Una lluviosa noche de principios de otoño Azirafel salía ilusionado de casa de un coleccionista. Había conseguido dos volúmenes bastante raros y que, a pesar de no ser primeras ediciones y haber muy pocos en el mundo, se encontraban en muy buen estado. Y qué suerte no haber tenido que salir de Londres para ello!

Se detuvo un instante en la puerta antes de bajar la escalinata para colocarse bien el abrigo y abrir el paraguas. Se encontraba en una zona residencial por lo que, unido a la lluvia y a las horas estaba sólo. Bajó a la calle y comenzó a andar mientras tarareaba contento. Le encantaban esos sencillos momentos de felicidad. Sería muy tarde para pasar a recoger algo para cenar y estudiar alguno de los volúmenes? Se detuvo bajo la dorada luz de una farola y miró el reloj. Aún era temprano, si se daba prisa incluso podría comprar dos botellas de algún vino español, uno para esa noche y otro para abrirlo con Crowley la próxima vez que se viesen. Sonrió ante la idea.

Reanudó su camino, subiéndose un poco más el cuello de su abrigo y entonces notó movimiento por el rabillo del ojo. Giró extrañado un poco la cabeza, lo justo para mirar por encima de su hombro.

Nada, sólo una calle vacía iluminada por las farolas.

Apresuró el paso, sólo que esta vez más atento a cuanto le rodeaba. Entonces, al dejar pasar un coche antes de cruzar la calle miró disimuladamente bajo el paraguas y no tuvo duda ninguna. Le estaba siguiendo un hombre. A pesar de ello llegó sin incidentes a una calle principal donde cogió el primer taxi que encontró.

El hombre no llegó siquiera a la calle, simplemente se dio la vuelta y volvió sobre sus pasos. Al cabo de unos minutos sacó un teléfono móvil y marcó, rebuscando en sus bolsillos las llaves del antiguo Opel Kadek ante el que se había detenido.

-Pero qué? -se preguntó tirando de la manivela. La puerta del coche no cedió ni un milímetro -Ahora hablamos -dijo a su interlocutor.

Guardó el móvil y dio la vuelta al coche, intentando abrir la puerta del copiloto.

-No se va a abrir hasta que me cuente el por qué de tanto interés en mi persona -dijo una voz a sus espaldas.

El hombre se volvió y vio a Azirafel debajo de la luz de una farola, con la mano levantada y mirándole con el rostro girado de curiosidad.

-Oh, -dijo el hombre acercándose lentamente. No dio muestra alguna de asombro, sólo un ligero movimiento de ojos lo delató. -Simplemente me han enviado a entregarle esto.

Se acercó lentamente a Azirafel, bajo la atenta mirada del ángel. Cuando estuvo lo suficientemente cerca sacó un sobre del interior de la cazadora y se lo alargó.
Azirafel le miró ceñudo mientras lo aceptaba. Lo abrió sin dejar de observar al hombre, que volvían a estar junto al coche. Sólo apartó la mirada un instante para inspeccionar el contenido del sobre.

-Pero es simplemente un folio en blanco -dijo mirando el papel por ambas caras. Entonces, cuando las gotas de lluvia entraron en contacto con la hoja un intrincado dibujo empezó a aparecer. Azirafel lo observó un instante pero para cuando comprendió su significado ya era tarde. El hechizo empezaba a surtir efecto en cada parte de su cuerpo, dejándolo débil y somnoliento. Sus piernas terminaron por ceder, cayendo pesadamente al suelo, y la última imagen que vio antes de caer en la inconsciencia fue al hombre acercándose, hablando por el móvil de nuevo.

Volvió en sí poco a poco, la cabeza dándole vueltas como resultado del hechizo. Tenía náuseas y le dolía horriblemente el cuello, como si lo tuviese al rojo vivo. Notó la boca seca pero cuando intentó moverse se encontró con las manos atadas a los reposa brazos de una butaca. Concretamente de su butaca. Consiguió enfocar la mirada, muy lentamente, reconociendo primero formas y bultos hasta finalmente confirmar que se encontraba en su librería. No sabía si eso le tranquilizaba o le daba más pavor. Oyó voces detrás suya, una conversación que se detuvo al intentar él girar el cuello.

-Vaya, vaya, veo que el diablillo despertó al fin.

Oyó unos pasos y un hombre acercó el rostro al suyo, un rostro que no le era del todo desconocido. Mientras, el otro hombre entró en la cocina donde escuchó el agua del grifo correr. Volvió a la trastienda y para sorpresa de Azirafel le acercó un baso de agua que el ángel bebió como si fuese el bien más preciado. Cuando el ángel terminó hasta la última gota, lo dejó en el escritorio y sin una palabra salió de la tienda, a la noche. Era el hombre que le había seguido.

-Que queréis? -preguntó Azirafel notándose más recobrado.

-Oh, directo al grano, me gusta - comentó el primer hombre paseándose por delante suya.

De repente Azirafel le reconoció.

-Tú has estado varias veces aquí, en la librería. Si estáis aquí para robar...

Un fuerte puñetazo en la cara le hizo callar.

-Ahora hablo yo -dijo Samuel cogiéndole de la barbilla para que le mirase.

-Esto se acaba ahora -dijo enfadado Azirafel alzando los dedos...y nada pasó. No pudo evitar asombrarse y lo intentó una segunda y una tercera vez. A la cuarta otro puño se estrelló en su estómago, cortándole la respiración por un instante.

-Pero cómo?-consiguió mascullar entre toses.

-Para salir de esta no te van a servir tus poderes, diablillo!

-Pero...eres humano, los dos los sois! Cómo habéis...?

Samuel se acercó de nuevo a él, y agarrándole de los rizos le empujó la cabeza hacia un lado haciendo que la piel de su cuello se estirase. Ese movimiento hizo que Azirafel jadease. Notaba cómo le palpitaba la piel de la zona y un dolor agudo crecía según tiraba.

-Nosotros también tenemos nuestros truquitos, sabes? -dijo Samuel.

Soltó bruscamente a Azirafel y desapareció un instante de su campo de visión. Volvió al poco, jugando con algo en sus manos. Era un instrumento de hierro, una vara larga con un mango de madera en un lado y una forma metálica más ornamentada en el otro. Un hierro de marcar, sólo que mucho más fino y pequeño que los comunes. Entonces comprendió por qué le dolía el cuello. Le habían marcado! Y no cualquier cosa, algún tipo de símbolo que impedía que usase sus poderes!

-Veo por el terror en tus ojos que has comprendido, no? Efectivamente has sido marcado con un antiguo símbolo que impide a los demonios utilizar sus poderes -sonrió satisfecho. -No pienses que soy como los villanos de televisión que cuentan todos los planes sin venir a cuento. No me subestimes! -Samuel se alejó y dejó el hierro en la mesa, junto al baso de agua. -Sólo te lo muestro para que entiendas que estás a nuestra merced, que no hay nada que puedas hacer...excepto una cosa. La única cosa que te voy a pedir de ahora en adelante y por la que estoy aquí -se acercó de nuevo a Azirafel, sonriendo. -Vas a llamar a tu amigo y le vas a hacer venir aquí.

Azirafel entendió entonces horrorizado que le querían utilizar como cebo para atraer a Crowley. Y viendo lo preparados que estaban no podía permitirlo, tenía que evitar a toda costa que Crowley fuese a la librería o Dios sabría lo que harían con él. Tenía que ganar tiempo como fuese...

Cerró los ojos, y sopesó las alternativas. Al cabo de un instante miró desafiante a Samuel.

-No sé de quién me hablas... -recibió un golpe en la sien que le hizo ver las estrellas.

-No me tomes por idiota! O llamas a tu diablo pelirrojo o...

-No -sonó más seguro de lo que realmente se sentía. Y otro golpe le partió el labio.

Se oyeron dos golpes en la puerta. Samuel se acercó a abrir y entró el segundo hombre con una bolsa de deporte.

-Muy bien -dijo Samuel indicándole donde dejar la bolsa -Aquí mi amigo David y yo tenemos muchas formas de hacerte hablar, y todas divertidas, por lo menos para nosotros...