Capitulo XIII

"Bataille"

Región boscosa hacia el sur de Sarvar, en el digimundo

Junio 25 del 2085

Tai miraba por la ventanilla del vehículo en que viajaba junto con Agumon, Matt Gabumon, Henri y Terriermon en la parte trasera mientras que en los asientos de adelante estaban Ryo como conductor y Monodramon como copiloto. Por la ventanilla el joven castaño podía ver a Kouta viajando junto a su fiel compañero Kotemon en una motocicleta. Los cinco chicos vestían trajes tácticos de combate de estilo camuflaje color verde y llevaban cada uno un arma lista para usarse. Kouta llevaba en una funda atada con una correa el arco plegable que recién había recibido y el carcaj con flechas en la espalda, Taichi revisó el cargador de su colt M1911C antes de meterlo en la empuñadura del arma mientras que Matt recargaba su escopeta y Henri seguía mirando con detenimiento la Scully E919 cómo estudiándola con la mirada, preguntándose si los cursos intensivos de cómo apuntar y disparar del día anterior serían suficiente para usarla, más valía que sí.

-¿Cuánto falta para llegar al punto sin retorno? -escucharon preguntar a Kouta por los audífonos especiales que llevaban cada uno (incluyendo a los digimons) en el oído.

-Menos de un kilómetro, y ya te dije que dejes de decirle así, me pones nervioso -contestó Ryo de no muy buen humor-, nos detendremos ahí para hacer la digievolucion de Monodramon y Kotemon antes de entrar al rango de alcance de las torres, Tai y Matt podrán realizarla después de todos modos, y tú Henri lo harás en cuanto Joe e Izzy desactiven la torre.

-Aun no entiendo por qué no podemos realizar la digievolucion junto con ustedes -se quejó el muchacho como había hecho ya un par de veces durante el viaje y la planeación de la misión.

-De por sí ya nos estamos arriesgando bastante llevando a dos digimons en nivel de campeón con nosotros, se supone que hacemos esto de manera discreta, ya te lo explicamos -dijo Ryo con voz monótona.

-Si ya suponemos que Ken nos está esperando no se en que influya que sean tres digimons en nivel de campeón -se quejó el chico.

-No podemos arriesgarnos a que se sienta intimidado por tres campeones y dos digimons que pueden alcanzar el nivel sin dificultad -explicó Matt-, si se siente en desventaja podría intentar escapar y adiós al plan para capturarlo.

-Recuerden, solo vamos a capturarlo, no a dañarlo -dijo Tai con seriedad.

-A menos de que el intente dañarnos a nosotros -reiteró Ryo recordándoles esa parte del plan-, dios quiera que lo intente -susurró con tono malicioso.

Tai le dirigió una dura mirada al muchacho mientras este detenía el vehículo.

-Listo, preparen todo, entraremos a territorio hostil.

Matt descendió primero, seguido por Gabumon y Terriermon y Henri. Kouta y Kotemon se detuvieron a un lado del vehículo en que habían viajado desde la base militar cerca de Ínai Rem hasta ahí. El muchacho de largo cabello negro atado en una coleta tomo el digivice provocando la digievolucion de Kotemon a Dinohyumon, el digimon dragón humanoide de piel verde y vestimenta tribal, equipado con un par de cuchillas en los antebrazos y dos largas y afiladas espadas en su espalda. Monodramon de inmediato se iluminó gracias al digivice en manos de Ryo y digievolucionó adquiriendo una forma de dragón de largas extremidades y cola, con protecciones metálicas en los hombros, la punta de la cola, las palmas de sus manos con tres dedos que terminaban en afiladas y largas garras y en los pies de los que igualmente nacían dos dedos de afiladas garras al frente y uno atrás, y su cabeza también estaba cubierta por un casco metálico con un cuerno semejante a una cuchilla afilada.

-Tiempo sin vernos amigo -dijo Ryo parándose de frente al digimon.

Tai seguía en el interior del vehículo, con el casco del traje táctico sobre su regazo y Agumon a su lado, ajustándose un par de guantes adaptados para su uso que le había proporcionado al igual que a Gabumon.

-Listo -dijo haciendo volver a Tai a la realidad. El castaño sacudió la cabeza y luego le sonrió a Agumon.

-Bien amigo, hagámoslo entonces -dicho esto el muchacho abrió la puerta y bajó del vehículo.

Levantó una mano para cubrirse de la luz del sol mientras se adaptaba a la misma y hecho un vistazo rápido a su alrededor, mirando la extensa planicie que acababan de atravesar y el bosque de árboles altos y separados entre ellos que tenían en frente. El espacio era suficiente para atravesarlo aún sobre el vehículo, como estaba planeado.

Matt miró al castaño mientras se ponía el casco similar al del muchacho en la cabeza.

-Oye, aquí se termina -le dijo poniendo su mano sobre el hombro del chico.

-Sí, lo sé, solo pensaba -dijo algo contrariado, en todo eso había algo que no le gustaba y no tenía que ver solo con el asunto de que Ken fuera un traidor. Matt lo miraba como esperando a que agregara algo más, cosa que Taichi notó-, una vez que todo esto acabe, ¿Qué sucederá? -Matt lo miró sorprendido.

-Bueno...no lo sé, supongo que todos tendremos cosas que hacer, lugares a los cuales ir, a los cuales regresar.

-Regresar -repitió Tai en voz baja.

-Sí, yo regresaré a la división militar, esta vez por completo, supongo -dijo poniendo una mirada similar a la de Tai en ese momento.

De lejos Kouta notó el comportamiento de los chicos, pero antes de acercarse a ellos Henri lo detuvo sujetándolo del hombro y negando con la cabeza dándole a entender que los dejara solos un momento.

Matt por su parte parecía inmerso en sus pensamientos con respecto a la división militar y pertenencia o permanencia en la mansión que los últimos días le habían demostrado que seguía habiendo un lugar donde podía estar, al cual podía regresar, similar al caso de Taichi, quien seguía cuestionándose a sí mismo, ¿Qué era eso de tener un lugar al cual regresar?

-Bueno, hagamos esto, o no habrá un después -dijo Matt. Tai asintió mientras se colocaba el casco y lo ajustaba bien-, a partir de aquí será más complicado.

Los Tamers volvieron al vehículo, esta vez con Henri como copiloto de Ryo y Tai, Matt, Gabumon y Agumon en la parte exterior del vehículo, a modo de guardias. Kouta hizo una seña con la mano y aceleró en su motocicleta internándose en el bosque, mientras Dinohyumon lo seguía moviéndose ágilmente por los árboles y Strikedramon se quedaba junto al vehículo.

-Cuento con ustedes chicos -dijo Ryo mientras comenzaba a acelerar.

Taichi y Matt se mantuvieron atentos mientras seguían avanzando por el bosque, desplazándose a poca velocidad y escuchando cada tanto el sonido de la motocicleta de Kouta quien parecía estar recorriendo varios puntos buscando algo.

Cada cierta distancia recorrida Tai miraba en los alrededores pequeñas cabañas al ras del suelo o sobre los árboles, las cuales por lo que se lograba percibir estaban vacías. Abandonadas era una palabra más correcta, según juzgaba Tai quien cada vez parecía más nervioso.

-Estamos cerca del punto justo de la emisión del mensaje -escucharon decir a Ryo- Kouta, ¿Vez algo?

-Carajo... no van a creer esto.

-¿De qué hablas? -preguntó Matt desconcertado y apretando con más fuerza la escopeta en sus manos.

-Están a punto de llegar, verán en cuanto comiencen a descender esa colina, no les quiero arruinar la sorpresa -les dijo el chico y Tai y Matt se miraron uno al otro, para después girarse hacia el frente justo a tiempo para ver cómo frente a ellos se alzaba una gran construcción.

Frente a ellos, bajando una pequeña colina estaba un coliseo, situado en el centro justo del bosque. Siguieron acercándose hasta llegar a un par de metros de distancia de la construcción, donde Kouta se reunió con ellos llegando en la motocicleta y bajando de ella para reunirse con los demás. Tai y Matt saltaron de la parte trasera del jeep militar junto con sus compañeros, aterrizando sobre la espesa hierva medio seca que les llegaba hasta las rodillas, y Ryo y Henri, quien cargaba a Terriermon, no tardaron en reunirse con ellos.

-es más grande de lo que había pensado-dijo Kouta dándole un largo vistazo a la construcción cuyas paredes debían tener unos veinte metros de altura-. Así que aquí es donde planea destruirnos –el chico se puso las manos en la cintura.

-¿Puedes tomarlo con algo de seriedad? -le reclamó Ryo-. Supongo que ya revisaste todo el perímetro.

-Por supuesto, y no hay señales de la presencia de ningún enemigo, parece que este lugar está abandonado -dijo el muchacho con expresión que hacía pensar que estaba meditando las cosas-, tal vez en realidad no era una trampa, tal vez de verdad no tomo las medidas necesarias para preservar su ubicación oculta porque era solo un punto al azar y porque se movería de inmediato -dijo el muchacho encontrando aquella idea bastante lógica.

-Tal vez, pero lo mejor es no bajar la guardia pese a nada -puntualizó Tai mientras quitaba el seguro de su arma y la empuñaba con ambas manos-, revisemos el interior -dijo mirando la entrada del coliseo; una especie de túnel que se extendía hacia el centro del lugar, o al menos eso pensaba-. Kouta, ¿Hay alguna otra entrada?

-Dos en realidad -dijo mientras sacaba y extendía su nuevo arco.

-Separémonos, Ryo y Kouta, por la derecha, Henri y Terriermon, con Matt y Gabumon por la Izquierda, Agumon y yo iremos por aquí -señaló la primer entrada.

-¿Estarás bien solo? -le preguntó Kouta mientras emprendía el camino junto a Ryo, y del otro lado Matt y Henri comenzaban a avanzar seguidos por Gabumon y Terriermon.

-Siempre estoy bien, y nunca estoy solo, Agumon cuida mi espalda y yo la suya -le respondió con confianza en sí mismo.

Los tres grupos avanzaron. Taichi y Agumon se adentraron en el túnel poco iluminado. Por una extensión de diez metros el camino era único, para después adquirir varias ramificaciones que se extendían por el interior de la estructura. Agumon y Tai avanzaron hasta casi el final del túnel, pegados a la pared, uno frente al otro y asegurándose de que cada corredor estuviera vacío, tal y como habían aprendido en anteriores expediciones como esa. Frente a ambos estaba el extenso y plano campo de tierra del coliseo, en cuyo centro se alzaba la torre negra que sabían estaba en ese lugar. Permanecieron ocultos en la sombra mirando desde ahí. Tai extrajo de uno de sus bolsillos un pequeño telescopio con el que comenzó a revisar el área. El telescopio brindaba información sobre el terreno y cada detalle además de poder hacer acercamientos y capturas de imagen.

-Igual que Ironman -susurró Taichi terminando la tarea de revisar el lugar. Se guardó el telescopio nuevamente en el bolsillo y se recargo en el muro ocultándose detrás de un barril de madera, de frente a Agumon quien estaba detrás de un viejo baúl.

-El lugar parece estar abandonado, cuando menos en el centro no parece haber nada -dijo el chico echando otro vistazo al exterior.

-¿Ahora qué? -preguntó el digimon. Tai se estiró desde su posición intentando ver mejor el coliseo.

-Tú ve por el edificio, revisa el lugar, busca enemigos, yo saldré a ver mejor el lugar desde dentro.

-¿Estarás bien tu solo? -preguntó el digimon algo indeciso.

-¡Oye! No soy alguien que no pueda defenderse por sí mismo, lo sabes -dijo con un tono lleno de arrogancia, Agumon continuó mirándolo poco convencido-. Estaré bien compañero, confía en mi -dijo esta vez usando un tono más relajado y un poco suplicante. Agumon, cruzado de brazos agachó la mirada vencido.

-De acuerdo, yo revisaré el interior -dijo poniéndose de pie, al igual que el castaño, quien se desplazó con la espalda pegada a la pared con dirección al exterior, mientras que Agumon hacia un movimiento similar pero en dirección contraria.

Antes de que Agumon entrara por uno de los corredores y de que Tai saliera al terreno plano del coliseo se miraron una vez más, asintiendo en señal de confianza y apoyo. Después Agumon se adentró en el corredor, y Tai, con una expresión de temor en el rostro miró el exterior bañado por la luz del sol inclemente y finalmente salió.


Kouta y Ryo avanzaban de manera sigilosa por el exterior del coliseo, atentos a cualquier posible amenaza. Kouta llevaba preparado el arco con una flecha para atacar en cuanto viera alguna amenaza. Ambos se movían ocultándose detrás de los árboles que rodeaban la construcción de imponente tamaño hasta quedar frente al túnel de entrada al coliseo. Ryo y Kouta se agacharon mirando desde detrás de un par de árboles la entrada, el muchacho castaño con su rifle en las manos y el de pelo oscuro con el arco.

-¿Strikedramon y Dinohyumon estarán listos en cuanto los necesitemos? -preguntó Kouta echando un vistazo al bosque detrás de ellos.

-Necesitamos que así sea -le contesto Ryo levantándose del suelo y avanzando hacia el túnel, seguido por el muchacho arquero.


Henri encendió una linterna para iluminar el túnel por el cual entrarían, dado que en la parte donde este se situaba los árboles eran más altos, generando mayor sombra y por tanto oscureciendo toda esa parte, además de que el túnel parecía ir en descenso, como si terminara en algún punto subterráneo debajo del coliseo.

Henri se adentró en el túnel, con Terriermon en su espalda y Matt y Gabumon detrás de él, asegurándose de mantener u a vigilancia constante en la retaguardia. Para ninguno de los cuatro pasaba desapercibido el hecho de no encontrarse con ningún enemigo, Henri en ese justo momento comenzó a considerar lo que había dicho Kouta (respecto a lo de que quizá Ken ya se había marchado de ese lugar), y por más que eso significara que estaban seguros y que podían inclusive desactivar la torre de ese lugar sin problema alguno, la idea de desagradaba bastante, pues si estaba ahí era precisamente para enfrentarse al Emperador de los digimons y terminar con todo ese asunto. Ese era el objetivo desde un principio, ese era el único interés que debía mantenerlo ocupado, al menos se forzaba a pensar en ello, solo en ello, y vaciar su mente de cualquier otra preocupación, pues esas preocupaciones reducían sus capacidades analíticas, su mayor fuerte, y sabía que debía evitar que eso sucediera.

Terriermon notaba en todo momento la tensión en el rostro de su compañero y en los movimientos que denotaban algo de incomodidad, y esos mismos detalles lo hacían preocuparse.

-¿Que te tiene tan distraído? -le dijo en un susurro el digimon. Henri lo miró de reojo sin dejar de apuntar con la linterna en una mano el camino que había frente a ellos, y con la pistola en la otra preparado para lo que pudiera llegar a pasar.

-Al contrario, trato de mantenerme concentrado.

-No parece que esté funcionando -le dijo con el tono siempre tranquilo que poseía. Henri no contestó nada, pero para Terriermon a veces no era necesario tener una respuesta para entablar una conversación con su Tamer-. Debes tomarlo con más calma, o no podrás hacerlo, ¿Recuerdas?

-Debo mantenerme atento, debemos estar atentos, no hay tiempo para la calma Terriermon, entiende eso -Terriermon negó con la cabeza con una pequeña sonrisa en el rostro mientras los pequeños y cuidadosos pasos del grupo seguían sin cesar.

-Entre más te presiones para lograrlo más vas a bloquearte, es lo que tu papá te decía cuando jugaban ajedrez, ¿Recuerdas? Debes mantener la mente tranquila, en calma -Henri reaccionó ante aquello que el digimon le estaba haciendo recordar, deteniéndose un momento con Matt apuntando con la escopeta hacia la parte que ya habían recorrido del túnel.

-Momantai -dijo el chico esbozando una pequeña sonrisa.

-Momantai -repitió Terriermon, haciendo más grande la sonrisa de Henri.

-Bien, hagámoslo a tu modo -dijo y continuó avanzando.

Matt y Gabumon los siguieron, manteniéndose ajenos a la conversación que acababan de tener.

Avanzaron unos cuantos pasos más hasta dar con una reja, la cual cedió ante el ligero empuje de la mano de Henri, produciendo un rechinido agudo y dejándoles continuar su camino, un poco más adelante lograron ver que al final del corredor se encontraba una larga fila de celdas, las cuales se encontraban vacías como el resto del lugar. La línea de las celdas formaba un pasillo, el cual se extendía por ambos lados, por lo que el rubio pensó de inmediato en separarse del otro chico y de su compañero y continuar con la exploración, por tanto, sacó de uno de los bolsillos de su pantalón una linterna, la cual ajusto a la escopeta que llevaba y haciendo uso de señas con las manos le indicó a Henri que continuara en una dirección mientras el seguiría por la otra. El muchacho asintió y de inmediato siguió aventurándose por el lugar, solo acompañado por Terriermon ahora. Matt miró a su compañero, en la oscuridad lograba distinguir ligeramente sus ojos brillantes que lo miraban con algo de preocupación. Sabía que el digimon siempre procuraba protegerlo, y que ese era su mayor prioridad, incluso a veces a expensas de sí mismo, y comprendía ese comportamiento, después de todo él también se preocupaba por su compañero.

-Gabumon –le susurró mientras apuntaba con la linterna hacia el frente del camino que seguirían, el digimon no respondió, pero prestó su total atención a las palabras de su compañero-, después de esto… ¿Qué te parece si vamos de pesca tú y yo? –Matt no necesitaba mirar a su compañero para saber que este muy probablemente lo miraba sorprendido y a la vez emocionado.

-Claro –contestó con sencillez, y después ambos continuaron su camino.

Como ya Matt lo esperaba, todas las celdas estaban vacías, y por cómo se veían las cosas parecía que llevaban ya bastante tiempo así, sin embargo de cualquier manera el muchacho continuó avanzando hasta distinguir una ligera luz al final del corredor, donde este ya no daba lugar a celdas sino que era solo un ancho camino a oscuras que terminaba en una pared sólida que solo dejaba entrar una delgada línea de luz al ras del suelo.

Matt se apresuró a llegar a dicha pared palpándola y distinguiendo con el tacto que no se trataba de roca como el resto del túnel, sino que estaba hecha de metal.

-Es una puerta –dijo Matt-. Ya entiendo –dijo dando la vuelta, recargándose contra la puerta metálica y mirando el corredor por el que acababa de llegar-, debajo del coliseo está el calabozo donde encierran a los peleadores y los hacen salir al combate por esta puerta.

-¿Pero dónde están los peleadores? –preguntó Gabumon.

-No lo sé –dijo Matt desconcertado mientras se agachaba e intentaba ver algo a través de la pequeña rendija entre el suelo y la puerta, pero solo logró percibir la intensa luz del sol que se alzaba justo sobre el terreno plano del coliseo.

Por su parte, Henri al final del corredor había encontrado unas escaleras de caracol, las cuales comenzó a subir hasta llegar a otro corredor, el cual ya no estaba a oscuras, pues la luz del sol entraba con bastante libertad iluminando todo el lugar. Parecía ser un corredor que daba acceso a las gradas y el muchacho no pudo evitar pensar en cuanto sería el tiempo que aquel lugar llevaba sin que una batalla se realizara en él, y si al marcharse de ahí el lugar seguiría sin haber presenciado una batalla por cualquier ase fuera la cantidad de tiempo que llevaba así, abandonado.

Henri apagó la linterna con que se estaba apoyando en la parte baja que debía ser un calabozo y continuó su búsqueda. Comenzó a registrar un pasillo con ventanas que daban al exterior, desde las cuales pudo ver el bosque de clima templado que se alzaba alrededor del coliseo, consideró que eso representaba una muy buena ventaja si se quería usar ese lugar como fortaleza, podía mantener bien vigilados los alrededores y prepararse para un posible ataque, por lo que nuevamente no comprendió porque resultaba tan fácil adentrarse y registrar ese lugar. Siguió buscando alguna pista hasta que dio con una puerta, al comprobarla notó que no tenía seguro y se adentró en un cuarto amplio y oscuro. Con la luz que entraba por la puerta abierta pudo encontrar un apagador, el cual accionó encendiendo un foco que parpadeo un par de veces hasta iluminarse completamente y dejarle ver el interior de la habitación, la cual parecía una especie de oficina, llena de objetos varios, un par de mesas y un anaquel repleto hasta el tope de cajas de cartón, como las que comúnmente se utilizaban para guardar documentos. El chico y Terriermon comprobaron sus alrededores antes de adentrarse en la oficina y cerrar la puerta, para después comenzar a inspeccionar el lugar.

Terriermon saltó de la espalda de Henri y de inmediato comenzó a rebuscar entre las cosas que había regadas como el chico le había enseñado a hacer, mientras que el hizo lo mismo. Se trataba de un lugar lleno de objetos de diferente tipo, una especie de depósito de chatarra y cachivaches, pero que de todas maneras el muchacho no quería solo dejar pasar, y así se abrió paso hasta llegar a una mesa del fondo, sobre la cual estaban un montón de aparatos abiertos y conectados entre sí. Henri comenzó a buscar con la mirada hasta que encontró una laptop cerrada en medio de todo el caos de la mesa, la cual, contrario al resto de los aparatos ahí dispuestos, lucia en muy buen estado. El chico abrió la computadora y la encendió, percatándose de que funcionaba perfectamente, y se retiró el casco para ver mejor.

-Con esto emitió el mensaje –dijo comenzando a inspeccionar la información que el aparato contenía, mientras que al mismo tiempo Terriermon se dedicaba a buscar entre un montón de cajas ahí atiborradas.

Henri siguió husmeando en la información de la computadora sin encontrar nada relevante, hasta que dio con un par de programas y comandos que llamaron su atención, incluso llegó a reconocer algunas de las cosas que ahí veía, conocía esos programas, sabía para que se utilizaban.

-Puede ser usada de forma remota –dijo más para sí mismo que para compartirlo con su compañero quien seguía buscando-, ni siquiera necesitó estar aquí para mandar el mensaje - Henri sintió un sudor frio recorrerle la espalda.

-Henri –lo llamó Terriermon y el muchacho giró para ver lo que el digimon acababa de descubrir. Se trataba de un traje de color negro y una máscara blanca, similares a los que habían extraído del baúl en la habitación de Ken.

-Este lugar… lo usa o uso como su centro de operaciones –dijo algo agitado-, definitivamente quería atraernos, y definitivamente es una trampa –concluyó.

-Así es –escuchó una fría y seria voz detrás de él. El muchacho se dio rápidamente la vuelta, para ver como el anaquel repleto de cajas se inclinaba hacia el cayéndole encima, venciéndolo por el peso que poseía sin que pudiera evitarlo, Terriermon al ver a su compañero sepultado por las cajas, distinguió a Ken y a Wormon que habían estado ocultos detrás del anaquel y antes de poder atacarlos, la telaraña de Wormon comenzó a envolverlo hasta dejarlo dentro de un apretado capullo.

Ken Ichijouji al ver a Terriermon inmovilizado se aproximó a Henri, levantó el anaquel con la ayuda de Wormon y aparto algunas cosas para ver el rostro del chico inconsciente y con una ligera cortada en la frente. Se apresuró a inspeccionarlo arrebatándole la pistola que llevaba consigo y guardándosela debajo de una holgada camisa blanca de manga larga que visiblemente no era de su talla, al igual que los pantalones los cuales también eran demasiado grandes para alguien delgado como él.

El chico se puso de pie y Wormon escaló parándose sobre su hombro.

-Andando, queda trabajo por hacer –dijo mientras apagaba la luz de la habitación y salía dejando la puerta cerrada.


Frente a la primer entrada que los chicos habían encontrado del coliseo permanecían inmóviles la motocicleta de Kouta y el Jeep conducido por Ryo, del cual comenzaron a salir ligeros sonidos y ruidos muy sutiles hasta que un fuerte y seco sonido salió de la parte baja de dicho vehículo, para después dar lugar a que un muchacho cuyo rostro era cubierto por un casco y unas gafas de aviador se deslizara desde debajo del vehículo arrastrándose entre la hierba que lo cubría completamente. El chico portaba un traje de tono similar al de Tai y su grupo, y era seguido por un digimon cubierto con un traje hecho a la medida de tono similar al de él, y que servía para confundirse sutilmente entre la hierba. El muchacho llegó hasta la entrada al coliseo y justo ahí se detuvo, pegando la espalda en la pared del túnel y permaneciendo agachado, junto a él se posiciono el digimon, y no tardaron en acompañarlos otro chico, con un casco similar al del primero en la cabeza y en compañía de un digimon de cuerpo ovalado y grandes orejas que fungían como alas, igualmente cubierto con un traje que se adaptaba a la perfección a su cuerpo, y finalmente dos chicas, del casco de una de ellas se alcanzaban a asomar algunos mechones de cabello morado y su rostro estaba adornado por unas gafas redondas, la otra chica llevaba el cabello completamente cubierto por el casco, a ambas las acompañaban digimons que por su forma física debajo de los trajes de camuflaje se asemejaban a aves de gran tamaño. El grupo de ocho integrantes se acomodó en el túnel, permaneciendo agachados y mirándose unos a otro.

-¿Habrá funcionado? –preguntó T.K. en voz muy baja, casi inaudible. Una de las chicas del grupo, Sora Takenouchi, extrajo un pequeño aparato de uno de los bolsillos de su pantalón, revisando la pantalla para después dirigirle una mirada a su equipo.

-Los sensores no detectan cámaras ni micrófonos, es muy poco probable que nos esté vigilando, pero si lo hace, esperemos que esto lo haya despistado un poco.

-Taichi y los demás están bien –dijo Davis-, al menos no han dado la señal de alerta, quiere decir que están avanzando.

-Excelente, sigamos con el plan, nos dispersamos por los corredores y esperamos a que ataque, con suerte alguno de nosotros podrá permanecer oculto lo suficiente y tomarlo por sorpresa.

-Con suerte –dijo Yolei, quien parecía más dispersa que el resto del grupo.

-Recuerda cual es el plan –dijo Sora con una sonrisa un poco titubeante-, Tai y los demás son el señuelo, y nosotros, el otro señuelo –T.K. sonrió con desgano ante aquellas palabras sin agregar nada más


-No es eso lo que me molesta –respondió esforzándose por no denotar en su rostro los sentimientos que la embargaban.

Hawkmon tomó la mano de la chica intentando transmitirle algo de ánimo mientras que Sora agachó la mirada con pesar.

-Solo hagamos esto –dijo sin saber que más podía decir en esa situación-, solo démosle fin.

Después de esas palabras la chica pelirroja comenzó a avanzar, con sigilo, como le habían enseñado en entrenamientos anteriores y como también Matt le había instruido para que estuviera preparada si algún día debía hacer algo como eso: una infiltración sigilosa. El resto de los Tamers y digimons la siguieron, con la intensión de dividirse por los corredores que Tai había encontrado previamente, y que sabían que existían gracias a las cámaras que los chicos portaban en sus cascos y cuyas imágenes eran enviadas al aparato en manos de Sora.

La chica dirigía al equipo y uno a uno fue indicándoles que se adentraran por los corredores, no sin gran nerviosismo recorriéndole todo el cuerpo, pues sabía que cualquiera de ellos podía toparse con un enemigo, o con el mismo Ken, de quien no estaba segura de que esperar.

-Hora de iniciar el show –dijo Davis visiblemente emocionado aunque también algo nervioso antes de entrar por uno de los corredores. Sora lo detuvo tomándolo por el hombro, el chico miró a su compañera algo desconcertado. Ella parecía deseosa de decir algo pero las palabras no salían de su boca. Davis le sonrió con galantería, subiendo con sutileza su mano para acariciarle una mejilla a la chica.

-Estaré bien, preocúpate por ti –le dijo guiñándole un ojo y desapareciendo dentro del corredor.

Sora suspiró asintiendo. Debía mantenerse concentrada en la misión.

Davis por su parte siguió su camino por el corredor encontrándose con una escalera que lo llevó a un nivel superior, y de ese se desplazó a otro. Vio la luz del día entrar por los caminos que se dirigían a las gradas y dio un paso en esa dirección justo antes de escuchar algo detrás de él y girarse con rapidez. El y Veemon permanecieron quietos, atentos a cualquier sonido que pudiera delatar la ubicación de alguien al asecho. Por un instante lo único que Davis podía percibir era su propio y fuerte pulso, mientras seguía apuntando con su arma hacia el corredor vacío en dirección contraria a las gradas. El muchacho miró a Veemon y este le regreso la mirada con algo de pesar, como pidiéndole no hacer lo se estaba planteando, pero el chico confió con confianza mientras comenzaba a avanzar por el corredor desierto, hasta llegar al punto donde este se conectaba con otro y al asomarse alcanzar a distinguir un rápido movimiento de alguien que parecía ocultarse y estar al asecho.

-Está aquí –susurró para después avanzar apresuradamente hacia el final del corredor donde había visto algo moverse.

T.K. y Patamon transitaban por otro corredor con amplios tragaluces de cristal grueso que iluminaban todo bastante bien. El corredor que habían tomado los llevó hasta una escalera de piedra y de ahí a un corredor que conectaba con ese lugar, semejante a un gran salón, completamente vacío, cuyo techo irregular parecía ser la prueba de que estaban justo debajo de las gradas del exterior.

-Esto parece un maldito laberinto –dijo mientras se retiraba el casco y sacudía un poco su cabellera rubia impregnada de sudor.

-No deberías quitártelo –le sugirió Patamon.

-Tranquilo, no creo que algo pueda tomarnos por sorpresa aquí, además hicimos la mitad de este viaje en la parte de abajo del Jeep, tengo calor y estoy algo engarrotado, si pudiera me quitaría todo este incomodo traje –dijo estirando un poco los brazos y liberando los broches de sus guantes. Patamon lo miraba con preocupación mientras el chico doblaba la espalda poniendo sus manos en su cintura y palpando en ella el arma que llevaba, al igual que el resto de sus compañeros.

Al tocar con las yemas de los dedos el metal tibio del arma se sobresaltó un poco, había olvidado que la llevaba. El chico dejó el casco en el suelo y al levantarse libero el broche que mantenía el arma en su sitio y la miró un momento. No era la primera vez que utilizaba un traje táctico de combate, pero si la primera que llevaba una pistolera con un arma cargada, que si bien solo llevaba balas de descargas paralizantes no dejaba de ser un arma.

En realidad, si no fuera por la instancia de su hermano él ni siquiera llevaría la pistola consigo, algo en el sentía que no estaba bien el mero hecho de llevarla, independientemente de si llegaba a necesitar el utilizarla más adelante, pero quizá, como su hermano le había estado intentando hacer ver, portarla fuera la diferencia entre completar con éxito la misión y fracasar.

Patamon aterrizó sobre su hombro algo preocupado, y el chico le sonrió mientras le hacia una pequeña caricia en la cabeza.

-A ti tampoco te gustan estas cosas, ¿verdad? –Patamon negó con la cabeza.

-Quisiera que no tuvieras que pasar por todo esto –le dijo Patamon-, si no nos hubiéramos conocido, tu podrías ser un chico normal, tener una vida tranquila y salir con tu novia en lugar de estar aquí –dijo con pesar el pequeño ser.

-¿De qué hablas Patamon? –Dijo el chico para intentar animarlo-, si tener una vida tranquila implica el no conocerte y estar contigo entonces no lo quiero –Patamon sonrió emocionado con esas palabras-, además si estamos aquí ahora es porque con cada misión que hacemos ayudamos a que el futuro sea más agradable, ¿recuerdas? Los digimons y los humanos, viviendo en armonía, en verdadera unión -Patamon asintió dándole la razón al chico.

Un fuerte estruendo proveniente de un corredor al final del salón donde estaban y que hizo eco por todo el lugar vacío rompió la calma y calidez del momento. T.K. se lanzó en dirección a aquel ruido con Patamon sobrevolando cerca de él. El muchacho giró a toda velocidad para pasar al corredor con su arma en mano, pero al dar vuelta fue recibido por un golpe directo en la cara que lo derribó, dejándolo inconsciente. Patamon antes de poder hacer algo contra el agresor de su Tamer recibió varios disparos que lo dejaron cubierto por completo de una sustancia viscosa y pegajosa que lo hico caer al suelo sin poder moverse.

El digimon levantó la mirada para ver a un chico y un digimon acercándose a él. Y finalmente ver como otra de las balas de espuma lo golpeaba en la cara cubriéndole la boca.


Tai seguía solo en la arena del coliseo, revisando desde el centro del campo, bajo el calor asfixiante del sol que lo hacía sudar bastante debajo del casco y el resto del grueso traje. Había estando revisando todo a su alrededor, las gradas, la torre en el centro de la arena, y una estructura de madera de frente a esta en un extremo del coliseo en cuyas gradas parecía haber una especie de palco especial. Aquella plataforma de madera justo enfrente de esa parte de las gradas y con una estructura que enmarcaba el espacio sobre ella daba la imagen de un escenario, cosa que no dejaba de perturbar al castaño que había estado mirando y capturando imágenes con el telescopio en su mano desde que había llegado a ahí. El telescopio mandaba en automático las imágenes a Joe, quien permanecía en los laboratorios del sótano de la mansión Riuga monitoreando toda la misión. Tai se paró frente al escenario, revisando debajo de esta, no encontrando nada peculiar, y después levantando la vista calculando la altura a la que se encontraba la plataforma, debían ser unos tres metros. Altura suficiente para que quien se parara sobre ella fuera distinguido por todos en la arena, o pudiera ver por completo la misma.

El chico castaño se alejó aproximándose ahora a la torre, palpando la misma con la mano cubierta por un guante, que a pesar de ello le hacia sentir el intenso calor del material negro del cual estaba construida. En ese momento sintió una vibración en su bolsillo y metió la mano para sacar su digivice, en cuya pantalla podía leerse un mensaje que acababa de llegar.

Perdimos contacto con Henri, T.K. y Davis.

Tai trago saliva preocupada.

Ese mismo mensaje lo leyó Matt, quien seguía detrás de la puerta metálica que lo separaba de la arena del coliseo, y por consiguiente de Taichi, quien seguía solo y expuesto.

El castaño miró a su alrededor, hacia las gradas, hacia la plataforma y hacia el cielo, cubriéndose con la mano la luz del sol. Se retiró el casco y lo arrojó lejos viendo como rodaba sobre la arena y ahí, en el centro del coliseo marcado por la torre negra hablo con voz fuerte y clara.

-¡Pensé que al menos tendrías el valor de enfrentarme a mi primero! ¡¿No fue eso lo que dijiste?! ¡Primero será su líder! ¡Fueron tus palabras!

Matt escuchó los gritos de Tai.

-Lo está retando –dijo sacando su digivice del bolsillo de su pantalón. Gabumon lo miró serio, mientras el rubio se levantaba del suelo y se paraba frente a la puerta de metal.

-¡Al final no eres tan rudo! ¿O sí? –los gritos del chico se difundían por todo el coliseo viajando con libertad.

Kouta y Ryo se encontraban en una armería y forja de amplio tamaño en el primer nivel del coliseo, con techos altos de los cuales colgaban cadenas que sostenían calderos de fundición y otras cosas. Ambos chicos escucharon el eco de los gritos de Tai, deteniendo su búsqueda de algo útil e intentando distinguir que era lo que decía en sus gritos. El pelinegro miró a su acompañante quien asintió, y ambos tomaron los cascos que se habían retirado al iniciar su búsqueda, con la intención de salir del lugar, pero cuando se dirigían hacia la entrada vieron que en esta se apostaron un grupo de digimons. Se trataba de una cuadrilla de Revolvmons, digimons con aspecto de vaqueros con grandes cañones de revólver en sus pechos y pistolas del mismo tipo en sus manos.

Kouta y Ryo se sonrieron el uno al otro mientras preparaban sus respectivas armas para el combate.

-Por supuesto, esta misión no podía estar completa sin incluir un tiroteo –dijo Kouta con emoción mientras otro sonido llegaba a sus oídos.

Un chirriante y fuerte ruido se hizo presente mientras que detrás de los Revolvmons se apareció una especie de tanque de color verde, de cuya parte superior sobresalía una especie de ser que parecía unido al tanque, con brazos que terminaban en cañones y un tercer cañón que saliendo de la parte superior de su mandíbula.

-Tankmon –dijo Ryo al distinguir al digimon-. Esto no es un tiroteo, es un bombardeo.

Y dicho eso los digimons apuntaron sus armas hacia los chicos que antes de que abrieran fuego se lanzaron a los lados, cubriéndose de los disparos y respondiendo los mismos como podían.

-Este es un excelente momento para que vengan nuestros compañeros –dijo Kouta en forma de queja, para después levantarse, saliendo de su escondite detrás de un caldero de fundición de gran tamaño, disparaba una flecha y volviéndose a ocultar.

-¡Brillante idea! ¿Por qué no los llamas? –dijo Ryo levantándose y disparando con su rifle un proyectil que golpeó a uno de los Revolvmons que está ya muy próximo a ellos y dándole una fuerte descarga eléctrica que lo dejo tirado en el suelo.

Tai escucho a lo lejos el sonido de disparos preocupándose ligeramente, pero se obligó a mantenerse tranquilo. Sabía que algo así pasaría, estaba preparado para ello o al menos eso fue lo que dijo cuándo habían hablado de los posibles riesgos que implicaba aquel plan. Por tanto Tai se resistió al impulso de salir corriendo en búsqueda de sus compañeros, y se mantuvo en el centro de la arena, junto a la torre negra.

Obligándose a no prestar atención a los disparos percibió otro sonido, parecía ser una respiración cerca de él. Tai levantó la mirada de la arena y vio a unos cuantos metros a un Apemon sosteniendo su vara de madera y respirando sonoramente, con un aro negro rodeándole el cuello.

El castaño se quedó quieto, mirando al digimon fijamente, y sintiendo la mirada que este le devolvía, de forma retadora y amenazante, mientras comenzaba a emitir un gruñido acompañado de un gesto con el que dejaba a la vista sus afilados dientes.

Taichi, de un movimiento rápido desenfundo su arma y apunto al digimon que en ese mismo tiempo en que el chico preparó el arma para disparar se lanzó sobre él, zigzagueando para esquivar loa primeros tiros del muchacho y después, a una corta distancia del castaño, blandió su vara golpeando con suficiente fuerza el cañón del arma, arrebatándolo de las manos del chico y mandándola lejos. Inmediatamente después volvió a blandir el arma casi golpeando a Tai que se arrojó hacia atrás para esquivar el contundente golpe y luego todo por la arena esquivando los que siguieron, mis tras retrocedía alejándose del enemigo.

Aprovechó algunas oportunidades para lanzar patadas a las piernas del Apemon hasta que logró derribar a este el tiempo suficiente para levantarse del suelo. Lanzo una rápida mirada a su alrededor, viendo que su arma permanecía bajo el sol, detrás del enemigo y a una larga distancia, mientras que a pocos metros estaba el casco que se había quitado y había arrojado en la arena poco antes de ser atacado. Volvió a ver al digimon en el momento justo en que este volvió al ataque embistiéndolo, logrando derribarlo y dejarlo bajo su peso. Tai esquivo los puñetazos del Apemon que impactaron sobre la arena a los lados de su cabeza y, dado que sus manos estaban libres lanzó un picotaz de los ojos del digimon que retrocedió soltando un alarido de dolor. Tai aprovecho para rodar sobre la arena, llegando hasta donde estaba el casco para después arrojar el mismo hacia el digimon, que apenas dejo de cubrirse el ojo lastimado con una palma recibió en toda la cara el impacto del duro casco del castaño que lo dejo un poco desorientado. Tai retrocedió manteniendo la guardia mientras el digimon se recuperaba y al hacerlo enfoco su vista en el chico que jadeaba ligeramente mientras esperaba el próximo ataque del enemigo.

Al verlo con plena confianza, Apemon rugió antes de lanzarse al ataque contra el chico, pero antes de llegar hasta el, desde las gradas cayó un digimon de piel anaranjada que golpeó con sus patas al digimon mandándolo a rodar por la arena mientras el aterrizaba y se interponía entre el digimon y el castaño.

Tai sonrió contemplando a Agumon y agradeciendo sin pronunciarlo, la llegada oportuna de su compañero y amigo.

-Ya era hora -dijo Tai fingiendo un tono de enfado.

-Agradece que vine -respondió el digimon esbozando una sonrisa.

Apemon se levantó del suelo encarando al digimon y al Tamer volviendo a poner su expresión fiera y agresiva. Tai y Agumon permanecieron inmutables esperando el ataque del iracundo digimon que en vez de lanzarse sobre ellos nuevamente comenzó a emitir fuertes gritos que hicieron eco por todo el coliseo. Taichi percibió aquel grito no como una amenaza, sino como una forma de comunicarse, y en breve aquella fugaz sospecha se confirmó con la llegada de más digimons del mismo tipo.

Un grupo considerable de los digimons de pelaje amarillo comenzaron a escalar por el exterior las paredes del coliseo, para después rugir desde la sima de las mismas y comenzar a desplazarse por las gradas hasta llegar a la arena donde comenzaron a formar un círculo alrededor del castaño y su compañero digimon.

Los enemigos comenzaron a saltar y gruñir impacientes de iniciar con el combate mientras que el muchacho tomó de la parte trasera de su pantalón una pistola de menor tamaño que la Colt C1911M (una Scully E919), y en la otra mano sostenía el digivice. Recargó la cámara y quitó el seguro del arma vigilando a los digimons listos para lanzarse sobre ellos.

Matt escuchaba el tumulto detrás de la puerta de metal mientras permanecía sentado en el suelo en posición de loto con Gabumon junto a él.

-Llegó el momento –dijo en voz baja mientras su digivice se iluminaba poco a poco.

Tai comenzó a disparar las balas especiales de espuma sobre los Apemons y Agumon sus bolas de fuego, espalda con espalda el chico castaño y su digimon mantenían a los oponentes a raya, aunque el circulo de enemigos que los mantenía cautivos poco a poco se volvía más pequeño y los gritos de los digimons adquirían mayor fuerza, denotando la furia creciente que sentían por el par de intrusos.

Una explosión ahogó los rugidos de los digimons, seguía del ruido metálico de una puerta que voló un par de metros desde el inicio de las gradas hasta el suelo donde aterrizó levantando una nube de polvo por la que a toda velocidad pasó Garurumon lanzando una ráfaga de su aullido explosivo que impacto contra un grupo de Apemons, suficientemente grande para que Taichi y Agumon atravesaran, saliendo del circulo de enemigos que los tenían atrapados. El castaño miró sobre el lomo de Garurumon a Matt, quien dio una cabezada en forma de saludo. Tai volteó en dirección a donde permanecía su arma preferida, sobre la arena y bajó el sol, para después ver a los enemigos que volvían al ataque contra ellos.

-Que Agumon digievolucione, derribaremos la torre –dijo Matt a lo que Tai lo miró algo titubeante.

-Aun no lo encontramos, debemos esperar un poco más –dijo el chico con cierto pesar, pues además de los gritos gruñidos de los Apemons, algunos disparos y explosiones se escuchaban provenir de dentro del coliseo.

Matt hizo una mueca de incomodidad, pues sabía que el chico tenía razón. Alzó la vista viendo a los digimons que comenzaban a rodearlos.

-Bien, pero solo nosotros no seremos suficiente –dijo el rubio algo preocupado.

-No estamos solos –dijo Tai mientras uno de los Apemons se lanzaba sobre ellos, encabezando a los demás, pero fue detenido al ser impactado por una especie de bola de fuego, que después se desplazó hasta llegar junto a Tai y los demás, extinguiendo las llamas y revelando que se trataba de Strikedramon.

Más atrás, en medio de la congregación de Apemons se abrió paso hasta llegar con ellos Dinohyumon, apartando a los enemigos con contundentes puñetazos.

-¿Dónde está Ryo? -preguntó con voz gruñona Strikedramon.

-Adentro –respondió Tai, con preocupación en su voz. Strikedramon gruño molesto, pero su atención de inmediato fue requerida en otro asunto.

Los Apemons seguían al acecho y algunos comenzaron lanzarse sobre ellos comenzando con el ataque que los dos Tamers y cuatro digimons comenzaron responder.

Agumon se abalanzó al frente lanzando sus bolas de fuego mientras que Taichi con su pistola lo cubría, al igual que Matt que descendió del lomo de Garurumon y comenzó a disparar grandes cartuchos de la misma espuma que contenían las balas que disparaba Tai hacia los oponentes. Garurumon saltó sobre ellos arremetiendo contra los Apemons que se amontonaron sobre él. Uno de ellos lo monto, aferrándose con una mano y los dedos de las extremidades inferiores al pelaje del digimon, preparándose para asestarle un fuerte golpe con su vara de hueso, pero antes de lograrlo Strikedramon se lanzó asestándole una patada voladora que lo apartó del digimon. Dinohyumon también avanzó sosteniendo combate con un par de aquellos simios digimon bloqueando los golpes de las varas de hueso blandiendo su gran espada con suma habilidad, haciendo que pareciera que aquella enorme arma era en realidad muy ligera. El digimon de piel verde y vestimenta tribal entabló combate con dos de los digimons enemigos, blandiendo su espada de izquierda a derecha intercaladamente para bloquear los ataques de las varas de hueso que emitían sonoros golpes al impactarse con la hoja metálica de la espada. Dinohyumon se aseguraba de no lastimar con el filo a los digimons, lo que dificultaba enormemente las cosas, al grado de que por mantener su concentración en aquella tarea no noto cuando por detrás se le acercó a gran velocidad un digimon insecto, de largo cuerpo parecido al de una libélula gigante, y que embistió al digimon derribándolo y haciéndolo perder su espada que quedó clavada en la arena. Junto a aquel nuevo enemigo llegó todo un grupo de digimons similares, los cuales comenzaron a disparar un rayo de color amarillo hacia toda la arena (golpeando incluso a los Apemons, cosa que no parecía importarles) alcanzando a Garurumon y a Dinohyumon en especial.

Agumon comenzó a lanzar sus bolas de juego hacia el cielo para dispersar a los digimons, que dejaron de atacar para esquivar las llamaradas del digimon dinosaurio, y algunos de ellos fueron alcanzados por las intensas llamas cayendo al suelo derrotados. Tai también comenzó a disparar contra los digimons en aire y también los de tierra mientras se abrían paso hasta llegar a su arma, cerca de la plataforma de madera. Desde ahí analizó la información de los digimons insecto con su digivice.

-Yanmamon, tipo insecto, adulto –leyó con rapidez la información ofrecida por el digivice para después devolver su atención a la pelea, al momento justo de ver como sobre él se lanzaba uno de los insectos. El chico levantó ambas pistolas, pero antes de jalar del gatillo, algo embistió al digimon mandándolo a toda velocidad hacia el suelo.

Tai miró a Halsemon, la forma armor de Hawkmon con el uso del digimental del amor, y sobre su lomo a Yolei y a Sora. A la distancia Biyomon ayudaba con el ataque de los insectos lanzando espirales de fuego verde hacia ellos, consiguiendo apoyar a Dinohyumon lo suficiente para que este se levantara del suelo donde estaba siendo apaleado por los Apemons y comenzara a arremeter contra los mismos, obligándolos a retroceder. Garurumon también contribuyó lanzando zarpazos y tomando a algunos de ellos con sus enormes fauces, sacudiéndolos un poco para después lanzarlos lejos.

Sora y Yolei saltaron del lomo de Halsemon quedando detrás de Tai quien mantenía en alto las dos pistolas, pero gracias al apoyo de los dos digimons voladores no era muy necesaria su intervención.

-Pensé que el plan era que se mantuvieran ocultas hasta que apareciera Ken –dijo Taichi dando un tiro para detener a uno de los Yanmamon que volaba cerca de Biyomon. El digimon enemigo cayó al suelo envuelto por la espuma.

-No podíamos seguir esperando, ¿Dónde están Ryo y Kouta? –pregunto Sora mientras sostenía en alto una pistola con las manos temblorosas.

Taichi no respondió, pero en ese mismo momento también pensaba en el paradero del chico.

Kouta se levantó disparando una flecha desde su arco que impacto en uno de los brazos de ametralladora de Tankmon cubriéndola con la espuma inmovilizadora por unos segundos hasta que los insistentes disparos de los cañones volvieron a abrirlos. El digimon dirigió los disparos hacia el chico que se agacho volviendo a cubrirse detrás del caldero de fundición. Ryo hacia uso de un pequeño espejo para vigilar el avance de ese y otros enemigos (Revolvmons), y al ver a uno de ellos bastante cerca se giró, se recostó en el suelo quedando por debajo de los proyectiles que volaban atravesando el lugar, y apuntó con el rifle a las cadenas que sostenían el caldero, disparando con el balas reales que cortaron las cadenas y tiraron el objeto sobre el digimon dejándolo inconsciente. El chico se levantó y volvió a cubrirse mientras recargaba el rifle, esta vez con cargas eléctricas no letales.

-No vamos a durar mucho más de esta manera –dijo Kouta asomándose un poco para ver a los enemigos, después se levantó disparando tres flechas juntas que golpearon a los enemigos causando pequeñas explosiones y levantando una nube de humo negro, la cual fue atravesada por un proyectil del cañón de Tankmon que Kouta esquivo lanzándose a un lado y cayendo sobre Ryo que lo empujó al sentirse aplastado. El proyectil del cañón golpeó la pared casi derribándola por completo-. ¡Carajo! ¡Debemos movernos de aquí o moriremos! –exclamó el chico volviendo a colocar una flecha en su arco.

-¡Ya lo sé, ¿pero cómo lo hacemos?! –Exclamó el muchacho retirándose el casco y apuntando la cámara de este a su rostro-, ¿Cómo?

Kouta suspiró, quitándose el también el casco y mirando el discreto punto donde estaba ubicado el lente de la cámara con que podían mantener contacto con la gente en la mansión. Kouta vio otro proyectil del cañón ser disparado y golpear la pared detrás de él derribándola por completo esta vez. El arquero sonrió, cambiando la flecha en su arco y disparando una distinta al techo del lugar.

-Cierra los ojos –dijo haciendo justo eso. Ryo obedeció sin protestar y la flecha estalló produciendo un cegador destello. Ambos chicos se levantaron justo después de eso corriendo hacia la destruida pared y pasando por esta a otro sitio, donde había un montón de mesas con gruesas cajas de metal sobre ellas. Ambos chicos corrieron hasta escuchar nuevos disparos y volvieron a cubierta, volcando una de las pesadas mesas, observando a los enemigos acercándose. Kouta se acuclillo detrás de la mesa observando en especial el avance de Tankmon. Estaba por salir de cubierta cuando sintió la mano de Ryo sobre su hombro.

-Me toca –dijo con una sonrisa socarrona en el rostro, que obtuvo una sonrisa igual como respuesta.

Ryo se levantó desenfundando su pistola y dejando el rifle en el suelo, disparo algunos tiros sin dejar de moverse hasta encontrar refugio detrás de un pilar. Acto seguido los enemigos comenzaron a disparar y el Tankmon disparó otro cañonazo que volvió a abrirles el paso a los dos chicos.

El temblor producido por las explosiones provocó un temblor que se sintió en gran parte de la estructura del coliseo. Henri despertó por las vibraciones y los sonidos que llegaban hasta su recóndita y oscura ubicación. El chico abrió los ojos y miró a su alrededor, percibiendo oscuridad casi por completo. Se movió un poco sintiendo gran dolor en varias partes del cuerpo y se llevó una mano a la frente donde sentía un peculiar ardor. Al palparse la frente sintió algo húmedo y cálido, sabía que era sangre. De repente recordó todo lo sucedido, el rostro de Ken y el anaquel cayéndole encima. Soportando el dolor se enderezó y por instinto dirigió su mano a la cartuchera en su cintura, notando que no estaba su arma.

-Hijo de perra –dijo levantándose y mirando a su alrededor-, Terriermon –llamó a su compañero y escuchó algo cerca. Se guio por el sonido y encontró al digimon envuelto en un capullo de lo que reconoció como la red de Wormon. Comenzó a quitarla del cuerpo del digimon liberándolo.

-Gracias Henri –dijo el digimon en cuanto pudo y ayudó a liberar sus brazos.

-Parece que la batalla comenzó –dijo escuchando los gritos, los disparos y algunas cuantas explosiones más-. Vamos.

Afuera la batalla continuaba, con un par de Kuwagamons sumados al conflicto, y contra los cuales Halsemon luchaba solo con el apoyo de Biyomon. En tierra Agumon y Tai hacían una dupla cubriéndose y atacando a los enemigos cercanos para mantenerse a salvo. Matt había vuelto a montar a Garurumon y haciendo uso de la velocidad de este procuraban no quedar rodeados por los enemigos, mientras al mismo tiempo apoyaban a Strikedramon y Dinohyumon que se mantenían protegiendo a sora y a Yolei.

Una explosión se escuchó y después vieron como una de las paredes del coliseo se venía a abajó junto con un tramo de las gradas, llenando de escombros el camino por el cual apresuradamente salieron Ryo y Kouta llegando hasta la arena, jadeando y con sus armas en mano. Al levantar la vista vieron el campo de batalla y sin perder más tiempo Kouta disparo una flecha a un Yanmamon apunto de atacar a Sora y Ryo disparó varias veces a un Apemon que se proponía recibir al par de Tamers con un golpe de su vara de hueso.

-Esto es un infierno –dijo el chico de cabello largo tomando otra flecha, percatándose de que era la última-, y vendrán cosas peores dice la biblia –suspiró colocando la flecha en el arco.

Tai vació un cargador más y extrajo el último que le quedaba de la funda en su cinturón. Lo colocó en el arma y recargó retrocediendo para poner su espalda contra Agumon que miraba a su alrededor expectante.

-¿Hora de la digievolucion? –preguntó entre jadeos el digimon. Tai miró una vez más la plataforma de madera, que seguía tal y como había estado desde que habían llegado. El chico suponía que la aparición del Emperador seguramente daría la explicación de por qué estaba ahí, pero hasta ese momento no había ni rastro de él, y si seguían aguardando podrían perder más que la oportunidad de capturarlo.

-Sí, derribemos esa maldita torre –dijo el castaño.

En ese momento otro fuerte estruendo se escuchó, Tai volteó para ver otra puerta del coliseo desprenderse de su lugar y salir volando, dejando una entrada abierta por la cual comenzaron a ingresar un par de Tyranomons. El chico los miró acercándose hasta que un sonido seco llamó su atención y vio a Halsemon, que había sido derribado y trataba con dificultad de levantarse. Garurumon había sido rodeado por los Apemons y moviendo con brusquedad su lomo hizo que Matt saliera volando de este y aterrizara cerca de Yolei y sora, quien lo ayudo a levantarse mientras Strikedramon y Dinohyumon los cubrían. De espaldas a ellos Ryo mantenía su rifle en alto y Kouta sacó una pistola al ya no tener flechas para defenderse. Otra explosión más se escuchó y un grupo de Revolvmons junto a un Tankmon aparecieron por el lugar que poco antes habían llegado Ryo y Kouta. Biyomon seguía en el aire, pero rodeada por los Yanmamon y con un Kuwagamon sobre ella, cosa que le dejó en claro que no tenía posibilidad alguna de ganar en caso que decidiera atacar a sus enemigos.

Tai presenció todo a su alrededor, para después percibir un sonido agudo, como el producido por una bocina al encenderse y comenzar a sintonizar. Un par de golpes secos se escucharon por todo el coliseo, y después una voz comenzó a hablarles.

-Se acabó –la voz sonaba gruesa y profunda, producto de algún efecto que la alteraba-, solo ríndanse, jamás tuvieron oportunidad en realidad.

De la estructura sobre la plataforma surgió una cortina blanca, sobre la cual se comenzó a proyectar una imagen, un contorno oscuro, una sombra imposible de distinguir, pero todos sabían de quien se trataba.

Todos miraron la imagen finamente, esperando a que dijera algo más.

-Han sido muy valientes, o muy estúpidos al venir hasta aquí, como sea yo gano, siempre gano.

-¡Deja las teatralidades Ken! –Exclamó Kouta-, ¡Ven y da la cara para que pueda partírtela!

-No sería mu mejor movimiento hacer eso, bruto idiota, además, esto es más divertido. Ahora poder ver en primera fila como mis mayores enemigos son destruidos, debieron arrodillarse ante mi cuando les di la oportunidad, ahora solo la muerte los aguarda.

Tai se movió con lentitud, buscando un mejor ángulo desde el cual mirar hacia la plataforma, hasta que finalmente pudo distinguir detrás de la cortina un pequeño andamio del cual surgía la luz que producía la sombra en la pantalla, y además podía verse un poco de movimiento, por lo que Tai sonrió convencido de que ahí estaba su objetivo.

Finalmente, como habían discutido que sucedería, como habían planeado que sucediera, el Emperador de los digimons, seguro de su victoria, se mostraba ante ellos.

-¡Te equivocas! –Exclamó el castaño, levantando una mano y señalando hacia la cortina-, solo la victoria nos aguarda –dijo para después presionar un pequeño audífono oculto en su oreja, debajo de su abundante y alborotado cabello castaño-, ¡AHORA! –dijo con fuerza y autoridad y antes de que alguno agregara algo más la tierra debajo de ellos comenzó a temblar.

-¡¿Qué demonios?! –sonó la voz del Emperador a través de las bocinas en el coliseo.

-¡Te creíste que podías tomar ventaja de nosotros al escoger el terreno de juego pero que crees! –dijo Tai con seguridad y algo de arrogancia-, ¡Hay formaciones subterráneas que forman túneles muy extensos en esta zona! ¡Y ella! –miró en dirección a Sora que sonreía triunfal-, conoce toda esta área mejor que nadie –concluyó el muchacho mientras varias porciones del terreno se hundían llevándose consigo a varios de los enemigos, incluyendo a uno de los Tyranomons que quedó sepultado en la tierra, sin poder moverse.

De entre la tierra surgió Digmon, de color amarillo y con taladros en sus manos y su nariz, con Cody sobre su lomo. El digimon salió de un túnel del cual también salieron Hikari, montada en la forma evolucionada de su compañero que se asemejaba a una esfinge blanca con alas, sobre la cual también estaban Mimi y Palmon, y finalmente Hirokazu y Kenta (con MarineAngemon junto a él) aferrados a Guardromon que emprendió el vuelo, dirigiéndose a donde Tankmon y los Revolvmons disparando sus misiles hacia ellos. Ante la ventaja de aquel ataque Ryo y Kouta volvieron a avanzar hacia los enemigos.

Digmon disparo sus taladros en dirección a los Apemons reunidos frente a él y Nefertimon (la digievolucion de Gatomon) desde el aire lanzaba su ataque de piedra Rosetta golpeando a algunos de los simios digimons que escapaban del ataque de Digmon. Del lomo del digimon volador saltó Palmon aterrizando sobre uno de los Yanmamon al cual enrollando con sus látigos de planta al igual que a otros más que estaban cerca de ella.

El Tyranomon que continuaba en pie fue atacado por Garurumon, Strikedramon y Dinohyumon en conjunto, siendo embestido por el lobo digimon y cuyas piernas recibieron los ataques de los otros dos digimons cayendo de rodillas frente a sus oponentes.

Un grupo de digimons insecto de gran tamaño, color verde y con afiladas guadañas en lugar de extremidades superiores hicieron su aparición dirigiéndose a Nefertimon, siendo alcanzados dos de ellos por dos grandes esferas de energía que los derribaron e hicieron caer al suelo. Por encima de los digimons apareció Kabuterimon, con Izzy, Takato, Rika Guilmon y Renamon sobre él. Renamon saltó del lomo del digimon insecto aterrizando sobre otro de los Snimons comenzando a arremeter contra el con puñetazos hasta que otro de los digimons se dirigió hacia ellos con intención de apoyar al digimon insecto. Renamon saltó del lomo de este atinando un puñetazo a su refuerzo y dejándose caer aterrizando en la arena para lanzar un ataque de cristales contra un grupo cercano de Yanmamons. Todos los tamers recién llegados portaban también los trajes tácticos de combate, con todo y el casco en sus cabezas.

Takato observó la riña desde el cielo, donde permanecía Kabuterimon manteniendo a los tamers sobre él fuera del conflicto. El chico vio como por uno de los muros del coliseo comenzaban a asomarse algunos Dokugumons, enormes tarántulas que avanzaban deprisa por las gradas con dirección a Ryo y Kouta que seguían haciendo frente a Tankmon, apoyados por Guardromon que forcejeaba directamente con el digimon asegurándose de que los disparos del cañón del enemigo no lastimara a ninguno de sus aliados.

-Izzy, por allá –indicó Takato señalando hacia los Dokugumons y el joven pelirrojo asintió mientras Kabuterimon cambiaba de rumbo. Antes de que las tarántulas gigantes bajaran de las gradas recibieron los múltiples ataques de Kabuterimon y varias bolas de fuego de Guilmon, a las cuales se sumaron las espirales de Biyomon y un gran tornado que impacto justo sobre las gradas derrumbando parte de estas y luego revelando que se trataba de Halsemon. Los chicos sobre Kabuterimon sonrieron al ver frenado el avance de los enemigos. Kabuterimon aterrizó en la arena dejando descender a Rika, Takato y Guilmon que se reunieron con más miembros de su equipo en el campo de batalla que cada vez estaba más en calma.

Nefertimon aterrizó cerca de Tai, y Mimi y Hikari descendieron de su lomo. El muchacho castaño se aproximó a ambas chicas con una sonrisa en el rostro.

-Creo que al final todo resultó bastante bien –dijo el castaño algo agitado.

-Cómo debía ser –dijo Mimi, orgullosa de sí misma mientras con la mirada buscaba a Palmon, que no muy lejos de ahí sometía a un Apemon con la ayuda de Agumon.

Hikari observaba a su alrededor a los digimons enemigos sometidos, golpeados, inconscientes y lastimados. Incluso veía algunos en mal estado que parecían seguir con deseos de combatir, lo cual la alteraba de sobremanera. Nefertimon se mantuvo cerca de la chica, acompañándola sabiendo que dentro de ella la dominaba un sentimiento de amargura y tristeza. Hikari miro a su compañera y se recargó en ella, mientras con un par de disparos parecía terminarse el conflicto.

-Ya termino, Izzy, desactiva la torre, todos los demás, sobre el imbécil Emperador –dijo Ryo por medio del comunicador en su oído.

Izzy sin perder tiempo se aproximó a la torre, mientras que el resto se dirigía deprisa hacia la plataforma de madera, donde la sombra proyectada del Emperador permanecía aun, como si los vigilara.

-Así que decidieron echar toda la carne al asador –susurró de forma burlona el joven detrás de la cortina, viendo desde ahí como los Tamers y digimons se aproximaban a él, como rodeándolo-, que estúpidos.

El muchacho accionó un interruptor sobre el panel detrás del cual estaba parado. La torre emitió un ligero zumbido, tan tenue que solo Izzy escuchó gracias a que estaba parado a un lado de la torre con una computadora en las manos. Luego de las paredes de todo el coliseo se escucharon pequeños ruidos como de algo agrietándose. Y apenas esto se escuchó, un sonido agudo, como de una descarga eléctrica emitiéndose llenó todo el coliseo y junto con el los digimons (enemigos y aliados de los Tamers) cayeron al suelo sintiendo intensos dolores.

Ryo, el más cercano a la plataforma sobre la que estaba el Emperador vio cómo su compañero caía al suelo y se detuvo junto a él.

-Strikedramon, ¿Qué tienes? –le preguntó mientras el digimon tenía ligeros espasmos musculares y emitía gemidos de dolor.

El zumbido producido por la torre elevó su volumen y todos pudieron escucharlo, mientras también veían serpenteantes rayos de color morado dispararse desde la torre hacia cada uno de los digimons, que gritaron de dolor al ser golpeados por ellos.

-¡Renamon! –gritó Rika al ver a su compañera de pie siendo golpeada por la descarga y luego cayendo de rodillas en el suelo.

Matt observó como Garurumon también era dañado por la descarga, e incluso como también esta afectaba a Tyranomon ya los Dokugumons, mientras se preguntaba qué era lo que estaba pasando.

-Por favor, permanezcan en sus lugares, no queremos que suceda una tragedia –escucharon la voz del Emperador emitida por las bocinas repartidas en el coliseo.

-¿Una tragedia? –gritó Kouta mirando a Dinohyumon de rodillas en el suelo y jadeando.

-La torre emite descargas que en nada los afectara a ustedes, pero sí que puede afectar en gran medida a los digimons, el dolor les impedirá moverse. Claro, eso no les impide a ustedes acercarse para capturarme si lo desean, pero si yo lo decido, las descargas no solo los dañaran, sino que serán mortales. Así que lo dejo a su elección, vengan por mí y vean morir a sus compañeros, o quédense quietos y sálvenlos, por ahora.

-Miserable imbécil –dijo Matt conteniendo las ganas de lanzarse corriendo hacia la plataforma, mientras acariciaba el lomo de Garurumon.

-¿De verdad creyeron que podían tomarme por sorpresa? –Les preguntó-, ¿en verdad creyeron que podía ser sorprendido en estos, mis dominios? ¿De verdad pensaban que sería vencido en el lugar donde todo comenzó?


Henri se movía con algo de dificultad por el interior del coliseo, se sentía desorientado y bastante presionado. El sonido de la batalla se había apagado, lo que significaba quizá que ya habían ganado, pero también podía significar que al final de todo habían perdido.

Terriermon caminaba cerca de él, tratando de convencerlo de detenerse y descansar, pero el chico se negaba a hacer eso hasta no ver que sus compañeros se encontraban bien, y que el Emperador estaba capturado y ya no era más una amenaza.

-Este maldito lugar parece un laberinto –dijo mientras empujaba con el hombro una puerta. Caminó por un corredor bastante bien iluminado hasta distinguir al final de este algo tirado en el suelo. Se acercó más hasta que pudo notar que aquello en el suelo era T.K., y cerca de él, lo que parecía ser Patamon intentando librarse de la espuma de las armas que portaban los Tamers-. Mierda –dijo con preocupación temiendo lo peor.

Se apresuró a llegar a donde T.K. tomando su cabeza. Le miró el rostro, manchado de sangre que había brotado de su nariz y su labio partido, sobre el cual ahora se encontraba una pequeña masa de sangre, pero el chico aun respiraba lo que fue un alivio para el muchacho, que comenzó a sacudirlo un poco para hacerlo despertar.

-T.K., reacciona, vamos –dijo mientras veía que el chico comenzaba a hacer gestos y emitía un leve gemido. En ese momento se percató de que Patamon seguía en el suelo, agitándose tanto como podía. Al ver a T.K. en el suelo inmóvil y al digimon al parecer en buen estado aunque atrapado, se concentró en el chico y dejó de lado al digimon-, ayúdalo Terriermon –le pidió a su compañero, el cual sintió y se acercó a Patamon para intentar remover la espuma.

Henri sintió que T.K. se comenzaba a mover y lo dejó para que él se apoyara en el suelo con una mano, mientras que con la otra se palpaba la adolorida nariz.

-Auch –se quejó el chico-, ¿Qué paso? –Ken te atacó, supongo, ¿pudiste verlo? –T.K. negó con la cabeza.

-No, me tomó por sorpresa, ¡mierda! Me quite el casco y me confié –dijo volteando a ver el casco que permanecía a mitad del vacío salón, apuntando en dirección contraria a ellos.

-¡Yo lo vi! –dijo Patamon cuando al fin Terriermon liberó su boca. Henri y T.K. miraron al preocupado digimon que respiraba jadeando.


-La verdad es que no estaba seguro de que este plan funcionaria –dijo el Emperador mientras todos permanecían quietos-, es decir, obviamente era una trampa, cualquiera se daría cuenta, pero ustedes, estúpidamente igual decidieron correr hacia ella, pensando que con sus patéticos planes podrían obtener la ventaja. ¿En verdad pensaron que podían engañarme? Un grupo señuelo, un segundo grupo señuelo, y en cuanto me hicieran aparecer, los refuerzos harían su entrada triunfal y me vencerían –dijo con tono teatral-, patéticos.

-¡No te saldrás con la tuya Ken! –le gritó Kouta con rabia. El muchacho comenzó a reír con fuerza y de forma macabra.

-¡Que estúpidos! ¡Pero si ya lo hice! ¡Ya gané! ¡Gane desde ese día en que encontraron el traje y la máscara! ¡Gané porque ese era el plan!

-¿De qué hablas? –preguntó Yolei con voz queda y derramando varias lagrimas que caían por sus mejillas. No llevaba ya ni las gafas ni el casco, los cuales había dejado caer en la arena.

Sobre ellos el sol ya no se veía más y ninguno de ellos se había percatado de ese hecho, en su lugar, unas grises nubes cubrían el cielo y graves estruendos se escuchaban anunciando la cercana lluvia.

-Ya no importa, pero igual me divertiré con ustedes un poco –les dijo mientras volvía a poner sus manos sobre el panel, y antes de accionar la torre sonrió con burla-. Oye Tai –dijo a través del micrófono que distorsionaba y difundía su voz por todo el coliseo-, tienes razón, dije que primero serías tú, pero al final serán todos juntos. Bueno, siéntanse felices niños elegidos, si bien no lograron vencerme, al final si consiguieron hacerme cometer un error, los felicito –dijo de manera burlona-, ahora, despídanse de este mundo, y sepan que sus muertes servirán como mensaje para todos aquellos que pretendan desafiar…

Pero la frase quedó inconclusa mientras los chicos veían como la sombra proyectada sobre la cortina era golpeada por otra sombra, como si alguien hubiera tacleado al chico que en esos momentos los amenazaba. Un fuerte ruido, como de algo cayendo pesadamente sobre la plataforma de madera les confirmó que el Emperador había sido atacado. Volteó a ver a Mimi sorprendido, y la chica le devolvió una mirada similar. Después el chico miró a Agumon y tan solo eso bastó para que el digimon comprendiera el mensaje. De inmediato Agumon disparó un par de flamas contra la cortina que comenzó a arder en llamas al instante, y cuando esta terminó de consumirse todos pudieron ver a un par de jóvenes forcejeando en la plataforma.

Davis Motomiya sostenía del cuello de la camisa a Ken, para después asestarle un fuerte puñetazo en la cara que lo derribó sobre la plataforma, el chico de cabello azulado, que al caer al suelo lanzó una patada a la pierna de Davis derribándolo, para después girar sobre sí mismo alejándose del muchacho y poniéndose en cuclillas. Al levantarse Davis Ken lo embistió con una tacleada digna de un jugador de futbol americano, derribándolo nuevamente y sometiéndolo para comenzar a golpearlo en la cara, hasta que el chico se liberó dando un par de rodillazos en la espalda de Ken hasta que este se quitó de encima.

-¡Eso es Davis! –exclamó Kouta sonriendo triunfal mientras veía, como todos los demás, la riña sobre la plataforma.

Ryo respiraba agitado mientras veía la contienda y de inmediato buscó con la mirada como subir a la plataforma, para después correr hacia esta y comenzar a escalarla.

El resto de los Tamers se aproximaron a la plataforma para ver mejor. Sora y Mimi llevaban casi a rastras a Yolei que había roto en llanto al ver a Ken, sosteniendo una riña con Davis. Por su parte Tai parecía preocupado y prácticamente ni siquiera parpadeaba para no perderse nada de la pelea.

Sobre la plataforma Davis lanzaba puñetazos que Ken cubría con sus brazos y respondía asestándole un par de golpes en la cara al chico, quien reaccionó sujetando el brazo de Ken, ejerciendo presión sobre su hombro, obligándolo a inclinarse para después darle una patada justo en el rostro. Ken se cubrió la cara mientras caía de rodillas y de espaldas a Davis que se acercó a él con paso lento, pero antes de alcanzar a sujetarlo, Ken se giró lanzando un golpe hacia la rodilla de Davis que le dobló toda la pierna haciéndolo caer, para después recibir un golpe en la cara que lo hizo caer de espaldas. Ken se levantó deprisa sujetando uno de los brazos de Davis, levantando al muchacho del suelo manteniendo su brazo enroscado con el suyo, para golpearlo en el abdomen y en la cara un par de veces hasta que sintió un fuerte golpe de un objeto duro en el rostro, golpe que lo llevó hasta el suelo.

El chico levantó la mirada con la nariz y los labios emanando sangre que caía a chorros, y mirando frente a él a Ryo quien le asestó una patada en el rostro para tenderlo en el suelo y apuntarle a muy corta distancia con el rifle en sus manos.

-Se terminó, perdiste –le dijo entre jadeos el chico mientras que Ken lo miraba levantándose un poco del suelo, bastante adolorido. Los Tamers y digimons sintieron un alivio y sentimiento de victoria al ver al chico derribado y a Ryo apuntándole con el arma, sin embargo, por alguna razón, aquel sentimiento no lo compartía Tai.

-Idiota –le dijo, el también con la respiración agitada-, te equivocaste –le espetó con brusquedad.

-¿De qué hablas? –le preguntó Ryo apartando la vista de la mira del rifle y viendo en el rostro de Ken algo que no se parecía en nada a la frustración de alguien que es capturado, sino una extraña mescla de desesperación y preocupación que se fundían en sus ojos.

Pero antes de poder recibir una respuesta o preguntar algo más el fuerte estruendo de un arma siendo disparada inundó todo el coliseo, y creo un silencio tensó. Ryo dejó de respirar ale escuchar aquel sonido fuerte, y al sentir una sensación fría y luego cálida en uno de sus costados. Con lentitud bajó la mirada mientras sostenía el rifle con una sola mano y miró sobre su cintura como el traje se comenzaba a manchar de algo rojo que emanaba de su propio cuerpo. El chico se giró con lentitud y vio frente a él a Davis, sosteniendo su arma humeante, mirándolo con una sonrisa siniestra mientras jadeaba y lo miraba con regocijo.

-Habla de esto –dijo con tono simple.´

Ryo miraba al chico desconcertado mientras se dejaba caer de espaldas junto a Ken.

El silencio duro unos segundos más hasta que un grito de horror, de la boca de Hikari pareció despertar a Todos.

-¡Ryo! –exclamó la chica castaña mientras que varios de los chicos, acompañados por sus digimons se lanzaban a la carrera hacia la plataforma.

-¡Ey! –exclamó Davis llamando la atención de todos y luego apuntando con el arma a la cara de Ken que estaba a punto de levantarse del suelo-, les sugiero que no hagan eso, esta arma, como ya lo harán notado está cargada con municiones reales, no esa tonta espuma inmovilizadora–dijo con voz tranquila, y mantienen do su siniestra mirada y sonrisa, la cual se veía aún más atemorizante debido a la sangre que escurría de su boca, producto de los golpes de Ken.

El chico peli azul se apoyaba con los codos sobre la plataforma de madera mientras Davis lo miraba fijamente.

-¡Dios! Pensé que me había deshecho de ti –dijo con enfado. Ken soltó una risa ligera negando con la cabeza.

-Por favor, ¿con planes tan infantiles? –Davis cambió su mirada dura por una expresión confundida -, ¿dime, alguna vez en serio has estado dispuesto a lastimar a alguien? –aquellas palabras aumentaron el enfado de Davis que apretó con más fuerza el arma.

-Justo ahora –le dijo con voz firme.

-¡¿Qué significa todo esto?! –exclamó Kouta mirando a Davis sosteniendo el arma y a Ryo y Ken en el suelo, siendo amenazados por el muchacho de pelo rojizo. Davis lo volteó a ver y volvió a sonreír de forma siniestra, dejando salir también una carcajada exagerada.

-¡Ah! ¡Casi me olvido de ustedes! ¡Perdón! Bueno, podemos considerar esto un pequeño inconveniente, pero que ya se ha solucionado y ahora podemos seguir con el itinerario.

-¿De qué diablos hablas? ¿Qué se supone que estás haciendo Davis? –le preguntó sora con desesperación. El chico sonrió mientras reparaba en que en su cuello llevaba las gafas de aviador de Tai, se las retiró sin dejar de apuntar a sus rehenes y las miró por unos segundos.

-Es tan fácil engañarlos –dijo con burla-, están tan deseosos de tener la razón, o de atender a sus asuntos personales, que no se percatan de lo que pasa a su alrededor. La raza humana están…simple… tan torpe, tan estúpida –pronuncio con tono lúgubre, algo extraño en aquel muchacho normalmente alegre y animado.

-Fuiste tú –dijo Matt con voz débil-, todo el tiempo fuiste tú…

-Bravo capitán, se merece un ascenso por tan sensata conclusión.

-¿Por qué haces todo esto? –preguntó Rika, que seguía junto a Renamon ayudándola a permanecer de pie.

-¿Por qué? –Dijo con el mismo tono lúgubre que todos desconocían en aquel muchacho-, sí, se merecen saber por qué, es simple: transgresión –dijo como si fuera lo más obvio del mundo-. ¿Paz? ¿Fraternidad? ¿El entendimiento entre las naciones, pueblos y razas? Esas solo son ideas de mentes sin ambición, de obtusos y débiles. El caos es el verdadero orden natural de las cosas. Verán, a través de la historia siempre han existido los límites como un burdo intento de establecer el control. Las leyes, las religiones… todo eso es una patética búsqueda de crear un dominio, un dominio que es imposible. Yo solo quiero ir más allá de toda esa mierda. ¿Qué soy? ¿Un lunático? ¿Un criminal? ¿Un perverso? …si, un transgresor, una mente dispuesta a distanciarse de todo lo aceptado y de toda norma, un visionario que quiere demostrar que todo ese autocontrol que ustedes representan cae ante la naturaleza del desorden, del más allá del límite. Si existe una cerca es porque debe ser cruzada, ese es el objetivo, romper las barreras, ir en contra de todo. Soy una expresión pura del pensamiento de George Bataille. Eso es lo que soy, y eso es lo que hago. Ese es el por qué –concluyó su discurso.

-¿Pero que mierda estas diciendo? –lo cuestionó Kouta apretando los puños. Davis bufó.

-No espero que lo entiendan –dijo bajando ambos brazos y llevándose la mano libre a la cara en un gesto que simulaba cansancio.

Ken aprovechó ese instante para rodar tomando a Ryo y dejándose caer desde la plataforma con él, asegurándose de que el chico aterrizara sobre su cuerpo para reducir el impacto de la caída.

-¡Ahora atáquenlo! –dijo una vez que había caído sobre la arena que acolchonó un poco el impacto, pero de todas formas sentía un fuerte dolor en la espalda.

Davis miró hacia los chicos levantando el arma, pero la misma le fue arrebatada por Wormon que lo embistió saliendo de debajo de la plataforma.

-Puto gusano –Dijo alejando al digimon con una patada y retrocediendo en la plataforma -¡Ataquen! –exclamó el chico y los digimons bajo el control de los aros negros se lanzaron al ataque contra los chicos y sus compañeros.

Ken arrastró a Ryo debajo de la plataforma de madera a donde acudieron Hikari y Mimi, acompañadas de Palmon.

La chica castaña ojimiel se apresuró a descolgarse un pequeño morral que cargaba en el hombro y de él extrajo algunas gazas y unas tijeras con las que comenzó a cortar la ropa del chico.

-La bala entró y salió, eso es bueno –dijo algo nerviosa-, pero debemos parar el sangrado.

Hikari asintió con las mejillas surcadas por lágrimas mientras sostenía la mano de Ryo entre las suyas. El chico herido apretó la mano de Hikari llamando la atención de la chica que lo miro llena de preocupación. Ryo le sonrió para intentar tranquilizarla, mientras soltaba las manos de Hikari y acariciaba su mejilla.

-Tranquila nena, se necesita más para acabar conmigo –dijo intentando sonar gracioso pero Hikari suspiró algo molesta.

-Tonto –le dijo volviendo a secar las lágrimas en su mejilla.

Mimi notó en aquel pequeño intercambio de palabras la complicidad entre los dos, y agitó con rapidez la cabeza para alejar de su mente pensamientos que en ese momento de nada le servían para ayudar al chico. En ese preciso momento solo ayudar a Ryo era importante, después, quizá, podría hablar con su joven amiga.

Davis comenzó a escalar el andamio del que había sido derribado por Ken cuando a la plataforma llegó Agumon con un gran salto y junto a él aterrizaron Taichi y Kouta, quienes habían sido lanzados por Dinohyumon que seguía combatiendo con los Apemons que aun podían pelear.

-¡Alto! –gritó Kouta comenzando a disparar a Davis, quien esquivó las balas que al golpear el andamio lo cubrían con espuma.

Tai vio al chico subir hasta la cima del andamio y cubrirse detrás del panel que había sobre él.

-Va a activar la torre otra vez –dijo-, ¡Agumon! –el digimon asintió y de un solo saltó llegó hasta la cima del panel, en el cual clavó sus garras provocando un corto circuito que quemó todo el panel.

-¡Se acabó! –exclamó viéndolo tendido en el suelo, pero el muchacho sonreía satisfecho, mientras le apuntaba con una especie de arma de amplio cañón.

-No, esto apenas empieza –dijo disparándole al digimon que salió volando aterrizando pesadamente cerca de Tai, mientras se llevaba las garras al cuello intentando quitarse algo.

-¡Agumon! –exclamó Tai con preocupación viendo al digimon y reparando en que aquello que intentaba quitarse del cuello era un aro negro.

-Tai –dijo el digimon con voz débil y sus ojos llenos de miedo. Tai se aproximó a él para intentar ayudarlo pero en ese momento la torre volvió a emitir los rayos de color morado que golpearon a todos los digimons, incluido Agumon.

-¡Agumon! –exclamó el castaño.

-Saben, son realmente fastidiosos –escuchó una Kouta y se giró apuntando con su arma al igual que Kouta, al muchacho que sostenía un aparato en su mano y se los mostro.

-Ya les explique que debemos intentar evitar una tragedia –dijo dándoles a entender que con ese aparato controlaba la torre –Kouta y Tai se miraron y bajaron las armas lentamente, mientras que detrás de ellos el campo de batalla se llenaba de digimons retorciéndose de dolor.

Bajo la plataforma Ken sostenía a Wormon mirándolo con preocupación.

-cuando me impidieron apoderarme de Cempoal Town, de verdad me fastidiaron –comenzó a decir con rabia-, ¿Cómo un puñado de idiotas pudo adelantarse a mis pasos? ¿Cómo un grupo de idiotas pudo adelantarse a mí? ¡A mí! ¡El más grande amo de los digimons! –Tai y Kouta escuchaban sin decir nada, mientras el castaño seguía mirando a Agumon que luchaba por quietarse el aro, pese al dolor que le producía el rayo de la torre-. Que mascota tan leal –dijo Davis mirando también al digimon-. Como les decía, e aquel instante me sentí tan frustrado que ni siquiera pude decir nada, pero por supuesto no lo notaron, toda su atención estaba concentrada en Ken, ahí fue cuando me di cuenta de cuanto provecho podía sacarle a ese detalle.

Kouta cerró los ojos sintiendo rabia e impotencia.

-Luego sucedió lo del valle Iroh, un buen plan también, lo admito, me engañaron por completo, y eso no me gustó para nada –miró a Tai fijamente, retándolo con la mirada-, pero de ese pequeño evento, nació una nueva idea, y por eso te agradezco Tai –el chico se acercaba poco a poco al líder de los niños elegidos mientras sostenía las gafas de aviador nuevamente y las extendía como ofreciéndoselas a Tai-, me diste una gran idea, gracias, Taichi Kamiya –Davis movió las gafas como pidiéndole a Tai que las tomara, y en cuanto el chico acercó su mano, Davis las alejó, dejándolas caer en el suelo para después pisarlas con fuerza, rompiendo los cristales por completo, luego le sonrió a Tai de forma siniestra y volvió la vista hacia Agumon-. Las mejores armas de este mundo son los digimons, y me hiciste entender, cual era, la mejor arma de todas–el chico desactivó nuevamente la torre, que dejó de emitir los rayos y todos los digimons quedaron tendidos en el suelo, vencidos por el dolor y el cansancio.

Agumon jadeaba, arrodillado en el suelo, con un aro negro rodeándole el cuello. Kouta levantó su arma apuntando a la cara de Davis que sonreía despreocupadamente mientras que Tai se aproximó a Agumon. Caminaba lentamente hacia el, con preocupación, escuchando su agitada respiración.

-¿Agumon? –preguntó con voz queda, notando que el digimon volteaba un poco hacia él, y al ver sus ojos, noto en ellos un rojizo destello que jamás había visto.

El digimon lanzó un zarpazo a Tai que apenas logró esquivar, aunque las afiladas garras del digimon dejaron en su mejilla tres rasguños largos que comenzaron a emanar sangre.

-¡Así es Tai! La mejor arma, es Agumon –el digimon miró a su Tamer lleno de rabia. Kouta se giró para dispararle pero Tai se dio cuenta y se lanzó sobre el chico.

-¡No! –exclamó desviando el disparo que pegó a un lado de Agumon, sin que la espuma lograra alcanzarlo.

-Ahora ve, ¡Acaba con ellos! –exclamó Davis y Agumon obedeció saltando de la plataforma, aterrizando cerca de Palmon y Biyomon, a quienes lanzó dos contundentes zarpazos.

-¡No! ¡Agumon! –Exclamó Tai viendo como el digimon disparaba bolas de fuego a Renamon que las recibía cubriendo a Takato y Rika-. ¡Miserable! –exclamó el chico dándose la vuelta con intención de golpear a Davis, pero en ese momento, entre el, Kouta y Davis que seguía sonriendo satisfecho aterrizó Flamedramon, cortándoles el paso.

-Acábalos, mi lacayo –dijo el chico con esa voz siniestra que en él ya era costumbre y el digimon disparó bolas de fuego contra los Tamers.

Kouta tacleó a Tai para apartarlo del lugar del impacto, y casi a rastras lo llevó hasta el borde de la plataforma desde donde saltaron.

Nefertimon y Halsemon se lanzaron contra Flamedramon que bombardeó el cielo de inmediato golpeando a ambos digimons y derribándolos.

-Maldición –dijo Sora viendo caer a ambos digimons, y a Halsemon volver a ser Hawkmon, mientras que por otro lado Agumon derrotaba con facilidad a un muy agotado Strikedramon-, ¡Izzy! ¡Desactiva esa maldita torre de una vez! –exclamó la pelirroja.

-No lo voy a permitir –dijo Davis-, Flamedramon, encárgate de nuestros viejos amigos –el digimon agachó la mirada con pesar, viendo el campo de batalla donde sus viejos aliados eran derrotados por las fuerzas del Emperador y por Agumon.

-Sí, mi señor –dijo finalmente, preparándose para lanzarse a la batalla, pero antes de hacerlo fue embestido por un destello amarillo que lo elevó en el aire para después dejarlo caer.

Era Pegasusmon, que acababa de salir del coliseo, y detrás de él Henri, Terriermon y T.K. llegaron, saltando sobre la plataforma encarando a Davis.

-Así que Patamon tenía razón –dijo T.K.-, tu fuiste quien me atacó –reclamó T.K.

-Así es, y debo decir que fue muy sencillo, estúpido –dijo con sin reparo alguno el chico.

Henri enfureció ante la arrogancia del muchacho y Terriermon bajó de su hombro, visiblemente algo fatigado (la torre lo había afectado a él y a Pegasusmon también), pero en condiciones óptimas para enfrentar al chico, cosa que por supuesto Davis sabia, y en ese justo momento hizo presencia un Devidramon, del lomo del cual descendieron dos Gotsumons dispuestos a enfrentar a Terriermon.

-Entreténganse con eso, yo estoy más interesado en otro asunto –dijo mientras miraba a Agumon que seguía a mitad del campo de batalla, peleando contra Biyomon, Guilmon y Renamon-, si, muéstrame todo tu poder.

Agumon forcejeaba con Guilmon quien tenía esa expresión fiera que ponía en las batallas, y que distaba mucho de la expresión infantil que normalmente había en su rostro. Renamon se posicionó detrás del digimon y lo atacó con sus cristales, sin embargó Agumon se quitó del camino girando para que el ataque golpeara directamente a Guilmon, para inmediatamente después lanzar una serie de flamas que golpearon a Renamon, quien aunque intento cubrirse con sus brazos resultó lastimada por el ataque. Biyomon disparó su espiral de fuego, la cual Agumon eludió rodando por la tierra y luego dando un salto para arremeter contra el digimon con un zarpazo que la envió al suelo. Al aterrizar Agumon de inmediato comenzó a recibir los disparos de las armas de Sora, Takato, Rika y Yolei, los cuales comenzaron a cubrir su cuerpo de la espuma hasta dejarlo sepultado debajo de ella.

-¡Agumon! –exclamó Tai preocupado. Sora lo miró mientras que Kouta se dirigía a donde Dinohyumon Kotemon se encontraba derribado y fuera de combate.

-¿Cómo estas amigo? –le preguntó el joven arquero.

-Estaré bien después de descansar un poco –le dijo tratando de levantarse.

-Bien, te lo ganaste –le dijo Kouta levantándolo en brazos y mirando a su alrededor algún lugar seguro donde dejar a su compañero.

-La espuma lo contendrá hasta que Izzy desactive la torre, estará bien –le explicó Sora. Tai miró con preocupación el montículo de espuma del que aun podían escucharle los gruñidos de Agumon.

-No, no va a terminar tan fácil –dijo Davis mientras Terriermon peleaba con uno de los Gotsumons y el otro mantenía a Raya a Henri y a T.K. -, vamos Agumon, muéstrame todo ese poder real –dijo mientras volvía a manipular el aparato con el cual activaba la torre, la cual emitió otro sonido agudo.

El montículo de espuma dentro del cual se encontraba Agumon comenzó a sacudirse con más violencia como si el digimon dentro de él intentara con más fervor liberarse. Luego una intensa luz comenzó a surgir de debajo de la espuma mientras se extendía hasta comenzar a romperse liberando al digimon que crecía en tamaño frente a las miradas incrédulas de los Tamers cercanos.

-No… mierda –dijo Tai mientras veía que Greymon se levantaba y emitía un fuerte rugido.

Nefertimon lanzó el ataque final contra un Snimon terminando con el combate cuando escuchó el rugido de Greymon. A la distancia, Pegasusmon y Flamedramon mantenían una fuerte contienda cuando también ellos escucharon el rugido del digimon gigante. Garurumon y Guardromon terminaron por derrotar a Devidramon al momento justo de ver como el digimon compañero de Tai se levantaba.

-Es Greymon –dijo Garurumon jadeando. Guardromon parecía preocupado mientras que MarineAngemon hacia lo posible por curar las heridas de los dos digimons.

-Hay que detenerlo –dijo Matt mirando al gran digimon y luego a Taichi cerca de él, que parecía tener una expresión de preocupación.

Strikedramon se lanzó en carrera hacia el digimon saltando para asestarle un puñetazo, pero Greymon, de forma sorprendente considerando su tamaño se movió con tal velocidad, esquivando el golpe del digimon y golpeándolo con su garra con tal fuerza que lo envió al suelo donde se arrastró por un par de metros, para luego regresar a su forma como Monodramon.

-¡Greymon! –exclamó Tai para intentar calmar al digimon, mientras era arrastrado por Takato y Rika.

-No hay nada que puedas hacer, créeme –le dijo la chica mientras retrocedían con Biyomon, Guilmon y Renamon cubriéndolos.

Greymon lanzó otro rugido y luego corrió hacia donde estaban Garurumon y Guardromon. El digimon mecánico se lanzó como un proyectil hacia él, embistiéndolo, pero Greymon lo sostuvo con ambos brazos, clavando las garras de sus pies a la tierra, soportando el empuje del digimon, hasta que recibió en la espalda el impacto del ataque de piedra Rosetta de Nefertimon que lo obligaron a soltar a Guardromon quien lo gopeo justo en el pecho derribándolo. Garurumon llegó hasta el punto donde estaba Greymon y disparó hacia él su aullido explosivo.

-¡No! ¡Greymon! –dijo Tai pataleando para soltarse del agarre de Takato.

Kouta miró en dirección al digimon que estaba siendo sometido y luego volteó a ver a Izzy.

-¿Todavía no? –le preguntó con brusquedad.

-Lo intento, pero lo está volviendo más difícil que de costumbre –respondió Izzy. Kouta volteó a ver a Davis, sobre la plataforma solo observando la batalla de Greymon mientras Terriermon, T.K. y Henri eran atacados por un par de Gotsumons. El chico se levantó dejando a Kotemon inconsciente sobre la arena.

-¿A dónde vas? –preguntó Rika.

-A tener una seria charla con Davis –dijo el chico empuñando su arma.

Garurumon y el resto de digimons esperaron a que la nube de polvo se disipara, pero antes de hacerlo una gran llamarada surgió, disparada hacia el cielo y golpeando a Nefertimon quien cayó tras recibir el ataque. A esa llama le siguieron otras. Garurumon se apartó de la trayectoria de una, mientras que otra golpeó de lleno a Guardromon enviándolo varios metros lejos. Greymon se levantó rugiendo y visiblemente más enfadado que antes lanzándose sobre Garurumon, quien lo esquivó dando un salto y aterrizó sobre su lomo, rasgando con garras la piel del digimon que emitió un rugido de dolor antes de sacudirse con brusquedad para derribar a Garurumon a quien después atacó con una llamarada. El digimon alcanzó a esquivarla pero la explosión lo empujó mandándolo hasta un muro cercano con el cual se estrelló.

Greymon se dirigía hacia su presa herida cuando recibió un disparo de Kabuterimon quien volaba cerca. Greymon lanzó un par de llamaradas hacia el cielo que Kabuterimon esquivó, pero al hacerlo no se percató de que Greymon dio un salto con el que logró alcanzar una de las patas del insecto digimon, jalándolo hacia el suelo y haciéndolo estrellarse en este para después someterlo debajo de su peso. El digimon intentaba liberarse mientras que Greymon parecía estar a punto de morderle el cuello, y antes de hacerlo una serie de bolas de fuego lo golpearon, haciéndolo retroceder.

Guilmon se plantó frente al digimon mientras Garurumon se incorporaba. Takato observaba a la distancia el combate (ya había soltado a Tai quien resignado solo miraba lleno de preocupación). El digimon rojo gruñía del mismo modo que Greymon, y no parecía intimidado ni por el tamaño ni por el poder destructivo de Greymon. Súbitamente volvió a disparar una serie de llamas que golearon a Greymon, tomándolo por sorpresa, Antes de que el gigantesco digimon se recuperara Guilmon se lanzó hacia él, pasando entre sus piernas y lanzando un zarpazo a una de ellas, con la intención de disminuir su velocidad. Greymon rugió por el dolor y el enfado, girándose para atacar al digimon, pero en lugar de encontrarse con el pequeño digimon rojo, Garurumon le saltó encima derribándolo, y comenzando a forcejear con él, lanzando mordidas y rasguños.

Matt presenciaba la batalla preocupada, no quería que Greymon resultara herido, pero sabía que debía concentrarse para que Garurumon resultara victorioso. En ese momento reparó en el aro en su cuello.

-Si me acercó, tal vez –dijo mirando la escopeta en sus manos. Buscó en uno de sus bolsillos hasta encontrar un cartucho de munición real, la metió en la cámara del arma y recargó-. Necesito ayuda, trataré de dispararle al aro en el cuello de Greymon –dijo a través del comunicador.

-¡No! Podrías lastimar a Greymon –escuchó la voz de Tai.

-Su piel es muy gruesa, si los ataques de Garurumon no logran dañarlo menos mi escopeta, pero seguramente si podre destruir el aro –dijo con decisión el chico-, cuento contigo Garurumon.

Takato y Rika se miraron al terminar de escuchar las palabras de Matt, para luego ver como Greymon empujaba a Garurumon y se levantaba del suelo para continuar con la contienda. Rika sacudió la cabeza mientras desenfundaba su arma y le hacia una seña con la cabeza a Renamon, que se levantó del suelo algo adolorida, pero lista para acompañar a su Tamer.

-Izzy, date prisa con esa cosa –dijo antes de lanzarse al campo de batalla. Takato hizo lo mismo seguido por Guilmon y Tai, con las manos temblorosas, parecía preocupado por su compañero, pero también sabía que no poda quedarse ahí parado sin hacer nada mientras que más miembros de su equipo arriesgaban la vida para terminar con esa misión, por lo que también él se lanzó al ataque.

Greymon combatía contra Garurumon mientras cerca de ahí Matt se acercaba con sigilo esperando no ser visto por el digimon. Se ocultó detrás de un Kuwagamon derribado e inconsciente, mientras veía como Garurumon se aferraba a uno de los brazos del digimon que intentaba librarse. En ese momento un par de explosiones en la espalda del digimon lo distrajeron de su tarea de combatir con el lobo digimon, y al girarse se topó con Guilmon, quien emprendió la carrera ya que tenía la atención del digimon, que al seguirlo con la mirada no notó que Renamon lo atacaba por el otro flanco, y finalmente Garurumon le disparó su aullido explosivo en la espalda haciéndolo arrodillarse.

Matt aprovechó justo ese momento para continuar con su carrera hacia el digimon, deteniéndose a una distancia considerable y apuntando con el arma.

-Aún estoy muy lejos –susurró para sí mismo mientras seguía acercándose con cautela. Garurumon notó la presencia de su compañero y comprendió lo que intentaba hacer al momento.

Greymon se levantó emitiendo un gran rugido mientras Takato, Rika e incluso Tai le disparaban intentando frenarlo, pero el digimon ni se inmutaba ante las descargas de espuma que comenzaban a cubrirle el cuerpo. Renamon y Guilmon dispararon un par de ataques más que el digimon recibió sin problema alguno y parecía a punto de lanzarse sobre ellos, en el momento justo en que Garurumon salto sobre el nuevamente derribándolo, y haciendo un gran esfuerzo por mantenerlo así, procurando que su cabeza se mantuviera pegada a la tierra. Matt sonrió viendo el cuello expuesto del digimon y avanzó unos cuantos pasos más. Apunto con el arma y teniendo el aro justo en la mira se dispuso a disparar, pero al jalar del gatillo algo golpeó el arma, desviando la bala que impactó sobre la piel de Greymon formando una pequeña llaga. Matt volteó para ver a uno de los Apemons que recién se había levantado y había lanzado su vara de hueso contra el arma del rubio. El digimon gruño de forma amenazante y Garurumon lo notó de inmediato.

-Matt –Gruño el digimon distrayéndose el tiempo suficiente ´para que Greymon se levantara, derribando a Garurumon de su espalda y luego tomándolo para arrojarlo justo en la dirección en que estaba el Apemon que se disponía a atacar a Matt, estrellándolo con él y dejando a ambos derribados.

Greymon volvió a rugir, mientras a su alrededor solo había digimons derrotados y fuera de combate.

-No podemos ganarle, nuestros digimons están muy debilitados, y el parece adquirir fuerza del aro –dijo Rika con pesar. Greymon reparó en los tres Tamers gruñendo.

Rika y Takato retrocedieron, pero Tai se mantuvo firme.

-Se lo que estás pensando Tai –dijo Takato-, no funcionara créeme, no lo harás entrar en razón –dijo poniendo su mano sobre el hombro del castaño, quien la apartó de inmediato.

-Es mi compañero, dime, ¿Qué harías si fuera Guilmon? –Takato suspiró, mirando al digimon que los miraba a ellos de forma atemorizante.

Terriermon disparó contra Gotsumon, quien esquivó el disparo, como varios otros, los cuales habían dejado varios hoyos en la plataforma. T.K. y Henri seguían intentando detener al otro Gotsumon, pero su puntería no era tan buena como la de Tai, Matt, Kouta o Ryo, y no habían logrado atinarle una sola bala, de las cuales ya les quedaban muy pocas. Davis mientras tanto miraba complacido el completo dominio de la batalla por parte de Greymon, mientras periódicamente miraba en el aparato en sus manos los avances de Izzy por intentar desactivar la torre.

-No van a arruinarme mi diversión –dijo el chico.

-¿Seguro? –escuchó una voz detrás de él, y al darse la vuelta vio a Kouta, quien le apuntaba con su arma-, no eres el único que cargó municiones reales por si acaso, así que mejor no hagas algo estúpido –Davis miró a Kouta y luego esbozó una sonrisa burlona.

-¿En serio? ¿Después de todo lo que ha pasado aún creen tener oportunidad contra mí? Entiéndanlo, este mundo es mío y hare con él lo que me plazca.

-¡No esta vez! –bramó Kouta-, ya me canse de tus malditos juegos, esto se acaba aquí y ahora.

-Esto no ha hecho más que empezar, ahora que tengo en mi poder al más poderoso digimon de otro tiempo, ¿Qué pueden hacer ustedes contra mí?

-No te iras de aquí imbécil –le aseguró Kouta-, no te vas a escapar.

-Oh, patético idiota –se burló Davis-, son ustedes los que no escaparan –y al decir esto chasqueó los dedos sonoramente. Del interior del coliseo surgió un Airdramon derrumbando parte de la estructura y casi golpeando a Kouta quien se hizo a un lado mientras veía como el digimon era montado por Davis y se dirigía a donde Greymon-. Hora de terminar muchachos, no más jueguitos estúpidos –dijo mientras sobrevolaba justo encima de Greymon-, acábalos –le ordenó y el digimon gruñó.

Takato sabía que no dudaría en acatar las órdenes del Emperador así que intentó apartar a Tai.

-¡Por favor! ¡Vámonos! –le pidió al chico.

-Váyanse ustedes, no dejare a mi compañero aquí.

-Maldición –dijo viendo como el hocico del digimon se iluminaba por la llamarada que estaba a punto de dispararles, pero antes de hacerlo un par de bolas de fuego lo golpearon. El digimon giró ligeramente la cabeza para ver a Guilmon, quien volvió a disparar otro par de bolas de fuego que golpearon la cabeza de Greymon, quien parecía no sufrir daño alguno con los ataques.

-¡Váyanse! ¡Yo lo distraigo! –dijo el digimon volviendo a atacar a Greymon.

-Guilmon –susurró Takato con preocupación.

-Guilmon siguió atacando sin moverse mientras Greymon avanzaba con lentitud hacia él, nuevamente una bola de fuego se comenzó a formar en su hocico, y esta vez, una roca estrellándose contra su cabeza, cerca del ojo llamó su atención. El digimon giró para ver a Takato, alejado de Tai lanzándole otra roca.

-¡Vete Guilmon, yo lo distraeré! –le dijo mientras recogía otra roca y Greymon le prestaba atención a él. Guilmon disparó una bola de fuego más que golpeo a Greymon enfureciéndolo-. ¿¡Qué demonios haces?! –cuestionó Takato a su compañero.

-¡Yo lo distraigo tu corre! –le dijo

-¡Que no! ¡Yo lo distraeré tu vete! –gritó lanzando otra roca.

-¡No seas necio Takato, vete!

-¡Tú eres el necio, obedece Guilmon!

-¡No soy un perro! ¡Vete de una vez, ponte a salvo!

-¡Estúpida lagartija roja, ¿no ves que trato de protegerte de esa enorme lagartija naranja?! –exclamó lanzando otra roca.

-¡Es mi trabajo protegerte a ti! –exclamó Guilmon disparando una bola de fuego.

-¡Nos cuidamos entre los dos, ahora yo cuido de ti!

-¡No! ¡Yo de ti!

-¡Que no! –Greymon movía la cabeza de un lado para el otro mientras Tamer y digimon seguían discutiendo, al grado de que parecía que ya ninguno le prestaba siquiera atención a él, y solo le seguían arrojando cosas, que más que enfurecerlo, a esas alturas solo le causaban confusión, que poco a poco se fue convirtiendo en fastidio al ver que ninguno de los dos cedía y seguían gritándose.

Finalmente Greymon rugió fastidiado y sin importarle nada se lanzó sobre Takato.

-¡TAKATO! –exclamó Rika mientras veía como Greymon estaba a punto de aplastarlo.

Una gran nube de polvo se levantó y todos contuvieron el aliento viendo lo que acababa de pasar sin poder dar crédito de ello. Rika miraba con la boca abierta y los ojos como platos, al igual que Tai que ni siquiera podía articular palabra alguna. Matt desde la distancia observaba sin poder creer lo que había ocurrido.

-No… no... –trataba de decir mientras veía como por las enormes fauces de Greymon escurría sangre.

Algunas gotas del líquido rojo cayeron sobre la arena mientras el silencio seguía reinando. Un hilo de sangre escurrió desde los dientes de Greymon en los cuales estaba incrustada la carne de una de las grandes palmas del digimon rojo que las sostenía, resbalando por todo el brazo del mismo hasta llegar a su codo y de ahí gotear un poco, cayendo sobre el rostro sorprendido de Takato que, tirado en la arena, veía como Growmon había sostenido a Greymon salvándole la vida.

-NO-LASTIMARAS-A-TAKATO –gruño el digimon empujando a Greymon que retrocedió sobre la arena. Growmon se giró dándole un fuerte golpe con su cola a Greymon que lo hizo trastabillar casi cayendo.

-No puede ser, ¿otro más? –dijo Davis mirando como Growmon se acercaba a Greymon para continuar con la contienda.

-Pero… ¿pero cómo? –dijo Matt mirando la contienda entre Greymon y Growmon, quien se habían sujetado y comenzaban a empujarse el uno al otro-, ¿Cómo es posible que lo hiciera?

-¡Takato! –exclamó Rika lanzándose sobre el chico sujetándolo pro los hombros, mientras el joven seguía mirando a Growmon pelear contra Greymon.

-Estoy bien –dijo en un susurro. Rika suspiró y miró la batalla, pareciendo tan conmocionada como el chico.

-¿Cómo hiciste que Guilmon digievolucionar? -preguntó la chica-, la torre sigue activa.

-Yo… no lo sé –dijo Takato con sinceridad.

-Tu vínculo con Guilmon debe ser muy fuerte –dijo Tai, que estaba un par de metros delante de Takato y Rika, mirando la contienda.

-Esto no debería pasar –dijo Davis, sobre la cabeza de Airdramon, mirando la batalla en la arena, y revisando el aparato en sus manos-, las hondas de la torre siguen intactas, ¡la digievolucion debería estar bloqueada! –Exclamó con frustración, mientras manipulaba aquel aparato-. No esperaba esto, vivirán un día más, niños elegidos.

Greymon rugió al igual que Growmon mientras ambos se empujaban con todas sus fuerzas haciéndose retroceder, para luego disparar ambos al mismo tiempo grandes llamaradas que se estrellaron causando una gran explosión. Una nube de humo negro se alzó, envolviendo particularmente a Greymon quien miraba en todas direcciones buscando a su oponente, y en ese justo momento la nube de humo fue atravesada por Garurumon, quien embistió a Greymon sacándolo de la nube, haciéndolo trastabillar. Greymon tropezó cayendo sobre la arena y al incorporarse vio a Growmon quien lo golpeó derribándolo nuevamente.

Izzy continuaba tratando de desactivar la torre sin ningún éxito, mientras al lugar llegaban T.K. y Henri, con Terriermon en su espalda.

-¿Por qué la torre sigue activa? –preguntó Henri con impaciencia.

-¡está evitando que pueda desactivarla! –dijo Izzy con frustración.

-¡Al carajo! ¡Vamos a volarla! –Dijo T.K.- ¡Pegasusmon! –exclamó llamando a su compañero quien ya había concluido su combate con Flamedramon, y ahora Veemon estaba tirado en la arena, apenas con fuerzas para mantenerse en pie.

Growmon y Garurumon se plantaron frente a Greymon quien parecía apenas tener fuerzas para mantenerse de pie. El digimon rugió y en ese momento los otros dos lo atacaron generando otra explosión.

-¡Greymon! –exclamó Tai mientras comenzaba a correr hacia su compañero.

-¡Tai! –exclamó Matt mientras corría detrás de él.

El castaño llegó hasta donde los dos grandes digimons, y vio, atravesó del humo y el polvo que se disipaban a Agumon, tirado en la arena, bastante lastimado y sin el aro que ahora estaba hecho pedazos sobre la arena.

-Agumon –dijo en un suspiro de alivio Tai.

Sin embargo su sonrisa duro poco al ver que Davis, de un salto caía cerca del digimon al cual rápidamente tomo en brazos.

-¡Davis! –exclamó Veemon, corriendo hacia el bastante lastimado. El chico lo miró con desprecio sin decirle nada.

-Miserable, suelta a ¡Agumon! –dijo Tai con brusquedad. Growmon y Garurumon gruñeron mientras que el chico solo sonreía de manera burlona.

-Quietos –dijo mientras volvía a activar la torre que comenzó a emitir sus descargas sobre los dos grandes digimons, y los que estaban alrededor de la torre con intención de derribarla, así como también sobre Agumon y Veemon quienes ya casi no tenían fuerza para sostenerse.

Kouta y Matt llegaron a donde Tai mirando con furia a Davis-

-¡Miserable! –dijo Tai lanzándose sobre el chico acompañado de los otros dos Tamers. El joven de pelo rojizo rápidamente sacó una pequeña esfera que arrojó sobre la tierra y que emitió una descarga eléctrica similar a la de la torre sobre los tres tamers, haciéndolos caer de rodillas.

-Eso es para ustedes –dijo al tiempo que una pequeña plataforma unida a una cuerda descendía cerca de él.

-Davis –escuchó que lo llamaba nuevamente Veemon y el chico miró al digimon en mal estado.

-Puede que aun puedas serme útil –dijo tomando a ambos digimons y subiendo a la plataforma que comenzó a elevarse hasta llegar a una especie de fortaleza flotante.

-¿Qué demonios es eso? –preguntó Mimi, quien sostenía a Palmon y miraba hacia el cielo para ver aquella gran construcción que comenzaba a alejarse.

Ken estaba junto a ella, apretando los puños con furia.

-Ese es su as bajo la manga –dijo el chico la voz llena de furia.

Las descargas producidas por la torre se apagaron finalmente. Izzy había logrado desactivar la torre ya que Davis había dejado de crear interferencias. Pero a pesar de ese hecho el ánimo de todos parecía decaído.

Las primeras gotas de la lluvia comenzaron a caer sobre los rostros de los chicos que seguían mirando hacia el cielo. El aparato que emitía descargas eléctricas a Tai, Kouta y Matt se había apagado, dejando a los chicos respirando agitadamente. Tai levantó la vista mientras las gotas de agua comenzaban a caer con mayor frecuencia. La fortaleza flotante ya no estaba, y tampoco su compañero.

El agua comenzó a escurrir por entre las tablas de la construcción de madera debajo de la cual se encontraba Hikari, sosteniendo la mano de Ryo y acariciando la frente del mismo.

-Creo que no ganamos –dijo con algo de dificultad.

-No, creo que no –le contestó Hikari apartando un par de lágrimas de su rostro.

Kouta y Matt se levantaron del suelo. Pronto se reunieron con ellos Rika, Renamon, Takato, Henri y Terriermon y otros más, quienes comenzaron a conversar. Mimi, cargando a Palmon en sus brazos se abrió paso hasta el grupo, debajo de la lluvia que comenzaba a dificultar la tarea de caminar sobre la arena. Matt la miró y luego volteó a ver a Tai con pesar. Rika se le acercó indicándole con un gestó que le entregara a Palmon para que le ayudar a cargarla. La castaña aceptó, avanzando hacia Tai, mientras se retiraba el casco del traje táctico de combate y dejaba que su cabello sujetado en una coleta se mojara. La chica se arrodillo junto a Tai, quien miraba al suelo con una expresión incrédula en el rostro.

-Tai –lo llamó ella con suavidad, poniendo su mano sobre la espalda del muchacho. Este no dijo nada, pero al levantar la cabeza Mimi pudo ver las lágrimas que emanaban de sus ojos.

-¡AGUMOOOOOON! –exclamó el chico con amargura.

En el próximo capítulo…

-No estoy solo, estoy contigo.

-¡Habla ahora! ¡Dime todo lo que sabes!

-Quería evitar que pasara esto, pero ustedes lo arruinaron.

-No escuchaste nada de lo que dijo… Trato de proteger a un amigo, ustedes solo vieron algo raro y de inmediato pensaron en una traición.

-Elegidos, ¿Por qué? ¿De verdad somos tan importantes? ¿Somos capaces de enfrentar los retos que vengan en el futuro?

-Jamás te alejes, ¿quieres?

-Jamás lo haré.


Ay hijo de la ch******, este capítulo fue algo pesado, ¿se sintió?

Bueno, al fin he terminado, y les agradezco por leer y por dejar sus comentarios.

Al final no sé si el pequeño giro en la trama haya logrado su objetivo de sorprender al lector, (espero que sí y que la revelación del Emperador de los digimons haya tomado por sorpresa a más de uno).

Agumon fue secuestrado, Guilmon digievolucionó pese a la torre, Ryo recibió un disparo, Mimi detectó algo entre él y Hikari, y no sé ustedes, pero yo disfrute mucho la escena de los ver*azos locos de Davis y Ken… quizá este mal que yo lo diga pero este capítulo estuvo bastante interesante.

Bueno, no hay más que decir por el momento, feliz semana, pendientes al próximo capítulo, y paz y amor a todos.