sus emociones y está de parte de el en todo el proceso de juicio, pero…

-Pero su acto sigue siendo un crimen, un homicidio, un digimon que ataca a un compañero de esa manera cuando no hay amenaza alguna no es digno de confianza –dijo Hyuga con tono severo. La plática se detuvo en ese punto, dejando más incertidumbre-. De cualquier modo, no han terminado de responder mi pregunta, ¿Dónde está el resto de su equipo? –Los chicos miraron a su alrededor notando la ausencia de Taichi, Agumon, Matt y Gabumon.

-Ah… no lo sé, estaban detrás de nosotros hace… -en ese momento los cuatro miembros faltantes del equipo llegaron, cada uno de ellos con una lata de soda y una bolsa de frituras que Ryo supuso habían tomado de la máquina expendedora que habían visto mientras se dirigían al portal, y que había sido la razón de su demora.

Agumon miró con curiosidad al General mientras que Gabumon se congelo al verlo, al igual que Matt quien al notar la presencia del hombre casi se atraganta con las frituras que masticaba en ese momento y adoptó la posición de firmes, ocultando la soda y las frituras detrás de su espalda. Agumon sintió la tensión del ambiente e hizo algo similar mientras que el único que parecía no percatarse de nada era Taichi que seguía sacando frituras de la bolsa de celofán en su mano y llevándoselas a la boca.

-General Hyuga, que sorpresa –dijo Matt después de tragar con algo de dificultad lo que tenía en la boca. El General miró al rubio y después le dirigió una mirada a Tai que seguía teniendo una expresión despreocupada en el rostro.

-El General Hyuga vino para ver su desempeño en el cumplimiento de las misiones, para cerciorarse de que sean aptos y capaces de cumplir con los retos a los que se enfrentan –explicó Charles.

-Pues creo que hablo por todos al decir que la misión fue todo un éxito, las cosas salieron bien, como casi siempre, no entiendo por qué tiene que venir alguien para evaluarnos –dijo Tai bebiendo de su soda.

Hyuga lo miró detenidamente una vez más, dibujando en su rostro una media sonrisa.

-Evaluar a los Tamers, sobre todo a Tamers como los que viven en esta mansión y que están tan relacionados con el frente de batalla es mi trabajo, muchacho, estoy siempre al pendiente de todo –dijo inspeccionando nuevamente a los Tamers y digimons en general, poniendo especial atención a los trajes que llevaban puestos, pues además de Matt que llevaba su traje de jinete, compuesto por un pantalón y chaqueta ligeramente más ajustados que el uniforme común, además de botas gruesas, guantes que en ese momento llevaba en el bolsillo trasero del pantalón y un casco que llevaba ajustado con una correa al cinturón, el resto de los chicos también llevaban uniformes peculiarmente distintos. Todos llevaban botas de combate de un gris arenoso, mismo color de los pantalones que llevaban protecciones en las rodillas, chaquetas cubiertas por chalecos de color negro con protecciones que rodeaban los cuellos de los Tamers y gruesos guantes unidos a unas protecciones que cubrían los antebrazos hasta los codos-, además de que debía hacer una especial evaluación de ustedes por una cuestión especial –agregó mientras daba un par de pasos al frente-. Así que usted es el joven Taichi Kamiya- -luego miró a Agumon-, y tu su compañero, un digimon bastante raro de conseguir –dijo mirando de forma algo tenebrosa al digimon dinosaurio.

-Lo dice como si fuera un objeto, Agumon es mi amigo no una herramienta –dijo Taichi avanzando para quedar al lado de Agumon encarando al General.

-Tai, compórtate –le dijo Charles.

-Tranquilo director, tiene razón el chico, me exprese de forma incorrecta –admitió el hombre-, además, no espero que me trate con el respeto que merezco un chico que ni siquiera sabe quién soy y que tan importante para HEDM es mi…

-General Hyuga, nombre de pila Takuma, 46 años, prácticamente toda una vida en la milicia Japonesa, a los 24 años fue asignado a la división militar que trabajaba con los Tamers y de ahí llegó hasta el puesto de jefe máximo de la división militar de HEDM. Condecorado en el ejército e interesado en el desarrollo de tecnología armamentista, los puestos de avanzada en Boro se deben casi enteramente a su trabajo, y es miembro del consejo superior de HEDM. Divorciado y según los archivos tiene un hijo de catorce años que estudia en un colegio militar en Tokyo –todos los presentes, incluido Charles quedaron boquiabiertos por las palabras de Taichi. Hyuga se recuperó de la impresión y sonrió ocultando su enfado.

-Sorprendente, se nota que has hecho tu tarea muchacho, sigue así –dijo poniendo su mano sobre el revuelto cabello del chico dándole una leve palmada, cosa que a Tai no le agrado en lo absoluto y se revolvió el cabello como queriendo alejar la sensación de la mano de aquel hombre-, capitán Ishida, ¿puede permitirme un momento? –dijo dirigiéndose al rubio que asintió. Hyuga camino hacia la salida de aquella sala seguido por Matt y Gabumon, pero al notar la presencia del digimon se detuvo-. A solas, de ser posible –Matt miró a Gabumon quien le devolvió la misma mirada desconcertada pero el digimon se encogió de hombros sonriéndole.

-Adelante, yo iré a comer algo –dijo el digimon. Matt asintió entregándole la bolsa de frituras y la soda que llevaba para después salir con el General.

Tai mantuvo su atención en el general y en Matt viéndolos atreves de las ventanas de la sala hasta que entraron en una oficina cercana, cerrando la puerta y bajando las personas.

-Kamiya –Tai volteó y miró a Charles que en ese momento se quitaba los lentes y se frotaba la nariz aparentemente cansado y estresado-, acompáñame a mi oficina –dijo y se dio la vuelta para detenerse y girarse casi de inmediato para mirar al castaño y a Agumon-, corrijo, acompáñenme –les dijo y tanto Agumon como Tai se miraron y después siguieron al hombre.

Gabumon observó a sus compañeros marchándose lo que le hizo sentir un poco mal.

-Animo, hay que ir a comer algo –le dijo Ryo dándole unas leves palmadas en la espalda y el digimon asintió y se fue junto a ellos.


El General Hyuga tomó asiento detrás de un escritorio recargándose en la silla reclinable mirando los alrededores. Parecía ser una oficina cualquiera, con una computadora sobre el escritorio, un par de archiveros y un librero en las paredes y en la esquina del lado contrario a la puerta un par de sofás dispuestos a los lados de una mesa de cristal de baja altura.

Matt permaneció de pie, de frente al general mientras que este terminaba de contemplar el espacio.

-Mis primeros años trabajando para HEDM los pase aquí, ¿sabías? –Preguntó aunque por su tono parecía que no buscaba una respuesta de parte del rubio-, pase tres años viviendo en esta mansión, fueron quizá los años más simples de toda mi carrera –dicho eso miró a Matt, cosa que no había hecho desde que entraron a ahí-. Primero déjeme felicitarlo, capitán Ishida por tan notable desempeño con su unidad, gracias a sus habilidades pudimos probar el nuevo equipo proporcionado por los ingenieros de Industrias Ipkiss.

-Gracias señor, y la verdad es que el nuevo equipo es una maravilla, el rifle Z16 tiene una estabilidad y poder de alcance asombros, y las modificaciones a la escopeta M4 la vuelven un arma muy útil.

-Ese es el objetivo capitán –dijo el hombre con regocijo mientras se ponía de pie-, de cualquier forma, buen equipo sin buenos hombres no sirve de nada, y buenos hombres sin un buen liderazgo tampoco, y su liderazgo es digno de admirarse –Matt sonrió algo apenado para después sentirse ligeramente incómodo.

-Señor, siendo sincero, no sé si sea justo, considerarme el líder, después de todo solo asumí el mando en esta ocasión por…

-Por órdenes del director, lo sé –dijo guiñándole un ojo-, yo pongo atención a las personas que valen la pena, y usted vale la pena Ishida, ya se lo he dicho –Matt no dijo nada pero desvió la mirada mientras que el General rodeaba la mesa y se paraba justo a un lado del rubio-. Sus informes han sido de gran utilidad, últimamente parece que Charles se ha estado tomando muchas libertades sin consultar al consejo, por eso estoy hoy aquí –Matt levantó la vista para ver al General algo confundido.

-¿Esta aquí para vigilar a Charles?

-Bueno, supongo que es una forma de decirlo –dijo pasando a un lado del rubio. Se paró junto a la ventana con las personas cerradas, muy cerca para alcanzar a ver a través de las pequeñas rendijas entre ellas-. HEDM es toda una organización, una unidad, la única defensa ante un posible desastre. Este asunto del Emperador es algo serio, y a veces parece que Charles se lo toma muy a la ligera.

-Señor…

-Cuando me informó usted sobre el asunto del traidor –dijo dándose la vuelta para mirar a Matt quien guardo silencio- me hizo pensar, ¿Cómo unos chicos se dan cuenta de algo como eso y Charles lo ignora por completo?

-Es solo una sospecha, se lo dije, ni siquiera hay pruebas contundentes.

-Pero una sospecha es una sospecha, y por algo surgen capitán, no ignore sus instintos –dijo caminando hacia el-. Nuestra labor es mantener esta organización en pie, ya que somos la única defensa para crisis como esta –aseguró el militar. Matt sintió un extraño malestar en el estómago al escuchar a aquel hombre.

-Comprendo –afirmó el rubio incapaz de decir algo más.

-Eso espero –dijo con tono severo el General-. Ahora, quisiera hablar de otra cosa, en su último informe solo mencionó que los digimons están combatiendo por ellos mismos al emperador, y que en Boro posiblemente hay un ejército bien organizado, ¿sabe quién lo lidera? –Matt sintió el nerviosismo recorrerle el cuerpo.

-No señor –afirmó con el tono más neutral que pudo emplear.

-¿Pudieron encontrar a ese anciano que los pobladores reconocen como su guía?

-No, parece ser que es solo una leyenda, algún tipo de mito, no estoy seguro.

-Comprendo, aunque no fue un mito lo que dejó la nave que utilizaron para ir a ahí en el deplorable estado en el que la devolvieron, ¿verdad? –Matt desvió la mirada ligeramente, le costaba seguir ocultando las cosas.

-Ya se lo dije, fue un problema que tuvimos con algunos digimons de la región, nada serio, no tanto.

-Claro…aunque llegaron con la nave hasta una base militar, a pesar de que no estaba en condiciones de volar, muy curioso, ¿no cree? –Matt guardó silencio, controlando lo mejor que podía sus emociones-. Y en esa misma expedición usted y ese joven Kamiya regresaron con la capacidad de hacer que sus digimons digievolucionen aun con los digivices.

-Ya se lo explique señor, suponemos que pasar esos días trabajando y sobreviviendo juntos mejoro nuestras habilidades, nuestro vinculo, y esa es la razón por que podemos realizar la digievolucion.

-¿Sera eso? –dijo Hyuga haciendo un gesto que parecía mostrar que meditaba las cosas, ¿o será que descubrieron cómo funcionan las torres y no han querido compartir esa información?

-Toda la información que tengo la he compartido señor, no hay secretos.

-¿No los hay capitán? –insistió el General. Matt mantuvo la seriedad en su rostro y la posición de firmes que le daba un poco de confianza.

-No señor, no los hay –Hyuga asintió sosteniéndole la mirada al chico.

-Bien, espero que se mantengan así las cosas, y capitán –dijo mientras se dirigía a la puerta para abrirla y quedarse junto a ella como esperando a que Matt saliera de la oficina. El rubio avanzó hasta el marco de la puerta dirigiendo una última mirada al general-, por cierto, Industrias Ipkiss mandaron un regalo para usted y sus compañeros, está en la bodega de provisiones de la mansión, más tarde muéstreselos a los demás –agregó el General antes de que el chico saliera de la oficina-. No me decepcione –le dijo a modo de despedida, y el rubio se marchó relajando su semblante por fin, aunque sintiendo algo de culpa, pues había varias cosas que ocultaba, por ejemplo, la astilla de la torre que seguía oculta en el fondo de un cajón en su habitación.


Taichi tomó asiento inmediatamente al llegar a la oficina de Charles, ya estaba suficientemente acostumbrado a esas reuniones como para tomarse todo el asunto con calma y solo esperar a que el hombre de traje y lentes comenzara a gritarle, a cuestionarlo o a acusarlo de no seguir las ordenes, las reglas y ser un constante dolor de cabeza. Pero por su parte Charles solo se dirigió hasta su asiento reclinable, recargándose en el mientras de uno de los cajones extraía algo. Agumon se mostró atento al ver que el hombre había sacado una barra de chocolate. El hombre al notar el interés del digimon en aquel dulce sonrió a medias y se levantó de su silla aproximándose al digimon que lo miró algo nervioso. Tai también le dirigió una insistente mirada mientras el hombre se arrodillaba a un lado de la silla que ocupaba Agumon, para después ofrecerle el chocolate que el digimon acepto de inmediato y comenzó a devorarlo.

-¿Hay algo que quieras decir Tai? -le pregunto el hombre con calma, mientras acariciaba la cabeza del digimon que comía contento.

-No -dijo Tai sin dejar de ver al hombre tratar de aquella manera a su compañero-, bueno no lo sé...quiero decir... ¿Que? -Charles se levantó del suelo y dejo de hacerle mimos al digimon que parecía disfrutarlo.

-Dos expediciones en el digimundo, un comportamiento bastante peculiar de su parte -dijo refiriéndose tanto a Agumon como a Tai-, no sé qué habrán hecho en boro pero entre que destruyeron por completo un Raven y que ahora pueden usar la digievolucion pese a las torres, no sé si preocuparme o felicitarlos -dijo recargándose en su escritorio con los brazos cruzados-. ¿Sabes por qué Hyuga vino? -pregunto el hombre.

-Normalmente respondo a cosas como esa algo como "por qué le caigo mal", pero creo que en esta ocasión tú eres el culpable -dijo con cierto gusto el castaño.

-Eso...no es del todo incorrecto -admitió Charles riendo un poco, de forma despreocupada y alegre, cosa extraña para Tai-. Cuando me nombraron director general y miembro del consejo de HEDM el compitió conmigo por ese cargo, desde entonces, en realidad desde antes no nos llevamos muy bien -explico recordando años distantes-, como sea, el caso es que vino para vigilarnos a todos.

-¿Todos? -cuestionó Agumon. Charles suspiró.

-Hace cuatro años, cuando encontramos un digihuevo peculiar, se llamó a los mejores y más jóvenes Tamers disponibles para ver si alguno podía criar a ese nuevo digimon, y de entre todos ninguno fue elegido, pero de la nada llegó un joven que si -Tai sonrió al igual que Agumon-. Después de eso y debido a los acontecimientos a los que nos enfrentábamos, pensé que podría formarse un grupo especial, un escuadrón cuyas habilidades mejoraran con el tiempo y la experiencia.

-Los niños elegidos -concluyó Tai.

-Sí, ese fue el nombre que se les asigno. No todos estaban descuerdo en formar una fuerza de élite de ese tipo, y menos aún confiaban en que diera buenos resultados, pero después de la invasión de Odaiba los niños elegidos obtuvieron la atención de muchas personas importantes, que tanto confiaban en que ustedes, como también los veían como una amenaza.

-¿Y Hyuga a que grupo pertenece? -Charles se despegó del escritorio y camino hasta el ventanal de la oficina con cortinas color vino a los lados.

-¿Que puedes decirme de los chicos Tai? -pregunto el hombre.

-¿Como dice? -preguntó el muchacho. Charles se dio la vuelta para verlo.

-Tú y Mimi, últimamente pasan gran parte de su tiempo libre juntos, a ese tipo de cosas me refiero, y estoy seguro de que me entiendes -Tai estaba por replicar pero se detuvo y pensó las cosas al ver la expresión paciente y seria del hombre.

-Rika y Takato son bastante unidos, aunque pelean mucho -dijo algo inseguro, pero al ver a Charles asentir continuó-, de todos Henri es quien parece más preocupado por el estado de Juri, solo lo he visto en la mansión un par de veces desde que regresamos, según sé Joe a estado saliendo con Rika, Sora y T.K. tienen pareja que no tienen que ver con los digimons o los Tamers, aunque no estoy seguro si Sora considera que el chico con el que sale es un novio o algo así, y creo que tiene cierto interés por Davis. Kouta se porta algo hostil con Joe, creo que tiene que ver con Rika y... Ken a estado algo distanciado de todos, según me contó Yolei, que parece algo preocupada. Davis sigue representando el papel de un líder sobre todo con los más jóvenes, Izzy se concentra en el trabajo demasiado, tanto que a veces se descuida, Kenta y Hirokazu parecen los más tranquilos, admito que no convivo mucho con ellos, T.K. y Matt tienen una buena relación de hermanos, pero T.K. se preocupa mucho por las decisiones de Matt, y Matt casi no convive con T.K., Cody y Suzie son muy unidos, ser los más chicos es difícil para ellos pero ser de la misma edad les ayuda mucho y Hikari se preocupa mucho por los demás...a veces demasiado -dijo algo apesadumbrado el muchacho recordando las miradas tristes que Hikari solía poner mirando a la nada. El chico dejó de pensar en la joven castaña al notar la mirada de Charles sobre él-. ¿Y todo eso a que viene? ¿Qué importancia tiene?

-Toda -dijo con total seguridad el hombre mayor-. Ser un líder no se trata de ser la persona a quien todos obedecen, sino más bien de estar al tanto de las personas que trabajan contigo, saber sobre esas personas es saber cómo funciona un equipo, y sirve para prevenir futuros problemas.

-No sé si soy un buen líder, o siquiera un líder -dijo el muchacho levantándose de su asiento.

-Esa es buena señal -Tai miró confundido a Charles-. ¿Sabes que Ryo ha querido ser el líder del grupo prácticamente desde el primer día?, pero jamás he pensado en el para una función como esa, ni siquiera considerando sus múltiples talentos y habilidades, y todo precisamente porque se jacta de eso mismo -explicó-, en el momento en que estés seguro de que eres no solo un buen líder sino el mejor, será cuando dejes de considerar las opiniones del resto de tu equipo, y entonces fracasaras.

Tai y Agumon guardaron silencio mientras Charles explicaba todo eso, por alguna razón Tai sentía que esa platica era más que simplemente eso, una plática, aunque no lograba entender muy bien que exactamente era lo que el hombre intentaba decirle.

-Oye, con esta van dos veces que hablo contigo y no sé qué es lo que tratas de decir, ¿Puedes ser más claro? -Charles asintió meditando un poco las cosas.

-Están pasando muchas cosas, y seguirán pasando, no recuerdo un tiempo en que la relación entre humanos y digimons fuera tan tensa como ahora, y tengo el presentimiento de que pronto esa tensión generara un evento que en verdad creara un gran cambio -Tai asintió como dándole la razón-. En épocas como esta, solo puedes refugiarte en la gente en la que confías. Escucha, a mucha gente de HEDM sigue sin agradarle este proyecto de los elegidos, mucha gente empieza a desconfiar de mí, y de ustedes también, todo eso es irrelevante -dijo haciendo un movimiento con la mano-, pero si ustedes dejan de tenerse confianza y de trabajar en equipo, entonces sí estarán metidos en problemas, cuando en un equipo sus miembros no pueden confiar entre ellos, entonces no hay un equipo, sin unidad no hay fuerza, solo quiero asegurarme de que lo sepas.

Tai palideció ligeramente al escuchar a Charles.

-¿Lo dices por...algo en especial? -Charles lo miró serio.

-Solo cuida a la gente cercana a ti, Matt por ejemplo -dijo guiñando un ojo. Tai se relajó un poco aunque luego pareció preocuparse nuevamente-, eso es todo, retírate -le indicó y el castaño asintió. Se giró y junto a Agumon se dirigió a la puerta, para detenerse ahí con la mano sobre el pomo.

-Oye Charles -lo llamó sin girarse hacia él. Charles se mantuvo en su silla mirando algunos papeles sobre su escritorio.

-¿Si? -preguntó con tono despreocupado.

-Si alguna vez necesito hablar de algo... ¿Puedo acudir a ti? -se aventuró a preguntar el chico, sorprendiéndose a sí mismo, sorprendiendo a Agumon e incluso sorprendiendo a Charles que dejó de leer y alzó la vista hacia el castaño que seguía dándole la espalda. El hombre sonrió ampliamente.

-Solo asegúrate de no molestar tan seguido -dijo con su voz monótona de siempre pero manteniendo la sonrisa en su rostro. Tai también sonrió con la respuesta del hombre y salió de la oficina.


Horas más tarde, luego de la cena en que varios de los habitantes de la mansión se reunieron, un grupo considerable de los mismos se encontraban en la sala. Takato había convencido a Henri de ya no pasar las noches en la base militar y el chico estaba, aunque bastante tenso, sentado en un sofá con Terriermon sobre su regazo y Takato y Guilmon a un lado de él. Rika y Joe conversaban también junto a uno de los libreros y Ryo y Hikari también estaban enfrascados en una plática mientras permanecían recargados en la parte trasera del sofá frente al ventanal de la sala. Hikari sostenía entre sus brazos a Gatomon y Monodramon y Gomamon jugaban con una computadora vigilados por Renamon en el sofá a espaldas de La chica y el chico castaños.

Yolei entró a la sala acompañada de Cody y Suzie a quienes ayudaba un poco con sus tareas mientras que Hawkmon batalla haciendo avanzar a un adormilado Armadillomon y Lopmon caminaba despacio detrás de la hermana menor de Henri. La chica de lentes y cabello morado notó la cercanía entre Ryo y Hikari, y aunque sintió deseos de acercarse se mantuvo al margen, intuyendo de alguna manera que aquello era un momento personal y privado. La chica y sus acompañantes tomaron asiento en la larga mesa que utilizaban para estudiar, donde también estaba Davis jugando una partida de Póker con Veemon, y por último Izzy como casi todas las noches se encontraba trabajando en la computadora que estaba en la esquina de la sala, a un lado del ventanal.

Rika escuchaba a Joe hablar sobre libros mientras revolvía algunos en los estantes del librero, mientras con discreción volteó para ver sobre su hombro a Takato, quien en ese momento justo también había volteado en dirección a la chica. El muchacho de cabello castaño claro le sonrió a la pelirroja que respondió al gesto esbozando una sonrisa discreta.

-¿Rika? -la llamó el chico peli azul haciéndola volver su vista a él.

-Lo siento, ¿Que decías? -preguntó la chica algo desconcertada. Joe sonrió mientras le mostraba un libro que había tomado. La chica miro la portada leyendo el titulo-. ¿Huxley? -dijo devolviendo sus ojos a los de Joe. El chico sonrió levemente sonrojado.

-Es de mis libros favoritos. Me encantaría que lo leyeras -dijo el chico y Rika asintió.

-Claro -dijo medio sonriendo. Joe parecía estar esperando algo más de su parte, por lo que la chica dio un rápido vistazo al librero un tomó uno de los ejemplares dándoselo al muchacho.

-¿Harry Potter? -dijo sonriendo un poco tenso.

-Es una historia que ha envejecido bien -dijo la chica pelirroja. Joe asintió.

-Sí, lo sé, lo he leído, igual que todo el mundo -dijo susurrando la última parte, aunque aun así Rika lo escuchó, al igual que Takato.

-Rika también ha leído Un mundo feliz -le dijo en voz baja Takato a Henri, quien apenas le prestó atención.

Joe y Rika seguían conversando cuando Kouta se asomó a la sala e inspeccionó la misma con la mirada. Al encontrarse con la pareja junto al librero frunció el entrecejo visiblemente molesto. Ver a la chica junto al joven peli azul siempre le provocaba una incómoda sensación de celos. El chico de cabello negro atado en una coleta avanzo hasta la mitad de la sala, apoyándose en la silla donde estaba sentada Yolei sin dejar de ver a la pelirroja y el chico de lentes.

-¿Llego en mal momento? -dijo llamando la atención de todos, mientras que T.K. Entraba a la sala con Patamon sobre su cabeza y mirando la pantalla de su digivice.

-Tú eres la causa de los malos momentos -le respondió la chica mirándolo sobre el hombro. Ryo le sonrió con sarcasmo mientras se apartaba.

-¿Pasa algo? -preguntó Henri levantando la mirada y regresando de su letargo.

-Algo -dijo sonriente mientras Kotemon también entraba a la sala-, dense prisa con eso -dijo gritando hacia el vestíbulo del que llegaban Agumon y Gabumon, y detrás de ellos Taichi y Matt con grandes esfuerzos cargaban una gran caja metálica.

-Si tan solo ayudaras un poco -dijo Matt mientras seguían avanzando hasta dejar caer pesadamente la caja apenas ingresar a la sala.

-Alguien debía supervisarlos -dijo el muchacho aun de espaldas a ellos con aire de autosuficiencia, a lo que Tai respondió sacando un dardo de su bolsillo, mismo que le lanzó al chico clavándolo en su hombro y haciéndolo expulsar un gemido de dolor.

-Te dije que servían -dijo el castaño apoyándose en sus rodillas recuperando el aliento, mientras que Kenta, Hirokazu, Guardromon y MarineAngemon llegaban al lugar, y justo detrás de ellos Ken y Wormon en su hombro entraron a la sala tomando asiento junto a Davis que recibió al chico con una sonrisa.

-Recibimos su mensaje, ¿Qué pasa? -dijo Kenta guardando su digivice en el bolsillo.

-¿Ya estamos todos? -preguntó Kouta mirando a su alrededor.

-¿Por qué tanto misterio? -pregunto Ryo y Tai volteó a ver al chico que estaba junto a Hikari. Ryo captó la mirada poco amable del chico sintiéndose incomodo mientras que Hikari veía a ambos chicos contrariada.

-Esperemos a que Sora y Mimi lleguen, ¿Solo faltan ellas no? -dijo Kouta terminando con el duelo de miradas de Tai y Ryo.

-Ya no -dijo Sora mientras ella y Mimi junto a Palmon y Biyomon entraban a la sala.

-Excelente -dijo Kouta-, Matt, Tai ¿Serian tan amables? -dijo y el rubio y el castaño levantaron sus manos mostrándole el dedo medio y apartándose de la caja sobre la cual se habían sentado. Matt camino hasta donde estaba su hermano, mientras que Tai caminó al sofá menos ocupado, el que estaba frente a la mesa de estudios y se desplomó ahí a un lado de Mimi y Sora.

-De acuerdo, Davis ayúdame -dijo Kouta rodeando nuevamente el sofá para llegar hasta la caja acompañado del chico con las gafas de aviador antes pertenecientes a Tai sobre su revuelto cabello.

Kouta y Davis se acercaron a la caja sujetando la tapa de esta, retirando los seguros y levantando la placa metálica de arriba entre ambos, dejándola recargada en la caja, mostrando su contenido. Todos los presentes a excepción de Tai, Matt y Joe quienes ya estaban al tanto del contenido de la caja además de Kouta se acercaron para ver.

-Eso es... -comenzó Hikari

-Wow -dijo Rika con bastante interés.

Ryo se acercó más y de la caja extrajo un rifle de largo y delgado cañón, similar al que había utilizado en la misión de ese día.

-Es todo un arsenal -dijo el chico revisando el arma, la calibración de la mira y el estado de los componentes.

-¿Qué significa esto? -preguntó Takato.

-En respuesta a nuestro gran desempeño en las ultimas misiones y como medida de apoyo por los recientes acontecimientos -comenzó a explicar Kouta con voz teatral- industrias Ipkiss nos ha enviado varios modelos de sus últimos prototipos -Joe se abrió paso hasta la caja mirando su contenido y concentrándose en un folder debidamente acomodado en una de las gavetas donde había otros tres rifles como el que Ryo seguía revisando.

El peli azul tomó el folder y lo abrió encontrando una lista del contenido de la caja.

-Esto es increíble -dijo viendo la lista-. Cuatro escopetas M4, cuatro rifles de plasma Z16 tipo sparrow, otras cuatro escopetas M4 de cañón modificado para los cartuchos Brewster, un arco retráctil de acero corten -Joe comenzó a buscar el objeto y al encontrarlo lo tomó y se lo extendió a Kouta-, supongo que es para ti -dijo. El muchacho tomó el objeto arrebatándoselo de mala manera.

-Gracias genio -Joe no comprendió la razón de aquella hostilidad, al igual que todos los demás que solo vieron al chico manipular el objeto cilíndrico de treinta centímetros de largo y un grosor de unos diez centímetros. Lo manipulo con una mano hasta acomodar sus dedos unos bordes a mitad del cilindro. Miró detenidamente el objeto hasta notar una especie de interruptor en la cara contraria en la que estaban sus dedos. Movió su pulgar para presionar el interruptor que hizo que de ambos extremos del cilindro de extendieran las dos curveadas palas que completaban el arco, y al mismo tiempo se liberó un cable que quedo conectado a los extremos de las palas.

El muchacho comprobó la tensión del cable y el peso del arma.

-Es muy ligero -dijo.

-Y resistente -agregó Joe-, viene con un carcaj especial que sirve para modificar las puntas de las flechas, y sesenta flechas de punta modificable -continuó enlistando el chico-, además de eso hay varias municiones más, escuchen esto, veinte pistolas semiautomáticas Scully E919 y seiscientas balas para la misma -las expresiones de todos mostraron gran sorpresa. Ryo, Kouta e incluso Matt parecían complacidos, pero no era un sentimiento que todos compartieran-, esto es raro, también enviaron sesenta balas modificadas para la Colt M1911C, pero no incluyeron ninguna arma de ese tipo -dijo sacando una caja que contenía dichas municiones- ¿Por qué lo harían?

-Porque ya tengo una Colt M1911C -dijo Tai acercándose a Joe, quien le entrego la caja. Tai miró detenidamente la caja en sus manos mientras volvía a tomar asiento en el sofá. Agumon también miraba la caja, al igual que Mimi, mientras que el resto de los presentes miraba con curiosidad el resto de las armas.

-¿Que más hay? -preguntó Kouta mientras guardaba el arco nuevamente en su forma de cilindro. Joe apartó la hoja de la lista encontrándose con otra que parecía un documento importante.

-Un permiso especial firmado por el General Hyuga y aprobado por altos mandos de HEDM para la portación y uso de armas de todos los integrantes del grupo "Niños elegidos", así como permiso para dar adiestramiento a quienes lo necesiten -termino de leer Joe apartando la hoja y encontrándose con un sobre, el cual abrió encontrando una elegante invitación con una pequeña nota pegada a esta-, y una invitación a la celebración anual, del seis al quince de julio, por la fundación de Norman City de parte de Aizen Yokoshima dirigida a Rika... -terminó de leer el muchacho dirigiendo una mirada a la pelirroja que se acercó para tomar la invitación y la nota de las manos de Joe-. ¿Quién es Aizen? -preguntó el chico mientras que la chica abandonaba la sala.

-Algo que no le incumbe a ninguno de ustedes -respondió sin darse la vuelta, seguida por Renamon.

Se formó un silencio incomodo después de que la chica se marchó. Joe dejó caer el folder cerrado con la lista de las armas y el permiso firmado en la caja metálica. Kouta, Matt, T.K., Davis y Ken se acercaron tomando cada uno alguna de las armas.

-¿Que mierda creen que hacen? -preguntó Hikari con los brazos cruzados y un tono severo mientras veía a los chicos junto a la caja metálica. Tai levantó la vista mirándola con el ceño fruncido.

-¿De qué hablas? -preguntó T.K. desconcertado. Hikari avanzo con grandes zancadas hasta Ryo arrebatándole el rifle de las manos.

-¿Armas? ¿Es en serio? -espetó furiosa-, ¿Ahora vamos a dispararle a las víctimas de todo esto? Somos Tamers no soldados.

-¿Que opción tenemos? -preguntó Davis-, apenas y podemos pelear, estas cosas nos darán una ventaja.

-Tai y Matt son una ventaja -dijo señalando al rubio, quien sostenía una escopeta-, se supone que nuestro trabajo es proteger, no atacar.

-No lo hacemos para causar daño -dijo Taichi-, estas cosas -dijo refiriéndose a las balas- en su mayoría no son letales, y solo son un apoyo para poder luchar a la par con nuestros compañeros.

-Hikari tiene razón -dijo Cody, quien seguía en la mesa-, no creo que dejamos usar esas cosas.

-Las tenemos aquí ¿Por qué no usarlas? No es como que vayamos a andar por ahí disparando a diestra y siniestra, las usaremos para combatir al Emperador -expuso Kouta.

-¿Y solo por eso debemos darles armas a los niños? -preguntó Henri con los brazos cruzados-, eso es irresponsable.

-No son solo niños, son Tamers y de los mejores -dijo Kouta.

-No porque tu disfrutes usando esas cosas significa que todos debemos hacerlo también -le dijo Yolei, y el chico bufo molesto-, pero de todos modos...admito que alguna utilidad pueden tener esas armas.

-¿Estás de acuerdo en usarlas? -la cuestionó Sora, con tono neutro, genuinamente interesada en su respuesta.

-No lo sé -dijo la chica de lentes mirando un poco apenada a Hikari que seguía con los brazos cruzados denotando su enfado-. Entiendo lo que dices Kari, pero lo que dice Tai es igualmente válido. Tal vez sería bueno aprender a disparar -concluyó.

Hikari miró a sus compañeros que parecían meditar a respecto de esa idea, negó con la cabeza bajando sus brazos.

-Pues yo no lo creo -dijo dirigiéndole una rápida mirada a Gatomon indicándole que se marcharan. Su compañera asintió saltando hacia ella quien la tomó en sus brazos para marcharse.

-Kari -la llamó Ryo antes de que saliera.

-Cállate Ryo -le espetó con brusquedad.

Matt, al igual que la mayoría vio a la chica castaña marcharse sin decir nada. Dejó el arma en la caja y se retiró seguido por Gabumon. Davis igualmente dejó el arma que había tomado, mientras que Ken seguía inspeccionando con la mirada una de las escopetas modificadas, aunque sin tomarla de la caja. Kouta lo vigilo sin hacer ningún comentario, y de vez en cuando dirigiendo una mirada a Henri que seguía con los brazos cruzados, muy cerca del chico Ichijouji.

-¿Entonces usaremos o no las armas? –preguntó Takato desconcertado. Henri lo miró serio y después volteó a ver a Ken que respondió a su mirada.

-Esperemos no necesitarlas –dijo para después marcharse. Poco a poco los demás comenzaron a irse también, mientras que Taichi se quedó en el sofá donde se había sentado pensando en las palabras de Hikari, y aun sosteniendo la caja con las municiones para su pistola semiautomática.

Cuando el lugar ya estaba prácticamente vacío, excepto por el chico castaño, su compañero Agumon, y Mimi junto a Palmon, la chica tomó asiento junto a Tai mientras Agumon y Palmon revisaban los libros de los libreros mientras conversaban. Tai no dijo nada al sentir a Mimi a su lado, pero si le dirigió una mirada y una sonrisa algo cansada.

-¿Qué pasa? –preguntó la chica de ojos color miel. Tai suspiró, nuevamente mirando la caja en sus manos.

-No sé cómo tomar esto –respondió. Mimi asintió, ella tampoco sabía cómo tomarlo.

-Cada quien tendrá que elegir –respondió con calma-, Hikari ya dio su punto de vista, igual Yolei y otros más, todos tendremos que tomar decisiones personales.

-No es solo eso –dijo Tai. Mimi calló, mirándolo esperando a que continuara-. Aquella vez cuando pasó lo de Myotismon y peleamos para defender la ciudad entera, Kouta me ofreció un arma –dijo recordando aquellos sucesos lejanos-, no la acepte, pensando que hacerlo implicaría cambiarlo todo, usar un arma implica dejar algo atrás, pasar a otra etapa, y el momento en que lo haces es un momento que implica también otras tantas cosas–Tai miró a Mimi, ella vio en sus ojos la preocupación-. Cuando comencé a usar la Colt, fue después de que casi nos matan a Agumon y a mí en un pueblo apartado en Directory, fue cuando comprendí que era momento de usarla, para poder protegerme, y proteger a Agumon.

-Eso es lo que pasa ahora –le dijo la castaña-, hay que protegernos y proteger a nuestros compañeros.

-Sí, eso es lo que me molesta. Solo son niños, y ahora deben pelear un aguerra, una verdadera guerra, esto ya se volvió algo más serio, más peligroso. Con o sin el uso de estas cosas –levantó la caja de municiones con una mano- esto ya se volvió algo demasiado complejo. No me parece justo que empujen a la guerra a un puñado de chicos.

Mimi escuchó atenta las palabras de Tai viendo su expresión preocupada. La chica levantó su mano acariciando la mejilla de Tai y luego pasando sus dedos por el cabello del muchacho que la miró curioso ante esa acción. Mimi le sonrió mientras seguía jugando con el pelo del joven.

-Creo que eso es decisión de ellos –le dijo como para intentar hacer que se relajara-, todos sabemos lo peligroso y lo complicado que es esto, y lo afrontamos, al menos, sé que tú lo haces, y yo quiero hacerlo. Por nosotros, por nuestros compañeros y por el futuro, hay que luchar –concluyó dejando el cabello del chico y tomando su mano. Tai apretó la mano de Mimi mientras le sonreía, para después notar un detalle que hasta ese momento s ele había escapado. En su pecho, sobre la blusa de tirantes color azul celeste descansaba el digivice sujeto por una fina cadena plateada.

Tai extendió su mano tocando el digivice con sus dedos ante la mirada curiosa de Mimi. La chica sonrió mientras llevaba sus manos al broche de la cadena detrás de su nuca. Lo abrió y tomo el objeto extendiéndose a su legítimo dueño.

-Había olvidado devolvértelo –le dijo-, cuando te fuiste dijiste que no me lo regalabas, que era solo para que te lo cuidara mientras estabas fuera -Tai miró el digivice colgando de la cadena que sujetaba la chica pero en lugar de tomarlo sujeto la mano de Mimi girándola para dejar el digivice sobre su palma, cosa que a la castaña desconcertó.

-¿Por qué no te lo quedas? Después de todo no pienso irme por un buen rato, además creo que se te ve bien –le dijo y la chica sonrió, girando un poco su cuerpo y apartando su cabello dándole a entender al chico que le ayudara a volverse a poner el collar. Tai lo hizo de inmediato.

-¿Debo considerar esto como la primera joya que me regalas? –le preguntó divertida.

-Tal vez –dijo Tai mientras Mimi volvía a verlo-, ¿eso quiere decir que oficialmente hay algo entre nosotros no? –Mimi rio con las palabras del chico, quien también dejo escapar una risa.

-No, no habrá nada oficial hasta que no tengamos nuestra primera cita oficial –dijo la castaña con decisión.

-Muy bien y eso… ¿Cómo se supone que se hace? –Mimi rodo los ojos negando con la cabeza.

-Pues…se supone que me lleves a cenar o a algún lugar, solos tú y yo, sin que haya otras personas implicadas –explicó y Tai asintió.

-Hagámoslo ¿Qué te parece mañana? –Mimi quedo boquiabierta con la invitación del chico.

-Tai, estamos en medio de una crisis, tú mismo lo dijiste.

-Pero serviría para relajarnos, ¿un desesteres? –Mimi seguía negando con la cabeza aunque con una sonrisa divertida en los labios.

-No estaría bien abandonar la mansión aunque sea por un solo día justo ahora –Tai sonrió con desgano asintiendo como comprendiendo lo que decía Mimi-, aunque…supongo que podría preparar una cena solo para nosotros dos, aquí –dijo levantando el ánimo del castaño.

-¿De verdad? –Mimi asintió mientras se levantaba del sofá.

-Podemos cuando menos intentar –dijo dándose la vuelta para marcharse seguida por Palmon. Tai la miró boquiabierto y antes de que se alejara más le gritó

-¡¿A las ocho?!

-¡Si! –escuchó el grito desde las escaleras de la castaña y sonrió mientras se recargaba en el sofá. Agumon llegó hasta donde estaba el chico quien le lanzó la caja de municiones que el digimon atrapó sin dificultad.

-Aún tengo encanto –dijo sonriendo con galantería.

-Claro –dijo Agumon con escepticismo ganándose una mirada molesta de parte del muchacho.


Justo en ese momento, en el patio trasero de la mansión se encontraba Hikari, en un pequeño quiosco construido a mitad del terreno y rodeado de adornos florales que en su mayoría eran puestos y cuidados por Sora. La joven castaña llevaba puesto un suéter negro y fumaba mirando la oscuridad del bosque que rodeaba la mansión recargada en el barandal. Junto a ella Gatomon permanecía en silencio, tomando asiento recargada en uno de los pilares de concreto de la estructura, comprendiendo el enfado de la chica.

Unos pasos detrás de ellos advirtieron a la castaña de que alguien se acercaba y volteó rápidamente para ver de quien se trataba, encontrándose con la mirada de Ryo, quien caminaba solo. Llego hasta donde Hikari y antes de decir cualquier cosa saludo a Gatomon con una cálida sonrisa. La digimon respondió moviendo la cabeza mientras se levantaba.

-Iré a pasear –dijo y dio un salto para comenzar a alejarse. Hikari siguió contemplando la oscuridad frente a ella mientras que el muchacho se recargaba en el barandal a un lado de ella.

-¿Quieres hablar? –preguntó el chico.

-No tengo nada que decirte, ni quiero escuchar nada de tu parte.

-Por Dios, ¿no crees que eres algo injusta?

-¿Injusta? Ryo no quiero usar un arma, ¿es tan difícil de entender? No soy una asesina ni mi meta es dañar a los digimons, soy una Tamer y lucho por lograr el entendimiento, la amistad y la paz, usar esas cosas es volver a los días de la primera guerra.

-Ok, entiendo, no quieres usarlas, no las uses, nadie puede ni va a obligarte –dijo el chico tratando de calmar a Hikari-, pero si los demás quieren usarlas tienen el mismo derecho a tomar esa decisión, ¿entiendes? –Hikari exhaló molesta el humo del cigarrillo totalmente consumido, arrojó la colilla sin preocupación (cosa que nunca hacia) mientras sacaba de un bolsillo la cajetilla para tomar otro. Ryo la detuvo arrebatándole la cajetilla-, ya deberías dejar este vicio –le dijo y la chica lo miró con reproche-, además exageras, que utilicemos armas no nos vuelve iguales a los humanos que atacaban a los digimons buscando someterlos. No lo hacemos para causar daño, lo hacemos para obtener un beneficio.

-¿Eso es lo que te decían en la milicia? –Ryo gruño molesto al escuchar eso. Había sido un tema recurrente el asunto de su pertenencia a la milicia y las quejas de la chica para con esa división desde que habían comenzado con esa clandestina relación.

-¿Sigues con eso? Ya te explique qué jamás hice nada para lastimar a un solo digimon pacifico.

-¿Eso qué significa? ¿No atacaste a ninguno que no opusiera resistencia a sus exigencias? –Ryo negó con la cabeza visiblemente enfadado mientras que Hikari lo miraba seria, con los brazos cruzados-. Nunca me hablas de lo que hacías en la milicia, ¿es por qué te avergüenzas de eso?

-No, es porque apenas menciono algo sobre la división militar te pones así –le respondió de forma brusca.

-¿Cómo quieres que me ponga si no puedo evitar imaginarte cumpliendo con los caprichos y las exigencias de hombres como el General Hyuga que le entrega armas a los niños y los envía a matarse y matar? -Hikari se giró dándole la espalda-, No se prácticamente nada de lo que hacías, de lo que sigues haciendo, ¿Qué puedo pensar de ti? -Ryo estaba a punto de marcharse pero se contuvo de hacerlo. Se recargo de espaldas al barandal meciéndose de atrás a adelante como meditando las cosas, hasta que finalmente resopló con fuerza.

-Si –comenzó a decir-, en la milicia obedecí ordenes de hombres como Hyuga, incluso recibí órdenes del mismo Hyuga directamente –el muchacho se detuvo buscando las palabras más adecuadas-. Kouta y yo pertenecíamos a una fuerza de elite conocida como "El martillo", nuestra labor consistía prácticamente en llegar a un sitio y descargar la fuerza completa –Hikari lo volteó a ver indignada a punto de reclamarle pero el chico se adelantó poniéndole un dedo sobre los labios-, pero jamás arriesgamos la vida de un solo inocente, y en la medida de lo posible evitábamos cualquier baja, de amigos o de enemigos –Hikari pareció relajarse un poco-. Las misiones de "El martillo" consistían prácticamente en el desmantelamiento de redes criminales, de tráfico, robo y cosas similares. Se nos ponía en estado activo cuando se encontraban cedes criminales que atacar, pero solo atacábamos cuando se confirmaba la total ausencia de civiles, y el riesgo era mínimo para la población en general. ¿Crees que no me importan los digimons? Pues te equivocas, más de una vez desobedecí órdenes directas de atacar un punto por que no se tenía la seguridad de que no hubiera civiles, o porque no había suficientes pruebas de que se trataba de un grupo criminal. Yo también lucho por lograr el entendimiento, la amistad y la paz, y peleo contra todo aquel, humano o digimon que atente contra esos tres preceptos.

La castaña quedo en silencio después del discurso del muchacho. Desvió su mirada clavándola en el suelo mientras que Ryo veía su rostro triste.

-No quiero que esto siga así, y que cada vez sea peor.

-Yo tampoco, pero escucha –dijo tomándola de la barbilla y haciendo que levantara la mirada-, que estos sean tiempos horribles no debe hacernos pensar que luego será peor, más bien debemos pelear para acabar con esto, ¿recuerdas? –Hikari sonrió con los ojos cristalinos por las lágrimas.

-¿Y cuándo todo acabe, dejaras las armas? –preguntó y el chico sonrió ligeramente.

-¿Te parece si dejamos esa discusión para otro día? –Hikari sonrió apartándose del chico y golpeándolo en el hombro de manera juguetona.

Ambos siguieron cerca el uno del otro hasta unirse en un beso, sintiéndose a salvo de las miradas, sin embargo. Desde la mansión Yolei, quien había salido por la puerta trasera para revisar los rosales que acababan de plantar un metro adelante del muro, y miró incrédula la escena, y se marchó intrigada y sorprendida.


Kouta bajaba las escaleras descalzo, con el pelo húmedo y ropa cómoda con la que dormía. Estaba disfrutando del final de un día pesado cuando decidió tomar algo para ayudarse a dormir mejor y ahora iba caminando rumbo a la cocina. La mansión estaba en silencio, seguramente todos estaban ya en sus habitaciones descansando, al menos eso pensó el muchacho de cabello negro hasta que llegó a la cocina, en donde la luz estaba encendida y se topó con un chico de cabello azul y lentes. Kouta se detuvo en seco al verlo, sentado en la mesa de la cocina revisando su computadora y sin mediar palabras fue directo al refrigerador para tomar de la parte de abajo una cerveza de donde las ocultaba (o más bien el seguía creyendo que estaban ocultas). La destapó y dio un trago mientras cerraba el refrigerador.

-No es correcto que metas alcohol aquí con tantos niños –dijo Joe levantando la vista de la pantalla de su computadora. Kouta se giró hacia el con una expresión dura.

-Creo que no es de tu maldita incumbencia –le espetó con brusquedad.

-De acuerdo, ya, se acabó –dijo Joe cerrando la computadora y acerándose al chico-, ¿Cuál es tu problema conmigo? –Lo cuestiono-, desde hace tiempo te portas agresivo conmigo, ¿Qué diablos te hice yo? –Kouta dejo salir una risa sínica.

-Como si tú pudieras hacerme algo –dijo dándose media vuelta para marcharse.

-¿Esto es por Rika? –le preguntó haciendo que el muchacho detuviera su marcha. Kouta se dio la vuelta encarando a Joe-. He notado como nos miras cuando estamos juntos, ¿celoso? –Pregunto con voz desafiante- ¿te molesta que yo le interese y a ti te ignora?

-¡Por favor! –Dijo el muchacho con voz burlona-, ¿crees que en serio le interesas? –Preguntó y Joe frunció el ceño-, ¿Te has dado cuenta que clase de chica es ella? ¿Te das cuenta que clase de chico eres tú? Quizá se divierte contigo ahora, pero yo no apostaría a que durara mucho tiempo más.

-Eso no lo decides tú sino nosotros.

-Bien, buen punto –aceptó Kouta cortando la distancia entre ellos con dos pasos. Joe era un muchacho alto, pero Kouta lo rebasaba con algunos centímetros, además de que el chico de cabellera negra poseía un físico mejor trabajado que el del otro muchacho, por lo que lucía bastante intimidante-, solo no te sientas muy mal cuando ella decida que ya no quiere jugar con un niño.

-¿Qué quieres decir con eso? –Kouta sonrió de forma burlona.

-Ya te lo dije, ella es una mujer fuerte, con carácter, una guerrera, tú un ratón de biblioteca cuyo único talento es estar detrás de una pantalla con el culo pegado a una silla para que no se lo pateen.

-Te recuerdo que también soy quien está saliendo con Rika.

-Te felicito por eso, pero dime una cosa, ¿hasta dónde te ha permitido llegar?

-Un caballero no hace ni responde ese tipo de preguntas –le respondió con seguridad.

-Supongo que con eso quieres decir que a nada, yo no me tomaría muy en serio unas cuantas saliditas en esas condiciones, pero en fin, disfruta tu momento –dijo para después marcharse. Joe se sentía lleno de furia e impotencia. Debía reconocer que sintió el deseo de golpear al chico, pero se contuvo pensando en las consecuencias.

Si en algo tenía razón era en que él no era del tipo de personas que acostumbraban luchar, y esa casi siempre era la raíz de toda la desconfianza que sentía consigo mismo.

Base militar No. 2, en el continente Sarvar, en el Digimundo

Junio 22 de 2085

Takato y Kouta caminaban por los pasillos de la base militar dirigiéndose al ala médica acompañados de sus compañeros. Guilmon lucia inquieto e incómodo, y cuando Kouta pregunto a Takato por ello el muchacho le respondió que no le gustaban los hospitales y tenía un gran miedo a todo lo que tuviera que ver con ellos. Kotemon pareció divertido con esto mientras que Kouta lucia algo distraído. Al despertar ese día temprano recordó su discusión con Joe la noche anterior, cosa que no lo hacía sentir bien, había explotado contra el muchacho por culpa de los celos, cosa que no admitiría por orgulloso, pero que igual le afectaba de alguna manera.

Sacudió la cabeza para alejar esas ideas mientras llegaban a la entrada del ala médica. Takato se detuvo y miró a Kouta quien llevaba las manos dentro de los bolsillos de su pantalón de mezclilla.

-¿Cómo va el asunto de Leomon? –preguntó Takato. Juri aún no había despertado, pero desde hacía un par de días sentía miedo de que la chica reaccionara y al preguntar por su compañero no pudiera darle buenas noticias.

-Complicado, lo están evaluando, para determinar si es o no una amenaza- -el chico asintió no muy animado.

-¿Y cómo esta Eva? –preguntó recordando a la chica que también estaba fuertemente implicada en todo eso. Kouta sonrió a medias.

-Bien supongo, tratando de llevar todo esto, esperando a que pase un tiempo prudente para poder tomar una buena decisión.

-¿Decisión? –preguntó Takato algo contrariado. Kouta asintió sin decir nada mientras Guilmon miraba a su compañero Tamer y al otro chico.

-¿Qué pasara con ella ahora que no tiene compañero? –preguntó el digimon con inocencia.

-¡Guilmon! No seas así de imprudente –lo reprendió Takato.

-En realidad, es eso lo que está pensando –dijo Kouta.

-¿A qué te refieres?

-Bueno –Kouta hizo una pausa pensando en las palabras correctas-, ella sigue siendo una Tamer, y una militar, o al menos puede seguir siéndolo, existe esa posibilidad en estos casos.

-¿Cómo?... ¿qué se hace en estos casos? –Kouta suspiró algo incómodo.

-Veras… en esta ocasión fue un digimon quien falleció pero… no siempre es así –Takato pareció no comprender pero rápidamente dio con el sentido de esa oración.

-Ya veo –dijo-, un Digimon que perdió a su compañero Tamer puede volverse el compañero de Eva –Kouta asintió.

-Si…si son afines. Un Tamer con experiencia puede crear un vínculo con un nuevo digimon, aunque para ello se requiere que los dos pongan de su parte y un extenso y arduo entrenamiento, luego de eso se fabrica un nuevo digivice y hay un nuevo equipo.

-A eso se le conoce como Tamer-Revenant, es más común que suceda en la división militar que con los oficiales Tamer –Explicó Kotemon.

-En fin –dijo Kouta-, aquí nos dividimos, iré a ver cómo esta Leomon, me reuniré con Eva y espero tener buenas noticias al rato –Takato asintió pensando que eso era la despedida del chico pero este en lugar de marcharse parecía tener ganas de decir algo más-, ¿Henri y Rika vendrán también? –Takato asintió.

-Se retrasaron porque Rika quería asegurarse de que Henri comiera algo antes de venir, se ha descuidado un poco desde el accidente de Juri –dijo el chico agachando la mirada-, Rika se preocupa por sus compañeros aunque no quiera demostrarlo… no le digas que dije eso –agregó algo temeroso. Kouta sonrió mientras negaba con la cabeza-. En fin, nos vemos.

-Espera, Takato –lo detuvo el chico-, ¿sabes si lo de ella y Joe va en serio? –Takato puso una mirada seria al escuchar esa pregunta.

-No lo sé, ella casi no habla de esas cosas –dijo y parecía no muy contento.

-Entiendo… ¿Tu y ella, se llevan muy bien no? –Dijo y Takato asintió mientras Guilmon paseaba su mirada de un chico al otro-, tal vez tu podrías ayudarme a conocerla un poco más, ¿me entiendes? –pregunto y Takato asintió de manera lenta-. ¡Genial! Nos vemos después .dijo finalmente como despedida y se marchó con Kotemon por el pasillo a la derecha de la puerta del ala médica.

Takato se puso de frente a dicha puerta, apoyando su mano sobre esta, pero antes de empujarla apoyo su frente en el vidrio de la puerta con algo de pesar.

-Ahora él también…y empezaba a caerme bien –dijo acompañando sus palabras de un suspiro y finalmente entró.

Camino hasta la recepción para hablar con la enfermera de turno y pedir permiso de visitar a Juri, para luego dejar a Guilmon en la sala de espera (no permitían que pasaran digimons) y continuar solo hasta el cuarto donde estaba la chica.

Aunque el estado de la chica seguía mejorando continuamente no había despertado aun, pero los médicos aseguraban que en cualquier momento lo haría. Eso no disminuía el malestar que el muchacho sentía, dado que en todo ese tiempo la había visitado solo un par de veces, a diferencia de Henri, e incluso Rika que había estado acompañándola en varias oportunidades. Para el muchacho vestido con un chaleco deportivo gris con bordados rojos no era tarea fácil visitar a alguien en el hospital, el, al igual que Guilmon trataba de evitar esos lugares lo más posible, y ahora estaba ahí, solo a punto de abrir la puerta de la habitación de la chica.

Acercó la mano a la manija de la puerta con algo de miedo, pero finalmente se motivó a tomarla y entró, encontrándose con la chica tendida en la cama, con el cabello suelto y desparramado en la almohada, la mitad del cuerpo cubierta por las sabanas y vestida con una bata de hospital azul, que al terminar las mangas cortas mostraba los brazos vendados de la chica. El muchacho dio un paso al interior de la habitación a oscuras percatándose de la presencia de alguien más.

Se sobresaltó un poco al notar que no estaba solo, pero de inmediato reconoció a la mujer de cara redonda y cabellera corta. La había conocido tiempo atrás: era la madrastra de Juri.

-Buenos días señora Katou –saludo el chico haciendo una reverencia. La mujer sonrió mientras el chico se acercaba más a la camilla donde estaba Juri. Su expresión parecía tranquila y eso animo al muchacho.

-Tenía tiempo sin verte por aquí, espero que no hayas dejado de venir por lo que paso la última vez con mi esposo –dijo la mujer, recordando al chico la incómoda situación que vivieron semanas atrás, cuando el padre de la chica estaba en la habitación y el junto a sus amigos Henri y Rika llegaron para acompañar a la chica. El hombre de facciones duras los ahuyento exigiéndoles no volver a acercarse a su hija, y aseguraba que jamás volvería a trabajar con los digimons. Takato comprendía el sentimiento de aquel hombre sobreprotector, después de todo casi había perdido a su hija, ellos casi habían perdido a una amiga.

El chico se quedó parado al lado de la cama, de frente a la mujer que miraba a la chica inconsciente y luego al muchacho como interrogándolo con la mirada.

-¿Cómo está el señor Katou? –pregunto el chico mirando a Juri.

-Sigue de terco con la idea de cambiar a Juri a un hospital en Japón, pero últimamente creo que lo dice más por fastidiar. Está asustado, estaría aquí de no ser porque tenía cosas que resolver, le dije que yo me quedaría con Juri todo el día –Takato asintió, ligeramente distraído-, ¿y tus amigos? ¿Viniste solo a verla? –dijo algo consternada. Takato negó con la cabeza.

-Vienen en camino, se retrasaron pero estarán aquí pronto.

-Entiendo –dijo la mujer poniéndose de pie-, ¿te importaría quedarte con Juri un momento? Tengo algo de hambre y me gustaría ir a comer, ¿gustas algo?

-Nada señora, no se preocupe –le contesto con amabilidad el muchacho mientras la señora salía del cuarto. Takato aprovechó ese momento para tomar asiento junto a la cama de Juri, apoyando sus manos sobre el colchón, cerca de la mano de la chica, la cual palpo con la suya sintiéndola tan fría que por un instante se preocupó por la joven, preguntándose si aquello sería normal, y luego reprendiéndose él mismo por no saber eso.

-Lamento no venir más a menudo –dijo con pesar-, tu sabes cómo me ponen los hospitales…además –el chico suspiró-, no ha sido sencillo todo lo demás. Han estado pasando cosas desde que llegaste a aquí, Matt y Tai ahora pueden hacer que sus compañeros digievolucionen aun pese a las torres, ¿puedes creerlo? Aun no nos han dicho como lo hacen, pero quizá pronto lo hagan, además justo ayer llegó un paquete de armas de industrias Ipkiss…no sé si eso te agradaría o no, pero a Rika la invitaron a una fiesta, y sé que si hubieras disfrutado hablar con ella sobre eso –después de decir eso ultimo el muchacho se quedó callado pensando en la joven pelirroja-. ¿Alguna vez te has enamorado sin poder decir nada sobre eso? –le pregunto con la mirada clavada en el suelo y las manos aun sobre la cama-, sé que suena a la tontería que diría cualquier adolecente pero es…es complicado… ¡Dios! ¿Por qué tiene que ser complicado? ¿Si te gusta alguien no podrías solo decirlo? ¡¿Qué carajo tienen que ver los demás?! –Dijo algo molesto-, lo siento, si estuvieras despierta no creo que quisieras escuchar mi maldito drama romántico –dijo volviendo a agachar la mirada, esta vez recargando la frente en el borde de la cama.

Se mantuvo así, mirando al suelo hasta sentir una sensación fría rosando su mano y su cabeza, lo que lo hizo levantar la mirada rápidamente encontrándose con los ojos cristalinos y una sonrisa fatigada en el rostro de Juri, que lo hizo abrir los ojos tanto como podía por la sorpresa, respirando algo exaltado.

-Ta…ka…to… -dijo con voz débil la chica.

-Juri... –dijo Takato con tono similar mientras comenzaba a sonreír con los ojos llenos de lágrimas de felicidad, mientras comenzaba a dejar salir una risa alegre-, iré por un médico –dijo con emoción levantándose cuando sintió el agarre de la mano pálida de la chica sujetando la suya.

-Espera…no te vayas –dijo con suplica y el muchacho volvió a sentarse.

-Nos preocupaste mucho –dijo acercándose tanto como pudo a la chica, quien se removió en la cama acercándose también al muchacho.

-Lamento escuchar eso –dijo mientras parecía intentar recordar-, no recuerdo exactamente que paso… ¿logramos completar la misión? –Takato sonrió mientras asentía-. Qué bueno, Leomon debe estar muy preocupado por mí, ¿Cómo está? –Takato titubeó al escuchar esa pregunta y apretó con más fuerza la mano de la chica.

-Hay mucho de lo que tenemos que hablar, pero ahora debes descansar –le dijo mientras con la mano libre le acariciaba la frente apartando algunos mechones de pelo que le cubrían el rostro. La chica asintió levantando su otro brazo para acariciar la mejilla de Takato que recibió la caricia con algo de nerviosismo.

-De acuerdo –dijo la chica casi en un susurro, mirando a los ojos al muchacho sin dejar de sonreír. Takato le devolvió la sonrisa algo incómodo.

-¿Qué…tienes? –preguntó.

-Nada, estoy bien –respondió dejando salir un pequeño suspiro-. Gracias Takato, por estar conmigo –le dijo mientras con su otra mano tomaba la otra mejilla del chico y lo jalaba hacia ella levantando un poco su cabeza tocando con sus labios los labios del chico que por la sorpresa no pudo hacer más que recibir aquel beso cálido y húmedo. Al separarse Juri volvió a apoyar la cabeza en la almohada sonriéndole a Takato antes de volver a cerrar los ojos.

Takato la miró con una expresión de incredulidad para después levantar la mirada viendo a Henri y a Rika en el marco de la puerta.

-No –dijo el chico moviendo la cabeza en forma de negación mientras que Henri se alejaba apretando los puños con paso firme. El chico miró a Rika que lo miraba también al mismo tiempo que apretaba con fuerza el pecho de su blusa negra de manga larga y sus ojos denotaban desconcierto y tristeza-. Rika no…

-Iré a buscar un médico para que revise a Juri –dijo alejándose inmediatamente.

Takato dejó su vista posada justo donde estaban antes parados sus amigos, para después ver a Juri que dormía con una sonrisa en el rostro. El muchacho se levantó de la silla caminando con los brazos en la cintura todavía con la expresión de incredulidad en el rostro. Suspiró llevándose las manos a la cara, frotándosela y pasándolas por su cabello.

-Increíble Takato, lograste complicar las cosas aún más –se dijo en voz alta.


Henri caminaba con grandes zancadas por los pasillos rumbo a la salida y con la intención de cruzar el portal a la mansión, se sentía lleno de furia. Al llegar hasta la sala de espera. Guilmon Renamon y Terriermon lo miraron curiosos.

-¿Qué ocurre Henri? –preguntó Terriermon.

-Nos vamos –dijo el chico con tono severo sin detenerse. Terriermon miró al chico y a sus compañeros con preocupación para después saltar sobre el hombro del muchacho cuando este cruzaba las puertas del ala médica.

Avanzaron sin hablar por el pasillo hasta ver a Kouta y Kotemon caminando hacia ellos.

-¡Ey! ¿Cómo están? ¿Cómo esta Juri? –preguntó Kouta con buen ánimo.

-Esta excelente, no te preocupes, Takato la cuida –dijo sin detenerse. Aquella respuesta brusca le pareció extraña al chico que de inmediato lo siguió.

-¿Pasa algo? –preguntó.

-Nada –le contesto Henri que seguía caminando sin detenerse.

Mientras avanzaban por un gran vestíbulo que conectaba con las distintas áreas de la base militar escucharon un ajetreó y vieron por uno de los ventanales descender una nave especial hacia la cual varios miembros del equipo médico se aproximaron. Kouta al igual que muchas otras personas intentaba ver hasta que un militar joven paso junto a ellos y el muchacho mayor lo detuvo tomándolo por el hombro.

-¿Qué ha pasado? –preguntó.

-El emperador. Atacó un puesto militar en construcción cerca de un pueblo al este oeste de aquí, trajeron a los heridos para acá –dijo de manera rápida y lo más claro posible para después volver a correr a donde los demás.

Kouta sintió coraje al escuchar eso y luego miró a Henri, quien parecía igualmente invadido por la furia.

- Creo que ya llegó el momento de que responda por lo que ha hecho –dijo Henri volviendo a encaminarse rumbo al portal al mundo real.

-Espera, ¡Henri! –le gritó Kouta sin lograr que el muchacho se detuviera.

Mansión Riuga, Odaiba, en Japón, la Tierra

Junio 22 de 2085

Taichi se encontraba en la parte trasera de la mansión, lavando los ventanales de la misma. Dado que él y Matt habían estado fuera el último mes, ambos habían sido informados de que tendrían que hacer bastantes labores domésticas en la mansión para quedar a mano con los otros integrantes de la misma. Por lo que se día desde temprano el castaño junto con Agumon habían tenido que aspirar los tapetes de los pasillos de los pisos superiores, donde se repartían las habitaciones de los Tamers, mientras Matt y Gabumon hacían la limpieza de los salones en los mismos pisos que ocupaban para tomar clases, y una sala de proyecciones donde acostumbraban ver películas (cosa de la que el castaño apenas se había enterado ese mismo día). Ahora el rubio y su compañero barrían y trapeaban todo el primer piso mientras él se encargaba de los ventanales y Agumon se las ingeniaba lo mejor que podía como jardinero de los rosales y las plantas en el quisco. Al muchacho castaño le generaba gracia ver al digimon con un gran sombrero de paja en la cabeza manipular unas enormes tijeras tratando de decidir que ramas cortar. Volvió su vista a los cristales secando uno en el que después vio su reflejo, mirando su cara sucia y su cabello alborotado, el cual comenzó a peinar (o intentaba hacerlo) pensando en que esa noche tendría una cena especial con Mimi.

En ese momento Hikari salió por la puerta trasera de la mansión llevando consigo una bandeja sobre la cual había una jarra de limonada y un par de vasos. La chica miró a Agumon que seguía indeciso sobre que cortar.

-Más vale que no cortes eso o Sora te matara –le advirtió la chica aumentando los nervios del digimon. Tai dejó su labor de intentar dominar su cabello al ver a la chica que le sonrió mientras dejaba la bandeja en una mesa cerca de ahí-. Costó mucho convencer a Charles y a los demás de usar este espacio como un patio trasero normal en lugar de como un campo de entrenamiento, pero valió la pena, ¿no crees? –le preguntó.

-Sí, eso creo –dijo el chico acercándose para tomar algo de limonada. La chica lo miró y vio su cabello formando un exagerado tupe.

-Ah… Tai –le dijo señalándole el cabello, el chico comenzó a aplastárselo con la mano pero la castaña lo detuvo, usando sus propias manos para ordenar un poco su cabello-, creo que te quedaría mejor un peinado menos…extravagante.

-Si te soy sincero no muchas veces intento peinar mi cabello.

-Créeme, lo sé –le dijo la chica con tono de burla y el castaño sonrió divertido.

-Eres cruel –le dijo.

-No tanto –aseguro la chica-. Así está mejor –dijo y el muchacho se acercó al cristal de la ventana para verse el cabello alborotado peinado hacia atrás.

-¿Crees que debería cortarme el pelo? –preguntó con algo de timidez.

-¿Y ese interés tan repentino en tu cabello? –preguntó la chica. Tai enmudeció algo apenado sin saber que decir.

-Tai tendrá una cena especial con Mimi esta noche, y desde ayer esta obsesionado con su cabello –dijo el Agumon sin reparo. Tai con gran velocidad se acercó al digimon dándole un fuerte coscorrón en la cabeza.

-Cállate Agumon –le dijo con tono severo mientras Hikari sonreía divertida por la escena.

-Pues si de eso se trata tal vez puedo ayudarte –le dijo la chica y Tai la miró con curiosidad.

-¿De verdad? –le preguntó. Ella asintió.

-He ayudado a Davis en ocasiones similares un par de veces, y a Joe últimamente le he dado uno que otro consejo de moda para sus citas con Rika, se pone bastante nervioso, yo siempre le digo que lo más importante cuando estas en una cita es la confianza, y creo que a ti también te vendría bien pensar en eso –le explicó. Tai sonrió agradecido con la chica, y también agradecido de poder compartir ese momento con ella.

-Y tú… -dijo sin saber muy bien como formular la pregunta-, ¿pides consejos a alguien para…para cuando sales en una cita? –finalizó la pregunta sintiéndose bastante nervioso y sin estar seguro de si era correcto o no preguntar eso. La chica meditó un poco la pregunta.

-Creo que…no, supongo que salir con chicos todo el tiempo me ha ayudado a no ponerme nerviosa cuando estoy cerca de alguien que me interesa en serio.

-… ¿Qué?... –Tai parecía bastante sorprendido. ¿Salir con chicos todo el tiempo? ¿Alguien que le interesara en serio?

-Creo que soy alguien popular entre los chicos –dijo algo apenada-, es bueno, siempre que sepas ponerles limites –dijo con seriedad y Tai asintió.

-Sí, lo mejor es que les pongas limites, que seas inflexible, y que no te dejes manipular por ningún imbécil –le dijo con tono serio.

-Tranquilo, todo eso ya lo sé, además siempre tengo a Gatomon para protegerme si alguno quiere propasarse.

-¿Se han…intentado propasar? –Dijo algo incrédulo el muchacho-, exactamente, ¿Cuántas veces…y quienes…? –pregunto algo tenso, lo que para Hikari fue divertido.

-Relájate, no ha pasado nada –dijo con tranquilidad-, nunca si no lo permito –Tai suspiró boquiabierto incapaz de decir palabra alguna, mientras caminaba con las piernas temblorosas hasta una silla sobre la que se dejó caer-, ¿estás bien? –le preguntó Hikari.

-Sí, solo necesito sentarme, sentarme un poquito estaré bien, no pasa nada –decía deprisa mientras se aferraba a la silla- todo tranquilo, es un mundo feliz el sol brilla ¿no tienes novio verdad? –preguntó con temor el muchacho. Hikari se sorprendió con esa pregunta.

-Pues…

Los gritos en el interior de la mansión los interrumpieron y los hicieron encaminarse hacia el interior de la misma.

-¡Henri espera! Aun no tenemos nada seguro–exclamó Kouta mientras el chico caminaba por el pasillo lateral a las escaleras hasta el vestíbulo y de ahí se asomaba hasta la sala, en la cual se encontraban Joe y Sora con algunos libros sobre la mesa.

-¿Qué pasa? –preguntó Joe.

-¿Dónde está? –preguntó con voz severa Henri.

-¿Dónde está quién? –lo cuestionó Sora.

-¿Dónde está Ken Ichijouji? –preguntó con brusquedad mientras al lugar llegaban Taichi y Hikari.

-Salió esta mañana, ¿por…?

-Por supuesto –dijo mientras se dirigía a las escaleras.

-¡Carajo! ¡Henri! –exclamó Kouta bastante desesperado mientras lo seguía.

Mientras subían las escaleras se toparon con Matt y Gabumon que se apartaron para dejarlos subir.

-¿Dónde está la habitación de Ken? –preguntó con un grito a quienes iban con él.

-¿Qué? –preguntó Matt mirando a Tai que pasaba justo a su lado en ese momento.

-Problemas –le dijo.

-¿Dónde está la habitación de Ken? –volvió a preguntar.

-Tercer piso, última puerta de la derecha, da hacia el jardín frontal –explicó Matt mientras seguían subiendo.

Llegaron hasta el tercer piso y caminaron hasta la puerta de la habitación. Henri intento abrirla pero la puerta estaba cerrada con seguro, se preparó para patearla pero antes de hacerlo Tai lo detuvo sujetándolo del hombro.

-Cálmate, primero dinos que sucede –le exigió Taichi.

-Esta mañana atacaron un puesto militar y Ken no estaba en la mansión, ¿coincidencia? No lo creo –dijo soltándose del agarre del castaño y dándole una fuerte patada a la puerta que se rompió al instante. El chico entró ante las miradas incrédulas de Tamers y digimons.

-¡Eso no justifica que andes pateando puertas a lo loco! –le reclamó Tai mientras el chico echaba un vistazo superficial a la habitación. No había nada anormal. La cama que compartía con Wormon estaba pegada a la pared, justo debajo de la ventana, y enfrente de ella un mueble de madera. A un lado de la cama había una mesa con una computadora portátil sobre ella y debajo de la cama se podía ver un baúl.

El resto del grupo entro detrás de Henri quien comenzó a hurgar en los cajones del muchacho arrojando libros, libretas, bolígrafos y tanto como encontraba hasta que optó por mejor sacar cajón por cajón volteándolos regando su contenido por todos lados.

-¡Hey! –Le dijo Matt tomándole la mano-, ya basta, nada justifica que hagas esto –le reclamó. Henri se soltó con brusquedad del agarre de Matt y lo apartó igual que al resto para sacar el baúl debajo de la cama.

Kouta mientras tanto vio el ropero pegado a la pared, justo al lado de la puerta de entrada y frente a la puerta del baño del chico, aparentemente con la intención de revisarlo.

-Ni se te ocurra –le dijo Tai, quien veía toda esa escena como algo terrible.

Henri mientras tanto trataba de abrir el candado del baúl sin obtener resultados.

-Terriermon dispárale –le pidió a su compañero.

-¡No! –exclamaron los demás, humanos y Tamers.

-Ok, oficialmente no estás en condiciones de discernir tus propias acciones –le reclamó Matt.

-Terriermon hazlo –insistió Henri haciendo sentir al digimon contrariado.

-Terriermon no lo hagas –dijo Tai-, Henri ya basta, no sé qué mosco te pico pero…

-¡Terriermon! –exclamó el chico y el digimon respondió lanzando un disparo al baúl que generó una explosión que resonó en todo el piso y llego hasta la parte baja de la mansión.

La habitación se llenó de humo y los chicos y digimons se encontraban en el suelo.

-Se acabó, te pondré bajo arresto –dijo Matt entre toses. Henri no le hizo caso y comenzó a buscar en el baúl.

-Henri, esto es absurdo –le dijo Tai-, ya sabes que no hay pruebas contundentes de que Ken sea un traidor –el muchacho rebuscó en el baúl hasta encontrar algo y entonces se detuvo, sacando algo que ninguno logro ver hasta que el chico se dio la vuelta mostrando lo que cargaba.

-¿Y qué me dices de esto? –lo cuestionó cargando con una mano una especie de traje con una capa integrada y con la otra la mitad inferior de una mascara blanca. Los tres Tamers y los digimons contemplaron aquello boquiabierto.

-Debe haber alguna explicación –dijo Tai aunque por su tono nadie sintió que el chico lo dijera convencido de ello.

- Esto, no tiene explicación, y lo sabes Tai –le dijo el muchacho bajando los brazos.

Unos pasos apresurados en el pasillo los hicieron voltear hacia la puerta, para ver a Ken llegar y ver su puerta rota y el humo saliendo de su habitación.

-Que esta... ¿Qué hicieron en mi habitación? –dijo con rabia el chico mientras Wormon se paraba sobre su hombro y veía el desastre sorprendido y preocupado. El chico miró enfadado a Henri quien levanto el traje negro con bordados amarillos y la máscara rota.

-Tienes problemas más grandes que una puerta y una habitación llena de humo imbécil –le espetó Kouta dando un paso apresuradamente hacia Ken justo antes de que Tai lo detuviera poniendo su mano sobre el pecho del chico.

-Alto todos –dijo con calma el castaño-, será mejor que tengas una muy buena explicación para esto.

Ken miró el marco de su puerta, para después recargar una mano en el.

-No es tan simple –dijo negando con la cabeza.

-Déjame hacerlo más fácil –dijo Matt sacando un arma de la cartuchera oculta bajo su camisa.

-Mat –dijo Tai bajando la mano del rubio mientras que Kouta también le apuntaba al chico con otra arma similar. Ambas eran modelos Scully E919-, Kouta, ¡Carajo cálmense todos! –Dijo el castaño intentando mantener detrás a los tres chicos y a los digimons que también permanecían en espera de un enfrentamiento- ¿Qué significa todo esto Ken?

-¡Aunque les explique no lo entenderían! –Dijo con enfado el muchacho-, ustedes solo estorban.

-Hijo de puta, por tu culpa Juri casi muere –le espetó Henri tratando de pasar a Tai que lo empujaba hacia atrás con el codo.

-¡No entienden nada! ¡Por eso es mejor que no se entrometan! –les grito.

-Idiota, ya no harás nada más –le aseguró Kouta.

-Me temo que no puedo permitir eso –dijo el chico con semblante serio, mientras con la mano que seguía teniendo recargada en el marco de la puerta presionaba un par de interruptores que había instalado ahí, y que al ser accionados activaron una trampa oculta en el ropero a un lado del chico, justo de frente a los Tamers y digimons.

Del ropero salió disparada una red dotada de varios ganchos que se incrustaron en la pared detrás de los chicos después de envolverlos por completo. Ken emprendió la carrera apenas vio a los chicos envueltos en la red entre quejidos y amenazas al chico. Un disparo se produjo del arma de Matt el cual llegó hasta la ventana sin dañar a nadie.

-¡Carajo! ¡Nadie dispare! –dijo Tai intentando liberarse de la red.

-Bien hecho genio, ¡Ya lo teníamos! –se quejó Kouta.

Ken bajaba las escaleras a toda velocidad con Wormon aferrado a su hombro. Frente a la puerta de entrada se encontraban varios de los Tamers.

-¿Qué diablos sucede? –preguntó Joe mientras veía al chico bajar los escalones a toda prisa. Ken no dijo nada y trato de llegar hasta la puerta de entrada esquivando a los chicos, los digimons, y las preguntas de los mismos.

-¡Hey! –Dijo T.K. sujetándolo de la muñeca-, ¿Qué está pasando? –le preguntó. Ken dirigió una mirada rápida a la escalera que acababa de bajar y después le dio un fuerte puñetazo en la cara al rubio derribándolo y liberándose al instante. El chico abrió y cerró la puerta con rapidez para después indicarle a Wormon que la cubriera con su telaraña, orden que el digimon acató de inmediato mientras el chico continuaba corriendo hasta salir del terreno de la mansión.

T.K. se levantaba del suelo ayudado por Sora y Mimi en el momento justo en que Tai y los demás bajaban las escaleras.

-¿Alguien puede explicarme que está pasando aquí? –pidió Joe mientras Tai se dirigía directamente a la puerta doble de la entrada intentando abrirla.

-¡Carajo! Atoró la puerta –dijo retrocediendo un poco mirando uno de los vitrales laterales de la puerta, para después dirigirse a la cocina.

-¿Alguien puede respondernos algo? ¡Lo que sea! –se quejó Sora que seguía junto a T.K. Matt se acercó al notar que el chico sangraba por un corte en el labio. Revisó la herida del chico un poco preocupado para después dirigirse a todo el grupo.

-Ken era un traidor, él era es el Emperador de los digimons, lo descubrimos y nos atacó –dijo el rubio ante las miradas incrédulas de los demás.

-¿Es broma? –preguntó Yolei, con más incredulidad que el resto. Matt negó con la cabeza-, tiene que ser una broma, ¡No es posible! –exclamó molesta. Henri se acercó a ella mostrándole el traje y la máscara.

-No lo es, es la verdad, Ichijouji era un traidor –dijo mientras la chica tomaba la máscara rota mirándola al borde de las lágrimas.

-Ken… -dijo en un ligero susurro mientras algunas lágrimas resbalaban por su rostro. Hikari se acercó a ella tomándola de los hombros.

Mientras tanto Tai regreso de la cocina cargando una silla la cual arrojó hacia el vitral a un lado de la puerta despedazándolo por completo. Se acercó al marco derribando los últimos vidrios con el pie para después salir de la mansión acompañado por Agumon.

Juntos corrieron por el jardín frontal de la mansión buscando al chico sin poder encontrarlo, pero al acercarse al límite del terreno Tai alcanzó a distinguir el sonido de una motocicleta alejándose.

-Maldición –dijo el chico recuperando el aliento-, ¿sería mucho pedir que te conviertas en MetalGreymon en este momento? –le preguntó a Agumon.

-¿Tú que crees? –le dijo mientras el también trataba de recuperar el aliento.

Al lugar llegaron Gabumon y Matt que se pararon junto al chico.

-¿Escapó? –pregunto Matt.

-Así es –le confirmo Tai.

-Maldita sea –dijo el rubio pateando el pasto con frustración. Tai negó con la cabeza.

-Tenemos problemas peores que ese –le dijo y el rubio lo miro incrédulo.

-¿De qué hablas? –Tai señaló hacia la mansión, fuera de la cual se comenzaban a reunir los chicos mirando la puerta bloqueada por la telaraña de Wormon y platicando entre ellos, los gritos de Kouta y Yolei llegaban bastante claros.

-Cuando en un equipo sus miembros no pueden confiar entre ellos, entonces no hay un equipo –dijo Tai visiblemente preocupado-, sin unidad no hay fuerza.


En el próximo capítulo…

-Se nota que planeó esto con tiempo.

-Quizá no sea seguro hablar en la mansión por ahora.

-Hay que tenderle una trampa.

-¡Funciono una vez, puede funcionar otra vez!

-Era nuestro amigo, ¿Por qué hace esto?

-Debemos detenerlo antes de que sea tarde…antes de que haga algo irremediable.


Un par de veces atrás me han comentado que tener tantos personajes hace que la historia se complique de más, y justamente hoy otra persona me comentaba algo similar. Pues si, utilizar tantos personajes y pretender crear situaciones que sean particulares de estos personajes vuelve todo muy complicado, pero al mismo tiempo es algo que me gusta, sentir que la historia no se centra en un personaje o dos, me hace pensar que es todo un mundo, y aunque el protagonista es Taichi, y la pareja del protagonista es Mimi, pienso que hay más historias aparte de esta que contar, y disfruto de las situaciones que se van generando, ojala que a ustedes también les guste.

Hasta la próxima, espero que se hayan divertido.